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Alquiler de fantasmas ¿dígame?

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Alquiler de fantasmas ¿dígame?

Mensaje por Soupy Twist el Dom 11 Jun - 23:22

Alquiler de fantasmas ¿dígame?
1x1 / Fantasía / Humor
Gear Graeme
Peter Capaldi
150 años aprox
Soupy Twist

"Alquiler de fantasmas. ¿Dígame?"
(...)
"Por supuesto, tenemos justo el fantasma para usted, joven. Puede esperarle mañana a primera hora."
(...)
"Respecto al pago (...)"

El respeto a los espíritus se ha ido perdiendo con el tiempo, y con él la elegancia y la exclusividad de la ODEA (Organización de espíritus y almas). Tiempo atrás los espectros empleados por esta sociedad cumplían con orgullo sus misiones: espionaje, investigación y si había suerte incluso "embrujar una casa", generalmente con el objeto de echar a los nuevos residentes. Sin embargo en estos tiempos modernos, se ha vuelto una institución lucrativa al alcance de cualquiera.
Kayley Brown
Taylor Momsen
17 años
Aversiteespabilas
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Re: Alquiler de fantasmas ¿dígame?

Mensaje por Aversiteespabilas el Sáb 8 Jul - 15:38

1. Sólo un bicho raro
Kayley Brown
"... Paso de todo."
por Yishai
"¡Mira por dónde vas! ... Friki..."
El empujón de aquel chaval casi hizo que perdiera el equilibrio, aunque por suerte agarrarse a una de las taquillas impidió la caída. Era imposible pasearse por el pasillo principal de aquel instituto a esas horas sin llevarse un golpe. Bueno, al menos lo era para Kayley... Y es que hacía no poco tiempo que la joven era el mayor blanco de bromas, burlas, chismes y comentarios de aquella pequeña localidad. Aunque claro, para ser justos, no era una chica con la que la gente estuviera cómoda normalmente. Tampoco se esforzaba por caer bien a nadie, le parecía malgastar el tiempo.

"A ver si le caga un caballo en la cabeza. Y a toda su familia." Murmuraba entre dientes mientras se agachaba para agarrar un cuaderno que se le había caído de las manos. Ni que fuera a usar aquellos "apuntes"...
Una vez atravesado el pasillo se paró frente a una máquina de café, sacando unas monedas de su cartera. Ella nunca admitiría que en realidad el café no le gustaba, pero le producía cierta sensación de superioridad sacarlo de la máquina porque normalmente estaba reservada al claustro de profesores. La habían pillado incontables veces bebiendo café, pero ella siempre blandía unos cuantos insultos como arma. Aquello solía servir, ya que en general todo el mundo... estaba algo asustado de ella. Además, ¡ya tenía 17 años! Cierto que había repetido curso más veces de las que le gustaría contar, lo cual la había dejado completamente marginada y sola durante todo su recorrido escolar... Pero que estuviera en una clase de retacos de trece años no la iba a privar de su derecho de beber café.

A esa hora debería estar en clase de Historia, pero de todos modos la habría pasado dibujando calaveras sangrientas. Por lo tanto, ahí se quedó, apoyada en la pared con un vaso humeante de plástico en una mano y mirando a la gente pasar.
Ella siempre había pasado de todo el mundo, y como respuesta el mundo pasaba de ella... Aunque también era cierto que cada uno tenía su opinión formada acerca de ella. Muchos se alejaban y la miraban con miedo porque la habían escuchado maldecir en idioma demoníaco y sus vecinos la habían visto hacer "rituales satánicos" en su habitación. Otros decían que era una simple friki antisistema y no merecía la atención de nadie. Sus conocidos solían decir que todo aquello era parte de la adolescencia y se le pasaría... Aunque empezaba a durar demasiado para ser una fase.
Desde que sus padres le pusieron aquel nombre horroroso y hortera, Kayley, la niña había vivido amargada. Su madre tenía la sensación de que algo malo le pasaba a su hija, aunque normalmente el trabajo, las salidas de fin de semana y sus citas le robaban todo el tiempo que podría dedicar a Kayley, o K, como prefería que la nombraran.

"Kaaaaayleeeey~" Una voz aguda y repelente interrumpió su pausa del café. Levantó los ojos de su vaso, dedicando al grupo de niñas pijas que se le acercaban una mirada afilada y oscura como el interior de una tumba. Dos de ellas recularon unos pasos. "¿Qué?" Respondió con sequedad.
"Bueno tía, oye, no hace falta que me contestes así, ¿eh? O sea, ¿no te han enseñado educación o algo?"
Kayley puso los ojos en blanco, volviendo su atención al café. No estaba de humor para echar maldiciones.
"Mira, nosotras somos buenas personas, ¿vale? Al resto les das como muy mal rollo pero no les hagas caso, ¿eh? Si te peinas un poco ese pelazo que tienes puedes entrar en nuestro grupo. Tienes el tipo, tía. Podemos ponerte fabulosa. O sea, sólo por ti, para que estés mejor."
Kayley no se molestó en levantar la voz. "Mira, niña, no te doy un puñetazo en la cara porque tengo el café en la mano, pero déjame en paz, ¿quieres? Vete por ahí a chupar un huevo de chocolate."

Las chicas dieron un respingo ante aquella respuesta, aparentemente furiosas. "¡¡¿¿PERDONA??!! ¿Tú sabes con quién hablas, guapita? ¡Yo soy Hannah Williams, o sea la chica más popular que conocerás nunca!"
"Enhorabuena, espera que busque mi cuaderno de autógrafos."
"¡¡O sea, me acerco a TI!! ¡La chica lunática! ¡Para AYUDARTE, como a ser más querida! ¿Sabes? ¿Y tú me lo agradeces así?"

"¿Agradecerte? ¿Yo, a ti? ¿Acaso nos conocemos de algo? Si hay algo que agradecería, sería perderte de vista antes de que te saque los ojos."
"¡Señorita Brown!" Aquella era la voz del director del centro, quien, por pura casualidad, estaba dándose un paseo en ese momento por allí. "Usted debería estar en clase de Historia, ¿me equivoco?"
"No, señor director, no se equivoca. Y usted debería estar en su despacho trabajando en vez de castigando a una niña, ¿no?."

---

De vuelta en el pequeño apartamento donde vivía con su madre, Kayley soltó un largo y profundo gruñido de ultratumba. Su madre estaba tirada en el sofá de cualquier manera, apenas con su ropa interior y cubierta con los cojines. Había entreabierto los ojos al entrar su hija, pero los había cerrado inmediatamente.
"Mamá, el director dice que quiere hablar contigo, va a llamarte para concertar una cita."
Sólo recibió un adormilado asentimiento como respuesta.
"Oh, y también voy a comprar una manguera o algo así porque odio mi vida y me voy a suicidar, ¿vale?"
"Ahum... Muy bien cariño..."


La más joven pondría los ojos en blanco, asqueada, mientras se dirigía hasta su cuarto. Cualquiera que lo viera diría que se trataba de la cueva de una hechicera de magia negra. Paredes oscuras, símbolos, dibujos y marcas siniestras en las paredes,
libros sobre criaturas demoníacas y maldiciones, algunos muñecos de vudú... Básicamente cualquier cosa que pudiera dar mal rollo en una niña de su edad estaba en esa habitación. Por supuesto, también había un poco de sitio para algunos posters de bandas Heavy y una guitarra eléctrica que apenas sabía tocar. Lo que más desentonaba era, quizá, el tarro de galletitas de chocolate del escritorio.
Tras tirar su mochila de cualquier manera junto al resto de ropa sucia del suelo, Kayley agarró un puñado de galletas y se tumbó a comer en la cama, llenándola de migas y trozos de chocolate. No le importaba. Nada le importaba.

Fue entonces cuando, al posar la mirada en el techo de la habitación, descubrió una marca que no le sonaba absolutamente de nada. ¿Habría entrado alguien sin permiso a su cuarto? ... Imposible, había puesto siete cerrojos.
Era algo un poco raro. No se trataba de una marca nada artística, sólo eran números. Hasta se parecían a... ¿un número de teléfono?

Kayley entrecerró los ojos mirando el número. Quizá lo que se le estaba pasando por la cabeza era una chorrada, pero ella creía en lo sobrenatural y aquello eran gajes del oficio. Así que cogió su móvil y marcó.

"¡Buenas tardes! Alquiler de fantasmas. ¿Dígame?"
"¿Alquiler de fantasmas?..." Pensó en voz alta, aunque la voz al otro lado pareció captar su confusión.
"Exactamente, alquilamos un fantasma acorde a las necesidades de nuestros clientes, tenemos valoraciones muy positivas, joven. Así que... ¿puedo tomar nota de su pedido?"
"Alquiler... E-Esto... Sí, claro." Se encogió de hombros. Creía en los fantasmas, claro, pero no tenía ni idea de que las invocaciones se llevaran a cabo de esa forma tan... poco romántica. Por probar no perdía nada. Estaba claro que ese número había aparecido en su cuarto por algo, por lo que procedió a hacer un pedido que se le fue ocurriendo sobre la marcha.
"Verá, quiero matar a alguien. Ajá. Bueno... más de una persona, sí. No le llevará demasiado tiempo, son estúpidos... O podría quemar el instituto y ya está...
... Diecisiete...
... Sí... Sí, sí, huérfana. Eso es. Vosotros sólo enviad al más sanguinario que tengáis, ¿sí?"

"Claro. Podemos enviarle unas instrucciones para la invocación, o si quiere se trasladará directamente a su hogar por un pequeño suplemento."
"El dinero no es problema, que venga a mi casa con urgencia, por favor."
"¿Llama desde la localidad de Summerfield?"
"Exactamente. No tiene pérdida. ¿Seguro que me llegará el pedido?"
"Por supuesto, tenemos justo el fantasma para usted, joven. Puede esperarle mañana a primera hora. Respecto al pago, le enviaremos una notificación con la suma semanal en unos días. ¿El fantasma va a nombre de...?"
"Ka... ¡Kobra! Kobra... Brown."
"Maravilloso. Esperamos que su inversión sea satisfactoria. No dude en llamar si tiene más preguntas~"
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Re: Alquiler de fantasmas ¿dígame?

Mensaje por Soupy Twist el Miér 9 Ago - 12:28

1. Sólo un bicho raro
Gear Graeme
"Ubi sunt"
por Yishai

La sede de la ODEA parecía un remolino de voces y movimiento: los que no se encontraban contando por decimonovena vez la historia de su vida -o su muerte más bien- pasaban las horas entrenando. Los había que practicaban el arte de dar miedo; forzaban su voz para que sonase más profunda, trataban de asustar a alguno de sus compañeros por sorpresa, ensayaban el movimiento de las cadenas (y si no tenían, aprendían a hacer el mismo ruido ellos mismos)... otros diseñaban bromas, que, por supuesto, tenían que probar con los demás antes de ponerlas al servicio de cualquier vivo al que les tocase servir.

Gear sacudió la cabeza chasqueando la lengua, como cada vez que salía de su pequeña habitación -cosa que generalmente no hacía a no ser que tuviera un buen motivo para ello-. Todavía quedaban algunos fantasmas de su quinta. Varios todavía seguían apegados a la época dorada de la organización, pero la mayoría parecía haber decidido unirse a esta nueva versión de la ODEA. De cierta manera era cómico ver cómo fantasmas de la edad media trataban de entender cómo funcionaba una tostadora con el fin de asustar a alguien.

"Encargo nº283" rezaba la hoja de papel que había llegado aquella misma mañana a su habitación. Gear emitió un gruñido al ver la blanca lámina deslizarse por debajo de su puerta. Odiaba las interrupciones, y en aquel momento se hallaba montando y desmontando uno de sus numerosos relojes de bolsillo. Aquel era su pasatiempo favorito, de cierto modo le mantenía anclado en su pasado.

Con ágiles zancadas recorría los pasillos de la sede. Se dirigía a la sala de misiones, donde debía encontrar toda la información sobre aquel nuevo encargo. Ya hacía tiempo que resentía de las misiones, puesto que generalmente se trataban de alguna tontería infantil o la misma pregunta de siempre "¿Cómo está el miembro de mi familia que murió recientemente?" A lo que solía contestar el fantasma "Muerto." No solo no tenía contacto con el más allá, sino que además estaba completamente prohibido dar información sobre otros fantasmas. Pero la gente no parecía entender esto.

Gear Graeme. Una pequeña placa con su nombre en lo que solo podía ser descrito como una colmena de archivadores. Sin detenerse demasiado, Gear abrió la pequeña puertecita, extrajo el informe del interior y se puso en marcha hacia la dirección que venía indicada en la portada.

El sol despuntaba en el horizonte, iluminando los tejados de los edificios de la ciudad. Gear extrajo su valioso reloj de bolsillo y con un rápido movimiento abrió la dorada tapa. Puntual, como de costumbre.

Hayley Brown... leyó en el informe a la vez que atravesaba -literalmente- la puerta indicada. Cuando levantó la vista se quedó petrificado. Su primer impulso al recobrar el control sobre su inmaterial cuerpo fue darse la vuelta y comprobar que no se había equivocado. No podían haberle asignado otro adolescente. Ya dejo claro la última vez que aquellos pequeños diablos no deberían poder contratar sus servicios. Y además esta particular adolescente tenía una habitación que más bien le recordaba a una mazmorra de tortura.

Tras entretener durante un buen rato la posibilidad de volver al cuartel y rechazar la misión, se decidió por darle una oportunidad a la joven. En gran parte porque sabía que si volvía sin completar la misión sería penalizado y podrían quitarle sus preciados relojes.

Con un suspiro volvió a entrar en la terrorífica habitación y se posicionó en el centro de la misma. Solo restaba esperar a que la señorita Brown se despertara.
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Re: Alquiler de fantasmas ¿dígame?

Mensaje por Aversiteespabilas el Sáb 19 Ago - 12:38

1. Sólo un bicho raro
Kayley Brown
"... Paso de todo."
por Yishai
La rubia, por supuesto, no se había enterado de la presencia sobrenatural que había invadido su cuarto. Dormía como un oso en invierno (un oso bastante delgado...); gran parte de sus sábanas estaban arrugadas y habían resbalado hasta el suelo, y en lugar de un pijama llevaba una camiseta medio agujereada que le quedaba enorme. Abrazaba su almohada con un brazo, y su mata de pelo enredado le tapaba la cara, que aún lucía los restos de las cantidades industriales de sombra de ojos del día anterior. Estaba más que claro que no era una joven princesita...

A las 8:00 de la mañana, la alarma de su móvil comenzó a pitar, haciendo que Kayley diera un suave respingo en sueños y poco a poco empezara a soltar un gruñido de hastío. Tras rebuscar con la mano y finalmente encontrar el móvil, se dio la vuelta hasta quedar boca arriba en la cama. Apagó la alarma, bufando y abriendo por fin los ojos del todo. Se quedaría unos minutos mirando el techo, aún sin darse cuenta de que un fantasma la estaba observando, hasta que por fin hizo un esfuerzo por levantar la cabeza. Más que una mujer viva, parecía un zombie. "Viejo, ¿qué haces aqu-...?" Empezó a murmurar medio dormida, pensando por un segundo que era su padre el que estaba en la habitación. Pero después de parpadear un par de veces, frotándose la cara de forma que su maquillaje quedó aún más desastroso, se dio cuenta de que no conocía a ese personaje frente a ella. Al principio se le encogió el corazón y se sentó en la cama algo bruscamente, dando una pequeña patada que acabó por tirar el resto de sus sábanas al suelo. Parpadeó unas cuantas veces más, sin emitir aún ningún sonido, como si esperara a que algo, lo que fuera, pasara.

Necesitó unos diez tensos segundos para darse cuenta, por fin, de que aquello no era un ser vivo. Entonces se acordó de golpe de la llamada extraña que había hecho la tarde anterior. ¿No había sido una llamada de broma? ¿Había venido un fantasma de verdad? Kayley abrió los ojos de par en par, incorporándose despacio de la cama. "Wooh... Woh. Tío, ¿eres un fantasma? ¿Eres... el fantasma?" Dio unas zancadas rápidas hacia el recién llegado, moviendo los brazos para ver si atravesaban la figura de aquel hombre, rodeándolo e inspeccionándolo sin reparo alguno. "Tío, pedí un fantasma y has venido. Menudas pintas para ser asesino en serie... Porque eras asesino en serie, ¿verdad? Yo pedí un asesino."
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