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Etherial's Dreams

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Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Dom 30 Jul - 19:44

Etheral's Dream
1x1 — Ladie & Jibriel — Original Fantasy Plot

     Ángeles. Siguen existiendo bajo un manto de secreto en la tierra, llevan existiendo cientos, no, miles de años. Nacen, contemplan el mundo en la grandilocuencia de los siglos, y en algún momento su esencia cae en el olvido al morir. La vida humana es, para ellos, poco menos que un parpadeo de sus existencias. Nadie sabe exactamente cuántos son, o cuantos quedan, algunos se conocen y otros son solo desconocidos. Habitan entre nosotros, se disfrazan con la mortandad para existir en un mundo al que apenas pueden seguir la pista de tan rápido que evoluciona.

     En este marco existen, Aidan y Déteka, separados. Otrora no existía el uno sin el otro, la suerte o el destino unió sus caminos durante muchos años. Se habían cuidado, amado y odiado a partes iguales, encontraban consuelo en los brazos del otro a las muchas penas acontecidas en sus siglos de existencia. Y es que sus vidas siempre habían estado enredadas de una forma u otra. Tuvieron hijos, incluso; Anael y Eidan. Anaela era muy pequeña y Eidan no había llegado al mundo cuando los demonios de Aidan terminaron el pequeño remanso de paz que habían creado. Fueron cuestiones de vida o muerte, decisiones desagradables que uno nunca quiere tomar. No eliges entre lo bueno y lo malo, lo correcto o lo incorrecto. Eliges entre las posibilidades de que sea malo o sea peor. Historias demasiado largas y dolorosas para explicarlas como merecen, escritas en los pergaminos del tiempo con sangre y lágrimas. Lo único que importa para entender como terminó es que Aidan, en pos de un bien mayor, renunció a lo que poseía. Renunció a su amor por Déteka, a su vida estable y tranquila, al recuerdo del rostro de su hija. Abrazó partes de su alma que se habían desprendido, hizo las paces consigo mismo a un precio muy, muy alto. Y Déteka, por su parte, renunció a luchar por algo que ya no le pertenecía.

     Y así se cortan los hilos que hacen lazos. Se toman decisiones que no tienen vuelta atrás, y para no pensar en ellas dejas que las entierren los siglos. Estos pasan, incansables, año tras año, siglo tras siglo, los hijos crecen, los tiempos cambian, se talan bosques y se levantan ciudades donde antes no había nada. En definitiva, sin importar si hacen el bien, o hacen el mal, viven entre nosotros, y sus historias son tan mortales que parece mentira.


Aidan Feuer
38 — Ludwig Herzog— Jibriel
El ambiente donde se encontraba era tenso; la acción más básica e instintiva que era el respirar se le dificultaba, sentía los músculos agarrotados y el olor metálico de la sangre estaba en cada bocanada de aire que tomaba.

Frente a él, se encontraba alguien que podría ser confundido con él mismo, sólo lo pálido de su tez y los ojos oscuros de un tono ébano podían diferenciarlo. Su reflejo, como así lo llamaban, como siempre, tenía una sonrisa sardónica en los labios, mientras él pobremente podía mantener otra mueca que no fuese cansancio; se había mantenido por mucho tiempo en esta batalla y sólo quería terminarla y descansar, irse con su esposa e hijos, para vivir la tranquila vida que se había acostumbrado a tener, pero su gemelo no le hacía las cosas fáciles.

En el suelo, a unos cuantos metros debajo de donde ellos estaban, se encontraba agonizando el último dragón de su mundo, el único que sostenía aquella tierra prometida con forma de estrella, por lo que su pelea, aún si salía victoriosa de ella, no tenía sentido, de igual modo en cuanto ese dragón exhalara su último aliento de vida iba a encontrarse a si mismo en medio de la nada, eso en el caso de que al morir la tierra, no se murieran todos con ella.

Abaoth, como se proclamaba a si mismo luego de asumir aquel rol tan opuesto su misión original: “la mano derecha de Dios”, mientras su hermano veía con una nota de pánico a la mujer a sus pies exhalar su último suspiro, empuñó su espada, con velocidad sobrehumana se colocó detrás del cansado ángel, y de una certera estocada cercenó sus alas.

Aidan, al sentir que su corazón, sus alas, eran cortadas, sólo pudo voltear a ver el rostro de satisfacción de su gemelo mientras caía al vacío y, pidiendo perdón a su familia por no poder cumplir la única promesa que hizo, se entregó a la muerte.

Deteka Lark
36 — Megurine Luka — Ladie
Desde la ventana del salón el panorama es rural, idílico. Huele a madera de cedro ardiendo en la chimenea que preside la estancia, derrama la única luz de la habitación. Ninguna luz de farolas o de ciudad irrumpe en la noche, desde donde está sólo se ven las estrellas. Su refugio tiene dos plantas y un aspecto acogedoramente envejecido, es una casa de ladrillo en mitad de ninguna parte.  Lleva allí más tiempo del que quiere recordar. Construyó ese hogar con sus propias manos cuando no les quedó nada, cosechó cada oportunidad que la vida le puso por delante para criar a sus hijos en un lugar como ese. Apartado, seguro, limpio y natural. Un lugar similar al valle en el que había crecido ella misma, en un mundo que ahora solo existía en sueños.

Déteka fue expulsada de Etherial con excusas pertenencias, una hija en la mano, un hijo en el vientre y los recuerdos intactos. Hubo momentos en los que envidió a aquellos que se separaron por completo del mundo en el que habían nacido, ella cargaba con la condena de recordar cada momento de dolor y felicidad de los últimos dos mil años. Se las arregló para encontrar un hueco en aquel lugar desconocido, un refugio donde estar a salvo.

Durante un tiempo consiguió poner al dolor en jaque. Estaba demasiado ocupada para la pena o el luto, dos hijos pequeños que la necesitaban, un mundo desconocido, ningún amigo a su alcance ni mucho menos nadie que la ayudara. Las horas se consumían en, básicamente, encontrar la forma de establecerse. Después, Déteka se volcó en criar a sus hijos. Al fin y al cabo eran la prueba viva de otro mundo, de personas que ni siquiera sabía si seguían vivas. Anael era un espíritu libre, rebelde y testaruda como ella misma, siempre mayor e independiente, preguntando a media voz donde estaba su padre cuando un recuerdo furtivo la asaltaba. Eiden, en cambio, desarrolló un apego a su madre digno del complejo de edipo. Con la madurez empezó a dejar atrás ese lazo férreo, pero quedó aquella cercanía e intimidad que Anael nunca se había molestado en construir. Podía decirse que era, y es, el ojito derecho de mamá. Pero los niños son niños, y el tiempo no perdona. Crecen, alzan la mirada para buscar su propio camino, y ambos terminaron por abandonar el hogar materno y rural en pos de crear sus propias vidas.

Para Déteka la soledad consiguió que el tiempo se dilatase. Los minutos parecen horas, y los días años. El hielo de los tiempos se ha adherido a su alma, convirtiéndola en una persona desapasionada, vacía, carente de la chispa que otrora brillaba en sus ojos.



Última edición por Ladie el Jue 3 Ago - 15:23, editado 2 veces



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Dom 30 Jul - 20:38

El ambiente donde se encontraba era tenso; la acción más básica e instintiva que era el respirar se le dificultaba, sentía los músculos agarrotados y el olor metálico de la sangre estaba en cada bocanada de aire que tomaba.

Frente a él, se encontraba alguien que podría ser confundido con él mismo, sólo lo pálido de su tez y los ojos oscuros de un tono ébano podían diferenciarlo. Su reflejo, como así lo llamaban, como siempre, tenía una sonrisa sardónica en los labios, mientras él pobremente podía mantener otra mueca que no fuese cansancio; se había mantenido por mucho tiempo en esta batalla y sólo quería terminarla y descansar, irse con su esposa e hijos, para vivir la tranquila vida que se había acostumbrado a tener, pero su gemelo no le hacía las cosas fáciles.

En el suelo, a unos cuantos metros debajo de donde ellos estaban, se encontraba agonizando el último dragón de su mundo, el único que sostenía aquella tierra prometida con forma de estrella, por lo que su pelea, aún si salía victoriosa de ella, no tenía sentido, de igual modo en cuanto ese dragón exhalara su último aliento de vida iba a encontrarse a si mismo en medio de la nada, eso en el caso de que al morir la tierra, no se murieran todos con ella.

Abaoth, como se proclamaba a si mismo luego de asumir aquel rol tan opuesto su misión original: “la mano derecha de Dios”, mientras su hermano veía con una nota de pánico a la mujer a sus pies exhalar su último suspiro, empuñó su espada, con velocidad sobrehumana se colocó detrás del cansado ángel, y de una certera estocada cercenó sus alas.

Aidan, al sentir que su corazón, sus alas, eran cortadas, sólo pudo voltear a ver el rostro de satisfacción de su gemelo mientras caía al vacío y, pidiendo perdón a su familia por no poder cumplir la única promesa que hizo, se entregó a la muerte.


Se despertó de golpe, jadeando y con el cuerpo lleno de sudor debido a su pesadilla. Sus alas, como cada despertar después de cada pesadilla, estaban extendidas, como un recordatorio por parte de su cuerpo de que esa pesadilla jamás sucedió. Respirando profundamente y cerrando los ojos se calmó a si mismo escondiendo así sus alas de cualquier posible intruso no deseado en su apartamento. Cada vez que se quedaba más de una década en una misma cuidad y se adaptaba a un estilo de vida comenzaban las pesadillas a atacarlo, es como si no quisiera que tuviera un mínimo de normalidad -como si fuera lo suficientemente normal ser un ángel con siglos de vida en el mundo humano-.

Luego que ya se hubo calmado, se paró de su cama directo al baño. Otra vez, esa morbosa necesidad de compararse con su gemelo en su sueño se hizo presente, por lo que luego de lavarse la cara, se quedó viendo su reflejo en el espejo. El cabello negro lo tenía corto en esta época exactamente igual a su gemelo, y le llegaba a la quijada, ya que los humanos lo estaban comenzando a ver extraño por tener el cabello “como una mujer” si hablábamos del largo; el color de su piel recordaba una época en que era más bronceada, pero en este mismo momento era tan pálido como su sueño; sus ojos, eran sus ojos lo que lo convencían de que esa pesadilla recurrente no tenía sentido. Su gemelo los tenía negros, y la otra persona, la que se suponía era él, los tenía violetas; él los tenía de un muy normal color azul cielo.

-Creo que debo hacerle caso a Mystral e ir a un psicólogo- pensó, para luego descartarlo. No era la primera vez que acariciaba la idea, sin embargo luego la descartaba al darse cuenta que habían demasiados detalles que debía revelar que ningún mortal iba a entender.

Se duchó y luego se dispuso a ir a la cocina a comer el desayuno que le dejó preparado alguno de los muchachos que había contratado para que se encargara de eso, la orden de ellos era clara, ninguno debía cruzarse con él mientras estuviera presente, no le gustaba socializar y eso lo habían entendido a las malas los pocos empleados que le quedaban. La mayoría de los domésticos eran hombres y muchas veces uno de sus mejores amigos -si le podía llamar así- lo molestaba con que terminara de salir del closet, pero no era por eso, por algún motivo, al recibir atención femenina sentía que estaba fallándole a alguien, sabía que eso no era normal, pero ya después del quinto siglo dejó de darle tanta importancia.

Al terminar su desayuno, regresó a su habitación a terminar de vestirse, ya que al salir de la ducha solo se había calzado los pantalones de un color gris. Se colocó una camisa blanca para luego completar y colocarse la gabardina, no llevaría corbata hoy, hacía un frío de los mil demonios así que prefería llevar una bufanda negra, aunque luego su intento de vicepresidente lo fastidiara con sus gustos afeminados. Regresó de nuevo a la primera planta de su apartamento, y chequeando visualmente que nada estuviera fuera de su sitio tomó las llaves de su deportivo y se fue rumbo a su rutina de todos los días.

***

El ascensor lo dejó en el piso 47 de una torre en el centro de Nueva York, dejándolo exactamente dentro de su oficina. Distraído, se quitó la bufanda mientras se disponía a sentarse en la silla para revisar su correo del día de hoy. Su día a día era el mismo, incluso siendo hoy viernes, como siempre era el primero en llegar a aquel lugar, y no era raro considerando que eran apenas las 5 de la mañana. Al terminar simplemente se recargó en el espaldar de su silla esperando dormitar al menos unos cuantos minutos, aunque no era totalmente necesario dada su condición, pero tanto tiempo entre humanos le había contagiado algunas -bastantes- de sus costumbres.

Pasaron las horas y fue sintiendo como el bullicio de la empresa iba apareciendo, pero no habían tocado su puerta, por lo que asumía que aún no eran las 7:30 que era la hora en que su secretaria cumplía con esa rutina todos los días, sin embargo, escuchó su puerta siendo abierta de formas muy poco delicadas, lo que ya le daba una idea del único intruso que hacía eso sin temer que su cabeza rodara. Sin abrir aún sus ojos se enderezó en la silla, movió su cuello de un lado a otro en un claro símbolo de estiramiento, y luego abrió los ojos para ver con marcado fastidio al rubio que tenía al frente con una sonrisa que rayaba en lo exagerada.

- Mystral, ¿a que debo el honor de tu visita? ¿acaso debo apoyar alguna medida de restricción de entrada a la empresa de otra de tus conquistas? – le preguntó con un tinte sarcástico que no sorprendió al hombre, el cual no hizo más que ensanchar la sonrisa al ver la perenne mueca de fastidio de su amigo.

Mystral era uno de los dos ángeles que conocía desde su creación o nacimiento y que aún se hallaban vivos -o al menos, cuerdos, si es que podía catalogar al rubio de ese modo-. En personalidad era su opuesto, el rubio era exageradamente alegre, carismático, y no se podía olvidar de la palabra clave: “puto”. No tenía otra denominación alguien que se llevaba una persona diferente a la cama todas las semanas indiferentemente del sexo; su promiscuidad no tenía límites, y se aprovechaba de su inmunidad a enfermedades humanas para ello.

Alguna vez fue su subordinado en las batallas, pero hace mucho tiempo eso había terminado, vivían su vida normal en la tierra, y si a alguno de los dioses, santos, ángeles o demonios que los humanos decían que existían les fastidiaba su existencia o sus planes, no habían dado muestras obvias de ello. Lo único que tenían que hacer cada cierto tiempo era fingir su muerte, cambiar sus apariencias por unas más jóvenes, arreglar papeles para que lo que habían logrado acumular no llegara a manos de terceros, y nada más. Gajes de ser técnicamente inmortal.

El rubio quitó de golpe su sonrisa, y su semblante se hizo mortalmente serio, captando la atención de Aidan de inmediato, pero el único indicativo de esto fue una ceja que se levantó como preguntándole mudamente que pasaba.

- Hoy me topé con un ángel, mejor dicho, casi la atropello cuando sin querer me comí una luz roja por ver el trasero de una hermosa latina que estaba esperando pase en la acera, pero por suerte me detuve a tiempo, aunque de igual modo la policía también me alcanzó y me multaron… - y ahí iban sus desvaríos de nuevo, su rostro de seriedad se perdió, y parecía viendo el techo mientras que le contaba, como siempre, como casí había matado a alguien por pensar más con el pene que con la cabeza.

- Mystral, enfócate – dijo rodando los ojos hacia arriba cansado ya de la perorata. Ese día, como todos los días del último mes en que comenzaron sus pesadillas, andaba bastante corto de paciencia, y estaba a una pestaña de matar a alguien y por muy cursi que sonara, no quería matar a su amigo hoy.

Mystral levantó ambas manos en señal de rendición al ver la cara furibunda del pelinegro y recuperando el semblante continuó explicando.

- La muchacha era muy bella, y luego del susto que al parecer le di, con razón, al verme se sorprendió y me llamó por mi nombre, y no recuerdo conocerla, un rostro y un cuerpo como ese jamás se me hubiese olvidado – diciendo lo último con un tinte bastante pervertido- pero eso no es lo raro, me preguntó por ti ¿conoces a algún angelito por ahí y no me habías dicho pillín? -ya su sonrisa se había ensanchado igual a como había entrado a la oficina, y los ojos de un color miel refulgían con la diversión de haber descubierto al hermético de su amigo.

- No conozco a otro ángel en la tierra aparte de ti y a Damek, ahora, si no vas a decir nada más productivo lárgate de la oficina – espero que el rubio le dijera algo, pero estaba ahí como analizando si su respuesta era sincera, y al terminar su análisis y no ver ningún atisbo de mentira en Aidan su rostro se convirtió en una máscara de confusión, pero nuevamente, el pelinegro no estaba de humor para verle la cara hoy- ¡ahora! -demandó y como si aquello hubiese sido una sentencia de muerte, Mystral se fue de allí dejándolo solo.

Sí, había dicho que no conocía a nadie aparte de a ellos dos, aquello era cierto, pero la duda se instaló, ¿quién sería la mujer? se preguntaba ¿sería ella la que tendría la respuesta a los huecos que sabía -aunque no parecía- tener en su memoria? Hace mucho tiempo había dejado de prestarle atención a esa sensación de que él había vivido aún más de lo que su memoria le dictaba, pero la duda estaba allí, como la pesadilla que tenía cada mañana.


Última edición por jibriel el Vie 18 Ago - 4:41, editado 1 vez
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér 2 Ago - 16:33

Fuera, el piar de los pájaros vespertinos anunciaba la llegada de otro día. El sol se arrastraba por la línea del horizonte, casi perezoso, hasta vomitar su luz en paralelo a la tierra. Esos haces viajaron, miles de kilómetros, millones, peinaban la tierra de largos campos, esquivaban la hojarasca y saltaban la vieja valla de madera hasta encontrarse de lleno con los cristales del ventanal.  Al atravesarlos iluminan la habitación, y me pillan desprevenida en el mismo sillón en el que me dormí anoche, y la noche anterior, y la anterior a esa. Parpadeé, intentando ubicarme, como cada mañana. Todos los techos de la casa parecían el mismo, ligeramente grises por el paso de los años sin una buena capa de pintura nueva, vigas oscuras atravesándolos de lado a lado. Al abrir la boca y bostezas sentí el sabor de la ceniza, la chimenea se había apagado en algún momento de la noche.

       —Mmm… —Gemí, estirando las piernas para desperezarlas. ¿Qué hora era? Demasiado temprano para estar despierto, eso seguro. Al levantarme del sillón me dolieron todos los huesos, mi cuerpo era un coro delirante que pedía a gritos descansar en una cama digna. —Maldita sea…

       Al caminar se levantaba el polvo que no conseguía adherirse a mis pies desnudos, las puntas de las alas, lánguidas, dejaban un surco en la polvareda. Más que andar me tambaleé hasta la cocina de piedra y loza, austera en electrodomésticos, como el resto de la casa. Allí la situación no era mucho mejor que en el salón, o el resto de la casa. Todo estaba en su sitio, el orden era marcial, pero la limpieza había decaído. No era la suciedad que genera una persona guarra, alguien que acumulase basura, era algo más triste y desolador. Pátinas de polvo se asentaban en las superficies disponibles, algunos muebles en desuso habían terminado cubiertos por sábanas. Los sonidos de la vida se ausentaban, yo era lo único vivo en el interior de la morada. Hasta los cimientos respiraban olvido.

       
*BRRR* *BRRR*


       Metido en una taza que reverberaba el sonido, mi teléfono móvil cobró vida. Era un fantasma constante, desterrado a su tacita, la única conexión con el mundo exterior. Lo ignoré deliberadamente, concentrada en terminar mi rutina de desayuno. Tostadas con mantequilla, café negro, sólo, muy caliente, todo en el sacro santo silencio de aquella casa, que sólo el viento o las vigas de la estructura se atrevían a romper. Volvió a vibrar, insistente, y con un resoplido me obligué a cruzar la estancia para atenderlo. En la pantalla se reflejaba la cara de Eidan.

       —Hola, cielo. —Le saludé, intentando recomponerme a mí misma para sonar menos como un despojo humano. —Buenos días.

       —¿Te he despertado, madre? —Sonaba confuso. Al otro lado de la línea, por debajo de la cadencia de su voz grave se escuchaba el sonido de un motor, y el viento cortado por los cristales de una ventanilla.  

       —No, no, estaba desayunando. —Por el tono de mi voz cualquiera diría que estaba sonriendo, la realidad no era tan bonita. Me llevé una mano a la frente maldiciendo sin pronunciar sonido. Había perdido la noción del tiempo, ni siquiera sabía en qué puñetero día estaba viviendo. —¿Ya vienes de camino?

       —Ya casi he llegado.  No quiero que Anael diga después que llegaste tarde a la presentación por mi culpa.

       —Espera, ¿me has llamado mientras conduces?

       Ante la perspectiva de una regañina mi sibilino hijo ahogó una risilla y colgó el teléfono con la advertencia de que estuviera lista rápido. Miré el teléfono ceñuda, pero allí ya no había respuesta, así que volvió a su taza de un manotazo. Engullí el desayuno a marchas forzadas, derramándome el café por las comisuras de la boca. Arriba, en mi habitación, me despojé del camisón atropellándome en mis propios pensamientos. Dentro de unas horas sería la inauguración de la empresa que Anael había formado con un puñado de mortales con más ideas que ambición y muy poco presupuesto. Era una mujer inteligente, dispuesta a arriesgarse, había tardado dos años en poner en pie aquella propuesta ecológica de energía limpia y económica que iba a suponer una ruptura del mercado. Estaba orgullosa de todo lo que había conseguido por sí misma, en un mundo extraño, despojada de los dones que nos pertenecían por derecho. Y aún así había perdido la noción del tiempo… me limpié y arreglé a toda prisa, intentando dejar de rumiar esa sensación de que algo en mí no estaba del todo bien. Para que mentirnos, no era una sensación, era una certeza. Al otro lado del espejo mi rostro seguía siendo el mismo, prístino, sin arrugas, estancado en una edad indefinida entre los 30 y los 36, pero los ojos… el telón azul destilaba un aura de viejo cansancio, lo veía allí, agazapado detrás de las pupilas. Lo sentía en las alas, desplegadas y maltrechas, sin fulgor alguno. Hacía años que era incapaz de volar con aquellos apéndices ralos y grises que perdían plumas como una almohada vieja. Las agité con un rictus de dolor y dejé que desaparecieran.  Ignorarlo era más fácil.

       Diez minutos después el coche de Eidan entraba por la verja exterior, un modelo clásico y discreto, pulcro hasta la saciedad. La carrocería brillaba a la luz del sol, de un color gris oscuro, cuando salí a la puerta. Tuve que cubrirme los ojos para evitar que me deslumbrase. Fuera la brisa resultaba agradable, impregnada del olor limpio de los espacios abiertos y las flores asalvajadas del jardín.

       —Madre. —Bajé la escalinata y besé a Eidan en las mejillas. Me recibió con su amor tímido, pasándome un brazo por la cintura y apoyándo la mejilla en mi frente. Nunca fue particularmente alto hasta la adolescencia, entonces creció como la mala hierba hasta alcanzar la altura de su padre. Me soltó rápidamente, azorado como si alguien pudiera ver que seguía teniendo conmigo gestos de cariño dignos de un infante. —¿Cómo estás?

       Suspicaz, echó una mirada por encima de mi cabeza hacia la fachada de la casa en la que había nacido y crecido. Le apreté el hombro para distraerle, intentando alejar su curiosidad lejos del polvo de puertas y sospechas inconvenientes.

       —Bien, bien. Deberíamos irnos. Cuanto antes salgamos antes terminaremos, ya sabes que…

       —Odias la ciudad. —Terminó la frase por mí. Rodeó el coche para abrirme la puerta con su gesto serio. —Vamos pues.


*****


       Ver a mis dos hijos juntos me hacía sentir algo parecido a la felicidad. Anael, con su pelo corto y rizado hasta la mejilla, sus enormes ojos azules maquillados a la moda mortal. Había heredado mis piernas largas y las embutía en pantalones ejecutivos. A su lado estaba Eidan, sacándole una cabeza, siempre más serio y taciturno, de sonrisas tímidas y temperamento fuerte. Caminaban juntos, tirándose pullas y sacándo a coalición recuerdos de la infancia, cada cual más humillante que el anterior, haciéndome reír, a pesar de que el aire ponzoñoso de la ciudad me hacía toser cada vez que reía. Odiaba el ruido, los aparatos eléctricos, los coches, el exceso de gente conglomerada en un mismo lugar. Odiaba cómo había evolucionado en sí mismo el concepto de ciudad, pero allí vivían mis hijos, en la horrible y grandilocuente Nueva York.

       —Va a ir todo el que es alguien en esta ciudad, ya verás. —Anael no cabía en sí de gozo, más que nerviosa parecía entusiasmada. Desbordaba una apabullante seguridad en sí misma desde que era una niña, rodeada de mortales se sentía como una pequeña diosa omnipotente. Entre el tumulto de gente empezó a caminar de espaldas para mirarme a la cara. Las luces del tráfico y los carteles luminosos me resultaban asfixiantes.—Aunque tal vez deberíamos buscarte algo más… —hizo un gesto con su mano de uñas pintadas, abarcando mi atuendo. —apropiado, mamá.

       —Déjala, Anael.

       —¡Lo digo por ella! No es una verbena de pueblo, es... —Anael dejó de hablar, mirando el vestido holgado. Era sencillo, cómodo, de tirantas anchas y ceñido a la cintura. El vuelo de la falda se agitaba con el murmullo del tráfico, enredándose entre mis pantorrillas. Me detuve, enarcándo una ceja, retándola a que terminase la frase si tenía valor. Si la terminó, no llegué a oírlo. Su voz la eclipsó un frenazo brutal, el gemido de las ruedas agarrándose al asfalto para frenar de golpe, cerré los ojos con fuerza, presa del miedo y la sorpresa. Sentí el brazo de Eidan tirar de mi cuerpo.

       —¡Está en rojo, imbécil! —Murmuré su nombre, confusa, pidiéndole que se calmara. Se giró hacia mí en ademán protector. —¿Estás bien, te ha hecho daño?

        —Ni siquiera me ha tocado, estoy… — Mis ojos, furibundos, había buscado al artífice de tanto revuelo. A nuestro alrededor algunos peatones parecían indignados, a lo lejos se escuchaba la sirena de un coche de policía, pero todo eso se apagó. Hasta el rostro de mis hijos palidecía, como si el mundo fuera la celulosa de una película antigua quemándose, cuando encontré el rostro de Mystral en el interior del coche. Fue lo más real que había visto en mucho tiempo. — Mystral. —Eidan frunció el ceño, Anael miró dos veces a Mystral y después a mi. Coloqué una mano en el hombro de cada uno. — ¿Podéis ir por delante, chicos? Ahora os alcanzo.

       Conocían aquel tono de voz que no aceptaba réplica. Compartieron una mirada de complicidad y sospecha antes de terminar de cruzar el paso de peatones sin mi. Me acerqué a la ventanilla del conductor, incapaz de contenerme.

       —Suponía que no había sido la única en salir entera pero no tenía la esperanza de volverte a ver. —No pude evitar sonreír a un rostro amigo. —¿Cómo estás? ¿Estáis todos bien? —Un amago de duda se instaló en mi garganta, no quería preguntar, reavivar las brasas de un dolor viejo, y al mismo tiempo sabía que sería incapaz de irme sin preguntarlo.— ¿Y Aidan?

       Sin embargo el mundo se orquestó de nuevo para arrebatarme aquel sorbo del pasado. El sonido de la sirena de policía se hizo más audible, imponiéndose a los gritos de Anael y Eiden que me decían que el semáforo iba a cambiar de color y tenía que cruzar. Algunos coches pitaron al vehículo parado de Mystral, otros escupían humo oscuro por los tubos de escape al arrancar. Mis pies no querían moverse de allí hasta conocer la respuesta, pero bien sabía que la realidad nunca espera a que se cumplan tus deseos. Di un paso, la tensión se deshizo. Era hora de seguir mi eterno camino.

       —Lo siento… tengo que irme. Me alegro de verte.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 2 Ago - 20:17

Era la hora del desayuno y como todo local de cafés y comidas, aquel pequeño local con ambiente japonés en el centro de la ciudad estaba atiborrada de personas. La gran mayoría iba allí por la calidad de su servicio y por el ambiente del local, algunas –de la población femenina en su mayoría-, sin embargo, intentaban con esfuerzos vanos de que el dueño del local -un chico de aparente ascendencia oriental, de cabello largo y castaño amarrado con una cinta blanca con un flequillo recto, que le daba más apariencia de mujer- les prestara atención.

El dueño, era bien sabido por los clientes habituales que tenía discapacidad para hablar, así que muchas veces se encargaba de entregar las ordenes, seguido de una inclinación, haciendo gala de sus costumbres japonesas en conjunto con su vestuario -un kimono-, pero a las muchachas no les parecía intentar eso, muchas veces las veías intentando comunicarse con él bajo un lenguaje de señas y él, con los buenos modales que le correspondían, las alentaba respondiéndoles y dejándolas más confundidas aún.

Ese día, era normal, así como también era normal la llegada del rubio que robaba la atención de las muchachas del local un momento hacia él, y el hombre, que le importaba muy poco la edad de quien pudiera ser una futura conquista, les hacía un guiño que las llenaba con esperanzas.

El rubio, hambriento de contarle aquel incidente de la mañana a su otro amigo, lo agarró por el brazo derecho para halarlo hacia la oficina, haciendo que el castaño casi dejara caer la orden que iba a entregar en ese momento, y cómo no podía hablar o quejarse, mejor para él, por lo que una sonrisa socarrona se instaló en la cara de Mystral al ver los infructuosos esfuerzos por Damek de detenerlo.

- Puedo caminar, no debes arrastrarme como un niño de 5 años – resonó en su cabeza la voz, así que si había recurrido a ese método de comunicación lo había cabreado.

- Tengo preguntas y tú me las vas a responderás quieras o no – pensó sabiendo que Damek había dejado abierta su vínculo mental para escuchar su respuesta-.

Entraron a la oficina de la gerencia del local. El rubio cerró la puerta tras sí, y tomando a Damek por ambos hombros, lo sentó en la silla detrás del escritorio para luego él, agachado y viéndolo fijamente a los ojos, achicando los propios como una especia de mueca “incriminatoria” soltó la pregunta que tenía desde que casi atropelló a un ángel esta mañana.

- Hoy vi a un ángel, mujer, cabello rosado, ojos azules, apariencia entre 30 y 36 años, en el medio de la ciudad, supo mi nombre y me preguntó por Aidan, ¿quién es? ¿ella es Fel?

El rostro de Damek pasó por varias emociones, primero asombro, luego confusión para terminar en una sonora carcajada que confundió a Mystral, nunca en todos los siglos de vida que tenía conociendo a Damek lo había visto carcajearse de ese modo hasta llorar, eso era ciertamente toda una novedad.

Luego que se hubo calmado, contestó usando sus cuerdas vocales que casi nunca usaba un “no”, haciendo sorprenderse a Mystral aún más. Obviamente su amigo se había olvidado de la maldición que tenía su voz, aunque ahora que lo pensaba, responder sí o no no haría que él hiciera su voluntad ¿no?

- ¿Y me puedes decir entonces quién es?

- No - volvio a contestar, esta vez si recobrando su seriedad y respondiéndole telepáticamente

- ¿Por qué no me puedes decir? ¿es alguien de esos 10 años que se perdieron de mi memoria y la de Aidan verdad? ¿es alguien de Etherial? -intentó sacarle por todos los medios algo al ángel de tierra, pero el rostro ahora impasible de este, que casi se comparaba al de malas pulgas de Aidan, le dejaba claro que no iba a soltar nada.

- ¿Qué te hace pensar que te diré quién es, cuando, la última vez que te dije algo de tú pasado decidiste entonces convertirte en bisexual y tener sexo indiscriminadamente para olvidarte que tenías una mujer y dos hijos que no tenemos idea de donde están?, además, vas a correr a contarle a Aidan, y si en aquel instante tuve razones para no decirle de su pasado, aún ahora están vigentes, es mejor que ustedes dos recuerden por sus propios medios, y si no recuerdan es porque el destino lo ha querido así.

- Pero… - el rubio se paró y comenzó a dar vueltas en la habitación reflexionando lo que su homólogo le explicaba, tenía razón, pero pensaba que era injusto no saber para Aidan si tenía más familia que ellos tres.

- Aidan no está estable mentalmente aún, si aún con las pesadillas no ha recordado es porque algo en sí mismo no quiere recordar y no debemos forzar a eso, creo que estarás de acuerdo conmigo en que no queremos verlo de nuevo como hace 500 años cuando despertamos en este mundo siendo un contenedor vacío, un cuerpo que parecía sin alma y al que le daban ataques de pánico cada vez que recordaba fragmentos del pasado de Abaoth. -explicaba usando su telepatía mientras se movía fluidamente en la oficina preparando café con una máquina de expreso que tenía allí. Sirvió la primera taza y la puso en el extremo opuesto de su escritorio- Él superó eso y ya no ve a un Abaoth caminando a su lado acusándolo de matarlo, pero ninguno de los dos sabemos a ciencia cierta que tanto lo afectan los sueños que tiene todas las noches y tú mismo tienes tus demonios, sólo que tienes diferente forma de afrontarlos -regresó de nuevo a la máquina y se preparó con la misma paciencia de siempre una taza para sí mismo.

- ¿Tú no dejaste nada ni a nadie atrás verdad? -preguntó apesadumbrado, ya sin el buen humor que siempre lo caracterizaba tomando en sus manos un retrato que tenía Damek allí, que era una composición fotográfico de si mismo con un niño que era el pero con unos cuantos años, en un ambiente que se asemejaba al de Hiroshima antes del bombardeo.

- No, siempre he sido sincero en ese punto, la única familia que me queda sois Aidan y tú, por eso, no haré nada que sepa pueda dañarlos más de lo que nuestra misma vida lo ha hecho.

Dejó el retrato en su lugar para volver al escritorio, y sentarse frente Damek que se había sentado hace un momento mientras él estaba en sus divagaciones. Tomó la taza y se la llevó hacia los labios, y como si se hubiese acordado de algo acotó:

- Por cierto, deberías, la próxima vez que mueras legalmente, tomar como padre a otra persona que no sea tu mismo.

- ¿Para qué?, los occidentales tienen la creencia que los “chinos” no envejecemos ni morimos, sino que nos cambian por otro, déjame la diversión de alimentar ese mito

Debido a ese comentario el rubio casi escupe el café que estaba bebiendo, no pensaba que el hombre tenía ese tipo de humor tan negro, pero al parecer hasta él mismo tenía sus propias formas de divertirse.

- ¿No te molestarás si averiguo quien es la mujer verdad?

- Me tiene sin cuidado, siempre y cuando te quedes tus hallazgos para ti mismo y no intentes forzar ningún encuentro inesperado, si haces eso me obligarás a ordenarte a no acercarte más a la muchacha, y no queremos eso -sonrió de medio lado- ¿verdad?

Al rubio ver esa sonrisa le dio un escalofrío ya que si Damek y Aidan tenían algo es que jamás decían algo en vano, así que, temiendo por su vida, dejó la taza con café a la mitad, y se fue de allí como alma que lleva al diablo.


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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 8 Ago - 19:05

Igual que los sueños, los recuerdos y el propio Etherial, Mystral volvió a los tempos del olvido en cuanto crucé el paso de peatones. Anael y Eidan estaban allí de pie, compartían el silencio que los hacía hermanos, esa quietud que ocultaba las conversaciones de su pensamiento. Casi podía sentir como sus cabecitas morenas bullían de actividad sin hacerme partícipe de ella, pero tampoco quería saber que pensaban. Durante un segundo me quedé allí plantada, observando cómo es marchaba calle arriba el coche de Mystral, un modelo deportivo digno del chuloputas que siempre había sido, rojo cereza y probablemente más limpio que su propia casa. El viento artificial de la avenida, esa brisa sucia y preñada de polución que creaban los coches al atravesar la calle en direcciones contrarias, me agitaba la ropa, pero apenas lo sentía en comparación a la marea de sentimientos que me agitaba por dentro. Una parte de mi quería sonreír, tan sorprendida como agradecida de haber visto aunque fuera sólo un ápice del pasado. Otra quería enterrarlo junto a las posibilidades que arrastraba haber visto a Mystral.

      Anael me habló, pero no podía escucharla. ¿Y si Aidan estaba allí, vivo, en algún lugar de aquella enorme ciudad? Ya había vivido una vez el asomarme a sus ojos para encontrar a un desconocido, conocía ese dolor, las agujas en el pecho, los nudos en la garganta. Sensaciones que llevaban siglos acopañandome. El tiempo las había apaliado, eran fantasmas pendencieros que cogían fuerza en las noches oscuras, pero por norma general ni siquiera podía sentirlos. En realidad, había dejado de sentir muchas cosas. La vida fluía por encima de mi como un río lo hace bajo la capa de hielo que le regala el invierno. La sorpresa no era tanta, ni el dolor tan agudo, la felicidad se parecía a las pompas de jabón, momentánea y efímera, y ninguna de ellas conseguía aferrarse a mí demasiado tiempo.

      —Mamá. —Repitió la voz de Anael. Me tragué un suspiro de angustia para mirarla a la cara. —¿Quién era, lo conocías?

      —Es —Pensar en presente era un error. Chasqueé la lengua antes de reformularlo. —Era un viejo amigo, de cuando eráis muy pequeños.

      —Era un ángel, ¿verdad? —Eidan mentó el nombre de su hermana en tono de protesta. Evidentemente ambos habían reconocido la singular esencia de Mystral, los había educado demasiado bien como para que fueran ciegos ante tamaña evidencia. Ningún ángel consciente de su condición sería tan tonto como para no distinguir un ángel de un mortal. Y es que éramos tan, tan pocos… De hecho Mystral era el primero de los nuestros que veía en quinientos años con el que no compartía lazos sanguíneos. Etherial se había quedado desterrada al olvido y la destrucción durante siglos, y ni siquiera esperaba volver a encontrar a alguien de mi tierra. Sencillamente, lo había asumido, Etherial y todo lo que había sido mi vida estaba relegado a la nada. Alguna fuerza había arrasado mi hogar, limpiando el mundo de los horrores de sus demonios y sus criaturas malvadas, pero también desterrando al olvido toda aquella belleza conferida de una ferocidad que sólo era capaz la magia. Me froté las yemas de los dedos, pulgar contra índice, rememorando el cosquilleo de todos los poderes arcanos perdidos en este lugar yermo llamado tierra.— ¿Mamá?

      La voz de Anael me devolvió a la tierra, parpadeé para aclarar la mente y las ideas. No podía barajar mis opciones en base a un encuentro fortuito con una cara del pasado. Respiré hondo, recomponiéndome en mi fuero interno al abandonar toda clase de ideas impulsivas y necias, como perseguir el maldito coche hasta alcanzar a Mystral e interrogarle. El tiempo de las necedades había pasado.

      —Sí, era un ángel —mentirles no serviría de nada —, alguien del pasado. Pasado que no tenéis la potestad de remover ninguno de los dos, así que sólo voy a pediros esto una vez, no me hagáis preguntas que no puedo responder.

      Eidan y Anael se miraron entre ellos, compartiendo un sentimiento que llevaban arrastrando toda su vida. A él siempre le había pesado más que a ella, los conocía demasiado bien, eran mis hijos al fin y al cabo. Albergaba la teoría de que para Anael no era más fácil, sino más necesario. Necesitaba pertenecer a algún sitio, para ella, la ausencia de Etherial era más material que para su hermano.  Había recorrido sus praderas, respirado el aire cargado de energía, cortando el cielo con sus primeros aleteos. Su hermano, sin embargo, no conocía la sensación de sus vientos sobre la piel, era un niño errante, que había crecido con cuentos de una tierra que no existía, y un sentimiento de desarraigo. Anael necesitaba ocupar su vida de cosas que consiguieran borrar esos recuerdos, pertenecer. Con el rostro, como si aún fuera una niña a la que regañar cuando su curiosidad la llevaba a hacerse daño trepando a un árbol o volando demasiado alto, Anael buscó respuestas con la mirada.

      —No deberíamos llegar tarde. —Le recordé, sonriendo para aligerar el ambiente. Tenía la piel suave y fría cuando le acaricié la mejilla. —Es tu gran día. Pero no pienso cambiarme, soy mayorcita como para que me digas que tengo que ponerme y que no.

      Entre los rizos morenos que la brisa urbana le traía a la cara asomó una sonrisa, pero no le llegó a los ojos. Cuando echamos a andar, cogida del brazo de Eidan, supe que Anael se tomó un segundo para echar la vista atrás, hacia la estela de posibilidades que había dejado la presencia de Mystral. En ese momento estuve segura de que aquel encuentro no traería nada bueno.

******

      Un cuarto de hora andando avenida arriba el aspecto de la ciudad se metamorfoseaba. Las aceras donde la basura se asomaba tímidamente debajo de las papeleras o en las esquinas de sus edificios desaparecía. Allí todo parecía nuevo, reluciente, a pesar de que la mayoría de los edificios tenían por lo menos treinta años, y un corte demasiado clásico. Mármol, piedra pulida, revestimientos ornamentados que rezaban los nombres de las empresas que albergaba el edificio, eran todos inmuebles de oficinas y departamentos empresariales, desfilando unos detrás de otros como una procesión de soldaditos del capitalismo. Odiaba el capitalismo. Había conseguido que las disputas se solventasen a base de fajos de billetes en vez de con la palabra, los juramentos en aquel mundo no valían nada si no venían acompañados de unos cientos. Para mí, los hombres y mujeres con los que se codeaba mi hija eran todos criaturas sin ningún tipo de honor, ni orgullo. Su palabra tenía un valor vacuo, pero al menos compartían los principios de Anael, o estaban dispuestos a llevar su idea y su empresa al éxito. Tendría que contentarme con eso.

      El edificio que ocupaban era uno de los más nuevos de la calle, pero desterrado a colindar con zonas menos… favorecidas. Todo poseía ese ambiente reluciente de emprendimiento y sueños empresariales, pero se escuchaban las sirenas de ambulancias cruzando la calle paralela, y la gente vestía menos trajes y más uniformes en aquella zona, cerca de la boca del metro. Era a viva voz una declaración del estatus que le conferían en el resto de la calle, sí, sois una empresa nueva, y parece que prometéis algo, pero todavía tenéis mucho que demostrar para estar entre los grandes. Como había dicho, el capitalismo concede a cada cual su sitio en base a lo que tiene, no a lo que vale. Al ir subiendo la calle la energía de Anael cambiaba. Las ideas de perseguir el pasado se desdibujaban a medida que los acontecimientos del presenta más inmediato reclamaban su atención. Aquí y allá había ido haciendo paradas técnicas, para saludar a algunos conocidos o dar la bienvenida a ciertos invitados de renombre, otras menos glamurosas requerían de que su hermano utilizara su envergadura como pantalla para que nadie viera como se recolocaba las medias en un gesto muy escaso de glamour.

      —La mayoría son…

      —Competencia. —Terminó la frase de su hermano, con una sonrisa cargada de valor. Dentro del edificio el ambiente era lujoso, espacios diáfanos y luminosos, paredes rotuladas con el logo de la empresa y su lema debajo. Aquí y allá el uniforme delataba a los empleados de mi propia hija, en aquel momento escasos, la mayoría parte de un servicio de catering que repartía entre los presentes champán y tentempiés. Prefería no preguntar cuánto le iba a costar la broma a la empresa.  —¿Crees que estas presentaciones se organizan para la prensa?  

      —Pensaba en algo más útil, como la publicidad.

      —No vas mal encaminado, hermanito, pero no. Pasas demasiado tiempo delante de una pantalla para entender este tipo de cosas. Esto, esta presentación, es una declaración de intenciones. Por supuesto que tiene que ver la prensa, y la publicidad, pero el quit de la cuestión reside en demostrarle a todos estos magnates del sector que estamos aquí. Que he llegado a su mercado y pienso quedarme caiga quien caiga.

      —Hija —la interrumpí, con un suspiro que terminó en sonrisa. —Habrías sido una gran general en el ejército.

      —Mamá, suenas como un veterano de guerra cuando hablas así, y no pareces precisamente un señor entrado en años al que le falte una pierna y tenga severos brotes de estrés pos-traumático después de unas “vacaciones” en Vietnam.

      Eidan apartó la cara con gesto serio, que en su lenguaje verbal significaba que se estaba aguantando la risa. Fruncí el ceño, fingiéndome ofendida mientras Anael no disimulaba tan bien como su hermano una carcajada. Suspiré poniendo los ojos en blanco y ambos se dejaron llevar por la risa, ignorando a las personalidades que empezaban a abarrotar la sala.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Dom 13 Ago - 5:17

Se encontraba en un lugar húmedo, de piedra, había manchas de lo que parecía ser sangre seca en cada rincón del cual su vista podía ver, de hecho, creía ver algunas plumas ensangrentadas en el suelo, pero no estaba seguro si eran suyas o de alguien más. Intentó moverse, pero todo su cuerpo protestó, tenía los brazos incómodamente esposados y encadenados al techo, y apenas sus pies tocaban el suelo.

¿Ya despertaste? – preguntó alguien al frente de él, era muchísimo más alto y no podía ver más que debajo de sus rodillas, pero por su voz sabía exactamente quien era: era su hermano gemelo, que por alguna razón ya se veía como un adulto mientras que él aún tenía la apariencia de un niño.

Hermano – salió de su garganta con esfuerzo, parecía que no había usado las cuerdas vocales desde hace días.

¿Por qué te niegas a matarlos?, es tu trabajo matar a los demonios y a los híbridos, si sigues negándote a hacerlo te voy a seguir viendo en esta celda, ¿o es que acaso eres masoquista y te gusta estar aquí?

Ellos… -murmuró, pero un ataque de tos que lo hizo escupir sangre lo detuvo, su espalda aún tenía heridas abiertas, que refulgían con magia para que no se curaran tan rápido como el cuerpo del ángel estaba acostumbrado a hacer- ellos no hacen nada malo -con todo el esfuerzo que el niño pudo hacer, levantó su vista para ver a los ojos grises de su hermano, así sería él, si fuera tan fuerte como él, pero nunca ha podido, siempre ha sido su sombra – ellos no han cometido ningún pecado -reforzó sus palabras anteriores-.

¿Qué no han cometido ningún pecado dices? -el hombre emitió una carcajada- Su pecado es existir.

Aquel día no había comenzado bien, como todas las mañanas de nuevo tuvo pesadillas, pero estas eran distintas, se trataban de recuerdos, recuerdos de su infancia, que él sabía que estaban allí, pero prefería ignorarlos. Era incómodo sentirse el mismo inútil ángel que no podía hacer nada bien, sin embargo, esa figura “su hermano” seguía apareciendo, distorsionando sus recuerdos. Él no tenía hermanos, ellos eran 4, y él a pesar de ser creado para ser el señor de la guerra no podía hacer su trabajo, siempre Mystral, Damek y Dover lo cubrían. Sin embargo, aquel no era su preocupación aquella mañana, su molestia  estaba en el periódico de aquel día con un titular en primera plana que una rama de su empresa estaba en peligro, todo porque una estúpida con complejos de diosa estaba indirectamente haciendo mala publicidad a uno de los productos,  había invertido demasiado capital y esfuerzo el último año  en el lanzamiento de éste para que una estúpida niña ecologista le jodiera la vida.

- Anael Lark – revisó de nuevo el nombre de la mujer en la portada, su rostro le parecía familiar, pero eso no le importaba mucho, quizás después de todo iba a tener a alguien con quien desquitar todo el mal humor que sus pesadillas le han estado causando los últimos meses.

***

Para el rubio aquel día tampoco había comenzado bien. Un artículo de prensa que resaltaba de forma negativa un contrato que habían conseguido con una compañía automotriz de renombre recientemente habían derivado en un correo lleno de mensajes sin leer, un teléfono descolgado en el área de la secretaría de la vicepresidencia y un rubio detrás del escritorio con más trabajo del que estaba acostumbrado a manejar.

En aquel momento era uno de los pocos que se podía ver a Mystral Vind concentrado. Tenía el rubio cabello que dejaba que le llegara un poco más debajo de sus cejas despeinado, los lentes cuadrados de pasta que a veces usaba yacían al lado de su portátil personal mientras los ojos color miel estaban fijo en los papeles que tenía encima del teclado, intentando elaborar un plan de ataque antes que el mismo Aidan llegara un uno ya ejecutado con su mano; él sabía perfectamente los métodos de su homólogo e iban a ser agresivas, y no le parecía de todo justo con la persona atrás de todo aquel caos que, a pesar de haberles causado un dolor de cabeza, parecía que era más por inexperiencia de cómo se manejaba la política y el mundo real que por malicia.

Se escucharon tres toques de su puerta, y con un “adelante” entro la que era su secretaria, una muchacha bastante bajita de unos veintidós a veinticinco años, con una figura bastante estilizada, de tez clara, ojos marrones y cabello del mismo color. La muchacha era un poco torpe para las cosas básicas como para llevarle un café sin derramar la mitad de la cantidad del mismo en el camino, pero para el trabajo real era bastante eficiente y él la mantenía en el cargo porque le daba cierto aire de familiaridad con alguien de un pasado que no recordaba. La muchacha, ataviada con un conjunto de una falda de tubo azul oscuro, una camisa manga larga blanca y zapatos negros, entró con una mueca de disconformidad que a Mystral lo apesadumbró, ya que sabía a que venía.

-  Señor Vind, sé que me dijo que no lo interrumpiera, pero el señor Feuer lo solicita en su oficina

- ¿Ya le dijiste que iba a ir al finalizar el día con el reporte? -preguntó sabiendo de antemano la respuesta, no por algo la muchacha seguía en su puesto, además de por ser su amante ocasional-.

- Sí, pero fue enfático en que quería que estuviera ahor..

- No te preocupes Jenny, estoy aquí -dijo cortando lo que estaba diciendo la muchacha una voz ronca a su espalda, haciéndola pegar un saltito por el susto ya que sabía que era el jefe de su jefe el que se encontraba tras ella, haciéndola sentir como siempre más pequeña que de costumbre.

La muchacha, como si estuviera acostumbrada ya a esas situaciones, aprovechó para escabullirse sin dificultad pasando por debajo del brazo que mantenía la puerta abierta recitando un “con permiso” y cerrando la puerta tras si al notar que el moreno había ya entrado a la oficina de la vicepresidencia.

- No sé cómo trabajas para ese ogro Laura -suspiro en voz queda la muchacha a su compañera, que era la que ocupaba el cargo de secretaria de la presidencia.

Se escuchó una risa disimulada de la mujer para luego soltar la respuesta – realmente aparte de su ánimo, no es tan malo, paga bien, es bastante bueno en su trabajo, y no todo el tiempo se ve un trasero tan perfecto como ese, aparte de todo él, deberías ver lo bueno que se ve sin camisa – decía la mujer mayor sabiendo que la muchacha sabía que de vez en cuando lo había acompañado a viajes siendo su asistente personal y le habían tocado situaciones, que si no eran comprometedoras, no estaban totalmente dentro del ámbito laboral – lástima que pareciera que batea para el otro lado.

Mientras el chismorreo se mantenía fuera de la oficina, dentro de ella Mystral le explicaba todo lo que había encontrado acerca de la nueva compañía que planteaba la eliminación del combustible a un 100% en corto plazo mostrando la factibilidad del proyecto.

- La chica es una novata Aidan, sin embargo, se ha hecho un hueco dentro de los miembros y todos escuchan sus propuestas sin rebatirlas porque no tiene aún un socio o contrincante que la frene – decía Mystral revisando los papeles adicionales que le había traído Aidan en ese momento a su oficina que además contenían fotos de la muchacha. Su rostro le parecía familiar, pero no podía aún recordar de dónde. – Sin embargo, le está comenzando a tocar las narices a la industria, ya hay bastantes representantes que han salido a desprestigiarla y falta poco para que la industria automotriz saque a algún representante a rebatir la idea.

-  No me importa que la BMW, Tesla, ni siquiera si el mismo presidente da un comunicado de prensa, no quiero que el contrato para que nosotros seamos los fabricantes de las partes electrónicas para los vehículos híbridos se vea afectado.

- No veo como… -el rubio hizo silencio hasta que por fin los engranajes hicieron su trabajo, haciendo que en su rostro que acentuara el cansancio que había representado ese día para él- van a creer que es una campaña creada indirectamente por nosotros y vamos a tener en contra el sector petrolero, quizás presionen a las marcas para que cancelen el acuerdo con nosotros. ¡mierda! -dramáticamente dejó caer su frente al escritorio quedándose ahí un rato como lamentándose de su suerte.

- No entiendo como todavía te tengo como vicepresidente, si eres tan lento -soltó Aidan rodando los ojos en el único gesto de fastidio que se podía permitir.

Mystral se enderezó de golpe con una sonrisa en los labios y con una cantidad de papeles pegados a su frente - ¡Fácil! Yo tengo el carisma que a ti te falta, y eso amigo mío es necesario para cerrar contratos – decía mientras se quitaba los papeles que por alguna rara razón no se quitaban con el efecto de la gravedad de su cara. Al terminar, casualmente de nuevo la foto de Anael Lark quedó de primera y por segunda vez, los engranajes funcionaron. Esa muchacha era la que estaba con el ángel que lo reconoció algunos meses atrás. “¡santa mierda!” exclamó mentalmente esta vez, borrando la sonrisa que tenía – ¿pero que podemos hacer para que pare con la campaña?, no parece una chica que simplemente deje de hacer algo si le dices que no debe hacerlo.

- Absorberemos su empresa. Le haremos una propuesta que no pueda rechazar – dijo con simpleza el moreno, inclinándose para tomar los papeles que estaban en la mano del rubio - ¿te gusta? -le preguntó con una sonrisa torcida, quizás eso le serviría, sabía que no había mortal que se resistiera a el idiota de su amigo, y una mujer enamorada era más fácil de manejar.

-  No es exactamente mi tipo, pero…

-  Elabora una carta de invitación a la torre, conjunto a una propuesta económica que le presentarás al ella estar aquí. De ser necesario yo mismo estaré en la condenada reunión, pero quiero esto resuelto -se paró soltando el archivo para que cayera en el escritorio de Mystral- lo más pronto posible. Si el dinero no es su precio encontraremos cual es, todo el mundo tiene un precio, solo que algunos no saben el suyo.

- Aidan, no creo que sea correcto – intento fungir la función de la consciencia una vez más, pero sabía muy bien que cuando al moreno se le metía algo en la cabeza, nada lo iba a sacar de allí

- ¿Cuándo lo ha sido?, nuestra sola existencia es incorrecta en este mundo Mystral, deberías ya haber aprendido eso. – caminó con tranquilidad hacia la puerta- quiero a Anael Lark mañana en mi sala de conferencias -miró su reloj, era cerca de las 3pm-, encárgate de ello -y cerrando la puerta tras sí dejo al rubio encerrado en sus pensamientos-.

Todo le gritaba que debía de parar a Aidan, algo le decía que cualquier acción que tomara contra la muchacha iba a costarles caro, y más si era algo del ángel que vio aquel día, pero por momentos estaba atado de manos, tenía que hacer lo que le habían encargado.

Descolgó el intercomunicador: -Jenny, ¿recuerdas el expediente que te pase temprano?, sí, Anael Lark, necesito que me comuniques telefónicamente con ella antes que termine la tarde, gracias-, colgó y ordenando un poco su escritorio para que su teclado estuviera libre, comenzó a redactar las cláusulas de la propuesta que iba a ser presentada si la muchacha se presentaba mañana.


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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér 16 Ago - 18:47

      Sabía que tenía muy buenas posibilidades, el equipo de ingenieros y científicos adecuados para desarrollar sus ideas (gente joven, un poco desesperada por encontrar su hueco en el mundo con la cantidad justa de ambición para mantenerlos pegados a los laboratorios, pero no la suficiente para que quisieran escalar hasta hacerle sombra), pero no que sería tan fácil. Para la mayoría de sus contrincantes el adjetivo “novata” venía indudablemente pegado al de inexperta, o inocente, incluso ilusa. Eran todos hombres trajeados que llevaban más de treinta, cuarenta o incluso cincuenta años en los tejemanejes del sucio negocio de la energía sucia, barata y, por supuesto, de alto rendimiento económico. Ninguno de ellos esperaban que Anaela Lark fuera capaz de levantar en puñado de meses aquella empresa, con la repercusión de sus estudios ecológicos y sus logos verdes y azules como bandera en cada telediario, publicidad o de boca en boca en las redes sociales. Lark’s Green Company tenía un nombre ridículo y un potencial titánico. Entre sus dedos, coronados por uñas pulcramente pintadas con esmalte metálico, el titular rezaba el nombre de su empresa, y eso hacía a Anael sonreír.

      Tenía ciertas rutinas muy arraigadas desde que era niña. En realidad no recordaba que punto de su infancia alcanzaba aquel ritual porque desconocía que hubiera periódicos en Etherial, pero si recordaba el olor de los libros. Aspirar y tragarse con el desayuno el sabor de la tinta vieja, eso era lo que más tenía incrustado en la mente. Por eso, cada día se levantaba temprano, antes de que saliera el sol, con el teléfono apropiadamente apagado para que ni un solo ruido amenazara la quietud de su ático neoyorkino. El sol salía muy despacio, la luz atravesaba el aire en horizontal antes de llegar al sillón donde reposaban sus nalgas desnudas, pero a ella hacía rato que le esperaba en la puerta un periódico recién salido de la imprenta, doblado y manso, a su disposición. Sólo tenía que levantarse de la cama y ponerse una bata para recogerlo. La bata le duraba puesta el mismo tiempo que tardaba la cafetera en escupir ese caldo negro y caliente al que se había vuelto adicta desde sus años de facultad. Humeante, sin importar la época del año, así se lo servía, acompañado fielmente por dulces de chocolate, para empezar el día desayunando el contraste. Llevaba la bandeja hasta el amplio salón despejado, la dejaba sobre la mesa auxiliar y se sentaba en el sillón, desprendiéndose de la bata. Centraba toda su atención en las noticias, lo relevante que pasara en aquel pequeño y superpoblado mundo que tanto le importaba, olvidando lo que había a su alrededor. Frente a Anael desfilaban paredes de cristal, un porche con piscina privada presidiendo el panorama urbano. Torre tras torre se levantaba la jungla de asfalto, hormigón y cristal, no era el edificio más alto de la zona pero tenía poco que envidiar a los demás. Se reflejaban los unos en los otros eternizando su imagen fría y gris, moradas transparentes que parecían más dignas de películas que de la vida real. En las alturas el aire parecía limpio, y la ciudad, muda. Es la magia de las apariencias, una ilusión que contrastaba con la realidad a pie de calle. Todo aquel panorama gris enfrentado al enorme cuadro que ponía notas de color en el ático de Anael, una pieza de dos metros de largo y ochenta centímetros. Allí, en su interior, habitaba la imagen de un castillo perdido en el tiempo, donde se extendían bosques vivos, que iban a desembocar en un valle. Allí, a lo lejos, profusa en detalles y a la vez casi tímida asomaba la sombra de una ciudad de aspecto medieval, una extraña París, o Londres, de monumentos ambiciosos y cultura sofisticada. Y el cielo… oh, todo el cielo tenía un color que llamaba. Anael intentaba no mirarlo a pesar del sentimentalismo con el que conservaba aquel cuadro. Obra de su madre. Si lo miraba demasiado tiempo corría el riesgo de perderse en aquel anhelo que la perseguía, sumergirse en el deseo de surcar aquellos cielos con las mismas alas que se apretujaban contra la suave cachemira del sillón. Ese era precisamente el tipo de lujos que Anael no podía permitirse.

      Terminado el café y limipiándose virutas de chocolate con el dorso de la mano, Anael paseaba su desnudez alada por el amplio apartamento hacia la ducha. Se dejaba llevar por la sensación del agua tibia entre las plumas, desenredándole el pelo, pero su mente no perdía el tiempo, ya maquinaba que se pondría a continuación. El conjunto era lo que se requería de una mujer de su posición, elegante y estrangulador, pero fresco por su juventud y sin tacones por su altura. La mayoría de hombres se sentían intimidados si era más alta que ellos, eso no era bueno para negociar. Tampoco era bueno para conducir, así que había renunciado gustosamente a usar de diario esas armas de tortura llamadas tacones. No encendía el teléfono hasta que llegaba al coche, entonces empezaba el día de verdad.

      —Buenos días señorita Lark.

      —Buenos días, Wulf —Wolfgang tenía un adorable acento aleman que hacía a Anael incapaz de pronunciar su nombre de forma apropiada. Rubio, alto, gafas, era un secretario adorable, hacían una pareja curiosa. Al arrancar el sonido del manoslibres se entrecortó. — ¿Qué has dicho?

      —Hay una notificación importante para usted, la han dejado a primera hora de la mañana.

      —Querrás decir hace un rato, son las nueve menos veinte.

      —El cartero ha llegado antes que yo a la oficina. —cabe añadir que solía ser Wolfgang el que abría el ala de las instalaciones dedicadas a Anael. Su ceño moreno se frunció automáticamente, el motor del coche se revolucionó al acelerar. Al otro lado de la línea la pausa en la voz grave de Wulf revelaba inseguridad.— Es una invitación a la Torre Feuer.

      —¿Feuer?  —La palabra le despertaba un cosquilleo desagradable en la lengua—, en cuanto llegue le echaré un vistazo. ¿Algo más relevante para hoy?  

      —¿Más relevante que una citación en la Torre Feuer?

      Anael puso los ojos en blanco y amenazó a su secretario con colgarle si no se centraba. Necesitaba seguir escuchano cosas para aplacar la avalancha de dudas que se le venían encima. Sabía que el momento de verse cara a cara con los grandes llegaría, tarde o temprano, pero no esperaba que fuera tan temprano. O bien la necesitaban para algo, o querían medir su talante en persona, como si fuera una moda, algo popular, con fuerza y capacidad de enganchar a las masas, pero incapaz de retenerlas. La perspectiva la enfureció, con el consecuente castigo al pedal del acelerador. Si su madre la viera conducir a esa velocidad la mataría.

      Su oficina era uno de los núcleos neurálgicos de la empresa. Nada ocurría allí dentro sin que ella lo supiera o hubiera dado su permiso previamente. El paseo de veinte minutos se convirtió en uno de diez. Para cuando llegó el lugar ya estaba atestado de gente. Administrativos dilapidaban sus horas y ojos en pantallas de ordenadores nuevos, relucientes, ya había cola en la maquina fotocopiadora, y otros ejecutivos bebían café como si pudieran respirarlo. Todos la saludaban al pasar, era reconocida y respetada. No sólo luchaba armada de ideales y buenas ideas en un mundo de tiburones, era un mundo también de hombres. La habían acosado, desprestigiado o menospreciado por su condición de mujer desde el colegio, todos habían terminado arrepintiéndose. No se dejaba intimidar, ni por hombres ni por superiores, no admiraba de forma ciega el poder, ni el dinero —aunque lo apreciaba, como cualquier ser viviente—-. Así que no estaba dispuesta a dejarse intimidar por ese trocito de papel que esperaba sobre su escritorio.

      Sus ojos azules recorrieron la invitación sin percatarse de cómo Wolgang la miraba, inquieto, con carita de perro ansioso. Lo leyó una, dos, tres veces, en absoluto silencio.

      —¿Qué —comenzó, temeroso de interrumpirla— dice?

      —¡Abrase visto! —El grito hizo a Wolgang dar un respingo en la silla. Anael solo utilizaba esas frases de abuela cuando perdía la compostura. —Pretenden que me personifique en sus oficinas para proponerme algo que no especifican en la invitación. ¿Quién se creen que son? Otra pandilla de estúpidos  que piensan que voy a saltar cuando ellos den una palmada… ¡Wulf! —El rubio dio otro respingo, casi temeroso. — Atento, voy a dictarte la respuesta.

      “A los cargos de la directiva que remite esta invitación. Me halaga sobremanera recibir la invitación a la torre Feuer, pero como bien sabrán la que regento es una compañía joven que ha alcanzado una gran potencia y relevancia en el mercado desde su apertura. Como tal, los rigores de dirigirla estrangulan mi agenda. Me temo que me será imposible movilizarme a sus instalaciones en un lapso de tiempo tan breve, pero podría dedicarles unos minutos durante al medio día durante mi descanso.
Un cordial saludo,

Fdo. Directora Anael Lark.”



      Cuando la envió de vuelta a su origen, Wulf comprendía las implicaciones de lo que había mecanografiado. No podía definirse más que como una declaración de intenciones. Si querían tratar con ella, tendrían que ir hasta ella, mostrar el respeto y la deferencia que se atribuía a sí misma. Anael Lark no estaba dispuesta a ser el perrito faldero de nadie.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 16 Ago - 22:48

Ya había pasado las once de la mañana y su inútil vicepresidente no había dado señales de vida, así que asumiendo que o no había enviado ninguna invitación, o la señorita Lark la había ignorado, salió de su oficina para pasar a la oficina contigua por la puerta que las unía (y que casi nunca utilizaba) y encontrarse con el lugar vacío.

Los papeles estaban revueltos, pero uno que llamó la atención por estar mal puesto en un sobre con membrete llamó su atención. Lo tomó y lo leyó con tranquilidad, y a pesar de la brevedad de la misiva logró sacarle una sonrisa. Dejó la carta sin delicadeza en el amplio escritorio de superficie de vidrio para sacar de su bolsillo el teléfono móvil para marcarle a su vicepresidente, teniendo una idea más clara de donde se podía encontrar en aquel momento.

-          Mystral -se escuchó un silencio prolongado del otro lado de la línea, y él casi degustaba el pánico que le producía al rubio su llamada, aunque seguía sin entender por qué no lo identificaba, pasando del pequeño detalle de que él tenía su número telefónico en “privado” por defecto – si te estás dirigiendo a donde creo, es mejor que te devuelvas para la empresa, voy a necesitar que estés aquí mientras yo voy a Lark’s Green Company – y al comenzar a escuchar los balbuceos del hombre, trancó y puso su teléfono en modo silencio, de nuevo casi disfrutando el pánico del rubio al ver que le devolvía la llamada para hacerlo cambiar de opinión sin éxito, ya que él no lo iba a atender.

Aidan volvió a su oficina cerrando la puerta tras sí, tomó la corbata color blanca de encima de su escritorio donde siempre la colocaba al quitársela al llegar, pisó el botón del teléfono en su escritorio que llamaba a su secretaria y mientras esperaba que ésta entrara, caminó hacia el baño haciéndose con maestría el nudo de la corbata y dejando la puerta abierta del mismo al entrar.

-          Señor Feuer ¿en qué le puedo ayudar? – entró Laura, una mujer morena que estaba entrando en los 40 años y la cual sabía perfectamente si le diera la oportunidad se metería en su cama, pero era lo perfectamente profesional para no insinuarse y por eso la mantenía en su puesto.

-          Por favor, pídele a Jenny que te entregue la propuesta que elaboró Mystral para la reunión del día de hoy, además del expediente de Lark’s Green Company y su socia mayoritaria Anael Lark, llama a Mark para que tenga mi auto listo frente a la entrada de la empresa en diez minutos – fue enumerando mientras regresaba a su puesto a tomar la chaqueta negra de su traje y ponérsela, completando el conjunto de ese día que era traje negro, camisa color índigo o añil y corbata blanca.

-          En un momento lo hago Señor Feuer, ¿me disculpa si le pregunto para dónde va? -preguntó con genuina curiosidad ya que estaba acostumbrada a la forma normal que su jefe tenía de atacar a sus contrincantes, que era en esas cuatro paredes, no creía que el león -como cariñosamente lo llamaba mentalmente- se “rebajara” a ir a cazar lejos de casa.

-          Vamos, tú me acompañarás, necesito tomes notas de ser necesario -hizo una pausa al ver la cara de sorpresa de su secretaria, definitivamente ese día se estaba tornando divertido- Vamos a la empresa de la Señorita Lark, nos ha dejado saber que por motivos varios no puede asistir a la torre, pero ha dejado abierta su disposición a recibirnos -al ver que Laura seguía sin moverse la llamo- ¿señorita Johnson?

-          Sí, sí, ya voy a recoger los folders que me pide y estaré en la entrada de la torre en un minuto - salió del recinto apurada, ni loca se perdía aquella reunión.

Casi una hora después estaba llegando un Aston Martin Vanquish negro a las puertas de la compañía en la que estaba el objeto de su atención. La mujer que lo acompañaba en el asiento del copiloto se bajó para adelantar lo que era el anuncio de la llegada de su jefe, mientras intentaba organizar los manuscritos que iba redactando durante el viaje mientras el hombre le dictaba. La propuesta que tenía en sus manos era bastante diferente a la agresiva propuesta original y el que la rechazara debía estar demente, pero ya vería el grado de cordura de la mujer a la que iban a ver en la reunión.

Aidan, al acomodar el auto dentro del estacionamiento del edificio percibió una presencia que no le era conocida, no era amenazante, pero puso sus sentidos en alerta haciendo que por momentos perdiera el control de la invisibilidad de sus alas. Miró hacia los lados intentando ver si alguien había notado su desliz y tomó en sus manos un par de plumas centelleantes y rojizas que habían caído en su asiento al esconderlas nuevamente.

-          Interesante, hay un ángel más aparte de los que conozco en este mundo – murmuró, a la vez que, sin el portador darse cuenta, sus ojos cambiaron de una tonalidad violeta al azul al que estaba habituado a ver.

Siguiendo instrucciones y dejando a algunas personas deseosas por su atención, caminó hasta el ascensor que lo dejaría en el piso indicado, para que, al abrirse las puertas, ver a su secretaria discutiendo acaloradamente con un rubio que aparentemente no quería transmitirle el hecho que él se encontraba en aquel edificio por no creerle.

-          Laura, ¿Qué sucede? – preguntaba mientras deliberadamente dejaba caer la magia a su alrededor para calmar los ánimos, no le convenía que una pelea entre subordinados afectara su propósito en aquel lugar, además, podía poner sobre-aviso al ángel que si no se equivocaba era la misma persona con la que se fue a reunir.

-          Disculpe por mis modales señor Feuer pero este… señor no creía que su presencia aquí fuera cierta y no quería avisar a la señorita Lark que se encontraba presente. -Dijo a manera de regañina y superioridad -claramente pegada de su jefe- mientras veía al rubio que veía sorprendido al pelinegro frente a él-.

Aidan negó una vez con la cabeza reprobando el comportamiento de su secretaria, a la vez que ésta bajaba su petulancia, claramente aturdida por una regañina indirecta que no esperaba.

-          Disculpe el comportamiento de mi asistente señor… -dejó el honorífico al aire para que el hombre completara con su nombre.

-          Wolfgang

-          Wolfgang -repitió pronunciando perfectamente el nombre, a su vez que confirmaba el hecho que había notado al escucharlos a ambos discutir, el hombre era alemán, así que con un fluido alemán continuó la conversación para que la mujer a su lado no le entendiera – a veces mi asistente piensa que ella es la jefa y no yo, y se le pasa la mano – sonrió para restarle seriedad al asunto sorprendiendo un poco más a la morena- ¿Podría notificarle a la señorita Lark que estoy aquí? Tengo entendido que no pudo aceptar mi invitación a la empresa ya que ella estaba ocupada, y ya que yo ya había reservado esta hora para ella, decidí venir hasta acá, aceptando su disposición.

En ese momento como si hubiese sido invocada la mujer salió de su oficina con el ceño fruncido como preguntándose quién era y que hacía aquí, y él con una actitud que parecía más de Mystral que de él mismo, sonrió y le extendió la mano a la mujer para saludarla.

-          Mucho gusto, usted debe ser Anael Lark, un placer, Aidan Feuer para servirle – al ver que la muchacha no le tomaba la mano, la bajó, pero no perdió por un momento el buen talante que tenía, es más, como quitándole importancia al hecho que la dejara ahí plantado se pasó una mano por el cabello despeinándolo ligeramente y haciendo que un mechón de su cabello tapara ligeramente el lado derecho de su rostro.

-          Debe parecerle extraño mi presencia aquí, pero me urgía aclarar un artículo de prensa directamente con usted, ya que estos tienden a tergiversar la realidad para hacerlo sensionalista, y mi empresa está en una fase con el negocio de los autos híbridos en el que no podemos permitirnos mala publicidad, si tiene algunos minutos me gustaría hablar de eso aparte de una posibilidad de utilizar parte de su tecnología en nuestra propuesta, bien sabe que el mercado petrolero es un monstruo y nuestra meta ha sido desplazarlo por el bien de todos, pero no se puede hacer de una sola vez por los intereses tanto económicos como políticos de la región, pero ese es un tema que como bien comprenderá debe ser tratado a puerta cerrada -sintió que captó el interés de la mujer y sonrió para sus adentros, como lo esperaba ella estaba esperando de parte de su compañía un hacha de guerra, aparte que sabía porque su aura la delataba, que le tenía desconfianza por su misma naturaleza, no todos los días te consigues a un ángel en la ciudad-.

Mientras tanto, se podía ver a un rubio de frente a la recepción totalmente sorprendido -seguramente había hecho investigación acerca de su reputación- y una morena que luchaba consigo misma para no dejar su boca abierta al ver tal desplegué de carisma de parte de su huraño jefe.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 24 Ago - 0:43

      Wolfang sentía algo cercano al pánico cuando bajó a la planta baja con el breve mensaje en la mano. Lo había impreso el mismo, Anael lo había firmado con una pluma estilográfica que había dejado a su paso el olor profundo de la tinta, casi como si lo hubiera firmado con sangre. Ambos conocían el ego de la dama, y Wolfgang sabía que era un arma de doble filo. Su orgullo y arrojo era precisamente lo que los había llevado tan lejos, empujando prácticamente sola de la empresa, luchando contra tiburones cuando eran sólo unos pezqueñines. Ese tipo de estrategias era limpia, solía quitarle de encima a los moscones que no querían más que llenarla de fruslerías o hacerle perder el tiempo, pero también podía hacerlos enfurecer. Y el secretario era demasiado consciente de a quien estaba mandando esa nota. Pensaba que cuando la soltara sentiría algo de alivio, pero la realidad fue que se quedó mirando como el mensajero salía por las puertas de cristal con la sensación de que había activado la cuenta atrás de una bomba de autodestrucción. Recogió sus escalofríos para volver al despacho, donde Anael no se había movido un milímetro. Esperaba delante de su ordenador, sin perder el tiempo. En cuanto Wolfgang salió por la puerta apretó botones, abrió documentos y ahora dejaba que los minutos se quemaran en la bandeja de entrada de su correo email. Era absurda la cantidad de emails que podía recibir al día, a veces incluso necesitaba la ayuda de Wolfgang para poder contestarlos todos antes del medio día.

      —Bien. La suerte está echada. —Dijo Anael al verle entrar. Al alzar el rostro de la pantalla se agitaron los rizos oscuros. Sonrió, y como cada vez que lo hacía Wolfgang detectaba una juventud jovial y casi inocente, el tipo de alegría ingenua de un niño, que no podía casar con las sombras que bailaban en sus ojos de mujer cuando creía que nadie la miraba— ¿Estás bien? Tienes mala cara, Wulf.

      —Bueno... Va firmada a tu nombre pero me siento como si hubiera accionado una guillotina.

      La reacción lógica de la dama fue reírse. Nunca había tenido ningún tapujo para hablar con Wolfgang, ni con sus socios o sus empleados. Anael era transparente, agua, cristal, incluso plástico, para lo bueno y para lo malo. Su relación con el secretario a veces jugaba a ser ociosa más que laboral.
      —¿Crees que tengo miedo?

      —Me preocupa más el hecho de que no lo tengas.

      De debajo de la axila sacó un taco de folios grapados a prisa y corriendo, de forma que la grapa más que engancharse había atropellado el papel, doblándose. A primera plana, bien grande, asomaba el logo de la empresa Feuer, rotulado con letras elegantes. Estiró la mano para tocarlo y pudo sentir que aún estaba caliente, Wolfgang lo había imprimido después de enviar la respuesta a la invitación. Anael miraba el informe, Wolfgang a su vez la miraba a ella, y solo uno de los dos respiraba. Anael no le miró de nuevo, pero regaló una sonrisa en silencio. Una muy distinta a la anterior, perfilada en las comisuras, mostrando los dientes, un gesto tan elegante como lupino.

      —Por esto te contraté, Wolfgang —golpeó la mesa con el informe sobre Feuer y sus tejemanejes —, siempre estás preparado.

      El peso del informe sobre la mesa desvió asuntos más pendientes. Sí, siempre podría despreocuparse y pensar que había tirado una oportunidad u ofendido a alguien, cualquiera de las dos opciones terminaba en que nadie visitaría su oficina. Pero cabía la posibilidad, por más pequeña que fuera, que quisieran algo de ella. Y si querían algo de ella Anael Lark tenía que estar preparada. Suspendió el ordenador para darle prioridad al papel, pasando una y otra vez las hojas, releyendo las notas de Wolfgang. Era el equivalente empresarial a conocer a tu adversario, analizar sus movimientos, intentar anticiparte. Cuando terminó de leer su historial, absolutamente absorta, no le sorprendió que se presentase en las oficinas. Literalmente lo sintió llegar, podía describirla sensación como visceral pero tampoco fue algo físico. Lo había sentido unos meses atrás, al lado de su madre, esa vibración de energía, solo un hilillo de la fuente que se escondía en lo más profundo de sus recuerdos. Magia, ángeles; a su oficina se había presentado un igual, y eso la perturbó. Gracias a Dios su despacho estaba insonorizado, o los gritos de su secretario habrían sido aún más perturbadores.

      Fuera, la escena era digna de un patio de colegio. Wolfgang no terminaba de creérselo, sinceramente, tampoco reconocía a la secretaria pero sobretodo le desagradaba aquel aire endiosado con el que se vestía, como si se la chupase a un Dios por servir a un Feuer. Aunque Wolfgang apostaría que la límpida historia personal que se conocía en la esfera pública sólo podía ser igual de grande que las perversidades que ocultaba con ella. Aquel rapapolvo germano le hizo sentirse más confuso que victorioso. Cuando estiró el cuello para buscar a Wolfgang con la mirada fue cuando Anael se percató de lo que acontecía a las puertas de su despacho. Cruzó la estancia con sus zapatitos planos, que no hacían ruido al caminar.

      —¿Qué está pasando…? — Como terminaba aquella frase era una obviedad que Aidan Feuer pasó por alto empezando con una presentación tan encantadora que la descolocó. No fue la presentación, ni su gesto amable, sino la energía que emanaba el moreno. Decir que no recordaba una fuerza tan rotunda era mentir, sin poder evitarlo una sensación añeja de familiaridad la envolvió. Fue tan violento que sintió una repulsa automática a dejarse llevar por aquellos misticismos del pasado. Ella no jugaba con esas reglas, ni a esos juegos. Estaba en la yerma y gris Nueva York, donde la única magia real se hacía con dólares. La duda duró lo suficiente para perderse el apretón de manos. —Señor Feuer, bienvenido. Pase, y disculpe a mi secretario. Tiene órdenes estrictas y un afilado sentido del deber.

      Lo hizo pasar al despacho, dejándole entrar primero pero sin perder tiempo para avanzar por sus dominios hacia su silla ejecutiva. Mentalmente se recordaba una y otra vez que estaba jugando en casa, tenía ventaja, no debía dejarse amilanar ni por las formas que Wolfgang había descrito en su informe ni por aquella sensación que todavía seguía dando coletazos por debajo de su piel. Se sentó con una dignidad que daría envidia a una reina, las piernas cruzadas y las manos en el reposabrazos, en actitud relajada.

      —Por supuesto, estaría encantada de revisar los puntos de su propuesta pero —inclinó la cabeza hacia un lado, en un gesto tan encantador como frío. La pura verdad era que no sabía cómo reaccionar a la amabilidad que ponían sobre su mesa. De hecho, una parte de sí misma empezaba a frustrarse, ¿dónde diablos estaba el hombre categórico y estricto que describía Wulf? Iba a matarlo cuando Feuer saliera por la puerta.—, me gustaría dejar claro antes que mi empresa no está dispuesta a desarrollar ningún tipo de proyecto que atente contra nuestra moralidad. No es sólo una cuestión de ética empresarial, también nos reportaría una publicidad nefasta. Si esa premisa encaja con su propuesta, me gustaría escuchar los detalles.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Jue 24 Ago - 3:02

Aidan dispuso a sentarse frente al escritorio de la mujer justo después que ella hizo lo mismo en su silla ejecutiva, dejando a su asistente muy estratégicamente fuera de aquella habitación. Cuando Anael comenzó a hablar, estaba escuchando lo que decía, pero no estaba prestándole atención totalmente, dentro de él había una presencia asomándose a la superficie analizando lo que sucedía consigo mismo, viendo cómo su esencia buscaba desesperadamente contacto con la del ángel frente a él, mientras otra parte de sí mismo se llenaba de rabia. En un momento justo antes de que ella terminara algo hizo clic en su cabeza al terminar de atar cabos, y aquella presencia que estaba como simple espectadora decidió salir al juego parcialmente.

Su presencia angelical que había dejado hasta cierto punto al descubierto para calmar a los dos que estaban fuera, fue reprimida en su totalidad, cortando los hilos que buscaban unirse, y se permitió a si mismo relajarse en la silla en la que se encontraba sentado, cruzando las piernas de una manera casual.

- Le aseguro que mi propuesta no será de su agrado, conociendo los altos estándares de valores que tiene su empresa, sin embargo, confío en que podamos encontrar un punto intermedio para ello – se inclinó para tomar su maletín, olvidado a su lado derecho, y lo colocó en sus piernas para sacar una carpeta de documentos de él.

- Nuestro problema actual, ya que no descarto que haya futuras discrepancias, se centra en el mercado automotor. Recientemente hemos hecho un acuerdo con una parte importante de las marcas que gobiernan el mercado para migrar el típico motor de combustión a uno eléctrico. Esto como tal no es una novedad, pero los que están actualmente en el mercado son ligeramente más costosos que los regulares, haciendo que la gente los tome más como una opción de consciencia que una necesidad. -Puso frente a ella en su escritorio, 4 hojas unidas por un clip: una entrevista a uno de los científicos de Green Lark’s Company hablando acerca de la tecnología que Feuer esperaba implementar a mediados de ese año-  nosotros, encontramos una manera de abaratar los costos sin perder calidad, y se las ofrecimos a aquellas empresas cuyos productos son más económicos que la mayoría, pero por diferentes motivos ajenos al grupo empresarial que represento, nos vemos imposibilitados actualmente de ofrecerlo a las marcas fabricantes de vehículos de gama media y baja con el precio real. -Aquel era un resumen, sabía que debía comenzar a colocar sobre la mesa lo que lo había llevado hasta ahí- Necesito que en primer lugar este artículo sea desmentido -vio que la mirada de la mujer se afiló, y aun sabiendo que la propuesta a continuación podía ganarse una patada de aquella habitación continuó- a cambio, sé bien cuál es la propuesta que tienen que ofrecer para apoyar su teoría, la cual es muy buena, pero todavía no llega a ser de tan bajo precio o calidad que la que tenemos nosotros ahora -puso en el escritorio ahora el informe completo de desarrollo de las piezas con todo y detalle haciendo obvio que se había filtrado la información por dinero- pero no puede salir su precio real hasta dentro de cinco a diez años, todo dependiendo de la receptividad de los inversores e involucrados.

En ese momento Aidan se permitió relajarse en la silla de nuevo mientras analizaba el rostro de la mujer, que, aunque parecía frío, podía percibir una ligera fluctuación que le decía que claramente la había ofendido. “¿Será acaso la propuesta final?, no, le molesta que le exija que le pida que desprestigie a su gente adrede al desmentir la entrevista.”

- Actualmente, mis socios están molestos con el artículo, piensan que yo he tenido que ver con ello, aunque su empresa es la que aparece detrás y no los culpo, más de una vez he utilizado la prensa a mi favor para ciertas cosas, y a menos que ustedes hubiesen tenido este prototipo totalmente funcional, me hubiesen quitado un dolor de cabeza porque tendrían algo que mostrar y ellos se darían cuenta que no se trata ni de la misma casa ni el mismo diseño, pero, no lo tienen, por lo que el trato que les propongo ganamos los dos a largo plazo, y es el mejor que he podido pensar luego de barajar varias opciones que o no me convienen a mí ni a mi empresa o a ésta, que apenas está arrancando y puede suponerle un golpe más duro cualquier problema.

Y dicho aquello, el velo encantador del hombre se desapareció, para dejar ver solo una máscara de frío análisis sobre la mujer, mientras intentaba mantener a raya un ligero dolor de cabeza que comenzó a fastidiarlo tan pronto estuvo dentro de las cuatro paredes de esa oficina.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér 30 Ago - 18:47

       Era consciente de que el gesto podía traicionarla, pero era incapaz de despegar los ojos de Aidan Feuer. Un hombre de su clase estaría acostumbrado a las miradas fijas, los hombres le mirarían de envidia o de odio, las damas lo colmarían de deseo con un aleteo de pestañas. Indudablemente, por supuesto, era un hombre atractivo, con aquel corte en ángulo acariciándole las mejillas de una forma que no parecía terminar de encajar en su rostro, si le preguntabas a Anael. Ella no buscaba admirar la belleza de sus rasgos, quería desentrañarlos. Había algo allí, en el hueco oscuro entre sus cejas, en el perfil gloriosamente perfilado de sus ojos que hablaba de cosas oscuras, tiempos turbulentos.  Intentó repasar mentalmente el perfil que había leído apenas una hora antes en el informe. Orgulloso, feroz, escaso de escrúpulos y ambicioso, así definían las palabras de Wulfgang al encantador caballero que ahora tenía delante, y lo único que Anael tenía por seguro es que estaba confusa.

        Las cosas empezaron a tomar forma cuando los cuatro folios, agarraditos los unos a los otros mediante un clip que brillaba como un cuchillo e igual de amenazador, aparecieron sobre la mesa. Estiró los dedos, rozando ligeramente el papel. Tenía una textura satinada, se notaba en las yemas de los dedos que no utilizaban el mismo papel reciclado que alimentaba todas las máquinas, escritorios  de su compañía. Cabe decir que el detalle no le gustó, pero lo desechó rápidamente para pasar a lo importante; el artículo. No recordaba haber solicitado expresamente un artículo sobre la tecnología de Feuer, pero si sabía que aquello era obra suya. Al fin y al cabo la idea había salido de entre sus rizos oscuros, cualquiera puede desprestigiar a un contrincante con palabras vacías, pero un estudio real, con cifras reales, convence a un puñado de personas. Las suficientes para empezar, para enganchar y potenciar la subida de la empresa, pero sobre todo para empezar a concienciar sobre la urgente necesidad de abandonar los sistemas nocivos con los que consumían el planeta. Apretó un par de dedos sobre el papel y lo arrastró por la superficie del escritorio hasta su persona. Se regaló minuto tras minuto mientras Aidan hablaba, utilizando la distracción física para disimular su inquietud y tener una excusa para no mirarle.

        —Señor Feuer… —comenzó, desterrando el artículo de nuevo a la mesa. Tenía una gran frase preparada, algo grandilocuente y digno característico de su persona como figura pública. Fuera lo que fuese que iba a decir, se congeló en sus labios al ver el segundo documento presentado por el caballero. Entrecerró los ojos y una minúscula arruga se acomodo entre sus cejas, ese tipo de expresión con los labios apretados que la hacía tremendamente similar a su madre. Alguien había sido tan imbécil como para dejarse seducir por el color verde o una cifra que se enredase en sus propios ceros. Alguien dentro de aquella empresa, su propia casa, los había traicionado y ahora le tiraban sus intimidades a la cara como si fuera una ramera en la puerta de un burdel. Si hubiera magia en aquel triste mundo todo el despacho estaría ardiendo. Respiró hondo, relajó los hombros y parpadeó un par de veces antes de esbozar una sonrisa.— Veo que le gusta jugar con las fichas blancas. —Se recostó hacia atrás, la silla no emitió ni un solo ruido. Se limitaba a rodearla con su sombra oscura, creando una aureola oscura de cuero sintético para enmarcar sus rizos oscuros.— Hablaré en plata y espero que no se ofenda, aunque estoy segura de que un hombre de sus características no se ofendería por una sencilla verdad.

        Anael perdió la sonrisa, así como Aidan se desprendía de aquella máscara encantadora revelándose como poco menos que un judas, que solo usaba las buenas formas para clavarte el cuchillo. La muchacha se convirtió en una presencia rotunda, que hacía ver por que y cómo había llegado tan lejos.

        —No pienso pedir que retiren o desmientan el artículo. Mi empresa y mi persona podrán ser tachadas por muchos defectos, pero mentir no está entre ellos. —Le lanzó el artículo de vuelta sobre la mesa, en un gesto tan cortés que enmascaraba a la perfección el desprecio del que estaba cargado. —Ni el espionaje tampoco. ¿De verdad creía que iba a amedrentarme con un par de sobornos, información robada y su cara bonita? —chistó chasqueando la lengua contra los dientes—, juega usted exactamente como le han enseñado a jugar, no puedo culparle por ello. Métase esto en la cabeza, y hágame el favor de compartirlo con sus más allegados compañeros de profesión. Soy un nuevo tipo de jugador, y sus tácticas anticuadas no me impresionan. No voy a hacer tratos con usted ni hoy, ni mañana. Así que haga el favor de recoger sus papeles y marcharse de mi despacho. Seguro que su secretaria conoce el camino de vuelta para guiarle hasta la salida.

        Estiró las piernas para levantarse, con cada paso que dio hacia la puerta rezumaba energía, entereza y una ira helada. Abrió la puerta con una mano, sosteniéndosela como si fuera una mujer.

        —Buena suerte, señor Feuer.

        En silencio, mientras esperaba, lo completó con un pensamiento; “Y váyase a tomar por culo.”



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 30 Ago - 20:02

A pesar del dolor de cabeza que a medida que pasaban los minutos sus labios picaban por sonreír mientras escuchaba cada palabra que parecía escoger la mujer mucho cuidado con cuidado.

Cuando la vio pararse para dirigirse a la puerta, anticipó sus movimientos y encerró aquella habitación con magia, por lo que el hecho de que ella abriendo la puerta no fue presenciado fuera de la oficina. Para los mortales, aún seguía cerrada, y no podrían entrar aunque quisieran. La sonrisa había finalmente escapado hacia sus labios mostrando una satisfacción y diversión discreta por las acciones de ella.

Se levanto y se dio media vuelta para encararla, dejando caer encima de él una ilusión mostrando la apariencia que tenía en antaño. Su piel se tornó ligeramente más blanquecina, su cabello mostró un largo que era más propio de una mujer, un poco más debajo de las caderas, mientras caía en su cara el flequillo de apariencia irregular, ocultando parcialmente la mirada ahora violácea que había pasado a ser una totalmente afilada, contrastando con la sonrisa que aún permanecía en su rostro. La magia refulgía a su alrededor de las plumas rojizas de sus alas ahora también visibles, y esta a su vez intentaba encadenarse fuera de él hacía la chica que tenía al frente, como buscando un vínculo que él deliberadamente ignoró.

- No se preocupe, nadie va a ver mi apariencia, a pesar de que tiene esa puerta abierta para los demás sigue cerrada -con un movimiento de su mano alejó la mano de la muchacha que sostenía la puerta y la cerró- pero antes de irme, tengo confensar, que fuera del plano empresarial, vine aquí por simple curiosidad de saber quién era la mujer que deliberadamente me lanzaba un desafío, y terminé con la noticia que mi contrincante es un ángel, y aún no sé si la noticia debería agradarme o contrariarme – vio que la muchacha iba a rebatirle algo pero la cortó – y debo acotar que no todos los días considero a alguien como mi igual y tú te has ganado ese privilegio, sin embargo, debo exteriorizar mi intriga, ¿acaso eres uno de esos ángeles que hablan las religiones del mundo humano?, de serlo, eres bastante joven, o en realidad son tan inmaculados como los describen, no noto malicia en ti y eso es toda una novedad -la sonrisa en el rostro del hombre era burlona, pero su voz remarcaba toda la seriedad con la que estaba diciendo aquello. El alma de aquella mujer lo estaba llamando, sin embargo, era como si hubiese despertado un sentido de pertenencia, que distaba de aquel sentimiento que se le profesaba a una pareja. Sentía la necesidad de protegerla, pero no sabía por que.

- Eres inexperta, estás metiéndote en un camino en el que no solo tu posición está comprometida, sino todos los que estén bajo tu mando y por consecuencia los que están bajo el mío, y si sigues caminando por ese camino no me detendré hasta destruirte -se acercó hasta ella y levantó la mano hasta su rostro en u reflejo para acariciar su mejilla, se sentía en la necesidad de tranquilizarla, pero se detuvo cuando estuvo a nada de tener contacto con su piel; sus manos tenían siglos manchándose de sangre, y no se sentía con derecho a tocar a alguien que obviamente no había llegado a hacerlo-. Te podría decir exactamente todo lo que pasará si rechazas mi propuesta, y la mitad será por obra de los humanos a los que no controlo antes que yo siquiera tenga poder de alzar un dedo, sin embargo, no me creerás, me tacharás de petulante, e ignorarás todo lo que te diga- bajó su mano, le dio la espalda y fue regresando de nuevo a su apariencia anterior dejando con la transformación aquel Aidan encantador que había entrado por la puerta – así que como lo veo tienes dos opciones, o aceptar o ver cómo te hundes, sólo te puedo prometer que en caso de que sea la segunda tu caída será rápida y los que están bajo tu mando no sufrirán las consecuencias, o por lo menos la mayoría se salvará. Si te resistes a tu caída será peor para ti, y a diferencia de lo que pareces ser tú, yo no soy un ángel benévolo, fui creado para ser un ejecutor y la mayoría del tiempo carezco de aquello llamado consciencia.

Su alma se reveló ante la implicación de la última frase, empeorando su dolor de cabeza. Recuerdos se agolparon uno encima de otro, sin poder distinguirlos, pero persistían unos gritos que lo llamaban con desesperación bajo un nombre que no era el suyo. Sintió un pinchazo de dolor en el pecho del lado izquierdo y por acto reflejo se llevó la mano allí, por debajo de su chaqueta, alarmándose por la humedad que sentía en su mano. Bajó su mirada para inspeccionar rápidamente la gravedad de la herida y frunció el ceño al percatarse que ésta se hallaba totalmente empapada de sangre, aunque aún podía taparla con la chaqueta del traje.

Sacó el pañuelo de su bolsillo para limpiarse la mano con dificultad para luego devolverlo a su lugar; se aseguró que su chaqueta estuviese bien puesta para regresar su atención hacia el frente. El incesante dolor en las sienes le impedía incluso el enfocar la vista, inclusive, le hizo perder el control total de la magia que rodeaba a la oficina, desapareciéndola, pero aun así hizo lo posible para disimular e intentar que el dolor no llegara a su voz cuando volvió a hablar- le tomaré la palabra y me iré, tiene mi propuesta en su escritorio, le pido que antes de tomar una decisión piense las implicaciones de esta. Ahora, si no le molesta debo hacer una llamada antes que mi asistente entre – consciente que en cualquier momento caería si no se sentaba, caminó con entereza al escritorio de la mujer para sentarse de nuevo para hacer la llamada, pero sentía que no podía siquiera sacar su teléfono del bolsillo, así que recurrió al único que sabía que podía escucharlo.

- ¡Damek! – llamó usando solo su pensamiento-

En otro lado de la ciudad, en una cafetería de ambientación japonesa, el dueño casi deja caer una orden que estaba llevando a una mesa cuando escuchó el grito que se podía comparar fácilmente con un gemido lastimero. Se dio prisa a entregar la orden, hizo señas para que sus empleados se encargaran del resto y se encerró bajo llave en su oficina.

Apenas estando dentro de esas 4 paredes cerró los ojos y se transportó parcialmente al lugar de donde provenía el llamado, haciéndose ver de forma traslúcida en medio de la oficina de la presidencia de Lark’s Green Company. Damek sintió un escalofrío al notar que alguien más lo miraba y se quedó de piedra al notar la naturaleza de la mujer, ya que los mortales no deberían si quiera sentirlo y menos verlo, pero espabiló al ver una mancha de sangre que rápidamente se hacía visible inclusive fuera de la chaqueta del traje del pelinegro frente a él.

Notó que la mujer también se dio cuenta de la mancha y caminaba para acercarse al pelinegro seguramente para ayudarlo, pero la voz de Damek se hizo presente en su cabeza.

- No lo hagas. No te acerques. A pesar de que estoy aquí no puedo protegerte si él se sale de control.

- Damek… -escuchó el susurro proveniente de Aidan, lo cual devolvió su atención hacia el pelinegro- dile a Mystral que venga hacia la torre, no puedo manejar y Laura no va a saber manejar mi carro por mí -suspiró levantando de nuevo la mirada sorprendiendo al castaño, los ojos de Aidan habían cambiado a tener la tonalidad grisácea dejando claro quién estaba al mando ahora, lo cual no sabía si era bueno o malo dada la compañía que tenían- creo que es obvio que le tienes que decir que me traiga un cambio de ropa

- Enseguida -asintió mirándolo, pero luego su atención de nuevo pasó a la muchacha que los acompañaba, y se llenó de dudas de dejar a aquellos dos allí, sabía que cuando la memoria de Aidan se trastornaba no era una muy grata compañía. Aidan pudo leer la duda en la cara del ángel y se adelantó antes de que le pudiera decir o hacer algo.

- Ve, pero rápido, no creo ser capaz de hacerle daño a mi familia.

Con esa afirmación la esencia de Damek desapareció dejándolos a los dos solos

- ¿A qué te refieres con que somos familia? -escuchó la pregunta cautelosa de parte de Anael, que se había mantenido al margen desde la aparición de Damek.

- Cuando un alma se fragmenta suceden dos cosas, o cada uno de los fragmentos sobreviven siempre anhelando lo que perdieron o se destruyen. Mi alma aprendió a vivir fragmentada durante casi dos milenios, pero un día una de las dos partes decidió que quería unirse con la otra de vuelta, sin tener en consideración lo que su contraparte deseaba. El volver a unirse tuvo un precio demasiado caro y a pesar de que una parte de esa alma está en paz, la otra no ha podido aplacar su furia contra mí, por lo que la unión está incompleta, y hasta que no se complete, sus recuerdos, su personalidad, e incluso el cuerpo no responderá totalmente a sus deseos, sean racionales o no.

- Eso no responde mi pregunta

El pelinegro sonrió enigmáticamente ante la terquedad de la muchacha – No, no la responde, pero te ayudará a responder algunas preguntas después, además, ¿no dice la biblia humana que todos somos hijos de un mismo padre?, por lo tanto, eres mi familia.

En ese momento sonó en la oficina el intercomunicador avisando la presencia del vicepresidente de las empresas Feuer en aquel lugar.

- ¿Podrías dejarlo pasar y prestarme tu lavabo si no es mucha molestia?, necesito cambiarme esta camisa si no quiero que Laura se alarme, es una vieja herida de guerra, así que lo que ves aquí es solo un preludio al desastre bajo mi chaqueta.

La muchacha asintió y por el intercomunicador dejó la orden que sólo el recién llegado pasara a paso apresurado, que sin presentarse ni cruzar palabra con la mujer -algo muy impropio de él- se acercó a Aidan y puso uno de sus brazos por encima de su hombro para ayudarlo a levantarse.

- Disculpe, ¿podría indicarme…?

Anael, bastante incómoda con la situación los condujo a una puerta a la izquierda de la oficina y ambos hombres se encerraron allí.

- ¿Qué mierdas haces en la superficie Allen? ¿acaso no terminas de aceptar que tu tiempo en este mundo terminó hace más de cinco siglos? – preguntó molesto el rubio luego de que el pelinegro con esfuerzo se quitara la chaqueta y la camisa, dejándole libre acceso a la herida abierta que tenía en su pecho para que el ángel la revisara.

- Como lo sospechaba, tu tampoco recuerdas nada ¿no es así? – preguntó después de un suspiro bajo la mirada ambarina de sospecha de su “médico” – no intento apoderarme de este cuerpo, es Aidan quien no quiere aceptar el fragmento de alma que represento, y la única clave de que esto acabe está allá afuera – en ese momento captó la atención de Mystral, que dejó de verlo con desconfianza- Me imagino que por el ajetreo no te diste cuenta, pero…

- Es un ángel, sí, lo acabo de sentir, ella estaba con la mujer que me preguntó por ti hace más de un mes si mi memoria no me falla, ¿es ella acaso parte de tu pasado? O, mejor dicho, ¿del pasado de Aidan? -se corrigió mientras devolvía su atención a su mano que transfería la energía necesaria para cerrar la herida que atravesaba limpiamente el eje vertical del tatuaje de una cruz siendo estrangulada por un dragón con las alas abiertas.

- Algo así, ella es una parte de él – soltó un suspiro de alivio cuando sintió al fin su herida siendo cerrada, eso de revivir el dolor de ser atravesado por la espada de Dover al sellarlo no era la sensación más placentera del mundo – sé que me odias pero el que él aún esté cuerdo es gracias a mi – vio la cara de escepticismo del rubio y se permitió el reírse por ella, ganándose una mirada cargada de más odio aún – Hace cinco siglos, en ese tiempo que no recuerdas siquiera como llegué de nuevo a ser parte de Aidan, les quité algo realmente importante y él está lleno de rabia por ello, tanta o más rabia de la que yo mismo tuve al convertirme en demonio, y el hecho que él no recuerde al respecto fue la única forma que encontré de tranquilizarlo temporalmente, pero la presencia de lo que la mujer que está afuera representa lo llama, y es solo cuestión de tiempo antes que esa anestesia desaparezca. -el pelinegro para intentar desaparecer el aire de tensión alzó una ceja y miró al rubio con burla- sé que te van los hombres ahora Mystral, pero yo no estoy muy interesado ¿podrías por favor darme la ropa que mande a buscar contigo? No pienso mantener el resto de esta conversación medio desnudo.

Sorprendentemente, el rubio se sonrojó y con movimientos torpes, sacó de su maletín una camisa negra, y se quitó el blazer para que el otro hombre se lo pusiera encima, mientras metía la ropa ensangrentada en una bolsa negra. Si hubiese sido Aidan con el que estuviese hablando no habría problema, pero todos ellos tenían cierto “respeto” por el que era su mentor de alguna forma.

- Ya, ya, era bromeando hombre – le restó importancia mientras que se acomodaba la camisa frente al espejo. Mystral no se había dado cuenta, pero estuvo todo el tiempo innecesariamente muy cerca de Allen cuando en aquel cuarto de baño podían estar hasta seis personas sin tocarse y aquel hecho lo hizo sonrojarse más si era posible, arrancándole una sonrisa mucho más amplía a su homólogo “algunas cosas nunca cambian”.

- Por un momento me temí la posibilidad que esa mujer no estuviese viva, pero se me olvidaba que es igual o más terca que mi hermano

- ¿Te refieres a…?

- Su nombre es Déteka, encuéntrala, intenta traerla hasta mi por voluntad propia. Yo no puedo forzar las cosas, de hecho cuando me dejes en el apartamento probablemente no despierte sino en una semana, estoy gastando todas mis fuerzas en mantener a Aidan a raya en estos momentos -se dio media vuelta para encarar a Mystral, esta vez con toda la seriedad que le fue posible y con órdenes claras que no le permitían espacios a dudas o a preguntas, como antaño- y por último, no permitas que Aidan vuelva a estar frente a un Lark que no sea Déteka, no estoy seguro si pueda controlarlo de nuevo si se da un encuentro similar a este.

- No creo que sea tan grave como lo dejas ver, quizás si dejas que Aidan deje tomar control de la situación.

- ¡Maldita sea Mystral! ¡tengo cinco siglos conteniendo a Aidan de caer y convertirse en un demonio! Por primera vez en tu puta vida has caso y no repliques una de mis órdenes -dijo con voz elevada, casi un grito, sin importarle si la muchacha fuera escuchaba sus maldiciones- no quiero mantener una discusión, salgamos de aquí, llévame al apartamento de Aidan, y déjame descansar lo suficiente para que pueda estar el verdadero dueño de este cuerpo en la superficie sin tener que yo controlarlo.

- ¿Vas a hacer que esta conversación también la olvide?

- Para él, tu sólo llegaste a esta empresa a traerle unos papeles que olvidó, ahora, salgamos antes que la señorita piense algo extraño de los dos

Allen se adelantó a Mystral y abrió la puerta para salir del cuarto de baño, sin embargo, escuchó perfectamente un último comentario a sus espaldas que lo hizo mostrar una fugaz mueca de amargura.

“Allen, ¿Qué fue lo que te pasó para que termináramos todos en esta situación?”
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 31 Ago - 1:30

      Anael se percató de su error más garrafal en el momento más inadecuado, Aidan no era humano. Creía que jugaba como los demás, pero no lo hacía. Estaba en la misma liga que ella, estaba una liga superior, el plano de criaturas inmortales capaces de obrar milagros. Muchas de sus pesquisas se quedaron en duda cuando sintió como un filón de magia atravesaba la habitación y el conjuro sobrepasaba sus defensas. Un chasquido, la sensación de un calambrazo en la mano y había perdido el control de la situación en su propio despacho. Era humillante, y al mismo tiempo, terrorífico. Dirigió una mirada a Wolfgang inconscientemente, un grito mudo de auxilio, pero no ocurrió nada, Wolfgang no la vio, la secretaria de Aidan tampoco, nadie podía traspasar con ninguno de sus sentidos la densidad del muro mágico que los separaba del resto. Ni siquiera ella.

      Mentalmente empezó a repasar todos los conceptos que sabía de la magia, pero eran parcos, escasos, no los necesitaba. Su cerebro había ido desechando lo que la falta de práctica o el desinterés descartaban de su memoria, Déteka no se había esforzado tampoco en inculcarle ciertas disciplinas que parecían aburrirla por su absoluta ineficacia en el mundo humano. Con aquel tipo de habilidades sus hijos sólo podrían doblegar voluntades, plegar la realidad a su gusto y eso sería injusto para el resto de seres que convivieran con ellos. Nunca había estado dispuesta a crear pequeños tiranos que sólo pudieran estar por debajo de su persona, y la triste verdad era que tampoco había sido nunca muy ducha en esos dones, ignoraba más de lo que sabía. Y así era ahora también Anael. Se dejó arrastrar por un acto reflejo de orgullo y tozudez, desplegó sus alas como no solía hacerlo. Tenían cierta forma redondeada en las puntas, recuerdos de su feminidad y su juventud, refulgían con un halo dorado y plumas iridiscentes, la hacían parecer el doble de su tamaño, pero nunca tan grande como el impresionante ángel que se desplegaba junto a su escritorio. En comparación se sentía ridícula. Podría haberse perdido en ese estado de confusa humillación si no fuera por la presencia de Aidan, de su pelo largo y el dolor de un recuerdo lejano, el pasado susurrándole al oído palabras que no podía entender. Le temblaban las manos, incapaz de comprender.

      “Os había juzgado como un contrincante a mi altura, caballero, pero veo que estáis muy debajo si tenéis que recurrir a esto.” Valor. Parecía ridículo dadas sus circunstancias, estaba tan confusa como nerviosa, un poco asustada también, pero ante todo, y como su madre, Anael era una mujer valiente, pero no pudo decir nada. Dio un paso atrás al sentirlo tan cerca, para darse de bruces con la puerta en las alas. Aleteó, furiosa, masticando una rabia tan densa como un chicle.

      — No te tengo miedo ni a ti ni a tus represalias. —Escupió las palabras tan cerca que su aliento flotó cerca de los altos pómulos de Aidan. Sintió por un segundo el roce de su pelo en una mano, era una melena suave, envidiable, un escalofrío se le instaló debajo de las costillas al sentir el tacto familiar, como toda aquella energía contra la que se chochaba. ¿La cegaban aquellos sentimientos contradictorios o era la propia contradicción en sí? Que se alejara y enmascarase aquella fachada preternatural consiguió que Anael perdiera parte de su tensión, pero algo se había quedado allí con ella, en sus entrañas, una sensación perdida a la que no conseguía ponerle nombre. “¿Creado?”, el detalle no pasó desapercibido.

      Algo empezó a fallar, ella se dio cuenta. Su seguridad y compostura se armaban tan rápido como desfallecía Aidan, por efecto de la magia o por sentirse menos amenazada. ¿El despliegue había sido demasiado para un cuerpo viejo y “creado” o era algo más, algo que se le escapaba? Las dudas se iban enganchando a su mente, una detrás de otra, formando un carril de cuestiones que ralentizaban su pensamiento y amenazaban con darle una buena jaqueca.  

      — ¿Damek? Se llevó una mano al pecho y tuvo que morderse la lengua para no gritar del susto cuando una figura etérea se presentó en su despacho. ¿Pero qué demonios estaba pasando? De pronto se había quedado en un segundo plano, una extraña en su propia casa, contemplando el devenir de unos acontecimientos en los que poco podía hacer. El sentido común decía que se preocupara de aquel extraño y amenazador Aidan que ahora parecía perecer en su silla. Sus sentidos afilados encontraron antes el olor cobrizo de la sangre que su color escarlata, normal por otra parte, no podía dejar de mirar a Damek. Algo en su cerebro hizo click, Anael se percató: ella conocía ese nombre. Frunció el ceño y se adelantó, incapaz de contener más sus dudas. — ¿A qué te refieres con que somos familia? —Por supuesto su respuesta fue tan ambigua como decepcionante. No entendió ni la mitad, y dudaba de querer saber qué demonios significaba en realidad, pero tenía una cosa clara. — Eso no responde mi pregunta.

      De nuevo, no tenía control alguno sobre los acontecimientos. Dejó pasar a desconocidos que resultaron no serlo, un rubio que ni siquiera se digno a dirigirse hacia su persona aunque ella si le reconoció. Le había visto antes, en un coche, a punto de atropellar a su madre por despistarse, y lo había llamado Mystral. Todos eran ángeles, era la primera vez que Anael veía a tantos juntos, y las conexiones empezaban a formar teorías conspiratorias. Incapaz de hacer otra cosa señaló la puerta de su baño privado, y tal como desaparecieron, sobre Anael cayó la soledad. Y como lo agradeció. Se lanzó hacia su escritorio, rebuscando por el primer cajón por encontrar una plumilla. Los nervios hicieron que la pasara por alto dos o tres veces antes de dar con ella y arrancarle el capuchón con la boca. La tinta salpicó, arañando el papel de la propuesta cuando escribió en un margen un puñado de palabras:

Aidan Feuer
Mystral
Damek
¿FAMILIA?


      Ni siquiera los vio marcharse, enfrascada en los trazos de su propia mano, y todas sus preguntas.



****


      Hacía días que su bonito ático se había convertido en una cárcel ahora que el silencio sólo podía llenarse de preguntas tensas y quebraderos de cabeza. Wolfgang hizo muchas preguntas y recibió muy pocas respuestas, casi todas frustrantes pero esclarecedoras. Anael le resumió en un tono parco y ausente lo que había pasado con la propuesta y que el final había sido el esperado; una mierda como un castillo. Nada más lejos de la realidad, el final de aquella maldita reunión no la había abandonado. Cuatro palabras, tres nombres, dos signos de interrogación. La perseguían allá donde fueran, eran el eco constante que serpenteaba detrás de sus pensamientos, soñaba con sus rostros y cada día que pasaba la ansiedad era más grande. Necesitaba respuestas, y sólo podía encontrarlas precisamente en donde no quería preguntar. Feuer estaba absolutamente descartado, los otros dos eran un misterio al que no quería enfrentarse sola. Claro que enfrentarse a Eidan era bastante complicado de por sí. Su número de teléfono era la primera plana en su teléfono móvil en aquel momento, a la derecha el botón en forma de teléfono que activaría su sentencia de muerte.

      —Debería contárselo, a lo mejor quiere ayudarme. O no debería… es un dramático de mierda. O me ayudará y todo será fueron felices y comieron perdices… pero que ostias digo, siempre ha sido un niño mimado, no tiene cojones… —La verborrea se detuvo expresamente para dejar paso a un croissant preñado de chocolate. Anael tuvo que contentarse con seguir pensando en su fuero interno mientras decidía que hacer, pedirle ayuda a su hermano o seguir sin él en aquella empresa. El destino decidió por ella, su teléfono empezó a vibrar, Eidan la estaba llamando. — ¡Joder!

      Estuvo a punto de atragantarse con el bollo, pero lo consiguió para responder con la voz un poco ronca.
      — ¿Sí?

      —… ¿y esa voz? ¿No es un poco temprano para estar durmiendo?

      —El escritor nocturno eres tú, majete. —En un acto puramente fraternal Anael se picó con su hermano pequeño, incapaz de morderse la lengua. —Yo necesito mi sueño reparador de ocho horas —Eidan comentó a medio voz algo sobre nueve o diez pero ella lo pasó por alto poniendo los ojos en blanco.— ¿Necesitabas algo?

      —Siempre al grano. —Eidan suspiró. —Pues sí, pensaba ir este fin de semana a casa. Ya sabes, a casa en el pueblo, a ver a tu madre, esa que no ves desde hace… —La pausa era meramente dramática porque ninguno de los dos sabía la cifra, pero en resumidas cuentas era mucho. Eidan solía ir a menudo al pueblo, le encantaba tragarse horas de carretera con olor a estiércol y campo, sin una sola antena decente de wifi, para ver a la madre de ambos. Anael, por otro lado, solía estar demasiado ocupada en la empresa o haciendo networking como para permitirse esas visitas. Que odiara el pueblo en el que se había criado, oficialmente, no tenía nada que ver. Extraoficialmente el cuento era distinto. Eidan solía llamar cuando Anael se pasaba de rosca y consideraba que tocaba tirarle de las orejas para que se comportara como una buena hija.—  Sólo eso.

      —Pues… — No había empezado a hablar y Eidan ya suspiró toda su resignación, la respuesta solía ser similar el 75% de las veces. — ¡Oye! ¡No había terminado de hablar!

      —Habla, entonces.

      —Bueno, esa es la cosa. Precisamente quería hablar de mamá. ¿Recuerdas aquel ángel, el tipo rubio que estuvo a punto de atropellarla? No preguntes cómo pero sé cómo se llama. Y donde trabaja.

      Un silencio sobrevino al otro lado de la línea. Anael entrecerró los ojos, intentando averiguar si era bueno o malo. Claro que ella ya sabía cómo iba a terminar la conversación mucho antes de empezarla.

      —¿Y? ¿Qué pretendes, que vayamos a su trabajo cogiditos de la mano como Hansel y Gretel a preguntarle de que conoce a nuestra madre? ¿¡Y si no te gusta lo que tiene que decirnos!? ¡Estás loca!  No, Anael, ni se te ocurra. —Eidan hablaba con calma, rotundo, como lo hacen las personas que creen que llevan la razón. — No tienes ni idea de lo que podría suponer para mamá, nos pidió expresamente que no hiciéramos preguntas.

      —¡Y eso fue egoísta por su parte!

      —]¿Y? —La respuesta de su hermana le alteró. —] ¡Tú estás siendo egoísta ahora! Anael, tu no la ves, tu no hablas con ella, no tienes ni la menor idea de lo frágil que…

      —¿Pero te estás oyendo? —Cuando Eidan se enfadaba Anael no sabía controlarse, porque él era el sensato de los dos.— ¡No es frágil! ¡Es una mujer tozuda que se niega a aceptar su pasado y se ha resignado a pudrirse en un pueblucho que está donde Cristo perdió las chanclas!

      Eidan iba a hablar, pero se calló. Tendría a hacer es cuando su hermana mayor le sacaba de quicio, que era más a menudo de lo que debería. No siempre eran así, solían ser mejores hermanos aunque no compartieran los puntos de vista, pero en aquel tema habían estado divididos desde que eran niños. Se habían mordido, tirado del pelo, insultado y humillado el uno al otro persiguiendo aquel hito idílico que denominaban “tener la razón”. Aferrarse a lo perdido, buscar el pasado, o dejarlo ir. Radicales y tozudos cada uno en su postura, era una mala combinación. La línea se cortó de pronto y Anael se descubrió unos minutos después llorando de impotencia ante ese pitido que dictaminaba el abandono de su hermano. Colgó y tiró el teléfono con rabia. Que Eiden hiciera lo que le viniera en gana, ella tenía un plan, y pensaba ejecutarlo con, o sin él.

      Cuando recibió la invitación a aquella fiesta por el motivo del estreno de un nuevo sistema híbrido lo descartó, como hacía con cualquier evento que no fuera absolutamente eco. Pero sabía que alguien iba a estar allí, alguien que ella necesitaba, representantes de la compañía Feuer. Se atavió con el vestido más atrevido que pudo encontrar en el armario, una de esas prendas con las que su madre nunca la habría dejado salir de casa. Se arrepintió al momento cuando, una vez consiguió embutirse en sus costuras, se percató de lo difícil que era respirar, andar, o hacer cualquier cosa que no fuera sonreír con ese vestido puesto. Dentro del taxi se miró, y nadie habría dicho que hacía menos de media hora estaba llorando como una magdalena porque su hermano era imbécil. Respiró hondo y le indicó la dirección al taxista. Su plan era sencillo; encontraría a Mystral y haría todo lo que fuera necesario para hallar respuestas. Cualquier cosa.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Jue 31 Ago - 6:02

Se encontraba en un salón ubicado en un piso intermedio de los estacionamientos de la torre Feuer que estaba especialmente diseñado para ser usado para los eventos de la empresa. Ya era la mano número veinte que estrechaba, pero no se sentía ni un ápice molesto de ello. Sabía que para eso tenía ostentaba el puesto en la compañía que representaba, eso y que tenía más cerebro del que muchas veces tendía a mostrar, y más experiencia que cualquier mortal en aquella sala.

Mystral llevaba un traje gris claro, con un chaleco del mismo color, una camisa de color azul casi blanco y una corbata violeta. El rubio cabello lo tenía peinado descuidadamente y llevaba unos anteojos cuadrados sin montura. Hasta los zapatos que, adoptada de la cultura norteamericana, generalmente eran deportivos, habían sido desplazados por unos zapatos de cuero marrones impecablemente limpios, siendo lo único que no encajaba en su cuadro de persona de negocios los tres aretes que tenía en su oreja izquierda. A su lado, ataviada con un vestido color negro de escote de palabra de honor, ajustado, pero sin llegar a ser vulgar, y que llegaba hasta las rodillas, se encontraba la asistente de la vicepresidencia, tomando del brazo al rubio, pero en un gesto más formal que íntimo, en un papel totalmente profesional y en la que era habitual verlos en ese tipo de eventos.

Estaba a punto de caminar para estrechar la mano número veintiuno de esa noche cuando sintió ese casi familiar cosquilleo en la piel, y sin ser demasiado obvio se inclinó para poder susurrar cerca de su asistente sin que fuera escuchado por el resto.

- Jenny, ¿invitaste a alguien de Green Lark’s Company a la gala del día de hoy?

- Si señor Vind, envié la invitación en el primer lote, pero no recibí una confirmación así que asumí que luego de la visita del señor Feuer no iban a venir hoy y no insistí -dijo la mujer sin sorprenderse por la pregunta de su jefe. Esa empresa y su artículo habían sido una piedra en el zapato y luego de que el presidente enfermara había sido casi un reto llevar a término el contrato con sus socios para poder seguir la presentación como estaba originalmente pautada.

De fondo la música interpretada por un cuarteto había comenzado a sonar, y un mesonero les ofreció unas copas de vino mientras el rubio distraídamente se enderezaba y dirigía su vista para la entrada del salón donde sabía la presencia se iba haciendo más fuerte, casi como si estuviese anunciando su visita. Esto lo hizo mostrar un amago de sonrisa “Ya veo por qué Aidan quiso conocerla personalmente”.

De la bandeja del camarero, tomó una copa y se la tendió a Jenny, para él mismo tomar dos y excusarse y caminar directo a la entrada del salón, donde ya se podía ver la silueta de una mujer ataviada en un vestido púrpura muy atrevido que estaba robando miradas, algunas bastante maliciosas o pervertidas que luego se transformaban en desprecio cuando reconocían el rostro de la causante que por poco su negocio se viera saboteado.

Al estar frente a ella se la tendió educadamente a la mujer, y con una sonrisa procedió a darle la bienvenida, frenando así las intenciones que vio de uno de sus socios de acercarse a destilar veneno sobre la mujer.

- Es una grata sorpresa que esté en nuestra gala el día de hoy señorita Lark. Creo que la última vez no pude presentarme correctamente. Mi nombre es Mystral Vind y soy el vicepresidente de las empresas Feuer, aunque a veces, como aquel día, soy el chico de los recados de Aidan. -Hizo una inclinación propia de tiempos más antiguos que aquellos arrancando risas mal disimuladas de los que espectaban al hombre- creo que hay personas que estarán encantados de saber que se encuentra aquí -dijo ofreciéndole su brazo guiñándole un ojo en la distancia a Jenny que estaba con una risa negando con su cabeza mientras le hacía un ademán con la mano de que se fuera.

El rubio soltó una ligera carcajada al ver las señas de su amante/asistente y regresó su atención a la muchacha que parecía ver aquel intercambio con genuino interés – Pues parece que mi secretaria me ha abandonado ¿sería mucho pedir que me acompañe?, me aburre estrechar manos y hablar de negocios sin compañía.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie 1 Sep - 14:18

       Su casa era un sitio pequeño y oscuro dónde sólo tenían cabida él y sus ideas. Austera en ornamentos, de sobriedad masculina y sobrecargada de estanterías con libros. Ni una sola habitación se libraba de tener su propia repisa donde apilar volúmenes. Eidan se quedó sentado en su escritorio, culpando con la mirada aquel aparato vintage de que Anael no le respondiera la llamada. Había tardado media hora y un par de puñetazos a la mesa en quitarse el cabreo de encima. Siempre era parco en palabras, aún más en expresiones, pero cobijado por las paredes de su hogar desbordaba su rabia al silencio. Sin darse cuenta estrangulaba el auricular, los crujidos del plástico eran como el tictac de una cuenta atrás. ¿Dónde estaba Anael? ¿Qué tipo de locura estaría incurriendo, sola, tozuda y cabreada? Se había equivocado, como otras tanta veces con su hermana, pero ya no había vuelta atrás. Se le aflojaron los dedos, terminó por abandonar el teléfono y alzar la barbilla, dirigir su atención a la página en blanco que le esperaba en la pantalla de un ordenador. Siguió escribiendo, pero cada pocas palabras le fustigaba como un flagelo la misma frase: tendría que haber ido con ella.

      
******

      Dentro del taxi el trayecto no fue amable, precisamente. La tela del vestido le constreñía las piernas de tal forma que no encontraba la postura para ponerlas. Cruzarlas era imposible, estirarlas mucho menos, habría terminado antes arrancándoselas pero les tenía bastante aprecio así que tampoco era una opción. En resumidas cuentas, fue una tortura, y lo más triste es que salir del taxi no lo hizo mejor. Se quedó de pie, ruedas arañando asfalto al salir el vehículo pitando detrás de ella. Una afluencia constante de gente le daba la acera un aspecto muy similar a la carretera, si las avenidas de Nueva York estuvieran repletas de Maserattis, BMW, Ferraris y todo el abanico de la gama alta. No había ni un solo alma mundana en aquella avenida, las mujeres arrastraban largos trajes de cócteles o lucían piel a través de vestidos con transparencias. Los caballeros, por otro lado, lucían toda una gama de trajes elegantes y absolutamente aburridos. Había dos clases de parejas fácilmente diferenciables, aquellas que se componían por un hombre adinerado con una bonita mujer florero colgando del brazo y sonriéndole a la escasa prensa que arañaba fotos en el exterior del evento, y la contrapuesta. Mujeres deslumbrantes, escasas también, pero con el suficiente prestigio para que sus acompañantes fuera detrás de ellas, pegaditos a sus sombras, y no arrastrándolas como un perro con una correa de diamantes. Tomar aire implicaba respirar lujo, no habían recortado en gastos. En comparación, la fiesta de presentación que había dado ella misma hacía poco más de un mes parecía una fiesta infantil. Anael tragó saliva, se estiró el traje y en vez de dejar que el peso de las circunstancias la aplastase, se vino arriba. Tenía un objetivo marcado+ e iba a cumplirlo.

      Con su atuendo no desentonaba entre aquella marea, así que la aprovecho a su favor. Se fundió con la gente en movimiento, aquellos que ignoraban las cámaras y las preguntas gritadas a viva voz, decantándose por entrar directamente en el recinto privado. No era demasiado alta, ni su rostro demasiado público, así que fue sencillo entrar sin llamar la atención. Aunque claro, esa era la parte fácil.

      En el interior de la sala, el aire tenía un sutil cosquilleo que chocó con su propia energía. Anael no necesitaba más para saber de inmediato que no era el único ángel presente en la sala. Se sonrió a sí misma y empezó a otear cabezas en busca de una rubia. Como le había dicho una vez su madre, era más fácil utilizar las entrañas que los ojos, y al dejarse llevar se dio cuenta de que era como tener una brújula interna que apuntaba directamente hacia Mystral, e único emisor de una energía idéntica a la suya. Recordaba un tiempo en el que no era tan fácil, de hecho, era imposible hacerlo así, demasiadas energías, demasiado poder concentrado en un mismo mundo como para que una infante sin conocimientos pudiera calibrarlo. Pero lo recordaba, recordaba la fuerza viva que había sido Etherial una vez. Estaba tan absorta en sus propósitos y la presencia de Mystral que no reparaba en las miradas envenenadas y envidiosas de unos y otros. Su aparente indiferencia solo conseguía que se acentuaran, dejándola a ella por encima de tales banalidades.

      —Oh. —Suspiró, con una sonrisa, al ver como el recibimiento venía precedido de alcohol. Bien, iba a necesitarlo. Tomó la copa con aire encantador, sonriéndole al rubio.— Gracias, caballero. Presentarme creo que sería una tontería pero el protocolo es el protocolo. —Se moría por probar el vino, se arrepentía de no haberse fumado un cigarrillo antes de subir al taxi, pero tenía que ser encantadora, no una digna competidora de Conan el Bárbaro.— Anael Lark, de Green Lark’s Company. Es un placer conocerle… oficialmente. — No tuvo reparos en alzar la mano libre para tomar el brazo que le ofrecían, internándose en la sala. La gente los miraba, pero ahora se vestían de una precaución decente. Tal vez Mystral estuviera por debajo del despótico y misterioso Aidan Feuer, pero tenía su propio nombre, y su propia reputación. Ahora sí, le dio un trago discreto al vino, casi sorbiendo para que el carmín no se le pegara al cristal de la copa.— ¿Sabe? Quería verle. He escuchado que es usted un hombre mucho más razonable que el señor Feuer, y como habrá notado mi primera y única experiencia con él no fue precisamente agradable. Debes tener una paciencia increíble para soportar sus ataques de orgullo… oh, perdón. —Subió la mano del antebrazo al bíceps de Mystral, pegándose sutilmente a su cuerpo en una caricia de primero de seducción.— ¿Te molesta que te tuteé? Toda esta pompa me da dolor de cabeza.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie 1 Sep - 16:30

Mystral sonrió con masculina satisfacción al notar la sutil pero notable intención de seducción de la mujer a su lado, sin embargo, su cautela, que muy a menudo dejaba de lado con los humanos, estaba presente en él con aquella mujer. Aún no tenía claro el vínculo que la unía a Aidan y no quería terminar sin su muy querido amiguito por equivocación cuando éste recuperara la memoria.

- No tengo ningún problema, puedes tutearme si así te sientes más cómoda, claro, espero que en cambio me permitas el mismo privilegio -con su mano libre se dispuso a quitarse los lentes para guardarlos en un bolsillo en la parte interna de su traje, aquel era un accesorio más que algo necesario. Generalmente los usaba cuando estaba frente a las computadoras ya que el brillo de las pantallas le “quemaban” la vista, o en momentos como esos en los que quería darle un poco más de seriedad a su atuendo, pero si iba a seguirle el juego a la mujer a su lado la seriedad estaba sobrevalorada.

- Y bueno, acerca de Aidan, él no es tan ogro como parece, hay momentos que es una persona bastante adorable -notó como la mujer alzaba una ceja incrédula y él se permitió reírse de su propio chiste- sólo que esos momentos suceden una vez cada eclipse solar -respiró hondo y su expresión se hizo un poco más seria al hablar a continuación- ya siendo un poco más serios, simplemente, cada uno de nosotros tiene un rol, creo que si yo hiciera la mitad de su trabajo también fuera como él, por eso trato de ayudarle en lo que mejor pueda -inclinó su rostro un poco para decirle algo al oído a Anael, como si estuviera contándole un secreto- además, tampoco es fácil soportarme a mi aunque no lo parezca.

- ¿Te importaría si vamos a la terraza?, necesito conversar acerca del día de la reunión con Aidan en tu compañía, y hay ciertos detalles que quisiera no terminaran en oídos curiosos.

En otro lado de la ciudad, un pelinegro con solo un pantalón de dormir se encontraba sentado en el borde de la cama, con su cabeza apoyada en ambas manos. Si sus cálculos no le fallaban había dormido por unos seis días y no recordaba el por qué había caído en ese estado de coma, pero sus sueños le habían traído memorias que no recordaba anteriormente, lo que lo hacía pensar, ¿Qué tanto había pasado en su vida que no recordaba?, todo lo que tenía en su cabeza estaba trastornado, siempre pensó que su único hermano era Dover, pero ahora que pensaba tenía un hueco en su memoria de la historia de cómo Dover murió, ¿podría estar relacionado con ese hermano que ahora descubría que tenía?

***


Aquel recuerdo se remontaba en un tiempo no definido. Era una habitación totalmente blanca donde lo único que se destacaba eran una especie de cápsulas conectadas al suelo y al techo de la habitación por tuberías que podrían ser confundidas por las venas humanas, con un movimiento rítmico de bombeo hacia las capsulas.

En el centro de estas, en posición fetal, dentro de algo que parecía ser líquido destacaban los cuerpos de varios niños con pequeñas alas blancas en su espalda, aparentemente dormidos, pero sin signos obvios de vida salvo algunas burbujas que se escapaban por su nariz de vez en cuando.

Una de las cápsulas resaltaba más que las demás, ya que estaba en ella un niño cuyas alas no eran blancas como el resto, sino carmesí, y de ellas salía una luz que parecía ser fuego que no se veía afectado por el líquido en el que estaban sumergidas. El largo cabello negro tocaba sus pies y conservaba una sonrisa en sus labios, como si estuviese disfrutando el sueño que tenía en aquel instante.

Frente al niño, conversaban dos personas

- ¿Cuándo despertará?
- ¿Hay alguna garantía que lo haga?, lo único diferente que tiene a los cuerpos sin alma que están a su alrededor es que sonríe
- Y sus alas, no olvides sus alas
- Sí, pero eso no garantiza que despierte
- ¿Y si utilizamos la sangre de algún demonio que capturamos esta semana?
- ¡No!, con el ángel de tierra sabes que no salió bien
- ¡Pero puede manejar voluntades!
- Sí, ¿a que costa?, si lo usamos en una guerra puede perder el control y convertirse en nuestro enemigo
- ¡Pero lo necesitamos! ¡Hemos invertido demasiadas almas en él!, y ninguno de los cuatro generales que tenemos tiene fuerza para liderar el ejército, necesitamos un líder
- ¿Y cómo sabes que este sí tendrá la capacidad de serlo?, hay que esperar que despierte por si mismo, si lo despertamos puede que termine igual que Raziel, que necesita comerse a sus semejantes para no perder su forma -hizo una pausa- no, no lo despertaremos, esperaremos que despierte.

El más viejo de los hombres, se quedó frente a la cápsula mientras veía con rabia como el otro se marchaba dejándolo ahí.
Aquel día su ejército había sufrido una emboscada por parte de los demonios, que aun desorganizados eran más en cantidad y más letales ante los ángeles, haciendo que tuvieran muchísimas bajas de su lado, y los otros cuatro ángeles estables no estaban en edad aún, ni su entrenamiento estaba terminado como para ir al campo de batalla. Estaba convencido que si no hacía nada iban a terminarse extinguiendo, así que se había anticipado a la negativa de su homólogo y llevo consigo varios cristales con las almas de los que habían caído aquel día.

Verificando que nadie estuviera alrededor, sacó los cristales de su bolsillo, diez para ser precisos y fue introduciéndolos en la cápsula, empujándolos directamente contra el “cristal”. Las almas fueron ascendiendo una a una hasta fundirse con el cuerpo del niño que mantenía su rostro sereno, hasta que entró la última alma a él, destacando sobre las demás al tener un color oscuro.

Cuando la última alma se fusionó el rostro del niño se desfiguró a una de horror y los ojos, de un color violeta, se dejaron ver un momento antes de que la cápsula se rompiera en pedazos por una onda de energía proveniente de dentro de la misma.
El hombre causante de aquel alboroto se levantó con dificultad, ya que la onda expansiva lo había mandado lejos, y pudo observar como varias cápsulas habían sido destrozadas por el despliegue de poder, así como los “productos” que se encontraban dentro de ellos. Con una sonrisa al sentir el poder que estaba fluyendo en la sala gateó con dificultad para ver su creación, pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que el niño con apariencia de unos 7 a 9 años humanos no estaba, y que, en su lugar, habían 3 recién nacidos de cabellos negros, unos trillizos exactamente iguales.


* * *


- Aun no entiendo por qué hiciste la estupidez de agregar un alma de un demonio al producto, ahora no sabemos cuál es el que lo tiene, y así será más difícil saber cuál es más propenso a traicionarnos.
- Es obvio que el niño que maneja el fuego es el demonio, es el único que cuestiona el por qué deben matarlos
- O quizás es el más puro de todos y el que tiene la moralidad más alta, no nos podemos dejar llevar por ese de subjetividades.

En ese momento entraban los tres ángeles que eran el sujeto de discusión entre aquellas dos personas, mientras el más joven de los dos se retiraba. Habían pasado algunos años humanos y dos de ellos mostraban en su cuerpo la madurez que tenían mentalmente, sin embargo, uno de ellos se había que quedado con una apariencia de no más de unos 5 o 6 años humanos.

A pesar de ser trillizos y haber salido de un mismo cuerpo, sus personalidades distaban de ser iguales y de armonizar entre si, y el color de ojos de los tres eran de tonalidades distintas.

El mayor, tenía los ojos de color gris, sus alas eran de un color blanco brillante, casi cegador por lo que casi siempre las tenía invisibles, su cabello siempre se mantenía corto, llegando a duras penas a su quijada. Lo llamaban “el ángel de la luz” ya que era este era su elemento. Podía manejar la luz a su antojo. Los otros decían que él había robado el carisma de sus hermanos, ya que era el que mejor se llevaba con sus homólogos.

El que le seguía en edad en apariencia tenía los ojos de un color azul cobalto, con el cabello largo atado en una coleta alta y con un flequillo recto a nivel de las cejas dándole un aspecto más femenino, cosa que era objeto de burla entre sus hermanos. El elemento de este ángel era el agua y sus alas lo reflejaban, teniendo un ligero color azul que el resto de los ángeles no tenían.

El más pequeño, era el que presentaba los mismos rasgos del pequeño niño que al principio dentro de la cápsula. Ojos violetas, cabello largo y negro con un flequillo irregular en el rostro y las alas color carmesí. Aún no había demostrado tener control sobre algún elemento, pero se presumía que dominaba el fuego.

- ¿Nos mandó a llamar? -preguntó el mayor de los tres, mirando de reojo como su hermano pequeño se estrujaba las manos con nerviosismo-

- Sí, creo que es hora de que tengan nombres propios -dijo el anciano- y que cada uno tenga un rol en el ejército.

- Nosotros ya tenemos nombres señor -respondió el pequeño entre balbuceos-

- ¿Ah sí? ¿y quién se los dio?

- Kristal señor, dice que es difícil dirigirse a nosotros si no tenemos nombre -interrumpió el mayor antes que su hermano pequeño cometiera alguna tontería, casi podía tocar las ganas de aquel anciano decrépito de torturar a su hermano pequeño.

- ¿Y que esperas para decirme cuáles son sus nombres?

- Allen, Do… -lo cortó el anciano de nuevo cuando iba a continuar diciendo los nombres de sus hermanos-

- No, no, deja que tus hermanos digan sus nombres -hizo una pausa- ¿Cuál es el tuyo? -preguntó dirigiéndose al ángel de agua

- Dover señor.

- ¿Y el tuyo pequeñín?

- Aidan -respondió en casi un susurro que no fue escuchado salvo por Allen que estaba a su lado

El anciano golpeó el piso con el bastón que tenía en su mano izquierda cerca de Aidan, haciendo que éste pegara un respingo.

- No te creamos para que se fueras un cobarde, si hablas, habla fuerte y claro para que te podamos oír. ¿Cuál es tu nombre?

- Aidan señor.

- Muy bien, muy bien, Kriss tiene muy buenos nombres, quería otros para ustedes, pero los que ya tienen no me disgustan.

Al escuchar aquello el nerviosismo del menor disminuyó un poco y se permitió a si mismo prestar un poco más de atención a lo que decía.

- Allen, luego de discutirlo por un tiempo, hemos decidido que tú seas el que lideres el ejército -el mayor asintió- y te encargues personalmente del entrenamiento de Aidan. Tu hermano tiene que aprender a combatir y ser tu mano derecha o volverá a la sala de creación.

- Señor, pero he entrenado con Dover y él puede cumplir ese papel y Aidan se puede quedar aquí con los ángeles no guerreros -Dover asintió dándole la razón a su gemelo, mientras Allen posaba las manos en los hombros del pequeño Aidan. Todos sabían lo que era volver a la sala de creación. Incinerarían sus cuerpos y sacarían el alma si quedaba alguna para introducirla en otro cuerpo- ni siquiera sabemos si Aidan sabe controlar algún elemento.

- Dover tendrá otra misión totalmente distinta, se infiltrará en el mundo humano. No voy a repetirme, o este inútil de alas rojas aprende a pelear o terminará quemado por el fuego que aparentemente no aprende a manejar. -El anciano dio media vuelta para irse de aquel lugar- tienes un año, no más.

El pequeño sintió una presión en sus hombros ocasionada por las manos que lo sostenían fuertemente, alzó la vista para ver que pasaba, y por primera vez vio a Allen con una mueca que parecía ser de odio dirigida hacia la persona que acababa de dejar la sala.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 5 Sep - 17:45

       Como toda respuesta Anael se deshizo en una deslumbrante sonrisa, sin grandes joyas que le hicieran sombra eran sus ojos y sus expresiones las que tomaban el protagonismo absoluto, y la muchacha era una maestra de la actuación. Había sido tan divertido como aterrador ver a Aidan interpretar aquel numerito en su despacho, pero con el café y la tranquilidad suficientes pudo darse cuenta de que incluso ahí tenía algo que aprender. Aidan había sido más listo que ella, al fin y al cabo.

       —Oh, por supuesto. Pero casi mejor que lo hicieras bajito, no puedo ni imaginar la cara que pondrían más de uno si nos escuchase.

       No era más que una excusa como cualquier otra para conseguir que Mystral se acercara, se relajara y terminara por ir bajando la guardia poco a poco. Como Hansel y Gretel, Anael iba dejando las miguitas por el camino, un roce, hablar a media voz, tactos sutiles o no tanto que consiguieran enredar al rubio en sus redes. Se percató en como Mystral se quitaba las gafas pequeñas y cuadradas que descansaban en el puente de su nariz. Hizo un esfuerzo por recordar aquel objeto en alguna foto o imagen de la compañía, pero a ciencia cierta era la primera vez que lo veía con gafas puestas. Se planteó como de necesarias le serían a Mystral. Una sola de sus cejas cobró vida propia, dibujando un arco oscuro sobre sus ojos azules cuando escuchó a Mystral describir a su jefe.

       —Espero que mis empleados me sean la mitad de fieles de lo que tú le eres al señor Feuer. —Mystral sabía cómo hacer reír a una mujer, o eso debía creer él, y Anael tenía cierto talento para fingir la risa. Le salían hoyuelos en las mejillas y si triaba un poco con los músculos siempre conseguía enmarcar los ojos con aquellas arruguitas que delataban a los malos actores—. Claro, vamos.

       Le sorprendió lo fácil que iba a ser conseguir un poco de intimidad con el señor Vind.  A aquella hora la terraza era un sitio idóneo para sus planes, era demasiado pronto para que las parejitas calenturientas o los más afectados por el vino buscaran el resguardo de la oscuridad y el frescor para aliviarse. Los presentes habían dejado de prestarles atención en algún punto, se deslizaban por la enorme sala de un lado a otro, perpetrando la charla vana o los negocios entre copas. De vez en cuando un par de ojos se quedaban enganchados en las curvas de Anael, que sabía caminar contoneando las caderas con la sutileza de una pantera. A la terraza se accedía por puertas dobles acristaladas, con el marco en forma de arco y que se cerraban sin hacer ni un solo ruido para mantener la temperatura del interior intacta. Hecho click las cerraduras, todo el sonido de la fiesta quedaba atrás. La capacidad insonorizadora del edificio era envidiable, encerraba con avaricia en sus entrañas cualquier nota de música, risa o conversación. Desde fuera, si observabas los cristales el tiempo suficiente, parecía estar viendo una televisión sin sonido. De haber tenido vuelo se le agitarían las faldas con la suave brisa, pero embutida en aquel vestido lo único que podía hacer era sentirla correr entre sus muslos desnudos y por el hueco de su espalda que quedaba expuesto.

       —He de admitir —comenzó ella, tomando la iniciativa —que es una criatura impresionante, y no me refiero a su físico o los ceros que tendrá acumulados en la cuenta bancaria. Entiendo más de lo que sentí en aquella reunión que de lo que pude ver. Y se reconocer el poder cuando lo tengo delante.  —Dejó ir el brazo del rubio para acercarse a la barandilla. No era una terraza en altura, de hecho sólo merecía ese nombre por su aspecto, apenas levantaba un metro y medio del suelo. Pero, al otro lado, la extensión verde de un jardín inundaba el campo de visión. Ese metro y medio era la altura de unas escaleras que descendían hacia él, deshaciéndose en caminos de piedra que se perdían entre una oportuna vegetación. Contempló el jardín, mirando por encima del hombro. ¿Tendría que llegar hasta uno de ellos para conseguir saber lo que quería saber? ¿Era mejor ser directa en aquel momento, ahora que lo tenía fuera de la fiesta, o debía hacerse la tonta y dejarse llevar por lo que Mystral quisiera? Una tras otra empezaban a asaltarle dudas que no le dejaban pensar.  Pensó que darle ventaja era más inteligente, analizar por donde quería empezar el rubio. Compuso su mejor aire de sensual inocencia. —¿De qué querías hablarme, Mystral?



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 6 Sep - 1:57

Mystral se debatía en transmitir directamente la orden que Allen le había dicho o intentar velar la orden bajo una restricción o algo por el estilo de ser necesario. Aquella muchacha, aun a pesar del encanto que parecía destilar, gritaba el hecho de que no se iba a tomar bien alguna amenaza o restricción, se notaba que, si era familia de Aidan, tenían en común la manía de siempre salirse con la suya.

Caminó hasta apoyarse en la baranda, pero contrario a Anael, le daba la espalda al jadin mientras usaba sus brazos para apoyarse en el barandal. El gesto en su rostro era serio, sólo delataba su debate mental una mala costumbre que era morderse el labio superior, y apenas se dio cuenta de que había recaído en el gesto lo dejó de lado. Decidió ser sincero, con restricciones.

- Precisamente de eso quería hablar, entiendo que todo el número en la oficina fue confuso, fue extraño inclusive para mí -hizo una pausa sopesando que iba a decir a continuación, debía explicar de alguna forma la historia detrás para no confundirla más - yo a igual que Aidan y si viste a Damek, somos creados, no tenemos padre ni madre. Nuestra lealtad entre nosotros es porque nos consideramos familia, aunque no hay nada aparte de momentos y recuerdos que nos unan -hizo la referencia obvia a lo que dijo con anterioridad acerca de la lealtad-. Nuestras almas son fusiones de pequeños fragmentos de ángeles y humanos y, en algunos casos demonios, que murieron y fueron insertados en cuerpos artificiales, contenedores que soportaran lo grande de esa fusión porque había un hecho que rezaba en nuestro mundo: “mientras más grande el alma, más poder albergará”.

- Aidan, o el cuerpo que albergó a Aidan al principio, fue el último de nosotros en ser creado, pero el alma era muy grande para el cuerpo que lo contenía por lo que, al despertar, en vez de aparecer un solo niño aparecieron tres recién nacidos.

En su cabeza comenzó a rememorar el caos de la explosión en la sala de creación. Los contenedores rotos, los cuerpos desmembrados en el suelo de ángeles que no habían despertado aún. El pánico de Kristal al ver que faltaban almas de ángeles y peor aún de uno de los demonios de más alto rango que hasta ese momento habíamos matado en su inventario. La asquerosa mueca de placer de Raziel al contemplar los cuerpos ya que para él era comida. La ira de Damek al saber que habían intentado hacer algo similar a lo que hicieron para crearlo a él, y de si mismo, la curiosidad de que deparaban esos tres recién nacidos que estaban llorando en el suelo de aquel desastre.

- Para hacer el cuento corto, uno de los tres gemelos, el que tenía más poder que todos nosotros juntos, se volvió demonio y su hermano lo contuvo atravesándolo en el pecho con una espada que contenía su alma como sello. Hace algún tiempo, bajo circunstancias que no tengo claras aún, éste demonio se liberó del sello, pero en algún punto perdió su cuerpo y decidió unirse de nuevo con Aidan. -Mystral dejó de ver hacia dentro del salón mientras relataba para prestarle su atención a la mujer a su lado- esa herida que viste en el pecho de Aidan, es exactamente la que su gemelo se hizo al ser sellado, y aparece solamente cuando las dos almas están en conflicto. Lo extraño que sucedió en tu oficina es que, por primera vez desde que sé esto, el alma de su gemelo estaba presente, por lo que Aidan, uno, o no recuerda nada de lo sucedido, o dos, su memoria se vio alterada por el alma que lo acompaña, lo cual al parecer no es la primera vez, pero no lo sabremos hasta que él despierte, ya que desde esa reunión está en una especie de coma.

El rubio se tomó una pausa, esperando que la mujer a su lado digiriera la información, mientras pensaba de nuevo como plantear la petición que tenía en su cabeza. Allen había sido claro, no debía dejar que ningún Lark a excepción de aquella mujer de cabellos rosados se acercara a Aidan porque si no caería igual que su gemelo hace tanto tiempo, desde aquella conversación se preguntaba a si mismo si el hecho de que estuviera el Allen presente era el factor que aceleraba el proceso.

Un suspiro escapó de sus labios mientras se volteaba para ver el jardín bajo la terraza, apoyó los codos en la baranda del mismo y se pasó las manos por el rostro en un gesto cansado. Pensó en la posibilidad de decirle que evitara acercarse a Aidan, pero no parecía necesario. Pensó preguntarle directamente por esa mujer, Déteka, pero si hacía una pregunta frontal acerca de ella lo más seguro es que Anael se cerrara en banda y generara más dudas que no debía responder.

Recordó entonces que aquella mujer, aquella vez, estaba siendo acompañada por Anael, y pronunció su nombre como si lo conociera, entonces si preguntaba casualmente por ella no iba a sonar tan extraño, después de todo se conocían ¿no?, aunque él no tuviera ni la más mínima memoria acerca de ella, así como no tenía memoria de los dos hijos que se suponía que tenía según Damek.

- Pero cambiemos por algún tema más agradable porque como dicen por ahí “hierba mala nunca muere” y esa es la mejor descripción de Aidan -compuso una sonrisa que era más un gesto amable que un gesto sincero- Recuerdo que hace un tiempo casi atropello a una mujer y tú estabas con ella, ¿Déteka no? ¿son familia? – Caminó hacia el inicio de las escaleras que bajaban al jardín y extendió su mano en una invitación a la Anael- ¿bajamos?
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 14 Sep - 18:58

        En el mundo existían muchos tipos de seducción. Podías seducir a una persona con una idea o un pensamiento para que hicieran lo que querías, en ese sentido la seducción era una parte fundamental de la manipulación. Por supuesto estaban los aspectos más básicos, arrastrar a un hombre a lo más bajo de sus sentidos los hacía bajar la guardia, los ponía en desventaja. Era precisamente lo que Anael buscaba, pero todavía no le había dado tiempo de salir de las sutilezas y Mystral cantaba como un pajarito. Lo observaba en la misma posición, con la barra fría de la barandilla clavándose en su cuerpo menudo. Podía sentir el frío metal a través de la tela, demasiado fina, y el olor fragante de las plantas y la tierra fértil que campaba por el aire. Había toda una serie de estímulos a su alrededor pero su mente los descartaba, a puñados, sin piedad, en pos de atender con todos sus sentidos al rubio y lo que desvelaba.

        Creados. Sólo la palabra ponía los pelos de punta. ¿Creados? Tuvo que contener el impulso de mirarle de arriba abajo, desde el primero de sus rubísimos cabellos hasta la última uña de los pies, cuestionando su cordura. Criaturas poderosas, con magia en las entrañas, eternas, no se podían crear ángeles, eso era lo que ella sabía, lo que había visto con sus propios ojos. Recordaba, aún entonces, los esfuerzos titánicos de su madre por salir adelante, justo al principio, cuando cargaba en sus entrañas un bebé. Recordaba, perfectamente, poner la mano sobre aquel globo rígido y plagado de estrías que era la barriga de su madre, cerrar los ojos y sentir. Bajo la piel, y el tejido, pataleaba Eidan. No con energía, con firmeza, sereno, y si se quedaba muy calladita sus sentidos preterhumano traían al silencio los latidos de su diminuto corazón. Pocas veces se había sentido tan unida a su madre como en aquellos días, cuando sólo eran dos y tenían que sobrevivir. Los ángeles no se creaban, los ángeles nacían, cualquier otra cosa era, para Anael, una inconcebible. Y, a pesar de todo, su rostro no la traicionaba.

        —¿Para qué querría alguien crear un ángel? —Parecía la pregunta más obvia—. O dos, o tres, o, seis. —El número le dio escalofrío, seis criaturas artificiales, seis homúnculos, y su madre estaba relacionada con ellos. La perspectiva lógica hizo que se le secara la boca, que masticaba una idea amarga y horrible. Y si… Se abrazó a sí misma, como intentando protegerse de sus propias conjeturas. Tenía la cintura estrecha y estrangulada por el vestido, podía abarcarse entre sus propios brazos, sus pechos se le juntaban en el pronunciado escote, y aún así no podía apartar el frío que sentía. Nacía de su interior, y ese no había forma de evitarlo. El silencio de Mystral le daba intimidad con sus pensamientos, y no quería seguir explorando las posibilidades que se presentaban ante ella.

        “¿Por qué me cuentas todo esto?” la pregunta la rondaba, se acurrucaba bajo la lengua esperando a ser dictada, pero Anael no podía hablar. Estaba confusa, abstraída, necesitaba pensar y un lugar oscuro y familiar donde digerir todas las preguntas que aquel discurso había sembrado. Miraba a Mystral, pero pensaba en su madre. ¿Cuándo tendría una oportunidad de conseguir respuestas? Déteka no hablaría, había preguntado a esos ojos tristes demasiadas veces, cuando su relación no estaba truncada por la distancia. Traer al presente las historias de otros tiempos le rompía el corazón, así que siempre callaba, con los ojos azules muy lejos, mirando al pasado en vez de a las preguntas de su hija. Para bien o para mal Mystral seguía siendo su mejor opción.

        —¿Déteka? —repitió. Podría haberse fingido abstraída, pero la verdad era que no estaba prestando atención hasta que el nombre de su madre cruzó por la boca del rubio. ¡Bingo! ¡Lo sabía! Ahí estaba la evidencia, se conocían, Mystral se lo estaba confirmando. Un súbito filón de excitación le recorrió las venas, ahuyentando el frío y las dudas. Actuando como yesca, prendió su determinación—. Sí, la conozco, nos diste un buen susto.

        Observó la mano de Mystral y dibujó una sonrisa para enmascarar los nervios. Tomó la decisión al dar el paso, bajando las escaleras con un sutil balanceo de las caderas. Sobre sus rodillas, tenso como la piel, el dobladillo de la falda se resistía a quedarse en su sitio, trepaba por sus muslos descubriéndole la piel de los muslos a cada paso. Estiró el brazo, sin dubitaciones, y tomó su mano de una forma más íntima y femenina que su primer acercamiento. Estaba dispuesta a poner toda la carne en el asador.  

        Abajo, la luz se atenuaba. Las cristaleras de la sala de fiestas luchaban contra la oscuridad, conseguían derrotarla en las explanadas de césped, pero retrocedía allá donde se levantaban los árboles decorativos del jardín. No había un solo alma, no más ruidos que los de la naturaleza alrededor de ambos. Juguetonas, las luciérnagas pululaban, ocupando la soledad de los jardines para crear la atmosfera adecuada. Si eran casualidad o habían sido deliberadamente colocadas allí para la noche, nunca lo sabría. Tiró de Mystral, adelantándose ligeramente a sus pasos aunque no tenía ni idea de por donde los llevaba el camino. Sólo había césped, olor fresco, vibrante, y el amparo de las sombras.

        —Es una mujer fascinante, Déteka. Demasiado terca para mi gusto, no te voy a mentir, pero fascinante. A diferencia de tú y yo está un poco… obsoleta. —Acompañó las palabras con una sonrisa coqueta, un ligero tirón hacia la zona de los árboles—. ¿Dónde la conociste? Se quedó un poco melancólica después de aquello.  ¿Tuvisteis una historia? —Aunque lejana, todavía podía escucharse la música de la fiesta. Anael alzó la mirada, inclinando ligeramente la cabeza para escuchar los acordes de un vals—. ¡Dios, quiero bailar! Ya que me has sacado de la fiesta, podrías concederme ese placer.—Dibujó un mohín con los labios, ese tipo de gesto que acentuaba su jovial belleza y una inocencia que, en realidad, nunca había poseído—. Estoy segura de que sabes cómo complacer mis deseos.

        De nuevo, tiró de él sin darle espacio a réplica. Se agarró a sus hombros, alzando los brazos y pegando el cuerpo al de Mystral. Era alto, bailar con tacones le facilitaba quedar a una altura adecuada. Sus senos se apretaban contra el pecho de Mystral, el vientre le rozaba con la hebilla de su cinturón cada vez que se balanceaba. Sus rostros estaban muy cerca, podía sentir su respiración en la mejilla. Le miró, sin pudor, rozando por que los tacones, tan necesarios, no le jugaran una mala pasada. Estaba bailando un jodido vals, que odiaba, por cierto, con unos jodidos tacones en jodido césped. Caerse ella, o ambos, no sería nada seductor.[/color]



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie 15 Sep - 3:04

Se movía con soltura por el apartamento, no era la primera vez que estaba allí ya que de vez en cuando era él mismo, por solicitud del ángel de fuego, el que terminaba contratando el personal de limpieza y cocina.

Estaba haciendo la cena cuando sintió una ligera fluctuación en la presencia que se encontraba hasta hace un momento dormida en el segundo piso, indicándole que ya no estaba así. Al no sentir una amenaza mayor o la presencia de Allen flotando en el ambiente, se relajó y terminó las panquecas que hacía, para servirlas en un plato que dejó en la isla de la cocina.

Se disponía a subir las escaleras que daban al segundo piso del departamento cuando vio a una figura terminarse de abrochar los botones de las mangas de su camisa. Aquello lo confundió, sabía que había una gala en la empresa, pero no se esperaba que luego de estar por una semana en coma lo primero que se le ocurriría a su homólogo era vestirse para ir para allá. ¿Debería sentirse aliviado o deberían sus alarmas estar en alerta por ello?, honestamente no lo sabía, hace un tiempo había perdido su capacidad de predicción cuando se trataba del pelinegro.

- Aidan, ¿estás seguro de que te encuentras lo suficientemente bien para ir a la gala de hoy? -vio al hombre mencionado arquear una ceja ante su comentario- Mystral se está encargando de todo no deberías preocuparte por ello, puedes ir mañana a la empresa si así lo deseas.

- Precisamente porque Mystral está ahí es que me preocupo Damek, ¿sabes cuantas veces en el último año he recibido quejas de acoso a las empleadas? -en sus hombros reposaba el chaleco del traje negro el cual, al terminar con las mangas, se lo quitó para calzárselo y acomodárselo quedando con la apariencia de alguien que distaba mucho de haber estado dormido y a punto de morir hace una semana.

Un detalle no pasó desapercibido por Damek, una alianza reposaba en el dedo anular de Aidan, alianza que no recordaba haber sido vista con anterioridad por él, sin embargo, lo dejó pasar. El hombre parecía estar de buen talante y no iba a ser él quien arruinara aquel humor.

El olor a comida golpeó con fuerza el estómago de Aidan, recordándole lo cierto que había estado de no estar en ese plano, por lo que sonrió a ver el plato de comida en la única “mesa” que usaba de aquel lugar.

- Gracias por la comida cariño, huele exquisito – mencionó para sentarse y devorar el plato con modales que no había visto en él. Luego estaba el apelativo “cariño” que tampoco lo había escuchado con anterioridad, o por lo menos no dirigidas a él. “Muchas cosas extrañas en diez minutos”. Lo primero que había analizado eran los ojos del morocho. No estaban grises, sino el común azul desde que se despertó hace más de cinco siglos por lo que Allen no estaba presente.

- ¿Necesitas que te lleve?

- No, puedo arreglármelas solo, tranquilo Damek.

Damek se quedó mirando la espalda de Aidan mientras comía. Soltó un suspiro y tomando las llaves de su propio vehículo de la encimera donde las dejó se dispuso a irse. Ya había abierto la puerta cuando un llamado con su nombre lo detuvo.

- Gracias.

Esa simple palabra lo descolocó, pero dibujó en él una sonrisa. Sabía que no tenía que contestar, ya sabían que el otro lo hacía porque era algo que sabía que él haría si estuviera en su lugar.

“Después de todo no creo que el cambio que al parecer hubo no sea tan malo”

***

Mientras tanto, Mystral estaba intentando por todos los medios de pensar en otra cosa que no fuera el cuerpo sugestivamente pegado a él. No tuvo de otra que cumplir con el deseo de la dama, como lo había intuido antes, la mujer no aceptaba un “no” o una negativa, hacía lo que quería y ya; quería dejarse llevar internarse más en el pequeño jardín en el que sabía que nadie los interrumpiría -y si sucedía para eso tenía la magia-, pero sabía bien que no era ni el momento, ni el lugar, habían dudas que quería aclarar, y algo le decía que no debía hacerlo en el modo tradicional de “acostarse con la mujer para sacarle información”.

Se concentró en las preguntas que le había hecho antes.

- ¿Para qué alguien querría crear un ángel? Simple, la naturaleza de un ángel no es asesinar sin un propósito loable, eso es algo muy humano o demoníaco, o de otras especies con libre albedrío. Los ángeles tienen la moralidad muy alta, y no se permitirían ni siquiera matar a un demonio por el simple hecho de haber nacido con esa condición. Se requería que fuésemos ángeles sin remordimientos, sin consciencia, simples asesinos –se permitió un momento de lucidez y decidió no seguir con aquel juego, se separó lo suficiente de Anael para verla a los ojos y acunó con una de sus manos la mejilla de la mujer- ¿quién eres? ¿por qué intentas seducirme?, podría estar toda la noche aquí y seguirte el juego en el que tengo bastante práctica, pero por consideración no he hecho y he sido sincero contigo en cambio. ¿Qué información quieres obtener de mi Anael Lark?

Se había cansado de que le intentaran ver la cara de tonto, había intentado apartar de su mente la idea de que estaba siendo engañado, pero tantos siglos en el oficio no eran en vano. Había estado con mujeres que lo habían intentado engatusar más de una vez para obtener información de sus aliados y ella estaba haciendo exactamente lo mismo. En un principio quiso seguirle el juego y explicarle sin revelar más información de la necesaria el incidente en la oficina, cosa que la había confundido en un principio por lo que pudo percibir, pero sólo el mencionar a aquella mujer, Déteka, la muchacha volvió a si misma y comenzó con su juego nuevamente.

De pronto sintió una presencia aplastarlo, ahogarlo con su magia, y escuchó la voz que resonaba en su cabeza con sorpresa “quita tus manos de Anael Lark y vuelve al salón ahora”, y con eso, así como apareció la presión, se fue, dejándolo aturdido. Vio a la mujer frente a él buscando algún signo de que ella hubiese sentido aquello, pero parecía verlo con interés por su reacción y no precisamente porque haya sentido lo mismo que él.

Intentó buscar una presencia en los alrededores, pero aparte de la suya propia y la de Anael no había nada. Con los sentidos alerta se separó de Anael y salió de aquel pequeño bosque encontrando su mirada de frente con la de Aidan, y por primera vez en mucho tiempo, sintió más que respeto, temor al hombre que había suprimido totalmente su presencia y que lo veía desde la terraza del piso superior con una sonrisa ladeada.

***

Luego de cenar había tomado las llaves de su carro y había conducido por las atestadas calles de Nueva york sin prisa. Se sentía diferente, la sensación de tener su alma unida era única, después de mucho tiempo se sentía en paz, y con eso también había una cantidad de magia fluyendo por su cuerpo que era nueva, se sentía casi desbordado por ella, por lo que desde que se dio cuenta de su condición estaba intentando aprender a contenerla, a desaparecerla, y debió dar resultado porque Damek no se dio cuenta del cambio.

Aparcó el vehículo y subió hasta el salón de eventos. Todos parecían sorprendidos de verlo, algo debió de haber inventado Mystral para justificar su ausencia. No le dio demasiada importancia y solo se limitó a saludar a las personas necesarias, evitando con maestría la presencia femenina que se empeñaba de hacerle compañía.

Escuchaba susurros acerca de esto, palabras despectivas que hacían referencia a una tendencia sexual diferente a la que él sabía que tenía. Tomó una copa de vino servida por un maître y casi se ahogó de la risa al escuchar un murmullo que destacó por encima de los demás “¡Que lástima! Tan apuesto y seguro que le gusta que le den por detrás”.  Dio media vuelta para encarar a la mujer ataviada con un vestido negro que se sonrojó al notar que había sido escuchada.

- Creo que mi preferencia sexual no le atañe a nadie en esta sala, y si quisiera acostarme con alguien créame que buscaría a alguien que esté más ocupada en darme placer que averiguar si me gusta por detrás. Ese tipo de curiosidad sólo denota una falta de creatividad para otras cosas. – la mujer, pasó de estar apenada a estar roja de la furia, al notar que varias personas se reían de ella-

Aidan sólo dibujó una discreta sonrisa ladeada y siguió caminando hacia donde sabía que estaba su amigo, con la única mujer que en esos momentos se merecía su atención. Sin embargo, al caminar hacia la terraza y no ver a nadie allí su ceño fue frunciéndose. Si aquellos dos estaban en el jardín no era para nada bueno y la sola idea le hizo hervir la sangre de furia.

Haciendo acopio de las memorias recién adquiridas acerca de la magia, reveló su presencia selectivamente, con toda la intención de amenazar a su objetivo, y le comunicó la orden telepáticamente. Si no obedecía, Mystral iba a tener que preocuparse por no seguir dejando descendencia, eso y de no morirse desangrado, pero eso era lo de menos.

Ya fuera en la terraza, apoyándose en los pasamanos de metal, intentando parecer casual, vio como Mystral con algo parecido a temor salía del jardín, y detrás de él, aparentemente molesta lo seguía Anael. Esa expresión en ella mejoró su humor, por que decidió unirse a ellos. Bajó al jardín y se detuvo frente a los dos, satisfecho de que su travesura hubiese sido interrumpida por él.

- Mystral, veo que estás en excelente compañía, pero nuestros socios te esperan en la sala -le dijo diciendo verdades a medias, nadie lo esperaba a él allí, así que pasaría desapercibido, pero el centro de las relaciones públicas en la empresa estaba en mano de Mystral, por lo que no iba a pasar mucho tiempo antes de ser solicitado-.

- Aidan pero por qué estás aquí, deberías estar descansando.

Aidan solo enarcó una ceja – Así como lo dices pareciera que hubiese interrumpido algo y tranquilo amigo, yo también estoy contento de verte- esta vez dedicó su atención a la mujer a su lado, tomó su mano para inclinarse y depositar un beso en el dorso, a manera de saludo- un placer verla nuevamente, me disculpo totalmente por el incidente la última vez, créame cuando le digo que no estaba en mis planes casi desangrarme en la oficina de la gerencia de la competencia.

El rubio se mostró sorprendido, él sabía lo que Allen había dicho, lo recordaba muy bien y por poco abrió su boca para preguntarle, pero lo cortó – Mystral, vuelve a la reunión por favor – dijo lo último por guardar las apariencias, ambos sabían que era una orden- yo acompañaré a la señorita Lark, claro, si a ella no le desagrada mi compañía.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Sáb 16 Sep - 1:00

       Mystral emitía una calidez cómoda. Si se lo planteaba, tampoco tenía nada malo acostarse con semejante hombre por un poco de información. Alto, guapo, atento, tendencias mujeriegas, sobrenatural, inhumano, guardador de secretos… A medida que los adjetivos proseguían su desfile entre los pensamientos de Anael más amarga se le hacía la idea. No dudaba de sus dotes amatorias, tenía cierta fama de suelto y decían cosas obscenas sobre ciertas habilidades con la lengua que poseía el rubio, pero era incapaz de borrar de su mente el hecho de que no era como ella. No era humano, ni un ángel, bueno, debía ser un ángel pero alguien lo había construido. Sin amor, sin familia, sólo un montón de ingredientes agitados en una coctelera científica, removidos hasta que salió eso. ¿Qué ingredientes necesitaría alguien para crear a una mujer? Por más que le diera vueltas era incapaz de imaginar a su madre pequeña e infantil, envuelta en viscosidad verde, flotando en su propia artificialidad. Le aterró pensar que, si era verdad, el tamaño de las mentiras que se había tragado desde pequeña era inconmensurables. No habría ducados, ni castillos, amores de la juventud o batallas libradas en pos del bien. No quería pensar en ello, pero irremediablemente la disturbaba.

       —Yo mataría un demonio. —Lo escupió con el orgullo y la fanfarria que sólo poseen los jóvenes. Por su boca vestida de carmín hablaban la inexperiencia, el orgullo y las ganas de comerse el mundo de los que todavía no se habían visto devorados por él, Anael Lark no había visto un demonio en su vida, y estaba muy lejos de imaginar de forma fidedigna hasta donde alcanzaban sus maldades.

       Se detuvo en cuanto Mystral empezó a tomar distancia, deshaciendo sus burdos intentos de seducción. La tarea de seducir a un seductor le venía grande desde el principio, pero aún no se había percatado. Mientras Mystral hablaba sólo pudo parpadear, tardó un segundo en digerirlo todo. Cuando el rubio le brindó esa caricia, casi condescendiente, Anael se retiró un paso, violentamente, una bofetada habría sido más benévola con su orgullo. Podía manejar la violencia, la agresividad, el paternalismo la ponía enferma. Nunca había tenido un padre, no necesitaba a nadie, no necesitaba esa pena que afloraba en los ojos de Mystral, cómo si contándole aquellos secretos le estuviera haciendo un favor.  Tomó aire por la boca, frustrada, intentando encontrar palabras que no acudían a su llamada. Lo único que se presentó en un arrebato fue el sonrojo de sus mejillas, la sensación angosta que la vergüenza dejaba en la garganta, estrangulándola.

       —¿A dónde vas? —Mystral se marchaba. Había mirado por encima del hombro, intentando ocultar una súbita tensión que delataba un pequeño tic en una de sus cejas rubias. Anael, boqueando como un pez en el agua, había perdido la oportunidad de escupir preguntas, o exigir respuestas. Empezó a dejar de sentirse avergonzada para verse arrastrada por la indignación. — ¡Maldito Mystral, ¿dónde vas?! ¿Qué haces? ¡No puedes irte!

       Intentó seguirle, tropezó con sus propios pies, mascullando maldiciones contra los tacones. Se los arrancó a tirones, sin ningún mimo por las juntas ni las delicadas cuerdecitas que se los mantenían firmes en los tobillos. Habría destrozado cualquier cosa a su alcance con tal de sentirse mejor.

       —¡No puedes irte hasta decirme que demonios te une a mi…!

       “madre” murió en el silencio de ver alejarse al rubio sin demasiadas contemplaciones. La oscuridad ya no era una atmósfera sensual, las luciérnagas se habían convertido en bichos asquerosos con el culo luminiscente. Anael no se sentía confiada, ni determinada, ni segura. Quería correr, huir, ahora que sentía hierba fresca y húmeda contra los pies desnudos. Siempre le había gustado correr por el campo cuando era una cría, era lo que más le gustaba después de volar. Podía extender los brazos, correr muy deprisa y sentir el viento en la piel, en la tez, sin que Déteka corriera a gritarle que no podía hacerlo. Los niños podían correr, pero no volar.

       La oscuridad absorbió a Anael, trepó por su piel para metérsele por los poros. Escarbaba en la carne con sus frías uñitas, le reptaba por cada capa hasta acurrucarse en el tétano de los huesos. Desde allí tenía la libertad de extenderse por todas partes, infectándola de aquel sentimiento pesado del que siempre la habían advertido. Eres pequeña, eres ingenua, no sabes nada de la vida. Se sintió pequeña, ingenua, crédula e inútil. Como siempre, el maldito Eidan tenía razón… sólo había hecho el ridículo.

       Recogiéndo los pedacitos de su dignidad, echó a andar en post de la estela de Mystral. Descalza, la piedra era el contraste afilado y duro al césped, se hacía daño en las plantas de los pies, mimadas y blandas. Lo único que fue capaz de sacarla de su enfado fue la repentina, y poco oportuna, presencia de Aidan Feuer en su propia fiesta. El cabreo de Anael alcanzó niveles orbitales. Si tomó su mano a tiempo para depositar un beso que le puso los pelos de punta a Anael fue sólo y exclusivamente porque la pilló desprevenida.

       —Tranquilo, le pasaré la factura de la moqueta cuando la cambien. —Humor ácido, su mejor defensa ante la palpable humillación que estaba a punto de multiplicarse—. Oh, a ella le desagrada su compañía, así que métase sus fruslerías por el culo, señor Feuer, puedo encontrar la puerta yo solita.  

       Sin mediar más ni mirar a Aidan, se inclinó de una forma poco femenina para calzarse los zapatos. Lo hizo rápido, confundiendo unos enganches con otro, pero no le importó. Sus movimientos tenían la gracia de su raza, pero nada más. Puestos los zapatos, se estiró las faldas hacia abajo y echó a caminar escaleras arriba, planeando mentalmente como salir discretamente de la fiesta. Después… ¿Quién sabe? Litros de helado, música clásica, películas de serie B, cualquier cosa que le hiciera olvidar toda aquella noche, y todas las malditas ideas que la habían empujado a hacerlo.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Sáb 16 Sep - 2:48

Aidan contemplo francamente sorprendido aquel despliegue de mal humor de la mujer, y la vio alejarse al lado de Mystral que estaba igual o más sorprendido que él, sólo que este último andaba pensando o barajando todas las opciones que pudieron haber dado vida a aquel genio.

Aidan soltó una sonora carcajada luego de un rato sorprendiendo ahora doblemente al rubio.

- Aidan, ¿estás totalmente seguro de que te encuentras bien? -preguntó con genuino interés, tenía desde… nunca que había escuchado a Aidan reír a carcajada suelta.

- Sí, estoy perfectamente -comenzó a decir con el rastro de humor producido por la carcajada, pero su voz cambio totalmente a una velada amenaza cuando pronunció las palabras a continuación- pero estaré muchísimo mejor si mantienes tus manos lejos de Anael Lark.

- Hey hey, por primera vez puedo declararme completamente inocente –levantó las manos con las palmas abiertas en claro signo de rendición- era ella que me estaba seduciendo – se ganó una mirada que si pudiese matarlo ya estuviera enterrado en aquel jardín- tranquilo, si ella te interesa no me voy a meter en el medio -la mirada dada por Aidan se hizo más afilada y Mystral comenzó a temer realmente por su vida. Con cautela, bajó sus manos y las metió en los bolsillos de sus pantalones- pero, si la quieres para ti, ten en cuenta que está intentando hurgar en nuestro pasado, veo que recuerdas lo que pasó en su oficina, por lo que también recordarás que no debes acercarte demasiado a ella, no sabemos que tan ligada con nosotros está.

- Recuerdo absolutamente todo Mystral, el estar cerca o lejos de Anael Lark no va a hacer que me convierta en la encarnación demoníaca de Allen -lo dijo con una mueca de fastidio tan obvia que Mystral por un momento se preguntó si Allen no había tomado posesión completa del cuerpo de Aidan. La persona que él conocía no dejaba entrever sus emociones con tanta facilidad- y antes que preguntes, no, no soy Allen, ya su alma está descansando en paz.

- Entonces… -un click hizo en su cerebro, ¡Aidan podía contarle pistas de su pasado! El rubio era en aquel momento la personificación de la felicidad- podrías describirme a mis…

- Me aburrí, me voy a otro lado –el pelinegro le dio la espalda y alzó su mano para ondearla en un gesto de despedida- desde mañana me tomo un mes de vacaciones.

- ¡Pero…! -parpadeó un par de veces, pero ya el pelinegro se había adelantado y había entrado a la gala perdiéndose en la multitud- ¿Por qué mierda soy siempre el último en enterarse de todo?

***

Habían pasado algunos días desde el último encuentro con Anael, y Aidan se preguntaba, apoyado en el barandal del balcón de su apartamento, viendo el cielo nocturno de Nueva York, como podía abordarla de nuevo.

Sin ser consciente de ello, y como parte de un viejo hábito estaba chasqueando los dedos de su mano derecha creando distraídamente una pequeña llama de fuego en la punta de ellos cada vez que lo hacía. Aquel hábito era el único indicio de la única emoción que aun teniendo el alma de Allen fusionada con la suya, que era más expresiva, no mostraba: la inseguridad. La mujer había dado muestras claras de que su presencia le molestaba y aquello lo tenía indeciso.

Una sombra apareció a sus espaldas, apoyando su espalda en el marco de la puerta que daba hacia la terraza. La voz resonó en su cabeza cuando le habló.

- Espero que no estés molesto conmigo por no haberte dicho nada, lo mejor era que tú mismo recordaras.

- No estoy molesto por ello, no puedo, más bien te estoy agradecido por todo lo que has hecho por mi hasta ahora Damek, y comprendo totalmente tu posición.

Aquella declaración tranquilizó a Damek más de lo que esperaba, el guardar silencio por tanto tiempo irónicamente le había añadido peso extra a su consciencia.

- ¿Qué piensas hacer ahora?

- ¿Me creerías si te digo que tengo todos estos días desde la última vez que la vi haciéndome la misma pregunta? -la voz de Aidan se escuchaba cansada, derrotada- estoy exactamente en tu posición ahora, no me conoce, no puedo decirle nada, no tengo idea de cómo vivió todos estos años, si hay alguien en su vida o no -sus puños se fueron cerrando con cada palabra que mencionaba- y no me puedo acercar a ella sin que me quiera patear el trasero lo cual es bastante divertido y frustrante a partes iguales.

- ¿Has podido hacer algo con el precio que tiene su cabeza?

- No -Aidan se giró para ahora ver a Damek de frente, se preguntaba de pronto ¿cómo se sentiría no poder hablar?, él había adquirido la habilidad de Allen de hablar por telepatía, pero no se imaginaba haciéndolo todo el tiempo- intenté negociar e ir a la empresa ayer y la respuesta sigue siendo la misma, no, y ni siquiera quiso recibirme personalmente. Tengo personas cuidándola sin que ella lo sepa, pero me temo que ha captado la atención de algo más, algo no humano, al parecer no solo nos teléporto a nosotros la dragona a este mundo.

- Eso no es nuevo Aidan, Helios tiene tiempo encargándose de esos casos, bueno, el detective Elliot Vind.

- ¿Helios? ¿es policía? – preguntó sorprendido y el moreno asintió simplemente- vaya, no me lo esperaba, me imagino que has estado en contacto con él, debería hablarle entonces.

En ese momento el teléfono en su bolsillo comenzó a vibrar anunciando una llamada y aquello activó todas sus alarmas. Tomó el teléfono en sus manos y chequeó rápidamente la hora: las 3:51 de la madrugada, y el número era de uno de los asignados a la seguridad del edificio donde Anael residía, por lo que atendió rápidamente, pero no escuchó al atender otro sonido que no fuera el de la carne siendo desgarrada.

- ¡Maldita sea! -masculló en casi un gruñido y sin importarle que estuviera en un simple pantalón de pijama extendió las alas cuyo rojizo brillo casi dejaron sin vista a Damek y desapareció de allí, dejándolo totalmente perplejo.

Damek se permitió decir en voz alta una maldición y desplegó también sus alas que a diferencia de Aidan eran totalmente negras y se fue tras él, aunque sabía que no iba a llegar tan rápido como debería.

***

Al llegar al lobby del edificio Aidan se encontró con una escena que, si bien no era nueva de ver para él, no le quitaba lo escalofriante. Había cuatro cuerpos, o bueno, partes de cuerpos regados por el piso, tres de los cuales formaban parte de su personal de seguridad. Intentó rastrear la presencia de Anael y cuando logró encontrarla, salió de nuevo al exterior del edificio y voló hasta el piso donde se encontraba su apartamento.

Buscó la terraza y al encontrarla, entró por ella y ocultó sus alas, aunque si el demonio que sabía que estaba allí no había visto la luz o sentido su presencia entonces quería decir que era bastante idiota. Su idiotez que fue confirmada cuando lo vio intentando entrar a una de las habitaciones que suponía que era de la muchacha sin percatarse que él estaba allí.

Aidan sonrió de medio lado por la estupidez de aquel demonio y de un momento a otro ya lo tenía agarrado por el cuello con una mano con la espalda contra la pared.

- Vamos a jugar algo muy simple, tú me dices quien te envió y yo me encargo de que tu muerte sea rápida, sino me encargaré de que estés agonizando por los próximos días.

- ¡N-no puedo! ¡el me mataría! – el demonio tenía la apariencia de un joven de no más de diecisiete años, cabello rubio ceniza con ojos negros, al parecer hasta ellos se habían adaptado a tener una apariencia humana.

- ¡Ay! ¡Que lástima! -dijo Aidan con fingida preocupación mientras que atravesaba incorpóreamente el pecho del muchacho para hacer su mano corpórea en su corazón y tomarlo entre sus manos, asustando aún más al pobre demonio que si no se había equivocado ya se había meado encima- esta es mi última advertencia, dime-quien-te-envió -hizo énfasis en cada palabra mientras apretaba poco a poco el corazón del demonio-.

En ese momento apareció tras él Damek que había notado que estaban en compañía y al ver el rostro de la mujer dictó una orden en voz alta.

- Aidan, detente, no lo mates.

Aidan vio furioso a Damek sabiendo que, gracias a esa orden, aunque quisiera no podía matar al estúpido que había entrado con toda la intención de matar a Anael. Sacó la mano del pecho del muchacho, pero aplastó en cambio su tráquea para hacer que se desmayara. Abrió su mano y al caer el cuerpo inerte en el suelo dirigió su mirada hacia el punto en que Damek estaba mirando mientras hacía una llamada telefónica, seguramente a Helios, y toda su expresión asesina se desvaneció para dejar paso a una de preocupación y pánico al saberse visto en esa faceta de él.

- Anael…
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 19 Sep - 1:38

        Ignoró la risa y las voces, la luz creciente de la fiesta que se imponía en el ambiente escalón a escalón. Todos habían visto entrar a Aidan Feuer, no era un hombre que pasara desapercibido, pero Anael estaba dispuesta a que nadie la viera salir. Se escurrió entre la gente por los lados del edificio, pegada a la pared, en esos pasos desiertos que eran territorio de camareros y acomodadores del evento. De hecho, más de uno al pasar se fijaba en sus andares airados, preguntándose en silencio que tipo de desplante le habrían hecho, y aceptando que no tenían ni una sola oportunidad de consolarla. El único que se permití albergar alguna esperanza fue el pobre desgraciado que se la cruzó de frente cargando una cubitera. Anael lo miró, aunque de hecho, no lo miraba a él. Cruzó el pasillo a taconazos, le arrebató el vodka de la cubitera y se marchó a la misma velocidad, pasándolo por alto, aplastándole con su airada indiferencia. Y robándole el vodka también.

        Llegó a casa en otro taxi, un transporte deprimente para estar a solas con una botella. Arriba, kilómetros sobre la carretera, con Nueva York a sus pies, Anael se arrancó la ropa, pero la vergüenza de la humillación seguía pegada a su piel. Bebió vodka, se bañó en vodka, dejó que aquel líquido blanco y prístino borrara con todos sus grados cualquier recuerdo. Cuando se acabó, terminó pidiendo más vodka. Los dos días siguientes transcurrieron en una nebulosa de alcohol y resaca. Wolfgang tuvo que manejarse solo ante la empresa, los inversores y la avalancha de rumores que se cernió sobre la compañía. Todo el mundo la había visto entrar, entablar conversación con Mystral Vind, y a los pocos que la habían visto salir nadie les creía. Los rumores siempre son mucho más divertidos que la realidad, gracias a Dios, o a algún ruso aburrido con patatas de sobra, Anael estaba demasiado borracha para enterarse.

        Bebía, se intoxicaba de dulce olvido, en algún punto conseguía llegar a ese momento cercano al desfallecimiento, pero su genética privilegiada apenas tardaba un par de horas en purgarla. Limpia, sobria otra vez, volvía a empezar el círculo vicioso del Eristoff. Demasiado borracha también para enchufar su teléfono al cable de la batería. Estaba muerto, frito y olvidado, en saco roto caían todas las llamadas de Eidan. La primera vez que la llamó fue tres cuartos de hora después de discutir con ella. No podía acallar el runrún de los remordimientos, así que pensó en anestesiarlos con un intento a la desesperada. Nada, no respondía, pero eso estaba dentro de lo previsible. Lo que le descolocó fue no recibir respuesta la mañana siguiente, Anael era tozuda pero pocas veces se negaba a la diplomacia. Después de llamar cuatro veces más la impaciencia y la preocupación se convirtieron en algo parecido a una rabieta infantil, ¿no quería cogerle el teléfono? ¡Bien! ¡Podían joderla, a ella y a todo lo que hubiera descubierto! Si no quería contarle nada, él no querría saberlo. Y, a pesar de todo, allí estaba una última vez, cara a cara con su teléfono, ahogando con una dosis de escepticismo lo que había denominado “llamada de redención”. Podía perdonarla si, entre aquellos timbres de la línea telefónica, descolgaba el auricular, dejaba de hacerle el vacío y se limitaba a confirmar que estaba sana y salva. Sólo eso, entera, en casa, con todas las plumas y cada pelo en su sitio. No respondió, aunque Eidan esperó hasta el último pitido. Frustrado, tiró las maletas al interior del maletero, insultando a su hermana entre dientes mientras ponía rumbo al pueblo en el que había crecido.

        Hasta el último pitido, pero Anael no respondió. En cualquier otro tipo de circunstancias la insistencia de Eidan le habría enternecido, era un imbécil, pero un imbécil muy mono a fin de cuentas. Su hermano pequeño, mimado, el hombrecito de la casa que siempre se preocupaba por ellas, tomando más responsabilidades de las que le correspondían. Pero ni siquiera Eidan podía librarla de aquello. Había despertado a una pesadilla.

        Cualquier día que empezara levantándose al mismo tiempo que el sol un sábado podía calificarse como pesadilla. Con más inri si apestabas a sudor, alcohol y se te había derretido todo un cubo de helado en una alfombra importada de la puñetera India. Necesitaba una ducha, y la necesitaba urgentemente. El agua caliente la ayudaba a siempre a poner las cosas en claro, dejaba de pensar y permitía que su mente se quedara en blanco, escuchando el repiqueteo del agua contra los azulejos. Después, tomando aire profundamente para purgarse por dentro con los aromas de argán y cedro de su champú y gel respectivamente. Al salir se atavió con el kit básico de andar por casa de cualquier chica; bragas de algodón, color carne, corte “al estilo de la abuela”, antiestético, la muerte de la sensualidad. Cubiertas apropiadamente con las mayas más viejas y deleznables, que no combinaban con la camiseta vieja y agujereada que la había robado a una ex. No era la imagen de esa chica desenfadadamente sexy que a las marcas les gustaba vender en los anuncios. Era una chica joven, resacosa, cómoda, despeinada y con restos de rímel y eyeliner en los ojos. Parecía exactamente el desastre que había sido la noche que intentaba olvidar a golpe de botella.

        El horror empezó cuando fue a la cocina. Quería café, solo, muy caliente, estilo americano, un trozo de pan que masticar, llenarse el estómago para encontrar fuerzas con las que volver a poner en pie a la directora de una empresa exitosa, y abandonar a la niñata humillada en la que se había convertido. Revisaba distraídamente sus emails, el teléfono móvil cargaba sobre la encimera, los mensajes de Wolfgang se sucedían en la pantalla, a cada cual con un tono más de pánico, pero eso casi la divertía. La cafetera empezó a pitar, toda la cocina olía a café. Cuando se levantó el suelo estaba frío, al cruzar la habitación fue capaz de escuchar los golpes. Tenía los sentidos tan mermados por la resaca alcohólico-emocional que no fue capaz de percatarse hasta que tuvo el demonio en la puerta. Tampoco podían culparla, se escondía bastante bien, pero no lo suficiente como para que los agentes de Aidan no lo detectasen.

        Lo habían detectado mucho antes de que entrara en el edificio, pero eran profesionales. Detenerle en el umbral habría sido llamativo, era mejor dejarle espacio para la confianza, que entrara y se sintiera seguro, entonces todos le saltarían encima y podrían llevarle el premio Aidan, soltarlo a sus pies mientras movían el rabo como buenos perros guardianes. Incautos y engreídos,  eso eran, y habían caído en su propia trampa. El demonio los destrozó a todos en la misma planta del edificio. Si ellos eran perros, él era un gato, oscuro y sibilino, dado a jugar con sus presas. No se contuvo, ni mucho menos se negó el placer rápido de romper, retorcer o arrancar extremidades. Glorioso placer el de aniquilar la carne. Sólo uno de los guardaespaldas consiguió darle caza, el que estaba fuera del edificio. Entró al escuchar los gritos, no había ni rastro del demonio, sólo un perenne olor a sangre. Se tragó el amago de una vomitona antes de correr escaleras arriba; una misión era una misión. Anael estaba mirando qué demonios pasaba a través de la mirilla cuando el demonio le rajó el cuello de lado a lado. Por un segundo se quedó petrificada, preguntándose si aquello era fruto de la resaca, un coma etílico o una alucinación. Había una oscura fascinación en sus ojos azules, el morbo velado de ver la sangre emanar como un surtidor del cuello abierto. Nunca había visto a nadie sangrar así, no parecía real. No pareció real hasta que el demonio se asomó a la mirilla, desde el otro lado, y la miró a los ojos como su no hubiera una puerta interponiéndose entre ellos.

        El demonio sonrió. Anael se echó a temblar. Sonó el timbre y se le heló el tuétano de los huesos, por debajo de la puerta el olor a sangre había empezado a reptar, deslizándose dentro de su apartamento. Respiraba por la boca, en su paladar el olor cobrizo aplastó el confortable aroma del café. Se convirtió en un conejillo asustado, incapaz de moverse hasta que el demonio empezó a aporrear la puerta. Gritó, aterrorizada. Echó a correr, su habitación pareció un bunker apropiado cuando escuchó gemir los gozne de la puerta, que empezaban a ceder a los golpes del demonio. Acompañaba cada golpe con una risa macabra.

        —He venido a por ti, pequeña. Déjame entrar…

        Si la sangre y la negrura de sus ojos no era suficiente, algo en su voz destilaba maldad. Anael nunca se había enfrentado a un demonio, no sabía cómo o qué eran, de hecho, ni siquiera creía en ellos. Para ella no eran más que pantomimas que le contaban de pequeña para que no cogiera galletas del tarro cuando estaba sola, o se fuera a dormir a su hora sin rechistar. Pero había uno en su puerta, con las manos llenas de sangre, clamando su nombre.

        —Tengo que salir de aquí, tengo que salir de aquí, tengo que salir de aquí…

        Miraba a todas partes, presa de una actividad mental frenética. Las puertas estaban descartadas, no había salidas de emergencias, estaba atrapada como un ratón en el vivero de una pitón. Podría correr, podría intentarlo y resistirse, pero no podría escapar. Su respiración se había vuelto acelerada, superficial, contempló el vacío más allá de las ventanas de su habitación. Era la única oportunidad, una salida excepcional, perfecta par aun ángel. Desplegó las alas casi sin pensarlo, corriendo hacia el pretil. Se agarró con ambas manos, una corriente de aire ascendente le golpeó la cara. Olía a humo, a polución, estaba asquerosamente caliente y era desagradable respirarlo. El olor de la libertad. Batió las alas, decidida, se impulsó hacia delante, estaba a punto de saltar, pero de súbito una voz se impuso en su mente. ”No puedes volar, Anael. Te verán los mortales, no puedes volar. Volar está prohibido, es peligroso.” Volar está prohibido.

Volar
está
prohibido

        Fuera, la puerta estalló. Escupió astillas y metal por todo el salón, con la potencia de una bomba de metralla. Anael lo escuchó perfectamente, pero su cuerpo y su mente estaban atrapados en la violencia de sus terrores. Toda ella temblaba, tan asustada que no podía ni siquiera gritar. ”¿Voy a morir?” Esa perspectiva le hizo odiar las vistas de Nueva York, el asqueroso Central Park, los mortales, aquel mundo. Extrañó a su hermano, pero sobre todo, extrañó a su madre. Dos lágrimas como dos perlas le resbalaron por las mejillas.

******************

        Lejos de allí, un coche llegaba a su destino. Sólo habían sido unas horas por el mismo viejo camino que se conocía de memoria. Apenas había cambiado durante años, la única diferencia era el pavimento, habían hecho carreteras donde antes se llenaba los zapatos de albero, polvo y tierra. Allí no había señal, por mucho que lo intentara, la civilización no podía alcanzar el pequeño hogar que Déteka Lark había construido.

        La cama olía a polvo, las cortinas olían a polvo. El sol se filtraba, sentía su calor sobre el estómago a través de la tela de la ropa. No recordaba que llevaba puesto, una camiseta, un camisón, un pijama… no importaba. No importaba en absoluto, sólo era ropa. Habían dejado de importar las horas que pasaba tumbada en aquel colchón, llegaba un punto en el que las articulaciones ya no dolían, y la calma absoluta se extendía en su interior. Aunque hiciera calor, siempre sentía un poco de frío, cierta rigidez. Velos negros que ocupaban el tiempo en el que Déteka Lark dejaba de ser algo vivo para convertirse en otro mueble más. Tenía la boca seca, pero era incapaz de sentir la sed.

        Si que llegó a sentir a través del vínculo. Algo andaba mal. Todas las alarmas de su espíritu empezaron a gritar, enloquecidas, voces de cientos de versiones de sí misma que habían primado en el pasado. Corre, levántate, está pasando algo malo, tienes que salvarlos, tienes que salvar a tus niños. Alejarlos del mal, contarles historias en clave de sueños para que crean que los horrores del universo son mentiras, que vivan seguros, felices e ignorantes de toda la maldad y el dolor que el mundo tiene para repartir. Sintió, a pesar de la distancia física y emocional que la apartaba de su hija que algo iba mal.

        Intentó moverse, su mano se alzó un segundo, los dedos vibraron como si estuviera tocando el piano, pero de una forma torpe y casi epiléptica. Fue solo un destello, un fútil intento, las voces se acallaron, aplacadas por la frialdad. Había una pared de hielo entre sus sentidos, sus emociones, sus recuerdos y ella. El presente había empezado a difuminarse, era lo mismo que el futuro, y lo mismo que el pasado. Para Déteka Lark, el tiempo estaba enredado, estaba perdiendo el sentido. Cada vez más rápido. Su cachorra estaba en peligro, pero ella no podía hacer nada.

******************


        Entonces voces. Gritos. Golpes. Se giró, los ojos muy abiertos, lágrimas colgándole de la barbilla, mirando la puerta como quien mira un agujero al infierno. No sabía que era peor, si las risas endemoniadas, los golpes, o el subsiguiente silencio que se hizo dueño de la casa. O así lo sentía ella, incapaz de escuchar el tráfico o la voz de Damek al otro lado del apartamento. Se había quedado a solas con el silencio de la muerte, y la interrogante de que había ocurrido al otro lado de su puerta. Tardó en moverse, un minuto, dos, tres, siete. Había conseguido que sólo le temblaran las manos cuando empezó a andar, primero despacio, después con el ansia de saber que estaba ocurriendo. Cualquier cosa menos la puta incertidumbre.

        Muy despacito, abrió la puerta.

        —Tu… —Lo primero que vio fue a Aidan Feuer. De pie, con las manos manchadas y medio desnudo. A sus pies, justo a la derecha de Anael, lo que antes le había parecido un monstruo no era más que un chiquillo, destilando una ausencia nauseabunda dentro de su hogar. Sentir la repugnancia de su esencia maligna le dio la vuelta al estómago. El miedo se convirtió en rabia. — ¿¡Tu has hecho esto?!

        Tembló, pero esta vez, el temblor fue distinto. Se parecía más a las primeras ondas de un terremoto, una fuerza magistral que la recorrió de pies a cabeza, y se proyectó más allá de ella. Aidan y Damek acusaron el impacto de la onda de su magia, desatada por las emociones.

        —Tu, bastardo ingrato, criatura retorcida —lo dijo a gritos, iracunda, pero incapaz de detener las lágrimas. Había estado a punto de morir, lo sentía en los huesos. Y santo dioses… como odió a ese ángel—, ¿¡has intentado matarme?!



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 19 Sep - 2:46

El semblante de Aidan se endureció cuando escuchó la acusación hecha por la mujer. Miró al cuerpo inerte a sus pies y concluyó rápidamente que era lo mejor, no quería que una cacería de brujas comenzara, o por lo menos no en aquel momento; sin embargo, su parte no racional se rebelaba con la idea de dejar que Anael pensara que él siquiera intentó dañarla.

- Puedes pensar lo que te venga en gana – finalmente dijo, aun sintiendo el cosquilleo de la onda anterior en la superficie de su piel. Si hubiese tenido un poco más control sobre su magia estaba totalmente seguro de que le hubiese hecho más daño.
Dirigió su atención a Damek que parecía haber colgado una llamada telefónica “¿él puede hablar por teléfono?” pensó, y estaba seguro de que Damek había escuchado su pensamiento. Había un par de cosas que al parecer el ángel negro se tenía bien guardado.

- Viene la policía – hizo resonar su voz en la cabeza de los presentes y al ver que Aidan hacía amago de irse lo vio con fastidio- y nos dijeron que nos quedáramos aquí Aidan hasta que ellos lleguen -esta vez habló alto y claro-

- Juro que si me vuelves a dar una puta orden antes de que acabe el día te dejaré sin cuerdas vocales –gruñó Aidan caminando hacia uno de los sofás y dejando caer su peso para sentarse- quería librarte de mí incordiosa presencia, pero si no lo sabes, todo lo que dice en voz alta aquel hijo de…

- Aidan -reprendió Damek como si de un niño pequeño se tratase-.

- Todo lo que dice el ángel que nos acompaña es una orden, así que, aunque te importe me tengo que quedar hasta que los perros policía lleguen.

***

Los ojos grises analizaban detenidamente la situación mientras sus subordinados hacían el levantamiento de las pruebas, no era el primer desastre de aquel estilo que veía en esa ciudad, pero si era la primera vez que eran tan descuidados. Generalmente los demonios y ellos compartían algo en común: la discreción, y las pruebas que arrojaban aquellas muertes no coincidían para nada con el pobre muchachito esposado e inconsciente que estaba en la parte trasera de su camioneta, no sin revelar el hecho que tenía más fuerza de la que su complexión mostraba debido a su condición demoníaca.

Helios soltó un suspiro mientras veía como los otros detectives interrogaban a un inexpresivo, pero obviamente malhumorado pelinegro, como si fuera el principal sospechoso en vez del adolescente que había noqueado. No había signos de que el empresario hubiese siquiera tocado el ascensor, o la puerta principal del apartamento, por lo que él deducía que había usado su capacidad para volar para llegar a aquel lugar, y esa ausencia de huellas lo hacía sospechoso. No era lo mismo con el ángel de alas oscuras. Este había cruzado todos y cada uno de los pisos para llegar al apartamento de la mujer. También, debido a su complexión, Aidan parecía más bien el asesino. Gracias a una revisión previa, se podía decir que los cuellos de los guardias habían sido torcidos hasta rompérselos antes de haber sido decapitados, y de todos los presentes el único que tenía la fuerza y altura aparente para lograr aquello era Aidan, y por mucho que él supiera que eso no era así, no podía hacer mucho para hacerlo escapar del interrogatorio. Aquello parecía hasta premeditado.

Luego de que notó que los demás detectives habían dejado al par de ángeles tranquilos, él se sintió lo suficientemente seguro de acercarse sin levantar sospechas, ya que era normal que luego de que los demás interrogaran, el hiciera lo mismo para sacar una declaración que estuviese en discordancia con la primera. Se quitó la capucha que ocultaba gran parte de los plateados cabellos e hizo una pequeña reverencia a Damek y luego fijó su atención a Aidan, que lo miraba con reconocimiento, era claro que había recuperado la memoria.

- ¿Cómo está papá? ¿él sabe de este desastre? – mencionó en voz baja, asegurándose de que solo ellos dos, y quizás la mujer tras ellos los escuchase.

- Tu padre debe estar durmiendo como una piedra con alguien a su lado, no sabe que estamos aquí enano – Helios se tapó la boca para ahogar una carcajada, al ver la mueca de fastidio de aquel hombre, y además se rio por el mote.

- Yo no soy enano, no tengo la culpa que tú seas una jirafa que me saque una cabeza de estatura

Damek sonrió por el intercambio, poco a poco se estaba comenzando a sentir en casa, sólo faltaba arreglar el problema con la muchachita a sus espaldas.

- Volviendo a lo que nos interesa, sé que no mataste a los hombres, aunque por suerte no mataste al demonio, hubieses puesto un cartelito de “culpable” en tu frente y ahí ni que Dios hiciera su santa aparición te iba a salvar de un juicio, pero hay muchas cosas que no calzan; este hombre te quería expuesto a ti Aidan, el matar a la señorita tras suyo iba a ser solo un plus, considerando la recompensa que tiene en los bajos mundos.

- No es como si mi intención hubiese sido dejarlo vivo -masculló Aidan cruzando los brazos frente a su cuerpo. Damek y Helios compartieron una mirada que hizo entender al albino lo que en realidad pasó.

- Ya veo, de todos modos, debes retirar la seguridad que le tienes a ella- Notó que el hombre iba a protestar, pero lo cortó- sé lo importante que es para ti -susurró aún más bajo ya que notó que la mujer estaba muy pendiente de lo que decían- para mí es igual -se ganó un gruñido de parte de Aidan- pero necesitamos que los que están tratando de ponerte una trampa en tu cabeza se aparten de los que quieren asustarla o sacarla del juego a ella.

- Si lo que dices es cierto entonces es inútil que lo haga, ya saben que tengo un punto débil.

- Totalmente cierto, pero me ahorrarías un montón de trabajo y cuerpos a los que hacer autopsia por cada vez que intenten incriminarte. -Mencionó distraídamente mientras que abría la libreta y sacaba el bolígrafo del bolsillo izquierdo de su sudadera- también sería súper lindo si te dedicaras a no usar tus alas de noche o en su defecto las escondieras mientras te mueves para evitar ser un objeto estático luminoso, sé por las memorias que mi papá compartió conmigo que Allen era tan rápido como la luz así que no debería costarte aprender eso o mejor dicho, recordarlo -se llevó el bolígrafo a la boca y lo mordisqueó ligeramente en un extremo en un gesto pensativo, aun mirando a la libreta- Todavía estoy preguntándome que voy a añadir en el informe para explicar la luz de tres segundos que dejó toda la planta superior tan iluminada como si fuera de día ¿la aparición de un ovni quizás?

Aidan emitió un gruñido aún más audible que el anterior. Aquel enano le caía bien, pero podía llegar a ser tan o más confianzudo que su padre, pero le tenía que dar la razón en aquello, sus alas antes no emitían aquella luz y no estaba acostumbrado a ello, ya entendía por qué eran contadas las veces que podría decir que recordaba a su hermano con las alas extendidas.

- Llegamos al apartamento de Anael en uno de los helicópteros de Aidan. Yo lo estaba manejando, eso hará que tenga un poco más de sentido el hecho de que solo nuestra presencia esté en el departamento -el hombre de ojos rasgados hacía señas con las manos para mantener las apariencias mientras hacía resonar su voz en la cabeza de Aidan, Anael y Helios- yo devolví el helicóptero al apartamento de Aidan después de llamarte a ti ya que no había espacio para aterrizar, y regresé en un taxi.
El albino sacó su cabeza de la libreta para ver a Damek con escepticismo.

- Honestamente siento que se están volviendo viejos. Damek, estás involucrando un helicóptero que si mis hombres lo revisan en este preciso instante que es lo que van a hacer si yo presento esa declaración, va a estar intacto y al hacer las experticias se van a dar cuenta que no ha sido movido.

- Tú eres el maldito detective aquí enano, danos ideas.

- Tengo una idea, pero primero, por favor díganme que no declararon eso ni nada similar cuando les preguntaron cómo llegaron aquí.

- No dijimos nada -bufó Aidan, al notar la ceja alzada del albino continuó- Tu nos dijiste que te dijéramos que no declaramos eso.

- Muy gracioso Feuer – dijo con una sonrisa radiante- bueno, como veo que la señorita no quiere verlos ni en pintura, denme un momento a solas para hablar con ella. Si los tres no tienen la misma versión vamos, y me incluyo, a estar en problemas.

Los dos hombres se fueron hacia la terraza dejándolo a solas con aquella bonita muchacha que, si no recordaba mal, la última vez que la había visto usaba aun pañales. Helios sonrió por el recuerdo. Desde siempre había sentido una extraña afinidad con la muchacha y ese sentimiento no desaparecía, al menos no de su parte, por parte de ella era más que claro que desconfiaba de él, no tanto como los dos que se habían retirado, pero era obvio que su obvio vínculo con ellos había hecho que se ganara puntos negativos sin quererlo.

Se sentó al lado de ella y dejando a un lado del asiento su libreta y su bolígrafo, se reclinó hacia adelante, apoyando sus hombros en sus piernas, para poder ver el rostro de la mujer que parecía cabizbaja.

- Hey, veo que conoces a mi familia, son medio raritos, pero es lo que toca, yo no pedí nacer con ellos a mi alrededor, por suerte no son tan malos como parecen, hay peores -Helios, por falta de entrenamiento nunca pudo aprender a usar la magia, y a pesar de que tenía las memorias de su padre, cada ángel tiene capacidades únicas y esos conocimientos no aplicaban a él. Además de su fuerza física, su único poder notable era sentir cómo se sentían los demás, y pudo sentir como la chica a su lado se había relajado un poco - mi nombre es Helios, aunque aquí estoy registrado como Elliot, en este país pronuncian horrible mi nombre y ese fue el más cercano que encontré que se pareciera. -Omitió deliberadamente su apellido, no quería otra vez mentir diciendo que no tenía lazos con el playboy vicepresidente de la compañía Feuer cuando el hombre era su padre. Por suerte o desgracia él era una copia al carbón de su madre. Suerte porque le facilitaba la mentira; desgracia porque hubiese sido mucho más sencillo en el pasado no recordar a la persona que le desgració la vida cada vez que se miraba en el espejo.

- Voy a hacer directo porque creo que no apreciarás que siga la policía husmeando en tu apartamento. Aquel imbécil de allá -mencionó apuntando con la mirada a Aidan- hizo la estupidez de entrar a tu apartamento por la ventana con ínfulas de salvador a medio matar a un “en apariencia” -hizo comillas con los dedos al decir eso- menor de edad, y toda la evidencia lo pone en desventaja a menos que diga que el enclenque que atrapamos es un demonio y no es una opción porque lo pondría a él y a todos nosotros en evidencia así que tengo una idea, pero siento que voy a tener que ser tu esclavo por toda mi vida a cambio de ello, así que me disculpo de antemano

Tomó de nuevo la libreta en sus manos y con una seña le indicó a uno de sus subordinados que se acercara, le pidió el informe con los horarios de limpieza y las zonas, y las ojeó, todavía acariciando mentalmente su teoría. Al terminar de armar la idea en su cabeza notó que Aidan se había cambiado de ropa, seguramente por cortesía de Damek que en algún momento de descuido se había escurrido a buscarle ropa, y al ver el pantalón del pijama del pelinegro aún reposar colgando en su brazo la “fabulosa” idea que terminó de materializarse lo hizo sonreír ampliamente.

Tomó el bolígrafo en su mano izquierda y comenzó a anotar en la libreta sin quitar la sonrisa que ya se asemejaba a la del gato de Cheshire en su rostro.

- Así que el señor Feuer estaba con usted en su habitación cuando escuchó sonidos provenientes de la sala, le pidió que se quedara adentro y llamó al señor Damek antes de salir a enfrentarse al ladrón.

- ¡¿Estás demente?! -resonó la voz de Damek en su cabeza. Al parecer estaba husmeando su cabeza para saber que estaba diciendo. “Cotilla” pensó

Él sabía lo que implicaba aquello, estaba pidiéndole a ambos que se hicieran pasar por amantes a los ojos del mundo o al menos de la policía, pero era lo mejor que se le había ocurrido y a menos de que alguien más viniera con una mejor idea, cosa que, sin llegar a ser ególatra, dudaba que sucediera, se iba a aferrar a esa historia.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 19 Sep - 21:24

          Aidan habló rápido, y fue lo mejor que pudo hacer. De haber tardado cinco segundos más Anael se habría tirado hacia él con las manos por delante, dispuesta a arañarle esa cara tan bonita hasta dejársela como una chaqueta de pana. El odio era visceral, tan irracional como el miedo que le provocaba el demonio, o el asco de la matanza, que inundaba con su tufo todo el apartamento. Cuando limpiaran la sangre y las manchas rojas se convirtieran en fantasmas, Anael sentía que sería sustituido por el aroma dulzón e intenso de la muerte. Se quedaría allí, aovillado entre  los tablones del suelo, moviéndose dentro de las paredes como las ratas. Nunca la abandonaría. Seguía aterrorizada, pero ahora también estaba furiosa.

          —¿Policía? —A ella nunca se le habría ocurrido llamar a la policía. Le habían enseñado desde que era pequeña que cualquier desastre de naturaleza sobrenatural no podía ser arreglado por mortales. De una forma infantil, casi vergonzosa, lo único que se le ocurría era llamar a su madre—. ¿Y tú quien eres?

          Tan cabreada como estaba, no había reparado en la presencia de Damek. Lo miró dos veces, era una buena distracción en comparación con su otra opción, que era mirar a Aidan a los ojos y seguir tragándose las ganas de arrancárselos. Y eso que eran unos ojos bonitos, de un azul profundo, veteado en púrpura y violeta, con pestañas oscuras. Le resultaron familiares, pero no tanto como Damek. Los escuchó, con la resaca de un ligero temblor en los dedos, y dirigió sus deseos directamente hacia el moreno de la coleta larga.

          —Si le ordenas que se desintegre me harías un gran favor.

          Huyó de la presencia de ambos, del escalofrío de familiaridad que le producía Damek, contrastado con la rabia asqueada que le despertaba Aidan. No quedaba un solo sitio allí al que llamar hogar, se sentó en un diván, cerca de la ventana, atrapada por ese pensamiento. Habían llegado hasta su puerta un río de sangre y las hordas del mal, encarnadas en un menor de edad más pálido que la luna. Demonios, sangre, muertos… tan real, y al mismo tiempo parecía lejano al minúsculo refugio que suponían  sus brazos, delgados, con los que se rodeaba las rodillas, apretadas contra el pecho. Lloró un rato. En realidad lloró bastante rato, en silencio, sin grandes aspavientos ni sollozos, tragando lágrimas saladas y dejando en las mangas de la camiseta un rastro de mocos translúcidos. La muerte se había quedado a las puertas de su casa, muy, muy cerca de salirse con la suya. Anael no quería morir, tenía demasiadas cosas por ver, por sentir, nunca se había enamorado, no conocía el éxito rotundo, ni lo penoso del fracaso. Todo ese deseo de vivir bullía al mismo tiempo que el miedo a la muerte, las dos caras de una moneda que el destino acababa de pulir.

          Minutos u horas después, el apartamento se había convertido en un escenario de CSI Miami, pero en Nueva York, y sin glamour, gafas de sol, y ningún Horacio a la vista. Los cartelitos amarillos indicaban pruebas, astillas de puertas, huellas, gotas de sangre, estaban por todas partes, como si el salón hubiera sido inundado por una marea de setas de plástico amarillas. Parecía que no las pusiera nadie, simplemente brotaban para atestiguar el horror acontecido. Sus ojos se quedaban prendados de los numeritos tan negros… ¿cómo podían contabilizar el horror? También la interrogaron. Rememorarlo no fue tan terrible, la primera vez. La tercera vez que un agente le pidió que relatara lo que había acontecido el relato la aburría, ¿por qué tenía que repetirlo tantas veces, acaso no la creían? Su mente racional sabía lo que estaba ocurriendo, buscaban incongruencias en el diálogo, signos de trauma, o evidencias de mentiras. Desenterraban la historia disparando preguntas y fotos, se la llevarían de allí en fragmentos para armarla de nuevo en algún sitio donde parecería parte de una película, y no el horror que le había tocado sufrir en sus carnes. En algún punto, dejaron de hablar con ella para acosar a los demás, y volvió a la reclusión de su diván.

          Lo compró hacía apenas un año, fue la primera pieza de mobiliario que eligió. Absurdamente caro, increíblemente fabuloso. El tacto de la tapicería era sedoso, no daba calor en verano, ni se enfriaba en invierno, tenía patas de león de tipo victoriano, labradas, había follado allí más veces de la que podía contar. Estaba lejos de todas las pruebas, de la sangre y la pesadilla, se había convertido en su tabla de salvación en aquella suerte de Titanic sangriento. Allí arriba, flotando sobre el horror de que su realidad se iba a pique, podía sobrevivir.

          El destello de algo plateado la hizo girar el rostro. Con la luz, el pelo argentino de Hellios era una gracia de otro mundo. Los mortales podían atribuirlo a un tinte, una peluquería obscenamente cara o cualquier excusa química y artificial de la que pudieran sentir envidia, pero ningún tinte podía igualar el platino natural de aquella melena corta. Inusual, para un detective. Captó su atención sólo con eso. En otro lugar, o en otro momento, le habría parecido guapo, con el cuerpo esbelto y manos de dedos largos. Manos largas, bonitas, manchadas de tinta del bolígrafo que acababa de abandonar.

          —¿Son familia tuya? —Hizo una breve pausa para mirarlos—, lo siento por ti. —Intentaba ser una broma, pero casi que lo sentía de verdad por el muchacho. Tenía razón, en el fondo. Siempre los hay peores, él tenía un padre, lo había escuchado preguntar por él un rato antes. Ella sólo tenía retazos de un olor profundo y masculino, recuerdos de algún abrazo, ecos fugaces y confusos de una voz, y el enorme e insondable vacío del abandono. Eso era su padre, una mancha negra en el historial de su vida, una que siempre había estado desesperada por borrar, descubrir que había debajo de la tinta corrida, destapar los secretos que tanto herían a su madre. Nunca lo conseguiría, de eso estaba segura, aunque tampoco era el momento más positivo de su vida. Respiró hondo, se relajó, el detective no era una persona non grata. Alzó el rostro para mirarle directamente—. Helios —repitió, dibujando todas las letras con la lengua, tal y cómo él las había pronunciado. Uno no se borra Etherial del ADN tan fácilmente, allí estaba la prueba—, no me parece tan difícil. —Se permitió sonreír, sólo un poco—. Me gusta. —Le recordaba a casa—. Yo soy Anael.

          Escuchó lo que tenía que decir. La actividad mental empezó a sacar su cerebro del miedo, obligarse a pensar, poner en marcha la maquinaria, en esos casos Anael Lark funcionaba bien. Su ceño empezó a fruncirse a medida que Helios/Elliot avanzaba en su verborrea, amable pero condescendiente. Intentaba ser amable, pero ese tonillo de “yo os sacaré de esto” le molestaba, aunque fuera el único realmente capacitado para sacar a paladas la mierda en la que se estaban hundiendo. Anael parpadeó, perpleja, cuando lanzó una acusación al aire en forma de pregunta, allí en medio de la sala, donde todos los puñeteros policías podían escucharle. Sintió calor, surgiendo de la rabia, un sonrojo violento que le subió hasta las mejillas, abrió la boca para quejarse, para negar a gritos cualquier relación con el maldito Aidan Feuer, pero la cerró de golpe. A los ojos de los demás se había sonrojado y había empezado a boquear como un pez fuera del agua, pero su cerebro no estaba pendiente de lo que pensaran los demás.

          —Sí. — Su voz se alzó sobre todas las demás, imponiendo silencio en la sala, aunque lo dijo apenas con un hilillo de voz. Los policías se callaban ante la fuerza del morbo, un hombre de la edad del señor Feuer con aquella muchachita, era tan obsceno que les excitaba. La otra parte de la sala, la sobrenatural, estaba demasiado estupefacta para decir nada—. Aidan, eh… digo, el s-señor Feuer estaba conmigo. Estábamos juntos cuando escuché ruidos fuera.

          Miró de reojo a dos personas, primero a Helios, y después a Aidan. El primero, efectivamente, tendría que ser su esclavo para el resto de su inmortal existencia, y el segundo. Oh… el segundo. Giró la cara, dejó de ser una mirada de reojo para convertirse en todo un desafío. Aidan Feuer le debía una.



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