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~ You could be loved again

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~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Lun 24 Abr - 23:04

Recuerdo del primer mensaje :


«It is possible...»
«You could be loved again»


Hacía poco que Sunagakure había encontrado a su nuevo Kazekage. Quizás el más joven que se había visto hasta el momento en ese puesto. Gaara del Desierto, el Jinchūriki que portaba el Bijū de una cola, el temido Shukaku, tenía ese privilegio.

Había logrado alcanzar uno de los sueños que se había propuesto cumplir tras conocer a Naruto durante los Exámenes Chūnin. El joven de grandes ojos azules y cabello rubio alborotado comprendía su dolor, por todo lo que había pasado. Sin embargo, había escogido esforzarse en ser buena persona y hacer ver que podía ser alguien; justo lo contrario a lo que él había hecho: cerrarse sobre sí mismo, perder la esperanza en todo y todos, dejando que el odio le carcomiese por dentro, consumiéndole. Pero le había abierto los ojos con su amabilidad y el esfuerzo, con esa sonrisa que le mostró incluso después del enfrentamiento que los había dejado a ambos agotados y casi destrozados. Le debía mucho… Pero no solo a él. Sino a todas aquellas personas a las que había causado dolor y agonía cuando no era capaz de controlar a Shukaku en su interior.

Por supuesto, aún quedaban personas reticente a ese cambio. No les gustaba que alguien que albergaba a un poderoso Bijū estuviera al mando, que fuera el responsable de su seguridad. De hecho, mucho de los ninjas que conformaban el cuerpo de Sunagakure también dudaban de que aquello hubiera sido la elección acertada. Gaara era consciente de que, a pesar de haberse convertido en Kazekage, aún debía ganarse la confianza de su pueblo. Y lo haría.

No aspiraba más que a la aceptación. No esperaba tampoco que pudiera llegar a interesarle a nadie de otra forma diferente a una relación laboral… O fraternal. Ni siquiera creía que el mismo pudiera desarrollar sentimientos por otra persona más lejos de eso. Sin embargo, se sorprendería de ello cuando Misao, la hija de uno de los miembros del Consejo, que se encontraría reunido, irrumpiese repentinamente con el único objetivo de traerle unos documentos a su padre. El resto de miembros vería aquello con malos ojos pero el joven pelirrojo, sencillamente, le quitaría importancia.

Avergonzada por lo sucedido, la joven se presentaría después en su despacho para pedir disculpas educadamente, momento en el que esta curiosa historia daría comienzo.


«PERSONAJES»
«17 años の Kazekage の Carrie_B»
«Gaara del Desierto»

«17 años の Ninja の SapphireDragon»
«Ichijō Misao»


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Última edición por SapphireDragon el Mar 3 Abr - 12:52, editado 3 veces


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 31 Mar - 2:21


«You could be loved again»
XXI. Feliz cumpleaños.

Aquella no era la primera vez que presenciaba una escena tan fraternal entre los tres hermanos de la Arena, ni mucho menos. Aunque sí era cierto que ninguna de ellas había sido tan feliz como la de ese mismo instante, pues la mayoría de ellas habían estado ligadas al par de veces que el pelirrojo había estado ingresado en el hospital o en casa reposando. A pesar de las reticencias que había tenido al preguntar por el permiso de los mayores y, a pesar de la inseguridad de Temari antes de acceder a aquella celebración, estaba claro que todo había merecido la pena.

No había más que fijarse en las expresiones de sus rostros: la sonrisa de orgullo de Temari, pincelada con claros toques de cariño fraternal e incondicional hacia sus dos hermanos pequeños y la efusividad del abrazo de Kankurō que, aunque había metido un poco la pata con el cartel, lo había hecho con buenas intenciones y queriendo hacer algo especial para Gaara.

Puede que su padre le hubiera rechazado en el pasado. Puede que su madre le hubiera maldecido el mismo día de su nacimiento, pero estaba segura de que cambiarían de parecer si le pudieran ver ahora, en lo que se había convertido y todo lo que estaba logrando. Además, tenía a Kankurō y Temari con él. Aunque pequeña, esa era su familia y lo aceptaban tal y como era, lo apoyaban más que ninguna otra persona.

Esos eran todos los pensamientos que cruzaban la mente de Misao mientras contemplaba el abrazo de los tres. Fue cuando se separaron que sus miradas aguamarina y violeta volvieron a encontrarse. Ella le sonrió radiante y asintiendo en un único gesto, obteniendo una de las pequeñas sonrisas suyas por respuesta. Debería sonreír así más a menudo… pensó inevitablemente, ya con la intención de felicitarle ella también. Sin embargo, apenas hizo además de entreabrir los labios para pronunciar las dos palabras mágicas, que los brazos del pelirrojo la rodearon repentinamente y con fuerza.

Los redondos ojos de Misao se abrieron de par en par, mientras el calor ascendía hasta su rostro, encendiendo no solo sus mejillas, sino también sus orejas graciosamente. Su pulso se había disparado y se quedó los primeros segundos completamente paralizada. La calidez del muchacho la envolvía y era capaz de percibir el aroma del gel y el champú que acababa de utilizar… uno que conocía demasiado bien desde aquella única noche que habían dormido juntos en su habitación. Huele a él… pensó en su fuero interno, habiendo olvidado por completo que los dos mayores seguían ahí, observándoles. Olvidando por completo todo lo que no fuese ellos dos en esos precisos instantes.

Unos pocos segundos transcurrieron antes de que la kunoichi se viese capaz de reaccionar: sus brazos se alzaron finalmente para corresponder el abrazo, mientras la sonrisa de su rostro parecía no dejar de crecer. Apoyó la frente en su pecho, cerrando los ojos unos segundos, disfrutando del momento. Pero no tardó mucho más en volver a abrirlos y alzar la mirada hacia su rostro. Posó una mano sobre su mejilla, antes de ponerse de puntillas y dejar un suave beso en la otra.

Feliz cumpleaños, Gaara… —musitó con cariño, ladeando la cabeza—. Mi persona más importante… —añadió sonrojándose un poco más (si es que era posible), aunque sin ocultarse. Era una forma de recordar lo que él le había dicho al confesarse aquel día en la enfermería del estadio, después de la tercera prueba del examen jounin. El momento era tan íntimo y perfecto como aquel…

… Al menos hasta que escuchó no muy lejos de ella el carraspeo de alguien. De Temari, quien se había cruzado de brazos y los miraba con una ceja alzada. Como un resorte, Misao se apartó de Gaara, muy apurada y sin pensar. ¿Cómo podía haberse olvidado de ellos…? ¡Por el Cielo! Qué vergüenza… Aunque le hubiera gustado permanecer un poco más de esa forma, abrazados como lo estaban.

La carcajada de Kankurō solo logró confirmar lo tonta que debería haber parecido al sobresaltarse y volver a la realidad.

Menuda parejita de enamorados tenemos… Parece mentira que ese sea nuestro hermanito. Se nos hace mayor incluso para el tema de las chicas, ¿verdad, Temari? —comentó con sorna el marionetista, antes de volver a acercarse a ellos y ponerle una mano en el hombro al pelirrojo—. Sentimos haber interrumpido peeeeeero… La comida nos espera. Esta tarde ya podréis hacer lo que os plazca los dos solitos… —y tras decir aquello, se colocó tras él y comenzó a guiarle hasta la mesa sin esfuerzo alguno para sentarle en uno de los sitios.

Lo que quiere decir Kankurō con eso es que, después de comer, nosotros tendremos que volver al trabajo. Nos pusimos de acuerdo con Baki para que hoy tú no tuvieras que encargarte de nada y puedas disfrutar del cumpleaños —explicó Temari mientras se acercaba a la mesa también y se sentaba enfrente de sus dos hermanos, dejando un sitio libre a su lado para la joven Ichijō—. Ahora, vamos a comer o algunas cosas se quedarán frías.

¡Al fin! Me moría de hambre. Y encima los manjares de las Ichijō. ¡Esto sí que es una comida de cumpleaños! —exclamó Kankurō sin pensar, antes de recibir una patada por debajo de la mesa de parte de su hermana mayor, lo que le arrancó un quejido de dolor.

Misao alzó ambas cejas, mirando a ambos. Si es que no piensa cuando hay comida de por medio… Normal que Temari se enfade con él. Con una pequeña sonrisa debida a la situación, separó cuidadosamente los palillos.

¡Itadakimasu! —exclamó junto al resto de comensales, finalmente los cuatro a la vez, justo antes de comenzar a comer sin más dilación.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Lun 2 Abr - 19:16


«You could be loved again»
XXI. Feliz cumpleaños.

Tras unos breves instantes, los brazos de Misao rodearon su cuerpo a la par que enterraba el rostro contra su túnica de kage. Podía percibir su calor incluso a través de la ropa, y el leve perfume floral que desprendía y que se mezclaba con el que ya impregnaba el ambiente. Nunca dejaba de sorprenderle la sensación de paz que parecía invadir cada rincón de su cuerpo en momentos como aquel, como si todo lo demás quedase en un segundo plano solo para ceder protagonismo a los pequeños gestos. Los latidos rápidos de su corazón, sus dedos cerrándose sobre la tela blanca a su espalda, el tono dulce de su voz, las cosquillas de su aliento sobre su mejilla...

—Menuda parejita de enamorados tenemos… —murmuró Kankurō, soltando una risita burlona. Misao se apartó un poco de él, roja como un tomate, y Gaara la observó sin comprender. ¿Por qué se ha...?—. Parece mentira que ese sea nuestro hermanito. Se nos hace mayor incluso para el tema de las chicas, ¿verdad, Temari?

El marionetista apoyó su mano en su hombro con camaradería, antes de empujarle hacia la mesa que habían estado preparando. El olor se hizo más intenso conforme se acercaron, y de un primer vistazo logró identificar al menos cinco variedades de platos distintos. Verduras en tempura, pescado, cerdo, fideos... Todo tenía un aspecto estupendo, y seguramente les habría llevado varias horas en la cocina. Además... ¿han hablado con Baki sobre esto? La noticia de que serían ellos los que se encargasen de finalizar el trabajo que le quedaba pendiente para ese día lo pilló completamente por sorpresa. Abrió la boca para decir que no era necesario —realmente, había BASTANTES cosas por hacer y sus hermanos ya tenían sus propias tareas asignadas como para encargarse de todo eso—, pero Temari alzó el dedo índice frente a su rostro antes de que pudiese decir ni una sola palabra, frunciendo el ceño.

No es discutible —informó, justo después de que Kankurō emitiese un quejido de dolor y la fulminase con la mirada—. Y, ahora sí... ¡a comer!

Todo resultó estar tan delicioso como aparentaba. Kankurō se las arregló para terminar absolutamente todo lo que iba quedando en los platos, y para cuando terminaron de comer tenía el estómago tan lleno que incluso se le apreciaba a través de la ropa oscura. No obstante, cuando vio que Misao se levantaba de nuevo a la cocina, se colocó recto sobre su asiento y esbozó una sonrisa de oreja a oreja.

Tranquilo, Gaara. Si tú no puedes con todo, yo me encargo.

¿...?

Kankurō... —advirtió Temari, dejando el vaso sobre la mesa y frunciendo el ceño.

Era una broma, mujer... No se puede decir nada, ¿eh? Hay que ver... —se quejó el marionetista, encogiéndose de hombros, aunque permaneció en completo silencio hasta que las luces del salón se apagaron repentinamente.

Gaara miró hacia arriba, al tiempo que Temari se ponía en pie. ¿Se han ido las luces? A veces, cuando había tormentas de arena muy fuertes, sucedía, pero siempre solía ser en plena noche. Además, el día estaba bastante despejado, así que a lo mejor se debía a algún fallo en el sistema de energía, o...

Las luces...

Mira detrás de ti, Gaara.

El joven pelirrojo observó a su hermana, confuso, antes de hacer lo que ella le había pedido. Al principio no vio nada, pero pocos segundos después Misao abandonó la cocina con algo brillante entre las manos. La luz de 18 velas titiló al chocar contra las paredes, conformando sombras extrañas que iluminaron parte del salón, mientras la joven kunoichi se aproximaba a la mesa con cuidado. Gaara la siguió con la mirada, con los ojos muy abiertos y el desconcierto presente de nuevo en el rostro, hasta que finalmente ella la depositó frente a él con una radiante sonrisa.

Era una tarta blanca, rodeada de algo que parecía arena, y totalmente cubierta de velas.

Su tarta. Su primera tarta en dieciocho años. La observó desde su posición, atónito, desde los finos y sencillos adornos hasta las llamas que se agitaban en lo alto, como si fuese la primera vez que observaba una. Al ver que no reaccionaba, Kankurō se aproximó hasta acuclillarse junto a él.

Ahora tienes que soplar, ¿sabes? O se derretirá todo —le chivó, en voz baja.

Gaara lo miró brevemente, aún un poco inseguro, antes de volver la vista hacia el pastel. Sí, les había visto soplar las velas en sus cumpleaños, y si ninguna se quedaba encendida significaba que el deseo que habían pedido iba a terminar por cumplirse. O, al menos, eso era lo que le habían explicado la primera vez que les había preguntado al respecto.

Acuérdate del deseo —musitó Temari, guiñándole un ojo, cuando lo vio aproximarse un poco a la mesa.

Eh... sí.

Un deseo... Se quedó unos segundos quieto, observando el baile de sombras y pensando al respecto. Cuando finalmente lo tuvo en mente cogió aire, cerró los ojos y sopló. Una a una, las pequeñas llamas se fueron extinguiendo y siendo sustituidas por finas columnas de humo que serpenteaba en el aire. Sin embargo, cuando finalmente volvió a abrirlos, todavía quedaba un punto brillante en la zona más alejada de la tarta. No se han... apagado...


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Mar 3 Abr - 15:18


«You could be loved again»
XXI. Feliz cumpleaños.

Por la expresión en su rostro al escuchar a su hermana, Gaara no parecía muy conforme con eso de relegar todo su trabajo –que posiblemente incluía el que había quedado atrasado a pesar de todo lo que Baki había hecho– a ellos dos. Sin embargo, Temari logró callarle con un simple gesto y unas palabras algo autoritarias antes de ponerse a comer.

Disfrutaron de la comida que Yuriko y Misao habían estado preparando desde primera hora de la mañana. Habían tratado que fuese algo variado y no resultase tampoco muy pesado. También habían intentado estimar cuánta cantidad tendrían que cocinar, teniendo en cuenta el inmenso agujero negro que suponía el estómago de Kankurō. Fue precisamente por eso, cuando sirvieron todo en la mesa antes de la llegada de Gaara al comedor, que la kunoichi dudó acerca de la cantidad. Incluso con el marionetista ahí, le parecía que quizás se habían pasado un poco… No obstante, quedó claro que no era así, pues al terminar, todos y cada uno de los platos estaban verdaderamente relucientes.

La verdad es que me he quedado bastante llena, pensó con una sonrisa dibujada en los labios, observando a los otros tres comensales, que parecían verdaderamente satisfechos. Aunque siempre hay hueco para el postre… O eso espero al menos.

Voy a quitar algunas de las cosas para que podamos movernos. Ahora vuelvo —comentó tras unos pocos minutos de reposo, incorporándose y comenzando a apilar varios de los platos centrales. Los dispuso a su vez en la bandeja que antes había utilizado para llevar todo allí. Y antes de alejarse hacia la cocina, intercambió una mirada cómplice con Temari, quien pareció asentir levemente.

Dejó momentáneamente a los hermanos solos, escuchando un comentario que podría haber chafado la sorpresa de no ser porque Gaara no solía comprender muy bien esas cosas. Es un bocazas… resopló para sus adentros mientras colocaba cuidadosamente dieciocho velas sobre la superficie de la tarta de limón, que acababa de sacar de la caja en la que la había traído. Después las encendió con una cerilla, antes de apresurarse a acercarse a la puerta. Junto a ella, por la parte externa, se encontraba el interruptor de la luz tanto para la cocina como para el comedor, con un rápido gesto las apagó, antes de regresar a por el luminoso postre, tomarlo entre sus manos y dirigirse hacia el salón.

Allí se encontró con unos sonrientes Temari y Kankurō y un Gaara vuelto en su dirección, con sus ojos aguamarina abiertos como platos, observando verdaderamente desconcertado lo que colocaba sobre la mesa frente a él.

Por unos instantes, los tres no cumpleañeros se quedaron en completo silencio, observando la escena y sin poder dejar de sonreír. Hasta que el marionetista se inclinó ligeramente junto a su hermano y Misao creyó escuchar lo que le decía con un divertido gesto: “Ahora tienes que soplar, ¿sabes? O se derretirá todo”.

Acuérdate del deseo —añadió Temari a su vez, con voz cariñosa.

Es verdad… debe pedir un deseo… Misao ladeó la cabeza desde su lado de la mesa, enfrente de él, sin ser capaz de apartar la mirada del pelirrojo, quien ahora parecía concentrado en escoger su deseo cuidadosamente. Cuando le vio inclinarse, no pudo evitar preguntarse qué sería lo que finalmente había escogido… Aunque ese pensamiento quedó relegado al olvido al percatarse de que una de las velas había quedado encendida justo en la porción más alejada de él. Pero lo que realmente le llamó la atención fue esa desilusión e incluso ese miedo por lo que implicaba eso. Piensa que no se va a cumplir…

Y sin pararse a pensar, colocó su cabello tras sus pequeñas orejas, antes de inclinarse y soplar ella misma para apagar de esa forma la última vela que quedaba encendida. A penas un segundo después, Misao alzó la mirada de la tarta a Gaara, encontrándose con sus ojos, ligeramente sorprendidos y con la boca entreabierta. Sin poder evitar el sonrojo, le dedicó la sonrisa que siempre guardaba para él y que, esa vez, incluía una promesa. Sea lo que sea lo que hayas deseado, Gaara, me esforzaré para lograr que se cumpla. Estoy contigo...

Apenas unos segundos después, se escucharon un pequeño aplauso de los dos mayores, quienes no dudaron en volver a felicitarle y tener algún que otro gesto cariñoso con él.

¡Tarta, tarta, tarta! ¡Yo quiero tarta! —comenzó a canturrear Kankurō con la mirada puesta en el dulce y expresión golosa.

Pues te vas a esperar, porque primero quiero que le demos los regalos. Así que aguántate —le reprochó su hermana con el ceño fruncido y cruzando los brazos—. Además, no sé cómo puedes tener ganas de seguir comiendo. Prácticamente la mitad de lo que había en la mesa te lo has zampado tu solo…  —resopló rodando los ojos, antes de relajar el gesto y volverse hacia uno de los pequeños armarios que decoraban la habitación. De ahí, sacó una bolsa que le entregó al marionetista, otra de menor tamaño que le pasó a Misao y una pequeña cajita con un discreto lazo que ella misma colocó frente a Gaara—. No es nada comparado con lo que me regalasteis Kank y tú por mi cumpleaños… Pero espero que te guste. Y no me pongas esa cara, hombre —añadió rápidamente al ver una nueva expresión perpleja en su rostro—. En todos los cumpleaños hay regalos, así que acostúmbrate.

Durante los siguientes minutos, Gaara se dedicó a abrir los regalos de sus hermanos: En la misteriosa cajita, Temari había incluido al menos cinco sobres con lo que parecían ser cinco variedades distintas y bastantes raras de cactus. Por su parte, el paquete de Kankurō resultó ser un estuche de viaje con varias dosis de antídotos que él mismo había preparado para los venenos más comunes. Por una vez en bastante tiempo, la felicidad y la ilusión –así como sorpresa– era lo que más se estaba reflejando en las facciones del normalmente imperturbable rostro del pelirrojo.

¡Bueno, bueno! Ahora queda el regalo de tu novia, eh, Gaara —comentó Kankurō alzando varias veces las cejas en un típico gesto suyo, dándole un suave codazo en el costado y logrando que la propia Misao se ruborizase a más no poder.

¿De verdad tiene que hacerme eso siempre? se preguntó tontamente mientras sacaba de la bolsa un paquete fino y rectangular, y se lo tendía junto a una bolsita de tela pequeña y ligera.

Espero… Espero que te guste. Lo mío tampoco es gran cosa, pero… —musitó mientras escuchaba el papel siendo rasgado, comenzando a adivinarse un fino marco que protegía un dibujo que ella misma había hecho.



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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Miér 4 Abr - 20:50


«You could be loved again»
XXI. Feliz cumpleaños.

Su mirada todavía estaba clavada en la única vela encendida cuando, inesperadamente, ésta se apagó. Gaara observó estupefacto la fina columna de humo que se retorció en el aire, en el lugar donde antes había estado danzando la llama, para después encontrarse con la sonrisa gentil de Misao. Se contemplaron durante unos breves segundos, antes de que la voz de Kankurō los sobresaltase, obligándoles a apartar la vista.

Pues te vas a esperar, porque primero quiero que le demos los regalos —estaba diciendo Temari, mientras se ponía en pie y cruzaba los brazos con seriedad—. Así que aguántate.

¿También... regalos?, pensó, anonadado, conforme su hermana se acercaba a uno de los armarios y extraía tres paquetes envueltos de diferentes tamaños. Al volver a la mesa vio cómo los repartía entre Misao y Kankurō, antes de tenderle el último a él. Era una caja pequeña y cuadrada, como de cartón, con un pequeño cordel que terminaba a modo de lazada en una esquina.

No es nada comparado con lo que me regalasteis Kank y tú por mi cumpleaños… —se excusó cuando Gaara cogió al fin la cajita—. Pero espero que te guste.

Eh... es-está bien.

No podía evitar sentirse un poco nervioso. Nunca antes había recibido un regalo... y no esperaba que aquel día fuese distinto. De hecho, no era algo que hubiese echado especialmente de menos hasta el momento, ni siquiera cuando era niño. No había asistido a los cumpleaños de sus hermanos, así que no sabía que aquello era lo habitual en celebraciones como ésas. Pero, ahora que lo tenía entre las manos, debía admitir que le provocaba curiosidad. Misao le había explicado la última vez que los regalos debían significar algo para la persona, así que lo que había detrás de esa cajita debía de significar algo que le unía a su hermana, ¿no?

Sintiéndose un poco cohibido —ya se había acostumbrado a que la gente lo mirase cuando debía dar los discursos en su papel de Kazekage, pero aquello era... más personal. Y que Kankurō no dejase de observarlo con esa sonrisilla en la cara no ayudaba en absoluto—, desprendió el cordel y apartó la tapa, dejando al descubierto un conjunto de sobres etiquetados a mano similares a los que solían utilizar en el invernadero de Suna. Cada una de ellas hacía referencia a una variedad distinta de cactus: el Cephalocereus senilis, que florecía únicamente por las noches y que estaba cubierto de un finísimo pelo blanco que enmascaraba las púas; el Gymnocalycium mihanovichii, con sus coloridos bulbos superiores... y otros tres más que únicamente había conseguido ver a través de sus libros. ¿Cómo los ha conseguido? En los invernaderos únicamente se trabajaban plantas que no eran autóctonas del desierto, pero esas variedades tampoco eran sencillas de encontrar en estado salvaje...

Apenas había tenido tiempo de agradecerle el regalo a Temari cuando su hermano le plantó el suyo prácticamente en las narices. También era una caja cuadrada, aunque no estaba envuelta y no era de cartón, si no de un material similar al cuero endurecido. Cuando la abrió, descubrió varias ampollas de cristal cuidadosamente ordenadas y fijadas a la pared de tela con más tiras de cuero.

Es un botiquín de antídotos —le explicó, muy orgulloso—. Tiene los principales antídotos para el 95% de los venenos más comunes. Son intravenosos, pero el propio vial lleva incorporada una aguja para poder inyectarlos. No es que vayas a necesitarlos con la arena, pero... bueno, que nunca se sabe.

El moreno se frotó la nariz, poniéndose un poco colorado, y Gaara sonrió. A Kankurō siempre se le habían dado muy bien esas cosas, desde que era pequeño, y por lo que sabía actualmente era capaz de preparar antídotos para casi cualquier cosa. El Escuadrón de Marionetistas había desarrollado un montón de armas nuevas gracias a él, y estaban siendo muy útiles para muchas misiones que resultarían demasiado peligrosas para enfrentamientos cuerpo a cuerpo.

Aún estaba leyendo los letreros que rezaba cada vial cuando el marionetista alzó de nuevo la voz, instando a Misao a darle su regalo. Vaya... ¿Ella también? Pensaba que la fiesta en sí ya había sido suficiente, porque según lo que le había explicado había sido idea suya, pero al parecer se equivocaba. Con un ligero temblor, las manos de la joven kunoichi le tendieron un paquete fino y rectangular, más grande y más plato que los de sus hermanos, junto con una pequeña bolsita de tela oscura. Gaara los observó a ambos, sin saber muy bien por cuál debía empezar, y como Kankurō no dejaba de meterle prisa al final se decidió a rasgar el primero de ellos.

Lo primero que vio al otro lado del cristal fue su propio rostro. ¿Soy... yo? Y, justo a su lado, Temari y Kankurō esbozaban sendas sonrisas dibujadas a lapicero, con una precisión increíble. No recordaba haberse hecho nunca una foto así, pero ahora al verla no pudo evitar pensar que era mucho mejor que la que tenía sobre la mesilla de noche. Ésa de la que su hermano siempre se quejaba porque no había sonreído lo suficiente. Pero aquí sonreímos los tres...

¡Eh, mira! —Kankurō se aproximó y se apoyó sobre su hombro para poder ver mejor—. Está claro que Misao ha sabido captar mi atractivo a la perfección.

Temari también se acercó por el otro lado, curiosa.

Vaya, Misao... No sabía que eras tan buena dibujando —la elogió, apartándose un mechón rubio de la frente y llevándose la mano a la cintura—. Tendremos que buscarle un buen sitio, ¿no, Gaara?

—asintió, recorriendo la imagen una vez más antes de alzar la cabeza para sonreírle. Era un regalo muy bueno. De hecho, no concebía que se le hubiese podido ocurrir nada mejor—. Gracias, Misao.

Oye, que aún queda esto.

Kankurō agitó la bolsita oscura en el aire, haciendo que, sin querer, su contenido resbalase y terminase entre las manos de su hermano menor. Era una pulsera de tela, similar a la que ella solía llevar, con los colores azul y violeta trenzados entre sí. Al verlo abrió mucho los ojos, antes de alzar de nuevo la vista buscando la de ella. Recordaba lo que le había explicado sobre aquella pulsera la primera vez que habían hablado sobre su amiga, y ahora... ¿Me ha hecho una a mí?

¿Una pulsera? —inquirió el marionetista, frunciendo el ceño.

—No es... bueno... no es gran cosa, pero... —Misao se puso aún más colorada, mesándose un mechón de pelo y apartando rápidamente la mirada hacia un lado—. N-no tienes por qué llevarla si no quieres, puedo buscar otra co...

No —contestó rápidamente. Volvió a contemplarla, resaltando sobre la piel pálida de su palma, antes de cerrar los dedos lentamente sobre ella—. Es bonita. Ya te lo dije.

Y lo pensaba de verdad. Le había gustado no solo la pulsera, si no todo lo que la rodeaba. Lo que para Misao había implicado llevarla, y si eso significaba que para él también tenía ese significado... Está bien. Entonces no voy a quitármela.

Bueno —dijo Temari, al cabo de unos segundos mirándolos a ambos—, nosotros tenemos que irnos ya.

¿Qué dices? ¡Pero si aún no nos hemos comido la tar...! —empezó a protestar el moreno, antes de que mirada asesina de su hermana lo hiciese comprender—. A-ah... claro, claro, esto... Nos vamos ya. Hay mucho trabajo que hacer.

Gaara alzó la mirada, sin comprender, y Temari se apresuró a sacudir la mano mientras Kankurō se calzaba.

Guardadnos un trozo, ¿vale? —se despidió, antes de calzarse ella también y recoger el abanico que había dejado apoyado en un rincón—. Nos vemos luego. Disfruta de tu cumpleaños.

... vale... —respondió, un tanto inseguro, antes de que ambos abandonasen la vivienda entre cuchicheos que no llegaron a escuchar.


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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por SapphireDragon el Jue 5 Abr - 22:51


«You could be loved again»
XXI. Feliz cumpleaños.

Con Kankurō prácticamente encima de él, insistiendo de manera cansina en que se apresurase a abrir el último regalo, Gaara terminó de apartar los fragmentos del colorido papel de envolver ya rasgado, descubriendo finalmente el retrato.

¡Eh, mira! Está claro que Misao ha sabido captar mi atractivo a la perfección —soltó el marionetista con una sonrisa de oreja a oreja, verdaderamente encantado por cómo había logrado plasmarle.

Vaya, Misao... No sabía que eras tan buena dibujando —Temari se había acercado también a sus hermanos y se había inclinado ligeramente para ver más de cerca el dibujo. Con ese comentario, Misao no pudo sino sentir sus mejillas encendidas nuevamente mientras desviaba la mirada a un lado durante unos segundos.

Era cierto… Muy pocas personas sabían que la joven kunoichi tenía cierto don para el dibujo. Probablemente, solo sus padres y Hayami eran conscientes de ello. De hecho, Yuriko siempre decía que era algo que había heredado de su abuela paterna, porque su padre había sido siempre un verdadero negado cuando tomaba entre sus dedos un lápiz, pincel o pluma. Además, habían pasado muchos años desde la última vez que se había sentado en la mesa de su cuarto a dibujar, probablemente desde que ingresó en la Academia. A raíz de eso, entre las tareas, estudiar y ayudar en el restaurante, el poco tiempo libre que le quedaba solía emplearlo para salir con sus dos mejores amigos a dar una vuelta por la Villa o a practicar.

Tras esos breves instantes absorta en sus pensamientos, Misao volvió a la realidad y alzó la vista hacia el pelirrojo, justo en el preciso instante en el que le daba las gracias. Negó con la cabeza, esbozando una tímida sonrisa, aún con el rubor iluminando su rostro. Sin embargo, ésta se borró tan pronto como vio al hermano mayor del cumpleañero agitando alegremente la bolsita de tela que quedaba de su regalo. Entreabrió los labios para pedirle que tuviera cuidado… Aunque realmente no fuese algo frágil, no quería que terminase cayéndose al suelo o encima de la tarta que continuaba justo enfrente de ellos.

Fue entonces cuando la pulsera trenzada de tonalidades violáceas y azules se escapó y cayó directamente sobre las finas y pálidas manos de Gaara. Durante unos segundos reinó el silencio, en el cual, nuevamente la mirada de ambos se encontró. Él estaba completamente anonadado por algo tan simple como ese detalle y ella… ella no sabía si había hecho bien.

A fin de cuentas, la única pulsera que había llevado consigo era el símbolo que continuaba uniéndola a aquella niña de grandes ojos oscuros que una vez fue su mejor amiga y quien fue una de las muchas víctimas del ataque del Ichibi más de una década atrás. Había temido que, en vez de verlo como un símbolo nuevo para ellos dos –tal y como ella deseaba–, fuesen los recuerdos del pasado lo que primero rememorase… Y aquello era lo último que deseaba.

No es... bueno... no es gran cosa, pero... —musitó verdaderamente nerviosa, tras la pregunta extrañada de Kankurō—. N-no tienes por qué llevarla si no quieres, puedo buscar otra co... —continuó diciendo antes de ser interrumpida súbitamente.

—No. Es bonita. Ya te lo dije —dijo con simpleza Gaara, quien ahora había posado nuevamente sus ojos en el pequeño detalle.

Entonces… ¿Entonces le ha gustado? se mordió con suavidad el labio, mientras introducía una de sus manos en el bolsillo de su ropa, para sacar una fina pulsera idéntica a la que Gaara continuaba observando.

No fue mucho más tarde que Temari anunciase su vuelta al trabajo. El marionetista comenzó a quejarse tan pronto como escuchó a su hermana, pero se cortó repentinamente y sin motivo alguno. Misao quiso detenerles pues, aunque ya le habían dado la sorpresa, hecho soplar la tarta y entregado los regalos… Aún no habían tenido oportunidad de probar el dulce que continuaba coronado por las dieciocho velas. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, vio desaparecer a los dos mayores por la puerta.

Finalmente, la pareja volvió a quedarse a solar y en completo silencio. ¿Por qué… por qué me siento tan nerviosa? Ni que no hubiéramos pasado tiempo juntos y completamente solos… ¿Es porque es su cumpleaños? Mientras pensaba aquello, dejó escapar un suave suspiro, antes rodear la mesa que los separaba y sentarse en la silla vacía junto a él.

¿Te ha… gustado? —preguntó entonces, ladeando la cabeza y buscando la respuesta en su rostro—. Tu primer cumpleaños, la comida, la tarta, los regalos… Aunque aún no hemos probado la tarta. Es de limón… Y es la primera vez que la he hecho, espero que no haya quedado mal —hizo una ligera mueca algo apurada y colocándose nuevamente un mechón tras la oreja, comenzando también a jugar con él. Sus grandes ojos se habían posado en la pulsera gemela que el pelirrojo sostenía y se humedeció los labios, antes de extender ligeramente la mano hacia él, para mostrarle la suya—. Hice dos para ir a juego —confesó sonriendo levemente—. Yo… Tengo tu protector. Pero tú no tenías nada mío y quería… Simplemente quería que pudieras recordarme de alguna forma cuando esté fuera de misión o si un día se te hace muy largo… Para que sepas que siempre estaré ahí —terminó por explicar, jugueteando con su pulsera, suavemente entre sus dedos. Sabía que él estaba escuchando cada palabra que decía y que no estaba acostumbrado a ellas, por lo que le dejó unos segundos antes de volver a hablar—. Trae… Deja que te la ponga…

Y cuidadosamente, dejó la propia sobre su regazo. Tomó la que Gaara sostenía aún y apartó un poco la manga blanca y pulcra de su túnica. De esa forma, no pudo evitar rozar la piel de su muñeca suavemente, de la misma manera que no lo podía evitar mientras la ataba cuidadosamente alrededor de ésta.

¡Listo! ¿Podrías…? Por favor… —dejó la pregunta a medio hacer, tendiéndole entonces su pulsera aún con la tímida sonrisa esbozada en sus labios. No se la había puesto antes, por una parte, por si resultaba no ser un buen regalo y por otra porque no había querido que se la viese antes de darle a él la suya.



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Re: ~ You could be loved again

Mensaje por Carrie_B el Dom 8 Abr - 18:44


«You could be loved again»
XXI. Feliz cumpleaños.

El salón permaneció unos segundos en completo silencio, hasta que Misao se levantó y rodeó la mesa para sentarse en el hueco que Temari había dejado vacío a su lado. Parecía un poco nerviosa, aunque no entendía muy bien por qué... Todo había estado bien, desde su punto de vista. De hecho, más que bien. Por lo general, ese día nunca solía ser diferente o especial, más allá de los recuerdos que procuraba mantener apartados la mayor parte del tiempo. No sabía si para Temari y Kankurō sería igual, y tampoco se había atrevido nunca a preguntarles directamente. Pero, con aquello, habían marcado de alguna forma un antes y un después en la forma de vivir lo que había pasado dieciocho años atrás. Y, tal vez, solo tal vez... él debería tratar de seguir su ejemplo.

—Hice dos para ir a juego —comentó entonces Misao, en relación a la pulsera azul y violeta que aún sostenía en la palma de la mano. Entonces se percató de que ella sostenía una exactamente igual—.  Yo… Tengo tu protector. Pero tú no tenías nada mío y quería…

Conforme escuchaba la explicación de la muchacha, rozó el borde de la fina banda entretejida con la yema del dedo índice. Resultaba suave al tacto, perfectamente entretejida en estrechas y sencillas franjas horizontales que se iban entremezclando. Azul y violeta, azul y violeta... ¿Por qué esos colores? ¿Tenían alguna clase de significado, como en su día le había explicado que tenían las flores?

—Trae… Deja que te la ponga…

Con sumo cuidado, Misao apartó la amplia manga de la túnica blanca, hasta dejar al descubierto su muñeca derecha, y la anudó allí. El roce de los extremos trenzados le cosquilleó en la piel, igual que los dedos de ella al tirar de los extremos para colocarla recta. Sobre la piel pálida de su brazo, los colores parecían aún más vivos que antes. Nunca había llevado nada así, así que le resultaba un tanto extraño, pero la idea de que de alguna forma eso le conectase con ella le gustaba. Hasta el momento, la única cosa física que se había mantenido vinculada a él de forma permanente era la arena de su tinaja, pero la razón de ello no tenía nada que ver con el sentimiento que reflejaba esa pulsera.

—¡Listo! ¿Podrías…? Por favor…

Ah... sí.

Tras coger la que ella le tendía, repitió el proceso sobre la muñeca de la joven kunoichi, justo junto a la de su amiga.

¿Así está bien? —preguntó, un tanto inseguro, antes de finalizar por completo el nudo.

Al verla asentir, terminó de asegurar la lazada y tiró un poco de ella para colocarla recta, tal y como le había visto hacer a Misao. Se veía muy nueva en comparación con la anterior, que había perdido algo de color y estaba un tanto rozada por algunas partes debido al uso constante y al paso del tiempo. Esperaba que, algún día, la suya también acabase con ese aspecto.

¿Por qué esos colores? —inquirió, pasando una vez más el dedo por la superficie, aún sin soltar su muñeca—. ¿Tienen un... significado, como las flores?


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