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~ You could be loved again

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~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 24 Abr - 23:04

Recuerdo del primer mensaje :


«It is possible...»
«You could be loved again»


Hacía poco que Sunagakure había encontrado a su nuevo Kazekage. Quizás el más joven que se había visto hasta el momento en ese puesto. Gaara del Desierto, el Jinchūriki que portaba el Bijū de una cola, el temido Shukaku, tenía ese privilegio.

Había logrado alcanzar uno de los sueños que se había propuesto cumplir tras conocer a Naruto durante los Exámenes Chūnin. El joven de grandes ojos azules y cabello rubio alborotado comprendía su dolor, por todo lo que había pasado. Sin embargo, había escogido esforzarse en ser buena persona y hacer ver que podía ser alguien; justo lo contrario a lo que él había hecho: cerrarse sobre sí mismo, perder la esperanza en todo y todos, dejando que el odio le carcomiese por dentro, consumiéndole. Pero le había abierto los ojos con su amabilidad y el esfuerzo, con esa sonrisa que le mostró incluso después del enfrentamiento que los había dejado a ambos agotados y casi destrozados. Le debía mucho… Pero no solo a él. Sino a todas aquellas personas a las que había causado dolor y agonía cuando no era capaz de controlar a Shukaku en su interior.

Por supuesto, aún quedaban personas reticente a ese cambio. No les gustaba que alguien que albergaba a un poderoso Bijū estuviera al mando, que fuera el responsable de su seguridad. De hecho, mucho de los ninjas que conformaban el cuerpo de Sunagakure también dudaban de que aquello hubiera sido la elección acertada. Gaara era consciente de que, a pesar de haberse convertido en Kazekage, aún debía ganarse la confianza de su pueblo. Y lo haría.

No aspiraba más que a la aceptación. No esperaba tampoco que pudiera llegar a interesarle a nadie de otra forma diferente a una relación laboral… O fraternal. Ni siquiera creía que el mismo pudiera desarrollar sentimientos por otra persona más lejos de eso. Sin embargo, se sorprendería de ello cuando Misao, la hija de uno de los miembros del Consejo, que se encontraría reunido, irrumpiese repentinamente con el único objetivo de traerle unos documentos a su padre. El resto de miembros vería aquello con malos ojos pero el joven pelirrojo, sencillamente, le quitaría importancia.

Avergonzada por lo sucedido, la joven se presentaría después en su despacho para pedir disculpas educadamente, momento en el que esta curiosa historia daría comienzo.


«PERSONAJES»
«17 años の Kazekage の Carrie_B»
«Gaara del Desierto»

«17 años の Ninja の SapphireDragon»
«Ichijō Misao»


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Última edición por SapphireDragon el Mar 3 Abr - 12:52, editado 3 veces


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Jue 15 Feb - 23:31


«You could be loved again»
XVIII. Una última esperanza

Sin soltar un segundo a su amiga, mientras la tristeza de ambas se manifestaba en esas enormes lágrimas que abandonaban sus ojos y discurrían por sus coloradas mejillas, notaba el temblor del cuerpo ajeno y escuchaba sus llantos entremezclarse. ¿Cuánto tiempo estuvieron así? Probablemente, ninguna de las dos lo recordaría, pero para Misao, la percepción del tiempo se había vuelto horriblemente lenta y desquiciante. Insufrible. Todo lo que sentía en su pecho –dolor, culpabilidad, tristeza– eran la principal razón de aquello. Como unos meses atrás…

Con la muerte de su padre. Cuando él murió… Todo fue una pesadilla. Y era como volver a pasar por eso.

—Eso es... típico... de Kaito, ¿eh? —dijo entonces Hayami, con la voz queda y rota, antes de soltar esa risita que le rompió aún más el alma a Misao. También noto como se separó de ella, por lo que apartó los brazos para dejarle espacio. De esa forma, la kunoichi bajó la mirada a su propio regazo, aún con los largos cabellos rubios húmedos enmarcando su rostro. Las lágrimas cayeron directamente sobre la tela de la falda de su vestido negro al cerrar sus ojos con fuerza cuando su amiga continuó hablando.

A pesar de todo… sigue hablando en presente. Sigue hablando de él como si… Como si él no estuviera… Incluso sabiendo la palabra, no era capaz de pensarla, ni siquiera de pronunciarla. Temari tampoco la había utilizado cuando le contó lo último que había dicho el muchacho. Y ella tampoco cuando se lo había contado todo a su madre. Incapaz de hacerlo realidad de esa forma.

Los ojos brillantes y cristalinos de Misao se abrieron ligeramente cuando escuchó esas palabras: “Los ninjas deben tener espíritu de sacrificio”. No recordaba cuántas veces habían sido las que sus tutores y maestros había recitado esa frase a lo largo de su formación. Demasiadas de hecho… Suponía que en un intento de que la muerte de los ninjas de la Arena por Sunagakure fuese comprendida incluso por los más pequeños. Pero incluso con eso en mente, perder a alguien cercano era demasiado doloroso siendo niño, adolescente o adulto.

—Misao... ¿por-por qué llegan a esos extremos? ¿De-de verdad... merece la pena? Porque... si eso significa ser un ninja, yo... creo que ya no quiero serlo. Nunca más

El silencio, únicamente interrumpido por el movimiento de las manecillas del reloj de su mesilla de noche, se alargó varios segundos más.

N-No lo sé… —terminó musitando cerrando los puños tembloroso sobre sus rodillas, cogiendo así también la tela y arrugándola—. Y-Yo… me arriesgaría. Si pudiera salvarte a ti, a mi madre o a Gaara-sama. Si hubiera podido salvar a mi padre… Quiero tener la capacidad de protegeros, de impedir el perder a alguien más… Porque si sucede, no lo soportaré —admitió de manera ahogada, con el nudo de la garganta prácticamente impidiéndole hablar—. Me-Merece la pena si con ello logras evitar el sufrimientos de tus seres más queridos, si puedes protegerlos y verlos felices —con cierta violencia, se pasó el dorso de una de sus manos por el rostro, para secarlas. Se humedeció los labios en lo que suspiró—. Pero entiendo también lo que dices… Porque lo que ha sucedido no es justo. ¡No es justo! —exclamó frustrada y con la voz teñida de culpabilidad.

Fue entonces cuando el pequeño timbre de su despertador sonó melodiosamente. Ambas muchachas se sobresaltaron sin pretenderlo y la de ojos violetas frunció ligeramente el ceño. Cuando volvió la cabeza en dirección al despertado y lo apagó, se percató de la hora que era… Casi las doce. Debía estar en el hospital en menos de quince minutos pcomo había prometido.

H-Hayami… He de volver al hospital…

Su voz, trémula e insegura, brotó de sus labios algo nerviosa. Lo último que deseaba era separarse de una destrozada Hayami, la única que comprendía el dolor que sentía por su amigo. Pero había quedado con los hermanos de la Arena… Se mordió el labio inferior con fuerza.

¿M-Me acompañarías…? —sabía que no tenía derecho a pedírselo ni si le iban a permitir el paso (que lo más probable es que no). Pero no quería abandonarla.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 17 Feb - 16:51


«You could be loved again»
XVIII. Una última esperanza

No. Sin duda, lo que había sucedido era de todo menos justo. De hecho, resultaba hasta impensable. Hacía un par de días se había encontrado con él mientras ayudaba a su madre en el mercado, y pensar que ahora... ahora... En aquel momento ya debía de saberlo. Ya debía de tener todo planeado. Si me hubiese dado cuenta a tiempo...

Un sonido mecánico les hizo dar a ambas un respingo, separándose ligeramente. Hayami se limpió las mejillas húmedas una vez más, observando cómo su amiga apagaba el despertador de un ligero golpe.

—H-Hayami… He de volver al hospital… —se disculpó, apenada, volviéndose hacia ella y mordiéndose el labio inferior. Pareció dudar unos segundos, insegura, antes de preguntar finalmente—. ¿M-Me acompañarías…?

A Hayami le costó un poco responder. Observó los ojos violáceos de su compañera, sin saber muy bien qué decir. En cualquier otra circunstancia, la posibilidad de ver a Gaara le habría hecho dar un brinco y ponerse en marcha de inmediato, pero ahora... Tragó saliva. Me da miedo verle mal. Me aterroriza ver... lo que sea que le han hecho. Ir al hospital y enfrentarse a esa imagen solo lo haría todo mucho más real, y Kaito... Kaito...

Se rodeó el cuerpo con los brazos, notando cómo las lágrimas volvían a surcarle el rostro. La barbilla le tembló con fuerza al bajar la vista, incapaz de sostener la de Misao, dejando que la melena oscura le ocultase el rostro.

Yo... yo... —Se sentía como una auténtica cobarde dejándola sola frente a algo así. Debería levantarse y acompañarla, apoyarla exactamente igual que lo había hecho Misao por lo de su amigo, pero... no se veía capaz—... no... no puedo... No quiero ir... y-y... verle... así... Yo...

Gaara le gustaba. Siempre le había gustado. Lo pregonaba a voz en grito cada vez que podía, y debía admitir que había sentido unos pocos celos cuando su amiga le había confesado que le había dado un beso. Pero ahora era incapaz de ir a verle al hospital cuando lo necesitaba. ¿En qué clase de posición la dejaba eso?

Pero... si lo veo así... si lo veo... Sabré que Kaito... Kaito... La simple idea de visualizar a su amigo muerto, aunque fuese en su imaginación, la aterrorizaba.

Lo-lo siento... lo siento mucho, Misao... No-no dejo de... repetir q-que... me gusta... Gaara, pero... pero... ahora yo... yo... —Los sollozos se hicieron más intensos cuando cerró los ojos con fuerza—. ¡No-no puedo!


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 18 Feb - 9:15


«You could be loved again»
XVIII. Una última esperanza

La espera por una respuesta se alargó durante varios segundos de silencio. Ambas intercambiaron una mirada mientras Hayami parecía decidirse… o encontrar las palabras adecuadas para responder. Ya por su expresión cuando deslizó sus ojos a cualquier otro punto de la estancia abrazándose de esa manera el cuerpo, todavía temblando, supo la respuesta.

—Yo... yo... no... no puedo... No quiero ir... y-y... verle... así... Yo...

Misao bajó la cabeza y asintió despacio, sin decir nada. Se humedeció los labios y secó sus propias lágrimas nuevamente, las remanentes en las esquinas de sus grandes e hinchados ojos. Era comprensible y no la juzgaba por ello. Necesitaría tiempo para ella, para poder aceptar todo lo que le había contado, para hacerse a la idea de que Kaito… No volverá…

Su mejor amiga, deshaciéndose nuevamente en lágrimas, con voz temblorosa y balbuceante, continuó hablando, tratando de justificarse, pero lo único que logró fue continuar sollozando, ahora con más fuerza. La joven kunoichi negó con la cabeza mientras se volvía a acercar a ella para abrazarla con fuerza. Comprendía en parte lo que le había dicho… Y sabía que, durante el tiempo que estuviese velando por Gaara, verle en ese estado solo lograría retroalimentar la culpabilidad que ya la carcomía por dentro. Sin embargo… No pienso dejarlo solo. Ya pasó muchos años así… No permitiré que se repita.

No pasa nada… No te preocupes —musitó como respuesta, acariciando su largo cabello castaño así como su espalda, apoyando la mejilla sobre su cabeza. Ambas estaban destrozadas por dentro pero… Tengo que ser fuerte. Por ella… y por Gaara. Por mamá que ya ha pasado por mucho también. Aunque el dolor continuase ahí, trataría de sobrellevarlo o, al menos, ocultarlo para no preocupar a nadie—. Te acompaño hasta la calle de tu casa, ¿vale? —le propuso, carraspeando ligeramente para aclararse un poco la voz y comenzando a separarse de ella.

Una vez obtuvo un simple asentimiento por respuesta, tomó con fuerza la mano de su amiga y fueron al baño para lavarse un poco la colorada cara y refrescarse. No tenían para nada buen aspecto después del rato que habían estado llorando en la habitación, pero tampoco les importaba demasiado.

Poco después, ambas amigas salieron de la casa de los Ichijō, y pusieron rumbo hacia el mercado. Ese punto que durante tantos años había sido el lugar de encuentro para el Equipo 3 incluso antes de que recibiesen ese nombre. Era la zona media entre las casas de los tres… Y la vía más rápida de ir desde casa de Misao a la de Hayami.

Ya en la entrada de la calle, se detuvieron.

No me gusta irme y… y dejarte sola —admitió haciendo una mueca, sin soltar las manos que acababa de tomar entre las suyas—. Cu-Cuando vuelva a casa te aviso. Y si necesitas algo… No dudes en decírmelo, ¿vale? —le pidió acariciando el dorso de sus manos con el pulgar.

Tras despedirse con un muy fuerte abrazo, Misao permaneció clavada en el lugar, observando a su amiga alejarse por la calle, en dirección a su casa. “¿Por-por qué llegan a esos extremos? ¿De-de verdad... merece la pena? Porque... si eso significa ser un ninja, yo... creo que ya no quiero serlo. Nunca más” le había dicho un rato antes.

Creo… Creo que me voy a quedar sola en el Equipo 3, pensó esbozando una muy triste sonrisa, antes de dar media vuelta y echar a andar a paso rápido, en dirección al hospital de Suna. Kankurō y Temari debían de estar esperándola ya.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 18 Feb - 19:37


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

Habían pasado algo más de dos semanas desde lo sucedido. La conversación con Misao, el funeral, la inexplicable presencia de Gaara en el mismo... Todo parecía formar parte de un mal sueño del que no había logrado despertar todavía.

Le había costado mucho tomar la decisión de abandonar definitivamente el Equipo 3. Por un lado, sentía que estaba traicionando a su mejor amiga y abandonándola a su suerte si no permanecía en el mismo, a la espera de que les asignasen un tercer integrante, pero... La simple idea de sustituir a Kaito como se sustituiría una taza rota o un kunai desafilado le parecía insoportable. Además, lo que le había dicho aquel día era totalmente cierto: no se sentía con fuerzas para seguir enfrentando situaciones semejantes. Pelear nunca había sido lo suyo, y la única razón por la que había logrado convertirse en chunnin era gracias al apoyo de sus dos amigos, mucho más diestros que ella. Por eso, ahora que él ya no estaba... No tiene sentido. Por eso, dos días después del funeral, había presentado su renuncia al equipo y había solicitado entrar a formar parte del claustro de profesores de la Academia.

—Menús de la 3, la 5, la 11 y la 15 —le cantó Yuriko desde la cocina, al mismo tiempo que otro de los ayudantes de cocina iba colocando los platos sobre el mostrador.

Mientras esperaba la respuesta a su petición, se había ofrecido a cubrir a Misao en el restaurante los ratos que ella pasaba en el hospital. No era tan buena ni tan rápida con la bandeja como su amiga, pero aquello era mejor que nada y, de algún modo, sentía que debía compensarla por su renuncia. Y permitir que pasase algo más de tiempo con Gaara parecía la mejor opción, a pesar de que, por lo que ella le iba contando, todavía no se hubiese percibido ningún cambio en su estado.

Ojalá se despierte, pensó, mordiéndose el labio inferior, mientras salía a la sala con la bandeja repleta de platos apoyada sobre el hombro derecho y empezaba a servir la mesa más cercana. Ojalá se despierte, porque si no...

Estaba tan concentrada en sus propios pensamientos que, al girarse para ir a otra, tropezó sin querer con alguien y emitió un chillido. La bandeja se le escurrió de los dedos, balanceándose hacia delante.

¡Oh, no! —gimió, llevándose una mano a la boca, espantada, al ver toda la comida estampada contra el mono negro—. ¡Lo-lo siento muchísimo, perdóneme, es... es que...!

Sin embargo, al alzar la vista y encontrarse con el rostro de Kankurō, la voz se le cortó de cuajo. Oh, no... De todos los clientes con los que había podido tener un accidente, ¿de verdad había tenido que ser con el hermano del Kazekage? Yuriko iba a matarla. Y con razón. Agachó enseguida la cabeza, inclinándose en una marcadísima reverencia, con los ojos fuertemente cerrados, mientras el resto de comensales los miraban con una mezcla de curiosidad y estupefacción.

¡Pe-perdóneme, Kankurō-dono! ¡Lo siento muchísimo!


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 18 Feb - 23:18


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

¡Qué bien sienta una buena ducha! —exclamó el marionetista saliendo por la puerta del baño, acompañado de una nube de vaho que se dispersó hacia ambos lados del pasillo de su casa. Con la toalla alrededor del cuello, continuó frotándose el cabello oscuro con ella para terminar de secarlo de una vez, en lo que avanzaba por el pasillo en dirección al salón, para llegar hasta una de las ventanas circularse, desde donde se podía adivinar, no muy lejos de allí, la silueta inconfundible del hospital de Sunagakure.

Eran pasadas las ocho de la tarde. Apenas media hora antes se había encontrado allí, en aquella deprimente y austera habitación donde su hermano pequeño continuaba encamado. Sin moverse. Sin despertar. Aunque la mayor parte de tubos y cables le habían sido retirados y el pronóstico era bueno, Gaara continuaba sin abrir los ojos. Se había llevado consigo algunas piezas de sus marionetas y había estado trabajando con ellas, en un intento de pasar las horas muertas de espera sin imaginarse lo peor.

Misao se había presentado tan puntual como siempre para pasar ahí la noche velando a su hermano, tal y como habían acordado esa misma mañana. La muchacha de largos cabellos rubios y grandes ojos violetas siempre estaba dispuesta a estar en compañía de su hermanito todas las veces que Temari y él no pudieran. Una chica como esta cuidando de ti a todas horas, Gaara, y tú sin despertarte. Ya te vale, ¿eh? Había pensado en más de una ocasión el marionetista, no sin ser excepción un rato atrás, después de despedirse de ambos y pedirle, como de costumbre, que cuidase de él, aunque realmente no hiciese falta alguna.

Con un gesto serio y pensativo en el rostro mientras pensaba en todo ello, su estómago se quejó con un sonoro rugido, a fin de llamar su atención y rogar por una buena cantidad de comida para cenar. Lo cierto era que llevaba sin comer desde antes de las dos de la tarde… ¡Ni siquiera había merendado! No era algo muy propio de él, aunque debía admitir que el hospital, muchas veces, lograba quitarle el apetito.

Vaya, amigo… me parece que es nuestro día de suerte —dijo quitándose la toalla del cuello, mientras entablaba conversación con su propio estómago, que parecía responderle con un nuevo rugido— Temari parece continuar con Baki ultimando detalles para los próximos días. Así que no le ha dado tiempo a preparar la cena… Lo que significa… ¡Cena fuera! —aunque lo más probable era que, si hubiera habido comida hecha, se hubiese hecho el loco para no tener que comérsela. Lo siento, hermanita… Pero sigo diciendo que la cocina no es lo tuyo.

Triunfante como se sentía, Kankurō no tardó más de diez minutos en volver a vestirse con su habitual mono negro, en maquillarse con sus pinturas granates y en salir a la calle con tan solo una de sus marionetas (Nunca está de más ir preparado por si surge algo) y la cartera guardada a buen recaudo en su bolsa. Puso rumbo directo al restaurante de los Ichijō sin pararse a pensar demasiado en ello. Hacía bastante que no iba… y las ganas de probar el plato especial de esa semana no hacían más que crecer a cada segundo que se preguntaba qué sería.

Fue poco lo que le llevó el llegar hasta el local. Uno que se encontraba considerablemente lleno, aunque aún quedaban mesas libres y los comensales de algunas de ellas estaban ya por el postre. El olor de la deliciosa comida –sopa, verduras, udon, pescado e incluso carne– no tardó en envolverle y embriagarle. Olisqueaba el aire mientras la baba comenzaba a caerle por una de las comisuras de sus labios, imaginándose el sabor de todos esos platos, la sensación de ciertos bocados en su boca y….

Un grito le sacó de su ensimismamiento. Eso… y una horrible sensación ardiente y mojada en su pecho, así como en la mayor parte de su estómago. Poco fue lo que le faltó a Kankurō para soltar el mismo un grito, pero recordó estar en público… No puedo permitir que toda Suna me vea quejándome de… la deliciosa sopa de miso rusiente que me acaba de caer encima y los fideos… y la tortilla. Cuadró los hombros con la mandíbula apretada y una minúscula lagrimilla por el quemazón que continuaba sintiendo antes de percatarse de la muchacha de cabellos castaños inclinada frente a él, una que no paraba de pedir muerta de vergüenza, una y otra vez, perdón por su torpeza.

N-No… no pasa nada, Hayami-chan. Tranquila. Levanta anda —le pidió con la voz algo entrecortada, carraspeando y sintiendo la mirada del resto de clientes sobre ellos—. Aunque no me importaría limpiarme un poco… el mono. M-Me estoy quemando… —le comentó en un susurro, acercándose un poco a ella para que la escuchase y esbozando una mueca.

La reacción de la joven fue inmediata. Se volvió a disculpar nuevamente, sonrojándose de la vergüenza, antes de que le rogase que la acompañase. Durante su trayecto para alejarse del estropicio, uno de los otros camareros se acercó para encargarse de limpiarlo, mientras ella se encargaba de atenderlo.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 19 Feb - 19:25


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

Estaba tan histérica pidiendo disculpas que tardó un poco en entender lo que el chico le estaba murmurando. Pero, en cuanto comprendió las últimas palabras —me estoy quemando—, alzó enseguida la cabeza y asintió rápidamente, notando cómo le ardían las mejillas.

¡Oh, cl-claro! Sígame, por favor. Y disculpe de nuevo, de verdad... —insistió, azorada, antes de indicarle que lo acompañase a la parte trasera del restaurante, donde había un pequeño cuarto anexo en el que solían cambiarse los camareros. Le pidió que esperase allí unos segundos, saliendo de nuevo a la cocina para buscar algo con lo que quitarle la enorme mancha que se extendía por el estómago—. Oh... Yuriko me va a matar...

No quería buscarle problemas a la madre de Misao, y mucho menos a la propia Misao. Las dos la habían aceptado de buen grado pese a su notable inexperiencia en el campo de la hostelería, y además se habían empeñado en pagarle por las horas que cubría a Misao. No había pensado aceptar el dinero en ningún momento, por supuesto, pero ahora mucho menos... No conocía demasiado a Kankurō-dono —tan solo de haberlo visto en alguna ocasión con Temari-san en la Academia, y también por la última misión que lideró junto al Equipo 3—, pero los tres hermanos de la Arena tenían tanta fama de estrictos como su mentor. Fuera había sido muy considerado, cosa que le agradecía enormemente, pero seguro que ahora estaba enfadadísimo. Y no era para menos...

He-he encontrado un quitamanchas. He visto a Misao usarlo a veces y sé que... —empezó, con voz trémula, abriendo la puerta con el quitamanchas en la mano. No obstante, estuvo a punto de tirarlo (sí, otra vez) cuando vio frente a ella al marionetista, completamente desnudo de cintura para arriba, examinando la mancha del traje negro con gesto crítico. Entró completamente en pánico, dándose rápidamente la vuelta y notando cómo el calor le subía hasta la raíz del pelo—. ¡Ay! ¡Lo-lo siento muchísimo! No-no sabía que... Yo...

Tragó saliva, apurada, presionando el quitamanchas contra su pecho. Ay, madre mía, iba de mal en peor... No había querido mirar, de verdad que no, porque sabía que esas cosas... pues... pues... Pero había visto un poquito. Solo un pelín. Y... Ay.


No sólo le había volcado media cena encima, si no que ahora además iba a creer que era una... una...

No soy una pervertida, se lo prometo —aseguró con histeria, todavía mirando hacia la puerta.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 19 Feb - 20:41


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

Lejos de la mirada curiosa y cotilla del resto de comensales, Hayami le había guiado por un largo pasillo hacia la zona trasera del restaurante, a una pequeña salita ocupada esencialmente por varias taquillas y pequeños armarios de madera, junto alguna que otra caja. Parece el cuarto del servicio, pensó el marionetista echando un rápido vistazo a su alrededor, aún con una mueca dibujada en el rostro. Con un suspiro, llevó dos de sus dedos a su mono oscuro, pellizando su tela en la zona donde no había sido cercana, y separándolo de su piel que notaba arder incluso ahora que ya no estaban en  contacto.

No puedo estar con esto puesto mientras ceno… Además, será más fácil si me lo quito para poder limpiarlo. Pero… esa no era su casa. No podía andar desvistiéndose como si nada. Lo mejor será que le pregunte al respecto. Aunque seguro que estará más que encantada de verme medio desnudo, añadió con cierta pillería. Cuando se fue a dar la vuelta hacia la muchacha, se la encontró nuevamente pidiéndole disculpas y saliendo apresuradamente por la puerta del cuarto, cerrando tras de sí.

Bueno… Pues nada. Me quedo sin preguntar —terminó soltando en un susurro, encogiéndose de hombros antes de proceder a desabotonar los pocos botones que el mono tenía en la parte posterior.

Al cabo de unos segundos, se encontraba ya con el torso y los brazos desnudos. Bajo la luz de la lámpara del techo, comenzó a estudiar con el ceño fruncido la zona más afectada de la tela. No era algo que no se pudiera arreglar lavando y aunque la prenda fuese oscura, la mancha lo era aún más y era visible. Dejó escapar un pequeño suspiro. Esperaba que la chica encontrase algo con lo que arreglar aquello. No tenía la más mínima gana de comer en esas condiciones… Aunque sí, seguía muriéndose de hambre y pensaba ponerse las botas esa noche, fuera como fuese.

Apenas la puerta se volvió a abrir, escuchó el inicio de una frase… Una que se quedó a medias, pues fue completamente interrumpida por un agudo chillido. El propio marionetista se sobresaltó ante aquello. ¿Qué sucedía? ¿Se había tropezado? ¿Se había caído? ¿Qué? Cuando volvió la mirada hacia la chica, la encontró de espaldas a él, balbuceando una nueva disculpa prácticamente histérica y desecha en nervios.

Vaya, vaya… Parece que alguien se ha puesto nerviosa al verme. Está claro que se ha fijado en mi y le intereso. Kankurō abrió la boca entonces, a fin de soltar una de esas genialidades suyas con la que esperaba encadilarla, pero no tuvo oportunidad, porque ella…

—No soy una pervertida, se lo prometo

Aquello lo pilló tan de sorpresa que tardó unos segundos en reaccionar. De hecho, una sincera e incontenible carcajada brotó de sus labios, y estuvo durante varios segundos riendo con fuerza hasta el punto de que se llegó a doblar por la mitad.

Por el amor de… —comenzó a decir teniendo que detenerse para reír un poco más. Se obligó a parar, con la respiración algo agitada y una amplia sonrisa todavía en la boca—. ¿Nunca habías visto a un chico sin parte de arriba, Hayami-chan? —preguntó con diversión, dejando caer la parte superior del mono hasta su cintura—. No te preocupes, no he pensado que lo seas. De todas formas, es inevitable fijarse, ¿verdad? —la picó un poco. El marionetista se atrevió a acercarse un par de pasos a la muchacha, percatándose así de lo colorado que tenía el rostro y de que parecía haber traído algo que sujetaba con mucha fuerzas entre sus manos—. ¿Ese es el quitamanchas que me has dicho que has encontrado? Anda, vamos a ver si podemos hacer algo con ello. Y deja de disculparte.  Aunque sufro por la comida tan deliciosa que llevabas en la bandeja, un accidente es un accidente —comentó en lo que terminaba de acercarse a ella y se inclinaba ligeramente junto a uno de sus lados, tratando de buscar su colorada cara sin dejar de sonreír—. ¿Hayami-chan?  —canturreó su nombre con una ceja alzada, esperando presenciar la nueva reacción que tendría.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 19 Feb - 22:11


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

Sus palabras no la tranquilizaron en absoluto. De hecho, lograron ponerla aún más nerviosa si cabía. O sea... ¿de verdad acababa de preguntarle si era inevitable mirarle desnudo? Clavó con fuerza la mirada en el suelo, sujetando el quitamanchas con tanta fuerza que creyó que lo rompería en cualquier momento, con los labios muy apretados. Bueno, y... y... ¿y qué si no había visto nunca ninguno? Tampoco es que fuese por ahí asomándose a los baños, a ver si veía a algún chico sin ropa...

No, de hecho, había visto a uno. Había visto a Kaito muchas veces, durante las misiones. Cuando habían tenido que curarle alguna herida o cuando se había empeñado en dormir en calzoncillos porque hacía mucho calor en el desierto. Pero claro, Kaito era Kaito. No era el hermano del mismísimo Kazekage.

Pensar en él le hizo entristecerse nuevamente, al menos hasta que el rostro maquillado de Kankurō surgió sin previo aviso por un lateral, con una sonrisita de lo más siniestra. El susto que le dio fue tal, al verlo tan cerca, que no pudo evitar coger el quitamanchas y sacudirle un golpe en la cabeza, soltando un agudo chillido. Al escuchar su quejido de dolor y verlo precipitarse al suelo, se llevó las manos a la boca y soltó el bote, escandalizada.

Acabo de golpear al hermano de Gaara-sama con un bote de quitamanchas en la cabeza. Oh, por favor, porfavorporfavorporfavor...

¡Lo-lo siento! ¡Es que... es que me has asustado! —le reprochó, olvidándose de los formalismos con los nervios y agachándose para ver si el marionetista estaba bien—. ¡¿No te ha dicho nadie que no hay que inclinarse sobre una chica cuando estás... estás... así de poco vestido?!

¡Lo decían todas las revistas! Era lo más básico de lo básico. ¿Quién le decía que no era él el pervertido? ¿Y si había chocado contra ella a propósito para después tenerla a solas en los vestuarios porque era un maníaco? ¿Y si, de repente, se la echaba al hombro y huía con ella a algún paraje inhóspito, para encerrarla en una torre o algo parecido?

"Lees demasiadas novelas, Hayami-chan" susurró de pronto la voz de su amiga Misao en su cabeza, como si estuviese con ellos en el cuarto. Solo que no lo estaba porque... porque estaba en el hospital. Lo sabía muy bien. Y Kankurō había acudido allí para poder comer algo, seguramente después de una larga jornada cuidando de su hermano, y encima ella iba y le pringaba la ropa... y le sacudía con el bote de quitamanchas. En serio, ¿qué me pasa últimamente?

¿Es-estás bien? —preguntó al final, un poco insegura, observando la cabeza del castaño. No parecía haberle hecho mucho daño, pero aún así...—. Oye, no puedes ir por ahí sin ropa acercándote a las chicas... Y-y mucho menos reírte de ellas por eso. Además, no es verdad que nunca haya visto a un chico desnudo —aseguró, avergonzada, con el ceño muy fruncido.

Kaito... siempre se estaba quitando la ropa a la mínima oportunidad. Me ponía nerviosa perdida. Bajó la vista, sustituyendo la mueca de indignación por la que llevaba ostentando todos aquellos días, antes de recuperar el quitamanchas del suelo tendérselo al muchacho.

¿Quieres... un poco de hielo? Para el chichón...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 20 Feb - 20:50


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

La reacción que esperaba por parte de la joven al estar tan cerca distaba muchísimo de lo que realmente sucedió. De hecho, Kankurō había puesto su mejor sonrisa para encandilarla y a cambio…

¡PUM!

El fuerte golpe que recibió por idiota le provocó un intenso dolor que le sacudió toda la cabeza e hizo retumbar su propio cerebro. Soltó un quejido de verdadero dolor, involuntario, mientras terminaba tirado en el suelo. Tardó una fracción de segundo en llevarse las manos a la cabeza, con los ojos y la mandíbula apretados con fuerza, mientras una nueva lagrimilla asomaba una de las esquinitas de sus ojos. ¿Pero qué pasa hoy, maldita sea? Primero la comida rusiente por encima y ahora le arreaba con el bote de plástico de quitamanchas que llevaba en sus menudas manos. ¿Acaso había hecho algo mal? Si solo… ¡Solo había ido a cenar! Bueno y debía añadir que, estando en esa repentina situación, también había querido llamar su atención…

La disculpa que sucedió al golpe fue ipso facta, pero fue acompañada de un reproche que no se habría esperado.

— ¡¿No te ha dicho nadie que no hay que inclinarse sobre una chica cuando estás... estás... así de poco vestido?!

¿No le ha gustado…? Pensé que a las chicas les gustaba ver a un chico de esta guisa. O puede que simplemente no quiera admitirlo y trate de ocultarlo. Kankurō estaba prácticamente convencido de que era lo segundo, por lo que no le dio demasiada importancia. Y, probablemente, de no ser por el dolor de cabeza que ahora tenía, lo habría intentado una segunda vez. A fin de cuentas, quien la sigue la consigue, ¿no? La insistencia es una virtud, igual que la paciencia, en lo que a conquistas se refiere.

Sus dedos tocaron el incipiente chichón que había comenzado a formarse y soltó un suspiro, asintiendo con la cabeza y esbozando una de sus despreocupadas sonrisas, levantando la cabeza hacia ella.

Estoy bien, no te preocupes. Temari es mucho más bruta y los chichones que me hace no son nada comparado con esto. Eso sí, admito que pegas fuerte, Hayami-chan —le concedió divertido, sin dejar de masajearse la cabeza—. No me… no me reía de ti. Bueno, quizás quería picarte un poco, pero no iba a malas, lo prometo —añadió en lo que finalmente se decidía a incorporarse, alzando después ambas manos en gesto inocente—. Y seguro que ninguno de esos chicos estaba tenía un cuerpo como el mío —sí, ahí estaba él otra vez demostrando en la alta estima que se tenía… de una forma completamente infundada.

Sin embargo, no llegó a obtener respuesta a aquello. De hecho, el rostro, hasta ese momento reflejo de su vergüenza y nerviosismo, se ensombreció notablemente con un gesto de tristeza y melancolía, uno que reflejaba dolor. Kankurō no pudo evitar sentirse mal y preguntarse si habría dicho algo que hubiera logrado ponerla triste. Le costó unos segundos darse cuenta de que un acontecimiento verdaderamente triste y que había tocado por igual a Misao y a ella, se había dado apenas unas semanas atrás. El mismo tiempo que su hermano pequeño llevaba en cama y él había estado ingresado. El mequetrefe ese…

Lo que le había hecho a Gaara… Jamás se lo perdonaría. No podía. Casi logra que aquel loco demente se lo cargase en uno de sus delirios. Pero creía ser capaz de comprender que Misao y Hayami. A fin de cuentas, había sido su amigo siempre… y su compañero de equipo desde que promocionaron en la Academia. También se habían presentado los tres juntos al último examen de ascenso.

Volvió a mirar de manera algo más sutil a la joven, que ahora ya le tendía el quitamanchas. Sintió una leve punzada en el pecho. Le gustaría poder decirle algo y animarla. ¿Pero qué? Tomó el bote que le ofrecía y negó con la cabeza.

No, no. Tranquila. Lo único que no puedo… Salir con el mono puesto cuando le eche esta cosa —mientras decía aquello, el marionetista comenzó a aplicarlo inexpertamente sobre la tela. En lo que se refería a labores domésticas, era un verdadero desastre—. ¿Me podrías prestar algo de ropa? —comentó sin pensar demasiado en cómo había formulado la pregunta… Y parándose al darse cuenta de que podría malinterpretarse—. Me… Me refiero a ropa de chico. No a tu ropa. Qu-Quiero decir, lógicamente no podría ponérmela, no pienses que… ¡No pienses nada extraño! ¡Yo no soy un pervertido ni nada tampoco! —trató de excusarse poniéndose ahora él nervioso y echando más quitamanchas del que debía a su prenda al final.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 21 Feb - 20:00


«You could be loved again»
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—No, no. Tranquila —aseguró, poniéndose finalmente en pie y cogiendo el quitamanchas. Lo observó durante unos pocos segundos, como si estuviese decidiendo por dónde exactamente debía cogerlo, para luego echarse encima tal cantidad que Hayami se quedó petrificada—. Lo único que no puedo… Salir con el mono puesto cuando le eche esta cosa. ¿Me podrías prestar algo de ropa?

Hayami abrió la boca para replicar —quizás podía conseguirle algún uniforme de camarero, pero... más allá de eso no tenía mucha cosa a mano—, aunque antes de poder decir una sola palabra Kankurō volvió a adelantarse, aplicándose más y más quitamanchas mientras le aseguraba que él tampoco era ningún pervertido. Si seguía echándose más, iba a lograr desintegrar la tela por completo...

Puedo ver si hay algo en el almacén —admitió, con la vista aún fija en el desastre que había armado el muchacho en un solo momento. Kankurō era un gran ninja, desde luego, pero parecía carecer de cualquier habilidad para las tareas domésticas. Claro que, siendo el hijo del anterior Kazekage, seguramente nunca se habría tenido que preocupar de esas cosas.... Creo que... con esa cantidad será más que suficiente.

Tras arrebatarle el bote, solo por si acaso, le indicó que esperase allí y se dirigió al almacén del fondo. Rebuscó un rato en algunas cajas hasta dar con un viejo uniforme de repuesto y lo sacudió un poco, alisándolo después con los dedos. Tendría que valer, al menos de momento... Porque la realidad era que llevaba más de diez minutos fuera de servicio y probablemente las comandas se habrían acumulado. Se mordió un poco los labios, levantándose con rapidez y regresando a los vestuarios.

He conseguido esto... No es muy... apto para un ninja, que digamos, pero... era eso o un viejo delantal lleno de lamparones —reconoció, ofreciéndole la ropa doblada—. Puedes cambiarte ahí detrás.

No quería volver a presenciar el espectáculo de Kankurō desnudo. No estaba bien, y no quería ni imaginarse lo que pasaría si alguno de los camareros entraba por casualidad y se encontraba con que los dos estaban a solas allí, y encima él... él... No quiero buscarme líos.

Mientras el chico se cambiaba donde le había indicado, Hayami volvió a suspirar, apoyándose en la pared y entrecruzando los dedos de las manos. Permaneció callada unos minutos, escuchando únicamente el ruido ahogado de la tela al subir y bajar conforme el chico se cambiaba, hasta que finalmente se atrevió a preguntar lo que llevaba tiempo dándole vueltas en la cabeza.

Kankurō-dono... —Se sintió un poco estúpida utilizando el apelativo formal cuando, hasta hacía nada, lo había estado tuteando e incluso sermoneando sobre lo de acercarse por la espalda a las chicas cuando no llevaba ropa, pero de algún modo sentía que si lo omitía le estaba faltando al respeto. Después de todo, no dejaba de ser uno de los jounin más famosos de Suna, y el hermano de Gaara—. ¿Cómo... cómo se encuentra Gaara-sama?

Solía preguntarle a diario a Misao, porque para cuando había encontrado ánimos para ir a verlo al hospital, su amiga le había explicado que estaban aplicando una política de visitas tremendamente estricta. Sin embargo, la respuesta de la joven siempre era la misma: "igual que ayer". No había querido preguntarle si eso era normal, teniendo en cuenta que al parecer su cuerpo iba recuperándose, porque no deseaba alarmarla más. Misao se estaba esforzando un montón para que su madre no notase que le sucedía nada, pero en el fondo Hayami sabía que su amiga estaba muy preocupada. Ya habían pasado dos semanas y, a pesar de todo...

"Igual que ayer". Y eso no podía ser bueno.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Vie 23 Feb - 22:03


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

Antes de poder contestar a nada de lo que le dijo tras ese arrebato de nerviosismo que le dio, se vio con las manos vacías y el mono completamente empapado por el quitamanchas. Vaya… Creo que me he pasado un poco. ¡Sí que cunden estas cosas! pensó inevitablemente, mientras fruncía el ceño ligeramente y se rascaba la nuca. Bueno, quizás al echas más, se vaya antes la mancha, ¿no? Sí, definitivamente, el joven marionetista no tenía la más mínima idea de cómo arreglar una macha semejante de su ropa…

Con un suspiro, tratando de no pensar demasiado ya en el mono, alzó la mirada en dirección a Hayami. La muchacha mantenía la mirada en la parte superior de su prenda mientras sujetaba con igual fuerza el bote que acababa de arrebatarle de las manos. Tras disculparse un momento y salir de la habitación en busca de algo de ropa, Kankurō se paseó apoyó en una mesa que había en el centro de la sala, para dejar escapar el aire entre sus labios en un nuevo suspiro.

Y yo que solo venía a ponerme las botas para cenar… —nada más decir eso para sí mismo en un susurro, su estómago rugió quejoso—. []color=#000000]Que sí, que ya lo sé. No me lo recuerdes, ¿quieres? Tendremos que esperar un poco más. ¡No voy a salir medio en pelotas delante del resto de clientes![/color] —le increpó a su propia tripa, que seguía quejándose mientras el agujero se hacía más y más grande en ella.

Desde allí, podía escuchar el ruido del cacharreo e incluso era capaz de olisquear el aroma de los platos que preparaban en la cocina, que se encontraba a unos pocos metros de aquella puerta, en la pared de enfrente del pasillo.

Mira el lado bueno… Hemos tenido la oportunidad de estar a solas con la guapísima amiga de Misao. Seguro que pronto caerá a mis encantos… Aunque tiene fuerza. Me ha recordado a Temari —continuó hablando solo mientras tanteaba el chichón que parecía no dejar de crecer en su cabeza. Le había dado pero bien… Dolía un poquito, debía admitirlo, la verdad.

Poco después, Hayami reapareció en la salita donde le había dejado solo y medio desnudo. El chico que había mantenido los brazos cruzados sobre el pecho, los dejó caer a sendos lados de su cuerpo mientras se separaba de la mesa y se acercaba nuevamente a ella, con una sonrisa de las suyas, entre divertida, bonachona y un intento de encantadora.

—He conseguido esto... No es muy... apto para un ninja, que digamos, pero... era eso o un viejo delantal lleno de lamparones. Puedes cambiarte ahí detrás.

La chica señaló un viejo biombo detrás del que había apiladas perfectamente algunas cajas y tras el que había aun así espacio suficiente para moverse y poder cambiarse. Kankurō lo miró unos segundos y asintió, tomando la ropa doblada de las pequeñas manos femeninas, rozándolas casi sin percatarse.

Creo que lo prefiero a ese delantal, sí… A ver qué imagen daría yo si salgo con eso —bromeó soltando una carcajada—. Sin duda hablarían de mi, pero no de la forma en que me gustaría. Preferiría escuchar algo sobre lo guapo que soy o cualquier cosa de esas —comentó encogiéndose de hombros tras darse la vuelta y dirigirse al biombo.

No se volvió a mirar a la chica, ni tampoco recibió respuesta alguna por su parte. La verdad… recordaba la misión en la que había actuado como líder del equipo 3. La última, de hecho. Hayami había demostrado ser una chica risueña y habladora, sin embargo, parecía haber perdido el brillo en su mirada y la emoción que la caracterizaba entonces y tanto le había llamado la atención. Sigue siendo ella pero… Algo ha cambiado. La cuestión era: ¿cómo no iba a haber cambiado después de la pérdida de su mejor amigo y haberse conocido que había atentado contra la vida de Gaara? Eso lo tachaba de traidor incluso tras haber explicado que había sido manipulado.

Comenzó a deshacerse del mono y cuando se quedó con la prenda en la mano, la echó por encima de la estructura laminada de madera antigua que lo ocultaba, antes de proceder a ponerse el uniforme antiguo. Sorprendentemente, mientras se lo iba colocando, comprobó que le quedaba como un verdadero guante. De hecho, su intención era hacer un comentario al respecto, pero Hayami se le adelantó.

—Kankurō-dono... ¿Cómo... cómo se encuentra Gaara-sama?

El marionetista se detuvo momentáneamente en lo que se colocaba la camisola oscura. Ella también lo sabe… Misao se lo ha debido de decir. Apretó la mandíbula ligeramente. Aquello no había sido muy inteligente por parte de la joven Ichijō. No era que no confiase en Hayami, pero siempre estaba el riesgo de que se le escapase o algo. Aun así… aunque habían pasado dos semanas, no habían surgido rumores al respecto, por lo que nadie más lo sabía y ella había sido una tumba como probablemente Misao le habría pedido.

Lo primero de todo, Hayami-chan… —dijo Kankuro en lo que salía ya completamente cambiado de detrás del biombo—. Olvida los formalismos. A Temari puede que le gusten, pero yo los aborrezco. Y no es que seamos dos completos extraños, ¿verdad? —le preguntó con una pequeña sonrisa, mucho menor que sus anteriores pues estaba ya pensando en su otra pregunta—. Veo que… Misao te lo contó. Supongo que la pobre necesitaría hablar contigo sobre todo… Y no guardárselo para ella —hizo una mueca pensando en la muchacha que tanto había hecho por ellos—. Pues no soy ninja médico ni nada, por lo que tampoco pudo decirte algo muy… concreto. Pero bueno, comenzó estando conectado a muchas máquinas distintas y ahora han hecho desaparecer la mayoría. Simplemente le siguen suministrando aire por si acaso. Dicen que está mejor… Que físicamente está casi recuperado… Pero que está tardando más de lo esperado en despertar dado que todo está yendo mejor de lo que esperaban —se terminó encogiendo de hombros, con su mono en la mano, sin tener muy claro qué hacer con él.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 25 Feb - 14:37


«You could be loved again»
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No pudo evitar ponerse un poco colorada cuando el marionetista la instó a ser menos formal con él, aunque el rubor aumentó notablemente al percatarse de que, sin querer, había delatado a su mejor amiga. Oh, no... Lo último que quería era que los hermanos de Gaara se enfadasen con ella por su metedura de pata, así que alzó rápidamente la cabeza para explicarle  que ella no había contado nada, aunque para su sorpresa Kankurō se le adelantó.

—Supongo que la pobre necesitaría hablar contigo sobre todo… Y no guardárselo para ella —dijo, esbozando una ligera mueca.

Hayami no pudo más que asentir con lentitud. Kankurō, al igual que sus dos hermanos, era muy conocido en Suna. No solo por ser un extraordinario ninja con un dominio excelente de las técnicas del marionetista, si no por su genio espontáneo y su carácter arrogante. Puede que no lo pareciese a primera vista, pero el mediano de los hermanos podía llegar a ser tan firme como Temari o Gaara. No era la clase de persona que derrochaba comprensión...

—Pues no soy ninja médico ni nada, por lo que tampoco pudo decirte algo muy… concreto. Pero bueno, comenzó estando conectado a muchas máquinas distintas y ahora han hecho desaparecer la mayoría. —La kunoichi asintió de nuevo, atenta a sus palabras. Pero eso era bueno, ¿no? A no ser, claro, que... No. Es imposible. Es el Maestro Kazekage. No permitirían que él... Entrelazó los dedos sobre la falda de su uniforme, nerviosa—. Simplemente le siguen suministrando aire por si acaso. Dicen que está mejor… Que físicamente está casi recuperado… Pero que está tardando más de lo esperado en despertar dado que todo está yendo mejor de lo que esperaban.

Quizás solo necesitaba un poco más de tiempo. Si su cuerpo estaba ya casi recuperado, seguro que no tardaría mucho en abrir los ojos. Gaara era muy fuerte, lo había demostrado en numerosas ocasiones. Solo será cuestión de tiempo, se auto convenció, antes de percatarse de que el chico no sabía muy bien qué hacer con el mono impregnado de quita-manchas.

Ah, no se preo... es decir, no te preocupes —se corrigió, antes de cogerlo—. Hay que dejarlo actuar un rato, así que lo guardaré arriba para que no se manche más. Pero tendría que volver antes a la sala... Hay pocos camareros hoy y Yuriko no va a dar a basto si no. Así que... voy a asignarte mesa y después me encargo de esto, ¿vale?

Tras acompañarlo de vuelta a la sala, lo guió hacia una de las mesas del lateral, donde solía haber menos bullicio. Iba a indicarle que podía tomar asiento en la que más le gustase cuando una mano agarró la manga de la ropa de Kankurō, dando un enérgico tirón.

—Eh tú, chico. Llevo esperando mi sake más de quince minutos —gruñó un hombre, sentado a la mesa con dos mujeres bastante más jóvenes que él. Hayami no lo había visto nunca por allí, aunque por las ropas que llevaba y el protector de su antebrazo, no pertenecía a la Villa de la Arena—. Ve a la cocina y sírvemelo de una vez o no pienso pagar ni un duro.

Hayami se puso blanca. ¿Acababa... acababa de confundir de verdad a Kankurō con un camarero? Claro, debía de ser por la ropa que le había prestado, porque si no le conocía...

—¿Acaso estáis sordos los de la Arena? —prosiguió, al ver que el marionetista no se movía—. ¿Qué rayos os pasa?

Ya... ya me encargo yo —empezó a decir, al ver que Kankurō le dirigía una mirada asesina que habría puesto los pelos de punta a cualquiera y se soltaba de un brusco tirón. Aunque el castaño no pareció oírla.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 25 Feb - 16:49


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

Eso está mucho mejor… —dijo el marionetista complacido cuando la muchacha se autocorrigió para evitar el formalismo, tal como le había pedido que hiciese. Le cedió el oscuro mono, algo pegajoso (por no decir bastante) debido al quitamanchas y se sintió algo imbécil por la cantidad que había echado. Por la forma en que Hayami le había quitado el bote… estaba claro que se había pasado tres pueblos con la cantidad. Aun así, cuanto más tenga… antes se irá, ¿no?

Kankurō, tras pensar aquello, asintió como respuesta a la muchacha. Ya en el rostro se podía anticipar el agobio y los nervios que sentía por todos lo sucedido y que quedaban completamente confirmados con su tono de voz, por ello no dijo nada más al respecto y se dejó guiar nuevamente hacia el salón de comidas.

El restaurante parecía haber comenzado a vaciarse. A fin de cuentas, la noche había avanzado. Aunque igualmente, el número de mesas ocupadas continuaba siendo bastante alto. O esa fue la impresión que le dio al chico mientras se dejaba guiar a la zona más apartada. Eso está bien… podré cenar tranquilamente y disfrutando de la comida… Su mente ya había volado a la carta, a esos platos que tenían de costumbre en ella, debatiéndose entre qué pedir. A una mala siempre puede pedir uno de cad---…

Antes de que aquel pensamiento llegase a su fin, sintió un fuerte agarre en la manga de la camisa y el tirón que recibió logró que se tambalease hasta el punto de tener que darse media vuelta y detenerse. ¿Quién cojones…? Cuando buscó al culpable de aquello, se encontró con un tío repantigado en la silla, rodeado de un par de chicas jóvenes de la Villa, muy pegadas a él. Ya por la expresión embriagada de su rostro, se podía ver que había bebido unas cuantas copas de sake. Y aun así, el capullo tenía la caradura de…

—Eh tú, chico. Llevo esperando mi sake más de quince minutos. Ve a la cocina y sírvemelo de una vez o no pienso pagar ni un duro —soltó con talante chulesco, mientras notaba como el agarre en su ropa se hacía más fuerte. Kankurō apretó la mandíbula y los músculos de su cuello se tensaron mientras trataba de controlarse, pues su primer impulso era de todo menos ser amable. Sin embargo, el poco autocontrol que parecía tener, se esfumó por completo al cabo de un segundo—. ¿Acaso estáis sordos los de la Arena?

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Con un rápido y brusco gesto, se deshizo del agarre del contrario, mientras sus ojos oscuros se clavaban en el rostro de aquel extranjero. Parecía que aquel día no había sido el suyo: había discutido con Baki y Temari esa mañana acerca de un asunto que se debía de tratar como Gaara; su humor había ido en decadencia durante la tarde, después del chequeo que le habían hecho para comprobar que no quedaban restos de la sustancia que casi lo mata semanas atrás y haber permanecido con su hermano pequeño en la cama, aún sin despertar… Y ahora que por fin iba a poder disfrutar de la soledad haciendo lo que más le gustaba –comer–, le venía aquel imbécil de la Hierba con esas. Faltándole al respeto. A él. Y al resto de la gente de Suna. En público y delante de Hayami.

De hecho, la muchacha se había quedado a su lado, con cierta inseguridad. Incluso… parecía haberle dicho algo. ¿El qué? Pues la verdad era que no lo sabía, pero en esos momentos le importaba poco…

Con un rápido movimiento, su mano alcanzó el cuello del shinobi, logrando que la silla en la que estaba sentado volcase y las chicas a sendos lados de ésta profiriesen un chillido. El siguiente sonido que escuchó fue el del cuerpo ajeno siendo empotrado contra la pared más cercana, gracias a toda la fuerza que había puesto en su brazo. Un quejido de dolor brotó de los labios del contrario y antes de que pudiera hacer nada, con unos hilos de chakra controlados por los dedos de su mano libre, se encargó de inmovilizar brazos y piernas.

¿A quién te crees que estás llamando sordo, capullo? —fue lo primero que le dijo en un siseo cargado de cabreo—. No sabes a quién le estás hablando, ¿verdad? —por la mirada asustada del contrario, comprendió que no era más que un ninja de bajo rango, que había tratado de hacerse el chulito en una Aldea extranjera. Pero sobretodo, pareció comprender quién era realmente—. No es muy inteligente cabrearme en un día como hoy, ¿sabes? Estoy muy cansado y hambriento. Dos cosas que me ponen de muy mala hostia. Y si encima te atreves a meterte conmigo y con mi gente en público, además de ser un maleducado sin razón alguna… —mientras iba hablando, el agarre en el cuello ajeno se fue haciendo más fuerte. Las ganas que tenía de darle una paliza a modo de lección y que recordase el resto de su vida iban en aumento… Y cada vez lo veía una idea mejor.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 25 Feb - 21:10


«You could be loved again»
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Haciendo gala de una rapidez pasmosa, Kankurō lo agarró de la pechera y lo levantó a pulso, empujándolo contra el biombo más cercano. Éste crujió peligrosamente, aunque por suerte no se vino abajo. Aún así, Hayami no pudo evitar emitir un gemido ahogado cuando el antebrazo del marionetista se clavó con firmeza en la base de su cuello, inmovilizando el resto de su cuerpo con sus hilos de chakra.

—¿A quién te crees que estás llamando sordo, capullo? —dijo, en un tono tan amenazador que logró que algunos de los comensales se girasen para ver qué estaba pasando. Las dos chicas que lo acompañaban salieron corriendo, despavoridas, pero a Kankurō no pareció importarle. Sus ojos oscuros, entrecerrados, seguían fijos en la expresión horrorizada del ninja de la Hierba—. No sabes a quién le estás hablando, ¿verdad?

Uno de los camareros, que salía en aquellos momentos por la puerta con una bandeja repleta de comida, se quedó paralizado al encontrarse de frente con la escena. Los murmullos subieron de volumen, y fue eso lo que la ayudó a reaccionar y a apresurarse a llegar junto al joven marionetista. Sus dedos se cerraron en torno a la muñeca de éste, la del brazo que apresaba la clavícula del ninja extranjero, para evitar que continuase ejerciendo presión.

¡Kankurō-dono, se lo suplico, pare! —pidió, olvidándose de lo que él le había dicho momentos antes. Vio que cerraba el puño con fuerza y los músculos del brazo se endurecían bajo su tacto, así que se aferró a él con más fuerza—. ¡Por favor!

No podía permitir que hubiese una pelea dentro del restaurante. Y mucho menos por culpa de su torpeza, porque en realidad había sido ella la que se había ausentado de la sala sin avisar. Seguramente, aquella mesa le correspondería a ella y, por lo tanto, no había podido servir a tiempo su pedido.

Por suerte, tras unos segundos de tensión, el chico aceptó y apartó el brazo, cortando los hilos de chakra con un giro de su muñeca. El hombre de la Hierba se escurrió por el biombo hasta quedar casi sentado en el suelo, entre asustado y confundido. Todo había sucedido tan rápido y debía de estar tan borracho que ni siquiera se lo habría visto venir... Menos mal.

Gracias —asintió rápidamente, antes de acercarse para ayudar al hombre a incorporarse. Apestaba a sake y a sudor rancio, pero aún así no dijo nada. Lo ayudó a sentarse de nuevo en una de las sillas libres, antes de inclinarse varias veces a modo de disculpa—. Él... él no es camarero. La-la camarera soy yo, y... Perdone por la tardanza, ha sido únicamente culpa mía. Le traeré la botella de sake enseguida.

Tras incorporarse, pasó junto al muchacho castaño y entró a la cocina, donde Yuriko había abandonado durante un segundo los fogones al escuchar barullo fuera. Con un gesto de la mano, Hayami le indicó que estaba todo bien, cogió la botella del estante donde las guardaban y se apresuró a salir a sala de nuevo. Algunas personas todavía seguían observando la escena, aunque la mayoría ya habían vuelto a sus respectivos platos. Menos mal que no es hora punta y no está demasiado lleno...

Tenga —dijo, colocando la botella sobre la mesa, junto al vaso de porcelana oscura—. La casa invita. Disculpe de nuevo por las molestias.

Era mejor así. No quería dar mala publicidad al restaurante de los Ichijō, y si una botella de sake podía compensar aquel malentendido... Si era necesario, lo pagaría de su asignación. No había problema.

Iba a girarse ya hacia Kankurō para indicarle que podía tomar asiento y que le traería las cartas de inmediato cuando, de repente, algo le rozó la pierna y se cerró con fuerza sobre su muñeca, haciéndola perder el equilibrio y caer sentada en una de las sillas que antes habían ocupado las otras chicas. Cuando pudo alzar la mirada, vio que el hombre de la hierba estaba inclinado sobre ella, con los ojos entrecerrados y los labios finos cubiertos de babas.

—Por tu culpa de tu amigo me he quedado sin compañía esta noche —se quejó, en un tono demasiado alegre como para estar sobrio, tirando todavía más de su muñeca en su dirección—. Así que ahora tendrás que acompañarme tú, ¿eh? Venga, sé buena chica y ven aquí...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 26 Feb - 16:40


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

El suave tacto de unos dedos ajenos rozó su muñeca y se cerró entorno a ella, en un intento de detener lo que estaba haciendo. Acompañado de ese gesto, la voz suplicante de Hayami le pedía que parase. Sin embargo, él no llegó a contestar. Sencillamente continuó con la mirada fija en el ninja que sostenía en vilo contra el dichoso biombo, quien trataba en vano de moverse para poder lograr liberarse; e incluso llegó a ejercer algo más de fuerza sobre el cuello ajeno.

Los murmullos seguían creciendo a su alrededor, pero el cabreo que le había provocado aquel tipejo no hacía más que aislarlo de cualquier sonido… Sin embargo, no lo logró de la presión de los dedos de Hayami. Por unos instantes, el marionetista desvió la mirada para observar de reojo la kunoichi. Fue le expresión de su rostro lo que realmente le convenció para ceder. Tensó la mandíbula con fuerza antes de cortar los hilos de chakra y soltar de golpe al shinobi de la Hierba, que cayó con un golpe al suelo. No se dignó a volver a mirarlo.

—Gracias… —le dijo la muchacha al pasar por su lado, antes de acuclillarse junto al imbécil aquel. No se merece su ayuda después de lo que ha dicho, pensó cerrando los puños con fuerza y echándose a un lado. No podía impedir que, como camarera, ejerciese su labor de atender al cliente… incluso si no se lo merecía.

Kankurō no pudo evitar poner los ojos en blanco al escuchar las disculpas que daba tan apurada. No es su culpa que haya gente tan cretina por el mundo… No debería disculparse. Resignándose y quedándose en silencio, el marionetista se terminó acercando a una de las paredes del local y se apoyó sobre ésta, echando un rápido vistazo alrededor. En varias ocasiones, su mirada oscura se encontró con la del resto de curiosos comensales que se habían girado para saber qué estaba sucediendo, y medio segundo después, parecieron volverse intimidados. Soltó un resoplido a la par que cerraba los ojos. Ya se estaba imaginando lo rápido que se extendería el suceso… Y la bronca que le caería encima de parte de Temari porque no sabía controlar sus impulsos y temperamento.

—Tenga. La casa invita. Disculpe de nuevo por las molestias —nuevamente, la voz de la joven camarera llegó hasta sus oídos. Abrió un ojo para poder observarla e incluso supo antes de nada que era su turno. Por fin podré cenar en condiciones y lejos de este tío… Como siga viéndolo mucho más…

Apenas Hayami se había vuelto en su dirección, perdió el equilibrio y cayó sentada de mala manera por una de las sillas anteriormente ocupada por una de esas muñequitas sumisas que el de la Hierba había traído por acompañante. El tío la había obligado a ello y se estaba acercando peligrosamente a la chica diciéndoles cosas que únicamente le revolvían el estómago y le subían la bilis hasta la garganta.

Fue inmediato. Con la misma rapidez que lo había tomado de la pechera y alzado por el cuello unos minutos antes, Kankurō le propinó un fuerte puñetazo por el lado derecho del cara, mandando al tío de vuelta al suelo y haciendo que soltase la muñeca de la chica.

No te atrevas a ponerle tus sucias manos encima, ¿me oyes? Ni la mires —el tono de voz burlón y graciosillo que normalmente se reflejaba en su voz había desaparecido por completo. Ahora era grave, profundo y amenazador, acompañado de una expresión que a más de uno de los presentes le heló la sangre.

Obteniendo únicamente por respuesta varios insultos acompañados de quejidos, no se esperó a que se levantase. Volvió a tomarlo de la pechera de su uniforme y lo levantó, para después recorrer todo el restaurante en dirección a la puerta. Una vez abierta, empujó al tío a la calles sin miramientos.

Vete a tu Aldea a ser un capullo con los tuyos. Pero en Suna no te atrevas a insultar a mi gente, ni a tocar o mirar a nadie como lo has hecho con Hayami-chan. Porque si no, te juro que te cortaré las manos y te sacaré los ojos, ¿me oyes? —gruñó lanzándole una mirada asesina cargada de odio. Fue tras aquella amenaza que volvió a utilizar sus hilos de chakra. Expertamente, manejó las manos ajenas para que sacasen el monedero que llevaba y se lo pasara. Lo último que iba a hacer sería volver a tocarle. Hurgó en éste, encontrándose que apenas tenía pasta y que lo poco que llevaba no sería suficiente para lo que debía de haber consumido—. Tienes que estar de coña… ¿No tienes dinero para pagar? —en un intento de controlarse y no volver a darle una hostia que lo dejase inconsciente, volvió a apretar la mandíbula y vació el monedero en la palma de su mano antes de lanzárselo de vuelta sin cuidado alguno—. Ahora piérdete de una puta vez. Vete de Suna antes de que te pille otra vez haciendo algo como esto o date por muerto.

Y sin esperar su respuesta, desconectó sus hilos de chakra, entró en el restaurante y cerró la puerta tras él. Caminó de vuelta hacia Hayami, quien parecía haberle seguido unos segundos más tarde. Tomó una de sus manos con suavidad –una que nadie se habría esperado después del espectáculo que había dado– y depositó el dinero del extranjero.

Lo que falte por pagar de su comida, cárgalo a mi cuenta con mi cena —fue lo único que le dijo antes de apartar su mano—. Aunque supongo que primero tendré que cenar, ¿no? —con un suspiro, se llevó la mano a la nuca para frotársela—. Creo que antes de que sucediese nada ibas a darme una mesa… ¿Valen cualquiera de esas? —preguntó señalando las más apartadas. Solo quería sentarse de una maldita vez y poder cenar tranquilo, sin que nadie le molestase.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 26 Feb - 21:17


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XIX. Las cosas que nos unen

La presión que ejercían sus dedos sobre su muñeca era tal que le estaba haciendo daño. Intentó desasirse, tirando en la dirección contraria, pero el hombre tenía más fuerza que ella y logró balancear la silla en su dirección. No..., gimió para sí, horrorizada, notando ya el aliento contra la mejilla. Rebuscó en el uniforme casi por instinto, olvidándose de que los camareros no llevaban kunais ni arma alguna, mientras giraba la cara para tratar de evitar el contacto. Pero no encontraba nada, no conseguía dar con ninguna cosa que...

Sus ojos ya se habían posado en la botella de sake que estaba frente a ellos cuando,de repente, notó otro brusco tirón y la presión se desvaneció. Apartó rápidamente la mano, incorporándose y llevándosela al pecho, al mismo tiempo que el hermano de Gaara se agachaba para recoger al ninja que había derribado segundos antes de un certero puñetazo. Al hombre le sangraba la boca, y no dejaba de murmurar cosas ininteligibles. Kankurō lo levantó en el aire, igual que si fuese un fardo, y lo arrastró consigo hasta la entrada. Hayami lo vio salir con él, cerrando tras de sí con un sonoro portazo que consiguió atraer la atención de todos los comensales. Algunos incluso se pusieron en pie, murmurando cosas y acercándose curiosos hacia las ventanas, tratando de vislumbrar algo de lo que estaba sucediendo en el exterior.

—Eh, oye, ¿estás bien? —le preguntó uno de los camareros, sacándola de su ensimismamiento. La muchacha asintió levemente con la cabeza, todavía con la vista clavada en la puerta cerrada—. Menos mal... Ese hombre ya dio problemas ayer. No sé para qué habrá venido...

Aquello le encendió la bombilla. Un momento, ¿y si se trataba de algún enviado especial de la Villa Oculta de la Hierba? Quizás había ido a Suna para reunirse con Gaara, o... bueno, con quién fuera que estuviese ocupando su lugar en aquellos momentos. Misao había mencionado a Baki, creía recordar, pero... Se mordió los labios, avanzando unos cuantos pasos en dirección a la salida. No quería que el marionetista se buscase problemas con el Consejo por su culpa. No después de que hubiese tenido la gentileza de defenderla de ese tipo...

Estaba ya a punto de asir el mango de la puerta de madera cuando ésta se descorrió de golpe y Kankurō entró de nuevo al restaurante. La joven kunoichi se detuvo de golpe, con los ojos muy abiertos. Parecía muy enfadado, y la verdad... es que daba bastante miedo. De hecho, cuando lo vio acercarse a ella con dos largas zancadas y alargar la mano para coger la suya, no pudo evitar contener la respiración. Sin embargo, para su sorpresa, no hubo ni una pizca de brusquedad en su gesto. Al contrario. Fue casi como si estuviese rozando cristal.

Cuando se apartó de nuevo, agregando que él mismo se haría cargo del resto, Hayami se percató de que le había dejado un puñado de yenes sobre la palma semi abierta. Los observó estupefacta, sin comprender en un inicio, para luego alzar la vista hacia él. ¿Acaso pretendía... pretendía pagar él la cuenta de ese ninja de la Hierba?

—Aunque supongo que primero tendré que cenar, ¿no? —comentó después, con un suspiro cansado—. Creo que antes de que sucediese nada ibas a darme una mesa… ¿Valen cualquiera de esas?

Hayami se limitó a asentir de nuevo, aún demasiado estupefacta como para poder articular palabra. Lo siguió con la mirada mientras él avanzaba por el pasillo, en medio de un silencio sepulcral, y hasta que no le vio tomar asiento en la última de ellas no entendió que estaba esperando a que le sirviese las cartas. Claro, había venido aquí a cenar y... Un rápido vistazo al reloj, más el hecho de que varios hubiesen pedido ya la cuenta —no sabía si por el incidente o por lo tarde que era ya—, le hizo ponerse en movimiento. Recogió dos cartas y las dejó en la mesa del marionetista, junto con otra botella de sake, un vasito y un plato de tonkatsus recién hechos. Cuando el chico alzó las cejas, sorprendido, ella tragó saliva.

Es... Corre de mi cuenta, no se... no te preocupes —aseguró. No sabía muy bien cómo darle las gracias por lo que había hecho antes, así que aquella quizás era una buena manera. Aunque a lo mejor no le apetecía beber eso, ¿no? Lo había escogido porque era lo que pedían la mayoría de los ninjas que acudían por allí, pero... Quizás a él no le gusta. Puedo cambiarlo por otra cosa, si lo prefieres...



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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 27 Feb - 16:29


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XIX. Las cosas que nos unen

Si bien había sido capaz de percibir un rumor cuando había entrado de nuevo al restaurante, tampoco le pasó desapercibido cómo algunos de los comensales habían abandonado su mesa para acercarse a las ventanas que daban a la calle. Seguramente, les había picado la curiosidad por saber cómo acababa esa historia. De hecho, incluso se sobresaltaron y lo miraron sorprendidos ante su abrupta vuelta al interior del restaurante.

Pero el marionetista no les hizo el más mínimo caso. Simplemente se dirigió a la muchacha para darle el dinero y asegurarle que él se encargaría de pagar lo que aquel malnacido les debía. A fin de cuentas, habían servido al shinobi de la Hierba su cena y –probablemente–, las numerosas botellas de sake que parecía haberse bebido. Si el otro no les pagaba, tendrían pérdidas. Además, aun con el enfado que llevaba encima, era consciente del espectáculo que había montado en el interior del restaurante de los Ichijō, quizás eso pudiera considerarse una forma de disculpa.

Como si le hubiera comido la lengua el gato, Hayami únicamente asintió a la pregunta que formuló. No necesitaba más que aquello para dirigirse a una de las mesas y tomar asiento, algo que hizo envuelto en el repentino silencio que su entrada al restaurante había causado. Se dejó caer sobre una de las dos sillas de la mesa, con gesto pesado y agotado. Se pasó las manos por el cabello castaño, desordenándolo mucho más de lo que ya debía llevarlo después de acomodarse y antes de que un par de pulcras cartas fuesen depositadas frente a él. Las tomó y abrió para echar una ojeada a todos los platos que realmente ya se conocía de memoria… Pero por mucho que trataba de concentrarse, lo único que veía era al asqueroso hombre tratando de hacerle algo a Hayami, la forma en que se había acercado a ella y las palabras que había susurrado.

Con la mandíbula aún tensa y apretando la mano libre en un puño, unos segundos después de que le entregase la carta y la abriese para mirar, se sobresaltó ante el movimiento tan cercano. Cuando volvió a la realidad, se percató de la botella de sake y el tonkatsu humeante –y que olía de maravilla–, colocada frente a él, algo extrañado. O bien no había pedido todavía… o bien sufría pérdidas me memoria a corto plazo, porque definitivamente no se acordaba de haberlo hecho.

Por ese motivo, con una aire sorprendido, alzó ambas dejas al mismo tiempo que se volvía hacia Hayami. La muchacha se mantenía completamente quieta a su lado, apretando con fuerza sus manos unidas por delante de su cuerpo, y con una esquiva mirada que apenas coincidía una segundo con la de él.

—Es... Corre de mi cuenta, no se... no te preocupes —confirmó entonces, con suavidad y algo de inseguridad. Vale, debía de admitir que aquello no se lo había esperado para nada. Kankuro volvió a mirar la botella de sake, sin darse cuenta todavía de que no había contestado—. Puedo cambiarlo por otra cosa, si lo prefieres...

Rápidamente, el marionetista negó con la cabeza en un breve gesto, sintiendo como una sonrisa se curvaba en sus labios. Si de Hayami siempre le había llamado la atención de su físico –porque sí, la kunoichi  era muy guapa, algo que había pensado desde que comenzó a conocer a  Misao–, ahora que ya la había empezado a conocer y se mostraba así frente a él, mucho más.

No, no. Es perfecto. Pero no hace falta que corra de tu cuenta, Hayami-chan. De verdad… Si es por lo de antes… —hizo una pequeña pausa volviendo a frotarse la nuca, un gesto que muchas veces indicaba nerviosismo. Se le había cruzado una idea por la cabeza, pero… No, no era el momento para pedirle algo así, teniendo en cuenta lo recién acontecido—. No tienes nada que agradecerme. Ya se estaba comportando como un capullo borracho… Pero ver cómo te ponía la mano encima… —no llegó a terminar la frase e incluso desvió la mirada a la mesa. Un pequeño silencio se instaló entre ellos durante varios segundos. Resultaba algo… extraño la verdad y no le gustaba. Por ese motivo, se obligó a pensar en otra cosa, recobró la sonrisa con más fuerza y recuperó su tono jovial de voz, tan habitual en él—. Bueno, creo que ya tengo decidido lo que quiero… La verdad es que mi apetito ha ido en aumento. Voy a pedir más cosas de las que había pensado —comentó antes de soltar una carcajada y comenzar a decirle más platos de los que una mesa con tres comensales pudiera pedir—. Y creo que ya está.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Mar 27 Feb - 20:18


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Antes de que alargase la mano para retirarlo, Kankurō negó con la cabeza, asegurando que no había problema. La verdad es que, a pesar de la fama de prepotente que tenía, estaba portándose muy bien con ella... No tenía muy claro por qué. Quizás es por Misao. Siempre habla mucho de Kankurō, y los dos parecen llevarse muy bien. A lo mejor solo lo hace porque sabe que soy su amiga porque, después de todo,
éste es el restaurante de su familia...


Aunque así fuese, la verdad es que sentía agradecida igualmente. Misao tenía mucha suerte de contar con personas así, que la valorasen de ese modo. Sin duda, se preocuparía de decírselo en cuanto la viese, como deferencia al marionetista.

—Bueno, creo que ya tengo decidido lo que quiero… La verdad es que mi apetito ha ido en aumento. Voy a pedir más cosas de las que había pensado.

La muchacha asintió enseguida, sacando la libreta del bolsillo del delantal para poder tomarle nota. Seguramente querría un par de platos más, y si se animaba después con algún postre tenía allí mismo la lista que Yuriko le había recomendado. Puede que unos mochis especiales, o el famoso anpan —había visto a Yuriko preparar antes un bol de anko y olía estupendamente—, o quizás unas brochetas de dango con té verde... Empezó a garabatear plato por plato, conforme Kankurō los iba citando en voz alta.

Para cuando finalizó, ya había cambiado dos veces de hoja.

Es... ¿No es mucha comida? —preguntó, un poco cortada, repasando la enorme lista con la mirada—. Las raciones suelen ser bastante grandes...

Había al menos nueve platos distintos... y eso que ni siquiera había cogido la carta de postres. No quería sonar entrometida, desde luego, pero tampoco había podido callarse. Si se come todo esto, seguro que le sienta mal... ¡Es físicamente imposible comer tanto! Incluso su abuelo, que solía comer un montón —de hecho, estaba tan gordo que su padre siempre le reñía por ello—, nunca había pasado de los cuatro platos en el restaurante. Y es que las raciones de Yuriko no eran precisamente escasas...

Al escuchar la respuesta ligeramente indignada del chico, se puso completamente colorada.

No, bueno, es que... no pareces tener pinta de... O sea... Mi abuelo está muy gordo y come mucho, pero tú no pareces...¿De verdad vas a llamarle gordo? Cállate. Cállate ya. Unió los labios, mordiéndose el interior de la mejilla—. Mejor voy a... Ahora te lo traigo, ¿vale?

Antes de que él pudiese decir nada más, dio media vuelta y, tras recoger unos cuantos platos que quedaban en una mesa vacía, se dirigió a la cocina. Para su sorpresa, Yuriko se limitó a reírse cuando su ayudante cantó la comanda en voz alta, totalmente atónito. Prepararon todos los platos, colocándolos por orden sobre la barra, y uno de los camareros tuvo que salir a ayudarla porque apenas le cabían en la bandeja.

Pues... aquí está todo —dijo, antes de empezar a llenar la mesa con los cuencos humeantes. De reojo, vio cómo los ojos oscuros del joven shinobi emitían un brillo emocionado, y no pudo evitar sonreír ligeramente. En serio, tiene un grave problema con la comida. ¡Qué aproveche!


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Miér 28 Feb - 16:41


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—Es... ¿No es mucha comida? Las raciones suelen ser bastante grandes... —por el tono de su voz, Kankurō podía asegurar lo incrédula que se mostraba la joven camarera, que tras terminar de anotar el último de los nueve platos que había pedido, revisaba nuevamente las tres páginas que había escrito en esa pequeña libreta.

Solo con ese simple comentario, el marionetista vio clara su oportunidad de recuperar ese humor que se había rebajado a nada con el incidente y sonrió para sus adentros, de forma traviesa y divertida, incluso antes de decir nada. Alzó una de sus cejas, arqueándola de forma perfecta en lo que se volvía hacia ella, tomando unos segundos en los que aprovechó para escoger sus palabras.

¿Mucha comida? ¿Por quién me tomas? ¿De verdad crees que no soy capaz de terminarme esto? —resopló en un gesto ofendido bastante bien fingido—. Además, ¿en serio piensas que pediría tanta comida para desperdiciarla si no fuese a comérmela? —inquirió cruzándose entonces de brazos y recostándose en el respaldo de la silla.

Tuvo que hacer grandes esfuerzos por no romper a reír a cada palabra que decía, pues la expresión en el rostro de Hayami era un verdadero poema y había cambiado de perpleja a completamente avergonzada, con el rostro iluminado tanto como los manteles carmesí que cubrían todas y cada una de las mesas. Ay… Esto es demasiado divertido. Ponerla en una situación así y verla reaccionar… Puede que sea algo cruel pero, ¡me lo pone demasiado fácil! Es inevitable, lo siento, Hayami-chan.

Lo que realmente terminó por matarle de esa conversación fue su apurada contestación, una en la que tartamudeó unas pocas veces y comentaba algo de que su abuelo estaba muy gordo. Espera, espera, espera… ¿Me está llamando gordo? Inevitablemente, bajó la mirada a su propio cuerpo, con el ceño fruncido de forma pronunciada. Observó su propia tripa e incluso la picó un poco con su dedo índice. ¿De verdad doy la impresión de estar gordo? ¿Será por la ropa? No, es imposible. Mis monos me hacen una figura ideal y resaltan mis brazos.

¿Gord---? —comenzó a decir, sin llegar a tener tiempo para completar la palabra pues la muchacha se disculpó rápidamente y se alejó de la mesa. Auch… Definitivamente, eso sí que ha herido mi orgullo, pensó sin percatarse del puchero que había esbozado en sus labios.

Un buen rato fue el que transcurrió desde que Hayami le dejó solo, a fin de cuentas no eran pocos los platos que había pedido. En ese tiempo, mientras comía con ganas el plato de tonkatsus, el restaurante comenzó a vaciarse poco a poco; el murmullo de las voces fue disminuyendo hasta el punto en el que solo un suave rumor le llegaba desde el otro lado del comedor, donde aún una pareja de enamorados había quedado rezagada, disfrutando del postre.  El marionetista estuvo pensando en muchas cosas: Gaara en el hospital sin despertar, Temari y Baki ejerciendo los deberes como Kazekage en un intento de cubrir al menor, las pocas apariciones que se habían encargado de realizar para que no fuese destacable su larga ausencia y levantase sospechas, las misiones que trataban de encomendar a los equipos disponibles de la forma más adecuada posible… No sé cómo Gaara no se vuelve loco detrás de ese escritorio firmando y supervisando tantísimas cosas. De ser él, probablemente habría colapsado, entre otras razones, porque era un shinobi de acción, el papeleo era algo que hacía más por obligación que por otra cosa. Y hablando de papeleo…. Temari me ha dicho algo de una solicitud con el nombre de Hayami que se aprobó hace unos días…

Tan pronto como el nombre de la muchacha reverberó en su mente como apareció por la puerta con una bandeja, caminando cautelosamente para traer la primera tanda de comida y tratando de no tirar nada. Fue cantando los platos conforme los fue depositando sobre la mesa. Su estómago gruñó deseoso al verse expuesto a todos esos olores tan deliciosos que desprendían y mientras llegaba la segunda tanda, se sirvió otra copa de sake y le dio un pequeño sorbo.

¡Maravilloso! ¡Menudo banquete me voy a pegar! —exclamó con un brillo infantil y emocionado en lo que hacía chascar sus palillos entre sus dedos, mirando a todas partes, tratando de decidirse por cuál empezar—. ¡Muchas gracias, Hayami-chan! —le agradeció feliz de la vida, justo antes de comenzar a devorar su cena.

Saboreó cada uno de los platos frente a él, creyendo alcanzar la gloria a cada bocado que daba. Esto es una buena cena y lo demás son tonterías. Lo siento mucho por Temari… Y aún sigo pensando que Misao debería enseñarle algo… o terminaremos intoxicándonos….

Apenas llevaba la mitad de todo lo que había pedido, que nuevamente la joven camarera apareció con una escoba en la mano para empezar a barrer el suelo. Definitivamente, él era el último cliente de esa noche en el restaurante Ichijō. Y aunque se esforzó por no quedársela mirando, no pudo evitar que en más de una ocasión, la observase de reojo, dándole vueltas a lo de la petición de la que le había hablado Temari. Si era cierto, Misao ya no tendría equipo…


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Vie 2 Mar - 12:21


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

El marionetista se mostró de lo más satisfecho cuando los platos comenzaron a rodearlo. Nada más colocar el último, se lanzó al ataque como si llevase siglos sin probar bocado. Bueno, tampoco es que se le pueda culpar... En el hospital deben de dar una comida horrible. Misao también había adelgazado un poco debido a aquellas dos semanas. No de forma alarmante, claro, pero...

Tras recoger un par de mesas más, volvió a la cocina con los platos vacíos y los depositó junto al fregadero. Yuriko ya estaba ultimando un par de cosas para cerrar la cocina, y algunos de los camareros aprovechaban para picotear algunas sobras ahora que por fin tenían un respiro. Y no era para menos... Llevaban sin parar desde última hora de la tarde, y ella tampoco había podido probar bocado. Por eso, cuando uno de ellos le ofreció el último rollito de primavera de la bandeja, no se resistió a cogerlo. La verdad es que no me extraña que se llene todos los días. Yuriko es la mejor cocinera de Suna.

—Hay que subir unas cuantas cajas del almacén —la escuchó comentar, golpeándose levemente la mejilla con el índice mientras observaba la lista que tenía delante—. Ya no nos queda pan bao, ni tampoco alga wakame.

—Yo voy —se ofreció uno de ellos, apartándose del mostrador.

Hayami tragó los restos de su rollito, antes de limpiarse las manos en el delantal y coger la escoba que guardaban en uno de los armarios altos.

—No hace falta que te quedes hoy, Hayami —le aseguró la mujer, al verla, pero la chica negó enseguida con la cabeza, esbozando una leve sonrisa.

No importa. Ya le había dicho a mi madre que iba a volver un poco más tarde hoy.

Tras salir de nuevo a la sala, empezó a barrer la zona libre. Aprovechó también para pasar un trapo húmedo por las mesas de madera, para eliminar por completo los restos de comida, y colocó las sillas sobre ellas para poder acceder mejor a los rincones. La cantidad de porquería que podía acabar fuera de las mesas sin querer...

Llevaba ya toda la zona de la izquierda cuando, al girarse para retomar el pasillo central, se percató de que Kankurō la estaba mirando. Alzó la cabeza, pensando que querría pedirle algo, pero el chico volvió de nuevo a su comida antes de poder establecer contacto visual. Madre mía... ya se había zampado todo el cuenco de sopa miso —y eso que era de los grandes— y el plato de karēraisu. Solo de pensarlo, notó un ligero calambre en el estómago. Siempre que iba con Kaito al restaurante de los padres de su amiga, se pedían dos platos de karēraisu. La salsa estaba tan rica que acababan chupándose los dedos. Pero ya no... Volvió a barrer, en silencio. Era mejor estar ocupada. Si lo estaba, no le daba vueltas al tema.

No obstante, cuando pilló al chico por tercera vez vuelto hacia ella, decidió acercarse solo por si acaso. A lo mejor quería más salsa, o más sake —aunque la botella era bastante hermosa como para acabársela él solo—, o... A saber.

¿Está todo a tu gusto? —preguntó, tal y como Misao le había explicado que debía hacer de vez en cuando, solo para asegurarse de si algún comensal necesitaba algo.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 3 Mar - 1:40


«You could be loved again»
XIX. Las cosas que nos unen

Sin bajar el ritmo al que comía, degustando felizmente el siguiente plato que se había decidido a comer y acompañado por el suave sonido de la escoba contra el suelo, Kankurō continuó pensando en todo aquello. Recordaba las dos semanas en las que había convivido con el Equipo 3 durante aquella misión en la que se convirtió su líder. A pesar de las discusiones y de la cantidad de veces que tuvo que llamarle la atención al mocoso por tratar mal a Misao, eran un equipo que trabajaba muy bien juntos, se compenetraban a la perfección y, las flaquezas de uno eran compensadas por otro. Algo que también había podido comprobar durante la segunda fase del examen de ascenso jounin al que se habían presentado de forma tan prematura.

Ahora, uno de los miembros había muerto… Y casi logra llevarse por delante a mi hermano, pensó cabreado, llevándose un delicioso trozo de carne a la boca y masticando con más fuerza de lo normal. Se lo tiene merecido… Aunque Hayami y Misao no merezcan sufrir por su muerte. Aunque había tenido más contacto esas dos últimas semanas con Misao que con la ahora camarera… Tan solo tuvo oportunidad de verla a lo lejos durante el funeral, abrazada a su padre y desecha en lágrimas. Aún así, no sabía realmente cómo lo estaba pasando. Con ese pensamiento, echó un ojo a la muchacha por segunda vez.

De alguna manera, ésta parecía percibir cada vez que la observaba de reojo, pues volvió a girar la cabeza hacia él, quien se apresuró en desviar la vista a su comida, evitando que sus miradas se encontrasen.

Con un suspiro, tomó el pequeño vaso de porcelana y se sirvió algo de sake, que se bebió algo de golpe. Seguidamente, hundió sus palillos en el cuenco de arroz, que tenía a medias para comenzar a comérselo de seguido, casi sin respirar. Quizás debería preguntarle… Pero, ¿y si eso es lo que hace que se entristezca? Suelo ser un bocazas pero en situaciones así… no quiero cagarla, la verdad.

Depositó el cuenco de arroz completamente vacío en la mesa antes de dar otro sorbo al sake. No debe ser fácil continuar en un equipo después de lo que les ha pasado… Pero es nuestro deber como ninjas. Sabemos que en cualquier momento podemos caer durante una misión. El marionetista trató de imaginarse años antes, cuando Temari, Gaara y él formaban equipo. Definitivamente, si les llegase a pasar algo, necesitaría una gran fuerza de voluntad para poder continuar...

Y fue esa tercera vez la que finalmente le pilló de lleno mirándola. Notó como sus orejas se ponía coloradas mientras trataba de disimular comiéndose uno de los tres platos –el de pescado– que le quedaba. Pero entonces escuchó sus pasos suaves y ligeros acercarse, igual que su voz preguntarle educadamente al respecto de la cena.

¡Cla-Claro que sí! ¡Siempre! —dijo con cierta torpeza. Y él que siempre había pensado que era bueno disimulando y ahora Hayami le había pillado con las manos en la masa, observándola—. Es imposible que algún plato de aquí no me guste, la verdad. Yuriko es la mejor cocinera de toda Suna —confirma esbozando una sonrisa satisfecha, recuperando un poco la compostura—. Siento estar alargando tanto la hora de cierre y de recogida… Prometo que no tardaré en acabar —la muchacha no tardó en asegurar que no debía preocuparse y se disculpó para dejarle terminar tranquilamente—. Hayami-chan… ¿Cómo… cómo te encuentras? —preguntó finalmente desviando la mirada a su comida. Su tono dejaba entrever la preocupación por ella—. Me he enterado hoy de la petición que hiciste y que ha sido aprobada para ingresar como tutora en la Academia.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Sáb 3 Mar - 16:23


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—¡Cla-Claro que sí! ¡Siempre! —se apresuró a contestar el marionetista, azorado—. Es imposible que algún plato de aquí no me guste, la verdad. Yuriko es la mejor cocinera de toda Suna.

Hayami sonrió, asintiendo con la cabeza. Lo era, desde luego que sí. Y no lo decía solo porque se tratase de la madre de su mejor amiga... Es que, ciertamente, de todos los restaurantes de Suna el suyo era el mejor con diferencia. Lo había más que ver lo lleno que estaba siempre, a pesar de que la economía de los habitantes de la Villa no era para nada voyante y no podían permitirse el lujo de comer fuera con asiduidad.

—Siento estar alargando tanto la hora de cierre y de recogida… Prometo que no tardaré en acabar.

Tranquilo. No pasa nada, tómate tu tiempo. La comida hay que saborearla bien.

Iba a retirarse ya de nuevo para seguir con su tarea cuando escuchó la voz de Kankurō llamándola de nuevo. Se giró hacia él, con las cejas alzadas y la escoba a su espalda, aunque al escuchar su siguiente comentario ésta se le resbaló de las manos, cayendo al suelo con un golpe seco. Se apresuró a agacharse para recogerla, pidiendo perdón en voz baja, y al levantarse no pudo evitar dirigirle una mirada de sorpresa.

¿Él estaba al corriente de su... petición? Sabía que tanto Temari como él estaban implicados con la Academia y, en ocasiones, que hasta habían ejercido de instructores, pero no hasta ese punto. Además... ¿había dicho que se la habían aceptado? Se apartó un mechón del flequillo de la cara y se lo colocó detrás de la oreja, sin saber muy bien qué decir.

—No sabía que ya la habían aprobado... —susurró con franqueza.

No sabía muy bien cómo sentirse al respecto. Por un lado, cuando había comprendido lo que aquello significaba, había sentido un alivio tremendo. Aunque ahora se sentía un tanto avergonzada por ello, porque eso también implicaba que Misao se quedaría definitivamente sin equipo. Seguro que no tardarían en reubicarla, pero... Tragó saliva, aferrando de nuevo la escoba con ambas manos y desviando la vista al suelo, con el ceño ligeramente fruncido.

Es que... después de... de lo de Kaito... y lo de Gaara-sama... —Se mordió los labios—. Nunca fui demasiado buena en la Escuela, ¿sabes? Misao siempre tenía que ayudarme con las técnicas. Hasta Kaito, que nunca estudiaba... lo hacía mejor que lo en los exámenes prácticos. Pero los dos querían ser ninjas, y yo...

Yo quería estar con ellos. Con los dos. Eran mis mejores amigos. Respiró hondo, notando cómo empezaba a temblarle la barbilla. No quería llorar allí, delante de él. Ya había llorado un montón en casa, durante aquellas dos semanas, y... se había sentido de lo más inutil. Porque, aunque llore hasta quedarme sin lágrimas, ¿de qué va a servir eso? No va a traer de vuelta a Kaito. No va a hacer que Gaara-sama se despierte. No va... a cambiar el hecho de que ser ninja implique correr riesgos así.

Eso mismo era lo que le había dicho su madre. Debía seguir adelante, y si no podía hacerlo como ninja debería buscar otro camino. Por eso había echado la solicitud, por mucho que creyese que estaba tomando el camino más fácil. Y seguro que Kankurō, siendo un ninja de élite, pensaba lo mismo. Gaara es su hermano, y de hecho a él también lo atacaron en el proceso... pero no ha renunciado a seguir. Seguro que piensa que soy una cobarde. Sin embargo... se sentía incapaz de volver a enfrentar una situación como aquella. Se sentía incapaz de seguir formando parte de aquello que había acabado con su mejor amigo, que quería ser Kazekage. Que quería declararse a Misao y convertirse en un marionetista digno de admiración. Que había estado a punto de barrer del mapa al mismísimo Gaara, como si con ello quisiese dejar claro que no importaba el rango o el poder de cada cual. Todos los ninjas estaban expuestos al riesgo de morir en cualquier instante, y eso la aterrorizaba. Por ella, por Misao, por su padre...

Qué tonta. Perdona —se disculpó apresuradamente, sorbiendo con energía por la nariz y mordiéndose con fuerza la lengua para no llorar—. No hago más que molestarte mientras cenas. Mejor voy a terminar con esto...

Era muy tarde, como el propio Kankurō ya había señalado antes, y seguro que estaba agotado. ¿No había dicho antes a ese tipo de la Hierba que llevaba un día malísimo? Y ahí estaba ella, entreteniéndole en el único rato que tenía para cenar. Menudo ejemplo de camarera...





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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 4 Mar - 11:11


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La reacción a su pregunta fue inmediata. Escuchó el golpe seco de la escoba cuando cayó al suelo y observó la expresión algo descompuesta de Hayami. Quizás no debería haber comentado nada, volvió a pensar, frunciendo el ceño sin tener muy claro si debía decir algo al respecto. Por un momento, tras que ella recogiese la escoba a la par que se disculpaba, se planteó pedirle que lo olvidase, que no hacía falta que contestase. Y de hecho, llegó a entreabrir los labios para hacerlo, pero finalmente, el incómodo silencio se rompió gracias a ella, quien habló con verdadera inseguridad.

—No sabía que ya la habían aprobado... —dijo en apenas un susurro, desviando la mirada al suelo y agarrando con más fuerza la escoba, logrando que sus nudillos se tornasen blancos.

Vaya… Así que todavía no se lo han confirmado. La verdad es que todo está yendo mucho más lento mientras Gaara sigue en el hospital. Los trámites de todo, el reparto de misiones, la firma de documentos en general, la toma de decisiones. A fin de cuentas, no podían hacer lo que mejor les pareciera desde su punto de vista, sino que debían plantearse lo que habría pasado por la cabeza de su hermano –algo verdaderamente complicado, ya que casi siempre se mostraba inexpresivo y resultaba muy complicado leer–. Dejó escapar un suspiro y sencillamente asintió a modo de confirmación.

No creo que tardes mucho más en recibir la notificación de que ha sido aprobada y las indicaciones y la fecha para cuando empieces —le confirmó apoyando los palillo sobre el pequeño soporte destinado para ello. Había estado jugueteando con ellos entre los dedos, como teniendo intención de continuar comiendo, pero ahora mismo… Temari siempre me dice que es de mala educación seguir comiendo frente a alguien con quien estás hablando y no está sentado a la mesa contigo… Por una vez, haría caso a esos consejos de buen comportamiento de su hermana mayor.

—Es que... después de... de lo de Kaito... y lo de Gaara-sama... —la muchacha hizo una breve pausa, una que dejaba claro a qué se refería y la inseguridad que sentía para continuar hablando. Pero aun así lo hizo—. Nunca fui demasiado buena en la Escuela, ¿sabes? Misao siempre tenía que ayudarme con las técnicas. Hasta Kaito, que nunca estudiaba... lo hacía mejor que yo en los exámenes prácticos. Pero los dos querían ser ninjas, y yo...

Kankurō apretó la mandíbula y desvió la mirada nuevamente hacia la mesa, donde aún tres platos le esperaban para ser consumidos. Tomó la decisión siendo arrastrada por su deseo de continuar con ellos, ¿no? Y ahora que ha visto lo que puede pasarnos de primera mano siendo lo que somos… Era difícil. El marionetista lo sabía. Siendo el hijo del Yondaime Kazekage y el hermano del Godaime Kazekage, había tenido que asistir a todos y cada uno de los funerales y entierros de sus camaradas caídos, algunos a los que conocía por haberse cruzado un par de veces por el pasillo en el edificio del Kazekage o a otros que le eran más afines, buenos shinobis del escuadrón de marionetista o que eran de su generación… Era duro ver los rostros dolidos por la pérdida de un ser querido cada vez, no solo los de la familia, sino también los de compañeros de equipo y amigos de toda la vida.

Cerró los ojos momentáneamente y sin pretenderlo… recordó el funeral del mocoso. No fue tanta gente como en la despedida de un veterano. Adivinó a los padres del muchacho, abrazados en primera fila mientras Baki –en el papel de Gaara–, dio un brevísimo discurso, frío e impersonal (y logrando no dejar entrever ni una sola emoción de odio hacia el difunto por perpetrar un acto de traición contra su hermano pequeño). No muy lejos divisó a Yuriko y Misao, junto a Hayami y su familia. Ambas muchachas habían estado llorando durante todo el acto y él… No tuvo oportunidad de acercarse a hablar con ellas, porque Temari le obligó a regresar de cabeza al hospital, pues aún estaba recuperándose.

—Qué tonta. Perdona. No hago más que molestarte mientras cenas. Mejor voy a terminar con esto... —la voz temblorosa le sacó de sus pensamientos e hizo que volviese a abrir los ojos. El cuerpo de Hayami temblaba ligeramente y daba la impresión que se estaba conteniendo para no echarse a llorar delante de él. Mierda… Definitivamente,  no debía haberle preguntado nada. Solo había logrado devolverle esa expresión devastada.

Cuando la chica hizo mención de alejarse, Kankurō se levantó de golpe de la silla y tomó su muñeca para detenerla, con un toque firme pero gentil. Incluso tiró de ella sin pensarlo para acercarla a él, logrando de esa forma que volviera a soltar la escoba y acabase refugiada contra su pecho.

No eres tonta y no molestas —fue lo primero que dijo con seguridad y con el ceño fruncido—. Solo quería saber cómo estabas, porque a Misao la veo todos los días y no necesito preguntarle para saber la respuesta —se calló unos segundos sin saber muy bien cómo continuar—. No puedo decir que el mocoso fuese santo de mi devoción cuando hicimos aquella misión juntos y mucho menos lo fue después o ahora por todo lo que estamos pasando. Pero… —él tampoco se había dado cuenta del cambio ni del peligro que acechaba. Debió de ser él mismo quien se ocupase de revisar el templo… o al menos haberle acompañado cuando se dividieron. Fue una metedura de pata por su parte como líder de la misión—. Quizás si hubiera enfocado la misión de otra manera, esto no habría pasado. No le habrían metido cosas raras en la cabeza al cabezahueca de vuestro amigo, Gaara no estaría como está y él… —aunque no lo hubiera admitido frente a nadie, sí que se sentía parcialmente culpable por todo—. La vida shinobi es dura. Somos heridos, perdemos gente más a menudo de lo que deberíamos y todo sigue como si nada al final. Siempre lo he sabido y no concibo otra vida que no sea como marionetista de la Arena. De hecho, no creo ser capaz de hacer nada más que eso… —hizo una mueca algo divertida aunque triste, tratando de bromear con lo siguiente que dijo—. En fin, ya has visto lo que he hecho con mi mono y el quitamanchas y en general, cosas cotidianas sé hacer pocas. No creo que me fuese muy bien una vida en la que no sea ninja. Aunque alguna vez me he preguntado cómo sería, la verdad. —notó como Hayami, quien había permanecido inmóvil contra su pecho, completamente en tensión, se había relajado y su cuerpo temblaba ligeramente. Entonces alzó la mirada hacia él, con los ojos brillantes por las lágrimas que parecía estar conteniendo. ¿De verdad iba a lograr que llorase? Definitivamente soy un bocazas de cuidado… Si al final Temari terminará teniendo razón—.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 4 Mar - 15:59


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Nada más darse la vuelta, escuchó el ruido de la silla a su espalda y, de inmediato, algo se ciñó a su muñeca, tirando de ella y obligándola a soltar la escoba de nuevo. Poco después, chocó contra algo oscuro.

Le llevó un par de segundos comprender que se trataba del uniforme de camarero que le había prestado a Kankurō. Sus ojos se abrieron de par en par cuando le escuchó asegurar que no la consideraba ninguna idiota por lo que acababa de contarle, y todavía mucho más cuando empezó a disculparse por no haberse percatado del cambio de Kaito en el País de las Aves. Pero él tenía que coordinarnos a todos, y además infiltrarse en la Aldea sin levantar sospechas para obtener información... Habría sido imposible que se diese cuenta de que Kaito... Tragó saliva cuando notó que la barbilla empezaba a temblarle más y más. No, eran Misao y ella las que deberían haberse dado cuenta de que su amigo no era el de siempre, y haber alertado sobre ello al marionetista. Si solo hubiese hablado con él al respecto... De las dos, ella era la única que estaba verdaderamente al corriente de los sentimientos de Kaito. Pero, en lugar de eso, se había limitado a acosar a Misao en sus ratos libres para que le contase más detalles de su beso con Gaara, y había ignorado por completo al chico esperando que la pataleta se le pasase sola, como otras veces.

—La vida shinobi es dura. Somos heridos, perdemos gente más a menudo de lo que deberíamos y todo sigue como si nada al final. —Aquellas palabras lograron que se encogiese un poco más sobre sí misma. Como si nada... Sí, eso era lo que Misao le había dicho que había ordenado el Alto Mando. Por el bien de la Villa y por el bien de Gaara. Incluso su madre, a su modo, le había dicho algo similar. "Hay que seguir". El problema era que, por mucho que se esforzase en seguir, tal y como todo el mundo quería, seguía viendo sus huecos allá donde iba. El padre de Misao, que siempre salía a ofrecerles el postre del día gratis cuando Kaito y ella iban a comer al restaurante, el propio Kaito, Gaara... Habían formado parte de su vida y ahora, de repente, ya no estaban. ¿Cómo se podía ignorar eso? ¿Cómo se podía seguir adelante sabiendo que ya no volvería a verlos?—. Siempre lo he sabido y no concibo otra vida que no sea como marionetista de la Arena. De hecho, no creo ser capaz de hacer nada más que eso…

Su pecho vibró levemente cuando el moreno rió entre dientes. Continuó hablando sobre su mono y el incidente con el quitamanchas, bromeando sobre la poca destreza que poseía para las tareas domésticas. Sí, no era de extrañar. Su padre también era una desastre en casa, y por eso su madre siempre se ocupaba de todo. Ella había decidido seguir con el negocio de sus padres en el mercado, renunciando a la vía ninja, y Hayami se había preguntado en numerosas ocasiones si ella no debió de hacer lo mismo en su día. Había trabajado muy duro en sus técnicas y había logrado graduarse como chunnin junto a sus amigos, pero... Creí que sería divertido. Que estaríamos juntos, haríamos un montón de misiones y arreglaríamos el mundo. No era ciega. Había visto a shinobis de la Arena regresando de la guerra, con unas heridas brutales que su padre y el resto de curanderos no siempre lograban remediar, pero... Nunca pensé que eso podría pasarnos a nosotros. Pensaba que eso solo podía ocurrirles a los ninjas de élite, los que de verdad aceptaban misiones muy peligrosas.

"Siempre lo he sabido y no concibo otra vida que no sea como marionetista de la Arena". Se separó ligeramente de él, notando ya las lágrimas empapando sus mejillas, para poder mirar a aquellos ojos oscuros. Kankurō era uno de ellos. El mundo shinobi le había arrebatado a su madre, posteriormente a su padre y ahora... Ahora intenta hacer lo mismo con Gaara-sama. Y aún así, él... Sigue adelante. Sigue adelante a pesar de los huecos. ¿Cómo era capaz? Ella no tenía hermanos, así que Misao y Kaito eran lo más parecido a Gaara y Temari que ella podía tener. Y ahora que habían perdido a uno de ellos...

¿Pero por... por qué? —logró articular, con la garganta en un puño. Las lágrimas seguían brotando de forma incontenible—. ¿Por qué... por qué tiene que pasar? ¿Por qué existe gente... que... que... hace tanto daño a...?

Sin embargo, no logró terminar la frase. Se envolvió a sí misma con ambos brazos, dejando que los mechones castaños que sobresalían de la coleta le ocultasen parcialmente el rostro. Los hombros le temblaban con cada sollozo, sin que pudiese hacer nada por controlarlos. ¿Por qué tenía que existir gente como ese hombre? ¿Por qué había querido hacerle eso a Gaara-sama? ¿Y por qué había tenido que escoger precisamente a Kaito? Está mal... Todo eso está mal...

—Hayami.—La voz dulce y amable de Yuriko la obligó a alzar la cabeza de nuevo. La mujer, aún con el delantal sobre el vestido, los observaba a ambos desde la puerta de la cocina. No había reproche en sus ojos, tan similares a los de su amiga, si no todo lo contrario—. Es muy tarde. ¿Por qué no te marchas ya a casa? Yo me encargo de lo que queda.

Se sintió un tanto culpable cuando la escuchó decir eso. Había dicho que ella barrería el restaurante para quitarle trabajo, y al final no había hecho ni una tercera parte de la sala...



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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Dom 4 Mar - 23:13


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Vale, definitivamente la había hecho llorar. Grandes lágrimas caían esos grandes y tristes ojos de la muchacha. Notó un fuerte peso en le pecho y un nudo en la garganta. Culpabilidad. Algo de lo que había dicho había sido el detonante. No era eso lo que había pretendido al preguntarle… Los segundos pasaron y sus miradas continuaron fijas la una en la otra, en completo silencio, hasta que los labios de Hayami, temblorosos, comenzaron a moverse entre hipidos y sollozos.

—¿Pero por... por qué? ¿Por qué... por qué tiene que pasar? ¿Por qué existe gente... que... que... hace tanto daño a...?

Ante esa pregunta, Kankurō apartó la mirada con gesto frustrado. Esa pregunta se la había formulado él mucho tiempo atrás, cuando el propio Gaara era una simple máquina de matar. Él le había temido muchos años a pesar de ser hermanos…. Los tres lo sabían sin necesidad de confesarlo en voz alta. En aquel entonces, se preguntó qué era lo que llevaba a su hermano pequeño a comportarse de esa manera. Lo terminó averiguando y comprendió que cada persona tiene sus propias razones para actuar como lo hace.

No lo sé… —respondió con un apesumbrado suspiro, dejando que su pulgar se deslizase suavemente sobre la muñeca de la muchacha, que no había soltado—. Llevo mucho tiempo preguntándomelo… Y sigo sin encontrar respuesta. Lo único que podemos hacer es plantar cara a esas personas e impedir que se salga con la suya o hacerles pagar por lo que hayan podido hacer.

Finalmente, mientras Hayami se abrazaba a sí misma y temblaba con los labios apretados y los sollozos incontenibles, Yuriko apareció por la puerta del pasillo para decirle con voz dulce y maternal que se marchase ya a casa. Aquella escena tan… familiar hizo que Kankurō notase nuevamente una presión en el pecho, de dolor y melancolía. No recordaba cuándo fue la última vez que su madre llegó a hablarle con tanto cariño como la dueña del restaurante acababa de hacerlo con la mejor amiga de su hija.

Ey… tiene razón. Seguro que ha sido un no parar hoy, ¿verdad? Venga, te acompaño a casa, Hayami-chan —dijo alejando todos esos sentimientos, esbozando una de sus mejores sonrisas para la chica. Soltó su muñeca y con algo de torpeza, trató de secar las lágrimas que caían por sus mejillas. Viendo la inseguridad en su rostro e incluso la perplejidad por ese último gesto, el marionetista suspiró—. Ve a cambiarte y a por tus cosas, anda. Yo te espero aquí…

E incluso después de decir aquello, la kunoichi se mostró algo reacia en un principio. Pero tras insistirle una segunda vez, con cierto gesto culpable por marcharse sin más, despareció por la puerta por la que se había asomado Yuriko.

Yuriko-sama… ¿podrías ponerme para llevar lo que me ha quedado? —preguntó algo avergonzado, señalando los platos de la mesa, que no tardó en tomarlos en sus manos cuando recibió por respuesta una carcajada por aceptación—. ¡Mil gracias! Es que tu comida es un manjar para los dioses —aseguró el muchacho, logrando arrancarle otra sincera risa a la mujer, que se llevaba los platos consigo de vuelta a la cocina.

Minutos más tarde, el shinobi se encontraba recostado en la pared, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y una bolsa de tela colgando en una de sus muñecas con tres fiambreras, mientras sus ojos oscuros se perdían en el techo del local, en lo que esperaba a Hayami.


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