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We sow fire and blood

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We sow fire and blood

Mensaje por Little Ball of Psycho el Dom 28 Mayo - 19:10


We sow fire and blood
 

Tres lunas han vencido desde el incidente en las fosas de Meereen en el que el Rey, Daemion Targaryen, desapareció a lomos de su dragón de color oscuro, de ojos rubíes y destellos sanguinolentos al que todo el mundo apodaba La Sombra Alada al no saber pronunciar el nombre real, llamado en honor al hombre cuya incineración permitió que prendiesen para él, Drogon. La bestia llevó por los cielos al monarca hasta el Mar Dothraki, donde trataron de tomarle como esclavo al ser el cuñado del difunto Khal Drogo, el cual le nombró en su momento sangre de su sangre, un honor que sólo se le permitía a un dothraki de verdad. Sin embargo, su hermandad también era real al casarse con la también difunta Visenya Targaryen, su hermana, que se inmoló en la pira con él, los huevos y Mirri Maz Durr. El joven, sabiendo que no iba a sufrir las inclemencias del fuego como todo dragón, se adentró en la pira, prendiendo los huevos para él, siendo conocido como el Padre de Dragones. Tres vidas dieron tres dragones mágicamente y él los iba a criar. O eso fue hasta que se volvieron salvajes e indomables ya en Meereen. Ahora, con un khalassar recién reclamado tras haber incinerado al khal anterior con fuegodragón y con una nueva determinación, parte de nuevo a la ciudad que debe gobernar, Meereen, donde algo le espera.

Por otra parte, Victarion Greyjoy tras ser derrotado por su propio hermano, Euron, en la sucesión al trono de Piedramar parte en su nombre para robar los dragones del último Targaryen, aunque a última hora recibe el mensaje de que lo corteje en su nombre para que el nuevo rey le reclame como esposo de sal, como su concubino y acceder así al poder de los tres dragones gracias al cuerno que posee sacado de las ruinas de la Antigua Valyria. Sin embargo, Victarion, resentido por las afrentas del pasado de su hermano, tiene otros planes propios. Planes que podrían necesitar del monarca. Ayudando en la guerra contra los yunkíos los hijos del hierro han favorecido a la victoria del bando del dragón, haciendo que el regente y Mano del Rey, Ser Barristan Selmy, les deba un favor

Cronología

Coming soon...
Victarion Greyjoy
Clive Standen — Kerouac

Daemion Targaryen
Bradley James — Little B.

Meereen — 306 AC — Pirámide de la Arpía

Hellcat


We sow fire and blood


A Daemion le había costado sangre, sudor, lágrimas y fuego poder atravesar un seco Mar Dothraki, que estaba sufriendo el cambio estacional hasta dentro de unas lunas en el que volvería a ser el que conoció, ese vasto vergel, a lomos del enorme Drogon y de sus nuevos seguidores. El nuevo khalassar no eran los 40000 guerreros que tenía el de Drogo, pero sí había engrosado en varios miles de cabezas sus filas. Le seguían, había calcinado al anterior khal y ahora estaba vestido como de costumbre cuando su hermana Visenya se casó con el poderoso khal Drogo. A Damy le habían ataviado con un chaleco de cuero pintado trazando un dragón violáceo sobre una curtida piel blanca del más delicado potro, un honor sólo reservado a los kos del khal o a las propias khaleesi y unos pantalones del mismo estilo. Él ahora mismo era uno, aunque no uno estilo dothraki, pero se había ganado su favor desplegando su poder. "El dragón se alimenta del caballo" Recordó mentalmente, pensando en cómo tanto el semental de Mago como él habían acabado siendo el desayuno de un Drogon enfurecido por ese intento de ataque. Damy no lo impidió, sólo se quedó mirando la escena, envidiando al dragón que se nutría hasta que las propias mujeres le alimentaron y asearon, eliminando la suciedad y la malnutrición, así como la fiebre que había contraído por beber aguas sucias. Su mirada ahora era mucho más sana, más decidida, segura. Feroz como la del predador del blasón de su casa. El rey de todas las bestias.

El camino a Meereen fue sencillo, pues muchos de los esclavistas ya habían caído. Aprovechó para ponerse al día en los mercados, haciéndose pasar por un simple esclavo lyseno que compraba para el khal frutas frescas y exóticas y perfumes para su esposa. Daemion se cercioró de que los conflictos con los esclavistas se habían sofocado, parte por la dirigencia de Ser Barristan, su Mano, parte por las ayudas inesperadas tanto del tal Tyrion Lannister, que solicitaba una audiencia con él, como de un tal Victarion Greyjoy que había aparecido por arte de magia con 90 navíos llenos de hombres del hierro violentos y furiosos que habían violado a las esposas de los amos y reclamándola como esposas de sal. Damy sabía qué era ese término porque se lo explicó Visenya. Prácticamente era un eufemismo de los isleños para llamar a sus concubinas como tal. Se dedicaban a eso, al pillaje incluían con ello a las esposas de los hombres cuyos bienes habían pagado en hierro, en sangre. No pudo evitar sentirse inquieto ante ello. Después de todo unos piratas, y más siendo ponientis era lo que menos quería cuando tenía que reestabilizar la Bahía de los Esclavos de nuevo.

Al llegar a la propia Meereen dio permiso al khalassar para acampar ahí.- Si preguntan, os lo he ordenado. Decid en nombre de quién venís.- Exigió a uno de los hombres en un firme dothraki, partiendo a lomos de Drogon hasta la cúspide de la pirámide, derribando la arpia en el proceso y mostrándose orgulloso. El rey había vuelto. Daemion escuchó de los partidarios, de los libertos clamores al verle. También escuchó gritos de pánico por Drogon, por la temible Sombra Alada y recibimiento por parte de Missandei, la niña esclava que había liberado y hecho su intérprete y doncella, Barristan, Daario, su amante, el cual le abrazó pidiéndole que le permitiese acompañarle en su lecho con unas seductoras palabras en el oído.- Hablaremos más tarde, Daario Naharis. Antes de nada, quiero ponerme al día con lo que ha ocurrido en mi ausencia.- Pidió con tono solemne, decidido, aún con las prendas dothraki encima.

Lo primero que hizo Ser Barristan, en cambio, fue pedir que hiciese algo al respecto con el Lannister que tenía en las mazmorras, el hijo de Tywin para ser precisos y hermano del hombre que mató a su padre y con el dirigente de los hijos del hierro. Damy se planteó seriamente echarles, pero no podía. Ser Barristan también pedía que los expulsase, que no durarían mucho sin traicionarle, pero él por mucho que le pesase debía de atenderles y darles las gracias.- Ser Barristan, avisad a su dirigente. ¿Victarion se llamaba? Me gustaría hablar con él. Missandei, por favor, prepárame un baño.- Pidió con voz más suave, cariñosa ante la niña, que partió correteando a preparar una bañera perfumada con aguas florales, con esencias de las más deliciosas flores. Sándalo, como a él le gustaba para relajarse, detectó, así como flores silvestres. Unas de color azulado que había olido en la casa de Illyrio Mopatis.

Al salir de allí, aún con el pelo mojado, pero con una corona de oro blanco, con los tres dragones haciendo su forma y sus ojos tallados en rubíes, diamantes y esmeraldas respectivamente, vestido con una capa de piel de serpiente blanca, con una delicada casaca de seda violácea, a juego con sus ojos y unas botas de la misma piel se dirigió al trono. Al abrir la puerta reparó en un hombre algo desaliñado, de pecho como el de un toro, mayor que él, de pelo castaño y largo, descuidado, castigado por el sol, una barba poblada, larga y desaliñada y con unas ropas demasiado abrigadas para ese sitio, oscuras, de cuero. Con la mano zurda herida, afectada por una especie de hechizo que la tenía ennegrecida con las venas ardiendo como el hierro fundido, recordándole inconscientemente a Drogon
Le dio una mirada rápida mientras se dirigía al trono, con paso lento, pero decidido, revelando bajo su cinturón una espada como señal de que no estaba indefenso.- Lord Victarion Greyjoy, supondré.- Habló, con su voz resonante por toda la sala, sentándose en el trono frente a él, con una mirada directa a esos ojos de color de la miel, toscos y decididos.- He oído que habéis hecho una labor encomiable en mi guerra, que habéis ayudado a mis soldados y que, por ello, estoy en deuda con vos. Por favor, me gustaría saber qué os trae por aquí y si habría alguna recompensa que... Queráis al respecto.- Damy no se andaba con tonterías. Iba a despacharle rápido, que se fuese cuanto antes y si intentaba hacer algo... Sobre un obelisco acechaba cierta criatura como la noche, de mirada ardiente y de hálito aún más abrasador.




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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Kerouac el Miér 31 Mayo - 17:55

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Victarion no había previsto entrar en guerra, por lo que tardó en responder a las nubes de humo que ascendían desde el punto no tan lejano que era Meereen. Sin embargo, Morroqo le aseguró que era una buena forma de mostrar su apoyo al rey dragón, así que lo primero que hizo fue destrozar la barrera de barcos que Drogon había quemado. Los espolones de sus embarcaciones machacaban la madera chamuscada y apenas dejaban en su madera zonas ennegrecidas que no llegaban a quemar. Una vez los esclavistas que se habían acercado a la zona por barco quedaron hundidos junto con sus embarcaciones, Victarion formó a sus navíos para la batalla. Los más cercanos a la costa atacarían desde allí, con arcos, mientras que el resto de hombres, liderados por él mismo, ayudarían a los que apoyaban a Daemion por tierra. Su hacha cortaba cabezas y extremidades como quien partía una tabla de madera carcomida y vieja, con tanta precisión que su filo nunca parecía perder su capacidad de corte. También se ayudó con la espada, aunque era menos diestra con ésta, y cuando todo finalizó, recorrió las ruinas hacia la pirámide del rey. Le decepcionó no encontrarle allí.

Decidió esperar en unos aposentos que le prepararon como agradecimiento por su ayuda en la batalla, aunque Victarion sospechó que les gustaría tratarle como a un prisionero. Aceptaban sus peticiones a duras penas –que le trajesen a Morroqo, que le preparasen un baño, que le dejasen ver los dragones, cosa que no hicieron, que dejasen entrar a sus hombres con el cofre donde guardaba algo de valor, es decir, el cuerno, etc.–, por lo que el isleño disfrutaba haciéndolas más que nunca.

Los días y los ciclos lunares se le hicieron más largos que nunca hasta que una mañana, ser Barristan Selmy le pidió que se arreglase y fuese a ver a su rey. No se molestó mucho, dejando su pelo tan salvaje como siempre y su barba desaliñada, con ropajes de la batalla que no había lavado adrede, para que viese la cantidad de sangre reseca que había en ella. Morroqo iba unos pasos tras él, llevando el cofre que contenía el cuerno.

Observó al rey de arriba abajo. Aquellos colores le daban más el aspecto de un santo de la Fe de los Siete que de un rey, aunque Victarion miró la corona con orgullo y adoración. Sin duda una corona mucho más digna que la de las Islas. Hizo una reverencia tosca, a regañadientes, antes de acortar la distancia entre ellos, quedando al pie de la escalinata que había ante el trono.

La recompensa que ansío debo pedírosla en una audiencia privada, mi señor. Lo que hoy me trae aquí es algo distinto —alzó su mano ennegrecida no sólo para que el contrario la viese sino para hacerle una señal al sacedorte. Una vez quedó junto a él, dejó el gran cofre frente a Damy y lo abrió para que viese el contenido—. Un Cuerno Dragón traído de la misma Valyria. Por lo que pude ver en el albor de la batalla vos no lo necesitáis, pero sirve para domar a los dragones y tener un mejor control sobre ellos. Por supuesto, sólo puede usarlo quien es digno de ello.

Era mejor no contarle lo que le había ocurrido al hombre de su tripulación que lo había soplado. Fijó la vista en los ojos violáceos del contrario, aunque su rostro no cambió. En su mente ya había olvidado a Euron. La venganza de encamar él mismo al rey legítimo, de incluso pedirle matrimonio, sería mejor que matar a su hermano mil y una veces. Claro que aquello debía esperar.

También os ofrezco mis barcos, mi señor. A cambio de que ciertos requisitos para mis territorios que, en su momento, os detallaré. Noventa navíos que, junto con los que aún quedan en pie aquí, son más que suficientes para volver a Poniente.





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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Little Ball of Psycho el Miér 31 Mayo - 18:31

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Damy reparó en la sangre seca de la armadura en forma de kraken y las invernales ropas, impropias de un veraniego y caluroso clima como el de Meereen, desértico, árido, con un sol impío. Sus ojos le escudriñaron hasta ser interrumpido por un sacerdote rojo que vestía prendas con los colores Greyjoy. Cara tatuada, llamas oscuras. El emblema del kraken. Damy no pudo evitar recordar la profecía de Quaithe, aquella en la que le advertía sobre gente que se toparía en su vida.

"Las velas de vidrio están ardiendo. Pronto vendrá la yegua pálida, y luego de ella los otros. Kraken y llama roja, león y grifo, el hijo del sol y el dragón del titiritero. No confíes en ninguno. Recuerda a los Eternos. Desconfía del senescal perfumado."

La yegua pálida... Probablemente la colerina sangrienta. El león era ese enano de lengua afilada que tenía encerrado en unas catacumbas y que no dudaría en ajusticiar con sus propias manos, al estilo de los traidores norteños. Kraken y Llama Roja... Esos dos eran. No había duda. Recordó el consejo de la asshaita. "No confíes en ninguno. Recuerda a los Eternos". Su semblante mientras tanto sólo reflejaba una preocupación ligera sobre sus intenciones. Por supuesto que no se fiaría como un niño idiota. Hace tiempo que aprendió esa lección.

Decidió incorporarse del trono, avanzando la escalinata hasta él, con un aspaviento en sus manos mandó irse a los inmaculados que se apostillaban ocultos. Con ese mismo gesto, pidió a ese sacerdote que se retirase.- En nada os tocan los rezos del mediodía y sois un hombre de fe. No quisiera que El Señor de Luz me deteste por ello.- Con eso, invitó amablemente a que se retirase, pero sin pecar de grosero. Usó el alto valyrio, la lengua de sus ancestros, tan común en Essos como escasa en la Bahía de los Esclavos, lugar del antiguo Impero Ghiscari y donde se hablaba aún el lenguaje de ese régimen.

Su hombro rozó delicadamente el de Victarion, pasando a través de él, con paso firme, decidido y regio, casi atravesándole como un fantasma, dedicándole una mirada fría, suspicaz y revelando con el ondeo de la capa que iba armado con una espada bastarda y fina. Cuando Visenya se casó con Drogo recibió una esclava que la enseñaría artes amatorias y unos huevos de dragón que serían ahora los propios hijos de Daemion, pero él recuperó una reliquia familiar cuya pista se perdió con Cuervo de Sangre: Hermana Oscura. O al menos una réplica de acero valyrio demasiado similar para ser cierta.- Y por supuesto esperáis que me crea que habéis atravesado un mar humenate, de fuego, nubes de azufre que emponzoñan los pulmones e infestado de demonios para coger un cuerno de dragón con esas propiedades. ¿De dónde lo habéis sacado? Sed sincero.- No iba a darle el voto de confianza con esa profecía de por medio. Tampoco iba a fiarse de las supuestas propiedades.

Leyó los glifos valyrios, sonando más a una maldición que a una bendición para domar dragones. Fuego por sangre, sangre por fuego.- ¿Y queréis que lo sople para que me acose una maldición que me mate?- Preguntó, clavando sus ojos amatista en los de él. Reflejó cierta frialdad, como una estatua. Majestuosidad como un dragón. Desconfianza como un gato callejero. Pero sobretodo trataba de intimidar a un hombre que sabía que podría con él en una batalla.- No aceptaré ningún regalo de alguien que no conozco, de cuyas alianzas no sé si estarán con los causantes de que esté aquí y no en Desembarco del Rey. Los regalos pueden estar envenenados, lord Greyjoy y ambos sabemos que no me faltan enemigos.- Declinó, avanzando hasta quedar a tres pasos delante de él. Cogió aire por la nariz, exhalándolo antes de volver a hablarle.- Estamos solos, así que tenéis una sola audiencia conmigo. Sólo una. Sed sabio e invertidla para convencerme, mas mi intención actual no es irme a Poniente.- Reconoció, señalando a la ventana.- Esa gente necesita quedarse tranquila de que ningún hombre pondrá una cadena en sus cuellos. Poniente puede esperar a que llegue un rey que sepa gobernarlos. Volveos si es lo que deseáis, pero será con las manos vacías.- Su voz firme dejó claro que era superior a él, que sus deseos eran órdenes. Había aprendido por la fuerza a ser un monarca orgulloso y firme... Y más ahora que tenía la advertencia de esa misteriosa dama.



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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Kerouac el Vie 2 Jun - 0:58

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Siguió al contrario con la mirada, sin inmutarse ante aquel roce. Le aseguró a Morroqo con una mueca que estaría bien y volvió a centrar su atención en el más joven, sin reaccionar ante sus palabras. Mantenía la compostura, sabiendo que el diálogo sería la solución más efectiva con Damy. Mostrarse violento no le ayudaría. Se quedó mirando al susodicho cuando por fin cayó, examinando su impoluto rostro gracias a la cercanía que les separaba.

No está envenenado, mi señor. Uno de mis hombres lo probó y murió. Por eso tengo la teoría de que sólo lo puede usar la persona indicada,
en este caso usted, el último Targaryen vivo. Claro que también comprendo que es algo arriesgado. Aun así, no lo sopléis si no queréis. Tenedlo como obsequio, un recuerdo de vuestras más antiguas generaciones.


Le dedicó lo que pareció una sonrisa antes de hacer una pequeña reverencia, la forma que tuvo de pedirle permiso para pasear por allí. Se acercó hasta el ventanal que apuntaba a la bahía y tras asomarse giró el rostro hacia el oeste. —Poniente es vuestra, mi señor. La necesitáis. Sé que mis palabras y una flota no os harán cambiar de parecer... pero ser Barristan Selmy puede quedarse a cargo de la Bahía. Lo hará bien. Vos tenéis que reclamar lo vuestro. Los reinos están en guerra, cada vez más destrozados. Sois todo lo que Poniente necesita para doblegarse y, a la vez, renacer. Os ofrezco las Islas del Hierro, aunque... antes debo confesarle que gobierna mi hermano, Euron Greyjoy. Él fue quien me mandó aquí y quien consiguió el Cuerno. Créame, ha salido vivo de las ruinas de Valyria. Es... imparable, aunque sólo metafóricamente, claro. Hace días recibí un cuervo para pediros... ser su esposo de sal, no sé si conocéis la expresión. El caso es que, entre vos y yo... no le tengo mucha estima a mi hermano. Me hizo asesinar a mi mujer. Así que... —se giró de nuevo, con las manos entrelazadas tras la espalda—. Le propongo ser mi esposo de sal, aunque sea en apariencia. Desconozco vuestro modo de vida, pero si mi hermano os quiere, rabiará cuando me vea con vos. Y rabiará aún más cuando acabéis con él. Porque os cedo las Islas, Poniente y mi Flota a cambio de una sola cosa: acabar con Euron Greyjoy.

Empezó a caminar por la sala, como si él fuese el rey y estuviese doblegando a un campesino cuyas quejan eran nimias. —Diréis que es un acto egoísta. Bien, ¿queréis saber la verdad sobre ese Naharis que en tanta estima os tiene? Vi algo en la batalla... en fin, no es tarea mía divulgar estas cosas... pero podría hacerlo si tenéis curiosidad... y a cambio de la certeza de que pensaréis mi oferta. —. Se detuvo para mirarle. Sus ojos brillaban de forma pícara, acompañados con una suave sonrisa pícara oculta tras su barba.





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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Little Ball of Psycho el Vie 2 Jun - 1:34

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Damy siguió leyendo mentalmente loos glifos valyrios. Supo en ese momento que le vino bien aprender esas lenguas desde muy pequeño para defenderse en Essos, tanto de viva voz como por escrito. Si bien describía que quien soplase el cuerno perecería, explicaba que debía tomarse con sangre por fuego y fuego por sangre, teniendo que arrebatárselo por la fuerza a su portador real... O que éste se lo regalase. Sin embargo, no podía arriesgarse a soplarlo porque, como bien dijo ese hijo del hierro, quien lo tocó murió. Y como no conocía la causa, no iba a jugársela por mucho que ese cuerno pareciese brillar al contacto de su mano desenguantada, acariciando la lisa superficie de los caracteres, tan arcaicos como el propio instrumento.- Por ahora lo custodiaré hasta que sepa si he de confiar en vos o no. Es un regalo envenenado por mucho que me hayáis advertido de sus peligros. ¿Cómo pensáis que he de tocar un instrumento que me mate? No podría domar a ningún dragón.- Respondió, rodeándole, tratándole como si tuviese el control real de la situación, que lo tenía dado que desde un ventanal Drogon estaba apostillado, observándoles.

Sus ojos amatista no dejaron de observar su recorrido, escuchando atentamente las palabras con las que prometía regalarle Poniente, con que le informaba de lo que ya sabía de la boca del Lannister que tenía apresado. ¿Dejar a Barristan Selmy, su Mano, en la ciudad e irse con él? Para ello tendría que dejar parte de los hombres que le eran fieles y depositar su confianza en un hombre que no debía de fiarse de acorde a la sacerdotisa.

- Debéis de saber que he sido advertido de vuestra llegada mucho antes de que me fuese de Meereen a lomos de Drogon. De la vuestra y de vuestro sacerdote rojo. Una domadora de sombras me dijo que llegaríais ambos, como también de Tyrion Lannister. Me dijo que desconfiase de todos vosotros también y no es el primer consejo útil que me daría esa dama. Y si vos os acompañáis de un hombre así, quiere decir que también creéis en los presagios que dan los emisarios del Dios Rojo.- No era una suposición. Lo afirmaba, Damy estaba decidido a decir eso.- Algo raro porque según se me contó, practicáis otro tipo de fe en las Islas del Hierro. También sé de lo que significa ser esposo de sal.- Ese término hizo que su mirada amatista se tornase más feroz, refulgiendo con el fuego de un dragón por un momento. Desenvainó a Hermana Oscura, dejando la punta sobre la nuez de ese hombre, pero sin ir más allá de las puntas de los vellos de la barba.- A ver si me he enterado bien: No sois un lord, venís de parte de vuestro hermano, que supuestamente ha atravesado por mar un océano maldito que nadie ha podido navegar en trescientos años, desde que mis ancestros huyeron de allí para traerme una reliquia envenenada, venir de parte de vuestro hermano oficialmente para ser su concubino, algo poco más que una ramera y no sólo con eso, venís traicionándole para, que como venganza, acceda a ser vuestro y no suyo.- Le miró directamente a los ojos, queriéndole acorralar contra una columna hasta que guardó la espada.- Debería de haceros castrar por esto. ¿Sabéis que habláis con un rey mientras vos no tenéis una corona? Mostráis poco respeto hacia mí pidiéndome eso. Decidme, ¿veis en mí vuestro soberano, como bien me prometéis o venís en busca de un culo apretado y caliente, una boca sonrosada a la que follar y un trono que usurpar? -Cuestionó, acercándose a él, juntando su rostro con el suyo sin tenerle una pizca de miedo.- Si quisiera Poniente ya habría ido. Si quisiera abandonar la Bahía, me habría ido.- Recordó, aunque no iba a decirle que no podía domar a sus dragones y no tenía apenas experiencia para gobernar un reino, como para hacerlo con siete.- Si lo queréis saber, me atraen los hombres, sí. Poniente no aceptará eso, mas si queréis acabar con vuestro hermano, hacedlo vos mismo. ¿O es que tan poco os importó vuestra mujer?- Se alejó en ese momento, retrocediendo unos cuantos pasos.

Sus labios se mantuvieron firmes, sin sonreírle, sin mostrar más que una aparente calma, procurando no revelar nada a su enemigo, por así decirlo. ¿Cómo se sentía? Ofendido, desde luego, por esa petición. Pensó que valía mucho más que ser una simple puta de cama, y más si lo que quería era una alianza política. Para eso, ya se habría ido con Quentyn Martell... Si es que hubiese quedado algo más que un amasijo de cenizas y alhajas de él. Su ofensa no hizo más que crecer al ver cómo se paseaba como si fuesen sus dependencias, mirándole con gesto de malas pulgas.- ¿Y ahora habéis pasado de ser un guerrero que viene a ofrecerme el mundo a cambio de un concubinato con... Un chisme de vieja? Si quisiese enterarme de los rumores locales me iría al mercado, lord Victarion, no a mi sala del trono. No obstante... Hablad.- ¿Podría haberse negado definitivamente? Sí, podría. Y podría haberle sacado el chisme a base de tortura, o no creerlo, pero le iba a dejar hablar. Sólo por esta vez. Sin embargo, algo en sus ojos le decía que podría haber picado como un pez en un anzuelo- Si mentís os despediréis de vuestra lengua por encizañar y de vuestra polla por vuestra osadía.




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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Kerouac el Vie 2 Jun - 19:52

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No se inmutó ante la espada, pues algo le decía que no se atrevería a perforarle el cuello con ella. Además, el chico no parecía curtido en batallas y probablemente le faltase no el valor sino el entrenamiento necesario para realizar un corte así como debía ser hecho. Su padre le había contado de pequeño casos en los que alguien usaba mal la espada y lo que más hacían era dejar a la persona sin cuerdas vocales y con una cicatriz horrenda.

No busco que seáis mi concubina —reconoció cuando el contrario calló, y Victarion detuvo su paseo para mirarle de arriba abajo—, lo que quiero evitar es que seáis la de mi hermano. ¿No lo veis? Os usaría. Ganaría la corona por ser quien sois, pero en el fondo él tomaría el poder y os usaría como poco más que un recipiente con el que darse placer. No le importan los dragones. También usaría el Cuerno, aunque le matase. Yo os ofrezco algo mejor. Acabar con él y, en el proceso, ofreceros estabilidad y lo que nadie os ha ofrecido hasta ahora. No toméis mi mano si no queréis, no compartáis cama conmigo, no viajéis en mi barco si lo que teméis es que sea como mi hermano, pero al menos escuchadme.

» Respecto a lo de Naharis... vi algo que no me gustó nada. No quise decírselo a ser Barristan porque, como sabréis, no se fía de mí. El caso es que ambos empezaron luchando juntos y acabaron separándose. En varias ocasiones me crucé con Naharis, y le vi ensartando esclavos que querían liberarse con la espada y rebanando cuellos con su arakh. No debéis olvidar que es un mercenario, al fin y al cabo. Y cuando os marchásteis a lomos de Drogon, la batalla parecía perdida para Barristan, así que no me sorprende que decidiese pasarse al que parecía ser el bando ganador. No soy quién para juzgar vuestras amistades, pero andaos con cuidado. Creo que se habría unido a los esclavistas de no ser por cómo calcinasteis sus barcos y cómo mis hombres y yo ayudamos en vuestro favor.


Se acercó hasta el baúl y se acuclilló, acariciando la lisa superficie con la mano buena. —No está envenenado. Mi hermano no querría mataros tan pronto. Lo haría cuando tuviese poder. Creo que lo único que quiere es controlar a los tres dragones. Habéis dicho que no queréis Poniente, pero es vuestro y está frágil. Es el mejor momento para tomarlo. Yo lo haré con vos. Os protegeré mejor que Naharis y Selmy juntos, y no haré nada que vos no me pidáis.

Cerró el baúl y se puso en pie. Dio unos cuantos pasos, hasta acabar frente a Daemion. Le observó, bajando la vista por la diferencia de altura, antes de quitarse la capa de lana que tenía. También desenvainó la espada, y aunque en un principio lo hizo para tirarla a un lado, hincó una rodilla en el suelo y depositó el acero sobre sus manos, que extendió hacia él. En las Islas aquellos rituales no eran típicos, luego era un esfuerzo sobrenatural para él declarar pleitesía así.

Es vuestra. Y podéis confiar en Morroqo. Fue quien curó mi mano y previnió que fuese amputada, y quien más me ha aconsejado y educado en cuanto al Cuerno. Antes de que sigáis preocupado por ello, mi fe siempre será la del Dios Ahogado. Tan sólo he abierto mis horizontes, dándome cuenta de que las llamas, al igual que el mar, tienen su poder. Dejando a un lado las religiones, el kraken y el dragón conquistarían el mundo. Pensadlo.





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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Little Ball of Psycho el Vie 2 Jun - 22:54

We sow fire and blood


Daemion se quedó en silencio, escuchando a ese hombre, pero advirtiéndole con una mirada, con un fuego refulgiendo en sus amatistas que no se tomase demasiadas confianzas si no quería que cumpliese tales amenazas. No le sería complicado al fin y al cabo.- Nadie me ha dicho en ningún momento que mi única opción sea dentro de la casa Greyjoy. De hecho, la casa Martell de Dorne también se ha interesado en formar alianzas conmigo en ese sentido. Lo que quiero decir, es que hay varias opciones.- Replicó. Ser Barristan, Visenya, hasta el traidor de Jorah le habían dicho que todos los hijos del hierro era unos saqueadores, unos traicioneros tan escurridizos como el calamar (o kraken) que blandía la casa Greyjoy en sus estandartes negros y dorados.- ¿Y podría saberse por qué vos actuáis de esa manera tan altruista? Vuestro hermano sigue siendo un hombre, como vos. Y como todo hombre tiene sus puntos débiles y sangra. El único arma que podría usar en mi contra la habéis puesto en mis manos, así que está totalmente indefenso.- Reseñó, señalando la reliquia, escuchando con calma el testimonio del marino y recordando las palabras de Quaithe "Recuerda a los Eternos", le dijo en Meereen. Los Eternos, por su parte le dijeron en Qarth "Tres traiciones sufrirás. Una por sangre, otra por amor, otra por oro". Las traiciones primeras ya las conocía: Mirri Maz Durr les traicionó tanto a él, como a Visenya como a Drogo causando la muerte de su sobrino Rhaego, de Drogo y el suicidio de Visenya. El segundo, el de amor, fue por ser Jorah Mormont, que les vendía información a los Lannister a cambio de un indulto de su pena de muerte. Amor a su tierra. El tercero, si eso era verdad sería Daario. Oro. La traición del oro que le otorgarían los esclavistas. Damy sintió su corazón darse un vuelco.

Daario Naharis... No le amaba, desde luego, sólo era diversión lo que buscaba de él. Por muchas palabras de amor que le regalase sabía que sólo eran un entretenimiento para el otro. Daario se encargaría de seducir tarde o temprano a la siguiente persona que se le pusiese por delante, por mucho que le regalase los oídos diciendo que ningún amante fue tan bello como él. Desde luego, de haber sabido esto, no le habría metido en su cama, no le habría regalado esas noches de placer desenfrenado ni la oportunidad de ganarse su confianza. Sin embargo, no podía fiarse tampoco de Victarion, por lo que no tendría más remedio que interrogarlo. Daario le mentiría y le trataría de seducir, sin embargo, había gente inmune a sus encantos. Abandonó la sala por un momento, abriendo la puerta para dedicarle unos susurros a Héroe y a Gusano Gris.- Traed a Daario Naharis. Interrogadle, estaré yo presente. Él.- Señaló al hombre a sus espaldas, que estaba a varios pasos como para no oír las palabras en valyrio.- formulará las preguntas.- Dicho esto, cuando ambos inmaculados se retiraron, volvió a atender al barbudo hombre. Intentó mantenerse calmado a pesar de la ira que reflejaba, del dolor de la traición de su amante a pesar de no haberle amado, de ser sólo un instrumento de placer.- Vais a interrogarle al caer el sol. Estaré presente, formularéis las preguntas y si es verdad lo que decís no sólo seré vuestro esposo de sal, si no que seré vuestro esposo de roca, como decís en vuestros dominios.- Eso quería decir que accedería hasta a un matrimonio oficial, que le dejaría ser su igual y no un amante.- Y le daréis un nuevo esposo de sal a vuestro hombre más necesitado de atención masculina. Podrá ser un eunuco si lo prefiere.- Con eso dejaba también a entender que Daario sería castigado a ser el objeto de placer de alguien como a él le había engatusado.- Y también, si queréis lograr mi mano o entrar en mi cama... Deberéis de convencerme con algo más.- Añadió, sintiéndose algo atribulado al ver a ese feroz hombre hincar su rodilla ante él, regalándole su arma, asiándola con ambas manos. Estaba oxidada, mellada. No serviría mucho más, a diferencia del hacha que portaba.

-¿Y eso no os costaría algún tipo de penitencia en vuestra fe?- Interrogó el monarca, tocando por primera vez a ese hombre, irguiéndole el mentón con los dedos índice y pulgar de su zurda para que le mirasen a los ojos. Era una barba algo áspera, descuidada, pero no estaba sucia apenas. De hecho podría asegurar que le agradaba su tacto.- Se me advirtió también que no era de confianza. Si quiere mi fe en él deberá de ganársela, al igual que vos. Tampoco tomaré Poniente por muy frágil que esté ahora. No es mi interés más que gobernar y traer la libertad a Meereen y entonces y sólo entonces partiré.- Una carcajada abandonó sus labios, no burlona, si no sorprendido de oír esas palabras.- ¿Kraken y dragón? Somos las bestias que dominan el cielo y los mares, sí, pero... ¿Me estáis prometiendo el mundo, milord? Os recuerdo que a un hombre se le gana por hechos, no como a las doncellas. Ganaos que os jure fidelidad probando la culpa de Daario y seréis mi igual. Hasta entonces... Seguís siendo un simple saqueador.- Declaró, finalmente, mirándole a los ojos. No obstante, no pudo evitar regalarle una fugaz caricia en el mentón, tal vez debido a que ese hombre del mar era atractivo. No como les gustaba a las doncellas de la alta cuna, pero desde luego sí como le gustaban a él.




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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Kerouac el Dom 11 Jun - 15:50

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Dejó que el otro le tomase de la barbilla, manteniendo la vista fija en él. Estaba claro que Daario no iba a contestar con sinceridad a sus heridas, pero tenía una baza que usaría a última hora, en caso de que el interrogatorio fuese en favor del mercenario. Uno de sus hombres le había atacado con una espada, justo antes de su huida; era un corte que, por la forma de las armas de los esclavistas, no podía haber sido hecho por éstas.

No os prometo el mundo entero, mi señor. Eso es imposible. Tan sólo una alianza fuerte. Tomaos todo el tiempo que queráis en Meereen —dijo antes de ponerse en pie de nuevo, teniendo que bajar ahora los ojos para mirarle. En el fondo Victarion sabía que Daemion no podía quedarse mucho tiempo en la ciudad; si no iban pronto a Poniente, quién sabe si Stannis abandonase el muro y aprovechase la debilidad de los Lannister para conseguir lo que tanto ansiaba. Era ahora o nunca.

Pido vuestro permiso para retirarme, mi señor. He de hablar con Morroqo y asearme antes del interrogatorio. La presencia es importante. Además, me gustaría conversar con mi señor un poco más, así que os pido que me concedáis una cena después del juicio. Sea cual sea el resultado —intuyó que lo natural sería arrodillarse de nuevo o al menos inclinar la cabeza, pero no lo hizo. Llevó las manos a la espalda de nuevo y sacó pecho, hinchado de orgullo. Aun así, su mirada, divagando entre el salvajismo y la ternura, seguía fija en los ojos del rey.





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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Little Ball of Psycho el Dom 11 Jun - 18:11

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Daemion sabía que el interrogatorio iría bien. Sobretodo porque Daario no tenía mucha tolerancia al dolor cuando se le ponía contra las cuerdas. Lo comprobó en su momento cuando no habían empezado ese idilio, si es que se le podía llamar así a que saciaban mutuamente los deseos del otro y que el de barba azulada aprovechaba la situación para de paso tratar de ganarse el favor real a cambio de unas apasionadas noches. Daemion era joven, pero no idiota, así que, sí, le había concedido eso a Victarion para de paso salir de dudas y eliminar la tercera traición de la profecía.- Por lo menos sois un hombre realista, lord Victarion. Pero tampoco se fiaría hasta que estuviese del todo seguro de las intenciones de éste. Los Greyjoy eran brutales, especializados en el pillaje, como los de todas sus tierras, sin embargo, no podría descartar una escaramuza por el momento, así que en alto valyrio pronunció unas palabras, y otras en dothraki para que al otro lado del portón les oyesen. Les iba a tener vigilados y dudaba que su acompañante conociese cualquiera de esas lenguas, mucho menos la segunda, que era una lengua de interior, y no de una zona costera pues los dothraki aborrecían profundamente el agua del mar

-Sois libre, mas os espero al caer el sol. Pedid a cualquiera de los Inmaculados que os lleve a la sala de interrogatorios, por favor, y después de eso, si probáis tener razón y aparte de sacarle la verdad me aportáis pruebas de que es un traidor mi deuda sería tal que puede que os tenga cierta confianza, o al menos, os concederé más de lo que deseáis esta noche. No sólo una cena, si no mi mano. No obstante, pondré ciertas condiciones para garantizarme mis beneficios.- Respondió, observando cómo se levantaba, cómo mostraba arrogancia, orgullo de guerrero. Victarion Greyjoy era alguien que no estaba hecho para ser gobernado, si no para mandar. No le importaba lo más mínimo estar viéndose con el Rey Dragón o con su propio Dios Ahogado. Y, aún así, podía afirmar una cosa: Le gustaba. Le encontraba atractivo, claro, lo era, y encajaba en su prototipo de hombre, pero no era eso si no algo, un punto que no sabía por qué, le hacía no tomar represalias por esas continuas afrentas que podría tomarse mal. Como esa mirada última que no sólo le sacó un rubor destacable en sus mejillas pálidas, que se tornaron del color del granate, si no que también le devolvió una inconsciente mirada juguetona, como que la aceptaba y la devolvía.- Podéis retiraros hasta dentro de unas horas.- Respondió, retirándose para descansar un poco tras ese arduo viaje. Se recostó en su añorada cama, esperando unas horas a que fuese la hora del interrogatorio. Al despertarse le dio tiempo a retomar su lectura sobre la historia de su antepasado, el apodado Egg, justo antes de que Missandei le convocase a las catacumbas.- Está bien, me prepararé yo mismo, Missandei, puedes retirarte.- Pidió el monarca con amabilidad.

Poco después el propio Damy bajaba a paso seguro, escoltado por Rakharo y por Gusano Gris, uno a cada flanco, ataviado con una fresca capa de color negro, casaca rojo como el vino y pantalones fescos, pero negros, con unas sandalias de cuero adornadas con alas de dragón. Allí se encontró a un maltrecho Daario que se removía asustado como un cerdo en el matadero y, a su lado, un Victarion Gryjoy adecentado, con prendas más aptas para el clima de la Bahía de los Esclavos.- ¿Habéis empeado sin mí? Mis hombres podrían informarme, pero supongo que aquí habéis informado también a Daario de qué se le acusa.- Le miró a él, a Morroqo, y a los hombres del hierro que ahí estaban con cierto orgullo, tratando de no mostrarse muy ultrajado por la tración supuesta.- Yo me hallaré en calidad de espectador y elegiré una sentencia si se le prueba culpable.




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Re: We sow fire and blood

Mensaje por Kerouac el Jue 22 Jun - 18:57

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Una vez en soledad se comunicó a duras penas con un Inmaculado para que le llevase una bañera y ropas acorde al vestuario del lugar. Tal vez estando algo más presentable que Daario, y mostrándole a Daemion que podía acostumbrarse al estilo de vida de si ciudad, tenía más puntos a la hora de asegurarse su victoria. Una vez acicalado preguntó por la sala de interrogatorios y se dirigió allí antes de tiempo. Hizo llamar a Daario, a Morroqo y a unos cuantos hombres del hierro que servirían como testigos. Le dejó las cosas claras al mercenario, llegando incluso a amenazarle. La forma en que se achantó y agazapó le divertía de forma indescriptible.

Cuando llegó Daemion le hizo una tosca reverencia y asintió con la cabeza ante sus indicaciones. —Bien, comencemos. Mis hombres y yo llegamos cuando la batalla ya había comenzado. Daemion, aquí presente, se había encargado de chamuscar los barcos de los esclavistas antes de marcharse. Sin embargo muchos de ellos sobrevivieron y tomaron tierra. Los otros dos dragones habían escapado, con la mayor parte del ejército Martell chamuscado, e iban por libre —paseaba de un lado a otro, con una mano en la cintura. De haber tenido el hacha colgada, estaría asiendo la parte superior sin importar cuán afilado estuviese—. Mi Flota de Hierro se hizo paso entre las ruinas de los barcos esclavistas y atacó por aire, mediante flechas, y tierra. Era un caos, parecía que todos atacaban a todos. Pero había dos bandos claros. Los esclavos y los hombres fieles a Daemion luchando contra los esclavistas, cuyas armas eran bastante mejorables. Una sección de mis hombres, liderada por mí mismo, se alejó del centro de la batalla para atacar los flancos de los esclavistas.

» Para mi sorpresa, el señor Daario Naharis se encontraba callejeando, huyendo de nosotros. Su arakh rebanaba cuellos de esclavos y cualquiera que les ayudase con una torpeza que sólo podía significar una cosa: estaba nervioso. Intenté ir tras él, pero no tardó en mezclarse entre el ejército esclavista. De haberse integrado allí para masacararles desde dentro, la batalla no se había alargado tanto. Y diréis, os los estáis inventado, lord Greyjoy. Pero tengo pruebas, y testigos. Aryon, por favor...


Uno de sus hombres se puso en pie y caminó al centro de la sala. Allí se deshizo de las ropas que cubrían su torso para mostrar una incisión en un costado y un corte que nacía en su hombro y bajaba hasta el pecho muy cerca del cuello. —Como veréis, la incisión del costado ha sido provocada por una daga. Y creo que uno de los presentes es muy bueno tirando dagas, ¿me equivoco? En cuanto al corte del cuello... —extendió una mano y un Inmaculado le ofreció el arakh de Daario—, sin duda ha sido provocado por alguien muy nervioso que, en su huida, no se concentraba en rebanar bien el cuello de sus enemigos, sino en huir.

Repasó la cicatriz con el extremo del arakh. —De haber sido un buen corte, el arakh habría seguido en línea recta y no sólo habría cortado su cuello, sino que le habría cortado la cabeza. Y ahora os preguntaréis, señores, que por qué sospecho de Daario cuando los arakhs son habituales en esta zona. Señor Naharis, por favor...

Aryon se apartó. Si todo salía como había planeado, Daario mostraría varias perforaciones aún presentes en su espalda y una de sus piernas fruto de las flechas que parte de su ejército había lanzado desde los barcos. Y Victarion sabía que sus hombres no fallaban, pues les castigaba con la muerte; así que no había sido coincidencia que hubiesen acertado a alguien del bando esclavista. Lástima que uno de ellos hubiese sido Daario.





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