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~ You could be loved again

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~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 24 Abr - 23:04

Recuerdo del primer mensaje :


«It is possible...»
«You could be loved again»


Hacía poco que Sunagakure había encontrado a su nuevo Kazekage. Quizás el más joven que se había visto hasta el momento en ese puesto. Gaara del Desierto, el Jinchūriki que portaba el Bijū de una cola, el temido Shukaku, tenía ese privilegio.

Había logrado alcanzar uno de los sueños que se había propuesto cumplir tras conocer a Naruto durante los Exámenes Chūnin. El joven de grandes ojos azules y cabello rubio alborotado comprendía su dolor, por todo lo que había pasado. Sin embargo, había escogido esforzarse en ser buena persona y hacer ver que podía ser alguien; justo lo contrario a lo que él había hecho: cerrarse sobre sí mismo, perder la esperanza en todo y todos, dejando que el odio le carcomiese por dentro, consumiéndole. Pero le había abierto los ojos con su amabilidad y el esfuerzo, con esa sonrisa que le mostró incluso después del enfrentamiento que los había dejado a ambos agotados y casi destrozados. Le debía mucho… Pero no solo a él. Sino a todas aquellas personas a las que había causado dolor y agonía cuando no era capaz de controlar a Shukaku en su interior.

Por supuesto, aún quedaban personas reticente a ese cambio. No les gustaba que alguien que albergaba a un poderoso Bijū estuviera al mando, que fuera el responsable de su seguridad. De hecho, mucho de los ninjas que conformaban el cuerpo de Sunagakure también dudaban de que aquello hubiera sido la elección acertada. Gaara era consciente de que, a pesar de haberse convertido en Kazekage, aún debía ganarse la confianza de su pueblo. Y lo haría.

No aspiraba más que a la aceptación. No esperaba tampoco que pudiera llegar a interesarle a nadie de otra forma diferente a una relación laboral… O fraternal. Ni siquiera creía que el mismo pudiera desarrollar sentimientos por otra persona más lejos de eso. Sin embargo, se sorprendería de ello cuando Misao, la hija de uno de los miembros del Consejo, que se encontraría reunido, irrumpiese repentinamente con el único objetivo de traerle unos documentos a su padre. El resto de miembros vería aquello con malos ojos pero el joven pelirrojo, sencillamente, le quitaría importancia.

Avergonzada por lo sucedido, la joven se presentaría después en su despacho para pedir disculpas educadamente, momento en el que esta curiosa historia daría comienzo.


«PERSONAJES»
«17 años の Kazekage の Carrie_B»
«Gaara del Desierto»

«17 años の Ninja の SapphireDragon»
«Ichijō Misao»


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Última edición por SapphireDragon el Mar 29 Ago - 17:46, editado 2 veces


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 28 Nov - 0:27


«You could be loved again»
XI. El regalo de Temari


La expresión de estupefacción que había contraído las facciones masculinas del vendedor fue seguida de una pronunciada reverencia, tan pronunciada que resultaba exagerada. De hecho, el peculiar hombrecillo que regentaba el local de juegos de ingenio se había inclinado de tal forma que parecía que iba a darse contra el propio mostrador tras el que atendía a su clientela.  Como varias de las personas que se habían cruzado y se habían detenido a su paso, mostró una exquisita educación frente a él. Pero no solo educación, sino también admiración, un denominador común en todos sus encuentros. Misao miró de reojo a Gaara cuando éste se aproximó y llegó a su lado.

Todos han cambiado tanto respecto a él… Estás consiguiendo lo que muchos creían imposible. ¿Eres capaz de verlo, Gaara-sama? preguntó en su fuero interno, mientas realizaba un pequeño gesto con el fin de tranquilizar al hombre y le preguntaba a cerca de los modelos de tablero de shōgi que tenía. Rápidamente, su interlocutor, aun tartamudeando de los nervios y la emoción, desapareció de su vista tras una cortina de cuentas.

Durante la espera de pocos minutos, la kunoichi se atrevió a pasear la mirada por el lugar. Había estanterías repletas de un gran número de juegos de mesa, puzzles y acertijos que requerían de gran habilidad manual y paciencia para completarlos. A ella siempre le habían resultado curiosos y le habían gustado, algo que sin duda alguna sus padres habían sabido desde que era bien pequeña y por la que le habían comprado diferentes modelos y juegos. Sonrió al reconocer justo los que tenía y que tantas veces había resuelto, antes de regresar junto al chico.

Fue entonces que se percató de esa mirada tan perdida, posada en un pequeño juguete de madera con forma de martillo y al que, por un hilo, tenía unida una pequeña pelota de goma. Vaya, un kendama… no recuerdo cuando fue la última vez que vi uno... ¿Habría tenido uno de pequeño su maestro? ¿Por eso lo observaba de esa forma tan fija? Sintiendo la curiosidad crecer en su interior, entreabrió los labios, aunque no para obtener respuestas para mitigarla, sino para asegurarse de que se encontraba bien.

Mas tan pronto como fue a pronunciar la primera sílaba, el dependiente regresó de la trastienda y extendió sobre el mostrador los modelos de tableros que poseían. No fue mucho lo que tardaron en decantarse por el juego completo y salir nuevamente a la calle, no sin antes presenciar otras tantas de esas exageradas y respetuosas inclinaciones.

¡Pues parece que ya hemos conseguido otra cosa más para el regalo de Temari-sama! —exclamó con ilusión y felicidad. Desde que había averiguado que era para ella, había recuperado toda la jovialidad que estaba siendo consumida por sus pensamientos tan tristes. Se encontraba de frente al pelirrojo, sonriendo con amplitud y sinceridad. Me alegro de haberle podido ser útil en algo tan simple y cotidiano como la compra de un regalo.

Supuso que habiendo comprado el juego y teniendo ya una idea de las flores que debía hacer con su arena, aquella pequeña aventura había llegado a su fin. Sin embargo, no mucho más lejos, algo llamó su atención. Un revuelo de hombres de todas las edades se había concentrado en un punto concreto, rodeando a una joven muy hermosa que vestía un kimono muy formal característico de Suna. Éste resaltaba delicadamente las curvas de su cuerpo y sus facciones tan femininas. Inevitablemente, se quedó observándola antes de volver la mirada a su propio cuerpo y atuendo, dibujando una pequeña mueca en sus labios. No obstante, antes de que cualquier pensamiento comparativo entre ambas, el contenido de los panfletos llamó poderosamente su atención.

Espere aquí un segundo, Maestro… —le pidió antes de colarse entre los pocos huecos que los hombres dejaban entre ellos y alcanzó a preciosa joven a la que tanta atención dispensaban. Apenas medio minuto después, regresó a su lado, con uno de esos coloridos papeles en mano y una nueva sonrisa iluminando su rostro—. Creo que hemos encontrado la última parte del regalo de tu hermana, Gaara-sama… —y nada más decirlo, le mostró el contenido de lo que anunciaba—. Has dicho que siempre se esfuerza mucho… Hasta la extenuación. Podríais regalarle de forma conjunta Kankurō y tú una sesión vespertina en las aguas termales de Suna. Mis padres han ido alguna que otra vez y siempre vienen hablando muy bien de ellas… ¿Qué te parece?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 28 Nov - 17:45


«You could be loved again»
XI. El regalo de Temari


Mientras se esforzaban por abrirse paso entre la muchedumbre, Misao se detuvo de pronto. Al notarlo, Gaara se giró hacia ella, interrogante. ¿Sucedía algo? Sus ojos aguamarina siguieron la mirada de la rubia hasta descubrir a la muchacha con el kimono que repartía algo. Y, a juzgar por la forma en la que los shinobi de su alrededor se peleaban por conseguir lo que fuera que estuviese dando, debía de ser un producto bastante cotizado...

Iba a retomar de nuevo ya el camino hacia el edificio del Kazekage —llevaban ya una hora fuera y aún tenía bastantes cosas que hacer— cuando la voz de la muchacha le hizo detenerse de nuevo.

—Espere aquí un segundo, Maestro… —pidió, antes de perderse entre el gentío que rodeaba a la vendedora. Poco después regresó con una especie de octavilla en la mano y se la tendió, muy contenta—. Creo que hemos encontrado la última parte del regalo de tu hermana, Gaara-sama…

¿La última parte...?, pensó, confuso, antes de centrar su atención en el panfleto. Unos baños termales... ¿Así que por eso se estaban peleando todos esos ninjas? Debían de ser muy buenos, entonces...

—Has dicho que siempre se esfuerza mucho… Hasta la extenuación —continuó Misao, señalando el edificio que aparecía pintado sobre el papel—. Podríais regalarle de forma conjunta Kankurō y tú una sesión vespertina en las aguas termales de Suna. Mis padres han ido alguna que otra vez y siempre vienen hablando muy bien de ellas… ¿Qué te parece?

No he estado nunca —reconoció, sin apartar la vista del panfleto.

No se le había ocurrido hasta el momento, aunque era cierto que Temari y Kankurō habían ido en alguna ocasión a las aguas termales de Konoha mientras él estaba reunido con la Hokage. ¿Sería eso un buen regalo? A juzgar por los codazos que se estaban dando todos justo delante de ellos, debía de ser que sí.

Pero todo el mundo parece muy emocionado con eso, así que creo que estará bien —asintió al final, sonriendo levemente.

—¡¡¡Maestro Kazekage!!!

Gaara ladeó la cabeza, alerta, justo antes de que un jounin de la Arena apareciese corriendo entre la multitud. Al llegar hasta ellos inclinó formalmente la cabeza en un gesto seco, antes de volver a levantarla parar mirarlo al fin a los ojos.

¿Qué pasa?

—Uno de los prisioneros de la Villa de la Roca se ha fugado. Han encontrado su celda vacía esta misma tarde. —El hombre tragó saliva, con las facciones alteradas por la preocupación—. Baki-san ha autorizado una batida por toda la Villa, pero no hemos logrado atraparlo. Sin embargo...

Continúa.

—... parece que no ha huido solo. Los de Vigilancia han encontrado un cadáver reciente en las inmediaciones de la frontera. Creemos que lo han asesinado.

La mirada de Gaara se estrechó levemente al escuchar aquello, aunque el resto de su rostro continuó tan inexpresivo como el de una estatua.

¿Sabemos de quién se trata?

El ninja asintió sin vacilar.

—El cuerpo de curanderos ya lo ha identificado. Se trata de Akira Ichijō.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 28 Nov - 19:50


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


La ventana y la puerta cerradas a cal y canto. La persiana bajada. La luz apagada. Una menuda figura, envuelta en un vestido negro como la noche, se encontraba sentada sobre el colchón de la silenciosa habitación, abrazándose con fuerza las piernas contra el pecho. Su rostro, surcado por lágrimas desde hacía tres días, lo ocultaba en sus rodillas. Sentía los ojos escocidos y completamente colorados. No sentía el cansancio que todo su cuerpo llevaba soportando después de más de 72 horas sin dormir, no sentía como sus propias uñas se clavaban en su fina piel al aferrarse a sí misma con fuerza. Lo único de lo que era consciente era del profundo vacío en su pecho, acompañado de un dolor insoportable, angustioso y desesperante. Uno que deseaba que desapareciese de una vez pero que sabía que no lo haría ni en ese instante, ni al siguiente día, ni al otro.

Papá ya no está…

La gente siempre decía que con el tiempo la pérdida se hacía más llevadera, más fácil; que se aprende a vivir con ella. Terminas acostumbrándote a su ausencia, aunque sigas echándole de menos. Eso le habían dicho. Pero ella… Ella no quería acostumbrarse. ¿Por qué había que acostumbrarse a la falta de un padre cariñoso y atento? Le daba la impresión que “acostumbrarse” era sinónimo de “olvidar”. Y él no se merecía algo semejante.

¿Por qué él? ¿Por qué tuvo que ser él? Esa era una pregunta que se había formulado un millar de veces en esos días, desde que había entrado precipitadamente por la puerta trasera del restaurante y había encontrado a un par de ninjas del cuerpo de curanderos junto a Yuriko, quien se encontraba en el suelo después de que las piernas le hubiesen fallado y se deshacía en lágrimas sin poder contenerse. Cuando la vio, escuchó la voz de su madre, temblorosa, pronunciando su nombre… Y entonces lo comprendió. Akira Ichijō había sido asesinado. No era un mal sueño. No era una maldita pesadilla. Era la realidad.

Después de ese instante, todo resultó muy confuso. Sentía que era ajena al resto del mundo, rodeada de una burbuja invisible que tenía su origen en la tristeza y el dolor. Al funeral habían acudido un gran número de personas y el Maestro Kazekage había dado un discurso en su honor. Yuriko también había tratado de decir unas palabras acerca de su esposo, pero apenas había pronunciado las dos primeras que el resto se trabaron en su garganta y fueron reemplazadas por incontenibles lágrimas. Lágrimas que también surgieron de sus grandes ojos violetas, aunque no se percató de ellas. Al finalizar el evento, todos sus amigos y conocidos se habían acercado a darles el pésame. Besos, abrazos, palabras cariñosas y de ánimo. Respondió a todo ello de forma mecánica, sin realmente ser consciente de lo que hacía, con la cabeza gacha y la mirada perdida.

Aquel día fue la primera en marcharse del cementerio. No podía soportarlo. El sentimiento que la atenazaba aprisionaba su pecho y le impedía respirar. No quería la pena de la gente, ni las palabras vacías de la gente que no comprendía el sentimiento. Quería estar sola. Completamente sola.

Y así había permanecido desde entonces, encerrada en su dormitorio sin salir más que para ir al baño cuando le era estrictamente necesario. No tocaba la comida que su madre dejaba en el pasillo junto a la puerta de su dormitorio. Ni siquiera hablaba con ella. No tenía fuerzas para ello… Porque ambas estaban igual de rotas. Igual de perdidas en el dolor. No quería añadirle el peso de tener que consolarla o de verla igual de mal.

¿Qué hora será…? Preguntó una voz hueca en su interior. Su propia voz desprovista de cualquier sentimiento positivo o alegre. ¿Acaso importa? No, la verdad es que no… Aún así, por primera vez en horas, comenzó a moverse. Hizo caso omiso del dolor de espalda por la posición en la que había permanecido; también del de su piel, el que acompañaba a esas marcas rojizas en ella. Necesito agua…

Con pasos lentos, pesados y algo torpes, la muchacha se dirigió en la penumbra de su dormitorio hacia la puerta. Encontró a tientas el picaporte y lo giró para abrirla. Entrecerró los ojos escocidos y doloridos al recibir toda la luz que había en el exterior, mientras comenzaba a deslizarse silenciosamente por el pasillo en dirección a la cocina. Sin embargo… se detuvo en seco cuando llegó al salón. La radio estaba encendida. La emisora de noticias puesta. El nombre de su padre pronunciado, destacando su muerte y comentando la posible relación existente con la fuga del prisionero de Iwa, su presunto asesino.

— Debido a las extrañas circunstancias que rodean su muerte, se sospecha de una posible alianza de Akira Ichijō con los miembros de la Aldea Oculta de la Roca, lo que supondría un acto de traición contra Sunagakure —escuchó que decía la voz femenina de la interlocutora—. Sin embargo, aún no se ha confirmado oficialm---

La pequeña radio impactó de golpe contra la pared más cercana, muriendo con ella la voz de la mujer. La mano de Misao se había alzado en un rápido movimiento y una pequeña masa de agua de un jarrón cercano se había convertido en el proyectil que la había derribado con tanta fuerza.  ¿Estaban insinuando que… su padre era un traidor? ¡No lo era! ¿De dónde se habían sacado esa estúpida hipótesis? Akira había sido un hombre que había vivido por y para mejorar la Villa desde que hubo entrado en el Consejo, junto al Cuarto y, ahora, el Quinto Kazekage. Si su padre había ido a la frontera tendría un motivo de peso, probablemente en una misión.

Pero… Era su día libre. No tenía ninguna misión que cumplir… recordó de golpe entonces, frunciendo el ceño y apretando la mandíbula. ¿Qué estabas haciendo ahí, papá?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 28 Nov - 22:43


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


¿Qué vas a hacer?

Gaara se mantuvo en silencio, con la vista clavada en el horizonte. Llevaba semana y media escuchando la misma pregunta una y otra vez, pero aún no había sido capaz de dar con la respuesta adecuada. Si es que hay una, pensó para sí, mientras las nubes blancas sobrevolaban el cielo a toda velocidad. El Consejo no había dejado de presionarle conforme los detalles de la misteriosa muerte de Akira Ichijō iban saliendo a la luz, y las pruebas que incriminaban al País de la Tierra crecían a un ritmo tan vertiginoso que, a esas alturas, cualquiera consideraría una locura dudar de ellas.

Y, sin embargo...

He hecho lo que me pediste —informó Temari con cautela, separándose de la pared en la que se había mantenido apoyada hasta el momento. Avanzó unos pocos pasos hasta situarse junto a su hermano pequeño y se acodó en la barandilla—. Los han investigado a todos y cada uno de ellos, pero no hay nada.

...

El jounin que montaba guardia ese día aún está en el hospital, aunque al parecer no recuerda qué sucedió. —Kankurō cruzó los brazos sobre el pecho, corroborando las palabras de la mayor de los tres—. Por lo que he podido averiguar los análisis están limpios, así que todo apunta a que debieron de utilizar alguna clase de genjutsu. Y en cuanto a Ichijō...

Lo sé —cortó, antes de que el marionetista pudiese finalizar la frase.

Había leído los informes del cuerpo de curanderos en cuanto se habían emitido, y también las respuestas del resto de villas a la orden de búsqueda y captura internacional que habían lanzado nada más verificar la fuga del prisionero. La Villa de la Hoja había expresado su deseo de colaboración, lo mismo que las Villas de la Hierba y la Cascada. Sin embargo, la Villa Oculta de la Lluvia había mantenido un sospechoso silencio que encajaba demasiado bien con la ausencia de reacción por parte de la Villa de la Roca. El destino no dejaba de enviar carta sobre carta, y ninguna de ellas les era favorable.

No podrás seguir dilatando esto durante mucho tiempo más —opinó Kankurō con sinceridad—. Incluso al margen del Consejo, todo el mundo cree que ha sido Onoki el que ha orquestado esto desde el principio.

Y ahora esperan que Suna reaccione —corroboró Temari—. Si no tratamos de defendernos, estaríamos lanzando un mensaje de debilidad al resto de países. Sé que no te gustan las consecuencias que pueda traer todo esto, pero la familia de Akira... Es lógico que quieran que se imparta justicia.

Gaara entrecerró los ojos. Lo sé. No había vuelto a ver a Misao desde el funeral, donde apenas habían coincidido unos pocos segundos cuando les habían dado el pésame, pero había sido más que suficiente para que su imagen se quedase grabada en su memoria. Esa mirada perdida, esa forma de aferrarse el pecho sin darse cuenta... y la expresión. Como si un torbellino de sombras hubiese arrasado con todo, dejándola rota y vacía. Una sensación que conocía demasiado bien y que dolía con solo recordarla. Precisamente por eso... Apretó los puños ocultos bajo la larga capa blanca de Kazekage.

Tsk...

¿Y el equipo de rastreo?

Kankurō le dedicó una larga mirada antes de negar con la cabeza de nuevo. Sabía de sobras lo que ambos pensaban al respecto, igual que el resto del Alto Mando. Sus ojos claros recorrieron los tejados arenosos, tan inescrutables como siempre, hasta que finalmente giró sobre sí mismo y les dio la espalda.

He enviado un emisario al señor feudal del País del Viento —dijo simplemente, sin variar la expresión e ignorando la exclamación de sorpresa que profirió Temari al escucharlo—. En cuanto tengamos su respuesta, se tomará una decisión.

Y, para entonces, espero tener toda la información que necesito. Porque, de lo contrario... sería demasiado tarde y ya no habría vuelta atrás.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 29 Nov - 15:26


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


Lo más importante en una investigación eran las pistas y las pruebas. Había que saber encontrarlas, interpretarlas y ver la conexión que pudiera tener con otras evidencias, hechos o personas. Muchas veces se podía llegar a un punto muerto, a un callejón sin salida por el que no se podía continuar. En un punto como aquel se encontraba Misao desde hacía días. ¿Cómo había llegado hasta allí?

Escuchar aquella disparatada hipótesis de que su padre era un traidor aliado con los ninjas de Iwa le había encendido la bombilla. El día que Akira había sido asesinado sin motivo aparente no tenía ninguna misión programada. Sin embargo, su cuerpo había sido hallado en la frontera de una forma inexplicable. No tenía razones para ir allí. De hecho, había prometido echar una mano en el restaurante durante todo el día. ¿Entonces? Claramente, una buena razón había sido la que le había llevado allí, la cuestión era ¿cuál?

La muchacha de largos cabellos dorados, aun queriendo mantener a su madre al margen respecto a sus elucubraciones y sospechas, no había podido evitar acudir a ella, sin duda sorprendiéndola después de todos esos días sin apenas hablar o comer. Yuriko le explicó que su esposo se había marchado repentinamente a mitad de la mañana, asegurando que tenía un asunto de poca importancia que atender y que volvería para la hora de comer. No dio muchas más explicaciones y ella tampoco preguntó, a fin de cuentas, la mayoría de los asuntos de los que se ocupaba, por ser un miembro del Consejo, eran confidenciales. ¿Qué tenías entre manos, papá? ¿Qué era tan importante que debías hacerlo en tu día libre? ¿Qué era tan importante para que… te costase la vida?

Además, ese rumor de ser un traidor tampoco tenía sentido alguno. Todos le conocían muy bien, sabían de su devoción por la Villa, nunca habían dudado de él, ¿entonces? ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué su muerte había coincidido con la fuga del prisionero de Iwa? ¿No era demasiado precipitado aquello? La cuestión era que, se mirase por donde se mirase, todo parecía estar relacionado con la Villa de la Roca, como el ataque para robar al Bijuu. Como la tentativa de dormir a Gaara estando en el hospital con ese suero impregnado de droga. Espera… ¿Pudiera ser…?

Encerrada en el que había sido el despacho de su padre hasta hacía una semana y media y rodeada por un gran número de papeles, Misao sostenía en su mano un pequeño frasco de cristal, en cuyo interior albergaba un líquido que se podía antojar inofensivo. Era una pequeña muestra del suero que le dio meses atrás a Akira para que lo investigase. Lo había encontrado guardado bajo llave en uno de los cajones de su despacho, metido en un pequeño estuche de cuero junto a un pedazo de papel donde estaba escrito la especie de una planta. La kunoichi había hecho su investigación entre los libros de botánica de la Biblioteca de Suna.

Sin lugar a dudas, era la planta que Kankurō identificó en el suero cuando todo sucedió. Procedente de las zonas propias a cascadas del País de la Arena, resultaba ser una especie bastante complicada de cultivar por los requisitos tan peculiares que requería. De ellas se podían obtener, según el tratamiento que recibiesen, sustancias con un alto valor farmacológico o sustancias tóxicas. Según parecía, además, pocas eran las personas que comerciaban con este tipo de planta y resultaba extremadamente cara. Es decir, solo una persona con una gran fortuna podría habérsela permitido

Continuando con la línea de investigación que Akira parecía haber seguido, echó un vistazo al personal del hospital que había estado de turno cuando Gaara estuvo ingresado. Uno de ellos debió de ser el que hiciese el cambiazo. Sin embargo, los ninjas médicos se regían por el código ético y moral que requería su profesión, con el fin de garantizar la salud y seguridad de los pacientes. A lo que se sumaba también el hecho de que ninguno podría permitirse una compra semejante, según había podido ver por los documentos económicos de cada uno de ellos que su padre había logrado recopilar. Con ello, la única opción que quedaba era…

— Misao, cariño. Me bajo al restaurante a prepararlo todo para abrir. Recuerda comer algo, ¿vale?

La voz de Yuriko, suave y preocupada, llegó hasta ella desde el pasillo. Misao alzó la mirada y la posó en la madera barnizada de la puerta. Un sentimiento de culpa nació en su pecho. Debería estar ayudándola con el negocio, con la casa… Pero se pasaba el día ahí encerrada. O sino, recorriendo la Villa mientras su mente continuaba trabajando incansable. Cuando logre dar con la verdad… Volveré con ella. Dejó escapar un pequeño suspiro antes de retomarlo.


——————


Habían pasado un par de horas desde aquella breve interrupción en la labor de Misao. Ahora la muchacha ya no se encontraba en el despacho. Ni siquiera se encontraba en casa. Iba saltando a gran velocidad de un tejado a otro por los edificios de Suna con un destino definido: las instalaciones carcelarias. Tenía que confirmar de inmediato una simple y sencilla anotación en una de las fichas de los ninjas recluidos, que rezaba: ¿Iwa… o Suna?

¿Cómo no había caído antes en la cuenta? La gente que deseaba acabar con el Quinto Kazekage no solo era de otras Aldeas… también había gente nacida en la Arena que detestaba a Gaara por todos los cambios que estaba llevando a cabo, por su forma de manejarse. Gente que haría todo lo posible por evitar que continuase adelante, ya fuese quitándole credibilidad o quitándole la vida. Además Iwa y Suna siempre habían estado en pie de guerra. Echarles las culpas para cubrir sus intenciones y sus pasos sería algo sencillo y creíble, pues el odio entre ambas Villas podría lograr que no se buscase nada más allá de lo obvio. Pero mi padre lo vio. Lo entendió. Si era así y estaba apunto de dar con la verdad… Lo mataron para silenciarlo

Por ser todavía una kunoichi, la visita a los prisioneros que continuaban entre rejas no era una opción para ella. Pero tampoco lo necesitaba. De hecho, necesitaba algo mucho más simple.

¿Podría ver el historial de visitas? —preguntó con suavidad y educación. Las miradas de incomprensión y sospecha no tardaron en fijarse en ella. El corpulento ninja que estaba frente a ella, frunció el ceño de forma pronunciada. Estaba claro cuál iba a ser la respuesta. Sin embargo, un subordinado apareció y le susurró algo al oído. No necesitaba escucharlo, ni tampoco leerle los labios para saber lo que le había dicho: “Es la hija de Akira Ichijō”. La mandíbula del superior se tensó antes de que volviera a echarle una larga mirada, que ella le devolvió sin apartarla.

Apenas un segundo después, el pequeño cuadernito estaba entre sus manos, y pasó rápidamente la hojas hasta la fecha que buscaba. Y lo encontró. El nombre de su padre. Su firma. Tragó saliva mientras unas gotas de sudor frío discurrían por su espalda con lentitud. Estaba completamente confirmado: quien estaba detrás de todo aquello era alguien de Suna, alguien que había contratado a esos ninjas de Iwa para los ataques, que había comprado la planta para fabricar el veneno y lo había mandado administrar haciendo uso de su rango, a Gaara. Alguien que había tenido vigilado todos y cada uno de los pasos de su padre y, que al ver lo peligrosamente cerca que estaba, lo mandó asesinar. ¿Quién había sido la mano ejecutora? Seguramente la persona que se había logrado fugar… Aunque escapar de un sitio con tal seguridad, vigilado por los ninjas más excepcionales de Suna, era prácticamente imposible. Fue liberado… por su jefe para poder cumplir con su nuevo encargo. Las manos le temblaban y su corazón latía con fuerza en su pecho, en donde la rabia comenzaba a bullir. Debo decírselo a Gaara… Debo disipar los rumores de mi padre… Deb---

Sus pensamientos fueron interrumpidos por una repentina melodía, así como por varios golpes secos. Los grandes ojos de Misao parpadearon repetidas veces, regresando a la realidad y encontrándose con todos los ninjas de su alrededor tirados en el suelo, completamente dormidos. Esa melodía… Volvió a sonar. Unas notas entonadas y suaves, armoniosas. A pesar de su belleza, el vello se le puso de punta. Debía de salir de ahí. Ahora mismo. Dio media vuelta en dirección a la puerta y echó a correr… O esa era su intención. Su cuerpo no le obedecía en absoluto, no lograba dar ni un solo paso. ¿Qué estaba sucediendo?

— No, pequeña. Tú no vas a ningún sitio —dijo a sus espaldas una voz femenina—. Ahora mismo… Te necesito. ¿Sabes? Eres muy inteligente, digna hija de tu padre. A fin de cuentas,  has logrado seguir las mismas pistas que él… Y has llegado hasta aquí. Pero si sales de aquí… No será bajo tu propio control. Eres más valiosa de lo que crees… —a cada palabra pronunciaba, más cerca se encontraba—. Según pude ver aquel día en que intentamos hacernos con el Ichibi… Eres una chica muy cercana al joven Kazekage, incluso podría afirmar que estás enamorada de él… —continuó diciendo, mientras Misao se esforzaba por dar movilizar alguna parte de su cuerpo y fracasando por completo. Un escalofrío recorrió su cuerpo de pies a cabeza al sentir el aliento ajeno acariciando su oreja—. Déjame que te diga un secreto… La mejor forma de expresarle tus sentimientos es… intentando matarle.

Y entonces… Todo desapareció.


——————


Todo a su alrededor era oscuridad; la nada infinita era lo que le rodeaba. Por mucho que tratase ver entre la densa negrura no encontraba nada, sin embargo, a pesar de una falta de luz podía ver sus pies, sus piernas y sus manos. Flexionó con lentitud los dedos antes de hacer un gesto ante el penetrante dolor que notó en su sien. ¿Qu-Qué está pasando…? Trató de hacer memoria pero resultaba casi imposible. Ese dolor le impedía pensar con claridad.

Acompañando a esa horrible sensación dolorosa, estaba otra, extraña e indescriptible, conocida y a la vez desconocida, porque a fin de cuentas, podía sentir la calidez del sol sobre su piel y el aire peinar sus mechones sueltos. También sentía sus piernas moverse, saltar de un sitio a otro, notando como desafiaba a la gravedad con cada uno. Sin embargo, estaba completamente quieta, sentada en algún sitio dentro de esa “nada”. Se masajeó las sienes despacio. Venga, Misao… Tienes que esforzarte. Hay que salir de aquí… Como sea, se dijo a sí misma antes de intentar incorporarse.

Tan pronto como lo hizo, una extraña luz frente a ella apareció. Cerró los ojos deslumbrada durante varios segundos, para después abrirlos lentamente. Una vez acostumbrada, pudo apreciar el definido contorno similar a una ventana y frente a ella… Son los edificios de Suna. Es como ver desde la perspectiva de alguien cómo se desplaza saltando

— Muy bien, querida… Veo que ya has recuperado la consciencia —Una voz femenina irrumpió repentinamente, resonando por todos y cada uno de los rincones del lugar. Reconocía esa voz… Era de ella. ¡La mujer de la flauta! La que se había fugado de la prisión semanas antes y… ¡Ahora lo recordaba! Los shinobis de la prisión habían caído completamente noqueados cuando la melodía de su flauta había empezado a sonar—. Ya pensaba que te ibas a perder lo bueno… Y tenía muchas ganas de que lo vieses —¿Ver? ¿Ver el qué? pensó confusa, aún tratando de comprender lo que estaba sucediendo—. Tan impaciente como su padre sí… Bueno, si insistes tanto… Te diré que estás a punto de atacar a tu queridísimo maestro, ¿ves?

Tan pronto como dijo aquello se le heló la sangre. Ahora lo entendía. Lo que veía a través de esa pequeña ventana era lo que sus propios ojos veían, y quien saltaba era ella. Pero no estaba siendo consciente de ello… Genjutsu.

— Exacto. Reitero mi halago a tu inteligencia… Ahora mismo eres mi títere personal. Y me congratula decir que no vas a poder impedir nada de lo que va a suceder, pero lo vas a ver todo en primera fila.

Su pulso se aceleró vertiginosamente cuando presenció cómo su propia mano se deslizaba a la bolsa lateral de su cintura y sacaba tres kunais, a cuyos extremos había atados papeles explosivos de alta intensidad. No… Frente a ella, el edificio del Kage se erigía y tres figuras que reconocería en cualquier se encontraban en la azotea descubierta. Temari, Kankurō y Gaara… Una enfermiza y cruel carcajada reverberó nuevamente a su alrededor cuando pensó en esos tres nombres, justo antes de que lanzase con fuerza y precisión los kunais en su dirección.

¡NO!


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 29 Nov - 23:20


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XII. El dolor del corazón


Kankurō y Temari se miraron antes de seguir a su hermano en dirección a la puerta que llevaba al interior del edificio. El viento soplaba ya con la suficiente fuerza como para comenzar a levantar nubes de arena que pronto se condensarían en el aire, como era habitual en Suna.

Sin embargo, no fue suficiente para ocultar el silbido de los kunais que rasgaron el aire, dirigiéndose directamente hacia ellos. Temari y Kankurō se pusieron inmediatamente en guardia, echando mano de sus respectivas armas para detener el ataque, aunque como siempre la arena de Gaara fuera más rápida e interpuso un grueso muro entre ellos y su atacante. Segundos después, se escuchó el chisporroteo de los papeles explosivos que colgaban de las empuñaduras.

Una vez más, las explosiones chocaron contra la sólida pared de arena, que una vez hubo desempeñado su papel defensivo volvió a dispersarse poco a poco. El humo se extendió en todas direcciones, dificultándoles la visión, pero en ese instante Temari extendió su enorme abanico y, con una enérgica sacudida, logró alejar la molesta neblina grisácea. Los ojos de Gaara barrieron el horizonte de forma automática, siguiendo la trayectoria que habían llevado los kunais.

20 metros al noroeste, calculó de inmediato, fijando la vista en un punto concreto sobre uno de los edificios.

Sabemos que estás ahí —gruñó Kankurō, que también había desenrollado a su nueva marioneta: Sasori. El muñeco temblequeó frente a ellos, con la mirada rojiza perdida y las alas de metal plegadas a su espalda, listo para atacar—. Da la cara de una vez.

Varios metros más allá, una figura surgió de detrás de una de las chimeneas. Llevaba el pelo rubio y suelto, alborotado por el viento, y la tinaja que asomaba a su espalda, aunque más pequeña que la que solía llevar Gaara consigo, resultaba inconfundible.

¿... Misao? —La voz de Kankurō sonó desconcertada en un inicio, aunque la escalofriante carcajada que se escuchó poco después le hizo fruncir el ceño. ¿Qué demonios estaba pasando?

Bajo la atenta mirada de los tres ninjas, Misao avanzó unos cuantos pasos hasta llegar al borde del tejado sobre el que se encontraba. Su expresión seguía contraía en una mueca extraña que le retorcía la sonrisa, y con su mano izquierda sujetaba un kunai similar a los que Gaara acababa de detener con su arena. Aunque las ojeras y la palidez de los últimos días seguían presentes en su piel, su rostro ya no mostraba tristeza o cansancio. De hecho, no mostraba absolutamente nada.

—He tenido mucho tiempo para pensar estos días... —comenzó, en voz lo suficientemente alta como para que los tres pudiesen oírla por encima del silbido del viento—. Y me he dado cuenta de que me equivocaba con Gaara-sama. Siempre ha buscado excusas para justificar sus actos, para lo que sucedió hace doce años...

Los ojos claros de Misao pasaron de uno a otro casi con deleite, a la par que jugueteaba con el kunai que sostenía entre los dedos. Finalmente, cuando estos se encontraron con los del pelirrojo, se estrecharon hasta convertirse en dos furiosos surcos de un violeta brillante.

—Pero no las hay. Él fue el culpable... igual que lo es de lo que le ha sucedido a mi padre.

¿Pero qué demonios estás...? —empezó Kankurō, apretando los dientes, aunque la voz de Misao ahogó sus últimas palabras.

"¿Por qué él puede seguir aquí y el resto no...?". Sintió una leve punzada en el pecho al escuchar aquello, aunque no permitió que su rostro revelase ninguna emoción. Sabía que aquello podía pasar, y por eso había dado la orden de que estrechasen la vigilancia en torno a ella. Pero, al parecer, no ha sido suficiente.

Gaara... —advirtió Temari, sin apartar la vista de la joven kunoichi, que acababa de llevarse la mano a la espalda para arrancar el tapón de su tinaja de agua.

Lo sé —asintió sin necesidad de oír nada más, concentrando su chakra y extendiendo la mano hacia delante. No era el momento de empezar a sentirse culpable por las decisiones tomadas.

Obedeciendo su orden, la arena se alzó del suelo como una lengua gigante y salió disparada en dirección a la muchacha. Su intención no era hacerle daño en absoluto, pero debía evitar que lograse liberar el agua de su recipiente e inmovilizarla cuanto antes.

A su espalda, una pequeña nube de arena se levantó del suelo y Temari saltó sobre ella con una coordinación perfecta, antes de desaparecer a una velocidad supersónica.

Tsk... ¿Genjutsu otra vez? —inquirió el moreno, cerrando filas tras su hermano pequeño para cubrirle la retaguardia.

Eso parece. Gaara giró la muñeca y la arena cambió su trayectoria, dibujando un arco lateral y dirigiéndose a Misao por su costado izquierdo. La ninja rubia era diestra, así que con ese movimiento sabía que al menos había ganado medio segundo de ventaja frente a su reacción. En cuanto la hubiese inmovilizado, Temari se encargaría de deshacer el genjutsu.


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Última edición por Carrie_B el Jue 30 Nov - 18:36, editado 1 vez


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Jue 30 Nov - 15:17


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


— Como era de esperar, no me han decepcionado —podía adivinarse con facilidad el tono de  diversión la voz de la mujer—. Lo vamos a pasar muuuuy bien…

Misao sintió que las piernas le fallaban y sin poder evitarlo, cayó al oscuro suelo del lugar. Los papeles explosivos habían detonado y una gran humereda se había formado. Sin embargo, apenas unos segundos después, ésta se había disipado. De esa forma distinguió a Temari con su abanico, a Kankurō con una de sus marionetas y a Gaara con la arena danzando lentamente a su alrededor después de haberles protegido. Menos mal… Están bien. Aunque dudaba que unos simples kunais pudieran sorprenderles. Era una técnica demasiado elemental para un enfrentamiento contra los tres hermanos de la Arena. Solo era… una gran entrada. Para ella todo esto es un espectáculo…

— Exactamente. Sois mis juguetes y os voy a manejar como me plazca —la maldad estaba implícita en sus palabras y lo único que conseguía era que desease gritar de rabia y de impotencia—. ¡Ay! Mira que caritas. El marionetista es el más expresivo de todos. Y nuestro querido Kage, tan impertérrito como de costumbre. ¿De verdad no le ha hecho efecto verte ahí, atacándole directamente? Bueno, supongo que podemos recurrir a otros métodos para dañarle…

Kankurō parecía realmente confuso. De hecho, pudo escuchar cómo pronunciaba su nombre sin comprender bien lo que sucedía. Se le encogió el corazón por ello, para después sentir que se detenía por completo. Una voz hablaba, una que conocía muy bien. Y cuyas palabras solo buscaban ser cuchillas hirientes. Era su voz.

He tenido mucho tiempo para pensar estos días... Y me he dado cuenta de que me equivocaba con Gaara-sama. Siempre ha buscado excusas para justificar sus actos, para lo que sucedió hace doce años... —le pequeña ventana se movía al mismo tiempo que lo hacían sus propios ojos, pasando por las tres figuras frente a ella, sobre la azotea, en posición defensiva. Entonces clavó la mirada en el pelirrojo. No, no sigas… Sabía qué era lo que iba a venir a continuación—. Pero no las hay. Él fue el culpable... igual que lo es de lo que le ha sucedido a mi padre. ¿Por qué él puede seguir aquí y el resto no...?

¡¡PARA!! gritó en su subconsciente, horrorizada por lo que acababa de decir. Creyó apreciar algo en la mirada azulada de Gaara…

Por respuesta recibió una cruel risotada llena de satisfacción. Los Genjutsus, como técnicas ilusorias que eran, podían ser utilizados como tortura psicológica, atendiendo a los miedos de cada individuo. Uno de los mayores miedos de Misao era que sus seres queridos fuesen heridos, sin ser ella capaz de hacer nada… o siendo ella misma la causante de ese dolor. La mujer de la flauta había logrado hurgar en su mente y su corazón… Y había preparado específicamente todo eso para ella. Su tortura personal.

Tengo que encontrar la forma de romper la técnica… Tiene que haber alguna forma de lograrlo… pensaba mientras frente a ella comenzaba a desarrollarse una nueva acción.

Un torrente de arena comenzó a abalanzarse sobre ella a toda velocidad, formando una definida lengua que obedecía las órdenes de Gaara. Por su parte, la mayor de los tres desapareció momentáneamente de su vista y el mariontista se dispuso a cubrir la retaguardia del pequeño. La arena dibujó un arco dirigido a su flanco izquierdo, generalmente más débil pero…

El sonido del tapón de su tinaja al impactar contra el suelo resonó por todas partes. El agua contenida… Podía sentirla y sabía de antemano el movimiento que iba a tomar. De hecho, formó un muro que detuvo sin problema el ataque del Kazekage, incluso dejó inutilizada parte de la arena, que cayó pesadamente y completamente apelmazada al suelo.

Demasiado lento... —volvieron a pronunciar de forma cantarina sus labios sin su propio permiso, al igual que sus manos se movieron obedeciendo los deseos de alguien que no era ella misma—. ¡Igual que ella! —Sus manos comenzaron a ejecutar con gran rapidez una serie de sellos, que reconoció prácticamente de inmediato—. ¡Suirō no Jutsu: Prisión de agua!

Con un veloz movimiento, una nueva oleada de agua surgió de la tinaja a su espalda e interceptó a la figura que se había acercado de forma sigilosa por su espalda. Como un torbellino, el agua la envolvió y segundos adquirió la perfecta conformación de una celda. Temari soltó la primera bocanada de aire que provocó numerosas burbujas, mientras golpeaba las paredes del agua repetidas veces, sin éxito alguno.

Creo que conocéis bien esa técnica, Maestro… La utilicé contra el Ichibi la vez anterior que perdisteis el control. Vuestra querida hermana se irá ahogando poco a poco… —Misao escuchó su propia lengua provocar un chasquido, mientras apretaba con fuerza la mandíbula y observaba la escena con impotencia.

Kankurō gritó no muy lejos el nombre de Temari y se acercó a ella rápidamente, con intención de liberarla.

No te esfuerces, Kankurō… Es imposible romper la prisión desde fuera o desde dentro —una perversa sonrisa volvió a torcerse en sus labios, antes de volverse nuevamente hacia Gaara—. La único forma de lograrlo es dejándome inconsciente o matándome, y no me voy a dejar. Tengo muchos motivos para no hacerlo…


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Jue 30 Nov - 18:18


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XII. El dolor del corazón


Antes de que la lengua de arena pudiese llegar a alcanzarla, un potente chorro de agua surgió de la calabaza que Misao llevaba a la espalda y formó un escudo frente a ella. La arena chocó de lleno contra la barrera, buscando perforarla, pero el agua era demasiado densa y pronto terminó por empaparla por completo, haciéndola pesada e inservible.

Es más rápida. En esos ocho meses de entrenamiento, la habilidad de Misao para controlar el elemento agua había mejorado de forma notable, aunque a la definitiva la velocidad de su técnica jamás conseguía igualar la rapidez de la arena especial de Gaara. Mucho menos cuando el ataque iba dirigido al flanco con el que siempre tenía problemas para protegerse a tiempo. Sin embargo ha sido capaz de calcular el tiempo, la superficie y la cantidad de chakra adecuados para resistir el choque. Todo ello en menos de un segundo. Solo un jounin de nivel superior habría sido capaz de reaccionar de ese modo frente a su ataque.

—Demasiado lento... —canturreó la muchacha, curvando las comisuras de sus labios en una sonrisita de suficiencia. Entonces,
justo a su espalda, Temari surgió como una sombra y, con el abanico aún abierto para frenar la caída, alargó la palma de la mano en su dirección—. ¡Igual que ella!

De repente, sus manos empezaron a conformar sellos a tal velocidad que sus dedos se desdibujaban en el aire, haciendo casi imposible la identificación del jutsu. ¿Puede ver lo que hay a su espalda?

—¡Suirō no Jutsu: Prisión de agua!

¡Cuidado, Temari!

La mayor de los tres intentó cambiar el curso de su caída para esquivar el agua que había vuelto a alzarse alrededor de Misao, pero apenas tenía margen de maniobra y pronto se vio encerrada dentro de una gigantesca prisión acuática. Incrédula y furiosa, golpeó con fuerza la superficie irregular de la esfera, que apenas emitió una leve ondulación antes de volver a la normalidad. Misao apenas le dirigió una mirada aburrida, antes de volver a girarse hacia los dos hermanos que aguardaban sobre la azotea, inmóviles.

—Creo que conocéis bien esa técnica, Maestro… La utilicé contra el Ichibi la vez anterior que perdisteis el control. Vuestra querida hermana se irá ahogando poco a poco… —comentó como si nada, soltando otra aguda risita.

¡Tsk! —El marionetista abandonó la posición defensiva, adelantándose varios pasos hasta quedar a la misma altura que Gaara. Sus ojos oscuros estaban fijos en su hermana, que continuaba golpeando una y otra vez las paredes con su inmenso abanico, sin obtener resultados. Durante la última carga, parte del oxígeno que había estado reteniendo se le escapó en forma de burbujas, alertándolos todavía más—. ¡Temari!

No aguantará más de tres o cuatro minutos, razonó, mientras sus ojos agumarina inspeccionaban la superficie de la prisión de agua en busca de puntos débiles. Esa clase de técnicas requerían un control casi absoluto sobre el chakra, e incluso a los ninjas más experimentados les costaba crear una red lo suficientemente precisa como para carecer de puntos débiles. La de Misao solía tenerlos, pero ésta... Ésta es mucho más densa. Está utilizando más chakra del necesario para cubrir esos puntos y eliminarlos. Quiere ganar tiempo.

Gaara —lo llamó Kankurō, obligándole a desviar la mirada hacia él—. Voy a ir yo.

No utilices el veneno —murmuró únicamente, antes de que los dedos de su hermano se contrajesen con brusquedad y las alas de acero de su muñeco se extendiesen a base de chasquidos metálicos.

Kankurō asintió, lanzando a Sasori hacia delante. El muñeco sobrevoló la distancia entre ambos edificios casi sin esfuerzo, aterrizando junto a la prisión en la que Temari continuaba encerrada. Entonces, tras extender el brazo izquierdo, Kankurō tiró del hilo de chakra y la articulación se desprendió de su sitio con un leve clic, siendo reemplazada por un cañón de chakra de corto alcance. A su señal, Temari se hizo a un lado y la marioneta disparó al hueco restante.

Por unos segundos la superficie de agua retrocedió, haciendo aparecer un boquete del tamaño de una cabeza humana. Sin embargo, poco después, volvió a regenerarse y a recuperar su forma inicial.

¡¿Cómo?!¿El cañón de chakra no le ha hecho nada?

Misao sonrió, divertida.

—No te esfuerces, Kankurō… Es imposible romper la prisión desde fuera o desde dentro. —El marionetista apretó la mandíbula, haciendo un nuevo movimiento con los dedos que, en esa ocasión, liberó una espada del muñón del antebrazo. El corte en forma de aspa rasgó la superficie... y la traspasó limpiamente, como si nada—. La único forma de lograrlo es dejándome inconsciente o matándome, y no me voy a dejar. Tengo muchos motivos para no hacerlo…

Kankurō apretó los dientes, impotente, al ver cómo una nueva tanda de burbujas surgía de los labios de Temari sin que ésta pudiese hacer nada por continuar reteniéndolas. Unos segundos más y...

Haz circular chakra de forma continua por la superficie y ataca a la vez con la espada —dijo, antes de que otra pequeña plataforma de arena se separase silenciosamente del resto y se colocase frente a Kankurō.

Bien.

En cuanto el moreno hubo saltado sobre ella, Gaara alzó la mano al cielo con la palma abierta. Sobre sus cabezas, la arena del ambiente empezó a condensarse en un espectacular remolino gigante. Poco después, al dejar caer el brazo hacia delante, del ojo del remolino surgieron un montón de proyectiles de arena que se dirigieron directamente hacia Misao. La chica rió, levantando otra muralla de agua sobre ella que absorbió el impacto del granizo.

Ahora. Con suma rapidez, la mano libre realizó un movimiento imperceptible y, para cuando la joven pudo bajar la vista, la arena había envuelto sus piernas y rodeaba ya casi toda su cintura. Dos finas lenguas se alzaron a su espalda, cayendo sobre sus hombros como dos látigos y apresando también parte de sus brazos.

No sé lo que pretendes, pero esto se ha acabado —musitó con seriedad, conforme la arena buscaba también sus manos para impedir que pudiese continuar ejecutando sellos.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Jue 30 Nov - 20:36


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


Su titiritera se estaba deleitando lo indecible observando el sufrimiento que estaba logrando provocar. A su espalda, Temari ahogándose lentamente, con los minutos contados indudablemente si no estallaban la prisión acuática donde se encontraba; Kankurō frente a ella, mostrando sus habilidades de marionetista con Sasori, tratando de liberar a su hermana mayor. La frustración a cada intento fallido que llevaba a cabo se reflejaba en su semblante maquillado. Gaara observaba la situación con ojo analítico, tratando de buscar algún punto débil en la técnica. El problema es… que no solo está manejando mi chakra también está haciendo uso del suyo para manejarme y llevar a cabo los jutsus. Por eso son más poderosos.

Aquello quedó patente cuando el cañón de chakra no tuvo efecto alguno al impactar contra la superficie. Una simple deformación elástica en la superficie, que recuperó en apenas un par de segundos su estructura inicial. De ahí que le asegurase la imposibilidad de romper la perfecta burbuja donde la kunoichi estaba encerrada.

Entonces, Misao pudo ver el movimiento en los labios de Gaara y el asentimiento de Kankurō. Rezó desde su oscura prisión porque el plan que se le hubiese ocurrido al pelirrojo surtiese efecto. No les quedaba mucho tiempo para lograrlo… Y si por algún casual Temari… No, no lo soportaría. Sería su culpa. Por haber sido descuidada, por no haber sido suficientemente fuerte para salir por sí misma del genjutsu donde estaba sumida.

Fue entonces cuando ambos hermanos volvieron a separarse. Kankurō se subió a una plataforma que Gaara había creado para lograr llegar a la altura de la prisión y de su hermana. La mujer dejó escapar una nueva risita que, como las anteriores, volvió a reverberar por todo el lugar.

– Bien. Con el marionetista encargándose de un imposible, tenemos vía libre para acabar con Gaara del Desierto. ¿Qué? ¿Tienes ganas de ver cómo el agua que manejas logra arrebatarle la vida? Estoy segura de que sí… Anda, mira… Parece que se está poniendo serio —comentó al final con un tono que denotaba intriga.

Sus propios ojos violetas se alzaron al cielo, permitiendo apreciar la nube de arena que se estaba formando sobre ella. Una nube que comenzó a adquirir una velocidad de giro hasta formar un majestuoso remolino del que empezaron a proyectarse numerosas partículas sólidas. Pero ninguna de ella llegó a impactar contra su  menudo cuerpo. No tuvo ni que moverse, pues una cúpula densa y cristalina se alzó bloqueando su trayectoria.

¿Esto es todo lo que tien---? —la pregunta teñida de incredulidad quedó a medias cuando la mujer se percató de algo, prácticamente al mismo tiempo que lo hacía Misao, puesto que ella era capaz de sentirlo. Una masa de arena había alcanzado sus pies y se alzaba imparable por sus piernas.

Me ha inmovilizado con su arena. Puedo sentirla cubrirme hasta la cintura… Un quejido escapó involuntariamente de sus labios cuando sintió los dos latigazos sobre sus hombros. Escocía... Sabía que su intención no era dañarla, de hecho, la arena tenía un claro objetivo: sus manos. Si lo logra no podré hacer jutsus…

– Me estás decepcionando, querida… Tan lista y ahora mismo tan tonta. Te recuerdo que ya te enfrentaste en su momento a algo así. Solo tienes que hacer memoria. No precisaste de jutsus, solo de voluntad y chakra. Ahora mismo la voluntad que rige tu cuerpo es la mía, y tu chakra lo manejo yo.

Y tras decir aquello, la fuerza con la que sentía la arena sobre su cuerpo fue haciéndose poco a poco más débil. Su mirada se desvió hacia abajo y pudo apreciar pequeños fragmentos de las lenguas cayéndose, completamente empapados e inservibles gracias a una cortina de agua que también tenía un sentido ascendente por todo su cuerpo, como una cascada inversa.

No… La angustia crecía en su pecho a cada segundo. Nada de lo que hacían para detenerla surtía efecto. Era como el día que el Ichibi fue liberado meses atrás… Nadie podía parar al causante del ataque. Nadie excepto quien estaba bajo el influjo… Pero ella no era Gaara. No creía tener la capacidad suficiente para detener aquello despertando y recuperando el dominio de su propio cuerpo. Nada se consigue si no se intenta. Tenía que pensar en algo, mientras el Kage buscaba las soluciones apropiadas también. Quizás todo sería más sencillo si la distraía de la pelea…

¿Por qué haces esto? ¿Por qué una ninja de la Roca se pone al servicio de… un Anciano de la Aldea enemiga?

– Jujú… Así que has llegado tan lejos, ¿eh? Por ello te mereces una recompensa. Te lo contaré todo. Al fin y al cabo… Ellos han venido a socorrer a su queridísimo Kage —comentó en lo que numerosas figuras se congregaban en la azotea. El cuerpo de seguridad del Kazekage…—. Puesto que has atentado contra su vida y puesto que te la cobrarás… No les quedará más remedio que matarte como castigo. Así que, no veo riesgo alguno en contártelo.

Tiene razón… Por mucho que Gaara trate de no hacerme daño, si los demás ven que intento atacarle y tengo posibilidad de alcanzarle, no dudarán en acabar conmigo para protegerle, pensó sintiendo que el pulso se le aceleraba inmediatamente. Al menos, estaré con papá…

Mientras hablaban en ese pequeño rincón oscuro de su mente y los brazos de Misao se encontraban nuevamente libres, los gritos de los equipos de shinobis recién llegados eran percibidos como simples susurros. No sabía qué decían con exactitud, pero estaba completamente segura de que se estaban preparando para actuar.

¡Suiryūdan no Jutsu: Gran Dragón de Agua! —su voz pronunció con fuerza aquellas palabras, dejándola completamente perpleja. No había percibido la ejecución de los sellos y… nunca antes había realizado ese jutsu de nivel tan avanzado.

El líquido cristalino comenzó a alzarse peligrosamente por encima de ella a la par que su indefinida silueta comenzaba a tomar rasgos característicos de un enorme dragón, el cual no tardó en precipitarse sobre Gaara con un potente rugido.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Jue 30 Nov - 23:01


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón



Tsk... Estaba ocurriendo otra vez, como en aquella ocasión. El agua impregnada de chakra había respondido a la silenciosa llamada de su dueña, y poco a poco había empezado a frenar el avance de la arena. Primero fueron los pies, y poco a poco ésta empezó a desmoronarse alrededor de su cuerpo como un castillo de naipes. Podría intentar reagruparla gastando una mayor cantidad de chakra, pero al final sería un ataque a la desesperada que únicamente serviría para malgastar sus fuerzas. He sido demasiado descuidado.

Un poco más allá, Kankurō se esforzaba por liberar a su hermana de la prisión de agua. Temari se había dejado caer sobre sus rodillas y mantenía una mano fija sobre su cuello conforme más y más burbujas de aire salían de sus labios. Lo vio con ambas palmas apoyadas sobre la superficie acuática, a la par que Sasori alzaba al aire su espalda centelleante.

¡Pam! La puerta de la azotea se abrió de golpe, dando paso a un grupo de ninjas encabezados por Baki. El shinobi de la Arena corrió rápidamente hasta llegar a donde estaba Gaara, y sus ojos rasgados vagaron de Misao a Kankurō y Temari.

—¿Qué diablos está ocurriendo, Gaara? —preguntó, alterado, conforme el resto de ninjas tomaban posiciones a su alrededor.

Yo me encargo —dijo, sin vacilar, antes de señalar hacia donde se encontraban sus hermanos—. Liberad a Temari. Que envíen a un ninja médico de inmediato.

—Tsk... —Baki se giró hacia dos de los jounin que cerraban filas a sus espaldas, con la mandíbula tensa—. Ya habéis oído al Maestro Kazekage. ¡Que venga alguien competente de la división de curanderos enseguida!

—Sí, Baki-san.

—Vosotros dos, cubrid al Maestro Kazekage. ¡El resto, venid conmigo! ¡Hay que sacar a Temari de ahí cuanto antes!

Gaara los vio dirigirse rápidamente hacia el edificio frontal, saltando de tejado en tejado, antes de volver a centrarse en Misao. Confiaba lo suficiente en él como para saber que no permitiría que a su hermana le sucediese nada malo. Además, en el fondo... es la persona idónea para ello. Baki poseía un potentísimo jutsu de viento, la espada de viento, que podía cortar prácticamente cualquier cosa. Y el agua no sería una excepción.

Ahora que volvía a ser libre, Misao había comenzado a ejecutar varios sellos complejos que le hicieron entrecerrar los ojos. Caballo, pájaro, jabalí, caballo, buey, dragón. ¿Cómo era posible? Aquel no era uno de los jutsus que dominaba la joven kunoichi, estaba seguro de ello. Entonces, ¿acaso...?

¡Poneos a cubierto! —ordenó tajantemente a los dos ninjas que se hallaban a su espalda, armados con dos Fūma Shurikens.

—¡Suiryūdan no Jutsu: Gran Dragón de Agua!

Un gigantesco brazo de agua se elevó hacia el cielo, retorciéndose hasta tomar la forma de un gigantesco dragón que, con un rugido gutural, se precipitó directamente contra ellos. Prácticamente de inmediato, la arena surgió a borbotones de su tinaja y acudió a su encuentro.

El choque entre ambas fuerzas fue tan potente que hizo temblar la Villa entera. La masa de arena, transformada en los gigantescos brazos del Ichibi, se enroscó en torno al cuello del enorme dragón y presionó hasta cortar el flujo de agua y separar la cabeza del cuerpo. El dragón lanzó un último rugido antes de deshacerse en una cortina de agua que arrasó la mitad de uno de los brazos de arena, arrastrándolo consigo al suelo. La calle quedó inundada de agua y arena empapada, pero al menos había logrado frenar el jutsu por completo. Pero he tenido que gastar mucho chakra. No puedo permitir que vuelva a hacer algo semejante. Debía buscar la forma de atraparla lo más rápido posible sin causarle daño, aunque eso era complicado teniendo en cuenta que no podía utilizar su arena. Si lo hago de nuevo, volverá a suceder lo mismo de antes. No, tenía que dar con otra solución.

—¡¿Por qué no puedes dejarte ganar?! —El grito de la muchacha lo pilló tan de improviso que no fue capaz de reaccionar—.¿Por qué no me dejas cumplir mi deseo para poder morir tranquila? ¡Estoy segura que sabes perfectamente cómo se siente el querer morirse y no poder! ¿Por qué entonces? ¡Quiero desaparecer de una maldita vez para poder volver a verle!

Aquella confesión lo dejó sin palabras. De hecho, fue casi como recibir el impacto directo de un jutsu. ¿Ella...? Sabía que Misao estaba muy unida a su padre, y durante las pasadas semanas lo había pasado francamente mal. No había querido mantener contacto con nadie, ni siquiera con él, y Gaara había decidido respetar sus deseos. Al menos en parte. Sin embargo, no sabía nada de aquello. No creía que, hasta este punto...

Cuadró la mandíbula, sin saber exactamente qué decir. Aún no comprendía qué estaba sucediéndole a la chica, porque lo que sí que parecía claro era que aquella no era la Misao de siempre. Pero, después de aquello...

¡...!

Sin previo aviso, la joven kunoichi sacudió la cabeza y se dio la vuelta, echando a correr en la dirección contraria. Saltó al tejado de la siguiente vivienda, y después a la siguiente, alejándose a cada vez mayor velocidad.

—¡La atacante está huyendo! —escuchó que gritaba uno de los jounins que estaban con él, haciendo ademán de salir tras ella, y se encontró con una muralla de arena en el camino—. ¡Ma-maestro Kazekage!

Pero Gaara ya no estaba allí. Su arena seguía de cerca a Misao, que había llegado hasta la zona de la frontera y estaba escalando el enorme muro de roca. ¿Qué pretendes exactamente, Misao...? Fuera lo que fuese, no podía permitirle llevarlo a cabo. No si implicaba quitarse la vida durante el proceso, porque el simple hecho de pensarlo... El simple hecho de pensarlo dolía tanto que le paralizaba el corazón.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Vie 1 Dic - 0:47


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


El agua estalló por todas partes, salpicando su cuerpo y sus ropas, mandando pequeños escalofrío por su diminuto y encogido cuerpo en su propio subconsciente por las sensaciones que percibía, pero sin afectar lo más mínimo al verdadero. El dragón se deshacía por momentos después de que esos enormes brazos, que se le antojaban muy familiares, hubiesen logrado dejar sin cabeza a la gran e imponente figura que era la criatura mitológica. La masa de líquido cristalino se proyectó a las calles circundantes, se desbordó también por el borde de la azotea cayendo en grandes cascadas, arrastrando e inutilizando toda la arena que encontraba a su paso.

Escuchó junto a ella el chasquido de una lengua. La mujer de la flauta no se había esperado una respuesta tan rápida… Ni tampoco que el jutsu en el que debía de haber invertido tal cantidad de chakra fuese a deshacerse apenas un minuto y medio después de la colisión con la arena ajena. Además, las reservas de agua de la tinaja comenzaban a estar peligrosamente bajas y, teniendo en cuenta que no podía tomar su elemento de cualquier sitio como Gaara podía tomar su arena del propio desierto o de las calles de Suna… Parecía que eso irritaba a la mujer de sobremanera y más aún teniendo en cuenta que a la fiesta que había planeado habían llegado invitados no deseados.

Hubo un largo silencio después de que el último rugido del dragón muriese y se lo llevase el silbido del viento. Un silencio no solo a su alrededor, sino también en su mente. De esa forma, Misao casi era capaz de sentir el pulso en sus sienes, completamente acelerado y muy doloroso. Los sentimientos de frustración, angustia e impotencia crecían a cada movimiento que su cuerpo hacía sin su permiso, a cada tentativa que lanzaba contra Gaara. Hasta el momento, había logrado repeler y protegerse de todos sus ataques. Sin embargo… ahora que no tenía al Ichibi en su interior, el chakra de su cuerpo era limitado. Podría estar de mínimos en cualquier momento dados los esfuerzos que se estaba viendo obligado a hacer.

Los dos ninjas que se habían quedado por orden de Baki para cubrirle la retaguardia eran un estorbo para lo que parecía tener intención de hacer. Podría matarles, sí. Pero implicaba gastar chakra y la preciada posesión que era el agua para ello. Además de que eso lograría despertar la furia de Gaara. Y no le interesaba. Prefería descolocarle, dejarle completamente confuso para lograr llegar hasta él.

– Parece que es el momento de seguir con el teatro… —comentó con sencillez. Todo le está costando más de lo que esperaba… comprendió de inmediato—. Y no nos interesan los entrometidos.

Nada más decir aquello, sus puños se cerraron sin previo aviso con fuerza a sendos lados de su cuerpo, clavándose las uñas con fuerza en las palmas de sus manos y mandando señales dolorosas y de escozor por las suyas propias. Un leve temblor pareció recorrer su cuerpo físico, como si fuera por rabia y dolor, antes de que sus labios se entreabrieran y su voz cargada de una furia y frustración fingida por la kunoichi de la Roca, se alzase por encima de cualquier cosa.

¡¿Por qué no puedes dejarte ganar?! ¿Por qué no me dejas cumplir mi deseo para poder morir tranquila? ¡Estoy segura que sabes perfectamente cómo se siente el querer morirse y no poder! ¿Por qué entonces? ¡Quiero desaparecer de una maldita vez para poder volver a verle!

Sintió que el corazón se le paraba de golpe. “Desaparecer para poder volver a verle”, acababa de pronunciar. Eso fue lo que pensó en los primeros días tras la muerte de Akira. Justo esas palabras habían cruzado su mente innumerables veces durante esas largas horas de encierro en su habitación. Porque quería que ese dolor tan insoportable remitiese de una vez. Porque deseaba ver su rostro sonriente y amable, escuchar sus consejos y sus bromas otra vez, costase lo que costase. Era el momento en el que se había encontrado más frágil y vulnerable. Pero después, cuando retomó su investigación, comprendió que él habría querido que viviese como él lo había hecho y que cuidase de su madre, pues no podían dejarla sola.

Lo que acababa de decir era una clara forma de confesar la ausencia de voluntad para vivir y el deseo de muerte.

– Estoy segura de que no podrá dejar las cosas así… A fin de cuentas, eres su alumna, ¿verdad?

Y antes de que pudiera contestarle, sintió en su cuerpo la cinética del movimiento: una carrera continua, con saltos también de forma rítmica así como el viento peinar su cabello. Frente a ella, las imágenes de a través de la ventanita, concordaban con lo que sentía. Se estaba alejando del centro de la Villa, del edificio donde se habían estado enfrentando hasta ese preciso instante.

Minutos después, sus pies aterrizaron en la cumbre de la formación natural rocosa que protegía Suna de los peligros del desierto donde se encontraba emplazada. Ahí, las corrientes de aire eran mucho más intensas y arrastraban una mayor cantidad de arena formando pequeños bucles que se desvanecían segundos después. No fue mucho lo que la figura de Gaara tardó en aparecer frente a ella.

– Como suponía… Te ha seguido. Definitivamente te tiene en muy alta estima. Aunque no lo parezca por la ausencia absoluta de expresión en su rostro por todo lo que has dicho y hecho. ¿No te molesta?

No. Él es así… Gaara-sama sabe mantener a la perfección la calma en situaciones de crisis. Esta es una de esas y actúa de forma consecuente a ella

– Puaj… Cuanto amor y sentimentalismo en una misma frase. Dos cosas que aborrezco enormemente. Así que ahora, si me disculpas, querida, tengo que volver al asunto que me ocupa…

Y de esa forma, sin previo aviso, llevó a cabo un nuevo jutsu. Uno que ya no tenía naturaleza Agua, sino la otra naturaleza que era capaz de manejar desde que tenía memoria: Viento.

¡Kazekega no Jutsu: Técnica de la Herida del Viento!


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Vie 1 Dic - 14:55


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón



Ambos se detuvieron en lo alto de la muralla de roca, uno frente a otro, inmóviles. El viento soplaba con tanta fuerza que su bramido resultaba ensordecedor, y tironeaba de sus ropas igual que si tratase de arrancarlas. De hecho, la situación no se habría diferenciado demasiado de cualquiera de sus entrenamientos habituales si no fuese porque, en aquella ocasión, todo era real. Y el despiste de cualquiera de los dos podía traer consigo consecuencias desastrosas.

"¡¿Por qué no puedes dejarte ganar?!". Apretó la mandíbula, manteniéndose alerta. A Misao no debía de quedarle ya demasiado chakra, ni tampoco agua. Por la forma en la que lo evaluaba, alerta y cautelosa, se notaba que había echado los restos en esa última técnica fallida. Esperaba poder sorprenderme, comprendió. Pero ahora tiene que acabar esto rápido.

Los ojos violetas de la kunoichi brillaron bajo el sol rojizo. En apariencia, parecía la Misao de siempre. Sin embargo, la nueva Misao era capaz de ejecutar técnicas que la antigua ni siquiera dominaba. ¿Cómo podía ser eso posible? Incluso bajo la influencia de un gengutsu, las habilidades del ninja que lo sufría no variaban en absoluto. Pero aquello era distinto.

"No la pierdas de vista" le había dicho días atrás al ninja al que había encargado su vigilancia. Se trataba de uno de los integrantes del cuerpo de asesinos de élite de la Villa, y además pertenecía a la división de infiltración y espionaje. Gaara había trabajado con él durante el tiempo que pasó como ANBU de la aldea, y conocía perfectamente sus habilidades. Si ni siquiera él había logrado anticiparse a lo que fuera que había sucedido...

Debe de tratarse de alguien realmente excepcional, pensó, antes de Misao lanzase su segundo ataque. El viento a su alrededor se volvió tan potente que, de no haber aplicado chakra a la base de sus pies para mantenerse inmóvil, habría salido volando incluso a pesar de la armadura de arena.

No fue capaz de discernir el ataque, pero las corrientes hendieron la cortina de arena que había surgido frente a él con tanta fuerza que lograron deshacer parte de la misma y colarse a través de ella, golpeándole directamente. Sobre su piel, pudo notar cómo la armadura de arena comenzaba a agrietarse, llegando incluso a perforarse en las zonas de mayor impacto. De hecho, no necesitaba apartar la vista del campo de batalla para saber que alguno le había cortado la piel. Había pasado tiempo desde la última vez, pero el dolor siempre era indicativo suficiente.

Ha sido muy potente. ¿Aún le queda tanto chakra? Por lo general, su última línea de defensa tenía la consistencia del mismísimo acero, y por lo tanto cuando la llevaba puesta era como si verdaderamente vistiese una armadura completa. Que esos cortes hubiesen logrado abrirle cortes a través de ella ya demostraba que el nivel de sus técnicas era bastante avanzado.

Sus ojos aguamarina estudiaron a su contrincante en silencio, valorando sus opciones. Si solo hubiese tenido que matarla, aquello habría acabado hacía ya mucho. La barrera de agua no era rival para sus técnicas más avanzadas, como la cascada imperial o el réquiem del desierto, con las que podía convertir su entorno en un auténtico desierto a su merced. Pero aquello era distinto.

"¿Por qué no me dejas cumplir mi deseo para poder morir tranquila?" La voz de Misao, teñida de desesperación, resonó una vez más en su cabeza. "¡Quiero desaparecer de una maldita vez para poder volver a verle!".

Si eso es lo que necesitas para curar tu herida, está bien. No me importa. —Los ojos de la muchacha se abrieron de par en par, estupefactos—. Hasta ahora, nunca me había importado si se curarían o no las heridas que causaba a las personas. Creía que sería mejor para todos, para permitir olvidar. Pero ser Kazekage me ha hecho comprender que no podemos cerrar los ojos ante el sufrimiento de los demás. La Villa Oculta de la Arena ya posee demasiada gente anclada en el odio y la amargura —aseguró, cerrando levemente los ojos antes de proseguir—. No quiero que ese sentimiento anide también en ti.

Tras decir eso, su mano se elevó hasta apoyarse lentamente sobre su pecho, y de pronto la armadura de arena que aún lo rodeaba se desprendió de su piel como una cáscara vacía, amontonándose a su alrededor en pequeños montones de arena.

Así que está bien. Si es lo que quieres, ven y hazlo. No voy a impedírtelo —le aseguró, abriendo los brazos a ambos lados del cuerpo con convicción. Hazlo y sigue adelante. Vuelve a ser la Misao de siempre. Pero como Kazekage no puedo permitir que un shinobi de la Arena se quite la vida. Así que, si después de todo sigues dispuesta a ello, me temo que tendré que detenerte, cueste lo que cueste.


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Última edición por Carrie_B el Vie 1 Dic - 21:06, editado 1 vez


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Vie 1 Dic - 17:23


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


Las dos conciencias albergadas en un mismo cuerpo presenciaron la escena: cómo invisibles pero certeros filos de aire se formaban en el ambiente, cómo estos adquirían una velocidad sin igual, silbando y cortando el aire mientras se proyectaban directamente sobre Gaara. Un enorme muro de arena, tan consistente y firme como una roca, se alzó frente a él a modo de defensa. Pero no sirvió, pues profundos cortes aparecieron entre ellos, permitiendo el paso del resto del de los elementos cortantes. Éstos impactaron directamente sobre él y a Misao se le paró el corazón al percatarse de que… había grietas en su armadura de arena. Pero no solo eso, algún fragmento se había desprendido y una fina línea rojo oscura se había formado bajo ella.

Le ha herido… Ha herido a Gaara incluso con su armadura alzada. Corría peligro. Si la flautista aún era capaz de utilizar técnicas tan avanzadas que requerían tal cantidad de chakra… Y encima mantenía el control sobre ella… ¿Cuánto chakra posee? Sin embargo, a pesar del claro peligro, el muchacho de cabellos pelirrojos continuaba en el mismo lugar, con semblante inexpresivo, observándola con atención incluso después de eso. Entonces entreabrió los labios y habló.

— Si eso es lo que necesitas para curar tu herida, está bien. No me importa —¿Qué? Pensó completamente sorprendida, al unísono que su captora lo decía. Misao le miró abriendo los ojos de forma desmesurada, con el corazón latiéndole con demasiada fuerza en el pecho, tanto que llegaba a dolerle. No puede decirlo en serio. ¡No puede! no paraba de decirse a sí misma, mientras el continuaba hablando—. La Villa Oculta de la Arena ya posee demasiada gente anclada en el odio y la amargura. No quiero que ese sentimiento anide también en ti.

Gaara… El joven Kazekage era el que mejor comprendía ese sentimiento de odio y amargura. A fin de cuentas, era el que le había guiado durante tantísimos años, por el que se había regido para sobrevivir a todos los intentos de asesinato que su padre había programado contra él. Quería detener el ciclo del odio con su propia vida, entregándosela a ella… ¿Cómo podía ser tan idiota? Hacía más de año y medio que había logrado convertirse en el Kage más joven de la historia… Se estaba esforzando tantísimo por la Aldea. Estaba logrando verdaderos progresos. Si se rendía ante ella.

Lo que vino a continuación logró paralizarla por completo. Se estaba deshaciendo de la armadura de arena, que caía en pequeños montones a ambos lados de su cuerpo, sobre el suelo. ¡NO! ¡NONONO!. Logró ponerse en pie dentro de su celda y acercarse a la ventana, que comenzó a golpear con fuerza y frustración. Tenía que detenerle. Tenía que parar todo aquello de una maldita vez o… No, no podría soportarlo. Ya le perdió aquella vez cuando Akatsuki le secuestró y le arrancó al Ichibi. No le perdería otra vez… Prefería morir, como tanto había deseado una semana y pico antes.

— Así que está bien. Si es lo que quieres, ven y hazlo. No voy a impedírtelo —en un gesto de ofrecimiento, el muchacho abrió los brazos sin atisbo de miedo o duda alguna.

— Vaya, vaya… Esto sí que no me lo esperaba. Pensar que tu querido Gaara-sama está poniendo las cosas taaaan fáciles resulta tan… decepcionante. Creí que lucharía con todas sus fuerzas para salvar su vida, no que nos la serviría en bandeja de plata —se denotaba una nota divertida en la voz femenina. Sin embargo, no solo eso… Realmente estaba decepcionada. ¿Cómo podía tener esa forma de pensar tan… enfermiza? ¿Cómo podía disfrutar tantísimo mediante el dolor que infligía al prójimo?—. Sin embargo, por mucho que me gustaría seguir jugando… Es el momento de terminar con todo.

Antes de poder replicar o pensar cualquier cosa, Misao pudo notar la arena levantarse bajo sus pies a cada veloz paso que daba, a cada metro que salvaba acortando la distancia que la separaba de Gaara. Una pequeña porción de agua, la que quedaba remanente en la tinaja, se acumuló sobre su mano, antes de adoptar la forma de un arma larga y afilada, que no tardó en alzar por encima de su cabeza con la clara intención de realizar un movimiento descendente y herir al desprotegido ninja frente a ella.

BASTA. ¡BASTA, POR FAVOR! gritó en su subconsciente con todas sus fuerzas, mientras la visión de sus grandes ojos violetas se empañaba a causa de las lágrimas que habían empezado a emerger y discurrían sin control por sus mejillas. Lágrimas que se proyectaron inexplicablemente a su cuerpo físico y dejaron claros surcos por sus mejillas cubiertas de polvo y suciedad.

Sin embargo, su arma de agua, sólida y letal, no alcanzó el cuerpo ajeno, sino que fue a impactar directamente contra algo duro y resistente. Una lengua de arena se había interpuesto en la trayectoria del arma.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Vie 1 Dic - 19:32


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


Misao lo observó largamente, con los labios sellados. Su mirada se deslizó por los montones de arena que permanecían inmóviles a su alrededor, como si quisiese cerciorarse de que sus palabras eran ciertas. Y, en cuanto se hubo asegurado de que no había ninguna defensa para entorpecer sus movimientos, sonrió para sí y echó a correr.

Gaara no se movió. Sus ojos siguieron la estela de la chica, que se acercaba a él con suma rapidez y había empezado a acumular agua en la palma de su mano. No iba a retroceder —nunca lo hacía— pero tampoco iba a ponerle las cosas tan fáciles. Ciertamente, estaba dispuesto a ceder a sus exigencias si con ello lograba que la desesperación que parecía estar consumiéndola por dentro se desvaneciese, pero no a cualquier precio. El joven Kazekage había puesto sus cartas sobre la mesa, sin trampa ni cartón, y si ella quería aceptarlas debía jugar a su mismo juego y asumir sus mismas reglas. Si no...

Con un siseo similar al de una serpiente, la arena que había conformado su armadura volvió a alzarse en una semi esfera perfecta, interponiéndose entre él y el arma de agua con el que Misao había pretendido descargar el golpe mortal. La vio rechinar los dientes con furia, apartándola y descargando un segundo golpe lateral que la arena volvió a interceptar sin problemas.

Ya te he dicho que...

No obstante, su voz de cortó de pleno cuando sus ojos se enfrentaron a los de ella por encima de la barrera de arena.

Está... llorando. Las lágrimas caían por sus mejillas en gruesos regueros cristalinos que le goteaban por la barbilla, y la tristeza que reflejaban era tan honda que dolía. Podía sentirla en su interior, en las viejas cicatrices del pecho que una vez habían sido heridas sangrantes. La soledad, la incomprensión, la desesperación, la tristeza infinita...

Fue apenas un leve instante, una décima de segundo. La arena titiló, insegura, mientras sus miradas seguían enfrentadas, y en ese preciso momento Misao coló una de sus manos por el hueco libre y lo empujó con todas sus fuerzas, cogiéndolo por sorpresa y logrando que perdiese el equilibrio y cayese de espaldas sobre un nuevo colchón de arena. Para cuando quiso darse cuenta, la chica ya se encontraba sobre él y descargaba la espada de agua a toda velocidad contra su pecho.

Pero, una vez más, la arena se interpuso entre ambos en el último segundo, enredándose en torno al arma de Misao para detener su avance y evitar que llegase a alcanzarle. La joven kunoichi chilló de rabia, apoyando todo su peso sobre el arma para intentar traspasar el brazo de arena, y un par de lágrimas descendieron hasta chocar contra la mejilla de Gaara, mucho más cálidas de lo que creía recordar. Aún estaba llorando, tanto que su rostro había comenzado a congestionarse, pero por contra la fuerza que estaba aplicando al arma de agua resultaba abrumadora. El brazo de arena no era lo suficientemente grueso como para soportarlo, y en pocos segundos la reluciente punta de la espada asomó por el lado contrario, a escasos centímetros de su chaleco.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Vie 1 Dic - 21:39


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


Misao, con sus ojos completamente anegados en lágrimas de impotencia y profundo dolor, casi pudo escuchar el rechinar de los dientes de su titiritera cuando su ataque fue detenido. Estaba claro que comenzaba a perder la paciencia que desde el minuto cero había logrado mantener. Por ello realizó un segundo movimiento igual de veloz, tratando de alcanzar uno de sus costados. Mas volvió a fracasar, pues la misma arena lo interceptó.

— Ya te he dicho que... —empezó a decir Gaara, estando ahora cara a cara. No obstante, su frase quedó a medias y su rostro adoptó una clara expresión de sorpresa. ¿Qué? ¿Qué ocurre?

La kunoichi se apresuró a secar sus lágrimas, pues su visión borrosa le impedía ver bien lo que sucedía. Sin embargo… a pesar de ello, las imágenes que observaba por la ventana frente a ella seguían estando completamente empañadas. Parecía como sí… ¿Estoy… estoy llorando de verdad? Si eso era cierto, su propio cuerpo había respondido a lo que ella realmente sentía. Es decir, el control que la mujer ejercía sobre ella no era absoluto. Está perdiendo poder sobre mi… Puedo lograrlo. Puedo recuperar mi cuerpo, solo tengo que…

Un grito ahogado escapó de sus labios cuando vio cómo Gaara, completamente desconcertado —probablemente por sus lágrimas—, se precipitaba de espaldas al suelo, tras el fuerte empujón que había recibido por su parte. A penas un segundo después, la visión aunque aun borrosa, cambió y se percató de que se había situado sobre él, espada en mano y colisionando nuevamente con su arena. Los improperios resonaron con furia por toda su prisión mental. Estaba claro que no se había esperado tanta resistencia… Y precisamente por esa frustración de no poder alcanzarle a cada ataque que hacía, un grito de rabia surgió de su propios labios a la par que ejercía una fuerza mayor sobre su arma.

Puedo salir de aquí… Ella está agotada y ya no me presta tanta atención como antes… Tengo que lograrlo o… Su propia frase se quedó a medias. Sentía un enorme nudo en la garganta y nuevas lágrimas emerger de sus grandes ojos violetas. Su intención era concentrarse, tratar de reconectar con todo su cuerpo. Pero no pudo más que planteárselo, Gaara no tenía tiempo ya. La espada cristalina había empezado a atravesar la capa de arena, abriéndose paso por ella. Unos pocos segundos y…

A su mente acudieron un torrente incontrolable de imágenes: la noche en que el Ichibi fue liberado doce años atrás, el día que lograron liberarlo en Suna unos meses antes, la estancia de un Gaara pálido y herido en el hospital, el momento en el que le dio a su padre el suero con la droga, el momento en el que descubrieron el secuestro del Kage y cuando lo hallaron sin vida en aquella pradera, la noche que pasaron juntos y, por último, el aspecto del cuerpo sin vida de su padre cuando fueron a identificarlo. Tantas cosas dolorosas habían sucedido…

Ahora estaba a punto de convertirse en la asesina del chico al que amaba, por el que tanto se había preocupado de forma desinteresada, al que había tratado de cuidar y del que tanto estaba aprendiendo. No lo soportaría… No soportaría perderle otra vez y que fuese por su propia debilidad. Prefería morir antes de hacerle daño.

No… Basta… Déjale. ¡No le toques! el volumen de sus propios pensamientos era a cada palabra mayor, hasta el punto en el que gritó con todas sus fuerzas. NO TE ATREVAS A HACERLE DAÑO. Todos esos sentimientos negativos, esos que había albergado desde que su cuerpo había sido robado y su conciencia encerrada en una pequeña esquina oscura de su mente, se intensificaron de golpe. El mismo quería dar su vida para que me pudiera sentir en paz…

Eres idiota, Gaara… —su voz surgió temblorosa de entre sus labios, esta vez siendo ella misma.

Lo había logrado… Había retomado el control de su propio cuerpo. Podía sentir cada una de sus células, su corazón latir, el aire entrar de nuevo en sus pulmones. Sus lágrimas cálidas discurrir por sus mejillas, el sudor perlando su frente por el esfuerzo físico del enfrentamiento, pero también por el mental que acababa de realizar y, sobre todo... el temblor de sus pequeñas manos, que sostenían con fuerza la empuñadura de la espada cristalina pero que ya no ejercían presión alguna sobre la arena para atravesarla.

El arma se deshizo en sus manos y empapó la poca arena que le había estado impidiendo avanzar. Su nivel del chakra estaba en las últimas, pues ya no estaba provista del de la kunoichi de la Roca. Entre lágrimas, se miró las manos mientras las abría y cerraba, queriendo cerciorarse de que era ella.

Un verdadero idiota… —repitió tragando saliva. Había dicho muchísimas cosas que debían de haberle herido… Aunque no fuese ella, era su voz la que las había dado forma. Quería que comprendiese que no era ella misma—. No fue culpa tuya… Lo de mi padre… Yo soy la responsable. Le llevé yo aquel suero para que lo investigase. Si se lo hubiese entregado a otro… Esto no habría pasado —las palabras salían a trompicones de sus labios, temblorosas y completamente rotas—. También es mi culpa todo eso. Si fuese más fuerte habría podido hacerle frente... habría logrado romper el genjutsu antes y no… —tuvo que parar. Cerró con fuerza los ojos mientras continuaba llorando silenciosamente y sus hombros se sacudían ligeramente. Los segundos pasaron antes de que continuase—. Y no habría estado a punto de perderte otra vez. Se me hace insoportable solo de pensarlo. El día que te vi en aquel prado, tendido sin vida… —tomó una bocanada de aire con dificultad, mientras su cuerpo entero comenzaba a temblar. Ya no podía callarse más. Sabía que no era lo correcto, pero después de todo lo sucedido… No. No podía—. Me dolía tanto el pecho que apenas podía respirar. No sé qué hubiera hecho de no ser por la Venerable Chiyo… ¿D-De verdad has pensado que te odio? ¿De verdad ha-has creído que deseaba que murieses? Si es así… Créeme: no hay persona que desee más que yo que vivas…  Preferiría morirme antes que quitarte la vida.  N-No porque seas mi Kazekage, no porque seamos maestro y alumna… —con cierta brusquedad, Misao se pasó el dorso de las manos por los ojos, queriendo hacer desaparecer sus lágrimas, para poder clavar sus grandes ojos violetas en los agua marina de Gaara, que permanecía en completo silencio—. Sino porque no hay persona más importante para mi que tú… porque estoy malditamente enamorada de ti —musitó finalmente. Una pequeña, triste y débil sonrisa se dibujó en sus labios, antes de que se inclinase sobre él hasta que sus frentes se juntaron y sus narices se rozaron—. Perdóname por ser egoísta y decirlo ahora. Perdóname por haberte atacado, por haberte hecho daño… perdóname por todo… Por favor —musitó.

Entonces, la poca distancia que separaba sus rostros desapareció por completo. Sus labios se encontraron con cierta torpeza y miedo, en beso que trataba de expresar todo lo que sentía por él, para que lo comprendiese algo que todos habían visto ya a excepción de él.


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Última edición por SapphireDragon el Dom 3 Dic - 17:09, editado 1 vez


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 2 Dic - 15:45


«You could be loved again»
XII. El dolor del corazón


La punta de la espada rozaba ya la tela del chaleco, comenzando a empaparla. Podía sentir la presión sobre el pecho conforme ella empujaba más y más, sentada a horcajadas sobre su estómago, ganándole terreno a la arena. Pronto llegaría a traspasar el chaleco y el traje, y después...

—Eres idiota, Gaara…

De pronto, la fuerza que ejercía sobre el brazo de arena se extinguió, y un líquido frío le empapó parte de la ropa, arrastrando los restos de arena consigo. La espada... La espada ya no estaba allí, pendiendo sobre él. Algo o alguien la había extinguido. Su mirada buscó inmediatamente la de ella, demasiado confuso para entender nada, y se percató de que la muchacha tenía la suya fija en sus manos. La vio flexionarlas un par de veces, y después sus ojos empañados de lágrimas volvieron a enfrentarle.

—Un verdadero idiota… —La voz y la barbilla le temblaban de tal forma que resultaba difícil entender lo que decía—. No fue culpa tuya… Lo de mi padre… Yo soy la responsable. Le llevé yo aquel suero para que lo investigase. Si se lo hubiese entregado a otro… Esto no habría pasado.

Los ojos de Gaara continuaron muy abiertos, fijos en el rostro congestionado de Misao, incapaz de pronunciar ni una sola palabra mientras ella proseguía hablando entre sollozos ahogados. Sobre el genjutsu al que al parecer había estado sometida, sobre aquel día en el prado del País del Río... "Me dolía tanto el pecho que apenas podía respirar" acababa de decir, temblando como una hoja. Solo que aquel dolor no tenía nada que ver con lo que habían hablado sobre su amiga de la infancia. Era por él. Había estado sufriendo de esa forma por él, por lo que le había sucedido después de que los Akatsuki se lo llevasen. Porque le preocupaba su bienestar...

—Créeme: no hay persona que desee más que yo que vivas…  Preferiría morirme antes que quitarte la vida —aseguró con rabia, antes de secarse bruscamente las lágrimas con el dorso de la mano—.  N-No porque seas mi Kazekage, no porque seamos maestro y alumna… Sino porque no hay persona más importante para mi que tú… porque estoy malditamente enamorada de ti.

Tump-tump. El latido fue tan intenso que le embotó la cabeza por completo, dejándolo paralizado y sin aliento. ¿Acaso ella...?

Entonces, un remolino de recuerdos pareció envolverlo todo, y un millón de rostros pasaron por su mente a una velocidad de vértigo. Alegres, tristes, azorados... Y todos tenían ese mismo tono violáceo en la mirada, y esa sonrisa tan característica suya.

"Sois un modelo a seguir para muchos de nosotros. Representáis el esfuerzo, el cambio y-y… el futuro…" le había dicho el día que se habían conocido, después de que hubiese interrumpido la reunión del Consejo para entregar aquellos papeles a su padre. Pero no solo entonces. También después, durante todo ese tiempo...

"Querer proteger a los seres queridos es la mayor motivación que un ninja puede tener para progresar, para hacerse más fuerte".

"Te… Te he traído un cactus, maestro. Recordé que eran tus plantas favoritas y…".

"Siempre puedes contar conmigo, ¿de acuerdo?".

"Estoy contigo, Gaara…".

"No te odio. Nunca te he odiado, aunque no me creas. Eres… Eres importante para mi, Gaara-sama".

"Si… Si tienes miedo de que algo suceda, no me iré a ninguna parte, ¿de acuerdo?".

—... perdóname por todo… Por favor.

Algo suave rozó sus labios, y el aliento que hasta el momento había estado conteniendo fue sustituido por uno mucho más cálido. Podía sentir su piel mojada empapando la suya, y las lágrimas ajenas fundirse hasta resbalar hacia la comisura de su boca. Salado... ¿Era por las lágrimas? ¿O tenía que ser así? Ella había cerrado los ojos, pero seguía llorando. ¿Por qué sentía esa extraña presión en el estómago? No tenía nada que ver con Misao. No tenía nada que ver con ninguna otra cosa que hubiese sentido hasta el momento. Eso es... tan...

Y, tan pronto como había llegado, acabó. El aliento cálido se extinguió, las manos que la chica mantenía pegadas a su pecho resbalaron lentamente por la ropa hasta quedar inertes sobre ella, y su frente se deslizó hasta apoyarse sobre su barbilla. Permanecieron así unos instante, completamente inmóviles, hasta que Gaara se dio cuenta de que los sollozos habían cesado. De hecho, Misao ni siquiera se movía.

Con mucho cuidado, la apartó ligeramente de él para poder mirarla a la cara. La joven kunoichi aún sonreía, pero mantenía los ojos completamente cerrados y... No está respirando.

Gaara siempre había sido bueno en situaciones así. Cuando pertenecía al ANBU, la frialdad con la que era capaz de manejar situaciones semejantes había sido la clave para que muchas de las misiones que su equipo había llevado a cabo hubiesen salido adelante, igual que muchas de las vidas de sus compañeros. Pero, por alguna razón incomprensible, aquella fue la primera ocasión en la que se vio incapaz de reaccionar. Sus ojos continuaron fijos en el rostro pálido y apagado de Misao, en las ojeras oscuras que comenzaban a ensombrecerle los ojos y en la sonrisa triste, totalmente bloqueado.

¡Gaara!

La voz de su hermano Kankurō lo obligó a levantar la cabeza, aún con los ojos muy abiertos. El marionetista llegó de un salto y se acuclilló rápidamente junto a él, con una expresión grave endureciéndole las facciones.

¿Estáis bien? ¿Qué ha pasado? —Al ver que su hermano parecía incapaz de contestar, frunció el ceño y se inclinó sobre Misao. Cuando se percató de lo que sucedía, se levantó rápidamente y se giró hacia el resto del equipo de ninjas que habían llegado con él—. ¡Avisad de inmediato a un curandero! ¡Que venga enseguida! ¡VAMOS!

Pocos segundos después, dos hombres ataviados con la ropa del cuerpo de curanderos de Suna se arrodillaron junto a ellos, haciéndose cargo de la muchacha. Garaa vio, aún inmóvil, cómo sus manos empezaban a ejecutar una serie de sellos que no pudo identificar, hasta que una luz verdosa surgió de ellas y penetró en el cuerpo de la joven. El otro, mientras tanto, se afanó en extender una camilla portátil justo a su lado, lista para el traslado al hospital.

—Ya está. La tengo. Había gastado todo su chakra. —El ninja que había ejecutado los sellos sonrió al ver que el pecho de Misao empezaba a subir y a bajar de nuevo. A su lado, Kankurō respiró hondo, aliviado—. Con vuestro permiso, Maestro Kazekage...

Gaara asintió levemente, tragando saliva. No fue hasta que no los vio alejarse en dirección al hospital que logró recuperar el control, parpadeando ligeramente. Le escocían los ojos por el viento y la arena, y el nudo en la garganta aún seguía ahí para cuando se volvió hacia el marionetista para preguntarle acerca del estado de Temari.

Está bien. Solo ha sido un susto —admitió, antes de fruncir ligeramente el ceño—. Ga-Gaara...

¿...?

... estás... llorando. ¿Estás bien?

El pelirrojo lo miró, sin comprender. Entonces, muy lentamente, se llevó la mano al rostro. Las lágrimas de Misao ya se habían secado, dejándole la piel ligeramente tirante, pero aquello que rodaba por su mejilla... aquello no había estado allí antes. La capturó con el dedo, observándola en silencio después, sorprendido. Era una lágrima, y también era cálida.

Y era suya.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 2 Dic - 19:30


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XIII. Sentimientos en una guerra


Pi. Pi. Pi. Pi… El pitido de una máquina junto a ella, constante y seguido, sin interrupción alguna, fue lo primero que escuchó cuando sus párpados comenzaron a moverse. Entonces, lentamente abrió sus grandes ojos violetas. Tardó un poco en enfocar el techo color arena que sobre ella se alzaba, donde pendía una pequeña lámpara en esos momentos apagada, pues la luz natural era más que suficiente para la iluminación de la estancia.

Frunció ligeramente el ceño. ¿Dónde estoy…? ¿Qué ha pasado? Sentía su cuerpo pesado y su mente completamente embotada, lo que no le ayudaba a pensar ni a hacer memoria. Finalmente, con un poco de esfuerzo, giró la cabeza y paseó la mirada a lo largo de todo el lugar. Necesitó unos pocos segundos antes de comprender. Esto no es mi habitación… Vuelve a ser el hospital. Vale. Ya había encontrado una de las dos respuestas que andaba buscando. Mientras se esforzaba para contestar a la segunda, continuó analizando la estancia, de derecha a izquierda… Y cuando llegó al lado izquierdo por poco se muere del susto.

Un rostro que le era completamente conocido estaba muy cerca del suyo, con un brillo ilusionado y feliz en sus ojos dorados. Los cabellos cortos y oscuros, rebeldes y sin orden alguno, como siempre estaban apartados de su frente por una banda blanca. Una sonrisa de pura felicidad y alivio se había curvado en sus labios, lo que lograba darle un aspecto mucho más infantil. El corazón le dio un brinco de la sorpresa y sintió sus mejillas ruborizarse débilmente debido a la cercanía tan inesperada.

¿Ka-Kaito-kun? —logró decir, con la voz ronca y rasposa, notando su garganta completamente seca. Tragó saliva en un intento de mejorar el estado, pero no lográndolo.

¡Al fin despiertas! Jope, ¡no sabes lo preocupados que estábamos! Yo el que más, por supuesto —dijo con su habitual desparpajo, echándose flores y frotándose la nuca antes de corregirse—. Bueno, tu mamá probablemente más que yo pero… ¡Yo el segundo! Encima… corren rumores estúpidos de que dejaste K.O. a todos los shinobis que guardaban la prisión y después atacaste a los Hermanos de la Arena en el edificio del Kage. Por supuesto no me he creído nada de lo que van diciendo por ahí, tú no harías algo así, estoy completamente seguro. Y menos en un momento como éste… Eres demasiado buena y considerada —le halagó sonrojado mientras continuaba frotándose la nuca en un gesto nervioso. Tras unos segundos, pareció ver adecuado separarse un poco de ella y sentarse en el taburete junto a su cama.

No llegó a contestar de inmediato. Como era habitual, Kaito soltaba una retahíla de cosas sin coger apenas aire y mezclando los asuntos, sin importar la situación en la que se encontrase. Aquella vez no era una excepción. Y sin duda, Misao mostró un gesto de incomprensión y confusión en lo que absorbía y procesaba toda la información que le había dado de una sola vez y nada más despertar. Le llevó un poco pero finalmente, recordó todo de golpe.

La investigación de su padre. La anotación que rezaba ¿Iwa… o Suna en el lateral de uno de los informes. La visita a la prisión y la confirmación de sus sospechas. La mujer de la flauta. El horrible Genjutsu en el que se había visto encerrada. Su cuerpo usado en contra de su voluntad para atacar el edificio del Kage. Temari encerrada en una consistente prisión de agua. Kankurō y los equipos de apoyo tratando de evitar que se ahogase. Su huida hacia la frontera. El enfrentamiento con Gaara. Ese pequeño discurso en el que aseguraba que se dejaría matar si con ello se volvía a ser quien solía ser. Todos los sentimientos que se manifestaron de golpe y la liberaron del genjutsu. Y por último… su confesión y el beso.

El sonrojo ascendió hasta sus mejillas y las encendieron violentamente, mientras movía despacio una de sus manos a sus propios labios y los acariciaba. ¿Cómo pude… hacer eso? Lo habré estropeado todo… se dijo sintiendo un pinchazo en el pecho. No sabía cómo diantres iba a poder mirarle a la cara. Estaba completamente segura de que Gaara no sentía absolutamente nada por ella más allá de una relación de maestro-alumna y, quizás, de amistad. Pero ahora probablemente ya no existiese ni una cosa ni otra. Perdida en esos pensamientos, se percató de una cosa.

Kaito acababa de decir algo que hasta ese momento no le había dado importancia alguna: “Y menos en un momento como éste…”. ¿Qué quería decir con ello? ¿Había sucedido algo mientras había estado ingresada? Y algo también importante, ¿cuánto llevaba ahí?

Misao volvió a tragar saliva para después carraspear. Necesitaba beber agua, e incluso antes de que pudiera hacer caso omiso a esa necesidad, su compañero de equipo pareció percatarse de ello. Se levantó de un salto, la ayudó a incorporarse despacio para después, rápidamente, llenar de agua el vaso de cristal colocado sobre la mesita de noche con la jarra de cerámica.

¡Toma, Misao-chan! Debes de tener la garganta completamente seca…

Ante ese gesto tan atento, la muchacha logró esbozar una débil sonrisa de agradecimiento. Tomó el vaso y se lo llevó a los labios despacio. Bebió en pequeños tragos, pero al final acabó con todo el contenido, relamiéndose al terminar y dejando escapar un suspiro. Sus manos envolvieron cuidadosamente el vaso sobre su regazo, antes de decidirse a preguntar finalmente.

Muchas gracias por todo… –comenzó diciendo en voz baja– Oye, Kaito-kun… Has dicho antes que no te creías nada de eso y más teniendo en cuenta todo lo que está pasando… ¿A qué te referías? ¿Ha ocurrido algo mientras he estado inconsciente aquí? ¿Y cuánto tiempo llevo ingresada?

Por el rostro del muchacho cruzó una sombra al darse cuenta que había dicho todo aquello olvidando por completo que ella no tenía ni idea de nada. Le vio volver a sentarse, cruzándose de brazos con gesto serio, algo que pocas veces se veía en él.

Lo siento… Este es el quinto día que pasas en el hospital, Misao-chan. Y… Bu-bueno… Según parece desde que tu padre… —comenzó diciendo, dejando esa primera frase a medias sin saber cómo continuarla. Inevitablemente, sintió el dolor de la pérdida de su padre nuevamente en su pecho y apretó la mandíbula de forma imperceptible—. Los mandamases y el Kage han estado pensándose si declararle la guerra o no a la Aldea Oculta de la Roca. Al final lo han hecho y marchan en dirección norte, a una zona rocosa del desierto no muy lejana a la frontera con el País de la Tierra  —le informó plenamente, con el ceño ligeramente fruncido, antes de continuar y expresar su opinión—. No sé por qué les ha costado tanto decidirse. Ellos son los culpables de lo de tu padre, ¿verdad?

Misao no respondió. De hecho, la última frase ni la había llegado a escuchar. Cinco días… Y acaban de declararle la guerra a Iwa. Una guerra innecesaria porque no han sido ellos los que han estado detrás de los ataques a Gaara ni de la muerte de mi padre. ¡Mierda! No se lo pude decir después de recuperar el control. ¿Será demasiado tarde?

Fuera como fuese, no podía quedarse de brazos cruzados en el hospital. Debía ir a avisarle, informarle si aún había oportunidad para ello. Sí, se tendría que enfrentar a él después de su confesión y el beso bañado en lágrimas que le había robado. Pero una guerra era muchísimo más importante que la vergüenza que pudiera sentir.

Sin embargo tenía dos problemas. El primero: no le habían dado todavía el alta y sabía que era con razón. Su cuerpo aún estaba débil después de la pérdida masiva de chakra, lo notaba en cada movimiento que hacía. Tendría que dejar a un lado esa debilidad, esforzarse y escaparse de alguna forma de allí. El segundo de los problemas: Kaito. Su amigo estaba claramente preocupado por ella y lógicamente no iba a permitir que se marchase a ninguna parte. Debía lograr quedarse sola y para ello…

Vaya… No puede una desmayarse durante cinco días, ¿eh? Se pierde muchísimas cosas —bromeó aun con la pequeña y cansada sonrisa en sus labios. Dejó escapar un teatrero suspiro mientras llevaba una de las manos que sostenían el vaso vacío a su estómago—. Oye, Kaito-kun… ¿Puedo pedirte un favor? Sé que habrás estado velando por mi mucho estos días y eso ya es un gran favor pero…

¡Pídeme lo que quieras, Misao-chan! —se apresuró a decirle, interrumpiendo su frase. Se iba a sentir muy mal por hacerle eso, sabiendo que iba a hacer aquello con toda la buena intención del mundo.

Me gustaría comer algo… Tengo muchísima hambre. ¿Podrías… ir a la cafetería y comprarme algún dulce, por favor?

A penas unos segundos después, tras un efusivo “Por supuesto, yo soy tu hombre para traerte el antojo que tengas”, desapareció por la puerta. Permaneció quieta, escuchando los pasos ajenos alejarse por el pasillo, hasta que llegó un punto en el que dejó de escucharlos. Fue entonces cuando comenzó a deshacerse de las vías que estaban unidas al dorso de sus dos manos; hizo a un lado las sábanas y lentamente se levantó. Al principio creyó perder el equilibrio, pero se apoyó sobre la cama antes de que llegase a ocurrir. Seguidamente, se acercó a la silla donde su ropa limpia descansaba y comenzó a cambiarse con rapidez. Por último, antes de abrir la ventana de la habitación, sus ojos se desviaron a su tinaja de agua y, una vez comprobada que estaba llena, la enganchó a las correas que la sujetaban a su espalda.


——————


Cuánto llevaba corriendo no lo sabía. Debía ser pasado el mediodía, según podía deducir por la posición del sol en el cielo, pero no había mirado la hora que era antes de salir. Sin embargo, no debía de estar demasiado lejos. A pesar de lo debilitada que estaba, era capaz de percibir el chakra de un gran número de personas no muy lejos de allí.

Además, las formaciones rocosas altas e irregulares, comenzaron a aparecer en su campo de visión. Las alturas me ayudarán a ver el campo de batalla… Por esa misma razón, aplicando un leve flujo de chakra a sus pies, ascendió por uno de ellos. Una vez en su zona superior, se dedicó a saltar de uno a otro, hasta que finalmente lo vio. El número de ninjas de la Arena y de Suna en conjunto era muy alto Sin embargo... No hay enfrentamiento. Los dos bandos están a la espera en zonas opuestas. ¿Por qué? Su mirada violácea se estrechó y escaneó el terreno buscando al Kazekage. No fue mucho lo que le llevó encontrarle. A fin de cuentas, en la zona central, dos figuras se estaban enfrentando... Un hombre de pequeña talla, que parecía ser capaz de flotar en el aire y un joven de cabellos pelirrojos, rodeado de su arena.

Un uno contra uno. Debía detenerles. Debía parar el dichoso enfrentamiento antes de que todo fuese a más y traspasaran el punto de no retorno. Tenía que encontrar alguna manera de llamar su atención y la que resultaba más fácil sería utilizando un jutsu. Uno de naturaleza suiton, su marca característica, su firma. Pero debía tener cuidado porque su balance de chakra seguía siendo inestable y sus reservas eran bajas todavía. Tomó una gran bocanada de aire, cerrando los ojos, antes de soltarlo con lentitud y empezar a hacer los sellos correspondientes con cierta inseguridad.

Suiton Suijinhekin: Muro de agua —dijo sin alzar la voz, mientras el agua de su tinaja salía a gran velocidad y se proyectaba directamente sobre el campo de batalla, interponiéndose entre Gaara y su contrincante. Solo logró mantener la barrera unos segundos, pero fue tiempo suficiente para que tuviera el efecto esperado.

Ambos contrincantes se detuvieron de golpe y alzaron la mirada en su dirección. Aunque ya no encontraron ninguna figura en lo alto del risco. Misao ya había descendido de allí y se encontraba corriendo hacia ellos. Para cuando se paró a unos metros de su Maestro, frente a los semblantes sorprendidos del resto de ninjas, su rostro estaba completamente perlado de sudor, colorado y respiraba con mayor dificultad de lo habitual frente a un pequeño esfuerzo.

N-No...No es Iwa... –logró decir con voz completamente cortada, con la mirada fijada en los atónitos ojos aguamarina de él.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 3 Dic - 14:05


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XIII. Sentimientos en una guerra


Hacía varios kilómetros que el terreno había comenzado a escarparse cada vez más, hasta que el desierto pasó a discurrir en regueros arenosos por los huecos de las rocas. Un escenario equilibrado en el que ambos bandos jugaban con su respectiva ventaja, de forma que la victoria no pudiese ser atribuida a agentes externos. Era la clase de consideración que muchos shinobis no tendrían con sus rivales puesto que, como bien le había señalado Temari antes de partir, suponía ceder demasiados puntos en el plano táctico. "El desierto nos favorece más", había añadido frunciendo el ceño, mientras aseguraba su abanico de guerra en su espalda.

Gaara lo sabía. Ya no solo por la clase de ninjas que predominaba en Suna, si no porque las máquinas de guerra que poseía la aldea estaban, lógicamente, adaptadas a las condiciones físicas y climáticas del desierto. Sin embargo, se había limitado a permanecer en silencio y Temari no había sido capaz de encontrar réplica para eso.

Para el mediodía, ya habían alcanzado el cañón del antiguo río Shimato. Habrían llegado mucho antes de no ser por los lanza shurikens gigantes, que pesaban varias toneladas, y por las ballestas de largo alcance, pero Baki había insistido en llevarlas a pesar de todo. "Solo por si ese viejo terco rechaza la propuesta", gruñó. La mayoría del Consejo se mostró de acuerdo con su decisión, así que Gaara no se la rebatió. En cualquier caso, tampoco tenía mayor relevancia.

Mientras los colocaban en línea a lo largo de cincuenta metros, Gaara se adelantó hasta el borde y examinó el grueso de las fuerzas de Iwa. Todos vestían el chaleco táctico y el uniforme de color rojo, y en primera línea habían dispuesto gigantescas hondas cargadas con rocas del tamaño de edificios y cañones bomba. A esas alturas, el aire ya se había impregnado del fuerte olor a pólvora. Bien. Debía reconocer que habían hecho un buen trabajo. El acceso a esa clase de información no era sencillo de conseguir, pero al parecer habían conseguido apañárselas.

No veo al viejo —murmuró Kankurō, deteniéndose a su lado y observando el horizonte con ojo crítico—. ¿De verdad crees que es una buena idea, Gaara? Tenemos efectivos de sobra para...

No podemos permitirnos bajas —atajó simplemente, sin apartar la vista de las líneas enemigas.

Ya, pero...

Kankurō frunció el ceño, preocupado. Sabía que ésa había sido la condición indispensable del señor feudal del Viento para apoyar la declaración de guerra, pero aún así... Estamos arriesgando demasiado. Confiaba plenamente en las capacidades de Gaara y sabía que era un shinobi extraordinario, aunque... Él también es de carne y hueso. En tiempos pensaba que era invencible porque nadie podía tocarlo, pero... Supongo que nadie es invencible después de todo.

El sol ardía con fuerza sobre sus cabezas, mitigando el viento que ululaba dentro del cañón. Algo más allá, un halcón sobrevoló uno de los picos rocosos que se alzaban tras las filas de Iwa.

Es la hora —musitó Temari, colocándose a su derecha y apoyando el abanico en el suelo.

...

Al otro lado del cañón, la vanguardia empezó a apartarse lentamente, abriendo camino a un hombre bajito y mayor que se desplazaba por el aire con las manos a la espalda.


— X —


De nuevo, la arena se interpuso en el camino del clon de roca que se abalanzaba sobre él en aquel instante, retorciéndose a su alrededor y reduciéndolo a polvo al instante. Inmediatamente después, dos nuevos clones surgieron a su espalda y apuntaron hacia él con sus manos.

—¡Doton, gran puño de roca!

Gaara tuvo que saltar para esquivar el golpe, que acabó enterrado en una roca cercana. El suelo vibró con tanta fuerza que algunos de los shinobis de la Arena perdieron el equilibrio, y la roca se transformó en gravilla en cuestión de segundos. Se escucharon gritos ahogados a su espalda, pero Gaara no les prestó atención. Sus manos ya estaban ejecutando nuevos sellos, y a su alrededor la arena del ambiente comenzó a compactarse en gruesas rocas gigantes que, a su orden, salieron disparadas directamente hacia el anciano Tsuchikage.

Se está alargando demasiado, pensó, viendo cómo destruía cada una de ellas con sus puños de roca. Y, conociendo el nivel de técnicas que podía aplicar bajo la restricción del elemento tierra, tampoco podía contar con efectuar sus jutsus más potentes. Aquello solo serviría durante unos minutos más, pero después...

Zas. De pronto, un muro de agua se elevó entre ambos, interrumpiendo el combate. Escuchó la exclamación de sorpresa de Ōnoki al otro lado, y sus ojos se desviaron rápidamente en busca del causante. Ese chakra...

No esperaba que fuese ella. No directamente, al menos. Había dejado órdenes estrictas para su protección, y debía ser su informante el que le enviase la confirmación de sus pesquisas una vez la hubiese obtenido. Pero en ningún caso había contado con que dicha confirmación viniese de la mano de Misao. Sus ojos se estrecharon al verla acercarse, sudada y temblorosa, sin parar de resollar.

—N-No...No es Iwa... —logró decir al fin, entre jadeos ahogados.

Se escucharon murmullos de incomprensión a lo largo de todas las filas de la Arena, pero Gaara se limitó a asentir con una cabezada y ladeó la cabeza hacia Ōnoki, que había descendido también al suelo y observaba la escena en silencio.

Suficiente por ahora.

El anciano asintió, soltando un respiro de alivio casi imperceptible. Sus puños mermaron hasta su tamaño inicial, y la arena que parecía estar envolviendo todo el campo de batalla viró y empezó a regresar a la tinaja. El murmullo subió entonces de volumen conforme la sorpresa invadía a todos y cada uno de los shinobis de Suna. "El Kazekage ha parado la pelea...". "¿Quién es ésa?". "¡Pero si íbamos ganando!". "Ha dicho que no es Iwa...". "¿Qué está pasando?". "¿No es la hija de ése al que mataron?". "Dicen que su padre estaba aliado con el Tsuchikage...". "Mira, mira...".

¡Gaara! —exigió Temari, acercándose hacia ellos, aunque sus ojos permanecían fijos en Misao con una expresión desconcertada—. ¿Qué es esto? ¿Qué está ocurriendo?

Todas las miradas estaban puestas en ella, que a su vez observaba a los dos Kages con los ojos muy abiertos. Su pecho había recuperado un ritmo más o menos aceptable de subidas y bajadas, aunque la palidez de su rostro todavía resultaba preocupante. No debería estar aquí.

En todo caso, ya no tenía remedio.

Explícate.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 3 Dic - 16:58


«You could be loved again»
XIII. Sentimientos en una guerra


Sus piernas amenazaban con perder la poca fuerza que tenían y con la que lograba mantenerse en pie. En cualquier momento terminarían cediendo y ella caería al suelo. Cerró los ojos momentáneamente y se concentró en recuperar la respiración, llevándose al pecho una de sus temblorosas manos. Mientras inspiraba por la nariz y espiraba por la boca, podía escuchar el rumor generalizado de los ninjas de la Arena, tras que su Maestro hubiera detenido momentáneamente el enfrentamiento con el Tsuchikage. Muchos no reconocían su identidad y los que sí lo hacían, se referían a ella como “la hija de ése al que mataron” o “la hija del traidor”. Sí… Esa soy yo. La hija de un shinobi de la Arena asesinado. Pero no la de un traidor. Mi padre era un buen hombre. Siempre lo fue y pienso demostrarlo.

No fue mucho lo que Temari tardó en dar unos pocos pasos hacia ellos mientras hablaba. Misao, al escucharla, no pudo evitar dar un respingo en su sitio y abrir los ojos, posándolos sobre ella. La última vez que se habían visto… Había tratado de ahogarla con una de sus técnicas. Bueno, no era ella, sino la kunoichi de la Roca que la controlaba. Aún así, sentía la culpabilidad nacer en su pecho y se mordió el labio inferior. No había resquicios de odio o rencor en la mirada verdosa de Temari, sino una expresión atónica y confusa por lo que acababa de expresar en voz alta.

– Explícate –Fue lo siguiente que escuchó salir de los labios de Gaara.

Los ojos de todos los presentes estaban fijados en ella, en su menudo y cansada figura. Tragó saliva y asintió como única respuesta, mientras procuraba erguirse y mantener la cabeza alta. Era el momento de descubrirlo todo, de explicarlo. De limpiar el nombre de su padre, que había sido mancillado injustamente.

Hace unos meses, cuando nuestra Aldea fue atacada por un grupo de ninjas con el emblema de la Roca. En aquel enfrentamiento, el Maestro Kazekage fue herido e ingresado en el hospital. Durante ese periodo, se detectó una sustancia desconocida en el suero que le estaba siendo suministrado –comenzó diciendo pausadamente. Hizo una pequeña pausa durante la que carraspeó–. Kankurō-san identificó la sustancia como el extracto de una rara especie de planta que solo crece en regiones del País de la Tierra. Para verificarlo, mi padre, Akira Ichijō, comenzó una investigación al respecto… Razón por la que fue asesinado hace más de dos semanas…

Nuevamente, el murmullo comenzó a escucharse entre todos sus compañeros. “No nos está diciendo nada nuevo”, “Eso solo confirma que Iwa es la responsable. Debemos hacérselas pagar”, “¿Entonces por qué ha dicho que es Suna y no Iwa…?”, “No tiene sentido”, “Quizás ella también sea una traidora y esté intentando salvar Iwa”. ¿De verdad… creían eso? La verdad era que no podía culpar a aquellos que supiesen que días atrás había atacado a Gaara y a sus hermanos en la azotea del edificio del Kazekage. Apretó la mandíbula y sus manos se cerraron con fuerza en puños a sendos lados de su cuerpo, obligándose a ignorar los comentarios para poder continuar.

La planta en cuestión es difícil de cultivar por las condiciones tan concretas. Además, requiere de un proceso de manipulación concreto para lograr obtener el extracto con propiedades tóxicas. Pocas personas son capaces de conseguirlo y, además, el precio que alcanza es desorbitante. Quien estuviera detrás de ello debe de tener una gran suma de dinero en su poder –aquello seguía sin justificar que no fuese Iwa, pues el mismísimo Tsuchikage tenía capacidad para pagar por ella. Sin embargo…–. Nadie tiene acceso a las reservas del hospital de Sunagakure, más que los ninjas médicos de alto cargo que ahí trabajan. Solo un pequeño grupo de curanderos eran los asignados al cuidado de nuestro Kazekage… Y solo uno de ellos podría haber dado el cambiazo de un suero limpio por otro con droga. Mi padre los investigó a todos y ninguno tenía ingresos suficientes o motivos para hacerlo… A menos que se tratase de una orden proveniente de arriba, de alguno de los cargos de mayor rango de nuestra Villa.

Las exclamaciones y expresiones de sorpresa no se hicieron esperar. Temari abrió los ojos de forma desmesurada al escuchar eso último, antes de volverse de inmediato hacia su hermano pequeño. Kankurō, por su parte, no muy lejos de ellos, frunció el ceño de forma pronunciada y sus labios se convirtieron en una fina línea. Ambos sabían que tenía sentido… Que había quien deseaba a Gaara fuera del cargo para poderse quedar con él, para reestablecer lo que el Cuarto Kazekage había dejado legado y tan anclado al pasado. Por su parte, el pelirrojo continuaba los brazos cruzados y la mirada clavada en ella, con una expresión indescifrable. Su silencio era una clara señal para que continuase hablando.

También investigó al grupo de prisioneros que fueron detenidos tras el ataque… Son ninjas de alto nivel de un grupo de asesinos a sueldo. El mismo día que mi padre fue asesinado, visitó las instalaciones carcelarias de Suna y estuvo hablando con ellos… Y cuando yo fui semana y media después… –se mordió el labio con fuerza. Aún sentía la invasión de una mente ajena en su cuerpo. De hecho, en su camino al campo de batalla, había temido que no hubiera recuperado el control sobre sí… Se sentía tan torpe y vulnerable. Y además iba a admitirlo frente a todos–. Una de las prisioneras tenía grandes habilidades para el genjutsu y me atrapó en uno… manejó mi cuerpo como el de una marioneta cualquiera para atacar al Kazekage y a sus hermanos –musitó sintiendo que sus ojos se humedecían. Se apresuró en parpadear varias veces, en un intento de evitar que las lágrimas pudiesen formarse por completo. No era momento para llorar ni arrepentirse–. Me obligó a presenciar todo… Pero también me confesó todo, pensando que no sobreviviría –tomó una bocanada de aire nueva, sintiendo que la garganta le escocía por la sed que volvía a sentir–. Uno de los Venerables Ancianos les contrató para que se deshicieran del Maestro Kazekage, haciéndole perder del control sobre el Ichibi y que no se le viese apto para el puesto, tanto aquella noche como en el hospital. Después de que fuesen encerrados, no supieron de él… hasta que fue informado de que mi padre estaba indagando. Liberó a la kunoichi, quien asesinó a mi padre y me estuvo vigilando hasta entonces… La idea era que todas y cada uno de sus movimientos estuviesen cubiertos por pistas falsas que señalasen directamente a Iwa, aprovechando así el odio inherente entre nuestras Villas para apoyarlo.

Apenas hubo terminado de hablar, unos pasos rápidos y contundentes se escucharon surgir de entre las filas de shinobis de Sunagakure, junto a una atronadora voz cargada de rabia y cabreo.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 3 Dic - 19:47


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XIII. Sentimientos en una guerra


Misao asintió con firmeza, volviéndose hacia todos los ninjas que aguardaban una explicación a sus palabras. Muchos mostraban expresiones de suspicacia e incredulidad, pero la muchacha no dejó que eso la amedrentase.

—Hace unos meses, cuando nuestra Aldea fue atacada por un grupo de ninjas con el emblema de la Roca. En aquel enfrentamiento, el Maestro Kazekage fue herido e ingresado en el hospital —comenzó a explicar en voz alta, esforzándose para que todos pudiesen escucharla—. Durante ese periodo, se detectó una sustancia desconocida en el suero que le estaba siendo suministrado. Kankurō-san identificó la sustancia como el extracto de una rara especie de planta que solo crece en regiones del País de la Tierra.

Llegados a ese punto, la atención de los shinobis se centró en Kankurō, que permanecía junto a Baki con el ceño fruncido. El marionetista asintió levemente, confirmando sus palabras, antes de que la muchacha prosiguiese con su explicación.

Poco a poco, frase a frase, Misao fue hilvanado cada uno de los puntos hasta formar la misma red que su contacto especial había estado investigando desde la muerte de Akira. Estaba al tanto de la mayoría de los detalles gracias a ello, aunque le sorprendió ver hasta qué punto había llegado la chica solo con la ayuda de su padre. ¿Eso era lo que había estado haciendo cuando le habían dicho que la veían vagar por la Villa sin un rumbo fijo? ¿Reunir y comprobar información? Incluso después de lo de su padre... Gaara también había perdido a su padre cuando era más joven, pero los lazos que mantenía con él no se asemejaban en absoluto a los que Misao compartía con Akira, de modo que no sintió especialmente su pérdida. De hecho, fue casi un alivio.

Pero, para ella...


—También investigó al grupo de prisioneros que fueron detenidos tras el ataque… Son ninjas de alto nivel de un grupo de asesinos a sueldo —prosiguió la kunoichi rubia, incansable—. El mismo día que mi padre fue asesinado, visitó las instalaciones carcelarias de Suna y estuvo hablando con ellos… Y cuando yo fui semana y media después…

También se había enterado de aquello después, cuando había exigido explicaciones a quien había encargado su seguridad. No había esperado nunca que Misao hubiese llegado tan lejos, pero tras lo ocurrido con Akira parecía obvio que tanto su madre como ella podían convertirse en el siguiente blanco. Un trabajo bien hecho siempre pasaba por silenciar a todos los testigos, y si Misao o la señora Ichijō estaban al corriente de la información que poseía su marido... Pero aún así no te diste por vencida. Estabas tan cegada por limpiar el nombre de Akira que no te paraste a pensar en las consecuencias. Menuda cabezota...

En parte, en ese aspecto debía reconocer que era exactamente igual que él. Tú habrías hecho lo mismo, ¿no... Naruto?

—¡¿Pero qué estás diciendo, chiquilla ridícula?! —La voz grave y severa sonó tan potente como un trueno cruzando el cielo, a la par que dos hombres ataviados con las ropas y el característico turbante de la Arena se abrían paso entre las filas. Sus miradas airadas recayeron primero en Misao, sobre la que permanecieron unos instantes eternos antes de que uno de ellos se volviese hacia Gaara—. ¡Acusar al Venerable Consejo de Sabios de un acto semejante! Eso es traición según nuestras leyes, Kazekage...

Incluso Temari, que estaba junto a Gaara, frunció también el ceño con gravedad.

Misao, lo que estás diciendo es una acusación muy grave...

—¡Es traición, igual que lo que hizo su padre! No es la primera vez que Onoki y los suyos conspiran contra nuestra aldea, y ellos creían que si colaboraban saldrían bien parados  —finalizó el segundo de ellos, furioso. Su mano se alzó sobre Misao, dispuesto a abofetearla con todas sus fuerzas—. ¡Maldita mocosa, no toleraré que se empañe el buen nombre de...!

Al descender, la mano chocó contra una perfecta semi-esfera de arena. Al notarlo, el hombre trató de retroceder, atemorizado, pero la arena se enroscó en torno a su muñeca y lo mantuvo inmóvil en su lugar.

¡Gaara! —gritó Temari, asustada por su reacción. Pero la arena se limitó a quedarse allí, aprisionando su brazo e impidiéndole moverse.

He oído suficiente. —La voz de Gaara sonó tan impasible como siempre, antes de dirigirse hacia el Tsuchikage, que había permanecido en un segundo plano en todo momento—. Se ha acabado... Kakashi.

Onoki asintió, realizando una respetuosa inclinación y alzando los dedos índice y anular frente a su rostro. Los ojos de Temari se abrieron de par en par. ¿Ka...kashi? ¿Pero... de qué está...? Entonces, una vaporada de humo envolvió al anciano Tsuchikage, y cuando ésta se dispersó en su lugar se encontraba una persona muy diferente.

¿Ka... Kakashi del Sharingan? —inquirió, anonadada, conforme la estupefacción y los gritos de sorpresa invadían las filas de la arena.

El hombre del pelo blanco sonrió, alzando una mano con simpleza.

Buenas.

Pe-pero... entonces... —La ninja rubia señaló al numeroso ejército de la Roca, que continuaba posicionado en la orilla frontal—. Ellos...

Ah, sí. Casi se me olvidaba. ¡Naruto! —lo llamó, alzando una mano en el aire—. Ya es suficiente. Puedes volver aquí.

¡Ahhhhhhhhhh, menos mal! ¡Empezaba a aburrirme de verdad sin poder meter baza, Kakashi-sensei!

Con otro chasquido, los ninjas de la Roca fueron desapareciendo uno a uno hasta que un chico rubio vestido de naranja saltó el precipicio y aterrizó justo a su lado, exhibiendo una sonrisa radiante.

No pongas esa cara, Misao-chan...

—Esos son... son los ninjas de la Hoja... —murmuró el anciano que aún permanecía atrapado por la arena de Gaara—. ¿Qué hacen aquí? ¡¿Qué significa todo esto, Kazekage?!

Nunca hubo ninguna declaración de guerra. —Gaara cruzó de nuevo los brazos sobre su pecho, dirigiéndoles una mirada glacial—. Como tampoco hubo nunca shinobis de la Roca.

El hombre palideció.

Gaara llegó a tu misma conclusión, Misao, así que nos envió un pájaro hace ya varios días para solicitar la colaboración de nuestro equipo secreto de inteligencia. Fue unos de sus miembros quien ha estado vigilándote desde que tu padre falleció. —Kakashi hundió las manos en sus bolsillos con tranquilidad—. Nos faltaban algunas confirmaciones y por eso necesitábamos ganar tiempo, pero parece que has llegado justo en el momento indicado.

Gaara te lo estaba haciendo pasar mal, ¿eh Maestro Kakashi? Estás sudando un montón —cuchicheó Naruto, dándole un codazo, antes de que el codo del hombre acabase incrustado en su cabeza.

Cállate un rato, Naruto...

El otro hombre del Consejo, el que había salido primero de entre la multitud, contempló a su compañero con los ojos muy abiertos.

—¿Es... es eso cierto, Jōseki?

—Así que tú... tú... Y además con esos de la Hoja... —El hombre temblaba de pies a cabeza, con los ojos desorbitados fijos en Gaara—. Repugnante mocoso endemoniado... ¡Desde el principio, tú...!

Gaara le devolvió la mirada, sin alterarse.

Puedes atentar contra mi vida cuantas veces quieras. Pero involucrar al resto de la Villa en una guerra innecesaria se considera alta traición. —Sus ojos azules se entrecerraron levemente, impertérritos—. Suna no necesita a gente como tú.

—¡¡¡MALDITO CRIAJO ENGREÍDO!!! —Con la mano libre, extrajo un kunai de su cinturón y lo colocó rápidamente sobre el cuello de Misao, antes de volver a enfrentar al pelirrojo—. ¡DEBIMOS ACABAR CONTIGO DESDE EL PRINCIPIO! ¡VAS A HUNDIRNOS A...!

Se interrumpió cuando el filo del kunai acarició algo duro en lugar de la piel del cuello de la muchacha y, al bajar la vista, descubrió que se trataba de una roca. Un poco más allá, Naruto bajó a Misao al suelo y se volvió hacia ellos.

¡Gaara!

Obedeciendo la orden de su mano, la arena trepó hasta cubrir al hombre por completo y lo elevó varios metros en el aire.

¡Funeral del Desierto!

Y, bajo la intensa presión de su mano, el anciano consejero se desintegró casi al instante.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 4 Dic - 1:21


«You could be loved again»
XIII. Sentimientos en una guerra


— ¡¿Pero qué estás diciendo, chiquilla ridícula?! ¡Acusar al Venerable Consejo de Sabios de un acto semejante! Eso es traición según nuestras leyes, Kazekage...

Dos figuras emergieron de entre sus compañeros ninjas. Eran dos hombres de edad avanzada, con profundas arrugas surcando sus rostros y turbantes cubriendo sus cabezas. Sus pequeños ojos se habían posado en Misao, con una expresión de infinito enfado, indignación y ofensa. La kunoichi, en otras circunstancias y teniendo en cuenta su carácter tranquilo y tímido, habría bajado la mirada al suelo arenoso que bajo sus pies se extendía ante el despliegue del genio de sus superiores. Sin embargo, en esa ocasión y teniendo en cuenta que la reputación de su fallecido padre dependía de ello, apretó los labios con fuerza y les mantuvo la mirada sin dudar ni un segundo.

Misao, lo que estás diciendo es una acusación muy grave... –escuchó que le decía directamente Temari, con expresión grave y consecuente.

Era consciente de ello. Sabía bien a lo que se podía enfrentar si se equivocaba pero… Confiaba en su padre, en lo que había averiguado antes de su muerte, así como en sus propios instintos. Y estos últimos prácticamente le gritaban que todo lo que estaba sucediendo era un error, que todas las pruebas eran ciertas. Además, tenía la confesión de la flautista. El único problema era que no la creyesen. A fin de cuentas, por muy verdad que fuese, si se dictaminaba que mentía…

Se sobresaltó cuando la voz del segundo hombre, mucho más encolerizado que el primero se proyectaba a cada momento más cerca de ella, pues se iba acercando peligrosamente. Le vio alzar la mano cuando apenas les separaban un metro y medio y cerró los ojos, dispuesta a recibir el dolor que conllevaría la bofetada. Uno. Dos… Tres… Los segundos pasaron y no escuchó el golpe seco ni sintió el escozor. Despacio, abrió los ojos, encontrando aun perfecta semiesfera de arena interponiéndose en el camino. Gaara… Inevitablemente, se volvió hacia el muchacho, a quien Temari le estaba llamando la atención completamente alarmada.

El joven Kage no miraba a ninguna de las dos, sino que se había vuelto directamente al viejo Tsuchikage, quien se encontraba algo alejado del tumulto, con aire observador y callado. Y que sonrió levemente cuando Gaara se dirigió hacia él como Kakashi. ¿Qué? ¿Kakashi? ¿El ninja copión? En el rostro de Misao, al igual que el de Temari y el resto de los allí presentes, se dibujó una expresión de confusión que no tardó en transformarse en una de completa estupefacción. ¿Cómo no iban a sorprenderse si frente a sus ojos, el viejo y bajito Tshuchikage se había pasado a ser el alto y apuesto Kakashi Hatake?

Y la sorpresa no terminaba ahí. Mientras la mayor de los tres hermanos de la Arena trataba de encontrar alguna palabra con la que expresar su incomprensión frente a todo lo que estaba sucediendo, todos los ninjas de la Roca que habían estado conformando el ejército de la Aldea enemiga comenzaron a desaparecer, uno a uno con un pequeño estallido y una nube de humo. Seguidamente, un joven de cabellos rubios revueltos, grandes y expresivos ojos azules y una radiante y orgullosa sonrisa apareció frente a ellos. Na-Naruto-kun…

No pongas esa cara, Misao-chan... –le dijo cuando sus miradas se encontraron. ¿Qué cara… se supone que tengo que poner ante todo esto? se preguntó entonces, obligándose a esbozar una débil y cansada sonrisa al muchacho. La cabeza ya no le daba de sí, sentía que le iba a estallar en cualquier momento y la situación tan confusa no ayudaba lo más mínimo.

Fue entonces cuando Gaara lo aclaró todo. Todo había sido mentira. Una artimaña en la que se había fingido la declaración de guerra y se había dispuesto todo para simular una. ¿Con qué fin? Bueno, la respuesta a su pregunta no tardó en llegar..

Gaara llegó a tu misma conclusión, Misao, así que nos envió un pájaro hace ya varios días para solicitar la colaboración de nuestro equipo secreto de inteligencia. Fue uno de sus miembros quien ha estado vigilándote desde que tu padre falleció. Nos faltaban algunas confirmaciones y por eso necesitábamos ganar tiempo, pero parece que has llegado justo en el momento indicado –explicó Kakashi con tranquilidad, mientras hundía de forma casual las manos en los bolsillos de sus pantalones.

¿Qu-Qué? –alcanzó a decir por primera vez desde que había terminado la larga explicación y la lluvia de críticas e insultos se había cernido sobre ella–. ¿Me… Me habéis estado vigilando? –preguntó sin poder creérselo. Desde que papá murió… ¿Ha habido alguien cuidando de mi? Pensó en todas las veces que había salido a hurtadillas de casa, siguiendo los pasos de su padre durante la investigación.

La voz de uno de los Ancianos –el que continuaba atrapado por la arena del pelirrojo– se alzó por encima del resto, perdiendo completamente la compostura y la calma. Misao no tuvo tiempo alguno a reaccionar: apenas había vuelto en sí de comprender todo lo que acababan de contarle que es encontraba aprisionada por un brazo ajeno, kunai en el cuello. Pero seguidamente, unos segundos después, sintió la ingravidez. Sus pies ya no tocaban el suelo y unos fuertes brazos la sujetaban. Distinguió la sudadera negra y naranja y el cabello rubio de Naruto. El muchacho aterrizó grácilmente sobre la arena, la depositó en el suelo nuevamente mientras gritaba en señal a su amigo.

Gaara no pareció pensárselo dos veces. Su arena se extendió desde el antebrazo del hombre al resto de su cuerpo, sin detenerse a las súplicas que este profería, a las exclamaciones de horror al comprender lo que le iba a suceder en apenas unos segundos…

— ¡Funeral del Desierto!

Y todo fue silencio. Los gritos y las maldiciones proferidas se vieron acalladas de inmediato, tras un estremecedor crujido que logró ponerle los vellos de punta a Misao y quien tuvo que apartar la mirada de la masa arenosa que había acabado con la vida del Anciano. Se lo merecía. Se lo merecía por haber tratado de dañar a Gaara. Por ordenar el asesinato de mi padre, pensó con dureza, apretando la mandíbula. Espero que haya sufrido….


–––––––––––


Los murmullos se habían extendido a lo largo y ancho del extenso grupo de shinobis. Todos, en algún momento, se volvían discretamente hacia su Kazekage, que se encontraba en compañía de sus dos hermanos mayores y del famoso Kakashi Hatake; y después hacia Misao.

La muchacha de largos cabellos rubios respiraba costosamente, con nuevas gotas de sudor discurriendo por su rostro, pálido como el papel debido al cansancio. Sus piernas finalmente habían cedido a ese incesante temblor y se había dejado caer sobre la cálida arena. Junto a ella, Naruto se encontraba acuclillado, con su característica sonrisa de oreja a oreja.

Así que te has escapado del hospital, ¿eh? –inquirió con diversión, aunque mirándolo algo preocupado. Incluso él podía percatarse de que no estaba bien. Parecía que iba a añadir algo más al respecto, pues había vuelto a abrir la boca, sin embargo, no tuvo oportunidad alguna

¡Ninjas de la Arena! ¡Regresamos a Sunagakure! ¡Preparaos! –la voz de Temari se alzó por encima del murmullo del viento que soplaba en aquellos instantes y levantaba nubes de arena.

Vaya, parece que es hora de irnos –su voz sonó casual y tranquila, antes de que le ofreciese una mano para incorporarse. Aunque un par de segundos después se percató de que la chica estaba muy débil para ello–. Ven, déjame. Te llevaré a la espalda. Está claro que no puedes con tu al---

— Naruto.

Esa voz… Era Gaara. Alzó sus grandes y cansados ojos hacia él, encontrándose con sus iris azules, percatándose de que la observaba con intensidad, a pesar de haberse dirigido a su amigo. Quiso que la tierra se la tragase en esos mismos instantes, pues lo último que había sucedido entre ellos… Desvió la mirada a su regazo, suponiendo que el pelirrojo querría hablar con Naruto. Sin embargo, más equivocada no podía estar.

Cuando se quiso dar cuenta, los delgados pero fuertes brazos del Kage la alzaban cuidadosamente del suelo. Sin decir palabra. Sin pedir permiso. Una exclamación ahogada se escapó de sus labios y casi como un acto reflejo, sus manos buscaron aferrarse con fuerza a la pechera de su ropa, al chaleco gris que lo cubría. Cerró con fuerza los ojos sin saber qué decir o qué hacer. Solo era capaz de sentir sus mejillas arder, el aroma a cálida arena del desierto y sudor envolverla al igual que lo hacía el calor corporal del chico, logrando que se sintiese tan…segura

Vaya… Gaara, te me has adelantado. Me estaba ofreciendo a llevarla como buen chico que soy –comentó repentinamente Naruto con su típico desparpajo, llevándose ambas manos a la nuca, flexionando sus brazos en ese típico gesto suyo–. Y Misao-chan es una suertuda, porque Gaara se va a encargar de llevarla –soltó una risita divertido y con cierta pillería, logrando así que le rubor de sus mejillas solo adquiriese una tonalidad muchísimo más oscura.

El corazón parecía que iba a salirse de su pecho de lo desbocado que latía por la cercanía. Solo esperaba que él no fuese capaz de percibirlo. O definitivamente se podría morir allí mismo de la vergüenza. Pensaba que… no querría acercarse a ella después de todo lo sucedido días atrás.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 5 Dic - 20:53


«You could be loved again»
XIII. Sentimientos en una guerra


Habían transcurrido unas tres horas desde que partieron de regreso a Suna, siguiendo el camino del desfiladero. Una vez en desierto abierto de nuevo,Baki había dado la orden de modificar la formación para proteger los flancos más débiles de posibles ataques fortuitos. Los escarabajos gigantes solían anidar bajo esas zonas, y sus pinzas podían resultar tan letales como la picadura de una serpiente de cascabel.

Temari había liderado la marcha durante todo ese tiempo, pero cuando fue mandado a retaguardia junto con el resto de su equipo, aprovechó para acompasar el paso al de Gaara y Naruto. Su mirada recayó unos segundos sobre la joven kunoichi, que permanecía recostada sobre el pecho de su hermano con los ojos cerrados, antes de dirigirla de nuevo al rostro del pelirrojo.

¿Desde cuándo lo... sabías?

¿Hmmmm? —Naruto ladeó la cabeza, con las cejas rubias muy alzadas, y clavó sus ojos azules en los de la rubia.

No estaba hablando contigo —bufó, exasperada, antes de señalar con el dedo a su hermano—. Se lo decía a Gaara.  

Naruto resopló, llevándose las manos a la nuca y observándola de reojo, pero Gaara no apartó la vista del camino.

Unos días —musitó simplemente, al cabo de unos pocos segundos.

Temari frunció el ceño, volviendo a mirar al frente. Los tres caminaron en silencio durante un rato más, en cual solo se escuchó el tortuoso avance de las enormes máquinas y los resoplidos de aquellos que las transportaban.

¿Por qué... no nos dijiste nada? —la escuchó preguntar de nuevo entonces. Por el ligero temblor en su tono de voz, se notaba que estaba algo dolida—. No tienes por qué... no tienes por qué seguir cargando con todo tú solo, Gaara. Somos tus hermanos. Si hubiésemos sabido que...

Gaara sabía que lo estaban vigilando. —La voz de Kakashi interrumpió a la mayor de los hermanos, que se volvió hacia delante con el ceño aún fruncido—. De haberos informado al respecto, habría levantado sospechas y el enemigo estaría puesto en sobre aviso. ¿No, Gaara?

El chico asintió levemente. Temari no replicó, pero por el rabillo del ojo vio cómo bajaba la cabeza con los puños apretados y comenzaba a rezagarse para regresar con su grupo. Gaara tampoco dijo nada, aunque la siguió mirando un rato más hasta que Naruto captó su atención.

Tiene peor genio que Sakura-chan, ya te digo... —le cuchicheó Naruto al oído, antes de enderezarse de nuevo y bostezar ruidosamente—. Buaaaaaagh, este paso de procesión me está dando un sueño... Mira, Misao-chan se ha quedado dormida y todo.

Gaara bajó la vista hacia la muchacha. Su dedos seguían fuertemente cerrados sobre la parte superior de su chaleco, como si temiera que fuese a dejarla caer en cualquier momento, y el pelo largo y lacio le ocultaba parte del rostro, pero su respiración lenta y pausada no dejaba lugar a dudas. La observó durante unos segundos más, en completo silencio, hasta que de nuevo la voz de Naruto reclamó su atención.


— X —


La habitación seguía vacía cuando regresó a ella a través de la ventana abierta. Nunca le había gustado llamar demasiado la atención, así que prefirió evitar utilizar la entrada principal, aunque era consciente de que habría sido lo políticamente correcto. Sobre todo si estaban buscándola, como imaginaba que habría ocurrido. Pero, aunque siendo Kazekage había tenido que acabar acostumbrándose a ello, las aglomeraciones de gente todavía lo agobiaban demasiado.

Con sumo sigilo, la arena que los había elevado hasta allí regresó al interior de la tinaja hasta que apenas quedó un leve rastro invisible adherido al marco de la ventana.

Sobre la mesilla, alguien había depositado un pequeño ramo de flores silvestres en un jarrón.La cama continuaba deshecha, tal y como Misao debía de haberla dejado, de modo que no tuvo que apartar las sábanas antes de depositarla sobre el colchón. Fue entonces, al tratar de apartarse, cuando se percató de que la mano de ella seguía firmemente aferrada a su ropa.

...

Dudó unos instantes, pero finalmente la asió despacio por la muñeca y le manipuló los nudillos para que los dedos crispados se abriesen. Ya casi lo había conseguido cuando escuchó un suspiro ahogado y, al alzar la vista, se encontró con los ojos violetas de Misao ya abiertos y fijos en él.

Perdona —murmuró, no muy seguro, antes de incorporarse— ... no pensaba despertarte.


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Última edición por Carrie_B el Jue 7 Dic - 1:21, editado 1 vez


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 6 Dic - 18:46


«You could be loved again»
XIII. Sentimientos en una guerra


Una leve brisa acariciaba su rostro y revolvía sus cabellos rubios, pero no la despertaba. Su respiración era pausada y profunda y sus párpados permanecían cerrados. En qué momento se quedó dormida no lo recordaría, pero sí ese sentimiento de seguridad, el calor que el cuerpo ajeno desprendía y la envolvía, la gentileza y firmeza de los brazos que la sostenían… y, sobretodo, el latido constante y rítmico del corazón ajeno, que la acompañaba en ese sueño.

Pero llegó un momento en que todo comenzó a verse perturbado. La tranquilidad en la que se había visto envuelta se estaba resquebrajando pues rumor de las voces del amplio grupo de ninjas que habían ido al campo de batalla no la arrullaban y el pulso ajeno se había alejado de ella. Una superficie suave, blanda y algo más fría la acogió, pero de alguna forma, sabía que continuaba conectada a aquello que la había hecho sentir segura y tranquila hasta el momento… Y no quería dejarlo escapar. No quería que se alejase. No ahora que había logrado dormir sin pesadillas y sin rememorar los días después a la muerte de su padre. Frunció el ceño y sus párpados comenzaron a moverse, aun resistiéndose a abrirse.

Entonces lo sintió. Unas manos gentiles que tocaban la suya, que la obligaban a aflojar aquello a lo que se estuvieran aferrando con fuerza. ¿Por qué? ¿Por qué quiere que me suelte? No lo entendía. ¿Quién…? Y finalmente, sus grandes ojos violetas se abrieron. Necesitó parpadear varias veces para tratar de aclarar su vista y enfocarla, encontrándose con una figura que le era completamente conocida. El corazón le dio un vuelco nada más despertar y por la sorpresa y la incomprensión, un sonido ahogado emergió de entre sus labios. Aquello pareció captar la atención del muchacho que todavía sostenía su muñeca con cuidado.

— Perdona... no pensaba despertarte –su voz era apenas un susurro y finalmente pareció conseguir lo que había andado haciendo: soltar el agarre de su chaleco.

El rubor ascendió violentamente hasta su pálido y, ahora, delgado rostro, encendiendo así sus mejillas. Tragó saliva y se llevó, como acto reflejo las manos a su propio pecho, apretándolas con fuerza contra él, mientras se incorporaba hasta quedar sentada. Fue ese el momento en el que comprendió que no se encontraban en su marcha por el desierto, sino que ya habían regresado a Suna. Estaba en su habitación, de la que se había escapado esa misma mañana. La luz roja anaranjada que se filtraba por la ventana indicaba cuanto había descendido el sol y que la tarde estaba bastante avanzada.

Con el pulso acelerado, buscó algo que decir. Pero no sabía el qué. Volvía a sentirse como al principio, cuando apenas se había conocido: nerviosa, con el riesgo de tartamudear a cada palabra que dijese. Antes temía que la considerase una chica tonta, pero en esos instantes se conocían demasiado bien. Y había ocurrido algo que creyó impensable entonces…

Permaneció con la mirada gacha durante varios segundos más, alargándose ese incómodo silencio entre ambos. Se sentía tan avergonzada por todo: la confesión, el beso… Porque sabía que él no la correspondía. Pero aún así… aunque no lo hiciese, le había hecho ver que podría ser querido de otra forma que como Kazekage o como hermano, que alguien se podía enamorar de él por cómo era ahora.

Y-Yo… Muchas gracias por traerme –atinó a decir finalmente, con un hilillo de voz. Alzó despacio la mirada hacia él, por mucha vergüenza que sintiese, pues no quería faltarle al respeto hablando mientras se miraba el regazo–. No era preciso que me cargase usted mismo, Maestro… –No se atrevía a tutearle, a pesar de que estuviesen a solas, sin que nadie les escuchase–. ¿Se encuentra bien…? Debería descansar –las palabras salían solas de sus labios, como un torrente incontenible, sin permitirle decir nada por el momento–. Sé que fue hace más de una semana pero... espero que le gustase a su hermana los regalos –dijo esforzándose por dedicarle una de sus sonrisas, aunque las comisuras de sus labios temblaban ligeramente. Tenía tanto miedo de escuchar el rechazo por su parte… de que le dijese que ya no serían alumna y maestro… que ya no serían nada. Por eso no había parado de hablar. Pero tampoco sabía qué más decir ya. Razón por la que sencillamente, enmudeció finalmente mientras se mordía con fuerza el labio inferior.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Jue 7 Dic - 1:20


«You could be loved again»
XIII. Sentimientos en una guerra


Antes de que pudiese impedirlo, Misao se incorporó como un resorte y se llevó ambas manos al pecho, asustada. Lo miró con los ojos muy abiertos durante unos segundos, insegura, y el color tiñó de nuevo sus mejillas hasta volverlas completamente rojas. ¿Tiene fiebre? A lo mejor el viaje había sido demasiado largo para ella, tal y como se encontraba, o puede que los esfuerzos de haber tratado de alcanzarlos a toda prisa la hubiesen hecho empeorar. Quizás debería dar un aviso para que alguno de los ninja médico del hospital...

Estaba a punto de hacerlo cuando la voz cortada y débil de la muchacha le obligó a permanecer inmóvil en su sitio.

—Y-Yo… Muchas gracias por traerme. —Sus ojos violetas se deslizaron desde las sábanas blancas de la cama hasta el rostro de Gaara—. No era preciso que me cargase usted mismo, Maestro… ¿Se encuentra bien…? Debería descansar.

"Debería descansar". Parecía un mantra que se hubiese aprendido de memoria. ¿Cuántas veces le había dicho aquello en los últimos meses? Ni siquiera era capaz de contarlas. Sin embargo, la que en aquellos momentos debía descansar sin lugar a dudas era ella. Aunque había dormido durante casi todo el camino sin interrupción, las ojeras continuaban demacrando su rostro y, a pesar del rubor que coloreaba sus mejillas, bajo él su piel seguía pálida y sudorosa. Era evidente que, por mucho que se esforzase por ocultarlo, había rozado el límite de sus fuerzas.

—Sé que fue hace más de una semana pero... espero que le gustase a su hermana los regalos.

Aquello lo descolocó por unos instantes. El cumpleaños de Temari... Como no habían vuelto a verse después de lo de su padre, no había podido decirle nada al respecto. Aún así... de nuevo era una pregunta para él y sobre él. De ésas que, al parecer, le gustaba que le contestase. Siempre me pregunta muchas cosas. En cambio, yo... Gaara no solía preguntarle apenas. Siempre había preferido observar a hablar, porque en su opinión encerrar mentiras en las palabras era mucho más sencillo que en las pautas de actuación.

Sin embargo, ahora que la veía allí sentada, esforzándose por sonreír y por interesarse por algo tan nimio como el regalo de su hermana, se sintió un tanto estúpido por no haberse interesado de forma más directa por su estado de ánimo todos aquellos días. Porque, en el fondo...

"¿Por qué no me dejas cumplir mi deseo para poder morir tranquila? ¡Estoy segura que sabes perfectamente cómo se siente el querer morirse y no poder!".

"Si fuese más fuerte habría podido hacerle frente... habría logrado romper el genjutsu antes y no…".

"Preferiría morirme antes que quitarte la vida.  N-No porque seas mi Kazekage, no porque seamos maestro y alumna… Sino porque no hay persona más importante para mi que tú… porque estoy malditamente enamorada de ti".

Sí. Ambos... le gustaron mucho. Gracias —asintió finalmente, antes de desviar la vista hacia la ventana, donde el cielo ya había empezado a tornarse naranja.

Quería poder decirle algo más al respecto. Algo sobre todo lo que le había dicho al despertar de aquel genjutsu, que tuviese forma y sentido, solo que seguía sin encontrar las palabras adecuadas. O los pensamientos correctos. O algo que fuese más allá de un tartamudeo inútil y un hormigueo en los labios, allí donde los de ella se habían posado días atrás. En ese sentido, se sentía igual de perdido que un ninja en su primer día en la Academia.

Y, sin embargo, tampoco podía pasarlo por alto. No era capaz de olvidar esa sensación extraña en la boca del estómago, y la forma en la que su corazón se había acelerado inexplicablemente cuando la había escuchado decir aquello. Pero tampoco la comprendía. "Preferiría morirme antes...". "... porque estoy malditamente enamorada de ti". Frunció el ceño, obligándose a despegar la vista del cristal para mirar a Misao a la cara.

Misao. Respecto a lo que sucedió cuando me... —Se detuvo, frunciendo más el ceño al ver que las palabras seguían resistiéndose a salir. ¿Me? ¿Nos? ¿Cuál era el modo correcto de considerarlo?—. Yo... creo que...

De pronto, un grito de mujer proveniente del pasillo le hizo enmudecer, al mismo tiempo que la madre de Misao irrumpía en la habitación con los ojos llenos de lágrimas y una mano aferrada con fuerza al pecho.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Jue 7 Dic - 10:00


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XIII. Sentimientos en una guerra


Difícil. Siempre era difícil saber lo que cruzaba su mente, lo que pensaba en cada situación, por la expresión impasible y calmada de su rostro, por las escasas palabras que solía utilizar, siempre las necesarias, en su justa medida. Esa era una de las múltiples razones que le hacía un buen Kazekage a su corta edad. Pero a veces, Misao deseaba ser capaz de interpretarle. La incertidumbre durante el silencio solo lograba manifestar a flor de piel sus nervios y su vergüenza.

— Sí. Ambos... le gustaron mucho. Gracias –respondió finalmente mientras desviaba la mirada de su rostros hacia la ventana.

En su rostro, al sonrisa que había dibujado previamente se relajó, adquiriendo así un toque más genuino y natural. Esa sonrisa que siempre había esbozado para él tantísimas veces.

— Me alegro muchísimo, Maestro… –musitó con sinceridad, observando durante unos segundos la figura de Gaara mientras la luz del atardecer incidía sobre él y le daba un aspecto mucho más solemne.

Parpadeó repetidas veces de nuevo, apartando la mirada nuevamente al ramo de flores silvestres de su mesilla. Sus manos continuaron varios segundos más apretándose la una a la otra sobre su pecho, aunque al final, dejó caer la primera sobre su regazo y los dedos de la segunda se encargaron de apartar un mechón rubio y colocarlo tras su oreja. Estaba dispuesta a decir algo más, lo que fuese, con el fin de rellenar ese incómodo silencio que nunca antes se había dado entre ellos. Pero seguía en las mismas que un par de minutos atrás: No sabía el qué. Porque… ¿Qué se supone que le dices al chico al que te confesaste cinco días atrás, tras haber estado intentando matarle a él y a sus hermanos, y desmayándote después sobre él? ¿Cómo se supone que te debes comportar si es tu maestro y la figura más importante de toda la Aldea Oculta de la Arena? Hacer como si nada era imposible. Porque ella lo recordaba… Cada segundo de la pelea, cada palabra que le dedicó antes, durante y después de ella, sus propias lágrimas empapando el rostro completamente desconcertado, ese salado y necesitado beso que desvelaba tantísimo de sí misma.

Si actuar como si nada no era una opción, solo quedaba afrontarlo. Sin embargo… no se veía capaz de ser ella quien iniciase dicha conversación. Gaara, siendo tan objetivo y analítico, siendo una persona a la que le gustaba tener las cosas claras y no a medias tintas, querría hablarlo. Y no se equivocó. Pronunció su nombre, de la misma forma que siempre, logrando que su pulso volviera a acelerarse.

— Misao. Respecto a lo que sucedió cuando me... Yo... creo que...

Cerró con fuerza los ojos, mientras sentía que estos volvían a escocerle y el pecho comenzaba a dolerle. No obstante, tan pronto como lo hizo y él continuaba buscando lo que decir, un conocido grito de preocupación les sobresaltó e hizo que abriese los ojos, asustadas. Para cuando lo hizo, una llorosa Yuriko se abalanzó sobre ella, envolviendo su menudo, delgado y cansado cuerpo en un abrazo de oso, lleno de preocupación, y cariño. Notó el temblor de los hombros de su madre y la respiración entre cortada. Tras unos segundos, logró reaccionar: correspondió el gesto y escondió el rostro en su hombro, sin decir nada.

— Eres… Eres una inconsciente. ¡Marcharte del hospital en tu estado, después de cinco días sin despertar! ¡Y has engañado al pobre Kaito para poder escaquearte! Encima de que el pobre ha estado velándote gran parte del tiempo cuando no podíamos ni el Maestro Kazekage ni yo… –comenzó a barbotar la joven mujer mientras grandes lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

Misao se quedó perpleja al escucharla. Había escuchado mal o… ¿Él ha venido a verme durante estos días? ¿Ha estado conmigo? Inevitablemente, su ojos violetas buscaron los de Gaara, que continuaba de pie no muy lejos, observando la escena. ¿Qué debía de pensar entonces Si él había estado allí, cuidando de su descanso, incluso en un momento tan crítico para Suna y para él? No. Simplemente había sido la preocupación que cualquier maestro mostraría por su alumna, ¿verdad? No tenía sentido buscar otra explicación que pudiera darle esperanzas vacías.

— ¡No sabes lo preocupada que me has tenido! Si te hubiera pasado algo después de lo de tu padre yo… Yo…

Solo escuchando aquello, la culpabilidad aguijoneó su pecho. Era una hija horrible, no se había parado a pensar en ella cuando saltó por la ventana y fue a buscarles. Pero no podía permitir la guerra de Suna e Iwa… Y tampoco podía dejar que continuasen empañando la memoria de su padre, todo lo que hizo y todo por lo que luchó.


の Con Gaara の Hospital de Suna の Por la tarde の
phoenix ⚓️




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