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Our last war

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Our last war

Mensaje por Carrie_B el Sáb 24 Jun - 15:33

Our last war
Todo está preparado. Un año más, veinticuatro tributos pertenecientes a los doce distritos de Panem han sido cosechados para competir en el espectáculo televisivo más famoso entre los habitantes del Capitolio: los Juegos del Hambre. Las apuestas han comenzado nada más cerrarse las urnas, y los patrocinadores empiezan a especular los nombres de los primeros favoritos. Taurus Golding está entre ellos, y no es para menos: lleva preparándose para ganar los juegos prácticamente desde que era un niño, maneja el arco y la maza a la perfección y parece cumplir con todas las cualidades para hacerse con el triunfo este año.

En el otro extremo de la balanza se encuentran los chicos como Thalia, cuya principal preocupación en la vida ha sido sobrevivir día a día en sus distritos. La granjera dulce y buena que alimenta gallinas y recoge huevos por las mañanas, y que jamás ha sido entrenada para otra cosa que no sea deshuesar animales en la carnicería por pura necesidad. A primera vista, es la clase de tributo anodino propia de los distritos más pobres: carne de cañón que probablemente caerá en el baño de sangre a manos de profesionales como Taurus.

Sin embargo, las cosas no siempre son lo que parecen.

Bienvenidos a los Quincuagésimo Segundos Juegos del Hambre, y que la suerte esté siempre de vuestra parte.


Taurus Golding
Matthew Daddario
17 años / Distrito 2
Carrie_B
Thalia Walsh
Luca Hollestelle
16-17 años / Distrito 10
Pandunita
CS | 1x1 | The Hunger Games



Tablilla para los posts:

Código:
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Última edición por Carrie_B el Mar 27 Jun - 23:49, editado 2 veces


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Re: Our last war

Mensaje por Pandunita el Dom 25 Jun - 16:17

vacas rebeldes
Taurus | Distrito 2 | 12:00 Enero 2248

Era lunes, y como cada lunes papá se encargaba de coger toda la carne que habíamos preparado durante el fin de semana y llevarla al distrito dos. Siempre lo hacía junto a sus compañeros y amigos de infancia George y Jhin, pero aquella mañana había sido caótica en la granja, la noche anterior no habían cerrado bien la reja de la valla y las vacas se habían escapado por la noche, George y Jhin debían encargarse de reunirlas nuevamente para no perder más tiempo. Papá no podía hacer el trabajo solo así que nos avisó a Galatea, mi hermana mayor, a Francis, mi hermana pequeña y a mi. Cargamos el material en el tren con la ayuda de unos vecinos que nunca lograba recordar sus nombres. No permitían que subiese mucha gente al tren y menos cuando iba a un distrito como el dos. Hoy era una excepción. Francis me miraba asombrada e ilusionada, al parecer tenía ganas de viajar por primera vez a un distrito distinto. Era la primera vez de nosotras tres y me temblaban las manos, ¿sería muy distinto? ¿nos mirarían mal? Sentí la mano de Francis entrelazarse con la mía mientras balanceaba sus pies. El viaje era largo pero valía la pena, los del distrito dos eran los que mejor pagaban la carne y gracias a esas ganancias Galatea solo introducía la tesela obligatoria, dos en aquel año. Mi primera tesela iría por primera vez aquel año, justo el día de mi cumpleaños.

El tren se paró en seco y Francis, quien dormía en mi regazo se despertó estirando sus cortos brazos. — Hemos llegado. — Papá se levantó primero. Cogió una caja pequeña en la que al parecer habían conejos y se la entregó a Francis. Cogí otra caja más grande y la cargué sobre mis brazos. Bajé lentamente el tren y caminé hacia el grupo de ciudadanos del distrito dos. Su ropa, su rostro era distinto al nuestro pero como papá me había dicho, estos ciudadanos no eran precisamente a los que les sobraba el dinero, eran también trabajadores. Caminé detrás de papá junto a mis hermanas unos pocos pasos hasta quedar con el grupo de aldeanos. Habían más niños que ayudaban a su familia a cargar con el peso. Francis se quejaba del peso así que dejé mi caja en el suelo y cargué la suya encima de la primera. Me agaché y las alcé como pude, andando sin prácticamente ver nada. Las cajas me tapaban el rango de visión. — Francis guíame. — Francis me guió hasta que se quedó en silencio. Continué caminando sin recibir indicaciones. — ¿Voy bien?

U: Thalía cumpliría 12 años ese año, así que Taurus tendría los 12 o 13.


CAPÍTULO I - FLASHBACK




Última edición por Pandunita el Lun 26 Jun - 21:52, editado 1 vez
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Re: Our last war

Mensaje por Carrie_B el Lun 26 Jun - 20:16

vacas rebeldes
Thalia | Distrito 2 | 12:00 Enero 2248
Aunque llevaba toda su vida viviendo en el Distrito Dos, aquella era la primera vez que Taurus pisaba la estación de ferrocarril: una zona yerma e industrial a varios kilómetros del Hueso, que poco o nada tenía que ver con las modernas instalaciones que utilizaban los agentes de paz para viajar al Capitolio o al resto de distritos. Una solitaria torre de control se alzaba a un lado de las descuidadas vías, como un gigantesco centinela olvidado, aunque por supuesto no lo estaba. Taurus había visto ya al menos a tres agentes de la paz entrando y saliendo de la misma, siempre ataviados con sus característicos trajes blancos.

“Cuando la mercancía llegue” les había dicho uno de ellos, un hombre viejo y canoso con el cuello tan grueso como un bloque de hormigón, después de reunirlos a un lado de las vías, “descargaréis las cajas sin decir ni una sola palabra y las colocaréis en fila a lo largo del arcén para que puedan pasar a examinarlas”. Aunque, por supuesto, no les había dicho qué contenían las cajas. Artorius había aventurado que seguramente se trataría de armas y munición para El Hueso, pero Taurus sabía que ese tipo de envíos siempre se realizaban a través de la red de trenes de alta velocidad. Los había visto entrar directamente a las minas por sus raíles silenciosos, hasta el mismo corazón de la base militar.

En cualquier caso, no iban a tardar mucho en averiguarlo porque un tren acababa de parar en la destartalada estación. Con un par de gestos secos, los agentes de la paz les ordenaron retroceder unos cuantos pasos, al mismo tiempo que las puertas de hierro se abrían con un desagradable chirrido y un puñado de gente que Taurus no conocía comenzaba a abandonar los vagones. Todos vestían ropas similares, camisas de franela y petos manchados, y despedían un curioso olor a ciemo y a algo más que Taurus no fue capaz de identificar.

—Creo que son del Diez —musitó Artorius, antes de que dos agentes de la paz tironeasen de la puerta corredera del primer vagón, donde se apilaban un enorme montón de cajas de madera de distintos tamaños—. Vamos.

Se colocaron a la cola junto a los demás, esperando su turno para cargar la mercancía. Algunos de ellos eran niños de no más de ocho o nueve años que apenas conseguían ver por encima de las cajas, pero ni ellos ni los adultos decían ni una palabra. Nadie excepto…

—¿Voy bien?

De pronto, algo chocó de lleno contra el pecho de Taurus, obligándole a devolver la vista al frente y topándose con dos enormes cajas bamboleantes que amenazaban con caérsele encima.

Eh, cuidado —masculló, sujetándolas con fuerza para evitar que acabasen tiradas por el suelo—. Mira por dónde vas…

Por el otro lado asomó la expresión sorprendida de una chica pelirroja, o al menos suponía que era una chica: tenía tantas pecas por la cara que era difícil asegurarlo. Era más baja que él, y también bastante flacucha. De hecho, las cajas la sobrepasaban casi una cabeza, así que no era de extrañar que hubiese estado a punto de tirarlas. Y, a juzgar por lo que pesaban, eso no habría traído buenas consecuencias. Menuda niña más inútil…

Vamos. Ya las llevo yo —murmuró en voz baja, después de intercambiar una rápida mirada con Artorius—. Si se te vuelven a caer, nos vas a meter a todos en un lío.
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Re: Our last war

Mensaje por Pandunita el Mar 27 Jun - 0:29

vacas rebeldes
Taurus | Distrito 2 | 12:00 Enero 2248

Las manos empezaban a temblar y sentía un pequeño hormigueo en las manos que se extendía hacia la punta de los dedos. Francis dejó de darme señales y yo solo pensaba en que no se cayese, lo último que nos faltaba hoy es que la carne se echase a perder, entonces si que estaría en serios problemas. Caminaba despacio, con cuidado, odiando a mi hermana con todo mi ser, seguro que se había encontrado con algún perro o algún pájaro y me había dejado tirada por esa razón. Resoplé un par de veces tratando de no tropezarme con mis propios pasos. Entonces las cajas toparon con algo y se tambalearon. El corazón se me paró por un momento y mi cara de pánico hubiese sido un poema si alguien pudiese haberla visto. Cuando las cajas se estabilizaron sentí un gran alivio recorrer mi cuerpo.

Una voz masculina me hizo temblar de miedo. ¿Y si era un agente que venía a echarme la bronca? Me estremecí, pero cuando volvió a hablar suspiré aliviada, era la voz de alguien más joven, pero no había sido consciente de ello la primera vez. Al aguantar también las cajas me asomé sorprendida al ver a un joven de ojos claros pero con cara de pocos amigos. Me quedé callada observándolo. Era la primera vez que veía a alguien de mi edad de otros distritos, ni si quiera miraba las cosechas del resto de ciudadanos de Panem y aún menos los juegos, vivía ajena a todo ello. El chico me ayudó, cogiendo la caja de arriba y por fin podía ver lo que tenía en frente. Iba a agradecerle el gesto de ayudarme con las cajas pero justo cuando iba a abrir la boca él habló. Asentí levemente, tenía razón, podría meternos en un lío si se cayesen.

Lo siento. Llevaba peso de más...— Susurré mirando a mi al rededor, no quería que me echaran la bronca. Volví mi mirada al chico y sonreí de oreja a oreja. — Gracias por la ayuda.

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Última edición por Pandunita el Mar 27 Jun - 18:55, editado 1 vez


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Re: Our last war

Mensaje por Carrie_B el Mar 27 Jun - 17:41

vacas rebeldes
Thalia | Distrito 2 | 12:00 Enero 2248
La vio asentir levemente con la cabeza, mirando discretamente a su alrededor. Los dos agentes de la paz que estaban al mando del traslado se hallaban en ese instante supervisando el interior del vagón de carga, así que era prácticamente imposible que los hubiesen podido escuchar desde allí. No obstante, Taurus prefería no tentar a la suerte. Casi nunca había problemas de conducta en el Dos —que, por otra parte, contaba con muchos más agentes de la paz que cualquiera de los otros once distritos al alojar la base—, pero eso no les otorgaba inmunidad frente a las normas.

Ya estaba a punto de girar sobre sus talones para dirigirse al andén, donde ya se había comenzado a formar una ordenada fila de cajas apiladas de dos en dos, cuando la chica del Diez volvió a abrir la boca.

—Lo siento. Llevaba peso de más… —reconoció, algo azorada, esbozando una sonrisa tan encantadora que le hizo sentirse repentinamente incómodo—. Gracias por la ayuda.

Taurus torció el gesto, contrariado. ¿Pero de qué iba esa chica? ¿Qué parte de “descargaréis las cajas sin decir ni una sola palabra” no había entendido? Además, tampoco es que hubiese pretendido hacerle ningún favor especial… solo estaba intentando evitarse una bronca innecesaria. No creía que eso fuese algo que debía agradecerse, ¿no? Al menos, él no lo habría hecho de haber sucedido a la inversa.

De nada. Supongo —musitó al final, más por educación que por otra cosa, antes de darse la vuelta y pasar por encima de uno de los gastados raíles de hierro.

No se detuvo a ver si la chica sonriente y pelirroja lo seguía o no, aunque en el fondo debía reconocer que había conseguido despertar su curiosidad. Si realmente eran del Diez como había dicho Artorius, ¿qué demonios hacían en el Dos? ¿A qué habían venido exactamente? Según lo que les habían explicado en el colegio, el Distrito Diez colindaba con el Dos en la parte sureste, pero aún así habían debido de recorrer un camino bastante largo para llegar hasta allí. Además, los únicos con capacidad libre para viajar entre distritos eran los agentes de paz y los representantes del Capitolio. Desde luego, no las niñas charlatanas y pelirrojas como aquella...
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Re: Our last war

Mensaje por Pandunita el Mar 27 Jun - 19:01

vacas rebeldes
Taurus | Distrito 2 | 12:00 Enero 2248

Observé el comportamiento del chico. Mamá siempre me decía que yo era más feliz de lo que mucha gente podía serlo y era un defecto que me venía de naturaleza. Sonreír tal y como estaba el país era difícil si no tenías la vida fácil pero siempre quise mostrarle una sonrisa a la vida, ver las cosas buenas que nos da, por pequeñas y escasas que sean. Aquel chico no parecía feliz, quizás hubiese perdido a alguien en los juegos pero recordé que él era del dos y que solamente podría estar triste si algún familiar suyo se hubiese presentado voluntario ya que siempre habían dos voluntarios en aquel distrito, cosa que escaseaban en el nuestro. Seguía a la mía después de ver al chico girarse con sus cajas, tan sumamente perdida que no fui consciente de que mi hermana pequeña me estaba tirando del brazo, luego vino papá y me cogió de la mano, estirando de ella para devolvernos al tren. Mire una última vez al chico de espaldas antes de que se cerrasen las puertas del vagón para volver a casa.

Me despertaba la curiosidad de cómo era l gente de otros distritos, en especial de aquél distrito que había visto por primera vez. A penas había tenido tiempo de distraerse mirando lo que había al rededor, las cajas y la mirada perdida del chico la habían dejado intrigada.

CAPÍTULO I - FLASHBACK




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Re: Our last war

Mensaje por Carrie_B el Mar 27 Jun - 21:02

vacas rebeldes
Thalia | Distrito 2 | 12:00 Enero 2248
Tras depositar las cajas al final de la cola, que ya ocupaba un buen trecho del andén, Taurus se secó el sudor de la frente con el brazo.

—Esto ya está —escuchó a su espalda, aunque para cuando quiso volverse la puerta del vagón de carga ya se estaba cerrando, y mucha de la gente del Diez había comenzado a subir a los vagones. No vio a la chica pelirroja por ninguna parte, ni tampoco a la niña que parecía ir con ella—. Todos fuera de las vías.

Uno a uno, los ciudadanos del Dos cruzaron las vías y fueron abandonando la estación sin mediar palabra. Artorius fue uno de los últimos en subir al andén, acompañado por el aviso de salida de la locomotora. Poco después, el tren partía hacia el horizonte como un enorme gusano gris, con el emblema de su distrito grabado en la chapa de la parte trasera.

—¿Qué estamos mirando exactamente? —inquirió su hermano, colocándose a su lado y alzando la mano para protegerse los ojos del sol.

Taurus se dio cuenta de que, efectivamente, llevaba al menos dos minutos plantado en el borde del andén como un imbécil. Ni que fuese el primer tren que veía salir de una estación…

Nada —masculló, dándose la vuelta y echando a andar con las manos hundidas en los bolsillos del peto de trabajo. Solo volvió a despegar los labios cuando dejaron atrás las calles más concurridas y accedieron a la zona de naves industriales en las que almacenaban las piedras extraídas en la cantera—. ¿Qué traían en esas cajas?

—Carne. Y huevos, y esas cosas.

¿Y tú cómo lo sabes?

—Bueno, —Artorius se echó hacia atrás el pelo oscuro y esbozó una sonrisita gamberra—, me lo ha dicho tu amiga, la granjera pelirroja. Por cierto, no sabía que fueras tan caballeroso...

¿Qué has dicho?

—Nada, nada —rectificó rápidamente, antes de echar a correr colina arriba para evitar que Taurus le sacudiese un puñetazo—. ¡El último que llegue a la mina es un granjero apestoso!

Taurus no tardó en seguirle. Pronto, los dos estaban saltando entre los enormes bloques de piedra y colándose por las aberturas de la roca, y para cuando llegaron de nuevo a la zona en la que estaban trabajando, resollando y riéndose a partes iguales, Taurus ya se había olvidado por completo de las cajas de carne y de la granjera pelirroja.

NOTA OUT OF ROL:

Por mí podemos cerrar aquí el mini flasback y abrir ya el siguiente capi en la zona de entrenamiento o en el desfile, donde prefieras ^^.
CAPÍTULO I - FLASHBACK




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Capítulo 2 -

Mensaje por Pandunita el Mar 27 Jun - 22:15

vacas rebeldes
Taurus | Zona de entrenamiento | 9:00 Abril 2252

Aquella noche había sido una de las más largas. Era el primer año en que Francis participaría en la cosecha y se pasó la noche metida en mi cama hablando para no dormir. Yo me limitaba a acariciar su naranja cabellera mientras escuchaba roncar a papá. Miles de pensamientos acudían a mi que me impedían escuchar las palabras de mi hermana. A penas dormí 2 horas y ya estaba mamá despertándonos a ambas. Aquel día era sin duda el peor de todos, era el día de mi cumpleaños pero nunca lo celebrábamos, pues era un día triste y las celebraciones era una falta de respeto para la familia que salía perjudicada año tras año. Me levanté de la cama y me vestí con un vestido verde que mamá había preparado. Era de Gala, y mi vestido terminaba llevándolo Francis. Estaba nerviosa, a pesar de que mi nombre aquel año iba a estar 5 veces en la urna me temblaban las piernas.

Llegamos a la plaza, en frente del edificio de justicia. Pasé el reconocimiento junto a Francis y la acompañé con las niñas de su edad. Me situé con las compañeras de mi edad y me limité a observar el micro del escenario, deseando que terminase. Apareció una mujer con el pelo azul y un sombrero de lo más peculiar. Cada año venía gente más rara y por un momento amé ser de un distrito, prefería mil veces los petos a eso. La voz de la mujer era aguda. Nos mostró las imágenes que pasan cada año para recordarnos la guerra y el por qué de los juegos del hambre.

— Bienvenidos a los Quincuagésimo Segundos Juegos del Hambre, y que la suerte esté siempre de vuestra parte.— Tragué saliva a la espera. — Bien. Primero, las chicas. — La mujer de pelo azul se dirigió a la urna de las chicas y sacó un papel, lo desplegó y leyó su interior. — Thalía Walsh. — Sentí como si el corazón se me parase y la gente empezó a abrirme paso. Hasta que la presentadora no habló nuevamente para meterme prisa no fui consciente de lo que estaba ocurriendo o no quería serlo. Rinna, una amiga, me acarició el brazo cuando caminé por su lado y supe que aquello era una despedida, que no volvería a verla. Me coloqué en el pasillo y caminé lentamente mirando al frente, tratando de no llorar, no quería ser carne fresca para los profesionales... no ahora que iba a formar parte de esos juegos.

La despedida con mi familia fue difícil, Francis y mamá no paraban de llorar y papá se limitaba a acariciar mi mano. Sabían que no tenía posibilidades de salir con vida, si Gala hubiese estado en mi pellejo sí que podría haber tenido posibilidades. Ella es fuerte, valiente y no teme matar a animales, de hecho es quien se encarga de hacerlo en la granja. Sin embargo a mi me tiembla el pulso cada vez que tengo que degollar gallinas. Gala, como últimas palabras solo pudo felicitarme el cumpleaños lo cual me sacó una terrible sonrisa que más que ayudar destrozaba a mi familia y a mi.

El viaje en tren había sido largo pero ya estábamos en el Capitolio. Me llevaron al centro de estilismo donde quitaron todos los bellos necesarios de mi cuerpo. Me lavaron y me pusieron un jabón de lo más extraño pero con buen olor. Todos me daban la enhorabuena por se la afortunada, todos excepto mi mentor quien, pese a que no lo decía, sabía que ni Jaden ni yo teníamos nada que hacer en la arena. El desfile de los tributos. Había visto cómo funcionaba en el tren, era la primera vez que veía unos juegos del hambre, pese a que fuese un resumen, veía cómo iba a ser mi vida los próximos días y semanas si lograba correr lo suficiente. Jaden y yo íbamos vestidos de vaqueros, con un diseño distinto al del año anterior pero con la misma esencia. Pasamos desapercibidos ante los demás tributos. Al bajar del carro miré a mi al rededor, observando quiénes iban a ser mis enemigos o mis aliados, pero la primera opción pasaba por encima de la segunda.

Habían leñadores, del distrito 7, pescadores, del distrito 4, los estilistas sabían cómo representar el oficio de cada distrito, pese a que el mío no era del todo agradable, o al menos no para mi. Entonces me fijé en el del distrito 2, parecían guerreros, con unas bonitas armaduras. Subí la mirada y me topé con los ojos del chico mirando hacia nosotros. Abrí los ojos asustada, lo último que quería hacer era llamar la atención de los profesionales. Desvié instintivamente la mirada hacia el caballo y tragué saliva tratando de no dejar de respirar. Giré levemente el rostro para mirarlo de reojo y ahí seguía. Aquellos ojos me resultaban familiares, no sabía el por qué ni de quién se trataba pero los había visto en algún momento. Nuestro mentor me despertó y me hizo mirarle girando mi rostro.

— No los mires o serás su primer objetivo. Evita mirarles o relacionarte con ellos, de lo contrario no aguantarás ni los primeros 20 segundos. — Asentí y nos fuimos caminando al ascensor, donde nos llevaron a la cena.


* * *

Después del gran banquete de desayuno estaba lista para entrar en la sala de entrenamiento. Quería volver a casa ¿no? pues debería luchar por ello, o al menos resistir, por ellos y por mi. La coordinadora del centro nos explicó el funcionamiento. El cómo la mitad de nosotros podríamos morir por no saber buscar comida o por no saber curar nuestras heridas. Yo no tenía fuerza ni puntería pero sabía cómo cazar animales y como aprovechar toda su carne piel y huesos. Decidí irme hacia una pequeña zona donde habían dos tributos tratando de encender fuego. El instructor me explicó cómo y yo me senté allí, frotando una rama de árbol contra un tronco.

Spoiler:
Disculpa que se haya hecho tan extenso, es solo introductorio, para ver cómo desarrollaría a Thalía en los momentos más importantes de los juegos^^
CAPÍTULO II




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Re: Our last war

Mensaje por Carrie_B el Jue 29 Jun - 18:37

Reencuentros Inesperados
Thalia | Zona de entrenamiento | 9:00 Abril 2252
Incluso desde antes de sacar los papeles de la urnas, ya estaba todo decidido. La Academia no comulgaba con la idea de dejar algo tan importante en manos del azar, mucho menos si lo que estaba en juego era el honor del distrito. Aunque delante de las cámaras todo pareciese suceder de un modo muy natural, la realidad era que detrás de cada mano alzada voluntariamente había un exhaustivo trabajo de entrenadores y evaluadores, y dos nombres cuidadosamente escogidos de antemano.

Los profesionales no eran considerados profesionales por nada...

—Bien. Ya tenemos a los ganadores de la Cosecha —canturreó alegremente Tadeus Heffson, el enviado del Capitolio. Era el hombre más estrafalario que Taurus había conocido en su vida, y parecía sufrir un grave caso de daltonismo: llevaba puesto una especie de peto con un estampado de jirafa encima de una camisa verde brillante, y una gigantesca peluca hecha con plumas de pavo real  a juego con un potente maquillaje en forma de antifaz que le cubría medio rostro—. Pero antes de proseguir, como siempre, he de hacer una pregunta más. —Aguardó en silencio unos instantes, tratando de crear una atmósfera de misterio que estaba abocada al fracaso desde el primer momento: todo el mundo sabía lo que venía después—. ¿Hay algún voluntario que desee presentarse como tributo?

Como todos los años anteriores, dos manos surgieron rápidamente de entre la horda de espectadores que abarrotaba la plaza central. Tadeus fingió sorprenderse, como si todo aquello no hubiese estado preparado de antemano, y se apresuró a pedir al público que dejase paso a esos dos valientes dispuestos a pelear por la gloria de su distrito.

Cuando Taurus comenzó a subir las escaleras hacia el escenario, su mirada se encontró durante unos breves segundos con la de Igria, la otra voluntaria. Habían coincidido un par de veces en la Academia, y la había visto lanzar jabalinas a más de cincuenta metros de distancia. Por eso, verla allí con él no le sorprendió demasiado.

—¡Menudo par de valientes! —repitió Tadeus, cogiéndolos a ambos por los hombros como si fuesen viejos amigos—. El Distrito Dos nunca nos defrauda, no señor. ¿Cómo os llamáis?

Pero la multitud ya coreaba ambos nombres con tanto entusiasmo como si, en realidad, aquello se tratase de la Gira de la Victoria.  

_______________________________

Poco a poco, los caballos retomaron el camino hacia el Centro de Entrenamiento mientras los vítores entremezclados con la música iban quedando atrás.  Una vez las puertas se hubieron cerrado tras ellos, todo quedó sumido en un breve y extraño silencio que no tardó en ser llenado por los equipos de preparación.

—Ya he dicho que me hacía daño aquí —se quejó Igria, desembarazándose de una de sus hombreras doradas en cuanto vio aparecer a uno de los ayudantes de su estilista—. Los del Uno siempre van mejor que nosotros. ¿Has visto esa capa de pieles turquesa? Seguro que no pesa diez kilos…

¿Habrías preferido ir vestida de bombilla, como la chica del Cinco?

Igria torció el gesto, igual que una niña pequeña, aunque enseguida esbozó una sonrisita maliciosa.

—Vale, sí, desde luego los hay mucho peores. Pero, mírala… ¿qué más podrían haber hecho con ella? Aunque los del Siete también daban bastante lástima —continuó, recorriendo el círculo de tributos con sus enormes ojos claros—. Y mira a los del Diez… por favor. ¿Quién va a querer patrocinar a alguien que sale a un desfile enfundado en una camisa de cuadros?

Nadie —corroboró, desviando su atención al punto que Igria señalaba. La chica acababa de bajar de su carroza, y al levantar la cabeza sus miradas se encontraron durante unos breves segundos, antes de que ella girase rápidamente la cabeza, rehuyendo el contacto visual. Tenía la cara llena de pecas, y el pelo rojizo asomaba bajo el sombrero vaquero como paja encendida por el sol. Igual que en los vídeos de la Cosecha que Brutus les había puesto en el tren. Le había costado reconocerla en principio, pero eran dos rasgos demasiado poco comunes en el Dos como para olvidarlos fácilmente. Tenía que ser ella, seguro. Era demasiada casualidad—. ¿Nos vamos? Me estoy muriendo de hambre.

_______________________________

—Que empiece Taurus.

—Sí, que empiece Taurus —asintió Emerald, el chico del Uno, que estaba examinando una balda repleta de cuchillos de todas las formas y tamaños posibles.

Aunque aquella era la primera mañana que pasaban juntos, los cuatro se comportaban como si se conociesen desde hace años. Era parte del papel, porque dar sensación de unidad siempre hacía que pareciesen aún más imbatibles frente al resto de distritos, que por lo general bastante tenían con luchar por su propia supervivencia. Por eso, aunque Emerald era demasiado listillo para su gusto e Igria tenía la desagradable costumbre de colgarse de su hombro en cuanto veía la ocasión, les dirigió una sonrisa de lo más convincente.

Qué pasa, ¿os vais a hacer pis encima ahora? —bromeó, asiendo el mango del hacha que estaba apoyada sobre un podio gris. Varios metros más allá habían colocado una gruesa diana negra con la silueta de un ser humano.

—Qué fanfarrón…

—Detrás de la marca —le indicó el entrenador que se hacía cargo del puesto de lanzamiento de armas pesadas—. El centro son diez puntos, la cabeza son veinte y el resto de diana son cinco. La puntuación se registrará automáticamente en ese contador.

—Mirad cómo intenta hacer trampas —se carcajeó Emerald, dejando los cuchillos y uniéndose de nuevo al grupo—. No intentes impresionar a las chicas, Taurus. No es lo tuyo.

Tienes razón. Lo mío son los vigilantes.

Con un potente silbido, el hacha cruzó el espacio libre girando sobre sí misma y, tras un golpe seco, decapitó limpiamente la figura oscura y se clavó en la pared del fondo, justo al lado del puesto de las hogueras.

Spoiler:
Sin problema!! Los primeros siempre salen largos. A mí también me ha pasadooo.
CAPÍTULO II




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Re: Our last war

Mensaje por Pandunita el Mar 4 Jul - 20:34

Reencuentros Inesperados
Taurus | Zona de entrenamiento | 9:00 Abril 2252

Frotaba con paciencia el alargado palo sobre el tronco. Acerqué mi rostro para soplar y con ello empezó a salir un pequeño humo, quité el palo y coloqué hojas secas y pequeñas ramas para avivar el fuego a la vez que continuaba soplando. Pero justo cuando estaba a punto de avivar y crear una llama más grande una hacha voló hasta llegar a la pared en la que se apoyaba el tributo el doce. Me quedé de piedra, sentí como un escalofrío recorrió todo mi cuerpo hasta hacerlo estremecer. Aquello había estado cerca. La chica del doce gritó asustada, estaba tan concentrada en intentar crear fuego con unas piedras que le sorprendió de gran manera.

Cuando volví del estado de shock giré mi rostro para ver de quien se trataba y tras el maniquí decapitado pude ver una mirada que por desgracia había reconocido al ver la cosecha de los otros distritos la noche pasada. Por lo que la cosecha decía su nombre era Taurus. Mi mirada se perdió en el tiempo y uno de los compañeros del tributo del distrito dos me desafió con la mirada seguido de un comentario. — ¿Y tu qué miras zanahoria? Tráeme el hacha. — Dijo cruzándose de brazos. Alcé una ceja sorprendida ante lo que me decía. ¿Quién se creía que era para hablarme así?

No.— Dije firme, tratando de no temblar al encararme, en la distancia, con un profesional. Volví mi mirada al puesto y traté de revivir el fuego

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Re: Our last war

Mensaje por Carrie_B el Mar 25 Jul - 12:07

Reencuentros Inesperados
Thalia | Zona de entrenamiento | 9:00 Abril 2252
—¡Qué buena, Taurus!

Sin embargo, la felicitación de Igria se vio interrumpida de pronto por un fuerte chillido proveniente del grupo de las hogueras. A escaso medio metro de donde permanecía enterrada la hoja del hacha, una tributo flaca y temblorosa con el número 12 colocado en su espalda permanecía inmóvil como una estatua, hiperventilando. El palito que sostenía segundos antes había ido a parar al suelo, justo al lado de los pies de la chica pecosa y pelirroja.

Emerald, que se había mantenido cruzado de brazos hasta el momento con expresión escéptica, soltó una risita condescendiente.

—¡La próxima puedes ser tú si quieres, Doce! ¡Prometo ser rápido! —gritó con sorna, avanzando unos pocos pasos hasta quedar al lado de Taurus. Fue entonces cuando reparó en la mirada que les estaba lanzando la chavala del Diez—. ¿Y tú qué miras, zanahoria? Tráeme el hacha.  

La chica pelirroja tardó unos pocos segundos en contestar, pero cuando lo hizo dejó muy patente que no estaba dispuesta a amilanarse.

—No —contestó con firmeza, antes de volver a su trabajo con el palo y los troncos. Había conseguido arrancar una delgada columna de humo, pero aún no era suficiente para que la madera prendiese.

Taurus alzó las cejas, esbozando una sonrisa incrédula. A Emerald en cambio no le sentó nada bien.

—¿Qué es lo que acabas de decir?

—Ya vale. —La voz severa del entrenador les obligó a levantar la vista. Aprovechando las circunstancias, Taurus desvió la suya hacia las gradas desde las que observaban los vigilantes. La mayoría se encontraba en esos instantes discutiendo algo entre ellos, de espaldas, pero alcanzó a ver cómo unos pocos acababan de tomar notas. Bien—. Cuando salgáis a la Arena tendréis mucho tiempo para eso, pero aquí no se pelea. Son las reglas. El que la haya lanzado, que vaya a buscarla y pase a la siguiente estación.

Emerald siseó algo más entre dientes, aunque Taurus no llegó a comprender qué. Tampoco es que le importase demasiado. Él ya tenía sus propios objetivos en mente, no pensaba perder el tiempo con una niñata del Diez sólo porque pareciese una deslenguada. Caminó despacio hasta donde se encontraba el hacha y la arrancó de la pared con un enérgico tirón. La chica del Doce ya no estaba allí, ni tampoco por los alrededores. A lo mejor se ha encerrado en el armario de las lanzas. Pobrecita.

En cuanto le hubo devuelto el hacha a Emerald, se encaminó hacia la estación de las hogueras. Solo había dos tributos trabajando en ella: la zanahoria bocazas del Diez y un chaval con gafas del Tres que parecía ensimismado contemplando su tronco. Después de contemplar los tocones libres, al final tomó asiento junto a la chica pelirroja y lanzó una mirada aburrida hacia el panel de instrucciones que indicaba la forma adecuada de proceder. Qué divertido. Agarró el palito que tenía junto a su tronco y lo colocó entre sus palmas abiertas.

No te lo tomes a mal pero deberías replantearte un poco tu estrategia, sea la que sea. El objetivo de todo esto es ser el último que queda con vida, no el primero que la palma...
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