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Death don't have no mercy in this land

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Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Vie 28 Abr - 16:41

in this land
death don't have no mercy
CS. THE X-FILES. AU. SOUTHERN GOTHIC
Pueblos fantasma colmados de maldiciones, estremecedores moteles perdidos en el desierto. Almas hundidas en el fondo del pantano donde los demonios esperan, almas solitarias en serpenteantes carreteras silenciosas que atesoran más que un puñado de secretos. Plantaciones condenadas donde los muertos juegan de noche, enterrados en la hierba alta, bajo la mirada avizor de los monstruos que habitan en la orilla. La tierra del diablo es real y te da la bienvenida con ojos vacíos y manos ensangrentadas.


1990. Bone Hollow, Luisiana.
El calor del verano borbotea en las ciénagas, hectáreas de caña que sobreviven a la sangre derramada durante décadas de enfrentamientos familiares. El lamento entre dientes de los convecinos, hacinados en sus porches, se antoja frívolo cuando una voz afónica se pierde en el silencio de un atardecer abrasador.

La tragedia se enreda en el tiempo, se olvida sin un cadáver al que mostrar respeto ni una familia unida que llore sobre él. El nombre del niño cambia según las millas que avances en el horizonte. La historia también.

1998. Bone Hollow, Luisiana.
Los cadáveres se ríen —mudos— de la población, un regocijo dibujado en sangre sobre los labios. La piel de color malva, desgarrada, ajada bajo el sol y las manos desnudas, amarradas sobre el pecho. Pintan las paredes de amenaza, entre primitivas plegarias a un culto desconocido y el mortificante aroma de la carne carcomida.

Aquellos que se creían a salvo, temen que todo sea un castigo.


Dana Scully
Médico forense - Gillian Anderson - Songbird
Fox Mulder
Detective - David Duchovny - Nyadeh




Última edición por Nyadeh el Mar 16 Mayo - 21:51, editado 4 veces



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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Sáb 29 Abr - 11:56

i. But so are lies

La capa perlada bañando la piel del agitado pecho brillaba bajo los endebles haces de la luna llena atravesando la translucida cortina. Llevaba ocho años sin recordar haber caído en redes de sueños y las más familiares pesadillas. Su capacidad de inducirse en la espesura de las quimeras y sus demonios había fenecido junto a la esperanza. El teléfono en la mesilla atravesó la quietud de la oscura habitación. Como una premonición onírica de sangre y descomposición; un nuevo cadáver aguardaba su encuentro.  

Vastos campos adquirían la tonalidad del amanecer en la carretera. Al aparcar el vehículo reconoció el contiguo que ya reposaba en punto muerto. El mal presentimiento enredaba sus intestinos mientras hacía un reconocimiento de su alrededor. La puerta principal de la pequeña capilla estaba cerrada y precintada como así un cuadrilátero que aislara la casa del Señor. Su mirada se encontró con la de un hombre entrado en años con vestimenta propia de la labranza y botas enlodadas. Cerró la puerta del coche ignorando el escrutinio del individuo. Los policías al reconocerla le indicaron que entrase por la puerta trasera desde las dependencias del pastor.

El desconcierto hecho su sombra nada más adentrarse en el interior. Había creído que tuviera que ver con los dos casos anteriores que se habían sucediendo alimentando al pueblo pero no era un descampado donde por casualidad el perro de alguien había encontrado un cuerpo o el grupo de adolescentes que cargados de cervezas hubiesen visto aguada la fiesta por la aparición de Ofelia flotando entre la maleza del pantano. Cuando la forense llegó al ábside de la parroquia, desde lo alto del escenario en el que miró hacia los pies de la edificación sintió que la cruz colgando de su cuello, oculta entre sus ropas y gemela de aquella a la que daba la espalda, ardía.

Una alfombra intermitente de sangre coagulada señalaba el camino hasta la puerta principal —en iconografía cristiana cobijo del Juicio Final—, en la que estaba amarrado por sogas el ceniciento cuerpo de una joven cual espantapájaros de trémula belleza. Su cabeza cubierta por un velo negro y ondulante como las vaporosas cortinas de su dormitorio, se coronaba con una cornamenta de alce.

Escenografía que la dejó sin aliento, procuró recomponer el estoicismo de su rostro entrecerrando los ojos. En esa oscura pintura emergieron los bancos, vidrieras y las figuras que allí se hallaban velándola.

Mulder… —despegó un instante los labios antes de volver a sellarlos y descender al encuentro.  
con Mulder en la capilla por la MAÑANA





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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Sáb 29 Abr - 23:13

i. But so are lies

Había algo impío en esa calzada que cada mañana debía tomar, arteria de su particular ruta en descenso al averno, fauces de cálamo e irises cetrinos en la cenagosa superficie del pantano.

Bienaventurados los que se reconocen pecadores y buscan la misericordia del Señor.

El salmo improvisado saturaba el mutismo sepulcral de la capilla, otorgando un origen imposible a ese retrato que en el supuesto hogar de la bondad había sido escenificado. A caballo entre la devoción y la sátira, los brazos en cruz revelaban significativas cicatrices en la ternura de la piel plegada sobre la articulación, las muñecas violáceas concluían en uñas melladas de esmalte encarnado. Había considerado despejar el rostro de la joven ofrecida cual macabro sacrificio frente al altar mayor, despojarla de cualquier abrigo que no tuvo en vida, mas desnudarla íntegramente, en soledad ante sus ojos, se le antojaba la fantasía de un verdugo.

¿Impresiona, eh?

Nadie se acostumbraba a la existencia descarnada que escondía la muerte, no importaba por cuánto tiempo hubiese perseguido fantasmas.

El tenue albor que se reflejaba a través de las vidrieras era eclipsado tras la silueta de la forense, obsequiándole así una aureola etérea que parecía poseer el don de juzgarlo en pabellón sagrado. —No he tocado nada. —No enteramente cierto. Los dedos delatores encontraron cobijo en los pliegues de su indumentaria, humedecidos en la sangre de la víctima, trazo sacrílego que ornamentaba cada adoquín que hubiese coronado una sepultura.

La observó aproximarse al cadáver, cada pisada un eco en calma ante la mirada vigilante de las imágenes cuyos ojos detractores se hundían junto a su abdomen. Impasible, rozando la indolencia. Los difuntos suponían su única tarea y jamás la había visto temblar.

¿No eres una bruja, verdad? —Había escuchado susurros durante toda la travesía desde Baton Rouge. Habitaban en la espesura, siempre alerta. Te arrancaban los ojos, se bebían tu sangre. Te convertían en cenizas tan solo para consumar sus anhelos. Al menos, la humanidad en su magnánima condición, les había concedido cierta codicia, aunque nunca un alma que pudiera ser salvada—. Porque eso sería irónico. —Era religiosa, al igual que todos en el sur de Luisiana, creyentes de un ser ilusorio al cual rogar por una vida que quizá no merecieran, a quien encomendarse cuando todo sucumbiera al inclemente lodo de sus tierras. Se postraban en templos semi abandonados y aparentaban su pesar, enterraban a sus hijos pero arrojaban a los demás a cenagales turbulentos con la esperanza de que fueran devorados por algo peor que un caimán. Hipócrita.
con Scully en la capilla por la MAÑANA




Última edición por Nyadeh el Dom 30 Abr - 21:11, editado 1 vez



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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Dom 30 Abr - 13:21

i. But so are lies

En todos los años ejerciendo en la tierra algodonera que se había nutrido del sudor y la sangre de los esclavos, castigada por sus atrocidades con la quebradiza aridez sureña donde había crecido, se había cruzado con todo tipo de detectives estereotipados. Desde el que ante una amenaza tan cruda echaría la jauría de perros a la caza de un culpable a ciegas, hasta aquél que bostezase lamentando no poder regresar junto al calor de la ama de casa que lo arropaba en su fetiche materno. Fox Mulder se resistía a las catalogaciones fáciles.  

No se te ve impresionado —observó. Le intrigaba la tallada convicción de su semblante como si en todo momento fuera un paso por delante del resto.

Las comisuras se curvaron efímeras con comunión celestial en la que la gracia divina le concediera la verdad del delito que las palabras desmentían. Crimen del niño cuyos labios se decoran por migas de las galletas recién horneadas. Mas no hacía falta verse iluminado para mediante el conocimiento empírico ir captando fragmentos de la conducta del hombre, incapaz de cruzarse de brazos y esperar a que los enigmas se dieran a la fuga.

Intérprete del lenguaje de ultratumba, la joven le hablaba más sonoramente a cada paso que daba. Depositó el maletín forense en el suelo representando el ritual del pianista antes de diseccionar las notas percutidas. Acuclillada se encajaba los guantes cuando su ceño se arrugó. Lo verdaderamente irónico era que pudieran haberla llamado de muchas maneras pero jamás bruja, y menos conjugándose entre interrogantes.

¿Has encontrado mi escoba? —Arqueada la ceja volvió el rostro mirándolo taimada. —Deduzco que sigues adelante con tu hipótesis. —Entonces se incorporó para encarar serena al cuerpo y humedeció los labios reflexiva. —Si la muerte está relacionada con las otras como así aparenta —sus ojos se movían en el reconocimiento anatómico de los cortes, los cardenales violáceos y amarillentos entorno a las cuerdas, la cornamenta…—, la explicación más lógica es que nuestro recién convertido en asesino en serie pretenda complacer las habladurías que se escuchan con esta teatralización. Probablemente se sienta Dios. —Y aquella la forma inefable de desafiar soez al sacrificado por la salvación.

Agujas de gélido tacto clavadas en el nitrilo, leyó en morse la carne y musculatura contrayéndose en los vestigios del rigor mortis: —Lleva aproximadamente cinco horas muerta. —También le pareció encontrar marcas de pinchazos en los brazos lo cual permitía la posibilidad de unirla a las dos prostitutas a espera de la autopsia e identificación. —Alrededor de los veinte años… —Buscando una primera impresión sobre la causa de la muerte se dispuso a levantar el velo de la novia cadáver aguardando por el beso de la Parca.

Al pretender asomarse, un ruidoso graznido y las alas azabache que irrumpieron desde la muerta la sobresaltaron haciendo que al echarse hacia atrás chocara con el detective.

El cuervo continuó riendo escandaloso hasta aterrizar en el púlpito donde el predicador daba sus sermones.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Mar 2 Mayo - 21:40

i. But so are lies

Había tropezado con casos peores en su búsqueda, peores que una estela de cadáveres mutilados con desdén, dispuestos como artificio de escaso valor y reproducción de la iconografía cristiana. Esa tierra escondía un centenar de sepulcros en sus entrañas y los huesos viejos no descansaban fácilmente.

Suponía que ella tampoco respondía al arquetipo de individuo afectivo, susceptible de ser influenciada por la atroz consternación y el rechazo que esperaría encontrar el ejecutor de un crimen semejante, apelando al horror de la subcultura rural que se nutría de la ilusión de la condena eterna una vez cruzado el río Misisipi. Después de todo, trazaba las últimas letras del abecedario sobre el tórax de las víctimas con el filo de su escalpelo. La habían instruido para tratar con corazones sin vida y, a veces, él se preguntaba si sabría cómo manejar uno que todavía latiera.

Descartaba opciones, Scully. No te juzgaría si lo fueras. —Bandera blanca enarbolada en el desplazamiento de las palmas siempre extendidas, tal vez esperando que en cierta ocasión ella las tomara. Debía admitir que le agradaba observar la incredulidad en su rostro, en antítesis con el brillo de deleite que ofrecía su mirada—. Solo había escuchado que no tenían permitida la entrada a lugares sagrados. En cualquier caso es una lástima, nunca había tenido el placer de conocer a una.

¿Qué podía decir? Era propenso al entusiasmo por las contradicciones.

¿La explicación más lógica? ¿O la más sencilla? Te tenía por una seguidora de la navaja de Ockham, doctora. —Recelaba de la naturaleza instintiva de la que hacía gala todo sujeto, excepto la propia. Podría ser definido como nada ortodoxo, casi un hereje de la mecánica que personificaba a la policía estatal de Luisiana: cerrar los ojos y aguardar a que el temporal amainara, rogando porque cada homicidio perteneciera a un evento aislado o bien hostigar a un convicto adulterado.

La sangre, rubí en brazos del amanecer, densa sobre la superficie polvorienta, enfilaba el pasillo hasta el estrado del patrón de la parroquia. Nadie hubiera sido capaz de perpetrar igual delito, escudado en la brutalidad y esa nítida tendencia a la fantasía devota. O nadie en solitario.

El apóstata, sumido en una irreverente paradoja, encontró su epifanía en la curvatura de los hombros femeninos bajo sus manos, convenientemente cerca para examinar con sus dedos la distancia entre las clavículas y el esternón, respondiendo a un impulso inesperado de curiosidad anatómica. La inspiración apresurada que resonaba en su propio torso no era sino fruto de la sorpresa de la forense, sin embargo los pulgares que en circunferencias concéntricas anhelaban profanar la piel bajo la nuca, tan solo le correspondían a él.

Buen truco. —Su cuello se torció para estudiar a la funesta ave de los presagios aciagos, cuya aparición no había resultado más que una fúnebre y teatral burla—. Tienes que enseñarme cómo lo has hecho.  
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Jue 4 Mayo - 20:15

i. But so are lies

El plumaje de destellos añiles se mimetizó en la puntual iluminación del recuerdo con remitente del surrealismo que se había evaporado de su mente al abrir los ojos en el solitario colchón de madrugada. Podía recrear el frenético torbellino informe de alas sumida en la intemporalidad de un espacio soñado y como estas iban haciéndose lluvia de cenizas tras combustionar hasta intuir algo a través. Mas no pudo ver más allá.

La sobria firmeza sobre sus hombros recompuso el mancillado escenario sacro. A la separación entre ficción y realidad, las espirales surcadas en su espalda hipnotizaban la agitación aclimatando la respiración. Giró el rostro al escucharlo. Primero, el ave tortura del poeta antes de caer en la proximidad bajo la persuasión que ejercía la diagonal ascendente por las vías de la tráquea marcadas por la torsión del cuello y el silueteado emblema de Adán en la garganta que llevaba al salvaje desorden de una copiosa barba.

El cielo contenido en sus iris parpadeó retornando al cruce de la mirada: —Magia —expulsaron sus labios junto al aliento y el abandono de lo ilógico relajando los hombros. Suficiente ilusionismo para su metodología analítica. —Quizá sea una bruja después de todo y lo que escuchaste no fuera más que una mentira. —Deslizándose menuda, comparada a su presencia, al refugio de la fría Leonora, tomó la molestia de volver a mirarlo con ese centelleo de sutil humor escéptico en el pulso del intelecto.

No más conejos salieron de la chistera cuando retiró el velo fúnebre con una respetuosa delicadeza donde se desvelaban los moratones de asfixia, los picotazos entorno al pecho inundando su compasión. Otra de las víctimas de la cara más cruel de Luisiana. Al vistazo de las primeras conclusiones que trazaban el mapa hacia el precipicio del desenlace narrado, lo invitó a asomarse a su vera con la veracidad de la incertidumbre.

¿Ves el hundimiento de los párpados? —Indicó con el dedo enguantado. —Le han extraído los globos oculares.

¿Con qué propósito? Participó en una autopsia implicada en la turbadora moda de los ochenta, jóvenes inmersos en creencias satánicas que derivaban en los casos más fanáticos a sacrificios donde estos órganos se extraían. No cuadraba en el perfil. Aguardó pacientemente a que el detective fraguara sus propias observaciones, abandonándose circunstancialmente en la concentración de su rostro y la intriga por leer el pensamiento inexpugnable.

Y bien, Mulder, según tu criterio, ¿cuál sugieres que sea la verdad detrás del crimen? —Se preocupó por aplicar el pensamiento de Ockham. No lo desmentía, no por ser lo más probable encerraría la verdad pero la experiencia consolidaba la posición de la forense.

Intención por desafiarlo o reencuentro con la extraña fascinación de unas convicciones sustentadas en humo y notable fantasía que jugaban con la solidez de las raíces de su fe científica.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Sáb 6 Mayo - 22:49

i. But so are lies

Entonces, este pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías en una sonrisa… —Negro cerrado casi índigo. Una ráfaga alada de plumas aceradas y ojos nocturnos, la abertura al abismo de las tinieblas. Conocía a Poe. A Poe, a Lovecraft y la forma en la cual la bruma londinense se infiltraba en los huesos al deambular en camposanto. Tal vez levemente abochornado de sí mismo, no lo suficiente para deslucir la sonrisa de socarronería en el filo de los labios—. ¿Crees que si preguntamos a nuestro visitante, podrá decirnos lo que queremos saber?

Todo en torno al eje proyectado de su característica burbuja aislada sonaba a burla, sin embargo no acostumbraba a escuchar cordialmente los murmullos injuriosos en los que hubiera reparado, acerca de la forense. Algunos conversaban con ella, quizá exageradamente y algunos no despegaban la lengua del paladar en su presencia, deshaciéndose en susurros al darle la espalda. No había advertido alianza en sus manos, desnudas o bajo el abrigo del látex, que solían desprender ese aroma antiséptico. Suponía que toda calumnia se gestaba a raíz de un factor cultural.

Yo también sé algo de ilusionismo. —Sus dedos extensos, aún más insolentes que su boca, se recrearon en el roce de un bucle rojizo que amenazaba con ocultar el hemisferio de su rostro visible para él y ni siquiera sabía de dónde provenía esa necesidad de contacto casi lacerante, de leer los trazos de sus incógnitas en braille—. Puedo hacer aparecer monedas detrás de tus orejas. Es bastante impresionante.

La emperatriz de los difuntos tenía los ojos vacíos y la mirada afligida, bajo el peso de su tiara cuyos extremos aguzados arañaban la moral del detective, mudo por un instante, contemplando otro cadáver, un dossier más en su caso. Todavía extrañamente lejos de descifrarlo.

Los policías de ahí fuera dicen que bailaba en The Locked Room. —La elaborada ilustración que resaltaba por encima de los huesos de sus caderas había favorecido su reconocimiento, un humilde crucifijo cubierto por lenguas de fuego—. Y por un poco más de dinero podías organizar un encuentro privado con ella. Para costearse su vicio, supongo, por las marcas de sus brazos es evidente que se drogaba.

Inesperadamente abstraído, su memoria estableciendo uno y otro enlace al mismo nexo de unión, quizás un indicio falseado pero el único al que podía afianzarse. —No tengo una teoría definida… aún. Pero no creo que estés interesada en la criptozoología.

Que te ayuden a bajarla, alguien tiene que identificarla. Te veo en el hospital, más tarde.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Dom 7 Mayo - 18:01

i. But so are lies

Tú eres quien hace las preguntas. —Ella se encargaba de resolver la mayor cantidad de aquellas residuales en la anatomía y el organismo del sujeto mediante el encriptado lenguaje médico. No obstante, sí la recorría la sensación de que aquel tercero que se mantenía firme vigilándolos, en el caso de que hubiera contado con los medios comunicativos para hacerlo, sabía más en esa vista de negrura brillante de lo que ese pico cerrado callaba.  

En el macabro suceso que los había unido la forense había compartido el tiempo suficiente con el infame detective para saber que ese espontáneo gesto no fuera fruto del deseo del dominio masculino por reducirla a un objeto, una muñeca articulada. De ahí emanaba el desconcierto y un corto silencio. —Seguro que lo es. —La nula emoción en su cotidiano tono calmado lo corroboraba.

Parecía que por vago que fuera aún había un posible camino por el que comenzar y ella estaba comprometida enteramente a procurar iluminarlo con sus futuras resoluciones. El hombre la dejó con el ceño fruncido y la cuestión en la punta de la lengua cuando se dispuso a ponerse en marcha. Un par de pasos y se cruzó de brazos viendo como se marchaba.

Criptozoología… —susurró entre dientes terminando por suspirar, encontrándose su mirada con la del cuervo que volvió a graznar aleteando desde su acomodado lugar.

[…]

En los sótanos del departamento, el recorrido del sol perdía relevancia y los fosforescentes coronando el techo con la pantalla de la luz estéril se convertían en el astro inmutable. Tiffany de Matteo descansaba cubierta sobre el insensible metal tras compartir algunas de sus confesiones aunque la doctora estaba segura de cuántas otras aún se llevaría con ella a la tumba.

Cuando una mujer se desenvuelve en un mundo gobernado por hombres aun en la proximidad finisecular, está acostumbrada a soportar la misoginia, la invisibilidad recurrente y la machacante subestimación. Incluso hacerse cargo de las autopsias del caso en que habían incurrido no era casualidad; solía reducirse a ser algo que primeramente no hubiera sido de gran interés con una prostituta muerta, a un extremo en que la complicación de una resolución efectiva ponía en riesgo el expediente de cualquiera. Dana Scully no temía a lo que un muerto pudiera decir, encontraría el modo de entenderlo pero los vivos… Algunos acudían como ave de carroña ante la oportunidad de tratar con un asesino en serie y cuestionar las dotes de una profesional por lo que tenga entre las piernas.

Era lo que sucedía con el Dr. Richard Tuttle, quien cercano a su jubilación no veía con buenos ojos que una mujer gobernara en el subterráneo, y mientras ella repasaba sus informes aguardando la llegada de Mulder después de llamarlo, aquél se personó para desquitarse con su arrogancia.

Señor, no se lo voy a repetir, este es mi caso. —Precipitó el archivo sobre la mesa en un golpe seco. —¡Lárguese de aquí de una maldita vez! —Quien siempre incluso tratando con los troglodíticos hombres uniformados mantenía el respeto y las formas denotando no mostrarse afectada, estalló después de un día demasiado largo.

La mirada del veterano enmudecido prometió represalias de las que, segura, pagaría caro. Lo peor si cabe fue que cuando éste abrió la puerta airado, a la vez entraba el agente guiado por el olfato. Vació sonoramente los pulmones, retirándose los mechones que habían abandonado la ordenación del recogido y evitó mirarlo, reconciliándose con su escrito.

¿Has disfrutado del espectáculo con las chicas?
con Mulder en la sala de autopsias por la noche





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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Mar 9 Mayo - 19:07

i. But so are lies

La reminiscencia del neón aún titilaba en la luna del Chevrolet arropado en la negrura de la nocturnidad sureña, la calina adherida a la piel de los brazos a cada flexión de los músculos sobre el volante, esa sensación de escozor hasta la nuca. La humareda de la caja de Pall Mall desprovistos de filtro había invadido sus pulmones, perdido en la fragosidad que la sonrisa difuminada de R J Reynolds había naturalizado, frustrado ante la ausencia de una respuesta definida que pudiera hacer un ovillo de las hebras sin fin que desperdigadas habían cultivado la conmoción en Bone Hollow.

La procedencia de la víctima no importaba, nunca lo hacía cuando esta se extraviaba descarriada de la senda que el señor a través de su pastor había señalado. Era el derramamiento de sangre en lugar sagrado lo que podía trastornar a la población.

En tierra prometida las jóvenes hablaban, testigos de añiles apagados y luces mortecinas que no solo confundían sus rostros sino que favorecían a ocultar la vergüenza, a preservar indemne la honra de las familias que de lo contrario amanecerían deterioradas por una noche, o toda una vida de hipocresía, de doble moral hacinando promesas vacuas, blasfemas a los pies de una cruz amenazadora.

Hablaban de todo y de nada, silenciadas sus voces bajo la advertencia de los secretos, el temor a la luz del día, a un pasado tormentoso, a la escasez de estupefacientes y al juicio final. «Tiff desaparecía durante días, no le dimos importancia». Y él no les mostró la instantánea revelada de su compañera que le quemaba en el bolsillo.

Diecinueve años, tres en ese lugar. Su madre vivía en la periferia, junto a la bajada del bayou. Tenía un par de clientes habituales. Ninguna amiga.

Estacionó próximo a la morgue, un peldaño más en la pendiente de aquel submundo de pútridas vísceras que parecía reclamarlos a todos con el corazón palpitante. La contraposición del pulcro batín de la forense, de sus manos meticulosas y su mirada usualmente afable cercada por la esencia de la muerte, por la lúgubre calma de las víctimas, se le antojaba casi ofensiva. Él lidiaba con los horrores de esa tierra pero ella vivía en el infierno, como un ángel caído que velaba por las ánimas de los difuntos.

Despacio, sus ojos se trasladaron del doctor cuya silueta se alejaba ya por el corredor, renegando entre dientes, a la mujer, en señal de conciliación. —Si te digo que te he traído café, ¿me perdonarás la vida, Scully? —Por hábito, más que cortesía. Depositó ambos recipientes de cartón en una mesa despejada. Tal vez fuera mejor tratar con ella cuando no se encontrara irritada.

Son buenas. Pero no están acostumbradas a hablar con una placa delante. —Sutilmente ambiguo, contrajo los hombros. Buenas. Auténticas, casi naturales, perdidas y desesperadas. No deseaba confesar que la combinación resultaba repulsiva y asimismo curiosamente estimulante—. ¿Qué tienes para mí?  
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Vie 12 Mayo - 19:20

i. But so are lies

El sonido tirante del látex acompañó el ascenso visual de la forense en una expresión igual de tensa en contradicción con la limpia mirada que había abandonado toda ira para acogerse a la penitencia de sus actos. Aún debía atemperarse al humor del detective en su estado pero agradeció en silencio el gesto.

El aroma mezclado de café y nicotina en el fino olfato trajeron pedazos de vida, piezas de un universo de esperanzas y horrores que no pertenecían a la deshumanizada sala donde los sentimientos debían dejarse en el casillero al otro lado de los batientes.  

Apretó un instante la mandíbula recolocándose a uno de los lados largos de la yacente y retornar su profesional máscara recopilando minuciosa los detalles.

Al igual que en las dos otras víctimas, la causa de la muerte fue por asfixia. —Le mostró los detalles del cuello sin mucha recreación. La palidez de la tez se contrastaba con las señas de violencia y, especialmente, el destrozo en torno a las cuencas vacías. —Le fueron extraídos viva, de manera… burda, con instrumentos rudimentarios —continuó moviéndose levemente por la mesa inmersa en la concentración—. Hay residuos en sangre de metanfetaminas. Como ya habías apreciado, todo indica que consumiera. Sin embargo —dio un parón a su explicación deslizando la vista por el cuerpo al descubierto. Colocó las manos en las caderas y suspiró arrancando de sus pensamientos las palabras—, también he encontrado gonadotropina coriónica humana, lo cual quiere decir que estaba embarazada. —Inspeccionó entonces, en silencio, su semblante.

El inesperado descubrimiento había sentenciado el punto de no retorno para la doctora. Una empatía que no desechaba que la tan joven mujer gestara en su vientre un problema o fuera una María Magdalena con la descendencia de Jesús creciendo en sus entrañas, herejía a perseguir y eliminar de las escrituras abriendo nuevas cuestiones. La hinchazón del vientre pasaba desapercibida, más siendo primeriza pero la ciencia no mentía y ante el doble crimen se garantizó emplear todos los medios capaces para capturar al culpable.

Hay algo más —aventuró apareciendo a su lado pidiendo permiso en un ademan para interponerse en medio del agente y tomar con delicadeza la mano de esmalte saltado y uñas rotas con la que casi podía recrearse el fuerte perfume con el que mitigar el hedor del desdén. Torció el cuello buscándolo.—. Muestra señales evidentes de que intentó defenderse del asesino lo que me llevó a buscar indicios de ADN, tenía en las uñas tierra y tejido orgánico.

Apartándose integrada en la naturalidad del ambiente estéril y gélido donde el brillo rojizo emulsionaba el entorno, retiró el guante de la zurda apoyándose en la mesa de los cafés. —Lo extraño es que los resultados del análisis no han sido concluyentes. He mandado repetirlos pero aquí no contamos con medios suficientes. —La insatisfactoria realidad con la que lidiaba a diario. Sí que contaban con lo necesario para esa analítica, pero toda explicación debía estar de acuerdo a unas normas naturales para Scully.

Tengo un viejo conocido en la universidad de Nueva Orleans, podría enviarle una muestra. Me debe un favor —dijo antes de arroparse en el calor del vaso y el bálsamo del líquido cargado devolviéndola de entre los muertos.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Sáb 13 Mayo - 19:35

i. But so are lies

La joven de la crucifixión parecía menos solemne allí, despojada de su diadema y el velo de tul de su boda con la muerte. La majestuosidad de un rito pagano en el santuario de las ovejas adiestradas se había desvanecido, cándida efigie que presentaba en reposo yaciendo sobre el frígido metal similar a la barca de Caronte, su compañera hasta la otra orilla. Una obra sacrílega de alabastro en manos de Miguel Ángel, quien la hubiera señalado como propia con el cárdeno contorno de sus dedos emulando a una gargantilla alrededor del cuello de cisne. Fruto de la turbación cegadora del territorio más recóndito de aquella región del país, sus ojos habían pagado por lo que otros no deseaban presenciar, la crueldad a la que no pudieron retornar la mirada.

Pudiera resultar trágico, de un modo casi patético, el hecho de perseguir la felicidad química, artificiosa del opio de aquellos tiempos en agujas y cristal, pero la lluvia de Luisiana no purificaba, se adhería a las heridas mal sanadas y no te abandonaba hasta hacerte creer responsable de un crimen que ni siquiera recordabas haber cometido. Él, menos que nadie, estaba capacitado para juzgar.

El detective podría escribir un relato familiar digno de Tennessee Williams basado en su sola biografía.

Iré a hablar con su madre. No creo que lo supiera. —Tal vez no le importara, si había permitido que su única hija se desvistiera por las miserables limosnas de los alcohólicos de la localidad cuando no tenía edad para hacerlo. Tal vez no le importara haber perdido también a su nieto, al retoño que no conocería.

Criptozoología.Te lo dije, caligrafiado en el envase vaporoso del cálido néctar de los devotos de la cafeína, un sorbo pensativo y se cruzó con su mirada por encima de la bebida a la que ella también había cedido—. No creo que tu amigo encuentre ninguna coincidencia, porque no hay coincidencias que encontrar. De acuerdo, puede que la mataran como a las demás, pero tú misma viste el retrato al completo en la capilla. Algo así... algo así no es del todo... humano.

La cruz resplandeciente era visible sobre su pecho, como los grilletes de una condena que alguien portara por elección propia y se vio obligado a reprimir el impulso de rozar dicho metal, de sostenerlo entre sus dedos y preguntarle por qué buscaba a dios, si allí solo encontraría al diablo.

Una tentación mayor afloró de la tensión tangible en los hombros de la forense, de su postura defensiva. La tentación de aproximarse a ella y perder la palma de su mano en la extensión de su espalda, presionar en la espina dorsal hasta que esta alcanzara una apariencia menos rígida, suavizada. De hundir los dedos en su cabello y dejar que se desmoronara sobre sus clavículas. —¿Estás bien, Scully? ¿Quieres que te acerque a casa o... no sé, a algún otro lugar?  
con Scully en la sala de autopsias por la noche




Última edición por Nyadeh el Jue 18 Mayo - 16:19, editado 2 veces



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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Dom 14 Mayo - 13:15

i. But so are lies

No lo envidiaba. La mayoría preferiría lidiar con la mala noticia antes de recluirse junto al reflejo del futuro, del fin del ciclo del que nadie puede huir; sin vida sobre un esperpéntico mostrador de mortuorias exhibiciones. No tanto por el afecto natural de todo ser humano que en carne propia desgarraba azotando la memoria con la espiral de rojo y azul de la sirena, sino por el temor de hallar en su lugar la indiferencia que el rostro de muchos despierta en vacías miradas embebidas de desidia. El Señor daba la espalda a su obra a imagen y semejanza, todo fue un fatídico error; nadie merecía la salvación. Nadie lloraría por Tiffany de Matteo. Su entierro, posiblemente, un gasto que su madre deseara evitar después de tantos años que la hubiera sepultado en vida.

¿Otra vez? El término de rara intervención en el vocabulario había escapado de los labios del detective insólitamente dos veces en un mismo día. El escrutinio de la forense ladeando la cabeza no se hizo esperar cuando quiso leer el sentido de la atribución en aquella mirada tan cerrada en sí misma como contrapuesta de la comunicativa de la que era dueña.

A cualquiera le gustaría no creer que un ser humano pudiera hacer algo así pero lo hace: Charles Manson, Ted Bundy, Jeffrey Dahmer… —Ni siquiera tenía necesidad de acudir a Jack el Destripador o Erzébet Báthory, en pleno siglo XX y en América ya contaban con sus propios demonios. —La criptozoología no ha podido demostrarse como ciencia, no se ha podido porque esas criaturas sencillamente no existen. Y, aunque lo hicieran, el Rougarou no se tomaría tantas molestias. —Señaló en un mero movimiento de mano a la prueba de carne y hueso que remitía a la psicosis del causante de la turbadora muerte.

De pequeña con sus hermanos había conocido de mitologías y cuentos pero no eran más que eso.

Por más que se aferrara a la argumentación de base irrefutable la convicción de aquel se mantenía inmutable. Desprendiendo la magnética fuerza que la atrapaba queriendo saber lo que guardaba.

La necesidad biología por parpadear fue la intermediaria para transformar su semblante en la marca de las torcidas comisuras y el descenso de los párpados ornamentados de la hilera de largas pestañas endulzando las pecas de su nariz. —Estoy bien. —Sonaba convincente aunque ambos pudieran advertir que no fuera del todo cierto al mirarse.  

Se descubrió a sí misma deseando acceder, perderse en cualquier parte, entre los neones de un pub, el humo, dos copas y la aterciopelada voz de Nick Cave pero, de algún modo, saber que él se preocupaba por ella le llevaba a hacer acopio de voluntad para no mostrarse vulnerable. Con la linde del café en cotas bajas, lo dejó en la mesa y se deslizó hacia el detective apoyándose en el mueble y estirando el brazo hasta su hombro.    

Necesitas descansar, Mulder. Déjalo por hoy. —La mano descendió como una caricia hasta recogerla al cruzarse de brazos. Admiraba su dedicación, mas no desistía en sus intentos porque escuchara a la voz de la razón.
con Mulder en la sala de autopsias por la noche





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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Mar 16 Mayo - 21:42

ii. Your sin will find you out

Alvin y Judith Neelley, el Vampiro de Sacramento... como si los vampiros fueran criaturas estrictamente caníbales. Estás equivocada, Scully; el ser humano me decepcionó hace demasiado tiempo, prefiero creer que hay algo más ahí fuera que tal vez sí merezca la pena intentar comprender. Y Darwin contribuyó en cierto modo a la criptozoología, ¡uno de los científicos más influyentes de la historia, quién lo diría!

Fox Mulder sabía más de criminales sin analogía aparente de lo que nadie hubiera podido ojear en cualquier cuartilla impresa con la tinta y la sangre de aquel país que había concebido todo un culto a la crueldad.

¿El Rougarou? —Sonrisa procaz buscando cada atisbo de excéntrica promesa en su voz, el conocimiento de la cultura de la civilización reducida a meras leyendas habitualmente desdeñadas—. De manera que conoces el folclore de Luisiana. Y yo que pensaba que solo leías The New England Journal of Medicine. —Una revelación comparable a la de Arquímedes, los parámetros del volumen y la densidad—. ¿Ascendencia cajún?

Tú también. Es tarde, deja que los muertos se cuiden solos.

[…]

Era difícil discernir las tinieblas de ellos sobre el motor reiterado de un Ford a un centenar de kilómetros de asfalto a través de la parroquia de St. Mary, la cual se había apagado hacía horas a sus espaldas.

Aún lo desconcertaba, esa presencia reconfortante en el asiendo del copiloto cuya fugacidad hubiera esperado mayor. Habituado a trabajar solo, se le antojaba inverosímil que la forense tolerase su compañía con tal conformidad, hasta el límite de permitir que los condujese allá donde ninguno tenía autoridad, sin apenas titubear al otro lado del hilo telefónico.

Resultaba más catártica que el frasco de Prozac en su mesa de noche, aquella doctora de manos capaces y asimismo delicadas que lo forzaba a oprimir el volante con más firmeza de la que hubiera requerido, a reducir con mayor frecuencia en una autovía rectilínea de señales visibles inclusive entre las sombras, porque la alternativa era desgastar esas manos con la caricia de sus dedos hasta lograr recordar el nombre de cada hueso, vocalizado en sus labios.

Peligrosamente desocupada, su palma derecha se enterró en la bolsa que descansaba junto a la guantera, un puñado de semillas de girasol que pronto encontró la senda hasta su boca. —Habían drenado el pantano. —La joven desaparecida cerca de Berwick no había emergido de las aguas enfangadas, sin embargo. La familia presa de la desesperanza había dispuesto un funeral hacía dos noches, sin los despojos del difunto que brindar como tributo al más allá. Todos la daban por perdida—. Un metro de profundidad, a lo sumo, pero parecía insondable. No pude ver el fondo. —Nadie había sido capaz, aunque resultara incoherente. El lodo inestable permanecía oculto bajo la superficie cetrina entre caña y hojas de nenúfares extraviadas—. ¿Crees que será el hogar de un demonio o algún alma perdida? ¿Un letiche, quizás?

El ronroneo del automóvil se distorsionó hasta alcanzar la energía de un martilleo, acompañado de un vapor ceniciento que se adueñó de la visibilidad de la luna. Las agujas descendieron casi a número negativo y la velocidad aminoró hasta que el vehículo de alquiler se detuvo, intacto, con un último lamento agónico. —Me parece que no van a devolvernos el dinero de la fianza.
con Scully en highway rest stop por la noche





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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Jue 18 Mayo - 18:45

ii. Your sin will find you out

Había algo más ahí fuera. Eso le había dicho. Dos módulos sobre la verdad que antagónicos llevaban insospechadamente a un mismo sendero. La curiosidad profesional había tenido parte de culpa en su decisión así como su empeño por sondear todas las posibilidades que detuvieran lo que estaba por venir: más muertes del insaciable y descontrolado asesino. A contrarreloj, la desventaja seguía componiendo el abismo y la incertidumbre.

Mas el verse ocupando el puesto del copiloto en un vehículo de alquiler en el que sólo tenían de testigo la luna que los vigilaba en la vasta extensión de asfalto maltratado y campos aplanados en la densa oscuridad, no podía limitar a ser explicación por decidir echarse a la carretera en plena noche. Incluso por la conducción hasta el auricular de la voz masculina había sentido la electrificante fuerza que la atraía y arrastraba sin oponerse al universo particular del detective y su agudeza deductiva.

Perdiendo la vista entre las señalizaciones que saltaban en el paisaje alumbradas por los faros, somnolienta en la distracción acompasada, se desveló instintiva al sentir la alteración del pequeño espacio compartido, alertándola de su cercanía, reparando la visión en la dirección que tomó la mano hacia el aperitivo. Respiró hondo recolocándose erguida en el asiento, observándolo en silencio y recomponiendo el hilo de sus pensamientos dirección a la concentración del motivo que conducía a los intrusos a la localidad.

¿Estamos haciendo todos estos kilómetros en plena noche para ir a la caza de un monstruo del pantano? Dime que no es verdad. Contrariada lo escudriñó. La respuesta, sin embargo, se concibió de una forma inesperada.

El humo de sinuosa ascendencia cubriendo como un telón se proyectaba en la luna delantera haciéndole alzar las cejas, incrédula por el destino que los había deparado. —Quizá el leniche se ofrezca a echarnos una mano —volvió el rostro cruzándose con su mirada, desprendiendo una cómplice y sutil jocosidad cuyo cinismo no se descartaba como principal sospechoso del desenlace del Ford.

Tras intentar llamar a la compañía de alquiler con el teléfono móvil y salir del vehículo en busca de una infructífera señal en medio de la nada en que transformaba la noche los parajes desligados de las siempre alumbradas ciudades, volvió a acercarse al vehículo, apoyándose en el capó con la puerta abierta. El suspiro resignado otorgó las nociones esperadas.  

No hay cobertura. —Anuncio que la llevó a mirar a ambos lados de la carretera desdibujada en un corto horizonte, haciéndola recordar: —Acabamos de pasar un cartel, hay un motel a algo más de medio kilómetro. —Posiblemente el único y diminuto foco lumínico y de comunicación telefónica que se atisbaba a lo lejos, bajo el poblado manto de estrellas.

No era el plan más atractivo teniendo en cuenta que tendrían que apartar o empujar el coche hasta allí, pero era con lo único que contaban.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Vie 19 Mayo - 22:45

ii. Your sin will find you out

Los faros del anticuado vehículo titubearon pero no osaron desampararlos en la negrura de la noche, una calzada sin horizonte en la que el firmamento desprovisto de estrellas o un satélite suficientemente luminoso se confundía en la lejanía de los prominentes cultivos con el alquitrán gastado que los conducía por una travesía sinuosa a un cepo para impíos, la ratonera de los forasteros que no pudieran advertir los ojos encarnados ocultos entre las plantaciones, ávidos de ánimas cuya ingenuidad ansiaran devorar.

Lo que la claridad alumbraba era el genuino temor allí, no tanto lo que la noche pudiese guardar. Todos eran invidentes cuando el abrigo del día y su calor los abandonaba.

Sus dedos culparon al indicador del combustible, una marca de un rojo fluorescente que golpeó con un impacto sordo, con la pueril esperanza de que el automóvil respondiera a su capricho. Como Lázaro en manos de dios.

Si existiera la remota posibilidad de que hubiera alguien velando por todos ellos, estaba seguro de que no escucharía su ruego.

¿No te dije que tenías que recordarme repostar en un área de servicio en el camino de vuelta? —Contagiado por la irónica acritud de su tono se burló de su situación, de ellos, volteando el rostro hacia la forense. Pese a la contrariedad, casi podría asegurar que se esforzaba por no reír, en ese instante. Su mirada estaba repleta de recovecos y en ocasiones él se extraviaba entre ellos. Teseo en su propio laberinto de paredes cerúleas, cuya única salida era aquella sonrisa comedida.

Indagó con sus manos en la guantera, implorando por una linterna que pronto acudió a él. Comprobó que funcionaba en dos ocasiones, distraído mas no lo suficiente para evitar rebatirla. —Los letiches no son mejores samaritanos que los lugareños de por aquí. Atacan a los viajeros. No los culpo, el sur de esta región nunca ha destacado por su hospitalidad.

Enfocó a la mujer y posteriormente a la autovía, tratando de medir hasta donde alcanzaba el haz de luz antes de perderse de nuevo entre las sombras. —¿Qué te parece? ¿Podrías empujar el coche hasta el motel? —Tal vez, si aquellas calzadas no fueran salidas interminables en llano. Una carcajada se liberó de sus labios en señal de rendición ante la censura reflejada en su semblante—. Era una idea. Llamaremos al servicio de carretera una vez allí.

Tú primero. Si encuentras al demonio del pantano, grita. Pero no lo asustes, siempre he querido volver a ver uno. Y no trates de exorcizarlo con esa cruz que llevas en el cuello, no serviría de nada, si acaso lo animarías a arrastrarte con él. Conocí a un sacerdote en Port Hudson que lo intentó, le faltaba el brazo izquierdo. Admito que es el único sermón que le creí nunca.  
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Sáb 20 Mayo - 19:40

ii. Your sin will find you out

El haz de luz inmisericorde colisionó en sus pupilas encogiéndolas en el dominio del claro iris obligándola a entrecerrar los ojos e interponer entre ellos los dedos de la palma en afán sobreprotector. Las convicciones del detective tenían un efecto parejo al de aquella linterna que portaba: igual de inesperada, igual de desconcertante y efímero en su artificiosa sustentación producto de la mente del ser humano.

Es una zona agraria, se ven constantemente afectados por la amenaza de robos ya sea de sus cultivos, rebaños sino es que directamente intenten asaltarlos al estar en medio de la nada. Por no hablar de la propia naturaleza, las grandes ciudades han olvidado ciertos riesgos. —Defenderlos no era el papel que pretendía tomar, mas su postura estructuralmente neutral colisionaba con parte de su filosofía de pensamiento. Se limitaba a reflejar una realidad verídica que estaba asentada en la sureña tierra estancada en las rurales raíces que renegaban del presente y avance de lo que algunos tildaban, con gusto más favorecedor o peyorativo, de post-modernidad.

Las cejas alzadas de una expresión poco convencida era el antagonismo por antonomasia de la carcajada lanzada al vacío nocturno. Su semblante no varió en la retahíla posterior en que lo observó rindiéndose a la estrafalaria argumentación donde no pasó por alto ese «volver a ver» del que le intrigaba tanto saber cómo ignorar la historia. En su lugar, aceptó ir por delante no sin antes extender la mano en señal de que le cediera la linterna haciendo que, finalmente, en una leve inclinación la alcanzara y se la arrebatara con el roce de sus yemas.
   
Los arropaba el ambiente perfecto para recogerse junto a las flemas del fuego crepitando en un claro del bosque y que Mulder prosiguiera con sus historias de terror. Scully no creía en brujas, fantasmas ni en monstruos del pantano pero el entorno irrumpido por los grillos y el silbar de los maizales por la brisa nocturna que de tanto en cuanto por el ritmo de su paso se bañaban de luminosidad, la había llevado por un momento a aferrar la cruz de su colgante pensando en lo que el detective acababa de decir. Soltó la delicada pieza de oro cuando volvió el rostro, comenzándose a acostumbrar a esa diferencia que la obligaba a alzar levemente el mentón:

¿Qué se supone que tendría que hacer entonces en el hipotético —e improbable —caso de que encontrara un leniche? ¿Cegarle con la linterna? —Nublaba la curiosidad de los incuestionables conocimientos de los que hacía gala el hombre con la curvatura discreta de una de sus comisuras.

La distancia se aligeró en el hilo de la conversación que los unía en su disparidad, llevando a que la mujer apagara la linterna dejándose bañar por el cartel que bautizaba el pequeño motel. En su recepción se encontraron con un larguirucho muchacho enfundado en una camisa de cuadros que ojeaba un periódico cuando alzó la cabeza y transformó la postura predispuesto a atenderles. La pelirroja cabellera se ondeó al tomar la delantera y no tardó en darse cuenta de que el acento del joven sonaba a Nueva Jersey.  

Puede llamar desde la oficina, al fondo, aunque la señal va y viene. —La forense agradeció educada y después de devolver la linterna a su legítimo dueño, traspasó la puerta abierta de dicha oficina. El chico apoyó los brazos en el mueble mirando a Mulder y añadió: —Hay bastantes problemas por esta zona —sonrió afiladamente.

A la primera había creído tener suerte cuando girando la rueda la voz al otro lado la recibió entre el granulado de los cortes que ya le habían advertido pero para cuando iba a dar los datos pertinentes la llamada se cortó y cualquier otro intento fue en vano. La expresión de su rostro adivinó las circunstancias al regresar con un suspiro y volver al lado de agente. Al despegar los labios intervino el recepcionista:  

Mañana el sheriff pasará por aquí de camino al Norma’s Diner. Pueden quedarse a pasar la noche, señores… —Lo dejó en el aire a la espera de caligrafriarlo sobre el libro.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Miér 24 Mayo - 16:15

ii. Your sin will find you out

Descubrir el deleite en las réplicas obstinadas de la mujer había sido fortuito y sin embargo algo a lo que comenzaba a acostumbrarse, el quebrar de un cielo en matices malva antes del ocaso, el cortejo de la noche. Habitualmente insociable, voluntariamente esquivo, era la primera vez en años que buscaba compañía en una de las investigaciones inverosímiles que le asignaban.

La rústica población a la que parecía disculpar de su aislamiento instintivo —el recelo y la desconfianza arraigados en los maizales y las rodillas dobladas bajo el temor al castigo divino—, posiblemente por haber sido criada en una familia de férreas convicciones y entorno agrícola, narraba sucesos acerca de ella y su retirada vivienda que no le complacería escuchar. También se divulgaban rumores sobre el detective en Baton Rouge, si te encontrabas dispuestos a atenderlos. Nunca se había considerado proclive a dar crédito a palabras gastadas, a menudo producto de la animadversión que germinaba entre los convecinos, prefería formarse su propio juicio.

Un siniestro crujido, comitiva de presentación, se hizo evidente en el vestíbulo del motel. Más delicado que los brazos de los árboles fragmentados a causa de un temporal que no acompañaba a la realidad, estático calor húmedo que se adhería a la piel y rechinaba en los huesos. La aguja de un gramófono virando sobre un vinilo vacío o las teclas de un anticuado clavicordio que no emitía una sola nota.

Las colinas tenían ojos, decían. En aquella ocasión se sintió observado por los lienzos que cubrían la pared contigua: un porche abandonado, una plantación de cañas cuyo final resultaba imposible determinar, dos jóvenes sumergidas hasta la cintura en las desfavorables aguas de una laguna; sus risas retumbaban, sorprendentemente definidas, en su cabeza.

¿A cuánto está la estación de servicio más cercana?

Unos diez quilómetros, señor. Todo recto, pasando los cultivos, no tiene pérdida.

No obstante, extraviarse en vías de acceso donde el horizonte nunca era visible y cuyo paisaje jamás mutaba, se le antojaba algo común.

La tonalidad fría del neón, de un rosáceo artificial, bañó el rostro de la forense al regresar, un mohín sombreado en sus labios. El efecto de la luz jugaba a exponer su semblante y se vio obligado a desviar la mirada cuando el muchacho adivinó sus deseos.

Detective Mulder. Doctora Scully. Dos habitaciones contiguas, por favor.

Eso no va a ser posible, señor Mulder. —La sonrisa del joven se hizo más pronunciada, comprobando la identificación que reposaba en el mostrador—. Nos queda una habitación, la última junto a la entrada. —Señaló con el pulgar la dirección, encogiendo los hombros.

¿Un lunes? ¿Es por la luna llena, tienes un aquelarre al completo alojado?

Pero el campesino ya había desaparecido entre las cortinas de su cubículo interior, buscando el cuadro de llaves, obviando el matiz sarcástico de su voz.

¿Cuál es la probabilidad de que una veintena de turistas decidan que este es un agradable y pintoresco lugar para hospedarse, la misma noche? No podemos caminar, la próxima gasolinera está demasiado lejos. —Se justificó, disculpándose con ella entre dientes. Depositó un billete arrugado de cincuenta dólares en su mano y encendió de nuevo la linterna—. Al menos invita la policía de Luisiana. Tengo que volver al coche, hay que señalizar de alguna manera que lo hemos dejado en la carretera.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Vie 26 Mayo - 16:15

ii. Your sin will find you out

La imagen podría confundirse con una instantánea fotográfica que retratara la carestía del sur entre campos y charcas de aguas turbias estancadas. Las hebras de las grietas trepando como la hiedra bajo las amarillentas bombillas enluciendo las toscas paredes afectas por los hematomas de la humedad. Lo único que otorgaba movimiento a la poco agraciada postal era el incesante chispazo de los insectos revoloteando presos de su insignificante existencia a la magnánima luz ultravioleta que los incinerase en la esquina, confluencia de los bloques formando una ele, de puertas en réplica hasta perderse el compás en la última en la que la vista se detuvo.

Retomando el hilo del diálogo llevó a la doctora a elevar las cejas y encontrar cierta diversión en la manera en que el encargado no caía en las redes fantasiosas. La profesional ya cavilaba en las reducidas opciones restantes ante la evidente inviabilidad de hospedarse. No apoyaba la teoría del aquelarre pero no dejaba de ser sorprendente la inesperada afluencia en un lugar como el que se encontraban.  

Pero, Mulder… —Con la arrugada textura entre los dedos y timbre parejo al excéntrico semblante con directa dedicatoria, su discrepancia no nata de lo inapropiado cayó en saco roto bajo el peso de la coherente justificación. Concatenó que los resquicios se diseminaran en el aire con procedencia de su suspiro.

La siguiente idea le resultó poco apetecible deseando acompañarle lo que la llevó a retenerlo sujetándolo del brazo. Y lo que inmediatamente después la llevó a pensar rápido con un pequeño titubeo: —Tengo la bolsa en el maletero, si no te importa. —Acabó liberándolo dando un par de pasos hasta el mostrador.

Cuando sugeriste que te acompañara a Berwick, no imaginé todo esto. —Cadáveres, descomposición… no acabar en la cuneta compartiendo habitación. —No te entretengas —añadió a la ironía con dejes de advertencia. Iban conociéndose lo suficiente como para tomarse la libertad de conjeturar. También le preocupaba que volviera sobre sus pasos solo, mas ella no se sentía mucho más acogida en aquella escenografía de Hitchcock.

Una vez hecho el pago, quien terminó presentándose como Eddie la acompañó hasta la puerta pese a su declinación. No hacen falta criaturas mágicas cuando hay humanos que tienen algo que produce escalofríos.

La sombra del muchacho se deslizó entre las líneas de la persiana. De mobiliario austero: la cama presidiendo la estancia franqueada por dos mesillas y enfrentada por una diminuta caja tonta, una cómoda en el lateral que daba al reducido baño, al fondo una pequeña mesa circular y dos sillas rodeado todo ello por un empapelado viciado por las décadas. Con un olor a cerrado mezclado con los productos de limpieza. Por lo menos, estaba limpio reduciendo las posibilidades de más inquilinos.

Tras varios minutos inspeccionando la desencantadora estancia, Scully salió dejando la puerta entornada para que se aireara un poco y fue hasta la máquina de hielo para el té que llevaba en la bolsa junto a un par de sándwiches que había preparado previsora antes de partir. Ello no la privó de coger de la máquina expendedora unas bolitas de chocolate y al cruzarse con unas semillas de girasol como única adicción conocida de su compañero, comprarlo por igual. Al inclinarse a recogerlo, el identificar un rostro de lo que creyó una niña reflejado en el cristal la sorprendió haciéndola volverse. No encontró nada a sus espaldas, de hecho, ni a su alrededor, todo bajo el soberano letargo de la noche. Hacia la máquina tampoco se reencontró con el espejismo.  
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Sáb 27 Mayo - 23:12

ii. Your sin will find you out

“El infierno es real.”

No había reparado en la inscripción desdibujada sobre el letrero de tamaño considerable, a un lado del pavimento, hacia el final del trayecto. Admonición carente de afabilidad cuyo solo propósito era el de conminar a los viajeros desorientados, instándolos a reconsiderar sus años de vida agnóstica. Le extrañaba que tal anuncio dantesco, inspirado por un falso profeta, no se encontrara acompañado por la dirección en letra pequeña de la salvación celestial, encarnada por un benévolo pastor siempre servicial y dispuesto a purificar la conciencia de sus feligreses.

Nunca había creído en la condena o, por oposición, el edén prometido. No más que un engaño que había persistido hasta aquellos tiempos por mera tradición, una patraña que unos pocos habían tramado para mantener a la humanidad aterrorizada bajo su dominio. Si tuviera que temer a algo, no sería a la perdición de su alma.

El verano tenía esa fragancia de densa humareda y suciedad pegajosa, como si alguien hubiera arrojado un fósforo encendido al plantío y los juncos ardieran haciendo señales en el horizonte. Tenía la sobrecogedora sensación de que ni siquiera ante las llamas cederían los cañaverales, nutridos con la sangre inocente de los niños perdidos. Podía garantizar que la noche se hizo eco de una risa infantil, otorgando si cabía mayor apariencia espectral al escenario del Ford comatoso, rodeado del reflejo artificial de los triángulos de señalización.

Y la travesía de vuelta se le antojó incluso familiar.

La luz fluorescente que parpadeaba bajo el rótulo con el vulgar nombre del motel lo recibió, no vacancy de un rubí intenso que hubiera resultado útil de no ser porque el no, parecía haberse fundido hacía meses. La combinación con el tono aturquesado que primaba en la atmósfera melancólica que envolvía la piscina, podía ser considerada cautivadora de un modo siniestro. El agua parecía agitarse, pese a su situación de abandono, deseando escapar de los límites de la geometría, inundar el estacionamiento desierto.

Ha sido culpa del letiche. Te lo advertí. —En contraste con la circunstancia nada favorable con la que habían tropezado, su humor no se había debilitado. La ayudó a trasladar el cubo de hielo hasta el antro que el responsable del alojamiento había denominado con excesivo optimismo como habitación.

La televisión encendida emitía un tenue zumbido tratando de sintonizar un canal en vano, franjas en blanco y negro que iluminaban el dormitorio con aroma a desinfectante barato. El rechinar de la silla más cercana al depositar la bolsa que había rescatado del automóvil dibujó una mueca recelosa en el rostro del detective—. Me quedaré con la silla. Si quiere aguantar hasta mañana.

He dormido en sitios peores, Scully. —Resolvió terminante un debate que ni siquiera se había iniciado, pronosticando la disconformidad de la forense acerca de la caballerosidad teatral que ciertamente no lo era tanto, no pretendía ser galante, tan solo asumir su responsabilidad en la percance de su transporte.

Por lo pronto, se adueñó de un lado de la cama agradeciendo la bolsa de papel que tomó de sus manos presuroso, desenterrando de entre todos los víveres el sándwich que consideró como propio—. ¿Es un mal momento para mencionar que podría casarme contigo?

La joven desaparecida... no creo que ayude en la investigación. No encaja con lo que hemos visto hasta ahora. Es de buena familia, su padre ha sido pastor de una congregación importante. Posiblemente tenga aún cierta influencia en la comunidad. Tal vez la chica se haya marchado por voluntad propia, o alguien haya querido ajustar cuentas con su padre. No hay nada verdaderamente extraño en su desaparición. Nada de rituales grotescos o chalados jugando a ser verdugos enviados por dios, nada de demonios acechándola desde la distancia.  
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Mar 30 Mayo - 23:20

ii. Your sin will find you out

La carga eléctrica inundó el aire descendiendo del avance apresurado de los espectrales nubarrones que en un silencioso acecho fueron cerniendo sus informes garras, asfixiando las estrellas, sobre el sórdido resquicio de civilización dejado de la mano de Dios en la intersección del asfalto de escamas del uróboros sin origen ni fin.

El relámpago resquebrajando fulgurante la oscuridad fue la obertura de las agujas de lluvia crepitando sobre la tierra e interpretando una sinfonía acuosa en las vibrantes ondulaciones de la abandonada piscina en cuyas formas perderse. Mas la imagen se interceptó por las láminas de la persiana al oír el rechinar del mueble en el interior. Los labios de la forense quedaron a medio camino de la pronunciación nada convencida de la tortura y la confianza en que, sin saber con certeza qué pudiera ser peor, creerlo, curiosa aunque sin indagar. Acalló su disconformidad llevándose una de las crujientes bolas de chocolate a la boca.    

El impacto adquirió unas connotaciones cómicas en la mueca con la que se quedó fijando la mirada en el detective al haberse visto tentada a degustar otro de esos dulces y hacerlo crujir entre los dientes. Cuando creía amoldarse a la falta de filtro y humor pintoresco, se tropezaba descubriéndose completamente equivocada. Al tragar física y metafóricamente, le produjo una sonrisa bajando la vista. —¿Todo por un sándwich? —Ceja enarcada, la arruga superior desplegaba la etérea burla de su incredulidad.

Parecía contase con dotes premonitorias sobre aquella noche disponiendo un par de vasos de plástico junto al té que sirvió a ambos con un par de hielos flotantes. Imitándolo a él con su cena ligera, se sentó en el espacio libre aunque con la diferencia que las observaciones de su compañero le hicieran acomodarse ladeada, dedicándole todo su desconcierto.

No lo entiendo, Mulder. ¿Entonces qué hacemos aquí? ¿por qué te has interesado por el caso si no hay indicios de tener conexión con las otras víctimas? —Estaba segura que no pretendía hacer una escapada turística.

Aguardando su explicación, la dispersión de la atención descendió. No ya a los labios del detective en los cuales se había sorprendido absorta en otras ocasiones, aquí parada bienvenida en el transcurso hacia la miga acomodada en la barba selvática que la incitó en un gesto de maternidad sobre el que le habían arrebatado el derecho a quitársela con la misma lenta minuciosidad y concentración con la que tomaba con las pinzas muestras de sus exámenes.  

El granuloso zumbido de la televisión, los murmullos atravesando las paredes de papel o la lluvia relajando el espíritu ensordecieron con el impacto del trueno que bañó de un fogonazo de luz la estancia para dejarlos con un chasquido del televisor completamente a oscuras. El estruendo que se sintió como si temblara la tierra bajo el poder indómito de la naturaleza, hizo desaparecer la miga en el espacio entre los dos, delatado el sobresalto culpa del quejido de los muelles.  

Girando el rostro hacia la ventana, el agua comenzó a caer con furia contra el cristal y en la amplitud de los ojos abiertos apenas podía vislumbrar las formas de Mulder al retornar. —Esto supera las capacidades de tu letiche. —Intentar tomárselo con humor le resultaba más costoso, terminando en un suspiro denso. —Debe ser cosa de la tormenta. —Por cuanta oscuridad poblaba el exterior, todo el motel había perdido su insípida vida en una lúgubre penumbra. Las finas manos desacostumbradas a la ceguera recorrieron el mobiliario próximo por un hálito de luz.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Vie 2 Jun - 17:43

ii. Your sin will find you out

Resultaba singularmente confortable estar a su lado. Era casi asombrosa la naturalidad con la que se hacía apreciar esa doctora confinada bajo tierra, en la región de los muertos, rodeada de individuos menos ilustres que la observaban con cierto desaire de subestimación, tomándola tan solo por una discípula que pudiera aprender algo de ellos. Podría parecer frágil pero estaba hecha de acero, demasiado rígido, en ocasiones. No la había visto ceder ante nada, ni nadie.

El efecto Tyndall se reflejaba en violeta sobre su piel, sumida en partículas de gas neón que hacían visibles las mejillas moteadas y la línea curva de su cuello, como diminutos asteroides en una nebulosa imprecisa. No solía sonreír pero cuando lo hacía parecía desencadenar una secuencia eléctrica que provocaba semejante resultado en él. —Y por el té. No te olvides del té.

Por un puñado menos de razones los habitantes de los maizales se encontraban comprometidos a la farsa de los enlaces matrimoniales que tenían cada año menos valor. Bastaba con pertenecer a la misma congregación, o tan solo ser propietario de una plantación que no pudieras conservar, proteger de la expropiación. El orgullo familiar se pagaba con dinero, pero el dinero nunca podría limpiar un apellido mancillado.

¿Tienes idea de la cantidad de desapariciones al año que nos llegan a la oficina y son archivadas sin una sola observación? Es como si no valieran el tiempo o el esfuerzo de nadie. Por no hablar de las que ni siquiera son denunciadas por temor o posible deshonra, o por ignorancia. Las autoridades se alimentan del desconocimiento y la omisión de la realidad, pero el desconocimiento solo trae desastres. Pensé que podía encontrar una respuesta, por esa joven. Y si la encontraba, sería más fácil probar que lo que ocurre en Bone Hollow no es algo habitual.

Sus dedos sostuvieron la muñeca femenina, tenues, casi ingrávidos. Las yemas sobre el pulso grácil como una premonición, el latido de un corazón sepultado, trataba con cadáveres a diario pero recientemente había descubierto que tenía un poco más de vida dentro de ella. Creyó advertir algo titilante en su mirada, o tal vez fuera él buscando de modo instintivo la contradicción acostumbrada, la objeción detrás de cada afirmación que pretendiera ser absoluta. Entonces un relámpago iluminó la estancia antes de bañarla en la oscuridad más definitiva y ese instante se volatilizó, alejando su rostro del de él.

Hacía meses que necesitábamos una. O es un bonito temporal o el efecto mariposa, ¿dónde crees que habrá agitado sus alas la polilla, en Montana?

Haciéndose de nuevo con la linterna prestada que logró estimular tras un golpe sobre la madera del cabecero, se incorporó observando el aparcamiento a través de las persianas cerradas de su habitación. —La batería no durará mucho. Quizás el chico de la entrada sepa donde encontrar velas.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Sáb 17 Jun - 12:26

ii. Your sin will find you out

La corriente de sus miradas se fusionó en la oscuridad, desvaneciéndose de su alcance. Mas los resquicios de las palabras de una entrega cada vez menos habitual en el departamento seguían en la atmósfera, reverberando en su pensamiento como un hechizo etéreo. Las discrepancias en los criterios que seguían los bifurcados caminos del detective y la forense tenían un fin común que primaba por encima de sus ángulos disidentes de percepción.

Ahora, todo lo que compartían era un mismo entorno ciego, atravesado por el lineal haz de luz que portaba el agente y una reflexión hacía la causa-efecto del teorema caótico. Extensible a los avenados por la búsqueda de la verdad, la observación y predisposición conllevó su propio efecto en la pelirroja:

Voy contigo —determinó incorporándose y acercándose a él sin retrasarse, para atravesar la puerta que cerró a sus espaldas.

Si aquella tormenta bien tenía procedencia del norte, el agónico arrastre hasta las calurosas fronteras sureñas la hacía competir con un ambiente cargado que en el corto sendero, cubiertos bajo la cornisa por la que chorreaba el agua a caudales, la piel blancuzca de la mujer daba seña clara del brillo perlado en el pegajoso ambiente. Detuvo los pequeños pies ante el fin del pequeño trayecto, golpeando suavemente, dos toques precisos, la puerta de la recepción. Intercambió una mirada a la espera con su compañero mientras el telón de fondo los introducía en su sonata acuática. Y, a la falta de respuesta, tiró sin resultados del mango comprobando que estuviera cerrada. Asomando por el cristal no aguardaba nada más lejano que la penumbra a la que la linterna plantaba cara.

¿Hay alguien ahí?, ¿Eddie? —insistió acercando la oreja sin lograr percibir alteración alguna del interior. —Llegado este punto, todo sólo puede irnos a mejor… —Rezaría por intentar creerlo pero sin terminar de hallar convicción en su expresión. Si acaso se dejara influir por la superstición, quedaba lejos de ser recomendado el avance de su viaje e investigación por las entrañas de aquellas tierras sin alma.

Se hizo a un lado dejando vía libre al hombre cuando la lúcida mirada de Scully definió a través del diluvio el reconocimiento del menudo cuerpo, melena empapada y rostro redondeado de la niña que había creído ver en el reflejo de la máquina expendedora. Pasos titubeantes llegaron al límite del cobijo del corredor salpicando las furiosas gotas el calzado sin hacer que la visión se desvaneciera.

¿Está bien su compañera, detective Mulder? —dijo el encargado inquisitivo y distrayéndose en su aparición al ceder la puerta, alumbrado por la llama de una vela que portaba al desviar la atención hacia el aparcamiento.

Chapoteando bajo la desabrida intemperie de tormenta el tono pelirrojo que se oscurecía en la humedad y se pegaba en el cuello y mejillas alcanzaba la línea de coches, buscando por una imagen que en la cercanía se había transformado en un niño que, aunque no había conocido, reconocía.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Nyadeh el Dom 18 Jun - 20:49

ii. Your sin will find you out

Alumbrados por el haz tembloroso de la linterna tan solo podían vislumbrar a escasa distancia de sus pasos, ocultos en la penumbra el único rastro de su presencia era el resuello derrotado que tocaban sus pulmones, el semblante no más que una confusa sombra. Un relato aterrador alrededor de una hoguera estival, el aullido de un coyote al otro lado de la calzada, cubierto entre la maleza, el temporal arrastraba lamentos en la ventisca sacudiendo los cristales, sollozos en cada gota que se precipitaba sobre el asfalto.

Sonrisa enmascarada en el vello de su rostro, su gélido empeño por abrirse camino en la tierra de los optimistas confiados bajo montañas de escepticismo, concedía cierta pincelada cómica a aquella circunstancia. —¿Y qué me dices de la primera ley de Chisholm, doctora? —Él mismo podía pecar de crédulo en ocasiones, pero no de iluso. La esperanza siempre tenía regusto a cinismo.

Se consideraba a sí mismo decidido pero ella, ella podía mover campos magnéticos tan solo con su determinación, con el mentón alzado y la mirada firme. No dejaba de resultar fascinante que se hubiera comprometido con una investigación que no le pertenecía, más interesada que la policía de su localidad, cuya ayuda por el momento había sido ineficaz.

No reparó en que ya no se encontraba tras él hasta tropezar, casi de modo literal, con Eddie. Aturdido, volteó buscando la silueta de la forense que permanecía inmóvil frente al estacionamiento, atrapada en un limbo del cual no pudiera desprender la mirada. Un cementerio de metal con esencia de carburante quedó iluminado por un relámpago instantáneo, nada más allá de lunas salpicadas y huellas de ruedas sobre la piedra. —¿Scully?

Lo que hubiera despertado su interés, se había desvanecido antes de que el detective tuviera oportunidad de reconocerlo. Protector, rayando lo posesivo, la atrajo hacia él con los dedos al final de su espalda, indagando en sus facciones lívidas y de nuevo herméticas el reflejo de su ansiedad. Serpenteó hasta su cuello, enredando las yemas en su cabello hasta alcanzar la piel húmeda, lo torció a uno y otro lado con el apremio de su mano, pese a todo delicada—. Cualquiera diría que has visto un fantasma. Pero los fantasmas no son tan malos, si te detienes un momento a pensar que están hechos de recuerdos, de la huella que ni la muerte puede borrar. —La alusión a una vida extinta. No quiso reconocer que él tenía su particular fantasma —el cual permanecía ahí, el cual nunca se había ido—, una aparición por la que había aguardado durante años.

Así que déjame adivinar, ¿te has encontrado con el diablo y te ha pedido que vayas con él? —No sería la primera en atestiguarlo. Había gente en el mundo que podía contemplar auroras boreales y allí, allí se descubría al diablo.
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Re: Death don't have no mercy in this land

Mensaje por Songbird el Lun 19 Jun - 21:20

ii. Your sin will find you out

El acelerado palpitar de sus pulsaciones se aliaba a la furiosa precipitación en la búsqueda desesperada por un deseo. Un milagro repudiado al que cuando le hacía creer hubiera terminado por perder la fe, esta emergía repentinamente de la tierra embarrada para lanzarla a la caza de una mentira. Allí donde las leyes de la ciencia no tenían espacio y eran las cicatrices en el tejido cardiaco las soberanas.

El espejismo le arrebató el aliento en la cruel verdad entre los esqueletos de carrocería esmaltada perdidos sus matices en la homogénea madrugada. Al toparse con los iris del detective encontró la familiaridad que se estaba asentando entre los dos, bálsamo protector de los nefastos demonios afincados en su personal pecado cometido. Elevó la mano hasta aferrarse a la muñeca de él apretándola levemente para lograr asentarse en la realidad como única muestra expresa de la conmoción alojada en su interior.

¿Eso había sido? ¿Un fantasma?, ¿un recuerdo? ¿Acaso había visto algo? La noche tenía esa faceta de transformar a su antojo el entorno manipulando la percepción, y había cosas en las que la forense no estaba dispuesta —tampoco preparada— a creer. Mas se dejó embelesar por la visión que el peculiar detective le ofrecía de los espectros, casi poética, en esa sospecha prolongada con la que a veces creyera que aquél, de algún modo, lograse traspasar las fronteras sensoriales para leerle el pensamiento y comprenderse mutuamente en sus silencios.

La opresión que mantenía en el pecho podía haberse expresado con un llanto o un grito que lo deshiciera liberándola pero en su lugar, Mulder provocó que se le escapara una suave risa con la que recuperó el tono.

Sigo aquí así que imaginarás cuál ha sido mi respuesta. —Enarcando una ceja característica recurrente de su carácter, elevó sutil las comisuras en agradecimiento por su preocupación.  

Eddie que seguía aguantando la vela en el umbral de la puerta siendo espectador de lo sucedido, titubeó decidiendo asomarse con expresión aturdida: —¿Va todo bien? —«Oh, boy» masculló para sí el muchacho pues esa pareja, por muy detective que fuera uno y forense que fuera la otra, acababa siendo como la inmensa mayoría que paraba en el motel; unos chalados. El encargado había visto de todo incluso lo que muchos tildaban de cuentos. «Si yo os contará…» como él solía dejar en el aire.

Sí, uhm… —carraspeó recobrando su formal postura volviéndose al chico—. Veníamos a preguntar si tenías un par de velas que pudieras dejarnos. —Obvió las razones. —Oh, ya, ya, ¡claro! —rio estridente moviéndose a la puerta. —Entrad, ahora os miro lo que me queda. Siento lo de la luz, hacía tiempo que no pasaba pero, vaya, hoy no está siendo nuestro día de suerte, ¿eh? —Los miró con diversión dirigiéndolos a un pequeño almacén en cuyo letrero rezaba ser acceso exclusivo del personal. —Cuidado con la viga. —señaló con la estremecida luz de la vela hacia arriba. No iba por Scully.
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Re: Death don't have no mercy in this land

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