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Muses are ghosts, and sometimes they come uninvited

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Muses are ghosts, and sometimes they come uninvited

Mensaje por L'Assasymphonie el Sáb 18 Mar - 14:32

Muses are ghosts, and sometimes they come uninvited

1 x 1⚭ Crackship ⚭ The Picture of Dorian Gray
Basil Hallward
33 ⚭ Ben Chaplin ⚭  Freólices
Dorian Gray
18 ⚭ Roger Garth ⚭  L'Assasymphonie
En el Londres victoriano, la sobriedad y la hipocresía son las máximas de la sociedad, que celebra numerosas reuniones y fiestas benéficas donde la beneficiencia no es más que una excusa para hacer ver al vecino cuán amable es uno. Y es que a la alta sociedad solo le importa que los demás sepan que uno es superior, los cuchicheos, las miradas y los gestos de reprobación lo demuestran. Gestos cómplices entre personas que no dudarían en clavarle un cuchillo en la espalda a su compañero de cotilleos si la situación lo requiriera.

Sin embargo, el tema que recientemente ocupa todas las mentes londinenses que tienen tiempo para pensar en algo que no sea dar de comer a sus hijos es el nieto de Lord Kelso, el vástago de su hija, aquella que se fugó con un militar raso sin dinero ni apellidos. El aristócrata ha escondido siempre al niño, pero ahora que ha muerto, éste ha tomado posesión de su fortuna y ha empezado a asistir a los eventos de la sociedad.

Sin embargo, las cosas no son como se esperaba, y es que vivir aislado del mundo tiene sus consecuencias. Consecuencias como caer rendido a los encantos del exterior, esclavo de todo aquello que no le enseñaron a evitar porque desconocía su existencia. Pero... ¿acaso hay otra forma de librarse de la tentación que no sea caer en ella?






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Re: Muses are ghosts, and sometimes they come uninvited

Mensaje por L'Assasymphonie el Sáb 18 Mar - 14:49

  Behind every exquisite thing that exists

there is something tragic
Dorian Gray con Basil Hallward en casa de Lady Brandon, abril de 1887
Aquella era una de las pocas fiestas a las que había asistido en toda su vida. Desde la muerte de su abuelo, había podido acudir como invitado a algunas de aquellas reuniones de la Alta Sociedad. Pese a que su abuelo rara vez le había dejado salir de casa -pues no dejaba de ser la vergüenza de la familia, la mancha que había arruinado la reputación de Kelso- Dorian contaba con modales exquisitos, por lo que sabía comportarse en sociedad. Al menos su abuelo no había permitido que se convirtiera un un bruto, pensó, con una amarga sonrisa.

El problema principal era que no conocía a demasiada gente, mientras que la gran mayoría de invitados parecía saber quién era. O quién no era. Lady Brandon, al parecer una amiga de la infancia de su madre, le había convidado, y él no había podido negarse, a pesar de que no había intercambiado con aquella mujer más que las palabras de conversación protocolarias. Ahora, se encontraba solo en la sala, sonriendo a desconocidos como si fueran sus amigos, mientras en su interior se debatía por salir corriendo de aquel lugar y volver a casa, aquella enorme casa vacía y fría, o aguantar, estoicamente, a que acabase la velada. Si bien sabía que la segunda opción era la única posible, a menos que quisiera quedar como un maleducado y un desagradecido, su timidez le impulsaba a decantarse por la primera opción. ¡Cuán feliz sería él, con un libro, en lugar de con aquellos rostros alargados, inspeccionando sus movimientos!

Y entonces le vio.

Era un hombre corriente, mayor que él, que no parecía destacar. Quizás por aquello se fijó en él. Él destacaba por los rumores, mientras que el otro hombre pasaba inadvertido y, aún así, eran los únicos invitados que no parecían pertenecer al lugar. Al igual que Dorian, parecía estar solo, sin conversación. Quizás no conocía a nadie, o quizás no le gustaba nadie. A pesar de ello, o precisamente por eso, el muchacho sintió que tenía que hablar con él, de una forma u otra. Había algo en aquel hombre distinto al resto de invitados. Quizás era su soledad, la melancolía que desprendía, o simplemente una sensación que surgía de su ser y no tenía más justificación que la curiosidad. Fuera como fuese, quería conocer a aquel hombre.

Sin embargo, en lugar de avanzar hacia él, se quedó parado, mientras lo observaba con sus ojos azules, con el descaro propio del tímido que retrocede ante la mera idea de avanzar hacia el destino que se extiende, imponente, ante él.





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Re: Muses are ghosts, and sometimes they come uninvited

Mensaje por Fréolices el Dom 19 Mar - 1:52

  Behind every exquisite thing that exists

there is something tragic
Dorian Gray con Basil Hallward en casa de Lady Brandon, abril de 1887
Saludó con una sutil reverencia a la mujer que le presentaron, vestía con un vestido de terciopelo azul, tan oscuro como la tinta. No, era un vestido carmesí. O quizás no… Lady Crowley se llamaba la señora, tal vez no. Basil Hallward estaba perdido, no encajaba, se sentía como una pieza en un rompecabezas al que no pertenecía, como alguien que mira a un cuadro con unos ojos que no ven lo que están mirando. Cada momento, cada sentimiento está escrito en un idioma que solo algunos pueden entender, y Basil había nacido con el don de hablar el lenguaje del arte, pero no entendía ni una sola palabra del lenguaje de ese momento.

La mansión de Lady Brandon era el escenario de una de las danzas más peculiares que había visto en su vida. La gente se deslizaba de un lado a otro, siguiendo una coreografía estudiada al detalle. No había margen de error, seleccionaban cada palabra con ojos críticos, como el que selecciona las uvas más exquisitas para tener la mejor cosecha de vino. Sentía el aire denso por la acaramelada cordialidad que escondía la frialdad. Era un ambiente falso, totalmente artificial. Y el pintor, que era incapaz de comunicarse con el mundo si no era a través de su alma, se sentía increíblemente incómodo. ¿Cuánto tardaría el peso de sus máscaras en hacer caer a los rostros de aquellas personas?

La mesa de los canapés se convirtió en su compañera aquella noche, en su mejor aliada, le rescataba cada vez que se sentía  aturdido a causa de tanta interacción social, cuando aquellos seres enmascarados le ofrecían halagos hacia su obra, sus palabras eran cordiales, estudiadas al detalle y, sobre todo, carentes de significado. Y entonces lo vio.

Una figura celestial que destacaba sobre las nimiedades mundanas de aquella sala, un ser tan hermoso  que no podía ser de este mundo; puro, engalanado con las rosas blancas de la juventud, con una pocas rosas rojas que le daban una pasión ferviente, un fuego interno que hacía que su espíritu brillase con fuerza. Y tal fue la impresión que aquel ángel causó en el pintor que, en su encandilamiento, tardó unos instantes en darse cuenta de que le miraba, y nada pudo alegrarle más, ni nunca antes sintió tanto temor, pues no se consideraba digno del honor de ser notado por aquella divinidad


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Re: Muses are ghosts, and sometimes they come uninvited

Mensaje por L'Assasymphonie el Lun 20 Mar - 19:38

  Behind every exquisite thing that exists

there is something tragic
Dorian Gray con Basil Hallward en casa de Lady Brandon, abril de 1887
De repente, una mano se posó sobre su hombro, haciendo que Dorian se olvidara de aquel hombre, sobresaltado. Por suerte, el rostro que acompañaba aquella mano era familiar, lo que hizo que Dorian se tranquilizara y cambiara su expresión de sorpresa por una sonrisa. Lady Brandon, su anfitriona, se alzaba a su lado, con una sonrisa cómplice.

Una fiesta magnífica — la felicitó, aunque en absoluto la estaba disfrutando. Se sentía incómodo y fuera de lugar y si no fuera porque apreciaba a su anfitriona y aquello sería una horrible falta de respeto, saldría corriendo de allí en aquel mismo instante.

Sin embargo, su anfitriona no parecía muy interesada en los halagos, o no demasiado, ya que le quitó importancia moviendo la mano y negando con suavidad, justo antes de dirigir la mirada al mismo punto que antes había captado la atención del muchacho, que no pudo evitar que un suave rubor acudiera a sus mejillas.

¿Conoce al señor Hallward?  — inquirió, aunque incluso alguien tan ingenuo como Dorian sabía que era una pregunta  retórica. De conocerlo, se habría acercado a él, en lugar de observarlo desde la distancia. ¡Cielos, debía dar una imagen horrible! Sin embargo, a la mujer no parecía importarle, no demasiado. Es más, parecía orgullosa de poder presentarle a aquel invitado, fuera quien fuese. — Deje que se lo presente. Es pintor, ¿sabe? — añadió, en un tono de voz más bajo, casi confidencial.

Dorian no pudo evitar sonreír, agradecido por aquella información. Ciertamente, debería conocer mejor a la gente importante de la sociedad, aunque no estaba seguro de cuán importante podía ser un pintor dentro de una habitación repleta de miembros de la aristocracia. O, quizás, era un aristócrata más aficionado a la pintura. La muerte de su abuelo era tan reciente que no había tenido tiempo para adentrarse en el mundo de las intrigas londinenses.

Con delicadeza, lady Brandon le guió por el atestado salón hacia la mesa de los canapés, mientras saludaba a los invitados que encontraba a su paso y estaban lo suficientemente aburridos como para poder permitirse obviar la vana conversación que mantenían con sus acompañantes, a la par que parloteaba sobre el pintor, su talento y algunas de sus obras que, por desgracia -a juzgar por los halagos de la anfitriona-, no conocía.

Por otro lado, Dorian estaba demasiado ¿nervioso? como para prestarle demasiada atención, a pesar de lo que dijera la señora, o quizás fuera que prefería conocer por si mismo a aquel hombre, en lugar de escuchar lo que opinaban de él otras personas. Fuera como fuera, internamente se debatía entre la curiosidad y las ganas de conocer a aquel hombre, y la vergüenza, fruto de la inocencia y la poca experiencia en el campo de las relaciones sociales. Sin embargo, para cuando quiso darse cuenta, estaban delante de aquel señor Hallward.

Basil, querido — le saludó la anfitriona, lo que hizo suponer a Dorian que el señor Hallward debía asistir a los actos que organizaba la mujer, de otra forma, no le trataría con tanta cercanía. O quizás era simplemente un lujo que podían permitirse las señoras de la edad y posición que tenía Lady Brandon. —Permíteme que te presente a Dorian Gray, es el nieto del fallecido Lord Kelso. — añadió. Dorian trató de evitar hacer una mueca cuando escuchó el nombre de su abuelo, sin mucho éxito. — Dorian, este es Basil Hallward, uno de los mejores pintores que tenemos en Londres. — hizo especial énfasis en el halago, para contentar a su invitado.

Después, alguien pareció requerir su atención, ya que se despidió de ellos con una sonrisa y se fue para solucionar lo que fuera que pasara, dejando a Dorian solo y sin saber demasiado bien cómo reaccionar.

Es un placer, Lord Hallward —Sonrió, tratando de parecer más seguro de lo que realmente estaba.

Definitivamente, las fiestas no eran lo suyo.





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Re: Muses are ghosts, and sometimes they come uninvited

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