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~ You could be loved again

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~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 24 Abr - 23:04

Recuerdo del primer mensaje :


«It is possible...»
«You could be loved again»


Hacía poco que Sunagakure había encontrado a su nuevo Kazekage. Quizás el más joven que se había visto hasta el momento en ese puesto. Gaara del Desierto, el Jinchūriki que portaba el Bijū de una cola, el temido Shukaku, tenía ese privilegio.

Había logrado alcanzar uno de los sueños que se había propuesto cumplir tras conocer a Naruto durante los Exámenes Chūnin. El joven de grandes ojos azules y cabello rubio alborotado comprendía su dolor, por todo lo que había pasado. Sin embargo, había escogido esforzarse en ser buena persona y hacer ver que podía ser alguien; justo lo contrario a lo que él había hecho: cerrarse sobre sí mismo, perder la esperanza en todo y todos, dejando que el odio le carcomiese por dentro, consumiéndole. Pero le había abierto los ojos con su amabilidad y el esfuerzo, con esa sonrisa que le mostró incluso después del enfrentamiento que los había dejado a ambos agotados y casi destrozados. Le debía mucho… Pero no solo a él. Sino a todas aquellas personas a las que había causado dolor y agonía cuando no era capaz de controlar a Shukaku en su interior.

Por supuesto, aún quedaban personas reticente a ese cambio. No les gustaba que alguien que albergaba a un poderoso Bijū estuviera al mando, que fuera el responsable de su seguridad. De hecho, mucho de los ninjas que conformaban el cuerpo de Sunagakure también dudaban de que aquello hubiera sido la elección acertada. Gaara era consciente de que, a pesar de haberse convertido en Kazekage, aún debía ganarse la confianza de su pueblo. Y lo haría.

No aspiraba más que a la aceptación. No esperaba tampoco que pudiera llegar a interesarle a nadie de otra forma diferente a una relación laboral… O fraternal. Ni siquiera creía que el mismo pudiera desarrollar sentimientos por otra persona más lejos de eso. Sin embargo, se sorprendería de ello cuando Misao, la hija de uno de los miembros del Consejo, que se encontraría reunido, irrumpiese repentinamente con el único objetivo de traerle unos documentos a su padre. El resto de miembros vería aquello con malos ojos pero el joven pelirrojo, sencillamente, le quitaría importancia.

Avergonzada por lo sucedido, la joven se presentaría después en su despacho para pedir disculpas educadamente, momento en el que esta curiosa historia daría comienzo.


«PERSONAJES»
«17 años の Kazekage の Carrie_B»
«Gaara del Desierto»

«17 años の Ninja の SapphireDragon»
«Ichijō Misao»


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Última edición por SapphireDragon el Mar 29 Ago - 17:46, editado 2 veces


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 14 Oct - 17:15


«You could be loved again»
IX. Sois el futuro


Tras que Gaara diese la silenciosa orden, cuatro de los ninjas que habían venido con ella se apresuraron en amortajar cuidadosamente el pequeño e inerte cuerpo de la anciana, con ayuda de Sakura. Ambos observaron el proceso en completo silencio, aunque la mirada de Misao terminó deslizándose hasta la kunoichi de cabello rosado. Pudo apreciar que tenía las mejillas surcadas por los rastros que las lágrimas habían dejado a su paso. Ahora ella está sufriendo por la pérdida de la abuela Chiyo… No era justo. Después de todo, habían venido desde muy lejos para ayudarles… Y eso le estaba causando dolor.

Cuando los preparativos para el regreso a Sunagakure estuvieron listos, Kankurō no tardó en aparecer junto a ellos, tomando el otro brazo de su hermano para actuar de apoyo y ayudarla durante el largo viaje de vuelta.

Echaron a caminar, precedidos por los exploradores y seguidos por el resto de shinobis. Las horas fueron pasando y poco a poco dejaron atrás aquel extenso prado donde le habían visto sin vida. El sol comenzó a descender en el cielo, haciendo que las tonalidades azuladas de la media tarde se convirtieran en una preciosa paleta de colores rosas y anaranjados. Cuando alcanzaron la linde del bosque desde la que ya se podía ver perecer la hierba para dar paso a formaciones rocosas que aún ocultaban las sinuosas dunas del desierto, sintió el temblor recorrer el cuerpo del joven Kazekage. Inmediatamente, detuvieron la marcha. El marionetista y ella se miraron claramente preocupados, para después posar sus ojos en el contrario.

— Deberíamos parar. Llevamos mucho rato caminando y aún no hemos descansado nada...

— N-no... Ya estoy bien —obtuvieron por respuesta. Misao se contuvo de soltar un resoplido, pero no de poner los ojos en blanco, algo agotada. Cabezota…

Dio gracias a que Kankurō insistió sin importarle lo que dijese su hermano menor. Tenía intención de ser ella quien les dejase un rato de tranquilidad mientras descansaban, pero el mayor se le adelantó. Parpadeó perpleja mirándole, antes de afianzar el agarre alrededor del cuerpo de su maestro, comprendiendo que se iba a separar de él.

Entendido… Y-Yo me encargo —respondió esbozando una pequeña y nerviosa sonrisa, asintiendo. Tras escuchar la sonora y fresca carcajada del marionetista, se quedaron finalmente solos—. Venga… Vamos a la sombra del árbol… —musitó suavemente, siendo incapaz de mirarle en esos instantes.

Apenas un minuto después, Misao se encontraba arrodillada junto a Gaara, al que había ayudado a sentarse cuidadosamente, con la espalda apoyada en el recio tronco del árbol. Había descargado la pesada tinaja de agua sobre el suelo y ahora estaba abierta, permitiendo que nuevamente, con un suave gesto de sus manos, otra pequeña porción del líquido cristalino de su interior brotase y se emplazase sobre ellas. El muchacho volvió a beber despacio y con cierta dificultad, con la respiración dificultada y pequeñas gotas de sudor perlando su rostro.

¿Cómo os encontráis, Maestro…? —se vio capaz de preguntar tras casi un minuto de silencio, después de que terminase de beber. Sus ojos tímidos e inseguros, buscaron los de él. Quería decir tantas cosas… Sin embargo, no sabía cómo o por cuál empezar. Se mordió con cierta fuerza el labio inferior—. Lo siento muchísimo… —fue lo único que logró susurrar.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 16 Oct - 17:05


«You could be loved again»
IX. Sois el futuro


—Vamos a la sombra del árbol… —murmuró Misao, después de que el marionetista les diese la espalda para dirigirse al resto del grupo.

Con sumo cuidado, lo acompañó hasta la base de un árbol bastante ancho cuyas raíces desnudas parecían elevarse del suelo como tentáculos, y lo ayudó a recostarse contra el tronco.

Mientras ella se ocupaba de extraer un poco más de agua de su tinaja, no pudo evitar volver a mirarse la mano. Temblaba de nuevo, como si el más mínimo esfuerzo —caminar, hablar, respirar...— le consumiese las fuerzas por completo. Notaba el cuerpo entumecido y cansado, igual que si se acabase de romper todos los huesos a la vez, y un extraño vacío que aún no sabía bien cómo explicar. Lo que sí que tenía claro era que nunca en toda su vida, ni siquiera la última vez que estuvo en el hospital después de recibir la herida de la ballesta, se había sentido tan débil como en aquel momento. Como si fuese un torpe desvalido, totalmente incapaz de hacer nada por sí mismo.

Y lo odiaba profundamente.

—¿Cómo os encontráis, Maestro…? —preguntó Misao, después de que hubiese bebido un par de tragos más. Oír su voz de nuevo hizo que volviese a centrarse en lo que estaba sucediendo a su alrededor. Es verdad. Ella también había venido. ¿Por qué ha venido? La pregunta resonó de nuevo en su cabeza, aunque seguía sin encontrarle explicación. Intentó buscarla entonces en su rostro, en esos afligidos ojos violetas que habían permanecido tristes y ausentes desde su conversación en el cementerio, pero ella se le adelantó—. Lo siento muchísimo…

¿Qué? Abrió mucho los ojos, sorprendido. En todo ese tiempo, había aprendido a disculparse. Por sus errores, sus equivocaciones, su antigua forma de ver las cosas... Nunca había sido de los que se ocultaban, ni tampoco de los que guardaban rencor.

Sin embargo, aquella era la primera vez en toda su vida que alguien de la villa se disculpaba con él por todo lo sucedido. Por eso, al principio, se quedó tan aturdido que ni siquiera supo qué decir. ¿Por qué? ¿Por qué ella? Había sido el causante de que hubiese perdido a su mejor amiga en el pasado. Ahora, por su culpa, Misao tenía una herida que no podían curar las medicinas convencionales. Como su madre, como Yashamaru, como él... No había hecho nada malo y, aún así, había sido la única. Siempre ella... ¿por qué?

La mirada de la chica, que había estado fija en él hasta aquel momento, se desvió hacia un lado mientras se mordía con fuerza los labios, avergonzada. Solo entonces se dio cuenta de que llevaba un rato esperando una respuesta por su parte, y que él no había sido capaz de abrir la boca. Tragó saliva, notando la garganta seca de nuevo a pesar de que había bebido hace nada, y finalmente también bajó la vista hacia el suelo.

No es... necesario que hagas eso. —Respiró hondo, notando el pecho pesado y dolorido—. Yo... también lo siento.

Casi sin darse cuenta, la mano temblorosa se posó lentamente allí donde dolía. En el centro. Donde siempre. Prácticamente era un acto reflejo que había adquirido de niño, y que en realidad no servía para mitigar la sensación. Por eso, al percatarse de ello, comenzó a bajarla con lentitud.

"Sólo hay una cosa capaz de aliviarlas. Pero es una cura complicada, porque solo podemos obtenerla de otras personas".

...

"El amor es un don del que goza quien se preocupa y cuida de las personas que hay a su alrededor". En esos años había procurado seguir esa premisa al pie de la letra, pero aquella disculpa había logrado algo impensable hasta aquel momento: que de verdad, aunque solo hubiese sido por unos instantes, el pecho dejase de doler un poco.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 16 Oct - 22:14


«You could be loved again»
IX. Sois el futuro


Ante su repentina disculpa, el rostro del chico no tardó en mostrar una clara expresión de sorpresa: sus labios se entreabrieron ligeramente a la par que sus ojos azulados, aunque claramente cansados, se abrían ligeramente de más, con un destello de confusión e incomprensión, mientras continuaban fijos en los de Misao. No había especificado la razón de aquellas palabras. Me disculpo por todo… Por lo sucedido en nuestra infancia. Por estos dos últimos meses de separación y confusión. Lo importante era que estaba dicho

El rumor de las voces del resto de la comitiva así como el susurro de un suave aire era lo único que impedía el completo silencio entre ambos. Los segundos pasaban y Gaara continuaba observándola fijamente, sin pronunciar palabra alguna. Parecía completamente perdido en sí mismo. Quiso mantenerle la mirada hasta recibir respuesta pero… No pudo. Los nervios afloraron de nuevo en su interior. Terminó posando sus ojos sobre la tela de su regazo, donde sus manos descansaban. Se mordió el labio inferior con fuerza mientras notaba sus mejillas sonrojarse ligeramente.

— No es... necesario que hagas eso. Yo... también lo siento.

La voz de Gaara era apenas un susurro ronco y apagado. Pero volvía a percibir en ella el mismo sentimiento de culpabilidad que la había teñido dos meses atrás, justo antes de que le contase la verdad, cuando se disculpó por primera vez. Algo en su interior se estremeció. Se le veía tan… roto y perdido, tan agotado después de todo lo sucedido. Deseaba poder mitigar el dolor que pudiera estar sintiendo, de ayudarle a sentirse nuevamente bien pero… ¿Cómo podía hacer eso?

Fue entonces cuando se fijó en ese gesto: se había llevado una de sus temblorosas manos al pecho. De inmediato, se alarmó. Una oleada de preocupación recorrió su cuerpo de pies a cabeza. ¿Le dolía el pecho? Quizás necesitaba la atención de una de las ninjas médico que les habían acompañado. O de Sakura. Pero recordaba lo que una vez le había dicho: “No me... gustan demasiado los médicos”. Por eso no se movió de su sitio.

Sencillamente se acercó un poco más a él. Justo cuando estaba haciendo ademán de apartar la mano, Misao le detuvo, colocando la propia sobre la de él contra su pecho. Su piel aún estaba fría y sentía el leve temblor que le dominaba por el agotamiento. Se humedeció los labios mientras buscaba la mirada de él nuevamente, con un destello de preocupación en sus iris violáceos.

¿Te duele…? —preguntó con simpleza, en un susurro.

Apenas unas horas atrás, cuando le había visto tendido en el suelo sin vida, cuando se había dado cuenta de lo mucho que dolía esa realidad… la presión en su pecho se había tornado completamente dolorosa. Sabía bien que no servía de nada un gesto aquel contra semejante dolor... pero inevitablemente se reaccionaba así. A veces eran las palabras o los gestos los que mermaban la horrible sensación.

T-Te perdono —musitó mientras sus dedos se cerraban suavemente entorno a la mano de Gaara en su pecho. El rubor nuevamente volvía a teñir sus mejillas, pero no miró a otro lado. Solo a sus ojos. Quería que comprendiese que era cierto—. Y no te odio. Nunca te he odiado, aunque no me creas. Eres… Eres importante para mi, Gaara-sama —balbuceó notando que ahora también sus mejillas adquirían la tonalidad del cabello del pelirrojo—. Y sí que es necesario que lo haga. Aseguré que podías contar conmigo cuando lo necesitases y… cuando fuiste sincero, me alejé. No fue justo. Por eso me disculpo —hizo una pequeña pausa, tomando una bocanada de aire, antes de continuar. Había cogido carrerilla y deseaba poder decirle todo lo que había creído que no podría hacerle saber—. También me gustaría hacerlo de parte de toda Sunagakure, por el comportamiento que tuvimos cuando éramos unos niños. Si hubiéramos actuado de otro modo... Si tan solo me hubiera acercado cuando estabas solo... —su voz se quebró y, finalmente, desvió la mirada.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 17 Oct - 19:36


«You could be loved again»
IX. Sois el futuro


En el último segundo, la mano de Misao se posó sobre la suya, impidiendo que la apartase.

—¿Te duele...? —preguntó, preocupada, después de que él volviese a levantar la cabeza para mirarla, anonadado. Se observaron durante varios segundos, antes de que sus dedos se cerrasen en torno a su mano helada, envolviéndola con cuidado. Como si temiese que fuera a romperse de un momento a otro—. T-Te perdono.  Y no te odio. Nunca te he odiado, aunque no me creas.  Eres… Eres importante para mi, Gaara-sama.

...

A pesar de la estupefacción que lo mantenía paralizado en el sitio, su mente acaparó todas y cada una de las palabras de la joven kunoichi. Ni siquiera se percató de que había desviado la mirada o de que tenía las mejillas completamente encendidas, porque en su cabeza se repetía una y otra vez la misma frase. "Eres importante para mí". ¿Significa eso... que la gente ya me necesita? ¿Significa que yo ahora también... comparto unos vínculos? ¿Soy por fin como... él?

Sin darse cuenta, su atención se desvió hacia el ninja rubio, que estaba recibiendo una reprimenda de su compañera de equipo por haberse volcado encima una de las tinajas de agua que transportaban como reserva para el viaje. Los observó discutir, pelearse y, finalmente, vio cómo Naruto rompía a carcajadas con esa espontaneidad tan propia de él, asustando a una diminuta ardilla que correteaba sola y perdida entre los árboles.

"Porque a mí me rescataron de un infierno de soledad... Reconocieron mi existencia, me aceptaron... todos ellos...". Volvió a mirar al frente, cerrando momentáneamente los ojos. Cuando volvió a abrirlos, Misao volvía a mirarlo y, al percatarse de la débil sonrisa que le curvaba los labios, ella también esbozó una, mucho más radiante y feliz que todos los intentos anteriores.

"... ahora por fin tengo personas que me importan...". Sin darse cuenta, sus dedos presionaron muy levemente la zona del pecho antes de apartarse definitivamente, arrastrando con él la mano de Misao, que volvió a reposar sobre su regazo. Puede que ahora, después de todo, yo también...

Eh, Gaara. —La voz de Kankurō los obligó a ambos a alzar la cabeza, para ver cómo se acuclillaba entre ambos, con los codos apoyados sobre las rodillas flexionadas y ambas cejas alzadas tras el maquillaje—. ¿Te parece si nos vamos ya?

El pelirrojo asintió, dejando que la joven lo ayudase de nuevo a incorporarse. Al ponerse de pie, se percató de que el temblor había disminuido en gran medida. Todavía le fallaban las fuerzas, pero al menos podía volver a caminar. Su hermano se posicionó enseguida en el lado libre, tal y como había hecho la primera vez, y le guiñó un ojo antes de girar la cabeza hacia el resto del grupo. Mientras daba la orden de que todos se dispusiesen para continuar la marcha, sus ojos claros captaron un rápido movimiento en la parte baja de unos arbustos. Poco después, la ardilla que había visto antes salió acompañada de otra más, y juntas treparon uno de los gruesos troncos hasta acurrucarse una sobre otra en una de las ramas de la cima.

Parece mucho más feliz...

El dolor del pecho, como la tristeza de la ardilla, también parecía haberse convertido en algo vago. Una cicatriz, quizás, que por fin empezaba a cerrarse poco a poco gracias a la medicina más potente del mundo.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 17 Oct - 23:04


«You could be loved again»
X. Dulces y esperados sueños


La oscuridad de la noche no tardó en envolverles después de que se adentrasen finalmente en el extenso desierto. La temperatura cayó en picado como era habitual y necesitaron detenerse unos minutos para abrigarse adecuadamente con las capas que habían traído consigo. Temari se encargó de colocársela a su hermano pequeño, con el ceño ligeramente fruncido y ese aire fraternal y cariñoso envolviéndola. Aprovecharon también esa breve parada para descansar, antes de reemprender la marcha.

Despuntando el alba, en el horizonte, pudieron distinguir la barrera natural rocosa que rodeaba Sunagakure y la protegía de cualquier tipo de amenaza. Poco a poco, conforme se fueron acercando, con lentos pasos en los que se podía entrever el agotamiento que sentían tras toda una noche caminando, un rumor llegó a ellos. Misao se preguntó en cierto momento si eran imaginaciones suyas, si la falta de sueño le estaba jugando una mala pasada. Pero no. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, tratando de enfocar en la lejanía, antes de comprender que una multitud se había apostado frente al paso y a lo largo de toda la formación rocosa. Eran gritos, exclamaciones y vítores. La gente de la Villa había salido allí, a recibir con los brazos abiertos a su Maestro Kazekage.

Una enorme sonrisa se dibujó en sus labios. Volvió entonces la cabeza hacia su derecha, hacia los rostros de Gaara y Kankurō. El mayor sonreía de igual forma que ella.

Esta sí que es una bienvenida —comentó antes de que les guiñase un ojo a ambos. Sí. Sí que lo es. La que se merece, pensó Misao al segundo antes de buscar la expresión de su Maestro.

Su rostro mostraba una expresión de sorpresa absoluta. No se lo esperaba… Pero al menos ahora sabrá que hay más gente de la que él pensaba que le apoya y le necesita. No solo yo…. Orgullosa y feliz por él, así se sentía en esos instantes.

Poco fue lo que tardó la multitud en abandonar su espera y salvar la distancia que los separaba de ellos, rodeándolos por completo. Reconoció a muchas de las personas presentes, entre ellas a Baki, quien se adelantó hasta quedar a un par de pasos de Gaara.

— Estoy contento de verte a salvo, Gaara-sama…


———————


Era media mañana cuando Misao salió del baño. Había estado una hora encerrada en él, metida a remojo en la bañera, perdida entre burbujas y vaho. Su menudo cuerpo había logrado relajarse; cada músculo y fibra que lo componía había perdido la tensión en la que se habían encontrado esos últimos días. Aquello logró que percibiera cuan agotada estaba. Nuevamente, la falta de sueño y de comida le estaba pasando factura; a lo que sin duda se añadía el largo camino de ida y de vuelta que habían realizado en un plazo tan corto de tiempo. Pero, a pesar de ello, no podía dejar de sonreír.

Gaara ha vuelto…

Su cabello largo y dorado se balanceaba a un lado y a otro, algo humedecido mientras se dirigía a la cocina de su hogar. Un delicioso aroma, que podría reconocer en cualquier sitio, impregnaba el aire del pasillo. Yuriko estaba cocinando su plato favorito, estaba completamente segura. Asomó la cabeza por la puerta, encontrando ya un bol humeante sobre la mesa de madera que había emplazada en mitad de la estancia.

— Se va a enfriar como tardes mucho en comértelo… —comentó la cocinera sin siquiera desviar la vista de las cazuelas que tenía delante. Parecía estar preparando comida para más de una persona aparte de para ella—. Además, hoy no vas a ir a trabajar al restaurante, por supuesto. Pero sí que quiero que lleves lo que estoy preparando a casa del Kazekage. Es para él y sus hermanos. Seguramente, con todo el revuelo y demás no hayan tenido demasiado tiempo para prepararse nada… —finalmente, Yuriko se volvió hacia su hija con una encantadora sonrisa. Esa que la propia Misao había heredado—. Es un regalo por su regreso. Así que venga, siéntate. Tú también necesitas recuperar todo lo que te has negado a comer…

¿No se lo vas a llevar tú? ¿O papá? —preguntó sorprendida, mientras tomaba asiento, cogía los palillos y comenzaba a comer lentamente.

— Ya sabes que tu padre tiene asuntos que atender junto con el resto de miembros del Consejo. De hecho, dudo mucho que hoy le veamos el pelo… No volverá hasta tarde. Y yo me tengo que hacer cargo del restaurante —respondió sin más, encogiéndose de hombros. Parecía una respuesta de lo más lógica, ¿no?

Tres cuartos de hora más tarde, la kunoichi salía por la puerta de su casa, sujetando entre sus brazos un paquete bastante grande de tarteras apiladas y envueltas con una tela muy colorida.  Había un trayecto no muy largo desde su casa hasta el edificio donde los tres Hermanos de la Arena vivían.

Espero que hayan logrado descansar un poco desde que hemos llegado… Recordaba lo débil que había estado Gaara cuando se habían separado finalmente. Le había regalado una de sus sonrisas, antes de dedicarle una respetuosa inclinación. “Descanse, Maestro…”, le había pedido antes marcharse.

Tomó una larga bocanada de aire cuando se encontraba frente a la puerta de madera oscura. Tardó unos segundos en decidirse a tocar con los nudillos para llamar, logrando sujetar la comida que traía con una de las manos para ello. La espera fue breve. La puerta se abrió lentamente, apareciendo por ella el rostro sin pintura morada de Kankurō.

Buenas tardes. Siento mucho molestar, Kankurō… —musitó haciendo una pequeña mueca, antes de continuar—. Mi madre os envía esto. Es un regalo de su parte —añadió bajando la mirada al paquete.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 18 Oct - 18:09


«You could be loved again»
X. Dulces y esperados sueños


Con la minuciosidad digna de un cirujano, los hábiles dedos de Kankurō encajaron el tornillo estrellado que faltaba en la extremidad derecha. Una vez se hubo asegurado de que todos los dedos estaban bien encajados y de que las articulaciones funcionaban bien, haciendo que cerrase y abriese varias veces la mano de madera, terminó por ensamblarlo en el hueco del torso habilitado para ello.

Bien —murmuró para sí, cerrando la tapa de madera y respirando hondo—. Vamos allá.

En un simple movimiento, los hilos de chakra surgieron de sus dedos para atarse al brazo de su nuevo títere, liberando el mecanismo oculto en la zona del antebrazo. La madera se retrajo con un chasquido, liberando una barra de metal conectada a la palma de la mano, de donde emergió una enorme cantidad de chakra a modo de escudo circular. Bueno, parece que funciona.

Le estaba costando mucho más de lo habitual hacerse con el funcionamiento de todos los mecanismos, pero era de esperar. Un cableado complejo siempre es sinónimo de una gran marioneta. Lo había sabido nada más verla en el suelo, medio destrozada, con los títeres de la anciana Chiyo escoltándola a ambos lados, y por eso se había esforzado en recogerlas pieza a pieza con el mayor de los respetos. Aún no había tocado a Padre y a Madre, pero... Tienen algo. Algo que va más allá del talento de un genio marionetista. Es casi como si tuviesen alma propia.

Tras beber un trago del vaso que tenía sobre la mesa, cambió el destornillador y las pinzas largas por un punzón y una llave inglesa, y se dispuso a desmontar el primero de los compartimentos. El veneno ya estaba preparado dentro un pequeño vial transparente, pero necesitaba sustituir el anterior y comprobar cómo discurría el cableado interno. Puede que fuese necesario desatascar y limpiar restos de alguno de los tubos, o incluso sustituir los más dañados para evitar las fugas.

Acababa de separar el pectoral izquierdo del pecho de Sasori, apuntando al interior del tórax con una pequeña linterna de mano, cuando alguien llamó a la puerta. Mierda, ¿justo ahora? Y encima Temari no está, y Gaara... No, era mejor dejar a Gaara tranquilo por el momento, así que se levantó y se dirigió hacia el salón de mala gana. Odiaba atender visitas cuando estaba ocupado trabajando porque perdía toda la concentración. Con lo difícil que era recuperarla después...

Nada más abrir la puerta, se encontró con la expresión de disculpa de Misao Ichijō, que sostenía frente a ella varias tarteras apiladas unas sobre otras. No podía ver lo que se escondía en su interior, pero la bofetada de olor a arroz frito, carne, huevo y verduras que le golpeó la nariz a los pocos segundos fue suficiente para que su actitud cambiase por completo.

¡Vaya, qué amable! —comentó con alegría, abriendo la puerta por completo para dejarla pasar y cerrando tras ella—. Estaba trabajando, pero pensaba hacer ahora mismo una paradita para picar algo. Has sido de lo más oportuna, Misao.

La siguió hasta la cocina, donde yacían olvidadas en un rincón las cuatro bolas de arroz y pulpo medio quemado que Temari había preparado a toda prisa antes de marcharse a la reunión. Solo de verlas se le ponía mala gana, así que se las había guardado todas a Gaara, por si acaso le apetecía comer algo. Como es el único que no se queja, un día de estos acabará intoxicándolo.

Tienes mejor aspecto. ¿Has podido descansar algo? —preguntó, pasándole varios platos y algunos cuencos que Temari guardaba en uno de los armarios. Al ver que la chica estaba poniendo tres de cada, agitó la mano en señal de negación—. No, Temari no comerá en casa hoy. De hecho, con lo que se suelen alargar las reuniones del Consejo, no creo que vuelva en toda la tarde. Pero quedan bolas de arroz ahí.

Después de años de torturas culinarias por parte de la mayor, que parecía empecinada en ejercer de ama de casa cuando claramente no era lo suyo, por fin parecía hacerse justicia divina. No quería ser malo con ella, pero... no puedo perdonarle así como así aquellas gambas sin pelar con fideos pasados y salsa de leche cortada. Pasé una semana sin poder levantarme del váter. Así que hoy, por primera vez, Gaara y él comerían algo decente, y que Temari experimentase por sí misma su nulo talento en la cocina.

Mmmm, tiene una pinta estupenda —reconoció, mientras la muchacha comenzaba a servir las raciones—. A Gaara le vendrá genial comer algo con un poco de contundencia.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 18 Oct - 20:12


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Definitivamente, se alegraba de que su madre le hubiera hecho comer antes de realizar aquel recado. Sino, haber ido percibiendo el delicioso aroma de su comida, habría hecho rugir su estómago sin contención alguna. Algo que si llegaba a pasar delante de Kankurō o Gaara, le habría provocado una vergüenza horrible.

El atisbo de un ceño fruncido en el rostro del chico desapareció casi de inmediato, a la par que sus ojos oscuros se desviaban de su rostro a la pila de tarteras que traía consigo y un destello surgía en ellos. Incluso antes de que dijese nada acerca de lo que traía, él parecía haber adivinado el contenido de su paquete. Sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios cuando le ofreció pasar. Tímida y nerviosa, Misao entró finalmente en la casa.

Nunca antes había estado allí. Tampoco era que se hubiera imaginado alguna vez teniendo tal grado de familiaridad con los Hermanos de la Arena… Por ese mismo motivo, sus ojos violáceos no pudieron sino comenzar a recorrer el lugar, por mucho que tratase de contenerse. Pero una vez más, la curiosidad era mayor. Encontró las herramientas y las diferentes piezas propias de unas marionetas sobre la mesa del amplio salón, corroborando así lo que Kankurō acababa de comentarle. Y otra vez he vuelto a interrumpir… pensó incluso después de que le asegurase que había tenido intención de parar.

La kunoichi, algo cohibida, siguió al marionetista hasta la cocina. Pudo ver en una esquina de la encimera, unas bolas de arroz preparadas y… algo con aspecto quemado. ¿Eso es… pulpo? Prefería no preguntar, no quería resultar maleducada.  Cuidadosamente y con algo de esfuerzo, colocó la pila de comida sobre una de las superficies. Deshizo el nudo de la tela que lo envolvía y los separó para poder servirlos.

Algo he descansado, sí… Necesitaba bastante un baño. Aunque no he dormido aún. Gracias por preocuparte. ¿Y vosotros? ¿Habéis logrado descansar? —preguntó regalándole una sonrisa, tomando la vajilla que le pasaba, junto a un par de cubiertos para servir. Comenzó entonces a distribuir la comida que había traído, aunque quedó sorprendida al saber de Temari—. Ella también debería descansar… —musitó frunciendo ligeramente el ceño, antes de continuar solamente sirviendo en dos platos. Llenó también uno de los cuencos con su plato preferido, coronándolo cuidadosamente con el huevo.

Fueron unos minutos los que tardó en ponerlo todo a punto. Ante el comentario de Kankurō, Misao soltó una suave risita, pero después su gesto se volvió más serio.

Sí. Lo necesitará. Debe recuperar fuerzas y descansar adecuadamente. Espero que esté ahora en la cama… ¿O ha sido tan cabezota de intentar ponerse a trabajar nada más llegar? —preguntó alzando una ceja y mirando a su acompañante—. Por cierto, necesitaríamos una bandeja para llevar todos los platos…


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 18 Oct - 22:30


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"Ella también debería descansar...". Sí, claro que debería. Había llegado reventada después de haber empalmado la guardia de la fortaleza norte con el rescate de Gaara, pero aún así no había conseguido convencerla de ir él en su lugar.

"Quiero estar al tanto de todo esto" le había dicho, muy seria, justo antes de marcharse. Sabe que da igual lo que haya ocurrido. Volverán a poner el poder de Gaara en entredicho, porque lo que no les cuadra es tener un Kazekage que no comulga con sus ideas. Y, en esos casos, debía reconocer que Temari siempre había tenido mucha más templanza que él para rebatir sus argumentos de manera educada.

No. No le hemos dicho que el Consejo ha convocado una reunión extraordinaria. Aunque, conociendo a Gaara, seguro que se enterará tarde o temprano. Como de todo lo demás.

Su voz perdió el tono alegre y bromista, al mismo tiempo que abría otro de los cajones y extraía una pequeña bandeja del fondo, tendiéndosela a Misao. Al hacerlo, se dio cuenta de que la muchacha había dejado de colocar vasos para mirarlo con los ojos muy abiertos, sin comprender.

Así que Akira no le ha dicho nada..., pensó, apoyándose sobre el mueble de la cocina y cruzando los brazos frente a su pecho. Habían acordado mantener completa discreción hasta que estuviesen seguros de las consecuencias finales de todo aquello, pero... La observó largamente, siendo consciente de que no iba a dejarlo correr así como así. Ahora ya no tiene mucho remedio.

¿Sabes qué es Akatsuki? —Suspiró al ver que ella negaba levemente con la cabeza, cerrando momentáneamente los ojos para pensar mejor—. Por lo que sabemos hasta ahora, la organización la forman criminales de rango S de numerosas villas. Hemos podido confirmar que Sasori de la Arena Roja fue uno de los dos hombres que se llevaron a Gaara, y la Villa de la Hoja identificó a un miembro más perteneciente a su aldea. Ellos llevan ya un tiempo investigándolos y, al parecer, su objetivo son los bijuus de las aldeas ocultas. Por eso... secuestraron a Gaara. Para robar al Ichibi y crear un nuevo jinchuuriki.

Llegados a ese punto, no pudo evitar desviar la vista hacia el final de la sala, donde un largo pasillo comunicaba con las distintas habitaciones. La última vez que había entrado a ver cómo estaba, hacía un par de horas o tres, Gaara no le había dicho nada al respecto. Sin embargo, creía conocer a su hermano lo suficiente como para saber que no era de los que verbalizaban sus preocupaciones. ¿Sentirá que le falta algo? ¿O se habrá alegrado de haberlo perdido de vista por fin tras tantos años? Lo cierto era que él también tenía sentimientos encontrados al respecto. Por una parte, saber que ese monstruo escalofriante ya no estaba unido a su hermano le aliviaba, pero por otra...

Tras la pregunta de Misao, sacudió la cabeza.

Aún no se sabe. El espíritu de la arena se unió a Gaara antes de que naciese, así que nunca hasta el momento hemos visto una separación de poderes. Es muy posible que el control de la arena obedezca a la técnica barrera de sangre que heredó de nuestro padre, pero la defensa definitiva de arena... —En esa ocasión, sus ojos se detuvieron sobre el huevo crudo que se derretía poco a poco en la cima del cuenco de comida. "Shukaku, el de una cola, es conocido por ser el bijuu de la defensa inexpugnable" había escuchado decir al anciano Ebizu en una ocasión que fue a casa para discutir algo con su padre. "Mientras estén unidos, es posible que nadie logre tocar a Gaara"—. No podremos estar seguros hasta que recupere las fuerzas, pero es posible que la haya perdido junto con Shukaku.

Y ése será el tema central de la reunión. Por eso tenías tanto empeño en asistir, ¿verdad Temari? Aunque la mayor parte de la villa se mostraba muy contenta con el desempeño de Gaara como líder de Suna, todavía quedaban facciones en el Alto Mando y en el Consejo que seguían repeliendo su modo de actuar. Da igual que ya no sea un arma inestable. Ahora, la nueva excusa será que ya no es lo suficientemente poderoso como para mantener el puesto de Kazekage. Que ha dejado de ser intocable. Y los dos hermanos sabían el riesgo que aquello conllevaba.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Jue 19 Oct - 0:52


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El ambiente, que desde que había llegado minutos atrás, había sido alegre y despreocupado, se transformó. Pudo apreciarlo en la expresión que el rostro del chico mostró antes de contestar, en ese tono que había dejado las bromas a un lado. Sencillamente, adquirió un aire completamente serio, esa faceta adulta que le había acompañado durante esos últimos días con la desaparición de Gaara.

¿Qué? ¿El Consejo ha convocado una reunión extraordinaria? Sus cejas se alzaron, así como sus ojos se abrieron ligeramente algo más de lo normal. No pasó ni un segundo que recordó a su padre salir por la puerta de casa, con prisa, tras que un hubiese recibido un mensaje. Apenas le había dado tiempo a despedirse, pero no le pasó desapercibido el ceño fruncido y el semblante preocupado que portaba. No me gusta demasiado lo que eso parece implicar…

Kankurō le ofreció la bandeja que acababa de sacar de uno de los cajones. Era lo suficientemente grande como para cargar en ella la mitad de las cosas que había preparado. La depositó sobre la superficie junto al resto de cosas, antes de comenzar a cargarlas en ella, lentamente. Su reacción pareció indicarle al chico que no sabía nada al respecto, a pesar de que su padre fuese un miembro del Consejo. Sabía que por su rango, no debía saber de esas cosas. Y, por esa misma razón, aunque la pregunta estuviese en la punta de su lengua, se la mordió y calló. No quería ser más entrometida de lo que había estado siendo en los últimos meses.

— ¿Sabes qué es Akatsuki?

La pregunta le pilló por sorpresa, pues no esperaba que fuese a contarle nada. Se mordió el labio, recordando la noche en que el hombre rubio de las explosiones había raptado a Gaara en su pájaro blanco. Cuando se había encontrado con él, en compañía de Hayami, Baki había aparecido también informando de que tras todo aquello estaban los hombres de Akatsuki. Un nombre completamente nuevo para ella, pero había llegado a la conclusión de que se trataba de una organización. Sin embargo, desconocía por completo sus verdaderas intenciones. En su momento, había dado por hecho que se trataba de deshacerse del Kazekage de la Villa Oculta de la Arena, una maniobra para desestabilizar la situación. Pero… solo con ver al marionetista, ya le hacía pensar que había mucho más detrás de todo eso. Finalmente, negó con la cabeza.

Conforme Kankurō le ofrecía una explicación tras su negativa, Misao no pudo sino mostrarse completamente horrorizada. Era un objetivo similar al que los enviados de la Roca habían tenido. Hacerse con el Ichibi a costa de su liberación por un poderoso genjutsu. Tragó saliva.

Entonces… —su voz era débil e insegura. La pregunta que iba a formular a continuación era obvia: quería saber si lo habían logrado, si habían logrado arrancar al Ichibi del interior de Gaara. Pero no fue capaz de verbalizarla, aunque tampoco es que hiciera falta. Además, había un claro indicio de su victoria: el pelirrojo había perdido la vida—. ¿Qué… consecuencias tiene eso para Gaara-sama? —musitó finalmente.

Los segundos hasta que volvió a recibir una respuesta transcurrieron lentos. Sus pequeñas manos se habían detenido y habían dejado de colocar los platos en la bandeja. Posó sus ojos sobre la delgada figura oscura recostada contra la encimera.

Sin duda, como había esperado, no le gustó lo más mínimo lo que escuchó. De hecho, logró que la preocupación naciese otra vez en su interior. Si no posee la defensa definitiva… Será mucho más vulnerable. La gente lo verá así cuando se enteren y entonces… Entonces muchos de los que se opusieron a su nombramiento y se mostraban todavía descontentos con la situación obtendrían un motivo para cesarle como Kazekage.

Sin darse cuenta, Misao apretó ligeramente las manos, tras cerrarlas en puños. Sus labios se fruncieron en una fina línea. ¿Acaso Gaara no había tenido suficiente ya? ¿Acaso no había sufrido por toda una vida ya desde bien pequeño? Además, acababan de profanar su cuerpo, le habían extraído al Ichibi en contra de su voluntad. ¿Por qué la gente no podía entender eso? Más bien, ¿por qué la gente no entendía nada en absoluto?

Entonces solo podemos esperar… Y confiar en que su defensa definitiva se haya vuelto tan suya como lo era del Ichibi —terminó diciendo, tratando de esbozar una pequeña sonrisa—. Debemos confiar en él. Tenga o no en su interior al Bijuu, Gaara-sama seguirá siendo un shinobi fuerte y habilidoso. Estoy segura.

A cada palabra que decía, sentía que aquello era cierto. Siempre había pensado que el pelirrojo era impresionante como ninja, con esas habilidades tan excepcionales. Y como ella, poseía un Kekkei Genkai que controlaba desde niño, de forma natural. Eso no era cosa de Shukaku. Era su propio poder.

Nada más decir aquello, Misao terminó de llenar la bandeja y suspiró.

Bien, ¿dónde llevo todo esto? —preguntó con amabilidad a Kankurō. No tenía muy claro dónde deseaba comer…


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Jue 19 Oct - 17:48


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—Entonces solo podemos esperar… Y confiar en que su defensa definitiva se haya vuelto tan suya como lo era del Ichibi —dijo
Misao, esforzándose por componer la sonrisa que él había perdido.

Ojalá fuese tan sencillo como eso, pensó, desanimado. Pero ese tipo de técnicas no son como el resto de jutsus. No es algo que se pueda adquirir así como así. No se había atrevido a decirlo aún en voz alta, pero desde que había visto a su hermano tirado en aquel prado no había logrado quitarse esa idea de la cabeza. Sé que te has esforzado un montón por conectar con la gente de la aldea, y que querías ser Kazekage para poder protegerlos a todos. Pero, ¿de verdad todo eso merece la pena, Gaara? ¿De verdad merece que sigan haciéndote daño de esa forma? No parecía justo.

—Debemos confiar en él. Tenga o no en su interior al Bijuu, Gaara-sama seguirá siendo un shinobi fuerte y habilidoso. Estoy segura.

Las confiadas palabras de Misao lo sorprendieron enormemente. Confiar en Gaara, ¿eh? Al parecer, ella no había dudado ni por instante de que el camino que su hermano había escogido era el correcto. Je... De inmediato, se sintió tan avergonzado por haberse planteado todo aquello que se le escapó una risita entre dientes. Puede que a mí me parezca imposible, aunque... él siempre ha sido él.

Es verdad —dictaminó, separándose por fin del mueble y observándola de reojo con malicia. Entonces entrecruzó los dedos de ambas manos y apoyó la mejilla encima, componiendo la misma cara que ponían casi todas las niñas de la Academia cada vez que alguien nombraba de refilón al pelirrojo—. Había olvidado que Gaara-sama es taaaaaan peeeeerfeeeectooo...

Al ver la cara que compuso la muchacha, no pudo evitar empezar a proferir sonoras carcajadas.

Mira, lo siento, pero es que es tan evidente que hasta un ciego se habría dado cuenta. —Sonrió de medio lado, encogiéndose de hombros y negando lentamente con la cabeza—. Los ninjas de élite siempre hemos sido un imán para las mujeres. Yo también he notado cómo me mira esa amiga tuya, la morena que no sé cómo se llama...

Mientras hablaba, se preocupó de coger varias raciones y colocarlas en la mesa del salón. Olía todo tan bien que estuvo tentado de tomar asiento en ese mismo instante y atacar el primero de ellos, pero se contuvo. Primero debía ejercer de buen hermano mayor —y, por qué no, también un poco de gurú del amor para esos dos. No en vano contaba con una amplia experiencia a sus espaldas—, así que volvió a incorporarse y le indicó a la joven que lo siguiese.

No te preocupes —le musitó en confianza una vez llegaron frente a la puerta, al notar que la pobre seguía roja como un tomate. Llamó un par de veces y esperó unos segundos—, que no voy a decir nada.

Al recibir una leve contestación al otro lado, giró el picaporte y abrió. La sala no tenía demasiada luz y mostraba aspecto sobrio, aunque los pocos muebles con los que contaba eran bonitos. Un escritorio, un par de estanterías, una mesilla en la que reposaban un par de fotos y una cama vacía.

Eh, Gaara —lo llamó, recorriendo la habitación con la mirada hasta encontrarse con la mirada clara del pelirrojo, sentado en una butaca junto a la ventana circular. Aún estaba muy pálido y caminaba con bastante dificultad, pero no había consentido permanecer todo el rato en la cama y Kankurō no se había visto capaz de obligarlo a ello tampoco—. Tienes una visita.

¿...?

Se ladeó, dejando así que Misao pudiese asomar la cabeza por el hueco restante, y con ella la pequeña bandeja repleta de platos y cuencos. Al ver el reflejo de la sorpresa en el rostro de su hermano, señaló a la muchacha con el pulgar.

Nos ha traído la comida. Huele estupendamente, ¿verdad? Le estaba diciendo ahora mismo a Misao que menuda suerte tendrá su futuro marido. ¿No crees, Gaara? En fin —resopló, sin esperar respuesta por parte del menor, antes de darse media vuelta—, tengo que volver al trabajo. Asegúrate de que se lo come todo, ¿eh?

Gaara lo observó marcharse sin decir nada, para luego posar de nuevo sus ojos claros sobre Misao, que se afanaba por no tirar nada de la bandeja. No esperaba volver a verla tan pronto. Todos los shinobis que habían participado en la misión de rescate se habían retirado a sus casas a descansar, incluidos Naruto y sus compañeros. Por eso, imaginaba que la castaña habría hecho lo mismo...

No sabía que iba a casarte —murmuró, un poco desconcertado. Hasta donde sabía, esas cosas se avisaban con tiempo, ¿no?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Jue 19 Oct - 21:13


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No sabía cuál iba a ser el efecto de sus palabras. Quería subirle el ánimo a Kankurō, que no perdiese la esperanza en que a pesar de todo lo sucedido, de que ya no tuviera a la Bestia dentro, Gaara iba a seguir estando a la altura de su puesto. Y si por algún motivo, había sufrido una bajada en sus habilidades, no dudaba que se esforzaría por suplirla, por mejorar de alguna otra forma para compensarla.

Ladeó ligeramente la cabeza, mirándole cuando creyó escuchar una risita escapar de sus labios. Justo después, sus ojos violáceos y los negro de él se encontraron. La preocupación parecía haberse evaporado de su rostro y había sido sustituida por una pícara expresión, con una sonrisita de diversión. Vale, ahora si que estaba confusa. ¿Había dicho algo gracioso? Creía haber constatado simplemente un hecho… Pero no se percató de que quizás con ello había dicho mucho más de lo que pretendía.

— Había olvidado que Gaara-sama es taaaaaan peeeeerfeeeectooo...

No necesitó más que esas palabras y el tono de su voz para comprender. Sus ojos grandes y redondos se abrieron desmesuradamente mientras el inevitable rubor acudía a su rostro y sus orejas. La vergüenza no le permitió hablar, sencillamente abrió y cerró la boca en varias ocasiones, sin tener muy claro qué decir ante aquello. Las carcajadas que su reacción provocaron en el marionetista flotaron en el aire y Misao deseaba que la tierra se la tragase.

— Mira, lo siento, pero es que es tan evidente que hasta un ciego se habría dado cuenta —no era precisamente algo que no supiese. Era consciente que se le notaba a tres leguas de distancia, pero hasta ese momento, nadie había sacado el tema. Nadie había confesado en voz alta que lo sabía. Y lo que menos hubiera esperado era que el primero que lo hiciese fuese, nada más y nada menos, que el hermano mayor del pelirrojo.

Pero da igual que se note o no… —musitó sin más. Por mucho que se notase, el joven Kazekage no era consciente de ello. Y probablemente aquello fuese lo mejor. Sabía que no era correspondida y que pocas o ninguna eran las posibilidades de que terminase siendo algo recíproco. Pero no dijo nada de eso. Se lo guardó para sí, antes de fruncir ligeramente el ceño—. ¿Hayami?

¿Eso era cierto? ¿Hayami se había fijado en Kankurō? No le había comentado nada al respecto. Bueno, sí que habían hablado alguna vez de los dos hermanos. Ella consideraba que el marionetista era un gran chico, divertido, amable y atento con las personas que le importaban; también era muy observador… Siempre era el que se fijaba en los pequeños detalles cuando los demás sucumbían ante sus emociones. Todas esas características las habían mencionado cuando habían hablado de él. A lo que Hayami siempre decía: Sí… Pero no es el Kazekage, ¿verdad?

Tras que los platos servidos para él los llevase a la mesa de la cocina que estaba parcialmente ocupada por las herramientas y distintas piezas de repuesto para sus marionetas, Misao tomó la bandeja llena de la comida restante. Le siguió por el pasillo hasta una de las puertas cerradas. Incluso un par de minutos después, sentía el calor intenso en sus mejillas con solo rememorar lo que el mayor le había dicho.

Fue después de prometer que mantendría el secreto de sus sentimientos por su hermano pequeño, que llamó suavemente con los nudillos y abrió la puerta despacio, anunciando su visita. Cuando Kankurō se hizo a un lado, la kunoichi se atrevió finalmente a entrar. Esbozó una pequeña sonrisa para él y sus labios se separaron con intención de saludar. Mas no tuvo oportunidad de ello. El marionetista se adelantó y el comentario que hizo antes de marcharse casi logra que tirase lo que llevaba en la bandeja. ¡¿Se suponía que eso era no decir nada?! De acuerdo, no le había dicho directamente algo como: “Gaara, tienes una pretendiente trayéndote la comida” o “¿Sabes, hermanito? Misao está coladita por ti”.

La puerta se cerró tras la figura masculina, dejándolos solos. ¿Y ahora qué se suponía que tenía que decir? Tragó saliva y logró mantener la tímida y nerviosa sonrisa en sus labios, antes de acercarse al escritorio vacío. Estaba a punto de colocar la bandeja sobre éste cuando escuchó su voz en apenas un susurro.

— No sabía que ibas a casarte…

Sin querer, soltó la bandeja antes de que llegase a tocar la superficie, logrando que cayese de golpe. El caldo del cuenco rebosó y escurrió por fuera de éste, parte del arroz frito también se salió fuera de su plato y el vaso de té verde que también había traído de casa se tambaleó peligrosamente, amenazando con caerse y derramar todo su contenido. Dejó escapar un suspiro de alivio cuando no ocurrió, a la par que su corazón latía acelerado. Será idiota Kankurō…

No lo sabías porque no me voy a casar… —musitó colocándose un mechón tras la oreja y volviéndose hacia él. Se alegraba que no hubiera comprendido el verdadero significado de aquel comentario—. Supongo que Kankurō quería halagar algo al decir eso… Aunque aún no tengo mucha idea del qué… —mintió, humedeciéndose los labios—. ¿Cómo te encuentras? Deberías estar reposando en la cama después del viaje que hemos hecho, Gaara-sama… —se permitió el lujo de reprenderle con suavidad, preocupada y también tratando de cambiar de tema—. Y también es el momento de que comas algo. Sino no repondrás fuerzas… Y seguro que quieres volver cuanto antes a tus quehacerescomo si no te conociera después de todos estos meses…


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 21 Oct - 12:43


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— No lo sabías porque no me voy a casar… —explicó la muchacha con timidez, volviéndose hacia él tras depositar la bandeja de comida sobre la mesa del escritorio—. Supongo que Kankurō quería halagar algo al decir eso… Aunque aún no tengo mucha idea del qué…

¿Halagar? Gaara parpadeó, aún sin comprender a qué se refería Misao. ¿Por qué se halagaba a alguien por mencionar que se iba a casar? Entendía que hubiese señalado que era una shinobi fuerte, o inteligente, o valiente... pero no que se hiciese mención a un futuro matrimonio que, al parecer, ni siquiera iba a celebrarse. No obstante, cuando la kunoichi rubia mencionó los platos humeantes que aún reposaban encima del escritorio, se percató de que el olor a salsa y a carne impregnaba ya toda la habitación.

Tú tampoco estás descansando —señaló. Tenía mejor aspecto que aquella misma mañana, pero las ojeras seguían allí, bordeando sus ojos y dotándola de un aspecto exhausto.

Misao esbozó una débil mueca, retorciéndose un mechón de pelo. No quería que sintiese la obligación de extenuarse hasta ese punto solo por tratar de hacerles un favor, pero tampoco que pareciese que la estaba riñendo por ello. Por eso, aunque solía ser bastante tajante en temas como aquellos —"Un ninja conoce sus propios límites y actúa racionalmente en cualquier situación, extralimitándose únicamente cuando ello no supone hacer peligrar la propia integridad"—, decidió centrarse él también en la comida. Por eso, hizo acopio de fuerzas y se levantó muy lentamente de la butaca. El cuerpo ya no le temblaba como al principio, pero aún así necesitó la ayuda de la joven para lograr llegar a la silla del escritorio. En otras ocasiones le había costado tan solo unas horas recuperar el chakra, pero ahora parecía que aquella sensación de agotamiento se había convertido en un estado permanente.

Kankurō tiene razón —murmuró, tras tomar asiento con cierta dificultad—. Huele bien.

Había mucha comida. Sopa, pescado con arroz y zanahorias, una tetera por cuyo extremo se escapaban nubes de vapor... y el cuenco de Sukiyaki que se había pedido la última vez en el restaurante de los Ichigō, con el huevo crudo extendido por la superficie de la carne y las verduras. Habían pasado muchas cosas desde entonces. Demasiadas, quizá.

Aunque no tenía mucha hambre, cogió los palillos que Misao había depositado cuidadosamente en un lado de la bandeja y trató de separar la parte superior de un tirón. Sin embargo, la madera solo emitió un leve crujido antes de que se le escurriesen inevitablemente de entre los dedos y acabasen en el suelo.

... En el fondo, sabía a qué se debía aquella debilidad tan repentina y tan constante. Lo había sabido casi desde el principio, poco después de abrir los ojos en el prado. Nunca antes se había sentido tan torpe, tan cansado y tan frágil como en aquellos momentos, como si hubiese envejecido un montón de años de golpe. Solo que no se había detenido a pensarlo de verdad. Ya no está. No puedo notar su chakra. Ya no está aquí. Su mirada volvió a sus manos pálidas que, aunque parecían ser las de siempre, ni siquiera habían conseguido separar dos simples palillos de madera.

Entonces, ¿qué soy ahora? ¿Qué soy yo?

... perdona —murmuró, al ver que Misao se apresuraba a recogerlos y a limpiarlos.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 21 Oct - 16:11


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“Le estaba diciendo ahora mismo a Misao que menuda suerte tendrá su futuro marido”. Definitivamente, seguía sin tener nada claro que intentaba destacar Kankurō con esa indirecta. Una que no había servido de nada, puesto que Gaara lo había concebido como el anuncio de un matrimonio inexistente. ¿Quizás lo decía por la preocupación que siempre mostraba? ¿Por ser una buena cocinera? ¿O por tratar de cuidarle siempre que podía?

El pelirrojo continuaba sentado en el sillón, con expresión algo perpleja por la aclaración que acababa de hacerle. Mejor así… Porque si preguntase más… Desearía que la tierra se la tragase solo por no pasar más vergüenza de la que ya había pasado minutos atrás en la cocina y justo antes de que el marionetista se fuese.

— Tú tampoco estás descansando

Vale. El joven Kage podía no comprender las segundas intenciones de las palabras, las bromas y las ironías. Pero era muy observador. Sabía que su aspecto no era precisamente el mejor, lo había comprobado esa misma mañana antes y después de darse aquel largo y necesitado baño. Una mueca se dibujó en sus finos labios mientras desviaba la mirada a cualquier otro punto de la sala mientras jugueteaba con uno de sus largos mechones dorados. Llevo dos meses descansado poco… Y estos últimos días han sido muchísimo peores. Aún así… Prefiero asegurarme primero de que tú estés bien, Gaara. Esa era la verdad. Pero permaneció simplemente callada, antes de percibir por el rabillo del ojo como el chico comenzaba a ponerse en pie despacio.

Se mordió el labio cuando sus ojos violáceos volvieron a fijarse en la delgada figura. No estaba segura de qué hacer, a fin de cuentas, Gaara era una persona que no le gustaba pedir ayuda. Pero tras unos segundos, viendo ese leve temblor, mucho menor que el que había dominado su cuerpo durante todo el trayecto de regreso a Suna, terminó acercándose y ayudándole a llegar hasta la silla. Está agotado… y débil. Aún necesitará un tiempo para recuperarse. Sobre todo ahora que… ya no tiene al Ichibi consigo

¿De verdad lo pensáis? Espero que el sabor te sea tan agradable como su olor —dijo esbozando una pequeña sonrisa, sin poder evitarlo—. Aunque quizás hemos preparado demasiado para una comida —comentó ladeando la cabeza, mientras su mirada se desviaba a los platos. Ni ella cuando estaba verdaderamente hambrienta se llegaba a comer tantas cosas.

Los palillos que había traído, en lo que el pelirrojo trataba de separarlos con un simple movimiento, se deslizaron de sus manos terminando en el suelo. Misao no tardó más que un segundo en agacharse, y tomar el trapo con el que había traído la bandeja para limpiarlos. Después se encargó de separarlos como él había tratado.

No es nada, tranquilo —dijo mientras se los tendía de vuelta, regalándole una de sus nuevas sonrisas

Los dedos pálidos, temblorosos y fríos del pelirrojo rozaron la piel de su menuda mano cuando fue a tomarlos. Se estremeció levemente sin pretenderlo, por esa sensación que su tacto le terminó provocando y que aceleró ligeramente su pulso. Tragó saliva unos segundos, con la mirada fijada en sus manos, ahora que ya se habían separado. Está helado... pensó un par de segundos después con cierta preocupación, antes de percatarse de una cosa.

Gaara-sensei, nunca me respondes cuando te pregunto cómo te encuentras… De alguna forma siempre eludes la pregunta—ante sus palabras, la mirada azulada del chico se posó sobre la suya—. Sabes que eso solo hace que me preocupe más, ¿no? —inquirió alzando ambas cejas algo divertida. Eso era cierto, pero tampoco quería que lo viese como una acusación seria o un reproche—. Por ejemplo, si no me dices que estás helado… Yo no puedo hacer nada para ayudarte.

Y tras decir aquello, Misao echó un vistazo al resto del dormitorio. Fue una suerte que encontrase una manta oscura perfectamente doblada a los pies de la cama. Sin pensárselo mucho, la tomó cuidadosamente y la desdobló dejándola con un doblez por la mitad, antes de volver a acercarse y colocarla por sus hombros, envolviéndole pero permitiéndole la movilidad para que comiese.

Con esto y la comida, volverás a entrar rápidamente en calor… —le aseguró antes de quedarse a un lado del escritorio, sin atreverse a sentarse en ningún sitio mientras comía.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 21 Oct - 21:26


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—No es nada, tranquilo —aseguró la muchacha con diligencia, entregándole de nuevo los palillos.

Al alargar la mano para recuperarlos, sus dedos rozaron levemente el dorso de la mano de Misao. Cálido. Las de Temari solían estar siempre frías. Se cercioró de que, en aquella ocasión, no iban a caerse y volvió a centrar su atención en el cuenco que tenía delante. Bajo la capa de huevo crudo se adivinaban tiras cocinadas de ternera, cebolla, setas y algunas verduras que no supo identificar. Se inclinó un poco hacia delante, casi instintivamente, porque el vapor que emanaba de la bandeja resultaba de lo más agradable.

—Gaara-sensei, nunca me respondes cuando te pregunto cómo te encuentras… De alguna forma siempre eludes la pregunta. —Escuchar aquello le hizo alzar de nuevo la mirada, confundido. Misao sonreía de forma comprensiva, con el trapo colorido aún entre las manos—. Sabes que eso solo hace que me preocupe más, ¿no?

¿... preocuparse? La miró con los ojos muy abiertos, sin entender. No quería preocuparla. Simplemente, estaba bien. O, al menos, todo lo bien que le permitían las circunstancias. De hecho, consideraba que comer frente a ella y poder mantener una charla banal era prueba suficiente para demostrarle que tenía la situación bajo control, ¿no? Si le hablaba de lo mucho que le dolía cada músculo del cuerpo, de la sensación de hormigueo y debilidad que le recorría los dedos de las manos y los pies... Gaara nunca había estado enfermo hasta el momento, pero creía que eso se le tenía que parecer mucho. ¿Decir eso no haría que se preocupase?

Yo... no... —balbuceó con torpeza, sin saber qué decir.

—Por ejemplo, si no me dices que estás helado… Yo no puedo hacer nada para ayudarte.

¿Helado? ¿De verdad lo estaba? Apenas lo había notado. El cúmulo de sensaciones desagradables era tan amplio y tan nuevo para él que apenas era capaz de distinguir dónde empezaba una y dónde terminaba la otra. Quizá por eso el vapor caliente le resultaba tan reconfortante. Tragó saliva, contemplando en silencio cómo ella buscaba algo por la habitación. ¿Cómo se ha dado cuenta? A lo mejor había sido por las manos. A lo mejor él también tenía las manos frías, igual que su hermana. Volvió a mirarse una, con los largos y finos dedos semi flexionados. ¿Es ahora... o siempre ha sido así? Normalmente solía llevar la armadura de arena como protección, así que nunca se había parado a pensar en ello.

Segundos después, noto que algo grueso lo envolvía por detrás. Se envaró al principio, inseguro, pero al ladear la cabeza reconoció el color de la tela. Era la manta que Temari le había dejado sobre la cama antes de marcharse esa misma mañana. Ya ni siquiera se acordaba de que estaba ahí...

¿Te importa si... dejo eso para Temari? —preguntó, sin mirarla. En cualquier caso era demasiada comida para él solo, y Temari se había marchado sin desayunar. Para cuando regresase a casa, seguro que se estaba muriendo de hambre.

Tras el asentimiento de Misao, Gaara hundió por fin los palillos en el cuenco negro. Mezcló despacio el huevo con el resto de ingredientes y, durante varios minutos, lo único que se escuchó en la habitación fue el entrechocar de los palillos de madera. Se comió parte de la carne, tierna y sabrosa, algunos fideos con zanahoria y las setas con tiras de verduras. Todo estaba delicioso, aunque su estómago se mostraba poco colaborador y el simple gesto de mover la mandíbula para masticar le provocó un bonito dolor de cabeza. Aún así, se esforzó por acabarse casi todo el plato. No quería que Misao creyese que no le gustaba, y mucho menos preocuparla de nuevo. Sentía que ya había preocupado demasiado a todo el mundo durante esos días, especialmente a ella.

El té caliente de después le ayudó bastante a asentar la comida, y también a entrar en calor y a relajar un poco los músculos agarrotados. Se encontraba algo mejor, y también infinitamente más cansado. "Prueba a dormir un poco, Gaara". Las palabras de Temari invadieron de nuevo su cabeza, y por unos instantes hasta le pareció verla de pie en el centro de la habitación, ataviada con la túnica propia del Consejo de Suna. "Es muy fácil, no te preocupes. Solo tienes que tumbarte y cerrar los ojos. Tu cuerpo hará el resto. Estoy convencida de que es justo lo que necesitas ahora mismo...".  

Dormir... Había dormido en muy contadas ocasiones a lo largo de toda su vida, y la mayoría de ellas habían venido inducidas por la técnica del Sueño Instantáneo. Tan solo en dos ocasiones se había dormido por sí mismo, y el resultado había sido tan grotesco que nunca más había sentido la necesidad de volver a hacerlo. Shukaku le proporcionaba el chakra necesario para no tener sueño, así que el único efecto colateral de todo eso habían sido las enormes ojeras que recubrían sus ojos de forma permanente. Pero, al parecer, si ese chakra desaparecía...

Estaba todo muy bueno —le agradeció con sinceridad, dejando el vaso a un lado. Al hacerlo, su mirada volvió sobre el rostro de la muchacha, sobre la mirada cansada que no podía ocultar y las sombras oscuras bajo los ojos, y notó una pequeña punzada en el pecho. ¿Es eso la preocupación? Sí, se le parece mucho. A mí también me preocupa verla así. Deberías volver a casa, Misao. Pareces muy cansada.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 22 Oct - 1:01


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Balbucear era algo que, sin duda alguna, no había esperado que Gaara hiciese frente a ella. Estaba claro que lo había dejado completamente falto de palabras, sin saber qué decir, después de haber confesado de una forma algo casual, la preocupación que sentía por él. Fue antes de que encontrase la manta con la que le taparía previamente a que empezase a cenar… Y sintió que deseaba abrazarle muy fuerte al verle así. ¿Tan abrumado se sentía al saber algo que realmente era obvio incluso para un ciego?

Tras que colocase la manta sobre sus hombros cuidadosamente, no le pasó desapercibida la forma en que se estiró en su asiento. Hizo una pequeña mueca que él no pudo ver. Había sido un contacto directo y sin avisar. Además, teniendo en cuenta lo agotado que estaba, era normal que ni la hubiese escuchado venir ni lo hubiese percibido como habría hecho estando completamente en forma. Debería haber sido más suave.

Se apoyó cuidadosamente en la pared del dormitorio, junto al escritorio donde el pelirrojo cogía cuidadosamente y de forma mezclada, los distintos ingredientes que componían el Sukiyaki. Unos segundos antes de que empezase a comer, se había preocupado de preguntarle acerca del resto de comida. Sonrió levemente recordándolo. La comida estaba prevista para tres personas… Y ya se podía imaginar que Temari, habiendo estado todo el día fuera llevando a cabo sus obligaciones en la reunión del Consejo, cuando regresase probablemente tendría también hambre. Y si esas pobres bolas de arroz y la ración de pulpo quemada era su comida…

Permaneció en silencio todo ese tiempo, observándole comer. Podría resultar extraño que una persona viese comer a otra, sin acompañarle o sin hacer nada más. Pero no quería marcharse hasta haberse asegurado de que comía algo consistente, aunque solo fuese el Sukiyaki. Quería cumplir la petición que Kankurō le había hecho previamente a marcharse.

Ya disfrutando del té verde que había servido en una taza alta, Misao se percató de cómo las facciones de su rostro habían adquirido un matiz muchísimo más cansado, pero no solo su rostro, sino todo su cuerpo bajo la manta. Como ella, Gaara estaba agotado… ¿Cómo no iba a estarlo después de que le arrancase al Ichibi, principal razón por la que había podido recuperarse en un tiempo tan corto que resultaba imposible para un humano corriente? Y no solo eso, después de haber vuelto de la muerte también. Necesita… Descansar. Dormir largo y tendido, pensó casi sin darse cuenta, comprendiendo además que ahora podría. A fin de cuentas, el temor de que la Bestia tomase el control de su cuerpo mientras dormía ya  no era real…

— Estaba todo muy bueno —le escuchó decir en un susurro. Ladeó la cabeza hacia un lado, sonriéndole nuevamente. Le hacía feliz saber que incluso en su estado, había podido disfrutar del plato. Lo que no se esperó fue que el joven se le adelantase a decir nada más—. Deberías volver a casa, Misao. Pareces muy cansada.

¿De verdad le estaba diciendo eso? ¿Él, que en cualquier momento parecía que iba a desplomarse? Frunció ligeramente el ceño. No podía negar que en parte tenía razón. Estaba muy cansada. Pero aún podía aguantar un poco más antes de regresar a casa… puesto que primero tenía una importante misión por delante.

Aún no… —respondió negando con la cabeza, colocándose un mechón tras la oreja sin apartar la mirada de sus ojos azulados—. Primero, quiero asegurarme de que tú descansas.

No se hizo esperar demasiado la expresión de sorpresa por parte del pelirrojo, así como una discreta mueca en señal de que había comprendido bien a qué se refería con aquello… Parecía mostrarse aún reticente al hecho de dormir. ¿Sería por la costumbre de esos últimos dieciséis años? ¿Sería que, aun sabiendo que ya no portaba a ningún Bijuu, el miedo de que algo sucediese seguía en su interior? Se separó entonces de la pared y se acercó a él, inclinándose ligeramente hacia delante para que sus rostros, aunque a una distancia prudencial, estuvieran a la misma altura.

¿Confías en mi, Gaara-sama? —preguntó suavemente. Unos pocos segundos pasaron hasta que, sin llegar a pronunciar palabra, el muchacho asintió lentamente. La sonrisa de sus labios no se marchó, sino que se curvó de forma más pronunciada en sus comisuras—. Entonces… créeme al decirte que es hora de que te permitas dormir de verdad. Porque lo necesitas… y porque te lo mereces después de tantos años habiendo sido privado de ello —podía percibir todavía la duda en sus iris azulados, incluso después de haberle dicho aquello. Dudó por un instante, antes de atreverse a añadir—. Si… Si tienes miedo de que algo suceda, no me iré a ninguna parte, ¿de acuerdo? Me quedaré como aquel día en el hospital y te traeré de vuelta —musitó sintiendo como sus mejillas se encendía débilmente por el recuerdo del abrazo.

La mirada ajena seguía posada en su rostro. Los ojos de Gaara parecieron abrirse ligeramente más de lo normal ante sus últimas palabras. Parecía estar comprendiendo algo. ¿No le habían dicho nada Temari y Kankurō de lo sucedido aquel día…? Quizás había sido lo mejor, sí. Y quizás no debería haberlo mencionado… Pero no se arrepentía teniendo en cuenta de que eso parecía haber sido lo necesario para lograr convencerle.

El joven Kage pareció hacer un esfuerzo titánico para poder levantarse de la silla. Después de ello, Misao le acompañó para llegar hasta la cama, donde le ayudó a tumbarse y le arropó cuidadosamente.

Estaré en el sillón junto a la cama, ¿vale? Ahora intenta dormir, por favor…


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 22 Oct - 17:22


«You could be loved again»
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Misao negó levemente con la cabeza, apartándose un mechón suelto del flequillo.

—Aún no… Primero, quiero asegurarme de que tú descansas.

Ahí estaba de nuevo. Esa mirada perseverante, cabezota e insistente. Igual que Temari. E igual que él.

"¡Descansa mucho! ¿Eh, Gaara? Mañana tenemos que asistir al funeral de la vieja...". Su mirada se desvió lentamente hacia un lado de la habitación, donde se encontraba la enorme cama a la que apenas había dado uso. Antes tenía muy claro lo que era descansar, e incluso podía permitirse el lujo de extralimitarse sin temer demasiado a las consecuencias. La recuperación completa nunca pasaba de los tres días, hasta en los casos más graves, y a pesar de ello había continuado trabajando.

Ahora, era como si toda esa resistencia casi infinita se hubiese esfumado de golpe, y no ayudaba en absoluto que la solución a ello hubiese supuesto uno de sus principales problemas durante aquellos dieciséis años.

Cuando volvió a mirar al frente, todavía indeciso, Misao estaba allí. Con la sonrisa más tranquila y dulce del mundo.

—¿Confías en mi, Gaara-sama?

Estaba tan aturdido que le costó un rato llegar a asentir lentamente con la cabeza, aunque para la joven kunoichi aquel simple gesto pareció ser suficiente.

Confiar. De eso se trataba lo de establecer vínculos, ¿no era así? De la confianza en los demás. Hasta hacía menos de un año, había creído firmemente que la confianza en terceras personas solo podía volverte más débil. Que ceder parte de la propia seguridad a un control ajeno era algo que solo haría un imbécil demasiado iluso como para ver el mundo tal y como era: mezquino, egoísta y traicionero. "Lucha solo por ti mismo, y confía solo en ti mismo para no correr riesgos. Para que nadie, nunca más, pueda hacerte daño". Sin embargo, ese mismo imbécil iluso había conseguido derrotarlo a base de ese mismo sentimiento que él tanto había despreciado: la confianza. Por eso había tomado la decisión de confiar de nuevo en los demás, de forma que los demás pudiesen acabar confiando en él.

Pero no siempre era fácil. Y no por ser lo correcto dejaba de ser menos aterrador.

— Si… Si tienes miedo de que algo suceda, no me iré a ninguna parte, ¿de acuerdo? —prometió Misao, al ver su gesto aún reticente—. Me quedaré como aquel día en el hospital y te traeré de vuelta.

"Me quedaré como aquel día en el hospital". Sus ojos se abrieron todavía más, asombrados. Recordaba aquel día en el hospital, o al menos recordaba la mayor parte del mismo, hasta que habían comenzado las pesadillas. El simple hecho de recordarlas le provocaba un vacío en el estómago, igual que imaginar lo que podría haber sucedido si de verdad hubiese perdido por completo el control. ¿Era ella? La voz de mujer que me llamaba, ¿fue siempre ella? De ser así, había actuado de forma demasiado temeraria. Si no hubiese sido suficiente, si el Shukaku le hubiese arrebatado de verdad su cuerpo... La habría matado. La habría aplastado sin pestañear. Pero, si en lugar de haberse quedado le hubiese dejado solo, en ese momento...

Parece que no eres el único con un poder extraño, Naruto Uzumaki..., pensó, cerrándolos por un instante, antes de hacer finalmente el esfuerzo de levantarse. Permaneció un momento de pie, con ambas palmas apoyadas sobre la mesa de madera, hasta que el dolor y el entumecimiento se volvieron lo suficientemente soportables como para caminar sin tambalearse. Misao se apresuró a ir a su lado, sujetándolo suavemente del brazo para ayudarlo a llegar hasta la cama.

Lo primero que notó al tumbarse fue que era blanda. Más que la del hospital. Misao se encargó de taparlo con las sábanas frescas y de colocar la manta por encima, para que no tuviese frío. Mientras la observaba trabajar, con los ojos violáceos concentrados en detectar cualquier arruga para alisarla con las manos, se preguntó si en alguna ocasión su madre habría hecho lo mismo. Si ella también se habría esforzado en extender todas las arrugas, y si también se habría tendido en esa cama para dormir. Después de todo, era su habitación.

—Estaré en el sillón junto a la cama, ¿vale? Ahora intenta dormir, por favor…

Gaara asintió, sin despegar los labios. Sus ojos claros se desviaron al techo de la habitación, del mismo color arena que el resto de las edificaciones. "Es muy fácil, no te preocupes. Solo tienes que tumbarte y cerrar los ojos". Cerrar los ojos... Aún le resultaba una orden disparatada, pero aún así respiró hondo y se forzó a hacerlo. Esperó varios minutos, tratando de discernir algún cambio en su entorno a través de aquella bruma que seguía atontándole la cabeza.

Aquello no servía. Quizás había algo que no estaba haciendo bien o puede que, simplemente, ya no fuese capaz. Sea como fuere, ladeó la cabeza hacia el lado contrario a la butaca para no preocupar a Misao y volvió a abrirlos levemente. Allí estaba, sonriente como siempre tras el marco de cristal, con los ojos muy brillantes. Justo al lado, sus dos hermanos posaban a ambos lados en la primera foto que le habían hecho tras ser nombrado Kazekage. Kankurō le había dicho después que salía demasiado serio para ser una foto informal y familiar.

Es verdad. Debería haber... sonreído más...


— X —


"Qué asco. ¿Qué le pasa?".

"Me da miedo".

"Un verdadero asco. Es un mocoso maldito".

Tragó saliva, apartando muy lentamente la vista del suelo. Había varios niños escondidos tras las columnas de piedra, mirándolo. Algunos se tapaban las manos con la boca. Otros, en cambio, sostenían piedras del tamaño de su propio puño. Ninguna llegó a alcanzarlo cuando se las lanzaron, aunque no por ello dolieron menos.

Su mirada volvió a la arena, dorada y suave, iluminada por la luz del sol. Había una silueta poco definida recortada contra ella, que aparecía y desaparecía conforme las nubes cruzaban el cielo.

"Oye, Yashamaru. ¿Por qué el cielo es azul?".

"Veamos. Probablemente sea por los sentimientos que nos invaden cuando lo miramos".

"Ya veo. ¡Es verdad! Cuando miro al cielo, se me pasa un poco el dolor en el corazón".

Hubo un silencio, conforme la pequeña pala de metal se hundía otra vez en la arena y arrojaba los granos dorados al cubo verde que permanecía entre sus pies. Las nubes siguieron cruzando el cielo a gran velocidad, impulsadas por el viento, y la luz del día se fue apagando hasta convertirse en una noche fría y sin estrellas. Los niños crueles se marcharon a casa con sus familias, y su voz resonó en el patio vacío una vez más.

"Oye, Yashamaru. ¿Por qué... por qué no tengo mamá?".

"Pues... Me tenéis a mí, ¿no, señor Gaara? Yo voy a estar siempre a vuestro lado".

Gaara sonrió, levantando la cabeza por fin hacia la silueta alargada.

Frente a él se tambaleaba un hombre adulto, ataviado con la indumentaria de los asesinos de élite de la Villa. Su rostro era una masa de sangre y carne chamuscada, aún humeante, y sus manos deshechas se presionaban el hueco vacío de huesos y tendones en el que en algún momento debería haber estado el pecho. No tenía ojos, ni orejas, ni tampoco dientes ni boca reconocibles, pero su voz aguda y chirriante pareció resonar por todo Suna.

Siempre a vuestro lado.

A su alrededor, toda la arena dorada y brillante se tiñó de rojo. Sus propias manos, su ropa, el cubo verde... todo se tiñó de rojo cuando el hombre dio un paso vacilante y extendió los brazos hacia él. La risa fría volvió, y todo el edificio comenzó a derrumbarse en una imparable catarata de arena roja.

Morid. Os lo suplico.


— X —


¡Yashamaru!

El grito se le quedó atascado en la garganta al incorporarse de golpe, con los dedos crispados con fuerza sobre el pecho. Sus ojos desenfocados buscaron desesperadamente la silueta del hombre inmolado, con los jirones de carne aún colgando, mientras la arena de la tinaja que había permanecido en un rincón se extendía por el suelo en una brusca formación de pinchos gigantescos y amenazadores.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 22 Oct - 23:06


«You could be loved again»
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Se sentía tan extraña aquella situación. Hasta ese preciso instante, Misao no había arropado nunca a nadie. A fin de cuentas, no tenía hermanos pequeños ni tampoco primos a los que pudiese cuidar y llevar a la cama. Por eso, estaba algo indecisa. ¿Le había subido las sábanas demasiado? ¿Necesitaría la manta? ¿O después pasaría calor? No podía saberlo… Mientras se aseguraba de que estaba bien acomodado, echando un vistazo de pies a cabecero de la cama, sus pequeñas manos alisaron cada arruga que se había formado.

Finalmente, tras asegurarle que permanecería a su lado y recibir un asentimiento por respuesta, Misao esbozó una última sonrisa antes de separarse y tomar asiento en el sillón. El mueble era de tacto suave y agradable; a pesar de estar ligeramente gastado, aún resultaba cómodo. E incluso… Huele a él, se sorprendió pensando. Fue inmediato: tan pronto la idea cruzó su mente, sus mejillas se encendieron con un intenso sonrojo.

Su mirada regresó a la cama, donde Gaara permanecía tumbado, con los ojos ya cerrados. Agradecía que estuviera intentando dormir (si es que no lo había logrado ya) de forma que no viese nuevamente su sonrojo. ¿Cuántas veces la había visto ruborizarse repentinamente y sin motivo alguno frente a él? Dejó escapar un suave suspiro, acomodándose en el sillón. De esa forma, sentía que le estaba invitando a cerrar los ojos, a dormir y poder descansar finalmente. Pero no lo haría. Se mantendría despierta velando su sueño.


———————


Durante las siguientes dos horas, la joven kunoichi no se movió de la habitación. Sí que se encargó de recoger un poco todo lo que habían dejado en el escritorio, colocándolo nuevamente sobre la bandeja, limpiando los líquidos que habían sido derramados cuando, sin querer, lo había soltado de golpe. Había pensado en llevarlo de vuelta a la cocina, dejarlo a un lado, apartado para cuando Temari llegase pero… eso implicaba abandonar la estancia. Y ya se imaginaba que, con la suerte que tenía, Gaara despertaría justo cuando estuviese fuera.

Tras pasar un rato nuevamente en el sillón, en vista de que se le cerraban inevitablemente los ojos y notar cómo se estaba quedando traspuesta, decidió que lo mejor sería refrescarse un poco el rostro. Le daba algo de vergüenza acceder al baño personal del joven Kage, pero… iba a ser solo un segundo, no iba a cotillear. No tardó más de un minuto en cerrar la puerta del baño tras de sí, con el rostro algo humedecido, echando una ojeada a la cama.

Entonces se percató. El rostro del pelirrojo estaba de todo menos tranquilo. Sus facciones temblaban ligeramente con el ceño fruncido y el sudor perlaba su frente, logrando también que algunos de sus mechones rojizos se pegasen a ella. ¿Una pesadilla…? Se acercó rápidamente a la cama. Debía despertarle, hacerle ver que aquello no era real, tranquilizarle. Pero nada más hubo llegado junto al colchón, Gaara se incorporó de golpe, gritando.

— ¡Yashamaru!

Ese nombre… Ese nombre le sonaba. “Fue él... quién se encargó de... cuidarlo siempre. Creo que... nunca he visto a Gaara... tan feliz como... cuando estaba con... Yashamaru. Los dos... parecían llevarse real...mente bien”. Era la explicación que Kankurō le dio en el hospital, acerca de la noche en que el Yondaime Kazekage mandó asesinar a su hijo… por la única persona con la que éste se llevaba. ¿Estaba teniendo una pesadilla de aquel día…?

Con la preocupación reflejada en su rostro, Misao tragó saliva. El chico había abierto los ojos de par en par, con la mirada perdida en algún punto por delante de él, sin llegar a ver nada. Su cuerpo temblaba mientras su mano se aferraba con fuerza a la pechera de su camiseta, que subía y bajaba al acelerado compás de su respiración. ¿Por qué tenía que ser tan cruel el destino o lo que fuese para hacerle tener una pesadilla de su horrible pasado justo la primera vez que podía dormir? Insegura, finalmente se atrevió a actuar.

¿Gaara-sama? Gaara-sama… —le llamó varias veces. No obtuvo respuesta. Ni tampoco señal de que la estuviera escuchando. Le miró algo nerviosa, antes de tomarse nuevamente esas libertades de las que se prometió no volver a tomar. Tomó suavemente la mano que reposaba contra pecho, entre las suyas, acariciando lentamente su dorso. Al contrario que antes de comer, ahora la sentía cálida—. Ha sido una pesadilla, Gaara-sama. No era real… —susurró despacio, de forma calmada. Aquella situación se asemejaba en gran medida a la del hospital, pero sin duda alguna, era mucho menos peligrosa.

Finalmente, tras varios segundos llamándole y repitiendo aquello, los ojos azulados de él y los violetas de ella, se encontraron.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 28 Oct - 14:41


«You could be loved again»
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Sus ojos continuaron buscando frenéticamente por cada rincón, mientras su mente trataba de distinguir si todo aquello seguía formando parte de las pesadillas o si se trataba de la auténtica realidad. ¿Por qué? ¿Qué había ocurrido? ¿Cómo podía estar allí? ¿Acaso se trataba de alguna otra clase de jutsu ilusorio? Recordaba haber estado mirando la foto, la foto con el marco que reposaba en la mesilla, y luego...

La arena. Los niños de las piedras. El cielo azul con las nubes blancas. El olor de la sangre. Todo parecía tan auténtico que ni siquiera verlo desaparecer había logrado calmar su acelerada respiración. Al contrario. Esperaba que, en cualquier momento, el hombre destrozado reapareciese entre las sombras, con su voz rota y la sangre recubriendo cada palmo de su cuerpo, aunque por más que miraba las sombras seguían siendo solo sombras. Entonces, su atención se detuvo unos segundos en el reloj de arena que tenía encima del escritorio. Cuando Misao y su hermano habían entrado, aún quedaba bastante arena en la parte superior del vidrio. Ahora, toda se encontraba en el inferior.

Más de una hora... Ha pasado más de una hora. Sin embargo, le habían parecido tan solo unos segundos. Tragó saliva, antes de volverse finalmente hacia la butaca donde se encontraba Misao. La muchacha tenía la expresión contraída por la angustia, con sus manos envolviendo la suya y los labios sin dejar de moverse. Le costó llegar a entender lo que decían, pero finalmente consiguió concentrarse lo suficiente como para escucharla.

"Era una pesadilla. Tranquilo, por favor, no era real". Una pesadilla... Parpadeó, aún aturdido. Entonces, ¿eso significaba que había logrado quedarse dormido? Si, quizás entonces tenía sentido que hubiese pasado tanto tiempo sin que él fuese consciente de ello. Pero él no... Volvió a mirar una vez más a su alrededor. No le había oído. Normalmente, siempre solía escuchar su voz en las pesadillas, instándole a dejarlo libre, pero en aquella ocasión se había mantenido en completo silencio.

Con todo lo que eso implicaba.

Alrededor de ambos, la arena de la tinaja comenzó a deshacer las extrañas formas que había tomado, volviendo al interior del recipiente con un siseo ahogado mientras Gaara hacía ademán de levantarse. Shukaku ya no estaba para amenazar la integridad de la Villa y arrebatarle el control durante el sueño, pero los recuerdos dolorosos seguían estando ahí, y acababan de demostrar que también eran capaces de alterar el dominio que tenía sobre sí mismo. Por eso tenía que permanecer despierto, por muy agotado y dolorido que se encontrase. Era la única forma de desterrarlos casi por completo.

No obstante, antes de poder llegar a hacerlo, se encontró con la mano de Misao apoyada firmemente sobre su pecho, impidiéndoselo. Aunque el gesto no fue brusco, su voz no vaciló ni un instante cuando le pidió que continuase descansando.

—... os lo suplico —musitó al final, viendo que Gaara separaba los labios.

"Señor Gaara, tranquilizaos, por favor". "... os lo suplico...". Su mirada se enfrentó una vez más a la de ella, con ese violeta tan familiar que brillaba con preocupación, delineado por sombras oscuras, para después apartarla lentamente y devolverla a las sábanas revueltas que tanto se había esforzado antes por alisar. No quiero que me suplique nada. No quiero que siga esforzándose tanto. Poco a poco, con cierto esfuerzo, volvió a tumbarse sobre el colchón, apoyando la cabeza sobre la almohada y observando el techo con los ojos entrecerrados. Solo quiero... quiero... La escuchó suspirar con alivio, liberando su mano para poder arreglar la ropa de cama, y en esa ocasión fueron sus propios dedos los que, casi sin darse cuenta, se cerraron con fuerza sobre la fina muñeca de la kunoichi, deteniéndola. Fue un gesto tan desesperado y tan impulsivo que no fue verdaderamente consciente de ello hasta que Misao no se giró hacia él, con las cejas alzadas por la sorpresa.

Solo quiero... dejar de ponerla triste...

La muchacha bajó la vista hacia ambas manos, confusa ante su silencio, y una vez más Gaara sintió que su cabeza y su boca eran incapaces de coordinarse. La sentía demasiado embotada para pensar con claridad, y el miedo aún continuaba apresando su pecho como una garra invisible. Aún así, lo intentó.

... déjalo. —Sabía que no iba a conseguir nada si le imponía que volviese a casa para descansar como debía. Y, además, tampoco se sentía capaz de hacer aquello solo. No quería preocupar a más gente, y tampoco quería seguir preocupándola a ella. Pero no podía seguir viendo cómo se forzaba hasta la extenuación solo para asegurarse de que él estaba bien. "El amor...". Suspiró quedamente, sin soltarla aún. Había espacio para los dos—. Vamos a descansar. Ambos.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 28 Oct - 17:22


«You could be loved again»
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Medio sentada en el sillón y con sus dos manos sosteniendo gentilmente las del pelirrojo, Misao distinguió, más allá de la acelerada respiración de él y la calmada de ella, un susurro que le resultaba demasiado familiar. El roce de minúsculo granos de arena. La ventana estaba cerrada a cal y canto, exactamente igual que la puerta. No venía de fuera sino…

Su mirada violácea pasó de estar fija en la expresión asustada y desencajada de Gaara a más allá de él. A las extrañas morfologías que la arena de su tinaja, a medio salir, había adquirido. Sigue obedeciendo a su voluntad. La arena reacciona aún a sus emociones. No ha perdido su habilidad después de todo… Justo como le había dicho a Kankurō antes del comentario con el que la había subido los colores.

Tras unos segundos, sus ojos volvieron a deslizarse al chico. Aunque hubiera sentido el cansancio consumirla durante esas últimas dos horas de vigilia, en esos instantes, lo creía casi inexistente. Lo único que percibía en cada fibra de su ser era preocupación e incluso el dolor ajeno por unos recuerdos dolorosos que habían emergido con el primer sueño que había tenido oportunidad de tener. Se mordió el labio ajeno poco después de hablarle y finalmente, después de que sus miradas se encontrasen, el aturdimiento y la perplejidad volvieron a reflejarse en sus facciones.

Le observó echar un vistazo a su alrededor, como si quisiera asegurarse de que todo estaba bien. Puedes dormir sin miedo a que él haga nada, Gaara-sama… El único problema era que, con aquella primera experiencia, no tuviera intención de retomar el descanso que, sin duda, aún requería. Algo que quedó reflejado en el ademán que hizo para incorporarse. Antes lo pienso… Antes lo hace, resopló internamente antes de levantarse del sillón. Liberó una de sus manos para colocarla en el pecho ajeno, sobre la tela negra de su camiseta, deteniéndole. No vas a ir a ninguna parte…

Ha sido una pesadilla, Gaara-sama… Pero necesitáis continuar descansando… Por favor —le pidió con voz suave, pero sin que temblase ni un ápice. Los labios ajenos se entreabrieron, probablemente para rebatir su petición. Misao frunció ligeramente el ceño con clara preocupación, humedeciéndose el labio inferior antes de añadir algo más—. …Os lo suplico.

Si de verdad en esa segunda vez no lograba dormir adecuadamente, no insistiría. Unos segundos pasaron hasta que, finalmente, el delgado cuerpo masculino volvió a recostarse con cierta dificultad sobre la cama. Sonrió levemente, soltando un suave suspiro aliviada porque hubiese accedido a su petición. Inmediatamente después, soltó despacio su mano y se aseguró de volver a arroparle así como a alisar las arrugas de la colcha, como unas horas antes. Mas no había casi empezado cuando lo notó.

Calidez y fuerza entorno a una de sus muñecas, acompañado de un suave temblor. Misao abrió sus grandes ojos en gesto de sorpresa, alzando ambas cejas, antes de encontrarse con la pálida mano de Gaara deteniéndola. ¿Qué ocurría? ¿Le había incomodado? ¿Estaría molesto por haberle hecho recostarse nuevamente? Tragó saliva a la espera de que hablase, pues de alguna forma, sentía que iba a decirle algo cuando se viese capaz.

— Vamos a descansar. Ambos —¿Qué? ¿Cómo que a descansar? No. No iba a descansar

No, Gaara-sama… No voy a regresar a casa aún. Te he prometido que me quedaría mientras dormías… Y no piens---

La frase quedó a medias. Ay… No podía ser. Acababa de comprender sus palabras, unas que había pronunciado sin soltar aun su agarre, sin permitir que se alejase ni un centímetro de su lado. Su corazón dio un vuelco en su pecho, el rubor ascendió nuevamente a sus mejillas y por casi se olvidó de respirar. ¿Quiere…? ¿Quiere que me quede a dormir con él? Algo nerviosa y con cierta timidez, buscó la respuesta en sus ojos azules. Aún podía ver reflejado en ellos, el miedo y la agitación que la pesadilla había traído consigo.

Entonces, con cierto esfuerzo, vio cómo Gaara se desplazaba un poco, hacia un lado de la cama, dejando un espacio en ella. Ahora sus miradas no coincidían, pues él la había desviado nuevamente. Aunque, algo que todavía no hizo, fue soltar su muñeca. Aflojó el agarre, haciéndolo más gentil. Quería que se tumbase con él. Quería que durmiese a su lado. Quería que cumpliese su promesa pero con la condición de que ella descansase también.

Misao se quedó paralizada entonces. Aún recordaba las palabras de Temari en el hospital, ese tono cortante, serio y helado que le había advertido acerca del respeto que debía mostrar al Kazekage. Si aceptaba, implicaba hacer caso omiso de aquello… Pero si no lo hacía, faltaría a su promesa. Además, el propio Gaara se lo estaba ofreciendo. No estaba siendo algo que ella hubiese propuesto.

Sin llegar a añadir una sola palabra más, Misao terminó recostándose a su lado, apoyando la cabeza sobre la almohada blanda. Se colocó sobre uno de sus costados para poder mirarle. La calidez y la comodidad de la cama la envolvieron de inmediato. Incluso… También huele a él… Inconscientemente, aquello le hizo sonreír de una forma en que solo lo hacía estando o pensando en Gaara.

Tú ganas… —musitó sin perder la sonrisa, sintiendo como la fatiga volvía a ella—. Descansaremos los dos. Ahora trata de dormir un poco más, Gaara-sama. Estaré aquí cuando despiertes…

Poco después de decir aquello, creyó vislumbrar la curva de una sonrisa en sus comisuras, antes de que cerrase sus ojos azules. Ella quería asegurarse de que lo lograba, antes de permitirse descansar.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 29 Oct - 12:22


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Misao parpadeó, sin comprender.

—No, Gaara-sama… —insistió—. No voy a regresar a casa aún. Te he prometido que me quedaría mientras dormías… Y no piens...

Se interrumpió de pronto, comprendiendo a qué se refería exactamente, y el ceño fruncido mudó a una mirada tímida. A Gaara le llevó unos segundos comprender que estaba esperando su consentimiento explícito antes de hacer nada. Aunque había pasado ya casi un año desde que se había convertido en Kazekage, todavía le costaba aceptar que la mayoría de gente le solicitase permiso hasta para las cosas más nimias. Por eso, en lugar de contestarle con alguna frase demasiado pretenciosa o extraña para su gusto —la muchacha le estaba haciendo un favor. ¿Qué clase de persona concedía permiso para que le hiciesen un favor?—, se limitó a dejarle espacio en el colchón. La cama donde anteriormente habían dormido sus padres era grande y espaciosa, y Gaara apenas le había dado uso desde que vivía allí. Habría podido regalársela a cualquiera de sus hermanos, pero ambos habían insistido en que el Kazekage no podía tener una cama cutre y estrecha. No era lo apropiado.

No vamos a celebrar las reuniones en una cama... recordaba haber pensado, sin llegar a entender muy bien por qué el tema de dónde dormía —o, en su caso, dejaba de dormir— parecía ser casi un asunto de Estado para Temari y Kankurō. Sin embargo, había optado por hacerles caso. Discutir por discutir nunca servía de nada, salvo para perder el tiempo.

Finalmente, tras unos segundos, Misao se levantó y se tendió con cuidado en el hueco libre, a dos palmos de distancia. Gaara había devuelto la vista al techo irregular, pero notó cómo el colchón se hundía levemente bajo el peso de la kunoichi, más liviano que el suyo. Eso es, había espacio para ambos. Ella podría descansar y al menos así la enorme cama estaría aprovechada por primera vez en mucho tiempo. Eso estaba bien, ¿no?

—Tú ganas… —susurró entonces Misao—. Descansaremos los dos. Ahora trata de dormir un poco más, Gaara-sama. Estaré aquí cuando despiertes…

Qué tozuda. Sin embargo, una débil sonrisa se extendió unos instantes por su rostro antes de obligarse a cerrar los ojos de nuevo. La oscuridad volvió a bañarlo todo, aunque todavía seguía siendo consciente de lo que sucedía a su alrededor. Podía oír la respiración suave y tranquila de Misao, el ruido del viento tras las ventanas circulares, el latido de su propio corazón... Respiró hondo, tratando de relajarse un poco. No tenía por qué volver a suceder, ¿verdad? No había ningún patrón de sueño específico, al menos que él supiese. Temari amanecía muchos días diciendo que había dormido muy bien o muy mal, y que había soñado o que no lo había hecho en absoluto. Y eso sería aplicable a todas las personas, ¿no? Volvió a abrir los ojos, sin desviarlos del techo. Sabía que Misao seguía allí. Podía notar la calidez que desprendía su cuerpo, y también un olor dulce que no era capaz de reconocer. Cítrico. En cualquier caso, era agradable.

¿Por qué se tienen sueños? —musitó, al cabo del rato. Por mucho que lo intentaba, no conseguía encontrarles ninguna función útil...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 29 Oct - 14:29


«You could be loved again»
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A pesar de los esfuerzos titánicos que estaba realizando para permanecer despierta, la comodidad y la calidez de la amplia cama resultaban demasiado tentadoras. Su cerebro estaba comenzando a apagarse lentamente, preparándose para sumirse en ese necesitado sueño del que había prescindido, sobre todo, esos últimos cuatro días. La imagen del pelirrojo tumbado bocarriba junto a ella comenzaba a volverse menos nítida, mientras que su pulso y su respiración disminuían su frecuencia.

— ¿Por qué se tienen sueños?

La voz de Gaara logró despejar la bruma que el sueño traía consigo. Misao abrió los ojos un poco más, tratando de despejarse un poco. Tragó saliva, repitiendo la pregunta para sus adentros. “¿Por qué se tienen sueños?”. Juraría que ella misma había pensado en ello cuando era pequeña, que se lo había llegado a preguntar a su madre poco después de despertarse una mañana. Recordaba retazos de su respuesta, pero quería ser sincera también…

No lo sé… —musitó en un principio, antes de frotarse suavemente uno de sus ojos con el dorso de su mano—. Pero… siempre reflejan algo propio de cada persona… —suspiró pensando en los que ella había tenido a lo largo de su vida y era capaz de recordar—. Pueden ser nuestros mayores deseos o nuestros mayores miedos. O pueden traer consigo recuerdos, algunos que nos hacen pensar en lo que teníamos o lo que éramos respecto a lo que somos ahora —nuevamente quedó en silencio durante varios segundos. Quizás aquellas no había sido la respuesta que esperaba… Además, de que quizás había dicho cosas que no debería—. Pero también, son momentos que podemos disfrutar, un pequeño mundo en nuestro subconsciente en el que encontrar algo de paz y tranquilidad —añadió sonriendo ligeramente, con una voz cada vez más apagada—. Los sueños son algo que no podemos controlar… Habrá sueños buenos y luego pesadillas. Pero eso no quiere decir que siempre sean una cosa u otra… Los segundos pueden causar temor, pero siempre se puede aprender algo de ellos: Si son del pasado, recordar que son eso, algo pasado y que no pueden regresar, que hemos cambiado —a pesar de su estado de adormecimiento, recordaba el nombre que Gaara había pronunciado completamente agitado al despertar de golpe. Esperaba que eso le ayudase un poco más.

Poco después de decir eso, su mente se negó a seguir trabajando por mucho que ella le obligase. Sus párpados cedieron y entreabrió los labios una última vez antes de quedarse dormida, llamándole por su nombre, sin ser consciente de ello.


———————


La luz de la mañana se filtraba suavemente por la ventana circular, proyectándose sobre el suelo de madera a los pies de la cama e iluminando toda la estancia. Los ojos violáceos de Misao comenzaron a abrirse lentamente, aunque nada más lo hicieron, su ceño se frunció y parpadeó numerosas veces, en un intento de acostumbrarse a la luz. Tan pronto logró enfocar la mirada en el techo sobre ella, supo que aquella no era su habitación… Ni siquiera era su casa. Durante una fracción de segundo, completamente confusa y desubicada se agobió. ¿Dónde estaba…?

Nada más la pregunta se formuló en su mente, sintió la calidez de un cuerpo ajeno contra su mejilla, envolviendo también su propio cuerpo; una respiración calmada y lenta, así como el latir de un corazón, acompasado con el suyo. También estaba ese aroma que últimamente podía reconocer casi en cualquier parte. Tragó saliva con cierta dificultad antes de percatarse que se encontraba apoyada sobre la tela oscura de una camiseta, de la de él. De la de Gaara. Lentamente, con el pulso completamente disparado llegado ese punto, se atrevió a moverse. Se separó y alzó ligeramente la cabeza, encontrándose con una visión que logró robarle el aliento y hacer que se sonrojase.

El rostro del joven Kage estaba completamente relajado, ni un solo atisbo de preocupación, angustia y agobio surcaban sus facciones. Sus párpados continuaban cerrados; tenía los labios entreabiertos ligeramente, respirando así al compás propio de un sueño. Los mechones pelirrojos iban en todas direcciones, completamente revueltos y permitiendo que el kanji de su frente, ese que rezaba Amor, fuese visible.

Inevitablemente, Misao permaneció completamente quieta, observándole dormir durante un par de minutos. De esa forma, Gaara parecía un chico normal de su edad y, sin duda, muy atractivo. Por eso todas las chicas de nuestra edad están detrás de él… pensó involuntariamente, esbozando una mueca en su adormilado rostro. Ella no iba detrás de él. Sí, estaba enamorada de Gaara, pero no buscaba que la correspondiese de esa forma. Aún así, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Probablemente, era la única que había dormido a su lado y… que le estaba viendo dormir. Porque confiaba en ella. Un mudo suspiro escapó entre sus labios. El primer pensamiento le había entristecido, pero el segundo… Sin duda le había hecho inmensamente feliz.

Finalmente, Misao miró a través de la ventana, con cierta confusión. ¿Qué hora era? Según la luz que iluminaba la habitación, parecía ser por la mañana. Pero… ¡si se habían echado a dormir a media tarde! ¿Acaso habían dormido toda una tarde y una noche? Si era así… definitivamente tantas horas de sueño que le habían faltado habían sido recuperadas.

Mientras pensaba en todo ello, un tímido rugido de su estómago llamó su atención. Se moría de hambre… No había comido desde antes de acudir a llevar el presente que su madre había preparado a los tres Hermanos de la Arena. Suspiró. Sería ya hora de desayunar… Quizás podría prepararles algo a Temari, Kankurō y Gaara. A fin de cuentas, había dormido en una casa ajena a la suya. Era lo mínimo que podía hacer, ¿no?

Ya decidida, Misao comenzó a separarse un poco del muchacho, que continuaba profundamente dormido. Aunque apenas pasó un segundo, él también se movió, ladeando la cabeza en dirección contraria a la ventana, como si buscase protegerse de tanta luz. Ese simple movimiento, logró que uno de sus mechones se desplazase por su frente. Y ella, cuando se quiso dar cuenta, estaba apartándolo gentilmente a un lado, rozando con la yema de sus dedos la pálida piel de su frente. Sigue durmiendo, Gaara… No tardaré… Y con ese último pensamiento, se inclinó para dejar un tierno beso en su frente. Otro gesto demasiado cariñoso para una relación de maestro y alumna pero… No había podido evitarlo.

Finalmente, se incorporó de la cama y se alisó su arrugado vestido. Sus pasos silenciosos se dirigieron directamente hacia la puerta del dormitorio cuando recordó entonces la bandeja de la comida que habían dejado sobre el escritorio. La buscó con la mirada… y no la encontró. ¡Oh, Dios! Si no estaba… significaba que alguien había entrado en la habitación. Misao no se había enterado de ello, por lo que debió de haber sido después de que sucumbiese al cansancio… Cuando ya se había tumbado en la cama del Kazekage. El intenso rubor volvió a acudir a su rostro. Tenían que haber sido Kankurō o Temari… Y si tenía que elegir, de verdad esperaba que hubiera sido el primero. Ya temía la reacción de la mayor si la hubiese pillado durmiendo en la misma cama que el Kazekage, que su hermano pequeño.

De puntillas, llegó hasta la puerta, abriéndola despacio sin emitir ruido alguno, para después cerrarla tras de sí, no sin echar un último vistazo a la figura dormida de Gaara.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 29 Oct - 18:30


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Misao tardó unos segundos en contestar, pero cuando finalmente lo hizo su voz sonó cansada y adormilada. Gaara escuchó su explicación en silencio, mientras ella se esforzaba por clarificar cada una de sus palabras. "Pueden ser nuestros mayores deseos, o nuestros mayores miedos. O puede traer consigo recuerdos...". No estaba seguro de lo que reflejaban aquellas pesadillas, pero desde luego estaban en parte fundamentadas por recuerdos. ¿Sería ésa la característica que reflejaban de sí mismo? ¿Todas esas cicatrices que, según Yashamaru, nunca se curarían? ¿Soñará él también con ese tipo de cosas? Naruto no parecía la clase de persona que sufriese pesadillas, pero...

—Pero también, son momentos que podemos disfrutar —prosiguió la rubia, sacándolo de su ensimismamiento—, un pequeño mundo en nuestro subconsciente en el que encontrar algo de paz y tranquilidad.

Fue aquella frase la que hizo que Gaara ladease la cabeza hacia ella. Se había tumbado de costado, mirando hacia él, y a pesar de que los párpados parecían pesarle muchísimo, mantenía la sonrisa en los labios. Un mundo en el que encontrar algo de paz y tranquilidad... ¿Eso era lo que veía ella cuando soñaba? Sus ojos claros recorrieron el rostro pálido de Misao, desde el lacio cabello rubio hasta la boca pequeña y fina, cuyas comisuras habían comenzado a descender de forma casi imperceptible. Sonaba bien, pero no estaba seguro de saber cómo alcanzarlo si no era algo que pudiese controlar. Por eso, quizás ella...

Sin embargo, para cuando quiso preguntarle al respecto, la joven ya había cerrado los ojos y su respiración se había vuelto mucho más lenta y pesada. El gesto de cansancio de sus facciones pareció diluirse en algo mucho más placentero, y un último susurro apenas comprensible emergió de sus labios entreabiertos, mezclado con un suspiro. Al oírlo, sus ojos azules se abrieron un poco más de lo normal a causa de la sorpresa.

"Gaara".

¿Acaso seguía despierta? Estudió su rostro con atención, aunque sus ojos continuaron cerrados y su respiración no varió lo más mínimo. Entonces, ¿por qué había dicho su nombre? ¿Por qué había dicho "Gaara"? Cuando sueña... ¿me ve a mí? Parecía algo absurdo, impensable. Le había dicho que los sueños siempre reflejaban algo propio de cada persona, pero él no entraba dentro de esos parámetros, ¿o sí? ¿Quizás estaba soñando con algún recuerdo relacionado con él? Por un instante, temió que fuese uno de esos que ella había catalogado como pesadillas, aunque la expresión calmada de la muchacha parecía indicar lo contrario. ¿De verdad es un buen sueño? Y yo estoy en él...

Respiró hondo, exhalando el aire sin hacer ruido para evitar despertarla, antes de recuperar la posición inicial. No sabía por qué pero, después de ver eso, se sentía mucho más capaz de volver a enfrentarse a ese mundo oscuro y desconocido. Porque, después de todo, si Misao podía incluirlo en su mundo de paz y tranquilidad, ¿qué le impedía intentarlo a él?

Qué curioso, pensó al cabo de rato, cuando las brumas del sueño comenzaron a nublarle la conciencia. Se resistió por unos segundos, entreabriendo los ojos irritados y cansados, y acertó a vislumbrar la pacífica expresión de Misao a unos centímetros del suyo, con la mejilla recostada contra la almohada blanca. Ahora sí... parece feliz.

Justo después, el sueño terminó por vencer la poca resistencia que le quedaba, llevándose consigo los últimos retazos de miedo.


— X —


"Gaara".

Miró a su alrededor. La niebla blanca parecía envolverlo todo, brillante y cegadora. No era la primera vez que la veía, ni tampoco la primera vez que se encontraba allí, en aquella especie de nada. La suave brisa le revolvió el cabello y la ropa mientras observaba a derecha y a izquierda. Nada. Nadie.

¿Otra vez? Alzó una de sus manos, pálida, con los dedos delgados abiertos en abanico. No parecía uno de esos sueños, ni tampoco una de esas pesadillas. ¿Acaso... se había muerto? Los dobló y volvió a extenderlos lentamente, haciéndose plenamente consciente del movimiento de cada hueso y cada músculo. No había sentido nada. Claro que, la otra vez... Fue extraño. Sabía que tenía que dolerme pero, de algún modo... todo era tan ajeno... Apenas guardaba recuerdos de aquello, pero sí se acordaba de la nada. De ese mar blanco en el que había perdido su cuerpo y su esencia. Sin embargo, ahora seguía siendo él. Seguía siendo Gaara.

"Gaara".

Es mi nombre. Su mirada azul volvió al frente, al infinito. Me llaman a mí... No reconocía a la dueña de la voz, pero se trataba de una mujer. Una mujer con una risa cantarina y amable. Siguió oteando el horizonte, con los ojos entrecerrados, y conforme la risa se hacía más leve y tenue unos rasgos humanos comenzaron a aparecer frente a él, tal y como había hecho el "otro Gaara". Solo que, en esa ocasión, se trataba de una figura femenina. Una mujer con los ojos grandes y bonitos, de un intenso color violeta, y una sonrisa blanca que bailaba al compás de sus palabras. Le estaba hablando, charlaba con él, pero Gaara no lograba comprender lo que decía. Trató de acercarse un poco más a ella, vacilante, aunque sus piernas no le obedecieron. En su lugar, la mujer recorrió el espacio que los separaba y lo envolvió con aquellos brazos brillantes, casi espectrales. Era varios centímetros más bajita que él, así que el pelo le cosquilleó en el mentón cuando reclinó la cabeza contra la base de su cuello. ¿Madre? No... El cuerpo era demasiado cálido, demasiado real. Y la melena era mucho más rubia y más larga que la de la mujer de la fotografía. Además, huele dulce...

No podía separarse de ella para verle la cara, pero aún así tampoco lo intentó. Su contacto le aportaba una seguridad y una calma que hacía mucho tiempo que no sentía. No sabía qué era o qué implicaba todo aquello exactamente, pero en cualquier caso...

... parece un buen lugar para quedarse.


— X —


Le costó un mundo abrir los ojos. Por mucho que se esforzaba, parecían reacios a cumplir con su función de enfocar las cosas, y tuvo que parpadear varias veces con fuerza hasta conseguir distinguir el techo marrón de la habitación. Mi habitación. Lentamente, giró la cabeza para mirar a su alrededor. La luz blanca y brillante había desaparecido, igual que la mujer de los ojos violetas, que volvía a observarlo desde el marco de la mesilla. ¿... un sueño? Sin embargo, el calor y aquel perfume dulce continuaban envolviéndolo de alguna forma. Respiró hondo, ladeando la cabeza hacia el lado contrario. El hueco del colchón donde había dormido Misao estaba vacío, con las sábanas algo arrugadas.

Se ha ido. Su mirada se deslizó entonces hacia la ventana, donde el sol brillaba con fuerza en lo alto del cielo. Demasiado alto... ¿Cuánto tiempo habían dormido? Ése no era un sol de mediodía. De hecho...

Vaya —murmuró al incorporarse, aún un poco aturdido, y ver que alguien había cambiado la fecha del calendario de madera que permanecía en un rincón de su escritorio, junto a dos pequeñas macetas de cactus.

Es normal que se haya marchado. Se ha hecho muy tarde.
Casi un día completo... Nunca lo habría pensado, aunque debía de reconocer que se encontraba algo mejor. Seguía notando los músculos doloridos y agarrotados, pero al menos podía moverse con bastante menos dificultad. Se bajó despacio de la cama, apoyando los pies sobre la tarima de madera oscura, y tras dirigir una última mirada pensativa a la fotografía de su madre apoyó las manos sobre las rodillas y se levantó.

Fue un alivio comprobar que podía mantenerse en pie sin tambalearse. Esperó unos segundos, solo para asegurarse, y finalmente se dirigió despacio hacia la puerta. Al otro lado, pudo escuchar el parloteo alegre de Kankurō y los ruidos de los cuencos en la cocina. Claro, Temari ya debe de haber vuelto... Suponía que ninguno de los dos había querido despertarle para dejarle descansar, pero ya habían pasado demasiadas horas y, además, empezaba a tener algo de hambre. Por eso, giró despacio el manillar de la puerta y salió al largo pasillo que comunicaba con la cocina.



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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 29 Oct - 22:15


«You could be loved again»
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Caminando de puntillas, Misao se deslizó por todo el pasillo en dirección a la cocina, recorriendo a la inversa el camino que había trazado con Kankurō el día anterior. De esa forma, tuvo que cruzar el amplio salón en cuya mesa todas las piezas y herramientas que el marionetista había estado utilizando el día anterior, habían estado dispuestas. Ahora todo estaba recogido y un sencillo reloj de manecillas reposaba sobre la superficie. Eran las diez y media de la mañana. Hemos dormido casi un día completo, susurró su propia voz en el interior de su cabeza. Miró a su alrededor mientras se concentraba en percibir algún sonido, pero todo estaba muy silencioso. Parecía que Kankurō y Temari no habían salido de sus dormitorios…

Ya en la cocina, acercándose a uno de los armarios, se percató de algo que sin duda la alarmó. No he vuelto a casa… No he avisado a mamá y a papá. Ya se estaba imaginando la ira de Yuriko, causada por la preocupación… Me va a matar… Incluso con ese temeroso pensamiento, tenía intención de preparar previamente el desayuno a los hermanos antes de marcharse.

No sería gran cosa lo que tenía intención de preparar, además se encontraba limitada por los ingredientes que tuvieran guardados, los cuales no tardó en revisar, abriendo varios de los armarios y también la nevera. Sintió cierto apuro por estar haciendo aquello… A fin de cuentas, estaba rebuscando en una cocina que no era la suya y quizás eso a Temari no le hiciese especial gracia.

Un pequeño suspiro escapó de sus labios cuando hubo sacado todo lo que creía necesario. Tenía una buena cantidad de arroz para cocer, tres unidades de pescado para hacer a la parrilla, así como los ingredientes necesarios para preparar una sopa de miso y tamagoyaki. Con ello, era el momento de ponerse manos a la obra. Lo primero de todo fue poner el arroz a cocer. Y el pescado a la parrilla sería lo último que hiciese de todo, pues era lo más fácil y rápido. Entre medias, se entretuvo en preparar el caldo dashi, necesario tanto para el miso como para la tortilla.  Le llevó unos veinticinco minutos encargarse de ello, y cuando lo tuvo colado y limpio, lo dividió en dos, procediendo a preparar las raciones de la sopa.

Apenas estaba terminando de servirlo en tres cuencos de forma equitativa, que escuchó el picaporte de la puerta de la cocina. Se mordió el labio inferior, volviéndose algo nerviosa hacia la puerta. Allí encontró al marionetista, recostado ligeramente sobre el quicio, con el cabello castaño completamente alborotado y un brillo infantil en los ojos, los cuales tenía clavados en la comida que estaba preparando.

Vaya, vaya… Parece que hoy tendremos un buen desayuno. ¡Huele que alimenta, Misao! —exclamó Kankurō cerrando tras de sí la puerta para evitar que el ruido saliese de allí—. Definitivamente… Suerte tendrá el hombre que se case contigo —dijo guiñándole un ojo y acercándose.

Aquel comentario solo logró que rememorase el comentario tan poco apropiado que soltó el día anterior. La kunoichi le miró con los ojos entrecerrados y, sin previo aviso, le golpeó la mano que se acercaba con inocencia al arroz ya cocido, en un intento de probarlo.

No tengas morro… No me falta mucho para terminar el resto del desayuno, así que ten paciencia. Además… —ladeó la cabeza esbozando finalmente una pequeña sonrisa—. He preparado de más porque algo me dice que vas a querer repetir.

Con esa información, Kankurō no pudo contener un gesto de pura felicidad. Es un pozo sin fondo, irremediablemente, pensó satisfecha mientras se enfrentaba a la sartén donde el aceite se estaba calentando. Tomó el cuenco donde había preparado la mezcla de los huevos con el caldo dashi y el resto de ingredientes, vertiendo su contenido.

Oye, se me acaba de ocurrir una brillante idea, ¿sabes? —dijo repentinamente el chico, apoyándose sobre la encimera mientras observaba lo que ella hacía—. ¡Podrías enseñar a cocinar a Temari! Bueno, no. Creo que ni con tu ayuda sus habilidades culinarias podrían mejorar tanto. Así que… ¡Mejor aún! Te podríamos contratar como cocinera. Y así además… Te aseguras de cuidar de Gaara-sama —Al referirse a su hermano menor, puso un tono diferente y subió y bajó numerosas veces las cejas en un gesto para nada inocente—. Acurrucaditos en su camaaaaa…

Llegados ese punto de la conversación, en que su rostro había adquirido color rojo tomate, Misao había tomado una cuchara, la había llenado del arroz que le había negado antes y se la había metido de golpe en la boca para evitar que siguiese diciendo nada más.

Como y calla, Kankurō —soltó por lo bajo, agradeciendo que Gaara no estuviera ahí con ello y antes de regresar toda su atención al tamagoyaki que estaba terminando de cuajarse en la sartén.

Incluso en el arroz cocido, que es lo más simple de preparar, la diferencia entre lo tuyo y lo de Temari es abismal… —comentó finalmente el mayor, relamiéndose gustoso por el adelanto que había recibido. Misao le escuchaba en lo que apagaba el fuego y comenzaba a servir todo en platos y cuencos individuales—. Quizás su naturaleza tan temperamental le impide ser…

A medias se quedó su frase cuando escucharon nuevamente la puerta abrirse. Kankurō se quedó helado donde estaba, de espaldas a la puerta. Casi creía poder apreciar el sudor corriendo por su rostro, temiendo que fuese su hermana la que apareciese por el umbral y que le hubiese escuchado meterse con ella. Sin embargo, en su lugar, un cabello pelirrojo y alborotado fue el que llegó. Gaara se había despertado y parecía poder moverse por sí solo con menor dificultad que el día anterior.

El recuerdo de amanecer a su lado, esa escena en que dormía plácidamente, regresó a su mente y logró que sus mejillas volvieran a encenderse. No obstante, en vez de apartar la mirada, esbozó una sincera y ladina sonrisa, antes de inclinarse levemente a modo de saludo.

¡Buenos días, Gaara-sama! El desayuno está casi listo… Espero que tengas hambre… —tan pronto hubo pronunciado aquellas palabras que escuchó al marionetista exhalar un suspiro de alivio.

Además, sintió su azulada mirada sobre ella y se percató de que un atisbo de sorpresa se podía observar en su expresión. ¿Por qué?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 1 Nov - 15:16


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La voz de su hermano se extinguió de repente, y cuando lo vio entrar en el salón respiró hondo, llevándose una mano al pecho con alivio.

Ah, eres tú.

Gaara lo miró, sin comprender. Sin embargo, no tuvo opción de preguntar por la persona a la que estaba esperando Kankurō, porque una cabecita rubia asomó a su espalda con una cuchara de madera en la mano y la sonrisa extendida de oreja a oreja. ¿Misao?

—¡Buenos días, Gaara-sama! —lo saludó, animada, inclinándose respetuosamente hacia delante. Al hacerlo, parte del pelo rubio se le resbaló por el hombro y ocultó parte de su rostro, aunque en definitiva parecía tener mucho mejor aspecto que ayer—. El desayuno está casi listo… Espero que tengas hambre…

Como si quisiese corroborar sus palabras, un apetecible olor a arroz recién cocido, tortilla y sopa comenzó a inundar la sala, provocándole un retortijón en el estómago. No obstante, lo ignoró. Su mirada seguía clavada en el rostro inquisitivo de la kunoichi, aún demasiado sorprendido para poder decir nada. ¿Se ha quedado haciendo el desayuno? Después de casi un día allí y tras el largo viaje de vuelta, suponía que la chica habría querido regresar a casa con su familia para descansar... Era lo esperable. Pero, al parecer, Misao siempre encontraba la forma de romper sus cuadriculados pensamientos.

¿Cómo estás? —La voz de Kankurō, que había tomado ya asiento en la mesa, lo obligó a apartar lentamente la mirada y a reaccionar—. Tienes mucho mejor aspecto que ayer.

—afirmó, antes de mirar a su alrededor—. ¿Temari no ha vuelto?

Kankurō asintió, señalando el pasillo por el que Gaara acababa de llegar.

Seguirá durmiendo, supongo. Ayer llegó cuando ya casi se había hecho de noche. Ni siquiera se comió el arroz... aunque no me extraña —añadió en voz más baja, echando un vistazo a las cuatro bolas de paupérrimo aspecto que continuaban sobre el plato, en un rincón de la encimera—, por mucho que se empeñe, eso no hay quien se lo coma.

Gaara no dijo nada. Prefería no entrar en las peleas de sus hermanos mayores, sobre todo cuando la razón era algo tan tonto como unas simples bolas de arroz. Por suerte, Temari no estaba allí para escucharle, porque de lo contrario Kankurō habría tenido que asistir al funeral de Chiyo con un buen chichón.

Por eso, en su lugar avanzó hasta donde estaba Misao con los cuencos y la comida y echó un vistazo a lo que estaba preparando. Debía admitir que aún tenía menos idea que Temari sobre cocina, pero le parecía mal dejar que ella volviese a encargarse de todo cuando ni siquiera tenía por qué.

Pensaba que habrías vuelto a casa —comentó, por encima del burbujeo del agua hirviendo—. Tus padres estarán preocupados.

Les avisé anoche de que estaba aquí. —Cuando ambos se volvieron hacia el marionetista, sorprendidos, Kankurō se encogió de hombros, apoyando la barbilla sobre una de sus manos—. Pensé que no estaría de más que lo supieran, por si acaso.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 1 Nov - 16:18


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El mechón dorado que se había deslizado por su hombro y cubrió su rostro tras la breve y respetuosa inclinación, fue recolocado tras su oreja poco después de que se irguiese de nuevo, con la mano libre.

Bien sabía de antemano, con la expresión el brillo de sorpresa que había apreciado en sus ojos azules, que no iba a obtener respuesta. Parecía estar procesando aún su presencia en su cocina. Por esa misma razón, ladeó la cabeza sin perder su sonrisa. Le observó durante unos segundos, para buscar respuesta a la pregunta que el mayor de los tres acababa de hacer.

Parecía encontrarse bien. Su cuerpo aún reflejaba algo de debilidad pero… Su rostro había recuperado algo de color y el claro cansancio que ayer apenas le permitía mantenerse en pie se había difuminado casi por completo. Aún necesitará unos días para recuperarse… pensó mientras se volvía de nuevo hacia los fuegos donde la sartén estaba emplazada y se estaba terminando de hacer la tortilla. Dejó que ambos hermanos hablasen.

Nuevamente, un comentario acerca de las nulas habilidades culinarias de Temari salió de los labios del marionetista. ¿Tan malas eran? Seguro que no es para tanto… Aunque, recordando el aspecto de las bolas de arroz y el pulpo que vio el día anterior…  Dio la vuelta a la tortilla, moviendo seguidamente la sartén rectangular con suaves sacudidas. Y entonces sintió la presencia de Gaara muy cerca de ella. Inevitablemente, Misao desvió la mirada hacia él, comprobando que toda su atención estaba puesta en los platos que ya había preparado.

— Pensaba que habrías vuelto a casa. Tus padres estarán preocupados.

Sus largos y finos dedos giraron la rueda que regulaba el fuego, para poder apagarlo de forma definitiva. Una mezcla entre mueca y sonrisa se esbozó torpemente en sus labios mientras pasaba la tortilla a un plato, donde la cortaría para poder servirla. Tiene razón… Estarán preocupados. Lo sé desde que me he levantado y sin embargo… Aquí estoy. Preparándoles el desayuno a los tres. A él… Entreabrió los labios para prometer que en cuanto terminase de servir aquello y limpiar todos los utensilios que había utilizado, regresaría a casa para asegurarse de que sus no habían entrado en un estado de pánico por su repentina desaparición.

Mas no tuvo oportunidad.

— Les avisé anoche de que estaba aquí. Pensé que no estaría de más que lo supieran, por si acaso —escuchó que decía Kankurō repentinamente, sentado ya a la mesa mientras los observaba.

A la par, tanto el joven Kage como la kunoichi se giraron hacia él. Misao parpadeó un par de veces algo nerviosa, mientras sentía que volvía a ponerse colorada. Aquellas palabras eran una confirmación más de que les había visto dormir juntos en la cama. Y lo peor de todo era que, por lo que había comentado antes de que el pelirrojo llegase, les había visto acurrucados. Bajó la mirada al suelo durante unos instantes. No recordaba haberse movido. No recordaba haber salvado la distancia de dos palmos que al principio les había separado, ni tampoco haber tomado como almohada el hombro de Gaara. Tragó saliva sintiendo que se ponía aún más nerviosa por esos pensamientos.

Al menos, ya no tengo que preocuparme de que mi madre entre en estado de ira cuando me vea aparecer. Muchas gracias por avisarles, Kankurō —bromeó soltando una minúscula risita, intentando obligarse a pensar en otra cosa y agradeciéndole al marionetista ese gesto—. Bueno, el desayuno está prácticamente ya. Solo hay que repartir y hacer el pescado a la parrilla, que no me cuesta nada.

¿Ya? ¡Genial! Porque si os soy sincero, me estoy muriendo de hambre. Creo que hasta me podría comer las raciones de todos… —comentó en tono alegre, después de hacer un gesto con el que le quitó importancia al tema anterior. No lo dudo, la verdad.—. ¿Qué te parece si nos repartimos el trabajo ahora? Tú haces el pescado a la parrilla y yo me encargo de repartir todo. —se ofreció caballerosamente. Sin embargo, Misao bien sabía las intenciones ocultas que había tras la propuesta.

Si repartes tú no será algo equitativo… De hecho, estoy segura que el resultado sería que tus platos estarían considerablemente más llenos que los de Temari-sama y Gaara-sama —inquirió la Ichijō, mirándole de nuevo con los ojos entrecerrados pero completamente divertida cuando el mayor trató de negar aquel hecho más que evidente.

Apenas diez minutos después, estaba el pescado hecho y servido en los platos, al igual que el arroz cocido y la sopa de miso en los boles; también había repartido la tortilla. Entre todos, llevaron las cosas a la mesa. Ambos hermanos tomaron asiento, sin quitarle ojo al desayuno, claramente hambrientos.

¡Espero que sea de vuestro gusto! —deseó la joven, con una sonrisa, sabiendo lo que venía ahora: limpiaría los utensilios y regresaría a casa, donde ya desayunaría ella, se ducharía y arreglaría para asistir al funeral de la Venerable Chiyo.


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