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De coronas y reyes.

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De coronas y reyes.

Mensaje por Hades el Dom 19 Mar - 23:48




De reyes y coronas

1 x1 /// Época medieval.


Admitir que, siendo el príncipe de la corona, te gustan los hombres es casi como pedir a gritos ser llevado a la guillotina. Para un muchacho que acababa de cumplir los 16 años, como lo era Fred, el único hijo del Rey Frederik II su vida claramente distaba de ser un cuento de hadas como los que su madre contaba al dormir. Tenía que pensar en una futura esposa, tener hijos y heredero... la verdad que esa vida para nada era la que imaginaba, mas sabía claramente que era lo único que le quedaba.

Hasta que él entro en su vida. Un sucio esclavo, prisionero de su padre y quién claramente conocía bien. Era un noble de otras tierras, un “revolucionario” como muchos decían, alguien que quería un mejor trato de parte de su padre – como si no conociera a su progenitor para saber que eso jamás pasaría – y es que aunque el hombre peleó valientemente, digno de alguien de su casta, obviamente fue traicionado y perdió.

Y allí estaba, sucio, cubierto de paja y quizás hasta heces de caballo, las mismas que debía limpiar día y noche del establo al que fue confinado junto a un guardia que claramente no conocía la palabra misericordia, mucho menos piedad.

Su vida toma un giro enorme cuando este esclavo lo descubre observándole ducharse y, para que negarlo, tocándose su cuerpo como la biblia decía que era un pecado. Pero al contrario de lo pensado, en vez de ser su fin en este mundo, era el comienzo de una turbia y complicada relación donde Frederik descubrió que ese hombre que todos menospreciaban claramente tenía un no-sé-qué que le traía loco, al punto incluso de entregarse a él de ser necesario.

Para el príncipe de la corona, terminar entre heno, tierra y un olor insoportable jamás había sido una realidad... hasta ahora. .  



Frederik III
16 años /// Hades

No es fácil ser el hijo del rey de Antalia. Es una presión que en sus hombros no deja descanso alguno. Pero a sabiendas de que pronto tendrá que casarse y pensar en herederos su mente no deja de pensar en el sucio esclavo que su padre trajo a los establos. Se odia por haber sido tan débil de permitir que semejante hombre se hiciera, no solo con sus pensamientos, sino hasta con sus deseos frustrados.  

Pb: William Moseley





Henry II
33 años /// Sagittarius

Señor del Reino vecino de Antalia, poseedor de grandes tierras, tuvo que luchar en contra del Rey Frederik II, al encontrarse en desacuerdo por el pago de impuestos a los productos del Reino de Antalia, algo que traería consecuencias graves para todos sus habitantes. No obstante, en la batalla final cayó preso y tuvo que jurar lealtad a Frederik, pero éste, en vez de permitirle seguir en sus tierras, lo convirtió en un esclavo de los establos para darle una lección a cualquier otro Señor que pensara revelarse contra él.

Pb: Henry Cavill






Cronología
01
Esto no está bien. Escabullirse en la noche hasta los establos es casi como la mayor locura que el joven príncipe podía hacer. Pero la promesa de que le vería en aquel lugar, mientras los guardias se divertían con las cocineras del castillo era un hecho que no iba a romper. Así que preso de un nerviosismo único, el príncipe, busca al hombre entre establos y heno... no sabe que pasará en el encuentro, solo entiende que no será el mismo luego de ello.
Caballerizas /// Noche de Domingo /// Link


Última edición por Hades el Lun 20 Mar - 0:25, editado 2 veces



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Re: De coronas y reyes.

Mensaje por Hades el Lun 20 Mar - 0:05




Esto no está bien

Frederik III, Hades.




Su corazón latía como caballo desbocado. Estaba nervioso, y no era para menos. Cada paso que daba requería no solo de sigilo sino también de mucho valor. Estaba cometiendo una locura y mejor que nadie lo sabía... y quizás por eso estaba claramente decidido que su palabra valía algo. Y mucho, así lo habían educado. ¿Qué era un futuro príncipe sin su palabra? ¿De que valía un hombre sin ella? Aunque en el fondo era su argumento para decidir a escabullirse de sus aposentos a las dos y poco de la mañana, bien sabía que su verdadero motivo radicaba en aquel ex noble que conocía más bien de historias y recientemente de apariencia.

Y es que se veía un hombre guapo. No importaba la suciedad que lo cubriese o que a veces apestase. Le atraía su forma de ver el mundo: igual para todos sin importar naciera noble o campesino. Pero era una idea peligrosa en la mente del futuro gobernante de Antalia. Pero era la verdad, él también tenía algo así para ver el mundo: más justo, más equitativo. Algo que ni su padre, ni su abuelo ni el padre de su abuelo hubiesen siquiera concebido como positivo.

Así fue como de repente se encontró escondido tras una vieja estatua de piedra de alguien que ya ni recordaba mientras su blanca camisa elegante – con la que solía dormir – ondeaba al viento. Sus pies con unas suntuosas zapatillas completaban el atuendo con un pantalón negro que llegaba a tres cuarto de piernas. La noche era agradable pero el joven príncipe no sabía su temblor era nerviosismo o ansiedad. También podía ser miedo

Y es que durante unos segundos un guardia del castillo casi caminaba por aquel lugar. Agradeció que la voz de otro lo llamó y dio tiempo al muchacho de colarse por una ventana y salir a la fresca hierba que rodeaba el castillo. Tenía que vagar por el camino de piedra, cruzar bajo la torre de vigilancia y ladear el jardín de su madre para llegar a los establos. Casi fue como un eterno suplicio lograrlo. Pero allí estaba, entrando y rezando a Dios – aunque este seguro no quería ni saber de lo que hacía en aquel momento – para que cuando abriese la puerta gigante de los mismos ésta no rechinara demasiado. Y lo hizo, pero fue un ruido tan suave y apenas audible que hasta quiso agradecer al Dios que lo podía condenar por lo que estaba haciendo.

—¿Hey, esclavo, estás ahí? —Sabía que su nombre era Henry, sí, pero no se tenía la confianza clara para que oyeran decirle por su nombre. Es que si un guardia llegaba al lugar podía decir que venía a darle nuevas órdenes, al final, nadie dudaría del joven heredero. O eso quería creer. —¡Chsst! —Le llamó, caminando a tientas mientras esperaba que sus susurros no alborotara a los caballos que dormitaban por ahí.  



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Re: De coronas y reyes.

Mensaje por Sagittarius el Lun 20 Mar - 19:47




Esto no está bien

Henry, Sagittarius.




Un ruido inusual lo despertó; sabía que aún no era la hora de levantarse, algo que todos los días el cacareo común de los gallos le indicaba. Al abrir los ojos no vio luz, simplemente la oscuridad de su habitación, a un costado de los establos; para su suerte, los caballos se encontraban tranquilos. ¿Acaso el rey o alguno de sus Señores necesitaría salir a plena hora de la madrugada? Había ocasiones en que efectivamente, los mensajeros u Señores necesitaba algún caballo urgentemente para viajar a lugares tan cercanos como el reino vecino o tan lejano como a las villas de las montañas congeladas del norte del reino.

Con cada día que pasaba, Henry olvidaba la libertad y las comodidades de ser un Señor; recordaba cuando por su mandato, a través de una orden, decenas de personas se movían para cocinar lo que deseaba o alistaban sus caballos para un día normal de caza durante el verano. Pero su vida había cambiado radicalmente gracias a las ordenes de Frederick II, aquél Rey despiadado que luchaba por los intereses propios de su familia y de su pueblo, más no de los reinos vecinos; era así como su vida había sido perdonada y sus propiedades adueñadas por los Señores leales a la Casa Monárquica. Henry temía por la vida de sus trabajadores, ¿habrían sido las mujeres de su muchedumbre violadas o simplemente decapitadas? ¿Sus hombres seguirían trabajando para los nuevos Señores o también habrían sido asesinados? Estaba seguro que no eran esclavos, porque desde que había llegado a la Capital del Reino, no había descubierto a ninguno de sus hombres, fueran guerreros o muchedumbre, lo que le hacía pensar que todos habían sido asesinados.

Todos los días, lo primero que hacía al levantarse era ir al río a llenar  dos cubetas grandes de madera; como si un castigo se tratara, los establos se encontraban a más de quinientos metros de distancia del río, por lo que cada mañana lo primero que sentía era un dolor inmenso en la espalda. Era claro que aquél día no comenzaría como los anteriores, ya que alguien lo llamaba por el nombre de "esclavo"; hubiera pensado que se trataba de un Señor, pero la voz no era la de un completo adulto maduro; el hombre tomó la primera antorcha que vio y empezó a caminar hacía el pasillo principal de las caballerizas. Los caballos dormían mientras que ataviado de apenas un sucio pantalón café, daba pasos descalzo hasta la entrada de aquél edificio que estaba a su cargo.

Al aproximarse a la puerta principal, se dio cuenta de que la persona no había esperado a que Henry acudiera a abrir la puerta y ya se encontraba adentro del recinto, pero lo que realmente le pareció una total sorpresa fue percatarse de quién lo visitaba: el heredero del Reino. - Tu...muchacho.- entonces sus propios ojos se abrieron con torpeza al siquiera darse cuenta de que había tratado por igual al Príncipe, por lo que rápida y torpemente hizo una reverencia. - Lo lamento, Alteza.-  en su espalda existían aún marcas de los latigazos que había recibido en la plaza del pueblo frente a toda la Ciudadela, debido a que se negaba a tratar como Alteza al Rey que lo había encarcelado. - Perdone mi torpeza...y mis palabras; simplemente me ha tomado por sorpresa, la hora. ¿En que puedo ayudarle? - su cara denotaba seriedad, en efecto, pero también algo de rabia, algo que sentía por todos los miembros de la Casa del Rey de Antalia; pero por otro lado, aquél era apenas un muchacho al que no podía simplemente odiar, él no había tenido la culpa de nada.

- Perdone mi atrevimiento, pero ¿que es lo que hace aquí Alteza? - claro que podía empezar a interrogar al muchacho, de hecho tenía la pregunta de "si es por lo que vi el otro día en sus aposentos, lamento mi atrevimiento"; aquél día había descubierto al chico ducharse y tocarse a sí mismo; no podía no negar que no lo había observado durante minutos enteros, sin entender bien la razón. ¿Quizá el hecho de haber pasado ya tres meses sin sexo? Ni siquiera las cocineras querían algo con el traidor del reino vecino por temor a que su vida estuviera en peligro.

Observó al joven, que se encontraba vestido con una camisa elegante que le recordaba sus tiempos de Señor, mientras que él en cambio, semidesnudo, tenía solo una camisa que prefería guardar para los tiempos de frío, y que no iba a malgastar en plena temporada cálida. - ¿Sus guardias saben que está aquí? - Henry no sabía muy bien que hacer, se notaba inseguro, ya que por como vestía el chico, no parecía que necesitara un caballo.
  


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Re: De coronas y reyes.

Mensaje por Hades el Mar 21 Mar - 16:09




Esto no está bien

Frederik III, Hades.




Un dejo de desilusión cruzó por el rostro del muchacho. Incluso una línea se formó en sus labios al tiempo que su mirada caía al piso, sintiéndose no solo completamente idiota sino con esa sensación de que algo se desinflaba en su interior. ¿Por qué había creído que era especial para un simple esclavo que claramente parecía molesto con su presencia en aquel momento? Un suspiro se escapó de sus labios antes de levantar la vista y mirar a los ojos del hombre unos momentos. ¿Qué pensarían al verle tan joven y allí? ¿Se había olvidado en serio de que le había prometido venir a verlo cuando nadie estuviera cerca para seguir charlando? No es la primera vez que debá ser “cruel” con el hombre solo por que los guardias – y informantes número uno de su padre – estaban cerca. Y ahora, ahora que podía ser diferente, no lo iba a ser por que obviamente el esclavo había olvidado su promesa.

Por eso al final carraspeó como queriendo aclararse las ideas y no dejar que su torpe mente se nublara con tontas ideas que nada venían a colación en aquel momento.

—No lo recuerda, ¿cierto? —Aventuró con un tono de voz casi inaudible, aunque en el silencio de la noche, ambos podrían haberle oído a la perfección. —No recuerda mis palabra ni mi promesa de verle de nuevo. —Se encogió de hombros. —Quizás ha sido mucho mi atrevimiento de venir a despertarle en sus horas de sueño. Que tenga un buen reposo, Henry. Que os guíe el sueño a un lugar placentero. —Terminó por decir aquella frase bastante apagado, como si el brillo que tenía cuando entró en el lugar se hubiera ido.

Por un segundo el príncipe quiso gritar a los guardias y quizás castigarlo. Por un segundo el miedo cruzó sus ojos al sentir que estaba siendo el muchacho que su padre quería para él. Y él no era nada de cruel ni sanguinario. No quería seguir ese camino, le daba miedo tener enemigos. ¿Por qué había que llevarse mal con la gente?

Quizás por ese pensamiento innecesario que invadió sus joven mente es que le tomó unos segundos reaccionar antes de dar unos pasos hacia atrás, mirando al hombre que le veía con desconcierto. Solo hizo un gesto de encogerse con los hombros en un intento mudo de decir que no había nada más que charlar, o por lo menos en su desilusión así se desenlazaba aquel momento.

—No importa mi visita. Mejor duerma, mañana os espera un día muy largo. —Sentenció antes de tropezar con las zapatillas y caer al suelo soltando un grito de sorpresa que ahogó al notar como sus manos tocaban la sucia tierra y sus ropas levemente se manchaban de polvo y quizás otra cosa que no quería ni pensarlo. —Maldición. —Blasfemó, molesto.

Ignorando al esclavo, que alguien podía venir o el hecho de que estaba haciendo el ridículo. La verdad que no sabía exactamente que era peor ni tampoco quería averiguarlo.  



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Re: De coronas y reyes.

Mensaje por Sagittarius el Jue 23 Mar - 2:18




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Henry, Sagittarius.



Lo último que quería el esclavo era poner al Príncipe en una posición tan incomoda; sabía bien que aunque hubiera sido un Señor, las reglas de la monarquía eran claras, no podría mantener ningún tipo de charla con otros nobles, ni con el propio Rey y su Consejo, solo estaba para servir cerrando la boca. Sin embargo, había roto aquella regla el día en que habló con el muchacho, aquél día en el cual su Señor y todo su séquito se encontraban fuera del Palacio, viajando hacia el Reino vecino para llevar a cabo un tratado de comercio; por lo anterior, se habían demorado días enteros en regresar. En aquél momento solo unos cuantos caballos se encontraban disponibles en el establo, por lo que el Capataz mandó al esclavo a preguntar al Principe si deseaba que le preparara uno de ellos para dar alguna ronda por los jardines del esplendoroso Palacio. Fue entonces que la plática surgió, haciendo el muchacho diversas preguntas sobre su origen; de hecho, el esclavo Henry había disfrutado la charla pues ciertamente se había roto su vida rutinaria hecha para servir.

En efecto, el Príncipe le prometió que acudiría a los establos a seguir con la charla, de manera un tanto secreta, pero Henry no pensó que aquello se fuera a concretar, mucho menos sabiendo que en aquél momento toda la comitiva del Rey se encontraba en el Palacio. No temía por su propia vida al hablar con el Príncipe, si no, en las repercusiones que eso pudiera tener. A manos del Rey Loco, aquello era muy difícil de averiguar y lo mejor sería no descubrirlo.

Observó la desilusión palpable en el rostro ajeno; Henry quiso acercarse, decir algo que no fuera incomodo, así que no dudó en ser sincero. - Disculpe mi osadía, si lo recuerdo, es solo que no pensaba que lo podría hacer sin una supervisión, tenía que asegurarme que nadie sabía sobre su estancia aquí; al final de cuentas para su padre, su Alteza Real, yo soy un traidor. - el hombre se sentía mal por el chico, ¿pero que podía hacer? - Por favor, siéntese...no tengo mucho que ofrecerle, pero ¿gusta algo agua? Tengo un pedazo de pan del día de ayer....- el hombre se sentía avergonzado pero no perdía la educación de noble, pero tampoco quería dar lástima al chico.

Aceptó que el chico había formulado una promesa, una que se cumplió más rápido de lo previsto. - Alteza, no se vaya, disculpe mis tonterías.- por instantes, deseó haber jalado el brazo ajeno, pero aquello, sin duda alguna, rompería todos los protocolos existentes. Justo cuando estaba exclamando aquellas palabras el heredero resbaló, haciendo que rápidamente el hombre semidesnudo y sucio lo tomará de los brazos, manchando también la tela de su ropa elegante, pero el chico ya se encontraba sucio, al menos de sus manos. - No se preocupe, es mi culpa, por no limpiar bien el piso.- rápidamente el hombre se acercó a un estante cercano y sacó un pañuelo - lo más limpio posible - y se lo cedió al chico para que limpiara sus manos, aunque por la ropa no podría hacer la gran cosa.

- No se vaya. Se lo pido. - sentía una extraña necesidad de desahogarse con él, de charlar acerca de su pasado, que desenmaraña sus recuerdos y de volver a vivir a partir de las narraciones ofrecidas al chico. - Le prometo que no volveré a desconfiar de usted.- el hombre lo guió hasta aquella pequeña mesa roída y vieja, donde comía normalmente, cerca al brasero - ahora apagado- donde cocinaba sus alimentos. Utilizó la antorcha para encender el brasero y permitir que la estancia estuviera iluminada al menos lo suficiente para no llamar la atención en el exterior. - Cuénteme, que ha hecho desde nuestro último encuentro....bueno, no el último, el anterior...como sea.- confuso, sabía que no debía decir nada acerca de la bañera, ese había sido su último encuentro, pero ¿acaso el Príncipe se había dado cuenta de su presencia?  - ¿Como van sus clases particulares? - sabía que el chico se estaba preparando en temas como contabilidad, arquería, lucha, astronomía, historia y otros temas diversos que necesitaba conocer como futuro Rey.

  


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