Últimos temas
» Watashi wa anata to koi ni ochite shimatta
Hoy a las 8:17 por Natzabel

» Sometimes you get the best light from a burning bridge.
Hoy a las 5:51 por Sagittarius

» Petición de acciones Admin
Hoy a las 3:45 por Liemind

» Petición de Subforos.
Hoy a las 2:42 por Nevani

» The Mercenary Brotherhood
Hoy a las 2:17 por Sagittarius

» The Past of the magic
Hoy a las 1:43 por Sagittarius

» 5. You can't take the skies from me
Hoy a las 0:24 por Mrs. Bones

» First Floor - Group III - Fontaine Futuristics
Ayer a las 23:48 por Magik

» ~ Blind Heart
Ayer a las 23:45 por Sheena

» ~ You could be loved again
Ayer a las 23:20 por SapphireDragon

» Akō jiken
Ayer a las 22:20 por Sheena

» 15. Rush
Ayer a las 22:04 por Sonder

» You were my lesson I had to learnt
Ayer a las 21:27 por Sheena

» Evento 1: Falling Star.
Ayer a las 21:18 por Mrs. Scotty

» We kinda like the drama
Ayer a las 21:12 por Fenrir

Créditos...
La idea y fundación de Skipping Stone es de la antigua usuaria y administradora Aqua. Diseño de gráficos y redacción de normas, guías, etc, corre por parte del Staff. El skin, el tablón de anuncios, los perfiles y el tablón de afiliados han sido diseñados y cedidos al foro por Oswald. Las imágenes no nos pertenecen, han sido recolectadas en Deviantart en especial de faestock, So-ghislaine (dados) y webvilla (medallas), moon0727 (png Sherlock Holmes), andie-mikaelson (png Raven Reyes), Tube danimage (png Lagertha) y el tumblr fandomtransparents (png Sansa Stark). Damos también un agradecimiento en especial a los foros de recursos Glintz y Serendepity cuyos tutoriales han ayudado a crear las tablillas.
DIRECTORIOS
The X project

The moment when all the smiles died.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

The moment when all the smiles died.

Mensaje por Lichtgestalt el Lun 3 Jul - 0:31

Rhaegar Targaryen
21- Príncipe - Devin Oliver - Carrie_B
281 o año de la falsa primavera, nombrado así por los maestres de la ciudadela debido al inusual fenómeno climatológico presente a lo largo y ancho de Poniente. Animados ante la perspectiva de un largo verano a futuro, los nobles que representan ancestrales casas se dan cita en Harrenhal para participar del torneo organizado por Lord Walter Whent en honor a su hija. Durante diez días, diversas competiciones fueron pensadas para deleite de los ahí presentes, dándose cita los caballeros y combatientes con mayor renombre, añadiendo renombre a un evento que es importante de por sí. Preparándose para escribir un nuevo capítulo en la historia posterior a la conquista de Aegon I, cada familia importante busca demostrar su poderío. Siendo el torneo la excusa perfecta para ponerse al tanto de la vida ajena, los cotilleos están a la orden del día. Rimbombantes nombres suenan entre los invitados y de todos,
Lyanna Stark y Robert Baratheon se convierten en tema central, recién anunciado su compromiso nupcial.

Con el Norte a punto de unirse a las Tierras de la tormenta, se hace evidente que aquello dista de ser un evento meramente deportivo; el rey se mantiene atento a cualquier posible intriga que busque derrocar su régimen, manteniendo ojo avizor sobre el heredero, depositario de la esperanza de quienes ven en él un digno sucesor.
Lyanna Stark
14- Lady- Adelaide Kane - Lichtgestalt
Crackship - 1x1
AvatarCamposContacto

USER
Mensajes :
987

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Carrie_B el Vie 21 Jul - 20:03

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Lyanna - Harrenhal - Por la tarde
—Ese vino... Por todos los dioses, os aseguro que el bueno de Lord Walter ha embotellado meados de rata y los ha hecho pasar por un caldo amargo dorniense.

—¿Habéis probado muchos meados de rata, Ser Connington? —preguntó Ser Arthur, mientras los tres cruzaban el patio del castillo. El eco de las beodas carcajadas que inundaban el salón principal fue sustituido por el cloqueo incesante de las gallinas y los lejanos golpes de la fragua.

—Burlaos cuanto queráis. —El ardiente sol arrancó unos cuantos destellos rojos a la espesa cabellera de Ser Jon cuando éste sacudió la cabeza de lado a lado, con altanería—. Cualquiera con un poco de paladar se habrá dado cuenta. Pobres desgraciados los que sigan ahí amorrados durante mucho más tiempo... Tendrán suerte si mañana son capaces de sostenerse encima del caballo.

Rhaegar sonrió quedamente ante la osada afirmación de su amigo. Lo cierto era que, en el fondo, no le disgustaría que así fuese. El reino tenía muchos asuntos pendientes y, desgraciadamente, pocos de ellos se solucionaban blandiendo una lanza a lomos de un caballo. «Claro que la mayoría no lo consideraría entonces lo suficientemente divertido».

—¿Mi príncipe? —dijo entonces Ser Arthur, al ver que Rhaegar desviaba sus pasos hacia los establos. A su lado, Jon Connington también detuvo la marcha.

He cambiado de idea. Me reuniré con Ser Gerold esta noche —explicó simplemente. Necesitaba un poco de aire, y también de distancia. La distancia siempre había sido fiel consejera de la perspectiva—. Transmitidle mis disculpas y aseguraos de que Elia está siendo bien atendida. Ser Arthur será suficiente para disuadir a los peces y a los hombres verdes en caso de que decidan comernos.

Ser Connington inclinó levemente la cabeza, esbozando una sonrisa ante las últimas palabras del príncipe. La gente solía decir que Rhaegar tenía la misma propensión a las bromas que Stannis Baratheon, el rígido hermano menor de Robert Baratheon, heredero de las Tierras de la Tormenta; pero Jon sabía que no era cierto. Rhaegar tenía un humor ácido e inteligente, solo que no lo exhibía a menudo. El peso de la corona y de una esposa enferma era capaz de aplastar incluso la sonrisa del hombre más taimado sobre la faz de la Tierra.

—Lo lamento por los peces, entonces —asintió, dirigiéndole una respetuosa reverencia antes de seguir su camino a través del patio empedrado.

***

Apenas les llevó media hora bordear el Ojo de los Dioses hasta internarse en el pequeño bosque que lo rodeaba. Allí la bruma no era tan densa, y las frondosas copas de los árboles cubrían por completo la monstruosa obra de Harren el Negro. Rhaegar descabalgó de un salto, atando la montura a la rama baja de un roble y tomando asiento en un tronco varado y cubierto de musgo.

Justo en el centro, flotando sobre las aguas verdosas como una aparición fantasmagórica, se alzaba la Isla de los Rostros, con sus troncos blancos como el hueso y sus hojas rojas como la sangre sacudidas por el viento. Desde allí, la neblina permanente que envolvía al lago las hacía parecer llamas furiosas elevándose hacia el cielo. «Un fuego vivo que, sin embargo, no destruye».

Su mente seguía muy lejos de allí cuando sus dedos comenzaron a rasgar las cuerdas del arpa, y las tristes notas sobre la Tragedia de Refugio Estival flotaron por el aire igual que la niebla, hasta fundirse con el susurro apagado de los árboles.
CaptainHolmes


The girl in the green scarf
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
352

Localización :
Coronando tu copa de helado de seis pisos

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Lichtgestalt el Lun 24 Jul - 5:38

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Rhaegar- Harrenhal - Por la tarde
— ¡Una docena de hijos! Eso es lo que quiero. Lyanna es fuerte, resistirá tan bien como lo ha hecho Bastión de Tormentas.

La voz de un Robert ebrio se dejó escuchar como un potente trueno alrededor del círculo íntimo donde Lyanna Stark estaba presente también, compartiendo con sus hermanos, algunas damas y gente de los ríos. La expresión de la muchacha denotó lo incómoda que estaba, por decir lo menos; Robert solía expresarse así cuando bebía de más e incluso otros sabían de su afición por el alcohol, un comportamiento que si bien no aceptaban sí habían aprendido a tolerar. Como toda respuesta esbozó una pequeña sonrisa y palmeó el hombro de su prometido, excusándose bajo fingidas palabras de cortesía con que deseaba descansar. Ninguno de los ahí presentes objetó puesto que mujeres como ella frecuentemente se valían de esa excusa para no participar de una conversación o si precisaban escabullirse sin levantar sospechas.

Para Lyanna, era lo segundo.

Ni siquiera los silenciosos ruegos de Ned bastaron para convencerla de lo contrario e ignorando toda súplica, optó por caminar sin rumbo. No le interesaba a donde ir mientras pudiera librarse del yugo que suponía ser la prometida del lord tormenteño, por mucho que cientos de doncellas lo consideraran un honor. Ella no. Había sido una decisión en la que nada pudo interferir y tampoco opinar, su voluntad no contaba para las decisiones que involucraban el bienestar de la mayoría, máxime aun cuando ambas casas llevaban tanto tiempo deseando concertar una unión. Para el Norte y Tormentas, la boda en ciernes representaba la oportunidad para forjar una alianza eterna, para volverse una sola tierra. Lo único y verdaderamente importante era aquello en lo que nadie pensaba: el sentir de la muchacha.

Era una mercancía, un bien transaccional y nada más. Incluso su padre la veía así, sus hermanos igual ¿Acaso no veían cuán pesada encontraba dicha carga? A su edad debería estar pensando en otras cosas, en mejorar con la espada, en ser mejor combatiente de lo que Benjen o Ned serían jamás. Ella…

Ella no debería estar planeando una boda.

La melódica canción que llegó hasta sus oídos consiguió distraerla, obligándola a aminorar el paso; sentía deseos de llorar pero no por dicha sino de melancolía, notando una extraña sensación en la boca del estómago que no supo precisar con exactitud. A lo lejos, distinguió el gallardo porte del príncipe Rhaegar, el heredero de los siete reinos, interpretando una canción que Lyanna no conocía pero sin duda le atraía.

— No pretendía interrumpir, alteza. — Las cortesías no se le daban bien pero al tratarse del próximo rey tuvo a bien intentar una reverencia, procurando no pisar el ruedo del vestido mientras tanto. Si por ella fuera, vestiría una armadura y viviría a lomos de un caballo pero la sociedad dictaba ciertos cánones que igualmente aplicaba en su día a día. — Es una hermosa melodía. Sin duda conmueve a quien la escucha. O quizás soy fácilmente impresionable, ignorante de la música y carente de toda cultura. Pero como espectadora, como escucha, encuentro que un relato así, incluso cuando es de tragedia, remece el alma de cualquiera. Insensato el que niegue tal cosa. — Añadió, acortando la distancia entre los dos.

CaptainHolmes
AvatarCamposContacto

USER
Mensajes :
987

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Carrie_B el Mar 8 Ago - 17:44

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Lyanna - Harrenhal - Por la tarde
La canción de Refugio Estival siempre se había encontrado entre sus favoritas. Le recordaba que, antaño, los Targaryen habían caminado sobre algo más que huesos y cenizas. Algo más allá de la sangre y el fuego. Algo vivo. Rhaegar aún era un bebé de pecho cuando el lugar entero sucumbió a las llamas, por lo que no había llegado a conocer nada más que unas ruinas semi derruidas del mismo color que la noche.

Sin embargo, no le costaba imaginar la majestuosa imagen que debía de haber ofrecido en su tiempo, con sus altas columnas de mármol, sus capiteles y las enredaderas lamiendo las paredes de piedra. Solía ir a pasear por allí a menudo, cuando necesitaba alejarse del mundo para escucharse a sí mismo. En Desembarco siempre había demasiadas voces a su alrededor, lo mismo que en Rocadragón, pero en Refugio Estival las cosas eran diferentes. No había más rey que el viento ululando por los rincones, ni más Mano que la del propio tiempo. Había helechos, y piedras, y setos bajos rodeados de malas hierbas; todos consejeros silenciosos.

Refugio Estival era la misma voz de Rhaegar.

«Y roza las flores
que una vez tocaron
los dedos de la Doncella
que hoy yacen quemados.
»

Su voz se apagó al mismo tiempo que unos pasos ligeros y delicados irrumpían desde la linde del bosque. Cuando apartó la vista de la Isla de los Rostros, se encontró con una muchacha joven de espeso cabello castaño. Parecía un cervatillo asustado, aunque no se amedrentó cuando vio aparecer a Ser Arthur con la espada desenvainada. Él sí se mostró sorprendido de verla, aunque no guardó la espada hasta que Rhaegar no le dedicó un gesto conciliador.

—No pretendía interrumpir, alteza —se excusó ella con torpeza, inclinándose de inmediato para mostrarle su respeto—. Es una hermosa melodía. Sin duda conmueve a quien la escucha. O quizás soy fácilmente impresionable, ignorante de la música y carente de toda cultura. Pero como espectadora, como escucha, encuentro que un relato así, incluso cuando es de tragedia, remece el alma de cualquiera. Insensato el que niegue tal cosa.

Los ojos violetas de Rhaegar volvieron de nuevo a su arpa, al arco suave de oro fundido sobre el que estaban engarzadas las finas cerdas plateadas. «Entonces hay demasiados insensatos en el mundo». El rey siempre lo decía: las batallas se ganan a fuego, sangre y acero. Las canciones son para los bardos y las mujeres blandas. ¿Acaso eres una mujer, o un bardo desarrapado?

Vuestras palabras son demasiado gentiles. Solo soy un aprendiz, me temo —reconoció, apoyando el arpa sobre su rodilla y observándola con curiosidad. Lady Lyanna Stark, hija de Ricard Stark, a la que todo el mundo llamaba la Doncella Lobo de Invernalia. Rhaegar nunca había estado en el Norte, pero en Poniente se decía que ni siquiera los bardos llegaban a aquellas tierras frías e indómitas. «Quizás el Norte también tiene sus propias melodías, y su propia voz»—. Demasiado anclado en las melodías del largo verano. El Bardo Verdigrís que actúa para Lord Walter cuanta mejores historias que yo. ¿Puedo ayudaros en algo, mi señora?
CaptainHolmes


Disculpass:
Siento muchísimo la tardanza >.< que he tenido un mes malísimo. Prometo que no volverá a pasar!!


The girl in the green scarf
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
352

Localización :
Coronando tu copa de helado de seis pisos

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 13 Ago - 5:18

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Rhaegar- Harrenhal - Por la tarde
La doncella lobo procuró aprovechar al máximo los últimos acordes de esa melodía, a sabiendas que no tendría ocasión de escuchar nuevamente algo interpretado por el príncipe. En el Norte se cantaban melodías bélicas, el romance era algo dejado en segundo plano y las ancestrales hazañas de la casa regente solían cantarse más como una manera de rememorar lo pasado en vez de celebrarlo. — Subestimáis vuestro talento, alteza. Os decís aprendiz cuando tenéis tanto o más talento que un bardo. Y no me gustaría que penséis en mis palabras como adulación, no. No pretendo regalaros el oído con frases aprendidas como enseñan a otras damas, prefiero siempre conducirme con la verdad. — Así de sincera era. Lyanna no calificaba en el arquetipo de damisela a pesar de poseer un porte y belleza que podrían hacer pensar en ella como una.

Ayuda. Una palabra que englobaba más aparte de las cinco letras que la conformaban, con un significado oculto tras esa simple frase donde como buen caballero, el príncipe se ofrecía a auxiliar a la damisela. — No podéis ayudarme, nadie puede. Agradezco vuestra disposición pero no existe posibilidad alguna para que acudáis en mi rescate. — El escabroso asunto de su próxima boda con el señor de las tormentas sin duda seguía causándole escalofríos al pensar en lo que sería su vida en Bastión, al amparo de las decisiones de un hombre que únicamente la veía como una consorte y nada más. — Pero os lo agradezco. Tendré en cuenta vuestro ofrecimiento llegado el momento. Confío en que sabréis llegar al corazón de mi prometido con buenos consejos para ser un marido ejemplar, como se espera que sea alguien de su estirpe. — Había hablado de más y lo sabía pero ya era tarde para arrepentirse. A veces, Lyanna pecaba de imprudente, cuestión que atribuía a su llamada “sangre de lobo”.

— ¿Habéis huido de la concurrencia? Vuestro padre debe estaros buscando desesperadamente. No es lo usual que el heredero al trono desaparezca de un torneo con semejantes invitados aunque ¿Quién soy yo para deciros nada? He hecho exactamente lo mismo. — Sonrió, brindando una discreta sonrisa para restar importancia al asunto. Si fuera otra clase de persona, su padre y hermanos estarían buscándola pero conociéndola como la conocían, ninguno hacía amago de ir por ella, dándole su espacio. Así, los cuatro hermanos hacían honor al dicho acerca de la manada y los lobos solitarios, aunque en su particular caso dicho significado cobraba otro sentido. — Si no es inconveniente preguntar ¿Preferís que me marche? Entiendo si deseáis estar solo, las musas generalmente no llegan estando acompañado y para ello se requiere paz. — Se apresuró a añadir, indicando una brecha alterna del camino por donde pensaba seguir, en espera de respuesta del heredero al trono de hierro.

CaptainHolmes
AvatarCamposContacto

USER
Mensajes :
987

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Carrie_B el Vie 18 Ago - 21:01

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Lyanna - Harrenhal - Por la tarde

Pese a que su expresión se mantenía firme y orgullosa, Rhaegar percibió en su negativa una profunda amargura. Estaba al corriente de la decisión de Rickard Stark de casar a su única hija con Robert Baratheon, heredero de Bastión de Tormentas, ¿cómo no estarlo? El rey farfullaba sobre sus supuestos enemigos a todas horas, hundido desde hacía ya varios años en conspiraciones que incluían a su propia sangre. Los pajaritos de Varis el Eunuco, ahora Consejero de los Rumores, se extendían a lo largo y ancho de los Siete Reinos, y su padre bebía de aquellos secretos como un mendigo que hubiese pasado años vagando por los desiertos de Dorne. Los sentía revolotear día a día sobre su cabeza, como aves de carroña atraías por el olor de un cadáver aún fresco.

«El odio y el amor están tan cerca que cualquiera podría confundirlos. Hasta el rey de los reyes.»

La escuchó increparle su desaparición de una forma tan locuaz y familiar que, después de todo, ni siquiera podía tomarse como tal. Por lo general, los hombres y mujeres empequeñecían en su presencia, y sus palabras estaban siempre tan medidas como sus actos. Ni John Connington, con su lengua afilada como el acero valyrio, ni su esposa Elia, cuyo agudo ingenio picaba como las medusas del Mar del Ocaso, le habían hablado jamás en términos semejantes. Sin embargo, a la Doncella Lobo le habían bastado cuatro frases para hacerlo sentir menos príncipe y más niño que nunca. Sonrió para sí.

Las musas sureñas abrazan tierras sureñas, dioses nuevos e historias nuevas. Aunque me acompañasen hoy, no sabrían cómo cantar a vuestros árboles con rostro, ni entenderían el lenguaje de los lobos.

Como heredero al trono, Rhaegar había aprendido desde niño las historias de las grandes casas: conocía sus estandartes, sus asentamientos principales, las casas vasallas y los señores menores que les debían lealtad, y también sus religiones. Y los Stark de Invernalia, a la cabeza del frío Norte, eran de los pocos que todavía rezaban a los Antiguos Dioses, con sus rostros de madera blanca tallados en rojo sangre.

Venid. Tomad asiento —la invitó, señalando con el arpa el trozo libre de tronco que quedaba a su lado. Un poco más allá, el coleteo fugaz de una carpa alteró la quietud del lago, y sus aguas se llenaron de ondas que chocaron contra los guijarros de la orilla—. Contadnos de qué hablan las viejas canciones del Norte, y quizá ambos aprendamos cosas que no sabíamos.
CaptainHolmes


The girl in the green scarf
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
352

Localización :
Coronando tu copa de helado de seis pisos

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 27 Ago - 5:10

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Rhaegar- Harrenhal - Por la tarde
No era precisamente una dama pero lo intentaba. La sangre de lobo que corría por sus venas dificultaba enormemente que pudiera dominar las artes para las que se instruía a una joven de su alcurnia y posición, preparándola para el matrimonio; Robert tampoco era el mejor prospecto, era más rudo que gentil pero comparado con el príncipe dragón o si ella intentaba competir con alguna mujer sureña, claramente no tenían nada que hacer. — Del mismo modo, yo no podría hablaros sobre crepúsculos arrebolados o un verano con olor a rosas o jazmín porque nunca he presenciado tal. Nunca he estado tan al sur. — Se sentó junto a él con toda la gracia que era capaz, acercando el pliegue del vestido al resto de la tela para no incomodar, aunque ella sí se sentía presa en esa prenda tan pesada, ostentosa y que para nada correspondía con la sencillez de lo que acostumbraba a vestir.

De buen grado hubiera prescindido del vestuario como mejor sabía pero no estaba ahí para avergonzar a su padre o a su gente así que optó por conformarse.

— La gente del Norte canta sobre dioses tan antiguos como el mismo invierno. — Cuando dijo eso, sus ojos oscuros se posaron en los del Targaryen, violáceos como gemas tan raras y exóticas que dudaba volver a encontrar alguna vez. Por las lecciones que recibía sabía que gente en Volantis y Lys conservaban un tono similar pero ella estaba tan lejos y viajaba tan poco que jamás llegaría a verlo por sí misma. Mención aparte, su próximo recorrido sería a Bastión de Tormentas para tomar posesión de un asentamiento que era tan ajeno a ella como el hombre que regía ahí. —Sobre cómo el lobo solitario muere pero la manada sobrevive,  evidenciando cuán importante es la unión familiar. Se canta sobre los duros inviernos, el gélido clima que asola a quien vive ahí, forjando el carácter y el honor…— Consciente de estar divagando demasiado, hablando de su tierra con más orgullo que cualquiera, dejó de hacerlo. Tampoco quería aburrir al próximo rey con palabras como esas.

Poco acostumbrada a expresarse con tal soltura con alguien que no fuera alguno de sus hermanos, Lyanna encontró cierta complacencia en la compañía del príncipe, más sencillo y afable de lo que imaginó alguna vez; cuando se convirtiera en rey, seguramente gobernaría los siete reinos con la justicia necesaria para traer una nueva era de paz y armonía. Había escuchado algunas pláticas entre la comitiva norteña junto a los de Bastión que hablaban de él como una opción a tener en cuenta, una idónea mejorando lo presente. — Quizás os parezca atrevido de mi parte y comprenderé bien si rehusáis atender mi petición pero ¿Y si cantáis algo? Ya os he contado muchas cosas sobre el Norte, seguramente podréis improvisar. — Añadió, señalando el instrumento plateado que el príncipe usaba para producir música.

CaptainHolmes
AvatarCamposContacto

USER
Mensajes :
987

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Carrie_B el Miér 6 Sep - 23:04

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Lyanna - Harrenhal - Por la tarde

Una vez hubo tomado asiento junto a él, la muchacha comenzó a hablar del Norte, tal y como el príncipe le había pedido. Su voz era dulce como el aguamiel, pero la pasión y la firmeza que impregnaban sus palabras bien podrían haber rivalizado con las de cualquier caballero. Cuando quiso darse cuenta, Rhaegar ya se había visto atrapado en una tierra fría y blanca, hermosa a su modo, salvaje e indómita. Escuchó el canto de los lobos, tan grises como los ojos de Lady Stark, y los vio correr por las praderas inundadas de nieve.

Tenemos mucho que aprender del Norte, entonces —musitó, después de que ella guardase silencio. A base de su cabezonería y sus delirios, Aerys los había convertido a él, a su madre y a Viserys en lobos solitarios que vagabundeaban en torno al trono de hierro, tristes y perdidos. «Si ahora llegase el invierno, moriríamos todos».

Al verla señalar su arpa, Rhaegar sonrió. Definitivamente, Lyanna Stark no era una doncella común. Las jóvenes nobles solían ser recatadas hasta el extremo, complacientes hasta el extremo y conformadas hasta el extremo. No señalaban, no paseaban solas por el bosque sin una escolta, no hablaban sobre las canciones de los lobos y no hacían peticiones a los príncipes. Había conocido a miles de damas corrientes a lo largo de su vida, pero hasta el momento no se había topado con ninguna otra Lyanna. Y, lejos de molestarle, Rhaegar descubrió que aquella rudeza tan impropia de una chica noble lo divertía y lo fascinaba a partes iguales.

Como deseéis.

Con mucho cuidado, casi con mimo, sus largos dedos volvieron a acariciar las cuerdas de plata, arrancando notas tan delicadas como la escarcha. Al compás del viento y del sonido lejano de los pájaros, la melodía fue tomando forma hasta acunar la voz grave y férrea del príncipe como los brazos blandos de un ama de cría. Habló sobre castillos que jamás había visto con sus ojos, enterrados en polvo blanco y tabicados en hielo azul. Habló sobre la manada que aullaba en las frías noches, para que un miembro rezagado durante una tormenta supiese cómo volver a casa. Habló sobre las lágrimas del inmenso Muro, de las que tanto había leído en sus libros, y también sobre una doncella con una corona de flores invernales que se acurrucaba a los pies de un árbol blanco de ojos rojos, para confesarle que los labios del hombre al que amaba se habían tornado tan fríos como la nieve del camino.

Perdonad si no os he hecho justicia —se disculpó tras finalizar el último verso y extinguir las notas moribundas—. Es fácil hablar de lo que se ama, pero muy difícil hablar con amor sobre aquello que se desconoce.
CaptainHolmes


The girl in the green scarf
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
352

Localización :
Coronando tu copa de helado de seis pisos

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Lichtgestalt el Vie 15 Sep - 23:47

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Rhaegar- Harrenhal - Por la tarde
Conmovida y estando al borde del llanto, la doncella Stark no pudo menos que brindar una discreta sonrisa al príncipe después de esa canción. — Discrepo. — Nuevamente mostró no ser como las demás, llevando la contraria a quien en un futuro ostentaría una corona y el peso de los siete reinos sobre sus hombros. — Se puede amar lo que no se conoce. Quizás no os parece posible pero para mí lo es. — Sus mejillas se enrojecieron al mantener el contacto visual con esa mirada violeta en la que podía perderse con facilidad. — Os imagino en el Norte con la misma facilidad que puedo veros al instante en Desembarco del rey. Amo ese sitio aun sin conocerlo, incluso he de mencionaros que me veo paseando por sus calles, por lo intrincado de sus  pasadizos y callejones. — Cerró los ojos un instante para recrear tan vívida imagen, tendiendo la mano para tocar construcciones que no estaban ahí.

— Desde luego, son solo delirios de una joven que no conoce más allá de las murallas donde nació salvo Harrenhal, por cuestiones del torneo. Pero vos sí que podríais ¿No es así? El norte es tan del rey como vuestro, seguramente los vasallos verían con buenos ojos que os hagáis acompañar de vuestra esposa e hijos para visitar las tierras de Brandon el constructor o incluso El muro, fuente de muchas leyendas. Estoy segura que si emprendéis el viaje, vuestros súbditos estarían gustosos de compartir el pan y la sal. — Quizás pedía demasiado pero por un instante, la imagen de Rhaegar caminando por campos nevados era tan real que casi logró hacerla suspirar.

Casi. Porque Lyanna Stark no era una chica que suspirara por príncipes en corceles blancos y tampoco olvidaba a quién estaba prometida, pese a lo desagradable que resultaba pensar en su inminente boda y posterior viaje a Bastión para regir el asentamiento junto a Robert. — Cantáis también que cualquiera puede olvidarse del tiempo o de sí mismo con tan de escucharos un minuto más. He de confesaros que yo  acabo de hacerlo y ya no recuerdo cuál era mi congoja o el motivo por el que salí a deshoras. Sé que debo volver, seguramente el resto de los huargos están buscando por ahí a la solitaria loba que ha dejado de ser tal. — Aquel pensamiento logró hacerla sonreír. De vuelta a su carpa se inventaría algún pretexto bastante convincente para aplacar la preocupación de sus hermanos o el enojo de Rickard y Robert, especialmente del patriarca Stark ante lo que consideraba un actuar propio de una criatura indómita que de una dama con miras a ser desposada.

—¿Y vos? Si no es indiscreción ¿A dónde iréis? Supongo que un príncipe tiene mucho qué hacer pero ¿Os iréis a compartir con la familia o preferís practicar para el combate? Se auguran justas emocionantes. — Añadió, con fingido tono casual.
CaptainHolmes
AvatarCamposContacto

USER
Mensajes :
987

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Carrie_B el Vie 22 Sep - 23:34

CAP I: La Canción Norteña del Sur






CON Lyanna - Harrenhal - Por la tarde

—Discrepo.

Aquella palabra hizo que Rhaegar alzase las cejas rubias, casi blancas, sin poder ocultar su sorpresa. Discrepo no era una palabra común en el idioma de todos aquellos que rodeaban al príncipe Targaryen. Discrepo no era una palabra habitual en el idioma de las mujeres de Poniente. Discrepo no era algo que sonase apto para decir al próximo heredero de los Siete Reinos, pero era la respuesta que Lyanna Stark había escogido. Y se encontró a sí mismo admirándola por ello.

La muchacha se embarcó entonces en una idealizada descripción de Desembarco del Rey, más propia de alguien que no había viajado demasiado que de alguien que verdaderamente conociese la capital. De hecho, no tardó en reconocerlo, cosa que le arrancó una nueva sonrisa. El Norte. El Muro. Lo que decía tenía mucho sentido —el Norte era una de las facciones más importantes de los Siete Reinos y, aún así, tendía a quedar olvidada en favor de aquellos territorios con una climatología más amable—, y sin duda era algo a tener en cuenta. Sin embargo...

Agradezco vuestra hospitalidad, lady Stark —dijo, inclinando la cabeza. Pero no podía ser. La salud de Elia había empeorado considerablemente desde que había dado a luz a Rhaenys, y la niña tenía prohibido abandonar Rocadragón por orden de su abuelo. Rhaegar quería creer que era para mantenerla a salvo, pero aún llevaba grabadas en la mente las palabras que el rey le había dedicado el día que la habían presentado ante la corte. "Apesta a dorniense". Como si el matrimonio con los Martell no lo hubieses acordado tú mismo, padre... No obstante, no quería sonar brusco o maleducado, de modo que simplemente añadió:—. Haré llegar vuestros deseos a la princesa.

Lyanna Stark asintió, antes de levantarse. Ciertamente, se había hecho algo tarde.

Ni lo uno, ni lo otro. Debo discutir algunos asuntos con ser Gerold Hightower. Aunque debería sacar tiempo para practicar. Lord Walter asegura que este año compiten los mejores caballeros de los Siete Reinos... —comentó, dirigiendo una leve mirada a propósito hacia el joven Dayne.

Un poco más allá, apoyado sobre el tronco de un árbol y con el puño reposando sobre la empuñadura de Albor, Ser Arthur sonrió para sí ante las palabras de Rhaegar. Después, tras intercambiar una única mirada con el príncipe, el caballero se separó del árbol y se dirigió hasta la montura de Lady Stark, sujetándola por las riendas para ayudarla a montar. Allí no había peligro, y no necesitaba una escolta permanente.

—Os acompañaré de vuelta al campamento, mi señora.

Rhaegar rió quedamente, antes de que ambos dos partiesen al galope. Y, por la última mirada que le dirigió Lyanna, supo que iba a llegar al campamento mucho antes que su amigo. La Doncella Lobo...

Sin lugar a dudas, el Norte era una tierra extraña. Y ahora no conseguía quitársela de la cabeza.
CaptainHolmes


The girl in the green scarf
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
352

Localización :
Coronando tu copa de helado de seis pisos

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Lichtgestalt Ayer a las 5:05

CAP 2: Al amparo del alba.






CON Rhaegar- Harrenhal - Al alba
A veces, las mentiras duelen.

Esta vez no era así. Había ‘distorsionado ligeramente’ la verdad para obtener aquello que tanto deseaba: un permiso para cabalgar. A pesar de las protestas de sus tres hijos varones, Rickard Stark cedió por fin para dejar a Lyanna ir a pasear, prometiéndole que no iría demasiado. Lejos y no iría al estanque o al abrevadero para evitarse un encuentro incómodo con los vasallos o caballeros. Aun así, Lyanna confiaba en que nadie sería lo bastante osado como para ofender a los Stark y de paso a los Baratheon. Quizás no sería tan considerada como la reina o la esposa del príncipe pero quería creer en el honor de los justadores aunque muchos fueran altamente cuestionables. Quería y deseaba decir que su motivo no era otro aparte de practicar un poco de deporte pero realmente deseaba ver si se encontraba con el príncipe o Sir Arthur Dayne para enviar sus respetos.

Una vuelta, dos. Yendo de un lado a otro la doncella lobo procuró no cruzar los límites impuestos por la autoridad paterna pero al no encontrarse con él, su desesperación fue a más. No quiso demostrar su impaciencia de forma tan obvia pero con cada minuto que pasaba, su ansiedad era notoria ¡Cómo había podido ser tan imprudente! Él era príncipe, tenía que convivir con todos sus vasallos y naturalmente ella había dejado caer la opción como si tal cosa ¿Y cómo entre tanta gente él iba a darse tiempo para hablar solo con ella? Era ilusa. Peor aún pecaba de ingenua si pensaba que el príncipe tendría deferencias con ella cuando podía estar cuidando de su esposa como dictaba la costumbre. Ella también debía hacerlo si quería llegar a ser tan buena señora como su madre lo fue.

Pero ¿Qué se hacía cuando los deseos no correspondían con el deber?

Exactamente lo que no debía, como ella. Esperaba y esperaba impaciente por el arribo de alguien a quien no había tenido la cortesía de enviar una nota siquiera; estaba ahí, en el mismo árbol pero a otra hora, entonando la misma canción que el día anterior el príncipe había compuesto para ella ¿De verdad se habían llevado bien? Puede que dijera o hiciera algo para causar la expresión contraria y Rhaegar fuese demasiado cortés para hacérselo ver. Tal vez no debió cuestionarlo, tal vez…

<< Tal vez no debí increparlo así >>

Ningún pensamiento valía para la fémina. Sin embargo, los dioses antiguos habían escuchado sus plegarias cuando, al amparo del alba y a pocas horas de un amanecer en totalidad, el príncipe de cabellos blanquecinos y mirada violácea apareció, justo en el sitio de la noche anterior. Si la casualidad lo había llevado hasta ahí o no era irrelevante, su presencia era todo lo que importaba para la joven doncella lobo. — Majestad… — Descendió de la montura con una rapidez y garbo que ya querría cualquier amazona o caballero experimentado. — ¿Cómo os fue? Diría que no he dormido de la curiosidad pero sería mentir. Gracias la canción descansé plácidamente, no sentí nada… como un tronco. — Murmuró una breve disculpa y tras las reverencias apropiadas, volvió a encararlo.
CaptainHolmes
AvatarCamposContacto

USER
Mensajes :
987

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: The moment when all the smiles died.

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
AvatarCamposContacto

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.