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Cascasse il mondo [+18]

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Cascasse il mondo [+18]

Mensaje por Wild dog el Dom 9 Jul - 20:29

Dino Cavallone
31 años - Jefe de la familia mafiosa Cavallone - Dino Cavallone - DunkleKatze
La relación que en un inicio empezó como la de un tutor que tenía que enseñar a su discípulo a saber defenderse y encajar en el mundo de la mafia, poco a poco pasó de protección y cariño a una relación amorosa. Pero por mucho que ambas familias Cavallone y Vongola sean familias aliadas, no supone un contexto suficiente como para que la relación que comparten Dino y Hibari sea algo algo que deban saber los demás; después de todo, Dino es la imagen y representación de su familia. Hibari, la imagen del guardián más poderoso de entre sus iguales.

Ocultar el carácter de su relación podría verse como una tarea relativamente fácil debido a que los países natales de cada uno son distintos y que, mientras uno se mueve más bien en Italia, el otro prefiere residir en Japón. Pero sus personalidades son muy distintas y aunque se conocen de años atrás, la tensión en una relación con tanta distancia y temporadas largas sin verse, no puede evitar que las cosas a veces se tuercen más de lo ambos probablemente querrían.
Hibari Kyoya
26 años - Guardián de la familia Vongola - Hibari Kyoya - Wild dog
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Re: Cascasse il mondo [+18]

Mensaje por DunkleKatze el Lun 10 Jul - 2:41

Why don’t you confess?
La mirada del décimo Capo Cavallone reiteró el desplazamiento de su achocolatado iris hacia el reloj suspendido en la sala durante su tercer intento por poder darle las buenas nuevas a su amante: Diez de la noche.
El móvil al que llama está ap-...
Enmudeció resuello de frustración conforme aplastaba el botón del cese de llamada con el pulgar, retirándose el dispositivo del oído con el fracaso apuntalado en su gesto. ¿Dónde se suponía que...?

Dino-san...— la tímida voz de Tsunayoshi a su lado le devolvió a la realidad: Estaba en Japón, en una base que no era la suya. Alzó mentón y atisbó al castaño a un par de metros de su persona, tenía el gesto cansado pero aún y así sonrió con esa acostumbrada ternura que su sola persona destilaba cuando sendas miradas se cruzaron. Protegió el móvil entre los dedos, esperando que éste vibrase, que le regalase cualquier señal por parte de Kyoya. —¿Seguro que no quieres pasar aquí la noche? Acabas de llegar y...—  

No te preocupes, hermanito.— emuló la sonrisa colindante de la mejor manera que pudo; Suponía que el momento de las despedidas había llegado. No eran horas para incordiar a su preciado compañero.—Mi hotel está cerca.— anexionó la información mientras se ponía en pie, abandonando la comodidad del diván que le había abrazado durante la casual parada que le había llevado hasta el terreno Vongola. Recogió su frondoso abrigo de la mullida superficie y retomó contacto visual para con el décimo descendiente de su confraternizada familia. —Dile que estuve aquí.— no hizo alusión a ningún nombre pero aquello bastó para que Sawada menease la cabeza en positivo mientras Cavallone enfundaba los brazos en el grosor verdoso de la tela que le ampararía esa fría noche.

La puerta se cerró tras de sí cuando su figura atravesó el umbral y el sepulcral silencio de la noche le envolvió. El gélido viento acarició sus mejillas y le revolvió la cabellera dorada, pero no movió posición. Dedos yacían ya agarrotados por la presión ejercida sobre el artilugio que no soltó ni un solo segundo aún y a pesar de la intromisión de Tsunayoshi. Por cuarta vez esa noche, marcó el número señalado como predilecto en su agenda tras movilizar desnudos dígitos por encima de la pantalla táctil y dar con la imagen que le vinculaba al dispositivo ajeno. —Responde...— en vez de avanzar, el espinazo del adulto encontró apoyo contra una puerta que tarde o temprano debía abrirse para el paso de su ex pupilo.

El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura, por...

Conforme la locución de voz fémina departía el mensaje, su oído fue capturando retazos del mismo con cada vez menos rectitud: Hibari Kyoya llevaba 4 horas sin cogerle ni una sola llamada. Él había aterrizado a tierras niponas sobre las seis de la tarde con la esperanza de poder auxiliar una relación que se desmoronaba, pero no tuvo éxito en su intento por ubicar al menor. Menos de veinticuatro horas tenía ahora para poder disfrutar de su compañía, sin embargo... Observó la iluminada pantalla de su artilugio y volvió a cancelar la llamada. En su fondo de pantalla reanudado se encontró con una fotografía añeja de Hibari, de su Hibari durmiendo entre unas sábanas de importación Italiana. Suspiró largo y tendido, intentando llamar a la calma y clausuró la imagen tras bloquear el móvil mientras el vaho provocado por las bajas temperaturas cubría parte de su mentón y comisura.

Abatido, dejó caer hacia atrás la cabeza, dejando que la misma se golpease contra el portón sin hacer mueca doliente por el impacto recibido. —¿Dónde estás?.
Base Vongola // 22:35 //
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Re: Cascasse il mondo [+18]

Mensaje por Wild dog el Lun 10 Jul - 22:56

Why don't you confess?
Estaba molesto. Aunque aquello era algo que normalmente le ocurría y que, como solía adoptar un carácter tan distante y agresivo; la gente que no era realmente cercana a él no podía llegar a comprender si simplemente estaba actuando como él mismo o si en realidad, estaba enfadado. Pero al mismo tiempo, aunque sonase estúpido, los motivos por los que solía estar enfadado se los callaba y los encerraba dentro de sí porque solían ser, problemas sin solución alguna.

Había aprovechado que Sasagawa le había comentado para ir a beber sake después de que ambos hubieran terminado las tareas del día. ¿Alcohol y la compañía de un compañero? No sonaba tan mal, quizás tenía una personalidad demasiado optimista y explosiva para su gusto, pero Hibari admitía que no era un mal tipo. Y aunque no le molestaba beber a solas en su sala favorita de la base Vongola, aquella recubierta con tatami, de vez en cuando no estaba mal salir con otros humanos.

Disfrutaba la compañía, no tanto del tema de conversación; ¿porqué la gente decidía hablar de sus sentimientos? Era lógico que el estúpido de Sasagawa se moría de amor por 'su Hana', incluso si el guardián del sol reuniese el valor suficiente, a Hibari no le impresionaría en absoluto que de repente se estuviera planeando su boda. Y aunque en ningún momento cortó las palabras ajenas; no era un tema de conversación cómodo para él. Quizás su pensamiento tenía mucho que ver con su propia personalidad y por estar en una relación oculta; no solo era el amante de otro hombre, sino que se trataba de un hombre importante. Sí, con los años había logrado admitir en su cabeza que Dino Cavallone era alguien importante, aunque eso no quitaba que sus ganas de vencerle en combate siguiesen dentro sí; lo moralmente correcto no iba con Hibari Kyoya.

Hibari no era un gran conversador, pero en aquel punto ya no era nada desconocido. Así que aquella noche, como en todas las demás realmente, se dedicó a ir bebiendo sake poco a poco mientras escuchaba cualquier tema de conversación que Sasagawa decidía sacar a la luz. Incluso intentó preguntarle que tal le iban las cosas y era consciente que a lo que se refería en concreto era 'como te va con Dino', porque aunque después de 10 años en los que se conocían y unos cuantos años menos de relación con el Bronco, personas como Sasagawa, Sawada o alguno de los hombres Cavallone no eran lo suficientemente ciegos como para no percatarse del verdadero carácter de su relación. Pero la respuesta siempre era la misma: - Bien. - Porque aunque a veces no lo estuviera, a nadie tenía que ser conocedor de esas cosas.

Cuando se estaban retirando para volver cada por su camino, Hibari decidió encender su teléfono y se encontró varias llamadas perdidas de su amante pero al ver que el espacio de tiempo entre cada llamada era muy separado; simplemente volvió a apagar el móvil porque no creía que el otro estuviera en peligro. No le apetecía hablar, tenía ganas de volver y de quitarse el estúpido traje que empezaba a molestarle. Su aliento olía a alcohol pero no se sentía en un mal estado; era consciente de donde estaban sus límites, quizás su mente procesaba un poco más lento de lo normal pero no estaba borracho, simplemente estaba cansado.

Por eso tuvo sentimientos encontrados cuando una vez llegó a la base Vongola y le informaron que Cavallone estaba en Japón (y todas aquellas llamadas de repente cobraban sentido); por un lado quería verle, era evidente después del tiempo que había transcurrido desde la última vez, por otro lado... estaba cansado, no le apetecía sentirse como un perro persiguiendo al mayor. Sin embargo, sabía que si no acudía se sentiría culpable por ello y probablemente, también jodería un poco más las cosas que por el momento, soportaban demasiada tensión.

Con una mala mirada a los hombres de Sawada consiguió sacar más información que un simple 'está en un hotel cercano' y pasó a sacar el nombre en concreto del hotel. Decidió ir al lugar andando y el camino se le hizo más largo de lo esperado aunque la peor parte sin duda, fue el preguntar en recepción por la habitación de su amante cuando era medianoche, como si fuera evidente la intención por la que había ido allí.

Los pasillos del hotel estaban tranquilos aunque suponiendo lo tarde que era, no era demasiado extraño. En ese punto se preguntó si Dino todavía seguiría despierto pero no quería llamarlo por teléfono porque en realidad le quería ver en carne y hueso, no se conformaba con escuchar su voz a través de un aparato cuando conocía que estaban en el mismo edificio. Una vez el número que le habían indicado y el de la puerta coincidían; llamó a la puerta con sus nudillos. - Cavallone, mas te vale no estar dormido.
Hotel || 23:55h
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Re: Cascasse il mondo [+18]

Mensaje por DunkleKatze el Mar 11 Jul - 3:32

Why don’t you confess?
Exhaló con aflicción cuando el botones abrió la puerta de su costosa suit y le autorizó el paso con una reverencia forzada. Sin dialogo de por medio, el rubio extendió un par de billetes al hombre y se clausuró en solitario destino sin el ánimo que las horas restantes le acompañaron. Kyoya seguía sin dar señales. Si bien conocía que Hibari desatendía con frecuencia el móvil a causa del disgusto que le provocaba estar en contacto para con el resto, ése era el único medio que les mantenía unidos... y aún y así fue capaz de ignorarlo. De vetarle. De apagarlo sin previo aviso. Se masajeó la sien con dedos pulgar e índice en busca de un nuevo enfoque a la situación y mientras lo hacía caminó por su territorio cómo un animal enjaulado y aquello provocó que su torpeza le llevase al suelo tras un mal juego de piernas.

Quejumbroso movilizó su anatomía, reptando por el mismo suelo hasta que su fisonomía adulta quedó sentada sobre la moqueta y aprovechando su nuevo emplazamiento volvió a otear el dispositivo móvil hasta ahora resguardado en su bolsillo. Kyoya seguía siendo el pajarillo de alma libre... Y conforme los años pasaban eso más le perturbaba. Nada que le pudiera interesar estaba pendiente de revisión, por consiguiente volvió a enfundarse el móvil en el bolsillo de su pantalón.

Apoyó sendas palmas sobre el colchón y se valió del impulso para levantarse... aunque de nuevo un fallo de cálculos le llevó a impactar con violencia, esta vez, sobre la misma superficie que le sirvió de soporte para alzarse. –Kyoya...- gimoteó como todo un crío, empero pómulo apoyado sobre el lecho rotado hacia la dirección oportuna le dio el enfoque preciso hacia el mini-bar que el hotel ofrecía.
Quizás así...

~*~*~*~

-El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura, por favor, deje su mensaje después de la señal-
El pitido incesante le anunció su turno.
-Oye, Kyoya... Te quiero.-
Colgó satisfecho.

Pero el tormento acudió de nuevo y sin preámbulos empinó el codo, vertiendo el contenido de una botella de cava directamente hacia su cavidad bucal, sin el filtro de la copa de por medio. Esparcidas por la cama, dos botellas más parecían haberse unido al italiano. ¿Cómo? ¿Cómo podía...? ¿¡Dónde estaba!? ¡¿Con quién!? No era hombre territorial o desconfiado, sin embargo el pavor de esa noche le llevó a imaginarse a Kyoya en brazos de otro, de cualquiera. La distancia entre ambos parecía abrirse cada vez más y eso podía arrojar a su joven amante a buscar lo que él no podía entregarle.

El tenue golpeteo sobre puerta le hizo enmarcar una ceja, saliendo de su propia película inventada. Pero la voz tras la misma le sacudió íntegro y sin planteárselo en demasía se abalanzó sobre aquella para abrirla con una brusquedad casi impropia en su siempre pacifico ser. Explicaciones. Las exigía. Se las arrancaría.

¡Kyoya!- le recibió despeinado, con el abrigo aún sobre los hombros, color en las mejillas y con profundo aroma a alcohol. La mano derecha del magnate Cavallone se apoyó sobre el marco de la puerta a la altura de la cabeza del moreno, cómo si estuviese impidiéndole el paso al cuarto. –¿Dónde demonios estab-...?- cesó su propia incógnita al percibir aroma a un licor más duro. De las tierras que el nipón habitaba. Sake. ¿Hibari había estado con alguien...? ¿A esas horas...? ¿Bebiendo? De repente sus especulaciones no le parecieron tan absurdas. Kyoya Hibari estaba con alguien... O si más no, esa era la conclusión más correcta a la que pudo llegar por las horas que eran.

Ya no bastaban las explicaciones. Fuera de sí agarró el brazo derecho de quién en su día fue su pupilo más destacado y le empujó sin atisbo de modales hacia el interior de la habitación, cerrando tras de ambos con un puntapié.

Le arrastró hacia la cama ocupada ya por varias botellas vacías y arrojó el cuerpo de su amante sobre la misma con una violencia que no le caracterizaba, quedando él de pie a los pies del mueble. –¡¿Dónde estabas?!- su inseguridad hizo eco en su voz mientras clavaba el ámbar de su mirada en el ser que amaba. –¡¿Con quién?!-

Hotel // 00:58 //
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Re: Cascasse il mondo [+18]

Mensaje por Wild dog el Mar 11 Jul - 22:47

Why don't you confess?
No tenía ningún tipo de expectativa cuando llamó a la puerta; en realidad, solo esperaba que su amante estuviera despierto, porque aunque pudiera forzar la puerta la verdad es que no le apetecía en absoluto armar un escándalo a aquellas horas. Pero lo cierto es que no se esperaba encontrarse con que el otro abriera la puerta de una forma tan brusca; eso era algo propio de él, no de Cavallone. Por lo que no pudo evitar como acto reflejo a la desconfianza, arquear una ceja sorprendido y retirar un poco una pierna hacía atrás, flexionándola levemente: inconscientemente adoptando una posición de defensa.  

Lo siguiente fuera de lugar en darse cuenta, no era tanto que el Bronco llevase una chaqueta por encima cuando estaban en un lugar cerrado, sino el olor a alcohol. No era un aroma tan fuerte como el que podría desprender el sake pero sin duda había bebido mucho más que Hibari como para que a esa distancia fuera un olor tan notorio. Eran pocas las veces que había notado que Dino bebía sin quizás, un límite lógico y no podía evitar que eso le crease algo de rechazo. La verdad es que ya había logrado estar lo suficientemente enfadado aquel día por cuestiones que estaban fuera de su alcance y que Dino adoptase esa posición como si no le dejase pasar, no hacía nada más que aumentar ese enfado. Hibari no contestó cuando le llamó de aquella manera tan familiar, sí que quiso contestar cuando escuchó como le recriminaba donde había estado pero no pudo contestar a tiempo porque para entonces ya le estaba agarrando con fuerza para llevarlo al interior.

Si hubiera sido cualquier otra persona hubiera forcejeado al instante pero estaba demasiado sorprendido porque la persona que le estaba poniendo la mano encima era Dino Cavallone. Su amante, quien siempre había sido estúpidamente gentil y amable con él, incluso cuando no era necesario. Hibari no era una doncella en apuros; aquella actuación no iba a generarle un trauma pero sin duda se encontraba con una situación completamente nueva. No pudo evitar emitir un quejido al ser arrojado contra la cama y que su cuerpo se golpease con algo, buscando rápidamente de qué se trataba se encontró con una botella vacía debajo suyo y algunas más desperdigadas por la cama. Su primer pensamiento fue 'qué asco' y por suerte no lo dijo en voz alta, aunque su rostro podía ser bastante evidente en algunos casos; como ese.

No le sentó demasiado bien que le gritasen pidiendo explicaciones, incluso si era una de las pocas personas en las que realmente confiaba. Agarró a Dino por la camiseta que llevaba y lo atrajo a sí con la misma violencia que lo había tratado a él, o incluso más, acercando su rostro a escasos centímetros. - ¿De qué cojones vas? ¿Crees que puedes tratarme como a un perro de tu propiedad? Estás muy equivocado, Bronco. - Normalmente su voz ya era cortante de por sí, pero en esos instantes se podía percibir en cada una de las palabras que pronunciaba que Hibari estaba realmente enfadado. Dejó de agarrarle por la camisa para con una mano posarla en la mejilla del mayor pero no era un acto cariñoso porque segundos después su otra mano fue a parar al cuello ajeno, apretando con algo de fuerza. - No sé que me molesta más, que creas que puedes controlarme cuando apenas puedes prestarme atención o que encima me veas como una puta barata que se vaya con cualquiera. Esperaba algo más del hombre del que me he tenido que enamorar, sinceramente.

Y tan rápido como dijo aquellas palabras, dejó de aplicar presión al cuello del otro; tampoco quería matarlo... bueno, en realidad quizás sí, ya que estaba lo suficientemente cabreado como para que hacer sufrir a Dino no le importase demasiado. Empujó a Dino para apartarlo de su vista y trató de acercarse al borde de la cama para ponerse en pie y mirarle por encima del hombro. - Respondiendo a tu maldito cuestionario... Sasagawa Ryohei. Guardian del Sol, seguro que te acuerdas quien es. Y sea cual sea la historia extraña que te hayas formado en la cabeza, te informo que es jodidamente heterosexual y se quiere casar con su novia. - Después de responder de mala gana a las preguntas, estuvo unos segundos en un silencio incomodo porque estaba indeciso sobre qué debía hacer. Su intuición le decía una cosa, mientras que su lógica le indicaba todo lo contrario; al final se decantó por la última porque la situación ya era terrible como para que Hibari se volviera loco. - Quiero matarte en este maldito instante. Seguramente podría, mírate que borracho estás... Decirlo me dan más ganas de realmente pelear contigo. - Cerró los ojos y apretó los dientes; no, Hibari, no.

Pero no pudo contenerse y aunque parecía que tenía intenciones de dejar la habitación, de repente alzó el rostro del otro hombre y le pegó con el puño cerrado. Y aquello tuvo que dolerle al rubio porque de la misma manera, él también podía notar el ardor en su puño. Aprovechó aquel momento para colocarse encima del italiano y tirarlo al suelo, mientras que acercó su rostro al ajeno para besarlo; incluso si no era correspondido. Al principio, Hibari simplemente tiró del labio inferior de Dino con sus dientes pero poco después unió sus labios, besándole con el anhelo de una pareja que no se había visto en mucho tiempo pero al mismo tiempo, con la forma feroz de un hombre que estaba furioso porque tenía la convicción de que su amante no confiaba lo más mínimo en él.
Hotel || 01:10h
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Re: Cascasse il mondo [+18]

Mensaje por DunkleKatze el Miér 12 Jul - 3:16

Why don’t you confess?
La declaración del descontento de su amante llegó mediante un gesto de repudio que no pasó por alto a pesar del estado en el que se encontraba... y no podía culparle. Botellas libres ya de licor se esparcían a los laterales del mafioso arrojado contra la cama como un decorado más a esa tan anómala escena. Dino Cavallone, quién destacaba entre sus hombres cómo un ser tranquilo y afable observaba con austeridad al ser que con mayor tesón procuró siempre proteger. Ahora la única amenaza para Hibari era él mismo, a quién el poder de la inseguridad ganó partida. Esta no es tú línea, Dino... Para. No deseaba contienda. ¿O tal vez sí? Se encontraba tan fuera de sí mismo que no sabía exactamente qué era lo que pretendía al gritarle, al exponerle a voz de grito su inseguridad en incógnitas que únicamente sesgaban aún más el quebradizo lazo de unión entre ambos. Le vas a perder.

Sus ropas fueron blandidas por dígitos delgados y pálidos, obligándole a bajar la posición para quedar alineado a los ojos de quién, lejos de amedrentarse por el porte del mayor, ladró su defensa. –Nunca te traté como un perro.- oportunidad perdida para exponerse, el suave roce de Kyoya sobre su semblante le hizo estremecer y adelantándose al ataque que sabía que llegaría le atajó por la muñeca de la suspendida sobre su rostro... Craso error, la gemela de esa mano fue directa a su cuello, oprimiéndole la aorta: No podía esperar menos de él, a fin de cuentas era su mentor. Aunque hubiese podido debatirse con esa mano para soltarse, permaneció en su posición sin defenderse, dejando que las palabras contrarias se le clavasen como alfileres al rojo vivo. Tosió cuando la presión dejó de darse y se llevó la mano con la que creó sujeción en la dermis contraria hacia la zona estrangulada. –¿Habla el mismo hombre que no es capaz de atender una llamada en semanas?- pareció reírse en aquella oración a pesar del ahogo. -¡El perro soy yo yéndote detrás, Kyoya!- No... Para. Basta.

Sasagawa Ryohei. La explicación llegó... A pesar del enfado de Hibari Kyoya, éste ante puso su propio orgullo para intentar suavizar una situación creada por el mismo Bronco. ¿O estaba inventándose aquello para encubrir sorpresa mayor? El enfado y la bebida habían dejado atrás su siempre confiada persona. –Tú no bebes.- siseó en voz herida, intentando de nuevo que se diera una explicación: Una que encajase con su película. Pero antes de poder mencionar nada más la amenaza de muerte cayó sobre sí... Junto a un puñetazo que no fue capaz de ver llegar. Su cabeza se movió hacia un lateral tras el impacto, sintiendo de inmediato un inmenso dolor en la zona golpeada. Antes de poder reaccionar, el peso de su amante recayó contra su borracha persona, dejando a ambos sobre el suelo de la habitación. Un enfurecido Hibari apremió contacto con un beso casi exigido, obligado. Pero el aturdimiento de su persona le llevó a no responder de inmediato. Mierda... Duele... Su boca se abrió predispuesta a recibirle con la misma rabia empleada por su pareja. Demasiado tiempo sin verle. Sin tocarle. Una voz no era suficiente. Y desinhibido gracias a todo el cava en vena no dudó en seguirle el juego.

Dino alzó la izquierda tatuada para situarla sobre la nuca del moreno y forzarle así a quedar más próximo a su predispuesta boca. Mientas, sinhueso empujó fuera del terreno habitado a esa misma que le había invadido para marcar su lugar autoritario. La comisura del mayor se movió con rabia por encima de la carnosidad foránea y mientras la humedad se desarrollaba en la unión dígitos toscos empuñaron desde la raíz el pelo del Guardián de la Nube, alejándolo de él tras un tirón violento que le dejó con el deseo de seguir sucumbiendo a su saliva. No sabía con exactitud cuánto tiempo habían estado besándose pero su respiración ya estaba alterada. Más... Quería más. –Eres mi propiedad.- habló con la respiración quebrantada, con el pulso acelerado. Le proporcionó una segunda sacudida violenta desde el agarre aún distendido en su cabellera y lo alejó de su cuerpo. Era suyo. De pies a cabeza.

He sido paciente durante años. Si no lo entiendes por las buenas...- Dino aprovechó el momento para arrodillarse sobre el suelo y llevarse ambas manos al cinturón, desenroscándose el cuero de su cadera con un movimiento simétrico y preciso: Cómo sucedía con su látigo, ése accesorio se volvió una extensión de sí mismo. Clavó su ámbar en el más pequeño, relamiéndose del labio inferior la humedad que el beso anterior pudo ahí dejar. –Haré que lo entiendas por las malas.-

Jefe de la más prestigiosa mafia Italiana viéndose arrastrado por los efectos de la bebida tumbó al moreno contra el duro suelo sin atisbos de procurarse amable y teniéndole bajo su yugo le sostuvo por la cintura para obligarle quedar boca abajo. Primero atrapó su mano derecha y la sostuvo desde la muñeca, como si estuviese doblegando a un mero ladrón. A ése agarre se le sumo la zurda de Kyoya y puso ambas manos en unión sobre la misma espalda del tendido. Ahí fue donde participó su cinturón y creó un nudo tan prieto que pronto el color de la dermis ahí constreñida cambió de color. Dino se hizo hacia delante, rozando el oído contrario con la lengua. –Sólo pararé cuando me digas que eres mío. ¿Lo entiendes?.-
Hotel // 01:25 //
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