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¡Oro para dos!

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¡Oro para dos!

Mensaje por Invitado el Lun Feb 20, 2017 10:28 pm

¡oro para dos!
CS | 1x1 | películas
Tulio no tiene ni idea de dónde se ha metido.

Tan confiado como siempre y dispuesto a empezar de nuevo, llega a Cádiz con la esperanza de ganarse alguna que otra moneda con sus juegos y apuestas, aunque no siempre de la manera más honesta posible. Siempre se le ha dado bien salirse con la suya, usando sus mejores trucos y no aceptando nunca una derrota, pero siendo nuevo allí no tiene tan claro cómo va a librarse tras habérsela jugado al tipo equivocado. Las trampas se pagan caras, Tulio.

Por suerte para él (y más tarde para ambos), conoce a Miguel, que se gana la vida de la misma manera que él. Con trucos, robos y engaños. Éste se ofrece a ayudarle, convencido de que la próxima vez en una situación contraria será Tulio quien le eche una mano.

Así empieza una cadena de favores que acaba desembocando no solo en una bonita amistad sino en una unión de socios y estafadores que acabará dando más de un dolor de cabeza.

miguel
paul bettany
nott
tulio
orlando bloom
altaïr



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Re: ¡Oro para dos!

Mensaje por Nott el Miér Feb 22, 2017 5:22 pm

« ¡Oro para dos! »

Cádiz || 1519 || Con Tulio

Dorado y brillante; así se veía el mar desde el puerto de Cádiz aquella mañana. El jaleo de los marineros que llegaban o que se iban hacía a Miguel sonreír. Escuchar todo aquel murmullo y poder pasear tan cerca de los barcos le hacía sentirse vivo. Nunca se había montado en uno, ni siquiera estaba seguro de qué pasaría de hacerlo. Había escuchado de marineros que morían tras largos viajes y que muchos se mareaban. Nunca lo había podido comprobar pero soñaba con grandes aventuras, con ver nuevos mundos -especialmente desde que habían llegado noticias de nuevas tierras años antes, tras los viajes de aquel genovés, Colón-.

Solía casi ser una rutina el pasear por los muelles, pero lo cierto era que aquella mañana no parecía una más. Había algo en el salitre que procedía del mar que clamaba algo diferente, como si una novedad fuera a aparecer en la vida de Miguel como caída del cielo.  Nada más lejos de la realidad, pero aún tendrían que pasar horas antes de que tal acontecimiento tuviera lugar. Por el momento tenía que encontrar algún lugar donde desayunar, ya que en la pensión donde a veces pasaba la noche no ofrecían tales servicios. Se acercó a una pequeña taberna, algo más cercana a la lonja.

Pese a que para algunos ya tenía edad de hacerse a la mar, a sus 16 años Miguel no había encontrado aún quien le sirviera para sus proyectos futuros. Tenía claro que no podía hacerlo solo, que sus sueños eran demasiado grandes para llevarlos una única persona. Sin embargo, aún no había encontrado con quien compartirlos, y mira que conocía a diario gente... Además, había deducido la noche anterior antes de volver al catre, el mundo de las estafas y el juego era mucho mejor en compañía. De momento se ganaba la vida gracias a la música y a su don de gentes. Era risueño y con frecuencia, los pudientes requerían de sus servicios para trabajos menores. Nada que una sonrisa no pueda conseguir. Era especialmente famoso entre las damas del puerto, pues solía amenizar sus tardes con canciones interpretadas con un pequeño laúd que consiguió en un intercambio.

Con un tazón de gachas en la mano subió a la azotea de aquella taberna. Desde allí podía ver todo el puerto y casi media ciudad. Era normal que las viviendas tuvieran aquella parte alta y, sin duda, era de los lugares favoritos de Miguel. La brisa removía su pelo como si lo acariciara suavemente, al tiempo que sentía cómo pequeñas gotitas saldas daban en su cara. Cádiz era, definitivamente, de sus lugares favoritos y muy especial deberían ser el resto para superar a la ciudad andaluza en el corazón del rubio. Desde allí arriba también podía ver algunos edificios administrativos, así como el ayuntamiento y un par de tabernas, en las que, a decir verdad, se escucha mucho más jaleo del habitual. Tenía la sensación de que alguien había elegido mal las batallas en las que medirse. Pero él, por el momento, iba a desayunar que bien merecido se lo tenía.





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Re: ¡Oro para dos!

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 25, 2017 3:11 pm

« ¡Oro para dos! »

Cádiz || 1519 || Con Miguel

El paisaje que Cádiz ofrecía era algo completamente nuevo para Tulio. Los barcos, el olor a mar, la gente yendo y viniendo en una ciudad que parecía no descansar nunca. Venía del interior, y no había tenido muchas oportunidades de visitar otros lugares, hasta ahora. Y aunque todo era digno de admirar, no le dedicó demasiado tiempo a las vistas. Estaba seguro de tener el mundo a su disposición, negocios y grandes fortunas esperándole, por lo que no se tomó más tiempo del necesario a la hora de ponerse a ello.

Tulio adora el dinero. No siempre se gana el suyo de la manera más honesta pero es bueno en lo que hace. Pocas veces le han pillado haciendo trampas en una apuesta o jugando a los dados —y eso que no tiene problemas en usar el mismo truco una y otra vez—, y aunque esperaba empezar en la ciudad igual de bien a como lo había llevado hasta ahora, así es cómo funciona la suerte. Se metió en una taberna y decidió apostar todo su dinero en una partida de dados que no podía perder. El tipo al que se enfrentaba no parecía tener muchas luces y llevaba dos partidas ganadas. Pero incluso Tulio sabe cuándo hay que retirarse, y si no quería que aquel grandullón se diese cuenta de que se la había jugado tendría que retirarse.

Ha sido todo un placer, caballeros, pero tengo cosas que hacer, así que… —Extendió los brazos abarcando todo el oro que había ganado, dispuesto a llevárselo de allí y seguir con sus aventuras, mas antes de darle tiempo a terminar la frase, el tipo echó otra bolsa llena de doblones sobre la mesa y soltó un gruñido que Tulio interpretó como un “otra jugada”—. Me temo que no…—Pero por mucho que insistía en terminar con aquello y sabiendo que estaba en peligro de perder algo más que el oro si se daban cuenta de la estafa, no tuvo más remedio que aceptar.

Al final y como era de esperar, le pillaron, y más le valió correr. La mesa en la que estaban jugando salió despedida tras un empujón del tipo, y con ella los dados de Tulio, que fueron a parar al otro extremo de la taberna. Consiguió esquivar algún golpe antes de salir por patas de aquel lugar, y era mucho más difícil intentar huir sin conocer las calles.

Genial, Tulio. Empezando con buen pie.




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Re: ¡Oro para dos!

Mensaje por Nott el Vie Mar 10, 2017 11:15 am

« ¡Oro para dos! »

Cádiz || 1519 || Con Tulio


El viento, el sonido de las olas al chocar con el embarcadero, un tazón de gachas. Seguramente la definición del Cielo que tanto insistían en nombrar los hombres santos era aquello. No podía haber nada mejor, al menos para Miguel. Además, podía ver todo el movimiento del puerto, los barcos llegar e irse pese a ser ya casi media mañana. Quizás sólo cambiaría una cosa: el molesto ruido de la taberna que llevaba ya al menos un par de minutos incesante.

No pasó mucho tiempo, en realidad, antes de que el ruido pareciera avanzar calle abajo, directo a donde se encontraba el rubio.-¿Es que uno no puede ni desayunar tranquilo en esta ciudad?-clamó al cielo mientras dejaba el cuenco sobre las tejas rojizas y se ponía de pie para ver qué estaba ocurriendo. Un chico, seguramente de su edad, corría delante de una jauría de marineros enfurecidos. Negó lentamente cuando le vio girar a la derecha. Si seguía así se iba a encontrar en algún callejón sin salida. ¿Le ayudaba? Miró con tristeza el tazón de gachas, que se estaba enfriando. No era su problema, sin embargo...-¡Ah! Diablos, vamos allá.-

Debería haber bajado a la taberna a devolver el cuenco y pagar, pero salió corriendo entre terrazas, tratando de dar alcance a aquel chico. Apenas se había fijado en él, pero no parecía de por allí. Seguramente llevara muy poco tiempo en la ciudad y hacían falta años para conocerse cada rincón del laberinto que podía llegar a ser Cádiz. Al final encontró una bocacalle perfecta para lo que tramaba, así que saltó con cuidado a la calle justo en el momento en que el moreno aparecía, sin aliento..-Vamos, por aquí-Y sin esperar respuesta le cogió de la mano y echó a correr calle abajo, siendo consciente de que la turba ahora también estaría enfurecida con él por estar ayudando a aquel fugitivo.





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Re: ¡Oro para dos!

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 18, 2017 10:08 pm

« ¡Oro para dos! »

Cádiz || 1519 || Con Miguel

¿Derecha o izquierda? ¡Qué más da! No tenía ni la más remota idea de por dónde ir para librarse de aquellos perros rabiosos. Estaba seguro que les vería echar espuma por la boca si se atrevía a mirar hacia atrás, cosa que desde luego no pensaba hacer, demasiado ocupado esquivando a cualquiera y cualquier cosa que se le pusiera por delante. Aun sin saber muy bien adónde, siguió corriendo, soltando algún “Lo siento” y algún otro “¡Permiso!” mientras se abría paso por las sorprendentemente concurridas calles de la ciudad.

Los pulmones de Tulio empezaban a pedir aire y sus piernas una pausa, justo cuando se topó de frente con un joven rubio al que juraría no haber visto en su vida, pero que no dudó en prestarle su ayuda para escapar. O eso pensaba, más le valía arriesgarse si no quería acabar peor. Antes de poder reaccionar, el muchacho tiró de su mano y le condujo por las calles, girando aquí y allá como si conociese esa ciudad como la palma de su mano.

En algún momento durante la carrera dejó de escuchar los gritos de los marineros, y aunque su acompañante parecía preparado para correr durante media hora más, él necesitaba hacer una parada antes de acabar rodando calle abajo, y preguntar, de paso. Tiró de la mano del rubio para pararle y tomar un respiro. Apoyó ambas manos en las rodillas y logró dirigirse a él por fin, todavía jadeando—. Creo que les hemos perdido. —En cuanto recuperó el aire, se irguió y dirigió la mirada hacia el joven—. Uhm… Gracias. Te debo una… —dejó el final de la frase en el aire, entrecerrando los ojos y esperando a que el contrario la terminase con su nombre. Estaba en deuda con él por haberle librado de aquella, y a diferencia de lo que podría pensarse de un estafador, Tulio casi siempre cumplía sus promesas.



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Re: ¡Oro para dos!

Mensaje por Nott el Dom Mar 26, 2017 6:36 pm

« ¡Oro para dos! »

Cádiz || 1519 || Con Tulio

Al ver al moreno tan perdido en la ciudad no pudo evitar pensar en sí mismo, en cómo había desarrollado un especial talento para moverse por ella como si fuera parte viva de las propias piedras que formaban los diferentes edificios. Había iniciado aquella extraña simbiosis años atrás, al meterse en su primer problema con marineros. Siempre era con ellos, no se podía evitar una pelea si había la más mínima presencia de aquellos fornidos y cabezotas hombres. Gracias a la suerte, desde luego, aquellos con los que el moreno había ido a toparse no eran de Cádiz, lo que facilitó la tarea de escabullirse. Tampoco era del todo complicado. La ciudad se alzaba sobre el mar como un complejo laberinto que habría asustado al mismísimo Dedalo.

Llevaban corriendo un rato cuando sintió un tirón en el brazo que le hizo detener la carrera de golpe. Su acompañante se había detenido en medio de la calle y tenía aspecto de necesitar un buen sitio donde echarse o podría morir desfallecido allí mismo. Se acercó, con gesto preocupado. No habían corrido tan rápido, ¿o sí? Parecía que no tenía pulmones lo suficientemente grandes como para incorporar el suficiente oxígeno a su cuerpo.- ¿Estás bien? Hay una fuente cercana.-Le apoyó una mano en la espalda y dudó momentáneamente sobre el siguiente paso. ¿Igual dejar que se sentara? No creía que fuera a pasar nada malo.-Soy Miguel. Y sí, me debes una pero ya te preocuparás por ello más tarde.-Pensó en su cuenco de gachas y suspiró. Lo que daría por tener un cacho de pan con algo de chorizo para comer... o incluso algo de pesado, que tan buena pinta tenía en las tabernas del puerto. Se relamió, pensando en lo bien que les iría algo que meterse en la boca ahora mismo.

Se sentó en un lateral de la calle, aprovechando un empedrado que había quedado algo levantado en el último arreglo de la misma. Era habitual que los carros tropezaran con aquellos salientes llegando incluso a romper la piedra, por lo que había que hacer parcheados de tiempo en tiempo. Se quedó mirando al moreno.-¿Quieres comer algo? Hay un sitio que conozco por aquí muy bueno. Puedes hasta invitarme y así zanjamos la que me debes.-Lo dijo con un gesto risueño, no demasiado confiado en que fuera a aceptar, pero había que probar.





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