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Sometimes you get the best light from a burning bridge.

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Sometimes you get the best light from a burning bridge.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar Jul 04, 2017 4:54 am

Sometimes you get the best light from a burning bridge.
1x1 - Canción de Hielo y Fuego - Sagittarius y Lichtgestalt
Las tierras de la tormenta se han cimentado sobre la catástrofe y es así como logra mantenerse; sorteando cada adversidad - por intervención divina o no -, el territorio ha resistido los embates del tiempo, las continuas luchas e intrigas entre las distintas huestes que integran su población.

La muerte del usurpador y la posterior guerra de los cinco reyes acarrean sangrientas consecuencias para todo Poniente, dejando grandes pérdidas a su paso. Divididos entre quienes reconocen el "legítimo" derecho de Stannis según la ley de primogenitura o quienes apoyan a Renly Baratheon debido a la simpatía que despierta, cruentas luchas se suscitan en un territorio otrora fuerte, poderoso. Siendo las disputas internas lo que merma el poderío de la región, dos clanes se alzan como los instigadores de dicha rebelión, negándose a respetar antiguos tratados que versan sobre límites territoriales.

Como último recurso para recobrar la paz perdida, el acuerdo nupcial entre Connington y Errol busca sanar viejas heridas, dejando atrás cualquier rencilla producto de la ambición personal. Ambos lores recurren a su descendencia en pos de unir ambas casas, pasando por alto cualquier opinión de los involucrados, forzados a pensar en común.

Kaiser y Cicely, dos jóvenes cuya libertad fue cortada de tajo, unen sus vidas por el bien mayor. La aversión es mutua pero las apariencias son lo más importante, fingiendo que la predestinación existe. Puertas para adentro y sin tener que fingir, el odio es la emoción reinante, alimentándose de antiguas rencillas que no han olvidado todavía.

¿Podrán ambos ser capaces de cumplir con el deber sin morir en el intento?
Sterick Connington
Heredero de Griffin's Roost | 19 años | Alexander Ludwig | Sagittarius
Cicely Errol
Lady de Haystack Hall | 18 años | Adelaide Kane | Lichtgestalt

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Re: Sometimes you get the best light from a burning bridge.

Mensaje por Sagittarius el Lun Jul 17, 2017 12:16 am

La Boda Tormentosa

"Había un oso, un oso, ¡un oso!, era negro, era enorme, ¡cubierto de pelo horroroso!"

Los sonidos de los instrumentos del bardo que entretenía el banquete nupcial se escuchaban en todo el salón principal del Nido del Grifo, al sureste de Desembarco del Rey, apenas a unos cuantas cientos de leguas de distancia de la gran ciudad, capital del Reino. El heredero sabía bien que aquella ciudad olía a mierda, mientras que en su hogar era privilegiado, sin tanta gente, ni tantas ratas; al oeste se encontraban las grandes montañas que protegían el Nido de cualquier ataque enemigo; al sur se encontraba el Bosque, y al este la Bahía de los Naufragios de Bastión Tormenta, de la cual su casa era vasalla.

"¡Oh, ven, decían ellas! ¡Oh, ven ahora a la feria! ¿A la feria?, dijo él. Pero es que soy un oso. Negro, enorme, cubierto de pelo horroroso."

El bardo seguía amenizando la ceremonia nupcial; ya lo peor había pasado, Kaiser juró desposar a Lady Cicely ante el septo de los siete dioses; su padre lo había obligado a casarse con ella. "Sé hombre y protege a tu familia, a tus señores y a tus futuros hijos" le había dicho semanas atrás, justo después de la muerte del Rey Robert. En el estrado se encontraban los Señores de las Casas Errol y Connigton junto a sus esposas; aquél día era histórico, ya que incluso había miembros de las casas Baratheon como invitados especiales. Si bien no asistieron Lord Renly o Lord Stannis por cuestión de seguridad, si lo habían hecho algunos de sus vasallos, como los Swann de Timón de Piedra; los Caron de Canto Nocturno, el asentamiento más allegado a Altojardín y Dorne; los Morrigen de Nido de Cuervos; los Tarth de Castillo del Crepúsculo; los Baratheon, entre otros.

Aquél matrimonio protegía Bastión Tormenta, primeramente porque Nido del Grifo se encontraba al sur, mientras que Pazo Pajar al norte, lo que significaba que la Casa Baratheon estaría protegida por los cuatro puntos cardinales. "Si hubiera un ataque contra la Bastión, caería primero Puerta Bronce y Pazo Pajar, al menos" pensaba el joven, aunque por otro lado, como esposo de la hija de Lord Errol, le correspondía cuidar a su familia también.

La canción prosiguió ante los hombres y mujeres que se encontraban disfrutando el manjar; claro, no era una cena digna para un rey; con la guerra de los cinco reyes los suministros escasearon, y apenas el orden sobrevivía en Desembarco del Rey tras la muerte del Rey Robert. "Vivimos en tiempos difíciles" y como tal, Sterick había sacrificado sus gustos por la doncella con la que se casaría; la recordaba de la niñez, una niñez donde había odiado a los Errol y sobre todo, a su hija. El hombre estaba enamorado de alguien más, de una doncella de otra casa, la hija de Ser Wylde, de Aguasmil, quienes también estaban invitados a la boda, pero por obvias razones, solo el Señor de la Casa y su esposa había asistido. - Si ella se hubiera presentado, tal vez....tal vez me hubiera negado. Tal vez por eso decidió no venir, porque sabía lo que yo haría." El error de Lady Wylde había sido nacer al sureste de Bastión Tormentas, en la ciudad de la punta de la bahía. "Maldigo a la geografía, maldigo al Rey Robert, maldigo a los cinco reyes", pensó, ya que por diversos factores la boda sucedió.

Si acaso Aguasmil se encontrará al norte y fueran vasallos de Lord Stannis, la boda con la persona que amaba se habría concretado, pero no, le tuvo que tocar la mala suerte de casarse con alguien a quién aborrecía. No negaba que era hermosa, lo era, incluso su madre había observado que tenía buenas caderas, y por ende, serpia fértil. Pero ¿de que servía la fertilidad si no había amor?

"Bueno, hasta el maldito oso de la canción tuvo más suerte que yo", se dijo con ironía mientras observaba el asado de cerdo que llevaban a la mesa; en la sala, había emblemas de ambas casas, de la Casa Errol  un pajar de oro en campo leonado, y de la Casa Connington de Nido del Grifo y su emblema con dos grifos mirandose uno al otro en colores plata y gules; así como el famoso venado de la Casa Baratheon; al final de cuentas, aunque Renly y Stannis se disputaban la corona, ambos estaban cubiertos bajo ese emblema. - ¿Os gusta la comida, querida esposa? - preguntó carraspeando la garganta, mirando al frente, no hacía la pregunta por cortesía, si no responsabilidad. Fuera como fuera, con su matrimonio, ganara Stannis o Renly, quedarían bajo protección. El problema eran los Lannister, siempre los Lannister. - ¿Estáis emocionada porque en cuestión de minutos nos encamaremos? - preguntó apenas en un susurro, a su oído para que solo ella pudiera escuchar. - Porque yo no.-

quién, dónde, cuándo.


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Re: Sometimes you get the best light from a burning bridge.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar Jul 18, 2017 3:54 am

La Boda Tormentosa

<< Somos tan dignos de los Connington como cualquiera y tú eres la prueba. >>

Cicely Errol recordaba bien esas palabras. Eran las mismas que su madre le había dicho antes de verla casarse con Sterick Connington, repitiéndolas hasta el cansancio. Rosella Errol no veía ni concebía mejor futuro para las tierras de tormenta que el unir su casa a otros vasallos en vez de buscar alianzas con extranjeros cuyas intenciones jamás serían sinceras. Ella había sido el principal artífice de aquella boda, el cerebro tras las negociaciones y quien influyó más en Lord Errol para concertar dicho matrimonio

Por esas y muchas razones más, Cicely la odiaba.

No importaba que fuera la mujer que le había dado la vida o que estuvieran celebrando el que debería ser un día importante y feliz, no; la doncella Errol — recién convertida en Connington mediante la vía del casamiento — quería acabar con toda esa farsa cuanto antes, despachar a los invitados a sus respectivos horas, deshacerse de su entrometida madre y prescindir del esposo que había sido obligada a tomar. No lo veía como un aliado pero sí como un estorbo, alguien a quien no podría llegar a querer por mucho que cualquier mujer dijera lo contrario o echase en cara cuán afortunada era por casarse con un hombre guapo, fuerte y viril ¿De qué le servía eso si no sentía nada? La sola idea de acabar en la cama con él generaba un malestar que era imposible no sentir pero se esforzó en disimular.

— No. — Los últimos acordes de la canción sobre el oso todavía reverberan en la sala principal cuando Cicely resolvió — por fin — dar réplica a las palabras de su ahora esposo. — Las cosas van a cambiar apenas tome posesión de este lugar. — En todo momento mantuvo la mirada fija en los invitados, evitando hacer contacto visual con él. — La comida, por ejemplo. Os aseguro que cualquier cocinera de paso pajar puede hacer mejores cosas que esto… — No había probado bocado pero sí llevaba gran parte de la fiesta revolviendo el plato que tenía enfrente, rehusando alimentarse por temor a ser envenenada o algo peor. — No os queda más remedio que ceder, desgraciadamente. Ahora que soy vuestra esposa es responsabilidad mía todo lo que concierne al manejo de una casa. — Era una lástima que todo sucediera así porque de conocerse en otras circunstancias, seguramente se habrían llevado bien o serían amigos.

El encamamiento. Ante la sola mención, ella no pudo menos que temblar. Conocía poco y más bien nada acerca de ese momento tan íntimo entre esposos, obteniendo sus nociones básicas gracias a consejos de madre a hija o pláticas entre mujeres que habían pasado ya por eso. En general, todas solían aconsejarle asumir un rol pasivo, abrir las piernas con docilidad y mostrarse dispuesta ante su esposo para dejar que hiciera cuanto quisiera con ella; sabía que sería doloroso porque a decir de su madre y hermana << Es difícil que algo tan grande encuentre cabida en un sitio tan pequeño >>.

— Hagamos un trato. — Negociar se le daba bien. Generalmente evitaba castigos culpando a otros o solía conseguir que su padre consintiera algún capricho suyo tras mucho conversar al respecto, manipulando la situación. — Si os abro las piernas y dejo que me preñéis como vil animal ¿Me evitaréis el ritual de encamamiento? Aseguraos de poner vuestra cosa donde debe ir y hacer lo que debe hacerse para engendrar un hijo pronto, así no tendréis que acostaros conmigo nunca más. — Haría lo que fuera necesario para sobrevivir a ese matrimonio costara lo que costara. Quizás renunciaría a entregar su virginidad por amor pero lo prefería a ser víctima del oprobio, a ser manoseada por cualquier hombre en su camino al lecho nupcial.

Su gélida mirada se clavó en él por primera vez, sin variar un ápice la expresión imperturbable que lucía. — Pero si no me lo evitáis — Siseó, cargando de veneno cada una de sus palabras. — Os cortaré la garganta y algo más. — Sus dedos viajaron hasta el cuchillo más cercano, blandiéndolo con sutileza. Solo la atenta mirada de su madre consiguió hacerla desistir. — Nada de besos o contacto más allá del necesario. No quiero que me manoseéis porque se os antoja y no pidáis cosas que jamás haré. Quizás estemos casados pero mi cuerpo sigue siendo mío, consideraos afortunado porque seréis el primero, nada más. — Creyendo que había dejado las cosas bien claras se dispuso a disfrutar el resto de la fiesta hasta que el momento crucial llegó, con varios lores aproximándose a la mesa principal para llevarse a los novios en senda procesión.

— ¡Es hora del encamamiento! — El primero en alzar la voz fue Lord Caron, borracho como ningún otro. — ¡Poned vuestro empeño y hacedle un hijo pronto! Os lleváis una muchacha preciosa que seguro estará bien dispuesta. — Una serie de improperios haciendo alusión a la virginidad de Cicely se hicieron escuchar tras una ola de vítores y frases aún más soeces.

Ella se mantuvo firme, inmóvil. No pensaba abandonar su sitio si no era bajo sus términos, en compañía de Sterick y no víctima de la lujuria desmedida de borrachos sin control.
Con Sterick, Nido del grifo, Noche.
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Re: Sometimes you get the best light from a burning bridge.

Mensaje por Sagittarius el Miér Jul 26, 2017 5:08 am

La Boda Tormentosa

"Amé a una doncella hermosa como el verano, con la luz del sol en el cabello. Amé a una doncella roja como el otoño, con el ocaso en el cabello"

Era evidente que el heredero de Nido del Grifo no digeriría bien la comida al estar escuchando canciones románticas como aquella que cantaba el bardo; se decía que era una canción de origen myriense y que la mujer de la canción cambiaba de tonalidades de cabello según la estación en la que se encontrara. ¿Se referiría a las formas que una mujer tenía de cambiar de actitud en cuestión de segundos, tal como lo había demostrado su esposa? < < "Trata a una esposa con educación y siempre dale obsequios, doncellas, servidumbre, manjares exóticos, y háblale con romanticismo y jamás tendrás necesidad de otra mujer." > > había dicho su padre; en las Tierras de las Tormenta, así como en los Siete Reinos era muy común el hecho de que existieran bastardos.

¿Pero como era posible que dijera eso, cuando, Ronnet, su hermano menor, tenía ya un bastardo llamado Ronald Tormenta? ¿Había delirado ya su Señor padre, Ser Ronald? A veces pensaba que su hermano, apenas un año más chico que él, le tenía envidia, y había buscado engendrar a cualquier hijo para poseer las tierras en algún momento.

"Para empezar, que suerte que nuestro tío Jon se largo de este lugar"

De eso habían pasado ya varios años; aquél individuo era legítimamente el heredero de Nido del Grifo hasta que se fue por ordenes del Rey Loco Aerys, por lo que éste nombró a su padre castellano del Castillo Nido del Grifo y luego de unos meses, lo condecoró como Señor del Asentamiento. No obstante, el error de su padre había sido unirse al bando rebelde durante el asesinato de Aerys. Al término de aquella guerra, Robert Baratheon permitió a Ser Ronald se quedara sus tierras; gracias a su perdón ahora se encontraba allí, frente a sus cuatro hijos, Sterick, Ronald, Raymund y Alyanne, desposando al mayor de ellos.

A un costado de su mesa, en el estrado, se encontraba Ronald, el segundo en sucesión, observando con recelo a su hermano; a veces Sterick pensaba que tramaba algo para ganar la tierra de su padre; el rubio se llevaba mucho mejor con Raymund, de trece años, y con Alyanne, de diez años.

Sterick estaba un poco nervioso al pensar en el sexo. Su hermano Ronald le había la sensación que había experimentado cuando se acostó con una de las hijas de uno de los señores de su padre; < < Ha sido la máxima experiencia > >, dijo textualmente, el rubio pensaba que mentía solo por hacerse el más interesante de los hombres y ahora se preguntaba para qué había servido. Un bastardo, su sobrino. "Nieve, Ríos, Piedra, Colina, Pyke, Mares, Tormenta, Flores, Arena" esos eran los nombres para bastardos, apellidos comunes para gente común. Al ver a los Wylde, de Aguasmil, Sterick se preguntó que hubiera pasado de haber tenido un bastardo con su hija.

Tendría que conformarse con Cicely, la chica era hermosa, pero ante los ojos de Sterick era una entrometida que le había arruinado su infancia y su vida. - ¿Quién crees que eres, esposa? - la última palabra la dijo de forma despectiva, ¿de verdad creía que las cosas cambiarían? Le hervía la sangre que faltara el respeto a los cocineros de su padre, pero más a su persona. - Por ahora, porque cuando Alyanne tenga edad suficiente....no sé que haré para que ella sea la encargada.- admitió sin reparo, tal vez podría mandar a su esposa a atender a las hermanas silenciosas.

Mientras su mente trataba de forjar una idea para zafarse de ese matrimonio escuchó atento las palabras de su esposa. El trato parecía bien pero sucedería nada malo si la hacía sufrir unos minutos. - ¿Y quién dice que no os abrirás de piernas con todo y el ritual del encamamiento? Seguro que todos los invitados, mis hermanos, por ejemplo, harían que mi señora estuviera lista para  la acción.- notó su gélida mirada, que correspondió con resentimiento. - No haré esto por tus insulsas amenazas. ¿Crees que te tengo miedo? Soy un caballero. En cambio tu, ¿que te enseñaron? ¿A bordar? ¿Cocinar? ¿Pujar para cuando nazca nuestro hijo? - sacó un resoplido de aire metiendo otro bocado a la boca, y prosiguiendo a hablar. - Lo hago para evitar acostarme con vuestro cuerpo más de una vez. Creo que por fin, en algo concordamos, mi señora. - en aquél momento se puso de pie, ignorando que la joven había tomado el cuchillo. La cosa iba a ser más sencilla, tan solo debía de excitarse y meter su entrepierna al interior de la mujer, sin besos, sin caricias, claro, ¿y como jodidos se iba a excitar al ver a la persona que más odiaba? ¿Tendría que imaginarse a la hija de Ser Wylde?

- Han de disculpar, mis señores. - dijo relamiendo sus labios, pidiendo permiso para hablar ante su padre, sus vasallos e invitados de los "reyes" Stannis y Renly. Una vez recibió la aprobación de parte de su padre, prosiguió. - Quiero darles las gracias por su presencia. No será necesario el encamamiento, podremos prescindir fervientemente de este ritual. Corren tiempos impredecibles en los Siete Reinos y no me gustaría importunarlos, además de que mi señora esposa no se encuentra fuerte en estos momentos, cualquier otra impresión pueda hacerla desmayar, como ver mi polla de fuera en medio del banquete. -  todos empezaron a reír, "Perfecto, ya me los voy ganando" .- Como podéis observar, mi señora esposa no ha comido nada, dice que el viaje le fue pesado. Independientemente de esto, en cualquier momento podrían ser necesarios mis señores para reportarse ante Ser Stannis y Ser Renly; estoy seguro que lo que ha pasado esta noche, frente a los ojos de los Siete Grandes, podrá servir como ofrenda y como ejemplo a los posibles malentendidos que pueda haber entre la Casa Baratheon. Alzad pues sus copas, brindemos por Nido del Grifo, Poza Pajar,  por nuestro recién fallecido Rey Robert, y por el futuro de los Siete Reinos. ¡La Danza de Hierro, bardo! - Lord Canon puso una mueca de descontento, mientras que los demás, borrachos, alzaron sus copas y disfrutaron la siguiente canción sin rechistar de su decisión, incluso su Señor Padre, lo miró con una sonrisa de asentimiento, siempre decía que si sus vasallos obedecían sus palabras, su lealtad estaría asegurada.

El heredero volvió a sentarse dando un sorbo a su copa y le susurró a su esposa. - Listo, ahora espero que mi señora no se ponga rígida en la cama y se preñe en la primera ocasión. - respiró hondo y se levantó para tomar la mano de su esposa y poder retirarse ante sus aposentos. - Suelte el cuchillo mi señora, no lo necesitaremos, y temo que lo vaya a morder al sentirme dentro de su cuerpo; por cierto, creo que en las reglas se le olvidó mencionar que no puedo hablar durante el acto sexual. - eso era un punto para Sterick, tal vez no tendrían ritual de encamamiento público, pero le daría su propio ritual de comentarios, a solas.



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