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~ You could be loved again

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~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 24 Abr - 23:04

Recuerdo del primer mensaje :


«It is possible...»
«You could be loved again»


Hacía poco que Sunagakure había encontrado a su nuevo Kazekage. Quizás el más joven que se había visto hasta el momento en ese puesto. Gaara del Desierto, el Jinchūriki que portaba el Bijū de una cola, el temido Shukaku, tenía ese privilegio.

Había logrado alcanzar uno de los sueños que se había propuesto cumplir tras conocer a Naruto durante los Exámenes Chūnin. El joven de grandes ojos azules y cabello rubio alborotado comprendía su dolor, por todo lo que había pasado. Sin embargo, había escogido esforzarse en ser buena persona y hacer ver que podía ser alguien; justo lo contrario a lo que él había hecho: cerrarse sobre sí mismo, perder la esperanza en todo y todos, dejando que el odio le carcomiese por dentro, consumiéndole. Pero le había abierto los ojos con su amabilidad y el esfuerzo, con esa sonrisa que le mostró incluso después del enfrentamiento que los había dejado a ambos agotados y casi destrozados. Le debía mucho… Pero no solo a él. Sino a todas aquellas personas a las que había causado dolor y agonía cuando no era capaz de controlar a Shukaku en su interior.

Por supuesto, aún quedaban personas reticente a ese cambio. No les gustaba que alguien que albergaba a un poderoso Bijū estuviera al mando, que fuera el responsable de su seguridad. De hecho, mucho de los ninjas que conformaban el cuerpo de Sunagakure también dudaban de que aquello hubiera sido la elección acertada. Gaara era consciente de que, a pesar de haberse convertido en Kazekage, aún debía ganarse la confianza de su pueblo. Y lo haría.

No aspiraba más que a la aceptación. No esperaba tampoco que pudiera llegar a interesarle a nadie de otra forma diferente a una relación laboral… O fraternal. Ni siquiera creía que el mismo pudiera desarrollar sentimientos por otra persona más lejos de eso. Sin embargo, se sorprendería de ello cuando Misao, la hija de uno de los miembros del Consejo, que se encontraría reunido, irrumpiese repentinamente con el único objetivo de traerle unos documentos a su padre. El resto de miembros vería aquello con malos ojos pero el joven pelirrojo, sencillamente, le quitaría importancia.

Avergonzada por lo sucedido, la joven se presentaría después en su despacho para pedir disculpas educadamente, momento en el que esta curiosa historia daría comienzo.


«PERSONAJES»
«17 años の Kazekage の Carrie_B»
«Gaara del Desierto»

«17 años の Ninja の SapphireDragon»
«Ichijō Misao»


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Última edición por SapphireDragon el Mar 29 Ago - 17:46, editado 2 veces


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 1 Nov - 17:51


«You could be loved again»
X. Dulces y esperados sueños


La propuesta de Kankurō no generó demasiado entusiasmo en Misao, que le observaba con los ojos entrecerrados y la sonrisa aún alzando las comisuras de sus labios. Le sorprendió ver que parecían llevarse bastante bien, a pesar de que no los había visto juntos en demasiadas ocasiones. Pero no era de extrañar. Su hermano solía ser un poco engreído de primeras, aunque también había sido siempre el más abierto y rocero de los tres. Nunca le había costado hacer amigos nuevos.

—Si repartes tú no será algo equitativo… De hecho, estoy segura que el resultado sería que tus platos estarían considerablemente más llenos que los de Temari-san y Gaara-sama.

Kankurō palideció unos segundos, antes de soltar una risita aguda y mesarse el pelo castaño de la nuca.

—¿Pero qué dices, mujer? No se me ocurriría hacer eso ni en un millón de años —aseguró, acompañando cada palabra de una risita que, en efecto, le restaba bastante credibilidad—. Hay que ve qué cosas tienes, Misao...

De hecho, aún seguía murmurando cosas cuando, finalmente, la muchacha colocó todo en sus respectivas bandejas y lo sirvió en la mesa con su ayuda. La sopa de miso humeaba todavía en el cuenco cuando los dos tomaron asiento, aunque no pareció importarles. Olía de maravilla, igual que todo lo demás.

—¡Espero que sea de vuestro gusto!

Seguro que sí —asintió el marionetista, encantado, con los palillos ya en la mano y a punto de atacar su sopa. Sin embargo, se detuvo al ver que Gaara no hacía lo mismo—. ¿Eh? ¿Qué pasa?

El pelirrojo se había quedado mirando el tercer bol, colocado estratégicamente en el lado contrario de la mesa, y entonces sus ojos azules volvieron al rostro de Misao, que se mantenía a un lado, de pie. Había supuesto que la tercera ración sería para ella y la de Temari aguardaría aún en el fuego, para que no se enfriase, pero al parecer se había equivocado. Ésa era la ración de su hermana, y entonces...

¿Y tu plato? —preguntó, extrañado.

Kankurō frunció el ceño, siendo consciente por primera vez de la disposición de la mesa. Tres cuencos, tres platos de tortilla y tres pescados. Aunque ellos eran cuatro. Pero solo había tres. Parpadeó, rascándose la cabeza.

Anda, pues es verdad. ¿Dónde está tu desayuno, Misao?

La joven kunoichi negó rápidamente con la cabeza, alzando ambas manos.

—No os preocupéis por mi. No tengo demasiada hambre. Voy a recoger ahora todo lo de la cocina... —dijo, señalando la pila atestada de cazuelas y utensilios usados, y entonces un sonido hueco y largo la obligó a enmudecer.

Los tres se quedaron en silencio, viendo cómo la cara de Misao se volvía más y más roja, hasta que de pronto Kankurō rompió a reír a carcajadas. Incluso Gaara sonrió levemente al comprender que aquel gruñido gutural había procedido de su estómago, y por eso la chica no sabía dónde meterse.

Pues tu estómago dice lo contrario... —murmuró, mientras Kankurō seguía doblado sobre su cintura, partiéndose de risa.

¿Qué es tan gracioso?

Kankurō enmudeció de pronto al oír la voz severa y aún tomada de Temari, que acababa de aparecer en la puerta del salón, aún despeinada y con cara de sueño. Siempre se despertaba de bastante mal humor, pero si encima era otra persona la que interrumpía su sueño... Gaara vio cómo una gota de sudor recorría la cara congestionada de su hermano conforme la muchacha se acercaba a ellos, aunque se detuvo nada más ver a Misao.

¿Qué hace ella aquí? —preguntó, con el ceño fruncido. Aunque, tras ver a Gaara, pareció cambiar de opinión respecto a sus prioridades—. Gaara, ¿cómo estás? ¿Te encuentras mejor?

El chico asintió levemente con la cabeza, y entonces la atención de Temari regresó con todas sus fuerzas a Misao. Al menos, hasta que olió el cuenco de sopa miso, el pescado y la tortilla encima de la mesa, y sus ojos se abrieron de par en par.

¿Habéis... habéis preparado el desayuno? —tartamudeó, incrédula.

Lo ha hecho Misao —contestó Gaara, justo cuando Kankurō había comenzado a asentir tímidamente con la cabeza. Aunque, tras oír la confesión de su hermano pequeño, se quedó completamente paralizado. Dichoso Gaara... Hay que aprender a mentir de vez en cuando...

E-eso justo estaba diciendo yo...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 1 Nov - 20:20


«You could be loved again»
X. Dulces y esperados sueños


Claramente, había leído y comprendido las intenciones del marionetista sin problema alguno. Por mucho que él lo negase, la risita aguda y nerviosa así como ese gesto con el que se revolvía el cabello le delataban. Frunció los labios en un intento de reprimir una carcajada al respecto, mientras les acompañaba a la mesa y disponía todo en los tres sitios. Uno para Kankuro, otro para Gaara y el último para Temari cuando se despertase.

Permaneció unos segundos de pie, junto a la mesa, tras desearles que disfrutasen del desayuno, curiosa a la par que nerviosa por saber si les gustaría. El mayor parecía tener la clara intención de comenzar a comer cuando se percató de la expresión en el rostro de su hermano. Fue por su pregunta que ella también se dio cuenta de la fija mirada que el pelirrojo le echaba al cuenco de sopa de su hermana.

¿M-Mi plato? ¿Esperaban… que desayunase con ellos? No. No podía… Ya había hecho suficiente durmiendo en su casa, en la habitación del Kage, en su misma cama a su lado con la mejilla apoyada sobre se hombro. Temari montaría en cólera y probablemente la odiase aún más si supiese todo aquello. Y si se la encontraba desayunando amigablemente con sus hermanos en el comedor de su casa…

— Anda, pues es verdad. ¿Dónde está tu desayuno, Misao?

El apuro acudió a su cuerpo, esbozó una torpe sonrisa mientras comenzaba a negar con la cabeza repetidamente. También alzó ambas manos, en un gesto para quitarle importancia al asunto. Solo se le ocurría decir una cosa ante todo aquello para que no insistiesen.

No os preocupéis por mi. No tengo demasiada hambre. Voy a recoger ahora todo lo de la cocina... —comentó volviendo la mirada a todos los utensilios que recién había utilizado para preparar la comida, señalándola con el dedo índice.

Sin embargo, tan pronto como creyó encontrar una buena explicación para que no hubiese preparado nada para ella, su propio cuerpo la traicionó vilmente. Su estómago, rebelde y en contra de sus palabras, se quejó con un sonoro gruñido. De un momento a otro, todo su rostro así como sus orejas enrojecieron por la vergüenza. Bajó la mirada al suelo, logrando ocultarse entre sus largos cabellos rubios, mientras escuchaba las carcajadas de Kankurō resonar por toda la casa. ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi…?

— Pues tu estómago dice lo contrario...

Vale. Eso sí que no se lo había esperado. Aquellas palabras murmuradas por Gaara solo lograron que su hermano mayor se riese con mayor intensidad y descontrol ante la situación. Muerta de vergüenza, alzó ligeramente la cabeza, apreciando la pequeña sonrisa dibujada en los labios del pelirrojo. ¿A él también le ha hecho gracia…? Eso parecía. Sinceramente, en esos momentos solo deseaba hacerse invisible y, de hecho, pensó que quizás lo mejor sería regresar a la cocina sin más, para hacer lo que tenía planeado.

No obstante, cuando su cuerpo había comenzado a moverse, una voz femenina con tono algo adormilado y molesto resonó. La risa de Kankurō cesó casi al instante y Misao creyó escucharle tragar saliva con nerviosismo. No podía culparle… Los nervios y la inseguridad crecieron en su interior en cuanto la mirada de ambas se encontró. Apreció cómo fruncía de forma pronunciada el ceño mientras hacía la pregunta más lógica para ese momento.

Tampoco era que les diese tiempo a contestar, pues su atención se desvió casi de inmediato a Gaara y posteriormente al desayuno. Parecía no creerse lo que veía.

— ¿Habéis... habéis preparado el desayuno?

— Lo ha hecho Misao

Tan pronto como el joven Kazekage informó a su hermana de quién había sido la verdadera cocinera de todo, ésta volvió a girarse hacia ella. Nuevamente, su entrecejo se arrugó a la par que la contemplaba. La joven Ichijo no sabía qué iba a ser lo que vendría después de aquello, pero suponía que no le gustaría ni un pelo que hubiese accedido a su cocina sin permiso y por cuenta propia.

Bu-Buenos días, Temari-sama —comenzó diciendo, mientras repetía la educada inclinación de saludo frente a ella—. Sí… Yo he les he preparado el desayuno a los tres —corroboró tragando saliva y volviendo a sostenerle la mirada tras incorporarse—. Espero que todo sea de su agrado. Voy a recoger todo en la cocina y después les dejaré. No quiero molestar más… —Aseguró esbozando un sonrisa nerviosa, mientras sujetaba con fuerza la bandeja donde había traído parte de los cuencos y los platos.

Se inclinó nuevamente para excusarse con intención de regresar a la cocina y dejarles desayunar sin que le interrumpiese.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Jue 2 Nov - 17:54


«You could be loved again»
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—Bu-Buenos días, Temari-sama —susurró Misao, inclinándose de nuevo frente a la rubia con toda su educación. Temari la observó fijamente mientras lo hacía, con el ceño aún fruncido y las manos en las caderas—. Sí… Yo he les he preparado el desayuno a los tres. Espero que todo sea de su agrado. Voy a recoger todo en la cocina y después les dejaré. No quiero molestar más…

...

Temari apretó los labios en una fina línea, viéndola sonreír con nerviosismo e inclinarse otra vez. Odiaba a la gente extremadamente complaciente. Siempre había tenido la sensación de que una cualidad así en un ninja lo volvía alguien maleable y débil, y la Arena no necesitaba shinobis así.

Su mirada clara repasó a la joven de arriba a abajo, desde las manos temblorosas hasta la sonrisa que seguía esforzándose por mantener, pese a las circunstancias. ¿Por qué ha vuelto aquí? Es la alumna de Gaara, no nuestra criada. Además, ¿qué pretendía con todo aquello? Kankurō y Gaara eran sus hermanos menores. Era ella la que debía de hacerse responsable, y no esa cría metomentodo. Por eso, pese a ver cómo la mirada de Misao se entristecía al darse la vuelta para volver a la cocina, permaneció callada.

Misao iba a desayunar con nosotros.

La voz de Gaara la sobresaltó. Buscó su rostro, sorprendida por su intervención, pero no vio ningún atisbo de reproche o enfado en su rostro impasible. De hecho, su tono reflejaba una tranquilidad pasmosa. Tragó saliva, debatiéndose consigo misma y con lo que consideraba correcto.

Pero, Gaara... —protestó, frunciendo aún más el ceño.

No es nuestra criada. No es nadie de nuestra familia. Solo es una cría cualquiera. No debería de estar aquí, y mucho menos sentarse contigo a la mesa. Eres el Kazekage, te debe una...

Cuando bebas agua, recuerda la fuente. Siempre decías eso.

Aquello último logró hacerla enmudecer. Es verdad. Siempre... solía decir eso. Cuando era niña, Temari había estado muy unida a su madre, y repetía como un loro todo lo que Karura decía. A Kankurō le ponía de los nervios, pero ella se sentía muy sabia y muy adulta. Después, cuando su madre falleció, asumió que su papel en la familia era cuidar de sus hermanos pequeños. O, al menos, de uno de ellos, aunque a Kankurō le hubiese resultado una pesadez tenerla encima día sí y día también. Por eso, nunca habría creído que, precisamente Gaara... ¿Nos escuchabas? Por muy distante y huraño que parecieses siempre, ¿nos escuchabas de verdad cuando hablábamos de ella?

... tienes razón. —Cerró los ojos unos segundos, para luego esbozar una débil y triste sonrisa—. Has sido muy amable con mis hermanos, Misao, y yo me estoy comportando como una maleducada. Perdona. Y, por favor... quédate con nosotros a desayunar.

Sus mejillas se encendieron levemente mientras apartaba la mirada, algo incómoda. Odiaba tener que reconocer que se equivocaba, pero en aquella ocasión no le había quedado más remedio. Siempre decías que teníamos que ser agradecidos con las personas, ¿verdad madre? Y yo no paraba de repetirlo. Se lo decía a Kankurō a todas horas, para que no se convirtiese en un egoísta, tal y como tú querías. ¿En qué momento olvidé todo eso?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Vie 3 Nov - 0:38


«You could be loved again»
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La atmósfera relajada y tranquila de la que habían disfrutado previamente se había desvanecido. Ahora todo eran nervios y tensión. No solo por parte de Misao, sino también por la de Kankurō. El marionetista tenía un claro reflejo de culpabilidad y temor en su rostro, probablemente por todo lo que había estado diciendo de la comida de la mayor; temía que le hubiese escuchado y se fuese a cobrar su venganza de alguna forma.

Sin embargo, después de haber hablado, la atención de Temari estaba completamente puesta en ella. Se sintió bastante pequeña y fuera de lugar ante esa intensa mirada, que parecía estar evaluándola de arriba abajo. Su expresión denotaba cierta molestia. Probablemente por su presencia y quizás… por haberse encargado de algo que era cosa suya. A pesar de todo, Misao trató de mantenerse entera frente a ella, aunque sin llegar a desafiarla. No deseaba empeorar aún más las cosas.

Por esa misma razón había tenido intención de retirarse, recoger lo que había ensuciado mientras ellos desayunaban en familia. Ya había cumplido su promesa con Gaara: había permanecido a su lado mientras dormía, sin dejarle solo. Lo último que quiero es resultar molesta… pensó en lo que su menudo cuerpo comenzaba a girarse para recorrer el trayecto a la cocina.

— Misao iba a desayunar con nosotros.

La sorpresa fue algo común en las dos chicas de cabellos rubios, que terminaron posando inevitablemente la mirada sobre el joven Kazekage. El inicio de una protesta no tardó en brotar de los labios de Temari, para nada convencida de aquello. Otra vez las palabras de advertencia, destinadas a dejar clara cuál era la posición que ella tenía respecto al pelirrojo, reverberaron en su mente nuevamente.

— No importa. De verdad. He de volv--- —comenzó a decir ella también, en un intento de aclarar la situación de forma educada.

Pero nuevamente, la voz de Gaara con ese característico tono calmado y sin reproche alguno, recitó una frase. Nunca la había escuchado antes, pero tuvo casi un efecto inmediato en la kunoichi, que sin duda abrió los ojos algo más de lo normal. Sin duda la reconocía…

Permaneció en silencio, nuevamente clavada en el sitio, incapaz de moverse o interrumpir. Misao bajó la mirada al suelo, mientras continuaba sosteniendo la bandeja entre sus manos. Éstas ya habían dejado de temblar, pero sus nudillos blanquecinos delataban la fuerza con la que la aferraban. Quería poder hacer o decir algo para mejorar la incómoda situación en la que se encontraban.

— ... tienes razón. Has sido muy amable con mis hermanos, Misao, y yo me estoy comportando como una maleducada. Perdona. Y, por favor... quédate con nosotros a desayunar.

¿Qué…? ¿Había escuchado bien…? ¿O su deseo de que las cosas con Temari fuesen más sencillas le estaba haciendo soñar despierta? Alzó el rostro agachado, encontrando de esa forma con sus grandes ojos violetas los claros de la chica. Se había ruborizado, igual que lo estaba haciendo Misao en ese preciso instante sin razón alguna. Abrió y cerró varias veces los labios, queriendo encontrar las palabras adecuadas para responder. Ahora ella también le estaba invitando a desayunar… Y los tres parecían estar esperando, expectantes, su respuesta. Negarse llegados ese punto resultaría grosero y de mala educación, aunque con ello quisiera dejarles el tiempo a solas que durante esos últimos días les había sido negado.

No ha sido nada, de verdad… —terminó diciendo, con una nueva sonrisa, algo más tranquilla—. Y no debe disculparse, Temari-sama. Yo quiero pedir disculpas por haber usado sin permiso la cocina y por las molestias que he causado —una pequeña y avergonzada mueca se dibujó en sus labios al decirlo—. S-Será un placer desayunar con vosotros…

Y con aquello último, Kankuro pareció verse liberado de la extraña fuerza invisible que le había mantenido mudo durante esos últimos minutos. Todos le escucharon soltar un largo suspiro mientras tomaba nuevamente con ánimo los palillos entre sus dedos.

Bien, pues está todo decidido. Misao, sírvete algo para ti y ven ipso facto a sentarte a la mesa con nosotros. Que quiero empezar ya a desayunar o mi estómago comenzará a rugir tanto como el tuyo antes —soltó el marionetista, a fin de picarla un poco.

Misao le lanzó una mirada asesina por hacerle recordar ese vergonzoso momento antes de dirigirse finalmente a la cocina para llenarse un bol con arroz y otro con la poca sopa que había sobrado. Mientras lo hacía, el alboroto entre Temari y Kankuro comenzó. Todos sabemos quién va a ganar de los dos… pensó sintiendo algo de pena por el chico, pero sonriendo inevitablemente.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Vie 3 Nov - 21:01


«You could be loved again»
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Misao tardó en contestar, y aquello solo hizo que la incomodidad de Temari creciese todavía más. Sabía que su hermano tenía razón en lo que había dicho, pero... es frustrante sentirme tan tonta. Sin embargo, cuando por fin pareció encontrar el valor para despegar los labios, las palabras de la rubia aliviaron el peso que sentía en el estómago. Ambas se miraron durante unos breves instantes, y Temari esbozó una débil sonrisa antes de asentir bruscamente y tomar asiento entre sus hermanos. En ese aspecto, no era mucho más ducha que ellos...

Bien, pues está todo decidido —concluyó de inmediato Kankurō, que hasta aquel momento se había esforzado todo lo posible por mimetizarse con la mesa. Ahora, en cambio, parecía de lo más relajado—. Misao, sírvete algo para ti y ven ipso facto a sentarte a la mesa con nosotros. Que quiero empezar ya a desayunar o mi estómago comenzará a rugir tanto como el tuyo antes.

¿A rugir? Su mirada inquisitiva se posó sobre Gaara, pero éste negó levemente con la cabeza y se limitó a dejar sitio para la muchacha, que se acercaba de nuevo a la mesa con un cuenco de sopa y una ración de tortilla. Solo entonces se permitió concentrarse de verdad y por primera vez en las raciones que ella tenía delante. El pescado olía estupendamente, y la sopa de miso emitía un vaporcillo de lo más apetecible. Y la tortilla... ¿Hacía cuánto que no desayunaba tamagoyaki?

Ale, ¡pues que aproveche!

Gaara asintió, cogiendo la cuchara y hundiéndola despacio en la sopa humeante. El líquido caliente le resbaló por la garganta hasta el estómago hambriento, reconfortándolo desde dentro. Estaba bastante rica, ligeramente dulce, y desde luego mucho mejor de lo que recordaba que sabía la sopa miso. A su lado, Temari se llevó también la primera cucharada a la boca y paladeó el caldo, bastante sorprendida. Mierda. Está riquísimo. Probó otra más, desviando la mirada hacia la joven kunoichi con disimulo, y no pudo evitar fruncir el ceño. ¿Por qué cocina tan bien? Ni que fuera tan sencillo...

Ahhhhh. —Kankurō se relamió los labios, depositando el cuenco ya vacío encima de la mesa—. Por fin un desayuno en condiciones. Esto es una maravilla, Misao.

¿Qué estás insinuando, Kankurō?

¿E-eh? —Al ver la mirada furibunda de su hermana posada sobre él, el marionetista tragó saliva, buscando una excusa plausible—. ¡Na-nada, mujer! Solo comentaba que... que... este desayuno está muy bien para reponer fuerzas. Desde luego, para el día a día resultaría muy pesado. ¡Tus bolas de arroz quemadas son lo mejor para una mañana cualquiera!

La venita que había comenzado a crecer en el cuello de Temari aumentó sensiblemente de tamaño, conforme sus puños se cerraban sobre la mesa de madera.

¿Estás diciendo que mi comida es vulgar?

¿¿¿Q-q-qué dices??? ¿Vulgar? —Se echó a reír estruendosamente, con el agobio bien presente en las facciones—. ¡Yo no he dicho eso! Gaara, Misao, vosotros no habéis entendido eso, ¿a que no?

He entendido que se le quemaba el arroz.

E-eh... yo no... tal cual no... ¡Qu-qué bromista eres a veces, hermanito! ¡Ja, ja, ja, já!

Pedazo de imbécil. —Antes de que pudiese darse cuenta, Temari se había personado justo a su lado y había cerrado los dedos bruscamente en torno a la parte superior de su oreja—. Ni se te ocurra volver a criticar mi comida, vago redomado. Habría que verte a ti haciéndote cargo de todas las tareas que hago yo...

Mientras ellos continuaban discutiendo, ajenos a todo lo demás, Gaara tragó la cucharada que acababa de llevarse a la boca y se ladeó hacia Misao.

Sabe muy bien. La sopa —añadió, justo antes de que Temari golpease la cabeza de Kankurō con el codo y volviese a tomar asiento de forma digna, empuñando la cuchara de nuevo.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 4 Nov - 16:35


«You could be loved again»
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Con el desayuno ya en la mano, Misao regresó al comedor y tomó asiento en la silla que quedaba libre. Por unos instantes, se sintió algo cohibida, mientras mantenía la mirada en la comida que acababa de servirse. Había dormido ahí en la habitación con Gaara… Y ahora estaba desayunando junto a él y el resto de su familia. ¿Cómo había podido pasar todo eso?

— Ale, ¡pues que aproveche! —exclamó Kankurō tan pronto como ella se hubo sentado y tomado sus palillos.

Sin embargo, antes de probar el primer bocado, esperó unos segundos. Sinceramente, estaba algo nerviosa por saber cómo estaba todo, si era de su gusto. Aunque los dos chicos ya habían pasado previamente por el restaurante de los Ichijō, la comida que habían degustado había sido producto de la habilidad culinaria de su madre, no suya. No era que se le diese mal cocinar… pero era completamente consciente de que aún le quedaba mucho por aprender y mejorar para alcanzar algún día el nivel de Yuriko.

Finalmente, una sonrisa se curvó en sus finos labios y un brillo complacido se reflejó en sus grandes ojos violetas al comprobar que Temari parecía disfrutar de la sopa de miso, tanto como lo hacían sus hermanos menores. De hecho, el marionetista parecía no haberse podido contener y se había terminado en apenas minuto y medio el cuenco entero, lo que sin duda dejó ojiplática a Misao.

— Por fin un desayuno en condiciones. Esto es una maravilla, Misao —soltó como halago el mayor. Sus mejillas se encendieron levemente por ello, antes de percatarse de que aquello era una forma de dejar claro que los desayunos de su hermana mayor no eran… de su gusto.

— ¿Qué estás insinuando, Kankurō?

Ay, madre… Misao ya temía por la integridad física de Kankurō al percatarse del ceño fruncido en el rostro de Temari. Esto no va a acabar bien… Al menos no para él. A fin de cuentas, aunque fuese poco tiempo el que se llevaban tratando, la kunoichi podía confirmar sin lugar a dudas que el marionetista podía ser un verdadero bocazas. Además de que en situaciones como aquella, mentir no se le daba precisamente bien.

La conversación terminó convirtiéndose en algo más como una disputa fraternal en la que el comentario de Gaara, tan objetivo como siempre, solo puso a su hermano en un apuro mayor. ¿Esto es lo que significa tener hermanos? se preguntó repentinamente, mientras se llevaba un trozo de tortilla a la boca y disfrutaba de su sabor. Incluso discutiendo como lo hacen ahora… Recuerdo cómo se apoyaron cuando Gaara estuvo en el hospital. Recuerdo… el dolor en sus rostros antes de que la Venerable Chiyo diese su vida para traer de vuelta a Gaara. Nuevamente una sonrisa se dibujó en sus labios. No está solo… Le quieren mucho y se preocupan por él. Le cuidan… Tiene mucha suerte

Pensando en ello, Misao alzó la mirada de su comida buscando al pelirrojo. Lo que no se esperó fue encontrarle inclinado ligeramente en su dirección.

— Sabe muy bien. La sopa

Cinco palabras simples y concisas para expresar que le gustaba su comida y su pulso se aceleró, mientras en su pecho se expandía un sentimiento de felicidad.

Me alegro de que sea de tu gusto… —musitó en respuesta, justo antes de escuchar el quejido de Kankurō y percatarse del creciente chichón en su cabeza. Parpadeó perpleja aunque algo divertida también antes de atreverse a preguntarle—. ¿Son siempre así? ¿Temari-sama y Kankurō?

Seguidamente, se llevó el último trozo de tamagoyaki de su plato a los labios, antes de continuar con su sopa y el poco arroz que también se había servido.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 4 Nov - 19:37


«You could be loved again»
X. Dulces y esperados sueños


La muchacha sonrió, asintiendo a sus palabras.

—Me alegro de que sea de tu gusto… —susurró, justo antes de que Temari tomase asiento, con la barbilla alzada y el ceño aún fruncido, y retomase su desayuno—. ¿Son siempre así? ¿Temari-sama y Kankurō?

¿Así? —inquirió el pelirrojo, que acababa de hundir de nuevo su cuchara en el cuenco.

La observó, buscando entender a qué se refería con aquello, cuando escuchó un leve quejido proveniente del otro lado de la mesa. Frente a él, Kankurō se sujetaba la cabeza con los ojos llorosos y la mandíbula muy apretada, allí donde había comenzado a crecer un pequeño chichón. Después, sus ojos se desviaron al rictus que aún se mantenía fijo en los labios de Temari, y entonces comprendió. Sacudió la cabeza levemente, volviendo su atención  a su plato.

Supongo. Pero parece que es algo normal.

Al menos, eso solía decirle Kankurō cuando bromeaba con él. Que era algo "clásico" entre hermanos. Gaara no lo había sabido hasta ese momento, así que suponía que Misao tampoco tenía por qué estar al tanto de aquella norma extraña. Hasta donde él sabía, era hija única... Aunque yo tampoco acabo de encontrarle el sentido, tuvo que admitir, antes de seguir comiendo.

Media hora después, los cuatro habían terminado de desayunar y recogido todos los platos en su sitio. El funeral por la señora Chiyo tendría lugar a las doce de la mañana en el cementerio de Suna, donde ya se estaban ultimando todos los preparativos. Temari se había encargado de que se le diese el homenaje que correspondía a tantos años de fiel servicio a la Aldea de la Arena, y los dos grupos de Konoha también pretendían asistir antes de emprender el camino de vuelta. A Gaara, como Quinto Maestro Kazekage de su Aldea, le correspondía presidir el evento que daría despedida a la marionetista, y pese a que Temari había peleado porque continuase descansando al menos un día más, el Consejo de la Villa no había cedido terrero en ese aspecto.

Está bien —murmuró con calma, levantándose de la mesa despacio. El cuerpo le reaccionaba ya bastante bien, y aunque la sensación de agotamiento y el dolor generalizado seguían ahí, podía obviarlos sin ningún problema. Además, había pensado ir de todas formas—. Creo que es lo mínimo que le debo.

Qué remedio —coincidió ella, antes de emitir un leve suspiro. No estaba de acuerdo con esa decisión, pero no había nada que pudiese hacer contra el Alto Mando, y mucho menos contra el propio Gaara—. Pero no te fuerces mucho, ¿vale?

Seguidamente se volvió hacia Misao, que permanecía de pie al lado de Kankurō.

Deberías irte a casa para poder cambiarte, Misao, o llegarás tarde. Apenas queda media hora para el funeral. Oh, y... —añadió, antes de que la muchacha abriese la boca para despedirse. La vio ponerse nerviosa, mordiéndose sin querer el labio inferior, y eso fue suficiente para hacerla sonreír—, gracias por el desayuno.


の Con Misao の Casa de los hermanos de la Arena の Por la mañana の
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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 14 Nov - 23:54


«You could be loved again»
X. Dulces y esperados sueños


— Supongo. Pero parece que es algo normal.

¿Supone? Una suave risita escapó de entre los labios de la kunoichi ante la simple respuesta de Gaara. La mirada confusa y sorprendida por su reacción no se hizo esperar y Misao sencillamente negó con la cabeza, tratando de asegurarle de esa forma que no era nada. No puedo negar… que tengo algo de envidia. Temari había retomado su desayuno, con el rostro algo más tenso, tratando de actuar como si nada hubiera sucedido. Por su parte, Kankurō la miraba de reojo con cautela, mientras se frotaba con un claro gesto dolorido la zona donde había recibido el golpe de su hermana mayor.

No fue mucho más lo que tardaron en terminar la comida. Principalmente, porque aún debían recoger todo y la hora parecía que se les estaba echando encima. Las doce del mediodía estaban cada vez más cerca y aún debían prepararse y acudir al cementerio de Sunagakure. Sería la tercera vez en menos de un año que Misao lo visitase, algo bastante fuera de lo común. Trabajando en equipo, recogieron, fregaron, secaron y guardaron todos los utensilios y la vajilla que habían empleado.

Los ojos violáceos de la joven, una vez hubieron terminado, se posaron en las manecillas de uno de los relojes que había en el salón. Voy a tener que apresurarme… se dijo a sí misma, mordiéndose el labio inferior con fuerza y mientras la mayor de los Hermanos de la Arena fruncía el ceño con una ligera preocupación, mientras hablaba con Gaara.

— Deberías irte a casa para poder cambiarte, Misao, o llegarás tarde. Apenas queda media hora para el funeral. Oh, y... —hizo una muy breve pausa, con su mirada de tonalidad clara posada en ella. Misao había hecho ademán de despedirse por el momento para regresar finalmente a su casa, pero estaba claro que aún no había terminado de hablar. Fueron tan solo unos segundos de espera, pero los suficientes para sentir los nervios regresar a ella y expresarse en ese inconsciente gesto de morderse el labio inferior—, gracias por el desayuno.

Oh… Parpadeó varias veces sorprendida. Había esperado que le diese alguna instrucción más para el evento o cualquier otra cosa. Pero no… un agradecimiento tan sincero. A raíz de ella, los nervios comenzaron a disiparse y una sonrisa se dibujó en sus labios, acompañados de una gracioso rubor.

Ha sido un placer, Temari-sama. Yo también les debo dar las gracias —aseguró mientras se inclinaba ligeramente hacia delante de forma respetuosa, como otras tantas veces había hecho—. M-Me marcho entonces. Y no se fuerce, maestro… Aún debe descansar —dijo dirigiéndose directamente al pelirrojo.

Con una última sonrisa, Misao se despidió de los tres hermanos, antes de desaparecer por la puerta y echar a correr por las amplias y arenosas calles de Sunagakure, en dirección a su casa.


———————


El silencio sepulcral que caracterizaba al cementerio de Suna tan solo se veía perturbado por las corrientes siseantes de aire y el crujir de la arena bajo los numerosos pasos de todas las personas que continuaban llegando.

Figuras importantes y altos cargos habían acudido al lugar, entre ellos los Ancianos Venerables y el hermano de la señora Chiyo junto con su cuerpo de seguridad; también estaban presentes los miembros del Escuadrón de Marionetistas, donde se encontraba Kankurō. No podían faltar los dos equipos enviados por la Aldea Oculta de la Hoja; los cabellos rubios, rosados y blanquecinos de los miembros del Equipo 7 resultaban inconfundibles… Al igual que las incesantes lágrimas que brotaban de los grandes ojos verdes de Sakura. Junto a ellos, el resto de sus compañeros del Equipo 1 miraban con semblante serio y triste la escena que estaba teniendo lugar.

En una marcha lenta y continua, el ataúd de pequeño tamaño se dirigía directamente hacia la profunda fosa abierta frente a una reciente lápida con silueta de reloj de arena, junto a la cual se encontraba el joven Kazekage. Vestía, como de costumbre cuando presidía actos de gran importancia, la blanca túnica y el característico sombrero blanco y verde con el kanji que rezaba su cargo grabado en él.

Una vez depositado el ataúd en su eterno lugar de descanso, todas las miradas recayeron nuevamente en Gaara. Misao pudo apreciar desde una posición no muy lejana, junto a Akira y Yuriko, el par de pasos que dio al frente. Sus facciones continuaban tan impertérritas como siempre habían sido, aunque casi podía asegurar que sus ojos expresaban mucho más el profundo agradecimiento, así como el sentimiento de deuda para con la Anciana… Una deuda que jamás podría pagarle. Unos segundos después, el breve pero significativo discurso comenzó.


———————


Flores y otras ofrendas habían sido depositadas junto a la lápida, como último regalo a la señora Chiyo. La multitud que había acudido al entierro comenzó a menguar hasta el punto en que tan solo permanecieron en el lugar Ebizō, los hermanos de la Arena, los ninjas de la Hoja así como la propia Misao.

La primogénita de los Ichijō permaneció junto a sus padres durante varios minutos, en completo silencio. Mas no fue mucho lo que Yuriko y Akira aseguraron que era el momento de regresar a casa, no sin antes presentar sus respetos a la difunta. La familia entera se acercó entonces y rezaron por el bienestar de la anciana en la otra vida, de forma respetuosa.

La mirada de Misao, nada más acercarse a saludar a Sakura y el resto, terminaron desviándose en un punto más allá de ellos. No muy lejos de allí, se encontraba la zona de los caídos en el ataque del Ichibi de hacía doce años. Mizuki… No podía irse de allí sin verla, sin contarle todo lo sucedido, sin confesarle que había perdonado y olvidado a Gaara después de haberle perdido y recuperado.

Se disculpó y despidió de todos los presentes incluidos sus padres, a los que no necesitó explicar cuáles eran sus intenciones. A penas había dado un par de pasos alejándose del grupo, sintió la mirada de Gaara sobre ella y no pudo evitar volverse hacia él. El violeta de sus ojos chocó con el aguamarina de los de él durante varios segundos, tras los que le dedicó una pequeña sonrisa y un breve gesto de respeto con la cabeza antes de reemprender la marcha.

Minutos después, se hallaba completamente sola frente a la lápida de su amiga de la infancia. Las flores que había traído consigo unos meses atrás se habían marchitado y el agua que debía haberlas mantenido unos pocos días, se había evaporado por completo. Pero lo que realmente le llamó la atención era la ausencia del lirio de arena cristalizada que Gaara había creado solo para ella. La flor imperecedera ya no estaba. ¿Por qué…? Quizás cuando… Sí. Era lo más probable, que la flor se hubiera tornado nuevamente en arena cuando la vida había abandonado el cuerpo del pelirrojo.

Pero él está bien. Ha vuelto a casa, con toda la gente que le quiere… —musitó en voz alta mientras se sentaba frente a la piedra grabada con el nombre de la niña—. Conmigo... —añadió con un pequeño suspiro, antes de comenzar a contarle a Mizuki todo.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 15 Nov - 23:51


«You could be loved again»
XI. El regalo de Temari


Gaara suspiró, con la vista aún fija en la ventana redondeada del despacho. En el exterior, la arena se arremolinaba en el ambiente como casi siempre, tiñéndolo todo de aquel tono marrón tan característico del desierto.

No es que aquel fuese el primer cumpleaños que celebraba con sus hermanos, pero sí el primero al que debía enfrentarse solo. Normalmente eran Kankurō o Temari los que se encargaban de comprar los regalos del otro, ya que él se encontraba demasiado ocupado para entretenerse en detalles tan nimios, pero en aquella ocasión Kankurō iba a ausentarse de la Villa por una misión y, por lo tanto, la tarea de escoger un regalo apropiado para Temari había recaído por primera vez sobre Gaara.

Sobre todo, que no se te olvide. Ya sabes cómo se pone... —le había advertido su hermano mientras recogía el rollo que explicaba la misión que su equipo debía llevar a cabo—. Ah, y escoge algo bonito. Ya sabes, de chica. Ahora que eres el Kazekage, podemos permitirnos algo que la deje con la boca abierta.

Gaara habría preferido mil veces enfrentarse a cualquiera de los peligros del Desierto Infernal antes que a aquello, pero no había dicho nada. No obstante, tampoco había sido necesario. A Kankurō no se le escapaban esas cosas.

Venga, hombre, que no es tan difícil. Si es para una chica, pregúntale a alguna chica —había añadido, guiñándole un ojo y despidiéndose con un gesto de la mano antes de echar a andar hacia la salida.

Había estado pensando en ello desde entonces, sin llegar a ninguna conclusión aceptable. Parecía mentira que, después de haber completado con éxito peligrosas misiones de máximo rango y haber logrado ser el Kage más joven hasta el momento, algo como un simple cumpleaños lo noquease de aquel modo. Pero, ¿qué tipo de regalo era el más apropiado para esa clase de circunstancias? ¿Bastaría solo con uno? ¿Debía ser algo grande, algo pequeño...? "Algo que la deje con la boca abierta...". No era un matiz especialmente preciso.

Aún estaba sumido en sus diatribas cuando escuchó unos leves golpes en la puerta del despacho.

Adelante —murmuró, ladeándose en dirección a los recién llegados.


— X —


A aquella hora de la mañana, las calles de Suna estaban abarrotadas de gente. La frontera continuaba estrechamente vigilada desde los últimos sucesos ocurridos, en los cuales el Kazekage había sido secuestrado por una organización criminal de rango S. La noticia había corrido como la pólvora entre los habitantes de la Villa, al igual que su regreso, y desde entonces las medidas de seguridad se habían incrementado notablemente. Sin embargo, la gente no había interrumpido sus tareas cotidianas en ningún momento, tal y como había podido apreciarse. Ése era el espíritu de la Arena, fuerte e inquebrantable.

Kaito bufó mientras los tres se abrían paso entre la muchedumbre cargada de cestos y tinajas de agua. Un poco por delante de él, Hayami contaba por décimo quinta vez cómo Gaara-sama había protegido a toda la Villa con ese gigantesco escudo de arena, sacrificándose por todos ellos a pesar de que eso le hubiese costado la vida. Como si no hubiese otro tema de conversación...

Que sí, que sí, que ya lo sabemos... tía brasas —gruñó, cuando la muchacha se detuvo para soltar un suspiro de lo más cursi, antes de volverse hacia Misao, que caminaba en silencio a su lado—. Oye, Misao, ¿te has fijado en lo bien que he lanzado los shuriken en ese último movimiento? ¿Te has fijado? Iban como... zuuuummm. Y luego... paaaaaaaaaam. Y después... ¡zasca! Le he dado en toda la frente a ese escorpión gigantesco, ¿eh? ¿Lo has visto? Apuesto a que tu Gaara-sama no tiene ni la mitad de puntería de la que tengo yo —finalizó con sorna, en dirección a la joven morena—. ¿A que sí, Misao?

Hayami le dirigió una mirada malhumorada, pero Kaito no le prestó atención.

—La verdad es que Gaara-sama... No utilizaría shurikens —comentó la ninja rubia, pensativa—. Con su arena podría enfrentarse al escorpión sin necesidad de recurrir a ellos. Pero eso no quiere decir que no lo hayas hecho bien en la misión. Tus lanzamientos han sido muy buenos, Kaito.

Ajá. El joven ninja de la Arena infló el pecho con orgullo, y sus zancadas se hicieron el doble de largas casi por inercia. Sabía que Misao se habría fijado en sus súper lanzamientos a mega distancia. Era imposible que no lo hubiese hecho. A ver cuántos ninjas de la Academia eran capaces de acertarle en plena cocorota a un escorpión de más de quince metros de alto...

Bah, arena —desdeñó, comenzado a subir los peldaños que conducían al edificio del Kazekage—. Si yo tuviese una arena así, también sería un gran ninja. No tiene que hacer nada, solo se cruza de brazos y ya está... ¿Qué mérito tiene eso? Si no tuviese esa dichosa arena, seguro que le daba una paliza con mi espectacular taijutsu. ¡Tengo el juego de piernas más rápido de toda la Villa de la Arena!

—¿Tú, ganar a Gaara-sama? —Hayami soltó una risita entre dientes—. Sí, claro... Ni en tus mejores sueños, Kaito. Gaara-sama es el ninja más poderoso del País del Viento. Por algo es nuestro Kazekage. Y además es mucho más guapo que tú. ¿Verdad, Misao?

El chico se giró, indignado, tropezando con uno de los escalones al hacerlo. Tuvo que sujetarse a la barandilla para no caerse, y cuando hubo recuperado el equilibrio sus orejas se pusieron tan rojas que parecían a punto de explotar.

Venga ya... ¡Pero si da mogollón de miedo! Es de lo más siniestro, con esas ojeras... que seguro que se las pinta para hacerse el interesante.

—¿Quieres decir como haces tú? —inquirió Hayami de mal talante, subiendo las escaleras restantes y enfilando el pasillo que llevaba al despacho del Kazekage.

¿¡Qué!? —De pronto, toda la cara pasó a tener esa tonalidad rojiza, y echó a correr tras ellas sin dejar de gritar—. ¡Eso es mentira! ¡Y-yo no me pinto ojeras! ¡Son marcas de guerrero! ¡Como las de Kankurō-san! ¡A-además, yo empecé antes! Él se me copió. Ya no tiene al monstruo ése dentro, ¿no? Seguro que ahora se las pinta. Segurísimo. Tú ni caso, Misao —susurró en voz muy bajita, antes de que los tres llegasen frente a los dos escoltas que custodiaban la entrada al despacho de Gaara.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 18 Nov - 17:04


«You could be loved again»
XI. El regalo de Temari


Después de haber salido a primera hora de la mañana, antes de que despuntase el alba, el Equipo 3 había regresado finalmente a Sunagakure. Hayami, Kaito y Misao caminaban con calma entre la multitud a esa hora central del día, cubiertos de polvo y algún arañazo derivado de su misión. Enfrentarse a un escorpión gigante no era precisamente una tarea fácil, pues demasiadas eran las cosas a las que debían poner atención: las dos grandes y poderosas pinzas delanteras, el aguijón cargado de veneno y el resto de patas que se movían y revolvían la arena a su alrededor. A eso se le añadía el hecho de que se ocultaba bajo tierra y aparecía en cualquier punto para atacar, pillando por sorpresa a quien estuviera cerca.

Misao suspiró cerrando apenas un segundo los ojos. La verdad era que sentía bastante el cansancio pues había utilizado gran parte de su chakra en varios jutsus, tanto de naturaleza viento como en la de agua. Necesito una buena ducha… pensó queriendo quitarse la capa de sudor y suciedad que la cubría y ya imaginándose lo bien que le sentaría el agua caliente a su cansado cuerpo. Pero debían hacer algo primero: dar el informe sobre la misión recién completada al Kazekage.

Hacía ya unos cuantos días desde el último entrenamiento que habían tenido juntos. De hecho, la última vez que se vieron fue el día anterior, cuando les adjudicó esa misión de rango C. Desde el secuestro y todo lo acontecido, el cargo que ostentaba requería poderosamente su atención, pues los miembros de Akatsuki que habían atentado contra su vida continuaban libres y las medidas de seguridad requerían de revisión prácticamente diaria. Eso implicaba posponer sus sesiones juntos cada vez más.

Estaba algo ausente cuando escuchó Gaara-sama salir de los labios de Hayami. Parpadeó repetidas veces, regresando a la realidad. Sus ojos violetas se encontraron con la mirada fantasiosa y llena de admiración de su amiga, que volvía a contar nuevamente la historia de cómo el pelirrojo salvó a toda la Aldea de morir calcinados en una lluvia de lava. Misao no podía estar más orgullosa de su Maestro, la verdad… Pero de alguna manera, siempre terminaba pensando en el final de aquella historia, una de la que Hayami nunca hablaba.

Por su parte, Kaito volvía a mostrarse molesto y picajoso. Hayami y él parecían la mitad de las veces como el perro y el gato, siempre discutiendo y provocándose de forma mutua, aunque cuando se refería a cumplir misiones como equipo, no se podía dudar de su compenetración. Sin embargo, ahora que ya habían terminado la última, retomaban su habitual comportamiento.

— Oye, Misao, ¿te has fijado en lo bien que he lanzado los shuriken en ese último movimiento? ¿Te has fijado? Iban como... zuuuummm. Y luego... paaaaaaaaaam. Y después... ¡zasca! Le he dado en toda la frente a ese escorpión gigantesco, ¿eh? ¿Lo has visto? Apuesto a que tu Gaara-sama no tiene ni la mitad de puntería de la que tengo yo. ¿A que sí, Misao?

Una significativa mirada intercambiaron sus dos amigos, mientras ella les observaba y una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios. Nunca cambiarán. Pero después, pensó en las palabras de Kaito y en su pregunta. Fueron unos segundos los que tardó en abrir los labios y expresar su sincera opinión al respecto.

La verdad es que Gaara-sama... No utilizaría shurikens —contestó siendo completamente objetiva. A fin de cuentas, después de haber pasado tanto tiempo juntos, podía estar segura de esa afirmación—. Con su arena podría enfrentarse al escorpión sin necesidad de recurrir a ellos. Pero eso no quiere decir que no lo hayas hecho bien en la misión. Tus lanzamientos han sido muy buenos, Kaito.

Aquello pareció animar en gran medida al chico, que no tardó en hacer alarde de su buen taijutsu y provocar la ira de su compañera al insinuar descaradamente que podría vencer en un combate cuerpo a cuerpo al mismísimo Kazekage.

Sin embargo, nada de eso fue lo que logró acelerar el pulso de Misao, sino un inocente comentario de Hayami. “Y además es mucho más guapo que tú. ¿Verdad, Misao?”. Entonces fue ella quien se puso colorada. Rehusó de la mirada de sus dos amigos apresurándose a subir las escaleras y entrando en el edificio del Kage, sin percatarse del tonto tropiezo de Kaito.

La discusión mientras ascendían por los distintos pisos continuó, ahora versándose en las características ojeras que enmarcaban los azules ojos de Gaara y los resaltaban. Después de dieciséis años sin dormir… Inevitablemente, recordó la noche que durmieron juntos y el rostro plácido que mostraba el chico mientras continuaba durmiendo a su lado.

Aún sonrojada y pensando en ello, Misao no escuchó sus últimos comentarios, que finalmente se vieron reducidos a un silencio sepulcral cuando alcanzaron las puertas del despacho. Hizo un pequeño gesto educado con la cabeza a los dos escoltas apostados junto a ellas y tras informarles de cuál era el propósito de su visita, les permitieron llamar.

— Adelante

La voz del joven Kage no tardó en llegar hasta ellos. Misao abrió despacio la puerta, encontrándose con Gaara ladeándose en su silla en su dirección. Se humedeció los labios cuando sus miradas se encontraron, sonrió y de forma simultánea a Hayami y Kaito, hicieron una pequeña inclinación de respeto.

Buenos días, Maestro Kazekage. Hemos completado la misión que nos fue asignada con éxito —tomó la palabra Misao, como casi siempre hacía. Hubo una única vez que Hayami lo intentó, pero estaba tan nerviosa por hablarle directamente que terminó tartamudeando mientras daba el informe. Y dejárselo a Kaito… Conociéndole, en vez de dar la información objetiva sobre lo sucedido, terminaría relatando todas sus hazañas—. El escorpión gigante que estaba asolando los asentamientos situados en la zona noroeste del desierto ha sido neutralizado. Los daños materiales de sus ataques en los últimos días no han sido pocos, será necesario enviar algo de ayuda. Y la zona circundante resulta inestable. Durante la lucha y los días que la criatura ha estado frecuentando la zona, ha escavado numerosos conductos bajo las dunas y en cualquier momento la superficie firme podría venirse abajo…

Escuchó un minúsculo y apenas apreciable suspiro de Hayami a su derecha, y un claro resoplido de Kaito en contestación mientras terminaba. Se esforzó por no poner los ojos en blanco en ese mismo momento, esperando que aquello no le resultase al joven Kage de mala educación.


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Re: ~ You could be loved again

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