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Etherial's Dreams

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Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Dom Jul 30, 2017 7:44 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Etheral's Dream
1x1 — Ladie & Jibriel — Original Fantasy Plot

     Ángeles. Siguen existiendo bajo un manto de secreto en la tierra, llevan existiendo cientos, no, miles de años. Nacen, contemplan el mundo en la grandilocuencia de los siglos, y en algún momento su esencia cae en el olvido al morir. La vida humana es, para ellos, poco menos que un parpadeo de sus existencias. Nadie sabe exactamente cuántos son, o cuantos quedan, algunos se conocen y otros son solo desconocidos. Habitan entre nosotros, se disfrazan con la mortandad para existir en un mundo al que apenas pueden seguir la pista de tan rápido que evoluciona.

     En este marco existen, Aidan y Déteka, separados. Otrora no existía el uno sin el otro, la suerte o el destino unió sus caminos durante muchos años. Se habían cuidado, amado y odiado a partes iguales, encontraban consuelo en los brazos del otro a las muchas penas acontecidas en sus siglos de existencia. Y es que sus vidas siempre habían estado enredadas de una forma u otra. Tuvieron hijos, incluso; Anael y Eidan. Anaela era muy pequeña y Eidan no había llegado al mundo cuando los demonios de Aidan terminaron el pequeño remanso de paz que habían creado. Fueron cuestiones de vida o muerte, decisiones desagradables que uno nunca quiere tomar. No eliges entre lo bueno y lo malo, lo correcto o lo incorrecto. Eliges entre las posibilidades de que sea malo o sea peor. Historias demasiado largas y dolorosas para explicarlas como merecen, escritas en los pergaminos del tiempo con sangre y lágrimas. Lo único que importa para entender como terminó es que Aidan, en pos de un bien mayor, renunció a lo que poseía. Renunció a su amor por Déteka, a su vida estable y tranquila, al recuerdo del rostro de su hija. Abrazó partes de su alma que se habían desprendido, hizo las paces consigo mismo a un precio muy, muy alto. Y Déteka, por su parte, renunció a luchar por algo que ya no le pertenecía.

     Y así se cortan los hilos que hacen lazos. Se toman decisiones que no tienen vuelta atrás, y para no pensar en ellas dejas que las entierren los siglos. Estos pasan, incansables, año tras año, siglo tras siglo, los hijos crecen, los tiempos cambian, se talan bosques y se levantan ciudades donde antes no había nada. En definitiva, sin importar si hacen el bien, o hacen el mal, viven entre nosotros, y sus historias son tan mortales que parece mentira.


Aidan Feuer
38 — Ludwig Herzog— Jibriel
El ambiente donde se encontraba era tenso; la acción más básica e instintiva que era el respirar se le dificultaba, sentía los músculos agarrotados y el olor metálico de la sangre estaba en cada bocanada de aire que tomaba.

Frente a él, se encontraba alguien que podría ser confundido con él mismo, sólo lo pálido de su tez y los ojos oscuros de un tono ébano podían diferenciarlo. Su reflejo, como así lo llamaban, como siempre, tenía una sonrisa sardónica en los labios, mientras él pobremente podía mantener otra mueca que no fuese cansancio; se había mantenido por mucho tiempo en esta batalla y sólo quería terminarla y descansar, irse con su esposa e hijos, para vivir la tranquila vida que se había acostumbrado a tener, pero su gemelo no le hacía las cosas fáciles.

En el suelo, a unos cuantos metros debajo de donde ellos estaban, se encontraba agonizando el último dragón de su mundo, el único que sostenía aquella tierra prometida con forma de estrella, por lo que su pelea, aún si salía victoriosa de ella, no tenía sentido, de igual modo en cuanto ese dragón exhalara su último aliento de vida iba a encontrarse a si mismo en medio de la nada, eso en el caso de que al morir la tierra, no se murieran todos con ella.

Abaoth, como se proclamaba a si mismo luego de asumir aquel rol tan opuesto su misión original: “la mano derecha de Dios”, mientras su hermano veía con una nota de pánico a la mujer a sus pies exhalar su último suspiro, empuñó su espada, con velocidad sobrehumana se colocó detrás del cansado ángel, y de una certera estocada cercenó sus alas.

Aidan, al sentir que su corazón, sus alas, eran cortadas, sólo pudo voltear a ver el rostro de satisfacción de su gemelo mientras caía al vacío y, pidiendo perdón a su familia por no poder cumplir la única promesa que hizo, se entregó a la muerte.

Deteka Lark
36 — Megurine Luka — Ladie
Desde la ventana del salón el panorama es rural, idílico. Huele a madera de cedro ardiendo en la chimenea que preside la estancia, derrama la única luz de la habitación. Ninguna luz de farolas o de ciudad irrumpe en la noche, desde donde está sólo se ven las estrellas. Su refugio tiene dos plantas y un aspecto acogedoramente envejecido, es una casa de ladrillo en mitad de ninguna parte.  Lleva allí más tiempo del que quiere recordar. Construyó ese hogar con sus propias manos cuando no les quedó nada, cosechó cada oportunidad que la vida le puso por delante para criar a sus hijos en un lugar como ese. Apartado, seguro, limpio y natural. Un lugar similar al valle en el que había crecido ella misma, en un mundo que ahora solo existía en sueños.

Déteka fue expulsada de Etherial con excusas pertenencias, una hija en la mano, un hijo en el vientre y los recuerdos intactos. Hubo momentos en los que envidió a aquellos que se separaron por completo del mundo en el que habían nacido, ella cargaba con la condena de recordar cada momento de dolor y felicidad de los últimos dos mil años. Se las arregló para encontrar un hueco en aquel lugar desconocido, un refugio donde estar a salvo.

Durante un tiempo consiguió poner al dolor en jaque. Estaba demasiado ocupada para la pena o el luto, dos hijos pequeños que la necesitaban, un mundo desconocido, ningún amigo a su alcance ni mucho menos nadie que la ayudara. Las horas se consumían en, básicamente, encontrar la forma de establecerse. Después, Déteka se volcó en criar a sus hijos. Al fin y al cabo eran la prueba viva de otro mundo, de personas que ni siquiera sabía si seguían vivas. Anael era un espíritu libre, rebelde y testaruda como ella misma, siempre mayor e independiente, preguntando a media voz donde estaba su padre cuando un recuerdo furtivo la asaltaba. Eiden, en cambio, desarrolló un apego a su madre digno del complejo de edipo. Con la madurez empezó a dejar atrás ese lazo férreo, pero quedó aquella cercanía e intimidad que Anael nunca se había molestado en construir. Podía decirse que era, y es, el ojito derecho de mamá. Pero los niños son niños, y el tiempo no perdona. Crecen, alzan la mirada para buscar su propio camino, y ambos terminaron por abandonar el hogar materno y rural en pos de crear sus propias vidas.

Para Déteka la soledad consiguió que el tiempo se dilatase. Los minutos parecen horas, y los días años. El hielo de los tiempos se ha adherido a su alma, convirtiéndola en una persona desapasionada, vacía, carente de la chispa que otrora brillaba en sus ojos.



Última edición por Ladie el Jue Ago 03, 2017 3:23 pm, editado 2 veces



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie Jun 01, 2018 3:40 am

- Hay que ver que eres bien inútil

La voz resonaba como un eco molesto en su cabeza que lo hizo fruncir el ceño y abrir los ojos con pesadez, dándose cuenta que estaba siendo rodeado por literalmente la nada, nada que se veía estropeada por un casi espejo de sí mismo, pero con piel clara, cabellos rojizos y ojos negros.

- Eres tan inútil que no te has dado cuenta que perdiste el conocimiento -era raro ver tantas emociones en su propio rostro, se llevó una mano a su boca buscando la sonrisa ladeada que le mostraba su reflejo sin encontrarla- honestamente no sé como has sobrevivido todos estos años, ¡oh! espera, ¡si lo sé! dejando que el resto del mundo haga el trabajo sucio por ti.

Intentó hablar por telepatía pero sintió un bloque enorme entre su reflejo y él mismo.

- ¿Qué parte de estás insconciente no has comprendido?, estás en tu cabeza no puedes hablar telepáticamente contigo mismo. Insisto eres un inútil, lo que haría yo con tu cuerpo, me parece patético que te hayas cansado al solo inmovilizar a un vampiro de raza baja.

- ¿Quién eres? -preguntó calmadamente, aparentando una paciencia que no tenía, sentía un dolor ajeno a si mismo en las sienes y se sentía demasiado agotado para discutir con su contraparte que parecia exudaba soberbia.

- Pues, a mi me han puesto muchísimos nombres, y hasta ahora me siguen invocando a pesar de que hace un poquito más de diez milenios que no puedo andar libremente gracias a que me encerraron aquí, pero lo que pasa es que me confunden con mi padre...

"Esa pregunta no sirve..." ¿Qué haces aquí?

- Para decirte que aunque me gustaría salir de este cuerpo la muerte no es una opción y si el niño que salvaste abre la puerta el niño que es un demonio y que no lo quiere aceptar va a oler tu sangre y la próxima victima eres tu, y lamento decir que gracias a tu inutilidad, no vas a poder detenerlo.

- ¿Un niño que salvé y un niño que es demonio? -intentaba enlazar puntos pero su cabeza estaba martilleando de una manera que no era normal

- El de cabello de niña y el que tiene el cabello blanco con la cicatriz en la cara, y te informo que el dolor de cabeza es porque yo no debería estar aquí, aparte del golpe que te dio mi padre, así que ¡Adios!

Su "doble" desaparecío y sintió como despertaba con una adrenalina que no podia ser de otra manera que inducida por el desconocido, y que lo ayudó a sujetar con una mano el hombro de Eidan cuando se disponía a abrir la puerta.

- No abras, espera que los que están afuera entren. -se dejó caer sentado de nuevo cuando el dolor de cabeza ocasionado por el golpe hizo aparición nuevamente, y solo en ese momento se dio cuenta que había hablado en voz alta- lo siento -habló ahora en la cabeza de Eidan sin darse cuenta que no había dado una orden-

----

 El haber tenido que recuperar el control de esa manera tan drástica le estaba comenzando a pasar factura, pero no podía ceder ante el cansancio teniendo a una vampira libre y a Anael desesperada por su hermano cerca.

Iba a conjurar un hechizo muy básico para tar las manos de la mujer, pero una voz femenina le evitó hacerlo.

- A partir de aquí me encargo yo - y con ello una compañera de trabajo, una elfo con el cabello corto  y de un llamativo color verde alzó sin nada de delicadeza a la mujer que yacía casi moribunda del suelo.

No se había dado cuenta del momento en que los refuerzos llegaron y realmente poco le importaba en aquel momento. Se acercó a la aporreada puerta de la caseta en medio del parque y tocó una vez con el puño cerrado -la mujer que los perseguía ya ha sido neutralizada, soy el coronel Eliot Vind, abre la puerta Eidan, tu hermana está preocupada por ti
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér Jun 27, 2018 6:19 pm

            El interior del baño había una quietud extraña que le ponía los vellos de punta a Eidan. Era de esos estúpidamente escrupulosos para no visitar baños públicas a menos que la emergencia fuera absolutamente inminente, y menos aún a aquellas horas. El ambiente húmedo y asfixiante del interior no ayudaba a su estado de ánimo, cada vez que respiraba para intentar sosegarse y pensar con la cabeza fría respiraba una bocanada de olor a orines, moho y otras sustancias en las que prefería no pensar. Había una oscuridad densa en el interior del baño, se arrastraba por debajo de las puertas y las esquinas, empapaba cada rincón y le hacía ver sombras peligrosas dónde no había nada. Damek seguía inconsciente, respiraba de milagro y Eidan no tenía la menor idea de que hacer con él, más que esperar a que su hermana lo sacara de allí. Las tuberías flojas y explotadas por el uso público goteaban detrás de las paredes, la tensión de la electricidad provocaba un crujido extraño en las bombillas. No todas funcionaban, de vez en cuando algunas parpadeaban convirtiendo la luz en algo inestable, lo que no ayudaba en absoluto a la atmósfera. Dioses, casi se parecía a una escena de terror de las que el mismo había llegado a escribir, atrapado en un baño publico sucio y apestoso con un hombre poderoso e inconsciente. Una risa histérica se apoderó de él y tuvo que contener las carcajadas.
            El ambiente y la espera lo estaban matando. Él no era un hombre de acción, a Eidan le gustaba pasar las tardes delante de una maquina de escribir (sí, estaba un poco chapado a la antigua), a solas con una taza de café, o dejarse los ojos entre letras en una noche en vela, ¡pero no aquella maldita situación! Con pasos dubitativos se acercó a la puerta, respirando muy despacio. El pomo estaba frío al tacto, casi tan húmedo como los lavabos pero no sabía si era por el ambiente o le habían empezado a sudar las manos. La proclama de una voz conocida lo dejó plantado en el sitio, su cuerpo se negó a obedecerle y toda la sangre del cuerpo se le heló de golpe.
            —¡¡JODER!! —Gritó, dándo un brinco cuando Damek, despierto y en pie, le plantó una mano enorme en el hombro. Se giró hacia él con los mismos ojillos de un conejo asustado. Era extraño tener que mirar hacia arriba para ver los ojos de alguien, menudo bigardo estaba hecho—. ¿Eso era necesario? ¿No puedes hacer ruido cuando te despiertas, o te levantas? ¡Casi me matas de un infarto!
Se quedó en silencio, intentando controlar su respiración y bajar las pulsaciones. Damek tenía un aspecto lamentable.
            —¿Estás bien?



***************************************



            Anael no sabía que hacer. De alguna parte empezaron a aparecer, inexplicablemente, personas. Dejaron atrás a Elliot, se encargaron de la criatura femenina en el suelo y el peliblanco dejó con normalidad la situación para situarse en la puerta. Lo miró, incapaz de procesar lo que estaba pasando por un segundo.
            —Muy bonito el protocolo señor agente pero mi hermano está ahí dentro, ¡aparta!
            Echó a Elliot a un lado y le faltaron piernas para abrir la puerta de una patada. Los goznes sonaron cuando se abrió de golpe y el pomo se estrelló contra los azulejos con fuerza suficiente para romperlos. El crujido evidenciaba que al menos un par de ellos no habían sobrevivido al portazo, pero a Anael no le importó lo más mínimo. Se lanzó de cabeza al interior del baño, asfixiante y apestoso, buscando desesperadamente a su hermano con la mirada. Era difícil no localizarlo, los hombres de su vida tenían la mala manía de ser más altos que la mala hierba.
            —¡Eidan! —Se lanzó a por él, agarrándolo por los hombros, tocándole la cara, el pecho, buscándo heridas o cualquier signo de que estuviera algo más que asustado. Las magulladuras eran evidentes, parco como era y en shock todavía no alcanzó a sonreír si quiera, pero los hermanos tardaron una fracción de segundo en fundirse en un abrazo. Se quedaron así un segundo, aferrándose el uno al otro como no tenían costumbre de hacer, agradecidos por la familiaridad de aquellos cuerpos que compartían carne, sangre y adn, la misma esencia natural, que habían nacido del mismo seno. Anael perdió la noción del tiempo mientras estrangulaba las costillas de su hermano con sus bracitos hasta que un carraspeo la hizo volver a la realidad—. Lo siento, Elliot...
            Murmuró, echándose atrás pero sin soltar la mano de Eidan, dejándo al peliblanco hacer su trabajo.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Jue Jun 28, 2018 2:37 am

Helios se encontraba totalmente desconectado de la situación que representaba tener al frente al hermano de la persona con la que estuvo a punto de acostarse momentos atrás; la verdad es que era muy bueno desconectándose cuando se trataba del trabajo por lo que no se le fue difícil olvidar su propia herida para inspeccionar las de Eidan -con permiso- para después concentrarse en las de Damek, que parecía más agotado que otra cosa.

Los ayudó a ambos a salir del lugar en el que estaban para después sentarlos en un banco cercano. No se le escapó la mueca de dolor del mas joven al sujetarlo por uno de sus hombros.

- Te hirieron -apuntó- y aunque nos curamos más rápido esa herida puede llegar a ser una verdadera molestia, si deseas podría llamar a una de las patrullas para que los lleven.

Damek negó- no será necesario, puedo ir con

- De igual modo, necesitaré que luego de atenderse las heridas vayan a la oficina principal para dar declaraciones, si preguntan por mi o por Esmeralda los deberían redirigir al departamento correspondiente -hizo una pausa para luego añadir para Eidan- este tipo de casos no los maneja todo el mundo por razones bastante obvias.
Desde que había salido de los baños Damek había notado la abundante sangre en la camisa de Helios

“el niño que es un demonio y que no lo quiere aceptar va a oler tu sangre y la próxima víctima vas a ser tu”

- Tu espalda... -dijo en un murmullo-
- Nada de importancia -cortó mirando con una clara advertencia a Damek-

Suspiró para tomarle la mano a Anael en un gesto íntimo -Anael ¿podrías acompañar a tu hermano a que lo atiendan? La elfo de hace un momento, Elentari, puede ayudar a cerrarle la herida, yo tengo que irme y probablemente no llegue al apartamento después de media noche- lo dijo sin ser consciente de lo mal que se podía interpretar lo que dijo, y para más colmo se acercó a ella para darle un beso en la frente y susurrarle “ve con cuidado” ignorando totalmente un par de ojos azules que lo taladraban.

Dirigió su atención a los hombres tras él y luego de una corta inclinación los dejó para reunirse con el grupo que intentaba reconstruir el lugar con magia.

Damek sintió un escalofrío con el cambio en la presencia del hombre a su lado, había cambiado tanto que le recordaba muchísimo cuando Aidan estaba de mal humor. Miró con una disculpa a Anael y sólo emitió unas palabras en su cabeza -Eidan deberías ir con Anael, yo iré también a curarme las heridas- y con un suave murmullo continuó -muchas gracias por salvarme-

Y sin más con pasos algo torpes debido a que aún no se había recuperado del todo del dolor de cabeza que tenía dejo a los hermanos solos.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie Jun 29, 2018 2:00 am

            Anael y Eidan salieron del baño cogidos de la mano, aferrados el uno al otro en medio del caos de agentes, placas y cintas policiales que se desarrollaba a su alrededor y no parecía casar con un parque. Aquel tipo de cosas sórdidas ocurrían en sótanos de la mafia, bancos, la cárcel, pero Anael no podía evitar pensar que su propio apartamento había lucido ese mismo aspecto hace bien poco. No pudo evitar el escalofrío, pero se aferró con fuerza a la mano de su hermano para intentar ignorarlo. Eidan, por su parte, se dejaba arrastrar por su hermana, respirando tranquilo por primera vez desde lo que le habían parecido jodidos siglos.
            —Iré en cuanto terminen de echarme un vistazo.
            Murmuró Eidan a media voz. La adrenalina había empezado a bajar en sangre y a medida que desaparecía su efecto sedante y estimulante empezaban a pesarle las heridas y los minutos. Sentía un peso en las piernas que no correspondía con el de su cuerpo, las magulladuras que antes apenas eran una palpitación muda ahora empezaban a gritar de dolor. No lo habían vapuleado así desde que se peleaba con Anael cuando eran niños.
            —¡Ni hablar! Iremos mañana cuando hayas dormido, y comido, y...
            Eidan frunció el ceño instantáneamente.
            —Anael puedo ir solo, y puedo ir después, así que...
La intervención de Helios fue como echarle un cubo de agua fría a las chispas que saltaban inevitablemente entre los hermanos Lark. Anael, que había soltado la mano de Eidan, sintió un cosquilleo cuando Helios sustituyó el tacto de sus manos. Un instinto atroz quiso que cerrara los dedos, que entrelazaran sus manos y permitir que la cabeza reposara contra la camisa (a pesar de la sangre), y descansar ahí, pero los pares de ojos presentes y su orgulloso sentido de la compostura se lo impidieron. Aún así tiró ligeramente de su mano, reclamando la atención de aquellos ojos azules que habían mudado de expresión. No parecía el mismo chico relajado del apartamento, el agente Eliot parecía otra persona distinta. Más que una coartada mundana, una propia identidad tras la que protegerse.
            —Tu también deberías ir a que te curaran, Helios. —Alcanzó a susurrar, huyendo de la mirada cejijunta e interrogante de Eidan y sus oídos endiabladamente agudos—. Por favor.
Rogó, pero Helios ya estaba tomando su camino. La respiración se le cortó ligeramente cuando sintió sus labios en la frente, ligeramente hacia la izquierda, cálidos y tiernos. Quería pensar que era la vergüenza antes que admitir que el corazón le había dado un saltito entre las costillas.
            Por otro lado Eidan perdió la concentración cuando una voz solitaria resonó en el eco de su mente, sin que nadie más pareciera oírla. Le dirigió una mirada inquisitiva, intranquilo. ¿A donde iría ahora Damek? ¿En qué quedarían las preguntas sin respuesta que seguirían acosándole cuando su cabeza se encontrara con la almohada? Las respuestas a sus dudas lejos de ser satisfactorias le habían generado una frustración punzante, la sensación de que en vez de encontrar soluciones se había dado de bruces con más enigmas que el destino se había preocupado de relegar en pos de la supervivencia.
            —Estaremos en contacto. —Prometió a modo de despedida. Lo observó marcharse lentamente, y después volvió la vista hacia su hermana. Lo miraba con ojillos de cachorro culpable, aunque Eidan no podía descifrar si era porque no estaba ahí cuando le necesitaba, si era porque había estado revolcándose con el agente Eliot en el sofá en el preciso momento en el que a él le daban una paliza o precisamente porque le había besado la frente al marcharse haciendo evidente dónde estaba su mente—. ¿Qué ha sido eso?
            Anael dio un respingo y su dignidad se recompuso bastante rápido. Se acabaron las miradas de cachorrito apaleado.
            —Nada de tu incumbencia.
            —Anael, ¿me estás tomando el pelo?
            Antes de que pudiera empezar otra vez el elfo que había mencionado Helios se acercó a los hermanos. No era difícil distinguirles entre la multitud de agentes, aunque en realidad uno solo tenía que fijarse físicamente en la pareja que hacían. Él, mucho más alto que ella, con una melena alborotada que hacía rato que ya no era una coleta de caballo increíblemente larga para cualquier hombre, perfectamente afeitado. Ella con el mismo pelo oscuro como plumas de cuervo, con un tono oculto entre las hebras que evocaba susurros de púrpura. Tenían la misma barbilla afilada, narices semejantes, pestañas que desbordaban las líneas de sus ojos, pero, sobre todo, compartían una forma de mirar que no podía ser más idéntica, un signo de identidad tan profundo como el propio ADN. Y, aparte, no necesitaban mucho para liarse a golpes, como si fueran niños. No había hermanos más hermanos que los Lark.
            —Perdonad, ¿necesitáis ayuda?
            —Necesito más bien un médico. —Intervino Eidan, adelantándose a su hermana que ya tenía la boca abierta—. ¿Elentari, verdad?
            —El que viste y calza. Venid conmigo a la ambulancia.
            La ambulancia, para sorpresa de ambos, no tenía nada de especial. Después del despliegue de policía supernatural ambos esperaban que el vehículo contara con pociones, filtros y empastos antes que con una máquina de reanimación cardíaca, pero la verdad era que tumbaron a Eidan en una camilla mientras Anael se quedaba sentada en segundo plano, en la silla de acompañante. Elentari parecía meticuloso con su trabajo, ayudándolo a descamisarse y examinando el cuerpo del ángel. Los moratones que deberían ser flores negras en la dermis empezaban a perder color, los bordes amarilleaban pero seguían teniendo un centro negro como un abismo. Cada marca en el cuerpo de su hermano se le reflejaba en una suerte de dolor fantasma que susurraba: tendrías que haber estado ahí, tendrías que haber sido tú. Le prometiste a madre que cuidarías de él. Pero uno no puede cambiar sus actos, y ninguno de los dos había estado para el otro cuando lo necesitaba. Primero la habían atacado a ella, y después a él. La situación estaba lejos de ser normal. No podía parar de darle vueltas. ¿Por qué los atacaban? ¿Por qué ahora?
            —Esto ya está… Deberías empezar a sentirte mejor en un par de horas. Con vuestra constitución estarás como nuevo en cuestión de días. Descansad aquí, mandaré algún efectivo que os pueda llevar a casa en algo más… discreto.
            —Gracias…
            Elentari abandonó la ambulancia de un salto. Anael sostuvo la puerta un segundo, observándo como el parque había mutado y empezaba a parecerse al mismo lugar que debía haber sido antes del conflicto. Igual que su piso, la magia borraba la vileza como el corrector las ojeras: cubriéndola. Se sentó en silencio en la camilla de Eidan, que había cerrado los ojos y parecía muy concentrado en respirar. No había podido evitar quejarse un par de veces de dolor durante la inspección y ahora dudaba entre que era peor, el dolor de sus músculos o el zumbido constante de ideas en su cabeza.  Anael estiró la mano y al rozar una de las contusiones Eidan aspiró con fuerza entre los dientes.
            —Lo siento… —Sus ojos violetas se enfocaron en el suelo, incapaz de mirarle, dolorosamente consciente de todo lo que estaba roto entre ellos—. Tendría que haber estado ahí. Si te hubiera cogido el teléfono antes…
            —Había poco que pudieras hacer. No te hagas la protagonista…
            Despacio, apoyándose en la camilla, él empezó a levantarse para poder buscar los ojos de su hermano desde otra perspectiva que no fuera la de un lisiado. Estar tumbado hacía que ambos se sintieran peor. Dibujó una sonrisa ladeada, un poco torcida de dolor en la comisura.
            —Déjalo, en el reparto genético el sentido del humor me lo quedé yo.
            La mano de Eidan era grande en comparación a la barbilla de su hermana. Podía abarcar toda su mejilla en la mano pero se limitó a girarle el rostro. Sus pupilas se cruzaron a mitad de camino, un puente silencioso para los sentimientos que no solían compartir. Estar a punto de morir era un potente estimulante de la sinceridad. Aquella mirada de dolorosa gravedad se prolongó a través de los segundos, estiraba los minutos del tiempo compartido porque una sola palabra podría romper la atmosfera. Ninguno de los dos era bueno con las palabras, así como tampoco lo había sido su madre antes que ellos. Dos lagrimones se desprendieron de las pestañas de Anael.
            —Sé que tendría que haber ido contigo a casa de mamá… Qué debería…
            —No tienes que disculparte. —Eidan hizo una ligera pausa. Si él tuviera alguna alternativa también evitaría el dolor de ver a Déteka perderse—. Lo sé. Yo tampoco he sido justo contigo pero… aquí estás.
            Anael sollozó, intentando con todas sus fuerzas contener las lágrimas. Al abalanzarse sobre su hermano la camilla se tambaleó, Eidan gimió de dolor pero se aferró a la minúscula cintura de su hermana con los brazos temblorosos. Hundió la frente en el hueco de su clavícula, Anael olía a perfume y a ciudad nocturna. Los dedos de su hermana se hundieron en su pelo cuando lo apretó contra sí, aferrándose el uno al otro.
            —Han pasado cosas, cosas que no te he contado.
            —Si tienen que ver con el del pelo blanco prefiero que no me las cuentes…
            Anael se atragantó con una carcajada lastimera, le golpeó en el hombro.
            —Estoy intentando ser seria, maldita sea.
            Se echó hacia atrás en un intento de reprenderle con la mirada pero el cuerpo se le quedó flojo al ver los sentimientos bañados de azul en los ojos de su hermano.
            —Yo también tengo algo que contarte. —No necesitaban palabras para entenderse. Anael supo al instante que se refería a su madre. El corazón se le subió a la garganta con una sensación angustiosa muy parecida a la que la azotó al escuchar su llamada perdida. Eidan abrió la boca y la cerró un par de veces como un pez en el agua, intentando encontrar las palabras, cosa extraordinariamente rara en su hermano el escritor—. Mamá…
La puerta de la ambulancia se abrió de par en par. Elentari estaba al otro lado con una expresión amable y profesional que se vino abajo al sentir la atmosfera densa del interior de la cabina. Se tragó su incomodidad con un poco de saliva antes de continuar.
            —Ya os he encontrado transporte. ¿Vais al mismo sitio o necesitáis dos viajes?
            —Vamos a mi apartamento. —Afirmó Anael, rauda. Si habían localizado su apartamento probablemente también sabían dónde vivía su hermano. O tal vez no, no podía asegurarlo, pero si conocía un sitio donde  se había sentido segura. “Espero que a Helios no le importe…” Pensó mientras le daba la dirección de su edificio a Elentari.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Sáb Jun 30, 2018 3:58 am

Helios había observado de reojo el intercambio entre ambos hermanos no sin experimentar un sentimiento agridulce al imaginarse a él en una situación similar con su propio hermano.

La última vez que había visto a Leo era él mismo un adolescente más pendiente de sí mismo y su hermano era un pequeño mocoso, pero a pesar de ser tan pequeño ya se veía muy bien a quién había salido; era una copia fiel de su padre pero con cabellos rojos, ojos esmeraldas y una sonrisa fácil que hacía que le perdonaras cualquier travesura, y el muy pillo lo sabía, usaba a su favor su encanto cada vez que podía.

Si quizás hubiese sido un poco más maduro hubiese aprovechado el tiempo con él al máximo, quizás hasta hubiesen terminado en el mismo lugar porque se encontraba con ellos, pero no, ese día tuvo que salir de los límites de Alvanes’t a algo que ya ni recordaba que era, dejando a su hermano y a Fel solos.

Suspiró, volviendo a la realidad debido al dolor lacerante que ese pequeño gesto había causado en su espalda. Había ocultado su malestar de Anael, pero cualquiera que lo conociera más se hubiese dado cuenta que rostro estaba tomando un color grisáceo nada saludable.

- En cuanto Elentari termine con los hermanos deberías ir con él, no vas a durar mucho más de pie con tus alas en ese estado -Esmeralda, su jefa habló a su lado y él simplemente asintió, volviendo a los cuadernos que su asistente le había dado para que anotara su versión de los hechos- tu cuerpo tiene un límite, no deberías llevarlo a él

- No es como lo hiciera tan seguido -iba a dar vuelta para irse pero en su debilidad trastabilló siendo rápidamente auxiliado por la mujer que pasó un brazo alrededor de su cintura con cuidado de no lastimarle aún más

- Eres un idiota, ve a curarte ¿o quieres añadirle más preocupación a la muchacha? Creo que te aprecia.

Helios bajó el rostro intentando ocultar con su flequillo su sonrojo, pero era inútil, la mujer ya lo había visto y tenía una sonrisa socarrona en los labios ya -vamos vamos ¿o quieres que te cargue?

Helios soltó un bufido -igual me vas a llevar-

En otro sitio de la ciudad estaba un rubio que se movía con dificultad por su departamento mientras en voz baja soltaba todo tipo de maldiciones repitiendo una y otra vez el culpable de sus males -Aidan-. Había terminado yendo a un hospital al ver que Damek no iba a poder auxiliarle y como temió, el muy maldito de su amigo había reducido su capacidad regenerativa para que se curara a la par de un humano promedio, y eso no era malo si no fuera porque tenía el pómulo izquierdo inflamado, el labio roto y una costilla rota que requería para sanar una férula que le fastidiaba hasta para respirar. Lo más irritante es que cualquier herida nueva era capaz de curarlas pero las infringidas por Aidan no.

Justo cuando maldecía por enésima vez al fallar de nuevo un escalón que subía a la sala de su apartamento escuchó el timbre, haciendo que se enfadara y se extrañara a partes iguales. Nadie aparte de Aidan o Damek tenían permitido subir sin su compañía. Por un momento tuvo esperanzas al pensar que a Aidan había ido hasta allí a quitarle el sello mágico que seguro había usado pero la voz que llamó a su nombre en su cabeza lo bajó de la nube tan rápido como había subido.

No se molestó en seguir su camino y hacer la pantomima de ser un ser humano normal y abrir la puerta, sino que usó su magia para abrirla mientras él continuaba subiendo los escalones, y cuando ya lo logró, al levantar la vista se alarmó por el aspecto tan deplorable que le ofrecía su eterno amigo el cual parecía que podía derrumbarse en cualquier momento, allí dejando caer su peso en su hombro izquierdo sobre el marco de la puerta.

- ¿Que mierdas...?- intentó ignorar el dolor en su costado mientras se apresuraba a ayudar a entrar a Damek, el cual al apenas cerrar la puerta dejó caer otra vez el velo de su apariencia- no me asustes Damek, tu nunca dejas ver como eres ¿que mierda pasó? -usaba su magia curativa a toda velocidad para ver alguna herida interna o algo que no fuese tan obvio como el simple golpe en su cabeza. Todo gritaba que aquel aspecto tan deplorable era producto del cansancio y que la sangre en todo su ropaje no le pertenecía ¿pero quien podía haber sumido a Damek en semejante estado de cansancio cuando él era el que conocía mejor cuando parar?

El ángel de alas negras se limitó a recostarse en el sofa, y cerrar los ojos. La verdad es que tenía miedo de caer en la inconsciencia y volver a escuchar esa voz que era parte de si mismo y al mismo tiempo no, pero el cansancio le estaba ganando. ¿Cuándo fue la última vez que se había sentido tan cansado? Ah si, fue cuando ordenó olvidar a Aidan, y a diferencia de aquella vez, aunque sabía que el mal era muchísimo menor y que quizás despertaría mañana, no quería aislarse, no cuando el pasado les estaba pisando los talones.

- ¿En serio vas a llegar en este estado sin decir nada y solamente vas a echarte a dormir en mi sofa? -los ojos color ámbar de Mystral lo miraban incrédulo mientras se sentaba en el sillón frente al amplio sofa-cama donde se había acostado el moreno.
- El pasado nos alcanzó...

Y esas simples palabras hicieron que Mystral se congelara en su sitio. ¿En serio toda aquella mierda por la que lucharon tanto por dejar atrás había vuelto a sus vidas?

Estuvo a punto de preguntarle al ángel, cuando notó que su respiración era acompasada, claro signo de que se había rendido al cansancio. Esperaba de todo corazón que lo que se imaginaba distara de ser realidad, no tanto por ellos, los tres siempre habían sabido sobreponerse a las cosas, pero dudaba que Aidan quisiera que le salpicase todo aquello a la familia que recién había encontrado de nuevo.

Se echó en el sofá para ver un punto indefinido en el techo -maldita suerte
tienes...

...
Luego de haber sido corrido de su oficina por Esmeralda y haber sido obligado a dejar su moto en la comisaría para ser revisado, vendado, y curado por Elentari, se encontraba fuera de su apartamento preguntándose a si mismo donde había dejado las llaves.

Primer día en un apartamento alquilado: perder las llaves a la una de la madrugada. Hizo check en su lista mental de cosas que no auguran nada bueno, antes de acordarse que había una copia en el casillero de abajo que era con combinación.

Bajó repitiendo en voz baja la combinación antes que se le olvidase, la usó tan pronto se ubicó en el casillero correcto, y al encontrarlas volvió a tomar el ascensor hacia su piso.

Lo primero que hizo al entrar fue desabotonar la camisa que tiró en el basurero en la cocina, y extender las alas para inspeccionárselas frente a un espejo en la sala recibidor. Las movió lentamente ahogando un quejido de dolor para luego quitarse una solitaria pluma negra que se asomaba en sus alas.

Al enfocar en el espejo el lugar donde estaba la pluma fue cuando notó de refilón que algo estaba fuera de lugar. El espejo daba justo frente a la cocina y podía ver que en el fregadero habían más platos de lo que había recordado haber dejado.

Se volteó para constatar que no era obra de su imaginación y se puso inmediatamente en guardia. En aquel momento era un blanco fácil para cualquier, y el hecho de que estaba tan cansado para no sentir presencias a su alrededor era un claro indicador de ello.

Iba a comenzar a inspeccionar el lugar cuando una voz que conocía muy bien llamó su nombre en un murmullo
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Mar Jul 03, 2018 12:56 pm

            El coche oscuro en el que subieron Eidan y Anael era la definición misma de la discreción. Nada de distintivos policiales, escudos, lemas o banderas. La única pista que dejaba clara que era un vehículo oficial de una ofina secreta supernatural de la policía residía en el interior del coche, a mano del conductor, las luces que se podían sacar por la ventanilla y pegarse al en el techo. Anael se sintió tentada de pedirle al conductor que las encendiese para que el tráfico nocturno se abriese en dos como los mares ante Moisés, pero se contentó con acurrucarse en el asiento trasero con Eidan y entrecerrar los ojos, dejándose llevar por el constante ronroneo del motor y la sensación de movimiento. El viaje no se pareció en nada a la frenética carrera agarrada a la cintura de Helios, pero Anael sentía un cosquilleo en las manos, la necesidad de aferrarse a ese cuerpo, a la seguridad que le transmitía estar bajo su ala. Podía ser una sensación vacua, una fantasía alimentada por el hecho de que llevaba una placa en el bolsillo, pero el hecho era que Anael sólo llegaba  sentirse completamente segura junto a él.
Eidan tenía los ojos cerrados también, con la cabeza apoyada en el hombro de su hermana, así que su cuerpo se curvaba como un acordeón hacia un lado. Tampoco era como si la incomodidad fuera a provocarle mas dolor que las heridas, que mitigaban poco a poco a una velocidad preterhumana, pero seguían doliendo bajo la piel. El conductor detuvo el coche frente al larguísimo rascacielos de Anael y Eidan se despidió por los dos, dándo las gracias que ella no había dado al saltar del coche. Eidan miró hacia arriba con el ceño fruncido.
            —¿Vamos a tu apartamento?
            Anael miró hacia arriba también. En vez de ver la impactante imágen del edficio desde abajo la única imagen que acudía a sus ojos era las vistas de su terraza. Las mismas que le habían hecho sentir un pánico arrollador, con las alas desplegadas y la terrible necesidad de saltar para huir aunada la incapacidad de hacerlo. Se tragó el terror con saliva, esforzándose por recordar que había salido viva de esa.
            —No exactamente.
            Al caminar hacia los ascensores ignoró la súbita ausencia del conserje, ni siquiera miró el cuartillo con las pantallas de vigilancia donde solía haber siempre una agradable bienvenida y una sonrisa. Incluso el ascensor parecía un lugar desconocido, tímidamente deslizó la mano sobre la de Eidan, aferrándose a él. Él tomó la mano y no dijo nada hasta que la cabina se detuvo una planta antes de lo esperado. Siguió a su hermana a la planta, con el ceño cada vez más fruncido mientras ella sacaba una llave que no había visto nunca y accedía a un apartamento que obviamente no era el suyo.
Echó una mirada en derredor, observándo el aspecto nuevo, limpio y ordenado del lugar. En la mesa todavía estaban los platos de una cena que ni siquiera se había tocado, el covertor del sofá estaba revuelto y Eidan empezaba a hacer conexiones. Empezó a quedarse lívido aunque no tenía que ver con las heridas.
            —Te estás tirando al agente Eliot.
Anael dió un respingo desde el pasillo, donde estaba revisando si Helios tenía una habitación de invitados.
            —No me estoy tirando a nadie. —"Todavía no", pensó—. Es cosa mía, de todas formas.
            Eidan pasó de largo el sofá, siguiéndo a su hermana como un perrito perdido. La distracción era buena, pero no lo suficientemente buena para borrar del ambiente la tensión de lo que se había quedado por decir. Anael había dejado los zapatos en la que parecía la habitación de invitados (basandose en la ausencia de ropa en el armario) y empezó a retirar los platos de la mesa. Eidan la imitó por costumbre, ambos siguiendo una manía familiar. Con las manos ocupada ganaban minutos de silencio, llenos por el tintineo de los platos vaciándose. Eventualmente no quedó mucho más que hacer en la cocina y los ojos similares de los hermanos terminaron por encontrarse.
            —Tenemos una conversación pendiente, ¿no? —terminó Anael por resumir en voz alta, y Eidan asintió            —. Mejor pongámonos cómodos...
            Los hermanos caminaron juntos hacia la habitación de invitados, se sentaron en la cama despacio, retrasando los pasos, los gestos, en general posponiendo una conversación que ninguno de los dos quería empezar. Eidan suspiró ligeramente, se abrió el cuello de la camisa y se quitó los zapatos para robarle minutos al tiempo, y volvió a suspirar cuando las palabras se le escapaban y no encontraba la forma de decir lo que tenía que decir. ¿Cómo iba a contarle que su madre se estaba muriéndo y él no tenía ni la menor idea de cómo evitarlo?
            —Anael.
            —Eidan—Dijeron al unísono y al instante callaron, intentándo dejar que el otro comenzara la conversación. Ante el silencio de su hermano Anael procedió—. He sido atacada por demonios, parece que fue hace días pero fue hace muy poco. Y... pensaba que sería alguna mierda corporativa pero ahora te han atacado a ti y no se lo que pensar, o si estoy en lo cierto. Y me siento absolutamente culpable de que mis problemas te hayan afectado así, y sé que no he sido la mejor hermana, que tendría que haberte cogido las llamadas pero cuando yo te llamé tu tampoco me contestaste y... y...
            Había empezado con calma pero una vez abierta la veda no podía parar de hablar. Ella, que era una excelente oradora, inspiradora y líder de una empresa, delante de su hermano no podía parar de balbucear como una niña. Eidan estiró las manos y tomó las de su hermana con suavidad. Masajeó con cuidado las palmas  y los dos se miraron a los ojos.
            —Anael, mamá se está muriéndo. —Directo al grano, sin rodeos, como una lanza buscando su objetivo y pinchando sin compasión. El rostro de Anael pasó de la incredulidad a la sorpresa. Blanca como el papel miró por la habitación como si pudiera hallar la solución—. Yo tampoco sé lo que está pasando, pero estoy intentándo encontrar algo, una cura, una solución...
            La estupefacción se convirtió en lágrimas. Eidan intentó contener las suyas pero terminaron por ganarle la batalla. Se le resbalaron, cristalinas, por las mejillas. Anael no soportaba verle llorar, era su hermano pequeño... Ella tenía que ser la que daba las malas noticias, la que fuera fuerte por los dos. Le retiró las lágrimas de las mejillas con cuidado, sorbiendo los mocos con muy poca elegancia.
            —Encontraremos una solución, Eidan. Juntos.
            Dejó que Eidan acudiera a sus brazos y, despacio, terminaron tumbados en la cama. Estuvieron llorando durante un rato hasta que la extenuanción venció a Eidan, dolorido y agotado, que terminó por quedarse dormido en los brazos de su hermana. Anael se levantó despacio de la cama, le quitó la camisa con suavidad y lo cubrió con la sábana antes de cerrar la puerta de su habitación. No quería ni mirarse en un espejo, no quería reconocerse a sí misma en el espantajo que tenía que ser ahora mismo. Se sentía miserable, extenuada, agotada... Tan sumamente colmada de emociones negativas que todas habían llegado a anularse mutuamente para dejarla flotando en una pesada nada, como si estuviera sumergida en aceite. Al escuchar la puerta una chispa de emoción la hizo sentirse mejor, pero la postura en guarda de Helios consiguió desinflar esa chispa cuando salió del pasillo al salón y lo encontró prácticamente agazapado en la puerta.
            —Helios, soy yo. Eidan está en la habitación de invitados. No... No sabía a donde más podíamos ir que fuera seguro... yo...



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Miér Jul 04, 2018 3:14 am

El cuerpo del detective se relajó en cuanto vio la figura de Anael emerger del pasillo del apartamento, pero dejó sus alas visibles. En aquel momento esconder sus alas era un gasto de energía que no era necesario, además que los vendajes que tenían en la base eran bastante molestos y lo eran muchísimo más cuando se guardaban para invisibilizarlas.

- Así que no perdí las llaves, tu las tomaste, eso es un alivio, pensé que tenía que sacar copias. -dijo en voz baja, pero lo suficientemente audible para que Anael lo oyera para luego caminar hasta pararse frente a ella y rodearla en un abrazo- no te preocupes, tomaste una buena decisión -robó un fugaz pero suave beso de sus labios para separarse de ella- pero deberías estar durmiendo es muy tarde ya y mañana tenemos trabajo jefa.

Helios tomó su mano como una niña pequeña y se dispuso a caminar con ella al lado hasta detenerse frente a la habitación de invitados donde pudo sentir de manera muy leve la presencia de Eidan. Si tenía que estar tan cerca de cualquiera de los dos para sentirlos quería decir que estaba muchísimo más agotado de lo que pensaba.

Con su mano libre apartó un mechón rebelde del cabello de Anael tras su oreja -La cama de esa habitación es lo suficientemente grande para que duerman tú y tu hermano allí, sino puedes dormir conmigo -dijo aquello sin dobles intenciones, simplemente planteaba las opciones, dejando por fuera la posibilidad de él dormir en el sofa; no podría teniendo la herida en sus alas, cualquier roce lo iba a molestar y él tenía que estar descansado mañana.

- Yo debo darme una ducha antes de tocar la cama de todos modos -hizo el gesto como si estuviera olfateando sus hombros- apesto a sangre. ¿Me dejas saber lo que decidas?

Le dedicó una pequeña sonrisa antes de besar la mejilla de Anael y apartarse para entrar a la habitación, en donde rápidamente se internó en el baño.

Abrió el grifo del agua fría y lleno sus manos de agua para echárselo en la cara. El maquillaje de su rostro se corrió dejando ver una cicatriz que recorría desde su ceja, párpado y parte de su mejilla en forma de una fina línea.

- No eres un demonio.

No importa cuantas veces se lo repitiera, el destello dorado al fondo del gris de sus ojos cada vez que olía sangre decía lo contrario.

Con un suspiro, se alejó del espejo y se quitó la ropa para meterse en la ducha. Sólo quería eliminar aquel olor que lo tenía al límite y que el día terminara.

...

Se despertó desorientado. Lo primero que sintió al pararse fue un dolor de cuello instantáneo por la posición en la que se había quedado dormido; luego se preguntó la hora que sería ya que el sol no parecía querer asomarse aún y por último intentó identificar que lugar era aquel, todo en ese orden, eso hasta sus sentidos volvieron en si y sintió la familiar y añorada presencia a su lado; en ese momento recordó todo lo que había sucedido aquel día y se sintió aliviado de que no había sido un sueño.

Observó el semblante tranquilo de Déteka, preguntándose si debía sacarla del letargo en que se había sumido, para al final negar. Una sonrisa socarrona se dibujó en sus labios, pronto no le daría tiempo de sumirse en esos lapsos, pero primero tenía que hacer un par de cosas que estaba seguro que de ella estar despierta no le dejaría.

La tomó en sus brazos y la cargó hasta lo que debería ser su cuarto y con toda delicadeza la recostó en su cama. Al terminar miró su reloj de pulsera para chequear la hora y con un destello desapareció de la casita para reaparecer dentro del café de Damek, en su oficina. Buscó con la mirada las llaves de su auto y al conseguirlas dejo que su presencia fuera rastreable de nuevo, fue hasta el vehículo y se encaminó hasta su apartamento.

Al llegar volvió a mirar el reloj comprobando que casi amanecía. Mientras hacía una maleta con ropa marcó el número de su asistente, la cual le respondió con un insulto seguramente al ver la hora, y sin haberse dado cuenta que era él. A él poco le importó, le pagaba para estar disponible las 24 horas al día y como estaba de buen humor simplemente se quedó en la línea hasta que la mujer espabiló y se deshizo en disculpas.

Ya con la maleta hecha y dentro del maletero del carro colgó la llamada que daba instrucciones del funcionamiento de la empresa en su ausencia, y buscó un número que pensaba no iba a usar en un tiempo. Sabía que la mujer era madrugadora así el que él la llamara al alba no le iba a molestar.

Se puso al volante de su deportivo mientras colocaba la llamada en altavoz. Como lo predijo, tres pitidos y ya había atendido la llamada.

- ¿A que debo el gusto de tu llamada Feuer?
- Jibriel, necesito tu conocimiento para algo
- Mi nombre es Athena, no Jibriel, mis padres me escogieron un nombre muy bonito para que vengas a usar mi nombre de hace 500 años
- No discutiré contigo eso -no encontraba el por qué no le gustaba ser llamada por el nombre de su primera encarnación pero él tenía bastantes problemas como para añadir el acordarse de un nombre nuevo
- Ajá, bueno, necesitas mi ayuda para...
- Necesito tu conocimiento en arquitectura y tecnología, la magia es inútil si no tienes conocimiento de lo que estás haciendo
- Ajá, necesitas mi ayuda porque eres un dinosaurio que no sabe más que contar billetes, pelear y prenderle fuego a árboles. ¿Qué tengo que hacer?
- Eres una maldita mocosa engreída
- Tengo 13 años, por más que tenga en mi cabeza la información de 500 años de diferentes vidas soy una adolescente y mis hormonas me hacen comportarme como tal vejete, pero volviendo a lo que te interesa, soy menor de edad, ¿que excusa te vas a inventar esta vez?
- Un plan vacacional de la empresa.
- ¿Para cuando?
- Hoy
- Sabes, tengo una vida normal, exámenes y todo eso y mis padres no me van a dejar irme de vacaciones hoy mismo

Un silencio se escuchó en la línea. Mientras manejaba Aidan se estaba preguntando seriamente si Anael en su adolescencia fue lo mitad de molesta, probablemente se hubiese ahorcado de ser así.

- Oh espera, déjame adivinar, ya arreglaste todo ¿no?
- Mmph- detuvo el vehículo frente a una casa de dos plantas dentro de una urbanización a las salidas de la ciudad
- Esta bien, ya te pusiste monosilábico, ¿quien va a buscarme?
- Yo, estoy frente a tu casa.
- Oh... ¡voy!

Aidan salió del vehículo tranquilamente mientras miraba de reojo el vehículo que se había parado dos manzanas mas allá, y que lo venía siguiendo desde que puso un pie fuera del café de Damek.

Una chiquilla delgada con cabello largo y rubio amarrado en dos coletas salió de la casa y luego de despedir a dos figuras que estaban frente a esta despidiéndose de ella, entró al carro deportivo. Aidan imitó su gesto saludando a los padres de la muchacha y se sentó en el asiento del chofer.

- No era necesario que les hicieras un lavado cerebral remoto a mis padres ¿sabes? A todas estas, ¿que vamos a hacer?
- Una casa
- ¿No tienes empleados que hagan eso por ti?
- Es una casa en una dimensión alterna creada por Déteka
- Ah... -la muchacha se quedó en silencio viendo como el paisaje cambiaba frente a ella al dejar la ciudad- espera ¡¿que?!
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Miér Jul 04, 2018 10:02 pm

            El abrazo de Helios fue como un bálsamo calmante. Dejó que la envolviera, sus músculos se relajaron por primera vez en muchas horas.
            —Gracias, Helios...
            Se tomó un segundo para contemplar sus alas, su cuerpo agotado que también empezaba a mostrar signos de cansacio acumulado—. El trabajo es lo último que tengo en mente ahora mismo...
Iba a agachar la cabeza y sujetarse las sienes entre el índice y el pulgar cuando se vió asaltada por un beso fugaz que en otras circunstancias le habría arrancado una sonrisa.
            —Yo prefiero ducharme por la mañana. No tengo fuerzas para nada ahora mismo.
            Se internó con timidez en la habitación de Helios. La estancia rezumaba la esencia del muchacho aunque no había tenido tiempo suficiente para personalizar aquel lugar. Se quitó la falda y las medias, dejándolas dobladas sobre el respaldo de la silla del escritorio. Helios había poblado la mesa con documentos e informes que Anael no debería mirar, pero no puedo evitar verse tentada por la curiosidad y empujada por la necesidad de una distracción. Pasó la mano por encima de las hojas, abriendo espacio entre ellas para poder leer. No tardó mucho en percatarse de que aquella información tenia poco de policial. La mayoría estaban redactados por el propio Helios, y el resto eran fotocopias de documentos, apuntes o análisis diversos sobre una desaparición. El nombre se clavó en las pupilas violetas de Anael con el súbito recuerdo de otro mundo: Leo.
Aquel remolino pelirrojo y sonriente que siempre conseguía sacar a todo el mundo de sus casillas, el sonido de sus carcajadas infantiles, flashes perdidos de aquellos días lejanos con rostros familiares emborronados por el tiempo y las dimensiones que los separaban del presente. El sentimiento de estar, no, de ser parte de una gran familia de la que no quedaban ni los escombros.
            Se alejó de los papeles como si le hubieran provocado un calambrazo a lo largo de todo el brazo. No podía pensar en más cosas perdidas ahroa que todo su mundo se derrumbaba. Se dejó caer en la cama, la camisa a modo de pijama, acurrucándose en la oscuridad. Fue incapaz de conciliar el sueño hasta que Helios estuvo a su lado, buscó su abrazo, la curva amable de su cuello que parecía hecha a medida para que su rostro encajase allí, respirando el aroma a limpio de su piel hasta quedarse dormida.



**********




            Al despertar la sensación de estar tumbada en la cama le resultó tan extraña como natural. Estaba en su habitación, donde debía estar. El amanecer había venido en su busca y la luz se filtraba con suavidad por las ventanas abiertas, a través de unas cortinas que no recordaba haber dejado echadas. Suspiró larga y pesadamente. Un sueño... otra vez. Y, a pesar de todo, algo no parecía encajar del todo. Revisó el teléfono móvil para comprobar la fecha y sintió alivio al ver que sólo había dormido una noche. Lo apuntó en el papel de la mesita de noche y se puso en marcha, intentando desterrar esa decepción apabullante después del sueño más vívido en años. No quería desperdiciar el día en la cama.
            Un desayuno compuesto por cereales y café después empezó a limpiar la casa para mantenerse oculada. El trabajo rutinario resultaba gratificante, fue pasando habitación por habitación intentándo limpiar aquella sensación de la casa hasta que no quedó nada por hacer.
            Pensó entonces que si era algo que la perseguía tal vez estaba en sí misma, así que decidió tomar una ducha para sacudirse aquella extraña sensación de encima. La presencia de Aidan permanecía entre las parades imborrable, como si hubiera estado realmente allí. Pero si había estado allí... ¿dónde diablos se había metido? Molesta, frunció el ceño en un gesto que Eidan había aprendido muy bien. Dejó un camino de huellas húmedas de su pie del baño a su habitación, donde se atavió con unos vaqueros, botas y una camiseta antigua. Mientras se trenzaba el pelo el espejo del baño le devolvía una imagen muy diferente a la de la mujer que había sido, parecía... terrícola. Normal, aburrida, humana... vacía. Se sentía así con demasiada frecuencia.
            —Basta, Déteka.
            Se dijo a sí misma, enfadada, y bajó al jardín. Había trabajo que hacer desbrozando y arreglando aquella jungla descuidada en la que se había convertido el jardín de la casa desde que se había dejado ir. En el fondo una parte de sí misma sólo quería volver al interior de la vivienda y acurrucarse en algún lugar fresco para poder perderse en sus propios recuerdos. Tenía que intentarlo... Tenía que intentarlo antes de rendirse otra vez.
            El jardín era soleado, el calor le golpeó el rostro pálido y le hizo entrecerrar los ojos. El aire olía a caléndulas, margaritas y lavanda, los setos de romero habían crecido hasta alcanzar casi el metro y medio de altura. En la parte exterior de la casa había una explanada donde Eidan solía aparcar su coche, donde otrora había un establo con algunos caballos que antaño habían sido necesarios. Ahora, en donde no debería haber nada había un deportivo. ¿¡Un deportivo?! Déteka salió de la parte de atrás de la casa, enfrentándose al impoluto coche. La luz le arrancaba destellos caprichosos a la perfecta carrocería, impoluta, sin un sólo arañazo y marca. No tardó en localizar a su dueño al mirar en derredor. Durante unos segundos se quedó con la boca abierta. Allí, a unos metros, estaba el mismo Aidan de la noche anterior, de pie junto a una chiquilla. Aidan, con el pelo corto y los ojos distintos, vestido como un hombre en vez de como un ángel, el mismo nombre en un hombre diferente, que estaba construyendo una maldita casa.
            —....Aidan —exclamó Déteka, con una calma templada, mientras se acercaba a la pareja a zancadas. Observó a la niña de arriba a abajo sin tener la menor idea de quien se podía tratar—, ¿qué significa esto?



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Jue Jul 05, 2018 2:33 am

Ya estaban entrando a los alrededores de los límites de la barrera dimensional de Déteka y aún sentía la presencia tras el. Era tan obvio que la niña que tenía al lado también se había dado cuenta, y él simplemente no podía dejar que externos destrozaran la tranquilidad de su recién descubierto paraíso personal.

Bajó la velocidad para pararse a un lado en la carretera y cerró los ojos. Al volverlos a abrir estaba sentado en el asiento del copiloto del auto que lo seguía, arrepintiéndose de inmediato al sentir el latigazo propio de cuando frenan bruscamente y no tienes el cinturón puesto.

- ¿C-como...? ¿U-usted no estaba adelante? -preguntó aterrorizado un muchacho que no debía tener más de tres siglos. ¿Qué tipo de imbécil mandaba a un novato a seguirlo?
- Sí, estaba -su rostro reflejaba fastidio mientras sobaba la parte trasera de su cuello- voy a decir esto una sola vez así que presta atención: no me sigas a partir de aquí, no intentes localizarme, tienes al menos a 2 personas más usándote de carnada y si los llevas a donde estoy yo particularmente me encargaré de incinerarte hasta que no puedan reconocerte ni por tus huesos. ¿Entendido?

El hombre tragó saliva y asintió levemente. Ese simple gesto fue suficiente para que él se teleportara de vuelta a su deportivo en donde Jibriel lo miró con una ceja alzada.

- ¿Se hizo pipí en los pantalones?
- No lo sé -contestó para prender el vehículo nuevamente y ponerse en marcha
- Veo que sigues siendo un aburrido
- Y tu de no hablar nada te convertiste en un puto loro -contestó sacándole una risa a la muchacha-
- Yo siempre fui así Feuer, pero tenía que controlar en aquel tiempo mis emociones porque afectaban a Etherial. El haberme librado de aquello fue un alivio
- ¿Que tal tu actual familia?
- ¿Te desapareces por 7 años y ahora es que preguntas? ¿Que tal si hubiese sido abusada todos estos años? -la niña ocultó su cara entre sus manos haciendo gestos de como si estuviese llorando-
- Tienes una maldita suerte que reencarnar en familias que te adoran, el drama está de más
- Sí bueno -dejó el drama al lado- debo decir que el haber nacido en esta época es bastante más tranquilo, creo que voy a poder vivir más de 50 años esta vez.

En su piel se sintió el traspaso de la barrera y divisaron la pequeña casa en el horizonte.

- ¿Déteka no era casi analfabeta con la magia?
- Mmph
- ¿Y como creó todo esto?

Él mismo se preguntó aquello. Suponía que su deseo de proteger a sus hijos era lo suficientemente fuerte, o el hombre con el que estuvo luego -aunque no le agradara la idea- la ayudó. El mocoso que había visto era un ángel puro también.

Llegaron al lugar y aparcó frente a la casa, donde aparentemente acostumbraban hacerlo, y salió del vehículo con la tranquilidad de constatar que Déteka aún dormía. La muchacha salió de un salto del carro examinando con sus grandes ojos verdes el paisaje que se alzaba frente a ella.

- ¿Si hay ya una casa por qué quieres construir otra?
- ¿No te han dicho tus padres que te ves mejor cuando haces silencio?
- Pues, no, ellos son bastante parlanchines

Soltó un suspiro, debía terminar antes de que Det se diera cuenta lo que estaba haciendo y la mocosa no se lo ponía fácil.

- ¿Puedo simplemente acceder a la información en tu cabeza?
- ¡Claro!, soy una humana, no es como si pudiera poner resistencia, solo... ya sabes las condiciones, no hurgues en mi memoria porque todo lo que tu veas lo veré yo.

Lo sabía. La última vez que había hecho algo similar fue en los primeros 40 años de estar en este mundo, e hizo que ella reviviera sin querer su primera muerte. El solo recordarlo le daba escalofríos.

Cerró los ojos y se concentró en la vida anterior de la muchacha, en el que fue un arquitecto, y con todos los conocimientos prestados comenzó a emerger su magia creando exactamente lo que buscaba. Se imaginó los cimientos, los materiales, las vigas, construyó cada una de las columnas para luego hacer las paredes y el recubrimiento de cada una de estas.

De pronto escuchó su nombre siendo llamado a sus espaldas, y lo sacó de su estado de concentración. Se dio media vuelta casi al mismo tiempo que la niña, y la expresión mosqueada de Déteka casi le arranca una sonrisa, si no fuera porque se recordó a si mismo que hacer eso equivalía a su sentencia de muerte.

- ¿Le pediste su permiso para hacer esto? -preguntó Jibriel en un susurro y cuando no recibió sino el silencio agregó- mejor me voy, estoy lo suficientemente vieja para estar en el medio de sus peleas de nuevo.

Esperó que la pelirosa estuvo casi a una zancada de él y solo en ese momento le contestó alzando una ceja -pues, una casa, te dije que no iba a alejarme y pienso cumplir mi palabra
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Vie Jul 06, 2018 12:44 am

Miró más allá de sus hombros a los cimientos a medio hacer. La mole gris y esquelética rompía el eterno horizonte verde que rodeaba la casa, alzando sus columnas a capricho en medio del prado. Las vigas se cruzaban, paralelas, evocando en su memoria diseños que pertenecían a otro mundo. No era una vivienda sencilla y pequeña, compuesta de madera, piedra y teja. Aquella construcción aspiraba a reproducir la arquitectura etherelina, en concreto la de estilo colonial de las altas castas: techos altos, ornamentos imposibles, columnatas dexorativas, un conjunto imponente y sobrio, es decir, el favorito de Aidan. Mientras observaba el curso imparable de la magia seguía su camino, ladrillo a ladrillo,  atravesando azulejos de intrincados mosaicos y los dibujos etereos de cristaleras coloreadas que se iban dibujando delante de sus ojos. La incapacidad de detener aquella mole non grata en el interior de su hogar, lo mas parecido a un santuario para Deteka,  le hizo sentir el primer filón de rabia en siglos.
         —¿A donde crees que vas, señorita?  —La respuesta, a base de repetición,  de había convertido en alto natural y automático —. Si estas metida en el ajo tienes tanta culpa como él,  así que mas te vale quedarte donde estas.
         El tono maternal brotaba del fondo de su pecho con naturalidad, aunque en ese preciso momento carecía de amabilidad. En cierro modo se parecía mucho al discurso totalitario y cargado de autoridad que utilizaba en Etherial con los soldados de las legiones bajo su mando, en la guerra, o con sus propias guarniciones del castillo. Claro que este tenia menos de marcial y mas de amenaza velada, retenida a duras penas por los dientes, que se asomaban por el balcón de sus pestañas.
         —Y tu... —Se giró hacia Aidan con una calma fría que no anunciaba nada bueno— Jamás se te había dado mejor ser literal,  ¿no? Esto es demasiado.—La frase de Aidan no ayudaba mucho. ¿Qué valor podía atribuirle a su palabra? Habían hecho muchas promesas, habían firmado votos matrimoniales bajo la mirada de los dioses de otro mundo, y sin embargo allí estaban, cinco siglos después, dos amantes convertidos en perfectos desconocidos. Jamás podía negar sus sentimientos,  ni renunciar a ellos, pero el pasado era el que era. Amar a alguien no significaba confiar en esa persona— ¡Demasiado, Aidan! No tienes ningún derecho a plantarte a veinte metros de mi casa. Ya estas tardando en desmantelar el chiringuito este.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Vie Jul 06, 2018 1:31 am

Decir que estaba divertido era decir muy poco. Tenía tiempo sin sentirse tan vivo como en aquel momento, y con esa diversión crecían las ganas de llevarle la contraria a la mujer que se notaba estaba rabiosa.

Mantuvo su semblante imperturbable, pero sus ojos azules refulgían con diversión. Chasqueó los dedos y la construcción pareció desaparecer del horizonte pero la verdad es que él había creado su propia dimensión dentro de aquella.

La niña se dio cuenta de aquello y solo rodó los ojos para arriba pidiéndole a algún ente que le diera paciencia. Ella no se había sentido ofendida para nada por el tono empleado por Déteka ni intentó corregirla. Técnicamente no tenía nada que responder que aportara algo a la discusión.

- Si te molestaba que fuera visible, tranquila, ya no se ve y tampoco existe a menos que yo lo transporte a este plano ¿contenta? - la estaba picando, era obvio, un fantasma de una sonrisa se asomaba en sus labios.

- Podías haberle dicho que la habías deshecho y ya idiota - no pudo morderse la lengua ¿que pasaba por la cabeza de Aidan?

- ¿Tus padres no te enseñaron que es malo decir mentiras?

- Si, pero puedo omitir eso ya que es obvio que nadie te dijo que era malo omitir información o no pedir permiso.

En ese momento no pudo ya esconder la sonrisa que tenía rato aguantando, que intentó disimular con una muy mala imitación de tos.
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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por Ladie el Dom Jul 08, 2018 6:45 pm

            Las expresiones de Aidan podían parecer hieráticas para algunos, pero Déteka las conocía cómo si fueran suyas. De hecho, con el paso del tiempo el lenguaje de ambos había sido prácticamente una simbiosis. Dejando de lado que, técnicamente, podían habar con la mente, ellos dos habían llegado a desarrollar un idioma carente de palabras. Estaba basado en gestos, miradas, la forma de colocar los dedos en una superficie o las arrugas en las comisuras de una media sonrisa. Déteka, por su parte, lo tenía bastante oxidado, pero en su defensa cabía decir que era capaz de ver como Aidan se regodeaba en una diversión injustificada al verla enfadada. Lo iba a matar.
            Aidan podía chasquear los dedos y sacarse un dragón del culo si le apetecía, el ceño de Déteka se convirtió en una profunda arruga entre sus cejas de color rosado.
            —No, Aidan Feuer, no estoy nada contenta.
            Con evidente placer Déteka alzó una mano. La piel era suave donde antes anidaban los callos. Había abandonado la espada aunque conservara las cicatrices. Para adaptarse a aquel mundo y proteger a sus hijos había tenido que aprender un par de trucos ilusorios. No había sido muy difícil gestando en sus entrañas el alma de Dover. Alguna ventaja tenía que tener gestar el espíritu perdido del hermano más virtuoso con los hechizos. Chasqueó los dedos en las narices de Aidan y la casa volvió a materializarse para la estupefacción de los dos interlocutores.
            —Si tu crees que soy lo suficientemente idiota como para no reconocer cuando hay alguien hollando en mi propio terreno —dijo, dirigéndose a la muchacha. Estaba bastante segura de que era alguien del pasado aunque no pudiera reconocerla en aquel cuerpecito infantil. Por otro lado, la teoría de que fuera hija de Aidan estaba totalmente descartada; Déteka ya había visto como se le caía la baba... es decir, como se comportaba con su progenie—, te sugiero que sea la última vez que me infravalores. Por vuestro bien.
            Jugando en casa Déteka se asemejaba mucho a una leona con cachorros. Tranquila pero tensa, templada y firme, a punto de saltar sobre su presa. No necesitaba alas ni espadas para imponer respeto. Era pura actitud. Se giró hacia Aidan.
            —Lo que te dije ayer era verdad, AIdan, mi casa siempre será tu casa, y siempre te ha pertenecido mi corazón, pero eso no te da derecho a tomarte la libertad de invadir mi espacio. Y la cría tiene razón, deberías haberte tomado la molestia de pedir permiso y no estaríamos teniendo esta conversación. Además, ¿dónde diablos estabas? ¿Sabes como me he sentido al despertarme y ver que no estabas? ¿Y quién demonios es la cría? He protegido este lugar durante medio milenio y tu has tardado menos de veinticuatro horas en meter a una desconocida.



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Re: Etherial's Dreams

Mensaje por jibriel el Dom Jul 08, 2018 8:26 pm

- Creo que es mejor que discutamos esto adentro.

Soltó como si el regaño de hace un momento fuera totalmente ajeno a él. La diversión seguía allí pero se había aplacado, y la verdad es que ya estaba comenzando a tener hambre.

Chasqueó los dedos y la construcción se deshizo. Le había sorprendido gratamente el que Déteka fuera consciente de su magia y que la supiera manejar más que antaño, pero sabía que por más que la supiera manejar, destruir una construcción iba a quitarle energía que no tenía, y si era igual de terca a como recordaba, no iba a descansar hasta que ni un solo ladrillo quedara de pie.

Después de todo ya aquel número había tenido la reacción esperada. Sí, tenía una vena suicida la cual le encantaba poner al límite del mal humor a Det.

Posó una mano en el hombro de la niña y la empujó suavemente hasta que quedara frente a Det -acerca de ella, créeme que no tengo ningún interés en traer un desconocido aquí, pero necesito que te veas con ella, por eso fue que la traje.

- ¿No me trajiste para construir la casa? -preguntó confundida, a veces pensaba que el ángel no la podía engañar y le salía con estas cosas

- No, pero como dije es algo que es mejor discutirlo adentro, y sería bueno que te presentaras antes que Déteka decida no dejarte entrar.

- Que más da -la muchacha fijó su atención en la otra mujer- mi nombre actual es Athena Silverstone, soy la reencarnación de la persona que ustedes conocieron como Jibriel. Es un cuento largo, pero para resumir no soy la misma persona que ella, pero conservo sus memorias así como la memoria de todas las reencarnaciones antes llegar a mi. -estiró su mano a manera de saludo- Creo que a Jibriel le hubiese agradado saber que estás bien, Déteka Lark, a mi por lo menos me alegra.
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