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~ You could be loved again

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~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 24 Abr - 23:04

Recuerdo del primer mensaje :


«It is possible...»
«You could be loved again»


Hacía poco que Sunagakure había encontrado a su nuevo Kazekage. Quizás el más joven que se había visto hasta el momento en ese puesto. Gaara del Desierto, el Jinchūriki que portaba el Bijū de una cola, el temido Shukaku, tenía ese privilegio.

Había logrado alcanzar uno de los sueños que se había propuesto cumplir tras conocer a Naruto durante los Exámenes Chūnin. El joven de grandes ojos azules y cabello rubio alborotado comprendía su dolor, por todo lo que había pasado. Sin embargo, había escogido esforzarse en ser buena persona y hacer ver que podía ser alguien; justo lo contrario a lo que él había hecho: cerrarse sobre sí mismo, perder la esperanza en todo y todos, dejando que el odio le carcomiese por dentro, consumiéndole. Pero le había abierto los ojos con su amabilidad y el esfuerzo, con esa sonrisa que le mostró incluso después del enfrentamiento que los había dejado a ambos agotados y casi destrozados. Le debía mucho… Pero no solo a él. Sino a todas aquellas personas a las que había causado dolor y agonía cuando no era capaz de controlar a Shukaku en su interior.

Por supuesto, aún quedaban personas reticente a ese cambio. No les gustaba que alguien que albergaba a un poderoso Bijū estuviera al mando, que fuera el responsable de su seguridad. De hecho, mucho de los ninjas que conformaban el cuerpo de Sunagakure también dudaban de que aquello hubiera sido la elección acertada. Gaara era consciente de que, a pesar de haberse convertido en Kazekage, aún debía ganarse la confianza de su pueblo. Y lo haría.

No aspiraba más que a la aceptación. No esperaba tampoco que pudiera llegar a interesarle a nadie de otra forma diferente a una relación laboral… O fraternal. Ni siquiera creía que el mismo pudiera desarrollar sentimientos por otra persona más lejos de eso. Sin embargo, se sorprendería de ello cuando Misao, la hija de uno de los miembros del Consejo, que se encontraría reunido, irrumpiese repentinamente con el único objetivo de traerle unos documentos a su padre. El resto de miembros vería aquello con malos ojos pero el joven pelirrojo, sencillamente, le quitaría importancia.

Avergonzada por lo sucedido, la joven se presentaría después en su despacho para pedir disculpas educadamente, momento en el que esta curiosa historia daría comienzo.


«PERSONAJES»
«17 años の Kazekage の Carrie_B»
«Gaara del Desierto»

«17 años の Ninja の SapphireDragon»
«Ichijō Misao»


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Última edición por SapphireDragon el Mar 3 Abr - 12:52, editado 3 veces


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 14 Ene - 17:12


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


Un escalofrío de terror recorrió su espina dorsal y provocó que su vello se erizase cuando esa fría, desesperada y desquiciada risa brotó de los labios de su mejor amigo. Parecía haber perdido completamente  la cabeza al escuchar lo último que le había dicho… El rechazo. Sabía que por muchas formas que tratase de decirlo, por mucho que intentase utilizar palabras suaves y su voz teñida de arrepentimiento y dolor, el rechazo era el rechazo. Uno que resquebrajaba corazones.

— No tienes que seguir esperándole. No va a volver. Por fin va a hacer algo que verdaderamente ayudará a Suna. Al mundo entero. Tú más que nadie deberías estar agradecida por ello. ¿No lo ves? Si Samuru acaba con los bijus por fin, ya no habrá más Mizukis. No habrá más Keikos. Ninguna familia tendrá que saber lo que es perder a un hijo a manos de esos demonios.

El corazón de la propia Misao tembló en su pecho, amenazando con romperse también en mil añicos ante sus palabras. Porque eso lo explicaba todo. Explicaba el repentino interés y la disposición de su mejor amigo a prepararle una comida a Gaara; igual que explicaba lo sucedido en el despacho… No… No puede ser cierto. Él… Él no haría algo así. N-No lo haría, ¿verdad? Y por mucho que tratase de convencerse, las pruebas y sus palabras eran claros indicativos de que había sido así. Lo miró con los ojos abiertos desmesuradamente, con la sorpresa pintada en el rostro. Su mejor amigo había traicionado a Suna por su culpa…

Pero también ha mencionado a Mizuki y a Keiko… Así como a los bijuus. ¿Qué quería decir eso? Mizuki había muerto en el ataque de hacía ya casi trece años, sí, cuando el Ichibi se descontroló en plena Aldea. Pero Keiko… No recordaba mucho al respecto, habían sido pequeños cuando la hermana de Kaito falleció. Fue por una enfermedad… Una enfermedad fue la que se la llevó lejos de ti, Kaito. No Gaara… Y de todas formas, seguía sin encajarle lo de animales demoniacos. El pelirrojo ya no albergaba ninguno en su interior y prácticamente esa información se había desperdigado en todas las direcciones: norte, sur, este y oeste. Sin excepción.

De esa forma… Parecía que a Kaito le había lavado el cerebro ese tal Samuru. Entre lo cegado que estaba por los celos y el odio que le tenía a Gaara, cualquier historia que pudiera haberle contado se la creería…

—Ahora al fin tenemos una segunda oportunidad —le escuchó decir, mientras sus miradas continuaban fijadas las una en la otra, con las lágrimas sin dejar de brotar de los de la muchacha. Soltó un grito ahogado en cuanto perdió pie y calló sobre algo mullido y con su amigo encima—. Déjame demostrártelo. Déjame demostrarte que puedes quererme tanto como crees quererlo a él —dijo en susurros completamente idos, mientras sentía el cuerpo del muchacho aprisionarla contra el jergón y su rostro acercarse peligrosamente al suyo.

¡No! ¡NO! gritó en su fuero interno cuando sintió el tacto de los labios ajenos sobre los suyos. Eran cálidos, pero el sentimiento de desesperación por hacerse entender, por lograr que le correspondiese como él lo hacía… Se suponía que un beso no tenía que ser así. Se suponía que un beso no tenía que ser forzado ni tratar de imponerse sobre la otra persona. Y eso era justo lo que estaba haciendo Kaito.

Cerró los ojos con fuerza, completamente paralizada. No lograba hacer nada, no se sentía capaz de moverse, ni cuando sintió como descendía por su mejilla a su mandíbula y camino de su cuello. Fue entonces cuando vio liberada una de sus muñecas y un fuerte tirón le arrancó el protector rojo oscuro del cuello. El sonido metálico de la placa contra el suelo resonó levemente por la habitación y Misao no pudo más que volver la mirada hacia ella. Le prometí que la cuidaría… Deseaba alargar la mano y recuperarlo, estrecharlo contra su pecho. Pero eso solo le cabrearía aún más, le haría perder completamente la cabeza y en esos momentos, Kaito era muy imprevisible. Un sonido de sorpresa brotó de sus labios cuando bajó de golpe la cremallera y los besos descendieron hasta su clavícula. A pesar del cariño que profesaban… Eso no era lo que ella quería. No le quería así.

Kaito… —le llamó con voz temblorosa, colocando la mano libre sobre su hombro, tratando de empujarle, de apartarle, de parar aquella locura. Trató de mover su cuerpo bajo el de él, revolverse para quitárselo de encima. A pesar de haber entrenado su fuerza, estaba en clara desventaja frente al joven marionetista, más alto y con mayor masa muscular—. ¡Kaito, para! ¡Basta! ¡Por favor! ¡Por favor…! —le rogó desesperada, notando la mano bajo su falda, la forma en que juntaba mucho más sus cuerpos y el peligroso recorrido descendente que su boca estaba dibujando en su pecho, musitando nuevamente que solo él podía quererla realmente.

¿De verdad iba a suceder…? ¿De verdad su mejor amigo quería hacer que le quisiera tomando su inocencia, violándola en el cuarto donde solía construir y reparar sus marionetas? ¿De verdad ella iba a ser incapaz de hacer absolutamente nada para impedirlo o para hacerle entrar en razón? ¿De verdad no sería capaz de recuperar a ese chico hiperactivo y divertido con el que tanto había compartido?

La impotencia y la frustración estaban comenzando a hacer mella en ella. Le hacía perder fuerza en su forcejeo. Y no solo eso. Se sentía tan culpable de todo… Apretó la mandíbula con fuerza mientras sentía como el contrario terminaba de deslizar la cremallera hasta abajo, separando ambas partes de su prenda. Notó su aliento chocar contra su pálida piel y su nombre ser pronunciado una vez más con esa voz que no la asociaba con su mejor amigo de ninguna de las formas…

Y entonces la puerta estalló repentinamente, dejando entrar de esa forma un vendaval de impresionante fuerza. Las ráfagas revolvieron los papeles, prendas, piezas y trozos de madera que hubiese en esa pequeña salita, incluso el protector que chocó contra la pared más cercana. Escuchó unos pasos entrar en la estancia… Pero su visión borrosa por las incesantes lágrimas, le impedía distinguir la figura de primeras. Solo escuchó el resoplido frustrado de Kaito antes de que la voz de la recién llegada se alzase.

—¡¿Qué te crees que estás haciendo, maldito mocoso?! —Esa voz…

Temari


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 14 Ene - 20:01


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


El edificio del Kazekage se había convertido en un absoluto caos en cuanto la noticia había trascendido. Temari se encontraba dando clase en la Academia sobre objetivos a larga distancia cuando Yuura había entrado rápidamente a buscarla.

¡¿Qué?! ¡¿A Gaara?! —había gritado mientras seguía al comandante de la Arena por los largos pasillos que conducían al hospital. Y no solo eso... Esta vez también Kankurō.

Su hermano ya estaba siendo atendido, por suerte. Los curanderos se movían de aquí para allá, tratando de averiguar qué le había conducido hasta ese estado.

—Es una forma muy extraña de parálisis. Su chakra no fluye por su cuerpo, y eso está afectando a sus órganos internos —les había explicado el jefe de la división médica—. Estamos trabajando ya en un remedio que permita devolverlo a su estado original.

Temari había asentido, con gesto grave. El marionetista se hallaba tumbado sobre una de las camillas, muy pálido y cubierto de sudor. Había perdido la consciencia, pero al menos continuaba respirando. Solo esperaba que los médicos diesen con una solución a tiempo antes de que fuese demasiado tarde.

¿Y Gaara?

Frunció el ceño al recordar la respuesta, conforme saltaba al siguiente edificio y se ayudaba de su abanico para aterrizar.

"La mayoría de los efectivos de rastreo están fuera de la Villa cumpliendo misiones. Hemos solicitado que el equipo más próximo aborte la misión y se repliegue, pero aún tardarán medio día en llegar". Medio día era demasiado tiempo, por mucho que el jounin estuviese seguro de que el interés del enemigo era mantenerlo con vida. Al menos, por el momento. "Se ha llevado también la arena. No lo habría hecho si no tuviese intención de conservarlo vivo".

Tragó saliva, recorriendo la azotea del edificio a toda velocidad en dirección al cuartel del escuadrón. Los dos centinelas que estaban de guardia en ese momento también habían aparecido muertos, y la única pista que había logrado encontrar al volver al despacho de su hermano era el bol de fideos hecho añicos en el suelo y el té. Gaara ya había comido... y Kankurō siempre suele comer fuera. La única que podría haberles llevado algo es....

Sin embargo, cuando había llegado al restaurante, la madre de Misao le había asegurado que la chica no había vuelto a casa desde que se había marchado con su amigo Kaito a ver al Kazekage. Tampoco los encontró en la casa del marionetista, aunque su madre se había mostrado mucho más preocupada al respecto que la de Misao. Y eso había hecho saltar las alarmas de Temari. ¿Y si está ocurriendo lo mismo otra vez? La mujer le había asegurado que últimamente pasaba casi todo el día en su taller de marionetas, así que se había dirigido hacia allí sin pensarlo. Si han utilizado ese jutsu otra vez, entonces puede que...

Cuando llegó, la puerta estaba cerrada desde dentro, aunque pudo escuchar algo que se asemejaba a unos gritos. Por eso, sin pensarlo dos veces, extrajo su abanico y desplegó la primera luna de un solo movimiento, lanzando una fuerte batida de viento contra ella que la hizo añicos. Dentro, casi al fondo, distinguió la figura de un chico de espaldas, aposentado sobre una chica rubia que resultó ser Misao. Los ojos verdes de la kunoichi recorrieron el rostro de la rubia, surcado de lágrimas, así como la ropa abierta y la expresión de enfado y sorpresa del que supuestamente debía de ser Kaito.

¡¿Qué te crees que estás haciendo, maldito mocoso?! —siseó, viendo cómo el chico alzaba las manos y trataba de enganchar una de las marionetas que permanecían colgadas del techo.

Sin embargo, Temari fue más rápida y, blandiendo de nuevo su abanico, cortó de cuajo los hilos de chakra, tirándolo de paso contra la pared más cercana. Antes de que pudiese reaccionar, su abanico plegado ya se encontraba firmemente sujeto contra su cuello, presionando de tal forma que apenas lo dejaba respirar.

¿Estás bien? —preguntó, desviando la vista hacia Misao, con preocupación, antes de volver a encarar al muchacho moreno—. ¡¿Dónde está mi hermano?!


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 16 Ene - 14:42


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


¡CRACK!

La puerta de madera a la que había echado el cerrojo nada más llegar con Misao, crujió con un sonido muy feo antes de terminar cediendo frente a la impresionante fuerza de una batida de aire. Frustrado y lleno de rabia por la interrupción, Kaito alzó la mirada hacia la figura que atravesaba la nube de polvo que se había levantado, y sin pensarlo, comenzó a incorporarse y extendió unos hilos de chakra a la marioneta más cercana, comenzando a moverla…

… Y perdiendo la oportunidad de defenderse tan pronto como fueron cortados también.

Ughh… —apretó con fuerza los dientes y cerró los ojos en un gesto doloroso cuando recibió el impacto contra la pared y quedó apresado por el gigantesco abanico de Temari. ¿Qué mierdas hace ella aquí? ¿Cómo ha llegado? Justo cuando por fin le iba a demostrar a Misao todo lo que siento por ella… Tragó saliva con cierta dificultad, sintiendo que le resultaba complicado respirar por la fuerza que la kunoichi ejercía sobre su cuello.

—¿Estás bien? —le escuchó decir.

Claramente iba por su mejor amiga. ¿Y a ti que te importa? Además, está mejor conmigo de lo que podría estar con tu asqueroso hermanito al que tanto defiendes. Misao debió de contestar con un gesto de cabeza, pues no escuchó ninguna palabra ser pronunciada de su boca y tampoco se atrevía a apartar la mirada de Temari. A saber lo que podría hacerle si se descuidaba. Aunque no es que estuviera en muy buena situación tampoco…

¿Tu hermano? ¿Por qué tendría que decirte dónde está ese monstruo? —escupió como buenamente pudo, tratando de tomar bocanadas de aire—. Va a pagar por todo lo que hizo antes. Por todas las Mizukis y Keikos… Por todas las familias que perdieron a un ser querido. Al fin va a servir para algo bueno, gracias a Samuru. Y Misao… ¡Misao estará conmigo! ¡Podré quererla como se merece, podrá ser feliz a mi lado! Él no la conoce como yo, no la quiere como yo lo hago y jamás podrá hacerla feliz… Solo la hará sufrir. ¡Lo ha hecho hasta ahora! —su voz prácticamente se alzó hasta convertirse en un grito que resonó por toda la estancia. Estaba cansado de fingir. De fingir que no había estado enamorado de ella, que le importaba solo como amiga. La iba a proteger de él, igual que protegería al resto de gente del caos y el dolor que las Bestias de Colas provocaban a su paso.


——————


Paralizada aún sobre el gastado futón en el que Kaito la había empujado y aprisionado bajo su cuerpo, Misao se abrazaba a sí misma con fuerza, temblando sin ser capaz de decir nada. Lo único que había logrado un par de minutos antes, cuando Temari había llegado, había sido asentir muy lentamente con la cabeza.

El frío recorría cada centímetro de su piel. En parte porque la estancia oscura y sin ventanas, estaba bien aislada del calor. Pero en su gran mayoría se debía al shock de la situación y a su prenda completamente abierta por el centro.

Cada palabra que Kaito pronunció en contestación a Temari hizo que se clavase dolorosamente en su pecho, haciendo que cada latido resultase insoportable. ¿De verdad… De verdad ese era su mejor amigo? No, no podía serlo. Él no hubiera continuado adelante, besando su cuerpo de esa forma, después de rogarle de la forma en que lo había hecho; después de forcejear con él para que la soltase. Definitivamente, había perdido la cabeza… O ese hombre se la había lavado por completo.

Se había dado cuenta de su extraño comportamiento en la misión que hicieron con Kankurō. Si bien desde los exámenes no se habían visto y cuando se encontraron para ir a la asignación de la misión le había tratado de esa forma, a mitad del transcurso de la misión en el País de las Aves habían pasado de discutir continuamente a un completo silencio. Lo había visto pensativo y más retraído. Sabía que había algo mal… Pero lo había achacado a que quizás se había cansado de discutir o había reflexionado al respecto de todo. Y con la cabezota que era…

Un nuevo sonido ahogado el muchacho llamó su atención nuevamente. El agarre de Temari sobre su abanico se había afianzado hasta el punto de tornar sus nudillos completamente blancos; además, la expresión de su rostro mostraba la poca paciencia que tenía en ese momento, el odio que sentía por Kaito al decir todas esas cosas y la infinita preocupación por sus dos hermanos, uno de los cuales seguía desaparecido.

No quería que, a pesar de todo lo que había estado a punto de hacerle a ella y todo lo que había hecho para entregar a Gaara a ese hombre, Temari le hiciese daño. Pero las palabras no salían de su boca… No era capaz de pronunciar una sola. Se sentía débil e ingenua. Traicionada y confusa. Pero ante todo, culpable.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 16 Ene - 21:57


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


Misao asintió débilmente, incorporándose con torpeza y rodeándose el cuerpo con ambos brazos. Temari la observó largamente, apretando la mandíbula, antes de que aquel gusano decidiese abrir la boca y terminar de empeorar del todo su situación. Los ojos de la kunoichi rubia se entrecerraron al escucharle hablar así de Gaara, conforme la furia iba creciendo dentro de ella.

¿Samuru?, pensó, confundida, cuando Kaito lo mencionó. ¿Ése es el hombre que se ha llevado a Gaara? El nombre no le sonaba de nada, y tampoco creía haberlo visto antes en el Libro Bingo. Sin embargo, debía de tratarse de un ninja realmente poderoso si había logrado neutralizar tanto a Kankurō como a Gaara...

En cuanto los bufidos del muchacho moreno se transformaron en gritos iracundos, Temari presionó su abanico todavía más contra su garganta, hasta impedirle continuar hablando.

¿Acaso la ves muy feliz ahora mismo? —dijo, con voz severa, desviando su vista de nuevo hacia la kunoichi rubia. No parecía estar herida, pero si hubiese llegado un poco más tarde...

Podría haber sucedido algo verdaderamente horrible, admitió para sí, antes de volver a clavar sus ojos verdes en el muchacho, que jadeaba en busca de aire. Todo lo que había dicho... Gaara, Misao... ¿Está haciendo todo esto por ella? ¿Habrá sido él el que ha conducido a ese tal Samuru hasta aquí? Frunció aún más el ceño, incrustando su codo a propósito en el centro del esternón del marionetista. Justo ahí, entre ambos pectorales, había un punto nervioso que causaba un dolor muy potente. Lo había aprendido en sus años en la Academia, durante las clases de taijutsu, y aunque su estrategia de combate se basaba siempre en la larga distancia, todavía tenía algunos conceptos del cuerpo a cuerpo muy presentes. Solo por si acaso.

Gaara es tu Kazekage —siseó muy despacio, ignorando por completo los gemidos de dolor que el chico se esforzaba por ocultar a base de morderse los labios—. Atentar contra un Kazekage es delito de alta traición, y supongo que sabrás que se paga con la muerte.

Con un firme movimiento, retiró el abanico de golpe y lo alzó por encima de su cabeza, inmovilizándolo aún con el codo. Kaito abrió mucho los ojos, emitiendo un quejido ronco, pero la expresión de la ninja de la Arena no se suavizó en lo más mínimo.

La ley era la ley. Y mucho más cuando se trataba de su propio hermano.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 17 Ene - 13:34


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


Las temblorosas manos de Misao lograron tomar los extremos inferiores de la cremallera después de haber tratado de secar la mayor parte de las lágrimas que anegaban sus ojos. No podía evitar recordar la forma en que Kaito la había bajado ni los besos que había ido dejando por su piel sin su permiso. Sí, habían sido tiernos y devotos, pero no eran de la persona de la que estaba enamorada, sino de la que más confiaba. Como buenamente pudo, la kunoichi rubia logró encajar correctamente la cremallera y empezar a subirla muy despacio antes de escuchar a Temari…

—¿Acaso la ves muy feliz ahora mismo? —su voz era dura y severa. Cuando alzó la mirada de su arrugada prenda se encontró con la mirada esmeralda de la mayor sobre ella. Tragó saliva sintiéndose avergonzada y culpable de todo lo que estaba pasando.

Unos segundos después, en ese silencio sepulcral que hubo en el taller del joven marionetista, Misao se atrevió a mirarle. Temari no había aflojado ni un ápice la fuerza que estaba aplicando sobre su cuello, ni tampoco la presión que estaba ejerciendo con el codo sobre el esternón de Kaito. Se podía apreciar la dificultad que estaba teniendo a la hora de respirar, pero ya no solo eso, sino el dolor que debía de estar sintiendo por lo que Temari le estaba haciendo… Se estaba mordiendo con verdadera fuerza el labio en lo que trataba de moverse a duras penas para intentar librarse.

— Gaara es tu Kazekage. Atentar contra un Kazekage es delito de alta traición, y supongo que sabrás que se paga con la muerte.

¿Qué…? El corazón de Misao se paró de golpe en ese preciso instante. Sabía perfectamente desde que entró en la escuela y posteriormente en la Academia, que ese era el castigo frente a semejante sacrilegio. Pero…

Había permanecido paralizada desde la llegada de Temari, pero tan pronto como la vio alzar el enorme abanico con una de sus manos, pareció recuperar la voluntad de moverse. Casi sin darse cuenta, en un acto reflejo, se interpuso entre ambos. Su cuerpo aún temblaba y las lágrimas que parecían haber remitido volvieron a correr por sus mejillas, de pura desesperación. Sabía que no debería protegerle… Que había atentado contra la persona que amaba por simples celos y como venganza por todo lo que había hecho siendo un niño. Pero… Pero… Es mi mejor amigo…

No lo haga, por favor, Temari-sama…No puedo perder a otra persona más… No lo soportaré. Mi padre fallecido, Kankurō envenenado, Gaara desaparecido… ¿Y ahora Kaito muerto también?

Y aunque no lo hubiera pensado por lo abrumada que se encontraba debido a la situación, probablemente el joven marionetista fuese el único que supiera la localización de Samuru y Gaara… El único que pudiera llevarles hasta él para salvarlo.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 17 Ene - 17:06


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


El abanico aún pendía sobre su cabeza cuando, de repente, Misao se levantó y se interpuso entre ambos, obligándola a romper el contacto con él. A su espalda, Kaito se dobló ligeramente hacia delante, sujetándose la base de la garganta y tosiendo repetidamente.

—No lo haga, por favor, Temari-sama… —rogó la rubia, con los brazos muy abiertos y el rostro surcado de lágrimas.

Temari la contempló con el gesto torcido, aunque finalmente dejó resbalar el abanico de vuelta a la funda que portaba a su espalda, tal y como había pensado hacer en un inicio.

Por desgracia —aclaró, a la par que el enorme abanico de guerra regresaba a su lugar. No obstante, no retiró la mano de su extremo, solo por si acaso. Si el chaval se podía idiota, podría tenerlo de nuevo en la mano en menos de medio segundo—, por el momento te necesito vivo.

Vio que Misao, aún congestionada y temblorosa, relajaba levemente los hombros. Y ése fue precisamente el momento. En cuanto se vio libre y con espacio para maniobrar, el joven marionetista extrajo tres kunais y los lanzó con fuerza hacia Temari. No era un movimiento demasiado complejo de detener, por lo que enseguida tuvo claro que su intención no era precisamente la de atacar, si no la de cubrirse las espaldas. En un parpadeo, el muchacho saltó hacia arriba, sirviéndose de los hilos para desenganchar una de las marionetas, y tras liberar uno de sus mecanismos huyó por la ventana.

Humo... Está intentando desorientarnos para que no podamos seguirle. Por desgracia para él, ésa era la clase de técnica que no tenía nada que hacer contra los jutsus de alguien cuya especialidad era el elemento viento.

¡Fuuton: Viento catabático!

Con un solo golpe del gigantesco abanico, el humo oscuro comenzó a disiparse y a ser arrastrado bajo la puerta de la habitación. De reojo, vio cómo Misao se adelantaba hacia la ventana por la que había huido su compañero, pero antes de que pudiese hacer nada la detuvo y le tapó la boca con la mano.

Calla —musitó, observando al chico desaparecer por los tejados en dirección este. Seguramente, cuando se encontrase a salvo, se giraría para asegurarse de que su técnica había hecho efecto, y solo entonces...—. No podemos seguir perdiendo más tiempo. Ahora está asustado, así que seguramente volverá con él para pedirle ayuda. Si lo seguimos, probablemente nos lleve hasta donde está Gaara.

La segunda opción que había previsto también hubiese sido válida, pero les habría supuesto una demora de tiempo demasiado importante. Y si Gaara se encontraba en aquellos momentos en la misma situación que Kankurō... No, es mejor así. Enviaremos un aviso desde allí para pedir refuerzos.

Vamos —indicó a los pocos minutos, haciéndole un gesto a la chica.

Mientras el crío siguiese pensando que había logrado burlarlas, todo iría bien. Pero debían tener cuidado para que no las descubriese antes de tiempo, o todo el plan se iría al garete. Y para entonces, puede que ya fuese demasiado tarde...

***

Lo habían seguido durante algo más de cinco horas a través del basto desierto. Por suerte, Temari lo conocía tan bien como la palma de su mano, y el hecho de que él apenas hubiese comprobado si lo seguían o no había ayudado bastante. Parece desesperado por llegar a donde sea que está el tal Samuru. O está muerto de miedo, o ni siquiera sabe lo que está haciendo.

Finalmente, tras cruzar la frontera hacia el País de las Aves, lo vieron desviarse por el camino hacia una vieja edificación semi derruida. Aguardaron ocultas tras unas rocas a que entrase, pero en lugar de eso lo vieron tantear un rato en el suelo hasta dar con una vieja cuerda casi invisible sobre la tierra seca, abrir una trampilla de madera y desaparecer por ella.

Debe de ser ahí... —murmuró, incorporándose al cabo de un tiempo prudencial. Tras extraer de nuevo su abanico, se mordió con fuerza el pulgar hasta hacerse una pequeña herida y empapó de sangre la tela blanca—. Jutsu de invocación.

Con un brusco movimiento, el abanico cortó el aire y liberó a su paso una gigantesca comadreja blanca armada con una hoz. El animal se volvió hacia ellas, observándolas con su único ojo al descubierto, agitando la cola de lado a lado.

Avisa a Baki y a los demás —ordenó, antes de que el animal asintiese con una risita gutural y desapareciese en un enorme torbellino. Solo entonces, la kunoichi rubia se volvió hacia Misao—. Quédate aquí hasta que lleguen los refuerzos. Bajaré yo sola y traeré de vuelta a mi hermano.

Sin embargo, tras la continua insistencia de la muchacha, al final tuvo que ceder y dejar que la acompañase. En cualquier caso, quizá era lo mejor... No sabía lo que podían encontrarse allí abajo, y si había logrado derrotar a Gaara... Puede que yo no tenga ni una mísera posibilidad.

Acababan de aterrizar ambas sobre la tierra fresca y húmeda, tras descender al menos un par de metros, cuando lo escucharon por primera vez. El eco lejano de un grito agónico que logró helarle la sangre, a pesar de la distancia, y que perdiese el poco color que le quedaba en las mejillas. ¿Ése era... Gaara?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 17 Ene - 23:06


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


Había perdido la cuenta de las horas que llevaban corriendo por el extenso desierto que circundaba Sunagakure en todas las direcciones cardinales. Las huellas de Kaito en las dunas de la arena facilitaban en gran medida poder seguirle a una prudencial distancia, de modo que no fuesen descubiertas. Ambas kunoichis mantenían el ritmo que se habían puesto al inicio de la “persecución” aunque el cansancio poco a poco iba haciendo mella en ellas. El sudor perlaba sus frentes y sus respiraciones, a pesar de mantenerse rítmicas, eran algo más aceleradas. El calor de media tarde poco a poco fue mermando en lo que el sol se escondía por el horizonte y las primeras estrellas asomaban en el cielo cada vez más oscurecidos.

Durante todo el trayecto, Misao había permanecido callada. No podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido. La culpabilidad la seguía a cada paso que daba en esa carrera a contrarreloj. Ni había comprendido los sentimientos de Kaito antes de descubrir su Kekkei Genkai, ni tampoco los había sabido interpretar después, cuando tan enfadado había estado. Hayami le había dicho un millar de veces durante la misión en el País de las Aves que estaba celoso. Muy muy celoso. Pero ella... ella había desechado la idea pues no veía sentido alguno a que su mejor amigo estuviera celoso de todo eso. Entendía que estuviese preocupado… Pero había sido tan ignorante e inocente que no había sido capaz de leer eso en él.

Quizás si lo hubiera hecho antes… Si se hubiera sincerado con él antes de que les pillase besándose en la enfermería… Quizás entonces las cosas se hubieran dado de otra forma. Se mordió con fuerza el labio inferior, hasta el punto de hacerse sangre y notar el ligero toque metálico en su boca. También no podía dejar de pensar en sus palabras… Esas en las que le había asegurado que el pelirrojo no se habría fijado en ella de no ser por su habilidad. Le habían dolido y mucho, a pesar de que las sabía ciertas.

Ese pudiera haber sido otro quizás, como ella misma había dicho. Quizás si no hubiera tenido la habilidad de controlar el agua y poseer el Kekkei Genkai, Gaara habría quedado como una figura a la que admirar, lejana e imposible de alcanzar. No le habría conocido como persona, ni habría ido descubriendo las pequeñas cosas que le relajaban y le gustaban de esas conversaciones tranquilas que habían mantenido en los entrenamientos (aunque no lo decía de forma directa si ella no preguntaba). No se habría enamorado de ese chico silencioso y estoico que tanto se estaba esforzando por la Aldea y que tanto se estaba esforzando por aprender de los demás. Puede que entonces, los sentimientos de amistad por Kaito hubieran podido florecer en el sentido que él más anhelaba…

… Esa forma tan desesperada y devota que había demostrado en su taller. De esa forma tan enfermiza que nunca se imaginó posible y que tanto miedo le había provocado. De esa forma que le había hecho comprender que ese no era el Kaito que conocía.

Alguna que otra lágrima mientras pensaba en todo ello, logró escaparse de sus ojos hinchados, enrojecidos y escocidos. Sin embargo, se había apresurado a secarla con el dorso de su mano o bien parpadeando repetidas veces. Si Temari se había dado cuenta de todo, no dio señales de ello… Y lo agradecía.

Tras pensar en ello largamente, supo que lo mejor que podía hacer en ese preciso instante era centrarse en el rescate de Gaara. Era, en gran medida, la causante de todo aquello. Y sí, se sentía muy culpable. Pero precisamente por ese mismo motivo, debía darlo todo para remediarlo, para traer de vuelta a casa a Gaara, con sus dos hermanos… Con ella.

Regresó a la realidad tan pronto como Temari le hizo una pequeña señal para detenerse. Habían llegado ya al territorio del País de las Aves y esa zona le resultaba extrañamente familiar… Los alrededores de las ruinas del templo… identificó segundos después, ya escondidas ambas tras unas rocas. Después de perder de vista a Kaito cuando entró por una trampilla que pasaba prácticamente desapercibida, la mayor se encargó de enviar un mensaje a Suna sobre su localización.

— Quédate aquí hasta que lleguen los refuerzos. Bajaré yo sola y traeré de vuelta a mi hermano —le dijo tan pronto como la comadreja que había invocado desapareció para cumplir con su misión.

No, Temari-sama… Quedarme esperando no servirá de nada. Saben la localización a donde tienen que venir… No me puedo quedar de brazos cruzados aquí cuando Gaara… —la frase quedó a medias en sus labios y se mordió el labio nuevamente—. Déjame ayudarte, por favor…

Tras insistir un poco más, con un último gesto pensativo, Temari pareció ceder y juntas se introdujeron a través de la trampilla. Se podía percibir la humedad en el aire y Misao… Misao también podía percibirla con todo su cuerpo ahora que su afinidad por el elemento agua era mayor. Antes de poder siquiera echar una mirada alrededor, un grito desgarrador y lleno de agonía reverberó por toda la caverna a la que habían accedido.

Fue inmediato. Supo a quién pertenecía ese grito aunque jamás le hubiese escuchado proferir uno. Se volvió hacia Temari a la vez que la misma se giraba hacia ella. La respuesta de ambas estaba escrita en sus miradas. Gaara… Un escalofrío de horror recorrió su menudo cuerpo y sentía que su corazón se paraba en su pecho. ¿Qué le está haciendo ese maldito…?

Tras unos breves segundos, un nuevo grito vibró por el aire. Resultaba insoportable escucharle gritar de esa forma. Tenían que parar aquello. En ese mismo instante. Con leve asentimiento, las dos kunoichis de la Arena comenzaron a avanzar por el largo túnel rocoso, escuchando cada vez más cercanos esos desgarradores sonidos. Para cuando alcanzaron el final, se refugiaron nuevamente tras un saliente y echaron un vistazo a la enorme sala con bóveda. Decenas de velas iluminaban el interior, revelando grandes bloques de piedra salpicando la estancia. Unos que debieron de caerse tiempo atrás, pues el musgo y otras plantas habían conquistado su superficie. También pilares y columnas de sección circular estaban partidas y caídas por todas partes. Pero eso  no era lo que más llamó la atención de ambas ninjas. Sino lo que había en el centro.

La silueta de una cruz alzada. Una persona atada de pies y manos a los brazos de ésta, con heridas sangrantes en varias partes de su cuerpo, mientras sus labios se entreabrían con un nuevo grito agónico. Reconocería ese cabello pelirrojo en cualquier parte, ese kanji en la sien izquierda de su frente. Era él. Era Gaara.

Y ahí, a su lado, estaba ese hombre. Samuru lo había llamado Kaito cuando habían estado a solas y nuevamente cuando Temari le había exigido una respuesta. Con su pelo blanco, lacio y largo enmarcando su horrible y fino rostro, se encontraba murmurando cosas y haciendo diferentes sellos con las manos. No muy lejos, estaba su amigo, hablando de una forma que parecía acelerada, pues no llegaban a escuchar ni a uno ni a otro.

En esa situación… ¿Qué iban a hacer?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Jue 18 Ene - 20:35


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


El dolor era tan potente que apenas le permitía respirar. Parecía ahondar en cada músculo y en cada hueso, como si estuviesen despedazándole desde dentro, y solo cesaba momentáneamente cuando creía que iba a perder la consciencia. Entonces lo veía apartarse, con el ceño fruncido, y consultar unos cuantos pergaminos antes de retomar la tarea.

—Esto, tal vez... —musitaba, meditabundo, hundiendo de nuevo la mano en su cuerpo como si se tratase de un espejismo. Solo que el dolor era real. No había sangre ni herida abierta cuando se apartaba, dejándolo tembloroso y jadeante, pero la sensación era idéntica a extraer un puñal con el que hubiesen estado hurgando—. Sí. Eso podría funcionar...

No sabía cuánto tiempo llevaban allí, en aquella especie de cueva, ni tampoco lo que buscaba exactamente. Había perdido la noción del tiempo después de que empezase a trabajar sobre su ojo izquierdo, cortando tendones y suturando nervios sin que él pudiese hacer nada. Su cuerpo seguía completamente paralizado, como si lo hubiesen convertido en una estatua de roca, y la arena... Nada más llegar, lo había visto encerrar la tinaja en un enorme baúl lleno de polvo, con remaches dorados y extraños grabados en su cubierta, y desde entonces el escudo había permanecido completamente inactivo. Aunque, por si acaso, el hombre se aseguraba de provocarle cada cierto tiempo algún corte ligero por el cuerpo solo para asegurarse.

—Ya casi está —susurró para sí, visiblemente contento, antes de recuperar algunos de los utensilios médicos que había estado utilizando—. Acabaré muy pronto, te lo prometo.

El pecho de Gaara subía y bajaba con fuerza, mientras el sudor le empapaba el rostro y se mezclaba con los regueros de sangre que le brotaban del lugar donde antes había estado su ojo izquierdo. Lo vio ejecutar unos cuantos sellos, haciendo que varios escalpelos se alzasen en el aire, y apretó los dientes. Sin embargo, estos viraron hacia el hombre y se dirigieron hacia su propia cabeza, repitiendo el mismo proceso de antes. Intentó moverse con todas sus fuerzas cuando, minutos después, lo vio dirigirse hacia él con algo cuidadosamente guardado en un paño, pero fue inútil. El dolor volvió, con toda su intensidad, y la luz verdosa conectó de nuevo el nervio óptico con un latigazo que lo sacudió por completo. Ardía, ardía tanto que la cabeza iba a estallarle de un momento a otro...

—Vas a ser perfecto. La obra culmen de mi colección. Voy a entregarte un auténtico regalo de los dioses —le oyó decir, en un tono casi reverencial. Notó cómo rasgaba las cintas del chaleco, tirándolo a un lado, para luego bajar la cremallera del traje y cortar la malla negra, apoyando el guante sobre la piel blanca del pecho, justo a la altura del corazón—. Ayúdame a cumplir mi sueño, Gaara-kun... Y los cinco podremos conquistar el mundo entero.

No llegó a saber a qué cinco se referían. No pudo. Algo se introdujo de lleno en su cuerpo, cortándole la respiración, y un nuevo grito volvió a reverberar por toda la caverna, mucho más potente que todos los anteriores juntos.

— X —

Tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para permanecer inmóvil tras aquel enorme pedrusco. Cada grito que le escuchaba proferir le quebraba el alma, pero si salían ahora, sin saber siquiera a qué se estaban enfrentando... No. Un ninja debe mantener la mente fría en cualquier circunstancia, se obligó a repetirse, apretando los puños hasta hacerse daño.

Había dos. Uno de ellos era el chico moreno, el compañero de Misao, y el otro...el otro era el que estaba con  Gaara. Los dos parecían estar hablando, aunque no lograba escuchar bien lo que decían. Kaito tenía el ceño fruncido, y su mirada se desviaba del rostro del hombre a la expresión descompuesta de Gaara. ¿Qué le está haciendo? Nada más llegar, le había parecido ver que algo de color oscuro se introducía en el cuerpo de su hermano, aunque no había logrado ver de qué se trataba. Su mano emitía ahora un resplandor verdoso, igual que cuando Sakura había tratado a Kankurō varios meses atrás. ¿Un jutsu médico? Sin embargo, ninguno de los cortes superficiales parecía estar curándose...

No podemos seguir esperando. De lo contrario... Tragó saliva, volviéndose hacia Misao y haciéndole un gesto con la mano. La kunoichi podía encargarse de su compañero, y mientras tanto ella... Puedo mantenerlo a raya a larga distancia, y si utilizo un ataque dirigido para alejarlo de Gaara, entonces quizás...

—... nuestras invitadas.

Las palabras resonaron mucho más alto de lo normal, tanto que lograron paralizarla. ¿Nos... nos ha descubierto? ¿Cómo... cómo puede ser?

Poco antes de que la roca contra la que se ocultaban volase en pedazos, Temari desplegó su abanico y las cubrió a ambas con él. El estruendo resonó por toda la cueva, y cuando finalmente se atrevió a mirar por encima de él, aquel extraño hombre de pelo blanco las estaba mirando directamente con su único ojo. La cuenca restante estaba vacía, pero a pesar de ello su sonrisa era tan amplia que le confería el aspecto de un esqueleto.

¿Mi... Misao? —oyó que tartamudeaba el chico, aterrado, aunque su mirada no se apartó del hombre de blanco.

Ni de su hermano. Había echado la cabeza hacia atrás, con el cuello rígido y sus ojos se habían vuelto completamente blancos. Un enorme sello rojizo había empezado a emerger sobre la piel del pecho, en el lado izquierdo, brillante como una llama. Temari alzó su abanico, dispuesta a lanzar su ataque, pero Samuru emitió una carcajada gutural.

—Demasiado tarde. —Sus dedos índice y anular se elevaron hasta su boca, rozándole los labios finos y entreabiertos—. ¡Liberación!

Los puños de Gaara se contrajeron, igual que sus brazos, y la explosión de luz llegó con tanta fuerza que la lanzó por los aires.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 27 Ene - 17:46


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No lo soportaba. No podía con ello. No había sido uno… Ni siquiera habían sido dos. Había perdido la cuenta de los desgarradores gritos que habían surgido de lo más profundo de la garganta de Gaara. Sus nudillos se habían tornado completamente blancos mientras se aferraba con fuerza a la roca tras la que Temari y ella se encontraban ocultas. Sabía de sobra que estaba a punto de hacerse heridas en los dedos, de romperse las uñas por la fuerza que estaba ejerciendo… Pero cualquier dolor físico, cualquier herida sangrante no podía compararse a la horrible sensación que atenazaba su pecho, a como cada grito se clavaba en su corazón como una puñalada que le recordaba que no estaba haciendo absolutamente nada para parar el sufrimiento que estaban causándole.

Sabía de sobra que la kunoichi a su lado estaba en la misma situación. Era su hermano pequeño y continuaba agazapada, escondida, sin intervenir. Les estaba desgarrando internamente por completo, pero sin un plan… Sin un plan no podían hacer nada porque si actuaban sin pensar… lo más probable es que no lograsen salir de ahí con vida.

Fue entonces, cuando sus grandes ojos violetas se centraron en la figura alta y desgarbada junto a Samuru. Era Kaito. Su boca se movía a gran velocidad, hablando claramente acelerado y nervioso. Qué le estaba diciendo era un verdadero misterio, pero temía por él… por lo que el hombre que había secuestrado a Gaara tuviera planeado para él. No sabía cómo saldrían de esa, pero deseaba de todo corazón regresar a casa con el pelirrojo y con el moreno, aunque sabía de sobra cuál iba a ser su castigo…

Si bien había estado con la mirada fija en su amigo, Misao desvió la mirada de vuelta al joven preso tan pronto como la luz verde emergió de las pálidas manos del extraño hombre, proyectándose sobre su prisionero. ¿Le cura para seguir torturándole..? se planteó la muchacha durante los segundos siguientes, antes de escuchar que hacían referencia a ellas, a su presencia en el lugar. La perplejidad surcó las facciones de Misao, igual que las de Temari. No tuvo tiempo de reaccionar frente a la repentina explosión que destrozó la enorme roca tras la que se ocultaban, se salvó de la proyección de los fragmentos gracias al abanico desplegado de la kunoichi.

—¿Mi…Misao? —la voz de Kaito, ahora más clara, la llamó. Sus ojos se encontraron con los dorados de él y se mordió el labio inferior. Percibía el miedo en su voz… El miedo a que estuviera allí por lo que Samuru pudiera hacerles. Ya lo sabía desde que había presenciado los efectos de la droga que debía haberle dado a su amigo para que incorporase en la comida. Sabía que era peligroso pero… He venido a por ti y a por Gaara… No pienso marcharme sin vosotros le quiso decir con la mirada que compartieron, lo que pareció ponerle muchísimo más nervioso.

Temari no dudó en actuar entonces, alzando el abanico por encima, pero sin llegar a ejecutar el ataque que tenía previsto. Tras una carcajada que le provocó un escalofrío, una luz cegadora emergió de la nada, como una explosión impidiéndoles ver lo que sucedía y proyectándolas contra la pared rocosa más cercana.

¡Ugh…! —exclamó de dolor apretando la mandíbula cuando toda su espalda impactó contra la superficie. También se golpeó la cabeza, lo que logró desorientarla considerablemente.

No fue hasta segundos después de que la luz se apagase, parpadeando repetidas veces y viendo mil puntos en su visión, que se percató de una figura que flotaba en mitad de la caverna. La cruz había caído completamente destrozada… y un cuerpo inmóvil se encontraba tirado en el suelo, inmóvil. Uno de piel pálida y extraña túnica. Samuru.

Pero si él está ahí, entonces… Mientras se incorporaba con cierta torpeza, apoyándose en la primera superficie que encontró, comprendió que la figura en cuyo pecho había un gran sello rojo trazado no era otro que Gaara.

Gaara… le llamó una y otra vez en su mente con los ojos muy abiertos, percatándose de que estaba liberado. Antes de darse cuenta siquiera de lo que estaba haciendo, su cuerpo se movió por sí solo. Olvidando el dolor del impacto y el cansancio después de tantas horas corriendo, se lanzó hacia delante, ignorando el grito de advertencia de Temari.

También hizo caso omiso de Kaito, quien no dejaba de llamarla repetidas veces y quien terminó por alcanzarla a duras penas, envolviendo su menudo cuerpo con sus brazos, igual que en el despacho, a fin de detenerla.

¡Suéltame, Kaito! ¡SUÉLTAME! —le gritó casi desesperada a su amigo, mientras se removía para zafarse de su agarre. En uno de esos movimientos, logró asestarle un codazo en el costado sobre el que debía de haber aterrizado tras salir despedido por la explosión. Apenas fue consciente del quejido de dolor que le había provocado, pues ya había echado a correr nuevamente.

Apenas llegó junto a Gaara que se impulsó con todas su fuerzas para alcanzar la altura, rodeó con fuerza su cuerpo y le arrastró consigo hacia el suelo. Misao se las apañó como buenamente pudo para aterrizar de forma que el pelirrojo no sufriese ningún golpe más… Ya tenía suficientes heridas…

Cuidadosamente, haciendo caso omiso al dolor que ella misma sentía, lo tumbó en el suelo con la cabeza reposando en su regazo. Las lágrimas volvieron a florecer en sus ojos mientras le apartaba un mechón pelirrojo de la frente.

Gaara… Gaara, por favor despierta… —le rogó con la voz rota.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 27 Ene - 23:02


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


Antes de que pudiese hacer nada, la onda expansiva que había seguido a la explosión de luz lo había lanzado contra una de las viejas columnas semi derruidas. El golpe lo dejó aturdido durante unos segundos, cegado por el dolor del golpe, mientras sus pulmones se esforzaban por llenarse de aire. Notaba el sabor de la sangre en la boca, no sabía si debido a la caída o a que podía haberse mordido la lengua en el proceso, aunque tampoco se entretuvo mucho en averiguarlo.

Misao, pensó de inmediato, incorporándose tan de golpe que tuvo que sujetarse a la columna cuando el mareo hizo que la habitación diese una vuelta de campana. La buscó entre el humo y la polvareda, notando cómo la ansiedad lo devoraba vivo por dentro. Vio el cuerpo del hombre tirado en el suelo, aparentemente inmóvil, aunque no le prestó más atención. Debía dar con ella, porque si le había sucedido algo... Si le había ocurrido algo malo, entonces él...

Con un soberano esfuerzo, se obligó finalmente a levantarse y, al dar un par de pasos, tuvo que sujetarse el costado. Mierda... El dolor punzante que se extendía por su tórax era casi inconfundible. Debía de haberse roto una costilla al golpearse contra la piedra, pero aún así continuó avanzando entre los escombros.

Algo más allá, dos figuras se movieron al fin. Una de ellas era la hermana de Gaara, que se estaba poniendo en pie torpemente apoyada en su enorme abanico, y la otra... Misao, pensó con alivio, al ver a la muchacha rubia incorporarse, tambaleante. Sin embargo, ella no le estaba prestando atención a él. Sus enormes ojos violetas estaban muy abiertos y fijos en un punto por encima de sus cabezas. Kaito siguió su mirada, aturdido, para comprender de inmediato lo que iba a suceder. Cuando bajó la vista de nuevo, coincidiendo con el grito de advertencia de Temari, vio a su amiga echar a correr hacia delante.

¡Misao! ¡No, Misao! ¡Para! —la llamó, con la voz teñida de desesperación, haciendo caso omiso al dolor que ya le cortaba la respiración. Pero la chica no se detuvo—. ¡Mierda!

Apretando los dientes con todas sus fuerzas, él también se lanzó tras ella. Si Samuru había completado el proceso de sellado, entonces debía alejarla de él cuanto antes. Le había prometido que Misao no sufriría ningún daño en la Villa, pero aquí... No sé si puedo fiarme de él. Maldita sea. ¡Maldita sea! Aceleró todavía más, hasta lograr darle alcance antes de que saltase, y rodeó su cuerpo con fuerza para inmovilizarla entre sus brazos. La joven kunoichi se revolvió contra él, histérica, clavando su codo derecho justo en el lugar del impacto. Kaito notó cómo se le cortaba de nuevo la respiración, emitiendo un quejido ahogado, y su abrazo se deshizo para doblarse sobre sí mismo.

Entonces, ella se soltó y saltó hacia arriba. Hacia él. No...


— X —


Se sentía extraño. Como un caudal incontenible, el chakra fluía por su cuerpo en cantidades tan inmensas que casi resultaba doloroso. Tragó saliva, notando su nueva garganta excesivamente seca, y poco a poco sus nuevos párpados se despegaron hasta que la luz incidió en ellos. Al principio apenas fue capaz de percibir unas sombras borrosas, pero poco a poco los contornos empezaron a definirse, y con un segundo parpadeo ya fue plenamente consciente de todo lo que sucedía a su alrededor. Podía oír, podía ver, podía oler...

Había una chica inclinada sobre él. Podía sentir sus manos rozándole la cara, y sus lágrimas manchándole las mejillas. Al principio no fue capaz de reconocerla, más allá de la muchacha que había visto junto a la otra kunoichi rubia del abanico. Luego, sin embargo, cuando los recuerdos de Gaara se unieron a los suyos, su nombre vino a su mente con tanta claridad que le hizo sonreír.

Ha funcionado. Alzó una mano, aún recostado contra ella, y la observó con atención. Los dedos largos y delgados, la palidez de una piel joven... Los flexionó lentamente, casi sin esfuerzo, maravillado. Lo había logrado. Al fin lo había logrado.

Por fin. —Su voz sonó diferente. Más grave, más ronca. Más aniñada de lo que recordaba, aunque no le molestó. Ahora era mucho más joven, y también mucho más fuerte. Podía percibirlo claramente. Aquel cuerpo no tenía nada que ver con su antiguo yo, enclenque y enfermizo—. Soy yo. Al fin.

Con un solo gesto, su brazo se extendió hasta apuntar hacia el cofre en el que había encerrado la arena. Ahora el chakra volvía a fluir libremente, y con él ella también volvía a fluir. La escuchó golpear las paredes con furia, filtrándose por los recovecos de la madera para acudir a su llamada, y cuando al fin la tuvo zumbando a su alrededor no pudo contener una sonora carcajada. Se apartó de las manos de ella, levantándose sin grandes esfuerzos pese a notar los músculos agarrotados y doloridos, y una vez más se contempló con satisfacción.

La defensa definitiva. Había oído hablar mucho de ella, pero verla actuar así... Sentirla así... —Su sonrisa se expandió todavía más conforme la arena giraba a su alrededor—. ¿No soy hermoso? Un cuerpo con una defensa impenetrable que nadie puede alcanzar... —musitó, extendiendo los brazos a ambos lados de su cuerpo—. Sabía que sería perfecto.

Con un débil siseo, la arena se aproximó a él y empezó a recubrirlo lentamente. Las piernas, los brazos, el pecho... El sello quedó oculto bajo aquella coraza y, cuando volvió a abrir los ojos, toda su piel había sido cubierta por completo. Solo entonces se volvió hacia Misao, percatándose de que estaba temblando como una hoja. Samuru ladeó la cabeza, antes de inclinarse levemente hacia ella. Lo justo para llegar a rozarle la cabeza con los dedos, apartándole unos pocos mechones de la frente.  

Shhhhhhh —susurró, como si estuviese tratando de acunar a un bebé. Al hacerlo, su pupila magenta, aún manchada de sangre, pareció emitir un destello—. No llores, criatura. Pronto entenderéis que lo que nos habéis hecho nunca estuvo bien. Pero no te preocupes, porque él ya no volverá a estar solo. Ninguno de nosotros volveremos a estarlo. Yo cumpliré sus sueños, y ellos estarán aquí conmigo para verlo. Juntos impartiremos la justicia que este mundo se negó a darnos.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 28 Ene - 16:04


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Los segundos pasaron lentos. Excesivamente lentos. Tanto que resultaba doloroso. A pesar de que el pecho del muchacho pelirrojo subía y bajaba con normalidad, Misao seguía con el miedo atenazando su pecho. ¿Qué había sido esa explosión de luz cegadora? Había adquirido mucha fuerza y las había lanzado a Temari y a ella por los aires. Pero no solo eso, sino que el lánguido cuerpo de Samuru estaba tirado no muy lejos de ellos, como si estuviera sin vida…

Continuó acariciando el cabello de Gaara con manos temblorosas. Las facciones surcadas por numerosas heridas y rastros de sangre eran las de la persona más importante para ella, la que ocupada sus pensamientos la mayor parte del tiempo, por la que se preocupaba de una forma completamente diferente a sus amigos o sus padres. No soportaba verle así. Todo aquello le recordaba a cuando le encontraron tras el secuestro de Akatsuki. En ese momento no logró hacer nada… Y lo mismo había sucedido en esa nueva ocasión.

Sin embargo, a pesar de tener los ojos anegados en lágrimas, el primer movimiento que resultó del cuerpo ajeno lo notó a la perfección.

Gaara… Gaara, estoy aquí. Estoy contigo… —musitó desesperada por volver a ver sus ojos aguamarina. No obstante, el alivio que esperó sentir al verle abrir sus rasgados ojos no llegó. No necesitó ni siquiera la confirmación de sus palabras o la mirada maravillada que dedicó a la pálida mano cuyos dedos flexionaba lentamente.

Fue su mirada. Un iris aguamarina y otro rojo carmesí. Un escalofrío recorrió todo su menudo cuerpo y no fue hasta que el contrario se incorporó, que la kunoichi, aterrada, comenzó a recular con torpeza para alejarse ligeramente de él. Sí, cualquier persona en su sano juicio se habría levantado y echado a correr para alejarse… Pero ese cuerpo seguía siendo el de la persona de la que tan enamorada estaba, y aunque supiera que no era él, algo en su interior le decía que debía quedarse a su lado, que aún había esperanzas.

O quizás simplemente fuese su deseo de que Gaara pudiera ser todavía salvado.

La arena que había permanecido oculta en su vasija surgió con fuerza, sumisa bajo las órdenes que le estaban dando. Antes de que pudiera percatarse, ésta se arremolinó alrededor del cuerpo de Gaara, moldeándose a cada centímetro y curva de éste, conformando así su famosa defensa, la coraza que le protegía de cualquier ataque.

Las enfermizas palabras que salían de los labios ajenos no hacían más que confirmar que aquel no era Gaara. No era su Gaara. Y no solo lo que decía. Sino la forma fría e impersonal con la que se dirigió a ella, el contacto tan extraño de los dedos ajenos apartando los mechones de su rostro. El cuerpo de Misao no dejaba de temblar y mucho menos obedecía a su deseo de alejarse y encontrarse nuevamente con Temari.

—No llores, criatura. Pronto entenderéis que lo que nos habéis hecho nunca estuvo bien. Pero no te preocupes, porque él ya no volverá a estar solo. Ninguno de nosotros volveremos a estarlo. Yo cumpliré sus sueños, y ellos estarán aquí conmigo para verlo. Juntos impartiremos la justicia que este mundo se negó a darnos.

“Ninguno de nosotros”. ¿A qué se refería con aquello? ¿A Gaara y a él…? Por la forma de decirlo, no era así; parecía referirse a más personas… Pero lo que realmente le dolía era que hablase de la soledad como si la comprendiese. Porque claramente la comprendía mejor de lo que ella podría hacerlo. Aún así…

Gaara no está solo… —musitó con voz temblorosa, atreviéndose a sostener esa mirada heterocromática—. Hace años que dejó de estarlo. Tiene amigos, tiene a sus hermanos. Gente que le quiere. Me tiene a mi —dijo con seguridad.

Sin embargo, aquellas palabras no hicieron más que enfadar a Samuru, algo que se reflejó en las normalmente tranquilas e impertérritas facciones de Gaara. Le vio mover la mano, apartarla de su cabello rubio, sucio y despeinado, tuvo intención de echarse hacia atrás pero… antes de que pudiera darse cuenta, los largos y pálidos dedos que siempre habían pertenecido al joven Kage –unos que siempre había considerado cálidos–, tomaron con cierta fuerza su barbilla, impidiendo que se moviese.


——————


Dolor. Era lo único que sentía después del impacto que había recibido. Dolor al correr. Dolor al hablar. Dolor al respirar… El codazo que había recibido por parte de Misao minutos antes no había hecho más que empeorarlo e incluso añadir un dolor mucho más intenso que cualquier físico: el hecho de ser incapaz de protegerla y de que lo rechazase por ir a por el pelirrojo.

Estaba claro que estaba cegada por sus sentimientos. Exactamente igual que lo estaba él por los que profesaba por la rubia. Por eso habían llegado a esa situación, una en la que Misao se encontraba en peligro mortal, frente a Samuru que ya había logrado llevar a cabo su plan…

En un principio había estado muy seguro de lo que hacía, de que era lo correcto. Pero todo lo que estaba sucediendo desde que había llegado al templo abandonado… Le estaba haciendo desconfiar a cada segundo más, comprendiendo los riesgos a los que se encontraban expuestos.

Se le heló la sangre en las venas y su corazón se paró de golpe cuando vio cómo le apartaba un mechón del rostro. Un gesto tan simple que él había hecho a menudo cuando eran pequeños y con menos frecuencia al ir creciendo. Pero era impersonal y frío. Casi podía ver un atisbo de amenaza en él…

Pero lo que realmente resultó amenazante fue cómo tomó con fuerza la barbilla de su amiga, con el odio y la furia refulgiendo casi sin control en sus ojos azul y rojo. Aquello era demasiado. Le había prometido que no le tocaría un pelo a Misao y no estaba cumpliendo su palabra…

¡No te atrevas a tocarla! —rugió mientras echaba a correr en la dirección de ambos, haciendo caso omiso de su dolorido cuerpo, de las heridas que sufría. Soportaría eso y mucho más si era por ella… si con eso la alejaba de él y la podía salvar.

Varios shurinkens trazaron una trayectoria perfecta desde sus manos hasta Samuru, quien con la defensa definitiva de arena del Kage, se deshizo de ellos sin mayor problema. Fue un segundo después que un enorme brazo de arena se lanzó hacia él con una fuerza descomunal, volviendo a lanzarlo por los aires. Sintió nuevamente el sabor metálico de la sangre en su boca a la par que volvía a quedarse sin respiración.

Antes de desmayarse, escuchó a Misao. Era su nombre lo que decía… A pesar de todo, seguía preocupándose por él…


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 28 Ene - 20:00


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XVII. Recor, obsesión y locura


—Gaara no está solo —le contradijo la muchacha, obligándose a mantenerle la mirada. Temblaba como una hoja bajo la furia de un vendaval, pero había algo en su expresión... Samuru frunció el ceño—. Hace años que dejó de estarlo. Tiene amigos, tiene a sus hermanos. Gente que le quiere. Me tiene a mi.

No es cierto. Bajo ese pensamiento, su mandíbula se tensó y dejó caer el brazo a su costado, inerte, mientras observaba a aquella muchachita con una mezcla de furia y desprecio. Miente, como todos los demás, porque es lo único que saben hacer. Mentirnos, esperando que seamos tan tontos de creerles. Siempre mienten. Puede que Gaara hubiese querido confiar en ellos, esperando escapar así del infierno que habían construido a su alrededor durante tantos años, pero él sabía la verdad. La gente no está preparada para aceptar lo diferente. Por mucho que finjan que no, lo siguen temiendo.

Los de la Arena sois expertos en destrozar cosas hermosas —susurró, atrapando su barbilla con su mano antes de que Misao lograse apartarse. Vio el temor y la alarma brillar en sus ojos violáceos, igual que un faro luminoso, y sonrió—. Tenéis tanto complejo de inferioridad respecto a las otras villas que, en el fondo, deseáis a toda costa ser como ellas. Buscáis lo cotidiano, lo corriente, y lo ensalzáis para asemejaros a los demás. Si un sauce del desierto intenta florecer en vuestros cultivos, lo aplastáis como si nada para evitar que robe luz y agua al resto del invernadero. Extermináis todo aquello que no comprendéis, aunque se trate de...

Antes de poder finalizar, el grito del chico reverberó por toda la caverna, aunque Samuru no se molestó en mirarlo siquiera. La arena se interpuso como un escudo entre su cuerpo y los shurikens que éste había lanzado, para después replegarse sobre sí misma y golpear al moreno con tanta fuerza que salió disparado contra el fondo de la estancia. Ya no le servía para nada. Por él, podía morirse junto con todos los demás.

... vuestra propia creación —finalizó, clavando el pulgar en la mandíbula inferior de la chica. En el fondo, le repugnaba. Demasiado normal, demasiado aburrida... Una chica corriente de Suna que probablemente nunca habría tenido que pasar por nada de lo que ellos habían vivido. Y, aún así, se atrevía a presumir de que comprendía su situación. De que estaba apoyando al pelirrojo al permanecer a su lado desinteresadamente—. Eres muy arrogante para ser tan pequeña. ¿De verdad crees que sabes lo que siente? ¿Crees que alguien como tú es capaz de entenderle? No tienes ni idea...

Su mano libre se alzó, colocándose sobre el pecho desnudo y cubierto con la armadura, justo en el lado izquierdo. En un gesto tan familiar en él que, de haber tenido los ojos cerrados, incluso habría podido decirse que se trataba del propio Gaara. Pero ese brillo seguía allí, fijo en ella, y la expresión de odio le confería un matiz oscuro del que Misao jamás había sido testigo.

Te sorprendería saber lo que hay dentro de mí. Un cuerpo intacto como éste engaña, pero en el interior... —Partiendo de la zona en contacto directo con sus dedos, la armadura empezó a cambiar y a conformar gruesas cicatrices que parecieron llenarlo todo, de los pies a la cabeza. Y justo allí, bajo su mano, existía una incisión tan profunda como si hubiese sido creada por una enorme espada afilada—. Es una auténtica carnicería que alguien ha tratado de coser y remendar una y otra vez.

Al ver la expresión aterrada de la joven kunoichi, Samuru soltó una carcajada ronca.

¿Qué pasa, Misao Ichijo? ¿Tienes miedo? Pensaba que lo sabías todo sobre él. —La presión sobre su barbilla se intensificó, igual que su rabia—. ¿Alguna vez has visto lo que se siente? ¿Has comprendido lo que se siente cuando te acuchillan palmo a palmo? No, claro que no... Pero déjame mostrártelo. Permíteme que te enseñe por qué nadie podrá comprendernos jamás. Llénate de lástima o de tristeza, o de cualquiera de esos sentimientos mundanos. Es lo único que sabéis hacer.

Con un simple parpadeo, la pupila color rubí pareció iluminarse de pronto, hasta brillar con tanta fuerza como el mismo sol. El aire a su alrededor se quedó unos instantes inmóvil, reflectando la luz igual que un enorme espejo, y poco a poco el propio ambiente pareció condensarse hasta formar cuatro finas paredes de cristal rojizo que se colocaron alrededor de la muchacha, impidiéndole escapar o moverse. A través de ellos, la imagen distorsionada de Gaara alzó los dedos índice y anular. Frunció el ceño al notar que algo parecía removerse en su interior, aunque enseguida recuperó el auto dominio.

Disfruta del espectáculo —siseó, antes de que el jutsu empezase a hacerse efectivo.


— X —


Mi... mierda... Ya sabía que algo así terminaría por suceder. Esa bola oscura que he visto antes introduciéndose en su cuerpo... No era una ilusión. Aquel tipo le había hecho algo a su hermano, algo que aún no alcanzaba a comprender, y eso era lo que más la aterrorizaba. ¿Lo estará controlando desde algún lugar? Sin embargo, llevaba toda su vida viendo luchar a Kankuro, y había aprendido a distinguir los hilos de chakra que utilizaban los marionetistas. Allí no había nada, y todo lo que estaba diciendo, pese a ser la voz de Gaara... Habla como si fuese otra persona totalmente distinta. ¿Qué clase de jutsu permitía aquello? ¿Y qué podía hacer al respecto?

Antes de poder llegar a ninguna conclusión, escuchó el grito de Kaito. Lo vio precipitarse contra su hermano, kunais en mano, pero la arena reaccionó antes y lo noqueó de inmediato. Hasta la arena... Aquel era un jutsu propio de Gaara. De hecho, ni siquiera estaban seguros de que fuese un jutsu en sí mismo... La arena actuaba sola para defenderle, inexplicablemente, y aquello solo funcionaba con él. Por eso, estaba claro que no se trataba tampoco de ninguna ilusión que le hiciese parecerse a su hermano físicamente. Es Gaara. De alguna forma... es él. ¿Sería entonces una técnica de posesión? ¿Podía ser eso posible?

Apretó los labios con fuerza al ver cómo unos extraños cristales rodeaban a Misao, encerrándola en su interior. Maldita sea...
¿Qué puedo hacer?
Sus dedos se aferraron a su abanico con tanta fuerza que las yemas se le quedaron blancas. Si lo atacaba directamente, estaría dañando a su hermano. Y si no hacía nada, Misao...

Tragó saliva. Tenía que pensar en algo. Tenía que pensar en algo de inmediato. Puedo intentar distraerle para que Misao tenga tiempo de escapar. Y después... No tenía ni idea del después. Seguro que Shikamaru sabría qué hacer en esta situación...

¡Fuuton: grandes espirales guadaña! —gritó, blandiendo el abanico y lanzando el ataque directamente contra él.

Tal y como esperaba, la arena se alzó formando un muro inquebrantable y protegiéndolo del viento cortante. Entonces lo vio volverse hacia ella, con aquella mirada tan extraña, y apenas tuvo tiempo de protegerse. Los shurikens de arena salieron de la barrera como proyectiles, chocando contra la superficie abierta del abanico con tanta fuerza que la desplazaron hacia atrás. Al caer a sus pies, se percató de que brillaban con una textura extraña. ¿Eso es... es... hielo? Pero... ¿quién es este tipo?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 28 Ene - 23:21


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¡Kaito! —su voz se alzó desesperada tan pronto como el bloque de arena golpeó a su amigo y lo mandó por los aires, lejos de ellos. Los grandes ojos violetas de Misao se posaron llenos de preocupación en la figura del muchacho, que permanecía inmóvil en el suelo, sin moverse.

No… No puede estar muerto… La vocecilla de su cabeza temblaba tanto como lo habría hecho su voz si hubiera hablado. Hizo ademán de levantarse para ir a su lado para ayudarle, pero la mano de Gaara tomó con fuerza su barbilla. Un gesto y una fuerza muy poco habitual en él. De esa forma, se vio obligada a mirarle directamente a esos dos ojos heterocromáticos, unos que despedían una furia que lograba calar en lo más hondo de ella, sintiéndose desnuda y pequeña. Impotente. Débil. Estaba claro que sus palabras no habían sido de su agrado…

—Eres muy arrogante para ser tan pequeña. ¿De verdad crees que sabes lo que siente? ¿Crees que alguien como tú es capaz de entenderle? No tienes ni idea...

Misao apretó la mandíbula con fuerza. Era cierto. Ella no había pasado por el infierno que Gaara había tenido que sufrir. No comprendía el dolor que causaba el rechazo de una madre, los intentos de asesinato por parte de un padre, vivir alejado de sus hermanos, ser criado por su tío antes de intentar ser asesinado por él y, por último, ser temido por todos los que le rodeaban a causa de algo que no había elegido. Sí, esa había sido la vida de Gaara. Lo sabía perfectamente… algunos detalles en más profundidad que otros pues él mismo se había abierto a ella y se los había contado. Cierto era que no había experimentado tanto dolor en su infancia, pero solo imaginarse el rechazo y la inmensa soledad que debió de acompañarle durante tantísimos años... Sabía que no era suficiente, que cualquier cosa que se imaginase era muchísimo más leve de lo que la realidad fue en su momento para el pelirrojo.

No pudo hacer nada entonces. Era una niña pequeña, como él… Pero desde que se conocían, desde que él se había abierto con ella, Misao siempre había deseado cambiar el pasado, estar ahí para él como lo estaba ahora. No se merecía nada de eso…

—Te sorprendería saber lo que hay dentro de mí. Un cuerpo intacto como éste engaña, pero en el interior... —sin llegar a soltarla, Samuru en el cuerpo del pelirrojo hizo un gesto sobre el pecho cubierto de la armadura de arena con la mano libre.

Lo que vio entonces la kunoichi logró hacerle palidecer y mostrar en su rostro una clara expresión horrorizada y temerosa. ¿Qué era aquello…?

—Es una auténtica carnicería que alguien ha tratado de coser y remendar una y otra vez.

Esas heridas… Todas esas cicatrices… Sabía de sobra que la piel pálida de Gaara no las lucía. Pero comprendían lo que querían simbolizar. Y era consciente de que no podían ser más ciertas. El doloroso pasado del muchacho estaba reflejado de esa manera. Jamás sanarían del todo. El horror de su pasado continuaría con él siempre, por mucho que ella quisiera hacerlo desaparecer con su cercanía y cariño.

Sus ojos se anegaron en lágrimas nuevamente cuando la fría e impersonal carcajada brotó de la garganta del muchacho. Ese sonido resultaba tan poco propio de él que lograba encoger de miedo el corazón en su pecho. Él continuó con su discurso. Uno cruel pero completamente cierto, uno que le hacía comprender nuevamente algo que siempre había sabido y que jamás sería borrado. Entreabrió los labios en un intento de decir algo, pero lo único que brotó de ellos fue un grito de sorpresa cuando hubo un claro cambio a su alrededor. Lo notaba en el aire, en el suelo, en las cercanías de su cuerpo…

Y antes de que pudiera darse cuenta, cuatro enormes cristales como rubíes la atraparon en su interior. Misao se puso en pie de inmediato y se aproximó a uno de ellos, comenzando a golpearlo sin conseguir nada. Los kunais tampoco le hacían ningún rasguño. La superficie era brillante y muy dura. Como si de diamantes rojos se tratasen. Apenas habían pasado unos segundos desde su último intento que volvió a gritar inevitablemente… Pues en cada una de las cuatro paredes de la prisión imágenes desgarradoras comenzaron a proyectarse.

Gaara de pequeño siendo rechazado por su padre, viendo como sus hermanos se alejaban sin poder jugar con él en el parque.

Gaara también pequeño, en mitad de las calles de Suna de la mano de un hombre mientras toda la gente a su alrededor cuchicheaba, lo miraban con odio y asco, también con temor.

Gaara defendiéndose de alguien que atentaba contra su vida. El viento llevándose el pañuelo claro que cubría el rostro de su atacante… El rostro del mismo hombre que en el recuerdo anterior. Un rostro cuyo nombre conocía perfectamente. Yashamaru. Esa forma en que se sujetaba las prendas que llevaba sobre su pecho antes de que todo se volviese oscuro... Cuando liberó a Shukaku.

Gaara adolescente, con el semblante surcado por la furia y el odio ante todo el mundo, deseando acabar con cualquiera que se pusiera en su camino… Con la capacidad de infundir miedo a un Kankurō y una Temari también más jóvenes.

Pero no todas las imágenes eran del pelirrojo. Había otras personas. De distintas edades, de distintos lugares. Con rasgos muy diferentes, con vidas muy dispares… Pero con algo en común: el odio y el temor de aquellos que les rodeaban. El sentimiento de soledad que tuvieron como único compañero durante muchos años. ¿Quiénes eran esas personas? ¿Jinchūrikis como Gaara…?

Quería preguntar. Quería saber qué era todo aquello. Pero las palabras no salían de sus labios. Su visión comenzó a nublarse, su mente a adormecerse. En cualquier momento perdería el conocimiento, se vería sumida en un sueño al que sabía que no quería ir. Uno que no sabía cómo evitar de ninguna forma. Con el sentimiento de agobio e incertidumbre recorriendo cada centímetro de su cuerpo, Misao escuchó una última vez la voz de la persona que más quería… aunque no fuese él realmente.

—Disfruta del espectáculo…


——————


Se despertó sobresaltada. Sus grandes y redondos ojos se abrieron de par en par en lo que se incorporaba de golpe. El mareo no tardó en llegar por ese mismo motivo y se llevó una mano a la cabeza. Su largo y lacio cabello rubio caía sobre sus hombros, acariciando su cuello y sus mejillas. Pero eso no era lo único que sentía. También la suave caricia de una tela en sus piernas, como si de unas sábanas se tratasen.

Bueno… es que eran unas sábanas. De hecho, se encontraba sentada en una enorme cama, en una habitación que no reconocía en absoluto, pero que resultaba verdaderamente acogedora. Confusa, paseó la mirada para estudiarla. Y comprobó que, no muy lejos de ella, podía reconocer la silueta de un peculiar objeto, una enorme calabaza, como la que el pelirrojo llevaba consigo a todas partes para transportar su arena.

¿Qué está pasando…? ¿Dónde estoy…? Hace un momento estábamos en el templo abandonado del País de las Aves… ¿Y Kaito y Temari?

La línea de sus pensamientos se vio interrumpida tan pronto como notó un movimiento a su lado y la calidez de un cuerpo ajeno no muy lejos del suyo. ¿Quién estaba ahí con ella..? Lentamente, volvió la mirada hacia la zona opuesta de la cama. El kanji, el color rojizo de un alborotado cabello corto y unas inconfundibles ojeras oscuras. Con unas facciones más adultas pero, sin duda alguna, aquel era Gaara. Un Gaara que dormía plácidamente a su lado, aunque por el ceño fruncido de su rostro… estaba a punto de despertar.

¿Estoy soñando…?


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 29 Ene - 12:11


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Aunque quedaba apenas una hora para que amaneciese, la habitación continuaba tan oscura como si se tratase de noche cerrada. El viento soplaba con fuerza fuera del enorme edificio del Kazekage, aullando contra las ventanas redondeadas y acumulando la arena sobre ellas.

Cualquier persona que no viviese allí se habría acongojado ante la visión de la tormenta sacudiendo la villa, pero para la gente de Suna aquello no era una circunstancia extraña. Existían protocolos que se aplicaban rigurosamente al día siguiente para despejar posibles vías o entradas soterradas, y los edificios se habían diseñado y construido de manera que soportasen la presión de los fuertes vendavales.

Algunos lugares tenían nieve, y Suna tenía arena. No había mucha diferencia.

Por lo general, a ellos no les suponía ningún problema para dormir. Pero también era cierto que habían tenido diecinueve años para acostumbrarse a ello. Pero incluso a los bebés nacidos allí les costaba al principio, sobre todo en noches como aquella. Por eso, cuando notó que Misao se removía a su lado, al principio creyó que era por él. A veces lloraba por las noches, y la chica parecía tener una especial sensibilidad para oírlo incluso antes de que empezase. Temari decía que era algo muy propio de las madres, aunque a Gaara le seguía pareciendo algo extraordinario. Siempre había sido uno de los ninjas más sensitivos de la aldea debido a la arena, pero jamás había alcanzado tal nivel de anticipación. De hecho, él siempre llegaba a escucharlo solamente cuando ya había comenzado a llorar, y después resultaba mucho más complicado lograr que se calmase...

Sin embargo, cuando abrió los ojos para mirarla, la habitación seguía en silencio y la muchacha rubia continuaba sentada sobre el colchón, completamente inmóvil. No podía verle el rostro debido a la oscuridad, pero tenía la cabeza girada en su dirección.

¿... Misao? —la llamó finalmente, al ver que ella continuaba callada. Al no obtener respuesta, se incorporó y alargó la mano hasta dar con la luz de la lámpara de papel. La habitación se iluminó tenuemente bajo la luz amarilla, y entonces pudo apreciar su expresión desencajada—. ¿Pasa algo?

No había escuchado nada raro. Fuera, el viento seguía soplando, pero más allá de eso no percibía nada fuera de lo usual. Y un simple vistazo a la cuna silenciosa al fondo de la habitación le bastó para comprobar que seguía dormido. Entonces...

¿Otra pesadilla?, pensó, ligeramente preocupado. Últimamente parecía tener muchas, aunque aún no le había contado a qué se debían...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 29 Ene - 14:54


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En aquella oscuridad en la que estaba sumida esa habitación y a pesar del silbido del incesante viento soplando en el exterior, no fue mucho lo que la joven kunoichi tardó en escuchar el movimiento de las sábanas a su lado.

—¿… Misao? —su pulso se aceleró de inmediato. La voz grave y calmada de Gaara pronunció su nombre en apenas un susurro, con una leve nota de confusión y preocupación. ¿C-Cómo es posible? Hasta hacía unos instantes, había estado en un templo abandonado y en ruinas. No recordaba exactamente lo que había sucedido… Pero sí que el pelirrojo estaba sufriendo lo indecible y no había podido hacer absolutamente nada. ¿Entonces cómo se encontraba ahora compartiendo cama con él, sin un mísero rasguño, como si nada ocurriese? Tratando de encontrar una explicación y perdida en sus pensamientos, no llegó a responder. Se sobresaltó cuando una pequeña luz se encendió e iluminó una pequeña parte de la habitación, permitiéndole ver esos rasgos más adultos en el rostro del muchacho—. ¿Pasa algo?

Los grandes ojos morados de Misao, abiertos de par en par debido a la confusión y la incomprensión, volvieron a centrarse en la figura masculina que la observaba con preocupación, regresando de esa breve ausencia. Sus miradas se encontraron momentáneamente, antes de que la aguamarina se desviase a otro punto de la estancia. ¿Hay… Hay algo con nosotros…? Temerosa, siguió la de él y encontró un objeto peculiar e inconfundible no muy lejos de la cama.

Era una cuna. Una cuna en la que un bebé parecía estar durmiendo plácidamente.

Imposible… Esto tiene que ser un sueño… Uno demasiado real y bonito. Uno en el que tenía una familia junto a él, como siempre había deseado. Pero es solo eso, un sueño. Algo que no es real… ¿no?

¿Ga-Gaara? —musitó finalmente con un hilillo de voz queda. Su cuerpo entero había comenzado a temblar como una hoja segundos atrás, sin previo aviso y sin que se percatase ella misma. De hecho, eso mismo pareció ser lo que alarmó al joven, que se incorporó hasta quedar sentado y la miró con gravedad y creciente preocupación—. ¿Eres… eres tú de verdad? No… solo eres un sueño…

Estaba segura de ello. ¿Qué sino iba a ser? Aún así, para cerciorarse, alzó una de sus finas manos hacia el rostro ajeno, buscando tocar una de sus mejillas. Sin embargo, cuando apenas le faltaban un par de centímetros para lograrlo, se detuvo unos segundos, insegura. Ya de esa forma, era capaz de sentir el calor que desprendía la piel ajena… Tardó un poco más en atreverse finalmente a posar toda su palma contra la suave mejilla de Gaara. La sensación que le produjo… era demasiado real. Era imposible que fuese un simple sueño…

Gaara… —repitió su nombre nuevamente, mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus grandes y desconsolados ojos. Si no estaba soñando… entonces él estaba bien. Estaba a su lado sano y salvo, sin sufrir. Volvió a llamarle repetidas veces como si de esa forma pudiera evitar que se desvaneciese ante ella, mientras se atrevía a acercarse un poco más a él, buscando la seguridad que necesitaba.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 29 Ene - 16:48


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Misao parpadeó, con los ojos casi desorbitados. Parecía totalmente desubicada, sin dejar de observarlo todo a su alrededor y, cuando finalmente su mirada volvió a coincidir con la de Gaara, fue como si fuese consciente por primera vez de que estaba allí, a su lado.

—¿Ga-Gaara? —susurró, con la voz quebrada. Le temblaban las manos, y poco después comenzó también a hacerlo todo el resto de su cuerpo. Parecía verdaderamente atemorizada—. ¿Eres… eres tú de verdad? No… —se corrigió de inmediato, insegura, como si tratase de convencerse a sí misma de lo contrario—, solo eres un sueño…

¿Un... sueño? ¿Seguiría dormida entonces? No, estaba convencido de que no era así. Por la forma de hablar, la forma de actuar y de moverse... Estaba muy asustada, pero plenamente consciente. Podía percibirlo a través de su chakra, aunque éste estaba mucho más revuelto de lo que debería. Le sucedía siempre que tenía esas pesadillas. Separó los labios para intentar decir algo que la tranquilizase un poco, pero la kunoichi rubia se adelantó y extendió la mano hacia su rostro. Sus dedos se quedaron a tan solo unos centímetros de su mejilla, inseguros y temblorosos, aunque finalmente pareció reunir valor para apoyar la palma contra ella.

Estaba helada.

—Gaara... —gimió de nuevo, resbalando las yemas de sus dedos por su mandíbula. A juzgar por la expresión de sorpresa y alivio, parecía convencida de que solo llegaría a rozar algo similar al humo. Repitió su nombre varias veces más, como si con eso pudiese deshacer los vestigios de la pesadilla, conforme su ceño se fruncía y sus pupilas violáceas se inundaban de lágrimas—. Gaara...

La envolvió con sus brazos en cuanto se aproximó a él, buscando cobijo contra su cuello. Tragó saliva cuando sus sollozos vibraron contra su garganta, pero se limitó a dejar que ella se desahogase, sin aflojar el abrazo ni por un solo instante. Había sufrido por sí mismo las suficientes pesadillas como para saber que era mejor esperar a que se calmase un poco. Debía entender que, por muy real que le hubiese parecido, solo se trataba de un sueño. Le acarició el pelo, ladeando muy levemente la cabeza para apoyar la mejilla contra su frente, y respiró hondo.

Por desgracia, no había forma de evitar aquello. No sabía a qué se debían ni había logrado encontrar ninguna causa a partir de la cual hubiesen podido empezar a desarrollarse con tanta frecuencia. Y tampoco era una batalla que pudiese asumir por ella, por mucho que quisiese.

Poco a poco, la intensidad de los sollozos de Misao fue descendiendo hasta quedar reducidos a un eco espasmódico que le sacudía el cuerpo de vez en cuando. Solo entonces se permitió liberar uno de sus brazos del agarre para tirar de la manta y envolverla con ella para evitar que se quedase fría.

Solo era un sueño —dijo al fin, bajando la vista hacia ella. No podía verle la cara porque continuaba apoyada en la curvatura de su cuello, pero su cuerpo había dejado de sacudirse y su respiración volvía a ser algo más regular. La acomodó un poco mejor sobre él, apoyándose sobre el cabecero de la cama—. No volverá a pasar.

Fuera, el viento continuaba soplando y la oscuridad seguía tiñendo la villa por completo. Alargó la mano de nuevo para apagar la luz, afianzándose otra vez luego en la menuda cintura de la kunoichi.

Intenta descansar. Aún quedan un par de horas hasta que amanezca.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 29 Ene - 17:20


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Los grandes lagrimones que resbalaban por sus mejillas sin contención no tardaron en empapar el cuello redondo de la camiseta negra que Gaara llevaba para dormir. Al acercarse y ser estrechada entre los brazos del pelirrojo, había buscado sin pensar el refugio de su cuello, ahí donde él no pudiese ver su rostro lloroso y congestionado, surcado por una expresión de congoja. No quería que la viese así… no quería que se preocupase por ella ahora que sabía que estaba bien.

Sus pequeñas manos se aferraron con fuerza a la tela oscura, temiendo que se fuese a desvanecer en cualquier momento, como si fuese a perder esa calidez, ese cariño y ese amor que le profesaba. Era imposible que un sueño, como había pensado que era, resultase tan real… llegase a transmitir tantísimo.

El miedo que había sentido por la situación que recordaba y que había creído real hacía unos segundos, continuaba arraigada en todo su cuerpo. Esa desesperación e impotencia por verle sufrir, por oírle gritar de puro dolor en su mente una y otra vez continuaba en su interior. No lo soportaba… No soportaba una situación como esa, no soportaba que la persona a quien más quería que tan importante era para ella estuviese siendo torturada. Por eso no podía dejar de llorar ni tampoco de temblar de primeras.

Cerró los ojos con fuerza desde el primer momento y su cuerpo pequeño, se mantuvo en tensión durante varios minutos, incluso después de que las caricias en su largo cabello rubio comenzasen. Pero poco a poco, la cercanía de Gaara comenzó a hacer mella en ella, comenzó a apartar todas esas malas sensaciones, esos malos sueños de ella. La seguridad que el pelirrojo le transmitía era suficiente para apaciguar su atormentado corazón y reducir sus sollozos hasta el punto de hacerlos casi desaparecer.

—Solo era un sueño —le escuchó susurrar no muy lejos de su oído, notando también la vibración de su voz en la garganta. También, escondida como estaba, podía escuchar el latir de su corazón, de forma rítmica y regular. Algo que también confirmaba lo vivo que Gaara estaba y lo real que era—. No volverá a pasar…

Finalmente, antes sus palabras, se atrevió a moverse para frotar la cara contra su cuello. Hacía unos minutos, el muchacho se había encargado de envolverlos a ambos con la manta y no se había percatado hasta entonces del frío que había tenido hasta que comenzó a entrar en calor. Entonces, la tenue luz volvió a apagarse y la estancia se quedó en penumbra.

Misao se atrevió a abrir los ojos y alzar la mirada aun brillante hacia el rostro del pelirrojo después de que hablase. Se sentía tan tonta… Arropada por los fuertes brazos del muchacho y la cálida manta, no podía sentirse en un lugar más seguro. Se humedeció los labios y dejó un pequeño beso en la mandíbula de Gaara, algo insegura.

Si-Siento haberte despertado… Y haberme puesto así —musitó en apenas un susurro, acurrucándose contra su pecho esta vez. La felicidad de estar así con él eclipsaba cualquier mal pensamiento de su pesadilla—. Quédate conmigo siempre, por favor… —le rogó tontamente, justo antes de cerrar los ojos mientras sentía el rubor en sus mejillas.

Estamos juntos… pensó justo antes de que el cansancio por la pesadilla, el agobio y los nervios lograsen que comenzase a adormilarse hasta caer rendida en brazos de Gaara.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 29 Ene - 20:47


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En la oscuridad, notó que Misao se incorporaba un poco y, segundos después, sus labios se posaron brevemente sobre su mandíbula.

—Si-Siento haberte despertado… —se disculpó, avergonzada, antes de apoyar la mejilla sobre su pecho—. Y haberme puesto así.

Gaara no dijo nada. No tenía por qué pedirle disculpas. Cuando, varios años atrás, él también había tenido que enfrentarse a sus propios demonios a través de aquellas pesadillas inducidas, ella había estado con él en todo momento. Tanto en casa como en el hospital. Y ahora, era su turno de apoyarla. Nada más. Porque eso se suponía que implicaba ser una pareja, ¿no?

—Quédate conmigo siempre, por favor…

El pelirrojo la observó en silencio, aún semi reclinado contra el cabecero. Sus dedos recorrieron una vez más los mechones rubios, y pronto la respiración de la joven kunoichi se apaciguó bajo su tacto hasta tomar el ritmo denso y profundo del sueño.

Siempre —musitó, justo antes de que el agarre que ella mantenía en su camiseta terminase por aflojarse del todo, vencida finalmente por el cansancio.


— X —


Una vez hubo terminado de recoger la cocina, Hayami suspiró y se apoyó sobre la encimera, echando un vistazo al reloj. Ya había pasado la hora de desayunar, aunque su amiga todavía no había hecho ademán de despertarse. No había querido despertarla ella porque sabía que últimamente apenas lograba dormir bien por las noches, pero quedarse sin comer hasta el mediodía tampoco sería bueno para ella. Por eso, después de darle el biberón al niño y volver a dormirlo en la cuna, se había entretenido en prepararle algo a Misao. Imaginaba que Gaara no tendría inconveniente con ello, sobre todo porque últimamente parecía bastante preocupado con el tema de los terrores nocturnos de su amiga...

Bueno, esto ya está —finalizó, después de colocar todo en una bandeja de madera.

No era tan buena en la cocina como su antigua compañera de equipo, pero para unos modestos huevos revueltos con rodajas de tomate, un pequeño cuenco de arroz y un bol de sopa de miso con puerros y patatas tampoco se necesitaba ser una experta. Y además, teniendo en cuenta que Kaito jamás se quejaba de sus desayunos...

Aunque, con lo cobardica que es, quizás no se queja por miedo, resopló, cogiendo la bandeja y dirigiéndose al cuarto de su amiga. La apoyó con cuidado sobre la mesilla, acercándose después a la ventana y descorriendo las cortinas. El día había amanecido nublado, así que tampoco entraba un exceso de luz que pudiese molestar.

Misao —la llamó, tocándole suavemente el hombro—. Venga, Misao... Que es hora de desayunar...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 29 Ene - 22:48


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Siempre

El rumor de esa única palabra susurrada suavemente la acompañó a ese descanso sin sueños ni más pesadillas. Incluso fue lo que se repitió en su mente como un mantra durante las siguientes horas. Unas que se prolongaron sin pretenderse más de la cuenta. De hecho, tan profundo había sido el sueño en el que había caído que no fue consciente de cuándo el pelirrojo la dejó cuidadosamente en la cama, bien arropada para irse a dar una ducha rápida y vestirse, a fin de acudir a la primera reunión del Consejo que se celebraba aquel día y atender todos las obligaciones que su posición como Kazekage requería. Tampoco se enteró de la llegada de su mejor amiga a la casa, de cómo cuidaba al pequeño recién nacido ni tampoco de su trastear en la cocina para hacerle el desayuno.

Solo el delicioso aroma de la comida logró comenzar a despertarla. Aunque eso no fue algo que hizo hasta que Hayami se inclinó cuidadosamente sobre ella para sacudirla suavemente a la par que la llamaba.

Mmmmm… —el sonido que brotó de sus labios era perezoso y adormilado. Se removió ligeramente bajo las sábanas y la manta, mientras su amiga continuaba tocando con suavidad su hombro y la llamaba repetidas veces.

—…hora de desayunar... —aquello fue lo único que escuchó de forma consciente, antes de abrir despacio sus grandes ojos violetas.

Parpadeó repetidas veces antes de girar el rostro hacia el lado de donde procedía la voz, encontrándose repentinamente y más cerca de lo previsto el rostro de Hayami. El sobresalto fue inevitable y todo su cuerpo se puso en tensión, aunque no llegó a dar un gritito por el susto y la sorpresa.

¿Ha-Hayami? —preguntó tontamente, con la voz algo rasposa y grave después de no haber hablado en varias horas. Carraspeó para aclararse la garganta y se incorporó hasta quedar sentada en la amplia cama de matrimonio. Seguidamente se intentó peinar el revuelto cabello rubio y se colocó un mechón rubio tras la oreja cuidadosamente.

Fue entonces cuando su amiga de siempre le señaló la bandeja de desayuno que había depositado sobre la mesilla, bromeando acerca de que su cocina no era tan buena como la de ella, pero que esperaba que le gustase lo poco que le había preparado para reponer fuerzas. Antes aquello, Misao se quedó un poco parada, pero después una dulce y agradecida sonrisa se dibujó en sus labios.

Gracias, Hayami… No tenías porqué. Seguro que está delicioso —le dijo en lo que se colocaba la bandeja frente a ellasobre el colchón y comenzaba a comer poco a poco.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 30 Ene - 0:31


«You could be loved again»
XVII. Recor, obsesión y locura


—¿Ha-Hayami? —musitó su amiga, sobresaltada.

La muchacha sonrió, asintiendo. Dejó que Misao se despejase un poco más —todavía tenía la voz muy tomada y no era capaz de abrir del todo los ojos—, y cuando finalmente se hubo incorporado y adecentado un poco le señaló la bandeja que había depositado sobre la mesilla.

Es una versión más modesta que la de vuestro restaurante —se excusó, en referencia a uno de los platos que aún tenían en la carta y que Kaito solía pedirse a menudo cuando iban allí—, pero le he puesto doble ración de cariño. Eso cuenta como una comilona, ¿no?

Misao sonrió, ladeándose para hacerse con la bandeja.

—Gracias, Hayami… No tenías porqué —aseguró, mientras la morena la ayudaba a colocarla sobre el colchón—. Seguro que está delicioso.

En mi defensa diré que Kaito nunca se ha quejado de mi cocina —comentó, mientras su amiga tomaba los palillos y empezaba a comerse la sopa—. Claro que sabe que si lo hace se queda sin comer, así que... ahora que lo pienso no sé si es el mejor ejemplo.

Al escuchar aquello, Misao terminó de tragar el caldo de miso y la observó, sorprendida. Hayami frunció levemente el ceño ante su pregunta, sin entender muy bien a qué se refería. ¿Que desde cuándo le cocinaba a Kaito? Pero, ¿qué clase de pregunta era ésa?

Pues... desde que nos casamos, supongo. Va en los deberes de esposa, aunque a algunas se nos de peor que a... ¡Eh! —exclamó, asustada, al ver que su amiga empezaba a toser de pronto. Le tendió una servilleta, sujetándole la bandeja para que no derramase nada, y le dio un par de palmaditas preocupadas en la espalda—. Oye, ten cuidado cuando comes... Ya sé que está muy bueno pero no hace falta que... oh, vaya.

A pesar de ser tenue, el sollozo infantil se escuchó por toda la habitación. Hayami se levantó, suspirando, para rodear la cama y dirigirse a la cuna que había al fondo. La movió un poco de lado a lado, metiendo un par de veces la mano en su interior, pero los llantos no hicieron más que incrementarse y, finalmente, se inclinó para recoger el barullo de sábanas que había en su interior. Lo acunó un poco, aproximándose a la cama mientras tanto, aunque no se lo tendió a Misao.

Primero acaba de desayunar —ordenó, sin dejar de mecer al diminuto bulto de mantas—. Él puede esperar un poco. Además, yo creo que solo tiene hambre. Le he intentado dar antes el biberón, pero me parece que no le gusta demasiado...



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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 30 Ene - 17:09


«You could be loved again»
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Ya con la bandeja delante de ella y el delicioso aroma de la comida flotando en el aire, tomó cuidadosamente los palillos entre sus finos dedos. Al menos, ahora los podía sujetar con firmeza para comer porque de haberlo intentado en mitad de la noche, en el estado en el que se había despertado… Con un suave “Itadakimasu”, Misao hundió finalmente los palillos en el humeante cuenco de sopa, dándole unas pocas vueltas antes de comenzar a comer

—En mi defensa diré que Kaito nunca se ha quejado de mi cocina. Claro que sabe que si lo hace se queda sin comer, así que... ahora que lo pienso no sé si es el mejor ejemplo —le escuchó decir de forma casual y tranquila. Hizo el esfuerzo de tragar el cálido caldo y los fideos que acababa de llevarse a la boca, mientras miraba de forma incrédula a la castaña.

¿Cómo que Kaito nunca se ha quejado? ¿De su comida? ¡Si en las pocas misiones en las que Hayami se había encargado de cocinar el muchacho no se había callado porque prefería la comida de Misao! ¿Por qué ahora no iba a decir nada? Además, de normal, no veía muy normal que su amiga le cocinase algo porque sí…

N-No entiendo… ¿Desde cuándo le haces la comida a Kaito? —preguntó claramente confusa.

Como primera respuesta, recibió una mirada de incomprensión acompañada de un ceño fruncido de forma pronunciada. ¿Por qué la miraba así? ¿Qué narices se había perdido? Apenas se había llevado otro poco de comida a la boca que escuchó sus palabras. Fue inevitable. Le pilló completamente desprevenida y se atragantó irremediablemente. Tosió numerosas veces, alarmando sin querer a Hayami y… provocando de esa forma que un llanto emergiese de no muy lejos… De la misma cuna que había visto medio en penumbras esa misma noche.

Su amiga se levantó con un suspiro y no tardó en acudir allí, tomando cuidadosamente entre sus brazos a un precioso bebé de oscuro cabello rojizo. Es igual que el de Gaara… y tiene mi nariz pensó inevitablemente. Es nuestro bebé… nuestro hijo… Solo de pensarlo el sonrojo acudió a sus mejillas de forma violenta. Pero aún así, ya eran dos las cosas que no le cuadraba. Dos cosas de las que no se acordaba y que eran muy importantes: su mejor amiga casada con Kaito y el nacimiento de su retoño. ¿Cómo no podía tener un mísero recuerdo de ello…? A cada segundo que pasaba, más confusa se sentía.

Ante la “orden” que su amiga le dio, Misao no pudo más que asentir lentamente y en completo silencio, mientras seguía dándole vueltas a todo, retomó el desayuno. A pesar del apetito que había sentido al ver y oler la comida, el estómago se le había vuelto a cerrar debido a la preocupación pero procuró comerse hasta la última miga de todos los platos. A fin de cuentas, Hayami se había esforzado en prepararle aquello y no quería ofenderla si dejaba algo…

Estaba todo delicioso, Hayami. Has mejorado muchísimo en la cocina. Y si Kaito algún día osa decirte algo, ten por seguro que tendré una severa conversación con él —bromeó en un intento de borrar la expresión preocupada de su amiga. Estaba claro que la pregunta que había hecho anteriormente no debería haberla formulado… Porque era algo que debía saber desde el primer momento.

Desplazando la bandeja de nuevo a la mesilla de noche, Misao se recolocó apoyada en el cabecero de la cama y miró a la joven kunoichi con el bebé en brazos. Se mordió el labio con cierta fuerza, tratando de recordar el nombre del bebé, pero sin llegar a encontrar un solo resquicio o idea.

¿Podrías…? Quiero decir… ¿Puedo cogerlo? —preguntó con cierta inseguridad, olvidando completamente que el pequeño llevaba su sangre y no debería pedir permiso para tomarlo en brazos.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 30 Ene - 18:46


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Si algo agradecía de Misao era, sin lugar a dudas, su afabilidad. Cualquier otra persona —la propia Hayami, debía reconocer—, especialmente tratándose de una madre primeriza, se habría puesto nerviosa al escuchar llorar al bebé y habría insistido en ocuparse personalmente. En cambio, la rubia se limitó a observar a su hijo en silencio, antes de hacer lo que su amiga le había ordenado.

Sin que la rubia se diese cuenta, demasiado concentrada en acabarse la sopa, Hayami sonrió. Siempre habían confiado mucho la una en la otra, pero aquel gesto lo demostraba todavía más. Y, en el fondo, aunque nunca se lo hubiese dicho claramente, se lo agradecía. Ni Kaito ni ella habían tenido aún la oportunidad, pese a que tener un bebé siempre había sido uno de sus sueños, y aquel muñeco pelirrojo era lo más parecido a un "sobrino" que tenían hasta el momento. Por eso, aunque sabía que a Gaara no le hacía demasiada gracia —siendo el único hijo hasta el momento del actual Kazekage, se habían juntado con tantos regalos que no sabían qué hacer con ellos—, le había comprado un montón de cosas. Y, aunque jamás fuese en público, a Kaito se le llenaba también la boca con el hijo de su amiga. "Cuando sea mayor, será marionetista. ¿No ves que tiene cara de que le encantan las marionetas?".

Si Temari y él no los tuviesen fuertemente amenazados, estaba convencida de que tanto Kankuro como él habrían hecho alguna estupidez. Como si un bebé de poco más de cuatro meses pudiese entender algo de lo que le rodeaba...

—Estaba todo delicioso, Hayami —le agradeció la chica, una vez se hubo terminado el desayuno. Buena chica, pensó, correspondiéndola con una sonrisa. Se le notaba a la legua que últimamente no dormía demasiado bien, por la expresión exhausta y las ligeras ojeras bajo los ojos, y lo único que le faltaba era encima dejar de comer. Ni hablar—. Has mejorado muchísimo en la cocina. Y si Kaito algún día osa decirte algo, ten por seguro que tendré una severa conversación con él.

No creo que lo haga, si sabe lo que le conviene —asintió, antes de soltar una risita entre dientes y devolver su atención al niño. Le había dejado el nudillo del dedo índice para que lo chupase un rato, porque eso parecía calmarle bastante, aunque a juzgar por cómo empezaba a arrugar la nariz el truco ya estaba empezando a dejar de funcionar—. Antes no has querido comer apenas, así que ahora no me hagas pucheros...

—¿Podrías…? —escuchó que susurraba Misao, y al alzar la cabeza vio que se le habían encendido las mejillas—. Quiero decir… ¿Puedo cogerlo?

Hayami parpadeó. La verdad era que estaba encantada teniéndolo ella, pero... siendo realistas, el niño tenía bastante hambre y ya era hora de que volviese con su madre. Por mucha pena que le diese soltarlo.

¿Es que estás tonta? Pues claro que puedes cogerlo, Misao. Pero si es tuyo —alegó, antes de acercarse para depositarlo cuidadosamente en el regazo de su amiga. Le rozó ligeramente la pelusilla rojo oscuro de la cabeza, sonriendo para sí, para luego carraspear y recoger la bandeja ya vacía—. Te aseguro que te lo raptaría si pudiese, pero seguro que Gaara me mata si lo hago. Así que, por favor, no vuelvas a pedirme permiso por esas tonterías.

Después de levantarse, se giró y bordeó la cama hasta llegar a la puerta del dormitorio.

En fin —resopló—, voy a dejar todo esto en la cocina antes de que me dé un ataque de envidia...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 30 Ene - 20:49


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—No creo que lo haga, si sabe lo que le conviene

Uy… estoy segura de que sí, pensó para sí misma Misao, con una divertida aunque cansada sonrisita dibujada en sus labios. Aunque también sé por experiencia que Kaito puede llegar a ser muy masoquista. Seguro que en más de una ocasión la ha sacado de sus casillas y se la ha llevado. Con el temperamento que tiene Hayami… Eso sí, mejor pareja no podían formar. Porque de esa manera, Kaito estaba más o menos “educado” y se controlaba mucho más.

En lo que pensaba todo aquello, Misao se quedó con sus grandes ojos violetas fijos en su amiga, mirándola pero sin llegar a verla. Aunque con el comentario que soltó entonces, claramente dirigido al recién nacido, la joven regresó a la realidad. Sacudió ligeramente la cabeza antes de morderse el labio inferior y atreverse a hacer esa tonta pregunta.

—¿Es que estás tonta? Pues claro que puedes cogerlo, Misao. Pero si es tuyo —respondió Hayami con su habitual desparpajo y una radiante sonrisa en los labios. Sin embargo, el hecho de que le dijese aquello, le hizo sentir mal. Cierto era que no tenía que pedir permiso… pero aún así sentía que debía hacerlo.

La sensación de ser una madre horrible había nacido en su pecho desde que el llanto había comenzado. De no ser por eso, ni siquiera habría recordado que el bebé estaba allí. Ni siquiera era capaz de encontrar entre sus recuerdos el día de su nacimiento o el nombre que le habían puesto. ¿Qué clase de madre no recordaba eso? Debería ser el día más feliz de su vida, junto el de su boda –el cual tampoco recordaba en absoluto–. ¿Qué estaba pasando con ella? ¿Qué le ocurría a su memoria?

El agobio y el miedo de su propia amnesia la atenazaron… Pero el tiempo que esas sensaciones duraron en su cuerpo fue mínimo. Tan pronto como su pequeño se encontró entre sus brazos, supo perfectamente que era su madre. Que Gaara era su padre. Era un sentimiento indescriptible, pero profundo y real. Una sonrisa de pura felicidad se dibujó en sus labios, mientras lo acomodaba cuidadosamente entre sus brazos. Al hacerlo, se percató del bordado en color burdeos sobre la mantita clara que le envolvía. “Takashi”. Ese era su nombre… E incluso al leerlo, no era capaz de asociarlo al momento en el que lo escogieron para él. Pero daba igual ya. No pienso olvidarme de ningún momento más… De ninguno junto a Gaara y Takashi… Junto a mi familia.

—En fin, voy a dejar todo esto en la cocina antes de que me dé un ataque de envidia... —dijo entonces su amiga, ya junto a la puerta y saliendo por ella con la bandeja del desayuno vacía en la mano.

Ya a solas, Misao acarició suavemente con un dedo la mejilla sonrosada y suave del bebé, que hizo un gracioso sonidito similar a una risita. Sin embargo, no tardó demasiado en inclinarse hacia su pecho, con un puñito en la boca, babeándolo concienzudamente.

Tita Hayami tiene razón… Parece que alguien tiene hambre, ¿eh? —susurró con dulzura, humedeciéndose los labios—. Pues es la hora del desayuno para mi pequeño también… ¿Preparado para comer? —Como si le estuviese entendiendo, Takashi se removió alegre en sus brazos. Eso sí, sin dejar de rechupetearse la manita cerrada en un puño.

Siguiendo su instinto materno –ese que parecía haber vuelto a despertar–, se las apañó para descubrirse uno de sus blanquecinos pechos, cuyo tamaño era considerablemente mayor al normal. Casi de inmediato, el bebé identificó el calor de su piel y volvió la cabecita, con la boca abierta hacia él y tan pronto lo encontró, comenzó su desayuno sin más demora.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 30 Ene - 23:39


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La reunión había durado más de medio día, y cuando finalmente los presupuestos habían sido aprobados, Gaara había tenido que regresar al despacho para formalizar el informe que presentaría finalmente a los señores feudales.

Por suerte, la cantidad a solicitar había mermado considerablemente debido al notable aumento de las misiones encargadas a la villa. De hecho, la demanda de rangos B y C era tan alta que incluso había tenido que pactar con el resto de Kages la celebración de unos nuevos exámenes de ascenso que permitiesen aumentar el número de chunnin. Y, pese al nivel que todos los gennin de las diferentes aldeas habían defendido, la cantidad de miembros aprobados en la Aldea Oculta de la Arena había marcado un máximo sin precedentes.

Éste es el último —señaló Temari, depositando sobre su escritorio un resumen actualizado de los ingresos de los seis últimos meses—. 8 de rango A, 47 de rango B, 156 de rango C y 122 de rango D.

Gaara les echó un vistazo, antes de alzar la vista hacia su hermano, que se hallaba cómodamente repantingado en una de las butacas del despacho.

¿Y la reparación de los canales subterráneos a las afueras de la fortaleza Norte?

Solo los materiales ya supondrán un 30% del total.  Podemos contar con varios equipos como mano de obra que controlan esa clase de trabajos, pero la roca tallada y tratada para evitar la erosión tenemos que solicitarla a Iwa. Las nuestras son demasiado porosas.

Eso incrementará un poco la cantidad final —murmuró Temari, echando un vistazo por encima del hombro de su hermano pequeño.

No importa. —Gaara firmó sobre el espacio en blanco, y su mirada aguamarina se deslizó hasta el mapa que permanecía extendido frente a él, ocupando casi la mitad del enorme escritorio de piedra—. El canal pasa también por algunos de sus territorios. No pondrán objeciones.

Y si las ponen, que se mueran ellos de sed —determinó Kankurō, antes de levantarse y estirarse como un gato. Tras echar un vistazo al reloj de arena, emitió un sonoro suspiro—. Oye, de verdad que me encantaría seguir debatiendo sobre temas tan interesantes como éstos, pero... me estoy muriendo de hambre y a este paso me van a cerrar todos los restaurantes de la villa.

Siempre estás quejándote.

Es que, a diferente de Gaara o de ti, Temari, yo no tengo la mesa puesta cuando llego a casa, ¿sabes?

La mayor de los hermanos frunció el ceño, mostrando así su desacuerdo. Sin embargo, no empezó la discusión. Ella también parecía exhausta, y fuera ya hacía varias horas que había oscurecido. Incluso Gaara, que generalmente solía mostrarse impertérrito pese a las largas jornadas de trabajo a las que debía someterse como Kazekage, se encontraba ya cansado.

Está bien —concedió—. Seguiremos mañana.


— X —


La casa estaba en completo silencio cuando cerró la puerta tras de sí, procurando no hacer ruido. Imaginaba que tanto Misao como el niño se habrían quedado dormidos y, aunque en verdad era lo único que deseaba hacer también él —llevaba casi toda la tarde con un bonito dolor de cabeza—, se obligó a ir primero hacia la cocina. La muchacha solía dejarle preparada la cena todas las noches y, con lo que se esmeraba al respecto, le parecía una falta de respeto dejarla intacta. No es que tuviese demasiada hambre, pero...

Sin embargo, cuando ya estaba frente a la puerta, vio que la luz del dormitorio se reflejaba en el pasillo. ¿A estas horas? Era ya pasada la medianoche. Realmente se les había hecho muy tarde... pero no esperaba que Misao continuase levantada. ¿Habría tenido otra pesadilla? ¿O es que había sucedido algo?

Sin llegar a encender la luz de la cocina, apoyó la calabaza contra la puerta y dejó sobre una de las sillas la túnica de Kage, antes de retroceder hacia la habitación. Se mantuvo en tensión por mera costumbre, solo por si acaso —de todas formas, la arena no tardaría en hacer su aparición en caso de que fuese necesario—, aunque al llegar al umbral todo eso desapareció de golpe.

Misao estaba despierta, pero la razón no habían sido las pesadillas. O, al menos, no lo aparentaba. Su expresión reflejaba una tranquilidad absoluta mientras sus brazos acunaban al diminuto cuerpecito aferrado a su pecho. Gaara quedó allí inmóvil, sin saber muy bien qué hacer o qué decir, porque pese a que no era la primera vez que presenciaba una escena similar, todavía seguía teniendo la inevitable sensación de que aquel era un momento muy privado para la muchacha. Demasiado. La figura materna continuaba siendo un enigma para él, así que en ocasiones como aquella aún no sabía muy bien cómo debía actuar.

De hecho, contaba con referencias casi tan nulas como la de su propio padre, lo cual no era precisamente un gran referente de conducta...

Perdona —musitó a medio voz, apartando la vista al ver que ella alzaba la mirada en su dirección—. Pensaba que... No importa. Es muy tarde, no quería interrumpirte.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 31 Ene - 17:20


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Un gracioso aire emergió del pequeño cuerpo del bebé, cuando Misao se lo colocó cuidadosamente sobre el hombro y le dio suaves palmaditas en la espalda. Takashi había comido como un verdadero campeón y parecía haber saciado el apetito que el biberón no había logrado mitigar. Y con eso último, se había quedado bien a gustito, tanto que, cuando se lo recolocó nuevamente en los brazos, ya tenía los ojillos medio cerrados.

Duerme, mi pequeño… —le susurró amorosamente, rozando su suave piel con los labios para darle un pequeño beso, notando también las cosquillas que el pelito pelirrojo le hacía en la nariz.

El bebé se acurrucó cuanto pudo contra el cálido pecho de su madre, antes de quedarse quietecito. Notaba su suave respiración y su pequeño pecho subir y bajar de forma rítmica, profunda y lenta. Parecía un verdadero angelito de esa manera, con las mejillas completamente arreboladas a juego con el cabello que comenzaba a cubrirle su diminuta cabecita.

Durante el siguiente cuarto de hora, Misao permaneció en la misma posición, sosteniendo al niño con firmeza y observándolo dormitar, completamente enamorada de él. Además, no podía dejar de pensar que él era el fruto del amor que Gaara y ella se profesaban… ¡Quién se iba a imaginar que llegarían a casarse y a formar una familia como esa! Ojalá estuviese con nosotros ahora… pensó inevitablemente con un suspiro, desviando finalmente la mirada hacia la ventana circular.  A pesar de que ese era su mayor anhelo en esos momentos, sabía de sobra que  iba a ser imposible que se cumpliese. Era consciente de que el cargo de Kazekage era el más importante de todos, el que más esfuerzo y tiempo exigía. Pero eso ya lo sabía desde el principio, desde antes de que llegase a confesarle sus sentimientos.

Se ha debido de ir muy pronto a pesar de haberse despertado en mitad de la noche por mi culpa… una mueca se dibujó en sus labios, antes de comenzar a levantarse. Iba siendo hora de que se levantase y se ocupase de la casa. Hayami parecía continuar en la cocina a juzgar por el sonido amortiguado y lejano del agua y la cacharrería, así como el suave tarareo con el que acompañaba su actividad. Una vez llegó junto a la cuna, dejó a Takashi cuidadosamente en ella, procurando no despertarle y arropándole a conciencia para evitar que pudiera enfriarse. Depositó un último beso en su puñito, sonriendo feliz, antes de dirigirse a la puerta y salir por ella, dejándola abierta pero un poco entornada, para poder escuchar su llanto así como para no molestarle con los ruidos que pudieran hacer.


——————


Hayami le hizo compañía durante toda la mañana, pero se marchó poco antes de que rozase la hora de comer. De hecho, no pasó ni media hora desde que se habían despedido que unos suaves y casi imperceptibles toques en la puerta principal sonaron. Misao, escoba en mano y su cabello largo y rubio recogido en una coleta, se acercó a abrir.

Un ahogado sonidito de sorpresa emergió de sus labios a la par que la escoba caía de sus manos al suelo. Sus ojos se habían abierto como platos mientras observaba con fijeza y asombro a una de las dos figuras que frente a ella se encontraban: Yuriko, su madre y… Akira.

¡Papá! —exclamó con las lágrimas de inmensa felicidad saltando de sus ojos mientras se abalanzaba contra él.

El matrimonio Ichijō se quedó perplejo ante la efusiva reacción de su única hija, pero eso no impidió al hombre abrazarla con la misma fuerza con que ella lo hacía.

—Creo que puedo acostumbrarme a este recibimiento… —comentó el shinobi antes de soltar una carcajada y revolverle el cabello como si aún fuese una niña chica—. Aunque he de decir que me ha sorprendido. Sobretodo, teniendo en cuenta que ayer mismo nos pasamos a dejaros la tarta que tu madre había hecho.

¿Ayer…? Pero… Imágenes de un cuerpo sin vida tendido en el cuartel de los curanderos de Suna acudió a su mente. El cuerpo de su padre. Un inmenso dolor atenazó su pecho… el dolor de su pérdida. Pero también se entremezcló con el alivio de saber que también estaba bien y que debía de haber sido otra de sus pesadillas.

—Oye, oye… que voy a pensar que aquí hay favoritismos… Yo también quiero un abrazo de oso, Misao. ¿O acaso no quieres a tu pobre madre? —replicó Yuriko con fingidos celos y tristeza, logrando que la muchacha riese quedamente, saliendo del escondite en el pecho de su padre y abrazando con fuerza a su madre—. Eso está mucho mejor —terminó diciendo la mujer guiñando un ojo—. Bueno, ¿te parece que nos pongamos manos a la obra a hacer la comida? Mientras el yayo se ocupará del principito de la casa…

— A pesar de todo, se me sigue haciendo muy extraño oír la palabra “yayo” o “abuelo” como referencia a mi —Akira hizo una graciosa mueca mientras se frotaba la nuca y pasaba al interior de la casa cuando su hija se lo ofreció.


——————


Ya eran las doce de la noche. La última toma de comida de Takashi había empezado apenas diez minutos atrás y Misao se sentía verdaderamente agotada. Aunque realmente… realmente no había hecho mucho, teniendo en cuenta que se había despertado tarde sin llegar a cocinarse el desayuno, había limpiado una parte de la casa y se había dedicado a cambiar de pañales y dar de comer al bebé. Bueno, ya por la noche, se había dedicado a hacer una cena ligera, dejando los platos de Gaara apartados para cuando llegase. No fueron pocas las veces que dirigió su violácea mirada al reloj de arena y pensó lo tarde que era…

Finalmente, pareció escuchar la puerta de la casa cerrarse. Aunque no estaba segura, pues quizás el cansancio y el deseo de ver a Gaara estuvieran jugándole una mala pasada. Fue por ese mismo motivo que, en un principio, no alzó la mirada hacia la puerta del dormitorio, sino que la mantuvo fijada en el pequeño que comía a buen ritmo.

Cuánto estuvo el pelirrojo en la puerta antes de que se percatase de su presencia realmente no lo sabía, pero la sonrisa que se curvó en sus labios al reconocer su silueta medio en penumbra fue sincera y cariñosa.

—Perdona. Pensaba que... No importa. Es muy tarde, no quería interrumpirte —le escuchó decir en un susurro, sin llegar a mantenerle la mirada cuando la de ambos se encontraron.

Siempre tan… él. No cambiará. No quiero que lo haga…

Tonto… No has interrumpido —le aseguró ladeando la cabeza, sin dejar de mirarle con dulzura—. Ven… —le pidió entonces, casi como una súplica. Aunque pareció vacilar ligeramente, el pelirrojo terminó traspasando el umbral de la puerta y acercándose a la cama, para después sentarse en silencio a su lado—. ¿Cómo ha ido el día…? ¿Mucho trabajo? Supongo que estarás agotado…


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