Últimos temas
» 01. You destroy my tranquility, mrs. Mischief
Hoy a las 1:17 por Lara

» — A dance you won't forget ↫
Hoy a las 0:47 por Alétheia

» 54. Grow up
Ayer a las 23:31 por Sonder

» V. Socially Selective
Ayer a las 22:44 por Novocaine

» IV. We're back.
Ayer a las 22:34 por Novocaine

» VII. Terrible Ideas.
Ayer a las 22:20 por Novocaine

» ♠ Kneel before me.
Ayer a las 22:08 por Storm Queen

» 52. Fellows
Ayer a las 20:09 por Sonder

» I. Caught
Ayer a las 19:52 por Winter Wiccan

» ♫ Men's world
Ayer a las 18:34 por Dornish sun

» Business of Misery
Ayer a las 18:23 por Dornish sun

» Two hidden hearts.
Ayer a las 17:53 por Winter Wiccan

» The melody of my song.
Ayer a las 17:00 por Winter Wiccan

» Shine like the sea on summer
Ayer a las 16:42 por Kensington

» 29. Exposed
Ayer a las 16:16 por Nightingale

Créditos...
La idea y fundación de Skipping Stone es de la antigua usuaria y administradora Aqua. Diseño de gráficos y redacción de normas, guías, etc, corre por parte del Staff. El skin, el tablón de anuncios, los perfiles y el tablón de afiliados han sido diseñados y cedidos al foro por Oswald. Las imágenes no nos pertenecen, han sido recolectadas en Deviantart en especial de faestock, So-ghislaine (dados) y webvilla (medallas), moon0727 (png Sherlock Holmes), andie-mikaelson (png Raven Reyes), Tube danimage (png Lagertha) y el tumblr fandomtransparents (png Sansa Stark). Damos también un agradecimiento en especial a los foros de recursos Glintz y Serendepity cuyos tutoriales han ayudado a crear las tablillas.
DIRECTORIOS
The X project
function selectCode(e) { var doc = document , text = $(e).closest("dl").find(".cont_code,code").get(0) , range, selection ; if (doc.body.createTextRange) { range = document.body.createTextRange(); range.moveToElementText(text); range.select(); } else if (window.getSelection) { selection = window.getSelection(); range = document.createRange(); range.selectNodeContents(text); selection.removeAllRanges(); selection.addRange(range); } }; $(function(){$("dl.codebox:not(.spoiler,.hidecode) > dd.code, dl.codebox:not(.spoiler,.hidecode) > dd > code").closest("dl").find('dt').append('Seleccionar')});

Etherial's Dreams

Publicar nuevo tema   Responder al tema

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Dom 30 Jul - 19:44

Recuerdo del primer mensaje :

Etheral's Dream
1x1 — Ladie & Jibriel — Original Fantasy Plot

     Ángeles. Siguen existiendo bajo un manto de secreto en la tierra, llevan existiendo cientos, no, miles de años. Nacen, contemplan el mundo en la grandilocuencia de los siglos, y en algún momento su esencia cae en el olvido al morir. La vida humana es, para ellos, poco menos que un parpadeo de sus existencias. Nadie sabe exactamente cuántos son, o cuantos quedan, algunos se conocen y otros son solo desconocidos. Habitan entre nosotros, se disfrazan con la mortandad para existir en un mundo al que apenas pueden seguir la pista de tan rápido que evoluciona.

     En este marco existen, Aidan y Déteka, separados. Otrora no existía el uno sin el otro, la suerte o el destino unió sus caminos durante muchos años. Se habían cuidado, amado y odiado a partes iguales, encontraban consuelo en los brazos del otro a las muchas penas acontecidas en sus siglos de existencia. Y es que sus vidas siempre habían estado enredadas de una forma u otra. Tuvieron hijos, incluso; Anael y Eidan. Anaela era muy pequeña y Eidan no había llegado al mundo cuando los demonios de Aidan terminaron el pequeño remanso de paz que habían creado. Fueron cuestiones de vida o muerte, decisiones desagradables que uno nunca quiere tomar. No eliges entre lo bueno y lo malo, lo correcto o lo incorrecto. Eliges entre las posibilidades de que sea malo o sea peor. Historias demasiado largas y dolorosas para explicarlas como merecen, escritas en los pergaminos del tiempo con sangre y lágrimas. Lo único que importa para entender como terminó es que Aidan, en pos de un bien mayor, renunció a lo que poseía. Renunció a su amor por Déteka, a su vida estable y tranquila, al recuerdo del rostro de su hija. Abrazó partes de su alma que se habían desprendido, hizo las paces consigo mismo a un precio muy, muy alto. Y Déteka, por su parte, renunció a luchar por algo que ya no le pertenecía.

     Y así se cortan los hilos que hacen lazos. Se toman decisiones que no tienen vuelta atrás, y para no pensar en ellas dejas que las entierren los siglos. Estos pasan, incansables, año tras año, siglo tras siglo, los hijos crecen, los tiempos cambian, se talan bosques y se levantan ciudades donde antes no había nada. En definitiva, sin importar si hacen el bien, o hacen el mal, viven entre nosotros, y sus historias son tan mortales que parece mentira.


Aidan Feuer
38 — Ludwig Herzog— Jibriel
El ambiente donde se encontraba era tenso; la acción más básica e instintiva que era el respirar se le dificultaba, sentía los músculos agarrotados y el olor metálico de la sangre estaba en cada bocanada de aire que tomaba.

Frente a él, se encontraba alguien que podría ser confundido con él mismo, sólo lo pálido de su tez y los ojos oscuros de un tono ébano podían diferenciarlo. Su reflejo, como así lo llamaban, como siempre, tenía una sonrisa sardónica en los labios, mientras él pobremente podía mantener otra mueca que no fuese cansancio; se había mantenido por mucho tiempo en esta batalla y sólo quería terminarla y descansar, irse con su esposa e hijos, para vivir la tranquila vida que se había acostumbrado a tener, pero su gemelo no le hacía las cosas fáciles.

En el suelo, a unos cuantos metros debajo de donde ellos estaban, se encontraba agonizando el último dragón de su mundo, el único que sostenía aquella tierra prometida con forma de estrella, por lo que su pelea, aún si salía victoriosa de ella, no tenía sentido, de igual modo en cuanto ese dragón exhalara su último aliento de vida iba a encontrarse a si mismo en medio de la nada, eso en el caso de que al morir la tierra, no se murieran todos con ella.

Abaoth, como se proclamaba a si mismo luego de asumir aquel rol tan opuesto su misión original: “la mano derecha de Dios”, mientras su hermano veía con una nota de pánico a la mujer a sus pies exhalar su último suspiro, empuñó su espada, con velocidad sobrehumana se colocó detrás del cansado ángel, y de una certera estocada cercenó sus alas.

Aidan, al sentir que su corazón, sus alas, eran cortadas, sólo pudo voltear a ver el rostro de satisfacción de su gemelo mientras caía al vacío y, pidiendo perdón a su familia por no poder cumplir la única promesa que hizo, se entregó a la muerte.

Deteka Lark
36 — Megurine Luka — Ladie
Desde la ventana del salón el panorama es rural, idílico. Huele a madera de cedro ardiendo en la chimenea que preside la estancia, derrama la única luz de la habitación. Ninguna luz de farolas o de ciudad irrumpe en la noche, desde donde está sólo se ven las estrellas. Su refugio tiene dos plantas y un aspecto acogedoramente envejecido, es una casa de ladrillo en mitad de ninguna parte.  Lleva allí más tiempo del que quiere recordar. Construyó ese hogar con sus propias manos cuando no les quedó nada, cosechó cada oportunidad que la vida le puso por delante para criar a sus hijos en un lugar como ese. Apartado, seguro, limpio y natural. Un lugar similar al valle en el que había crecido ella misma, en un mundo que ahora solo existía en sueños.

Déteka fue expulsada de Etherial con excusas pertenencias, una hija en la mano, un hijo en el vientre y los recuerdos intactos. Hubo momentos en los que envidió a aquellos que se separaron por completo del mundo en el que habían nacido, ella cargaba con la condena de recordar cada momento de dolor y felicidad de los últimos dos mil años. Se las arregló para encontrar un hueco en aquel lugar desconocido, un refugio donde estar a salvo.

Durante un tiempo consiguió poner al dolor en jaque. Estaba demasiado ocupada para la pena o el luto, dos hijos pequeños que la necesitaban, un mundo desconocido, ningún amigo a su alcance ni mucho menos nadie que la ayudara. Las horas se consumían en, básicamente, encontrar la forma de establecerse. Después, Déteka se volcó en criar a sus hijos. Al fin y al cabo eran la prueba viva de otro mundo, de personas que ni siquiera sabía si seguían vivas. Anael era un espíritu libre, rebelde y testaruda como ella misma, siempre mayor e independiente, preguntando a media voz donde estaba su padre cuando un recuerdo furtivo la asaltaba. Eiden, en cambio, desarrolló un apego a su madre digno del complejo de edipo. Con la madurez empezó a dejar atrás ese lazo férreo, pero quedó aquella cercanía e intimidad que Anael nunca se había molestado en construir. Podía decirse que era, y es, el ojito derecho de mamá. Pero los niños son niños, y el tiempo no perdona. Crecen, alzan la mirada para buscar su propio camino, y ambos terminaron por abandonar el hogar materno y rural en pos de crear sus propias vidas.

Para Déteka la soledad consiguió que el tiempo se dilatase. Los minutos parecen horas, y los días años. El hielo de los tiempos se ha adherido a su alma, convirtiéndola en una persona desapasionada, vacía, carente de la chispa que otrora brillaba en sus ojos.



Última edición por Ladie el Jue 3 Ago - 15:23, editado 2 veces



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo


Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 9 Ene - 19:49

            No pudo evitar parpadear un segundo, confusa y divertida por aquel susurro de Helios. Fue un susurro, apenas un hilillo de voz escapando al control del detective, pero que levantó una sonrisa en las comisuras de sus labios. Helios se escapó corriendo, girándose para huir de las propias consecuencias de su desliz, y Anael tuvo que tragarse una risa. No debía estar muy acostumbrado a tener chicas en casa, pero había sido dulce. Fue breve la forma en la que se le suavizaron las facciones, hubo un brillo furtivo en sus ojos que le hizo parecerse un poco más a su padre que al muchacho que Anael había conocido.

            Caminó hacia la isla de la cocina, dejándole espacio entre los fogones para que respirara y recuperase la compostura, ignorando deliberadamente el cosquilleo que le pasó por debajo de las costillas.

            —Cuando me mudé a la ciudad el camión de la mudanza se equivocó y dejaron todas mis cajas en la casa de otra persona. A mí me trajeron un montón de muebles rococó horrorosos, todos de color rosa. No quiero ni imaginar donde demonios debían estar mis cosas, lo único que salió bien de aquel caos es que me devolvieron el dinero.

            Recordaba aquellos días con una mezcla de añoranza y alivio. Salir de su casa había sido la mejor decisión que había tomado en mi vida, la independencia la había dotado de la libertad que necesitaba para despegar. Quería a Déteka, la quería muchísimo, pero… la convivencia entre ambas no siempre había sido fácil, estaba demasiado anclada en aquel mundo que habían abandonado. Pertenecía a la nada, a un pedo de polvo estelar que dos dragones habían soltado hace lo que parecía eones. Ahora no quedaba más que la ponzoña de los espíritus demasiado añejos para olvidarlo. Su hogar era la tierra, esta tierra, rota, marchita y envenenada por la humanidad.  

            —No te preocupes, ya tenemos suficiente formalidad en el trabajo. —Sonrió mientras tomaba asiento en uno de los altos taburetes de la isleta, frente al plato de pasta. Respiró hondo, los zarcillos de vapor que ascendían mientras se enfriaba traían el delicioso aroma de la salsa. Se relamió los labios y alzó una mano para enganchar detrás de la oreja un rizo—. ¿Rosé? Mmm… — A riesgo de parecer maleducada torció el gesto, inclinándose hacia delante—. ¿No tienes mejor un tinto? Yo tengo arriba, puedo subir.

**********


            El silencio al otro lado era angustioso. Racionalmente podía entender que Damek no hablara, dado los riesgos, pero irracionalmente el silencio le ponía de los nervios. Necesitaba respuestas, saber, un plan de acción que lo liberase de aquella angustiosa ignorancia. Se mordía los labios, repitiendo “responde, responde” como un mantra mental.

            —Allí estaré.

            Respondió, raudo, firmando una promesa con cada palabra. No una promesa para Damek, sino para sí mismo. Costara lo que costase tendría que estar en esa dirección. Abandonó el teléfono al fondo de su bolsillo y corrió a abrir su ordenador de mesa, entró en internet para consultar la dirección que le había dado. Frunció el ceño al ver el primer resultado… ¿una cafetería?

            La tarde se le hizo eterna. Intentó olvidarse de la cita entreteniéndose con otra cosa. Intentó trabajar, plantándose delante del documento de texto del último capítulo en el que estaba trabajando. Releyó los últimos párrafos que había escrito un par de veces. Después se quedó mirando la delgada línea que parpadeaba, esperando la siguiente tecla, la letra y la palabra que formaran la siguiente frase, pero esta nunca llegaba. Se apretó el puente de la nariz entre el índice y el pulgar, cerrando los ojos de frustración. Dio la tarea por imposible, así que dejó que los minutos se consumieran hasta que llegó la noche.

            Cogió las llaves de su moto, el casco y se lanzó a la noche, dispuesto a encontrar aquella maldita cafetería y un puñado de respuestas.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 30 Ene - 19:05

Helios pareció confundido por un momento porque tenía la cabeza en otro lado, pero pudo salvarse de parecer un tonto al procesar lo último dicho por Anael -Claro, no tengo ningún problema, siempre y cuando no lo estés usando como una treta para huir de mi- compuso un mohín afligido para luego guiñarle un ojo a la muchacha- Anda, ve. -Sacó de su bolsillo un llavero con solo dos llaves- esto es para que vuelvas a entrar en el departamento.

Por un momento pensó que decir, se sentía extrañamente cohibido, pero no pudo seguir su hilo de pensamiento ya que su teléfono móvil comenzó a sonar. Miró extrañado el identificador en su pantalla, pero aun así contestó

- Hola honey, ¿cómo estás? – saludó con un tono meloso, mientras le guiñaba a Anael que tenía una expresión intrigada en su rostro.

Al otro lado de la línea, estaba el ángel de la tierra en la oscuridad de su despacho. Ya había cerrado hace un momento el establecimiento y había reforzado la magia alrededor de su local para impedir visitas no deseadas. Como se esperaba, el uso de magia más allá de sus órdenes le exigía levantar el manto sobre su apariencia, y eso se notó en la voz un poco más grave y ronca que habló.

- Helios, no es una llamada social, ¿estás sólo?

- No -dijo mirando a la mujer que parecía buscar las llaves- ¿ha sucedido algo?

- Necesito información acerca de cómo pueden morir los ángeles

Una fina ceja de Helios se levantó, separó el móvil de su oído y miró el teléfono como si tuviera a su interlocutor frente a él, para luego pegarlo de nuevo a su cara para hablar

- ¿Estás pensando en maneras para suicidarte?, debes saber igual que yo que morimos si nos cortan la cabeza o las alas.

- Debes tener recuerdos de Kristal por las memorias que tienes de Mystral.

- ¡Ah! -efectivamente, recordaba esa memoria ajena a él, y con la simple referencia entendió a qué se refería- ¿Sabes lo que es la depresión en los humanos? Funciona igual, solo que a nosotros en realidad nos mata. Si no tenemos motivo por el cual quedarnos nos perdemos en algún tiempo en el que nos sentíamos útiles o vivos, hasta que finalmente sucede. -Algo hizo click en su cabeza. Si Damek preguntaba acerca de eso, significaba que lo hacía por algo, alguien de su entorno estaba sufriendo de aquello- ¿Alguno esta…?

- ¿Hay alguna forma de revertirlo?

- ¿Eh?, no, el único que tiene respuesta a eso es quien lo padece, no funciona igual en todos. Te iba a preguntar, ¿alguno tiene eso? ¿es alguien que conozco?

- Luego te comento.

Luego sonó el molesto pitido en la línea telefónica. Helios sabía bien que, si llamaba, el moreno no le iba a contestar.
Soltó un suspiro, eventualmente se lo diría, o eso esperaba.

En la cafetería, el ángel se dirigió a la puerta al sentir cerca la presencia de aquel a que había conocido apenas ayer. Intentó levantar la magia en su apariencia, pero no podía, tomaba demasiado y el cerco que puso alrededor del local aunque tomaba poco, requería concentración que no podía usar si estaba centrado en su apariencia.

El muchacho entró cuando las puertas del local se abrieron mágicamente para luego cerrarse tras sí, y cuando por fin el lugar estaba cerrado, se encendieron las luces dejando ver a un Damek con la apariencia bastante cambiada.

Sus alas estaban visibles, dejando ver el color negro de ellas, al igual que su cabello. En sus manos, las uñas se notaban un poco más largas y afiladas, tal cual garras. La piel se había tornado un poco más oscura con una tonalidad grisácea, y sus ojos eran dos perlas negras, con iris de color azul casi blanquecino.

El muchacho frente a él se tensó, posiblemente pensando en todas las formas de atacarlo, por lo que hizo resonar su voz en su cabeza.

- Me presento de nuevo, soy Damek Cruinne, y disculpa si te tomé desprevenido, estoy usando magia para sellar el lugar y no puedo ocultar mi verdadera apariencia mientras lo hago. ¿Tomas asiento? -señaló con un ademan una mesa en su lado izquierdo, en la cual estaban ya dos cafés servidos, uno frente a otro. Al ver que el otro no se movía se sentó en la mesa cuadrada, esperando que el muchacho hablara.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Lun 5 Feb - 17:02

            —¿De verdad crees que soy de las que se escapa por la puerta de atrás cuando no le gusta una cita? —soltó Anael sin pensar demasiado en lo que salía por su boca— Yo soy de las que se van dando un portazo. Deberías darle más crédito a mi actitud, o yo debería recordarte que dirijo una empresa en un mundo de machos. No tardaré.

            Estaba a punto de hablar cuando Helios cogió el teléfono y ella no pudo hacer más que enarcar una ceja, intrigada por el tono de voz y las palabras utilizadas por él. Unido al guiño resultaban de lo más desconcertantes. Al escuchar los derroteros de la conversación prefirió quedarse a parte y no poner la oreja en una llamada que ni le interesaba ni debía escuchar. Sonrió, tomando las llaves antes de alcanzar la puerta. Se fue caminando sin prisa, como si no tuviera ganas de abandonar el piso, pero en cuanto cerró la puerta le faltó tiempo para echar a correr. Avanzó hacia las escaleras, no eran demasiadas, pero sí las suficientes para hacerla sudar si subía a toda prisa. No tendría tiempo de un aseo digno antes de bajar, así que optó por quemar la impaciencia con pasitos cortos mientras esperaba a que llegara el ascensor. Maldijo en voz baja la cantidad de pisos que tenía aquel edificio mientras se subía, taladrando el botón de su planta. Casi asaltó la puerta del apartamento, llave en mano, para entrar. Pasó de largo la cocina para ir al baño y verse la cara.

            —Ay Dios…  Que cara.

            Los estragos de los últimos días y el tiempo que le había costado reorganizar la empresa después de su ausencia se le notaban en la cara. Bajo las pestañas inferiores anidaban las sombras purpúreas de las ojeras, no llevaba apenas maquillaje y el poco producto que le quedaba en la cara no le confería ninguna dignidad a estas alturas del día. Se lavó la cara a marchas forzadas, agua fría para despejarse y sentirse algo más fresca. Perfume, caro y escaso, sutil, un pintalabios suave –solo un toque de color- y un peine después le hicieron verse más digna en el espejo. O, por si acaso, menos cansada. No podría hacer mucho más con las ojeras sin un maquillaje completo, y tampoco quería tardar, así que desechó la idea. En la cocina, la vinoteca no le supuso ningún problema. Sabía el vino que iba a coger desde que estaba abajo.

            Estiró la mano para tomar una botella de la zona más alta, una artesanía de cristal azul iridiscente que ni siquiera pertenecía a ese plano. Entre las escasas pertenencias que Déteka había arrastrado a la tierra estaba aquello, un vino exquisito de la mismísima Etherial. Rojo, intenso e irrepetible, único en aquel mundo. En realidad no era inimitable, Eidan tenía una botella idéntica a esta. Un regalo para cada uno cuando se fueron de casa que Déteka había guardado durante siglos. Anael estaba segura de que estaba encantado, ningún vino podía durar tantos años sin agriarse. Se deshizo de la chaqueta corporativa, se desabotonó el primer botón de la camisa y bajó de nuevo, mesándose el pelo para parecer más una mujer y menos un desecho ejecutivo de directora de empresa con falta de sueño.

            Utilizar la propia llave de Helios para entrar le confirió un extraño sentimiento de intimidad. Le provocó un cosquilleo en la mano y en el fondo del pecho que la hizo entrar con timidez. Helios había terminado la llamada, a juzgar por el silencio de la sala, sólo interrumpido por los sonidos breves de utensilios de cocina.

            —Ya estoy. Mira lo que he traido…



****************


            El gesto de Eidan delante de la cafetería rozaba peligrosamente la ofensa mientras juzgaba en silencio la fachada de la cafetería. Era un sitio… acogedor. Demasiado acogedor para un tipo extraño que te hablaba directamente en el fondo de la mente, provocándote escalofríos. Desmontó de la moto, aparcándola con un gesto seco y quitándose el casco. Su melena larga y suelta era una cascada oscura sobre sus hombros, más allá de los omóplatos le alcanzaba casi la cintura, y aún así nunca lo habían confundido con una mujer. Probablemente por la altura, al generosa hechura de sus hombros masculinos o la mirada asesina que podía echarle a cualquiera que osara llamarlo mujer. Despeinado por la carrera a alta velocidad por la carretera y casco bajo el brazo avanzó hacia la cafetería.  

            El halo de magia le recorrió la piel con un sensación parecida a la de meter la mano en una cuba de aceite. Era suave y denso, oleoso, se le extendía por la piel incluso con la ropa puesta. Podía sentir las barreras allá donde los mortales no sentían nada. Las puertas se abrieron solas pero no se sorprendió, empezaba a entender que Damek tenía cierto grado de elegante teatralidad, y que esto ni siquiera le disgustaba. De hecho, casi disfrutaba, le recordaba a sus novelas. Un golpe seco y se cerraron a su espalda, el encendido abrupto de las luces le hizo daño en los ojos. Se llevó una mano a la cara, intentando apaliar el dolor de las retinas cobijándose en la sombra de sus propios dedos.

            Repasó el físico de Damek en un silencio sepulcral, sin juzgarlo pero apreciando todos los detalles que se le habían ocultado a sus ojos la primera vez que se cruzaron, en la misma casa en la que se había criado. Lejos de la influencia de Déteka se sentía más seguro aunque igualmente desesperado. Allí no tenía que preocuparse por ella, porque estuviera despierta, su objetivo en aquella cafetería era para el futuro, salvarla. Encontrar un remedio definitivo. Cuando miró a Damek a los ojos, directamente, sin un ápice de temor y rebosante de determinación, en el azul de sus irises relampaguearon vetas púrpuras. Podría haber sido sin saberlo el reflejo de un fantasma del pasado de Damek, una versión terranea y mordena, con botas de cuero y pantalones ceñidos, de lo que Aidan había sido en su día.

            —No me importa que forma tengas o de que sangre hayas nacido. No he venido aquí a juzgarte. —Apuntó, dejándo el casco sobre una mesa y acercándose a la imponente presencia de Damek. En el aire rezumaba una vibración oscura que hablaba de sendas prohibidas y sangres emponzoñadas. Avanzó tras Damek, tomándo asiento frente a él—. Quería agradecerte tu tiempo.

            De cerca no pudo evitar contemplar a Damek con cierta fascinación. Nunca había visto un ángel así, con aquellas alas negras. Su madre, hacía siglos, cuando aún se atrevía a volar, tenía unas alas blancas que brillaban con un ligero toque dorado. Anael las había heredado, sin embargo él tenía hebras rojas entre el denso plumaje blanco perlado. Cruzó las piernas por debajo de la mesa, acomodándose, visiblemente relajado ante un ángel que no parecía lo que él pensaba que debía ser un ángel.

            —Si me has hecho venir aquí es porque puedes ayudarme, ¿no?



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Lun 5 Feb - 19:39

- No deseo que guardes falsas esperanzas -fue directo, saltándose cortesías porque sabía que dado el tema el muchacho no lo iba a apreciar- lo que tiene Déteka sólo puede revertirlo ella misma, podemos ayudarla a que desee revertirlo, pero nada más.

Notó que el semblante del muchacho cambiaba para mostrar uno bastante mosqueado por la información, quizás esperaba algún tipo de pócima que revirtiera todo aquello, era lo más seguro, y él mismo se sentía molesto porque aquello no era así.

Había llamado a Helios ya que sabía que el muchacho manejaba muchísima más información de la que dejaba entrever, su posición actual le daba acceso a ella, con restricciones, pero se la daba. Sin embargo, su llamada era más para escuchar de un par lo que él ya sabía, ya lo había vivido una vez y, a raíz del suceso que llevó a Kristal a desear su muerte, él mismo se centró en investigar todo aquello referente a ese deseo en los ángeles para saber cómo prevenirlo si llegase a suceder nuevamente, pero se había quedado con las manos vacías.

- Los ángeles somos seres longevos, casi inmortales, y nuestra inmortalidad nos lleva a ver una y otra vez como aquellos seres que no comparten esta cualidad con nosotros nacen y mueren una y otra vez. Nos involucramos en situaciones a veces sin querer, y cuando nuestros afectos parten nos queda otra vez la soledad.

- Como los seres humanos, necesitamos algo por lo cual vivir, alguno de nosotros encuentra su motivo en metas, sentimientos, u objetos, incluso en tareas y deberes, como el ser guardianes de algo o de alguien, y por los años que conozco a Dét sé que su vida se debió haber centrado totalmente en ustedes, su familia.

Damek paró un momento para dar un trago del té que estaba frente a él, sin dejar entrever ninguna emoción, pero analizando las reacciones del muchacho frente a él. Casi quiso sonreír al notar la misma cara reflexiva de Aidan plasmada en el rostro de ese chico, los dos eran tan idénticos como lo fueron una vez, pero estaba casi seguro de que ese instinto de paternidad de Dover hacia su hermano no iba a estar presente, casi presentía que si se enteraba quien era Aidan, dadas las circunstancias lo iba a odiar.

- No pretendo repartir culpas, ya que nadie las tiene - “quizás el más culpable de esta situación soy yo” pensó- pero Déteka está encerrada en un lugar atemporal en el que ningún otro ser que ella no desee cerca de ella puede entrar y, aunque es normal que ustedes hayan partido de su lado, está totalmente sola, ustedes ya no la necesitan por lo que es normal desear desaparecer o tener paz, y en los ángeles ese deseo se cumple sin tener que nosotros atentar contra nuestra vida, por lo que debo preguntar ¿hay algo que sepas que pueda al menos parar ese deseo?


* * *

En el penthouse del dueño de las empresas Feuer estaba todo en calma. Hace algunos minutos el personal de servicio se había retirado silentemente al estar Aidan durmiendo desde tempranas horas de la tarde en el sofá del recibidor.

El pelinegro despertó de su letargo al sentir una presencia familiar pero desconocida alrededor suyo, como si lo envolviera. Su mirada se posó en el reloj de pared en la cocina, dándose cuenta de que habían pasado varias horas sin que él siquiera se percatara.

- ¿Qué quieres? – logró articular con voz pastosa, sentándose en la cama mirando al suelo. Había una sombra masculina frente a él, pero no tenía que alzar la vista para saber de quien se trataba.

- ¿Sabes? Si te echas a morir me vas a hacer el trabajo más fácil pero más difícil a la vez -habló el hombre ignorando la pregunta deliberadamente, con un tono que rayaba en lo molesto, de lo burlón que era- tengo bastante rato aquí esperando a que salieras de tu ensoñación.

- No pienso repetirme –los pies que apenas se reflejaban en su campo de visión se alzaron frente a él, y decidió subir la mirada para hacer una mueca de desprecio al ver a alguien casi idéntico a sí mismo a él siendo ahorcado por un ente invisible. Sin embargo, la sonrisa burlona en el rostro del hombre no se quitaba y aquello debería molestarle, pero sentía era fastidio.

- ¿Qué? ¿te preguntas por qué soy tan parecido a ti?, no te equivoques, a ti te hicieron a mi semejanza no al revés. ¿Sabes que si te echas a morir puedo matar libremente al resto que te importa no? Hasta aquella mujer, esa que no ves desde hace cinco siglos. -su sonrisa se ensanchó aún más al ver que el rostro fastidiado se desdibujaba para mostrar ira- ¿Por qué no te unes a mí?, podríamos joderles los planes a los que forzaron a que tu querido Etherial se extinguiera.

- Voy a repetir esto una sola vez, no tengo ningún interés en tu causa ni en la de tu enemigo -apretó aún más el cuello del extraño hasta que el cuerpo se redujo a cenizas con su fuego, después de todo aquello era solo un contenedor que perdería la vida igualmente cuando el otro hombre dejara de controlarlo- por cierto, no deberías subestimar a Damek -lo dijo en un susurro a la entidad que sabía que estaba allí aún, no lo conocía pero había percibido esa presencia alrededor de Damek desde hace unos días-

- ¡Oh! ¡Te diste cuenta!, eres aún más poderoso de lo que pensé, me disculpo por subestimarte -ahí estaba la voz, burlona, pero en su cabeza- y tranquilo, no podría hacerle daño a mi hijo, hay un código de honor y todo eso inclusive en el infierno ¿sabes?, por cierto, deberías verlo ahorita, podrías enterarte de algo muy interesante.

- ¿Hijo? -preguntó al aire, pero la presencia había desaparecido-

Se preguntaba si debía hacerle caso. No podía decir que desconfiara de Damek, inclusive si su forma de operar no le agradaba respetaba totalmente sus decisiones y no las cuestionaba ya que no le quedaba duda que el ángel antes de hacer algo debía haber pensado en todas las probabilidades y consecuencias, pero algo le decía que debía desobedecer esa fe ciega esta vez y buscarlo.

Cerró los ojos e intentó localizarlo, pero se encontró con un vacío. El mismo vacío que había sucedido la noche de ayer y aquello lo llevó a levantar sospecha. Lo conocía perfectamente y sabía que el ángel tenía por costumbre hacer eso cuando no quería que algo que hacía fuera fácilmente detectado, no era común, de hecho, las únicas veces que podía recordar que hacía eso era cuando hablaba en privado con Allen, y aquello lo intrigaba muchísimo más.

Tomó su móvil y discó al único número que se le ocurría que podría saber el paradero del ángel.

- Enano. ¿Sabes dónde se encuentra Damek?

- Hola queridísimo tío, ¿cómo estás? Yo bien, ¿tengo cara de ser novia de Damek?, hace un momento me llamó preguntándome de métodos de muerte exitosa en ángeles, pero no me dijo por qué, ¿ya intentaste ir a su local? Él me llamó de allí.

Sin decir nada más trancó la llamada y se vistió con lo primero que encontró, que era una camisa de vestir blanca con el mismo pantalón y zapatos que tenía puesto en la mañana y que no se había quitado desde que llegó. La información de Helios lo había alarmado aún más si era posible, y necesitaba saber con premura que estaba pasando sin su conocimiento.

* * *

Helios se quedó viendo el teléfono con consternación, como si por solo por verlo éste le fuera a responder todas las interrogantes que tenía. ¿Qué pasaba entre esos dos?, hizo un mohín despreocupado intentando quitarle importancia, si alguien estuviese a punto de morir le hubiesen dicho ¿no?

Iba a terminar de lavar los utensilios haciendo tiempo para que Anael volviera cuando escuchó un carraspeo detrás de él.
Al voltear no pudo evitar sonreír de encanto al ver que Anael había hecho unos pequeños retoques a su apariencia.

- Hace un momento se me escapó decir el que estabas hermosa, pero ahora mismo estás deslumbrante -lo dijo con galantería sin restarle veracidad a sus palabras al acercarse a ella y tomar su mano libre para plantar un beso en el dorso de ella- permíteme -tomó la botella que ella tenía en sus manos y apenas la detalló abrió la boca sorprendido.

- ¿Esto es lo que creo que es? Tengo sin ver una de estas desde que se destruyó Etherial.

Como un niño con juguete nuevo fue rápidamente a la cocina a buscar dos copas, las colocó al lado de cada plato y sirvió el añorado líquido en ellas. Caminó hasta uno de los lugares, hizo lugar para que Anael se sentara y se reclinó en una reverencia digna de un maître.

- Ahora sí, la cena está servida madmoiselle -
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér 7 Feb - 12:44

            A Eidan le resultó casi chocante que Damek fuera directo al grano. Casi le costaba reconciliar la imagen de aquella criatura poderosa y extraña que sus ojos nunca habían contemplado con el hombre apocado y tranquilo que mostraba una delicada sutileza al tratar con su madre. Al menos no jugaba con sus expectativas. Acusó el golpe sin cambiar demasiado la expresión, pero su frustración se hacía evidente por cómo contraía los músculos, intentando retener sus expresiones y sus pensamientos.

            No sabía casi nada de Etherial, dominaba la magia gracias a los libros que su madre había traído consigo y un prodigioso talento natural. Déteka siempre le decía que habría llegado a ser un gran mago de haber nacido en Etherial, pero había nacido en la tierra, así que era poco menos que un escritor melancólico que ya sospechaba que no estaba en su mano revertir los poderes que le estaban arrebatando a su madre. Apretó los puños, sin tocar siquiera la taza de café humeante que le esperaba en la mesa. Habría sido una formalidad bienvenida si el nudo que tenía en el estómago pudiera dejar pasar algo, pero estaba seguro que ni el más suave de los líquidos conseguiría disolver la tensión que lo atenazaba. Mientras Damek hablaba podía visualizar sus ideas. Él mismo tenía sus libros y sus historias, Anael se aferraba a la ideología que le había llevado a armar una empresa, sin embargo, Déteka… Conocía sus miradas melancólicas, aquellos segundos privados cuando creía que nadie la miraba y toda la tristeza que cargaba en el alma le rezumaba por los ojos. Se veía ajeno a la dolorosa intimidad que Déteka tenía con sus sentimientos, aquellos que siempre le había ocultado a sus hijos. Anael nunca lo había visto, pero él… ¿podría haber hecho más por su madre? Tal vez una sonrisa, o un abrazo en el momento justo habría conseguido barrer aquella pena de su espíritu… Las preguntas se convertían para Eidan en cuchillos helados que se le clavaban entre las costillas.

            —¿Se puede acaso deshacer el tiempo y volver a levantar Etherial? —Más que hablar escupió las palabras, cargadas de una amarga sorna—. Todo lo que amaba Déteka estaba allí. Las tierras verdes del condado, su castillo, su trabajo como duquesa…

Una palabra se resistía a salir de su boca. Una muy concreta, concisa y que llevaba toda la vida repudiando. Trago saliva y le supo a ponzoña, pero hizo un esfuerzo titánico por articular aquellas siete letras.

            —Mi padre… —Había muchos motivos por los que Eidan odiaba a su padre. El primero era porque no estaba, y nunca había estado. Tanto Anael como Déteka tenían una imagen endiosada de aquel hombre que Eidan jamás sería capaz de entender. Uno puede amar ideas, recuerdos, pero no puede sentir cariño hacia los fantasmas. Y como un buen fantasma, su memoria perseguía a Déteka. Eidan había aprendido desde muy pequeño a detectar cuando las sonrisas de su madre encerraban pensamientos tan naturales como agridulces. Resultaba humillante admitir que aquel amor que llevaba siglos envenenando a su madre era la única cura para su aparente mal—. Y, hasta donde yo sé, todo eso actualmente es un enorme pedo de polvo estelar que flota por el espacio que antes ocupaba Etherial. ¿No hay otra forma?


**********************

            El objetivo principal de aquel acicalado a marchas forzadas era parecer natural, solía funcionarle con todo el mundo porque los mundanos no tenían muy desarrollado el ojo crítico. Claro que Anael había olvidado completamente que Helios no era un humano, y tanto sus ojos, sus sentidos y su zalamería estaban más desarrollados que la media de hombres que había frecuentado en su vida. Hizo un ruidito con la nariz, sacudiendo los rizos con una pizca de orgullo para evitar sonrojarse.

            —No deberías ser tan zalamero con tu jefa. —Intentó decirlo seria, pero terminó por sonreír. Mientras entraba en la vivienda no pude evitar fruncir el ceño. Helios le había recordado de pronto a alguien pero no sabría decir a quien. No pude quitarse la sonrisa de los labios cuando Helios se maravilló por la botella—. Lo es. Mi madre consiguió traer algunas cosas de Etherial. Poco, en realidad. Algunos libros de familia escritos por mi abuelo, tratados de magia, vino… Un broche de mi padre… —los recuerdos volvían a ella lentamente mientras tomaba asiento en la mesa. Cruzó las piernas, inclinándose hacia delante, atraída por el olor de la comida recién hecha. Emitió un sonidito de placer evidentemente relajada—. Mi madre nos regaló el vino a mi hermano y a mí.  Mi hermano probablemente la tendrá cerrada hasta que se muera, pero yo no he podido evitar darle algún que otro sorbo en soledad. Es único, como nosotros.

            Alzó la copa ofreciéndole un brindis a Helios y después del tintineo del cristal al chocar, se la llevó a la boca. Dio un sorbo muy cortito, pintándose de color tinto los labios, saboreando el tacto aterciopelado de aquel caldo de otro mundo, su sabor único y profundo, la graduación alcohólica obscenamente alta que apenas resquemaba en la garganta. Si la ambrosía existía debía tener un sabor bastante parecido a ese. Dulce, profundo, con un toque de madera y un regusto frutal.

            —¿Qué edad tenías cuando Etherial…? Bueno, cuando se fue a la mierda. Yo era pequeña, no recuerdo demasiado…



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér 7 Feb - 17:49

Damek dibujó una sonrisa amarga cuando el hombre frente a él lanzó la pregunta cargada de ironía – “si estuviera en mis manos, lo haría”-. Él también añoraba la libertad de ser sin tener que ocultarse, sin estar haciendo estratagemas para que los humanos no sospecharan su existencia. No tanto para él mismo ya que su magia estaba limitada, para los que lo rodeaban.

Cuando la palabra “mi padre” salió a flote, Damek hizo amago de hablar, pero se contuvo, había información que no le correspondía a él revelar, se sentía tentado a indagar, a preguntar que tanto sabía acerca de su padre, pero no le parecía que su curiosidad iba a ser bienvenida.

- Disculpen si soy inoportuno y maleducado, pero no pude evitar escuchar su conversación.

Casi como si fuera una sombra, Aidan apareció dentro de las cuatro paredes del establecimiento. A pesar de su habitual expresión neutra, se le veía relajado, al contrario de lo que pensaría Damek que podría ser su reacción al haber escuchado la conversación que mantenía. Intentó buscar un signo de que su rabia estaba velada pero no lo encontraba, y éste se negaba adrede a mirarlo, pero no tardo mucho en hacerlo como en respuesta a sus propios pensamientos, y en ese momento notó el único indicativo de que su calma era una fachada, vio los irises de color violeta, refulgiendo con magia contenida.

- El encontrarse de nuevo con lo que te hizo feliz en el pasado tampoco es la respuesta, muchas veces te encuentras a ti mismo pensando en el tiempo perdido, y sin querer, cuando te das cuenta, estás atrapado preguntándote si siquiera mereces haber recuperado todo y hundiéndote aún más en la miseria.

El ángel de alas negras sabía que se Aidan se estaba refiriendo a si mismo al decir aquello, se preguntaba si debería interceder, pero se encontraba de algún modo paralizado.

Aidan extendió su mano a manera de saludo para el muchacho que aún estaba sentado.

- Mucho gusto, mi nombre es Aidan.

- No te esperaba aquí Aidan -al recuperarse de la sorpresa inicial se vio obligado a introducirlos-. Eidan, el, como yo somos amigos de Déteka, la conocíamos en Etherial.

- Tienes demasiado que explicar – escuchó en su cabeza Damek. Sabía que había sido descuidado al dejar su vínculo mental abierto, pero no pensaba que podía alguien pasar su cerco sin ser detectado. ¿Qué tanto había absorbido Aidan los poderes de su hermano?

- Así será -se limitó a responder-.

* * *

- Yo no pude tomar nada, me lanzaron aquí con los nativos queriendo clavar una flecha en mi hermoso trasero a cada rato por ser un demonio. - siglo XV, en una tierra sin colonizar, siendo albino, sí, tuvo que huir más de una vez de gente queriendo matarlo por ser un demonio, no estaban exactamente alejados de la realidad considerando que él SI era un demonio cuando nació pero esos eran detalles aparte.

- ¿Mi edad cuando estaba en etherial? -dejó la copa en la mesa para colocar su dedo índice en los labios en un gesto puramente pensativo- bueno, debía tener al menos un siglo de edad creo -dijo al final con un gesto resignado tomando de nuevo la copa en sus dedos para dar un pequeño sorbo al vino mientras miraba a la nada- Yo estuve apenas unos tres o cuatro años viviendo allí, no fue demasiado, y antes de eso no tengo certeza de mi nacimiento así que no te podría decir con exactitud, aunque no soy tan anciano como los otros, pero… -cortó lo que iba a decir, sonriendo de manera gatuna a la mujer a su lado- si te recuerdo a ti -canturreó para picarle la curiosidad a la mujer- digamos que eras bastante traviesa de pequeña, no sé como haya sido luego con tu hermano, pero estoy casi seguro que debiste intentarlo vestirlo de mujer en más de una ocasión, yo tuve que vestirme como mujer para que dejases de llorar una vez, me veía genial, pero tenias algo con eso y con trenzarle el cabello a... -Cortó sus palabras al darse cuenta de lo que iba a decir, estuvo a punto de literalmente "cagarla"- a tu padre.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 8 Feb - 19:56

            No se imaginaba a nadie volviendo a traer Etherial, aunque claro, para Eidan Etherial siempre había sido más una idea, un sueño, que aun realidad. No conocía su aire, ni su tierra, nunca había paladeado el sabor de la magia vibrando violentamente en el aire, ni mucho menos había abierto las alas al mundo para surcar los aires sin vergüenza, temor o censura. No conocía la verdadera libertad, ni lo que debía ser el mundo para las criaturas que eran. La tierra parecía pálida, gris y moribunda en comparación con los sueños en los que Eidan veía Etherial, o, al menos, lo que le habían contado de ella. Frunció el ceño, gruñó desde el fondo de la garganta y de haber tenido la taza de café en la mano la habría apretado con tanta fuerza que habría reventado la loza en mil pedazos.

            El respingo del muchacho fue evidente cuando la tercera voz de una presencia no bienvenida en una conversación tan privada se  alzó desde las sombras. Se irguió en su asiento, girándose lentamente sobre uno de sus hombros para observarle. Alto, pelo corto, ojos púrpuras y un fondo oscuro que quedaba velado por un hieratismo superficial. Miró de nuevo a Damek, la respuesta más fácil era ver si este lo reconocía. Efectivamente, Damek conocía a aquel extraño, y siguió hablando como si no hubiera irrumpido en mitad de aquel secreto que compartían. Contempló la mano que le tendían y la educación le pudo a la incomodidad y la infortuita intromisión de aquel caballero.

            —Eidan.—Apuntó en silencio, correspondiéndole de forma correcta pero seca. Soltó su mano tan pronto la apretó, apoyándose en la mesa para levantarse. Era prácticamente de la misma altura que el tal Aidan, podía mirarle a los ojos sin problema para poner de manifiesto que, por su parte, no era bienvenido. Claro que aquel no era su establecimiento, ni Damek era amigo suyo, de lo que aquel hombre, por lo visto, sí podía presumir. Lo examinó de los pies a la cabeza cuando supo la nueva información, que había conocido a su madre en Etherial. Miró en derredor la sala, intrigado…—Si me permiten, caballeros, no tengo nada más que hacer aquí. Gracias por la ayuda, Damek.

            Su mente estaba lejos mientras agarraba el casco de la moto y salía de la habitación. De pronto entendía profundamente la frustración a la que Anael había llegado tan rápidamente. No podían preguntarle a Déteka, su madre siempre había sido una caja de secretos. Todo había empezado con aquella visita unos meses atrás, cuando Anael hizo la fiesta de presentación de la nueva sede de la empresa. Un coche, un maldito coche, como aquellos que dicen que en un segundo podían matarte y tu vida se acabaría en un suspiro sin que te dieras cuenta. A ellos no los habían atropellado pero con la visión de aquella cabellera rubia un trueno había rasgado en dos su vida. Un antes y un después, antes de que Etherial y sus habitantes aparecieran en sus vidas para ponerlas patas arriba, y después de ellos, abandonados todos en el caos. Se montó en la moto, sin saber a dónde demonios iba a ir. Necesitaba pensar, necesitaba investigar, quería acudir a su hermana pero últimamente estaban más distanciados que nunca. Estaba absolutamente perdido…




*************




            Anael frunció el ceño, estrujándose el cerebro para calcular mentalmente cuantos años tenía el chaval aquí presente. Físicamente apenas alcanzaba los treinta, y su sempiterna expresión juvenil le restaba años a ojos de cualquiera. Y allí estaba, tan pacho, diciéndole que había caído en la tierra cuando ni siquiera existía la civilización. Ella podía contar los siglos que llevaba existiendo con los dedos de una mano, ¡prácticamente había caído a la tierra en pañales! Y Eidan apenas alcanzaba a llevar con orgullo el denominador “bulto en barriga materna”. ¿¡Cuantos años tenía Helios?!

            No se tragó el suspiro de alivio al ver que tampoco era precisamente el hombre bicentenario cuando estaba en Etherial. Su propia madre rozaba ya los tres mil años de existencia, una cantidad tan obscena que sólo de pensarlo le daba vértigo. Tres mil años… aquella tierra cambiaba en cuestión de cinco años, ¿cómo sería el mundo dentro de dos mil quinientos años? ¿Quién sería ella, que habría pasado con su empresa? Dios… Empezaba a darse cuenta del poco tiempo que podría estar a la cabeza de la misma. Diez, tal vez veinte años, el tiempo suficiente para que la prensa rosa especulara sobre operaciones, botox o enfermedades mentales que la hicieran visitar el quirófano demasiado a menudo. Después tendría que legar el cargo en alguien para controlarlo todo desde la sombra. Evidentemente era una perspectiva que no le gustaba un pelo, pero Helios era tan encantador que podía arrancarla de sus pensamientos con una facilidad pasmosa. Tenía la copa en los labios, disfrutando de un nuevo sorbo y estuvo a punto de escupirlo cual aspersor cuando este siguió hablando.

            —¿¡Cómo?!

            Se irguió en la silla, inclinándose todavía más sobre la mesa. Juntó los pies debajo del asiento y apoyó los codos de una forma muy poco femenina o protocolaria sobre el tablón de la mesa, todo para poder escrutinar de cerca a Helios. A medida que hablaba los recuerdos se hacían táctiles en la superficie de su memoria, Déteka riéndose al ver a Eidan con un vestido rosa que le venía grande por todas partes, tardes perdidas haciéndole trenzas en el pelo a su madre o a su hermano, de todos los tipos que pudieran existir, incluso cuando era demasiado mayor para que se lo permitieran como un juego. El color empezó en el cuello, volutas sonrosadas que flotaron por toda su piel hasta cubrirle las mejillas con un violento sonrojo que terminó por extendérsele hasta las orejas.

            —¿¡Me conocías de pequeña?! ¿Cono… conocías a mi padre?



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Jue 8 Feb - 22:43

Lo supo en cuanto dejó que la frase escapó sus labios, no debía haberlo dicho, pero lo dijo, así que sólo quedaba el responder exactamente lo que le preguntaban, después de todo aquel había sido el trato para que ella confiara en él.

- Pues sí, papá asistió en tu nacimiento y estaba muy al pendiente de ti, así que sin querer terminé pasando más tiempo del necesario en el castillo con tus padres y contigo y haciéndome cómplice de tus travesuras. -una sonrisa un tanto amarga se dibujó en sus labios de pronto al recordar que quizás con su hermano pequeño hubiese sido lo mismo- como eras la primera niña del grupo todos nos turnábamos para ser niñeros o tíos, si no era yo, era papá y sino Damek. De hecho, el mudito siempre estaba presente cuando Déteka no estaba, ella no nos tenía demasiada fe, y si somos sinceros tu padre tampoco, decía que si se descuidaba te íbamos a arrastrar a “nuestro mundo de perversión”. -Un puchero estuvo en sus labios- No sé por qué me incluía en eso, el pervertido siempre ha sido padre, no yo.

Helios se reclinó en su silla, haciendo que las patas delanteras quedaran en el aire, pero sin perder el equilibrio mientras miraba al techo, recordando la anécdota de cómo tuvo que correr con Aidan atrás amenazándolo, usando falda y tacones por primera vez.

- Tu padre era profesor de magia en la academia, magia elemental, y el día en que me rogaste que me vistiera como marinerita el apareció más temprano de lo usual, y me encontró con una falda minúscula, unos tacones y unos supuestos pechos, y tuve que correr por mi vida, en tacones y en falda por todo Etherial con tu padre atrás, reclamándome por poner ideas raras en la cabeza de su hija. -Sonrió- realmente en aquel momento temía por mi vida, pero ahora que lo recuerdo me da risa.
Helios volvió de su ensoñación para ver a Anael en un tono de rojo que jamás había visto en su vida, y aquello le sacó una sonora carcajada que lo hizo perder el equilibrio de la silla y caerse de espaldas, pero aquello lejos de quitarle su diversión lo hizo reírse aún más.

- Si te sigues sonrojando vas a parecer un semáforo en rojo. En realidad, me encanta ver que has crecido de esta manera, y si en algún momento te vi como una hermana pequeña créeme cuando te digo que es difícil considerarte de ese mismo modo ahora.

Se paró y se quitó una motica de polvo imaginaria de su pantalón

- Disculpa, soy algo patoso a veces.

* * *
No fue fácil primero sentir a alguien que tenía la misma esencia de uno de sus gemelos mezclada con la de Déteka, y luego saber que estaban hablando precisamente de ella y de cómo curar una enfermedad que a él mismo lo había comenzado a atenazar. Se sintió ahogado por las emociones, pero la predominante en aquella ocasión era la culpa. Él con su egoísmo la quiso para sí mismo, y luego debido a su debilidad no pudo defender y mantener el lugar donde estaba su hogar, su vida. Pensándolo así, quizás era correcto haber estado todo este tiempo en la ignorancia y no saber el paradero de su familia, después de todo ella había logrado tener un segundo hijo lejos de él, pero se preguntaba ¿Dónde estaría el padre de él? ¿y que tipo de broma sucia del destino o de pensamiento retorcido habría tenido Dover precisamente para reencarnar en ese muchacho que irónicamente también tenía un nombre parecido al suyo?

Sabía que todo tenía un por qué, que no debía juzgar lo que estaba sucediendo sin preguntar primero, pero él nunca se había caracterizado por tener paciencia y ahora mismo la suya estaba al límite.

- Es increíble lo mucho que se parecen -comentó Damek al irse Eidan. Al no haber necesidad de seguir con su magia desplegada la quitó y regreso a su apariencia “normal”

- Bueno, es la reencarnación de Dover, y éste era mi gemelo, es normal -respondió con voz monocorde, reflexionando acerca de ello, y al mismo tiempo esperando que Damek hablara por sí mismo.

- No sólo eso, también es tu hijo. -En ese momento Aidan dejo de ver a la puerta en donde se había ido Eidan y miró fijamente a Damek.

- Aparte del mecanismo biológico, sabes bien que para que un ángel sea concebido ambos padres deben desear tener un hijo -vio el asentimiento de parte de Damek y continuó- yo no deseaba tener más hijos luego de Anael, además que Déteka tampoco estaba en cinta cuando Etherial fue destruido. Eidan no es mi hijo, pero eso realmente no me interesa -hizo una pausa esperando a que Damek dijera algo más, pero al no haber ninguna intención de hablar continuó- ¿Dónde está?

- No creo que sea buena idea que vayas ya Aidan…

En ese preciso momento la mágica contenida explotó alrededor de Aidan. Al no tener control, sus alas de un color carmesí brillante se hicieron visibles y Damek tuvo que de nuevo bajar su apariencia para armar el muro alrededor para que no se colara la intensidad de aquella luz para fuera de su establecimiento.

- No te voy a preguntar tus razones de por qué no me lo dijiste con anterioridad. Seguramente te enteraste hace poco y querías saber que tipo de vida llevaba Déteka antes de decirme algo a mí. – Damek abrió los ojos con asombro, se sorprendía, pero al mismo tiempo se recriminaba por sorprenderse, habían sido milenios juntos, era normal que el pelinegro de algún modo lo leyera- No tengo problema con tus métodos, ni pienso recriminártelos, pero si no me dices o me llevas ahora mismo a donde está, me voy a olvidar de todo el tiempo en el que me has cuidado la espalda.

Aún ahora se estaba controlando, pero había una llama de rabia que lo estaba consumiendo poco a poco y Damek lo vio con el parpadeo de luz que hacía que las alas de Aidan se tornaran más oscuras por pequeños fragmentos de segundos. Un sonoro suspiro salió de sus labios y se acercó a Aidan hasta tomarlo del antebrazo con su mano, quemándose en el proceso.

- No hagas ninguna estupidez.

Y cerrando los ojos lo transportó justo al frente de la casa en la que estuvo el día anterior.

La magia alrededor de Aidan se esfumó y el ardor en su mano cesó. Damek analizó su rostro y lo entendió. Él no haría nada tonto, podía dejarlo allí sin preocuparse por los dos.

En ese momento Aidan fue consciente de su pérdida de control y miró a Damek y luego dirigió su vista a la mano de él, descubriendo que un poco más y se la habría carbonizado. -Lo siento- murmuró, mostrando la congoja en su voz y en su mirada.

- No pasa nada, ¿le digo a Mystral que se encargue de la empresa?

- Por favor -y así como llegó el ángel desapareció-.

* * *

Hubo un momento en que mi consciencia se perdió, fue como si todo el tiempo sin saber de ella añorando su presencia me hubiese golpeado. No pensaba en consecuencias, no pensé o si quiera sentí mi magia escaparse de mí, mi pensamiento era un círculo de que retornaba una y otra vez en la frase “debo verla” sin importar nada, sin importar si hacía daño, sin importar siquiera si podía matar a una de las pocas personas en las que confío si no me revelaba su ubicación.

Había una caótica voz en mi interior que me susurraba posibilidades, que aumentaba mis miedos, y ahora que estaba allí de pie frente a la casa en donde se sentía la ligera presencia de la que una vez consideré mi compañera de vida, se había resumido a la nada, se había quedado callada. Me encontraba paralizado, pasmado, sin saber qué hacer.

¿Me despreciaría? Seguramente, y me merecería cada pequeña parte de su desprecio; fui débil, y desprecié su ayuda cuando me la brindó, quizás si hubiésemos peleado juntos como ella lo deseaba hubiésemos aparecido en el mismo lugar, y no con miles de kilómetros entre nosotros, hubiese visto crecer a mi hija, y ese mocoso de hace un momento, aún siendo la detestable reencarnación de mi frígido hermano, fuera mi hijo también.

¿Me amaría? Lo dudaba, no se puede amar a un fantasma por medio milenio, aunque yo mismo incluso sin recordarlo aún la amaba, aún así comprendería si no lo hacía, pero le dolería, infiernos que así sería.

Pero a pesar de mis dudas, de todas las posibilidades, deseaba…

No, necesitaba verla.


* * *
Aidan caminó hacia la puerta con dificultad, como si sus pies pesaran, sintiendo como dentro de las paredes la presencia que se encontraba allí se llenaba de agitación, angustia, como un eco de sus mismos sentimientos.

Al estar frente a la puerta no la tocó, sabía que ella estaba detrás de ella igual que él y ese conocimiento lo golpeó. Aún lo reconocía.

Colocó la palma de su mano de la puerta, y se inclinó hasta apoyar su cabeza, haciendo que el flequillo le ocultara la mirada.

- Det -el sólo susurro de su nombre. Saber que ella lo escuchaba le rasgaba algo en su pecho, algo similar a la incertidumbre. Temor. - soy yo. Ábreme por favor -suplicó-.

Aquellas palabras no eran simplemente para pedir que se abriera una puerta. Le estaba suplicando que, a pesar de todo, lo aceptara nuevamente en su vida, como sea, como amigo, como amante, hasta como un simple conocido, que simplemente pasa por allí para saber cómo está.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie 9 Feb - 2:24

            Anael casi podía saborear las historias de Helios. Las tenía allí, justo en la punta de la lengua, bailando con el sabor añejo de los recuerdos que insistía en mezclarse con el del vino Etheralino. No podía remontarse a esos recuerdos porque era demasiado pequeña pero podía sentir que eran reales. Tenía fragmentos, volaban como plumas al viento en el vórtice en el que se había convertido su memoria. Risas tan intensas que te quitaban la respiración, el tacto sedoso de la tela y la textura hilada de los brocados en las telas con las que le gustaba jugar, pelo sedoso entre unos dedos demasiado pequeños para reconcerlos como suyos. Y las voces… oh, las voces. Helios iba destapando cajitas de fragmentos olvidados que se habían perdido en el interior de su memoria, ¡la risa de su madre! De no haber estado absolutamente azorada se le habrían llenado los ojos de lágrimas al recordar que era escuchar a tu madre siendo feliz. Y un tarareo bajo, profundo y sutil, una nana paterna ayudándola a dormir por las noches, el calor de brazos desconocidos, sonrisas amigas… La oleada de Etherial que vino a ella fue tan poderosa como su magia extinta, la envolvió con el calor del hogar perdido y la felicidad de todos ellos. Cuando Etherial explotó Anael perdió más que un hogar, perdió su familia, y nunca se había dado cuenta.

            —¡Claro! —Murmuró en el mismo tono en el que habría dicho “Eureka”, como si estuviera descubriendo ella misma la pólvora— Por eso todos me eráis tan endiabladamente familiares, y esta, esta… sensación, esta energía… Oh, por todos los dioses de Etherial, ¡me viste de pequeña! ¡¿Cuándo llevaba pañales?!

            Apuró la copa de vino y sin pensar que caldo bebía se sirvió otra, perdida entre sus pensamientos y el diálogo revelador de Helios. Tantas respuestas, tantas emociones despiertas después de siglos de letargo… No se había arreglado para esto, ¿pero quién podría prepararse adecuadamente para que una pregunta inocente desvelara los secretos de tu propia historia? Pensar en su padre era un doloroso alivio. Conocía sus manos, escuchaba ecos de su voz pero, en realidad, no sabía nada. Déteka era una tumba en ese sentido, un muro infranqueable que hacía las veces de dique. Contenía los recuerdos que ni ella ni Eidan tenían, lo separaban de ellos, pero al mismo tiempo contenían la inundación de emociones que podría haber arrasado su mundo si Déteka se entregaba a ella.

            —¡N-no te rías de mí! —Exclamó, aún más avergonzada, poniéndose en pie de un salto en un gesto pueril, que perdía toda su infantileza cuando reparabas en la copa de su mano. La abandonó en la mesa, rodeándola para tenderle una mano a Helios y ayudarle a levantarse—. ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?

            Pasado. Presente. La línea frágil que las separaba se había roto irreversiblemente. Anael miró a Helios considerando todo lo que sabía. Él la había visto de pequeña, había besado a Mystral, que ahora resultaba que la había ayudado a llegar al mundo. No estaba segura si odiaba a Aidan Feuer o la inquietud que le provocaba era más importante. Todos formaban parte del mismo puzle, estaban unidos, tenían lazos que ella recién estaba descubriendo.

            —¿Entonces que ves en mí, ahora?


*********************


            Sintió la oleada de poder en mitad de la noche. La arrancó lejos de su sueño, plácido e hierático, donde nada la alcanzaba. Se despertó sobresaltada, con el corazón acelerado entre las costillas y los párpados bien abiertos. Desde la última visita de Eidan había adoptado una costumbre que rozaba la locura, dejaba en la mesita de noche una libreta donde anotaba que día era cuando se iba a dormir y que día era cuando se despertaba. Comprobó la libreta, sus números de trazos sucios y rápidos, con la fecha del calendario  y suspiró tranquila. No había dormido más que un puñado de horas… aquella vez. Otras veces se descubría con días perdidos cuando tenía suerte. Cuando no la tenía era incapaz de dormir, y aquella paz en el fondo de su estómago se le escapaba durante semanas. Se pasó las manos por la cara, suspirando contra la piel limpia y seca.

            —Por todos los Dioses…

            No había una sola luz en la casa, ninguna bombilla encendida. Siempre que podía desconectaba el maldito cacharro de internet que Eidan había mandado instalar para comunicarse por ella vía mensaje. De todas formas nunca funcionaba bien en aquel sitio tan influenciado por la magia. Estaba aislada, sola y perdida en el mundo, nada debería interrumpir su sueño, y sin embargo allí estaba, despierta como un búho, respirando hondo para intentar calmar aquella sensación angustiosa que la devoraba por dentro. ¿Habría tenido una pesadilla? No recordaba nada. Se incorporó de la cama sacando los pies descalzos al suelo frío de finales de invierno. Tenía un runrún dentro que no la dejaría dormir. ¿Tal vez un baño caliente? O encender la chimenea, eso la ayudaría. Estiró la mano para agarrar el camisón, una prenda sencilla y fresca que no encajaba con aquella época del año.

            Bajaba las escaleras, todavía adormilada, cuando empezó a entender la sensación que tenía en el fondo del estómago. Anticipación, angustia y alivio, todo mezclado con una surrealista dosis de incertidumbre y escepticismo. Había una energía fuera de su hogar, un aura que no había reconocido al principio por lo familiar que le resultaba. Había convivido demasiados siglos con dos auras herederas de aquella, tenían su sabor, su forma, la misma huella en aquel plano de la magia que Deteka conocía pero no dominaba. Desde las escaleras taladró la puerta con la mirada, las manos empezaron a temblarle violentamente. Intentó pensar en Eidan, en la preocupación de sus ojos azules, o el éxito alegre y ambicioso de Anael, sacó cada bala de su arsenal que sirviera como ancla a la realidad, pero aquella fuerza era superior a sí misma. Fue tirando de ella, un escalón detrás de otro, a cada paso que daba, tensándose en su interior como un muelle. Gimió entrecortadamente ante la puerta, ¿cuándo habían empezado a temblarle las manos?

            Allí estaba de nuevo su fantasma. “Estoy soñando” Entendió, de pronto, abrazando aquel dolor conocido de las esperanzas vanas. “Aún no me he despertado… es sólo otro sueño”. Consiguió respirar hondo a medida que lo entendía con una hosca decepción. Aquel perfil oscuro no era más que un capricho doloroso, la agonía de su existencia misma. Aquella búsqueda infructuosa que hacía en sus recuerdos por arrastrarle a él a su presente. A pesar de todo nunca había sentido algo así, una fuerza tan nítida, tan vívida, casi podía saborear la realidad. Tomó el pomo de la puerta y abrió con la seguridad de que detrás no habría nada. La respiración se le cortó de súbito cuando encontró al dueño material de una sombra que sólo atribuía a sus mejores fantasías oníricas. Frunció el ceño, confusa. ¿Porqué no era cómo el Aidan de sus ensoñaciones, el que pertenecía al pasado? No estaban sus ojos púrpuras, ni su pelo largo, ni siquiera la indumentaria de Etherial. Aquel hombre en vaqueros tenía su rostro pero no se parecía en absoluto a lo que ella recordaba. “¿Y qué soy yo?” Le habría gustado tener un espejo para mirarse. Habría descubierto que tampoco era la misma que había abandonado Etherial. Aparentaba más años de los que cualquier ángel consideraría recomendable, pero sobre todo en la mirada. Sus ojos se habían tornado de un azul cansado y agónico. Su cuerpo no era tan firme, ni musculoso, una segunda lactancia le había dejado los pechos, ya de por si generosos, con la piel floja. Le miró a los ojos, temblando de pies a cabeza. Sintió el ardor violento de las lágrimas.

¿Eres real?

No dio un paso, alguien le había atornillado los pies al suelo. Los sentía como si fueran de plomo, ninguna articulación parecía responder. El esfuerzo de hablar era suficiente para rasgarla en dos debido a las emociones que brotaban de lo más hondo y oscuro de su pecho.

—Si sueño otra vez contigo no despertaré jamás…



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie 9 Feb - 3:48

No estaba seguro si la pregunta de Anael quería provocarle de algún modo, el no era muy bueno leyendo la mente de la gente y la mujer frente a él le era bastante impredecible, por lo que una vez más apostó a su impulsividad y tomó una mano de la muchacha entre las suyas, llevó la palma de ella hacia sus labios y con ellos pegado a su piel comenzó a hablar sin despegar la mirada de la suya

- Veo que la niña que conocí creció para dar paso a una mujer bella -dio el primer beso en la piel bajo sus labios- inteligente -repitió lo mismo, pero en la punta de su dedo índice- segura de sí misma -de nuevo pero esta vez siguiendo un no-orden en el anular- y no puedo evitar sentirme atraído -y terminó en el pulgar mordiéndolo muy ligeramente para dejar la mano de la muchacha con delicadeza-

Pero ¿Qué puedo hacer? No puedo ser zalamero con mi jefa -terminó con una sonrisa plantándole un beso en la mejilla izquierda, para recoger la silla y ponerla nuevamente en su lugar como si un segundo antes no hubiese estado coqueteando deliberadamente con la muchacha-.

***

Se sorprendió por la seguridad con que la puerta fue abierta. Algo dentro de sí se encogió, dispuesto y preparado al rechazo, inclusive cerró los ojos para prepararse al golpe que vendría directo hacia su cuerpo, pero nada lo preparó para el tono anhelante con el que preguntaron si era real.

La voz, quebrada por las lágrimas supuso un golpe mayor para su alma que cualquier daño físico que le pudo haber infringido. Le hacía ser consciente del daño que sólo su presencia le hacía, y de algún modo se obligó a sí mismo a no ser un cobarde y huir.

Tomó una bocanada de aire y levantó la mirada para conectarla con la de la mujer frente a él. Un jadeo involuntario escapó de sus labios; él también se preguntaba si ella era real, si quizás el mismo no se había despertado aquella tarde y aún se encontraba durmiendo en la sala de su departamento, pero la mirada de esta Déteka  no reflejaba el mismo destello juvenil que la mujer que había decidido darle una familia. En su mirada existía la sabiduría de una persona que había levantado una familia, de una persona que había aprendido a vivir con aquello que se le fue arrebatado…

…por él…

Agachó de nuevo la mirada y negó – “quizás todo esto fue un error”-.

“Si sueño otra vez contigo no despertaré jamás”

Y al escuchar eso lo comprendió. Él mismo, desde que recordó se había despertado más de un día con ella, y maldecía el momento en que se despertaba y era arrebatado de su momento de felicidad. Había deseado más de una vez dormir para no despertar, para quedarse a su lado. Lo entendía ¡maldición!, y llámenlo egoísta una vez más, pero su corazón de algún modo se hinchó de alegría al darse cuenta de que no era el único que padecía aquello.

Cerró la distancia entre ellos y acerco la mano a su mejilla, para intentar retener de algún modo las lágrimas que habían recorrido el rostro de Déteka, pero su mirada se nubló, y en vez de hacer lo que inicialmente había planeado, la encerró en un abrazo.

Quería que supiera que era real, quería que supiera que esta vez pensaba escucharla, que la única forma que lo separarían de nuevo de ella sería la muerte, pero ninguna palabra escapaba sus labios, sólo escapó un sollozo que no se molestó en ocultar, porque ya las lágrimas habían ganado la batalla.

Le pareció injusto estar allí, parado frente ella sin decir nada, se sentía indigno por sólo respirar su aroma como lo estaba haciendo desde que la abrazó, por lo que hizo lo único que se ocurrió. Separándose levemente de su abrazo, se arrodilló, y estando de rodillas la abrazó nuevamente, y solo en ese momento pudo hablar de nuevo.

- Perdóname

Por dejarla de lado, por creer que tenía la verdad, por haber tomado tantas decisiones erróneas. Por haberla atado en primer lugar a él, sabiéndose maldito. Sabía que era un imbécil al implorarle perdón, sabía que lo que debía era disculparse de todas las maneras posibles con ella hasta el día de su muerte, convertirse en su esclavo si era necesario y si era su deseo, pero necesitaba saber que al menos no le odiaba.

- No me alcanzará mi vida para pedirte perdón por todo el dolor que te causé, y siento estar aquí causándote más dolor, pero ¿sabes? -una tenue sonrisa adornó sus labios aún sin alzar su mirada- soy un maldito egoísta, y deseaba verte.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie 9 Feb - 21:28

             Podía ver su propio reflejo en los ojos de Helios, pero también era consciente de que nunca unos ojos la habían contemplado así. Anael no tenía la menor idea de que, al mismo tiempo, Helios podía llegar a conocerla como nadie lo había hecho nunca y que la Anael adulta fuera una completa desconocida para él. Se sentía fuera de su piel, ajena y emocionada. El calor del vino palpitaba al fondo de su vientre, expandiendo una vaporosa calidez por cada una de sus extremidades. Era un fantasma tibio en comparación con el aliento de Helios en los dedos.

             —No eres el primer hombre que me halaga.

             Apuntó, tozuda y firme, mientras un escalofrío le bajaba por la espina dorsal extendiendo una miríada de chispas por todo su organismo. Reconocía las sensaciones, el hormigueo que jugaba alrededor de su ombligo. Helios no era el primer hombre que la halagaba pero ella sabía a consciencia que si era uno de los muchos que no estaba buscando favores de ningún tipo ni intentaba seducirla. Hablaba poniéndole voz a lo que veían sus ojos, al pasado, al presente y al futuro. Ella, por su parte, lo observaba con la oscura fascinación de aquel que mira conoce rincones del alma que uno mismo desconocía. El mordisco en el pulgar le arrancó un jadeo agudo, inspirado, con un ligero respingo.

             —Helios… —Cruzó la distancia que los separaba, el campando junto a la silla que acababa de poner en pie. Estiró la mano para tomarle del brazo, tirando hacia ella para acercarle a su cuerpo. Anael no se andaba con chiquitas, cuando quería algo lo tomaba, o peleaba hasta conseguirlo—. Creo que voy a tener que despedirte.

             Se olvidó de la cena, del vino y los recuerdos. Apartó los pensamientos al tirar de la muñeca de Helios hacia abajo, obligándole a agacharse. Puso su otra mano en la nuca del muchacho, reteniéndole donde quería y se permitió el lujo de mirarle a los ojos antes de besarle.


*********************



             No dijo nada, ni siquiera era capaz de procesar que aquello estaba ocurriendo. Es lo que pasa cuando sueñas demasiadas veces la misma escena, cultivar durante quinientos años las fantasías de que aquel hombre volvería sabiendo que nunca se haría realidad. Había terminado por desvirtuar aquel recuerdo, tantas posibilidades, tantas palabras, y la hora de la verdad ninguna parecía estar a la altura del torrente de sentimientos que apresaba su garganta. Los brazos le temblaban violentamente cuando alcanzó a rodearle la cintura, despacio, palpando su cintura con la sensación de que se desvanecería en cualquier instante. Casi tenía miedo a apretar demasiado y que aquella cintura tangible se deshiciera en una nube de bruma.

             —Eres real… Eres tú.

             Se echó al suelo, dejándo la ausencia tibia de su abrazo alrededor de su cuerpo. Ambas manos seguían temblándole cuando tomó el rostro de Aidan entre las manos. Seguía teniendo el pelo suave, en la línea de la barbilla la barba incipiente le arañó la piel con un glorioso dolor. El amor siempre corría el riesgo de ser ficticio pero el dolor, oh, el dolor siempre era real. Contempló su sonrisa entre lágrimas, aquellas perlas saladas no paraban de desprenderse de sus ojos como gotas diamantinas de dolor y tiempo. Tomó aquel rostro del pasado entre las manos surcando sus facciones con los dedos, la nariz larga, el mentón firme y orgulloso que nunca había saciado su ansia de besos.

             —Cinco siglos… —Le fallaron las rodillas y terminó resbalando hasta el suelo con un golpe sordo. Sintió el suelo frío contra las piernas desnudas. Lo agarró por la camisa, sacudiéndole con las escasas fuerzas que le quedaban—. ¡Cinco siglos, Aidan! Tantos años…

             Tembló al besarle como una flor expuesta al invierno. Empezó despacio, casi con miedo a que se esfumara como había ocurrido tantas otras veces en sus anhelos más profundos. Pero era real, indescriptiblemente real, cálido y húmedo de lágrimas mezcladas. Apagó su sonrisa con una ola de desesperación, un beso torpe y resbaladizo, con los puños cerrados agarrándole por la ropa. Estiró los brazos y lo pegó a su cuerpo, palpándo con frenesí centímetros de aquel cuerpo familiar que se le antojaba desconocido de pronto.

             —Bastardo tozudo, egoísta, cabrón desalmado… —sollozó— Te quiero.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Sáb 10 Feb - 2:56

Decir que no lo había tomado por sorpresa sería una enorme y absoluta mentira. Él la había picado para generar alguna reacción de su parte; quería que supiera que no veía en ella a aquella niña a la que tuvo que ayudar a cambiarle los pañales, quería que, aunque fuera retorcido luego de la confesión anterior, notara que admiraba en lo que se había convertido, pero no esperaba tan rápido este tipo de respuesta.

Le tomó algunos segundos corresponder al beso con el mismo ímpetu con el que había iniciado, y se dejó llevar de tal modo, que cuando se dio cuenta tenía a Anael en una prisión conformada por su cuerpo y la mesa, una mano se había colado debajo de la camisa en su espalda baja, y la otra estaba haciendo su camino peligrosamente a uno de sus pechos.

Reverberó en su pecho el sonido de su risa al verla a los ojos cuando pararon en busca de aire, aún en esa situación lo miraba desafiante por haber tomado el control de aquella forma. Volvió a buscar sus labios en un corto beso que finalizó en una pequeña mordida en el labio inferior de ella, y apoyó su mano traviesa en el borde de la mesa tras ellos, después de todo, debía ser un caballero ¿no?

-Estás jugando sucio, ¿acaso no he hecho mi trabajo bien, jefa? -acercó sus labios nuevamente a los de ella, pero antes de besarla, se movió para besar su mentón, y luego hablar a su oído - ¿me vas a privar de verte durante todo el día? Sabes bien que podría divertirte bastante durante el trabajo -susurró con un obvio doble sentido en sus palabras.

Maldita sea, estaba jugando, pero la broma le estaba mordiendo de vuelta y ya se estaba comenzando a sentir incómodo con la erección en sus pantalones. Tomó una inhalación para mirarla de frente de nuevo. Estaba seguro de que en su mirada reflejaba exactamente las mismas ansias de más que tenía ella en la suya, pero se sentía en la “necesidad moral” de dar una sacudida y dar al menos una opción más de la que al menos su cuerpo estaba pidiendo.

- Tal como lo veo ahora tenemos dos opciones, o alejarnos, intentar calmarnos y seguir con nuestra amena conversación, o te llevo ahora mismo hasta mi cuarto.

Olvidó el objetivo original de aquella cena, las buenas maneras y el que la había conocido “formalmente” un día atrás. Todo su cuerpo reclamaba por ella.

- Piensa bien tu decisión jefa -una sonrisa socarrona se asomó en sus labios- puedo ser un buen chico y respetar tu decisión cualquiera que sea -quitó la mano de su espalda y la llevó a su rostro para dejar una suave caricia en su mejilla- aunque te desee como un poseso en este momento.

* * *

Los golpes, los insultos teñidos de cariño, inclusive aquel beso que se deslizó como una comprobación de la presencia de ambos lo hicieron sentir nuevamente en casa; aún con todas las cosas pendientes por hablar, por decirse, por quizás echarse en cara, se sentía en paz, pero recordó la conversación de hace minutos, de antes de llegar allí, y la preocupación al notar el clima, y la indumentaria tan ligera que ella llevaba lo hicieron de moverse finalmente del umbral de aquel hogar.

Dejó un solitario beso en su frente y se dispuso a acomodar uno de los brazos de ella alrededor de su cuello, para sujetarla por la espalda, y luego pasó el otro brazo por debajo de sus rodillas, levantándola sin esfuerzo en estilo nupcial.

Entro en el recibidor cerrando la puerta tras sí, al notar la oscuridad dentro del lugar prendió las luces y la chimenea de la casa con un deseo de su magia, y al localizar el primer sillón, caminó hasta el y con una delicadeza casi exagerada dejo a Déteka que aún parecía querer soltarle su muy recordado repertorio de insultos.

Se arrodilló frente a ella y mirándola con ojos cargados de cariño y aún arrepentimiento se permitió a si mismo el placer de acercar una mano a sus cabellos y colocar un mechón que se había escapado por detrás de su oreja.

- Ahora que te encontré no te voy a dejar ir -la mano en su cabello recorrió la línea de su mentón y con el pulgar rozó su labio inferior- te amo demasiado para apartarme de nuevo – sus ojos destellaron con magia, reflejando el violeta de antaño- incluso si la muerte se interpone lucharé con ella

Su cerebro trabajaba con rapidez, buscando maneras de atarla egoístamente consigo, de darle alguna razón para salir de esa enfermedad que se la estaba llevando, aunque no fuera él el principal motivo de su recuperación. Una idea cruzó su cabeza, y estuvo a punto de sonreír por la “excelente” idea, cuando reparó en el anillo que llevaba en el dedo anular de la mano con la que acariciaba a déteka.

Llevó ambas manos para detrás de su cuello para desatar la única cadena que llevaba desde que recuperó la memoria. Tenía como dije el gemelo del anillo que siempre usaba desde entonces y que no había podido entregar antes de que se destruyera Etherial. Era idéntico al suyo, pero un poco más pequeño y tenía un pequeño diamante azul incrustado.

Lo sacó de la cadena, tomó la mano derecha de la mujer, y abriendo su palma lo dejó en su mano.

- Es lo único que pude rescatar cuando se destruyó todo, pensaba dártelo aquella tarde, pero… -su voz se convertía en un murmullo con cada palabra que decía hasta que paró. No había motivo en recordar algo que estaba seguro de que ambos recordaban como si fuera ayer- no quiero que lo veas como un compromiso, con que solo me permitas estar aquí es bastante, pero creo correcto que lo tengas, siempre te perteneció “así como lo hago yo”.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Lun 12 Feb - 23:55

ESTE POST TIENE CONTENIDO +18:
            No estaba segura de por qué estaba haciendo aquello, pero tampoco estaba pensando. Llevaba mucho tiempo sin llevarse a alguien a la cama, gajes de ser un empresario de éxito, te quita bastante tiempo para el sexo a menos que te gusten los polvos sucios de oficina. Una parte de sí misma se sentía sola, había estado evitando volver a ello pero no se había deshecho del pellizco de pánico que sintió en el ataque, en su propio apartamento, apenas unos metros sobre sus cabezas. Ni siquiera miraba el cielo azul abierto porque recordaba de golpe aquella angustiosa sensación del instinto de supervivencia luchando con la supervivencia racial. Sencillamente no quería dormir sola. Helios le gustaba, era una fuente de información, un subidón de hormonas, le había hecho reír y la había devuelto al pasado al mismo tiempo. Cada giro del beso sabía a aire fresco, despejado, le entraba por la garganta y se le quedaba en el pecho, aliviando el peso de todas las cosas que se habían asentado en su espíritu aquellos días. Helios, un beso, la excitación sexual… le recordaban que estaba viva para sentir, que era un ángel pero podía ser… normal.

            Ronroneaba, apretándose contra su cuerpo, despertando a sus caricias con la misma naturalidad que con la que su mente despertaba a los recuerdos enterrados que Helios traía a la superficie. Lo agarró por la ropa, metiendo los pulgares en las trebillas de sus pantalones para agarrarlo con cierta posesividad. Sonrió, dejándose morder con una sonrisa sibilina en los labios cuando se separó de ella.

            —A ciencia cierta, tampoco podría decir que has hecho mucho. Apenas llevas unos días a mi servicio, y yo ni siquiera he reclamado tus servicios. De hecho, han sido impuestos y aún así me toca pagarte el sueldo. —Entrecerró los ojos, sin perder la sonrisa por aquel comentario. Helios estaba acostumbrado a aquello, tontear, flirtear con muchachitas que se derretirían por el simple hecho de que les dedicara una mirada. Quién podría culparle, era guapo, muy guapo, con una sutil habilidad para cambiar su apariencia que lo hacía camaleónico. ¿Te gustan morenos? Podía serlo. ¿Ojos verdes? Check.Empezaba a preguntarse cuantas partes de su anatomía podía modificar. Pero la cuestión era que Anael estaba en otra liga, muy alejada de las muchachitas humanas, demasiado acostumbrada a los halagos que buscaban su favor o a seducciones no bienvenidas, incluso de chicos muy, muy buenorros—. Helios…

            Se irguió cuán larga era, empujándo con las piernas y las caderas para adueñarse del espacio que Helios le había dejado para respirar. Lo rozó con el cuerpo, conscientemente, mientras lo rodeaba. Los ojos atónitos de Helios la seguían, su cuerpo giraba en la dirección de su cintura a medida que ella le daba la vuelta. Miró hacia abajo con una evidente falta de pudor, contemplando la erección en toda su gloria. Lo agarró por la cinturilla del pantalón sin ningún tipo de cariño ni sutileza.

            —A ver si lo he entendido... —Alzó la vista otra vez, armada con una sonrisa socarrona y su discreto escote, que era más que suficiente para encender a Helios. Tiró de él de nuevo. Le gustaba tirar, empujar y mandar. Le gustaba jugar, pero sobre todo, le gustaba ganar. Se olvidó de la cena y del vino mientras caminaba de espaldas, con Helios cogido por la cinturilla de los pantalones, obligado a dar un paso detrás de otro, siguiendo la sensual estela de sus caderas—. Tú quieres respetar mi decisión sea cuál sea, y sin embargo te echas atrás como un niño asustado. Pero me has devuelto el beso. Me has metido mano —le plantó la mano sobre el rígido bulto de sus pantalones—. Y te ha gustado…

            No pudo evitar soltar una ligera carcajada mientras lo dejaba ir. Se deshizo de la chaqueta para abrirse después la camisa. El sujetador era sencillo, de color verde botella, y no iba a juego con las braguitas de algodón negro. Eso de que las mujeres de oficina llevan lencería fina era un mito, demasiado incómoda para estar más de nueve horas diarias con un tanga delicadísimo estrangulándole la entrepierna. Aún así era capaz de vestirlo como si fuera una diosa. Tomó los brazos de Helios con suavidad, acariciándole los antebrazos a medida que lo acercaba al sofá para, seguidamente, empujarle sobre los cojines. Se quedó de pie entre sus piernas, con la ropa a medio quitar y la cabeza inclinada.

            —No necesito que me des permiso para decir que no. No necesito que me des espacio para replantearme nada. Sé lo que quiero, y cuando quiero algo, lo consigo. Deberías recordar que soy tu jefa, y no he conseguido ese jodido puesto jugando a las casitas. —Se inclinó hacia delante, estirándo los brazos para atrapar el botón de la bragueta de Helios entre dos dedos. La postura era sugerente, los pechos apretados, cerca de él, las piernas largas estiradas y envueltas en unas sedosas medias que invitaban a quitarlas. El olor suave de Anael envolviéndole por todas partes, su voz sugerente y segura—. Así que dime, ¿qué quieres tú?





*****************


            Déteka se dejó llevar por los gestos de Aidan, demasiado aturdida siquiera para reaccionar. Envolvió su cuello los brazos y se dejó llevar al interior del hogar. Cuando puso los pies de nuevo en el suelo, aposentada en el sofá, no pudo evitar mirar en derredor con una sensación extraña. Era su hogar, el mismo desde hacía quinientos años, y al mismo tiempo se le hacía extraño llamar hogar un lugar al que Aidan no pertenecía. De hecho verle allí se hacía extraño, casi bizarro. Había añorado tanto aquella alma compañera, en su mente Aidan había estado allí cientos, miles de veces, pero ahora que lo estaba su presencia era extraña. Como un mueble que no encajara con el estilo, o un invitado que se quedara hasta demasiado tarde. Y es que Aidan era, precisamente, un invitado en su casa en ese preciso momento.

            Aquel salón pertenecía al recuerdo de sus hijos, pintándole las techos con tiza cuando se ponían a volar dentro de casa, o durmiendo los tres la siesta, apretujados en el mismo sofá durante los inviernos helados de aquella parte del mundo, cuidados por el repiqueteo cálido de la chimenea. La caricia liviana en su mejilla a hizo volver al presente, buscó los ojos de Aidan casi con desesperación.

            —Aidan, no soy la mujer que conocías.

            Contempló el anillo con el ceño ligeramente fruncido, intentando reconocer aquella pieza de joyería. Nunca había sido dada a tener demasiadas alhajas, muy molestas para combatir, poco prácticas cuando tienes que estar poniéndotelas y quitándolas cada dos por tres. Sin embargo siempre le había gustado conservar algunas piezas, anillos de su padre que quedaban como enormes macizos de oro y gemas preciosas en los dedos de una mujer, cuando pensaba en ellos le dolía el hecho de haberlos perdido cuando Eidan podría portarlos. Ni siquiera tenías las joyas correspondientes a una dama dado que ella se presentaba en la corte ataviada con armadura antes que con un vestido. Tardó un rato en conocer el circulo dorado que tenía sobra la palma de la mano, con su diamante azul brillando en el centro, junto a la línea de la vida. Utilizó la mano izquierda para acariciar la superficie pulida y brillante, ausente de rayones o signos de uso evidente. El metal estaba cálido, retenía el calor del cuerpo al que había estado siglos pegado. Déteka no pudo evitar preguntarse en silencio si se quedaría frío alguna vez.

            Agachó la cabeza en un gesto dócil, alzando ambas manos para enganchar la cadena que aún pendía del anillo detrás de su cuello. La sensación era extraña, tampoco estaba acostumbrada a llevar joyería entre los mundanos. Contempló a Aidan, arrodillado a sus pies como un niño, la mirada teñida de una desesperación extraña. Pocas veces había visto a Aidan rozar la desesperación con los dedos, era decidido, tenaz, determinado y valiente. Devoraba el miedo y siempre había sido capaz de tomar decisiones por su cuenta. Tenía dos caras, siempre las había tenido, una era para Déteka tan clara como el agua, la otra tenía un poso turbio que nunca le permitía entender. Tomó sus manos con suavidad, acariciando aquellos nudillos que había amado hasta rozar la angustia. Una única pregunta pugnaba por surgir de sus adentros.

            —¿Has sido feliz, Aidan? Todos estos años…

            Temía la respuesta a aquella pregunta. Quería de todo corazón que Aidan hubiera sido feliz, ausente de aquel dolor tremebundo que había ocupado su existencia. Feliz y ausente, bendito por la ignorancia de no saber lo que había perdido. Pero esa perspectiva la dejaba en una soledad absoluta que no merecía la pena si no había servido para nada.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 13 Feb - 3:18

Este post tiene contenido +18:

Era oficial: Helios estaba metido de pies y cabeza en una situación que no tenía idea de cómo manejarla, es decir, no es como si fuese virgen o algo así, pero no tendía a llegar a este punto con las mujeres tan a menudo. Era cierto, él había heredado todos los buenos genes de sus padres: su padre era, o es, un mujeriego y quitando eso del medio era bastante encantador, y su madre, aunque aún después de muerta la odiaba, tenía encanto suficiente para tener a media legión de ángeles y demonios tras ella. Sí, si lo pensaba había tenido muy buena estrella, y aunque no estaba marcado de músculos su físico estaba muy buen estado, pero aún así no le gustaba sacar provecho de ello, sólo lo suficiente para tener algo de diversión de manera ocasional.

Al no saber como reaccionar, se dejó hacer y dejó que la mujer lo llevara al sofá donde se encontraba ahora sentado, y si era sincero consigo mismo, le excitaba de sobremanera el despliegue de autoridad que Anael estaba dando, así que, a riesgo de sonar fetichista, no veía ni tenía necesidad alguna de cortar con aquello y tomar el control de nuevo. Bueno, tampoco es que pudiera hacerlo, la única neurona que tenía funcionando a medias se había ido de vacaciones desde el momento en que ella se había abierto la camisa para dejar a la vista el sujetador. Sí, era cierto el rumor que eran básicos, tan cierto como la tierra que era redonda, y no se sentía ni un poquito culpable por ello.

Cuando escuchó una pregunta venir de sus labios, se vio en la necesidad de darle una patada a la neurona que seguía babeada paseando la vista intermitentemente entre el escote y las piernas de Anael -tenía dos neuronas, una se había ido, la otra, se había distraído- para que volviera al trabajo, y al fin fue capaz de percatarse de las traviesas manos que estaban jugando con su pantalón. “Ah mierda, ¿en serio me desconecté de este modo?”

- Dame un momento que piense con la cabeza -notó la mirada burlona en sus pantalones- no, no, esa no piensa- apuntó con una sonrisa ladina bailándole en los labios.

Mientras veía que Anael ya había dejado a la vista el bóxer, en un rápido movimiento se sacó la sudadera y la tiró en algún punto no determinado de la habitación, dejando así a la vista que las líneas que marcaban su brazo izquierdo seguían por su hombro hasta hacerse más finas y converger en su pecho, en donde debería estar su corazón.

Se inclinó hacia delante acortando la distancia entre él y Anael y posó una mano en la pierda derecha detrás de su rodilla, para subirla lentamente en una caricia que paró por debajo de la falda, al casi llegar a su nalga, cuando encontró con el tacto el borde de las medias que usaba. Su sonrisa se ensanchó muchísimo más si era posible.

- Me preguntabas que era lo que quería ¿no? - sacó su mano de debajo de la falda y con delicadeza casi medida apartó las manos de ellas de su cuerpo, posó sus manos en ambos hombros y con una caricia deslizó la tela de la camisa hasta que esta cayó al suelo.

Al estar hecha su tarea la asió por las caderas y la atrajo un poco más a él, lo suficiente pera que sus labios pudieran tocar el hombro de ella en una caricia. - Pues se me están ocurriendo un par de ideas contigo desnuda a excepción de las medias. ¿Sería mucho pedir que te las dejes?
* * *
- ¿Has sido feliz Aidan? Todos estos años…

Notó la fragilidad y el temor a la respuesta implícito en aquella pregunta, y se sintió en ese filo tan irónico en el que no puedes responder de un modo absoluto sin salir crucificado.

Con tranquilidad se acomodó para sentarse en suelo al lado de Déteka, y apoyando la espalda en el mueble comenzó a recordar.

Ellos, los tres habían caído en lo que hoy se conocía como Japón, en una época en donde era común la guerra y él, frustrado al no encontrar rastro de su familia se sumergió en ella. Mató a demasiados, imaginando en sus rostros otra imagen que no era sino la suya propia, odiándose a si mismo por sus decisiones, por su ineptitud. Eso continuó por años hasta que no un día casi dos siglos después de haber pisado aquella tierra, con su magia causó un incendio tan grande que destruyó casi toda la capital. Luego lo leyó en los libros de historia como el “incendio de Meireki”, y le dio gracia el cómo habían alterado la historia a ese punto para que pareciera un accidente.

Luego de ese incidente perdió la memoria, y su vida se sumió en la monotonía. Él aprendió a vivir sólo para conseguir poder, tener algo más de alcance en aquel mundo para eventualmente mitigar la sensación que lo comía y le recordaba que le faltaba algo, un fragmento suelto que no estaba en sus memorias, eso hasta que Anael apareció e hizo que toda su rutina se fuera al traste.

- He tenido una vida tranquila – eso no respondía la pregunta, pero lo dejaba en la comodidad de no tener que responder un “sí” o un “no”- al principio los busqué, pero luego de un tiempo perdí la memoria, y mi vida se resumió a sobrevivir sintiendo que me faltaba algo – se sintió en la necesidad de aclarar aquello, no quería que pensara que no había movido un dedo. Aún tenía que resolver el cómo había llegado a ese estado amnésico, pero no era su prioridad en ese momento.

Mientras recordaba y hablaba, su miraba vagaba en la estancia, memorizando los pequeños detalles. El color de las paredes, los raspones en las esquinas de los muebles de madera, el aroma de algún desinfectante usado para limpiar el lugar.

- Aquí criaste a Anael -afirmó, cambiando de tema- el lugar está plagado con su magia, su esencia. Temo tocar cualquier objeto porque si lo hago las memorias vendrán a mi cabeza, y no siento que deba, después de todo yo no estuve aquí para ninguna de las dos.

Dejó caer su cabeza distraídamente para apoyarse con la pierna de Déteka, intentando robarse de todos modos algo de su calidez, crear un vínculo que le recordara constantemente que sí estaba allí con ella.

- Ninguno de nosotros somos los mismos Det, tú no eres la mujer la cual peleó conmigo ese día porque le negué su ayuda; Anael no es la misma niña que podía cargar en mis brazos y cantarle una canción de cuna antes de dormir -cada frase se teñía con tristeza a medida que hilaba la oración hasta formar una nube de melancolía alrededor de su voz- yo no soy el mismo que pensaba que siempre tenía la razón. -un suspiro murió en sus labios antes de continuar-.

- Mi alma se fusionó con otra y tengo recuerdos ajenos que se entremezclan con los míos. Mi magia perdió las limitaciones que yo conocía tan bien y se volvió, conjunto con el reflejo en el espejo, en un desconocido.

En ese momento dejó de mirar frente a él y volteó la mirada hacía la mujer a su lado, buscando su mirada que le fue devuelta.

- Soy y al mismo tiempo no soy yo, y no sé que me depara el destino a partir de ahora, lo que sí tengo la certeza es que estar junto a ti le pondría una diana a tu cabeza, sin embargo, heme aquí, aún aferrado a una parte de mi vieja personalidad, la terquedad o tozudez, queriendo estar contigo.

Se paró del suelo y esta vez, usó el espacio disponible en el mueble para acostarse, colocando su cabeza en el regazo de la mujer. La miró por un momento para cerrar los ojos debido al cansancio pero sin caer en el sopor del sueño; desde el ataque a Anael no había podido dormir más de dos horas continuas, y aquello le estaba pasando factura ahora que se encontraba relajado con Déteka, aún a pesar de las circunstancias.

- ¿Puedo quedarme contigo? -susurró-

Podría pensarse que era tonto hacer la pregunta siquiera luego de haberse tomado la libertad de estar de ese modo y en esa posición con la mujer, pero de algún modo, estaba disfrutando, en caso de ser negativa la respuesta, de un momento con ella.

La pregunta no implicaba sólo aquella noche, a pesar de que había reafirmado el no volver a alejarse, él podía estar con ella desde las sombras si ella respondía con una negativa, pero quería saber si lo quería de nuevo en su vida, necesitaba escucharlo. Cualquiera fuese su respuesta, él ya tenía su razón para seguir existiendo.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Jue 22 Feb - 23:30

Spoiler:
            Anael sentía un tipo de poder un poco retorcido, muy similar al que le producía ser la jefa de tantísima gente en una empresa que estaba cotizando en bolsa. Poder. No sólo el poder de controlar a alguien, de estar por encima, ese era muy básico. Allí, en el salón de Helios, el poder que flotaba en el aire era el de la seducción, esa vibración intensa y baja que se extendía desde su ombligo y emponzoñaba el aire. Había tendido una red para Helios, una no demasiado sofisticada a decir verdad, y allí estaba él, enredado en los hilos pegajosos de los deseos más oscuro de la dama de hierro a la que había intentado provocar.

            No se guarda para sí misma una sonrisa de superioridad cuando Helios hace malabares con su presión sanguínea para ser capaz de responder una pregunta. Él mismo consiguió convertirlo en una sonrisa capaz de hacer flaquear a la mujer de hierro en la que podía llegar a convertirse. La risa tenía mucho que ver en lo que estaba pasando, y es que hacía demasiado tiempo que Anael no encontraba un hombre que la hiciera reír con aquella naturalidad.

            El tatuaje que apenas había llegado a vislumbrar más allá de los puños de alguna camisa atrajo la atención de su mirada en cuestión de segundos. Parpadeó, admirando como las líneas trepaban por debajo de su piel para derramarse sobre la superficie plana de su pecho. Estaba distraída con los dibujos y el repentino calor de sus dedos en la corva de la rodilla le hizo estremecerse. Cincos puntos calientes surcando su piel como estrellas fugaces que cortaran el cielo nocturno con sus estelas de flamas. La piel del torso y los brazos se le erizó al quedar expuesta al aire de la habitación y los ojos de Helios. Las manos de Helios habían hecho parte del trabajo subiéndole la falda, apoyó una rodilla en el sofá, inclinándose hacia él como le pedía.

            Aspiró aire entre los dientes con una sonrisa traviesa.

            —¿Fetiches? Me encanta. —Apoyó las manos en sus hombros, agarrándose a él para sentarse en su regazo a horcajadas, medio desnuda y anhelante—. Sorprendeme.  


***************




            Le seguía con los ojos, incapaz de escapar de aquella respuesta. ¿Por qué quería saberlo? ¿Habría habido otras mujeres? Conociendo su libido estaba segura de que las había habido. Tampoco podía culparle, cuando hubo suficiente vino de por medio también hubo otros hombres para ella. Distracciones, una diversión frugal, polvos salvajes de una sola noche para desahogarse la rabia en placer. A veces una mera necesidad física, como comer, ducharse o dormir. Ninguno como él, nadie lo suficientemente importante para atravesar el muro que Déteka había impuesto entre la tierra y sí misma. La respuesta de Aidan fue extraña, ni siquiera era clara, pero le levantó una oleada de alivio, tibio y amable, que se expandió por sus adentros.

            —¿Perdiste la memoria? Entiendo…

            Eso explicaba mucho, a pesar de lo rocambolesco de la propia idea. Habían vivido tantas cosas en Etherial, penurias, demonios, monstruos, guerras… Perder la memoria podía ser casi una bendición comparándolo con algunas de las aventuras a las que habían sobrevivido en un mundo completamente diferente. A su vez, ella también miró en derredor, sonriéndo suavemente. Toda aquella casa estaba llena de historias pequeñas, cotidianas, casi sin importancia. Quinientos años de vacía y solitaria tranquilidad que contrastaban violentamente con el resto de su vida, y sin embargo era casi un alivio. Una casa llena para una mujer cada vez más vacía por dentro.

            —Sí… Aquí fue. Lo cree yo. No me preguntes cómo, no he repetido la hazaña nunca. Instinto de supervivencia, supongo.

            Las palabras de Aidan consiguieron borrar la expresión calmada y tranquila de Déteka. Algo se enfrió en su sonrisa, se le endureció el azul de los ojos como gotas de agua convertidas en hielo. Había dicho una verdad como un puño, un dolor sordo que nunca había podido ignorar. E incluso en la absurda felicidad de tenerle allí, en alguna parte del fondo de su alma seguía palpitando, oscuro y agazapado, una ira desconocida. No había estado allí para sus hijos. Podría haber soportado todo el dolor del mundo referente a su ausencia, todo lo que le afectara a ella podía cargarlo, pero el dolor de sus hijos… Ese dolor no se lo arrancaría nadie del corazón, ni siquiera Aidan o sus razones. Al final del día nunca había estado para acurrucar a Anael o a Eidan. Para consolarles cuando lloraban o ayudarles a levantarse cuando se caían al suelo. No los había consolado, ni hecho reír. Había faltado a todos los cumpleaños de medio siglo de existencia.

            —Te lo agradezco. Aquí hay memorias que no te pertenecen. Cosas por las que nunca te perdonaré. —No había espacio para las medias tintas o las mentiras piadosas. Quinientos años de silencio solo podían originar la honestidad más devastadora entre dos personas—. Ya ni siquiera es una niña…

            Casi consiguió sonreír de lado ante la imagen de la niña que había sido junto a la mujer en la que se había convertido Anael. Era bella e implacable, determinada y valiente, estaba orgullosa de su hija como jamás pensaba que podría estarlo. Incluso cuando su relación no era la mejor, siempre había tenido muchas diferencias entre ellas, pero era su hija. No podía hacer nada que consiguiera que mermara el amor maternal de Déteka.

            Le acarició el pelo distraídamente, dejando que Aidan conquistara su regazo como digna almohada.  El contacto de su pelo era una maravilla corta y de un negro brillante, lo enredaba con las yemas, lo apretaba con las uñas comprobando hebra a hebra que era real. Y corto. Demasiado corto para su gusto. Tenía el rostro cansado y el corazón tan viejo como ella, la caricia descendió despacio por las sienes de Aidan, cayendo a los pómulos hasta alcanzar las mejillas.

            —Mi casa siempre ha sido tu casa—bajó la mano por la línea de la mandíbula, recorriendo su cuello hasta el pecho, pectoral izquierdo, donde posó la mano entera—. La mitad de mi corazón siempre ha latido aquí dentro. Claro que puedes quedarte.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Dom 25 Feb - 3:12

Este post tiene contenido +18:

Ya llegado a ese punto era el puro instinto que estaba mandando. Asiéndola por la cintura cambio la posición de dominancia que tenía ella y la dejó bajo su cuerpo en el sofá. Sus labios hicieron un camino desde su cuello hasta los límites de su brasier, y sin la intención de moverlo de su lugar -aún- bajó hasta el abdomen de Anael, en donde su objeto de atención comenzaba a obstruirle el recorrido.

Después de un momento buscando el cierre de la molesta falda, la deslizó hacia abajo por las piernas de ella con lentitud, demorándose deliberadamente mientras rozaba suavemente con sus manos las piernas, enfundadas con la fina tela que pensaba dejar en su lugar.

Al sacarla no prestó atención a donde arrojaba la prenda, sino que se colocó mirando de nuevo a la mujer bajo él, como un gato que mira a su presa. Se acercó a sus labios y rozó ligeramente sus labios sin concretar el beso, y cuando ella intentó tomar de nuevo control de la situación se alejó con una sonrisa socarrona. -shhh… paciencia-. Murmuró para luego recorrer con una de sus manos el contorno izquierdo de su cuerpo, comenzando por su vientre y subiendo por la cintura para detenerse en el borde inferior del brasier.

- Eres tan malditamente hermosa- y no mentía. Tenerla allí, bajo su cuerpo, con los labios ligeramente hinchados por sus besos, con las mejillas arreboladas y medio desnuda era la mejor visión que había tenido en su vida.

No la amaba, no podía amar a alguien en dos días, pero estaba totalmente seguro que se iba a convertir en su nueva obsesión de aquí en adelante.
* * *

Claro que puedes quedarte

Había preguntado una y otra vez esperando esa respuesta, pero si tenía que ser sincero consigo mismo no creía ninguna de las frases que escuchó a través de la bruma del sueño que lo consumía. Era estúpido, lo sabía, pero incluso él tenía esa debilidad. Intentaría engañarse por esa noche; intentaría fingir que todo tenía arreglo, intentaría creer que aún tenía algún chance o derecho de reclamar su antigua vida…

Mi casa siempre ha sido tu casa

La verdad era que ya todo estaba dañado, estaban en un punto en que era más sencillo y más sano seguir cada uno su camino. Seguiría amándola, y era imposible romper el lazo que la unía a ella que era su hija y el mismo sentimiento que le profesaba, pero él era un extraño, alguien que no tenía lugar allí. Cinco siglos ausente era demasiado, inclusive para ellos que eran inmortales, era demasiado.

Aquí hay memorias que no te pertenecen. Cosas por las que nunca te perdonaré

Decir que no se había esperado aquello sería mentira, ¿pero dejaría de doler solo por el hecho de preverlo?, no.

Había anhelado toda su vida una familia, había creído que por su origen nunca tendría derecho a una, y cuando por fin había rozado con los dedos la felicidad él mismo lo había estropeado. Podría sentarse y decir que no era su culpa ya que le habían enseñado siempre a no contar con los demás, tenerlos de respaldo y siempre intentar solucionar las cosas por su cuenta, pero sabía que no era un niño para repartir culpas a su educación.

Ahora mismo, estaba recurriendo su vida de entrenamiento para no dejar fluctuar sus emociones, pero sentía una desesperanza que era difícil de ocultar. Algo dentro de él se había roto, algo que temía analizar, algo que se sentía como una herida abierta y sangrante en su pecho y que con cada emoción que negaba a ser mostrada parecía abrirse cada momento más.

Quizás hubiese sido mejor haberme dejado matar aquel día

Creía que lo peor hubiese sido ver que ella había seguido con su vida, pero estar ahí y ser consciente del daño que había ocasionado era mil veces peor, aún peor que el dolor lacerante que sintió cuando su hermano le cercenó las alas antes de morir él mismo y decidir que era más divertido verlo seguir viviendo dándole el poder para curarse de una herida que normalmente sería mortal. Tanto poder, tanta magia ganada para hacer un poco menos que nada.

Con los ojos cerrados, puso su mano sobre la de ella que estaba en su pecho.

- Te amo -fue el último murmullo que dijo antes de quedarse dormido.

* * *

- Creía entender las razones por las cuales eres una amenaza para los de tu propia raza aquí, pero estás haciendo que me replantee la idea – pensaba para si mismo una sombra sin presencia en la esquina de la habitación que había presenciado el reencuentro de los amantes sin sentirse ni un poco avergonzado por ello.

La sombra desapareció y se materializó luego en el centro de la ciudad, al lado de una mujer de cabellos rubios, pero con ojos de un anormal color carmesí. Ambos estaban viendo desde una distancia prudente a la figura de Eidan que se bajaba de la moto en aquel instante.

- No entiendo para que quiere que ataque a ese muchacho, no siento ningún poder provenir de él

- No estás aquí para cuestionar mis decisiones. Atácalo, pero no bajes la guardia, es un ángel, tu objetivo es morderlo, pero no bebas su sangre si no quieres que te transplanten el estómago.

- ¿Qué hace tan especial a este?, me he alimentado de ángeles antes -preguntó, pero al ver por encima de su hombro ya no estaba nadie. Bufó evidentemente fastidiada. - Bueno, que empiece la cacería.

La mujer vampiro se movió en casi un flash hasta quedar frente a su objetivo que la miraba con el ceño fruncido- Tan guapo, pero tan mal encarado, ¿sabes? Vas a arrugarte antes de tiempo

La mujer era baja comparada con el hombre que tenía frente a ella y le sacaba casi una cabeza por lo que tuvo que alzar la mirada para encararlo. Era atractiva, tenía una cara fina con una nariz respingona y labios llenos que en aquel momento mostraban una sonrisa ladeada que dejaba a la vista uno de sus colmillos inusualmente largos. Los ojos eran de un color castaño pero con un marcado brillo carmesí que la separaba de los humanos. El cabello lo tenía atado en una coleta alta, dejando a la vista varios aretes y piercings en sus orejas. La ropa era ordinaria, tenia un top estilo corset color índigo y un pantalón de cuero negro con botas altas de igual color.

Lo miraba con desprecio. Ella lo odiaba ya que gracias al incidente con la mocosa de su hermana la maldita organización que los cazaba tenían a su hermanito pequeño. Quería ir hacia la mocosa con ínfulas de grandeza por la que lo habían atrapado y vengarse, pero ahora tenía terminantemente prohibido siquiera acercarse, pero se la cobraría con ese angelucho, bebería su sangre y lo dejaría seco a pesar de las "ordenes". El solo pensamiento la había hecho sonreir aún más, y el hombre frente a ella frunció aún más el ceño. -¿Nunca habías visto un vampiro cariño?-

"Bueno mírame muy bien, porque serás lo último que verás"
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Lun 26 Feb - 16:26

Esto post tiene contenido +18:


            Lo besó en los labios, anhelante, acercando su cuerpo al de Helios mientras se dejaba llevar por sus manos. El calor de su cuerpo se impuso sobre ella como una manta cálida y sensual con un bulto rígido que le apretaba las ingles. A medida que sus labios se deslizaban por su vientre y la cintura la imaginación de Anael iba más rápido que los actos de Helios, precipitándose en sus conclusiones. Suspiró pesadamente al sentir como, después de aquella breve lucha con la cremallera, sus caderas se liberaban de la presión. Piel y tela hacían un juego de sensaciones sobre su dermis cuando le quitó la falda, tortuosamente despacio.

            —Oh, vamos, ¡deja los halagos para después!

            Se quejó ella entre risas, impaciente, excitada. Llevó las manos a los vaqueros de Helios, tironeando hacia abajo para bajarle los pantalones. Sus caderas estrechas encajaban con la curva de sus muslos cuando alzo ambas piernas para envolverle con ellas, arrastrándole hacía sí. Hundió los dedos en su pelo, perdiéndose en las hebras blancas mientras lo besaba con avidez, arqueando la espalda para apretarse contra su pecho y provocarle. Lo quería ya, lo quería rápido, duro y sin palabras bonitas.

            Anael metió la mano en el estrecho hueco entre sus cuerpos, tomando en la palma la erección de Helios. Empezó a masturbarle con suavidad, sacándo la lengua para buscar la de él en un beso húmedo. El estruendo de una música repentina le hizo fruncir el ceño, torciendo el cuello para dedicarle una mirada de desprecio a su bolso.

            —No pares, Helios. No pares.

            Lo instó a seguir a pesar del constante vibrar del teléfono móvil. Volvió a abrazarle, a fundirse en el calor en aumento que sentía cada vez que se le aceleraba el corazón cuando Helios le tocaba. El teléfono terminó por callarse y, a los pocos segundos, volvió a sonar. Anael gruñó por lo bajo, maldiciendo el aparato entre besos hasta que se calló de nuevo, dejándoles a solas con su pasión.

            —Biiiiip …… —El pitido largo del móvil precedió al silencio súbito de la llamada cortada. Una voz masculina de timbre electrónico prosiguió—. Tiene un mensaje de Eidan Lark. Reproduciéndo. —La voz electrónica cambió por un tono jadeante y dolorido, un tono que le hizo envararse debajo de Helios—. Anael… Anael necesito ayuda. Me… —un jadeo entrecortado, un gemido de dolor—. Me están atacando, estoy en el centro, cerca de mi piso. Me he escondido en el baño público de un jodido parque, ne… ah, necesito ayuda. Necesit…

            El audio se cortó bruscamente cuando el minutero automático de la compañía dejó de grabar el mensaje de voz. Anael casi empujó a Helios, quitándoselo de encima mientras taladraba el bolso con una mirada cargada de angustia. Ya no quedaba pasión, ni deseo. Aquella vorágine sexual había sido sustituida por una ansiedad visceral.

            —Por los dioses…



************************



            Observó en silencio como Aidan se dormía sobre su regazo. Era un acto absolutamente inocente, infantil, cargado ternura. Le acarició el pelo distraídamente, su mano tenía un gesto aprendido a base de experiencia. Anael había dormido miles de veces así, y después de que naciera Eidan se habían peleado por ocupar aquel puesto. Terminaban durmiendo muy juntitos en el sofá, o en la cama, mientras Déteka leía un libro o los dibujaba aunque las piernas se le quedaran dormidas en el proceso.

            —Yo también te amo.

            Susurró, con dos lagrimones atravesándole las mejillas mientras lo acariciaba. Él ya estaba dormido cuando lo dijo en voz alta, pero pasado aquel torbellino de emociones se percató de que no estaba preparada para decírselo en voz alta. Antes se había dejado llevar por la sorpresa y la emoción, años de contención emocional y añoranza. Ahora podía sentir como la distancia y los años empezaban a pesar como losas en el alma. No podía decirle que le quería como lo hacía antes. El corazón le palpitaba con tanta fuerza, henchido de amor, que le iba a reventar entre las costillas, pero no podía amarlo como la primera vez. Existían las segundas oportunidades pero las primeras veces le hacían honor a su nombre, eran irrepetibles, irreparables, únicas y fugaces como las flores del desierto. Y a ella se le habían secado las raíces y empezaba a sentir la podredumbre en el tallo de su alma, estaba vieja, cansada y dolorida. Acarició el rostro de Aidan, apoyándose en el respaldo del sofá. Sus ojos se perdieron en la luz dorada y rojiza de la chimenea, el tiempo onduló como si no existiera y Déteka se vio en otro lugar, en otro momento, en otro mundo. Lejos de allí, de Aidan. Atrapada en su limbo.



******************************************


            Recorrió la ciudad con la moto, acelerando más de lo que debería para atravesar aquellas calles de ciudad. Se movía entre el tráfico como una abeja entre las flores, esquivaba, doblaba y apretaba los dientes, deslizándose entre unos coches y otros. Saltándose incluso algún semáforo en rojo. Tardó menos de lo que debería en llegar a la zona de su apartamento. Aparcó la moto, colgándose el casco del codo al bajarse del vehículo. Pateó una lata con toda la fuerza acumulada de su frustración, el cilindro metálico aboyado salió disparado a una velocidad inhumana contra la fachada del edificio más cercano.

            ¿Qué iba a hacer? Estaba atrapado. Damek no podía ayudarle, el tal Aidan de los cojones se había interpuesto en la conversación más importante que tenía desde hacía meses. Y, mientras el daba vueltas por la ciudad, en algún punto del campo, en aquella casita en la que había crecido, su madre se moría. Sintió una punzada de angustia, el latigazo cruel de la impotencia sacudiéndole con tanta fuerza que le dieron ganas de llorar. Quería gritar, destrozar cosas, dejarse llevar por aquella rabia animal que lo corroía por dentro.

            Estaba tan distraído con su propia rabia que no vio llegar a la mujer rubia. Le alertó primero una ondulación desconocida en el aire, cuando alzó la vista allí estaba ella. A contra luz, delante de una farola, no podía apreciar bien los rasgos de su rostro, pero en la oscuridad podía ver el reflejo carmesí de unas pupilas inhumanas. Frunció el ceño, quedándose clavado en el suelo.

            —¿Quién eres?

            Preguntó bruscamente, dando un paso atrás. La maldad en sus ojos no podía ser el preludio de nada bueno. Su frase le provocó un escalofrío helado por la espina dorsal, tardó unos segundos en reaccionar. Fue el tiempo suficiente para recibir un golpe en el pecho que lo lanzó hacia atrás. Por instinto convocó al viento, sus pasos fueron más rápidos que los de un hombre normal al trastabillar hacia atrás y recuperar el equilibrio. Gruñó, tirándo el casco lejos y levantando los puños.

            —Odio pegar a las mujeres…



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 27 Feb - 2:18

¡Oh! ¡pero miren! ¡El angelito sabía usar magia! Quizás era por eso por lo que su jefe le había advertido que tuviera cuidado.

En aquel mundo, desde que los humanos comenzaron a tener poder de fuego había dos tipos de criaturas, aquellas que se limitaban a mezclarse con ellos olvidándose de su propia naturaleza y aquellos que como ella se encargaban que existieran cuentos de terror para los niños.

Ella había aborrecido al principio en lo que fue convertida, pero no era difícil agarrarle gusto luego de darse cuenta de todas las ventajas que tenía con respecto a su antigua vida, y de vez en cuando, le gustaba toparse con alguien que pudiera igualarla, alguien que le diera algo más de gusto a la sangre de la que se alimentaba, y parecía que se había topado con uno.

Miró hacia los lados, intentando localizar algún testigo, y cuando se cercioró que no había nadie volvió a fijar su mirada en el hombre frente a ella. Tenía bastante tiempo que no veía un cabello tan largo y tan hermoso en un hombre y que no le restara masculinidad, iba a ser un desprecio tener que matarlo, ¿quizás podría tener algo de diversión un poco más carnal antes que exhalara su último suspiro?, la perspectiva aumentaba su libido aún más.

- ¿Pero por qué deberías contenerte? No soy hombre, pero es justo que devuelvas el golpe si alguien te lo da primero -se acercaba con pasos medidos a él, contoneando las caderas, disfrutando de la velocidad de las ideas que cruzaban por la mente del ángel y por la claridad por la que estas se reflejaban en sus ojos.

Estaba a tres pasos de él cuando volvió a usar su velocidad, esta vez para colocarse tras Eidan. Levitando se colocó unos pocos centímetros sobre el suelo, para poder acercar su nariz al cuello de él, justo donde estaba su pulso vibrante y vivo, a diferencia de ella. Aspiró con deleite así revelando su posición.

- Delicioso -susurró, y e intento conectar su rodilla en el medio de la espalda de él lo suficientemente fuerte para romperle la columna a un humano, ella ya sabía que los ángeles eran un poquito más resistentes, pero se sorprendió al ver que el muchacho lo bloqueaba con su brazo, frustrando su plan original de tenerlo arrastrado a sus pies.

- Tambien sabes evadir golpes ¡genial! -volvio a poner sus pies en el suelo- ¿no serás por casualidad parte de la división especial de la policía no?
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie 2 Mar - 19:33

             Aidan apretó tanto los labios que se convirtieron en una línea tensa y delgada en su cara. El instinto había actuado por el traiconándole al mismo tiempo, para no caer al suelo había tenido que desvelar sus cartas. ¿La vampiresa lo había hecho queriendo? Probablemente. ¿Estaba midiéndole? Seguramente, así como él empezaba ahora a medirla a ella. La estudió en silencio, manteniendo las distancias. La tipa sabía lo que hacía, o al menos era lo suficientemente prudente para mirar por si acaso había algún mundano cerca que pudiera ser testigo de lo que estaba a punto de pasar.

             El corazón le iba a mil por hora. El número de criaturas sobrenaturales que se cruzaban por su camino desde hacía unos meses empezaba a ser escandaloso. Todas siniestras, sibilinas, aguardando en la oscuridad para desvelar su naturaleza. El tal Aidan de los cojones por lo menos no quería nada de él, pero aquella mujer evidentemente quería algo de Eidan, y empezaba a sospechar que lo tenía dentro y la única forma de que lo obtuviera era arrancárselo en vida. Mierda. Respiró hondo en un fútil intento de controlarse, sólo consiguió que el aire helado de la noche le helara hasta los pulmones.

             —A mi me educaron, presumo que a ti no.

             Justo después de decirlo tuvo ganas de darse una palmada en la frente por soltar semejante tontería. ¿De verdad quería echarle cojones a una mujer de raza identificada, altamente peligrosa? ¡Sólo a él se le podía ocurrir utilizar una estrategia clásica de Anael! Por cada paso que daba ella hacia él, Eidan daba dos hacia atrás, respetando la distancia que ella insistía en reducir a cero. La tenía a la vista, taladraba su figura con los ojos, pero en un parpadeo desapareció en la nada. Eidan parpadeo, se le dispararon las pulsaciones y al mismo tiempo el corazón se le detuvo cuando sintió el roce helado de una nariz en la nuca.

             —¡Joder!

             No pudo evitar exclamar, intentó darse la vuelta pero la rodilla de ella se impuso a sus deseos de salir cagando hostias. Su cuerpo reaccionó más rápido que su mente, giró sobre los talones y agarró la rodilla que intentaba impactar contra sus huesos. ¿Estaba levitando? ¡La muy cerda levitaba! Aunque volvió a posarse en el suelo Eidan no le soltó la pierna, de hecho le apretaba con tanta fuerza que las yemas y las uñas se le clavaban en su piel. Fría, lisa y marmórea, del mismo tacto que la seda, tan perfecta que no hacía más que reafirmar su naturaleza fantástica.

             —Hablas mucho para ser… lo que sea que eres.

             Asentó los pies con fuerza en el suelo, todos los músculos de su cuerpo reaccionaron con una vibración. La fuerza del impulso le subió desde las piernas, aferrada a sus caderas para tirar de la pierna de ella, haciendo que su cuerpo oscilara en el aire para estrellarla contra el suelo sin ningún miramiento. No le gustaba pegar a las mujeres, pero ninguna mujer que hubiera conocido sabía levitar.



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Sáb 3 Mar - 2:29

“¡Auch! ¡eso dolió!”. Definitivamente el angelito era bastante especial, se había sorprendido cuando le agarró la pierna, pero no tuvo ni momento de reaccionar cuando se encontró de espaldas al piso.

Había cerrado los ojos al sentir la ráfaga de dolor desde su espalda al resto de sus miembros, por lo que segundos después abrió los ojos para enfocar en el ángel que aún sujetaba su pierna. Craso error.

Se las arregló para atenazar con sus piernas las piernas del ángel y con un impulso lo hizo flaquear lo suficiente para aprovecharse de su falta de equilibrio y hacerlo caer, arreglándoselas para terminar a horcajadas encima de él.

Mordió el dorso de su mano hasta hacerla sangrar, y la sangre formó un tipo de daga, la cual posó con suma delicadeza en el mentón de Eidan.

- Vam-pi-ros -remarcó cada sílaba mientras se acercaba más allá de lo que se consideraba adecuado al rostro del hombre- seres nacidos inicialmente de la unión de ángeles caídos y humanos. Para ser educado sabes muy poco de tu raza ¿no?

Debía acabar con su misión lo más pronto posible, el golpe anterior la había debilitado y el hacer aparecer la daga con su sangre sumado al hambre que tenía estaban haciendo una muy mala combinación.

Decidida a acabar con aquello,  de un rápido pero certero movimiento clavó la daga en el hombro del hombre bajo ella, y se acercó al cuello con toda la intención de beber su sangre pero una corriente mágica la expelió hasta que de nuevo su espalda chocó con la pared de algún edificio en el extremo opuesto de la calle, haciendo que perdiera el control de la materialización de la daga que había creado, volviendo a su estado líquido mientras caía al suelo de rodillas.

“Maldito mocoso, está usando su magia por instinto, pero para hacerlo de ese modo ¿Quién mierdas es?”

Las pupilas del vampiro se achicaron al sentir la presencia de alguien cerca de ella. Tan viva, tan vibrante, y ella estaba muy sedienta

- ¿Te encuentras bien? – preguntó un muchacho que había salido de alguno de los edificios seguramente al escuchar el bullicio-

Ella ni lo vio, ni lo escuchó. Levantó su mirada y lo único que veía era comida, y debió haber alertado de algún modo al hombre que pareció haber recapacitado y estaba retrocediendo. Intentó acercarse, pararse de allí para ir a por la comida, pero no podía, estaba paralizada, su cuerpo estaba atado al suelo, y en ese momento fue que su atención volvió al ángel que la miraba fijamente.

-Tu...
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 6 Mar - 14:10

            Sin comerlo ni beberlo, cuando Eidan pensaba que estaba haciendo un gesto violento y valiente que le permitiría salir corriendo de allí como una rata, se dio de bruces contra el suelo. El mundo se convirtió en un revoltijo de sombras, luces afiladas de farolas que le herían los ojos y la silueta oscura de la vampira. Sus muslos, alrededor de sus caderas, estaban tan fríos e intactos como al principio. En el telón negro de sus párpados veía estrellitas blancas, fruto del dolor de su cabeza al golpearse contra el suelo. Ni siquiera vio como la “dama” transmutó una daga de la nada, sencillamente sintió el tacto frío en el cuello cuando se la posó bajo su nuez.

            Gritó al sentir como el filo pasaba de su cuello a su hombro, hendiendo la carne con su fría mordedura. No era un corte normal, no se asemejaba a nada que hubiera sentido antes. Irradiaba magia, una helada y crepitante que se le pegó a la piel generando escarcha, extendiendo una sensación helada por su cuerpo desde el hombro. Gruñó, el dolor de la cabeza y el hombro provocaron una reacción visceral. La magia bulló de dentro en un hervidero furioso y animal, no le dio tiempo a darle forma ni palabras con las que encaminarla, simplemente estalló a su alrededor, arrancándole la daga del hombro y la mujer de encima.

            Eidan se puso en pie, haciendo malabarismos para que el mareo que atenazaba su cabeza y el dolor no le hicieran caer. Respiró hondo y echó a correr, echando mano de su teléfono para hacer una única y desesperada llamada. Cada tono que sonaba en vano era una agonía, maldijo en todos los idiomas que conocía y terminó por dejarle un desesperado mensaje a Anael. Se llevó una mano a la nuca donde una sensación pegajosa y caliente le descendía por la nuca.

            —Cojonudo…

            Masculló, mirándose la sangre en los dedos. Ahora sangraba por dos sitios distintos. Maravilloso. Alzó la cabeza al sentir una segunda presencia mágica en la zona, donde él había estado, la misma que había ignorado deliberadamente para salir cagando hostias de aquel callejón sucio que bien podría haber sido su tumba. ¿Quién era? ¿Por qué le había salvado?



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Mar 20 Mar - 1:13

Helios masculló una maldición para si mismo mientras colocaba los pantalones y su ropa interior de vuelta a su lugar. No había pasado ni un minuto del mensaje de Eidan cuando su propio teléfono sonó, haciéndolo correr hacia la cocina para tomarlo antes que cayera su contestadora en su lugar.

- Helios, ¿está Anael contigo?

- Sí, pero voy a acompañarla a buscar a su hermano parece que lo atacaron – desconectó su teléfono de la toma de corriente, a la vez que volvía al sofá y de manera atropellada se ponía la remera y los zapatos al notar que Anael tenía toda la intención de ir sola a ayudar a Eidan- Anael espera, vamos en mi moto- tomó las llaves de la repisa y se adelantó, haciendo una seña para que le siguiera.

- Es un vampiro quien lo ataca -en ese momento Helios fue que detalló la voz de su interlocutor.

- ¿No estás involucrado en todo esto verdad?

- No, pero necesito ayuda, estoy paralizándola, pero hay humanos cerca y no puedo acercarme mientras esté usando magia para darle una orden.

Helios se preguntó a si mismo si el hecho que no pudiera mostrarse tenía que ver con los ojos negros que vio el día del ataque a Anael, pero no tenía tiempo para divagar. Había llegado a la motocicleta y en cuanto se sentó y la encendió programó la conexión del GPS con su teléfono.

- Envíame tu ubicación, estaré allí pronto -trancó y en poco tiempo tuvo en su GPS la dirección exacta- Sintió el peso extra y el calor tras él y tomo uno de los cascos y se lo tendió a ella, para luego colocarse el propio.

A decir verdad, a pesar de la llamada y el mensaje de auxilio y todo eso, no se le había bajado la calentura hasta el momento en que Damek le informó la naturaleza del atacante del hermano de Anael. Él evitaba muy concienzudamente todo contacto directo con algún demonio cual fuese su naturaleza, y los vampiros por su origen caían en esa categoría, sólo esperaba que no sucediera nada fuera de su control hasta que llegara el refuerzo.

Buscó el contacto de su jefa y le envió un mensaje con la dirección que Damek le había proveído seguida con una nota de voz

–Esmeralda, voy a necesitar que le digas a alguno de los muchachos que vaya a la dirección que te pasé, hay un vampiro intentando cazar al menor de los Lark- hizo rugir el motor de la moto un par de veces y chequeando que Anael estuviese bien asegurada partió hasta el lugar.

* * *

Damek había aprendido hace mucho tiempo sus limitaciones y como combatirlas. Una de ellas era su apariencia; cuando intentaba tener una apariencia normal perdía algo más que su capacidad de usar la magia, también perdía parte de la percepción de lo que sucedía a su alrededor, por lo que quizás la persona que había estado unos segundos antes cerca de su cafetería había pensado que no iba a percibir el aura asesina que flotaba alrededor, pero no había cambiado a su apariencia preferida desde momentos antes que Eidan llegara, por lo que en ese momento, al estar fuera de las cuatro paredes regresando de dejar a Aidan en su destino, pudo finalmente sentirla, y plagado por un mal presentimiento siguió la estela que Eidan había dejado al marcharse, encontrándose con el muchacho golpeado por una mujer que no recordaba haber visto.
Se quedó observando el intercambio entre el ángel y el vampiro, pero no fue sino hasta que vio a un humano intentar inocentemente socorrerla, que decidió intervenir.

- ¡Maldito demonio de mierda! Deja que me mueva -gritaba como una loca la mujer mirando su sombra que estaba en el tejado de un pequeño edificio frente a ella- ¡Los mataré! ¡mataré a los humanos si no me dejas moverme!

- Es difícil que los mates si no te puedes mover ¿no crees? -escuchó la mujer en su cabeza-.

- Y es difícil que la sigas paralizando si estás dormido -pronunció en un susurro una sombra tras Damek, que, golpeándolo en la nuca lo dejó fuera de combate, haciendo que la mujer de nuevo pudiera moverse- No tengo nada en tu contra, pero no te entrometas. -Dijo el hombre para de nuevo desaparecer-
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie 23 Mar - 21:48

            Empezó a hablar sin pensar a penas, dándole explicaciones culpables a Helios mientras se levantaba y se subía la falda y se cerraba la camisa. Se puso mal los botones pero ni siquiera se dio cuenta, buscaba sus cosas, buscaba las llaves del coche que ni siquiera estaba en aquel maldito apartamento. Su mente estaba atrapado en un solo hilo frenético de pensamientos: Eidan estaba en peligro. Eidan estaba en peligro y ella estaba retozando en un estúpido sofá, jugando a ser normal, olvidándose del mundo. ¿Con que derecho? Dios, le había tratado fatal. Llevaba días, meses, tratándole fatal. No le había cogido el teléfono, no le había devuelto las llamadas, ni siquiera se había molestado en ir con él a ver a mamá.

            —Por todos los putos dioses que explotaron con Etherial, Eidan Lark, no se te ocurra morirte. —Ladró, arrancándole las llaves de la moto a Helios de las manos y saliendo de su apartamento completamente descalza. Bajó por las escaleras en vez de por el ascensor, no podía soportar estar estática, y metió las llaves en el contacto antes incluso de que Helios se hubiera sentado en la moto. Se puso el casco de mala gana, refunfuñando sobre aquella estupidez y que ella misma le pagaba una multa. Como se le ocurriera parase en los semáforos en rojo le iba a arrancar la cabeza—. ¡Helios deja el maldito teléfono y conduce! ¡¡Conduce!!



*************************



            Eidan no tendría que haber vuelto sobre sus pasos. Era la mayor locura que podía acometer una persona herida, en su estado, casi indefenso, enfrentado a fuerzas que lo superaban, pero Eidan no era de los que dejaba atrás a nadie. Alguien lo había salvado, alguien que tenía una energía que conocía, que le resultaba familiar aunque no pudiera identificarla. Alguien le había salvado la vida y no podía irse de allí sin saber a quién le debía el seguir respirando.

            —¿Damek?

            Llegó a tiempo para ver como alguien golpeaba a Damek en la nuca y se desvanecía en el aire al momento. Eidan frunció el ceño, todo su instinto le gritaba que saliera de allí. Eran demasiadas cosas desconocidas a las que se enfrentaba, vampiros, demonios, figuras que se desvanecían en la nada, entre las sombras, y él solo era un escritor. Un jodido escritor con poderes venido de una tierra extinta, un ángel inmortal que prefería consumir su existencia delante de un teclado, dejándose los ojos en un monitor brillante, antes que luchando por algo, como su hermana, o esperando a la nada, como su madre. Aquella era prácticamente la primera ocasión en la que estaba cerca de la acción, de la acción real, esa que Déteka les había dicho un millón de veces que evitaran. Y allí estaba él, herido, magullado, sangrando… y entrando directamente a la calle de la que había huido para  socorrer a Damek. Cogeó hacia él, agarrándolo por las axilas, tirando del peso muerto de su cuerpo inconsciente para arrastrarlo lejos de la vampira. La magia residual de Damek había conseguido mantenerla fija al suelo durante unos segundos más, pero Eidan podía sentir como el tejido de la magia se deshacía a medida que Damek pasaba minutos sumido en la dulce e indolora inconsciencia. Cuando abriera los ojos y viera el chichón que le iba a salir le iba a doler, vaya que sí. Al escuchar unas carcajadas profundas y agudas, de mujer, alzó el rostro, acongojado. La vampira se levantaba lentamente, mirando directamente hacia él.

            —Mierda…



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Sáb 24 Mar - 2:48

Había excedido el límite de velocidad, obviado luces rojas, sentía a la lejanía sirenas que se prendían tras él y que luego se apagaban seguramente ante órdenes de arriba, contagiado totalmente por la desesperación que le transmitía Anael.

- ¡Por todos los dioses cálmate! -tuvo que gritar para que le escuchara entre el bullicio del motor y el viento que se llevaba sus palabras. Anael estaba frenética y ya tenía rato clavándole dolorosamente las uñas en sus costados.

Apenas llegó aparcó lo más rápido que pudo dándose cuenta de que la mujer tras él había prácticamente saltado del asiento a correr a buscar a su hermano, buscándolo desesperadamente con la mirada sin éxito.

Aquel era el lugar, pero era obvio que se habían movido de allí. No sentía la presencia demoníaca de Damek alrededor, que, si estuviera cerca, incluso para alguien tan poco ducho en la magia como él debía serle obvia. Recordó la nota de voz dejada al teléfono de Anael

- Un parque… -dijo de manera audible para que Anael le escuchara- tu hermano dijo que estaba en un parque, hay uno a una manzana de aquí. - Y desenfundó el arma que se había metido precariamente en el cinturón antes de salir del apartamento para correr metiéndose en un callejón que desembocaba en el parque.

Al salir del callejón lo golpeó con fuerza el aura asesina que provenía de una mujer que no estaba a más de 200 metros de él. “Si haces que pierdan suficiente sangre se debilitan” repasaba en su cabeza la teoría de como detener a un vampiro mientras la rodeaba sin dejar de apuntarla con su arma; la mujer parecía estar entretenida cazando lo que fuese que estuviera dentro de las cuatro paredes del baño público. Le extrañaba que no lo hubiese sentido, los vampiros tenían buen olfato para todo lo que fuese comida, y él podría ser catalogado como eso.

“Dispárale tres veces y aléjate, no veas ni toques su sangre” se repetía una y otra vez, mientras se acercaba sigilosamente a la espalda a la mujer.

- No hagas nada estúpido, voltéate y ríndete -tuvo que llamar la atención de la mujer cuando esta se disponía a entrar a cazar a su presa, y esta se volteó para verlo con obvia curiosidad.

- ¿Otro ángel? Es la primera vez que veo tantos juntos, pero disculpa, tengo hambre y…

Un disparo resonó, la respiración de Helios se hizo errática y la expresión de dolor y odio de la mujer fue instantánea. En un parpadeo la tenía encima, y dos disparos más salieron antes que de un golpe en su muñeca lo obligaran a soltar el arma y cerrar los ojos por el dolor. Cuando fijó su vista de nuevo en la mujer que lo tenía sujeto y estaba en horcajadas encima de él, casi deseó no haberlo hecho, y todo empeoró aún más cuando al pasar la lengua por sus labios sintió el sabor metálico de la sangre ajena.

Lo que sucedió a continuación ocurrió en un instante. La vampira estaba de espaldas contra la pared del baño, con sus pies lejos del piso e intentando recuperar el aire que no llegaba a sus pulmones por el agarre firme en su cuello, mientras intentaba lidiar con el dolor de saber atravesado su estómago por una de las manos del que momentos atrás consideraba un simple ángel.

Su cuerpo cayó como peso muerto en el suelo al estar libre del agarre, y con esfuerzo levantó la mirada para ver al que se había convertido en su agresor, que ahora la miraba con expresión en blanco.

Una expresión ausente hizo presencia en su rostro mientras veía sus manos llenas de sangre. Llevado más por un impulso que por el razonamiento se llevó el dedo índice a sus labios, para lamer tímidamente la sangre que lo cubría. Se encontró a si mismo maravillado por el sabor y una sonrisa sádica se dibujó en el lienzo en blanco de emociones que era su rostro hasta aquel instante. Un brillo dorado apareció en sus irises normalmente grises, y las marcas de la antigua maldición comenzaron a centellar con un color carmesí en su brazo.

Miró a la mujer frente a él con morbo, deseaba ver más de ese líquido emanar de ella, quería, deseaba, no, necesitaba matarla, necesitaba sentir el corazón alimentado por sangre prestada en su mano, hasta que éste dejara de latir, pero antes quería ver más de ese brillo de pánico en sus ojos, quería que le suplicara que la dejara viva.

De un momento a otro tuvo un poco de raciocinio y se obligó a sí mismo a apartar la mirada de la mujer intentando quitarse esa imagen de su cabeza, pero su aura, el olor a miedo lo tenía abrazado aumentando su excitación, por lo que no encontrando ninguna otra solución extendió sus alas, y con el arma que tenía estaba en el suelo a sus pies, la tomó y apuntó hacia su espalda. Con la respiración errática preparándose para lo que venía disparó tres veces a las bases de sus alas, cayendo de rodillas por la corriente de dolor que lo recorrió y le quitó el aliento.

Tal como preveía, volvió en sí mismo; sus alas sanarían antes de que se diera cuenta ya que solo una mutilación completa era grave, pero solo un dolor como aquel pararía a su alma demoníaca a convertir al cuerpo prestado que tenía.

- ¿Qué- que demonios eres?

Helios miró a la mujer con expresión vacía, sin emoción, mientras en su espalda emanaba sin control la sangre a pesar de sus alas ya no estar visibles. Aún a pesar del dolor hizo un esfuerzo para pararse de nuevo, sacó la camisa por fuera del borde de sus pantalones y se dedicó concienzudamente a limpiar sus manos y rostro con ella, intentando borrar el rastro de sangre que lo había enloquecido.

- Si no quieres que haga tu vida más miserable de lo que será al llevarte al cuartel te sugiero no digas ni una palabra de lo que acabas de ver. – habló con voz monocorde viendo un punto indeterminado en la calle, en donde la silueta femenina de Anael hizo aparición, haciendo que se suavizaran los rasgos del hombre hasta mostrar una sonrisa que dejó aún más confundida a la chica, sin poder creer que el mismo demonio que estuvo a punto de despedazarla mirara con tal adoración a otro ser.
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
37

Localización :
Puerto La Cruz, Anzoátegui, Venezuela

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar 27 Mar - 21:27

            Más que bajarme de la moto saltó de ella. Había sido un gesto tan desesperado que ni siquiera se percató de que había desvelado sus alas para impulsarse con el viento, ser más ligera, y alcanzar antes el suelo con sus pies desnudos. Las medias eran poca protección, la textura dura y caliente del asfalto se le clavaba en la planta de los pies, cada paso resultaba doloroso pero Anael utilizaba ese dolor para concentrarse, para seguir en con la mente en la tierra y no dejar que su imaginación volara a7 las peores situaciones. No quería recordar que era lo último que le había dicho a Eidan, ni si realmente sería lo último que le había dicho a su hermano antes de que se muriera por ser estúpido. De los dos ella era la estúpida, era ella la que tomaba riesgos innecesarios, la que se iba lejos. De pequeños Eidan leía sentado a la sombra de un árbol mientras ella se quemaba los hombros y la cara correteando al sol, o se pelaba la piel de las rodillas a base de caídas. Eidan era perfecto, tranquilo, inamovible. La idea de que Eidan podía desaparecer resultaba aterradora, y la culpa de no haberle protegido era un fantasma que empezaba a tornarse corpóreo a medida que se consumían los minutos.  
Apenas escuchó a Helios, una manzana, en esa dirección, era todo lo que necesitaba saber. Echó a correr como alma que lleva el diablo, más rápido que el viento, más furiosa que las tormentas llenas de rayos azules, rojos y dorados que recordaba haber contemplado en Etherial, cargadas de magia y electricidad. Lo sintió con la misma claridad que Helios. En cualquier otra época de su vida sólo habría sentido una inequívoca repulsa hacia un aura oscura y retorcida que no sabría reconocer, pero ahora había conocido el aura de los demonios y lo único que despertaba en ella era rabia. Rabia por lo que le habían hecho, y rabia por lo que ahora intentaban hacerle a su hermano.

            El disparo sonó demasiado cerca, demasiado potente. Contuvo el impulso de llevarse las manos a las orejas para protegerse de un sonido que ya había pasado. No miraba a la vampiresa, de hecho, su presencia sólo despertaba partes oscuras de su ser que le resultaban desconocidas. Buscaba desesperadamente a su hermano, con los ojos y con el alma.

            —¡Eidan! —Gritó, esperando que la construcción fuera tan pobre como para dejar traspasar su voz a través de las paredes—. ¿¡Eidan, donde estás?!
El serpenteo de la magia en el aire le hizo volverse hacia Helios. Lo había perdido de vista solo unos segundos, pero había sido el tiempo suficiente para que la vampira y él se enfrascaran en un enfrentamiento directo y veloz como una centella. Nunca había visto a nadie pelear a esa velocidad, tan rápido que ni siquiera podía reaccionar para interponerse entre la vampira y Helios. ¿Qué estaba pasando?



************

            Arrastrar a Damek al interior del baño había sido la tarea más dura que había tenido que realizar nunca. Más dura que superar la pubertad, aguantar a su hermana. Más dura que escribir un libro, o ignorar el dolor que le producía arrastrar el peso muerto de un hombre que no parecía pesar los kilos que pesaba. Ahora entendía a la perfectamente por qué se decía “peso muerto”. Un rastro de sangre se dibujaba allá donde sus pasos, dubitativos pero constantes, avanzaban. Era la sangre de sus heridas y las de Damek, mezclándose, oscura y densa, casi ponzoñosa. Había una magia tenebrosa en la sangre, podría sentirla en los huesos mientras se dedicaba a arrancar entre jadeos el mobiliario escaso del baño y ponerlo delante de la puerta para bloquear la entrada.

            Entre jadeos intentó llamar a Anael, pero, como siempre, no encontró respuesta alguna a sus súplicas. Suspiró pesadamente, agachó la cabeza y se encontró de reojo con el reflejo de su imagen en un espejo. Empapado en sangre, despeinado, su piel empezaba a perder color mientras que la zona bajo los ojos se oscurecía por momentos. Había sudado y sangrado, estaba sufriendo en aquellos mismos minutos, con Damek desmayado a sus pies, pero a salvo. Y, a pesar de todo, una parte de sí mismo albergó cierto orgullo. Estaba vivo, había salvado a Damek. Claro que esa sensación triunfante se deshizo al pensar en que aquello era relativo. Estarían vivos el tiempo que la vampira tardara en entrar en el baño.

            El sonido de disparos demasiado cerca le hizo dar un respingo. La voz de Anael alcanzó el ventanuco y se deslizó entre las rejas para iluminar aquella noche desastrosa.

            —¡¡Anael!! ¡¡Estamos aquí!!



The crow and the wolf:
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
316

Localización :
España

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
AvatarCamposContacto

Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Publicar nuevo tema   Responder al tema
Permisos de este foro:
Puedes responder a temas en este foro.