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Mensaje por Carrie_B el Sáb 22 Abr - 13:47


My immortal
1x1 ♦ Fushigi Yugi ♦ NakagoxSoi ♦ Carrie_B & Mimikuma
NAKAGO
17 - 25 años ♦ Kutou ♦ Guerrero de Seiryuu

Hace tiempo que las rencillas de Kutou con el país de Konan, bajo la tutela del dios Suzaku, se han intensificado. La muerte del emperador y la forzosa subida al trono de su hijo menor, de tan solo catorce años, han propiciado a Kutou la oportunidad perfecta para intentar derrocar a la monarquía actual y hacerse por fin con el control del país sureño.

Mientras reorganizan las tropas y debaten la mejor estrategia militar a seguir, la leyenda de la sacerdotisa venida de otro mundo vuelve a cobrar fuerza en la capital, Shunrou. Aunque los últimos testimonios datan de hace casi cien años, Kutou no ha olvidado su legendaria derrota ante Hokkan: gracias al poder de la sacerdotisa de Genbu y a sus siete estrellas, las tropas de Kutou se vieron obligadas a retirarse sin haber conseguido tomar Touran, y es algo que no están dispuestos a dejar que ocurra de nuevo. Suzaku no puede ser invocado para proteger Konan, y la única forma de impedir que eso ocurra parece ser encontrar a las siete estrellas del dios Seiryuu. Por ello, y tras muchas deliberaciones, el emperador ha hecho llamar a uno de sus generales más jóvenes, y a la única estrella de Seiryuu cuyo poder se ha manifestado públicamente: Nakago. Él debe ser el encargado de reunir a los siete guerreros celestiales lo más pronto posible, así como de localizar a la sacerdotisa de Seiryuu, que deberá aparecer para conducir a Kutou a la victoria.

Sin embargo, Nakago también tiene sus propios planes al margen de los deseos de su emperador, y se ha dado cuenta de que Kutou no es el único con una gran oportunidad entre manos...

SOI
12 - 19 años ♦ Kutou ♦ Guerrera de Seiryuu




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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Dom 23 Abr - 14:50

The angel
savior

Cada día se repetía como una rutina incesante y cargada de sufrimiento interior que solo sentía ella en lo más profundo de su ser. Sentimientos encontrados, confusiones sobre qué era lo que sentía cada vez que aquella melena rubia se cruzaba con su mirada y el hombre que la portaba, apenas le dirigía la mirada. Los días en palacio, a decir verdad, no estaban tan mal, ¿para qué engañarse? ¿Por qué implicar el hecho de que el General Nakago ni siquiera la mirara?

Aún había noches en las que recordaba su pasado. El terrible suceso que cambió su vida y se convirtió en un regalo para ella. El día en que lo conoció. El día en que Nakago... la salvó de aquel fatal destino.

~~~

Los gemidos y el fuerte olor a sexo llenaban de "vida" aquel lugar y Soi, estaba destinada a convertirse en una más. Era inevitable que el miedo se apoderara de ella cada vez que escuchaba a alguna de las mujeres resistirse, porque aunque algunas de ellas, no lo hicieran, la mayoría eran forzadas a hacer toda clase de actos indecorosos. Por supuesto, ella no era la excepción. Siendo la más joven, fue llevada a aquel lugar cuando perdió a sus padres como una esclava más.

Obviamente, un prostíbulo no era el lugar más apropiado para una joven como ella. Sin embargo, era la única forma de poder tener algo que llevarse a la boca después de todo. ¿Debía agradecer a sus jefes lo que habían hecho por ella? ¿O por el contrario odiarlos por haberla condenado? Todavía era joven para comprenderlo e incluso para tener que pensar en aquel tipo de cosas.

Lo que estaba claro, es que aquel día, Soi había sido solicitada. No sería la primera vez, ni tampoco la última. Sus ojos inocentes se pasearon con nerviosismo por los pasillos y en general, el camino que recorrió hasta llegar donde le esperaba su cliente. La persona a la que debía agradecerle, por darle la oportunidad de poder comer durante una semana, probablemente, o tal vez menos, pues su trabajo no es que estuviera demasiado bien pagado después de todo...

Pero algo cambió en aquella ocasión. En cuando la dejaron a solas con él, Soi vio como escondidos tras de él, aparecieron varios más. Sus ojos se abrieron de par en par al ver sus expresiones. Nadie le había dicho que allí hubieran más personas. Su corazón comenzó a latir violentamente y gritó. Gritó como lo haría una chica de su edad que estaba muy asustada. Eso alertó a los hombres que intentaron lanzarse sobre ella sin éxito, pues Soi comenzó a correr hasta llegar a la salida del burdel, momento en que lograron atraparla.

¡Había estado tan cerca de escapar! ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué tenía que tornarse ahora todo de color negro!? Las cuerdas vocales de Soi se tensaban por momentos. Su garganta se desgarraba al igual que sus prendas haciéndose añicos. Solo... esperaba que un ángel decidiera salvarla en aquel preciso momento. Porque la fe era lo único que le quedaba en aquella vida. La única esperanza.

-Por favor... alguien... ayuda... ¡AYUDA!

Soi ♦ Prostíbulo ♦ con Nakago


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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Lun 24 Abr - 20:41

The angel
savior

—Aquí no hay nada más que hacer. Nos vamos —ordenó el capitán, guardando el pergamino con el informe de situación bajo la silla de montar.

La visita había sido breve, y en opinión de Nakago, completamente inútil. La gente de los pueblos del noroeste eran en su mayoría campesinos mal alimentados y ancianos enfermos que no iban a servir de nada a Kutou, por mucho que el emperador ordenase instruirlos como soldados. Hombres cuyas armas doblaban su peso, y cuyo estado deplorable los hacía aptos únicamente como carnaza. Eso si no extendían antes alguna enfermedad que arrasase a la mitad de los soldados válidos. Viejo idiota...

Tras despedirse del oficial a cargo de la formación militar de las nuevas facciones, los tres partieron de regreso a Shunrou. La capital se encontraba a tres días de camino desde allí, cruzando el valle y la fortaleza de Ka-Tong. El camino del valle se hallaba poblado de aldeas y burdeles, de modo que no tendrían problema a la hora de buscar un lugar donde pasar la noche y dejar descansar a los caballos. Los aldeanos no apreciaban a los soldados del emperador, pero tenían demasiado miedo a las represalias como para negarse a darles cobijo.

Comenzaba a atardecer cuando llegaron a la linde de un bosque poco frondoso. Los árboles crecían tan distantes unos de otros que no resultaba difícil adivinar el horizonte, y un minúsculo riachuelo poblado de guijarros y malas hierbas discurría paralelo al camino, serpenteando entre las piedras. El primer poblado del valle no debía de estar muy lejos de allí.

Entonces, lo escuchó. Apenas había sonado unos cuantos segundos antes de enmudecer, pero estaba seguro de que había sido un grito. Con un tirón seco de las riendas, detuvo su montura hasta quedar inmóvil en mitad del camino. Los otros dos hombres tardaron unos segundos en darse cuenta de que lo habían dejado atrás.

—¿Qué haces, Nakago? —gruñó el capitán con tono de fastidio.

He oído algo —murmuró él simplemente, antes de bajar de la silla y avanzar un par de pasos. Sus ojos azules recorrieron el perímetro con calma antes de volver a posarse en el oficial—. Continuad sin mí. Ya os alcanzaré.

El hombre vaciló, dispuesto a replicar, pero la mirada de Nakago bastó para hacerlo enmudecer de inmediato. En su lugar, frunció el bigote oscuro y espoleó los flancos de su caballo para continuar la marcha.

En cuanto las dos figuras desaparecieron de su vista, Nakago giró a su izquierda y avanzó varios metros en silencio hasta salir a un pequeño claro justo al límite del bosque, donde se erigía una pequeña casona de madera con las contraventanas echadas y un diminuto farol rojo colgando de una de las vigas. Y justo allí debajo, entre bufidos ahogados y jadeos, cuatro hombres se afanaban por inmovilizar algo que pataleaba en el suelo.

Una niña.

Ya estaban acabando de desnudarla cuando el codo de Nakago se incrustó con fuerza en la nuca de uno de ellos, que se desplomó de inmediato. Los tres restantes lo siguieron escasos segundos después, antes de poder darse cuenta siquiera de lo que estaba sucediendo. Dos de ellos todavía tenían los puños cerrados en torno al kimono de la niña, así que les aplastó las manos con la bota sin contemplaciones hasta que los nudillos crujieron y la tela destrozada resbaló de entre sus dedos, dejándola libre.

Al parecer, incluso en los rincones más recónditos de Kutou seguía habiendo escoria.

Nakago ♦ Prostíbulo ♦ con Soi




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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Mar 25 Abr - 17:39

The angel
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¿Un ángel salvador? Soi vivió aquella situación a cámara lenta. El ver como aquellos hombres caían uno a uno, como algunos incluso salían volando por los aires y finalmente, alguien se hacía paso entre ellos. Sus orbes del mismo colo que el de los zafiros, observó al ángel que había bajado del cielo para salvarla. Allí, de pie, frente a ella, vivió el comienzo de aquella "pesadilla", porque por supuesto, enamorarse de él tan solo le traído dolores en la cabeza. Pero en ese entonces, todavía no lo sabía ni podía hacerse a la idea.

La pequeña Soi se tapó como pudo con lo que quedaba de sus ropajes y apretó sus labios intentando no llorar, pues aunque hubiese gritado pidiendo ayuda, ni una sola lágrima había caído de sus ojos. Fue lo primero que aprendió cuando la llevaron a aquel lugar.

-Me habéis... salvado... -Susurró algo temblorosa al igual que todo su cuerpo. Ahora mismo, Soi era un flan y aunque en su rostro se viera inexpresivo, se notaba que en el fondo lo había pasado muy mal.

Con cuidado, la de cabellos carmesí intentó levantarse a duras penas y con cuidado se acercó a él, a su salvador, al hombre que iba a amar desde aquel entonces y que jamás iba a corresponderla aunque lo deseara con todas sus fuerzas.

-¿Cómo podría agradeceros?... no... no teníais por qué hacerlo y aún así... -Las mejillas de Soi tenían marcas que probablemente terminarían en moratones muy feos y por si fuera poco, su cuerpo se veía en el mismo estado, sobretodo, en sus muñecas. -¿Me... permitiríais pagaros de algún modo?... No es... justo que hayáis arriesgado vuestra vida por salvarme y... os vayáis con las manos vacías...

A Soi se le ocurrían varias formas para recompensarle. Sin embargo, ninguna de ellas resultaba demasiado ética, pues a pesar de todo, la pequeña no dejaba de ser una niña que había vivido una vida difícil y ahora, se encontraba en un entorno que poco le ayudaba a ordenar su cabeza y a formarse como tocaba. Por eso, aunque para ella eran las mejores formas de recompensarlo, posiblemente a Nakago le sonarían totalmente fuera de lugar.

-Sois... una buena persona... así que podría... acostarme con vos sin que tuvierais que pagar nada... Yo... todavía guardo mi flor intacta así que... si quisiérais... -La pequeña hizo una pequeña pausa y esbozó una sonrisa dulce. -Os la guardo... es vuestra. -Dijo llevándose las manos al pecho, sintiendo como el corazón se le iba a salir del pecho.

Soi ♦ Prostíbulo ♦ con Nakago


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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Jue 27 Abr - 18:21

The angel
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La niña tardó unos segundos en reaccionar, aferrándose a sus ropas como si le fuese la vida en ello. La observó titubear, vacilante y temblorosa, mientras se esforzaba por cubrirse el cuerpo con las telas destrozadas. Tenía marcas rojizas tanto en las mejillas como en el cuello y en los brazos flacuchos y pálidos, pero al menos parecía capaz de mantenerse en pie.

—¿Cómo podría agradeceros?... no... no teníais por qué hacerlo y aún así... —Aunque su voz sonaba débil y entrecortada, no derramó ni una sola lágrima, como habría cabido esperar. Impresionante...—. ¿Me... permitiríais pagaros de algún modo?... No es... justo que hayáis arriesgado vuestra vida por salvarme y... os vayáis con las manos vacías...

Nakago la observó largamente. No necesitaba haber visto su ropa en perfecto estado para comprender que aquella niña no pertenecía a ninguna clase social acomodada. Probablemente sus padres la habrían vendido al burdel que se erigía a sus espaldas a cambio de unas cuantas monedas, o puede que hubiese sido la guerra la causante de que hubiese acabado allí. Las niñas huérfanas no solían tener futuros muy brillantes en Kutou. Además, en cualquier caso, nada de lo que pudiese ofrecerle aquella muchachita, aunque hubiese sido rica, podía servirle de utilidad.

No me des las gracias. No soporto a esa clase de escoria.

Ladeó la cabeza para dedicar una escueta mirada a los cuatro despojos de ser humano que todavía seguían tendidos a su lado, antes de volver a centrarse en Soi. No tenía ningún interés particular en ella ni sentía especial debilidad por los niños, pero debía admitir que aquella criaja le había sorprendido. Llevaba años sirviendo en el ejército del emperador, y escenas como aquella se vivían en el campo de batalla todos los días a la hora de reclamar el botín: las mujeres lloraban y los niños lloraban. Ella había llorado y llorado durante horas mientras esos hombres la destrozaban delante de sus ojos. Y no había servido de nada. Por eso, cuando le llegó su turno, él tampoco lloró.

Igual que esa niña.

Debes de ser una chica bastante lista si has conseguido mantenerte intacta trabajando en un burdel —comentó, sin variar su expresión ni un ápice—. Aunque ofrecerme algo así no ha sido precisamente inteligente. Los soldados del emperador nunca van a pagarte por esa clase de servicios. —Sus ojos azules se clavaron en los de Soi, impertérritos. Era demasiado joven para su gusto, pero aún así debía reconocer que era bonita—. Si estás dispuesta a renunciar a algo tan importante, asegúrate de que te paguen muy bien por ello.

Nakago ♦ Prostíbulo ♦ con Soi




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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Vie 28 Abr - 12:33

The angel
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Aquel fue el día en que todo empezó. Cuando Soi escuchó hablar a su ángel salvador, sintió como aquella sensación en su pequeño pecho se acrecentaba y le daba una calidez especial. Sin duda alguna estaba segura de las consecuencias que tendrían sus palabras y la repercusión que podrían tener. Lo había visto en su día a día al fin y al cabo y aunque tuvieran la dignidad de proteger la virginidad de una joven como ella, sabía que cuando cumpliera unos años más, tendría que perderla para ofrecer mejores servicios. Y por supuesto, no podría elegir por sí misma si negarse o aceptar.

Por eso, para ella era importante guardar su flor para alguien especial. Desde que perdió a su familia, no había encontrado ningún motivo para seguir viviendo, ningún objetivo que seguir. La pequeña Soi había perdido la esperanza de todo hasta que llegó él: Nakago. Probablemente el de cabello rubio no entendía la importancia que tenía para ella aquello así que insistió.

-No quiero dinero. -Dijo ella con un tono seguro en su voz, mirando fíjamente a Nakago. -Me habéis salvado y esta es mi forma de pagároslo. -Le intentó explicar convencida de ello. -Tenéis razón, podría sacar mucho dinero por ello pero... este es mi deseo.

Soi todavía tenía las mejillas encendidas por los cumplidos de Nakago. La había llamado "lista". Tal vez aquello era un paso, ¿no? Que se interesara en ella significaba que pronto, tal vez, podría llegar a alcanzarlo como ella tanto deseaba.

Sin embargo no fue así. En un futuro se daría cuenta de que sus sueños se romperían y, qué irónico, sí que iba a guardar esa flor, pero para no ser usada de ninguna manera y eso, interiormente la frustraba y destrozaba día a día. Soñaba con el momento en que Nakago la pidiera por sí mismo o incluso mostrara algún tipo de afecto cariñoso con ella...

Pero volviendo al pasado, la pequeña Soi dio un paso hacia delante y lo ojeó más de cerca. Había mencionado a los "soldados del emperador".

-¿Sois un soldado del emperador? Se os ve tan... joven... Tenéis que ser muy fuerte y valiente para que os hayan aceptado. Os admiro mucho. -Dijo con tremenda fascinación. e notaba en sus ojitos brillantes el hecho de que Nakago cada vez le llamaba más la atención y le agradaba a cada parte que conocía de él. Ojalá ella pudiera hacerse tan fuerte como para luchar a su lado.

¿Sería imposible? La pequeña Soi así lo creía, pero se llevaría una tremenda sorpresa cuando supiera que sus deseos no eran tan lejanos al fin y al cabo.

-¡Insisto! -Alzó la voz repentinamente, cambiando de tema nuevamente. -Voy a guardaros mi flor queráis o no. -La pequeña Soi sonrió divertida, incapaz de prevenir los hechos futuros. -Así que si vos no la queréis, nadie la tendrá. -Añadió cruzándose de brazos aún manteniendo la enorme curva de sus labios formando una sonrisa. Al menos, gracias al encuentro con Nakago, parecía que Soi se había llenado de vida de nuevo, como si los meses anteriores en el prostíbulo no hubiesen existido.

Soi ♦ Prostíbulo ♦ con Nakago





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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Lun 1 Mayo - 12:09

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—¿Sois un soldado del emperador? —inquirió, notablemente sorprendida—. Se os ve tan... joven... Tenéis que ser muy fuerte y valiente para que os hayan aceptado. Os admiro mucho.

Nakago no respondió. Era la primera vez que alguien del pueblo llano admitía sentir admiración por los soldados del emperador, aunque seguramente ese pensamiento cambiaría cuando aquella cría empezase a tener un poco más de conciencia del mundo que la rodeaba. Nadie en Kutou los consideraba héroes, a pesar de que el emperador siempre los vendía como tales. Luchaban en las guerras por el país, sí... pero también masacraban aldeas, extralimitaban sus derechos y tomaban todo aquello que se les ponía por delante, sin importar a quién le perteneciera.

Y él y todo su clan eran la prueba fehaciente de ello.

"Fuerte y valiente". Si tú supieras, niña...

En ese ejército había más escoria junta de la que nunca podría llegar a acudir a ese pequeño burdel.

—¡Insisto! —La voz alegre e insistente de la niña lo sacó de nuevo de sus pensamientos—. Voy a guardaros mi flor queráis o no. Así que si vos no la queréis, nadie la tendrá.

Vaya. Aquello volvió a sorprenderlo. ¿Por qué insistía tanto con eso? Ya le había dejado claro que no le interesaba. Malgastar algo así por una persona a la que probablemente no volvería a ver jamás le parecía absurdo. Sin embargo, los ojos de la niña parecían tan firmes y decididos a cumplir aquella promesa inútil que consiguieron arrancarle una leve sonrisa.

Qué chiquilla más obstinada... —murmuró, antes de darse media vuelta para regresar a por su caballo. Al hacerlo, pasó por encima de uno de los hombres que continuaban inconscientes en el suelo, que emitió un quejido ahogado. Nakago ni siquiera se molestó en mirarlo—. Haz lo que quieras. Eso ya no es asunto mío.

Si continuaba trabajando en aquel burdel, tarde o temprano se vería obligada a realizar las mismas tareas que sus compañeras, al menos si pretendía poder seguir comiendo... Prometer algo así a un desconocido era demasiado... ingenuo. Ella en sí parecía aún demasiado ingenua, aunque debía reconocer que le había causado cierta gracia. El día que se rompiese ese cascarón...

Pero eso, como ya le había dicho, no era asunto suyo.

Nakago ♦ Prostíbulo ♦ con Soi




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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Lun 1 Mayo - 23:22

The angel
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"Que chiquilla más obstinada"

Los pómulos de Soi se hincharon acumulando una rabia interna que acrecentaba una llama interior por primera vez en su vida. Aquella sensación de querer demostrar de lo que estaba hecha. De mostrarle a Nakago, aquel joven soldado que podía con todo. Que incluso algún día llegaría a ser tan fuerte que se interesaría por ella. Ahora, estaba claro que tan solo era una niña sin ningún tipo de encanto. Pero en el futuro... trabajaría duro hasta llegar al castillo, donde se reencontraría con él, con su primer y único amor.

-¡Mi nombre es Soi! ¡Nos veremos otra vez! ¡Y cuando logre ser más fuerte os lo entregaré! -Gritó segura, con una sonrisa en su rostro. Sabía que aquella sería la última vez hasta que lo volviera a ver de nuevo.

~~~

Y así fue. Años pasaron desde su primer encuentro en el prostíbulo. Ahora, Soi era una criada bajo las órdenes del Rey. Limpiaba, cocinaba, a veces incluso bailaba para entretener a la corte y en sus ratos libres... lo buscaba. Aunque fuera de lejos, necesitaba verle, sentir su presencia y fantasear con la posibilidad de que algún día iba a fijarse en ella.

Porque lo haría, ¿verdad? Soi comenzaba a perder la paciencia y sentía como la desesperación la consumía. Cada noche soñaba con él envolviéndola con sus fuertes brazos, rozando cada parte de su cuerpo, aceptando su flor. Era frustrante haber llegado a su edad sin haberse acostado todavía con alguien. Sí, tal vez la vida en el prostíbulo le había pasado factura y en cierto modo se había acostumbrado a aquella vida, por lo que imaginar a Nakago en una cama con ella era una fantasía que tenía constantemente.

Todo pensamiento se rompió cuando en mitad de su merecido tiempo libre, escuchó la voz de Nakago en los jardines del castillo. Todavía no había sido capaz de acercarse a él. Aún tenía miedo de verse rechazada por éste. Además, ¿notaría su presencia si se cruzaran? Seguro que no se fijaría en ella. Soi dio un largo suspiro y volvió a sentir aquella frustración invadiendo todo su cuerpo. Debía hacer algo cuanto antes o enloquecería. Por eso, dejándose llevar por un impulso, decidió pasear por los jardines y cruzarse con él. No obstante, justo en ese momento comenzó a oír fuertes gritos provenientes del hombre que acompañaba al de cabello rubio.

¿Estaban discutiendo? Tal vez no era buena idea después de todo pasearse por allí en aquellos momentos. No obstante, Soi vio como aquel hombre que acompañaba a Nakago sacaba un puñal de su bolsillo y lo levantaba con intenciones de usarlos contra él. Entonces, lo sintió, un impulso, una necesidad de proteger a aquel a quien tanto amaba. Un gesto que aunque ella no entendiera todavía, era más puro que el hecho de querer acostarse con él. Un verdadero gesto de amor.

-¡Alto! -Gritó Soi empujando al hombre con toda la fuerza que había adquirido en su profesión y le propinaba una patada en su zona más delicada y preciada. Eran muchas las veces en que aparecía algún hombre con malas intenciones en el prostíbulo, por eso, cuando creció adquirió lo necesario para poder protegerse de un caso así.

Y sin darse cuenta, allí estaba, cara a cara con él. Nunca pensó que el reencuentro con Nakago se vería de esa forma y menos, que no estaría preparada para el momento. Su corazón parecía que iba a salirse de su pecho y las palabras no salían de su boca. Sin embargo, sus mejillas encendidas hablaban por sí solas.

Soi ♦ Jardines del castillo ♦ con Nakago





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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Jue 4 Mayo - 22:20

The angel
savior

Te he dicho que no me sirven —murmuró, sin perder la calma ni un solo instante. Por contra, el hombre que caminaba a su lado se mostraba tan sumamente alterado que llevaba la cara empapada en surdor.

—¡Pero... general...! ¡Hemos traído exactamente lo que Su Alteza el Emperador había pedido! ¡¿Cómo podéis decir que...?! ¡Hemos tardado meses en regresar con ellos, y aún así...!

¿Cuántas veces vas a hacerme repetir lo mismo? —lo interrumpió, con un tono tan indiferente que solo sirvió para que el otro hombre se indignase todavía más. Perdió la vista—. No hay ningún guerrero de Seiryuu entre toda esa gente. No me sirven para nada.

—¡¿Cómo podéis decir eso?! ¡Hemos perdido a una docena de hombres en el asalto a la frontera!

No es culpa mía que tú y tus soldados seáis unos inútiles.

No creía que pudiera ser tan estúpido, pero al parecer se equivocaba. Por el rabillo del ojo, lo vio quedarse atrás y rebuscar algo entre los pliegues de la armadura. Cuando se giró, el hombre tenía la cara desencajada y sostenía en alto un puñal corto similar a los que utilizaban para degollar a los animales después de cazarlos. Qué imbécil... ¿De verdad creía que tenía alguna posibilidad contra él?

—¡Alto!

Antes de que pudiese hacer nada, una de las sirvientas de palacio se interpuso entre ambos, propinándole un empujón al hombre y logrando que perdiese el equilibrio. No era lo suficientemente fuerte como para conseguir derribarlo, pero la patada que le dio después consiguió dejarlo fuera de combate. Solo entonces, cuando se aseguró de que no volvería a levantarse, se giró hacia él.

Era una chica joven y delgada, con el pelo largo recogido en un moño alto, igual que el llevaban las sirvientas del emperador. No recordaba haberla visto en palacio, aunque la mayor parte del tiempo tampoco les prestaba demasiada atención. Muchas de ellas, sobre todo las que eran medianamente atractivas, acababan siendo enviadas al lecho del emperador cuando éste se aburría de sus concubinas habituales. Chicas jóvenes sin familia a las que nadie podía reclamar, o cuyas dependencias económicas las obligaban a mantener su trabajo a costa de cualquier cosa.

En cualquier caso, incapaces de valerse por sí mismas. No eran su estilo. Por eso, que aquella chica formase parte del servicio no le encajaba del todo.

Una mujer que sabe pelear... qué inusual. —Ladeó la cabeza, sin apartar la vista de ella. No existían clanes guerreros en Kutou, y los que habían existido en su tiempo habían sido convenientemente eliminados para no suponer una amenaza. Tampoco se formaba a las mujeres para luchar, así que... ¿de dónde había salido aquella chica?—. ¿Dónde has aprendido a hacer eso?


Nakago ♦ Palacio de Kutou ♦ con Soi




Última edición por Carrie_B el Dom 7 Mayo - 13:45, editado 1 vez


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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Vie 5 Mayo - 17:08

The angel
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Tal vez no habría hecho nada impresionante. No... de hecho tan solo lo había empujado. Es algo que haría cualquiera, ¿verdad? Además... ¿y si la echaban de allí por haber interferido entre Nakago y aquel soldado? Soi mordió su labio inferior con nerviosismo, pero antes de tomar por precaución el camino de regreso a sus cosas, el de cabellos rubios se dirigió a ella sorprendiéndola de sobremanera. Sus ojos se abrieron de más por la sorpresa y el tener contacto directo con los orbes de él provocó que su corazón se acelerara en exceso. Ni siquiera le salían las palabras.

Era... la segunda vez que la halagaba y probablemente ni se habría dado cuenta de ello. O al menos, no le tomaría tanta importancia como ella. Si es cierto que sus ojos se iluminaron al recibir toda la atención de él, pronto dejaron de hacerlo en cuanto se percató que no la reconoció. Claro... ¿cómo iba a acordarse de aquella pequeña niña que salvó en un prostíbulo? A veces resultaba patética.

No obstante... por un lado prefería que no la recordara, pues ahora que por fin había crecido y era toda una mujer, se sentiría avergonzada por haberse mantenido virgen por él.

-Una tiene sus propios recursos, general. -Le respondió haciendo una corta reverencia en señal de respeto.

Sin embargo, a sabiendas de que Nakago no estaría satisfecha con la respuesta y querría más información, tan solo la ampliaría un poco más, no demasiado, ¿qué pasaría si le diera por recordarla? No... no podía permitirlo. Aunque una parte de ella lo deseaba con locura.

"General, he venido a entregaros aquello que os prometí hace años."

La sangre hervía en su interior y no podía evitar sentir como su cuerpo se descontrolaba entre cosquilleos placenteros y su mente divagaba entre fantasías ideales en las que Nakago la envolvía con sus manos experimentadas, rozando cada parte de ella. Y ahora, teniéndolo frente a él, todo se sentía como una tortura digna de una masoquista.

-El mundo es un lugar peligroso con dos bandos: El cazador y la presa. -Hizo una pequeña pausa y le dedicó una media sonrisa. -Hace tiempo que decidí dejar de ser la presa -Miró unos momentos al suelo, donde aquel soldado se seguía retorciendo.- ¿Y vos? ¿En qué bando estáis? -Alzó nuevamente su rostro.

"Porque no me importaría ser una presa de nuevo si vos fuérais mi cazador..." Estaba segura que si soltara aquello sería su fin. Pero por un lado... se sentía tan tentada... Ojalá tuviera más valor, pero si ya era casi imposible acceder a él, probablemente con aquella frase tan solo empeoraría las cosas...

Soi ♦ Jardines del castillo ♦ con Nakago





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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Dom 7 Mayo - 13:37

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—El mundo es un lugar peligroso con dos bandos: El cazador y la presa. Hace tiempo que decidí dejar de ser la presa —explicó ella, esbozando una sonrisa confiada—. ¿Y vos? ¿En qué bando estáis?

Nakago sonrió de medio lado. Las sirvientas del emperador carecían de la insolencia que mostraba aquella muchacha y, por descontado, jamás habrían sido capaces de derribar de ese modo a un soldado. Tenía claro que había algo que no deseaba contarle pero, por desgracia para ella, pensaba averiguarlo de todas formas.

Eres muy descarada para dirigirte a mí de esa forma —comentó, cruzándose de brazos.

La posibilidad era muy remota, y en cualquier caso no había visto brillar ningún carácter en su cuerpo cuando se había interpuesto entre ellos, pero aún así... Echó un breve vistazo a su compañero inconsciente, tal y como había hecho la joven, aunque en ningún momento demostró sentir ni una pizca de compasión. De hecho, hasta podría decirse que había tenido mucha suerte. Si hubiese dependido de él, seguramente ya no quedarían ni sus huesos.

Pero debo admitir que, en esencia, estoy de acuerdo contigo.

Hacía mucho tiempo que él también había decidido dejar de ser presa para convertirse en cazador. Un cazador de cazadores, con las miras puestas en los mismísimos cielos. Y para cazar cazadores, no hay nada como dejarles creer que sigues siendo una de sus presas...

Aunque no has contestado a mi pregunta. No importa —musitó, y antes de que ella pudiese apartar la mirada atrapó su barbilla entre sus dedos, inmovilizándola. Después, deslizó el dedo pulgar por su labio inferior, arrastrando consigo el ungüento rojizo que los adornaba. No necesitó probarla para averiguar de qué se trataba—. Ya veo que conoces la miel roja. No es muy habitual que una sirvienta de palacio tenga acceso a esta clase de sustancias...

Él también la conocía muy bien. Las prostitutas de los burdeles solían utilizarla a menudo. La droga afectaba a los sentidos con solo rozar los labios, y conseguía que cualquier hombre, por fuerte que fuese, se rindiese a sus instintos más primitivos.

¿Cómo la has conseguido? —inquirió finalmente, liberándola de su agarre—. ¿O acaso la has... robado?

Existían mil formas de confirmar su teoría. Y, si al final resultaba ser fallida... bueno, la pérdida no sería demasiado grande.

Nakago ♦ Palacio de Kutou ♦ con Soi




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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Dom 7 Mayo - 20:49

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¿Descarada? A Soi casi le da un vuelco el corazón. No sabía si eso era buena señal o por el contrario, el general Nakago terminaría por apartarla de su camino nuevamente, no obstante, su miedo se fue de inmediato en cuanto el de cabellos dorados prosiguió con la conversación, dándole la razón a sus palabras. Estaba feliz, por fin después de tanto esperar, había logrado intercambiar unas palabras con él y a pesar de que no la reconociera, seguía pensando que era mejor así, pues de todos modos, aunque para ella era algo importante, tal vez él lo veía como un mofe, un motivo de burla.

Sin embargo, había encontrado un nuevo método para acceder a él, otro más efectivo y que conocía bien por el oficio que había llevado a cabo hacía años atrás. Le gustaba esa tensión que había entre él y ella, ese ambiente de misterio que se había creado en el ambiente. El interés que había despertado en el hombre y los crecientes hormigueos en su estómago.

Mientras Soi seguía inmersa en aquellos pensamientos, algo la sacó de ellos por completo. Un gesto que no se esperó por parte de Nakago y la desestabilizó por completo, haciendo que de nuevo, su corazón peligrara por salirse de su pecho. El primer contacto real. Respiración contra respiración, mirada contra mirada y aquel pulgar haciendo que se deshiciera en un mar de calor asfixiante. Mentiría si no dijera que se sintió nerviosa y tuvo que hacer un esfuerzo para tragar saliva y deshacer el nudo que se le había formado en la garganta. Pero Soi había aprendido mucho en aquellos años en el prostíbulo y la respuesta salió de inmediato, firme e incluso descarada acompañada de una sonrisa impertinente y algo traviesa.

-¿Cómo sabéis de su existencia? ¿A caso... la habéis probado anteriormente?

Una pregunta que respondía otra. Que la liberara justo en aquel momento provocó un tremendo alivio. Tal vez en otro momento se habría lamentado ya que significa separarse de él, sin embargo, ahora mismo lo que deseaba era esquivar aquella pregunta. Se había dado cuenta. Aquel hombre no era idiota y pronto ataría cabos.

-¿O es que ansiáis deleitaros con su sabor...? -Preguntó repentinamente con un tono pícaro, de nuevo, siendo atrevida y tal vez tocando un terreno peligroso y que se escapaba de sus manos.

No obstante, justo en aquel momento, una voz la llamó desde la lejanía. Era una de las sirvientas encargada de la cocina, seguramente, la llamaría para preparar la comida. Justo a tiempo, de hecho.

-Ha sido un encuentro interesante, general. Disculpe si no puedo responder todas sus preguntas, pero ya sabe, una mujer tiene secretos que prefiere no revelar... -Dicho aquello se llevó el dedo índice a sus labios pintados de miel roja y recogió un poco de ésta para luego hacer una señal en dirección a los labios del general, en lo que se podría interpretar como una amenaza traviesa.

Por supuesto, en cuanto emprendió el camino a las cocinas, toda aquella valentía que había logrado sacar de su interior se vino abajo y tuvo que apoyarse contra una pared escondida de todo aquel que pasara por allí para recuperar el aliento. La odiaría por aquello. No querría saber nada de ella, ¿en qué momento pensó que había sido buena idea? Tragó saliva mientras recordaba el pulgar de Nakago recorriendo su labio inferior mientras sus manos acariciaban su cuerpo en un impulso descontrolado. Deseaba que fuera él quien la recorriese de aquel modo, quien la retuviera entre sus brazos, pero no bajo el efecto de la miel roja.

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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Vie 12 Mayo - 19:59

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—¿Cómo sabéis de su existencia? —Tras bailar unos instantes en sus comisuras, la sonrisa traviesa volvió a adueñarse de la boca de la joven—. ¿A caso... la habéis probado anteriormente?

Podría haberla abofeteado en ese mismo momento, y nadie habría osado cuestionar su decisión. Incluso ella debía de saber que los generales del emperador contaban con el suficiente poder como para ejecutar castigos en su nombre sin necesidad de obtener su permiso. Y, de entre todos ellos, Nakago era sin duda el más implacable. Sin embargo allí estaba, tentando a su suerte una y otra vez...  ¿por qué?

—¡Haku**!

Cuando Nakago alzó la vista, encontró a otra de las sirvientas haciendo señas en su dirección. A pesar de la distancia que los separaba, esa vez sí reconoció su rostro. Solía servirle a menudo la comida en sus aposentos, y aunque Nakago no se había interesado por su nombre lo más mínimo, en alguna ocasión sí que había aceptado su compañía.

Así que una sirvienta de las cocinas...

—Ha sido un encuentro interesante, general. Disculpe si no puedo responder todas sus preguntas, pero ya sabe, una mujer tiene secretos que prefiere no revelar... —murmuró, manchándose el dedo índice con la miel roja y señalando sus labios justo después, tras lo cual emprendió rápidamente el camino de vuelta al palacio.

Nakago la observó subir la extensa escalinata de piedra que conducía a la entrada y desaparecer por ella en pos de su compañera. Después, sin variar ni un ápice su expresión, devolvió la mirada al soldado tendido a sus pies, que no cesaba de emitir gemidos roncos.

Kutou no necesita patéticos traidores entre sus filas —murmuró, antes de alzar la mano derecha y apuntar al aterrado hombre con el índice y el anular—. Y menos, a hombres que se dejan vencer por simples sirvientas. Desaparece.

Casi de inmediato, un intenso resplandor azul surgió de la punta de sus dedos, al mismo tiempo que su frente se iluminaba bajo la luz del carácter chino "corazón". El chirrido de la bola de energía ahogó el único grito que fue capaz de proferir el soldado, justo antes de que su cuerpo se viese reducido a simples cenizas negras, que se esparcieron en todas direcciones cuando la capa de Nakago ondeó tras él al retomar la marcha.

Había dos soldados de guardia a las puertas del palacio, aunque ninguno osó hacer ni un solo comentario sobre lo que acababa de suceder en los jardines. Se mantuvieron rectos y en silencio, y ni siquiera cuando Nakago se detuvo entre ambos se atrevieron a apartar la vista del frente.

Esa sirvienta de las cocinas... Haku. Ha faltado al respeto a dos hombres del emperador. —Calló durante un momento antes de proseguir, con la calma que lo caracterizaba—. Ya sabéis lo que tenéis que hacer.

Los dos hombres se inclinaron obedientemente.

—Sí, general Nakago.

Que sea esta noche. No quiero que haya escándalos que molesten al emperador.

—Por supuesto, general.

Sin una palabra más, Nakago se internó también en la oscuridad del inmenso palacio, perdiéndose por uno de sus corredores.


**LÉEME:

He puesto que a Soi la llaman Haku en el palacio por el tema de que a ninguna estrella la solían llamar por su nombre de estrella en su vida privada, y mucho menos a las que ni siquiera sabían que lo eran, como es el caso de Soi (Nakago es la única excepción, aunque se llama Aruyu en realidad, y supongo que es porque desde el principio se supo que era una estrella de Seiryuu). Por ejemplo, a Nuriko siempre lo han llamado Ryuen, y posteriormente Korin cuando decidió vestirse como su hermana, pero nadie comenzó a llamarlo Nuriko hasta que no se hizo oficial que pertenecía a las siete estrellas de Suzaku.


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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Lun 15 Mayo - 21:50

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En las cocinas de palacio se podían escuchar las risas nerviosas de las sirvientas y los cuchicheos incesantes. Haku podría haberlo ignorado si no fuera porque entre todas ellas, les era imposible rebajar el timbre de la voz, pues se emocionaban y rápidamente la alzaban sin querer. Todas ellas hablaban sobre el encuentro entre Nakago y Haku. Algunas envidiaban aquello, otras, criticaban lo osada que había sido la mujer por haberse acercado a él. Haku, simplemente se limitaba a hacer su trabajo con una sonrisa en sus labios. Los labios que todavía sabían a miel roja.

La noche avanzó como siempre, pero para Haku había sido completamente distinta. En sus pensamientos todavía se repetía el momento en que Nakago la tomó y pasó su pulgar por sus labios. Deseaba volver a encontrarse con él de nuevo y hacerle probar los efectos de la miel roja en forma de castigo por haberla dejado escapar. No obstante, ella misma era consciente que sus deseos por Nakago eran tan intensos y profundos, que un beso de miel roja tan solo la haría engañarse a sí misma.

Haku quería un beso verdadero, sin trampas. De forma pesada, se dejó caer sobre la cama y pensó que tan solo en sus sueños podría obtener lo que deseaba. Tal vez por eso, de forma inconsciente, sus ojos comenzaron a cerrarse. Ni siquiera cambió sus vestimentas ni tampoco se sentía con ganas de hacerlo. Su deseo ahora mismo era encontrarse con él en el único lugar donde podrían estar juntos...

Sin embargo, ¿quién le iba a decir que aquella noche iba a convertirse en un verdadero infierno? Para cuando Haku abrió sus ojos de nuevo, se vio envuelta en una oscuridad abrumadora, incluso más de la habitual, lo cual, hizo que se percatara que sus ojos, estaban vendados y por eso no veía absolutamente nada. Aquello la alarmó y provocó que intentara moverse rápidamente para recuperar su visión. Pero... sus manos y pies estaban totalmente inmovilizados.

¿Qué estaba ocurriendo? Pronto lo sabría. Tan solo debía agudizar sus oídos para darse cuenta de la situación.

- ... ¡Pero esa no es la orden que nos dio el general Nakago! -Susurró un hombre.

-¿Y qué más da? Si el fin es el mismo no debería importarle. -Respondió otro.

-Pero si nos desviamos de nuestra misión y se entera nos matará, ¿no habéis visto lo que le ha hecho a Ren esta mañana? -Insistió el primer hombre.

-¿Os imagináis que es virgen? -Dijo de repente otro hombre más cercano a ella. -Por su aspecto no lo parece... seguro que era prostituta. Hay muchas sirvientas en palacio que lo eran antes de venir aquí, ¿por qué no lo comprobamos?

Ante la afirmación de todos, Haku abrió los ojos de par en par intentando deshacerse de lo que fuera que la estaba agarrando, pero comenzó a entrar en pánico en cuanto una mano se deslizó por uno de sus muslos y acto seguido, se escuchó el sonido de varias telas rompiéndose. Intentó gritar, pero una mano tapó su boca impidiendo el intento de auxilio. Hacía años que no se veía envuelta en una situación así y recordaba cuando fue la última vez... por supuesto, en aquella ocasión no la salvaría, ¿por qué? Porque había sido él mismo quien la había sentenciado a aquello. Y aún así, se sentía idiota por pensar que en esa situación, deseaba mantener su virginidad intacta para entregársela a él. Tal vez por ese motivo y la determinación del momento, una luz divina llenó la habitación proveniente de uno de sus muslos acompañado de un fuerte grito que sobrepasó cualquier mano que la impidiera pedir ayuda. Lo siguiente que ocurrió, pasó en cámara lenta frente a los ojos de Haku. Sus manos y pies quedaron libres dándole la movilidad que necesitaba y la escena que comprobó nada más quitarse la venda de los ojos, heló su sangre por completo. Su habitación, estaba rodeada de cadáveres despedazados y la sangre cubría sus alrededores como a su cuerpo semidesnudo.

Tal escena impactó tanto a la mujer que necesitó unos momentos para volver en sí o quizás, lo que necesitaba era alguien que la sacara de allí y la enviara lejos de cualquier sentencia a la que puedan condenarla por un asesinato de aquel calibre.

Soi ♦ Habitación de Soi ♦ con Nakago





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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Jue 18 Mayo - 20:38

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—Tenéis la cena en la mesa, general.

Pese al aviso de la sirvienta, Nakago permaneció unos segundos más apoyado sobre el poste de madera del porche, con la vista clavada en la estatua del dios Seiryuu que se alzaba justo en el centro del lago. Las noches resultaban frescas y agradables en esa época del año, y la serenidad del ambiente solo se veía interrumpida de vez en cuando por el coletazo de algún pez despistado.

Ahora voy.

Siempre le había gustado aquel lugar, sobre todo cuando las orillas del lago comenzaron a volverse cenagosas y demasiado peligrosas para los hombres que cuidaban de los jardines. En el pasado, el "Jardín del Dragón" había servido como un espacio sagrado de purificación del cuerpo, destinado a servir a la sacerdotisa de Seiryuu para prepararse antes de la invocación del dios. Ahora, tras la ampliación del templo de Seiryuu y la anexión del santuario en la sala contigua, el jardín había caído en el olvido y la maleza campaba a sus anchas entre las enormes rocas que lo rodeaban, tiñendo el agua de un intenso color verde y dotando al paisaje de un aire salvaje y decadente.

El jardín de un auténtico dios..., pensó con amargura, antes de regresar al salón y tomar asiento en la mesa repleta de soperas y cuencos humeantes.

—¿Desearéis mi compañía esta noche?

Nakago ni siquiera se molestó en mirarla.

Eres muy amable, pero no creo que vaya a ser necesario —aseguró con tranquilidad, antes de dar un sorbo a su copa.

—Como deseéis.

La cena transcurrió casi en completo silencio, y en cuanto hubo terminado de comer la joven se apresuró a limpiar la mesa y a retirar los platos.

Déjala ahí —ordenó, cuando vio que los dedos de ella ya se habían cerrado en torno a la botella de licor.

—Claro. Lo siento. ¿Esperáis visita? —se atrevió a preguntar unos segundos después, insegura.

Los ojos de Nakago se entrecerraron levemente, al mismo tiempo que entrecruzaba las manos frente a su rostro. Desde allí, la cabeza alargada del dios dragón parecía flotar en el aire como por arte de magia.  

Es muy posible —murmuró finalmente, antes de esbozar una enigmática sonrisa.

[***]

Lo había sabido incluso antes de oír los gritos de los guardias y los repetidos golpes en la puerta de sus aposentos. Incluso antes de conocer los detalles inexplicables de cómo una chica joven y desarmada había despedazado los cuerpos de tres hombres adultos que la doblaban en tamaño. De alguna forma, lo había sabido desde el principio. Nakago no era de los que se equivocaban fácilmente.

Por fin.

Cuando irrumpieron en la habitación, los recibió una escena sobrecogedora. Las paredes y la alfombra estaban repletas de grandes quemaduras y grumosas salpicaduras rojas que ocultaban algo más que sangre.

—Por-por todos los dioses...

Nakago miró también a su alrededor, aunque su expresión no se alteró lo más mínimo ante el grotesco escenario. Los cadáveres de los tres guardias, transformados en tres masas de carne chamuscada e irreconocible, permanecían tirados sobre la cama y la alfombra, justo a los pies de la chica.

Nadie se había atrevido aún a capturarla, aunque los guardias que la rodeaban no cesaron de apuntarla con sus lanzas, ni siquiera cuando Nakago se aproximó a la cama. Estaba prácticamente desnuda, cubierta de sangre y de cosas mucho peores, aunque ni la propia Soi parecía ser consciente de ello. Tampoco de que, en lo alto de su muslo izquierdo, aún titilaba una débil luz azul.

Raíz.

—General Nakago... esta mujer...

Escuchad —dijo de pronto, y su voz resonó con tanta firmeza que ninguno de los presentes se atrevió a abrir la boca—. Nadie va a tocar a esta chica. ¿He hablado claro?

—Pero... ha asesinado a tres hombres del emperador... El castigo... el...

¿Es que no has oído lo que acabo de decir? —siseó. Y, durante un brevísimo instante, la misma luz que hacía unos segundos había brillado en la pierna de Soi iluminó su frente como una estrella—. El que ose tocar un solo pelo de su cabeza tendrá que responder ante el emperador.

—Sí, general.

Antes de que el último de los soldados se retirase, Nakago lo detuvo con un gesto.

Que alguien suba a encargarse de este desastre —ordenó, antes de posar de nuevo su atención sobre Soi, que aún permanecía encogida y temblorosa sobre el montón de sábanas revueltas.

Frente a ella, la armadura de uno de los muertos se había fundido con la carne hasta tal punto que el emblema del dragón azul resultaba irreconocible.

Bienvenida, Soi, estrella de Seiryuu. —Curvó las comisuras en una sonrisa taimada y fascinante—. Llevo mucho tiempo buscándote.


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Re: My immortal

Mensaje por Mimikuma el Vie 26 Mayo - 12:24

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¿Cómo había podido terminar todo así? Sus ojos mostraban un vacío completo y a pesar de que la luz en su muslo seguía iluminándose, no se percató de ello en absoluto, al fin y al cabo, lo que acababa de ocurrir dolía como mil puñales clavándose en su cuerpo. Así mismo, seguía sin dar crédito a su propio masoquismo. Es que... ¿acaso no había sido el propio Nakago quien inició aquel altercado? ¿por qué entonces siguió protegiendo su "preciada" flor para él?

Podría decir que fue por lealtad, porque él le salvó la vida a ella cuando tan solo era una niña en aquel prostíbulo y sin embargo... no era del todo así. En realidad ella amaba a Nakago y deseaba entregarse en cuerpo y alma al mismo. Pero después de aquello... ¿seguiría queriendo? Lo lógico sería que no.

Además, si ha intentado matarla una vez, estaría deseando hacerlo una segunda al comprobar que seguía viva. Por eso, cuando lo vio aparecer en la habitación, le sorprendió que no lo hiciera y al contrario de todos los pronósticos, la tratara por primera vez en su vida, con amabilidad y le dedicara aquella sonrisa y mirada tan fascinante, como si la propia Soi fuera una diosa. Le gustaba como la miraba, le encantaba el trato actual pero... no lo entendía. Debía ser un engaño, no quedaba otra.

-No... tiene que ser un error. -Dijo rápidamente la mujer con un tono de voz todavía quebrado por lo vivido hacía unos minutos. -Habéis... habéis intentado matarme, ¿no es así? Decidme la verdad. -La ahora estrella de Seiryuu tragó saliva y clavó su mirada en los ojos de Nakago.

Una "simple" sirvienta no tenía grandes conocimientos acerca de las estrellas y todo lo que ello conllevaba, es por eso que tampoco supo atar cabos del comportamiento de Nakago, no obstante, si el de cabellos dorados iba a responderle o a excusarse con algo, quería que fuera con la pura verdad.

-Si me mentís lo sabré... -Lo amenazó antes de dedicarle una dura mirada. Sus ojos ya no brillaban con fascinación, sino con odio y decepción por partes iguales.

¿Qué haría a partir de ahora? ¿Dónde habían quedado todas sus metas? Fue en ese momento cuando Soi se dio cuenta de que todos aquellos años se había dedicado únicamente a él, a Nakago, quien le había arrancado el corazón de golpe. Ahora sí deseaba darle aquel beso cargado de miel roja, pero para que sufriera los síntomas solo, sin nadie que pudiera calmarlos.

Y aún así... aún teniendo esos pensamientos... sus ojos se empañaron. No quería pensar así sobre el hombre que había admirado desde pequeña. No quería que Nakago se convirtiera en alguien a quien odiar. Tan solo... tan solo debía esperar su explicación. Tal vez... se debió todo a un error.

Soi ♦ Jardines del castillo ♦ con Nakago





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Re: My immortal

Mensaje por Carrie_B el Lun 5 Jun - 21:11

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La chica no se atrevió a pronunciar palabra hasta que ambos estuvieron a solas. Solo en el momento en el que la modesta puerta de la habitación de servicio se cerró con un gañido pareció volver ligeramente en sí, aunque su comportamiento distaba mucho del que había mostrado esa misma mañana en los jardines.

—No... tiene que ser un error —la escuchó farfullar, como si estuviese tratando de convencerse a sí misma—. Habéis... habéis intentado matarme, ¿no es así? Decidme la verdad.

La expresión de Nakago no varió ni un ápice ante su acusación. Estaba claro que la discreción no era algo que abundase entre los hombres de Kutou, de modo que no le extrañaba que su nombre hubiese podido salir a colación en algún momento. Ahora todo iba a ser un poco más complicado de lo que debería haber sido desde un inicio, si esos tres patéticos despojos de ser humano no hubiesen abierto la bocaza cuando no debían.

No importa.

Sus ojos azules recorrieron con calma el rostro menudo de Soi, que se esforzaba por mantenerse entera a toda costa.

—Si me mentís, lo sabré... —aseguró, testaruda.

Por desgracia, su mirada se empañó justo después, dándole la ventaja necesaria para actuar. Todos aquellos años en la corte del Emperador lo habían obligado a volverse un mentiroso muy convincente, y a ocultar sus verdaderos sentimientos bajo siete candados irrompibles. Ikani, la concubina favorita del emperador y la mujer con la que había compartido lecho durante los primeros años en palacio, siempre solía decirle que los niños de ojos claros tenían dos ventanas abiertas al alma. La última vez que se había asomado a los de Nakago, altanera y confiada, había acabado cayendo al vacío.

¿Eso es lo que te han dicho? —inquirió, sin alterarse lo más mínimo, y su atención recayó de nuevo en los cuerpos destrozados que la rodeaban. Muertos y mudos. Mudos para siempre. Ahora, la auténtica verdad era la que él y solo él podía contar—. Hmm. Lamento que hayan utilizado mi nombre como excusa para intentar atacar a una chica indefensa. De haberlo sabido, habrían dejado de respirar mucho antes de entrar en esta habitación.

Cruzó los brazos sobre el pecho, sin moverse de su sitio. Ella todavía estaba demasiado asustada, y el carácter de su pierna aún brillaba con demasiada fuerza. Estaba más que seguro de que, de ser necesario, podría controlar un nuevo estallido de poder con facilidad, pero correría el riesgo de que la propia Soi acabase herida. Y eso sí que sería una verdadera molestia.

Si hubiese tenido algún interés en matarte, nada me habría impedido hacerlo esta misma mañana. ¿No crees? —Su voz sonó de nuevo tan calmada y serena como la superficie del lago del jardín, casi incluso paternal—. ¿Te han hecho daño?

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