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But in my arms she was always Lolita

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But in my arms she was always Lolita

Mensaje por Songbird el Lun Abr 10, 2017 10:45 am

But in my arms she was always Lolita
CS / Libros/Películas / 1x1

1.
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes, Lo. Li. Ta.

Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Naturalmente que sí. En realidad, Lolita no hubiera podido existir para mí si un verano no hubiere amado a otra niña iniciática. En un principado junto al mar. ¿Cuándo? Aquel verano faltaban para que naciera Lolita casi tantos años como los que tenía yo entonces. Pueden confiar en que la prosa de los asesinos sea siempre elegante.

Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los mal informados e ingenuos serafines de majestuosas alas, envidiaron. Contemplen esta maraña de espinas.  

Nueva Inglaterra, 1947
El sol radiante de verano baña el césped de la pequeña comunidad de esa manera tan insípida, típicamente americana hasta el hartazgo como es Ramsdale para ojos del erudito europeo que pisa de puntillas suelo extranjero. Mas la caótica morada que lo acoge entre los gruesos brazos de su entregada anfitriona, la viuda Charlotte Haze, se bañan de luz dorada al descubrir a la pequeña ninfula que hace palpitar su sobrecogido corazón.

Era amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista.

“My Carmen," I said (I used to call her that sometimes) "we shall leave this raw sore town as soon as you get out of bed."
"... Because, really," I continued, "there is no point in staying here."
"There is no point in staying anywhere," said Lolita.”
Humbert Humbert
Jeremy Irons
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Dolores Haze
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Re: But in my arms she was always Lolita

Mensaje por Lichtgestalt el Dom Abr 30, 2017 7:08 am

Lolita, light of my life
fire of my loins, my sin, my soul
It was love at first sight, at last sight
at ever and ever sight.

“Entre los límites temporales de los 9 y 14 años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas”.
— Humbert Humbert.
Lolita.

Tres sílabas, seis letras. Nombre presente en pesadillas y sueños, causante de ansiedad e insomnio en quien devotamente adoraba a la inexperta musa que con un pie descalzo y otro cubierto por fino calcetín, se tambaleaba en el roído marco de esa puerta vieja que hacía las veces de barrera. Un simple trozo de madera, un objeto inanimado conteniendo cualquier gesto, el sentimentalismo, la añoranza ¿Cómo podía ser? Cuatro padres que aprisionaban, que asfixiantes se cernían también en torno al adulto, minando sus ganas por vivir, condicionándolo a actuar bajo el amparo de la fría indiferencia, de protocolarias frases con cuidado acento, con decencia.

¡Lolita!

El desesperado grito de una madre clamando por la hija, llamándola con insistencia; el agudo timbre resonó entre los delgados muros de la propiedad y en los oídos del reciente huésped. Más letras se sumaron en dicho nombre, del diminuto al original en cuestión de segundos y el tono, tan demandante como autoritario, escaló hasta convertirse en quejosos lamentos pregonando rebeldía e incorrección.   — Está buscándote. — Obvió, extendiendo la diestra frente a esa niña que seguía observándole sin más, como si no existiera otra cosa que hacer. Y si la había, si acaso algo así era posible, Humbert no quería saber. — Seguirá gritando hasta conseguir tu atención, probablemente capte el interés de vecinos indiscretos o entrometidos. — Irremediablemente posó sus ojos sobre aquella piel prístina y blanca, sobre el espigado talle donde se adivinaban redondeces que no estaban ahí.

No supo precisar si había mirado más o menos tiempo del estrictamente necesario pero se vio gratamente sorprendido al contemplar lo que pareció ser una sonrisa; Humbert amaba la manera que tenían los labios de su nínfula para curvarse así, alzándose hasta formar una mueca torcida que añadía — si cabía — cierta dosis de sensualidad sin intenciones de ser tal. Porque no, Lolita no era consciente hasta qué punto sus acciones podían llevar al hombre más casto o moral a la enajenación gesticulando así.  

Quiso añadir algo más pero todas las palabras quedaron suspendidas entre los labios y el paladar, reprimidas por el sonoro andar de Charlotte Haze, quien se apersonó en el estrecho pasillo que conectaba las habitaciones. Como cada mañana, presenciaría los gritos entre ambas féminas y haría de mediador, incluso si ese papel distaba mucho de agradarle.

— Ordena tu habitación ¿Cuántas veces he de repetirlo? — Charlotte apremiaba a la par que perseguía pero sus palabras caían en saco roto, al menos eso parecía; el escritor admiraba distante a la musa que sorteaba cada intento disciplinario con gritos y rabietas, lanzando pretextos para no cumplir con la tarea impuesta.

La amaba, vaya si la amaba.
con LOLITA en CASA DE LOS HAZE por LA MAÑANA


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Re: But in my arms she was always Lolita

Mensaje por Songbird el Lun Jun 19, 2017 7:26 pm

It was love at first sight, at last sight
at ever and ever sight.

La capa de carmín simbología de atrevimiento y pasión brillaba en el esmalte cubriente de las uñas de aquél pie soezmente desnudo y dejes dorados del baño del sol que apoyado de puntillas reiteraba un movimiento semicircular sobre la madera siguiendo el ritmo de la canción que tarareaba en su pensamiento y sus labios mudos vocalizaban.

La claridad de su mirada se deslizaba distraída por la habitación desplegando sus enigmas. El escritorio estaba plagado de libros, papeles y la máquina de escribir dispuesta para el desconocido que su madre había permitido meter en casa como una boba. Al menos a la niña le servía para ocupar sus largos vacíos de tiempo durante las vacaciones. Un extraño, muy extraño hombre que despertaba toda su curiosidad desde el momento en que se dio cuenta, enfrentada su habitación a la propia, de que la miraba. Lo cual era nuevo, diferente y tentador. Ahora era ella quien lo hacía, era lo justo.

Estalló la pompa del chicle relamiéndose para seguir mascándolo sorda de las aclamaciones de su progenitora.  —Tú eres el entrometido —empleando un tono ambiguo la diversión afloraba en su semblante. —No me interesa lo más mínimo su atención.

Era la suya la que ya tenía como comprobó entonces, haciéndole esbozar una sonrisa en la que asomaron los hierros correctores que debía llevar para dormir. Brindaba tal imagen de inocencia que su centelleante mirada de ingenio colisionaba como dos trenes en marcha. Su expresión suave y deliciosa cambió al reconocer los pasos en ascenso de su madre sorprendiéndose de la proximidad y corriendo a recluirse en el cuarto para que no la encontrara violando el espacio que no le era permitido traspasar. ¿Pero cómo no iba una jovencita a arriesgarse al desacato sobre algo que estuviera prohibido? ¿No son así los niños?  Innatos aventureros en el mundo que iban descubriendo. Algunos más atrevidos que otros.

Cayó sobre la cama haciendo que los muelles la hicieran botar ligeramente para cuando por la puerta asomó su madre prosiguiendo con sus órdenes que ni ella cumplía. —Lo haré en un rato. —Se limitó a decir alargando el brazo a por la almohada y tapándose la cabeza con esta para no tener que seguir escuchándola. Una provocación que hizo que su madre alzara la voz. —¡He dicho que luego lo haré! ¡Pesada! —gritó al colchón sonando amortiguada mientras movía las piernas en el aire con rapidez.

Estoy harta de que no me obedezcas, ¡niña malcriada! —Charlotte le arrancó asqueada la almohada tirándola al suelo y cogiendo a su hija del brazo para que se levantara de la cama. —¡Déjame en paz! —gritó con todas sus fuerzas Lolita al intentar zafarse. Adquiriendo un acento sepulcral el silencio después de oírse el impacto del tortazo que le dio en la mejilla su madre.
con PERVERTIDO en CASA DE LOS HAZE por LA MAÑANA







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Re: But in my arms she was always Lolita

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