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• The creed of the desert

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• The creed of the desert

Mensaje por Thea el Lun 5 Jun - 13:01


The creed of the desert.
Kader Al-Hayek | 21 de junio 10:15 | Essaouira


Desde la última visita de Kader a Holanda, y de Liv a Marrakech, la sed de viajar y explorar se había despertado en ambos. Habían tenido un par de conversaciones más desde entonces, y la manera en que terminaban hablando de sus vidas se le hacía fluida y amena. Después de conocer más datos acerca de lo que significaba ser un sensate, y tras haberlo digerido y aceptado (proceso que tomó al médico unos cuantos días de reflexión), habían decidido que en lugar de verle el lado negativo siempre podrían hacer de ello algo positivo. ¿Quién no querría viajar de manera gratuita?

Por ello, Kader se hizo un con un fin de semana libre y preparó las cosas necesarias para pasarlo en el desierto de Essauoira, las cuales colocó en la parte trasera de su jeep. No necesitó mayores explicaciones, era una práctica habitual para él, que de vez en cuando se escabullía del ajetreo de Marrakech para relajarse en soledad en la jaima perteneciente a su familia. La única que parecía disconforme con ello fue Aysha. Pero después de que Kader le prometiese que estaría de vuelta lo más pronto posible y que la vería el domingo al atardecer se conformó y lo aceptó con una sonrisa.

Hizo todo lo posible por dejar la ciudad a hora temprana, pero en realidad poco importaba - el tráfico a la salida de ésta siempre era infernal. Y empezaba a hacer calor.

Las carreteras aquí son muy precarias, y hay demasiada aglomeración. Tardaré de tres a cuatro horas más en llegar, de todas formas. Me dirijo al desierto de Essaouira, la parte oeste del Sahara —informó a Liv, al verla de pronto en el asiento del copiloto.— No te recomiendo que te quedes durante el trayecto, a no ser que quieras desintegrarte. —El sol se colaba por las ventanillas, y la temperatura en el interior del vehículo era mucho más alta de lo que debería, a pesar de tener el aire acondicionado funcionando. A continuación, bromeó con su tono de piel.







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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 7 Jun - 3:45


The creed of the desert.
Liv Dekker | 21 de Junio 12:15 | Vecht

Sensate.

El término seguía resultando ambiguo e intimidante para referirse a alguien pero después de lo sucedido en aquella iglesia italiana, Liv había aceptado su condición mejor de lo que cabría esperar, optando por ver el lado bueno — si es que lo había — en vez de ponerse a pensar en cuán descabellado era compartir su día a día con siete personas más. Fue así que aprovechando tal tesitura, se habían sucedido algunas visitas al entorno de Kader con sus respectivas charlas a deshora, intercambiando impresiones acerca de Holanda y Marrakech, compartiendo cosas sobre ambos países y la vida en general. En una de esas conversaciones, Liv había dejado caer lo emocionante que sería acudir al desierto, animada ante la posibilidad de conocer algo más que el clima oceánico en su lugar de origen.

Fue así que tras acordar un fin de semana en conjunto, ambos escaparon de la rutina y se retiraron con la intención de pasar tiempo en algún sitio que pudiera ser del agrado del otro, si bien ella no mencionó a dónde iría porque tenía intenciones de sorprender al médico. Algo más acostumbrada a invocar la presencia del otro para estar en ambos lugares a la vez, no se inmutó al aparecer en el interior del jeep que Kader conducía, así como tampoco manifestó sorpresa alguna por tenerlo a poca distancia, contemplándola a ella y a su Harley, donde había cargado el equipaje. Sentía calor y también una gélida ventisca despeinado sus cabellos, así que esperaba sobrellevar bien el abrupto cambio de clima entre un lugar y otro, rogando no enfermar en el proceso.

— Si dejas de pensar en mí voy a desaparecer y quizás sea lo mejor pero ¿Cómo disfrutaremos entonces del trayecto? — Giró a mirar a su interlocutor en aquel jeep, aunque también se divertía con la expresión de asombro que tenía después de conocer el transporte de Liv.  Sabía que los hombres enloquecían con motocicletas así pero había algo en él y en su reacción que la enternecía. — Si el sol no te afecta porque ya estás acostumbrado quizás no me afecte a mí. Como verás, aquí hace frío así que eso lo compensará. — O esperaba que lo hiciera porque no deseaba explicar a Alphonse cómo había adquirido quemaduras solares o un bronceado en una ciudad donde tal cosa era posible únicamente de manera artificial.

Se arrellanó en el asiento y por si acaso, se embadurnó brazos, piernas y cara con un bote completo de bloqueador solar, cuyo índice de protección garantizaba no sufrir estragos por exponerse al astro rey.  De vuelta en Ámsterdam, lanzó las llaves sin más, dejando que Kader las cogiese al vuelo. — Si estoy en lo correcto, tardaremos cosa de treinta minutos en llegar. Siendo yo, obviamente sabes conducir así que serás el responsable de este viaje. — Odiaba reconocer que verlo feliz generaba en ella una emoción que no quería desentrañar o siquiera definir pero así era. — Dejo mi Harley en tus manos, literalmente eres la primer persona que tiene ese privilegio, ni siquiera mi padre ha logrado tanto. — Subió a la motocicleta, acomodándose de tal modo que hubiera espacio para él sin despertar sospechas entre quienes no pudieran verlo.

Ocupando el asiento correspondiente en el jeep, Liv no dejaba de moverse, presa del calor y también de una rara mezcla entre emoción y curiosidad. — Jamás me había subido a uno de estos ¿Sabes? Es increíble que seas el dueño de uno. — Comentó, estirándose perezosamente. Sabía por charlas anteriores que su destino era el desierto y más concretamente, la jaima que los Al-Hayek poseían en una zona remota de aquel paraje ¿Cómo iban a llegar? Ignoraba el método, pues acostumbrada a abusar en gran medida de Google Maps, era pésima siguiendo indicaciones verbales o con referencias, así que prefería no intervenir o cuestionar a su interlocutor.

— Espero que te guste la comida congelada o precocinada, aparte de saber usar el microondas o encender una cafetera, no tengo mayor habilidad. Parker tiene suerte, su novia es una chef y por eso es que no se muere de hambre. — Y él  era repartidor de pizzas, con lo cual tenían el tema de comida más que resuelto. Mientras avanzaban por el lento tráfico de Marrakech, Liv se encargó de amenizar el trayecto usando su teléfono donde había descargado algunas playlists mediante Spotify.

Tal como había previsto, el incipiente frío en los Países Bajos contribuía a paliar en gran medida las altas temperaturas al interior del jeep. A la par que conducía el auto, Kader también maniobraba de forma magistral al hacerse con el control de la Harley, tomando aquel trayecto que parecía conocer bien y que al cabo de media hora acabó llevándolos a la orilla del río Vecht, concretamente a una casa rural que parecía sacada de revista pero Liv encontró gracias a Airbnb. — Es nuestro por el fin de semana. Y espero que no te moleste compartir habitación pero solo tiene una cama. — No había sido plan con maña, aunque pareciera así. Como aún quedaban casi tres horas y media antes de llegar a Essaouira, Liv resolvió no entrar todavía a la casa, instando a Kader para que condujese a orillas del río, adentrándose en caminos de terracería. La fría brisa les golpeaba en la cara pero eso no pareció importar, concentrados como estaban en sortear cada obstáculo que encontraban, llegando a derrapar en un par de ocasiones. También le instó a hacer un par de trucos y piruetas, sin importar que acabasen cubiertos de lodo o con la motocicleta sucia.

Solo quería verlo feliz.

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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Thea el Jue 8 Jun - 23:27


The creed of the desert.
Kader Al-Hayek | 21 de junio 10:15 | Essaouira


Kader estuvo a punto de soltar un discurso acerca de cómo el recorrer las carreteras de Marruecos también podía ser algo que disfrutar, cuando el encontrarse en un lugar desconocido a la par le distrajo. Delante de ellos, una Harley de tamaña envergadura se hallaba aparcada y lista para su uso.— ¿Es tuya? —fue lo primero que preguntó, captando las llaves a duras penas, puesto que no esperaba aquel gesto de Liv. Tardó unos buenos segundos en darse cuenta de que eso significaba que era él el que dominaría a aquella bestia de dos ruedas y apenas pudo creérselo.— ¿Estás de broma? ¿De verdad? Vaya... en mi vida he conducido algo así. Es increíble. —visiblemente sorprendido para bien, dejó toda su racionalidad a un lado y se dejó llevar por el instinto, observando los detalles del vehículo y subiendo en ella después de Liv.— Vamos a un lugar a media hora de Amsterdam... de acuerdo. Sólo dime si va a hacer más frío que aquí para prepararme mentalmente. —Porque en Holanda siempre acababa tiritando y cruzado de brazos, como si aquello fuese a hacer que mantuviese su calor corporal.

Aferrando el volante con una mano y con la otra sacando el brazo por la ventanilla, Kader observó a Liv de reojo embadurnarse con crema.— Esperemos que puedas disfrutar de la ventaja de no quemarte bajo ninguna circunstancia. En mi vida me he echado crema. Y si no es así, dudo que con esa capa de yeso en tu piel vayas a sufrir los estragos del sol igualmente. —Aceleró como acto reflejo, puesto que a su vez, estaba girando aquella pieza del manillar de la Harley que le permitía ganar velocidad. Dejando que el viento se filtrase hasta despeinar algunos mechones de su cabello. Por suerte, se podía permitir el lujo de infringir las normas de conducción en aquella desierta carretera de las afueras de Marrakech, recta en naturaleza.— ¿De verdad crees que voy a ser exigente con tus habilidades culinarias? Ni siquiera sé hacer nada que se salga fuera del catálogo marroquí. Eso sí, prepárate para probar el mejor tajín de verduras de tu vida. Y no por mí, aquí las hortalizas saben sorpresivamente bien para ser verdura. —Manteniendo sus habilidades en la humildad, lo cierto era que el vivir solo le había convertido en un chef más que bueno, de hecho había planeado cocinar algo que sorprendiese el paladar de la holandesa.— Un par de jaimas de alrededor y la de mi familia compartimos unos baños y una cocina. Así que siempre hay comida y utensilios allí —añadió.

De vuelta en Holanda, Kader aminoró la velocidad de la Harley al haber llegado a su destino. Dejó una casa rústica a un lado, sin llegar a frenar. El ambiente era algo completamente distinto a su hábitat natural, con lo cual se le hacía raro ver algo de verde siendo verano.— Liv... sabes que no tenemos por qué dormir juntos, ¿no? —preguntó, de pronto tensando la espalda y reaccionando incómodo ante el pensamiento de compartir lecho con ella. Dejando la pregunta en el aire volvió a aumentar la velocidad, derrapando y manejando la moto a su antojo a lo largo y ancho de los campos de césped, alejándose algo de la orilla del río.

Agotado una hora más tarde, volvieron a la que se había convertido en su morada durante el fin de semana, estacionando la moto frente al porche y cargando con las pertenencias de Liv hasta llegar al interior.

Como era de esperar, Kader se sorprendió con el acabado minimalista y los ventanales de la casa, abriendo los cajones. Vio una tele, y en seguida pidió a Liv que la encendiese, saltando de un canal a otro como su fuese un crío curioso. Se sentía raro al darse el lujo de salirse de su rol de mente fría y responsable. Acabó tumbado sobre la cama, respirando hondo y cerrando los ojos.— Me apetece una ducha caliente —susurró, a modo de petición subliminar, mientras miraba de reojo a la rubia.— Quiero decir... —consciente de pronto de lo fácil de malinterpretar que era su capricho, aclaró— Me muero de frío, y quiero saber si a través de ti podría... En fin, olvídalo.

Sólo queda poco más de una hora —anunció el médico, de vuelta al norte de África. Poco a poco las carreteras asfaltadas serpenteaban hasta convertirse en caminos de tierra cada vez más desérticos. No tardarían en llegar.— Haremos un par de cosas que sé que te van a gustar. Pero yo tampoco voy a decírtelo hasta que lo veas —dijo, entrando en su juego.







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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Lichtgestalt el Sáb 10 Jun - 13:31


The creed of the desert.
Liv Dekker | 21 de Junio 12:15 | Vecht

Contagiándose del entusiasmo de Kader, Liv lo dejó vagar a sus anchas por la pequeña casa, obviando las diferencias entre un entorno y otro. — No acostumbro ver televisión pero siempre se puede hacer una excepción. Mi favorito es el canal de cocina, es muy interesante. — No es que aplicara sus conocimientos culinarios pero le entretenía ver todo el proceso, mucho más que cualquier otro programa. Acudió a su lado y se tendió también sobre la cama, mirando hacia el techo. — ¿Una ducha caliente? Sí, de acuerdo. Creo que nos vendría bien a los dos, comienza a bajar la temperatura. — Se incorporó casi inmediatamente y ni bien lo hizo, fue despojándose de la ropa, dejando una hilera de prendas en su camino al baño. — Si querías verme desnuda solo tenías que decirlo, Kader. A mí no me molesta. — Antes de darle oportunidad de protestar, ya había cerrado la puerta de aquel cubículo. — Tenemos calefacción, por cierto. Solo tenías que encenderla. — No esperó respuesta. En vez de ello abrió los grifos y comenzó a maniobrar para dejar el agua a una temperatura agradable, un poco más alta de lo normal.

— Lamento no tener un sinfín de actividades programadas como tú. — Respondió Liv, otra vez en aquel jeep. — Los holandeses tenemos la sedentarización muy arraigada y venir a sitios como este… — Cerró los ojos y agitó su larga melena dorada al viento puesto que también — a kilómetros de distancia — estaba duchándose. Tenía algo de calor y no quería pensar en abandonar aquel sitio pues temía sudar o algo peor si se exponía demasiado al clima desértico. — Es impensable ¿De acuerdo? Sea lo que sea que tengas preparado, estoy dentro. Incluso si dices que únicamente hemos venido a dormir en el desierto y nada más, está bien para mí. — Hablaba más rápido de lo usual, mucho más que un holandés promedio pero atribuía esa repentina labia a sus ansias por continuar su aventura en otro país y otra cultura. — Aunque he traído un par de cosas que quizás nos alegren el fin de semana. No es mucho pero creo que servirá. — No entendía de dónde venía esa repentina necesidad de explicarse y pedir disculpas pero lo había hecho, siendo la segunda cosa inusual en el día.

Media hora más tarde, Liv abandonó el cuarto de baño en medio del vapor y un sutil aroma a rosas, producto de un pequeño jabón cortesía de los anteriores inquilinos. Con una toalla como la única prenda que cubría su cuerpo, avanzó unos pasos hasta ubicar el control de la calefacción, encendiéndola. — Voy a salvaguardar tu pudor e integridad moral, descuida. Estaré lo suficientemente vestida para no ofenderte y estar cómoda teniendo ropa encima. — Finalmente se decantó por usar unos jeans, una blusa holgada y un jersey de lana dos tallas más grande pues conociendo como conocía el clima en Holanda, sabía que las temperaturas frías se mantendrían.

Tal como Kader predijo, después de una hora arribaron a destino y si bien no había nada en kilómetros a la redonda, Liv se maravillaba aun más conforme avanzaban. No veía la jaima pero sí logró distinguir el recorrido de al menos, una docena de camellos, cosa que la emocionó a más no poder. — Bromeas ¿No? Porque te juro que si tengo la oportunidad de subir a uno, sé que me voy a morir. — Prácticamente saltó sobre su asiento al ver a Kader detenerse cerca de los abrevaderos y abandonar el vehículo. Ella hizo lo propio y a prudente distancia se mantuvo al tanto de las negociaciones, conteniendo un grito de júbilo cuando los dos hombres llegaron a un acuerdo.

— Este es el mejor viaje de mi vida. Estoy en el desierto y estoy por subirme a un camello. — Debido a las dificultades que suponía el estar ahí pero no de forma presencial, Liv tuvo que conformarse con ver a Kader montar dicha bestia, imitarle y hacer lo propio en un pequeño espacio que él había dejado para ella. Tardó un rato en acostumbrarse al paso y si bien resultó incómodo al principio, tuvo la precaución de no hacerlo ver. — Déjame llevarlo ¿Sí? Seguramente conozco el desierto tan bien como tú y sabré llegar a la jaima familiar. — Pidió, sujetando las riendas con fuerza para marcar la dirección y el paso que el animal debía seguir, serpenteando pequeñas dunas por las que se atravesaba sin más, trazando así un sendero en zig-zag.

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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Thea el Mar 13 Jun - 23:40


The creed of the desert.
Kader Al-Hayek | 21 de junio 10:15 | Essaouira


¿Cómo de interesante puede ser el canal de cocina para alguien que sólo sabe cómo preparar platos precocinados? —bromeó, a la par que no quitaba ojo de la pantalla mientras Liv cambiaba los canales. Finalmente emprendió el camino a la ducha y él se quedó pasmado, mirando la preparación de un plato que, de primeras, le pareció algo insípido. Y la receta demasiado simple. De vez en cuando, cerraba los ojos y se intercambiaba el puesto con Liv a merced, sintiendo el agua caliente en la cara. Rechistó algo ininteligible para protestar acerca del hecho de que la holandesa estaba buscando provocarle de nuevo. Pero había una actitud nueva en él. Después del paso de las semanas y el acercamiento a aquella chica, había aprendido a manejar de cierto modo la situación, adoptando una actitud más distendida y frívola pero igual de lejana. O al menos eso quería creer. Disfrazando aquel lazo de amistad con límites definidos se sentía que no estaba haciendo nada malo al "viajar" a Amsterdam.

Vivo en Marruecos, ¿de verdad crees que sé encender una calefacción? Creo que te toca a ti intentar averiguar cómo se hace —comentó en tono más alto del habitual para hacerse oír por encima del agua.

El trato era pasar un tiempo en el país del otro. No planear un fin de semana de trepidantes aventuras, no lo pienses demasiado. No sabes lo bien que me va a venir un fin de semana de paz y sedentarismo holandés. —Entre el trabajo, los preparativos tempranos de la boda y los compromisos familiares su vida era un frenético caos en sí misma. Tanto era así que a veces temía tumbarse en la cama y ser incapaz de despertar por dos días.— Gracias por tener en cuenta mi integridad moral, has necesitado nada más y nada menos que ¿un mes? —No quiso mencionarlo, pero por su cabeza pasó el recuerdo de la escena en las termas. Procuró desechar el pensamiento antes de que Liv se acordase también.

Tardaron algo más en llegar a los confines del area asfaltada, encontrándose ya en pleno desierto. Procurando no adelantarle nada -aunque la holandesa ya dio las cosas por sentadas de por sí-, se bajó del jeep y negoció el precio de un camello durante ambos días, por menos dirhams de lo que creía que le costaría.

Tuvo que aguantar la risa al ver a la chica saltar de ilusión, delante del tipo al que acababa de regatear. Pero no pudo. Así que carraspeó para disimular mientras se vestía con el atuendo tradicional -que sólo dejaba a descubierto sus ojos- que trajo consigo. Para aquel entonces, Liv seguía preguntándole si podía llevarlo, emocionada.— De acuerdo —accedió, una vez se hubieron alejado de la zona lo suficiente. Tras cargar las cosas ambos lados del lomo del animal -incluyendo la tabla de sandboard- y estacionando el jeep en un lugar en el que se mantuviese a salvo, ayudó a la chica a montarse, seguida de él mismo. Y sin más dilación emprendieron el camino, bajo un sol de justicia que creaba ondas en el aire caliente.— Los viajes en el desierto pueden durar días. Así que los beduinos que habitan el Sahara siempre llevan estos trajes. Evitan que de el sol directamente en la piel, y conservan mejor el calor de noche —explicó—. Y por cierto, estamos subidos en un dromedario, sólo tiene una joroba. Los camellos son cada vez menos comunes.

No fue un viaje corto. Y la velocidad a la que avanzaban no ayudaban. Pero a Kader se le hizo ameno, alimentándose de la curiosidad de Liv, sus preguntas y la manera en que observaba todo como si aquel infierno de calima y fuego como algo maravilloso. Por su parte, se encargó de beber la suficiente agua como para que no se desmayasen por deshidratación.

Acabaron por llegar a la jaima, y tras bajar del dromedario, le encontraron un lugar a éste para que pudiese descansar del viaje. El habitáculo -más grande de lo que parecía por fuera- estaba lo suficientemente frío como para que pudiesen resguardarse de aquella temperatura asfixiante durante un rato. Abundaban las telas, y las camas en el suelo y cojines.— Te dejaré que descanses pero no te relajes. Vas a aprender a hacer sandboard —le anunció, decidido a surcar las dunas hasta la extenuación, quisiese ella o no. Aunque ya sabía por adelantado que la idea no le disgustaría precisamente.

Aprendí en la universidad, me enseñaron unos amigos. No es un deporte que la gente local practica, es más bien algo que los europeos se mueren por hacer cuando vienen aquí. Por eso creí que te gustaría. —Se dio el lujo de tumbarse en una de las improvisadas camas, suspirando de pura satisfacción— Es prácticamente como surfear. O como hacer snowboarding. Bueno, lo que sea. Entiendes la premisa inicial, ¿no? La idea es mantener la estabilidad. No caerse. Y si te caes, rueda y disfruta. Sin más, todo es cuestión de práctica.

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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 14 Jun - 6:50


The creed of the desert.
Liv Dekker | 21 de Junio 12:15 | Vecht

Sus labios formaron una “O” que no llegó a hacerse oír, tomándose el dato sobre los dromedarios y camellos como parte de su aprendizaje, si bien para ella ambas bestias parecían iguales. Una joroba de más o de menos no hacía diferencia en su percepción pero agradecía que Kader tuviese a bien compartir esa información. — Aunque no lo creas, estoy disfrutando enormemente el paseo. — Y ni que decir de lo bien que llevaba el fungir como guía durante el recorrido. El sentimiento de familiaridad se instauró en ella con facilidad, haciendo de dicha tarea algo agradable a pesar del largo recorrido que tenían por delante.   — No sé si debería mencionarlo pero es la primera vez que regateo el precio de algo. Verte negociar fue divertido, creí que no lograrían llegar a un acuerdo.— A duras penas contuvo la risa y se contentó con escuchar las anécdotas cuyo protagonista era él, acompañado de sus hermanos o padres, de a poco introduciéndose en la dinámica familiar de los Al-Hayek.

No los conocía pero de algún modo extraño, se sentía parte de aquel clan.

Si el exterior de la jaima había sido razón suficiente para impresionarse, el interior la dejó sin habla. La carpa familiar era mucho mejor de lo que cabría esperar para alguien con estándares tan bajos como los de Liv, nada acostumbrada a todo ese despliegue de atenciones. — Me siento como Scheherezade. — Su conocimiento sobre la cultura árabe era limitado, por lo cual cualquier ejemplo podía ser malinterpretado. —No  es la comparación más exacta puesto que no soy hija de un Gran Visir pero aquí me siento como alguien de la realeza. Quizás si el calor no me afectara tanto, viviría en mitad del desierto, en una jaima así. — Y sin más se dejó caer en medio de mullidos cojines y telas, abrazando una enorme almohada contra sí, buscando una mejor postura. Casi comenzaba a rendirse ante el cansancio cuando el ofrecimiento de practicar sandboard llamó poderosamente su atención, forzándola a abandonar ese semi letargo en que se había sumido.

— Recuerda que si tú sabes hacerlo, por ende también yo. Eres tan bueno conduciendo una Harley como yo serpenteando dunas, así que eso no será problema. Eso sí, si te caes o no eres capaz de mantener la tabla estable te lo haré pagar. — Advirtió en medio de pequeñas risas. Finalmente acabó por incorporarse, dispuesta a sumarse a la aventura, curiosa y desconcertada a la vez. —¿Usarás eso de nuevo? — Señaló el atuendo tradicional y luego lo miró, frunciendo el ceño. Era evidente que aún no entendía cómo Kader sería capaz de desplazarse por las dunas bajo el inclemente sol. — Confío en ti y todo pero allá afuera la temperatura es alta, moriremos antes de siquiera poner un pie. — Por no hablar de lo cómodo que se estaba al interior de la carpa, con inmejorable compañía.  Sentía curiosidad y tal premisa le animó a tender la mano a Kader, ayudándolo a ponerse en pie. Sorprendentemente, parte de sus recién adquiridas habilidades incluían también una fuerza que hasta entonces desconocía, suponía que gracias a él. — Venga, vamos ya. — Instó al médico a abandonar la cómoda carpa en aras de adentrarse en el desierto, buscando las mejores dunas.

En Ámsterdam la temperatura no hacía sino descender así que Liv tuvo a bien encender la calefacción, asegurándose de mantener una atmósfera agradable. Lo dejó permanecer recostado en la cama y ella se encaminó hacia la cocina, volviendo al poco rato con un par de Grolsch en las manos. —Mi primera cerveza fue a los dieciséis, durante el cumpleaños de mi padre. Prácticamente rogué porque me dejase beber una y lo hizo para saciar mi curiosidad, si bien luego acabé arrepintiéndome. — Explicó a la par que tendía una de las botellas en dirección a su invitado. — Ese día estuvimos acampando cerca de este sitio, a la orilla del Vecht. Comimos arenque e incluso encendimos pirotecnia, también identificamos las constelaciones.. — Arrellanándose en el mullido colchón, tiró de una manta a los pies de la cama para cubrirse ambos, si bien era tan pequeña que apenas si alcanzaba a tapar la mitad de sus muslos.

— Disfrutemos de las dunas tanto como del pacífico lugar donde nos hallamos. Este sitio tiene mis mejores recuerdos ¿Sabes? Suelo venir a pasear aquí cuando necesito desconectar un poco, olvidar. — De forma natural fue relatando con lujo de detalles cada vivencia acontecida en ese río, desde sus memorias familiares hasta las que había transcurrido en compañía de su primer novio, algunos compañeros de instituto o a solas, ya como una adulta.

Así, entre el rush de adrenalina que implicaba el estar deslizándose sobre la arena de Essaouira y la tranquilidad del Vecht aunado a las conversaciones que parecían no tener fin, se habían sucedido las horas. Percatándose de lo tarde que era en ambas zonas — la diferencia no era mucha —, con el cuerpo adolorido por estar largo rato en una misma posición y la sensación de incomodidad gracias a los granos de arena colándose a través de sus ropas, optó por sugerir otra actividad, menos emocionante que la sesión de anécdotas o el sandboard pero igualmente importante. — ¿Qué te parece si cenamos algo? Pedí a los dueños que comprasen comida pero desde ya te digo que no es ninguna maravilla. Con suerte podré sacar agua de la cafetera para no tener que esperar a que hierva, así podemos comer. — Esperaba que sus arrendatarios coincidiesen en gustos con ella pero salvo contadas excepciones, la comida en Holanda no era tan exótica o diversa como en otros sitios.



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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Thea el Dom 18 Jun - 23:59


The creed of the desert.
Kader Al-Hayek | 21 de junio 10:15 | Essaouira


¿Dudas de mis capacidades?

Ni siquiera la ardiente atmósfera desértica podría hacer de aquel lugar uno inhabitable. La jaima había sido construida con los materiales necesarios para convertirse en un lugar a salvo de los cambios térmicos del desierto. Y los mullidos cojines y colchones hacían del habitáculo algo mucho más cómodo que, sin duda, salir a hacer sandboard a aquellas horas de la tarde. Pero Kader estaba acostumbrado a ello, y a pesar del asombro de Liv, no le iba a costar demasiado ejercitarse bajo el sol.— Ese traje es muy pesado para hacer sandboard, pero tendré que cubrirme la cabeza si no quiero acabar vomitando de la insolación. —Anudó uno de sus pañuelos alrededor de su cabeza y frente casi sin pensar, mientras la holandesa se erguía.— La clave está en mantener el centro de la gravedad de tu cuerpo perpendicular al centro de la tabla, y jugar con tu peso para bordear la duna sin caerte. Cosa que no va a suceder, porque está claro que no quiero que me lo hagas pagar. —Se rió una vez más de su amenaza mientras salía al exterior y, recorriendo los cien metros que separaban el lugar de la primera duna a zancadas, prácticamente se lanzó a ella de un salto.

A pesar de la alta temperatura del viento, incluso la brisa caliente se agradecía durante el descenso. Repitió el proceso incontables veces, desdoblándose con Liv y dejándola que fuese ella, a ratos, la que dirigía la dirección de la tabla, contando con sus habilidades de manejo de ésta. La manera tan rápida que tenía su corazón de bombear contrastaba con el lento latir de éste en Holanda.

Normalmente prefiero las cervezas irlandesas, mucho más fuertes. Pero hay algo en la forma en que te gustan las Grolsch que hace que... a mí también. —Y por aquel motivo, aceptó de buena gana el botellín que le tendía, recostado en aquella cama.— La primera vez que bebí alcohol tenía trece años, y también me lo ofreció mi padre. Lo hizo para que supiera lo mal que te puedes llegar a encontrar cuando te emborrachas para crearme cierta reticencia a beber. Y lo consiguió... al menos durante unos años. —Dio un trago a su bebida y sonrió.— Digamos que los padres árabes están a otro nivel de estrictez. El tuyo suena mucho más... tolerante.

Después de incontables minutos de ejercicio físico, la simple mención de comida despertó el instinto de supervivencia de Kader. Que se temía que si seguía manteniendo a su cuerpo en modo de reserva acabaría por claudicar.— Buena idea. Ducha y comida. —Cargó con sus cosas y anduvo hasta encontrar el edificio que servía de aseo a las jaimas congregadas alrededor de éste, a más o a menos distancia. Después de ducharse y cambiarse de ropa a un atuendo mucho más cómodo -camiseta y pantalones anchos- acabó por dejarse caer en la cocina, rebuscando en los armarios hasta encontrar todos los instrumentos de cocina que necesitaba. No muy lejos tenía un amplio surtido de frutas y verduras, que se encargó de cocinar en una de las vasijas de barro usadas para tajines. Dejó macerar la mezcla de hortalizas a fuego lento mientras cocinaba cus cus, cuya temperatura fría ayudaría a rebajar lo caliente del tajín.

¿Sabes lo injusto que es que me toque cocinar en ambos sitios? —De vuelta en Holanda, Kader se había tirado prácticamente de la cama para ver con qué comida contaban para cenar. Encontrándose con varios productos que no había visto en la vida, se quedó mirándolos como si fuese un niño descubriendo un juguete nuevo hasta que halló -o más bien inventó- la manera correcta de cocinarlos. Y entretenido como estaba con aquel repertorio de sartenes y ollas, jugó con la vitrocerámica hasta freír carne, hacer pasta y calentar un par de bolsas de precocinados de todas aquellas con las que contaban.— ¿Sabes lo que realmente me apetece? Chocolate. Mataría por una tableta de chocolate negro.

Consciente de que aquel capricho era uno de los antojos de Natasha -lo suficientemente fuertes como para transferírselos incluso a él-, el médico movió la cabeza para apartar tal pensamiento.

Cuando quiso darse cuenta, la mesa había sido preparada por Liv, así que sólo tuvo que trasladar los platos.

Maldita sea, quema. —Se quejaba, mientras daba uno de los tres viajes que dio desde la cocina hasta su jaima para trasladar la comida. El atardecer no tardaría mucho en llegar, y por ello prefería cenar disfrutando de las vistas en lugar de la diminuta estación junto a los aseos que servía de cocina común.— ¿Cómo es probable que ya casi se haya hecho de noche? Apenas me he enterado del día —confesó Kader, sentándose cruzado de piernas en los cojines frente a las fuentes de comida. Le lanzó un cubierto a Liv.— Mira, esto funciona así. —Y olvidando sus modales por un momento y haciendo uso de su yo distendido, picó un trozo de berenjena asada con un tenedor, para luego llevarse a la boca algo de cus cus.— Pica hasta que estés llena. —No había platos individuales, sólo comunes de los que coger comida.— Y ni se te ocurra decir que le falta sal o algo así. Sólo valen halagos.

Ambas cenas se sucedieron entre risas, anécdotas y percances.— ¿Cuántas cervezas has bebido ya, Liv? ¿Cinco? —preguntó, sentado aún en la mesa de aquella casa de Holanda. Aunque él no podía hablar, precisamente, yendo como iba por la cuarta.— Dicen que a partir de la sexta es cuando empiezas a ver a todo el mundo guapo —bromeó.

El atardecer había dejado unos tintes dorados y naranjas en el cielo de Essaouira. Dejando que la brisa moviese varios de sus mechones, Kader miró al frente, mientras Liv seguía comiendo. Algo en todo aquello le gustaba y le daba miedo. Estaba a cientos de kilómetros de su prometida, pasando el rato con otra chica que no estaba allí físicamente. Y sin cuerpo, no hay delito. ¿Pero qué delito? Porque el hecho de que estar tan cerca de ella, en teoría, no suponía el romper ninguna regla. Pero había algo de aquella situación que le hacía estar tenso.

Quizás la manera en que sabía que Liv no dudaría un segundo en acostarse con él.

Sería tan fácil. Nadie tendría por qué enterarse. Ni siquiera hay una sola persona en cientos de metros a la redonda.
Si tan sólo pudiese desabrochar ese botón...


Creo que tus pensamientos me están invadiendo el cerebro, Liv —confesó de pronto, perturbado por lo primitivo del hilo de su reflexión. Sin duda, contaminado por los deseos inconscientes de la bailarina.








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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 20 Jun - 0:04


The creed of the desert.
Liv Dekker | 21 de Junio 12:15 | Vecht

A la cuenta de su quinta cerveza en el día, Liv procedió a dar buena cuenta de las habilidades culinarias de Kader, corroborando una vez más cuán multifacético y polivalente era el médico tras esa apariencia seria. — A riesgo de que tomes mis palabras como un acto protocolario más que una verdad, diré que este es el mejor tajín que he probado en la vida. — Y lo era, pese a ser el único hasta entonces. Sin embargo, la chica no recordaba haber comido hasta saciarse en alguna otra ocasión, cosa que era memorable. — ¿Quién te dijo eso de las seis cervezas? Yo te veo guapo sin necesidad de beber alcohol.— Había hablado de más y lo sabía pero ya era tarde como para arrepentirse y además ¿De qué? No era un secreto que encontraba sumamente atractivo al marroquí e incluso los otros sensates sabían de su particular fijación por él.

No le pasó inadvertido aquel comentario sobre cómo sus pensamientos comenzaban a invadirle e inevitablemente, echó a reír. — ¿Los míos? — Sacudió la cabeza y negó, dando otro trago a la Grolsch. — Como si eso fuera cierto. No necesito entretenerme con pensamientos de esa índole cuando puedo ir y tomar lo que considero mío. — Producto de sus incontables charlas y momentos a solas, Liv había aprendido a distinguir aquel lenguaje no verbal de Kader, que de forma inconsciente hacía patente su necesidad por un contacto mayor, si bien acababa reprimiendo tal deseo a la par que frustraba todo avance de la rubia, dejándola con ganas de más. — Siendo sinceros, los dos sabemos que el asunto en las termas no habría acabado ahí si fuese por mí. — Apuró la cerveza hasta darle fin. Ebria no estaba pero sí ligeramente bebida, siendo capaz todavía de coordinar sus movimientos sin trastabillarse o perder el equilibrio y la dignidad en el proceso.

Acortó distancias con él y tiró de su mano para obligarlo a incorporarse, a mirarla de frente. Tenerlo a tan pocos centímetros de sí supuso un mayor esfuerzo al reprimir sus instintos primarios, con la libido dictándole que debía — y vaya que deseaba hacerlo — terminar aquella pseudo confrontación en el dormitorio, en el suelo o sobre la mesa, básicamente en cualquier superficie donde apoyarse mientras la ropa brillaba por su ausencia hasta que ninguno de los dos pudiese más. — ¿Vas a seguir fingiendo demencia? Sé que no te soy indiferente y más de una vez te he puesto en aprietos. — Relamió sus labios sutilmente, paladeando la necesidad por un mayor contacto entre los dos, la mutua ansiedad que sentían y cómo el no ponerle fin estaba suponiendo una tortura. — No nací ayer ni soy idiota. — Se ocupó de poner fin al suplicio al reclamar de aquellos labios toda la atención que creía merecer en un primer contacto húmedo y resbaladizo, demandante.

Un instante de debilidad bastó para que Liv se aprovechase en busca de más, enterrando sus dedos en la oscura cabellera ajena, tirando de los mechones en aras de ejercer mayor dominio, de controlar esa vez. Instándole a corresponder, se deshizo en suaves mordiscos al labio inferior antes de volver a besarlo. Sirviéndose del borde de la mesa como apoyo, la rubia acabó por acercarle a sí al posicionarse estratégicamente, bloqueando cualquier posible retroceso usando sus piernas como firme candado alrededor de la cadera ajena.

Podía negarlo a través de palabras pero eran las acciones y el modo en que Kader respondía lo que motivaba el avance de Liv, que animada ante la perspectiva de llegar a más no se contentó con simples besos, llevando una de sus manos directo a la entrepierna masculina, envolviéndole en la calidez de la palma para repartir caricias obvias, recreándose como creyó conveniente sin pensar en el pudor que tanto decía salvaguardar.



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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Thea el Sáb 24 Jun - 23:43


The creed of the desert.
Kader Al-Hayek | 21 de junio 10:15 | Essaouira


¿El mejor tajín de tu vida? Bueno, la verdad es que no esperaba menos —se recreó en su faceta culinaria, mientras daba cuenta del último bocado de su plato. Tras ello, dio un par más de tragos a su cerveza. A pesar de haber bebido la misma cantidad de alcohol que ella -quizás algo menos- apenas sentía una ligera sensación de mareo. Rió ante su poco sutil alabanza, ya acostumbrado a su actitud desenfadada.— Esta vez te lo he dejado fácil, ¿verdad? —Replicó, refiriéndose a su piropo. Lo cierto era que le era mucho más fácil restar importancia a sus comentarios en aquel tipo de situaciones, porque en el fondo sabía perfectamente cómo de real era lo que Liv decía. Tampoco había un sólo matiz de broma en lo que añadió a continuación. Y con la simple mención de las termas, su espalda se volvió rígida. Su semblante se volvió progresivamente más serio, mientras él procuraba que no se le notase el nerviosismo

A punto estuvo de contestar, sin embargo se vio interrumpido por el súbito arranque de la holandesa, que tironeó de él hasta levantarle y acercarle, hasta tal punto que Kader se vio sometido a tal tensión que apenas atinó a decir algo.— No me eres indiferente, Liv —admitió, con tono circunspecto—, si eso era lo que querías que te confirmase. Tengo ojos en la cara. Y tú te encargas de que los use. —Su tono de reproche evidenciaba cuán difícil había sido para él convivir con ella sin dejarse llevar por ninguna de sus continuas tentaciones. La chica no le dejó hablar más, puesto que de manera inesperada le aferró y lo aproximó hasta besarle.

La manera tan pasional e intrusiva que tuvo de intensificar el contacto dejó sin defensas por completo a Kader, que pasó de ser un elemento pasivo a reaccionar, sorprendiéndose al corresponder con cierta necesidad. La dejó tratarle a placer, se dejó atrapar ante el agarre de sus piernas e incluso se volvió completamente indefenso ante el toque íntimo de la chica. Reaccionó casi de inmediato, reprendiéndose internamente por no ser capaz de controlar su naturaleza y estar a merced de Liv y de su toque experto. Pero no le bastaba con eso. El hambre voraz que sentía -y que con férrea voluntad había conseguido someter- acabó por desatarse, colando las manos bajo la camiseta de Liv y acariciando a placer su pecho, descendiendo por la espalda, hasta aferrarla por la parte superior del muslo para acercarla aún más a sí. Como si el rozarse fuese a calmar su sed. Con una rapidez que no sabía que tenía, se deshizo de la camiseta y sostén de la holandesa, impidiendo que su diestra liberase su miembro. El avezado toque de la bailarina estaba literalmente volviéndole loco.

Mientras tanto, en el desierto de Essaouira, bajo la tenue luz de la lámpara que pendía del techo de la jaima, de alguna manera habían acabado tumbándose. Y rodando en los cojines, Kader había permitido que Liv llevase la voz cantante, sentándola sobre él y dejándola hacer a su gusto. Era la primera vez en su vida que tenía intimidad con una chica occidental con tanta iniciativa, y que se dejase llevar de aquella manera. Aquel descubrimiento había liberado a una bestia primitiva esclava de sus pasiones que el médico no sabía que existía. Esta vez se deshizo de la parte inferior de su vestimenta, y no fue hasta que deslizó levemente su ropa interior para darse el lujo de tocarla, que le cruzó por la mente un pensamiento.

Aysha.

Entre todo aquel derroche de instinto y dejarse llevar, su yo racional volvió a instaurarse por encima del resto, cortando súbitamente su líbido. Por aquel entonces, Liv ya dirigía la mano del médico hacia los pliegues del centro de su cuerpo para saciar su ardiente necesidad, entre ruegos. Pero él la frenó, en Marruecos y en Holanda.— Liv, no puedo seguir, lo siento. —Atormentado como estaba tanto por haber llegado hasta tal punto con ella estando en pareja, como por haber dejado a la holandesa en aquel punto, susurró, sin poder mirarla a la cara.— Estoy comprometido.






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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 25 Jun - 6:52


The creed of the desert.
Liv Dekker | 21 de Junio 12:15 | Vecht

Estoy comprometido.

Dos palabras bastaron para borrar la sonrisa triunfal en el rostro de la holandesa, echando por tierra cualquier avance conseguido y ¿Por qué no? Mandando su libido a paseo. Un escalofrío recorrió su espina dorsal a la par que se veía presa de un sentimiento extraño, una mezcla de estupefacción e incomodidad. — ¿Comprometido? — El denso suspiro que escapó de los carnosos labios de la rubia evidenció cuán frustrada estaba, por decir lo menos. — Mierda… — Tratando de recuperar la dignidad perdida — dos veces en un mismo día y en diferentes sitios — apenas reunió fuerzas para empujarlo, apartándose inmediatamente sin reparar en que estaba a medio vestir. —Dime una cosa ¿Pensabas decírmelo cuando tu pene se deslizase al interior de mi vagina o al eyacular? Porque se te veía bastante cómodo y dispuesto. — Por el contrario, Liv ardía en cólera, esforzándose sobremanera por recobrar el control de sí aunque fuese un poco.

Al demonio con todo.

— ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! — Agradeció que estuvieran a solas en sitios tan discretos porque así nadie aparte de ellos podía escucharla vociferar o verla hacer aspavientos, fuera de sí. — Era demasiado bueno para ser cierto, joder. — De manera simultánea, la rubia hizo acopio de su herido orgullo para reprimir cualquier leve atisbo de tristeza o decepción, escudándose en cualquier otra emoción aunque eso no sirviera porque él también podría sentirlo. — Enamorarme de ti fue lo peor que me pudo pasar ¿Cómo no me di cuenta? Era obvio, siempre fuiste demasiado respetuoso conmigo y aunque atribuía eso a tu caballerosidad, resulta que vas a casarte… — Bufó, pasándose los dedos por el cabello, comenzando a caminar de un lado hacia otro. — Fui una estúpida, una maldita ilusa que se imaginó cientos de cosas a raíz de estos encuentros sin saber que todo transcurría en la clandestinidad. — A esas alturas de la conversación no sabía decir si estaba hablando consigo misma o él pero se aseguró de hacerse oír. — No sé quién sea ella y tampoco me importa aunque sí siento pena por ella ¿Qué tan jodido es casarse con alguien que está enamorado de alguien más? Porque quieras reconocerlo o no, es así. Los dos sentimos lo mismo y negarlo es inútil, por mucho que sea una soberana mierda el compartir ese tipo de emoción con alguien. — Con toda la dignidad que le era posible, la rubia pasó junto a su interlocutor para vestirse nuevamente, sin importar el estado de sus ropas.

— Eres un imbécil. — Sentenció sin más, dedicándole la mirada más inexpresiva de la que era capaz. Por un instante sopesó la posibilidad de arrojarle una Grolsch a la cabeza pero desistió, consciente que nada ganaba si lo hacía. — Me das asco, me repugnas.  Si no te vas, tu esposa tendrá que conformarse con un pene de madera o viéndote orinar porque no servirás para mucho más. — No era una amenaza pero sí una advertencia y Liv Dekker no parecía bromear al respecto.





Última edición por Lichtgestalt el Lun 26 Jun - 3:26, editado 1 vez
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Re: • The creed of the desert

Mensaje por Thea el Dom 25 Jun - 23:42


The creed of the desert.
Kader Al-Hayek | 21 de junio 10:15 | Essaouira


No fue capaz de sostenerle a Liv la mirada. No mientras se levantaba y maldecía, aún presa de la sensación de desconcierto y decepción. En su lugar, con los labios fruncidos en una fina línea tensa, adecentó su aspecto. Empezando por abrocharse los pantalones y colocando su camiseta y terminando por peinarse el pelo con los dedos. Aún tenía la mandíbula cerrada firmemente.— Liv... —el tono de voz denotaba el ruego silencioso de Kader, que buscaba intervenir para calmar la situación. No sirvieron de mucho sus intentos, en su lugar, la holandesa seguía lamentándose y encarándole. Mientras andaba de acá para allá, como una bestia enjaulada, víctima de sus propias emociones.

Hasta tal punto que dejó de decir nada. No tenía con qué defenderse. Sí, había pecado de poco sincero. Sí, había tardado en redimirse. Y sí, había acabado por recrearse en aquella situación. Pero entonces entró en juego la palabra amor, que descolocó por completo al marroquí. Levantó la vista y, tras mascar mucho lo que iba a decir a continuación, despegó los labios— Yo tampoco tenía planeado esto. —Tragó saliva. Lucía imperturbable, tenso.— Y tienes razón. No debí haber tentado a la suerte. En el fondo siempre supe que acabaríamos así, en un callejón sin salida sin muchas opciones, como estamos ahora. Tuve que haberlo evitado cuando tuve la oportunidad.

» Pero quise intentar conocerte a pesar de todo. Creí que tenía todo bajo control. Pero no te tuve en cuenta, ni a ti ni a lo que podía estar pasando por tu cabeza.


Fue todo lo sincero que pudo dadas las circunstancias.— Mi matrimonio no es perfecto. A veces las cosas no salen como uno quiere. —Pensó en Aysha. Y se sintió aún peor.

Eso nos pondrá las cosas mucho más fáciles —añadió, cuando la escuchó renegar de él y mostrar la repulsión que sentía hacia el médico—, porque creo que deberíamos dejar de vernos de ahora en adelante. Será lo mejor para ambos.

Incapaz de arrancar una palabra más de Liv, que seguía sumida en un cúmulo de emociones negativas, se desvaneció en aquella cabaña en Holanda en cuestión de un parpadeo. Ya estando sólo en el desierto, sin la compañía de la bailarina que también había desaparecido en pos de hacer oficial su desvinculación indefinida, se dedicó a tumbarse a esperar el sueño que tardó horas en venir.








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Re: • The creed of the desert

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