Últimos temas
» 32. Drivin me wild
Hoy a las 6:32 pm por Sonder

» — You are a beautiful monster
Hoy a las 6:24 pm por Snow

» 31. You've got that young blood
Hoy a las 6:19 pm por Nightingale

» 05. I woke up on the wrong side of reality
Hoy a las 6:11 pm por Nightingale

» 01. This is the place, brother
Hoy a las 5:31 pm por Python Labubie

» 06. Caught in a bad dream
Hoy a las 5:28 pm por Nightingale

» ❃ Kiss Kiss Bang Bang
Hoy a las 3:21 pm por Mrs. Scotty

» 04. Young and menace
Hoy a las 1:57 pm por Sonder

» 30. Just a club
Hoy a las 1:11 pm por Sonder

» What's somebody like you doing here? [+18]
Hoy a las 11:31 am por Winter Wiccan

» Donde hubo fuego, cenizas quedan
Hoy a las 11:05 am por Winter Wiccan

» Just don't give up.
Hoy a las 10:16 am por Winter Wiccan

» ~ You could be loved again
Hoy a las 9:15 am por SapphireDragon

» 03. You make me feel weird
Hoy a las 5:15 am por Incaendium

» Some Cupid kills with arrows, some with traps
Ayer a las 10:35 pm por Soupy Twist

Créditos...
La idea y fundación de Skipping Stone es de la antigua usuaria y administradora Aqua. Diseño de gráficos y redacción de normas, guías, etc, corre por parte del Staff. El skin, el tablón de anuncios, los perfiles y el tablón de afiliados han sido diseñados y cedidos al foro por Oswald. Las imágenes no nos pertenecen, han sido recolectadas en Deviantart en especial de faestock, So-ghislaine (dados) y webvilla (medallas), moon0727 (png Sherlock Holmes), andie-mikaelson (png Raven Reyes), Tube danimage (png Lagertha) y el tumblr fandomtransparents (png Sansa Stark). Damos también un agradecimiento en especial a los foros de recursos Glintz y Serendepity cuyos tutoriales han ayudado a crear las tablillas.
DIRECTORIOS
The X project
function selectCode(e) { var doc = document , text = $(e).closest("dl").find(".cont_code,code").get(0) , range, selection ; if (doc.body.createTextRange) { range = document.body.createTextRange(); range.moveToElementText(text); range.select(); } else if (window.getSelection) { selection = window.getSelection(); range = document.createRange(); range.selectNodeContents(text); selection.removeAllRanges(); selection.addRange(range); } }; $(function(){$("dl.codebox:not(.spoiler,.hidecode) > dd.code, dl.codebox:not(.spoiler,.hidecode) > dd > code").closest("dl").find('dt').append('Seleccionar')});

Etherial's Dreams

Publicar nuevo tema   Responder al tema

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Dom Jul 30, 2017 7:44 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Etheral's Dream
1x1 — Ladie & Jibriel — Original Fantasy Plot

     Ángeles. Siguen existiendo bajo un manto de secreto en la tierra, llevan existiendo cientos, no, miles de años. Nacen, contemplan el mundo en la grandilocuencia de los siglos, y en algún momento su esencia cae en el olvido al morir. La vida humana es, para ellos, poco menos que un parpadeo de sus existencias. Nadie sabe exactamente cuántos son, o cuantos quedan, algunos se conocen y otros son solo desconocidos. Habitan entre nosotros, se disfrazan con la mortandad para existir en un mundo al que apenas pueden seguir la pista de tan rápido que evoluciona.

     En este marco existen, Aidan y Déteka, separados. Otrora no existía el uno sin el otro, la suerte o el destino unió sus caminos durante muchos años. Se habían cuidado, amado y odiado a partes iguales, encontraban consuelo en los brazos del otro a las muchas penas acontecidas en sus siglos de existencia. Y es que sus vidas siempre habían estado enredadas de una forma u otra. Tuvieron hijos, incluso; Anael y Eidan. Anaela era muy pequeña y Eidan no había llegado al mundo cuando los demonios de Aidan terminaron el pequeño remanso de paz que habían creado. Fueron cuestiones de vida o muerte, decisiones desagradables que uno nunca quiere tomar. No eliges entre lo bueno y lo malo, lo correcto o lo incorrecto. Eliges entre las posibilidades de que sea malo o sea peor. Historias demasiado largas y dolorosas para explicarlas como merecen, escritas en los pergaminos del tiempo con sangre y lágrimas. Lo único que importa para entender como terminó es que Aidan, en pos de un bien mayor, renunció a lo que poseía. Renunció a su amor por Déteka, a su vida estable y tranquila, al recuerdo del rostro de su hija. Abrazó partes de su alma que se habían desprendido, hizo las paces consigo mismo a un precio muy, muy alto. Y Déteka, por su parte, renunció a luchar por algo que ya no le pertenecía.

     Y así se cortan los hilos que hacen lazos. Se toman decisiones que no tienen vuelta atrás, y para no pensar en ellas dejas que las entierren los siglos. Estos pasan, incansables, año tras año, siglo tras siglo, los hijos crecen, los tiempos cambian, se talan bosques y se levantan ciudades donde antes no había nada. En definitiva, sin importar si hacen el bien, o hacen el mal, viven entre nosotros, y sus historias son tan mortales que parece mentira.


Aidan Feuer
38 — Ludwig Herzog— Jibriel
El ambiente donde se encontraba era tenso; la acción más básica e instintiva que era el respirar se le dificultaba, sentía los músculos agarrotados y el olor metálico de la sangre estaba en cada bocanada de aire que tomaba.

Frente a él, se encontraba alguien que podría ser confundido con él mismo, sólo lo pálido de su tez y los ojos oscuros de un tono ébano podían diferenciarlo. Su reflejo, como así lo llamaban, como siempre, tenía una sonrisa sardónica en los labios, mientras él pobremente podía mantener otra mueca que no fuese cansancio; se había mantenido por mucho tiempo en esta batalla y sólo quería terminarla y descansar, irse con su esposa e hijos, para vivir la tranquila vida que se había acostumbrado a tener, pero su gemelo no le hacía las cosas fáciles.

En el suelo, a unos cuantos metros debajo de donde ellos estaban, se encontraba agonizando el último dragón de su mundo, el único que sostenía aquella tierra prometida con forma de estrella, por lo que su pelea, aún si salía victoriosa de ella, no tenía sentido, de igual modo en cuanto ese dragón exhalara su último aliento de vida iba a encontrarse a si mismo en medio de la nada, eso en el caso de que al morir la tierra, no se murieran todos con ella.

Abaoth, como se proclamaba a si mismo luego de asumir aquel rol tan opuesto su misión original: “la mano derecha de Dios”, mientras su hermano veía con una nota de pánico a la mujer a sus pies exhalar su último suspiro, empuñó su espada, con velocidad sobrehumana se colocó detrás del cansado ángel, y de una certera estocada cercenó sus alas.

Aidan, al sentir que su corazón, sus alas, eran cortadas, sólo pudo voltear a ver el rostro de satisfacción de su gemelo mientras caía al vacío y, pidiendo perdón a su familia por no poder cumplir la única promesa que hizo, se entregó a la muerte.

Deteka Lark
36 — Megurine Luka — Ladie
Desde la ventana del salón el panorama es rural, idílico. Huele a madera de cedro ardiendo en la chimenea que preside la estancia, derrama la única luz de la habitación. Ninguna luz de farolas o de ciudad irrumpe en la noche, desde donde está sólo se ven las estrellas. Su refugio tiene dos plantas y un aspecto acogedoramente envejecido, es una casa de ladrillo en mitad de ninguna parte.  Lleva allí más tiempo del que quiere recordar. Construyó ese hogar con sus propias manos cuando no les quedó nada, cosechó cada oportunidad que la vida le puso por delante para criar a sus hijos en un lugar como ese. Apartado, seguro, limpio y natural. Un lugar similar al valle en el que había crecido ella misma, en un mundo que ahora solo existía en sueños.

Déteka fue expulsada de Etherial con excusas pertenencias, una hija en la mano, un hijo en el vientre y los recuerdos intactos. Hubo momentos en los que envidió a aquellos que se separaron por completo del mundo en el que habían nacido, ella cargaba con la condena de recordar cada momento de dolor y felicidad de los últimos dos mil años. Se las arregló para encontrar un hueco en aquel lugar desconocido, un refugio donde estar a salvo.

Durante un tiempo consiguió poner al dolor en jaque. Estaba demasiado ocupada para la pena o el luto, dos hijos pequeños que la necesitaban, un mundo desconocido, ningún amigo a su alcance ni mucho menos nadie que la ayudara. Las horas se consumían en, básicamente, encontrar la forma de establecerse. Después, Déteka se volcó en criar a sus hijos. Al fin y al cabo eran la prueba viva de otro mundo, de personas que ni siquiera sabía si seguían vivas. Anael era un espíritu libre, rebelde y testaruda como ella misma, siempre mayor e independiente, preguntando a media voz donde estaba su padre cuando un recuerdo furtivo la asaltaba. Eiden, en cambio, desarrolló un apego a su madre digno del complejo de edipo. Con la madurez empezó a dejar atrás ese lazo férreo, pero quedó aquella cercanía e intimidad que Anael nunca se había molestado en construir. Podía decirse que era, y es, el ojito derecho de mamá. Pero los niños son niños, y el tiempo no perdona. Crecen, alzan la mirada para buscar su propio camino, y ambos terminaron por abandonar el hogar materno y rural en pos de crear sus propias vidas.

Para Déteka la soledad consiguió que el tiempo se dilatase. Los minutos parecen horas, y los días años. El hielo de los tiempos se ha adherido a su alma, convirtiéndola en una persona desapasionada, vacía, carente de la chispa que otrora brillaba en sus ojos.



Última edición por Ladie el Jue Ago 03, 2017 3:23 pm, editado 2 veces



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo


Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar Ene 09, 2018 7:49 pm

            No pudo evitar parpadear un segundo, confusa y divertida por aquel susurro de Helios. Fue un susurro, apenas un hilillo de voz escapando al control del detective, pero que levantó una sonrisa en las comisuras de sus labios. Helios se escapó corriendo, girándose para huir de las propias consecuencias de su desliz, y Anael tuvo que tragarse una risa. No debía estar muy acostumbrado a tener chicas en casa, pero había sido dulce. Fue breve la forma en la que se le suavizaron las facciones, hubo un brillo furtivo en sus ojos que le hizo parecerse un poco más a su padre que al muchacho que Anael había conocido.

            Caminó hacia la isla de la cocina, dejándole espacio entre los fogones para que respirara y recuperase la compostura, ignorando deliberadamente el cosquilleo que le pasó por debajo de las costillas.

            —Cuando me mudé a la ciudad el camión de la mudanza se equivocó y dejaron todas mis cajas en la casa de otra persona. A mí me trajeron un montón de muebles rococó horrorosos, todos de color rosa. No quiero ni imaginar donde demonios debían estar mis cosas, lo único que salió bien de aquel caos es que me devolvieron el dinero.

            Recordaba aquellos días con una mezcla de añoranza y alivio. Salir de su casa había sido la mejor decisión que había tomado en mi vida, la independencia la había dotado de la libertad que necesitaba para despegar. Quería a Déteka, la quería muchísimo, pero… la convivencia entre ambas no siempre había sido fácil, estaba demasiado anclada en aquel mundo que habían abandonado. Pertenecía a la nada, a un pedo de polvo estelar que dos dragones habían soltado hace lo que parecía eones. Ahora no quedaba más que la ponzoña de los espíritus demasiado añejos para olvidarlo. Su hogar era la tierra, esta tierra, rota, marchita y envenenada por la humanidad.  

            —No te preocupes, ya tenemos suficiente formalidad en el trabajo. —Sonrió mientras tomaba asiento en uno de los altos taburetes de la isleta, frente al plato de pasta. Respiró hondo, los zarcillos de vapor que ascendían mientras se enfriaba traían el delicioso aroma de la salsa. Se relamió los labios y alzó una mano para enganchar detrás de la oreja un rizo—. ¿Rosé? Mmm… — A riesgo de parecer maleducada torció el gesto, inclinándose hacia delante—. ¿No tienes mejor un tinto? Yo tengo arriba, puedo subir.

**********


            El silencio al otro lado era angustioso. Racionalmente podía entender que Damek no hablara, dado los riesgos, pero irracionalmente el silencio le ponía de los nervios. Necesitaba respuestas, saber, un plan de acción que lo liberase de aquella angustiosa ignorancia. Se mordía los labios, repitiendo “responde, responde” como un mantra mental.

            —Allí estaré.

            Respondió, raudo, firmando una promesa con cada palabra. No una promesa para Damek, sino para sí mismo. Costara lo que costase tendría que estar en esa dirección. Abandonó el teléfono al fondo de su bolsillo y corrió a abrir su ordenador de mesa, entró en internet para consultar la dirección que le había dado. Frunció el ceño al ver el primer resultado… ¿una cafetería?

            La tarde se le hizo eterna. Intentó olvidarse de la cita entreteniéndose con otra cosa. Intentó trabajar, plantándose delante del documento de texto del último capítulo en el que estaba trabajando. Releyó los últimos párrafos que había escrito un par de veces. Después se quedó mirando la delgada línea que parpadeaba, esperando la siguiente tecla, la letra y la palabra que formaran la siguiente frase, pero esta nunca llegaba. Se apretó el puente de la nariz entre el índice y el pulgar, cerrando los ojos de frustración. Dio la tarea por imposible, así que dejó que los minutos se consumieran hasta que llegó la noche.

            Cogió las llaves de su moto, el casco y se lanzó a la noche, dispuesto a encontrar aquella maldita cafetería y un puñado de respuestas.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar Ene 30, 2018 7:05 pm

Helios pareció confundido por un momento porque tenía la cabeza en otro lado, pero pudo salvarse de parecer un tonto al procesar lo último dicho por Anael -Claro, no tengo ningún problema, siempre y cuando no lo estés usando como una treta para huir de mi- compuso un mohín afligido para luego guiñarle un ojo a la muchacha- Anda, ve. -Sacó de su bolsillo un llavero con solo dos llaves- esto es para que vuelvas a entrar en el departamento.

Por un momento pensó que decir, se sentía extrañamente cohibido, pero no pudo seguir su hilo de pensamiento ya que su teléfono móvil comenzó a sonar. Miró extrañado el identificador en su pantalla, pero aun así contestó

- Hola honey, ¿cómo estás? – saludó con un tono meloso, mientras le guiñaba a Anael que tenía una expresión intrigada en su rostro.

Al otro lado de la línea, estaba el ángel de la tierra en la oscuridad de su despacho. Ya había cerrado hace un momento el establecimiento y había reforzado la magia alrededor de su local para impedir visitas no deseadas. Como se esperaba, el uso de magia más allá de sus órdenes le exigía levantar el manto sobre su apariencia, y eso se notó en la voz un poco más grave y ronca que habló.

- Helios, no es una llamada social, ¿estás sólo?

- No -dijo mirando a la mujer que parecía buscar las llaves- ¿ha sucedido algo?

- Necesito información acerca de cómo pueden morir los ángeles

Una fina ceja de Helios se levantó, separó el móvil de su oído y miró el teléfono como si tuviera a su interlocutor frente a él, para luego pegarlo de nuevo a su cara para hablar

- ¿Estás pensando en maneras para suicidarte?, debes saber igual que yo que morimos si nos cortan la cabeza o las alas.

- Debes tener recuerdos de Kristal por las memorias que tienes de Mystral.

- ¡Ah! -efectivamente, recordaba esa memoria ajena a él, y con la simple referencia entendió a qué se refería- ¿Sabes lo que es la depresión en los humanos? Funciona igual, solo que a nosotros en realidad nos mata. Si no tenemos motivo por el cual quedarnos nos perdemos en algún tiempo en el que nos sentíamos útiles o vivos, hasta que finalmente sucede. -Algo hizo click en su cabeza. Si Damek preguntaba acerca de eso, significaba que lo hacía por algo, alguien de su entorno estaba sufriendo de aquello- ¿Alguno esta…?

- ¿Hay alguna forma de revertirlo?

- ¿Eh?, no, el único que tiene respuesta a eso es quien lo padece, no funciona igual en todos. Te iba a preguntar, ¿alguno tiene eso? ¿es alguien que conozco?

- Luego te comento.

Luego sonó el molesto pitido en la línea telefónica. Helios sabía bien que, si llamaba, el moreno no le iba a contestar.
Soltó un suspiro, eventualmente se lo diría, o eso esperaba.

En la cafetería, el ángel se dirigió a la puerta al sentir cerca la presencia de aquel a que había conocido apenas ayer. Intentó levantar la magia en su apariencia, pero no podía, tomaba demasiado y el cerco que puso alrededor del local aunque tomaba poco, requería concentración que no podía usar si estaba centrado en su apariencia.

El muchacho entró cuando las puertas del local se abrieron mágicamente para luego cerrarse tras sí, y cuando por fin el lugar estaba cerrado, se encendieron las luces dejando ver a un Damek con la apariencia bastante cambiada.

Sus alas estaban visibles, dejando ver el color negro de ellas, al igual que su cabello. En sus manos, las uñas se notaban un poco más largas y afiladas, tal cual garras. La piel se había tornado un poco más oscura con una tonalidad grisácea, y sus ojos eran dos perlas negras, con iris de color azul casi blanquecino.

El muchacho frente a él se tensó, posiblemente pensando en todas las formas de atacarlo, por lo que hizo resonar su voz en su cabeza.

- Me presento de nuevo, soy Damek Cruinne, y disculpa si te tomé desprevenido, estoy usando magia para sellar el lugar y no puedo ocultar mi verdadera apariencia mientras lo hago. ¿Tomas asiento? -señaló con un ademan una mesa en su lado izquierdo, en la cual estaban ya dos cafés servidos, uno frente a otro. Al ver que el otro no se movía se sentó en la mesa cuadrada, esperando que el muchacho hablara.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
32

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Lun Feb 05, 2018 5:02 pm

            —¿De verdad crees que soy de las que se escapa por la puerta de atrás cuando no le gusta una cita? —soltó Anael sin pensar demasiado en lo que salía por su boca— Yo soy de las que se van dando un portazo. Deberías darle más crédito a mi actitud, o yo debería recordarte que dirijo una empresa en un mundo de machos. No tardaré.

            Estaba a punto de hablar cuando Helios cogió el teléfono y ella no pudo hacer más que enarcar una ceja, intrigada por el tono de voz y las palabras utilizadas por él. Unido al guiño resultaban de lo más desconcertantes. Al escuchar los derroteros de la conversación prefirió quedarse a parte y no poner la oreja en una llamada que ni le interesaba ni debía escuchar. Sonrió, tomando las llaves antes de alcanzar la puerta. Se fue caminando sin prisa, como si no tuviera ganas de abandonar el piso, pero en cuanto cerró la puerta le faltó tiempo para echar a correr. Avanzó hacia las escaleras, no eran demasiadas, pero sí las suficientes para hacerla sudar si subía a toda prisa. No tendría tiempo de un aseo digno antes de bajar, así que optó por quemar la impaciencia con pasitos cortos mientras esperaba a que llegara el ascensor. Maldijo en voz baja la cantidad de pisos que tenía aquel edificio mientras se subía, taladrando el botón de su planta. Casi asaltó la puerta del apartamento, llave en mano, para entrar. Pasó de largo la cocina para ir al baño y verse la cara.

            —Ay Dios…  Que cara.

            Los estragos de los últimos días y el tiempo que le había costado reorganizar la empresa después de su ausencia se le notaban en la cara. Bajo las pestañas inferiores anidaban las sombras purpúreas de las ojeras, no llevaba apenas maquillaje y el poco producto que le quedaba en la cara no le confería ninguna dignidad a estas alturas del día. Se lavó la cara a marchas forzadas, agua fría para despejarse y sentirse algo más fresca. Perfume, caro y escaso, sutil, un pintalabios suave –solo un toque de color- y un peine después le hicieron verse más digna en el espejo. O, por si acaso, menos cansada. No podría hacer mucho más con las ojeras sin un maquillaje completo, y tampoco quería tardar, así que desechó la idea. En la cocina, la vinoteca no le supuso ningún problema. Sabía el vino que iba a coger desde que estaba abajo.

            Estiró la mano para tomar una botella de la zona más alta, una artesanía de cristal azul iridiscente que ni siquiera pertenecía a ese plano. Entre las escasas pertenencias que Déteka había arrastrado a la tierra estaba aquello, un vino exquisito de la mismísima Etherial. Rojo, intenso e irrepetible, único en aquel mundo. En realidad no era inimitable, Eidan tenía una botella idéntica a esta. Un regalo para cada uno cuando se fueron de casa que Déteka había guardado durante siglos. Anael estaba segura de que estaba encantado, ningún vino podía durar tantos años sin agriarse. Se deshizo de la chaqueta corporativa, se desabotonó el primer botón de la camisa y bajó de nuevo, mesándose el pelo para parecer más una mujer y menos un desecho ejecutivo de directora de empresa con falta de sueño.

            Utilizar la propia llave de Helios para entrar le confirió un extraño sentimiento de intimidad. Le provocó un cosquilleo en la mano y en el fondo del pecho que la hizo entrar con timidez. Helios había terminado la llamada, a juzgar por el silencio de la sala, sólo interrumpido por los sonidos breves de utensilios de cocina.

            —Ya estoy. Mira lo que he traido…



****************


            El gesto de Eidan delante de la cafetería rozaba peligrosamente la ofensa mientras juzgaba en silencio la fachada de la cafetería. Era un sitio… acogedor. Demasiado acogedor para un tipo extraño que te hablaba directamente en el fondo de la mente, provocándote escalofríos. Desmontó de la moto, aparcándola con un gesto seco y quitándose el casco. Su melena larga y suelta era una cascada oscura sobre sus hombros, más allá de los omóplatos le alcanzaba casi la cintura, y aún así nunca lo habían confundido con una mujer. Probablemente por la altura, al generosa hechura de sus hombros masculinos o la mirada asesina que podía echarle a cualquiera que osara llamarlo mujer. Despeinado por la carrera a alta velocidad por la carretera y casco bajo el brazo avanzó hacia la cafetería.  

            El halo de magia le recorrió la piel con un sensación parecida a la de meter la mano en una cuba de aceite. Era suave y denso, oleoso, se le extendía por la piel incluso con la ropa puesta. Podía sentir las barreras allá donde los mortales no sentían nada. Las puertas se abrieron solas pero no se sorprendió, empezaba a entender que Damek tenía cierto grado de elegante teatralidad, y que esto ni siquiera le disgustaba. De hecho, casi disfrutaba, le recordaba a sus novelas. Un golpe seco y se cerraron a su espalda, el encendido abrupto de las luces le hizo daño en los ojos. Se llevó una mano a la cara, intentando apaliar el dolor de las retinas cobijándose en la sombra de sus propios dedos.

            Repasó el físico de Damek en un silencio sepulcral, sin juzgarlo pero apreciando todos los detalles que se le habían ocultado a sus ojos la primera vez que se cruzaron, en la misma casa en la que se había criado. Lejos de la influencia de Déteka se sentía más seguro aunque igualmente desesperado. Allí no tenía que preocuparse por ella, porque estuviera despierta, su objetivo en aquella cafetería era para el futuro, salvarla. Encontrar un remedio definitivo. Cuando miró a Damek a los ojos, directamente, sin un ápice de temor y rebosante de determinación, en el azul de sus irises relampaguearon vetas púrpuras. Podría haber sido sin saberlo el reflejo de un fantasma del pasado de Damek, una versión terranea y mordena, con botas de cuero y pantalones ceñidos, de lo que Aidan había sido en su día.

            —No me importa que forma tengas o de que sangre hayas nacido. No he venido aquí a juzgarte. —Apuntó, dejándo el casco sobre una mesa y acercándose a la imponente presencia de Damek. En el aire rezumaba una vibración oscura que hablaba de sendas prohibidas y sangres emponzoñadas. Avanzó tras Damek, tomándo asiento frente a él—. Quería agradecerte tu tiempo.

            De cerca no pudo evitar contemplar a Damek con cierta fascinación. Nunca había visto un ángel así, con aquellas alas negras. Su madre, hacía siglos, cuando aún se atrevía a volar, tenía unas alas blancas que brillaban con un ligero toque dorado. Anael las había heredado, sin embargo él tenía hebras rojas entre el denso plumaje blanco perlado. Cruzó las piernas por debajo de la mesa, acomodándose, visiblemente relajado ante un ángel que no parecía lo que él pensaba que debía ser un ángel.

            —Si me has hecho venir aquí es porque puedes ayudarme, ¿no?



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Lun Feb 05, 2018 7:39 pm

- No deseo que guardes falsas esperanzas -fue directo, saltándose cortesías porque sabía que dado el tema el muchacho no lo iba a apreciar- lo que tiene Déteka sólo puede revertirlo ella misma, podemos ayudarla a que desee revertirlo, pero nada más.

Notó que el semblante del muchacho cambiaba para mostrar uno bastante mosqueado por la información, quizás esperaba algún tipo de pócima que revirtiera todo aquello, era lo más seguro, y él mismo se sentía molesto porque aquello no era así.

Había llamado a Helios ya que sabía que el muchacho manejaba muchísima más información de la que dejaba entrever, su posición actual le daba acceso a ella, con restricciones, pero se la daba. Sin embargo, su llamada era más para escuchar de un par lo que él ya sabía, ya lo había vivido una vez y, a raíz del suceso que llevó a Kristal a desear su muerte, él mismo se centró en investigar todo aquello referente a ese deseo en los ángeles para saber cómo prevenirlo si llegase a suceder nuevamente, pero se había quedado con las manos vacías.

- Los ángeles somos seres longevos, casi inmortales, y nuestra inmortalidad nos lleva a ver una y otra vez como aquellos seres que no comparten esta cualidad con nosotros nacen y mueren una y otra vez. Nos involucramos en situaciones a veces sin querer, y cuando nuestros afectos parten nos queda otra vez la soledad.

- Como los seres humanos, necesitamos algo por lo cual vivir, alguno de nosotros encuentra su motivo en metas, sentimientos, u objetos, incluso en tareas y deberes, como el ser guardianes de algo o de alguien, y por los años que conozco a Dét sé que su vida se debió haber centrado totalmente en ustedes, su familia.

Damek paró un momento para dar un trago del té que estaba frente a él, sin dejar entrever ninguna emoción, pero analizando las reacciones del muchacho frente a él. Casi quiso sonreír al notar la misma cara reflexiva de Aidan plasmada en el rostro de ese chico, los dos eran tan idénticos como lo fueron una vez, pero estaba casi seguro de que ese instinto de paternidad de Dover hacia su hermano no iba a estar presente, casi presentía que si se enteraba quien era Aidan, dadas las circunstancias lo iba a odiar.

- No pretendo repartir culpas, ya que nadie las tiene - “quizás el más culpable de esta situación soy yo” pensó- pero Déteka está encerrada en un lugar atemporal en el que ningún otro ser que ella no desee cerca de ella puede entrar y, aunque es normal que ustedes hayan partido de su lado, está totalmente sola, ustedes ya no la necesitan por lo que es normal desear desaparecer o tener paz, y en los ángeles ese deseo se cumple sin tener que nosotros atentar contra nuestra vida, por lo que debo preguntar ¿hay algo que sepas que pueda al menos parar ese deseo?


* * *

En el penthouse del dueño de las empresas Feuer estaba todo en calma. Hace algunos minutos el personal de servicio se había retirado silentemente al estar Aidan durmiendo desde tempranas horas de la tarde en el sofá del recibidor.

El pelinegro despertó de su letargo al sentir una presencia familiar pero desconocida alrededor suyo, como si lo envolviera. Su mirada se posó en el reloj de pared en la cocina, dándose cuenta de que habían pasado varias horas sin que él siquiera se percatara.

- ¿Qué quieres? – logró articular con voz pastosa, sentándose en la cama mirando al suelo. Había una sombra masculina frente a él, pero no tenía que alzar la vista para saber de quien se trataba.

- ¿Sabes? Si te echas a morir me vas a hacer el trabajo más fácil pero más difícil a la vez -habló el hombre ignorando la pregunta deliberadamente, con un tono que rayaba en lo molesto, de lo burlón que era- tengo bastante rato aquí esperando a que salieras de tu ensoñación.

- No pienso repetirme –los pies que apenas se reflejaban en su campo de visión se alzaron frente a él, y decidió subir la mirada para hacer una mueca de desprecio al ver a alguien casi idéntico a sí mismo a él siendo ahorcado por un ente invisible. Sin embargo, la sonrisa burlona en el rostro del hombre no se quitaba y aquello debería molestarle, pero sentía era fastidio.

- ¿Qué? ¿te preguntas por qué soy tan parecido a ti?, no te equivoques, a ti te hicieron a mi semejanza no al revés. ¿Sabes que si te echas a morir puedo matar libremente al resto que te importa no? Hasta aquella mujer, esa que no ves desde hace cinco siglos. -su sonrisa se ensanchó aún más al ver que el rostro fastidiado se desdibujaba para mostrar ira- ¿Por qué no te unes a mí?, podríamos joderles los planes a los que forzaron a que tu querido Etherial se extinguiera.

- Voy a repetir esto una sola vez, no tengo ningún interés en tu causa ni en la de tu enemigo -apretó aún más el cuello del extraño hasta que el cuerpo se redujo a cenizas con su fuego, después de todo aquello era solo un contenedor que perdería la vida igualmente cuando el otro hombre dejara de controlarlo- por cierto, no deberías subestimar a Damek -lo dijo en un susurro a la entidad que sabía que estaba allí aún, no lo conocía pero había percibido esa presencia alrededor de Damek desde hace unos días-

- ¡Oh! ¡Te diste cuenta!, eres aún más poderoso de lo que pensé, me disculpo por subestimarte -ahí estaba la voz, burlona, pero en su cabeza- y tranquilo, no podría hacerle daño a mi hijo, hay un código de honor y todo eso inclusive en el infierno ¿sabes?, por cierto, deberías verlo ahorita, podrías enterarte de algo muy interesante.

- ¿Hijo? -preguntó al aire, pero la presencia había desaparecido-

Se preguntaba si debía hacerle caso. No podía decir que desconfiara de Damek, inclusive si su forma de operar no le agradaba respetaba totalmente sus decisiones y no las cuestionaba ya que no le quedaba duda que el ángel antes de hacer algo debía haber pensado en todas las probabilidades y consecuencias, pero algo le decía que debía desobedecer esa fe ciega esta vez y buscarlo.

Cerró los ojos e intentó localizarlo, pero se encontró con un vacío. El mismo vacío que había sucedido la noche de ayer y aquello lo llevó a levantar sospecha. Lo conocía perfectamente y sabía que el ángel tenía por costumbre hacer eso cuando no quería que algo que hacía fuera fácilmente detectado, no era común, de hecho, las únicas veces que podía recordar que hacía eso era cuando hablaba en privado con Allen, y aquello lo intrigaba muchísimo más.

Tomó su móvil y discó al único número que se le ocurría que podría saber el paradero del ángel.

- Enano. ¿Sabes dónde se encuentra Damek?

- Hola queridísimo tío, ¿cómo estás? Yo bien, ¿tengo cara de ser novia de Damek?, hace un momento me llamó preguntándome de métodos de muerte exitosa en ángeles, pero no me dijo por qué, ¿ya intentaste ir a su local? Él me llamó de allí.

Sin decir nada más trancó la llamada y se vistió con lo primero que encontró, que era una camisa de vestir blanca con el mismo pantalón y zapatos que tenía puesto en la mañana y que no se había quitado desde que llegó. La información de Helios lo había alarmado aún más si era posible, y necesitaba saber con premura que estaba pasando sin su conocimiento.

* * *

Helios se quedó viendo el teléfono con consternación, como si por solo por verlo éste le fuera a responder todas las interrogantes que tenía. ¿Qué pasaba entre esos dos?, hizo un mohín despreocupado intentando quitarle importancia, si alguien estuviese a punto de morir le hubiesen dicho ¿no?

Iba a terminar de lavar los utensilios haciendo tiempo para que Anael volviera cuando escuchó un carraspeo detrás de él.
Al voltear no pudo evitar sonreír de encanto al ver que Anael había hecho unos pequeños retoques a su apariencia.

- Hace un momento se me escapó decir el que estabas hermosa, pero ahora mismo estás deslumbrante -lo dijo con galantería sin restarle veracidad a sus palabras al acercarse a ella y tomar su mano libre para plantar un beso en el dorso de ella- permíteme -tomó la botella que ella tenía en sus manos y apenas la detalló abrió la boca sorprendido.

- ¿Esto es lo que creo que es? Tengo sin ver una de estas desde que se destruyó Etherial.

Como un niño con juguete nuevo fue rápidamente a la cocina a buscar dos copas, las colocó al lado de cada plato y sirvió el añorado líquido en ellas. Caminó hasta uno de los lugares, hizo lugar para que Anael se sentara y se reclinó en una reverencia digna de un maître.

- Ahora sí, la cena está servida madmoiselle -
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
32

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér Feb 07, 2018 12:44 pm

            A Eidan le resultó casi chocante que Damek fuera directo al grano. Casi le costaba reconciliar la imagen de aquella criatura poderosa y extraña que sus ojos nunca habían contemplado con el hombre apocado y tranquilo que mostraba una delicada sutileza al tratar con su madre. Al menos no jugaba con sus expectativas. Acusó el golpe sin cambiar demasiado la expresión, pero su frustración se hacía evidente por cómo contraía los músculos, intentando retener sus expresiones y sus pensamientos.

            No sabía casi nada de Etherial, dominaba la magia gracias a los libros que su madre había traído consigo y un prodigioso talento natural. Déteka siempre le decía que habría llegado a ser un gran mago de haber nacido en Etherial, pero había nacido en la tierra, así que era poco menos que un escritor melancólico que ya sospechaba que no estaba en su mano revertir los poderes que le estaban arrebatando a su madre. Apretó los puños, sin tocar siquiera la taza de café humeante que le esperaba en la mesa. Habría sido una formalidad bienvenida si el nudo que tenía en el estómago pudiera dejar pasar algo, pero estaba seguro que ni el más suave de los líquidos conseguiría disolver la tensión que lo atenazaba. Mientras Damek hablaba podía visualizar sus ideas. Él mismo tenía sus libros y sus historias, Anael se aferraba a la ideología que le había llevado a armar una empresa, sin embargo, Déteka… Conocía sus miradas melancólicas, aquellos segundos privados cuando creía que nadie la miraba y toda la tristeza que cargaba en el alma le rezumaba por los ojos. Se veía ajeno a la dolorosa intimidad que Déteka tenía con sus sentimientos, aquellos que siempre le había ocultado a sus hijos. Anael nunca lo había visto, pero él… ¿podría haber hecho más por su madre? Tal vez una sonrisa, o un abrazo en el momento justo habría conseguido barrer aquella pena de su espíritu… Las preguntas se convertían para Eidan en cuchillos helados que se le clavaban entre las costillas.

            —¿Se puede acaso deshacer el tiempo y volver a levantar Etherial? —Más que hablar escupió las palabras, cargadas de una amarga sorna—. Todo lo que amaba Déteka estaba allí. Las tierras verdes del condado, su castillo, su trabajo como duquesa…

Una palabra se resistía a salir de su boca. Una muy concreta, concisa y que llevaba toda la vida repudiando. Trago saliva y le supo a ponzoña, pero hizo un esfuerzo titánico por articular aquellas siete letras.

            —Mi padre… —Había muchos motivos por los que Eidan odiaba a su padre. El primero era porque no estaba, y nunca había estado. Tanto Anael como Déteka tenían una imagen endiosada de aquel hombre que Eidan jamás sería capaz de entender. Uno puede amar ideas, recuerdos, pero no puede sentir cariño hacia los fantasmas. Y como un buen fantasma, su memoria perseguía a Déteka. Eidan había aprendido desde muy pequeño a detectar cuando las sonrisas de su madre encerraban pensamientos tan naturales como agridulces. Resultaba humillante admitir que aquel amor que llevaba siglos envenenando a su madre era la única cura para su aparente mal—. Y, hasta donde yo sé, todo eso actualmente es un enorme pedo de polvo estelar que flota por el espacio que antes ocupaba Etherial. ¿No hay otra forma?


**********************

            El objetivo principal de aquel acicalado a marchas forzadas era parecer natural, solía funcionarle con todo el mundo porque los mundanos no tenían muy desarrollado el ojo crítico. Claro que Anael había olvidado completamente que Helios no era un humano, y tanto sus ojos, sus sentidos y su zalamería estaban más desarrollados que la media de hombres que había frecuentado en su vida. Hizo un ruidito con la nariz, sacudiendo los rizos con una pizca de orgullo para evitar sonrojarse.

            —No deberías ser tan zalamero con tu jefa. —Intentó decirlo seria, pero terminó por sonreír. Mientras entraba en la vivienda no pude evitar fruncir el ceño. Helios le había recordado de pronto a alguien pero no sabría decir a quien. No pude quitarse la sonrisa de los labios cuando Helios se maravilló por la botella—. Lo es. Mi madre consiguió traer algunas cosas de Etherial. Poco, en realidad. Algunos libros de familia escritos por mi abuelo, tratados de magia, vino… Un broche de mi padre… —los recuerdos volvían a ella lentamente mientras tomaba asiento en la mesa. Cruzó las piernas, inclinándose hacia delante, atraída por el olor de la comida recién hecha. Emitió un sonidito de placer evidentemente relajada—. Mi madre nos regaló el vino a mi hermano y a mí.  Mi hermano probablemente la tendrá cerrada hasta que se muera, pero yo no he podido evitar darle algún que otro sorbo en soledad. Es único, como nosotros.

            Alzó la copa ofreciéndole un brindis a Helios y después del tintineo del cristal al chocar, se la llevó a la boca. Dio un sorbo muy cortito, pintándose de color tinto los labios, saboreando el tacto aterciopelado de aquel caldo de otro mundo, su sabor único y profundo, la graduación alcohólica obscenamente alta que apenas resquemaba en la garganta. Si la ambrosía existía debía tener un sabor bastante parecido a ese. Dulce, profundo, con un toque de madera y un regusto frutal.

            —¿Qué edad tenías cuando Etherial…? Bueno, cuando se fue a la mierda. Yo era pequeña, no recuerdo demasiado…



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér Feb 07, 2018 5:49 pm

Damek dibujó una sonrisa amarga cuando el hombre frente a él lanzó la pregunta cargada de ironía – “si estuviera en mis manos, lo haría”-. Él también añoraba la libertad de ser sin tener que ocultarse, sin estar haciendo estratagemas para que los humanos no sospecharan su existencia. No tanto para él mismo ya que su magia estaba limitada, para los que lo rodeaban.

Cuando la palabra “mi padre” salió a flote, Damek hizo amago de hablar, pero se contuvo, había información que no le correspondía a él revelar, se sentía tentado a indagar, a preguntar que tanto sabía acerca de su padre, pero no le parecía que su curiosidad iba a ser bienvenida.

- Disculpen si soy inoportuno y maleducado, pero no pude evitar escuchar su conversación.

Casi como si fuera una sombra, Aidan apareció dentro de las cuatro paredes del establecimiento. A pesar de su habitual expresión neutra, se le veía relajado, al contrario de lo que pensaría Damek que podría ser su reacción al haber escuchado la conversación que mantenía. Intentó buscar un signo de que su rabia estaba velada pero no lo encontraba, y éste se negaba adrede a mirarlo, pero no tardo mucho en hacerlo como en respuesta a sus propios pensamientos, y en ese momento notó el único indicativo de que su calma era una fachada, vio los irises de color violeta, refulgiendo con magia contenida.

- El encontrarse de nuevo con lo que te hizo feliz en el pasado tampoco es la respuesta, muchas veces te encuentras a ti mismo pensando en el tiempo perdido, y sin querer, cuando te das cuenta, estás atrapado preguntándote si siquiera mereces haber recuperado todo y hundiéndote aún más en la miseria.

El ángel de alas negras sabía que se Aidan se estaba refiriendo a si mismo al decir aquello, se preguntaba si debería interceder, pero se encontraba de algún modo paralizado.

Aidan extendió su mano a manera de saludo para el muchacho que aún estaba sentado.

- Mucho gusto, mi nombre es Aidan.

- No te esperaba aquí Aidan -al recuperarse de la sorpresa inicial se vio obligado a introducirlos-. Eidan, el, como yo somos amigos de Déteka, la conocíamos en Etherial.

- Tienes demasiado que explicar – escuchó en su cabeza Damek. Sabía que había sido descuidado al dejar su vínculo mental abierto, pero no pensaba que podía alguien pasar su cerco sin ser detectado. ¿Qué tanto había absorbido Aidan los poderes de su hermano?

- Así será -se limitó a responder-.

* * *

- Yo no pude tomar nada, me lanzaron aquí con los nativos queriendo clavar una flecha en mi hermoso trasero a cada rato por ser un demonio. - siglo XV, en una tierra sin colonizar, siendo albino, sí, tuvo que huir más de una vez de gente queriendo matarlo por ser un demonio, no estaban exactamente alejados de la realidad considerando que él SI era un demonio cuando nació pero esos eran detalles aparte.

- ¿Mi edad cuando estaba en etherial? -dejó la copa en la mesa para colocar su dedo índice en los labios en un gesto puramente pensativo- bueno, debía tener al menos un siglo de edad creo -dijo al final con un gesto resignado tomando de nuevo la copa en sus dedos para dar un pequeño sorbo al vino mientras miraba a la nada- Yo estuve apenas unos tres o cuatro años viviendo allí, no fue demasiado, y antes de eso no tengo certeza de mi nacimiento así que no te podría decir con exactitud, aunque no soy tan anciano como los otros, pero… -cortó lo que iba a decir, sonriendo de manera gatuna a la mujer a su lado- si te recuerdo a ti -canturreó para picarle la curiosidad a la mujer- digamos que eras bastante traviesa de pequeña, no sé como haya sido luego con tu hermano, pero estoy casi seguro que debiste intentarlo vestirlo de mujer en más de una ocasión, yo tuve que vestirme como mujer para que dejases de llorar una vez, me veía genial, pero tenias algo con eso y con trenzarle el cabello a... -Cortó sus palabras al darse cuenta de lo que iba a decir, estuvo a punto de literalmente "cagarla"- a tu padre.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
32

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue Feb 08, 2018 7:56 pm

            No se imaginaba a nadie volviendo a traer Etherial, aunque claro, para Eidan Etherial siempre había sido más una idea, un sueño, que aun realidad. No conocía su aire, ni su tierra, nunca había paladeado el sabor de la magia vibrando violentamente en el aire, ni mucho menos había abierto las alas al mundo para surcar los aires sin vergüenza, temor o censura. No conocía la verdadera libertad, ni lo que debía ser el mundo para las criaturas que eran. La tierra parecía pálida, gris y moribunda en comparación con los sueños en los que Eidan veía Etherial, o, al menos, lo que le habían contado de ella. Frunció el ceño, gruñó desde el fondo de la garganta y de haber tenido la taza de café en la mano la habría apretado con tanta fuerza que habría reventado la loza en mil pedazos.

            El respingo del muchacho fue evidente cuando la tercera voz de una presencia no bienvenida en una conversación tan privada se  alzó desde las sombras. Se irguió en su asiento, girándose lentamente sobre uno de sus hombros para observarle. Alto, pelo corto, ojos púrpuras y un fondo oscuro que quedaba velado por un hieratismo superficial. Miró de nuevo a Damek, la respuesta más fácil era ver si este lo reconocía. Efectivamente, Damek conocía a aquel extraño, y siguió hablando como si no hubiera irrumpido en mitad de aquel secreto que compartían. Contempló la mano que le tendían y la educación le pudo a la incomodidad y la infortuita intromisión de aquel caballero.

            —Eidan.—Apuntó en silencio, correspondiéndole de forma correcta pero seca. Soltó su mano tan pronto la apretó, apoyándose en la mesa para levantarse. Era prácticamente de la misma altura que el tal Aidan, podía mirarle a los ojos sin problema para poner de manifiesto que, por su parte, no era bienvenido. Claro que aquel no era su establecimiento, ni Damek era amigo suyo, de lo que aquel hombre, por lo visto, sí podía presumir. Lo examinó de los pies a la cabeza cuando supo la nueva información, que había conocido a su madre en Etherial. Miró en derredor la sala, intrigado…—Si me permiten, caballeros, no tengo nada más que hacer aquí. Gracias por la ayuda, Damek.

            Su mente estaba lejos mientras agarraba el casco de la moto y salía de la habitación. De pronto entendía profundamente la frustración a la que Anael había llegado tan rápidamente. No podían preguntarle a Déteka, su madre siempre había sido una caja de secretos. Todo había empezado con aquella visita unos meses atrás, cuando Anael hizo la fiesta de presentación de la nueva sede de la empresa. Un coche, un maldito coche, como aquellos que dicen que en un segundo podían matarte y tu vida se acabaría en un suspiro sin que te dieras cuenta. A ellos no los habían atropellado pero con la visión de aquella cabellera rubia un trueno había rasgado en dos su vida. Un antes y un después, antes de que Etherial y sus habitantes aparecieran en sus vidas para ponerlas patas arriba, y después de ellos, abandonados todos en el caos. Se montó en la moto, sin saber a dónde demonios iba a ir. Necesitaba pensar, necesitaba investigar, quería acudir a su hermana pero últimamente estaban más distanciados que nunca. Estaba absolutamente perdido…




*************




            Anael frunció el ceño, estrujándose el cerebro para calcular mentalmente cuantos años tenía el chaval aquí presente. Físicamente apenas alcanzaba los treinta, y su sempiterna expresión juvenil le restaba años a ojos de cualquiera. Y allí estaba, tan pacho, diciéndole que había caído en la tierra cuando ni siquiera existía la civilización. Ella podía contar los siglos que llevaba existiendo con los dedos de una mano, ¡prácticamente había caído a la tierra en pañales! Y Eidan apenas alcanzaba a llevar con orgullo el denominador “bulto en barriga materna”. ¿¡Cuantos años tenía Helios?!

            No se tragó el suspiro de alivio al ver que tampoco era precisamente el hombre bicentenario cuando estaba en Etherial. Su propia madre rozaba ya los tres mil años de existencia, una cantidad tan obscena que sólo de pensarlo le daba vértigo. Tres mil años… aquella tierra cambiaba en cuestión de cinco años, ¿cómo sería el mundo dentro de dos mil quinientos años? ¿Quién sería ella, que habría pasado con su empresa? Dios… Empezaba a darse cuenta del poco tiempo que podría estar a la cabeza de la misma. Diez, tal vez veinte años, el tiempo suficiente para que la prensa rosa especulara sobre operaciones, botox o enfermedades mentales que la hicieran visitar el quirófano demasiado a menudo. Después tendría que legar el cargo en alguien para controlarlo todo desde la sombra. Evidentemente era una perspectiva que no le gustaba un pelo, pero Helios era tan encantador que podía arrancarla de sus pensamientos con una facilidad pasmosa. Tenía la copa en los labios, disfrutando de un nuevo sorbo y estuvo a punto de escupirlo cual aspersor cuando este siguió hablando.

            —¿¡Cómo?!

            Se irguió en la silla, inclinándose todavía más sobre la mesa. Juntó los pies debajo del asiento y apoyó los codos de una forma muy poco femenina o protocolaria sobre el tablón de la mesa, todo para poder escrutinar de cerca a Helios. A medida que hablaba los recuerdos se hacían táctiles en la superficie de su memoria, Déteka riéndose al ver a Eidan con un vestido rosa que le venía grande por todas partes, tardes perdidas haciéndole trenzas en el pelo a su madre o a su hermano, de todos los tipos que pudieran existir, incluso cuando era demasiado mayor para que se lo permitieran como un juego. El color empezó en el cuello, volutas sonrosadas que flotaron por toda su piel hasta cubrirle las mejillas con un violento sonrojo que terminó por extendérsele hasta las orejas.

            —¿¡Me conocías de pequeña?! ¿Cono… conocías a mi padre?



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Jue Feb 08, 2018 10:43 pm

Lo supo en cuanto dejó que la frase escapó sus labios, no debía haberlo dicho, pero lo dijo, así que sólo quedaba el responder exactamente lo que le preguntaban, después de todo aquel había sido el trato para que ella confiara en él.

- Pues sí, papá asistió en tu nacimiento y estaba muy al pendiente de ti, así que sin querer terminé pasando más tiempo del necesario en el castillo con tus padres y contigo y haciéndome cómplice de tus travesuras. -una sonrisa un tanto amarga se dibujó en sus labios de pronto al recordar que quizás con su hermano pequeño hubiese sido lo mismo- como eras la primera niña del grupo todos nos turnábamos para ser niñeros o tíos, si no era yo, era papá y sino Damek. De hecho, el mudito siempre estaba presente cuando Déteka no estaba, ella no nos tenía demasiada fe, y si somos sinceros tu padre tampoco, decía que si se descuidaba te íbamos a arrastrar a “nuestro mundo de perversión”. -Un puchero estuvo en sus labios- No sé por qué me incluía en eso, el pervertido siempre ha sido padre, no yo.

Helios se reclinó en su silla, haciendo que las patas delanteras quedaran en el aire, pero sin perder el equilibrio mientras miraba al techo, recordando la anécdota de cómo tuvo que correr con Aidan atrás amenazándolo, usando falda y tacones por primera vez.

- Tu padre era profesor de magia en la academia, magia elemental, y el día en que me rogaste que me vistiera como marinerita el apareció más temprano de lo usual, y me encontró con una falda minúscula, unos tacones y unos supuestos pechos, y tuve que correr por mi vida, en tacones y en falda por todo Etherial con tu padre atrás, reclamándome por poner ideas raras en la cabeza de su hija. -Sonrió- realmente en aquel momento temía por mi vida, pero ahora que lo recuerdo me da risa.
Helios volvió de su ensoñación para ver a Anael en un tono de rojo que jamás había visto en su vida, y aquello le sacó una sonora carcajada que lo hizo perder el equilibrio de la silla y caerse de espaldas, pero aquello lejos de quitarle su diversión lo hizo reírse aún más.

- Si te sigues sonrojando vas a parecer un semáforo en rojo. En realidad, me encanta ver que has crecido de esta manera, y si en algún momento te vi como una hermana pequeña créeme cuando te digo que es difícil considerarte de ese mismo modo ahora.

Se paró y se quitó una motica de polvo imaginaria de su pantalón

- Disculpa, soy algo patoso a veces.

* * *
No fue fácil primero sentir a alguien que tenía la misma esencia de uno de sus gemelos mezclada con la de Déteka, y luego saber que estaban hablando precisamente de ella y de cómo curar una enfermedad que a él mismo lo había comenzado a atenazar. Se sintió ahogado por las emociones, pero la predominante en aquella ocasión era la culpa. Él con su egoísmo la quiso para sí mismo, y luego debido a su debilidad no pudo defender y mantener el lugar donde estaba su hogar, su vida. Pensándolo así, quizás era correcto haber estado todo este tiempo en la ignorancia y no saber el paradero de su familia, después de todo ella había logrado tener un segundo hijo lejos de él, pero se preguntaba ¿Dónde estaría el padre de él? ¿y que tipo de broma sucia del destino o de pensamiento retorcido habría tenido Dover precisamente para reencarnar en ese muchacho que irónicamente también tenía un nombre parecido al suyo?

Sabía que todo tenía un por qué, que no debía juzgar lo que estaba sucediendo sin preguntar primero, pero él nunca se había caracterizado por tener paciencia y ahora mismo la suya estaba al límite.

- Es increíble lo mucho que se parecen -comentó Damek al irse Eidan. Al no haber necesidad de seguir con su magia desplegada la quitó y regreso a su apariencia “normal”

- Bueno, es la reencarnación de Dover, y éste era mi gemelo, es normal -respondió con voz monocorde, reflexionando acerca de ello, y al mismo tiempo esperando que Damek hablara por sí mismo.

- No sólo eso, también es tu hijo. -En ese momento Aidan dejo de ver a la puerta en donde se había ido Eidan y miró fijamente a Damek.

- Aparte del mecanismo biológico, sabes bien que para que un ángel sea concebido ambos padres deben desear tener un hijo -vio el asentimiento de parte de Damek y continuó- yo no deseaba tener más hijos luego de Anael, además que Déteka tampoco estaba en cinta cuando Etherial fue destruido. Eidan no es mi hijo, pero eso realmente no me interesa -hizo una pausa esperando a que Damek dijera algo más, pero al no haber ninguna intención de hablar continuó- ¿Dónde está?

- No creo que sea buena idea que vayas ya Aidan…

En ese preciso momento la mágica contenida explotó alrededor de Aidan. Al no tener control, sus alas de un color carmesí brillante se hicieron visibles y Damek tuvo que de nuevo bajar su apariencia para armar el muro alrededor para que no se colara la intensidad de aquella luz para fuera de su establecimiento.

- No te voy a preguntar tus razones de por qué no me lo dijiste con anterioridad. Seguramente te enteraste hace poco y querías saber que tipo de vida llevaba Déteka antes de decirme algo a mí. – Damek abrió los ojos con asombro, se sorprendía, pero al mismo tiempo se recriminaba por sorprenderse, habían sido milenios juntos, era normal que el pelinegro de algún modo lo leyera- No tengo problema con tus métodos, ni pienso recriminártelos, pero si no me dices o me llevas ahora mismo a donde está, me voy a olvidar de todo el tiempo en el que me has cuidado la espalda.

Aún ahora se estaba controlando, pero había una llama de rabia que lo estaba consumiendo poco a poco y Damek lo vio con el parpadeo de luz que hacía que las alas de Aidan se tornaran más oscuras por pequeños fragmentos de segundos. Un sonoro suspiro salió de sus labios y se acercó a Aidan hasta tomarlo del antebrazo con su mano, quemándose en el proceso.

- No hagas ninguna estupidez.

Y cerrando los ojos lo transportó justo al frente de la casa en la que estuvo el día anterior.

La magia alrededor de Aidan se esfumó y el ardor en su mano cesó. Damek analizó su rostro y lo entendió. Él no haría nada tonto, podía dejarlo allí sin preocuparse por los dos.

En ese momento Aidan fue consciente de su pérdida de control y miró a Damek y luego dirigió su vista a la mano de él, descubriendo que un poco más y se la habría carbonizado. -Lo siento- murmuró, mostrando la congoja en su voz y en su mirada.

- No pasa nada, ¿le digo a Mystral que se encargue de la empresa?

- Por favor -y así como llegó el ángel desapareció-.

* * *

Hubo un momento en que mi consciencia se perdió, fue como si todo el tiempo sin saber de ella añorando su presencia me hubiese golpeado. No pensaba en consecuencias, no pensé o si quiera sentí mi magia escaparse de mí, mi pensamiento era un círculo de que retornaba una y otra vez en la frase “debo verla” sin importar nada, sin importar si hacía daño, sin importar siquiera si podía matar a una de las pocas personas en las que confío si no me revelaba su ubicación.

Había una caótica voz en mi interior que me susurraba posibilidades, que aumentaba mis miedos, y ahora que estaba allí de pie frente a la casa en donde se sentía la ligera presencia de la que una vez consideré mi compañera de vida, se había resumido a la nada, se había quedado callada. Me encontraba paralizado, pasmado, sin saber qué hacer.

¿Me despreciaría? Seguramente, y me merecería cada pequeña parte de su desprecio; fui débil, y desprecié su ayuda cuando me la brindó, quizás si hubiésemos peleado juntos como ella lo deseaba hubiésemos aparecido en el mismo lugar, y no con miles de kilómetros entre nosotros, hubiese visto crecer a mi hija, y ese mocoso de hace un momento, aún siendo la detestable reencarnación de mi frígido hermano, fuera mi hijo también.

¿Me amaría? Lo dudaba, no se puede amar a un fantasma por medio milenio, aunque yo mismo incluso sin recordarlo aún la amaba, aún así comprendería si no lo hacía, pero le dolería, infiernos que así sería.

Pero a pesar de mis dudas, de todas las posibilidades, deseaba…

No, necesitaba verla.


* * *
Aidan caminó hacia la puerta con dificultad, como si sus pies pesaran, sintiendo como dentro de las paredes la presencia que se encontraba allí se llenaba de agitación, angustia, como un eco de sus mismos sentimientos.

Al estar frente a la puerta no la tocó, sabía que ella estaba detrás de ella igual que él y ese conocimiento lo golpeó. Aún lo reconocía.

Colocó la palma de su mano de la puerta, y se inclinó hasta apoyar su cabeza, haciendo que el flequillo le ocultara la mirada.

- Det -el sólo susurro de su nombre. Saber que ella lo escuchaba le rasgaba algo en su pecho, algo similar a la incertidumbre. Temor. - soy yo. Ábreme por favor -suplicó-.

Aquellas palabras no eran simplemente para pedir que se abriera una puerta. Le estaba suplicando que, a pesar de todo, lo aceptara nuevamente en su vida, como sea, como amigo, como amante, hasta como un simple conocido, que simplemente pasa por allí para saber cómo está.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
32

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie Feb 09, 2018 2:24 am

            Anael casi podía saborear las historias de Helios. Las tenía allí, justo en la punta de la lengua, bailando con el sabor añejo de los recuerdos que insistía en mezclarse con el del vino Etheralino. No podía remontarse a esos recuerdos porque era demasiado pequeña pero podía sentir que eran reales. Tenía fragmentos, volaban como plumas al viento en el vórtice en el que se había convertido su memoria. Risas tan intensas que te quitaban la respiración, el tacto sedoso de la tela y la textura hilada de los brocados en las telas con las que le gustaba jugar, pelo sedoso entre unos dedos demasiado pequeños para reconcerlos como suyos. Y las voces… oh, las voces. Helios iba destapando cajitas de fragmentos olvidados que se habían perdido en el interior de su memoria, ¡la risa de su madre! De no haber estado absolutamente azorada se le habrían llenado los ojos de lágrimas al recordar que era escuchar a tu madre siendo feliz. Y un tarareo bajo, profundo y sutil, una nana paterna ayudándola a dormir por las noches, el calor de brazos desconocidos, sonrisas amigas… La oleada de Etherial que vino a ella fue tan poderosa como su magia extinta, la envolvió con el calor del hogar perdido y la felicidad de todos ellos. Cuando Etherial explotó Anael perdió más que un hogar, perdió su familia, y nunca se había dado cuenta.

            —¡Claro! —Murmuró en el mismo tono en el que habría dicho “Eureka”, como si estuviera descubriendo ella misma la pólvora— Por eso todos me eráis tan endiabladamente familiares, y esta, esta… sensación, esta energía… Oh, por todos los dioses de Etherial, ¡me viste de pequeña! ¡¿Cuándo llevaba pañales?!

            Apuró la copa de vino y sin pensar que caldo bebía se sirvió otra, perdida entre sus pensamientos y el diálogo revelador de Helios. Tantas respuestas, tantas emociones despiertas después de siglos de letargo… No se había arreglado para esto, ¿pero quién podría prepararse adecuadamente para que una pregunta inocente desvelara los secretos de tu propia historia? Pensar en su padre era un doloroso alivio. Conocía sus manos, escuchaba ecos de su voz pero, en realidad, no sabía nada. Déteka era una tumba en ese sentido, un muro infranqueable que hacía las veces de dique. Contenía los recuerdos que ni ella ni Eidan tenían, lo separaban de ellos, pero al mismo tiempo contenían la inundación de emociones que podría haber arrasado su mundo si Déteka se entregaba a ella.

            —¡N-no te rías de mí! —Exclamó, aún más avergonzada, poniéndose en pie de un salto en un gesto pueril, que perdía toda su infantileza cuando reparabas en la copa de su mano. La abandonó en la mesa, rodeándola para tenderle una mano a Helios y ayudarle a levantarse—. ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?

            Pasado. Presente. La línea frágil que las separaba se había roto irreversiblemente. Anael miró a Helios considerando todo lo que sabía. Él la había visto de pequeña, había besado a Mystral, que ahora resultaba que la había ayudado a llegar al mundo. No estaba segura si odiaba a Aidan Feuer o la inquietud que le provocaba era más importante. Todos formaban parte del mismo puzle, estaban unidos, tenían lazos que ella recién estaba descubriendo.

            —¿Entonces que ves en mí, ahora?


*********************


            Sintió la oleada de poder en mitad de la noche. La arrancó lejos de su sueño, plácido e hierático, donde nada la alcanzaba. Se despertó sobresaltada, con el corazón acelerado entre las costillas y los párpados bien abiertos. Desde la última visita de Eidan había adoptado una costumbre que rozaba la locura, dejaba en la mesita de noche una libreta donde anotaba que día era cuando se iba a dormir y que día era cuando se despertaba. Comprobó la libreta, sus números de trazos sucios y rápidos, con la fecha del calendario  y suspiró tranquila. No había dormido más que un puñado de horas… aquella vez. Otras veces se descubría con días perdidos cuando tenía suerte. Cuando no la tenía era incapaz de dormir, y aquella paz en el fondo de su estómago se le escapaba durante semanas. Se pasó las manos por la cara, suspirando contra la piel limpia y seca.

            —Por todos los Dioses…

            No había una sola luz en la casa, ninguna bombilla encendida. Siempre que podía desconectaba el maldito cacharro de internet que Eidan había mandado instalar para comunicarse por ella vía mensaje. De todas formas nunca funcionaba bien en aquel sitio tan influenciado por la magia. Estaba aislada, sola y perdida en el mundo, nada debería interrumpir su sueño, y sin embargo allí estaba, despierta como un búho, respirando hondo para intentar calmar aquella sensación angustiosa que la devoraba por dentro. ¿Habría tenido una pesadilla? No recordaba nada. Se incorporó de la cama sacando los pies descalzos al suelo frío de finales de invierno. Tenía un runrún dentro que no la dejaría dormir. ¿Tal vez un baño caliente? O encender la chimenea, eso la ayudaría. Estiró la mano para agarrar el camisón, una prenda sencilla y fresca que no encajaba con aquella época del año.

            Bajaba las escaleras, todavía adormilada, cuando empezó a entender la sensación que tenía en el fondo del estómago. Anticipación, angustia y alivio, todo mezclado con una surrealista dosis de incertidumbre y escepticismo. Había una energía fuera de su hogar, un aura que no había reconocido al principio por lo familiar que le resultaba. Había convivido demasiados siglos con dos auras herederas de aquella, tenían su sabor, su forma, la misma huella en aquel plano de la magia que Deteka conocía pero no dominaba. Desde las escaleras taladró la puerta con la mirada, las manos empezaron a temblarle violentamente. Intentó pensar en Eidan, en la preocupación de sus ojos azules, o el éxito alegre y ambicioso de Anael, sacó cada bala de su arsenal que sirviera como ancla a la realidad, pero aquella fuerza era superior a sí misma. Fue tirando de ella, un escalón detrás de otro, a cada paso que daba, tensándose en su interior como un muelle. Gimió entrecortadamente ante la puerta, ¿cuándo habían empezado a temblarle las manos?

            Allí estaba de nuevo su fantasma. “Estoy soñando” Entendió, de pronto, abrazando aquel dolor conocido de las esperanzas vanas. “Aún no me he despertado… es sólo otro sueño”. Consiguió respirar hondo a medida que lo entendía con una hosca decepción. Aquel perfil oscuro no era más que un capricho doloroso, la agonía de su existencia misma. Aquella búsqueda infructuosa que hacía en sus recuerdos por arrastrarle a él a su presente. A pesar de todo nunca había sentido algo así, una fuerza tan nítida, tan vívida, casi podía saborear la realidad. Tomó el pomo de la puerta y abrió con la seguridad de que detrás no habría nada. La respiración se le cortó de súbito cuando encontró al dueño material de una sombra que sólo atribuía a sus mejores fantasías oníricas. Frunció el ceño, confusa. ¿Porqué no era cómo el Aidan de sus ensoñaciones, el que pertenecía al pasado? No estaban sus ojos púrpuras, ni su pelo largo, ni siquiera la indumentaria de Etherial. Aquel hombre en vaqueros tenía su rostro pero no se parecía en absoluto a lo que ella recordaba. “¿Y qué soy yo?” Le habría gustado tener un espejo para mirarse. Habría descubierto que tampoco era la misma que había abandonado Etherial. Aparentaba más años de los que cualquier ángel consideraría recomendable, pero sobre todo en la mirada. Sus ojos se habían tornado de un azul cansado y agónico. Su cuerpo no era tan firme, ni musculoso, una segunda lactancia le había dejado los pechos, ya de por si generosos, con la piel floja. Le miró a los ojos, temblando de pies a cabeza. Sintió el ardor violento de las lágrimas.

¿Eres real?

No dio un paso, alguien le había atornillado los pies al suelo. Los sentía como si fueran de plomo, ninguna articulación parecía responder. El esfuerzo de hablar era suficiente para rasgarla en dos debido a las emociones que brotaban de lo más hondo y oscuro de su pecho.

—Si sueño otra vez contigo no despertaré jamás…



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie Feb 09, 2018 3:48 am

No estaba seguro si la pregunta de Anael quería provocarle de algún modo, el no era muy bueno leyendo la mente de la gente y la mujer frente a él le era bastante impredecible, por lo que una vez más apostó a su impulsividad y tomó una mano de la muchacha entre las suyas, llevó la palma de ella hacia sus labios y con ellos pegado a su piel comenzó a hablar sin despegar la mirada de la suya

- Veo que la niña que conocí creció para dar paso a una mujer bella -dio el primer beso en la piel bajo sus labios- inteligente -repitió lo mismo, pero en la punta de su dedo índice- segura de sí misma -de nuevo pero esta vez siguiendo un no-orden en el anular- y no puedo evitar sentirme atraído -y terminó en el pulgar mordiéndolo muy ligeramente para dejar la mano de la muchacha con delicadeza-

Pero ¿Qué puedo hacer? No puedo ser zalamero con mi jefa -terminó con una sonrisa plantándole un beso en la mejilla izquierda, para recoger la silla y ponerla nuevamente en su lugar como si un segundo antes no hubiese estado coqueteando deliberadamente con la muchacha-.

***

Se sorprendió por la seguridad con que la puerta fue abierta. Algo dentro de sí se encogió, dispuesto y preparado al rechazo, inclusive cerró los ojos para prepararse al golpe que vendría directo hacia su cuerpo, pero nada lo preparó para el tono anhelante con el que preguntaron si era real.

La voz, quebrada por las lágrimas supuso un golpe mayor para su alma que cualquier daño físico que le pudo haber infringido. Le hacía ser consciente del daño que sólo su presencia le hacía, y de algún modo se obligó a sí mismo a no ser un cobarde y huir.

Tomó una bocanada de aire y levantó la mirada para conectarla con la de la mujer frente a él. Un jadeo involuntario escapó de sus labios; él también se preguntaba si ella era real, si quizás el mismo no se había despertado aquella tarde y aún se encontraba durmiendo en la sala de su departamento, pero la mirada de esta Déteka  no reflejaba el mismo destello juvenil que la mujer que había decidido darle una familia. En su mirada existía la sabiduría de una persona que había levantado una familia, de una persona que había aprendido a vivir con aquello que se le fue arrebatado…

…por él…

Agachó de nuevo la mirada y negó – “quizás todo esto fue un error”-.

“Si sueño otra vez contigo no despertaré jamás”

Y al escuchar eso lo comprendió. Él mismo, desde que recordó se había despertado más de un día con ella, y maldecía el momento en que se despertaba y era arrebatado de su momento de felicidad. Había deseado más de una vez dormir para no despertar, para quedarse a su lado. Lo entendía ¡maldición!, y llámenlo egoísta una vez más, pero su corazón de algún modo se hinchó de alegría al darse cuenta de que no era el único que padecía aquello.

Cerró la distancia entre ellos y acerco la mano a su mejilla, para intentar retener de algún modo las lágrimas que habían recorrido el rostro de Déteka, pero su mirada se nubló, y en vez de hacer lo que inicialmente había planeado, la encerró en un abrazo.

Quería que supiera que era real, quería que supiera que esta vez pensaba escucharla, que la única forma que lo separarían de nuevo de ella sería la muerte, pero ninguna palabra escapaba sus labios, sólo escapó un sollozo que no se molestó en ocultar, porque ya las lágrimas habían ganado la batalla.

Le pareció injusto estar allí, parado frente ella sin decir nada, se sentía indigno por sólo respirar su aroma como lo estaba haciendo desde que la abrazó, por lo que hizo lo único que se ocurrió. Separándose levemente de su abrazo, se arrodilló, y estando de rodillas la abrazó nuevamente, y solo en ese momento pudo hablar de nuevo.

- Perdóname

Por dejarla de lado, por creer que tenía la verdad, por haber tomado tantas decisiones erróneas. Por haberla atado en primer lugar a él, sabiéndose maldito. Sabía que era un imbécil al implorarle perdón, sabía que lo que debía era disculparse de todas las maneras posibles con ella hasta el día de su muerte, convertirse en su esclavo si era necesario y si era su deseo, pero necesitaba saber que al menos no le odiaba.

- No me alcanzará mi vida para pedirte perdón por todo el dolor que te causé, y siento estar aquí causándote más dolor, pero ¿sabes? -una tenue sonrisa adornó sus labios aún sin alzar su mirada- soy un maldito egoísta, y deseaba verte.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
32

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie Feb 09, 2018 9:28 pm

             Podía ver su propio reflejo en los ojos de Helios, pero también era consciente de que nunca unos ojos la habían contemplado así. Anael no tenía la menor idea de que, al mismo tiempo, Helios podía llegar a conocerla como nadie lo había hecho nunca y que la Anael adulta fuera una completa desconocida para él. Se sentía fuera de su piel, ajena y emocionada. El calor del vino palpitaba al fondo de su vientre, expandiendo una vaporosa calidez por cada una de sus extremidades. Era un fantasma tibio en comparación con el aliento de Helios en los dedos.

             —No eres el primer hombre que me halaga.

             Apuntó, tozuda y firme, mientras un escalofrío le bajaba por la espina dorsal extendiendo una miríada de chispas por todo su organismo. Reconocía las sensaciones, el hormigueo que jugaba alrededor de su ombligo. Helios no era el primer hombre que la halagaba pero ella sabía a consciencia que si era uno de los muchos que no estaba buscando favores de ningún tipo ni intentaba seducirla. Hablaba poniéndole voz a lo que veían sus ojos, al pasado, al presente y al futuro. Ella, por su parte, lo observaba con la oscura fascinación de aquel que mira conoce rincones del alma que uno mismo desconocía. El mordisco en el pulgar le arrancó un jadeo agudo, inspirado, con un ligero respingo.

             —Helios… —Cruzó la distancia que los separaba, el campando junto a la silla que acababa de poner en pie. Estiró la mano para tomarle del brazo, tirando hacia ella para acercarle a su cuerpo. Anael no se andaba con chiquitas, cuando quería algo lo tomaba, o peleaba hasta conseguirlo—. Creo que voy a tener que despedirte.

             Se olvidó de la cena, del vino y los recuerdos. Apartó los pensamientos al tirar de la muñeca de Helios hacia abajo, obligándole a agacharse. Puso su otra mano en la nuca del muchacho, reteniéndole donde quería y se permitió el lujo de mirarle a los ojos antes de besarle.


*********************



             No dijo nada, ni siquiera era capaz de procesar que aquello estaba ocurriendo. Es lo que pasa cuando sueñas demasiadas veces la misma escena, cultivar durante quinientos años las fantasías de que aquel hombre volvería sabiendo que nunca se haría realidad. Había terminado por desvirtuar aquel recuerdo, tantas posibilidades, tantas palabras, y la hora de la verdad ninguna parecía estar a la altura del torrente de sentimientos que apresaba su garganta. Los brazos le temblaban violentamente cuando alcanzó a rodearle la cintura, despacio, palpando su cintura con la sensación de que se desvanecería en cualquier instante. Casi tenía miedo a apretar demasiado y que aquella cintura tangible se deshiciera en una nube de bruma.

             —Eres real… Eres tú.

             Se echó al suelo, dejándo la ausencia tibia de su abrazo alrededor de su cuerpo. Ambas manos seguían temblándole cuando tomó el rostro de Aidan entre las manos. Seguía teniendo el pelo suave, en la línea de la barbilla la barba incipiente le arañó la piel con un glorioso dolor. El amor siempre corría el riesgo de ser ficticio pero el dolor, oh, el dolor siempre era real. Contempló su sonrisa entre lágrimas, aquellas perlas saladas no paraban de desprenderse de sus ojos como gotas diamantinas de dolor y tiempo. Tomó aquel rostro del pasado entre las manos surcando sus facciones con los dedos, la nariz larga, el mentón firme y orgulloso que nunca había saciado su ansia de besos.

             —Cinco siglos… —Le fallaron las rodillas y terminó resbalando hasta el suelo con un golpe sordo. Sintió el suelo frío contra las piernas desnudas. Lo agarró por la camisa, sacudiéndole con las escasas fuerzas que le quedaban—. ¡Cinco siglos, Aidan! Tantos años…

             Tembló al besarle como una flor expuesta al invierno. Empezó despacio, casi con miedo a que se esfumara como había ocurrido tantas otras veces en sus anhelos más profundos. Pero era real, indescriptiblemente real, cálido y húmedo de lágrimas mezcladas. Apagó su sonrisa con una ola de desesperación, un beso torpe y resbaladizo, con los puños cerrados agarrándole por la ropa. Estiró los brazos y lo pegó a su cuerpo, palpándo con frenesí centímetros de aquel cuerpo familiar que se le antojaba desconocido de pronto.

             —Bastardo tozudo, egoísta, cabrón desalmado… —sollozó— Te quiero.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Sáb Feb 10, 2018 2:56 am

Decir que no lo había tomado por sorpresa sería una enorme y absoluta mentira. Él la había picado para generar alguna reacción de su parte; quería que supiera que no veía en ella a aquella niña a la que tuvo que ayudar a cambiarle los pañales, quería que, aunque fuera retorcido luego de la confesión anterior, notara que admiraba en lo que se había convertido, pero no esperaba tan rápido este tipo de respuesta.

Le tomó algunos segundos corresponder al beso con el mismo ímpetu con el que había iniciado, y se dejó llevar de tal modo, que cuando se dio cuenta tenía a Anael en una prisión conformada por su cuerpo y la mesa, una mano se había colado debajo de la camisa en su espalda baja, y la otra estaba haciendo su camino peligrosamente a uno de sus pechos.

Reverberó en su pecho el sonido de su risa al verla a los ojos cuando pararon en busca de aire, aún en esa situación lo miraba desafiante por haber tomado el control de aquella forma. Volvió a buscar sus labios en un corto beso que finalizó en una pequeña mordida en el labio inferior de ella, y apoyó su mano traviesa en el borde de la mesa tras ellos, después de todo, debía ser un caballero ¿no?

-Estás jugando sucio, ¿acaso no he hecho mi trabajo bien, jefa? -acercó sus labios nuevamente a los de ella, pero antes de besarla, se movió para besar su mentón, y luego hablar a su oído - ¿me vas a privar de verte durante todo el día? Sabes bien que podría divertirte bastante durante el trabajo -susurró con un obvio doble sentido en sus palabras.

Maldita sea, estaba jugando, pero la broma le estaba mordiendo de vuelta y ya se estaba comenzando a sentir incómodo con la erección en sus pantalones. Tomó una inhalación para mirarla de frente de nuevo. Estaba seguro de que en su mirada reflejaba exactamente las mismas ansias de más que tenía ella en la suya, pero se sentía en la “necesidad moral” de dar una sacudida y dar al menos una opción más de la que al menos su cuerpo estaba pidiendo.

- Tal como lo veo ahora tenemos dos opciones, o alejarnos, intentar calmarnos y seguir con nuestra amena conversación, o te llevo ahora mismo hasta mi cuarto.

Olvidó el objetivo original de aquella cena, las buenas maneras y el que la había conocido “formalmente” un día atrás. Todo su cuerpo reclamaba por ella.

- Piensa bien tu decisión jefa -una sonrisa socarrona se asomó en sus labios- puedo ser un buen chico y respetar tu decisión cualquiera que sea -quitó la mano de su espalda y la llevó a su rostro para dejar una suave caricia en su mejilla- aunque te desee como un poseso en este momento.

* * *

Los golpes, los insultos teñidos de cariño, inclusive aquel beso que se deslizó como una comprobación de la presencia de ambos lo hicieron sentir nuevamente en casa; aún con todas las cosas pendientes por hablar, por decirse, por quizás echarse en cara, se sentía en paz, pero recordó la conversación de hace minutos, de antes de llegar allí, y la preocupación al notar el clima, y la indumentaria tan ligera que ella llevaba lo hicieron de moverse finalmente del umbral de aquel hogar.

Dejó un solitario beso en su frente y se dispuso a acomodar uno de los brazos de ella alrededor de su cuello, para sujetarla por la espalda, y luego pasó el otro brazo por debajo de sus rodillas, levantándola sin esfuerzo en estilo nupcial.

Entro en el recibidor cerrando la puerta tras sí, al notar la oscuridad dentro del lugar prendió las luces y la chimenea de la casa con un deseo de su magia, y al localizar el primer sillón, caminó hasta el y con una delicadeza casi exagerada dejo a Déteka que aún parecía querer soltarle su muy recordado repertorio de insultos.

Se arrodilló frente a ella y mirándola con ojos cargados de cariño y aún arrepentimiento se permitió a si mismo el placer de acercar una mano a sus cabellos y colocar un mechón que se había escapado por detrás de su oreja.

- Ahora que te encontré no te voy a dejar ir -la mano en su cabello recorrió la línea de su mentón y con el pulgar rozó su labio inferior- te amo demasiado para apartarme de nuevo – sus ojos destellaron con magia, reflejando el violeta de antaño- incluso si la muerte se interpone lucharé con ella

Su cerebro trabajaba con rapidez, buscando maneras de atarla egoístamente consigo, de darle alguna razón para salir de esa enfermedad que se la estaba llevando, aunque no fuera él el principal motivo de su recuperación. Una idea cruzó su cabeza, y estuvo a punto de sonreír por la “excelente” idea, cuando reparó en el anillo que llevaba en el dedo anular de la mano con la que acariciaba a déteka.

Llevó ambas manos para detrás de su cuello para desatar la única cadena que llevaba desde que recuperó la memoria. Tenía como dije el gemelo del anillo que siempre usaba desde entonces y que no había podido entregar antes de que se destruyera Etherial. Era idéntico al suyo, pero un poco más pequeño y tenía un pequeño diamante azul incrustado.

Lo sacó de la cadena, tomó la mano derecha de la mujer, y abriendo su palma lo dejó en su mano.

- Es lo único que pude rescatar cuando se destruyó todo, pensaba dártelo aquella tarde, pero… -su voz se convertía en un murmullo con cada palabra que decía hasta que paró. No había motivo en recordar algo que estaba seguro de que ambos recordaban como si fuera ayer- no quiero que lo veas como un compromiso, con que solo me permitas estar aquí es bastante, pero creo correcto que lo tengas, siempre te perteneció “así como lo hago yo”.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
32

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Lun Feb 12, 2018 11:55 pm

ESTE POST TIENE CONTENIDO +18:
            No estaba segura de por qué estaba haciendo aquello, pero tampoco estaba pensando. Llevaba mucho tiempo sin llevarse a alguien a la cama, gajes de ser un empresario de éxito, te quita bastante tiempo para el sexo a menos que te gusten los polvos sucios de oficina. Una parte de sí misma se sentía sola, había estado evitando volver a ello pero no se había deshecho del pellizco de pánico que sintió en el ataque, en su propio apartamento, apenas unos metros sobre sus cabezas. Ni siquiera miraba el cielo azul abierto porque recordaba de golpe aquella angustiosa sensación del instinto de supervivencia luchando con la supervivencia racial. Sencillamente no quería dormir sola. Helios le gustaba, era una fuente de información, un subidón de hormonas, le había hecho reír y la había devuelto al pasado al mismo tiempo. Cada giro del beso sabía a aire fresco, despejado, le entraba por la garganta y se le quedaba en el pecho, aliviando el peso de todas las cosas que se habían asentado en su espíritu aquellos días. Helios, un beso, la excitación sexual… le recordaban que estaba viva para sentir, que era un ángel pero podía ser… normal.

            Ronroneaba, apretándose contra su cuerpo, despertando a sus caricias con la misma naturalidad que con la que su mente despertaba a los recuerdos enterrados que Helios traía a la superficie. Lo agarró por la ropa, metiendo los pulgares en las trebillas de sus pantalones para agarrarlo con cierta posesividad. Sonrió, dejándose morder con una sonrisa sibilina en los labios cuando se separó de ella.

            —A ciencia cierta, tampoco podría decir que has hecho mucho. Apenas llevas unos días a mi servicio, y yo ni siquiera he reclamado tus servicios. De hecho, han sido impuestos y aún así me toca pagarte el sueldo. —Entrecerró los ojos, sin perder la sonrisa por aquel comentario. Helios estaba acostumbrado a aquello, tontear, flirtear con muchachitas que se derretirían por el simple hecho de que les dedicara una mirada. Quién podría culparle, era guapo, muy guapo, con una sutil habilidad para cambiar su apariencia que lo hacía camaleónico. ¿Te gustan morenos? Podía serlo. ¿Ojos verdes? Check.Empezaba a preguntarse cuantas partes de su anatomía podía modificar. Pero la cuestión era que Anael estaba en otra liga, muy alejada de las muchachitas humanas, demasiado acostumbrada a los halagos que buscaban su favor o a seducciones no bienvenidas, incluso de chicos muy, muy buenorros—. Helios…

            Se irguió cuán larga era, empujándo con las piernas y las caderas para adueñarse del espacio que Helios le había dejado para respirar. Lo rozó con el cuerpo, conscientemente, mientras lo rodeaba. Los ojos atónitos de Helios la seguían, su cuerpo giraba en la dirección de su cintura a medida que ella le daba la vuelta. Miró hacia abajo con una evidente falta de pudor, contemplando la erección en toda su gloria. Lo agarró por la cinturilla del pantalón sin ningún tipo de cariño ni sutileza.

            —A ver si lo he entendido... —Alzó la vista otra vez, armada con una sonrisa socarrona y su discreto escote, que era más que suficiente para encender a Helios. Tiró de él de nuevo. Le gustaba tirar, empujar y mandar. Le gustaba jugar, pero sobre todo, le gustaba ganar. Se olvidó de la cena y del vino mientras caminaba de espaldas, con Helios cogido por la cinturilla de los pantalones, obligado a dar un paso detrás de otro, siguiendo la sensual estela de sus caderas—. Tú quieres respetar mi decisión sea cuál sea, y sin embargo te echas atrás como un niño asustado. Pero me has devuelto el beso. Me has metido mano —le plantó la mano sobre el rígido bulto de sus pantalones—. Y te ha gustado…

            No pudo evitar soltar una ligera carcajada mientras lo dejaba ir. Se deshizo de la chaqueta para abrirse después la camisa. El sujetador era sencillo, de color verde botella, y no iba a juego con las braguitas de algodón negro. Eso de que las mujeres de oficina llevan lencería fina era un mito, demasiado incómoda para estar más de nueve horas diarias con un tanga delicadísimo estrangulándole la entrepierna. Aún así era capaz de vestirlo como si fuera una diosa. Tomó los brazos de Helios con suavidad, acariciándole los antebrazos a medida que lo acercaba al sofá para, seguidamente, empujarle sobre los cojines. Se quedó de pie entre sus piernas, con la ropa a medio quitar y la cabeza inclinada.

            —No necesito que me des permiso para decir que no. No necesito que me des espacio para replantearme nada. Sé lo que quiero, y cuando quiero algo, lo consigo. Deberías recordar que soy tu jefa, y no he conseguido ese jodido puesto jugando a las casitas. —Se inclinó hacia delante, estirándo los brazos para atrapar el botón de la bragueta de Helios entre dos dedos. La postura era sugerente, los pechos apretados, cerca de él, las piernas largas estiradas y envueltas en unas sedosas medias que invitaban a quitarlas. El olor suave de Anael envolviéndole por todas partes, su voz sugerente y segura—. Así que dime, ¿qué quieres tú?





*****************


            Déteka se dejó llevar por los gestos de Aidan, demasiado aturdida siquiera para reaccionar. Envolvió su cuello los brazos y se dejó llevar al interior del hogar. Cuando puso los pies de nuevo en el suelo, aposentada en el sofá, no pudo evitar mirar en derredor con una sensación extraña. Era su hogar, el mismo desde hacía quinientos años, y al mismo tiempo se le hacía extraño llamar hogar un lugar al que Aidan no pertenecía. De hecho verle allí se hacía extraño, casi bizarro. Había añorado tanto aquella alma compañera, en su mente Aidan había estado allí cientos, miles de veces, pero ahora que lo estaba su presencia era extraña. Como un mueble que no encajara con el estilo, o un invitado que se quedara hasta demasiado tarde. Y es que Aidan era, precisamente, un invitado en su casa en ese preciso momento.

            Aquel salón pertenecía al recuerdo de sus hijos, pintándole las techos con tiza cuando se ponían a volar dentro de casa, o durmiendo los tres la siesta, apretujados en el mismo sofá durante los inviernos helados de aquella parte del mundo, cuidados por el repiqueteo cálido de la chimenea. La caricia liviana en su mejilla a hizo volver al presente, buscó los ojos de Aidan casi con desesperación.

            —Aidan, no soy la mujer que conocías.

            Contempló el anillo con el ceño ligeramente fruncido, intentando reconocer aquella pieza de joyería. Nunca había sido dada a tener demasiadas alhajas, muy molestas para combatir, poco prácticas cuando tienes que estar poniéndotelas y quitándolas cada dos por tres. Sin embargo siempre le había gustado conservar algunas piezas, anillos de su padre que quedaban como enormes macizos de oro y gemas preciosas en los dedos de una mujer, cuando pensaba en ellos le dolía el hecho de haberlos perdido cuando Eidan podría portarlos. Ni siquiera tenías las joyas correspondientes a una dama dado que ella se presentaba en la corte ataviada con armadura antes que con un vestido. Tardó un rato en conocer el circulo dorado que tenía sobra la palma de la mano, con su diamante azul brillando en el centro, junto a la línea de la vida. Utilizó la mano izquierda para acariciar la superficie pulida y brillante, ausente de rayones o signos de uso evidente. El metal estaba cálido, retenía el calor del cuerpo al que había estado siglos pegado. Déteka no pudo evitar preguntarse en silencio si se quedaría frío alguna vez.

            Agachó la cabeza en un gesto dócil, alzando ambas manos para enganchar la cadena que aún pendía del anillo detrás de su cuello. La sensación era extraña, tampoco estaba acostumbrada a llevar joyería entre los mundanos. Contempló a Aidan, arrodillado a sus pies como un niño, la mirada teñida de una desesperación extraña. Pocas veces había visto a Aidan rozar la desesperación con los dedos, era decidido, tenaz, determinado y valiente. Devoraba el miedo y siempre había sido capaz de tomar decisiones por su cuenta. Tenía dos caras, siempre las había tenido, una era para Déteka tan clara como el agua, la otra tenía un poso turbio que nunca le permitía entender. Tomó sus manos con suavidad, acariciando aquellos nudillos que había amado hasta rozar la angustia. Una única pregunta pugnaba por surgir de sus adentros.

            —¿Has sido feliz, Aidan? Todos estos años…

            Temía la respuesta a aquella pregunta. Quería de todo corazón que Aidan hubiera sido feliz, ausente de aquel dolor tremebundo que había ocupado su existencia. Feliz y ausente, bendito por la ignorancia de no saber lo que había perdido. Pero esa perspectiva la dejaba en una soledad absoluta que no merecía la pena si no había servido para nada.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
302

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar Feb 13, 2018 3:18 am

Este post tiene contenido +18:

Era oficial: Helios estaba metido de pies y cabeza en una situación que no tenía idea de cómo manejarla, es decir, no es como si fuese virgen o algo así, pero no tendía a llegar a este punto con las mujeres tan a menudo. Era cierto, él había heredado todos los buenos genes de sus padres: su padre era, o es, un mujeriego y quitando eso del medio era bastante encantador, y su madre, aunque aún después de muerta la odiaba, tenía encanto suficiente para tener a media legión de ángeles y demonios tras ella. Sí, si lo pensaba había tenido muy buena estrella, y aunque no estaba marcado de músculos su físico estaba muy buen estado, pero aún así no le gustaba sacar provecho de ello, sólo lo suficiente para tener algo de diversión de manera ocasional.

Al no saber como reaccionar, se dejó hacer y dejó que la mujer lo llevara al sofá donde se encontraba ahora sentado, y si era sincero consigo mismo, le excitaba de sobremanera el despliegue de autoridad que Anael estaba dando, así que, a riesgo de sonar fetichista, no veía ni tenía necesidad alguna de cortar con aquello y tomar el control de nuevo. Bueno, tampoco es que pudiera hacerlo, la única neurona que tenía funcionando a medias se había ido de vacaciones desde el momento en que ella se había abierto la camisa para dejar a la vista el sujetador. Sí, era cierto el rumor que eran básicos, tan cierto como la tierra que era redonda, y no se sentía ni un poquito culpable por ello.

Cuando escuchó una pregunta venir de sus labios, se vio en la necesidad de darle una patada a la neurona que seguía babeada paseando la vista intermitentemente entre el escote y las piernas de Anael -tenía dos neuronas, una se había ido, la otra, se había distraído- para que volviera al trabajo, y al fin fue capaz de percatarse de las traviesas manos que estaban jugando con su pantalón. “Ah mierda, ¿en serio me desconecté de este modo?”

- Dame un momento que piense con la cabeza -notó la mirada burlona en sus pantalones- no, no, esa no piensa- apuntó con una sonrisa ladina bailándole en los labios.

Mientras veía que Anael ya había dejado a la vista el bóxer, en un rápido movimiento se sacó la sudadera y la tiró en algún punto no determinado de la habitación, dejando así a la vista que las líneas que marcaban su brazo izquierdo seguían por su hombro hasta hacerse más finas y converger en su pecho, en donde debería estar su corazón.

Se inclinó hacia delante acortando la distancia entre él y Anael y posó una mano en la pierda derecha detrás de su rodilla, para subirla lentamente en una caricia que paró por debajo de la falda, al casi llegar a su nalga, cuando encontró con el tacto el borde de las medias que usaba. Su sonrisa se ensanchó muchísimo más si era posible.

- Me preguntabas que era lo que quería ¿no? - sacó su mano de debajo de la falda y con delicadeza casi medida apartó las manos de ellas de su cuerpo, posó sus manos en ambos hombros y con una caricia deslizó la tela de la camisa hasta que esta cayó al suelo.

Al estar hecha su tarea la asió por las caderas y la atrajo un poco más a él, lo suficiente pera que sus labios pudieran tocar el hombro de ella en una caricia. - Pues se me están ocurriendo un par de ideas contigo desnuda a excepción de las medias. ¿Sería mucho pedir que te las dejes?
* * *
- ¿Has sido feliz Aidan? Todos estos años…

Notó la fragilidad y el temor a la respuesta implícito en aquella pregunta, y se sintió en ese filo tan irónico en el que no puedes responder de un modo absoluto sin salir crucificado.

Con tranquilidad se acomodó para sentarse en suelo al lado de Déteka, y apoyando la espalda en el mueble comenzó a recordar.

Ellos, los tres habían caído en lo que hoy se conocía como Japón, en una época en donde era común la guerra y él, frustrado al no encontrar rastro de su familia se sumergió en ella. Mató a demasiados, imaginando en sus rostros otra imagen que no era sino la suya propia, odiándose a si mismo por sus decisiones, por su ineptitud. Eso continuó por años hasta que no un día casi dos siglos después de haber pisado aquella tierra, con su magia causó un incendio tan grande que destruyó casi toda la capital. Luego lo leyó en los libros de historia como el “incendio de Meireki”, y le dio gracia el cómo habían alterado la historia a ese punto para que pareciera un accidente.

Luego de ese incidente perdió la memoria, y su vida se sumió en la monotonía. Él aprendió a vivir sólo para conseguir poder, tener algo más de alcance en aquel mundo para eventualmente mitigar la sensación que lo comía y le recordaba que le faltaba algo, un fragmento suelto que no estaba en sus memorias, eso hasta que Anael apareció e hizo que toda su rutina se fuera al traste.

- He tenido una vida tranquila – eso no respondía la pregunta, pero lo dejaba en la comodidad de no tener que responder un “sí” o un “no”- al principio los busqué, pero luego de un tiempo perdí la memoria, y mi vida se resumió a sobrevivir sintiendo que me faltaba algo – se sintió en la necesidad de aclarar aquello, no quería que pensara que no había movido un dedo. Aún tenía que resolver el cómo había llegado a ese estado amnésico, pero no era su prioridad en ese momento.

Mientras recordaba y hablaba, su miraba vagaba en la estancia, memorizando los pequeños detalles. El color de las paredes, los raspones en las esquinas de los muebles de madera, el aroma de algún desinfectante usado para limpiar el lugar.

- Aquí criaste a Anael -afirmó, cambiando de tema- el lugar está plagado con su magia, su esencia. Temo tocar cualquier objeto porque si lo hago las memorias vendrán a mi cabeza, y no siento que deba, después de todo yo no estuve aquí para ninguna de las dos.

Dejó caer su cabeza distraídamente para apoyarse con la pierna de Déteka, intentando robarse de todos modos algo de su calidez, crear un vínculo que le recordara constantemente que sí estaba allí con ella.

- Ninguno de nosotros somos los mismos Det, tú no eres la mujer la cual peleó conmigo ese día porque le negué su ayuda; Anael no es la misma niña que podía cargar en mis brazos y cantarle una canción de cuna antes de dormir -cada frase se teñía con tristeza a medida que hilaba la oración hasta formar una nube de melancolía alrededor de su voz- yo no soy el mismo que pensaba que siempre tenía la razón. -un suspiro murió en sus labios antes de continuar-.

- Mi alma se fusionó con otra y tengo recuerdos ajenos que se entremezclan con los míos. Mi magia perdió las limitaciones que yo conocía tan bien y se volvió, conjunto con el reflejo en el espejo, en un desconocido.

En ese momento dejó de mirar frente a él y volteó la mirada hacía la mujer a su lado, buscando su mirada que le fue devuelta.

- Soy y al mismo tiempo no soy yo, y no sé que me depara el destino a partir de ahora, lo que sí tengo la certeza es que estar junto a ti le pondría una diana a tu cabeza, sin embargo, heme aquí, aún aferrado a una parte de mi vieja personalidad, la terquedad o tozudez, queriendo estar contigo.

Se paró del suelo y esta vez, usó el espacio disponible en el mueble para acostarse, colocando su cabeza en el regazo de la mujer. La miró por un momento para cerrar los ojos debido al cansancio pero sin caer en el sopor del sueño; desde el ataque a Anael no había podido dormir más de dos horas continuas, y aquello le estaba pasando factura ahora que se encontraba relajado con Déteka, aún a pesar de las circunstancias.

- ¿Puedo quedarme contigo? -susurró-

Podría pensarse que era tonto hacer la pregunta siquiera luego de haberse tomado la libertad de estar de ese modo y en esa posición con la mujer, pero de algún modo, estaba disfrutando, en caso de ser negativa la respuesta, de un momento con ella.

La pregunta no implicaba sólo aquella noche, a pesar de que había reafirmado el no volver a alejarse, él podía estar con ella desde las sombras si ella respondía con una negativa, pero quería saber si lo quería de nuevo en su vida, necesitaba escucharlo. Cualquiera fuese su respuesta, él ya tenía su razón para seguir existiendo.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
32

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
AvatarCamposContacto

Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Publicar nuevo tema   Responder al tema
Permisos de este foro:
Puedes responder a temas en este foro.