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Etherial's Dreams

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Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Dom 30 Jul - 19:44

Recuerdo del primer mensaje :

Etheral's Dream
1x1 — Ladie & Jibriel — Original Fantasy Plot

     Ángeles. Siguen existiendo bajo un manto de secreto en la tierra, llevan existiendo cientos, no, miles de años. Nacen, contemplan el mundo en la grandilocuencia de los siglos, y en algún momento su esencia cae en el olvido al morir. La vida humana es, para ellos, poco menos que un parpadeo de sus existencias. Nadie sabe exactamente cuántos son, o cuantos quedan, algunos se conocen y otros son solo desconocidos. Habitan entre nosotros, se disfrazan con la mortandad para existir en un mundo al que apenas pueden seguir la pista de tan rápido que evoluciona.

     En este marco existen, Aidan y Déteka, separados. Otrora no existía el uno sin el otro, la suerte o el destino unió sus caminos durante muchos años. Se habían cuidado, amado y odiado a partes iguales, encontraban consuelo en los brazos del otro a las muchas penas acontecidas en sus siglos de existencia. Y es que sus vidas siempre habían estado enredadas de una forma u otra. Tuvieron hijos, incluso; Anael y Eidan. Anaela era muy pequeña y Eidan no había llegado al mundo cuando los demonios de Aidan terminaron el pequeño remanso de paz que habían creado. Fueron cuestiones de vida o muerte, decisiones desagradables que uno nunca quiere tomar. No eliges entre lo bueno y lo malo, lo correcto o lo incorrecto. Eliges entre las posibilidades de que sea malo o sea peor. Historias demasiado largas y dolorosas para explicarlas como merecen, escritas en los pergaminos del tiempo con sangre y lágrimas. Lo único que importa para entender como terminó es que Aidan, en pos de un bien mayor, renunció a lo que poseía. Renunció a su amor por Déteka, a su vida estable y tranquila, al recuerdo del rostro de su hija. Abrazó partes de su alma que se habían desprendido, hizo las paces consigo mismo a un precio muy, muy alto. Y Déteka, por su parte, renunció a luchar por algo que ya no le pertenecía.

     Y así se cortan los hilos que hacen lazos. Se toman decisiones que no tienen vuelta atrás, y para no pensar en ellas dejas que las entierren los siglos. Estos pasan, incansables, año tras año, siglo tras siglo, los hijos crecen, los tiempos cambian, se talan bosques y se levantan ciudades donde antes no había nada. En definitiva, sin importar si hacen el bien, o hacen el mal, viven entre nosotros, y sus historias son tan mortales que parece mentira.


Aidan Feuer
38 — Ludwig Herzog— Jibriel
El ambiente donde se encontraba era tenso; la acción más básica e instintiva que era el respirar se le dificultaba, sentía los músculos agarrotados y el olor metálico de la sangre estaba en cada bocanada de aire que tomaba.

Frente a él, se encontraba alguien que podría ser confundido con él mismo, sólo lo pálido de su tez y los ojos oscuros de un tono ébano podían diferenciarlo. Su reflejo, como así lo llamaban, como siempre, tenía una sonrisa sardónica en los labios, mientras él pobremente podía mantener otra mueca que no fuese cansancio; se había mantenido por mucho tiempo en esta batalla y sólo quería terminarla y descansar, irse con su esposa e hijos, para vivir la tranquila vida que se había acostumbrado a tener, pero su gemelo no le hacía las cosas fáciles.

En el suelo, a unos cuantos metros debajo de donde ellos estaban, se encontraba agonizando el último dragón de su mundo, el único que sostenía aquella tierra prometida con forma de estrella, por lo que su pelea, aún si salía victoriosa de ella, no tenía sentido, de igual modo en cuanto ese dragón exhalara su último aliento de vida iba a encontrarse a si mismo en medio de la nada, eso en el caso de que al morir la tierra, no se murieran todos con ella.

Abaoth, como se proclamaba a si mismo luego de asumir aquel rol tan opuesto su misión original: “la mano derecha de Dios”, mientras su hermano veía con una nota de pánico a la mujer a sus pies exhalar su último suspiro, empuñó su espada, con velocidad sobrehumana se colocó detrás del cansado ángel, y de una certera estocada cercenó sus alas.

Aidan, al sentir que su corazón, sus alas, eran cortadas, sólo pudo voltear a ver el rostro de satisfacción de su gemelo mientras caía al vacío y, pidiendo perdón a su familia por no poder cumplir la única promesa que hizo, se entregó a la muerte.

Deteka Lark
36 — Megurine Luka — Ladie
Desde la ventana del salón el panorama es rural, idílico. Huele a madera de cedro ardiendo en la chimenea que preside la estancia, derrama la única luz de la habitación. Ninguna luz de farolas o de ciudad irrumpe en la noche, desde donde está sólo se ven las estrellas. Su refugio tiene dos plantas y un aspecto acogedoramente envejecido, es una casa de ladrillo en mitad de ninguna parte.  Lleva allí más tiempo del que quiere recordar. Construyó ese hogar con sus propias manos cuando no les quedó nada, cosechó cada oportunidad que la vida le puso por delante para criar a sus hijos en un lugar como ese. Apartado, seguro, limpio y natural. Un lugar similar al valle en el que había crecido ella misma, en un mundo que ahora solo existía en sueños.

Déteka fue expulsada de Etherial con excusas pertenencias, una hija en la mano, un hijo en el vientre y los recuerdos intactos. Hubo momentos en los que envidió a aquellos que se separaron por completo del mundo en el que habían nacido, ella cargaba con la condena de recordar cada momento de dolor y felicidad de los últimos dos mil años. Se las arregló para encontrar un hueco en aquel lugar desconocido, un refugio donde estar a salvo.

Durante un tiempo consiguió poner al dolor en jaque. Estaba demasiado ocupada para la pena o el luto, dos hijos pequeños que la necesitaban, un mundo desconocido, ningún amigo a su alcance ni mucho menos nadie que la ayudara. Las horas se consumían en, básicamente, encontrar la forma de establecerse. Después, Déteka se volcó en criar a sus hijos. Al fin y al cabo eran la prueba viva de otro mundo, de personas que ni siquiera sabía si seguían vivas. Anael era un espíritu libre, rebelde y testaruda como ella misma, siempre mayor e independiente, preguntando a media voz donde estaba su padre cuando un recuerdo furtivo la asaltaba. Eiden, en cambio, desarrolló un apego a su madre digno del complejo de edipo. Con la madurez empezó a dejar atrás ese lazo férreo, pero quedó aquella cercanía e intimidad que Anael nunca se había molestado en construir. Podía decirse que era, y es, el ojito derecho de mamá. Pero los niños son niños, y el tiempo no perdona. Crecen, alzan la mirada para buscar su propio camino, y ambos terminaron por abandonar el hogar materno y rural en pos de crear sus propias vidas.

Para Déteka la soledad consiguió que el tiempo se dilatase. Los minutos parecen horas, y los días años. El hielo de los tiempos se ha adherido a su alma, convirtiéndola en una persona desapasionada, vacía, carente de la chispa que otrora brillaba en sus ojos.



Última edición por Ladie el Jue 3 Ago - 15:23, editado 2 veces



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 20 Sep - 1:38

Helios observó la mirada de desafío lanzada a Aidan y algo parecido a la lástima nubló su expresión. No quería siquiera imaginarse en la posición en la que se encontraba el hombre. Él mismo odió a su padre por mucho tiempo porque se sintió abandonado, y solo hasta el día que compartió cuerpo y pudo ver sus memorias fue que entendió que no tenía razón para odiarlo, ya que él ni siquiera sabía que estaba vivo.

- Lo siento –murmuró bajito Helios mientras tomaba colocaba su mano encima de la mano de la muchacha, en un mudo gesto de apoyo- por ponerte en esta posición, intentaré que la situación no se filtre a la prensa, pero es algo inevitable por lo que te pediré que los evadas en lo posible.

Se paró del asiento con calma y no sin antes decir un “vuelvo en un momento” a la muchacha caminó hasta donde Aidan se encontraba con un semblante parecido al cansancio, distando de la imagen molesta que pensó que iba a tener. Buscó con la mirada a Damek, pero este parecía haberse esfumado. Se encogió de hombros como quitándole importancia al asunto e iba a hablar, pero Aidan se adelantó.

- Damek ya me lo dijo, tranquilo, secundaré la historia que dijiste – habló con voz plana, sin emoción- deberías ir a visitar a Mystral -Helios torció la boca en un gesto de disconformidad al escuchar la sugerencia del mayor y eso lo hizo sonreír levemente, el muchacho era demasiado transparente-.

- ¿Para qué? Ni me recuerda, no creo que haga diferencia que me vea o no.

- Si quieres que te recuerde tienes que ser uno con el -mencionó distraídamente mientras veía el amanecer asomarse, pero al cabo de unos instantes al notar que el aura del muchacho parecía turbada y no decía nada giró la cara para ver a un albino totalmente sonrojado y con la boca formando una perfecta “o” como intentando formar una palabra coherente. Al principio no entendió la reacción del muchacho, pero al rememorar palabra por palabra lo dicho, cerro un puño y se lo llevo a los labios para acallar una risotada que se estaba muriendo por salir.

- Veo que el estar tanto tiempo viviendo en el cuerpo de Mystral no pasó en vano, si eres igual o más pervertido que él -murmuró aún con la nota de diversión en la voz-.

- ¡Hey! -pudo por fin decir el detective al notar que había interpretado todo totalmente mal- explícame entonces y no te burles –notó que el pelinegro desaparecía toda muestra de diversión.

- Hay cosas que el cuerpo y el alma de Mystral ya no puede hacer por si misma, al darte cuerpo a ti se desprendió el mismo de parte de su esencia y eso lo convierte en un ser incompleto, ¿por qué crees que no eres una mitad y eres un ángel completo desde que te separaste de él? –el albino escuchaba con atención con el dedo índice de su mano izquierda reposando en su labio superior-.

- Si soy sincero nunca lo había pensado…

- No solo pervertidos, sino iguales de distraídos…

- ¡Hey! -infló las mejillas infantilmente-.

- E igual de infantiles -un suspiro fastidiado salió de Aidan- en fin, él se bloqueó después que lo hice yo, estuvo muchos años buscándolos en Japón, luego en Alemania, hasta que un día luego de desaparecer durante tres meses apareció sin memoria de que era lo que buscaba antes. Es un modo de protección, pero solo tú lo puedes sacar de ese estado, ya que no está alrededor la demoniza que era su pareja.

- ¿De veras piensas que sea lo mejor?, yo he intentado localizarlos, pero no he tenido mucho éxito.

- No sé si sea lo mejor -comenzó a decir al girarse dándole la cara a Anael- pero no deberías perder tiempo, nunca sabes cuando las personas que amas dejarán de estar contigo -comenzó a caminar mientras se quitaba el saco- me voy de aquí, cuídala -habían otros lugares por donde pasar para llegar a la puerta del apartamento, pero él deliberadamente pasó por detrás de Anael que estaba de pie como analizando el desastre que luego tendría que acomodar, y aprovechando que ella a pesar que sabía que estaba detrás no se giró, extendió su gabardina y lo puso en los hombros de la muchacha que a su parecer tenía poca ropa encima para la cantidad de hombre presentes, posó su mano en la cabeza de ella y la movió despeinándole los rizos como si fuera una niña pequeña, ganándose una retahíla de insultos que no lo hizo inmutarse- cuídate mocosa.

Helios escondió una sonrisa por la escena, quizás no todo estuviera tan roto como se veía.

Iba a acercarse a Anael de nuevo pero una mano en su hombro lo girarse en un salto del susto. Hizo un mohín disgustado con la palma de su mano en el pecho en un gesto de espanto dramático.

- ¡Maldita sea Damek!, ¿no puedes simplemente aparecer como una persona normal por una vez en tu existencia?

Damek simplemente extendió su mano hacia arriba después de acomodarse unos lentes oscuros que estaba ahora usando– La información que te mandé a investigar hace un mes -dijo en voz alta, y Helios lo único que pudo hacer para mostrar su fastidio por que el hombre no parara de emitir órdenes fue virar los ojos.

Metió la mano en el bolsillo delantero su sudadera sacando un USB para colocarlo en la mano de Damek- sería bonito que para variar de vez en cuando me pidieras amablemente la información y no me lo ordenaras, aparte ¿no te vuelves más viejo o algo así por dar órdenes?, eres casi un puto Dios

- ¿Y arriesgarme que me des información falsa?, no gracias -escuchó en su cabeza, y Helios le tuvo que dar la razón. Aún lo intrigaba el por qué quería esa información.

- ¿Eso es para ti o para Aidan?

- ¿Importa? -preguntó despreocupadamente cuando tomó el USB con su mano y lo guardo en el bolsillo delantero del jean que extrañamente aquel día usaba-

- ¿No te enseñaron de chiquito que es malo responder una pregunta con otra? -vio una ceja levantada de Damek y negó con la cabeza- creo que la respuesta es un rotundo no.

Damek le dedicó una media sonrisa y bajó un poco los lentes oscuros para dejar ver una mirada totalmente negra, con el iris de un tono azul blanquecino e iris negro, respondiendo indirectamente la pregunta del albino acerca de los efectos de sus órdenes, y sin darle espacio a réplica o preguntas le dio unas palmaditas en la espalda mientras volvía a poner los lentes en su lugar, para luego salir del apartamento con pasos rápidos.

Helios parpadeó confundido intentando atar cabos, pero le tomó poco tiempo antes de pasar de página y volver a su objetivo anterior que era abordar nuevamente a Anael, quizás podría hacer algo en pro de la inexistente relación entre ella y Aidan.

- ¡Hola! ¡de nuevo yo! – saludó enérgicamente a Anael parándose de improviso frente a ella con una gran sonrisa- una preguntita – comenzó otra vez con aquel gesto curioso ahora llevándose el bolígrafo en vez de su dedo a la boca- ¿por qué mi tío y tú se quieren matar?, eso puede perjudicial para la historia que con tanto esmero creé -lo dijo con un tono jocoso, quería averiguar información, o al menos esa era su intención hasta que una de las pasantes de la policía llegara de improviso le susurrase en el oído que lo necesitaban “urgentemente” y se lo llevara de allí a rastras- ¡volveré Anael! -dijo dramáticamente mientras era arrastrado fuertemente por la mujer que a duras penas le llegaba al hombro pero tenía la fuerza de los mil demonios.

***

Durante toda la mañana estuvo encerrado en su oficina pensando detenidamente si debía ir a la dirección que rezaba el documento que reposaba en el medio de su escritorio.

Llámenlo falta de sueño, pero luego de llegar a su departamento y dar vueltas en su cama sin poder dormir por la inyección de algo parecido a la adrenalina que tenía su cuerpo cada vez que dictaba una orden, esperó que los efectos visibles de su pérdida de control se desvanecieran para tomar las llaves de su auto y encaminarse con su tan acostumbrado kimono a su local en el centro de la ciudad.

Al llegar notó con pesar que tampoco podía concentrarse en sus actividades diarias por la curiosidad que le daba el contenido del USB que reposaba en uno de sus bolsillos, por lo que luego de pedir amablemente a su personal que no le molestaran, se encerró en la oficina, tomó su portátil e imprimió los documentos para mirarlos con calma estando en papel, y desde entonces se debatía en ir o no ir.

Con un suspiro ya pasadas la 1 de la tarde, decidió usar un cambio de ropa guardado allí para lucir más “normal”: una camisa de vestir manga larga color beige, un pantalón de gabardina color arena, y unas botas deportivas blancas fue la elección. Volvió a sentarse frente a la portátil para esta vez compartir en su móvil la dirección del lugar en el GPS, y verificando mentalmente que nada se le escapara, salió de su oficina, y haciendo un par de señas que indicaban a la encargada que debía hacerse cargo esa tarde del cierre del café, se metió en su sedán color gris y evadió un par de atascamientos para poder salir de la ciudad.

Luego de dos horas manejando por un camino que parecía olvidado por los mismos dioses, el GPS de su teléfono móvil anunció que estaba en su destino, conjunto con el pitido anunciando también la poca batería que este tenía. Lo tomó entre sus manos y lo apagó intentando guardar lo último que tenía por si debía usarlo en el viaje de vuelta. Luego de eso, fue consciente de lo que lo rodeaba.

Lo primero que notó fue un vehículo estacionado casi del mismo color que el suyo, cosa que le hizo preguntarse si había visitas en aquel momento en el lugar y él era el visitante sorpresa o no deseado. Aquello lo llenó de una inuscitada ansiedad, pero la dejó de lado y salió de la comodidad de su vehículo para caminar hacia la entrada de la casa. Al acercarse notó ciertos detalles que a la distancia pasaban desapercibidos, como la pintura descuidada, quemada en exceso por el sol, cortinas de un color polvoriento, detalles que no estaban en concordancia con el vehículo casi inmaculado estacionado allí, sin embargo, lo ignoró, o eso intentó, él no estaba allí para juzgar, él estaba allí para ver a la mujer y dar respuestas a preguntas que estaba totalmente seguro de que aparecerían.

Cuando finalmente llegó frente a la puerta e iba a tocar el timbre, escuchó una voz femenina seguida de una masculina en el lugar. Cerró su mano y giró para irse del sitio, él tenía un límite para guardar secretos, y se sentía receloso de enterarse de algo que no podía ocultar luego, pero su huida se vio interrumpida cuando la puerta principal abrió y su nombre fue pronunciado por una voz femenina.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér 20 Sep - 16:57

Primero dio un respingo, un gesto casi imperceptible de todos sus músculos reaccionando al tacto cálido de una mano sobre la suya. Bajó la mirada hacia ella, cálida, los mismos dedos largos que habían llamado su atención la primera vez que los había visto. Se encontró a si misma pensando que era la primera vez que alguien le brindaba consuelo, uno pequeño y amable, más empujado por la culpa que por un deseo de reconfortarla. Consuelo, al fin y al cabo. La distrajo, la dejó confusa, consiguió bajarle la guardia como nada de lo que dijeran podría haberlo hecho.

           —Conozco cómo funciona la prensa. –Masculló, intentando enfocarse en algo útil, práctico—. No tienes que preocuparte por eso, gracias.

           Por más palabras que pusieran sobre la mesa, ninguno de los presentes podría librarse de la nube de pajarillos hambrientos que era la prensa sensacionalista. Los reporteros de noticias generales que estaban acostumbrados a seguir a las patrullas habrían dado ya la voz de alarma, la prensa amarilla y la rosa estaría armando su ejército para sitiar su apartamento, la sede de la compañía de Aidan y las puertas de Lark's Green Company, dispuestos a arañar cualquier pedacito de información que pudieran llevarse a la boca. Poco más que animales carroñeros, eso es lo que eran. De nuevo a solas en el diván, Anael era consciente de que necesitaría un plan de acción, y ponerse en contacto con Wulf. Ignorando las quejas de los agentes de la policía forense, cruzó la cocina hasta la encimera, donde descansaba su teléfono móvil. Impávido, había sido testigo mudo y sordo, inútil. Pulsó un par de teclas, buscando en la app de mensajería el número de Wolfgang, pero se distrajo con una notificación emergente. Doce llamadas perdidas de Eidan en los últimos tres días, la última de aquella misma mañana. Entre sus cejas se formó una arruga, y entre sus pensamientos una división. ¿Seguía enfadado? Doce llamadas eran demasiadas para la dignidad de un Eidan enfadado, sendos hermanos tenían en común el orgullo. ¿Habría intuido que algo iba mal? Sus dedos actuaron más rápido que su cerebro, empezó a marcar cuando el ruido de las conversaciones que se convierten en despedidas la distrajo. Allí en medio no podía llamar nadie y esperar intimidad.

           Aidan se iba. El tono de su voz delataba un sentimiento oculto, un hálito del pasado que se escapaba de su entendimiento, pero que escuchó perfectamente. En silencio, reflexionó. Había estado a punto de perder la vida, y lo último que habría pensado de su hermano eran barbaridades. Lo último que recordaría Déteka sería que estaba demasiado ocupada como para coger una muda de ropa y pasar un par de días en la casa familiar. Sus ojos habían ido buscando el suelo, el peso de la realidad la obligaba a estar cabizbaja, avergonzada, pero se alzó en un pequeño saltito al sentir el calor repentino de la chaqueta de Aidan. Miró el abrigo, una prenda cara que le venía grande por todas partes, absolutamente innecesaria, un gesto que no supo clasificar, lo que le dio tiempo al moreno a revolverle los rizos como si fuera una cría. Sintió un escalofrío, el eco de algo lejano, pero se extinguió tan pronto como la ira pueril alcanzó su boca.

           —¿A quién llamas mocosa? ¡Carcamal! —lo gritó al vano de la puerta, Aidan ya se había ido. Sin él, su presencia mágica en la sala se extinguía rápidamente, en unos minutos sería como si nunca hubiera estado allí. Empezó a arreglarse el pelo, incómoda, Aidan había terminado de desordenarle los rizos—. ¿Eh? No tienes que preocuparte por tu historia, sé mentir, y actuar. Nadie llega lejos en el mundo empresarial sin esas cualidades. —No pudo evitar sonreírle, la primera sonrisa sincera que brotaba de sus labios desde hacía días—. Adiós, Helios. Te esperaré.

           Podía ser verdad, o podía ser mentira. Ahora Anael Lark tenía muchas cosas que hacer. Preguntas como las de Helios, que necesitaban respuestas.



           ******************

           Eidan se apeó del vehículo con elegancia. Bajo sus pies del camino crujía con su peso, un camino de color arena enmarcado en alfombras de césped verde y brillante. Vivo, sospechosamente asalvajado. Las matas habían empezado a crecer sin orden ni concierto, nadie pasaba el corta césped ni se habían arranco las malas hierbas últimamente. Frunció el ceño, invadido por una inquietud que llevaba intentando ignorar demasiado tiempo.

           Sacó del bolsillo de su chaqueta de cuero un manojo de llaves. Siempre las llevaba encima, constituían una verdadera colección, compuesta por las que habrían puertas y recintos de aquella casa, y las dos que necesitaba para entrar en su apartamento neoyorkino. Al otro lado del umbral no había luz. Las cortinas estaban echadas, las persianas a media altura. El polvo acumulado en pretiles y manillas delataba que nadie se había molestado en moverlas últimamente. Respiró, llenándose los pulmones de polvo y aire rancio. Olía a cerrado, aromas pintados de oscuro con los tonos que daban la madera natural del suelo, el papel de la biblioteca donde pasaba horas y horas cuando era niño.

           —¿Mamá? —Esperó. No halló respuesta—. ¿Mamá, estás en casa?

           La inquietud se convirtió en angustia. Déteka no se habría ido de la casa del pueblo, no sin avisarles. Odiaba cualquier lugar que no fuera aquella casa de una forma casi enfermiza, sólo disfrutaba de pasear en las praderas colindantes, caminar por un lado de la carretera hasta el pequeño pueblo a veinte minutos, el único contacto con la sociedad y otros humanos. Recorrió la planta baja a pasos acelerados. En la pila había olvidadas un par de tazas de café, el estudio albergaba un caballete con un dibujo a medias y marcas de dedos hechas a carboncillo, los dedos de su madre. Las escaleras las subió corriendo, con el corazón apretado en un puño tan estrecho que no podía respirar. Arriba, las cortinas ligeras y las ventanas grandes dejaban entrar algo más de luz. Iluminaban el cuerpo rígido de Déteka cuando Eidan entró en la habitación con la fuerza de un vendaval.

           —¡Mamá!

           Un dolor agudo le atravesó los huesos cuando se tiró de rodillas junto a la cama. La agarró por sus hombros delgados, palpó la piel blanca en la que llevaba toda una vida cobijándose en busca de pulso. Cuando lo encontró, lento pero persistente contra la yema del dedo, un suspiro de alivio atravesó todo su cuerpo. Sintió ganas de llorar, pero en vez derramar lágrimas se irguió, sacudiendo a su madre por los hombros.

           —Mamá, mamá. Despierta, por favor. Soy yo, Eidan. Por favor, por favor…

           Dentro de la nebulosa temporal, el eco de los gritos sonaba más agudo. Era un niño, un niño pequeño obstinado en tener el pelo largo, que cojeaba hacia la puerta, con una mano arrancándole lágrimas de los ojitos y la otra firmemente agarrada a la de su hermana. Lo llamaba desesperado, incapaz de entender que la sangre de su rodilla no era más que un raspón, y el dolor solo era superficial. Tenía cuatro años, y estaba asustado de esa forma desesperada que sólo conocen los niños. Anael, por su parte, estaba acongojada, todas sus facciones dibujaban una “cara de circunstancias”, temía que le echaran la culpa. Déteka, que los vio llegar desde la ventana de la cocina, echó a correr hacia ellos. Aupó a Eidan en brazos, paladeó sus lágrimas al besarle las mejillas mientras lo arrullaba. Anael se agarró a su pierna, uniéndose al llanto de su hermano por el peso de la culpa. Estaban jugando a perseguirse cuando Eidan se tropezó en una zanja, había sido idea suya, y ahora su hermano sangraba. Déteka le acarició el pelo mientras los guiaba dentro de la casa, con susurros tranquilizadores, calmando su propia angustia a base de besos y apretones. Eran sus niños, lo único que tenía y valía realmente la pena.

           Ahora esa angustia sonaba de la misma forma en otra voz. Al principio pensó que era aguda, infantil, el recuerdo la atrapó en una fracción de segundo, pero el timbre profundo del hombre que la llamaba consiguió sacarla del fondo de sus memorias. No la llamaba un niño, la llamaba un hombre, pero ambos eran su hijo. El calor del presente se extendió por sus miembros, provocándole picor en las yemas de los dedos. Un temblor se expandió por sus pestañas, los gritos de Eidan ordenaban los hilos del tiempo, la arrancaban dolorosamente del poso frío de sus memorias, soplando un débil hálito de vida entre sus costillas. Abrió los ojos, regresando al ahora.

           —No pasa nada —repitió la frase que había dicho tiempo atrás, en aquel recuerdo—, no pasa nada.

           —¡Por todos los putos dioses!

           Déteka se incorporó, intentando aparentar normalidad, fachada que se vino abajo en cuanto su hijo se aferró a ella. Ya no era un niño, no podía utilizar un brazo para abarcarle y crear una burbuja de seguridad a su alrededor. De hecho, Eidan era enorme, alto, se habría enredado en su pelo negro de no llevarlo recogido, apenas podía abarcarlo en un abrazo. Le acarició el pelo para tranquilizarle, él soltaba maldiciones que perdían fuerza a medida que las caricias hacían su efecto. Respiró hondo, despacio, con la cabeza enterrada en el hombro redondeado y delgado de Déteka. En silencio, observó la forma en la que la piel dibujaba los huesos, recubierto de músculos austeros en grasa. Estaba adelgazando, cuando hablaba su voz sonaba cascada, como si se le estuvieran oxidando las cuerdas vocales. Eidan sintió terror ante un mundo donde no pudiera escuchar las canciones de nana que adoraba de pequeño.

           —Mamá… ¿qué está pasando? —Déteka miró al suelo, culpable de aquel pecado. Tenía el mismo aspecto joven de siempre, cualquier mortal apenas le adjudicaría más de treinta o treinta y cinco años, pero Eidan empezaba a ver como el tiempo amortajaba sus ojos. Debajo de aquella piel joven e inmortal había un corazón anciano, cansado y lleno de arrugas donde se cobijaba el dolor. Se miraron a los ojos, Déteka estaba a punto de hablar, abrió la boca, pero el único sonido que retumbó en la habitación fue el de su estómago vacío. Ambos parpadearon, sorprendido uno, avergonzada la otra, y sin darse cuenta se echaron a reír. De los nervios, de la congoja, del terror de ponerle palabras a lo que ocurría—. Vamos. —Eidan se puso en pie, ofreciéndole una mano—. Tu vas a ducharte, yo haré el desayuno. Limpiamos la casa. Después, hablamos.

           Déteka asintió con la cabeza, sin decir nada, y Eidan supo que el era el momento de dejar espacio. Aliviado pero inquieto, bajó a la cocina, siempre mirando de reojo las escaleras, atento al piso de arriba y los sonidos que escapaban de él. Se enfrentó a la cocina consciente de que tendría poco con lo que trabajar, y demasiado por limpiar.

           El desayuno fue escueto pero satisfactorio, tostadas de un pan que no estaba demasiado duro, aderezadas con mantequilla que había sobrevivido el abandono parapetada al fondo de la nevera estilo años sesenta que presidía la cocina. Café, con leche y nata para Déteka, solo y amargo para él. Mientras esperaba se dedicó a abrir cortinas, desempolvar cosas y dejar que la casa respirara aire fresco, y es que Déteka se estaba tomando su tiempo. Arriba, la ducha caliente era una bienvenida agradable al mundo real. Bebió agua allí mismo, en la ducha, y se distrajo intentando calcular cuanto tiempo había estado, literalmente, catatónica. Recordaba haber llegado de un paseo, aprovechar la brisa nocturna para dar un paseo por el pueblo y volver a la luz de las estrellas. Le gustaba su soledad, incluso cuando había empezado a convertirse en su peor enemigo. Tomó algo de comer, algo líquido, eso podía recordarlo. Una sopa, tal vez, ¿o había sido un té?. Bajó las persianas para que el sol no calentara la casa desde tan temprano, subió apagando todas las luces y se echó en la cama. Siempre había sido demasiado grande para ella sola, pero cabían los tres cuando los niños tenían pesadillas. Cuando no había pesadillas infantiles, eran sus recuerdos los que llenaban la cama. Intentaba cerrar los ojos y aspirar fuerte para arrebatarle aromas al pasado, pero nunca lo conseguía. Perseguía olores y calores que ni aquella cama ni aquel mundo conocían. Pensó en Aidan, sintió amor insuflándole el pecho, y dolor clavando cuchillos por todas partes para vaciarla. Hacía mucho que ya no soñaba con él, se habían acabado las fantasías de que un día aparecería por la puerta con sus recuerdos intactos y volvería a sus brazos. Empezó a perderse en una vez, que él se había marchado y volvió con una cara de adolescente imberbe que le había costado soportar bromas durante los años siguientes a aquella reconciliación. Lo intentó, con todas sus fuerzas, pero no pudo recordar el tacto de su boca. Se abrazó a sí misma, desnuda bajo el torrente de agua reparadora. Ahí fue cuando se perdió, intentando alcanzarle.

           Termino la ducha, una sucesión de espumas olorosas y sensaciones frescas en la piel que agradeció en silencio. Abajo, el olor del polvo había sido sustituido por el de la comida caliente, el estómago volvió a rugir. Lo devoró en silencio, bajo la atenta mirada de Eidan. La miraba, intenso, con todas sus preguntas reflejadas en la mirada.

           —Hijo, has invertido los papeles.

           —Ya, es lo que ocurre cuando me asustas, mamá. —Déteka apretó los labios, consciente de que tenía razón.  

           —Lo siento Eidan.

           El muchacho se levantó de la silla, besándo la coronilla rosa de su madre. Transmitía un cariño infinito, preocupación. Déteka estiró una mano para acariciarle el brazo mientras se marchaba al salón, cargando bajo el brazo trapos y productos de limpieza. Lo escuchó limpiar, rápido y eficaz, barriendo la suciedad y el polvo acumulado. Cuando terminó de desayunar, con más energías y ya menos abotargada, se unió a él. En silencio, diligentes, limpiaron una habitación tras otra, disfrutando del descanso mental y emocional que suponía tener las manos ocupadas y una tarea que abordar juntos durante unas horas. Eidan estaba limpiándose las manos, con la camisa llena de polvo, cuando escuchó el sonido lejano de un motor detenerse. Frunció el ceño, mirándo a su madre.

           —¿Esperabas visita?

           —Eres muy cortés, cariño, pero bien sabes que aquí las visitas son tan comunes como los cerdos que vuelan. —Dejó el cubo lleno de agua jabonosa en la cocina para cruzar el pasillo, sacudiéndose las manos en su vestido ligero de color púrpura. Sintió su aura mágica mucho antes de llegar a la puerta y ver quien estaba al otro lado. No pudo evitar sonreír, sabía que ese momento llegaría desde que se cruzó a Mystral, semanas atrás... ¿o habían sido meses? Al otro lado, dándole la espalda, estaba Damek, con su larga coleta oscura y sus modos elegantes. — Damek. —La sonrisa se estiró, escaló hasta sus ojos, sincera—. ¿Vienes hasta tan lejos y vas a marcharte sin saludar?


Última edición por Ladie el Jue 21 Sep - 15:05, editado 1 vez



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Jue 21 Sep - 2:50

Damek se sonrojó al saberse descubierto, y se giró rascándose la nuca –debí prever que sentirías mi presencia- nunca, a diferencia de sus homólogos, había aprendido a ocultar su presencia. Su energía era una mezcla de muchas razas, demonios, vampiros, duendes, todo lo que se les había ocurrido a sus creadores meter en aquel recipiente, siendo el ingrediente principal ángeles, y toda su vida había estado en un constante aprendizaje de cómo controlar y usar sus habilidades, incluso ahorita con la tecnología, había estado experimentando los alcances de su habilidad más usada: las órdenes.

Dejó esos pensamientos de lado y se dedicó a detallar a la mujer frente a él. Superficialmente no había cambiado demasiado, pero había algo, un estado de fragilidad que antes no estaba, y su mirada a pesar de reflejar la felicidad o complacencia que tenía de verlo, reflejaba un dolor tan profundo que casi podía tocarlo y rasgarlo con sus garras. Cerró ambos puños bajando su mirada y su respiración se hizo pesada. Rabia, sentía tanta rabia consigo mismo, debió haber sido más insistente, debió haber buscado mejor, no debió dejar que pasaran cinco siglos para presentarse frente a ella, sin embargo, así como surgían las recriminaciones en su mente aparecían las excusas; no podía saber que la encontrarían allí, ellos llegaron a ese mundo con lo puesto, sin nada más que los conocimientos de guerra que tenían y los que supieron emplear muy bien para llenarse los bolsillos y dejar esa vida atrás. Aprendieron muy rápido que el dinero era lo que movía a aquel mundo, y sin su empuje, Aidan no hubiese llegado a la posición que tenía. Tenía la esperanza que si eran lo suficientemente visibles los fragmentos de su pasado caminarían solos hacia ellos, pero había sido ingenuo, y aquel encuentro lo había confirmado.

- Lo siento, siento el no haber podido encontrarte antes -murmuró, con su voz, consciente que aquello no era una orden y que el hablar no le iba a hacer daño a alguien.

Recordó los momentos de felicidad compartidos y recordó las tardes en que dejaba a la pequeña niña de rizos castaños a cuidado de su “tío”. Recordó las bromas de Helios, las sonrisas discretas de Aidan y los intentos de asesinado a Mystral por siquiera mencionar en que podrían ser parientes en un futuro. Recordó los días en que podían ser ellos, sin tener que ocultarse, inventar historias, simplemente un grupo de ángeles en una familia disfuncional en un mundo variado y lleno de magia. Recordó sensaciones que eran más abrumadoras que los recuerdos en sí y estas los desbordaron paralizándolo, hasta que un par de delicadas manos y un cuerpo que no recordaba tan menudo lo atrajo en un abrazo.

Indeciso, y no tan acostumbrado a aquellas muestras de afecto, correspondió el abrazo torpemente. Llevo una de sus manos al cabello de ella, para peinárselo en un gesto de algún modo paternal, pero en cuanto lo hizo se arrepintió.  Cerró los ojos con el ceño fruncido y se mordió el lado inferior de su mejilla para distraerse con el dolor de las ganas tan imperantes que tenía de romper a llorar como un niño. Ya había sentido ese halo cerniéndose sobre el alma de una amiga hace tanto tiempo atrás, y no había podido hacer nada para evitar que ella se entregase a la muerte. Quería preguntarle el por qué, pero no se atrevía, tenía miedo de la respuesta, tenía miedo además de la reacción de ella al saberlo si aún no se había dado cuenta -ya estoy en casa Det- compartió su pensamiento con la pelirosa, repitiendo exactamente las palabras que decía al llegar a la casa de Aidan cuando llegaba con la pequeña dejándola de nuevo a salvo en brazos de sus padres luego de estar toda la tarde cuidándola.

Escuchó un carraspeo en el fondo, y se separó del abrazo sonrojado por el nivel de intimidad que había cobrado aquel gesto y reparó en el hombre que había escuchado hace momentos y que era el causante que por poco regresara por donde vino. Su mirada molesta lejos de asustarlo lo transportó a otros tiempos donde había visto la misma expresión con unos ojos azules de un tono similar a los que veía en ese momento. Se fijó en los otros detalles, el cabello oscuro y largo atado en una cola alta, aunque no con el negro azulado que recordaba, el flequillo recto cortado de una manera casi femenina, hasta la misma mueca y la postura de brazos cruzados cuando se hallaba molesto. Parpadeó varias veces con reconocimiento, aquello tenía que ser una broma o un capricho del destino. Esta vez miró fijamente a Déteka.

- ¿Quién es? - le preguntó perdiendo los modales ya que muy pocas veces dejaba ver su curiosidad tan abiertamente. Necesitaba una respuesta del por qué una persona con una apariencia similar y la misma esencia de Dover se encontraba en aquel lugar.

***

Se encontraba en una habitación encerrado con su hermano y con una pequeña niña que no aparentaba más de los diez años humanos. Era extraña, pero se le antojaba bonita, aun tomando en cuenta el labio partido y el ojo derecho amoratado. Su apariencia era humanoide. El color de su piel era cenizo, las extremidades inferiores que a partir de las rodillas parecían más bien las patas de una cabra, el cuerno blanco que salía de su frente y las orejas puntiagudas eran las que la delataban como un demonio. Habían de todas las formas y de todo tipo, pero ninguno era capaz de emular la apariencia humana en su totalidad.

Los ojos dorados de la niña lo miraron con súplica al escuchar la voz de su hermano: “mátala”. Él no quería, no veía por qué tenía que matarla, si había llegado hasta allí significaba que no le habían hecho nada porque si fuera así alguno de sus hermanos ya la hubiese exterminado. No veía la razón de matar sólo porque fuera distinta.

Sintió entonces un tirón en su cabellera que lo hizo quejarse. Su hermano lo estaba viendo con los ojos grises llenos de reproche y molestia. “¿Quieres morir calcinado? ¡Entiéndelo Aidan! ¡Eres tú o ellos!” escuchó de nuevo, pero su atención estaba en la cara de la niña que ahora se había llenado de lágrimas al saber que su destino estaba sellado. Él quiso llorar con ella. Él no quería matarla, no lo haría y así lo hizo saber en un grito fuerte y claro.

Lo próximo que sintió fue que hacía sido arrojado con fuerza al otro lado de la habitación. El impacto le había sacado el aire. Él aún no era suficientemente fuerte para siquiera tener el pensamiento de enfrentar a su hermano, aún era débil, aún era un niño.

Abrió los ojos justo para ver como la niña era decapitada por Allen. La imagen del horror dibujado en el rostro en la cabeza que rodaba por el suelo se le quedaría grabado y una furia ciega lo haría finalmente cometer la estupidez de pararse y arremeter contra su hermano, siendo arrojado de nuevo por un certero y fuerte puñetazo en la mandíbula. Aún en el suelo enmohecido de aquella celda recibió una patada en su estómago, luego otra y luego otra, hasta que no fue más que un cuerpo tembloroso en el suelo, vomitando la suficiente sangre como para preocuparse.

Allen tomó su cuerpo que apenas respiraba y con dificultad ya que él no se mantenía de pie, lo esposó a unas cadenas que colgaban del techo del calabozo, justo frente al cuerpo decapitado de la niña que le había llamado la atención minutos antes, cuando aún estaba con vida; en aquellos momentos solo representaba la repulsión y el deseo de desaparecer de aquel lugar. Sin poder luchar más con la oscuridad que se cernía en su cabeza, se desmayó.

Luego de lo que le parecieron días se despertó. Intentó rememorar lo último que había vivido, pero no se acordaba. Inspeccionó el lugar con la mirada, las piedras, el moho, la sangre pegada a la superficie y las plumas ensangrentadas a su alrededor, luego se fijó en una mancha de sangre frente a él, y como si fuera un flash, recordó la niña, a su hermano, la muerte.

Unos pasos resonaron en el lugar, y notó las botas frente a él, intentó alzar la cara para ver al que estaba seguro era su hermano, aunque estaba tan cansado como para no reconocer su aura, pero se le fue imposible, cualquier movimiento requería un esfuerzo titánico. Recordó entonces los latigazos en su espalda, recordó a Kristal limpiándole las heridas para darle una especie de alivio, aunque le estaba prohibido quitar la magia que impedía que las heridas curaran lo rápido que su cuerpo le permitía. Recordó el rostro de molestia de su hermano unido a un sentimiento que no lograba identificar.

- ¿Ya despertaste? -finalmente habló el hombre, revelándole que como había pensado, era su hermano el que estaba allí.

- Hermano -pronunció con dificultad, en un ronco gemido.

- ¿Por qué te niegas a matarlos?, es tu trabajo matar a los demonios y a los híbridos, si sigues negándote a hacerlo te voy a seguir viendo en esta celda, ¿o es que acaso eres masoquista y te gusta estar aquí?

- Ellos… -murmuró, pero un ataque de tos que lo hizo escupir sangre lo detuvo- ellos no hacen nada malo -con todo el esfuerzo que el niño pudo hacer, levantó su vista para ver a los ojos grises de su hermano, así sería él, si fuera tan fuerte como él, pero nunca ha podido, siempre ha sido su sombra – ellos no han cometido ningún pecado -reforzó sus palabras anteriores-.

- ¿Qué no han cometido ningún pecado dices? -el hombre emitió una carcajada- Su pecado es existir, ser débiles, como tú, por ello no pueden defenderse -las palabras lo confundieron y la confusión debió notársele porque el hombre continuo- si no te defiendes eres presa de los más fuertes, de los que pueden hacer lo que tú no.

- ¿Debo ser fuertes para matarlos entonces por ser débiles?

- No, debes ser fuerte para proteger a los inocentes de otros que son más fuertes que ellos y deciden su destino -dijo mientras liberaba a su hermano pequeño de las esposas. Al tenerlo libre y casi inerte en sus brazos. Llevó una de sus manos a la espalda del infante y la magia refulgió en esta, contrarrestando aquella que estaba en sus heridas y le impedía sanar. Lo levantó sin esfuerzo, pasó un brazo por su cuello y una debajo de sus rodillas para cargarlo y llevarlo a su habitación, cuando un susurro adormilado salió de sus labios.

- ¿Y tu hermano? ¿eres fuerte? -murmuró quedándose dormido por el cansancio, sin poder escuchar la respuesta del mayor.

- No, yo aún soy un peón.


Aidan se encontraba golpeando una y otra vez y cada vez con más fuerza el saco de boxeo suspendido en un rincón del improvisado gimnasio que había armado en el primer piso de su loft, mientras que en su mente se agolpaban las enseñanzas de su gemelo y los sucesos ocurridos las últimas veinticuatro horas. Al recordar la expresión llena de rabia de Anael, sin ser consciente de ello inyectó magia en sus puños cerrados y cubiertos primitivamente por unas cintas, rompiendo en dos el saco que le servía de desahogo.

Vio los pedazos de lo que quedaba del saco con rabia, pero después de un momento volvió en si. Él no se consideraba como alguien que perdiera los estribos tan fácilmente, pero desde que despertó con sus recuerdos de vuelta la ira se había vuelto una segunda piel que lo cubría, a veces asfixiándolo, haciendo que temiera por su cordura. Lo único que lo mantenía como un ancla era la existencia de Anael, pero con pesar tenía que admitir que luego de su escenita con el demonio era probable que sus posibilidades de establecer alguna relación con ella se hubiesen reducido a cero, si es que en algún momento las tuvo.

Se quitó las vendas que estaban manchadas con sudor y sangre mientras caminaba hacia la cocina, donde había dejado abandonado su móvil.Revisó los mensajes de Damek a ver si había alguna respuesta de su parte, y frunció el ceño al notar que no había ningún mensaje pendiente. En ese momento entraba un mensaje de un número desconocido y lo abrió esperando que fuera algún mensaje util.

Encontramos al que le puso precio a la cabeza de Anael, un idiota gerente de una de tus empresas filiales, pensó que se ganaría un puesto mejor si eliminaba a los estorbos, y sabemos que detrás del demonio que atacó está otro, pero el mocoso que dejaste medio muerto nunca lo ha visto, así que cuida tu pomposo trasero. Con amorcito Helios <3

Hizo una mueca de asco al leer la última parte del mensaje, pero aún así, añadió el número a su teléfono. Ya luego cuando estuviera de mejores ánimos le devolvería la llamada.

Subió con pesadez las escaleras recubiertas por marmol negro hasta llegar a la segunda planta donde, seguro que de que todos sus empleados no iban a volver a aparecer aquel lugar, fue quitándose la camiseta, seguida del mono deportivo y la ropa interior dejando las piezas desordenadamente en el camino hasta llegar a la ducha en el cuarto de baño de su habitación. Entró al apenas abrir el grifo del agua caliente, ignorando el escozor de las quemadas en su piel al chocar el agua, para luego abrir el grifo de agua fría para intentar llegar a una temperatura donde no le creara quemaduras de tercer grado, que de igual modo iban a sanar, pero eran desagradables.

Pensó en ella como cada vez que quedaba sólo con sus pensamientos, y la nostalgia se apoderó de él. Debería dejar de ser tan cobarde y buscarla, pero si era sincero tenía miedo, tenía miedo de que ella hubiese seguido con su vida y que él con su sola presencia estropeara todo, como sólo él lo sabía hacer. Tenía miedo de encontrarla con una vida donde él estuviese de más.

A veces, se torturaba a si mismo imaginándola en la cama durmiendo con otro hombre, aunque su mente siempre jugaba y era él el que terminaba como un poseso haciéndole el amor. Sin embargo, en aquel momento, sólo venía a su mente el eco de la memoria del sonido de su risa, de sus regaños y a veces insultos. Venía a él la calidez de sentirse en casa en sus brazos, de sentir que por fin era parte de algo al llegar a casa y verla a ella y a su pequeña de rizos oscuros recibirlos con los brazos abiertos.

La verdad era que, dentro de aquellas cuatro paredes, con la ahora agua fría cayéndole por el cuerpo, y la calidez de las lágrimas cayéndole por las mejillas, Aidan Feuer admitió para si mismo que se sentía incompleto sin ellas dos en su vida.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 21 Sep - 18:15

           Casi todos olvidaban que Déteka, ángel nefasta para la magia, tenía una intuición muy fina en lo que a rastros de la misma se refería. Nunca había sido capaz de entender las complejas formulas, ni como funcionaban las líneas ley, pero se dejaba arrastrar por sus instintos, y estos le habían enseñado cosas distintas.

           Desde donde estaba, observó a Damek. El tiempo no había hecho mella en él, pero resultaba chocante su atavío. Él, que siempre había sido dado a rechazar pantalones en pos de los kimonos que tanto le gustaba lucir, la personificación de la elegancia y la refinación, nunca decía palabras de más, guardador de secretos. Sonrió, divertida, al verse a él y a sí misma. Dioses… parecían un chiste, vestidos con aquellas ropas a la moda mortal, desarmados, blandos y viejos. Entendió sus puños cerrados, las excusas aplastadas por el peso de la realidad. Podía haberla buscado, de todos ellos Damek era el único que habría tenido éxito contra sus intentos de esconderse del mundo. Porque había tardado tanto era un motivo que no iba a preguntar, las razones, a aquella altura de sus vidas, eran demasiado complejas. No eran un hilo pendiente a que los dioses decidieran cortarlo, estaban atados con nudos, aquí, allá, y si se soltaba uno solo, o se enredaba donde no debía, todo el tapiz se deshilacharía. Un paso en falso y aquella pequeña mentira parecida a la seguridad, que fingía ser felicidad, se vendría abajo. Sencillamente, las razones no necesitaban ser dichas, porque serían las mismas que la habían impulsado a ella a quedarse allí, justo donde estaba. Segura, a salvo. Incluso cuando estar a salvo no significara nada en absoluto. Cruzó a pasitos el espacio que los separaba, sin apresurarse. Tomó en una mano el puño cerrado de Damek para abrirlo despacio, con un cariño maternal.

           —Lo sé, Damek. Lo sé.

           Estiró las manos hacia su cuello. El condenado siempre había sido lo suficientemente alto como para sacarla de sus casillas, el abrazo casi se veía ridículo. Apenas alcanzaba a apoyar la mejilla en la curva de su hombro, pero ella se puso de puntillas y estrechó el cuerpo esbelto de Damek contra el suyo. No dijo nada más, no había nada que decir. Compartían una muda comunión, siempre habían sido los guardianes de su mundo. Damek mantenía el orden entre todos los hermanos, era el sabio, el silencioso, el que los vigilaba para que no se hicieran demasiado daño cuando cayeran al suelo. Déteka ponía en orden su casa, daba, daba sin pensar en cuanto de sí misma se consumía para mantener el equilibrio. Compartían el dolor de ser los que hacían precisamente lo que tenía que hacerse por el bien de los demás. Déteka parpadeó, ahuyentando las lágrimas. Por un segundo se paró a pensar donde estaba, y una carcajada de dolorosa felicidad le sacudió el pecho. Quinientos años de soledad, quinientos años de preguntas y dudas que tocaban a su fin. Una cara conocida, un hermano, un compatriota en aquel mundo extraño y yermo, de polución y humo. Estaba en los brazos de Damek, que había sido un gran amigo. A su corazón petrificado le resultaba dolorosa la intensidad de las emociones contenidas durante cinco largos, largos siglos.

           —B-bienvenido.

           Consiguió murmurar contra su ropa antes de romper a llorar.

           Al otro lado de la puerta, Eidan no sabía que hacer. Estaba tardando mucho en atender a quien fuera, y todavía no pasaba nadie al interior de la casa. Allí no había vendedores ambulantes, publicidad, correo comercial o todo ese tipo de molestias que interrumpían su jornada cuando se sentaba a escribir frente al ordenador. Estaban en medio del jodido campo, y cuando alguien acude a tu puerta en el campo es porque quiere algo de ti, aunque sólo sea una conversación. Tamborileó con los dedos sobre la mesa, escuchando el ritmo preciso de los golpes. Uno, dos, tres. Un, dos, tres. Los contaba mentalmente, moviendo la boca para dibujar el número.

           —Joder.

           Maldecir en voz alta no alivia los nervios, pero era mejor que estar escuchando el silencio. El café se le quedó frío en la espera y lo echó en la pila, después fregó la taza para mantenerse ocupado. Lanzaba miradas furibundas a la alfombra de luz solar que había en el pasillo de la entrada, como si fulminándola de tanto en tanto fuera a decirle algo útil. Incapaz de contenerse, abandonó la cocina para internarse en el caudal luminoso que vomitaba la puerta abierta. Ver a su madre abrazando a un hombre lo dejó patidifuso. Se sintió como un intruso, asomándose a un pedazo de una intimidad salvaje, triste y alegre al mismo tiempo, ese sabor agridulce de lo que se gana a costa de lo perdido que tanto le gustaba reflejar en sus novelas. Pero la realidad era que nunca lo había sufrido en sus carnes, de escribirlo a contemplarlo había un salto perturbadoramente palpable en sus entrañas. Incómodo, se llevó un puño a los labios para moderar el sonido y carraspeó con la garganta, irrumpiendo en los sentimientos ajenos. Al separarse, Déteka se limpió las lágrimas disimuladamente para que no las viera, demasiado tarde.

           —Soy Eidan. ¿Y tú eres?

           —Eidan —lo reprendió Déteka por su rudeza. Damek estaba sorprendido, y hacían faltas verdaderas proezas para sorprender a aquel hombre, pero ella sabía porqué. Su parecido con Aidan era apabullante, tenía el mismo rostro que Eidan cuando era poco más que un muchacho. No era imberbe, pero se mantenía las mejillas despejadas. —, creo que por primera vez en todos mis años sé algo que tú no sabes. —Sonrió ligeramente, desplazando los ojos de Eidan a Damek—. Este es Eidan, mi hijo menor.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie 22 Sep - 16:59

- Así que tu hijo menor – repitió, olvidándose por completo de abrir la comunicación para el tercero que estaba en la sala.
Esa información era novedosa y lo sumergió en sus pensamientos por un instante. Él no había sentido ninguna presencia nueva la última vez que vio a la mujer, pero puede ser que ésta se estaba ocultando deliberadamente, o por el contrario fue concebido luego. De ser la última, definitivamente el destino tenía formas macabras de jugar y a Déteka le gustaba recordar a Aidan con la variación del nombre del pequeño.

Su instinto de algún modo le había advertido que debía devolverse, y ahora sabía por qué. No sabía que hacer con esa información. ¿Debería preguntarle a Déteka acerca de sus elucubraciones?, no sabía hasta que punto serían bienvenidas las preguntas, y dudaba poder siquiera compartirlas con Aidan al verlo nuevamente sin tener alguna certeza y no interrogantes.

Empujado amistosamente por Déteka, entró en aquel hogar, sintiéndose incómodo por la mirada escrutadora que le dedicaba el hombre -Siento que no le caigo bien-  fue el pensamiento que le comunicó sólo a ella para luego caminar hacia el muchacho, detenerse a unos pasos frente a él y hacer una reverencia.

- Mi nombre es Damek Cruinne, un placer conocerte -sonrió al ver el desconcierto en los ojos del muchacho al escuchar las palabras en su cabeza y no ver el movimiento normal en los labios al hablar- si te incomoda podría usar otro modo de comunicarme, pero no debo emitir ciertas oraciones en voz alta ¿conoces el lenguaje de señas? -intentó ser lo más amable posible, pero al parecer el único hecho de tener alguna relación con su madre era suficiente para que le causara reticencia.

El muchacho simplemente lo ignoró, volvió a la cocina y siguió en lo que parecía ser tareas de limpieza -no sabes lo muy familiar que me resulta su recelo, es casi como estar frente a Aidan cuando era un crío- apenas terminó de formular el pensamiento, que compartió a Déteka, se arrepintió. Tanto que se había cuidado de decir cualquier estupidez y ahí iba y se equivocaba.

Se volteó para estudiar si sus palabras la habían incomodado, pero el sonido de su estómago lo distrajo, al punto de sonrojarse de nuevo por la incomodidad – lo siento, no he desayunado ni almorzado y ya mi cuerpo me está reclamando -hizo una pausa ahora fijando su atención a un Eidan que parecía pelear con la encimera de la cocina en vez de limpiarla- podría cocinar algo para los tres, pero parece que tienen la cocina ocupada, ¿te molesta si salgo un momento por algo que cenar?, prometo que no huiré, aunque el deseo de tu hijo parezca ser exactamente el que yo haga eso- comentó sin perder el bueno humor; en su cabeza se había formado un reto: ganarse al muchacho.

Damek se acercó de nuevo a Déteka y se tomó la libertad de depositar un beso en su frente -volveré en cuanto termine de comprar que comer-  susurró muy bajo, pero lo suficientemente fuerte para que ella escuchara, contando con el conocimiento de ella de que ni él mismo podía escapar de sus órdenes.

Antes de poner un pie fuera de la casa, se acordó de su teléfono móvil el cual reposaba en su bolsillo con poca batería. Lo prendió y lo primero que aparecieron fueron tres mensajes de texto de Aidan y uno de Helios. Los del primero eran una sucesión de preguntas para saber dónde estaba metido, y el último sólo era una cantidad de emotes llorando y corazoncitos rotos pidiendo que lo llamara al ver el mensaje. - ¿Será mucha molestia si me prestas un cargador mi móvil?, al volver debo responder algunos mensajes y olvidé traer un cargador conmigo – escuchó algunos murmullos de que ella no sabía nada de aquello y fue hasta su malhumorado hijo para pedirle auxilio- bueno, yo lo dejo aquí, me voy antes de que muera por inanición- dejó el teléfono en una mesa ratona que se encontraba en la sala y salió sin prisas del lugar.

Ya estando en la comodidad de su vehículo y oyendo el murmullo del motor al moverse, de nuevo les prestó atención a los alrededores, no había nada cerca de esa casa, salvo un paisaje una que otra pradera que estaba fuera de lugar. Desconocía que hubiese paisajes aún tan vírgenes tan cerca de la ciudad de Nueva York, y se preguntó a si mismo si quizás no era una clase de espacio atemporal creado inconscientemente por la mujer que vivía allí, debido a que sabía muy bien que de manera consciente ella no era capaz de manejar la magia como él o sus hermanos. Intentó percibir la magia, alguna ruptura entre los dos planos, pero no sintió nada salvo una chispa cuando comenzó a ver, a ya veinte minutos de recorrido, civilización nuevamente. Decidió que luego investigaría más a fondo acerca de ello; primero: comida.

Llegó de vuelta a la casa de Déteka pasadas las 5pm, encontrándose con una regañina que lo hizo sentir como un crío nuevamente. -Juro solemnemente que en el pueblo la mayoría de las comidas tenían un aspecto extraño, por eso me tarde, no encontraba nada que me agradara- dijo alzando las tres bolsas con comida que llevaba en sus manos, intentando darles credibilidad a sus palabras. Las llevó a la cocina y las colocó en la encimera para poder buscar unos platos y servirla, pero el titilar de la pantalla de su teléfono que estaba ahora conectado a un enchufe de allí con una llamada entrante de Helios lo hizo parar su labor para atenderlo.

Tan pronto atendió, se arrepintió de haberlo hecho. Tuvo que alejar el auricular de su oreja para no completar su discapacidad y terminar siendo sordomudo.

- Helios, baja tu voz, y repite todo lo que dijiste -pudo decir antes de volver a acercarse el móvil a su parcialmente dañado oído.

- ¿Sabes cuantas llamadas he tenido que soportar de Aidan en lo que va la última hora? ¿Dónde estás metido?

- En un momento le responderé con un mensaje, estoy en casa de una amiga.

Un silencio se escuchó del otro lado de la línea.

- Con que una amiga eh.

- Helios Vind, ¿a que debo el placer de tu llamada? -quería eliminar cualquier conjetura extraña del albino antes que siguiera con su verborrea-

- Pues, sólo quería saber si estabas vivo, como te dije, Aidan me ha estado llamando a mi como si fuera tu novia porque no le contestas los mensajes. Creo que está preocupado por ti. El resto, está en los mensajes que te envié.

- Seguramente y gracias. Si eso era todo, adiós. -y colgó la llamada-.

Notó que de nuevo entraba otra llamada del detective, pero la canceló con una mueca de diversión en su rostro. Luego leyó todos y cada uno de los mensajes de Aidan. Al parecer sí estaba preocupado por él, y no era extraño, después de todo había un demonio que quería su cabeza y atacó a una persona ajena para dejarlo expuesto.


Tuve que salir de la ciudad por hoy, no te preocupes, ¿podrías ir por el café mañana y verificar que todo esté bien?, quizás esté de vuelta para el medio día


Envió el mensaje sintiéndose inquieto. Ahora debía pensar que mentira decir mañana, pero por lo que quedaba, se dedicaría a disfrutar la sensación de sentirse en casa.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 10 Oct - 18:33

          El eco de Damek dentro de su mente restablecía vínculos que se habían quedado obsoletos. Poco a poco, el silencio había carcomido los bordes de aquellos caminos que los unían, su salvaje avance había conquistado cada espacio hasta dejarla oxidada. Para ella era inconcebible que nadie que hubiera conocido a Aidan cuestionara quien era el padre de Eidan. Sólo había que mirarle las hechuras, los aires con los que se movía por el espacio como una silenciosa pantera, poseedor de todo. La única diferencia que lo desmarcaba de su padre era que Aidan siempre lucía consciente de su poder, y Eidan era taciturno y silencioso, mudo como una sombra, el eco inconsciente del poder. Su humildad lo hacía más peligroso si cabe. A los hombres como su padre se los veía venir de lejos, a su hijo... bueno, eso era más complicado.

          —Pero ven. No te quedes en la puerta, por favor. —Posó la mano en la cintura estrecha de Damek, animándolo a entrar en su morada. En el fondo lo que hacía era darle gracias al cielo y a Eidan, que se había dedicado a dejarla como una patena—. Pasa dentro.

          “Oh, tranquilo. Déteka observó a su hijo, que miraba a Damek como si hubiera sacado un conejo de una chistera, es decir, como miraría a un timador. La sospecha bailaba en sus pestañas eternas, negras como la noche sin necesidad de máscara. No alcanzaba a saber que estaría pensando, pero podía hacerse una idea bastante cercana. “No le cae bien casi nadie, no es personal”.

          La reverencia de Damek levantó una única ceja de Eidan, que se quedó arqueada y tirante, bien arriba en la planicie de su frente. Una ceja, era lo único que necesitaba para hacer todas las preguntas y apuntas con todas sus sospechas sin tener que usar la boca. Una expresión que rozaba lo cómico, y que se rompió en mil pedazos para ser sustituida por desconcierto cuando Damek habló dentro de su cabeza. Reparó, sin embargo, en un detalle casi insignificante. Nunca había escuchado la voz de un hombre en su cabeza, las únicas que se habían comunicado de aquella forma con él hasta la fecha habían sido Anael y Déteka. Se asustó al pensar que tal vez sus pensamientos no eran tan privados como él creía, que, de alguna forma, un extraño podría sacarle las palabras a cucharadas directamente del cerebro.

          —No —respondió, con un escalofrío recorriendo su espina dorsal. Usó ambos canales, mental y oral, el eco de su voz se extendió por toda su cabeza, reverberando—. E-está bien así.

          Abrupto, se dio la vuelta para volver a la cocina, sinónimo de refugio, con su olor a jabón de fregar y a leña de las vigas. Déteka no pude evitar sonreír para sí misma. Quinientos años y seguía viendo el hombre que era Eidan al mismo niño que tenía miedo de los extraños y se escondía entre sus faldas. Cuando iban al pueblo a hacer algunas compras, de paseo, en cualquier situación, cuando alguien que no fuera un niño se dirigía a él, corría directamente a amarrarse a sus rodillas. A veces era divertido, casi tierno, otras solo deseaba que fuera un cabra loca como su hermana para poder andar sin tropezarse continuamente.  Ahora no se agarraba a sus muslos como si no hubiera un mañana, pero seguía teniendo esas manías, Eidan, animal de costumbres, que siempre prefería el hogar conocido y el silencio de la soledad a adentrarse en multitudes. Vivía en la ciudad por necesidad más que por gusto. Y aunque no lo quisiera escondido agarrado a sus faldas, lo echaba de menos.

          —Tiene sus momentos. Te sorprendería. —Admitió, mirando la sombra de su hijo por encima del hombro. Escuchar el nombre que llevaba medio siglo esquivando, sin éxito, fue como si le clavaran un cuchillo. Seguía teniendo ese efecto a pesar del tiempo, algo afilado y doloroso que se había empeñado en enterrar encontraba la forma de salir a la superficie, flotar, y volver a hundirse entre sus costillas. Sangraba, pero siempre en silencio. Ya no era la única en aquella casa que conocía el nombre envuelto en secretos; Aidan—. ¿Eh?

          Se giró hacia Damek, con el ceño fruncido. Parpadeaba, a punto de decir que ni se le ocurriera tomarse semejante molestia, pero la cruda realidad era que no tenía ni idea si había algo que pudiera ofrecerle. Llenó la nevera en algún momento de su lapso consciente pero no tenía la más remota idea de que productos habrían sobrevivido la caducidad. Alzó la mano para rozarle el brazo a Damek, un contacto mucho más medido y delicado que el abrazo anterior.

          —De acuerdo, pero ten cuidado. Las carreteras aquí se parecen peligrosamente a caminos de cabras.  

          Damek salió, cerrando la puerta a su espalda, como dictaba la buena educación. Sólo se escuchaban los resoplidos de un Eidan frustrado, que peleaba contra la roña acumulada de la encimera. Maldecía entre dientes, estrujaba trapos, y la retahíla terminaba en una sacudida de magia. El agua, encantada, barría la encimera de un lado al otro con una presión antinatural. Obligaba a la suciedad a desprenderse de las superficies, y después las mandaba volando por el sumidero con un giro de muñeca. A Eidan siempre se le había dado bien el agua. Sobre la mesita, no muy lejos, una vibración arrastró sus ojos por la estancia hasta el pequeño móvil del desconocido. Lo fulminaba con la mirada, carcomido por los secretos que esconderían sus chips. Cesó en cuanto se percató de la mirada de su madre, que lo observaba desde el vano de la puerta. Respiraron tensión en el aire, rodeada de incertidumbre. Se miraron a los ojos, la luz del sol que llegaba desde la ventana dilataba las pupilas de Eidan. Convertidas en cabezas de alfiler de un negro poderoso, rodeadas del azul como islas perdidas en medios del océano, intentaban no transmitir nada.

          —¿Quién es? —Abrió la boca, la cerró. Otra vez, se quedó boqueando como un pez todas las preguntas que se le agolpaban dentro del cráneo, para terminar escupiéndolas atropelladamente—. ¿Lo conocías de Etherial, verdad? ¿Qué hace aquí? ¿Qué quiere de nosotros? ¿Es…

          La pausa era obligada, la palabra que quería subirle por la garganta se le atravesaba, enredándose bajo las amígdalas con un nudo furioso. No podía decirle, llevaba años siendo incapaz de pronunciarla, pensarla sólo era un sacrilegio, le hacía sentir furioso, triste, lo convertía en ese niño abandonado que nunca había querido ser. Creía que si no lo decía no tendría importancia, podría relegarlo al olvido. De hecho, lo empujaba allí continuamente con el peso de sus dolorosos motivos. Ningún niño merece no tener padre, o peor aún, vivir con la constante y triste ausencia de uno en los ojos de su madre. Miró a Déteka, y fue incapaz de seguir pensando al encontrarse con un brillo apagado, triste y alegre, agridulce, en su mirada.

          —No es tu padre, si es lo que quieres saber.  Efectivamente, lo conocí en Etherial. Es un amigo que siempre estuvo ahí cuando lo necesité, que cuidó de nosotros cuando tú aún ni siquiera estabas en el mundo. No quiere nada de ti, de mí supongo que sólo quería encontrarme. Y eso es precisamente lo que hace aquí. Es un amigo al que quiero muchísimo, al que le debo lealtad. ¿Es suficiente?

          La franqueza de Déteka aplacó los nervios crecientes de Eidan. Miró a su madre, después las manos, que en algún momento se habían convertido en sendos puños cerrados sin que se diera cuenta. Las abrió, despacito, cavilando en el movimiento las respuestas. Déteka nunca había sido parca en detalles en cuanto a Etherial se refería. Podía pasarse horas con sus dos niños acurrucados en la cama, cada uno a cada lado, narrándoles historias del mundo al que pertenecían. Incluso ella misma se perdía en sus relatos, a veces, bajando a la tierra historias de guerras magistrales, criaturas increíbles y ciudades que se construían en cimientos mágicos. Disfrutaban escuchando aquellos cuentos, pero había una gran diferencia entre los hermanos, el abismo que separaba a Anael de Eidan. Para una, Etherial era un recuerdo vívido, tenía color, sabor, textura y un recuerdo difuso al que agarrarse. Había surcados sus cielos vírgenes, respirado el aire más puro de los dos mundos. Para el otro, aquella tierra de mitos y cuentos no era más que eso, una leyenda. Un sueño inalcanzable que convertía su propio mundo en algo gris y yermo. Era dolorosamente consciente de que en Etherial se había quedado todo por lo que merecía la pena vivir, la magia, la tierra, la gente, su historia. La de todos ellos. Tragó saliva, avergonzado.

          —Lo es.

          —No sufras, hijo.

          Déteka le ofreció una mano a su hijo, y cuando este la tomó se llevó sus dedos a los labios. Le besó los nudillos, igual que cuando se hacía arañazos de pequeño. Un pequeño silencio, uno cómodo y familiar, se acurrucó entre ellos.

          —¿Debería contarle lo que he visto esta mañana? —Los labios de Déteka se congelaron sobre sus dedos. Ella recordaba a su hijo, olvidando siempre que lo que tenía delante era un hombre, uno particularmente inteligente. No tenía intenciones ocultas, de hecho, era una pregunta que hacía por respeto, pero que se ganó una mirada a través de las pestañas pálidas de su madre—. Parecía inteligente, y debe serlo si te ha encontrado. Aunque no se lo diga…

          —No. —Lo cortó, abrupta. Damek era como una central de inteligencia, siempre sabía demasiado y hablaba poco, pero la lealtad que le profesaba a Aidan era mayúscula. No podía correr ese riesgo. Damek no se la jugaba con sospechas, pero no se andaba con chiquitas si tenía certezas—. No quiero que lo sepan.

          Eidan miró de reojo el teléfono móvil. Había dejado de vibrar pero lo había revisado. Recordó el rubio que casi atropelló a su madre meses atrás, su esencia angelical se le había anclado a la memoria. ¿Se referiría a él, o a alguien más? ¿Cuántas almas abarcaba el plural citado por su madre?

          —Mamá…

          —Por favor. Llevo quinientos años sin ver a un solo amigo. —El ruego no tenía un ápice de autoridad, era exactamente un ruego, nada más. El tipo de gestos que estaban reservados a su relación, que trascendía el madre-hijo—. No quiero que vean a una mujer… enferma. Yo también tengo muchas preguntas para Damek, y no me responderá ninguna en cuanto empiece a mirarme con pena.

          Eidan asintió despacio, mordiéndose la lengua. En última instancia, respetaría los deseos de su madre, hasta que él lo considerara apropiado. Le dio un apretón en la mano y la dejó ir, sumiéndose cada uno en sus propios pensamientos. Tic-tac, el reloj no esperaba a nadie. A medida que las manecillas avanzaba por la esfera en su eterno ciclo, Eidan empezó a ponerse nervioso. ¿Dónde estaba el extraño, a donde diablos había ido? ¿Por qué su madre no se ponía nerviosa y seguía sentada delante de su cuaderno de dibujo como si nada? Parecía impasible, no, tranquila, como si albergara la seguridad de que Damek volvería simplemente porque lo había dicho. Ignoraba tantas cosas el joven Eidan… Cuando el timbre volvió a sonar se le crisparon todos los nervios a la vez, después le invadió una extraña calma.

          “¿Dónde estabas? Empezaba a pensar que iba a tener que ir a buscarte”. Escuchó que decía Déteka, reprendiendo al invitado. Por el pasillo desfilaba un agradable olor a comida caliente. Ignorando la regañina, se levantó dispuesto a poner la mesa. Damek le despertaba tantos nervios como curiosidad, y se había convertido en la excusa perfecta para que Déteka pospusiera la conversación que tenían pendiente. Miró de reojo la alta figura del moreno mientras salía de la habitación, cultivando preguntas en su fuero interno.

          Por otra parte, Déteka observaba a Damek hablar por teléfono. La voz de Helios estallaba en los auriculares del pequeño aparato, lo habría reconocido en cualquier parte. De hecho, reconocer ese tono juvenil aplacó la ansiedad que se adueñó de ella durante el eterno segundo en el que se preguntó a sí misma si al otro lado del teléfono estaría Aidan. Con una mano le indicó a Damek que se sentara en el sofá, junto a ella, o donde quisiera. En la pared opuesta a la dama, un ventanal vestido con cortinas color crema dejaba entrar la luz y el calor, ofreciendo así mismo las espectaculares vistas de la campiña. Verde, vasto y extenso, contrapuesto al eterno azul del cielo que presidía el cielo a primera hora de la tarde. La incidencia del sol había cambiado, no entraba directamente a la habitación, arrojaba la sombra del edificio sobre el patio trasero. Se asemejaba al que poseía su padre en su segunda residencia, lejos del castillo donde ejercía como duquesa. Una construcción puramente hedonista que respondía al deseo de conservar monumentos del pasado que sólo sus ojos podían reconocer.

          —Helios también está aquí —comentó, con una ligera sonrisa. El gesto fue a morir cuando dio paso a una pregunta que llevaba haciéndose quinientos años—. Vi a Mystral también, una vez, pero no me reconoció. ¿Quién más está en la Tierra, Damek?



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 11 Oct - 2:24

Damek hizo con sus labios una mueca debido a la indecisión pero aún así aceptó la invitación muda a sentarse junto a Déteka, guardando una distancia que le pareciera aceptable al muchacho que sabía que tenía la atención puesta en ellos. La pregunta había sido directa, pero no sabía que tan inteligente debía ser el decir la información sin algún tipo de anestesia. Sabía perfectamente que en algún momento la interrogante aparecería, pero no esperaba que fuese tan pronto. Al final, decidió dejar ir la información, sin entrar en demasiados detalles.

- Mystral no recuerda nada de Etherial -quiso aclarar, para hacerle ver que no era sólo con ella su falta de memoria- estuvo mucho tiempo buscando a Helios y a la demoniza que llegó a ser su pareja junto con el hijo que llevaba en su vientre, y al no encontrarlos un buen día llegó a nosotros sin memoria de esos años, y con algunos huecos en su memoria de antes, cuando éramos guerreros -era una manera bonita de decir asesinos-.

Recordaba perfectamente ese día ya en América, en que Aidan y él habían quedado confundidos cuando Mystral regresó de uno de sus viajes de búsqueda. Siempre les hablaba de lo que haría al encontrar a su pareja, a sus hijos; sin embargo, ese día al preguntarle cómo le había ido su respuesta había sido “¿Cuáles hijos?”.

- Helios lo encontré hace algunos años, no más de diez, cuando nos mudamos a esta ciudad. Es detective -se le escapó una sonrisa-.

- No solo nosotros somos los seres sobrenaturales en este mundo y Helios se ha encargado de que resguardar a los que no pueden esconder su real apariencia y mantener a raya los que quieren hacer de este lugar un caos. Al parecer hay varios con ese trabajo, y lo hacen muy bien, porque hasta encontrar a Helios hubiese jurado que éramos los únicos vivos.

A continuación, paró con su reporte y buscó la mirada de Déteka a la que había estado huyendo deliberadamente desde que comenzó a hablar. Buscó algo que le impidiera confesar lo que tenía cinco siglos guardado. Sabía que no iba a ser juzgado, pero temía su reacción.

El reciente recuerdo con la no tan pequeña Anael cruzó su mente de pronto, estaba muy seguro de que su reacción no sería tan explosiva como la de esa muchacha, y saber aquello de algún modo lo llenó de una inusitada calma que lo instó a continuar.

- Conocimos a Anael, es una muchacha hermosa, pero debo confesar que sacó el peor carácter de los dos -intentó reír, pero a pesar de que parte de su nerviosismo se había ido, la tensión que tenía seguía allí y era demasiada para siquiera componer la mueca de la sonrisa.

Le tomó un momento reordenar las ideas, pensar cómo abordar el tema de Aidan y justificar el hecho de que no estuviera ahí en vez de él.

- Yo le ordené olvidar -dijo finalmente, bajando su mirada al suelo como si en él estuviera escrita la solución a sus problemas- Aidan siempre quiso encontrarlas, pero yo le ordené olvidar.

No sabía que tanto le había pesado esa decisión que tomó hasta que por fin la compartió con alguien más.

Los primeros años en ese mundo tuvieron que vivir con lo único que sabían hacer y lo que le enseñaron perfectamente: el arte de la guerra. Haber aparecido en un territorio donde ésta era constante y el manejo de una espada era una habilidad bien apreciada, había parecido una especie de salida para la ira perenne de un Aidan que recordaba muy bien como había sido separado de su familia. Pero hubo un momento en que el ser emisario de la muerte había dejado de ser un deber desagradable y se había convertido en un placer; encontraba aquello como una manera de vengarse por haberse ganado aquel “castigo”.

- Desde el principio, los tres hemos estado juntos. Aparecimos en un territorio en el que hoy se llama Japón y permanecimos allí hasta hace un poco más de un siglo. Mystral siempre se ausentaba por sus viajes buscando a los que faltaban mientras nosotros hacíamos dinero para sobrevivir, pero siempre volvía con las manos vacías y eso comenzó a desquiciarlo. El no encontrarlos, el no tener noticias de ustedes lo estaba sumiendo en un estado de ira perenne en donde matar le comenzó a parecer divertido, y temía que se repitiera la historia, que se convirtiera en un ángel caído, por lo que le ordené que los olvidara hasta que los encontráramos.

Recordó el haber estado al borde de desquiciarse por aquella orden. Cualquiera pensaría que era una especie de bendición el tener el poder de doblegar a alguien a su voluntad con solo hablar en voz alta, pero tenía un precio dependiendo de la pronunciada. Ése poder no lo tenía gracias a ser un ángel, esa habilidad era de las almas demoníacas que dieron lugar a su cuerpo y cada vez que la usaba ésta salía a flote y luchaba con su parte angelical.

Dependiendo de la reticencia de la víctima a cumplir la orden aquello podía afectarle en algo tan simple como no poder controlar algunos aspectos de su apariencia -como sus ojos- hasta el sentir -y verse- como si su cuerpo hubiese sido arrojado en un recipiente lleno de ácido hirviendo, o peor aún para un ángel: sentir como sus alas eran arrancadas y quedarse sin la inmunidad propia de su raza, para morir consumido lentamente por las bacterias que estaban en el ambiente.

En el caso de Aidan, lo había llevado a estar durante casi una década encerrado en una habitación sin poder moverse debido a las quemaduras en su cuerpo. El darle una orden a un ángel con su rango era grave si éste no quería cooperar, pero aquello se quedaba corto con la negativa que tenía Aidan de olvidar lo más preciado que tenía que era su familia.

- Hace algún tiempo, convencí a Helios para que te encontrara, pero no teníamos ni idea de donde comenzar a buscar, hasta que apareció Anael -esta vez la sonrisa si salió espontáneamente- supongo que no lo sabes, pero los dos son rivales en los negocios y hasta cierto punto dan risa sus enfrentamientos, es una competencia de quién tiene el ego o el orgullo más grande -la sonrisa se esfumó así como había aparecido- pero del lado de Aidan esa competencia murió en el momento en que Helios te encontró

Dejó su inspección a las formas que tenía la madera del piso para fijar su atención en Déteka. Siempre la había considerado una mujer inteligente, y las pistas estaban allí, las había ido dejando concienzudamente a medida que iba hablando, y sabía que no debía seguir llenando de información a la mujer, pero tenía que decir algo antes de dar por zanjado el tema por su parte.

- Si yo estoy aquí en vez de él es porque no sabe cuál es su lugar ahora mismo, se perdió buena parte de la vida de ustedes y no sabe como hacerse un lugar en toda esta historia, y el ver a Anael y que ella lo trate como extraño es un recordatorio constante de ello -fijó esta vez su atención en la cocina y al notar que el muchacho había servido la comida, se levantó del sofá donde estaba sentado y le tendió su mano a Déteka para ayudarla a pararse- todos hemos sido víctimas de las circunstancias

Aunque si quería ser técnico, todo era culpa de Allen, que en su forma demoníaca se le había ocurrido la brillante idea de matar al soporte de todo Etherial: la directora de la academia que ninguno sabía guardaba la energía de los dragones que formaron aquel mundo, y al mismo tiempo, era su magia el soporte que lo mantenía vivo.

Luego de un tiempo entendió que Etherial existía al mismo tiempo que el mundo en que existían ahorita mismo, pero estaba oculto en la magia. Los límites de aquella tierra en forma de una estrella eran una amplia muralla en forma de portal a este, sólo que las criaturas llamadas aqui "sobrenaturales" o "fenómenos", al saber la existencia de esa tierra prometida, la encontraban y entraban por sus murallas, para hacerse una vida allí, olvidándose eventualmente de otro lugar que no fuera aquel lleno de magia creado a partir de las cenizas de dos dragones que pelearon hasta la muerte.

La que los envió en su lecho de muerte a este lugar también estaba viva en aquella ciudad, pero era una simple humana que curiosamente tenía todas las memorias de su vida anterior. Fue ella la que le relató de manera escueta que ella con sus pocas fuerzas los había expulsado a este mundo y el que ellos tres hubiesen reaparecido juntos fue una simple casualidad, seguramente creada por el hecho de que ellos estaban juntos en el momento de su muerte.

- Tenemos todo el tiempo para hablar si deseas, por momentos, deberíamos ir a comer antes que la comida se enfríe, ¿no te parece?
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 17 Oct - 1:57

En el silencio de Damek cabía un mundo. No fue tanto tiempo, un minuto a lo sumo, pero cada segundo llenaba a Déteka de una ansiedad cautiva durante quinientos años. Sabía que en algún momento del camino había dejado de atesorar la esperanza, demasiados siglos consumidos bajo aquel sol moribundo que iluminaba la tierra. Años tras años de silencio y soledad habían terminado por enterrar la posibilidad de volver a verle. Helios, Mystral, incluso el presente Damek no eran más que sombras cuando su nombre, prohibido, le venía a la mente. Podía ser doloroso aceptarlo, pero ninguno de ellos importaba la mitad de lo que le importaba Aidan. Se había convertido en un sueño, algo tan idílico como onírico, la perfecta fantasía de una vida que apenas parecía real desde el prisma de aquel mundo. Era la cuerda de una incertidumbre que los años habían tensado hasta ahogarla, y ahora que estaba a punto de soltarse le invadía el miedo. Miedo a pensar que existía en aquel mundo, pero un miedo aún mayor el confirmar que no lo hacía. Miedo a que aquella cuerda terminara por amarrarse alrededor de su cuello como un áspero collar hasta terminar por ahogarla. Miedo a que al soltarse se ahogara con la primera bocanada de alivio.

        —Eso había supuesto.

        Hablar resultaba un alivio, incluso con el hilillo estrangulado de voz que conseguía escapar por el nudo instalado en su garganta. Mystral había olvidado todo, tal vez había sido para mejor. Lo conocía, mucho, no se perdonaría el tiempo perdido con sus hijos, pero tenía un alma noble, hecha para la bondad. Terminaría aceptando la vida como había sido, dejando el pasado atrás para disfrutar lo que le ofrecía el presente. No sería la primera vez que tenía que hacerlo tampoco, todos y cada uno de los ángeles que conocía había vivido su propia maldición. Para ser criaturas límpidas y prístinas, todos ellos estaban muy manchados de sangre. Se le hacía raro pensar que, efectivamente, había más criaturas de Etherial morando entre los humanos. Nunca se había cruzado con ningún otro ente preternatural, no antes de ver a Mystral. Tampoco se paraba a pensar en la cantidad de años que llevaba recluida en aquel pueblo, más concretamente en su pequeño bastión de soledad. Una cárcel construida con cimientos de otros mundos y ladrillos de pasado.

        Todos esos pensamientos se borraron cuando los ojos oscuros de Damek encontraron los suyos. Hablaban sin separar los labios, compartían el silencio de los secretos. Santo Dios, como tardara más en hablar le arrancaría las palabras a bofetadas.

        —¿Anael? —Su hija metiéndose en problemas que le venían demasiado grande no era ninguna novedad. No era el nombre que esperaba escuchar, le puso en tensión. Déteka no reía, aunque estaba segura de la verdad en las palabras de Damek— . Me cuesta admitir que ha sacado lo peor de mí.

        Impulsiva, testaruda, así era Anael. No le contaba nada nuevo. La novedad sobrevino con un golpe de aire que se escapó súbitamente de su cuerpo. Una “oh” contenida durante quinientos años que le arrasó los pulmones, el corazón, y sólo una férrea fuerza de voluntad hizo que no le temblaran los labios. Parpadeó, mirándo a Damek, incapaz de hablar. En otro tiempo aquel sentimiento desolador habría estado seguido de una ira huracanada, golpes a los muebles, a Damek, magia descontrolada, cualquier tipo de estallido violento que la empujara a sacar el mandoble de la funda en la que llevaba descansando quinientos años. Pero quinientos años son mucho tiempo, estaba templada de madurez como no lo había estado en dos mil años de existencia. Abrió la boca para dejar salir palabras no tan llenas de dolor como creía en un principio.

        —Lo entiendo. —Y la verdad era, sencillamente, que lo entendía. Damek tenía que cuidar de ellos como ella cuidaba de sus hijos. Eran familia, y por la familia uno hace cosas desagradables. Mentir, traicionar, cualquier cosa vale su precio su salvaguarda la seguridad. Miró a Damek a los ojos, con las pestañas velando la aceptación de su mirada—. Lo entiendo, Damek. Tú y yo siempre hemos hecho lo que teníamos que hacer por los nuestros. Lo que debíamos hacer.

        Siempre. Por más duro que fuera. Eran ese tipo de personas. Estaba delante del hombre que les había arrebatado un padre a sus hijos, que se había llevado por delante el amor de una vida por la distancia y la incertidumbre, pero era incapaz de sentir rencor hacia Damek. ¿Dolor? Seguro. Pero no podía reprochar algo que ella había empezado. Fue la primera en dejarle ir, en respetar su libertad y su espacio. Probablemente el primer acto digno de cierta madurez que había hecho en toda su vida, dejar a Aidan marcharse cuando ya no le pertenecía. El resto era… historia. Triste, dolorosa y miserable historia, pero historia al fin y al cabo. Sus actos habían empezado aquello, no los de Damek. Dos lágrimas le cayeron por las mejillas, se apresuró a limpiárselas con las yemas de los dedos. La saliva que bajaba por su garganta se atascó a medio camino cuando Damek habló. Esta vez sí, los ojos de la pelirosa se abrieron de par en par—. ¿Lo sabe?

        No alcanzó a decir nada más, la voz se le extinguió en el espacio oscuro de sus costillas. Miraba la mano de Damek pero no podía verla. Aidan sabía quién era, recordaba lo que habían sido. Reconocía a la hija que tenían en común, a pesar de los siglos. ¿Cómo podía ser todo eso peor que la perspectiva anterior?  Y aún así lo era. Si Aidan había olvidado todo seguía igual, no había motivos suficientes para interponerse en una vida sobre la que no tenía ningún derecho. Aidan había prosperado en esta tierra como habría prosperado en Etherial sin ella, tenía una vida hecha a su medida. Tendría amantes, y metas, espacios donde su presencia no encajaría después de los años. Déteka nunca había contado con que, de estar Aidan vivo, habría algo a lo que volver. Les habían arrancado la posibilidad de estar juntos, él había tomado decisiones para acabar con sus demonios, literales, que lo perseguían. No había contado con ella y todos habían pagado las circunstancias, pero eso era un hecho. Un hecho al que estaba acostumbrada, un dolor familiar y amigo que la acompañaba a todas horas. Una descripción más justa sería decir que era un hueco, el enorme, oscuro y denso hueco de todas las cosas que antes eran Aidan. Ella vivía con ese enorme agujero vacío dentro, lo arrastraba y acunaba a partes iguales porque se había convertido parte de sí misma. Volver a llenarlo parecía surrealista, casi obsceno. Y mientras el dilema se desataba su cerebro estaba atascado en un único pensamiento, un sueño imposible.

“Aidan me recuerda”.


        Damek seguía hablando pero ya no le escuchaba.

        —Eh…. No… y-yo, necesito un momento. Sólo, dame… un momento.

        Desde la cocina, Eidan no podía escuchar nada de la conversación. No quería mirar a su madre y sin embargo sus ojos la buscaban constantemente. Intentaba alcanzar a analizar el manojo de emociones que se sucedían a una velocidad de vértigo, pero se le escapaban. Sólo supo, allí sentado, que el único mundo que conocía estaba a punto de cambiar vertiginosamente.



***********

        Se permitió descansar. Era lo que necesitaba, darse una ducha y dejar que el equipo de limpieza que Helios envió tras su marcha arreglara el caos de su edificio. Podría haberse escondido con un libro en algún parque solitario, o encerrarse en la oficina para que el trabajo ahogara cualquier otra posibilidad, pero habían pasado demasiadas cosas como para presentarse delante de Wolfgang sin saber qué demonios decir.

        Los días anteriores habían sido un desastre, aquella mañana una puta pesadilla, y ahora los dados del azar la habían llevado a una casilla en blanco pero le habían puesto un comodín bajo la manga. Extraoficialmente, todo el que fuera alguien empezaría a pensar que Aidan Feuer era su pareja sentimental, o al  menos, un affaire. Sólo de pensarlo le daba repelús, santo Dios, tenía edad suficiente para ser su padre. La familiaridad del muchacho había hecho que intentara llamarle un par de veces, pero el detective Helios debía estar muy ocupado, porque su línea estaba ocupada que vez que lo intentó. En su lista de contactos no quedaban demasiadas opciones. Contempló el número de teléfono de su hermano durante un rato. Debería llamarle, deberían hacer las paces. Eidan siempre sabía cuando abrirle los brazos y apretujarle las costillas hasta que se le pasaran los males. Era un imbécil testarudo y falto de coraje, pero conocía el nombre arte del consuelo y sabía reparar almas mejor que cinco litros de helado de chocolate. Deseó hablar con él, pero la barrera de pasado que los separaba se interpuso. No, probablemente Eidan se negara a escuchar cualquier cosa referente con Mystral, Eidan o Helios. Y si le decía que unos demonios habían atacado en su casa tardaría exactamente cinco minutos en tener a su madre armada con un mandoble haciendo guardia en la puerta de su apartamento.

        —Santa madona, eso sí que no…

        Dijo en voz alta, llevándose una mano a la frente. Alargó el gesto, arrastrando los rizos oscuros que le caían sobre la cara hacia atrás. Había otro número en su lista telefónica, uno nuevo y ventajoso que no debería desaprovechar. Alzó el rostro para contemplar el lugar que le daba cobijo. Era un parque del extrarradio de la ciudad, nada de Central Park ni lugares masificados. Aquel sitio era íntimo, soleado y solitario, un lugar donde había espacio suficiente para pensar. ¿Debería llamar a Aidan Feuer?



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 17 Oct - 2:39

Mi aburrimiento estaba alcanzando límites insospechados, y el pequeño discurso de Aidan estaba resonando en mi cabeza. ¿Debería o no ir a ver a papá?

Desde que tengo memoria no he tenido una figura paterna presente, salvo aquel año que pude por fin vivir con un cuerpo propio fuera del de mi padre, antes de que Etherial llegara a su fin, y todos esos momentos los guardo con infinito cariño. Si era sincero conmigo mismo los añoraba, quería tener contacto con la primera persona que había demostrado sentir amor por mí, pero al mismo tiempo me frenaban los recuerdos de su dolor al saberme perdido y no quería que experimentara la dicha de verme al mismo tiempo de la amargura de saber perdido a mi hermano.

Mi madre, Selene, era un ángel de alto nivel, curador, que se dejó seducir por las promesas de un reino propio por parte de Abaoth -a.k.a. Allen-, y dejó a mi padre sin importarle que tenía a un hijo suyo en su vientre. Gracias a ello nací siendo una mitad, un demonio y un ángel, con una constante batalla de lo que estaba bien y lo que estaba mal. Ningún ser podía llevar ambas sangres mezcladas sin ceder a la demoníaca o perder la cordura y la segunda opción había sucedido conmigo. Selene se había aprovechado de ello para llamar la atención de mi padre y hacer que me matara sin saber quién era yo.

En una bruma de recuerdos de mi parte, recuerdo haberle lanzado una maldición que hacía que yo tomara el control si cualquier demonio llegaba a tocarlo, y mi madre lo tocó sin saberlo para comunicarle que había matado a su hijo, y sí, disfrute cuando tomé el control de Mystral y la maté, y aún ahora, tanto tiempo después, siento un cierto placer cada vez que el recuerdo de su cuello en mis manos, su mirada perdida al ver que era yo quien la estaba matando, y finalmente la calidez de su sangre en mis manos al arrancar su corazón. Quizás los vestigios de haber nacido mitad demonio seguían ahí y por ello veía placer en su muerte.

Pasé mucho tiempo habitando el cuerpo de mi padre como un parásito, y recuerdo el inicio de la relación con un demonio, una mujer con cuerpo y actitud de niña, de cabellos rojos a los que todos llamaban Fel, y recuerdo lo muy feliz que de nuevo él se sentía a su lado. Recuerdo también su expresión de felicidad cuando me dio un cuerpo propio a costa de su propia esencia, pero sé que esa felicidad era plena porque tenía lo que todo ángel creado no conocía y anhelaba: una familia completa; y me parecía cruel presentarme para que volvieran sus recuerdos y encontrarse con tan sólo una fracción de lo que llegó a tener.
Lo cual me llevaba a preguntarme de nuevo ¿debería o no ir a ver a papá?

Pegué un brinco cuando una carpeta cayó de lleno frente a mi sacándome de mis pensamientos y vi a la mujer que era mi “jefecita” frente a mi viéndome con una sonrisa burlona.

Si quizás fuera la mitad de promiscuo de mi padre ya hubiese invitado a salir a mi jefa, pero la verdad no me emocionaba la idea de salir con alguien que era más vieja que la sarna y que me sacaba una cabeza de tamaño.

La mujer exudaba autoridad y sensualidad, tenía las curvas bien puestas y el color oscuro de su piel parecía desafiar todas las creencias humanas acerca de los ángeles, por lo menos de aquella parte del hemisferio, porque sí, aquella mujer era de su misma raza, pero su edad era todo un misterio. Iba a reclamarle el haberme asustado, pero noté su semblante cansado, así que me contuve.

- ¿Problemas en el paraíso?

- Si a paraíso lo llamas estar todo el día intentando buscar una pista del demonio detrás de la linda escena de hoy sacada de una película gore, sí, problemas en el paraíso. -respondió mientras amarraba su largo cabello en un chongo alto- Entonces, dime, ¿sabes la razón por la cual Aidan Feuer está tan inestable?, sabes que mientras sea así seguirán atacando todo lo que le parezca importante, hasta que caiga.

Sí, ese era un detalle que no le había comentado ni por asomo a Damek.

Los ángeles éramos, como raza, tan antiguo como lo era el mundo. ¿Nuestros orígenes?, deben estar en algún libro documentado en alguna lengua extraña dentro de cinco cajas de seguridad con sellos mágicos uno dentro de otro, ¿el por qué?, el saber de dónde veníamos no era importante, o eso me habían dicho.

Lo que relataba la biblia era una especie de proyección de la realidad. No éramos puros, teníamos vicios -sino miren a mi padre o a mí ya que estamos-, pero si teníamos un sentido de la moralidad un poco más alta que el resto de las razas. Siempre hemos actuado como sombras, seres pertenecientes a un mito pero que aparecíamos como una leyenda en ciertos momentos de la historia; esto principalmente porque era difícil estar en un ambiente mortal y conocer personas que dejaban de existir en lo que es menos un suspiro para nosotros.

Los ángeles se reproducían como cualquier otro ser, pero no tanto como los seres humanos, aparte que debía existir un deseo por parte de nosotros de ser padres para que esto tuviera lugar. ¿Por qué se nos era tan fácil escabullirnos?, tenemos una forma preferida, pero podíamos manejar nuestra apariencia a antojo, es una habilidad que todos tenemos, pero a muy pocos les gustaba usar y otros se habían hasta olvidado que la tenían, nos gustaba tener una identidad, una imagen que a pesar de los siglos fuera fácil de reconocer.

Pero volviendo al tema principal: la biblia. Los ángeles llamaban demonios a todo aquello que no fuera ni ángel ni humano ni un dios -sí, existen, y hasta ahora ninguno de los que conozco me cae especialmente bien-: elfos, vampiros, demonios puros, ángeles caídos y demás caían en esa categoría, y también teníamos jerarquías por el poder. Los ángeles podían convertirse en ángeles caídos cuando se corrompían, demonios que se diferenciaban de los demás por poder conservar su forma humanoide, y existió, o existe, -¿ese al que llaman Lucifer?, bueno, ese- uno que hasta ahora nos daba una cantidad de dolores de cabeza mensuales, y éste estaba detrás de Aidan.

¿Por qué detrás de un simple ángel como cualquier otro? Cuando me uní a este grupo hace unos siglos, y les comenté los experimentos que hicieron y en los que crearon los 7 ángeles, todos menos yo parecían saber quiénes estaban detrás de ello. Eran unos ángeles que se habían tomado eso de “ejecutores” muy literal, y querían exterminar todo lo impuro. El problema es que el experimento les salió demasiado bien, y apenas al sentir el aura de Aidan, el pánico se había apoderado de todos. Al parecer tenía suficiente poder como para aniquilar a cuanto animalito viviente existiese, sin embargo, simplemente pusieron un cartelito de “no molestar” al notar que no era una amenaza y ya, al igual que papá porque decían que estaba incompleto -gracias a mi- y a Damek porque no sentían ningún poder provenir de él. Si me preguntan están dementes con respecto a este último, pero no iba a sentarme a discutir con ellos.

El simple cartelito de “no molestar” subió a una amenaza casi de color morado cuando Aidan recuperó las memorias y su alma se fusionó con la de Allen. Todos notábamos conjunto al aumento de su aura, la fluctuación propia de cuando un ángel está en el borde de corromperse, y yo tenía una vaga idea del por qué, pero eso no era algo que iba a compartir con nadie por mucho que me dijeran que su presencia y poder se asemejaba a la de un Dios ahora, y tenerlo del bando equivocado podía suponer una amenaza. Mi padre de algún modo me contagió de su lealtad hacia ellos, y andar regando por allí información era algo que estaba en contra de nuestro código de honor.

Quité mis pies de la posición tan cómoda en la que estaban encima del escritorio para enderezarme en la silla, y mi rostro debió haberse puesto serio de pronto, porque una mueca de molestia apareció en la cara de la que es mi jefa.

- Sabes bien que, de saberlo, no sería información que compartiría contigo Esmeralda.

- Eres un terco, sabes que él no es normal, ni tu ni nadie lo va a poder frenar si se corrompe.

- En el momento en que suceda, discutiremos acerca de ello.

Los ojos color ámbar me quedaron viendo, quizás intentando intimidarme, pero a pesar de ser joven no era estúpido o maleable.

- Serás la sombra de esa niña -dijo luego de un suspiro resignado refiriéndose a la señorita Lark, por seguro-.

- Eso tenía pensado hacer - luego apunto a la carpeta llena de papeles que estaba frente a mí-

- Y asegúrate de tener eso listo para mañana

Un tic en mi párpado derecho se hizo presente en cuanto analicé con ahora atención la cantidad de informes frente a mí y que me habían asustado en primer lugar. En esa carpeta debían estar al menos doscientas páginas.

- ¿Cómo mierda voy a terminar esto para mañana? ¡Son las nueve de la noche! – había levantado mi rostro para verla, pero ¡sorpresa! Ya no estaba allí.

Escuché una risa en mi mente sacándome de mi habitual buen humor.

- Que la jodan, no voy a llenar todo esto para mañana.

¡Te escuché!

Se escuchó un grito de la oficina contigua a la mía, al parecer no se había ido muy lejos.

Me paré y tomé la chaqueta que estaba en uno de los apoya brazos de la silla. Abrí uno de los cajones del escritorio y saqué las llaves de mi carro.

Le eché una última mirada de odio a la odiosa carpeta, pero esta se disipó al abrirla y encontrarme con una foto de Anael. A final de cuentas, a partir de mañana tenía que vigilarla y convertirme en su sombra, si llenaba los papeles no iba a poder hacerlo, ¿y qué era más importante ahorita? “Prevenir que el ángel se corrompa”. Remedé la voz de Esmeralda en mi cabeza y debo admitir que me salió genial.

Y así con una sonrisa socarrona, el albino se colocó su campera, ocultando su platinado y llamativo cabello con la capucha, y salió de la estación de policía con rumbo a su departamento.

***

Luego de comer lo suficiente, había salido al enorme patio trasero que tenía la casa de Déteka mientras revisaba el mapa en su teléfono. Revisaba lo que mostraban los satélites de aquella zona, y lo comparaba con lo que sus ojos veían, y confirmó sus sospechas, aquel era un espacio atemporal creado por la mujer, aunque no sabía cómo había permitido que entrase a él.

Aquello era extraño, pero no era sorprendente. Ese lugar era un pequeño refugio seguro para crecer y vivir durante siglos continuamente sin estar como ellos, cambiando de nombre y apariencia.

Durante los años que habían estado vagando cambiaron su nombre miles de veces, y hace tres décadas decidieron volver a los de antaño, con los apellidos que inventaron para sí mismos luego de que Kristal les diese nombre.

Para Aidan y para Mystral fue sencillo. Ellos podían usar sus habilidades plenamente para cambiar de apariencia. Para él era un poco más complicado. El usaba magia y su elemento predilecto era la tierra, pero no podía usar algo más que sus órdenes si quería mantener su forma actual, el resto de su magia y energía se agotaba continuamente manteniendo la imagen que todos conocían de él. Y ahora que estaba pensando en ello, se sentía especialmente cansado, así que era mejor regresar a la casa y esperar dormir un poco antes de volver a su rutina diaria el día de mañana si no quería que alguien lo sorprendiese mostrando alguno de los rasgos que le costaba tanto mantener oculto.

Iba caminando de vuelta a la casa, con la constante de sentirse observado, pero una llamada entrante en su teléfono lo detuvo, y al ver el nombre en su pantalla, aunque no deseaba hacerlo, contestó.

- Aidan.

- ¿Todo está bien? -preguntó Aidan sentado frente a la isla de su cocina vestido con sólo el pantalón negro de su pijama, con el portátil abierto en las páginas de noticias con lo que parecía la primicia: su relación con Anael.

- Sí, ¿no recibiste mi mensaje? -se escuchó del otro lado de la línea-.

- Lo hice, pero podía ser cualquier otra persona la que escribía por ti -se hizo un silencio que le pareció incómodo, lo cual era extraño viniendo de Damek, pero lo iba a dejar pasar, por ahora -llamé a Mystral, como predijimos estaba muy cómodo su recámara por lo que no sabe nada aún.

- Eso está bien -oficialmente la incomodidad de Damek casi se palpaba a través de la línea telefónica. Y eso era demasiado extraño. Sabía que Damek era bueno guardando secretos, él mismo desconocía demasiadas cosas en torno al ángel, pero esa incomodidad gritaba que era algo que lo involucraba, y que no quería compartir- ¿Seguro que todo está bien? -insistió una segunda vez, y se prometió a si mismo que sería la última por aquel dia.

- Sí, sólo estoy agotado. Estaba a punto de irme a dormir ¿nos vemos mañana?

- Estaré en tu café a las 4p.m., Mystral lo va a abrir, yo necesito estar a primera hora en la oficina

- ¿No estabas de vacaciones?

- Yo sí, la prensa no, y si quiero que no sigan más allá necesito acortar mis vacaciones -siguió bajando las noticias y una foto de Anael lo hizo bufar con molestia– idiotas-. En la foto se notaba a la mujer con su gabardina y tenía un título demasiado amarillista acerca de la escena de terror de aquella noche junto con su romance. Sintiendo que había tenido mucho internet por aquel día, cerró el portátil para no seguir viendo aquella basura- hablamos -y colgó la llamada, se estaba cansando ya de la incomodidad por parte de Damek, eventualmente, como siempre, si él quería hacerlo partícipe de lo que pasaba se lo diría.

Pensó por un momento escribirle al enano para que le diera el número móvil de Anael -que a estas alturas estaba seguro de que lo tenía- pero lo pensó por un momento; no eran los mejores amigos, podía decir que la mujer lo detestaba y no creía que un mensaje fuera cambiar aquello, pero al final el impulso de estupidez fue más fuerte que él. Llamó a Helios, el cual parecía haberse quedado dormido hace muy poco, y luego de haber conseguido el número sin resistencia lo guardó en la memoria de su móvil; pensó en llamarla, pero no quería darle la oportunidad de trancarle, por lo que optó por un mensaje.

Siento lo de hoy en tu apartamento. ¿Te encuentras bien? Aidan
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie 20 Oct - 17:06

           El nombre en la pantalla era una incógnita constante.  ¿Debería, o no debería? Lo había amenazado en su apartamento, no había sentido ningún tipo de escrúpulos para tomar una situación que le daba ventaja sobre él sacrificando su propia imagen, simple y llanamente porque le beneficiaba. Le debía favores, pero no estaba segura de querer cobrárselos tan rápido. Y a pesar de todo, ahí seguía, observando el nombre de un hombre que consideraba un monstruo. Incluso el diablo supone tentaciones para aquellos que son ambiciosos, y Anael tenía tantas, tantas preguntas…
Eran ángeles, como ella. Los había visto conjurar hechizos que sólo estaban en su imaginación, o en la mezcla de sus recuerdos más lejanos, los que pertenecían a Etherial. Sentía como se le atragantaba la batería de preguntas que quería formular, y es sin abrir la boca. ¿Qué preguntaría primero, acaso? ¿Si conocía a su madre? Mystral el había hablado de Déteka, y Aidan trabaja con Mystral, así que una regla sencilla de tres dictaba que Aidan tenía grandes posibilidades de conocer a Déteka. Y si conocía a Déteka, tal vez… tal vez podría preguntarle por su padre.
Una fuerza desconocida la atraía indiscutiblemente hacia Aidan, y esa sensación la sacaba de quicio. El teléfono vibró en su mano.

           —¡Joder!

           Exclamó al ver el nombre del diablo en su teléfono móvil. Cuando vio que no era una llamada entrante el pánico se disipó, dejando espacio a la curiosidad. Leyó el mensaje, y lo reflexionó en silencio. ¿Acaso intentaba ser amable? Frunció el ceño, y maldecía entre dientes pero sus dedos ya estaban escribiendo una respuesta.

”Estoy bien, gracias. He salido del apartamento mientras limpiaban, estoy en un sitio tranquilo. Me gustaría hacerte un par de preguntas sobre que vamos a hacer con la prensa.”


           Era una mentira tan buena como cualquier otra para conseguir su propósitos, de hecho la había construido casi sin darse cuenta. Se levantó del césped en el que había reposado a la sombra, caminó erráticamente por las zonas verdes del parque, dejándose llevar por la sensación familiar que le transmitían. Había pasado su infancia en un lugar cálido y verde como aquel, siempre pensaba con más claridad cuando estaba allí. El ambiente casi conseguía mantenerla serena mientras esperaba, impaciente, la respuesta de Aidan.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie 20 Oct - 17:27

Leyó el mensaje una, dos, tres veces, y a pesar de que el mensaje era neutral, sabía que, si esa muchacha sacó al menos algo de él, tenía una intención oculta.

Mientras subía a su recámara pensó en las probabilidades. Podía decirle que se vieran mañana, pero si lo hacía le iba a dar oportunidad que replanteara lo que sea que estaba rondando en esa cabecita; de verse hoy mismo era poco inteligente ir al departamento de ella, o decirle que viniese al de él, había sentido la presencia de varias personas seguramente periodistas alrededor de la entrada del edificio.

Ya dentro del vestier de su habitación, miró con saña la poca cantidad de ropa informal que tenía, pero al final pareció encontrar una remera negra y un jean, en algo que si no recordaba mal era ropa que Mystral a veces dejaba en su apartamento. Vio la hora en el reloj de pulsera que se había puesto, diez de la noche y terminó de escribir el mensaje que estaba a punto de mandar.

Eso sería mucho mejor hablarlo en persona si no te molesta. Estaba por ir a mi departamento, pero puedes darme la dirección en donde estas y estaré allí.


Era una mentira blanca, no podía decir que iba a salir solamente para ir a su encuentro.

Pensó por un momento como salir sin ser visto, pero recordó que ese mismo día debieron haberle dejado su otro carro -un sedán negro, no tan llamativo- de vuelta luego de haber estado casi un mes en el mecánico, y ya que casi no lo usaba, dudaba que la prensa siquiera conociera que era suyo.

Llamó al portero del edificio sólo para confirmar que el vehículo estaba allí, y al darle respuesta positiva, bajó al estacionamiento, se montó en él, y salió victorioso cuando se dio cuenta que nadie había notado su huida. Al menos si Anael no quería realmente verlo, le iba a servir de distracción.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Lun 23 Oct - 16:07

          El chivato de la aplicación de mensajería marcó dos tics azules, y Anael empezó a ponerse nerviosa. Lo había leído, en menos de dos segundos. Estaba pendiente la conversación, pero al parecer, por lo que tardaba en responder, no lo suficientemente interesado en continuarla. Aquellos dos tics azules la desquiciaban. Pasaba de taladrar el teléfono con la mirada a ignorarlo mientras escupía maldiciones, y a los dos segundos se inventaba excusas por las que Aidan podría no estar contestándole. Un hombre importante, con responsabilidades, la cara y dirección de una corporación más que respetable. Sus pasitos apresurados levantaban una polvareda que se le pegaba a los zapatos sin que se diera cuenta.

          Nunca había sentido tanta ansiedad porque un hombre le respondiera un puñetero mensaje, pero Aidan no era un hombre, era un ángel. Estaba en una liga superior en todos los sentidos. Cuando el teléfono vibró tardo un centésima de segundo en desbloquearlo, con el corazón acelerado. Lo leyó, una sola vez, dejándose arrastrar por sus impulsos al responder únicamente con la localización geográfica de su ubicación. No lo acompañó de mensajes, ni una sola palabra, sólo las coordenadas de donde se encontraba. Nada más.

          A medida que trascurría los minutos Anael intentaba poner en orden sus pensamientos. ¿Qué iba a decirle? La primera vez que había intentado investigar sobre su madre en los círculos de Feuer la cosa había sido bastante humillante. De hecho lo tendría dolorosamente reciente si no hubieran intentando matarla aquella misma mañana. Parpadeó, sentada en un banco, haciéndose crujir los nudillos una y otra vez. Habían intentado matarla, y ni siquiera se había preguntado por qué. Nunca había tenido ningún problema violento aunque hubiera recibido amenazadas, hasta ahora. La conexión con Aidan parecía más que evidente, le había amenazado un par de días antes pero no lo consideraba un hombre tan escaso de recursos como para recurrir a un ataque frontal y directo. Si algo había demostrado era que tenía estilo. Por más que se devanara el cerebro sus cavilaciones no le llevaban a ningún sitio, le faltaban demasiados fragmentos, información que ignoraba o desconocía. Era tan estúpido como intentar montar un puzle en el que faltan tres cuartas partes de las piezas. El resultado sólo podía ser algo similar al despropósito.

          Un coche de gama alta, pero discreto, atravesó la avenida. Era fácil reconocerlo por la forma de ronronear que tenía el motor. Pocos coches de la zona tenían una maquinaria tan exquisita, aquí los vehículos crujían, rumiaban y escupían humo por el tubo de escape, no ronroneaban como panteras. Se giró para mirar sobre su hombro en dirección a las puertas de parque, verlo emerger fue cuestión de un par de minutos. Sintió como le subían las pulsaciones, respiró hondo para contrarrestarlo con muy poco éxito. No parecía el mismo Aidan que conocía, ataviado con vaqueros y una camiseta cualquiera. De hecho, parecía más joven, con el pelo revuelto y mirando en derredor para encontrarla. Los ojos de ambos se cruzaron en el aire, encontrándose. A Anael se le secó la boca, con la boca del estómago cada vez más estrecha.

          —Hola. —Fue lo único capaz de pronunciar cuando Aidan alcanzó su posición en el banco. El espacio a su lado parecía insondable, donde tendría que sentarse Aidan—. ¿Quieres sentarte?

          Mirándo a su alrededor parecía raro estar allí. Ninguno de los dos pertenecía a ese contexto: ropa informal, cómoda, un parque cualquiera sin cámaras, ni apariencias, desvestidos de la identidad corporativa que los caracterizaba como persona. Parecían menos de lo que eran, y al mismo tiempo, más auténticos.

          —Quería, eh… —chasqueó la lengua, intentando encontrar las palabras— quería saber cómo vamos a manejar el asunto de la prensa. —Empezar por la excusa era la opción más lógica para su ordenado cerebro, ya encontraría la manera de arrastrar la conversación a donde ella quería—. He tenido que apagar el teléfono del trabajo, mi secretario estaba a cuatro mensajes más del ictus cerebral. No han tardado ni dos horas en poner las fotografías en todas las revistas de prensa amarilla y rosa. ¿Has visto algún titular?

          En su bolsillo, el ridículo aparatito que hasta hace unos segundos era el centro de su mundo quedó olvidado. Tan lejos que parecía el otro lado del mundo, Eidan maldijo entre dientes a su hermana. No volvería a llamarla nunca más.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 24 Oct - 1:11

Aidan detalló las líneas que comenzaban a notarse bajo sus ojos, mostrando el poco descanso que había tenido, y el semblante carente de toda aquella fiereza que le caracterizaba. Las ropas, eran tan sencillas como las que tenía él mismo, pero aquello no le restaba belleza, más bien la destacaba de todos los mortales que había visto.

Percibió la incomodidad de la muchacha, no sabía si era por su escrutinio o la situación, quizás ambas. Por un momento quiso consolarla o inspirarle tranquilidad, pero la realidad es que no tenía idea de cómo hacerlo, la única persona que parecía entenderlo era Déteka por lo que se le hacía más fácil expresarse a su alrededor; Anael en cambio, parecía una mezcla de la imprevisibilidad de ella y por su parte sacó la hosquedad, haciendo que se le fuera difícil de tratar. Siempre se le escapaba como una costumbre el terminar tratándola como uno de subordinados y eso era lo que había hecho que se ganara su enemistad a pulso.

Una vez más, se recordó a sí mismo que había ido con toda la intención de limar las asperezas con Anael, por lo que tendría que verla como un igual, aunque le costara hacerlo.

Se sentó en el lado opuesto del banquillo, lo suficientemente lejos como para dejarle su espacio, pero lo suficientemente cerca para descartar cualquier posible idea de que le desagradaba su compañía.

- Pensaba ir a la empresa mañana y hacer unas llamadas para cobrar un par de favores, pero es bueno que me hayas llamado para ponernos de acuerdo – se reclinó para apoyar su espalda en el banco mientras miraba a un punto indefinido en el parque- la verdad al principio no repliqué la idea de Helios porque yo no tengo ninguna reputación que cuidar, pero viendo los titulares puede que a ti te perjudique que el que el rumor permanezca, cada titular es más fantasioso que el anterior.-Sonrió al recordar el último que había leído antes de apagar su portátil- hay uno que dice que el artículo por el que fui a tu empresa fue una tapadera para ocultar nuestra relación.

Por un momento una posibilidad que no había considerado cruzó por su mente y lo hizo sudar frío. Si Déteka leía al menos uno de esos titulares, y tenía la mitad del mal genio que el recordaba, no iba a pasar demasiado tiempo sin ver el mandoble en su cuello o en sus partes nobles en una clara amenaza de muerte y si era sincero consigo mismo, no iba a encontrar excusas tranquilizarla, después de todo aquella situación era su culpa. Se rascó la nuca con nerviosismo.

- Ahora que lo pienso -intentó sonar casual, pero sabía que estaba fallando miserablemente. Había una sola cosa a la cual temía y era a la ira de la pelirosa- no creo que le haga ninguna gracia a tu familia el saber por terceros que estás saliendo con alguien que podría ser tu padre.

La verdad es que al principio pensaba era en cobrar favores para que la noticia no fuera tan relevante, pero ahora sabía que debía sacarla totalmente de los titulares reemplazándola por algo similar a la realidad. No iban a quitar esa noticia sin tener algo a lo que le pudieran sacar provecho por igual a cambio.

- Creo que lo mejor es que hable con los medios y les diga parte de la verdad -todo rastro de nerviosismo ya a este punto había abandonado a Aidan- Mis socios estaban tras tuyo luego del descontento que surgió ante el artículo de tu empresa, y yo estaba brindándote protección sin tu consentimiento. Será algo que nos hará ganar algo de publicidad negativa como empresa, pero puedo vivir con ello.

Su monólogo fue cortado al notar el sonido propio de un teléfono cuando está en vibración, y era suficientemente persistente como para ser un simple mensaje. Sacó de su pantalón el suyo, pero no había nada que revisar en la pantalla.

- Creo que tu móvil está sonando. -finalmente dijo al notar que el sonido no venía de su parte-
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 24 Oct - 17:50

            Resultaba curioso que Aidan parecía más regio vestido así. Parpadeó, confundida con la familiaridad de un pensamiento: le recordó a Eidan. Las pocas veces que había visto a Eidan vestido de gala, o sencillamente arreglado, se percató de que su encanto se iba por el retrete. Sin embargo, su look informal con aire retro compuesto por vaqueros, camisetas y chaquetillas, que, combinada descuidadamente con zapatos de punta, resaltaba su ser. Tanto Aidan como su hermano tenían una elegancia natural que parecía resurgir cuando menos la potenciaban, como si la naturalidad elevara su verdadera esencia angelical. Los hacía destacar entre la multitud.

            La distancia impuesta no era fría, era helada. Sólo un palmo de banco, era lo único que Aidan necesitaba para interponer una sima entre ella y él. Podía llenarse de años, circunstancias o mentiras, pero ahí estaba, alzándose entre ellos. Si los viera ahora la prensa el rumor que habían empezado les dejaría muy poco dinero, y ninguna credibilidad.

            —Vaya, gracias por el consuelo de recordarme que las mujeres nos llevamos la peor parte. —No lo había verbalizado, y por más titulares que hubiera esquivado era consciente de lo que dirían. La pondrían de guarra, fresca, una oportunista que había conseguido escalar otro escalón a base de arrodillarse debajo de un escritorio. Qué asco, joder. Lo que más le inquietaba era saber que, en cuestión de socios y colaboradores, se establecerían dos vertientes. Los primeros estarían demasiado intimidados por el apellido de Aidan en relación con su persona, empezarían a tratarla mejor sencillamente porque aceptaban que se lo había tirado, y eso era motivo suficiente para temer la influencia que podría mover. La segunda corriente, por el contrario, se convertiría en un río tóxico de comentarios, miradas lascivas y proposiciones indecentes. Creerían que si uno con dinero había podido acceder a su vagina, si ellos ponían la misma cantidad de dinero sobre la mesa, podrían disponer de ella también— . De verdad, mejor ni me los mentes…  

            Se llevó dos dedos al rostro, apretándose el puente de la nariz entre el pulgar y el índice para intentar calmar la tensión que se le acumulaba sólo de pensarlo. Giró el rostro para mirar a Aidan, atrapada en incertidumbre. ¿Qué tenía que ver su familia en esto? Sí, quería sacar el tema de Déteka pero el repentino interés por parte de Aidan parecía sospechoso. Mystral también había mostrado interés, concretamente por su madre. Las piezas del rompecabezas empezaban a encajar, pero era incapaz de descifrarlas.

            — Mi familia no supondrá un problema. Soy una adulta, puedo pasarme por la piedra a quien me dé la gana, no necesito pedir permiso. Debía admitir que, fuera de la oficina, el vocabulario de mamá florecía que daba gusto— . A mi hermano no le interesa quien pase por mi cama. Hizo una ligera pausa intencionada, dejando la gotita de información en el aire, como si nada. Lo más jugoso estaba por llegar—. Dudo que mi madre se entere, vive en medio de un pueblo tan triste que, por no tener, no tiene ni cobertura ni internet en casa.

            La referencia a su teléfono le hizo poner los ojos en blanco. ¿No podía ni concentrarse un segundo en lo que estaba diciendo? Sacó el aparato y, sin dignarse a mirar quien llamaba, apagó el terminal. Muerto, dejó el teléfono sobre el banco a la vista de Aidan.

            — Ya no nos molestará más. Sinceramente, es muy caballeroso todo lo que dices, pero tú y yo sabemos cómo funciona este mundillo. La gente va a creer lo que quiere creer, aquello que, de emoción a sus vidas, por eso se tragan los anuncios de la tele y compran lo que se anuncia en las revistas. El cuento de que tus socios me acosan tendrá una ligera repercusión en el sector feminista, y después alguien dirá que es un rumor que he orquestado yo para parecer una víctima. O que intentas limpiar tu imagen desligándote de los responsables, etc, etc, etc. Pero todo esto tú ya lo sabes.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 25 Oct - 5:28

Por un momento la oscuridad de la noche pareció engullirlo, la luz de las farolas había dejado de existir y la voz a su lado le parecía lejana al igual que la brisa y los sonidos del parque a esa hora. Entendía cada una de las palabras que Anael le decía y atrás quizás en el subconsciente las guardaba para luego responder, pero todo su ser estaba concentrado era en la nueva información que tenía sin siquiera buscarla, y que confirmaba el peor de sus miedos.

Déteka había continuado con su vida, había rearmado su familia y tenía un hijo al que Anael podría llamar hermano. Era un imbécil albergando alguna esperanza de que no hubiese sido así, y parte de él se sentía molesto o herido en su orgullo por no sentir ira, sino una pena que lo sobrepasaba. No podía sentir traición, ya que él era el que se había desaparecido en un principio; no podía sentir celos, porque seguramente la persona que reconstruyó aquella familia había sabido dar la figura paterna que en él había estado ausente. Se lo repetía a sí mismo, era un imbécil intentando hacerse un lugar en una historia en el que ya no tenía vida.

Tragó grueso e intentó, en serio intentó concentrarse en dar una respuesta coherente a lo último que había dicho Anael pero no encontró su voz. Al principio estaba ansioso de ver a la muchacha, ahora estaba ansioso de irse, entrar a su apartamento y romper todo lo que tuviese al frente. La sensación de hundimiento estaba aún presente y una migraña creciente amenazaba con dejarlo fuera de juego por un momento.

Se paró del banco, y aunque le dio la cara a Anael, la farola del parque estaba detrás de él. La noche y la proyección de la sombra hecha por la luz artificial al chocar con su espalda le concedía el saberse en parte oculto de la mirada de la mujer al ocultar o distorsionar en parte su expresión.

Repitió mentalmente lo último que le dijo para sacarse a sí mismo de su burbuja de depresión y terminar al menos el asunto que lo había llevado a allí.

- Sí, todo lo que me dices lo sé, el cómo se maneja nuestro mundo es un asco, pero intento ver soluciones, nunca había prestado singular atención a lo que decía la prensa rosa hasta el día de hoy. Sé muy bien como acallar un rumor si se trata de la empresa, pero tengo muy poca experiencia cuando se extienden al ámbito personal -replicó con sinceridad-.

La verdad es que no era la primera vez que estaba en boca de la prensa. En el pasado había tenido que despedir a más de una asistente porque al verse rechazadas inventaban falacias acerca de su falta de interés ante la atención femenina y las vendían a la prensa, pero estos últimos habían comenzado a ignorar al notar que eran más cuentos de mujeres rechazadas a información real. Su hermetismo lo había salvado de otra situación similar al tener su última asistente desde hace un buen tiempo, hasta ahora.

- Me tranquiliza que todo este escándalo no llegue a los oídos de tus padres -dijo la última palabra luego de una pausa, con un pesar que no pudo disimular. Estaba intentado lo mejor que podía para contener sus emociones, pero ya no podía, estaba cansado de hacerlo- pero me siento en la obligación de arreglar todo esto, mis decisiones te han afectado y no deberías ser tú la que debería pagar el precio de ello

Lo que decía no solo se refería a aquella situación, toda su vida estaba resumida en esa frase. No había consciente de ello hasta que recuperó la memoria, pero siempre había vivido pensando en que tenía algo que recuperar, que había una razón por la cual seguir en el mundo, pero sentía que se la habían quitado de un golpe. Quería, no, deseaba arreglar aquello para al menos sentir que había hecho algo en pro de su única hija.

Ahora veía que no necesitaba ni su protección, ni su empuje, Déteka la había criado bien sin él.

- Podría declararme oficialmente gay ahora que lo pienso -se rio por su propia broma, aunque la risa le salió sin ganas- antes que lo digas, sé que es una idea absurda, pero podría funcionar y sé que Mystral no me dejaría morir solo.

No, ahora que lo pensaba, la fama de casanova de Mystral y su lealtad lo precedía, no iban a creerle ni una sola palabra a menos que se buscara una pareja real, y no tenía ganas de eso.

- ¿Tienes alguna idea en mente?
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie 3 Nov - 19:29

          ¿Qué estaba intentando? Podía ver como sus ilícitas confesiones hacían mella en el estado de ánimo de Aidan. Una a una, las palabras se superponían entre ambos creando un muro que se hacía más alto con cada una. Toda la información que vomitaban pasaba un filtro distinto para cada uno, Aidan conocía toda la historia, o al menos, la mayor parte de ella. Sólo le faltaban un puñado de detalles, quinientos años no eran nada en los siglos de su existencia. Mientras más se daba de cabeza contra él, más infranqueable le parecía. Empezaba a resultarle sumamente frustrante. Ninguno de sus esfuerzos, ni las pistas que soltaba como miguitas de pan, la llevaban a ningún sitio.

          A punto de rendirse, estaba por preguntarle a Aidan si se encontraba bien. Desde luego, no lo parecía. Ya tenía abierta la boca cuando Aidan se levantó de sopetón, dejándola a medias en un parpadeo. No podía distinguir su rostro, otro punto de frustración a todos los que se acumulaban.

          —¿Tengo yo cara de saber cómo lidiar con la prensa rosa? —Farfulló, esta vez rozando la indignación. Había una profunda ironía en lo mucho que se parecían. Ambos de talle alto, correspondiente a su sexo, pelo oscuro y rizado, envueltos por el halo de un misterio gestado en otro mundo—. Mi familia y lo que opinen de mi dudosa moral no es importante, ni porque sea mujer ni porque sea joven. —Intentó imponer un tono duro en la voz, pero fue un fracaso rotundo. Paladeaba en la punta de la lengua ese sentimiento gris y triste que exhumaba Aidan, derramaba melancolía más allá de las sombras con las que intentaba ocultarse.  ¿Qué pasaba por su mente?— Además, el precio no sólo voy a pagarlo yo. A ti no se te juzgará con dureza, y sigues debiéndome un favor.  
          >>¿Sinceramente? No creo que haya nada plausible del calibre suficiente para que alguien se lo crea. Con nuestro historial, la estupidez que cometí al ir a tu fiesta en la que nadie esperaba que aparecieras... casi todo el mundo me vio entrar pero nadie salir.—Se sumió en un silencio parco, cansado. No tenía sentido darle vueltas a un asunto que no tenía solución, era una de sus premisas. Si no está roto, no intentes arreglarlo. Aquella situación se había ido al carajo hace ya mucho, así que no encajaba exactamente en la premisa, pero ya lo habían arreglado. De una forma burda que les traería dolores de cabeza, pero arreglado estaba, técnicamente—. No… yo… en realidad quería…

          Por primera vez durante toda la conversación, Anael bajó la mirada. Se miró los pies, un gestos estúpido de pudor que tenía desde niña cuando quería preguntar por respuestas que, en realidad, la intimidaban.

          —Quería preguntarte por Etherial. —¿Por dónde empezar? ¿Por las ciudades que el tiempo había borrado de su memoria, o aquellos cielos que todavía recordaba recortados contra sus dedos? O el agua de esos océanos paralelos que devolvía el reflejo de un sol con tanta fuerza que parecía que sobre ellas alumbraran cien estrellas. Cerró los ojos un instante, enterrándose en lo más profundo de su memoria, en pedazos de fragmentos, recuerdos erosionados y dañados por el romanticismo. Anael amaba la tierra, era su hogar, lo había aceptado y se había entregado a él. A ella no la perseguían las mismas incógnitas que a Eidan, que siempre había sido un niño confuso, incapaz de exteriorizar aquel sentimiento de desarraigo. A ella sólo le faltaban piezas del puzle. Al intentar hablar su lengua se traba continuamente—. Olvida lo que he dicho, es una estupidez. Creo… necesito el número de Helios. Me dijo que se pondría en contacto conmigo y no lo ha hecho, prefiero estar preparada.

          Se levantó del banco también, arrimándose a la sombra de Aidan. El contraluz le hacía flaco favor a sus facciones afiladas, la luz de las farolas le hacía daño en los ojos al intentar escudriñar su mirada. En un acto de valentía y arrojo del que no se habría sentido nunca capaz sin estar estrangulada por una falda de ejecutiva, posó la mano en el antebrazo de Aidan. La tela estaba caliente, podía sentir a través del tejido como emanaba calor y la vibración de su poder contenido. Su magnitud era obscena, intentó que no la distrajera.

          —Gracias. Por lo que hiciste. No… no tenías porque haberme salvado.




**********************

          El silencio se había hecho de nuevo con los cimientos de aquella casa. Hacía mucho que no veía a su madre tan despierta, o agitada, y casi no sabía que era peor. Damek había dejado tras de sí la sombra del pasado, un gran desconocido para el muchacho. Él no entendía de mundos perdidos, sólo alcanzaba a soñar con ellos. La realidad de su vida era gris, triste y yerma, carente de color, como aquel planeta llamado Tierra.

          Déteka estaba sentada en el jardín, contemplando el horizonte. En la línea límpida de la valla del jardín se mezclaban los colores del crepúsculo como antes se fundían en su paleta de dibujante. Llevaba años seca, exenta de pigmento, cuarteándose como la vida que corría por las venas de su dueña. Eidan la contemplaba desde las puertas dobles de la cocina que daban a la parte trasera de la casa. La luz de aquella hora hacía maravillas con el pelo preterhumano de su madre, era la única persona que había contemplado con semejante color natural. Incluso él era burdo y mundano en ese aspecto; el pelo oscuro, ligeramente azulado. Si Déteka era esa hora del atardecer en las que el azul se azoraba en su intento de retener el sol, él y su hermana eran ese instante oscuro sin luz en el que todavía no habían nacido las estrellas.

          No habían hablado de la escena que le dio la bienvenida aquella mañana. Para él era más fácil dejar de pensar en sus ojos ausentes, pero estaba seguro de que jamás podría borrar aquella imagen de su memoria. Déteka, tumbada en la cama. Carecía del glamour de las princesas de los cuentos, no había vestidos de seda ni expresiones serenas,  sólo la hueca ausencia donde antes estaba la consciencia de su madre. Podía hablar, Déteka le había prometido una conversación, y él también había hecho promesas de silencio. Pero también sabía que no encontraría allí nada encontraría que le satisficiera. Giró el rostro, mirando por encima del hombro un trocito de papel abandonado en la mesa de la cocina. Una palabra, siete dígitos. Estaba seguro de que Damek tendría respuestas.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 7 Nov - 0:41

Se había levantado esa mañana sin ánimos de absolutamente nada, pero se obligó a sí mismo a cumplir su rutina diaria para ir a la oficina donde nadie, ni su secretaria, lo esperaba.

La reacción de sus empleados era esperable; aquel que no había leído la noticia en los tabloides la había escuchado de algún tercero que sí lo había hecho, y los cuchicheos en consecuencia eran tan audibles como un panal de abejas dentro del ducto de un aire acondicionado central, ni siquiera él con su típica mirada que prometía una muerte lenta y dolorosa podía hacer callar, además, estaba el hecho de que su ánimo no estaba como para repartir amenazas de muerte con la mirada a todo el que se le atravesaba.

Llegó a su oficina con su secretaria pisándole los talones. Al parecer luego de quitarse el estupor inicial de verlo allí luego de haber anunciado vacaciones, le había parecido inteligente seguirlo con un reporte de lo que había sucedido en su ausencia, pero una vez más, ignoró al mundo y la dejó con la palabra en la boca detrás de la puerta, de hecho, se tomó la molestia de pasarle el pestillo a la puerta que comunicaba con la vicepresidencia, y poner uno de sus muebles detrás a manera de barrera. Tampoco quería verle la cara apenas al llegar a Mystral.

Todavía los últimos momentos de la reunión con Anael lo tenían aturdido. El saber que ella tenía un hermano lo había atontado, hasta el punto de que cuando le rozó para darle las gracias, había perdido la batalla con sus impulsos y la atrajo en un abrazo que, si bien lo había reconfortado, estaba seguro de que había quedado como un idiota probablemente enamorado a sus ojos, y aquello lo tenía peor. Sólo esperaba que no le tomara la palabra y lo llamara para preguntarle de Etherial por lo menos aquel día, después de todo, se había ofrecido él solo para poder matar el momento incómodo que quedó luego de abrazarla.

Tratando de despejarse, busco en su agenda los contactos que sabía podían sacar aquellas noticias de circulación, sabía que les debería una que se la cobrarían doble luego, pero no era ni la primera, ni iba ser la última vez que los usaba o se dejaba usar para cumplir sus objetivos.

Ya para las diez de la mañana tenía todo perfectamente cubierto y pudo reclinarse en su asiento para descansar de la tensión que había tenido hasta aquel instante, pero la gloria no le duró muchos minutos antes de escuchar el típico sonido del pomo de puerta que lo conectaba a la oficina contigua. Contó hasta cinco, y fue suficiente para tener a su homólogo sentado en una silla frente a él con una sonrisa gatuna.

- ¿Sabes? Si la querías para ti no tenías que hacerme pasar el susto de la fiesta, sabes muy bien que no me comería algo si tú lo quieres para ti.

Y aquello fue suficiente para que todo su escaso autocontrol se fuera a la mierda.

***

Esa mañana el albino se había levantado de un humor bastante jubiloso. Todo, hasta aquella hora del día le había funcionado de las mil maravillas y aunque tenía a un “asistonto” frente a él que lo acuchillaba con la mirada cada quince minutos, él no podía abandonar la sonrisa que tenía.

Se había levantado al alba como siempre, había hecho una llamada a uno de sus contactos en Green Lark’s Company y antes de las diez de la mañana ya había tenido una entrevista y un contrato de trabajo en un cubículo de aquella empresa. Tenía que fungir como abogado laboral, y aunque aquel no era el oficio que más le atraía, era el único título que tenía actualmente vigente aparte del de investigaciones criminalísticas.

Había tenido que cambiar “ligerísimamente” su apariencia. Ya no era albino, sino que tenía el cabello de un color castaño al igual que sus ojos, y aunque lo había intentado, no había podido desaparecer el tatuaje de su brazo izquierdo indicador de su antigua maldición, por lo que tenía como siempre una camisa de mangas largas con guantes negros para ocultar los dibujos que tenían su brazo de un imposible color azabache.

Eran ya cercano al medio día y había monitoreado la llegada de la dueña de aquella empresa desde el minuto 1 en el que comenzó a trabajar, pero hasta ese momento es que se había atrevido a acercarse al asistente de Anael con la excusa de querer revisar unos contratos con ella. No falta decir que el alemán parecía no haberle creído una palabra porque lo miraba con cara de pocos amigos.

- ¿Tengo algo en la cara? -preguntó jocosamente ya algo harto del escrutinio visual al que era sometido. Miró de nuevo su reloj, ¿sería que la mujer había decidido no ir para allá aquel día debido al escándalo al que había sido sometida por la prensa? “Nah”, descartó mentalmente. Ella no era del tipo de personas que huía de sus problemas.

Y, como si la hubiese invocado, había aparecido justo en ese momento frente a él, y el no pudo hacer nada más que dibujar la mejor de sus sonrisas.

- Buenos días señorita Lark. -le estrechó una de sus manos a manera de saludo- Mucho gusto, mi nombre es Eliott Vind, he sido contratado por el departamento legal de la empresa y me gustaría discutir con usted acerca de unas debilidades en el contrato laboral actual. -al terminar de hablar le hizo un guiño coqueto pero lo suficientemente discreto para que el alemán no lo notara- claro, si no le es mucha molestia
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 9 Nov - 0:49

          Aquel abrazo se le clavó en el alma. Lo llevaba pegado encima aunque hubieran pasado horas, vacías y frías, supo que estaría ahí aunque pasaran días. Cuando volvió al apartamento alguien había utilizado una magia de la peor clase; la que no tiene ningún tipo de poder preternatural. Esa que estaba formada de detallismo enfermizo, concienzuda y retorcida. Era prácticamente obsceno lo limpio y ordenado que estaba el ático. Si aún no sintiera un tirón de pánico al mirar el pasamanos de la terraza casi podría pensar que no había pasado nada. Que aquel horrible ataque y sus consecuencias solo eran el fruto de un mal sueño, que había comido demasiado helado o bebido demasiado tequila antes de irse a dormir. Casi hubiera preferido que fuera un efecto secundario de la borrachera pos-fiesta, pero no era así. Anael era limpia, pero no tanto. Su propia casa había perdido la huella que uno deja en su hogar, lo habían profanado el miedo y los extraños. Le costaría un tiempo volver a sentirme segura. Por primera vez en mucho tiempo echó el pestillo y la llave de la puerta, y cerró todas las ventanas.

          Después de una ducha los brazos de Aidan seguían ahí, enredados en su cintura. Si cerraba los ojos podía contar las huellas cálidas de sus dedos, aquellas manos enormes abarcando su espalda. La pilló desprevenida, ni siquiera pudo corresponderlo, fue rápido, fulminante, pero dolorosamente real. La primera vez que sentía que Aidan estaba vivo, que era algo más que un magnate adinerado y un ángel engreído. Sintió su dolor, una desesperación ajena que, sin embargo, tenía un sabor muy familiar. Como el olor que se acurrucaba en la costura de los cuellos altos de sus camisetas. Al sentarse en la cama y rememorarlo la abrumaba una sensación extraña, una mezcla del rechazo al abrazo de un desconocido que prácticamente odiaba y la ferviente necesidad de aportar alivio al dolor que le había transmitido su piel. Tanto, tanto dolor… tanta soledad. Una mezcla exacta de melancolía y cosas perdidas que podía reconocer con pasmosa claridad, pero le daba escalofríos saber donde.

          —¿Terminaré algún día así? —le preguntó al silencio—, ¿eso es lo que hacen miles de años de existencia? Que te sientas solo, vacío… herido por tus propios errores.
          
          Sólo tenía quinientos años pero era muy consciente de cuantas veces la había cagado en la vida. Nadie estaba libre de pecado, y ella pecaba continuamente. Siempre había sido escasa en escrúpulos, desde el colegio, no le daba miedo ser un tiburón en un mundo que esperaba que las mujeres fueran lánguidas sirenitas. Pero superponiendo la imagen del tiburón, Aidan, y la sirenita, Déteka, encontraba que las diferencias eran casi ninguna. Ambos estaban marchitos de eras y eras vividas. ¿Cuántos demonios podía soportar una existencia?

          Enterró la cabeza debajo de la almohada, con el pelo mojado sus rizos se ensortijaban caprichosamente, le humedecían la cara. Estaba frío, y lo agradecía. Se concentró en ese frío, en el tacto del lino en la piel y el cansancio que sentía en todos los huesos para que Morfeo barriera todos sus pensamientos.

          A la mañana siguiente el mundo no era mejor, ni más amable. Sus sensaciones no se habían evaporado como los sueños que se escapaban, de vuelta a esconderse en su subconsciente, pero las distracciones estaban servidas. Tenía que trabajar, centrarse en redirigir la torcidísima línea en la que se había convertido su imagen y la de su empresa. Después de más de un día apagado, su teléfono de empresa estuvo a punto de sufrir un infarto al intentar tramitar todos los mensajes y llamadas entrantes. Tuvo que levantarse rabiosamente temprano para poder leer todo lo que necesitaba ser leído, y no salió hasta tener una imagen clara del asunto. Después de una noche con el pelo húmedo y suelto no había forma humana ni angelical de domar la melena rizada y corta de Anael, así que se resignó a atrapar los mechones en una miríada de horquillas que los mantuvieran pegados a la cabeza en un recogido rígido. Como si de una armadura se tratase, vistió una estrecha falda ejecutiva, medias, blusa bajo una chaqueta y unas bailarinas planas. Con cada pieza sobre la piel adquiría confianza, toda la fuerza que la había abandonado súbitamente desde el episodio violento y confuso que había azotado su vida. Se miró en el espejo, y se vio a sí misma.

          Antes de salir se detuvo un segundo, contemplando el número de Aidan en su teléfono personal. Aún le debía un favor, aún tenía preguntas. Aún sentía su pena reptándole bajo la piel. Podía llamarle, retrasar otro día más su vida por respuestas… pero no parecía justo. Etherial estaba enterrada en el pasado. Aquello no había empezado como una vuelta a su origen, lo único que quería saber era quien era su madre en Etherial, que tenía que ver Mystral con ella. Estaba, en cierta forma, obsesionada con los secretos que las habían separado año tras año. Con un chasquido de la lengua apagó la pantalla, cogió las llaves y salió. Los secretos podían esperar, su empresa no.

          Llegó temprano para contestar un aluvión de llamadas e ignorar a otros tantos periodistas. Había alzado bien la barbilla ante los paparazzis y las cámaras, incluso les había sonreído para salir divina en todas las revistas del corazón. Podían pisar su reputación pero no podían pisar su orgullo, ni su dignidad.

          —Wolfgang, sé que estás estresado, y que debería haberte respondido los mensajes. Mereces una explicación pero era… complicado.

          —¿Complicado? —Alzó una de sus rubísimas cejas, enarbolando así su perplejidad—. ¿Eso es lo único que vas a decir? No soy la prensa, Anael, puedes confiar en mi.

          —Confío en ti. Por eso has estado a cargo en mi ausencia y, Dios, has hecho un trabajo magnífico que te agradezco con creces. No sé qué haría sin ti, y lo sabes. —Wolfgang se azoró ligeramente, abrumado por los cumplidos a los que no estaba acostumbrado—. Cuando digo que no tengo ninguna historia sentimental ni física con Aidan Feuer me crees, ¿verdad?

          —Por supuesto.

          —Entonces eso es todo lo que necesitas saber. —El muchacho terminó por agachar la cabeza, masticando sus frustraciones, pero alagado al mismo tiempo. Anael sabía cómo utilizar la mano izquierda con sus subordinados, aunque odiaba usar esas tretas con su secretario. Era demasiado bueno para detectar esos juegos mentales—. Ahora ambos tenemos que trabajar y dejar esta estupidez atrás.

          Dicho esto giró la silla e intentó concentrarse en su trabajo. Fue tedioso, horriblemente tedioso. Dándole explicaciones ficticias a sus inversores, equilibrando y pronosticando como afectaría en lo bueno y en lo malo a la empresa. De algo estaba segura, la publicidad gratuita estaba siendo apabullante. Las búsquedas del nombre de la compañía se habían triplicado, las ventas apuntaban a una subida importante. No sabía si alegrarse o sentirse indignada de que la misoginia de un mundo preguntándose de a quien le abría las piernas haría que su empresa fuera mejor. Llegó un momento que el cansancio y el estrés pedían café para calmar los nervios, irónicamente, así que se levantó y salió a por él. Cuando entró de nuevo en la planta de su despacho no le reconoció. Ella esperaba que Helios contactara con ella, pero el disfraz era lo suficientemente convincente para distraer su ojo analítico. Tuvo que contenerse para no perder la compostura delante de Wolfgan.

          —He-e-lliot. —Terminó fusionando ambos nombres, con ese deje musical de la pronunciación Etherialina—. Por supuesto, sí, claro. Le estaba esperando. Pase. Wolf, no quiero interrupciones, ¿de acuerdo? Ni llamadas ni visitas, es un asunto importante.

          La cara de “¿quién demonios es?” de Wolfgang no tenía precio, pero Anael se las arregló para pasar de largo, dejándo la puerta abierta para Helios. El interior del despacho estaba iluminado en su totalidad por luz natural, detestaba el aspecto artificial de los flexos, y evitaba usarlos todo lo que podía.

          —No esperaba encontrarte en mi oficina, y, eh… menos de esa guisa. ¿Ha pasado algo?



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie 10 Nov - 1:15

En serio se contuvo para no sacarle la lengua al asistonto pero no pudo, el gesto le salió natural y no se sintió ni un poquito culpable o inmaduro por ello.

Notó la puerta abierta y se apresuró a entrar antes de que Anael notara su poca falta de profesionalismo -después de todo era su jefa; ya deben la gente debía pensar que tenía problemas con la autoridad, y la verdad era que así era- y cerró la puerta con cuidado tras sí, aun sintiendo el cosquilleo en la nuca propio de cuando te matan con la mirada.

Detalló la casi ausencia de lámparas en la oficina, y aquello casi le hizo sonreír con nostalgia. Recordaba muy bien las peleas porque a él le gustaba tener al menos una vela encendida mientras intentaba estudiar magia, y ella las detestaba y se las apagaba y salía corriendo como toda la pilla que estaba seguro de que aún era. Adoraba esa chiquilla en aquel entonces como la hermanita que nunca pudo tener, ahora, le era difícil conciliar los recuerdos que tenía con la figura femenina frente a él que, si era sincero, le comenzaba a atraer.

- No esperaba encontrarte en mi oficina y, eh… menos de esa guisa. ¿Ha pasado algo? – fue devuelto de sus ensoñaciones por su voz, y al recordar el principal motivo que lo tenía allí lo hizo recuperar la compostura.

- Pues… no -se inclinó hasta que su cuerpo quedo en una perfecta L y con sus manos con las palmas juntas en forma de rezo frente a él continuó hablando- pero ruego que no me eches al saber que me asignaron ser tu sombra

El ahora morocho se irguió luego de hacer aquella extraña pleitesía para ver a Anael a los ojos - el demonio que te atacó tiene un jefe, demonio también al parecer, pero no sabemos quién es. El precio por tu cabeza por parte de algunos socios de Feuer fue solo una excusa, y queremos prevenir que suceda algo similar y de darse, capturar al cabecilla.

Caminó hasta sentarse en una de las sillas frente al escritorio de Anael, cruzando las piernas, y se giró hacia ella, que aún estaba parada escuchándolo – antes que preguntes, esto no es un caso de la policía normal, humana, mi trabajo en la policía es más que un simple detective. Yo me encargo de los casos que no deben salir a la luz pública, ya que los humanos cuando tienen miedo son destructivos. Tus opciones eran escasas, si no era yo, te iban a asignar a algún cabeza de chorlito para que te siguiera sin tu consentimiento, así que me ofrecí yo voluntariamente apenas tuve que irme de tu departamento ayer “y honestamente no quiero hacer reportes de mi tío matando a un compañero por equivocación” -pensó lo último sabiendo que Aidan había comenzado desde esa misma mañana a mover hilos para conocer a alguien que pudiera encargarse de investigar al responsable de aquel embrollo. Uno de sus compañeros lo había llamado alertándolo de aquello, pensando que podía ser blanco de la furia del ángel. Ingenuos.

- Así que, como vamos a tener un rato viéndonos las caras me gustaría empezar con buen pie -cambió a su apariencia de cabellos blancos, ojos grises y piel pálida y se revolvió los cabellos en su nuca con nerviosismo, temiendo la reacción de ella al decirle realmente quien era, y notando también que necesitaba un corte de cabello, urgente– Mi nombre es Helios, soy el hijo mayor de Mystral Vind, pero te agradecería si no se lo dices si te lo encuentras. -En sus labios se formó una mueca al recordar la frase extraña que le dijo Aidan que "debía ser uno con él" para que su padre lo recordara- Perdió la memoria y no me recuerda.

***

Damek había partido de regreso muy temprano, prometiéndole a Déteka que estaría allí durante el fin de semana, y al mismo tiempo prometiéndose a sí mismo pensar en cómo abordaría la información que tenía en las manos, y no había ni un minuto en el que no hubiese pensado en ello, inclusive ahora mismo, sentado en la oficina en su local, aún le daba vueltas a lo mismo. Aidan tenía un hijo menor el cual era la reencarnación del que una vez fue su hermano Dover, y estaba seguro de que este no lo sabía; además de eso estaba la enfermedad de Déteka.

Los ángeles tenían demasiadas formas de morir a pesar de los mitos acerca de su presunta inmortalidad. La más rápida era cortarle la cabeza, la más dolorosa era cortarle las alas y esperar a que las bacterias hicieran su trabajo en semanas, y la más común era cuando el ángel perdía su propósito en el mundo y se entregaba a la muerte. Él ya había sentido ese hálito de la muerte con anterioridad en el ángel que todos consideraban una madre por lo que estaba familiarizado con ello.

Al Allen convertirse un ángel caído, y organizar todo para que comenzara una guerra, Dover no tuvo otra opción que sellar con su propia alma a su gemelo. Su decisión fue una sorpresa, pero más sorprendente fue el darse cuenta la relación que éste llevaba con su mentora. Kristal lloró durante días al lado del cuerpo sin alma del ángel de agua, hasta que un día simplemente la encontró durmiendo, y no se volvió a despertar.

Creía saber el por qué el proceso en Déteka parecía más lento, pero no lo sabía con certeza, así como tampoco sabía si había un retorno para la enfermedad, y eso le hacía aún más difícil el tomar una decisión de si debía decirle a Aidan; no quería ser el portador de malas noticias, aunque terminaba siéndolo más de lo que le gustaría.

“Deberías ser egoísta y no importarte lo que pase con ellos”

Eso quitando a que desde anoche estaba escuchando una voz en su cabeza que estaba plenamente seguro de que no era su demonio, no había emitido tantas órdenes para que saliera a flote; los diez años que había pasado recuperándose de la orden de olvidar que le hizo a Aidan aprendió a conocer ese lado de sí mismo muy bien.

“Quien sabe. Quizás aprendí a no salir solo cuando estás cansado, ¿no lo has pensado?”

- No eres mi voz, deja de hacerte pasar por ella -resopló en voz alta ya fastidiado-.

“Tus órdenes no tienen efecto en mí, gracias a mi es que tienes ese poder“


Damek se paró de golpe de su asiento golpeando el escritorio con sus puños. Siseó dejando ver unos colmillos que habían crecido uno o dos centímetros y la parte de sus ojos habían cambiado por un negro dejando sólo el iris de un azul blanquecino.

Una risa se dejó resonar en su cabeza haciendo que frunciera el entrecejo con evidente molestia.

“Creo que alguien viene”

La última frase que escuchó en su cabeza a manera de canturreo fue bastante molesto, pero se obligó a sí mismo a calmarse para recuperar su apariencia habitual, sin embargo, su aparente tranquilidad fue reemplazada por una cara de incredulidad al ver la cara de Mystral entrar a su despacho.

- Si, si, ya sé, no tengo la mejor apariencia ahorita – dijo entre seseos, intentando no mover demasiado los labios al hablar. Tenía el labio inferior bastante roto, el pómulo izquierdo ligeramente hinchado y alrededor del ojo del mismo lado comenzaba a aparecer un anillo amoratado – necesito que me ayudes a curarme esto.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 16 Nov - 18:29

            Wolfgang puso una cara que habría provocado carcajadas en Anael de haberla visto. Pasó de la incredulidad a una indignación pueril en cuestión de segundos ante la visión rosada y húmeda de la lengua de Helios, como si fueran dos niños en una guardería en vez de dos hombres en medio de una oficina. La cuestión rayaba lo ridículo, y precisamente por eso era tan divertida, pero Anael tenía la cabeza en otra parte, llena de preocupaciones. Dentro de la oficina le echó una larga mirada a la figura doblada de Helios, una L perfecta que rogaba por el perdón. Intentó atravesarle como si el azul de sus ojos fueran dagas capaces de sonsacarle la verdad. No creía que Helios mintiera, no después de comprobar lo cercano que era a los Feuer y su jauría de seguidores alados, a cada cual más particular. De entre todos ellos (el rubio afectado de ninfomanía, el mudo superpoderoso y el detective de pelo blanco) Helios brillaba por ser, de lejos, el favorito de Anael. Podía ser algo relativo a que lucía mucho más joven que los demás, o sencillamente no había tenido ninguna relación previa, obviamente negativa. El historial con Mystral rozaba lo patético, el asiático mudo era una absoluta incógnita para ella, y Aidan… no había nada más confuso para ella que Aidan Feuer y que tenían que últimamente siempre estaban enredados.

            —Me estás diciendo, básicamente —se quitó la chaqueta, dejándola colgada en el respaldo de la silla para apoyar sendos puños cerrados sobre el tablero del escritorio. Miró a Helios, que ya parecía demasiado cómodo en el interior de su oficina, desde arriba, con la cabeza ligeramente inclinada y el fresco del aire acondicionado aireándole la blusa—, que eres mi guardaespaldas, me guste o no.

            Suspiró ligeramente mirando al techo. Había condenas peores, desde luego. Que te obligaran a soportar el día a día junto a un muchacho alto y guapo no podía considerarse tortura, pero le preocupaba donde iba a estar la línea de la intimidad. ¿Iba a seguirla hasta el baño? ¿Usaría esa treta mágica para ponerse pechos falsas y escucharla mientras meaba para asegurarse de que los demonios no se escondían debajo del váter? Estaba a punto de reírse ante la propia perspectiva cuando Helios siguió hablando, y casi se atraganta con la risa. Parpadeó, y en ese gesto donde estaba Elliot el abogado de pacotilla estaba de nuevo el Helios que había conocido; pelo blanco, gesto dulce, ojos límpidos y labios finos con verdades como piedras en la boca. Santo Dios, ¿cómo no lo había visto antes? Mystral Vind estaba allí, era una huella indeleble en el rostro de su hijo. Sutil, pero palpable, la forma del perfil, la forma recta de la mandíbula…

            Anael se dejó caer en la silla, incapaz de superar la estupefacción en pie. No pesaba mucho pero aún así el mueble de lujo emitió un quejido de protesta al recibir sus kilos.

            —¿En qué tipo de drama telenovelero me he metido, señor?—Se llevó una mano a la cara, apretándose el puente de la nariz entre el índice y el pulgar, un gesto propio de ella que solía hacer cuando estaba tensa. Mystral, Aidan y el asiático eran amiguitos, y ahora resulta que Helios era hijo de Mystral, pero éste no lo sabía. Necesitaba sacar conclusiones que pusieran en orden la información. La primera era muy obvia, o bien Aidan o el asiático sabían del parentesco de Mystral y Helios, sino no tendrían ese contacto. A juzgar por el nuevo trabajo de Helios se apostaría un riñón a que era Aidan el artífice del 80% de los engaños, y de alguna milagrosa manera se las apañaba para conseguir que todo funcionara. Había perdido demasiado tiempo odiándole en vez de aprendiendo de él. Craso error. —¿Hay algo más que desconozca que necesite saber para que "esto" —señaló primero a Helios y después a sí misma en un gesto elocuente— funcione, Helios? Agradezco que te sinceres, no me gustan las mentiras piadosas, ni que se me omita información. Me gusta el... control. Y tu y yo vamos a necesitar normas, ¿cómo se supone que va a funcionar lo de que seas mi guardaespaldas? ¿Es 24 horas, vas a tener que seguirme a mi piso?


************


            A falta de mejor información lo único que tenía era eso. Un pedazo de papel con una serie de números garabateados a toda prisa. Estaba lo suficientemente lejos de la casa como para que el teléfono móvil tuviera una cobertura decente y no hubieran oídos curiosos, ni mucho menos los de su madre. Sacó el teléfono movil, un aparato sobrio, negro, sin más ornamento que la marca del fabricante, y marcó el número de teléfono. Eidan se lo llevó a la oreja, esperando que Damek tuviera las respuestas que necesitaba.



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