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❝Living for mystery. . .❞

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❝Living for mystery. . .❞

Mensaje por Mimikuma el Lun 1 Mayo - 18:38


❝Living for mystery. . .❞
Crackship| Sherlock | AU | Sherlock & Watson (Fem)
El pasado las unió en un accidente laboral. Ahora, el futuro las vuelve a unir tras haber alcanzado la cima de sus aspiraciones. El 221B de Baker Street esperaba impaciente a dos mujeres únicas por sus habilidades y poco comprendidas por la sociedad que les ha tocado vivir. Sherlock, soportaba a lo largo de su vida demasiadas críticas y comentarios inoportunos que casi siempre debía tragarse para ella misma. La vida le otorgó un don único, pero no podía explotarlo al máximo y eso era frustrante.

Por su parte, Mrs. Watson, quien había logrado emprender un viaje como doctora en la guerra, había regresado siendo víctima también de cómo la sociedad juzgaba no por sus habilidades, sino por ser mujer. Esto, no fue lo único que sufrió a lo largo de su viaje y es que además de haber sido expulsada por motivos totalmente impresentables, tuvo que vivir constantes abusos por partes de algunos de los soldados. Dispuesta a decir la verdad al mundo, regresa a Londres con la esperanza de evitar que otras mujeres pasen por su misma situación.

¿Pero quién les iba a decir que gracias al reportaje de una revista, Sherlock y Watson iban a reencontrarse tras aquel primer contacto que tan solo Watson recordaba al pie de la letra y que Sherlock había olvidado por completo? ¿Quién les iba a decir también que aquel acontecimiento iba a desembocar en descubrimientos y viajes a lo largo de la historia del pasado?
PERSONAJES
Sherlock Holmes | Phoebe Tonkin | Furia
Mrs. Watson | Gwyneth Paltrow | Mimikuma
Cronología
© RED FOR SS


Última edición por Mimikuma el Mar 2 Mayo - 14:15, editado 1 vez



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Re: ❝Living for mystery. . .❞

Mensaje por Furia el Mar 2 Mayo - 0:21

THE GAME IS AFOOT
Cuánto tiempo hacía que no limpiaba aquel pequeño apartamento, no lo sabía. Era su último día en aquella habitación de cien metros que le servía de dormitorio, cocina y sala de experimentos. Menos mal que los constructores habían tenido la decencia de hacer una habitación separada para el baño. Pero a Sherlock esto nunca le había molestado: tenía lo que necesitaba. Aún así, había tenido ya demasiados problemas con los vecinos y con el dueño del piso. Era ya hora, como cada cuatro o cinco meses, de mudarse. Disfrutaba del poco sol que entraba por la pequeña ventana de la estancia; los pies sobre la mesita, las piernas estiradas como podía, ya que espacio de sobra no había, la de ojos y miente inquieta observaba las páginas del periódico del día. Todas las mañanas, el mismo aprendiz de cartero dejaba un ejemplar en el portal; solamente uno. A las cinco y media de la mañana. Sherlock era la que más temprano se levantaba o, mejor dicho, la que más tarde se iba a dormir. Por ello siempre se hacía con el ejemplar. “ Me pregunto si sabrán siquiera que nos dejan el The Daily Telegraph. Se preguntaba a ella misma en muchas ocasiones, sorprendida por la poca perspicacia de algunas personas.
Ojeaba aquel periódico como quien mira un partido de tenis: con rapidez, prestando y no prestando atención, solamente cesando de ese movimiento de cabeza sistemático cuando algo interesante ocurría. La lectura de esa ventosa mañana de abril no estaba siendo productiva, pero la joven no dejaba de ojear. Nunca se sabe cuándo aparecerá algo a lo que valga la pena prestar atención, aunque sean solamente dos minutos. Firmemente convencida de ello, la joven sonrió ladinamente cuando encontró lo que su subconsciente iba buscando: en la sección de sucesos, en el lado izquierdo inferior de la página número 65, con fuente pequeña y redactado a tres columnas, y acompañada de una foto de mala calidad, había una noticia que ciertamente despertó el interés de Sherlock.
De un salto se incorporó, su mirada recorrió rápidamente la estancia, y estiró la mano hacia la repisa de la ya en desuso chimenea. Raramente usaba gafas, solamente cuando debía fijar la vista. Más que gafas, aquello eran dos lupas. Se volvió a sentar de golpe en aquel sillón de los noventa y redirigió sus sentidos a aquel pequeño recorte que con total seguridad habría pasado desapercibido a la mayoría de la población londinense. Sherlock leyó en voz alta, a la velocidad de la luz; la gente siempre se sorprendía, decía que era imposible que retuviera la información leyendo a tal velocidad. Pero lo hacía, mentalmente descartaba y guardaba todo aquello importante y todo aquello superfluo. “ John Watson. Médica. Denuncia agresiones machistas en el ejército. Recién llegada de la guerra, en busca de residencia en Londres. Harta de esta situación, pide justicia ”. Esta vez su sonrisa era cómplice: ella misma había sufrido las discriminaciones, así que entendía perfectamente la posición de la médica. Que la entendiese no quiere decir que ella actuase igual. Pero eso no era lo que rondaba por su mente es esos momentos. Se volvió a levantar de un salto, dobló el periódico, se lo puso bajo en brazo y, tras haber cogido su abrigo, salió dando un portazo.
Una vez en la calle, subió al autobús que paraba en la acera de enfrente y que la dejaría justo donde quería ir. Iba musitando todo el rato: aquella joven médica era el blanco perfecto. Sherlock era consciente de que nadie iba a querer compartir residencia con ella. Pero estaba harta de moverse por cuchitriles. Le gustaban las cosas prácticas, pero ahora estaba recibiendo más casos necesitaba, al menos, un estudio. Una separación de lugares. Una habitación propia. Le había echado el ojo a un apartamento recién reformado que antes había sido un palacete, en una zona tranquila y acomodada de Londres. A Sherlock no le importaba lo más mínimo la clase, ni el dinero, pero necesitaba un lugar fijo y tranquilo. Pero no iba sobrada de dinero. Creyó que aquel sería el lugar ideal para una persona como John Watson. La calidad de la foto era pésima, pero sus deducciones no solían fallar: se veía esa clase de persona. Estaba convencida de que aceptaría, tarde o temprano. Suposo, también, que la médica no sería incordia.
Ahora, ¿cómo encontrar a John Watson? Fácil. La entrevista se la habían hecho en una sala del Hotel Novotel. Sherlock había asistido allí a algunas “charlas” de la Scotland Yard; conocía el edificio y conocía la zona. Dado que el periódico había sido publicado de buena mañana, la entrevista se la tendrían que haber hecho la noche anterior. Mientras el vehículo recorría las atolondradas calles londinenses, la de pelo oscuro y ojos verdosos iba uniendo puntos en su cabeza. Si residía en el Hotel Novotel, quería decir que tenía dinero suficiente para pagar el precio que pedían en Baker Street. Escuchó la voz distorsionada por el altavoz del  autobús anunciando su parada, y la joven se excusó (no de muy buenas maneras) a la persona que se había sentado (¿en qué momento del trayecto?) a su lado. La miraron mal, pero estaba acostumbrada: los modales nunca habían sido lo suyo.
Una vez en la calle, pudo divisar el hotel a tal solo 50 metros de distancia. Se pasó el largo abrigo azul oscuro y empezó a caminar decidida, maquinando en su cabecita cómo acceder a John Watson.
Apartamento de Sherlock, calles | Londres | Mediodía
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Re: ❝Living for mystery. . .❞

Mensaje por Mimikuma el Mar 2 Mayo - 14:15

THE GAME IS AFOOT
Londres se había convertido en un lugar tremendamente diferente desde su viaje. Jamás pensó que su regreso iba a ser tan pronto y que la experiencia, la iba a marcar de aquella forma. Siempre que podía intentaba evitar pensar en los sucesos ocurridos en la guerra. Los rostros de los soldados que abusaron de ella y de los comentarios machistas. Recordó que ya no tenía por que callar. Ahora, ella era la portavoz para evitar que otras mujeres sufrieran lo mismo. No se creía un "dios" ni mucho menos, de hecho, le aterraba el hecho de declarar frente al mundo su experiencia.

¿Y si decidían tomar medidas contra ella? Era peligroso sin duda, pero no podía más. Había llegado al límite y si no lo soltaba terminaría explotando. Además, fue su propia psicóloga quien se lo recomendó. Aquella mujer la había ayudado mucho pues cuando regresó de su viaje tan solo era un cuerpo sin vida, mirada ausente. La terapia había sido útil sin duda, pero habían cosas que con el tiempo no se habían solucionado por más que lo intentara.

"Señorita Watson, ¿por qué no escribís un blog o en un diario vuestras vivencias actuales? Todas ellas serán recuerdos mejores que aquellos que vivisteis en vuestro viaje."

Las palabras de la psicóloga retumbaban en su cabeza mientras ojeaba una hoja de su pequeño cuaderno el cual utilizaba a modo de diario.

"25 de abril"
Sigo hospedada en el Hotel Novotel. La noche anterior realicé la entrevista, pero eso ya lo escribí en la página anterior, ¿verdad?

Watson cerró el cuadernito y suspiró mirando a su alrededor. Había tomado asiento en la recepción del hotel. Desde su retorno, le había sido imposible poder relacionarse con las demás personas, sobretodo si se trataba de hombres. Con las mujeres en realidad no tenía ningún problema, pero aún así, llegó a tal punto en que comenzó a desconfiar de cada uno de los humanos que habitaban la tierra. Por supuesto, esa fase ya la superó.

Y tocaba superar las demás, ¿verdad? Debía regresar a su vida anterior al viaje. Tenía que ganar dinero o pronto no la querrían ni en el Hotel debido a que no le quedaba ni un solo billete con el que pagar su estancia. Había sido toda una locura hospedarse allí, pero sabía que era un lugar seguro y que nada le sucedería. Ningún hombre intentaría abusar de ella y si lo intentaba, los guardias lo atraparían inmediatamente. Así que por el bien de su propia seguridad, debía dar el siguiente paso. Watson guardó la libretita en su bolso y dando un largo suspiro se levantó del elegante sofá rojo de la recepción. De uno de los tantos.

Su destino sería el laboratorio en el que realizó las prácticas hace unos años. Sabía que allí tendría más oportunidades que en ningún otro lugar, así que caminó decidida. Tal vez tomaría un bus, luego seguiría el camino a pie y... no. Tal vez debería tomar un taxi, era más seguro al fin y al ca... no. Definitivamente un taxi era mala idea, ¿y si el conductor tenía malas intenciones? Lo mismo pasaba si iba en autobús.

De repente, la señorita Watson se dio de cara con la realidad. Allí, frente a ella se encontraba una multitud de gente increíble. Demasiada para su gusto. El agobio comenzó a apoderarse de ella y sintió que le costaba respirar. No... otra vez no... ¿por qué justo ahora? Sabía que todo estaba provocado por su propia mente, que no tenía por qué temer, pero incluso ahora podía sentir las miradas de todos ellos, pensando en como abusar de ella. Por eso, antes de que todo fuera a peor, llevó la mano al bolso y allí agarró el aparatito que llevaba siempre encima para cuando le entraba asma con tan mala suerte de que se le calló al suelo. Pero no terminó ahí. La situación podía ponerse peor.

Justo frente a ella, un hombre que en realidad se estaba preocupando por Watson, se acercó para intentar ayudarla, lo cual intensificó el nerviosismo de la chica, quien en su mente, veía dibujado en el rostro de él una sonrisa maliciosa y sin buenas intenciones, todo producto de su imaginación. Si no hacía algo pronto terminaría desplomándose allí mismo. No estaba preparada. Era penosa por no poder superar sus miedos. Si tan solo... si tan solo se presentara ante ella la ayuda que tanto necesitaba... ¿Pero qué clase de ayuda si ni tan siquiera una psicóloga había sido capaz de curarla mediante un tratamiento?

-No... suelta... ¡suéltame! ¡su... suel...! -La respiración se entrecortaba por el asma, pero el aparato ya no se encontraba en el suelo, sino... ¿en su boca?

Alguien se lo había colocado, alguien que no conocía y se mostraba allí frente a ella, como un ángel brillante. Por culpa de la pérdida de oxígeno no podía enfocar bien sus ojos a la chica que sostenía aquel aparato, pero sin duda alguna... ahora que la veía bien... ¿no era...?
Hotel Novotel, calles | Londres | Mediodía
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Re: ❝Living for mystery. . .❞

Mensaje por Furia el Miér 3 Mayo - 22:41

THE GAME IS AFOOT
Se iba acercando poco a poco al hotel. Estaba situado en una especie de plaza, demasiado moderna y artificial para su gusto, que estaba decorada con esculturas de hierro. Eran esculturas extrañas, de figuras distorsionadas. Sherlock se preguntaba por qué la gente consideraba estas cosas arte, si para ella no tenían sentido alguno. ¿Cómo podía alguien creer de verdad que aquello podía equipararse con otras grandes obras artísticas de hacía siglos? Movió la cabeza, distraída por sus pensamientos, pero rápidamente volvió a la realidad. Mejor dicho, se chocó con ella. Como era habitual, se había ensimismado tanto en sus pensamientos que no se había percatado de lo que le rodeaba. En cierto momento durante el camino entre el autobús y la puerta del hotel, un grupito de personas pasaron por su lado, con tan mala coordinación que chocaron con su espalda. Solo las vio por detrás, pues llevaban prisa; pero había sido suficiente para percatarse de que iban cargadas y que vestían bien. Le gritaron, " ¡Mira por dónde vas! " como si no hubiesen sido ellos los que habían pasado corriendo. Sherlock solamente rodó los ojos, acostumbrada ya a la mala educación de algunas personas. En realidad, ella no era conocida por sus buenos modales ni su don de gentes, pero tampoco era conocida por ser una persona violenta. No, al menos, en situaciones tan cotidianas como un choque entre personas.
Tras los tres segundos que había malgastado pensando en esas personas, algo dentro de ella se encendió. Su cerebro empezó a echar humo. " Estas tres personas eran, o bien periodistas, o bien empresarios. Iban bien vestidos, de ahí mis conclusiones. Pero llevaban mochilas y parecía que arrastrasen alguna especie de trípode. Así que concluiremos que son reporteros. Han entrado en el hotel. Y ahora que me fijo... " frunció en ceño y aceleró ligeramente sus pasos hasta llegar a la entrada que hacía la puerta de cristal del hotel. Se paró, miró a su alrededor: un enjambre de personas aceleradas recorrían el gran salón recibidor del hotel. La cafetería de la entrada estaba llena, todas las mesas ocupadas, personas discutiendo y comentando emocionadas. " Aquí estás. " Se dijo en voz baja, pues sabía dónde y cómo encontrar a John Watson. Había sido tan fácil como seguir a la manada. Ay, qué diría su hermanito si la viese. Sacudió la cabeza; Mycroft era lo que menos le importaba ahora, debía cumplir su objetivo. Con paso firme, avanzó hasta cruzar la puerta del edificio, la cual abrió de un golpe con la mano. Notó como su abrigo volaba levemente por la corriente, dejando al descubierto el traje negro que había escondido todo el rato debajo de la otra prenda más tupida.
Una vez en aquella espaciosa, aunque ahora pareciese minúscula, estancia, dirigió todos sus sentidos a buscar al blanco de todo aquello. Había visto la fotografía en el periódico, confiaba en poder reconocer a la médica en cuanto la viese. Se movió casi como un guepardo por allí, prácticamente evitando todo contacto físico con las tantas personas que allí se encontraban. Justo cuando parecía que se estaba acercando a la zona de los sofás, magníficos sofás rojos granate, la gran masa de gente se movió en la dirección a la que ella se dirigía. Inevitablemente quedó atrapada por la multitud, y notó como poco a poco iba retrocediendo sobre sus pasos. " ¡Que se desmaya! ¡Que alguien haga algo! ¡Señorita Watson, somos de la revista Gente! ". Mientras la gente gritaba y se escandalizaba, la mente rápida y astuta de Sherlock no hacía sino calcular la vía de acceso más rápida hasta la médica. Se fue abriendo paso casi a codazos, aunque de una manera elegante, hasta llegar al final de aquella algomeración.
Y entonces la vio. John Watson. Echada en el suelo. Buscando... ¿qué buscaba? Como el niño que pierde las gafas tras chocar con el mueble más estúpido. " Respiración acelerada. Multitud. Ser el centro de atención. " No hacía falta ser muy sagaz para darse cuenta del problema. Sherlock se arrodilló rápidamente y cogió entre sus dedos el pequeño artilugio que iba a salvar a la médica de un desmayo. Sin pensarlo, la joven pasó su mano por el cuello de la convaleciente, intentó inclinar su cabeza recta, y depositó con suavidad el aparato del asma en su boca. Se aseguró de que estuviese respirando con normalidad, y entonces se giró bruscamente hacia los dos hombres más cercanos, que miraban sin hacer nada, con cara de sorpresa. " ¿Qué hacéis ahí parados? Id a por la llave de su habitación. Y echad a todas estas personas de aquí. " Ordenó sin apenas mirar a la cara a los dos hombres, quienes, en un primero bufaron. Pero cuando se percataron de la seriedad de la situación, se movieron como ratas espantadas. La joven se levantó, se limpió el abrigo y miró fijamente a Watson, que aún yacía en el suelo, recuperando el oxígeno perdido. Uno de los hombres, calvo y de ojos marrones, volvió a toda prisa. Hizo intención de dársela a Sherlock, pero esta no movió ni un dedo. Sin mirarle, siguió dando órdenes. " Muy bien. Llevadla a su habitación, con cuidado. Tiene asma y no puede caminar durante mucho rato pues se ahogará. Coged el ascensor. Cuando lleguéis, no dejéis que se acerque a la ventana. La altura la mareará. " Una vez había dicho esto, la morena giró sobre sus talones, dándole la espalda al hombre, al grupo de espectadores que poco a poco se iba reduciendo y a la médica, que parecía recuperarse por momentos " ¿Dónde va? ¿Cómo sabe qué piso es? ¡Si no ha ni mirado la llave! " Exclamaron, confundidos, los hombres que se habían "prestado voluntarios" para acompañar a Watson a su habitación. Sherlock, sin preocuparse más por resolver esa situación, abrió la puerta que llevaba a las escaleras de emergencia y empezó a subir los altos escalones de dos en dos, sin perder detalle de las vistas que le proporcionaban las pequeñas ventanas de aquel laberinto de hormigón.
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Re: ❝Living for mystery. . .❞

Mensaje por Mimikuma el Vie 5 Mayo - 16:18

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La había visto hacía años. Reconocía su rostro y aquellas reacciones. La forma que tenía de hablar con los demás, de expresarse... era imposible olvidar a un "personaje" tan poco común. Sin embargo, por alguna extraña razón, el que hubiese sido ella quien la rescatara, acrecentó en su pecho una sensación de seguridad. Sonaba irónico y más después del incidente que ambas compartieron en su último encuentro. Sin poderlo evitar, echó un vistazo en su mano y observó la cicatriz que la acompañaba desde ese día.

Si no se equivocaba, ella también estaría marcada, por lo que en aquellas facciones de segundos en las que Sherlock comenzaba a dar órdenes a diestro y siniestro, aprovechó para buscar la prueba de que en efecto, era ella. Y por supuesto que lo era. Allí, en una de sus manos, residía la otra mitad de la cicatriz.

Justo cuando Watson iba a abrir la boca para soltar las primeras palabras después de aquel susto, comenzaron a llevársela. Y que malas maneras de llevarla... sin duda alguna como médica, consideraba aquel trato realmente inútil. Por suerte, no era la única que se había dado cuenta. El camino hasta la habitación fue una odisea. Si llegaba entera habría sido un milagro y eso que ella no era creyente.

Cuando alcanzaron la planta en la que se encontraba la habitación de la señorita Watson, ésta ya se encontraba mejor por lo que se deshizo en cuanto pudo de los agarres de las personas que la habían ayudado y se acomodó la ropa, ya que con el viaje tan movido se habían arrugado un poco. Una vez fue capaz de caminar por sí misma, les agradeció la ayuda y se dirigió a la puerta donde se encontraban sus pertenencias y el lugar que utilizaba de momento para pasar la noche en Londrés. Lugar, que pronto dejaría por la falta de dinero...

Era obvio que todavía no se había recuperado del todo, pero ella se consideraba fuerte. Al fin y al cabo había estudiado para médica, tenía un buen manejo con las armas y a pesar de su trauma, podría apalear a tres hombres de vez si se lo propusiera. Sin embargo, todo se encontraba en su cabeza. Su maldito inconsciente le hacía temer lo que ocurrió en aquel lugar y lo acrecentaba. Por eso necesitaba ayuda psicológica, por eso... quería impedir que más mujeres sufrieran como ella lo hizo.

Mientras Watson pensaba todo aquello, ocurrió algo impensable. La guinda del pastel. Un hombre, parado en mitad del largo pasillo sostenía una fotografía hecha con una polaroid, por lo que tan solo existía una sola copia de ella. En ésta, se podía ver como había tomado una instantánea, aprovechando el momento en que había estado vulnerable y había captado su ropa interior, concretamente, las braguitas de lencería blanca que tanto le gustaban. El muy cabrón había aprovechado el momento en el que la cargaron en el ascensor para tomar la foto reveladora y utilizarla de arma contra ella.

¿Es que ahora no podía ni usar la ropa interior que le gustaba por miedo a que vinieran energúmenos como estos?

-Las feminazis merecen un castigo de vez en cuando. Lo mejor es que será un trabajo fácil teniendo en cuenta lo llorona que eres. -Habló aquel hombre de unos cincuenta y tantos con una expresión perversa en su rostro.

No supo cómo ocurrió, pero el momento en que Watson escuchó hablar a aquel hombre, apretó los puños con fuerza y su mirada se volvió fiera, desafiante. La médica soltó el aparatito del asma en el suelo y sin ser consciente de que cierta detective la estaba observando muy de cerca, se acercó al hombre y... todo ocurrió demasiado deprisa. Golpes, gritos de súplica por parte del hombre y... huesos rotos. Finalmente, lo último que se escuchó fue el sonido de la foto rompiéndose en dos. Por supuesto, no era tan idiota como para devolvérsela, pues reconstruirla no sería tan difícil.

-Muñeca derecha rota, húmero del izquierdo... roto, esa rótula... uf. Sin contar por supuesto en las posibles lesiones menores... Mínimo le doy tres meses de recuperación con suerte. -Soltó no sin antes propinarle un último golpe bien dado con su pie en la entrepierna, dejándolo totalmente K.O.

Fue entonces, cuando se giró, que la vio de nuevo y fue consciente de todo lo que había hecho. ¿Cómo... cómo había ocurrido? ¿Se había dejado llevar pero... no era eso imposible según su estado mental? De repente, todos los malestares regresaron a ella. Aquel subidón de adrenalina la había regresado a su estado vulnerable por lo que sintió que el mareo regresaba por momentos.
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