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This is hell and we can't leave

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This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Miér 23 Ago - 5:39

This is hell and we can't leave
1x1 — plot, prisión.

       Bryce, nacido en las sombras, azorado por las complicaciones de una realidad genética, la pobreza de su familia y la desgracia de malas decisiones, termina en prisión, condenado por las causas perdidas que rondaban su mente, por buscar un futuro mejor, por hacer justicia en su nombre y en el de su amada madre. Pero la vida y la ley no perdonan.  Para una sociedad y un sistema inoperante, solucionar los problemas por cuenta propia no significa ni de lejos lo que la herida mente de un niño agredido articularía como acto reflejo.  

Andreas, por otra parte, nacido y encaminado al éxito, criado bajo la mano dura de sus adoctrinados padres. Muchas exigencias pero un fácil camino a la felicidad. Sin embargo, el destino tenía otros planes: una vida de convencional confort era demasiado para un muchacho como él. Tras perder a sus progenitores e incurrir en aquellos caminos que las personas de bien deben evitar a toda costa, es juzgado y apresado por un crimen por muy debajo de sus estándares.

Nacidos en mundos opuestos, golpeados por la crueldad innata del universo, nada en común más que las desgracias que les otorgaron un lugar tras las rejas. Pero en prisión las diferencias no hacen más que darle un motivo de unión a las almas perdidas. Necesidades desesperadas, diferencias de opinión y principios, principios que a pesar de su historia, al mayor le sobran. ¿Encontrarán acaso, en brazos del otro, el hogar para ambos perdido?
       

       
Andreas Kinnaird.
34 — Travis Fimmel — Nébula.
Primer hijo de una cariñosa pareja de jóvenes policías, exitosos en todos los aspectos  de la vida. Educado en una escuela privada, estudiante estrella y perteneciente a diversos clubes, destacando especialmente en lucha y defensa personal, lo que ayudaba a contener a su pequeño hermano, quien era constantemente acosado por matones. A los doce años, un peligroso operativo policial les arrebató a sus padres, acabando por siempre con el brillante futuro de esa familia. Aprendió a robar y a delinquir para no acabar en la calle o en el sistema de acogida, pero tuvieron mala suerte. Finalmente acabaron en un mal hogar, uno en el cual se ganaron golpes, amenazas y una entrada más profunda al mundo de la delincuencia. Fue una agresión sexual en contra de su hermano lo que lo llevó a cometer su primer asesinato. Desde entonces se convirtió en prófugo y miembro de una peligrosa banda, en la cual trabajó de sicario tras hacerle un explícito favor al jefe de esta. Actualmente cumple condena en prisión por un crimen-señuelo mal ejecutado.
Bryce Hollins.
18 — Matthew Clevane — Party Poison
Un muchacho transgénero de clase baja, estuvo siempre sólo con su madre hasta que a los 16 llegó una pareja de ella al hogar para ayudar económicamente. Pero todo viene con un precio: el hombre era golpeador y maltratador. Cuando la situación escaló lo suficiente como para que representara un peligro real para su madre y luego de pensárselo un poco, lo envenenó y asesinó. Tras descubrirse su culpabilidad fue condenado y encarcelado, por su cambio legal de género y nombre y lo avanzado de su terapia hormonal, en una cárcel masculina.

       


Última edición por Party Poison el Jue 14 Sep - 8:02, editado 3 veces




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Miér 23 Ago - 7:07

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Se había sentido más o menos tranquilo hasta que llegó el momento de darse una ducha. Antes de entrar en la prisión, había buscado en internet pequeños comentarios de cómo sería, si tenía que desvestirse o podía tener la ropa interior puesta, con cuánta gente compartiría el baño. Al parecer dependía de la cárcel a la que lo enviaran, pero todas los testimonios coincidían en una cosa: en un lugar así, no había mucho espacio para la privacidad. El primer día había evitado bañarse, pero desde que había comenzado a tomar hormonas no podía soportar su propio olor más de un día, y pensó que al fin y al cabo sería estúpido retrasar lo inevitable.

El tipo con el que le había tocado compartir celda apenas y lo había mirado, pero la suerte jamás había sido tan amable con él, así que a la hora de bañarse no compartían duchas. En su lugar había tres tipos más. 'Bien', se dijo a sí mismo, 'todo estará bien, dales la espalda y mantente en tu cubículo' y había funcionado a la perfección hasta el momento en el que volteó tras cerrar el grifo y uno de ellos estaba mirándolo desde el lugar.

Dijo algo, el cerebro de Bryce no llegó a procesar qué. Lo único que sabía es que la mirada que había cruzado con él no le había gustado nada, y que lo mejor era cubrirse con una toalla sobre el boxer mojado y salir al pasillo donde los guardias podían verlo, aunque tal vez lo castigaran por andar por ahí sin cambiarse. Atravesó de un par de pasos rápidos el camino hasta la puerta, pero cuando se estiró a abrirla una mano alrededor de su muñeca, grande y firme, lo detuvo.

Alzó los ojos y se encontró con una sonrisa con todos los dientes a la vista. El tipo parecía un tiburón en medio del mar y él se sintió como un animal herido, dejando el rastro de sangre que lo había llevado a ese momento.

¿Qué tenemos aquí? —con su otra mano, ese hombre se había estirado para tocar las cicatrices rojizas en el pecho de Bryce. El muchacho intentó hacerse hacia atrás, con el entrecejo fruncido y una mirada que sólo podía desear ser amenazadora, pero el agarre sobre su muñeca hizo que no pudiera ir muy lejos, y lo que era más, que recibiera un tirón en la dirección opuesta y un grito de —¡Quédate quieta o te irá peor! — ¿Quién podía decir cuánto habían dicho los guardias de la prisión y cuánto había observado aquél otro por cuenta propia para tratarlo de mujer sonando tan seguro? El punto era que tenía muy malas intenciones y Bryce, en contra del sentido común que decía que le hiciera caso, intentó forcejear para soltarse.

Todo lo que ocurría parecía pasar detrás de una bruma o como si estuviera viviéndolo otra persona. El tipo seguía gritándole y él intentaba liberarse moviéndose como un animal asustado, empujándolo, pateando, con el corazón latiéndole tan fuerte que lo sentía en sus oídos, lo escuchaba más fuerte que a todo lo demás que estaba pasando a su alrededor. Ni siquiera la mano alrededor de su cuello lo detuvo, aunque cuando comenzaba a quedarse sin aire pudo sentir que las manos del que se parecía a un tiburón no eran las únicas sobre su cuerpo. No iban a matarlo, ¿cierto? Había oído y leído historias sobre las cárceles, sabía que de ocurrir no sería la primera vez, pero no podían ser tan idiotas de hacerlo así, tan obvio y a la vista de todos.

Luego lo pensó: si tenían cadena perpetua, mucho no podía importar si mataban a alguien dentro de la cárcel o no si de todas maneras tendrían que pasarse la vida ahí. Pero la peor parte no era pensar en la muerte, que casi era un alivio comparado a lo que sospechaba que estaba a punto de ocurrirle, con las manos de uno de esos tipos alrededor del elástico de su ropa interior y los dedos de otro dentro de su boca. Arrancarlos de una mordida era una idea tentadora, pero el miedo a la reacción dejó la idea en eso y nada más. Sentía las mejillas húmedas, supuso que por las lágrimas. Estaba aterrorizado. No quería. No quería.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Jue 24 Ago - 5:28

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No importaba cuanto tiempo llevase en la cárcel ¿acaso importaba realmente? La cuenta la había perdido hace ya mucho ¿Serían tres años, cuatro? Realmente era poco relevante cuando cada día se volvía igual al anterior, pero siempre despertando con el sabor de la amargura entre los labios, con esa sensación de amnesia, como si fuese nuevamente el primer y el último día; el último que sus ojos se fundieron con el indomable azul del cielo abierto,  el último que vio a Adiel siendo libre, porque recluirse en esa prisión, significaba recluir a su lado a la única persona que había amado. Sabía que necesitaba acostumbrarse, pero algo en su interior no quería permitirlo, acostumbrarse a esa realidad sería como resignarse a perder lo poco de libertad que restaba en su mente, como si habituarse a la anti naturalidad de la prisión anulara cualquier chance de volver a ser un hombre libre. No iba a negar que lo merecía, merecía esos veinte años y muchos más. La sangre de muchos manchaba sus manos, pero no podía enaltecer a la vida por lanzarlo a expiar las culpas que ella misma lo guio a cometer.  Nada más le quedaba que seguir levantándose a diario, cultivando esa imagen que sin querer, se gestó fuera de esas grises paredes. Sus compañeros le temían, y lo agradecía enormemente. No necesitaba esa clase de compañía, con uno y dos que buscaban conversación era más que suficiente, el resto podía mantenerse alejado, por miedo, por respeto, las razones las podían escoger ellos. Es más, tanto había sido el respeto ganado, que obtener una celda solitaria no había resultado un desafío demasiado grande.

Tres años llevaba sin contar con compañero de celda, pero no pudo evitar que las conversaciones de los gendarmes llamasen su atención. Un recluso de riesgo, no por su peligrosidad, sino que todo lo contrario. Dieciocho años ¿cómo se podía permitir que un niño entrara así como así a una prisión como aquella?... Una prisión llena de psicópatas, asesinos violadores, llena de Andreas… La litera superior estaría bien para ese delgaducho niño de rasgos infantiles, y lo confirmó al verlo ingresar con el rostro desfigurado por la ansiedad. La petición había sido expresa: Quería a ese chico a su lado. La razón no importaba. La vigilia constante que le producía la presencia del niño provocaba una extraña sensación de bienestar en su interior. No pretendía ser su amigo ni mucho menos, pero esperaba mantenerlo vivo por lo que durase su condena. Sin su ayuda no lo lograría. Lo había observado lo suficiente como para hacerse una idea,  mucho pudor, mucho recato y demasiada ansiedad para alguien que necesita relacionarse con un entorno que no perdona.

Esa mañana, la ausencia de Bryce luego del desayuno logró encender su atención, o había ido al baño, o a las duchas. Ambas opciones igual de peligrosas. No tenía muy claro porqué, pero algo en su interior tintineaba cada vez que recordaba aquel compromiso que hizo consigo mismo a la hora de proteger a tan indefenso ser. Se deslizó por el pasillo en dirección al cuarto de baño, no importaba donde acudiera, sabía que encontraría al castaño, y realmente esperaba que fuera de peligro. No obstante, el positivismo de su cerebro se apagó en el instante que algunos murmullos invadieron el ambiente. Apresuró el paso, ignorando a los guardias que lo miraban con suspicacia-ninguno se atrevía a enfrentarlo demasiado- Entornó la mirada en dirección al último en la fila.--- Inútil…--- Murmuró antes de ingresar al cubículo de las duchas, y tal como imaginaba, se encontró con aquella desastrosa escena. Dos gorilas desnudos se sonreían ante la patética hazaña del más grande de los tres. Habían hecho un interesante descubrimiento en su compañero de celda, y eso no podía ser más que un alza en su evidente escala de catástrofe.--- Oh… Andy, mira lo que encontré… Te cedo los honores, siempre que compartas.--- Comentó el sujeto que traía la muñeca del más pequeño entre su enorme y grotesco puño. Qué asco. De dos pasos se acercó tanto a la escena que su porte no tardó en volverlo protagonista. Casi de la altura del agresor, pero con un temple que lo superaba al menos dos cabezas. Podía percibir los gemidos de Bryce a su lado, lloriqueando en silencio, rogando por una piedad que no le correspondía a ese reo, su piel húmeda agitándose al son de la dolorosa adrenalina que no podía ser liberada. Casi experimentaba su dolor, era como un deja vu proveniente de vidas muy lejanas.

Inspiró profundo y sin ninguna ceremonia, estrelló su puño en el rostro del agresor, pudo percibir como su tabique se partía bajo la despiadada fuerza de sus dedos. Los murmullos de sus compañeros de ducha llenaban el ambiente, pero una advertencia de sus cristalinas orbes bastó para mantenerlos a raya.--- Lo tocan… y los mato.--- Advirtió escuetamente, sujetando el hombro del castaño quien continuaba a su lado, desnudo, expuesto, derrotado.  Un par de advertencias se agolpaban en el acantilado de su garganta, pero eso bastaba.--- Anda a follar con tu puta mejor…--- Escupió al reo que se retorcía de dolor mientras sujetaba su nariz antes de abandonar el cubículo junto a su compañero.--- ¿Eres tonto o estás loco?…--- Lo guio a un punto ciego de aquel baño, obviando la sangre en sus nudillos, obviando las evidentes anomalías que quejaban al delgado cuerpo ajeno.--- dos segundos, vístete…--- Ordenó dándole la espalda como última medida de solidaridad. Definitivamente el desgraciado de las duchas había tenido buen ojo para encontrar el tesoro que yacía escondido bajo esos empapados bóxer.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Jue 24 Ago - 6:27

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Su sorpresa fue grande al encontrarse con que de repente, tras movimientos a su alrededor que le costaba distinguir sólo con el oído -porque los ojos los mantenía cerrados- las manos que recorrían su cuerpo se habían ido. Y no lo sabía porque estuviera muy consciente de ellas sino porque de repente sentía el aire sobre su piel en lugar del hormigueo constante de manos sobre piel que hasta hacía un momento lo asaltaba. Ya no estaba sofocándose. Abrió los ojos y lo primero que invadió sus retinas fue rojo. Su agresor principal, ese que lo tenía fijado a la pared, estaba de rodillas contra la opuesta, cubriéndose la nariz que chorreaba sangre a borbotones sobre su pecho desnudo. Bryce sentía ganas de vomitar al verlo, sabiendo que había estado tan cerca de... No podía imaginarse todo lo que esos tipos querían hacerle, y la mayoría de las cosas que se le ocurrían eran demasiado espantosas para visualizarlas aún casi en medio de la situación.

Cuando recobró del todo la compostura se dio cuenta, más o menos, de lo que acababa de ocurrir. Ahí estaba su compañero de celda con los nudillos ensangrentados, no era muy difícil hacer dos más dos para entender que lo había salvado. No se explicaba el por qué, aunque una mente tan en alerta y a la defensiva como la suya imaginaba los peores escenarios. Que el tipo lo quería sólo para él, como si lo hubiese marcado como parte de su territorio, que no quería que nadie más lo tocase porque de alguna forma sentía que era su propiedad. Se dejó guiar, porque incluso si esas eran las intenciones de su compañero de celda, el resto de los tipos parecían temerle y era mejor uno que muchos.

L-lo siento, lo siento —murmuró, sin saber responder si era tonto o no, mucho menos si estaba loco, ni si la pregunta era retórica. Sí había matado a un hombre, así que podía calificar como demente, aunque el abogado que el Estado le había asignado había dicho algo sobre apelar al maltrato que recibían Bryce y su madre como atenuante del crimen en la próxima audiencia que se les otorgara. Se ubicó detrás de su compañero y agradeció internamente que le diera la espalda, no sin antes asentir cuando le ordenó que se vistiera.

Por suerte no había tenido que decidir qué ponerse: era regla general que las primeras dos semanas tenía que usar el uniforme que la prisión le proveía. Un alivio, a decir verdad. Terminó de secarse y envolvió su cabello en la toalla mientras intentaba que sus manos no temblasen para poder ponerse la ropa. Tampoco podía parar de pensar en las posibilidades de lo que iba a ocurrir de ahí en más, y había muchas cosas que quería decir aunque en ese momento le costara controlar la respiración como para ponerse a hablar. Cuando al fin logró terminar de vestirse se sentía más calmo aunque más asustado, si es que eso tenía algún sentido. ¿Qué ocurriría ahora? Tenía que preguntarlo, así que inspiró lento antes de abrir la boca, aunque lo que dijo fue apenas más alto que un susurro.

¿Qué vas a querer de mí por salvarme? —y no agradecía porque no podía contemplar lo que el de barba había hecho por él como más que un favor que tenía que ser devuelto. Supuso que si lo hacía por voluntad propia sería más fácil que forzado.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Vie 25 Ago - 2:13

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Quisiera o no, sus años en las calles, sumados a su entrenamiento temprano en las luchas provocaban una inexplicable sensación de placer en su interior a la hora de pelear, apenas un cosquilleo, como si una pluma acariciara su vientre y lo empujara a ir por más, y más… Porque aunque se dijera lo contrario, Andreas estaba seguro de que la adrenalina era adictiva, más incluso que cualquier droga. Él no había incurrido demasiado en aquellas lides, pero vio como muchos eran consumidos por polvos, píldoras y jeringas; la violencia tenía el mismo efecto en él. O quizás solo se trataba de su latente y creciente psicopatía… Después de todo ¿matar gente a sangre fría no se clasifica como  simple y llana psicopatía? No importaba, ya estaba en prisión, no se podía ir más lejos. Además, el lloroso niño que tenía a las espaldas era una de las pocas muestras de lo que restaba de su malograda cordura. Su necesidad de protegerlo había aumentado en el momento que sus predicciones se hicieron realidad: Sus lágrimas, su sumisión, no podía permitir que nadie le pusiera un día encima. Pobre criatura.

En un vano intento por otorgarle más privacidad al castaño, atravesó el lugar buscando un lavabo donde deshacerse de la sangre que manchaba sus manos. Los gendarmes pronto encontrarían al herido, y no quería ser vinculado a aquel incidente por nada más que las palabras de ese poco confiable hombre. No iría a aislamiento, no ahora. El agua rojiza colmaba el receptáculo del lavabo al tiempo que vigilaba a punta de oído los movimientos de su compañero ¿Cómo podría explicarle la peliaguda situación que traían entre manos? No era bueno con las palabras, nunca lo había sido, y la cárcel parecía haber menguado aún más sus escasas habilidades comunicacionales. Sin embargo, la ahogada voz ajena no tardó en llegar a sus oídos, y no lo negaría, sus palabras lograron dejarlo anonadado. Al parecer, subestimar al de rizos fue un error, él sabía dónde estaba y también cómo funcionaban las cosas en un lugar que la humanidad se pierde segundo a segundo. Se volteó lentamente, mirando de frente, desde las alturas la aun enrojecida mirada ajena. Algo había en él, un brillo, una fascinación, quizás dolor, sufrimiento… no estaba seguro qué, pero era muy bello. Insistía, muy bello para la prisión. Negó ligeramente con la cabeza ¿Cómo hacerle saber que no quería nada a cambio sin perder el respeto que ese muchacho le profesaba? Se había esforzado bastante en su reputación como para terminar como la mascota del niño/niña.--- Mantén limpia la celda, mi cama estirada y retiras mi ropa de la lavandería…--- Quehaceres sin sentido, cosas que él mismo cultivaba casi como un divertido escape de la rutina, pero algo era algo ¿no?--- Ahora vamos, sácate esa toalla de la cabeza… Esfuérzate un poco…--- Si quería sobrevivir, tendría que aprender a actuar como un hombre.

Tras atravesar los pasillos en absoluto silencio, ingresó a la celda que compartía con el menor.--- Vamos a poner algunas reglas…--- Inquirió secamente mientras se dejaba caer en un raído taburete que yacía en la esquina de la pequeña estancia.--- Te vas a ir a duchar a media noche…---Sabía que los conteos se hacían cada tres cuartos de  hora, pero en la noche los periodos se extendían, y tendrían tiempo de deslizarse a ese sector.--- Iré contigo…--- Carraspeó y recorrió el cuerpo ajeno con su cristalina mirada. Era un chico a simple vista, pero según lo observado en el baño, las cosas no eran tan sencillas, y no sabía cómo abordarlo.--- Mira, no sé cómo funciona toda esta mierda, pero no estoy para jueguitos. --- Sería conciso, tenía nombre de chico, hablaba como chico, era un chico.--- No te quites la camiseta frente a los otros, tú no sabes cómo son las cosas aquí… Te darán caña hasta matarte, si hubiesen sido esos tres… Estaría admirado de tu suerte.--- Él mismo había visto como violaban a chicos entre grandes grupos de brutos gorilas. Esta vez no lo permitiría.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Lun 28 Ago - 7:34

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Estaba asustado, y el hecho de que lo hubiesen sacado de ese apuro no empalidecía su miedo. Todo lo contrario, el deber favores le daba tanto o más miedo que un ataque. Había escuchado por ahí que a algunos presos los obligaban a traficar y esconder droga para otros. Incluso si su compañero de celda no pretendía recibir favores sexuales a cambio del que acababa de hacerle, ¿qué tanto mejor podía ser? Alzó las cejas casi hasta mitad de la frente, con su sorpresa imposible de ocultar cuando le pidió que mantuviera limpio y ordenado, que recogiese su ropa. No se esperaba que buscara un sirviente de ese tipo. Tampoco le molestaba tanto, salvo porque esas eran tareas asociadas a las mujeres tradicionalmente. ¿Estaba siendo transfóbico? Bueno, no podía pedir que no en esa situación, más bien tenía que agradecer.

Aunque su cabello estaba empapado, al punto que sabía que las gotas que caían de él le mojarían casi toda la remera, acató a la orden de quitarse la toalla tras un asentimiento y luego lo siguió por el pasillo hasta la celda con la cabeza gacha. Sentía el frío comenzar a invadirlo pero no quiso quejarse en voz alta, sobre todo para no interrumpir a su compañero de celda, que había comenzado a hablar de reglas y qué-sé-yo-cuánto. Parecía ser un tipo con baja tolerancia a la estupidez; no quería restarse puntos si para ese entonces a sentía que estaba casi a su merced, que de él y su antojo de ser misericordioso dependía si estaba o no en peligro.

Se cubrió instantáneamente con las manos cuando sintió la mirada sobre su cuerpo aunque ya tenía la ropa encima. Desconfiaba. —¿Y tú... ? —hizo un gesto en el aire con la mano, como de señalar a la nada, pero sabía que tenía que terminar la frase. Ese ambiente nuevo le demandaba ser explícito incluso en sus dudas, más que nada con quién parecía que iba ser el tipo que lo tendría bajo el ala. —Digo. Si vendrás conmigo... Tendré que quitarme la camiseta delante tuyo. Quiero saber desde ahora si vas a querer algo más que mirarme, que acompañarme. Para esperarlo y eso —se sentó a la punta de la cama de su compañero, abajo. Prefería tener esa charla desde ahí. —No es que pueda oponerme. Y lo prefiero. Al menos eres sólo uno —sonaba resignado porque lo estaba.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Miér 30 Ago - 4:09

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Luego de tantos años tras las rejas era difícil recordar cómo se sentía estar por primera vez en aquel lugar, era difícil recordar el miedo, la frustración, el tormento que significaba estar encerrado, encerrado en un lugar donde se restringe hasta lo más básico, en un sitio donde ser un humano está completa y absolutamente prohibido. Aunque pensándolo bien… Ese miedo jamás se desvaneció, ahí seguía, incapaz de marcharse, incapaz de dar tregua, aplastando su psique día y noche. Pobre muchacho que debía lidiar con los primeros síntomas de tan poco favorable cáncer, pobre muchacho que debía hacerlo sin contar con la dichosa reputación que tantos favores le había hecho al rubio en ese tiempo. Sus azulinos ojos seguían paseándose a través del cuerpo ajeno, no con fines lascivos sino más bien investigativos. Quería preguntar, y no era como si ser imprudente le asustara- en aquel lugar la imprudencia era el menor de los problemas-; lo cierto era que su cabeza no cesaba de conjugar ideas inútiles, convirtiéndolas en preguntas aún menos fructíferas. Podía percibir el temor y la incomodidad en Bryce, eso y nada más, lo cierto es que leer instintos era sencillo para asesinos y psicópatas, los sentimientos eran punto aparte para insensibles como él.

¿Por qué hacía tantas preguntas? ¿Acaso no podía simplemente estar agradecido por el favor? ¿Acaso no podía acabar con aquello y evitarle la tarea de inventar respuestas a todo lo que esperaba saber? Resopló con fastidio al tiempo que se cruzaba de brazos y fijaba, finalmente, sus ojos en un lugar algo apartado del cuerpo ajeno. No había nada raro ahí, no a simple vista, al menos. Aun parecía un simple chico.--- Dios santo… ¡¿Por qué haces tantas preguntas?! --- Su voz se alzó sutilmente ante la exasperación del momento. Realmente no estaba acostumbrado a que cuestionaran su actuarEscúchame, niñito, o niñita… no sé qué seas.--- Ok, ahí iba su poca sensibilidad.--- No sé qué mierdas estén pasando por tu cabecita, pero paciencia es lo que me falta en esta vida.--- espetó finalmente poniéndose de pie y comenzando a caminar por la celda. Hace tiempo que no hablaba tanto. --- Cuando quiera follarte, te lo voy a decir ¿Quedó claro? --- Solo buscaba intimidar, esas cosas ni siquiera se asomaban por su cabeza. Era un niño, hasta podría ser su hijo, además… los hombres jamás habían llamado su atención, ni siquiera luego de cinco años en la cárcel.


Se acercó finalmente a la cama, buscando aumentar tanto la tensión del momento, que el castaño decidiera alejarse por su cuenta.--- Ahora, los favores en la cárcel se pagan con favores…--- Aclaró agachándose levemente para mirar de cerca esas castañas orbes.--- Y tú me debes uno grande…---Inspiró profundo antes de continuar.--- Vas a hacer lo que te dije, y vas a dejar de actuar como una niñita tonta ¿quieres?--- Se inclinó a un costado, recogiendo un bulto que yacía a los pies de la cama: una camiseta limpia. La enrolló sin cuidado y la lanzó al pecho del pequeño.-- - Cámbiate… Al primer estornudo, pediré que te cambien de celda.--- Amenazó sentándose en el colchón de su pertenencia. Realmente no podía evitar querer protegerlo, insistía, algo en él despertaba esos instintos que siempre poseyó, y la vida camufló en los grises colores de esos treinta y cinco años.  




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Miér 30 Ago - 6:58

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Trató de mantenerse en el lugar cuando su compañero de celda se mostró molesto, incluso logró no echarse hacia atrás como su instinto demandaba cuando él alzó la voz. Ya le había dicho una vez que se esfuerce un poco, no quería tener que causar que lo repitiera demostrando el miedo que sentía aunque se imaginaba que debía ser obvio para entonces. Lo que no pudo evitar fue el —Sólo te he hecho una pregunta —que salió de sus labios en tono de contestación rebelde pero era la verdad. No podía entender que se impacientara así, y es que el otro no podía culparlo por querer saber más de lo que le demandaba el futuro ahí, en la prisión y particularmente en esa celda que compartían.

Hizo una mueca de disgusto cuando le dijo que no sabía si era niño o niña. Podía entender lo de las duchas porque sabía que su cuerpo aún lo delataba al ojo observador, más que nada por lo visible de las cicatrices. Pero fuera de eso y con la ropa puesta pasaba bastante bien, al menos en su opinión, y no quería que lo trataran como si no lo hiciera, mucho menos ahí dentro. No tuvo tiempo de decir nada al respecto porque parecía que el otro tipo no estaba en ánimos de conversar, sino de aclarar cosas una atrás de otra casi sin pausas para respirar. Asintió, aliviado, a saber que no iba a forzarlo a nada sexual. Saber de antemano solucionaba las cosas, aunque sabía que de ocurrir consentiría sólo porque en realidad no tenía otra opción.

Aunque mantuvo la mirada cuando los ojos del otro hombre se posaron en los suyos, soltó un suspiro aliviado cuando los desvió para inclinarse hacia un lado. Se alegraba de que no hubiese visto la expresión de molestia que seguro se había filtrado a sus facciones cuando le dijo que estaba actuando como una niñita tonta. Cuando volvió a mirarlo fue para arrojarle un bulto de tela que Bryce atrapó en el aire y desarmó sobre su regazo. ¿Una camiseta? Miró hacia abajo, a la suya, que tenía todo el pecho empapado por el agua que caía de su cabello. —Gracias —se puso de pie justo luego de que el otro se sentara en su cama, entendiéndolo como una invitación a marcharse.

Caminó hasta un rincón de la habitación y tironeó de los bordes de la camiseta hacia arriba con ambos brazos para quitársela, sintiéndose en confianza de hacerlo. Se hizo el cabello hacia un costado y se lo estrujó entre los dedos, dejando caer el agua en el suelo. ¿A quién le importaba, si se evaporaría en la noche? Terminó de secarlo un poco más con relativo éxito gracias a la parte seca que quedaba de su prenda húmeda; al menos ya no chorrearía más que un par de gotas. Sin cuestionar que estaba por ponerse ropa ajena pasó la cabeza y luego los brazos por aquella camiseta al menos dos talles más grande y la dejó caer sobre su cuerpo, casi hasta sus rodillas. Juntó coraje y se lanzó a decir eso que tanto le venía molestando una y otra vez. —Oye —se le quebró apenas la voz al intentar hablar, así que se aclaró la garganta antes de continuar —... Si pudieras evitar las comparaciones con una mujer, te lo agradecería. Soy hombre, por eso estoy aquí, no importa lo que hayas visto y con qué lo asocies —si sonaba otra vez como un muchacho rebelde era por su molestia con ese tema, y si se había atrevido a decirlo era porque ahí se sentía seguro. Su compañero pretendía sonar intimidante, pero no era agresivo o no lo hubiese salvado, ni tampoco quería otras cosas de él, no sólo porque lo había dicho sino porque nada le había impedido lanzársele encima ni bien pisaron la celda.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Jue 31 Ago - 20:10

To guys like us in prison.
Nunca había tenido la oportunidad de tratar mucho con niños, la verdad es que no se le daba muy bien. Incluso cuando el mismo era uno de aquellos pequeños seres, las relaciones no resultaban tan sencillas. Si, era popular gracias a los deportes, pero paremos de contar. Andreas no era un gran conversador, y aunque si sabía escuchar, carecía de tacto a la hora de dar consejos; quizás siempre estuvo destinado a ser un lobo solitario, y aunque no le disgustaba del todo, a veces agradecía tener gente al rededor, era como una necesidad, quizás sana, quizás insana, no importaba, ya había decidido tomar a Bryce como su responsabilidad, y eso sí era algo que el rubio no transaría. Y es que tener a alguien al lado era como entregarle un pequeño ápice de sentido a esa existencia que de vida poco le quedaba.

Aunque no quería sorprenderse, las actitudes contrarias no dejaban de cumplir aquel, cometido que dudaba mucho, fuese su cometido. De seguro bastaría un par de meses-si es que no menos- para dejar al descubierto su personalidad, su verdadera personalidad, la que no es diezmada por la pesada opresión del terror. Tanto era su ímpetu que no tenía miedo de pedirle favores, o aclarar cuestiones que obviamente le resultaban dolorosas, incluso mientras era sometido a esas condiciones tan poco favorables. Totalmente contradictorio a los casi-ofrecimientos sexuales que le había hecho minutos atrás por simple temor. Frunció el ceño con gran notoriedad, gruñendo en el intertanto.--- Como quieras...--- Su voz reflejaba el claro fastidio que le provocaba aquella situación.--- Oye...--- Comentó, imitando burlescamente el tono ajeno.--- Si pudieras evitar mojar la celda... Hombre. Esas fueron mis condiciones ¿Recuerdas? --- señaló el pequeño charco que yacía en un costado del cuarto

Gracias al cambio de camiseta había sido capaz de visualizar mejor las cicatrices que aquejaban la pálida piel del pecho ajeno. En algún momento, esa niña había decidido transformarse en niño ¿por qué alguien habría de decidir una cosa así? Chasqueó los labios intentando restarle importancia al asunto, pero no podía dejar de darle vueltas, de anudarlo y desanudarlo. Todo aquello seguía sin tener mucho sentido para él. Pero sin importar las anomalías, la valentía ajena, incluso con esa enorme camiseta cubriéndole, resultaba increíblemente valorable.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Vie 1 Sep - 7:09

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Había pasado una semana desde el incidente, y desde entonces nadie se había atrevido a meterse con él. Andreas -cuyo nombre al fin había preguntado-, aunque gruñón y silencioso, parecía ser una buena presencia a la hora de espantar gente con malas intenciones y lo que es más, lo hacía a voluntad. Acompañaba a Bryce a las duchas como había prometido, y hasta le daba suficiente privacidad para hacerlo sentir seguro en su compañía luego. No lo observaba, no más de lo que se imaginaba que cualquier persona cisgénero podía observar a alguien como él si no entendía el por qué de su identidad. Tampoco era tan quisquilloso como para quejarse por todo. Hasta, a veces, en la privacidad de la celda o de los baños, se mostraba sin remera a propósito. Pero Andreas nunca hacía preguntas ni miraba de más sino todo lo contrario.

Esa mañana, como todas las otras, un guardia lo había escoltado hasta la enfermería para su inyección de testosterona. Era un procedimiento rutinario. Para ese punto estaba acostumbrado a dársela él solo, pero no le permitirían a un preso andar con jeringas en las celdas así que tenía que ir hasta ahí a recibirla. Luego de eso llegaba la hora de las visitas, pero era jueves así que su madre no estaría allí. Grande fue su sorpresa cuando de vuelta a la celda junto al guardia los interceptó otro diciendo "éste tiene visitas, yo me encargo desde aquí" y lo guió de vuelta. En un principio se le ocurrió a su mente paranoica que tal vez ese guardia también podía querer aprovecharse de él, como habían intentado aquellos presos su segundo día en la cárcel. Comenzaba a preguntarse si la influencia de Andreas llegaría hasta las autoridades cuando, luego de un par de desvíos, reconoció la entrada al área de visitas. Soltó de un suspiro largo la tensión que había estado acumulando y se dejó guiar hasta el cubículo que contenía a —¿Jenna?

No pudo evitar sorprenderse con la presencia de su novia. La única vez que había estado ahí antes había sido con su madre el martes, y se había mostrado, aunque cargaba con una expresión algo triste, casi igual que todos los días desde que la conocía: positiva, alegre. Además de su madre, era la única razón por la que le importaba salir antes de ese lugar de mierda. Sin embargo, ese día parecía una persona distinta, con los ojos hinchados y hundidos tras ojeras azules. Cuando Bryce le preguntó qué andaba mal comenzó con un —Ya no puedo más con esto —que llevó a un largo monólogo de la muchacha sobre por qué no podían continuar con la relación. Aunque dolía ser abandonado, era lo lógico para una chica que aún no había cumplido los veinte años. Ella se merecía ser libre, no estar atada a alguien que tal vez pasaría media vida tras las rejas.

Hizo su mayor esfuerzo para no derramar lágrimas con Jenna ahí, más que nada porque estaba de acuerdo con separarse y no quería hacer que se sintiera mal al respecto ni que diera un paso atrás. Intentó no llorar también de camino a la celda, recordando con claridad el "esfuérzate un poco" de Andreas el primer día. Cuando llegó a su cama y tras subir a ella, de tanto contenerlas, las lágrimas tardaron en salir, pero una vez que logró derramar la primera supo que no iba a poder parar. Estaba bien. No sabía dónde estaba su compañero de celda, tal vez con alguna visita, pero era mejor que no estuviera ahí para eso. Hundió la cara en la almohada y se permitió el momento de debilidad. Si lo mantenía en relativo silencio nadie oiría a menos que se acercara lo suficiente. Con la puerta cerrada, ni los guardias lo harían.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Sáb 2 Sep - 4:25

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De todos los días en prisión, los jueves eran los más extraños, jueves de visitas, jueves de reencuentro con esa realidad que a veces parece desvanecida, pero que a esa fatídica hora se materializa como una dolorosa alucinación que apenas puedes palpar, pues al mínimo roce amenaza con desaparecer. Es un recuerdo latente de que la vida fuera de esas paredes sigue, y por más que lo desees, no puedes hacer nada por detenerla. Andreas era un tipo duro, siempre lo fue, pero si confesara los nombres de los gorilas que había visto romperse ahí dentro, podría ser tomado por desquiciado. La carcel no era el paraíso de nadie, eso lo podía asegurar.

El anuncio del gendarme le haría saber acerca de la visita que no necesitaba anuncio. Adiel y su esposo Marcus, ya estaban ahí. Su querido hermano, una de sus únicas razones para regresar a las calles, una de las únicas razones de la continuidad de su acéfala existencia. Conversar con ellos siempre parecía extraterrenal, era más un diálogo unilateral, pero no necesitaba más que eso. Algunas cosas preocupaban bastante, principalmente problemas con Marina, la madre de su hijo, pero no quedaba más que esperar que todo fluyera de la mejor manera posible. Escondido tras esos muros de concreto, no podía hacerse cargo de sus acciones. Y era realmente doloroso no poder hacerse cargo de esa acción en particular. Raymond estaba creciendo, y las ideas de su padre eran tan poco claras como incorrectas. Otro item para su lista de fracasos. Frotaba su frente mientras caminaba de vuelta a la celda ¿Bryce estaría ahí? Esperaba que si, no estaba de ánimos para recorrer media prisión en busca de su rebelde trasero. No es como si ya lo conociese de toda la vida, pero observarlo sin descanso durante dos semanas, resultaba bastante esclarecedor en cuanto a sus rupturistas acciones. Pasearse por la celda sin camiseta, por ejemplo. Las cicatrices ya no eran un problema, pero realmente esperaba enterarse algún día de las intenciones de ese chico tan peculiar. La incertidumbre lo ponía de mal humor.

De un golpe activo el portero automático, obteniendo el libre acceso a su cuarto. Al parecer, el castaño estaba ahí... ¿durmiendo? Yacía recostado en su cama, pero parecía algo inquieto, la placidez del sueño no acariciaba su delgado cuerpo. Se aproximó a la litera solo buscando recostarse, si el menor estaba triste o dormido no era su incumbencia. No obstante, nada más bastaron unos pasos para reconocer el doloroso murmullo del llanto ¿que...? --- Oye...--- ¿Como se abordaban esas situaciones? Quizás solo debía ignorarlo. Seguía sin ser de su incumbencia.--- Ya vendrán a visitarte la próxima semana, niño, no seas dramático... --- apretó sus labios mientras mantenía su diestra a una distancia ridícula de la espalda ajena.--- A las familias les cuesta aceptar que estarás aquí por mucho.--- No tenía idea de los cargos que habían llevado a Bryce hasta esa desfavorable situación, pero era lo único que su, poco creativa, mente podía tramar.

Sabía que el consuelo y la empatía no eran sus dones predominantes, pero un niño destrozado no podía más que encender esas alarmas que le daban paso al don que si poseía: la protección.--- No ...esto ¿no llores, quieres?...--- Suspiró pesadamente, y de pronto, una idea nefasta inundó su cabeza.--- ...¿Alguien te hizo algo? --- Había oído a uno de los guardias mencionar la condición de Bryce, y de haber hecho algo, se encargaría de hacerlo pagar.





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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Sáb 2 Sep - 6:50

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Oyó el sonido de la puerta de la celda y supo inmediatamente que era Andreas. Ya se había acostumbrado a su forma de andar incluso cuando no lo veía, además de que, hasta en su ausencia, nadie más se atrevía a siquiera acercarse a la celda. Los guardias que iban a buscarlo todos los días lo trataban con distancia y respeto, sólo los que no sabían bien quién era ni qué celda ocupaba lo trataban como un preso normal y tampoco era tan terrible; no era eso lo que se esperaba de la cárcel, pero tampoco se esperaba un compañero de celda como el que le había tocado. Un milagro en un lugar así, aunque Bryce no era tan consciente como para reconocerlo como tal, y tal vez por eso había comenzado a dedicarse a tocarle las pelotas para sacarle otra reacción que no fuera ese instinto de protección que le demostraba.

Pero ese no era el día, ni siquiera para recibir consuelo. No lo quería de él ni de nadie, mucho menos la lástima, y tampoco quería que viniera a intentar hacerlo sentir mejor. Tenía derecho a sufrir, hasta era lo mejor para su psiquis, sobre todo tras lo que acababa de ocurrir. —Mi mamá viene a visitarme —espetó primero, volteándose para lanzarle una mirada dura aunque las lágrimas empapándole el rostro y la nariz roja no debían contribuir a hacerlo parecer enojado. Sabía, de todas formas, que su compañero de celda jamás lo vería como nada que no fuera vulnerable. Y lo era, no le importaba admitirlo, los hombres también tenían derecho a serlo también.

Antes de seguir con su plan de enojo se lo pensó dos veces, con Andreas intentando otra vez cuidarlo a su manera. ¿Qué lo llevaba a eso? Tal vez tenía un hijo cerca de su edad, un hermano, no sabía qué, pero... No era justo tratarlo mal por asumir si no habían intercambiado ni media palabra sobre sus vidas. Se terminó de voltear sobre su fino colchón para quedar enfrentando a su compañero. Incluso estando en la cama de arriba tenía que alzar la cabeza para verlo a los ojos. Eso hizo, sosteniéndose sobre su codo y con la cabeza apoyada en la mano. Sorbió por la nariz de una forma muy poco atractiva y se limpió las lágrimas con la manga del otro brazo. —Necesitaba, yo... —dudó un segundo sobre si decirle por qué estaba así, pero después de tanto que Andreas había hecho por el sentía que se lo debía, para bien o para mal. —Es estúpido pero... Mi novia rompió conmigo y no lo esperaba —hacia el final de la frase se le volvió a quebrar la voz. Otra vez se le cerraba la garganta. Cerró los ojos unos segundos para evitar que las lágrimas se le acumularan en ellos nuevamente.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Dom 3 Sep - 5:07

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Su ceño se frunció instantáneamente al escuchar el tono aniñado que gobernaba las palabras ajenas, lo sabía, era un niño indomable fuera de la cárcel, cada uno de sus poros lo gritaba sin pudor, incluso cuando su voluntad no lo intentaba ni de lejos. Resultaba bastante paradójico para Andreas, la altanería  lo exasperaba, pero a la vez lograba inspirarle un inconsciente respeto. Le gustaba la gente fuerte, aunque no lo comprendía demasiado, solo le gustaba, aunque siempre resultaban más difíciles de proteger: tendían a correr riesgos innecesarios. Alzó las cejas al visualizar el rostro ajeno, empapado y enrojecido, casi sentía ganas de abrazarlo, de decirle que todo estaría bien, pero claro… No lo haría. En cambio, apretó ligeramente los labios, esperando respuesta, deseando profundamente que no se tratara de la fatídica opción que paseaba por su cabeza. Sin embargo, la respuesta ajena logró hacerle escapar un sonoro bufido ¿Así que era eso? Qué tontería.--- Que tontería…--- Dejó escapar como una réplica exacta de sus pensamientos. Era difícil detener su falta de tacto, sabía cuánto podían doler esas cosas, más aun cuando lo único que te separa de tu verdadero amor es un montón de concreto y un par de rejas. No obstante, esas cosas tienen que pasar cuando entras a la cárcel, es parte del castigo al parecer.--- Que rápido se deshizo de ti…--- Quizás sonaba cruel, pero él no lo notaba, eso sin contar su sorpresa porque Bryce tuviese novia… Todo el asunto de su género y sexualidad seguía siendo un misterio para el rubio.

El asunto de las relaciones amorosas era más que conocido para Andreas, lo supo incluso cuando él mismo fue enjuiciado. Marina, una de las chicas pertenecientes a la mafia para la que trabajaba, prostituta, pero soñadora, fuerte e inteligente. No necesitaba nada más que ser ella misma para traerlo de rodillas. Pero nada más bastaron dos semanas para que la chica de ojos verdes cortara con esa idílica relación. Él lo sufrió, lo sufrió tanto o más que ese pequeño niño que yacía hecho una miseria en su colchón. No lloró, porque era difícil hacerlo después de tantos años-eso y la reputación que tenía que cuidar-, pero estuvo en vela, en ayuno, se sentía inútil y culpable, no podía haber algo peor que haber arruinado otra de las pocas cosas buenas que tenía en su vida. Se apartó de la litera, dejándose caer finalmente en su colchón; cruzó ambos brazos tras su cabeza, y clavó la mirada en las tablas que sostenían la cama ajena, como si eso pudiese brindarle toda la cercanía que la ausencia de contacto visual ocasionaba.--- Escúchame una cosa…--- espetó adoptando un tono algo más empático que el habitual.--- La mayoría de los idiotas que están en este lugar… No reciben visitas nunca. Cuando la gente deja de verte, se da cuenta de lo poco que te quería. Se rinden....--- Comentó con ligereza, recordando a todos esos reos a los cuales, hasta sus madres los han lanzado al tacho del olvido.--- Tardó una semana en rendirse…--- Dobló las piernas acomodándose en su lugar. No extrañaba a Marina, solo la sensación de tener a alguien aparte de Adiel esperándole afuera.

Eso son las visitas inútiles, inútiles…---Zanjó antes de dejarse caer por completo sobre su colchón. Quizás el castaño lo odiaría por su insensible intento de aliento, pero no le importaba, no le importaba en lo más mínimo.--- Puedes llorar, es tu especialidad… Pero aunque no te guste escucharlo, es lo mejor que te puede haber pasado…





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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Lun 4 Sep - 5:47

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Bufó ante ese juicio sin filtro de lo que lo aquejaba. ¿Quién era Andreas para llamar tonterías a sus padecimientos? Casi, casi se enojó de nuevo, pero luego vino lo otro y... Sí, tenía que estar de acuerdo. Parecía que Jenna lo había desechado como si no significara nada, aunque no la culpaba por eso. Eran jóvenes, ambos, y Bryce había tomado una decisión apresurada -pero que aún creía la única y la correcta- con la que tenía que vivir. Él, como criminal. No los demás, que nada tenían que ver con su accionar y no merecían sufrir a su lado.

Se inclinó sobre el costado de la cama cuando su compañero de celda, que se había arrojado sobre su propia cama, le dijo que escuchara bien. Se le daba mejor escuchar si además veía, nunca había podido concentrarse bien sólo en voces. Inclinó la cabeza y parte de los hombros, que quedaron semi-colgando. Se ayudó a sostener el peso con las manos sobre los bordes de su propia cama y los pies del lado opuesto haciendo contrapeso. El cabello le cayó hacia un costado, pero incluso si en parte le impedía ver a Andreas con total claridad, le alcanzaba para no distraerse de lo que había comenzado a decirle. Y era algo cierto, él mismo siempre había pensado que todos los que estaban tras las rejas eran gente mala por naturaleza, no hubiera pensado en visitar a nadie allí, así que no podía culpar a los demás por no querer verlo. Sin embargo, aunque tenía razón en sus argumentos, y aunque Bryce entendía que estaba intentando hacerlo sentir mejor a su manera y con muy poca efectividad, sentía la necesidad de defender a la única persona que no era familia y lo había acompañado toda su transición. Volvió a limpiarse el rostro con la manga del uniforme, pero a pesar de que se había compuesto rápido ante la presencia del otro, algunas lágrimas rebeldes seguían saliendo.

Jenna tiene dieciocho, igual que yo. No se rindió pero... Es probable que yo no salga de aquí hasta los cuarenta, ¿acaso se pasará la vida esperándome? —no decía eso sólo por argumentar en defensa de la chica sino porque era lo cierto —No me parece justo. No es vida para ella. Yo cometí ese crimen y nadie más debería sufrir las consecuencias —por algo había confesado cuando los ojos de la ley se posaron sobre su madre como principal sospechosa. Al terminar de hablar, y porque no sabía qué más hacer tirado en la cama, dio una vuelta completa sobre ella y se dejó caer hacia un costado, aún sosteniéndose del borde, para pisar la de su compañero antes de llegar al suelo. No podía lograrlo tan fácil sin esa ayuda, pasaba el metro y medio por apenas diez centímetros.

Al llegar al piso, y tras cruzar una mirada con Andreas, se le ocurrió. Se agachó junto a él para quedar en cuclillas al costado, con el rostro a la altura del suyo, y le clavó los ojos encima —Gracias por intentar hacerme sentir mejor —sonrió apenas, de lado, y con mucho descaro le dio un empujoncito sobre el hombro con la punta de un dedo. Poke. —Pero no se me pasó que suenas amargado, aunque sea tu tono de siempre. ¿A ti te abandonaron también? —y si lo golpeaba por su atrevimiento, supuso que se lo merecía. Aunque fuera su culpa por no hacerse temer lo suficiente, o tal vez la de Bryce por no comerse el cuento.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Lun 4 Sep - 22:27

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Mucho tiempo atrás dejó de creer en los sentimientos amorosos, eso sentimientos que se generan mediante una relación condicionada y pactada entre dos personas. Era difícil mantener aquellas creencias tan honoríficas cuando te has entregado a un mundo obscuro y difícil de maniobrar, también por decisión propia. No era como si algún día no se creyese capaz de enamorarse, lo hizo, y lo hizo tan inconscientemente, que esperaba no volver a caer. Al menos dentro de la cárcel estaba a salvo, rodeado de hombres, no tenía tentaciones. Jamás le había atraído un hombre, y no creía que pudiese llegar a ocurrir. De todos modos, era difícil culpar a Bryce por su sufrimiento, era un niño lleno de ilusiones, un niño que aún no conocía-o quizás sí, considerando que estaba en prisión- los horrores más funestos de la raza humana. Apretó los labios ante los comentarios ajenos, rodando los ojos en señal de agobio. Podía sentir su mirada posada en él, lo que provocaba un crecimiento acelerado de su irritación. Se inclinó hacia adelante, valiéndose de sus codos al escuchar el traqueteo proveniente de la cama superior ¿Qué estaría haciendo ahora ese niño? Rápidamente, sus pies dieron respuesta, seguido de su rostro, acompañados de un confianzudo comentario, y aún más insolente-a vista de Andreas- toquecito en su hombro. Por mero instinto, se irguió casi por completo en la cama, inclinándose en dirección al recién llegado, debido a la imposibilidad de enderezarse gracias a su imponente altura. Estiró su diestra, golpeando con bastante agresividad la pequeña mano que había picado su hombro.--- No me vuelvas a tocar…--- Espetó manteniendo el serio rictus que dominaba su rostro. No entendía lo que pretendía el castaño, no lo entendía a él ni a su actitud arrogante dentro de ese penal ¿acaso creía que eran amigos? Estaba muy equivocado.

Debía admitir que a pesar de su instantánea reacción de defensa, existió un momento, un pequeño instante en que sus amenazantes orbes se clavaron en las ajenas. Instantes en los que pudo percibir más de un detalle. La rebeldía de ese niño eran intrínsecos, algo que siempre había estado ahí, algo atrayente, y aunque aterrador, increíblemente interesante. Ese cabello, ese rostro lleno de pecas ¿Cómo alguien podría ser capaz de negarle la atención a un individuo como ese? Tan impredecible como la primavera, y tan intenso como el verano.--- Mi vida no es de tu incumbencia…--- Aclaró apartando ese cuerpo que continuaba siendo un misterio para él, y por poco una molesta y poco favorable obsesión.--- No somos amigos, no somos colegas… No somos nada…--- Aclaró bajándose finalmente de su catre, al menos su porte disminuía el sentimiento de vulnerabilidad que de pronto provocaron esos castaños ocelos.--- No me interesa tu vida, como a ti no te interesa la mía ¿estamos? --- La ira se dispersaba en su interior, como una plaga. Tenía problemas para controlarla, y no quería terminar haciendo algo de lo que se pudiera arrepentir más tarde.

Frunció los labios ligeramente al tiempo que se alejaba un poco del menor. Quería salir de ahí, pero no era hora de permisos, ni mucho menos de ejercicio. Toda aquella situación lo estaba superando. Bryce no era peligroso, no físicamente, al menos. Pero su manera de manejar las cosas y las situaciones causaba una agridulce sensación en el interior del rubio. La capacidad de manejar las acciones contrarias, era mucho más atemorizante que un simple golpe. Deseaba tanto recordarle quien era el desprotegido ahí.





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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Mar 5 Sep - 21:38

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No estaba incomodándolo a propósito, pero siempre le había parecido absurdo ese aspecto de la masculinidad que implicaba no mostrarse vulnerable frente a nadie, no permitirse más que el aspecto rudo propio de un 'hombre hecho y derecho', como le había oído decir a su padrastro, acompañado de cosas como que Bryce jamás sería uno porque actuaba como una niña. Ya no importaba si ese bastardo estaba seis pies bajo la tierra, pero pensarlo le producía la pequeña satisfacción que confirmaba que se merecía estar encerrado ahí. Podría haber comparado a Andreas con aquél hombre, pero más allá de que de la boca para afuera parecía reproducir las mismas ideas, se notaba por sus acciones pequeñas y no tanto que era sólo una fachada aprendida. Su padrastro jamás lo hubiese salvado de una violación incluso si devenía en su muerte, tal vez hasta hubiera pensado que era una buena forma de corregir, como él lo llamaba, esa fantasía irreal de ser un hombre. Tampoco se hubiera acercado a preguntarle si estaba bien de haberlo visto llorar, aunque Bryce siempre había procurado no mostrarse vulnerable a su alrededor por su propio bien.

Corrió la mano ante el golpe que le dio su compañero de celda y se irguió en el lugar para luego dar unos pasos hacia la puerta, poniéndose a una distancia prudente de Andreas; si bien no le causaba miedo, prefería estar lejos con lo fácil que era de enojar. —No te entiendo —habló al fin, dándose la vuelta para observarlo. —Dices que no te interesa mi vida pero la salvas —alzó una mano con la palma abierta y de la otra extendió el índice y lo golpeó contra ella. Luego hizo lo mismo con el dedo medio al tiempo que seguía hablando. Enumerando, si el pequeño gesto con sus manos decía algo. —Me encuentras llorando y te preocupas por mí. Cuando te digo por qué, intentas darme consejos.

Volvió a su rostro la sonrisa que lo había abandonado unos instantes cuando le golpeó la mano. Se sentía seguro incluso hablándole con semejante insolencia. —Si llorar es mi especialidad, ¿cuál es la tuya? ¿Proteger gente y esperar que esa gente no te haga preguntas, que no le intereses? —no estaba enojado, pero el tono en su voz denotaba mínimo algo de molestia. Una semana atrás, con lo que había pasado, se había imaginado que encontraría en él a un amigo. No le gustaba esa idea de tener aliados que tanto asociaba con la cárcel, porque así no era la vida real ni la gente común. —Pareces confundido, bro —estaba provocándolo —, pero yo soy bueno y te dejaré solo para que lo pienses, ¿eh? Si te importo o no, si vas a compartir cosas conmigo o no. Pero que no sea a medias, que así no funciona esto.

Se dio media vuelta y caminó los dos pasos que lo separaban de la puerta. —Me iré a dar un paseo mientras lo meditas —la abrió y salió lo más rápido que pudo, para no darle tiempo a detenerlo. Fue cuando vio el pasillo, las otras puertas, los dos guardias a los pies de la escalera que le entró el miedo de andar por ahí solo. En toda esa semana, había sido casi la sombra de Andreas, y lo prefería a que pudieran atacarlo. No era estúpido. Aunque estaban en horario de andar por la cárcel con cierta libertad, resolvió que quedarse sentado junto a su celda era lo mejor que podía hacer. Por lo menos ahí si alguien intentaba hacerle algo, podría gritar y su compañero lo oiría.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Miér 6 Sep - 18:11

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No podía creer lo que estaba ocurriendo, su rostro se desfiguraba tras cada una de las palabras que el castaño mencionaba ¿Como era posible que un niñito de aquellas ínfimas dimensiones se atreviese a hablarle de aquella manera? Andreas no estaba acostumbrado, jamás en su vida alguien había tenido la osadía de rebelarse ante él; o quizás un par de visionarios lo intentaron, terminando muy mal parados luego, claro. Pero con Bryce era distinto, a el no podía golpearlo, no podía dejarlo morir ante toda esa barbarie que se exponía al interior de la cárcel ¿Lo peor? Al parecer, el castaño se había enterado, y se estaba aprovechando olímpicamente. Su mirada arrogante, sus ojos castaños alzándose, buscando demostrar la ausencia de temor. Cuánto deseaba sujetarlo por el cuello y acabar con esto de una buena vez. Se lo merecía por haber aceptado esa tarea que no le incumbía, por haberse comprometido con un niñito, que al parecer de indefenso solo tenía el porte. Sus manos se abrían y cerraban casi inconscientemente, casi un recuerdo impuesto por el ápice de cordura que le quedaba, rogando por no reaccionar y terminar rompiendo todo el bello rostro de su compañero. Se sentía como un toro enjaulado, respirando agitadamente y sin despegar sus azules orbes de ese delgado cuerpo que no paraba de sonreír con arrogancia, como si el mundo le perteneciera, como si el mismo Andreas y su temple le pertenecieran ¿que se creía? Solo un golpe bastaría para amainar esa confianza, solo uno...

El chocar de los engranajes, acompañado de esas célebres frases de solidaridad que el de rizos le dedicaba, le indicaron que finalmente planeaba dejar de tentar a su suerte. De un segundo a otro, el rubio se vio solo con su ira al interior de ese minúsculo cubiculo ¿Que acababa de ocurrir? Sus ojos se abrieron y cerraron varias veces en busca de explicación, más que nada en busca de una explicación interna. La ira continuaba contenida en su interior, y no tardó en desahogarla golpeando sin cuidado, la pared con su puño. No importaba si sangraba, no importaba nada. Odiaba haber llegado a esa situación, más encima el niñito tenía el descaro de salir de aquel lugar, tentándolo, instándolo a continuar con ese asqueroso círculo que decidió trazar en un comienzo. Daba vueltas por la celda, intentando enfriar su mente, intentando calmar a la bestia que continuaba circulando en su interior ¿tan tonto era para caer en esos juegos? Nunca le había importado ser algo torpe, Adiel suplía esa carencia, pero hoy en día no resultaba tan sencillo, no frente a ese huracán llamado Bryce.

Luego de largos minutos de meditación, e inevitable preocupación por lo que le pudiese estar pasando al menor ahí afuera, dio con una solución medianamente coherente. Inspiró profundo mientras abría el enorme trozo de hierro que los separaba de la libertad ¿Donde se habría metido el castaño? Solo esperaba no haber sobreestimado su inteligencia. Arriesgar su vida acortaba por mucho la estima que el rubio había logrado profesarle. Dio un paso fuera de la celda, intentando escoger un buen lugar por donde comenzar a buscar. No obstante, no hizo falta más de dos pasos para toparse con ese pequeño cuerpo, que continuaba irradiando tanta energía como algunos minutos atrás. Claro...no podía esperar menos de Bryce. Lanzó una resoplante carcajada de ironía antes de patear su muslo sin mucho cuidado.--- Adentro...--- Murmuró antes de hacer caso a su propia orden, regresando al interior de la celda.

Gracias por tu generosidad...bro--- Espetó con evidente sarcasmo.--- ya llegue a una decisión.--- fingió una sonrisa al tiempo que recorría el rostro ajeno con sigilo, fijándose en la constelación que se formaba bajo sus curiosos ocelos, fijándose en la osadía que dominaba a ese curioso ser.--- En vista de que no te importa poner en riesgo tu estúpida vida...---continuó antes de regresar a su catre.--- mañana pediré tu cambio de celda.--- Zanjó sin titubeos ni rastros de duda en su voz. No iba a aguantar otra confrontación de ese tipo, y si debía imitar las categóricas acciones ajenas, lo haría.






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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Miér 6 Sep - 20:56

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Para venir de una familia de posición económica tan mala, Bryce no estaba acostumbrado a no obtener lo que quería, y es que eso muy raras veces costaba dinero. Se sentía solo ahí dentro. Era esa la verdad, que no quería que Andreas lo cuide porque así debía ser, o porque lo sentía un deber, y pasarse veinte años de su vida teniéndolo como niñera. No sólo no necesitaba una, sino que le parecía una situación de lo más triste sabiendo que él tenía el potencial de entretener, acompañar, incluso ayudar. Lo que le había dicho su compañero de celda una semana atrás era cierto. En cierta forma, él sí sentía que le debía un favor, pero no del tipo que se intercambiaban ahí dentro. Bryce moría por conectar con él, la única persona que no había intentado hacerle daño o maltratarlo, aunque a veces pudiera ser un poco duro.

Oyó la puerta abrirse a su lado luego de un rato y alzó la mirada para encontrarse directo con la de su compañero. Tal vez había sido muy atrevido con todo lo que le había dicho, pero tenía la esperanza de haber despertado algo en él. No se quejó por la patada que le dio en el muslo seguida de la orden de que entre. Se incorporó de un salto y lo acompañó sin quejarse. Estaba nervioso, venía acumulándolo durante el día, primero con el guardia, luego con el asunto de Jenna y ahora con la incertidumbre de no saber qué haría Andreas.

Se acomodó sobre el pequeño taburete en el rincón de la celda sin quitarle la mirada de encima al mayor mientras hablaba. Podía sentir que se había metido en problemas por su tono, por la burla que le había lanzado al imitar su apodo. Se esperaba ese trato y no le molestaba recibir lo mismo. Casi que se lo merecía, y no era tan malo como la indiferencia diaria. Lo que sí no esperaba fue esa última frase, la que lanzó inmediatamente después de volver a tirarse sobre el colchón que le servía de cama todos los días.

¿Cambio de celda? Lo recorrió una sensación similar a una descarga eléctrica, comenzó en la base de su cuello y llegó hasta la última vértebra de su columna, haciéndolo estremecer. Estaba seguro de que se le notaba en el rostro que el pánico que lo había invadido, tanto que no quiso seguir allí sentado, expuesto. Se puso de pie, caminando hasta donde estaba Andreas sin verlo a la cara, y de un pequeño salto se trepó a su litera, sentándose en el borde, con las piernas colgando. Tomó un par de bocanadas profundas de aire para mantener a raya el terror que lo invadía, para que no se filtrara entre las palabras que iba a decir. Porque quería rogar que no lo hiciera, pero no lo haría. —¿O sea que prefieres dejarme a merced de todos esos locos antes que permitirte tener una charla civilizada conmigo? —preguntó, un poco a aquél hombre y un poco al aire. El tono desafiante parecía querer abandonarlo, pero aún tenía cosas que decir. —Pues bien. Que así sea. Espero que si me dañan sepas que podrías haberlo evitado, y no porque en tu cabecita soy una niña a la que proteger, sino porque soy un ser humano. Pero ¿qué les importa a los encerrados aquí qué mierda es un ser humano, hm? —Si los ojos se le llenaban de lágrimas estaba bien, al fin y al cabo Andreas estaba abajo y no podía verlo desde ahí. Apretó los puños contra los bordes de su colchón, enredando en sus manos las sábanas arrugadas que lo cubrían.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Vie 8 Sep - 19:40

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¿Que debía esperar de Bryce? Su carácter rebelde y su imprudencia le causaban tanto rechazo como atracción. Era un niño perdido a simple vista, pero se notaba que a pesar de estarlo, no se encontraba dispuesto a permitir que la desolación acabase con él. Cualquiera que supiera resistir a las palizas de la vida, merecía el respeto del rubio, lo merecía enormemente. No obstante, era casi imposible evitar que la ira bullera en su interior cada vez que las pequeñas manchitas que adornaban los pómulos ajenos se le enfrentaban y amenazaban con destruirle. Seguía sin entrar en su cabeza aquella curiosa filosofía; él protegía al castaño, lo hacía por disposición propia, por un deseo personal, y por querer el bien de quién-sin importar su crimen-merece seguir viviendo. Pero había algo claro en esa situación: al castaño no le interesaba, su protección no le interesaba en lo más mínimo, o su accionar no sería aquel. Provocar a un tipo como Andreas, dañar su ego, invadir su espacio... Nada de eso podía traer buenas consecuencias.

Su cuerpo se alertó al ver como el muchacho se acercaba, relajándose al instante luego de verlo encaramarse en su litera. Dobló las piernas, disponiéndose a escuchar el nuevo discurso del sin vergüenza, sufriendo pequeños respingos tras cada frase recriminatoria. Bryce estaba aterrado, eso si podía descubrirlo sin problemas, el trasfondo de su voz lo delataba. Tenía experiencia con los sentimientos de angustia. Sin embargo, no podía ceder, si demostraba suavidad, ese niñito continuaría aprovechándose de la tarea autoimpuesta, de la consciencia y bondad muy impropias de la carcel. Él tenía razón, la humanidad no existía al interior de ese asqueroso penal. Apretó las sabanas entre sus dedos, la tentación de retractarse era tan fuerte que deseo huir. Bryce sabía lo que hablaba, apenas se alejara, su vida correría peligro y quizás no podría hacer nada para evitarlo.--- tranquilo, he vivido con cosas peores.--- Murmuró poniéndose de pie con tanta rapidez que su hombro se golpeó bastante fuerte contra el catre superior. Suspiró pesado, cuidando no cruzar miradas con el menor en ningún instante. Sabía que la mezcla del glaciar con la castaña calidez sería su perdición. Se arrepentiría de su drástica decisión.

Se aproximó a la puerta lentamente, abrió utilizando el mismo sigilo. Sus labios se apretaron fuertemente, luchando por no liberar todo lo que tenía por decir, y sin miramientos ni espacio para arrepentimientos, dejó la celda; si no tenía que mirarlo a los ojos, todo sería más sencillo. Aprovecharía de ejercitar, luego cenar, todo lo más lejos posible de Bryce.





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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Mar 12 Sep - 2:10

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El resto del día transcurrió para Bryce como en cámara lenta. La ausencia de Andreas en la celda no había hecho más que empeorar su fijación con él; ahora, con el intercambio de palabras entre los dos antes de que se marchara, y lo que éstas significaban para la vida del menor. Así no era difícil echarse a llorar, y el estar en soledad lo habilitaba a hacerlo sin miedo a comentarios que refirieran a su masculinidad o a la percepción que los demás podían tener de él. En cierta forma, su compañero le había hecho un favor al marcharse, aunque tarde o temprano, si volvía, iba a ver sus ojos o hasta tal vez lo viera aún llorando. No parecía poder parar.

No salió de la celda en ningún momento, lo que significó que se perdiera  la comida de la tarde y la cena. Contrario a lo que su estúpido estómago parecía querer comunicarle con los sonidos que emitía, no tenía hambre. Sabía que de poner un pie afuera mientras los demás presos andaban por ahí, y lejos de Andreas, nada le garantizaba el bienestar y quería disfrutar de al menos un día más de seguridad. Cuando se acercó la hora usual a la que habían ido toda la semana juntos a ducharse, una hora pasada la medianoche, comenzó a preparar sus cosas. Si al menos una cosa había aprendido del mayor, eso era cómo evitar a los guardias en horarios en los que los conteos se hacían tan esporádicamente. Tenía que tomar un baño ese día, así podía salteárselo el día siguiente y correr un poco menos de peligro.

Tomó una muda de ropa interior, un pantalón de algodón grueso, y cuando fue a hurgar entre sus remeras limpias se encontró la que hacía una semana le había prestado su compañero. La estiró entre sus manos con el pensamiento algo ausente, contemplando lo que vendría para su vida a partir de la mañana siguiente. Insistir con Andreas había sido un error, y él era un estúpido por creer que en un lugar así podía hacerse un amigo. Ahora volvía a estar sólo y eso lo asustaba. Apretó los ojos, queriendo contener las lágrimas que querían seguir saliendo.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Mar 12 Sep - 5:47

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No sabía que era más tortuoso, estar en la celda permitiendo que ese insolente niño lo hiciese quedar como un tonto, o pasar al menos nueve horas paseándose de un lado a otro por los pintorescos parajes de la prision. Lo cierto era que aunque ya no pudiese oír físicamente la voz ajena, esta no dejaba de repetirse al interior de su cabeza ¿En verdad sería capaz de dejarlo morir? ¿En verdad las cosas eran tan fáciles? A su juicio, ese niño era irritante, insolente, un poco tonto, y quizás no había entendido la mecánica de ser hombre, mucho menos la de ser preso. Sin embargo, todo aquello no lo hacía merecedor de morir. Gruñía tras cada kilo de acero levantado, tras cada sentadilla, tras cada giro de cuerda. Había dejado morir a muchos, siempre resultaba más sencillo, sencillo, pero no mejor. Los ruegos revoloteaban por su cabeza hasta el día de hoy, y posiblemente, continuarían ahí por siempre. Ya se había resignado, era parte de ser un asesino.

A pesar de todo, a pesar de su experiencia en esas macabras lides, el continuo pregonar de ese discurso en su cabeza provocaba una inexplicable sensación en su interior. Bryce tenía algo, algo tan especial como molesto, quizás eran sus largos rizos castaños, sus indomables pecas o ese misterio que escondía en su propio cuerpo. Otra razón a favor de su cambio de celda. No necesitaba distracciones, y menos involucrarse emocionalmente... o lo que fuera. Luego de sentir su estómago rugir por milésima vez, decidió que era hora de acabar con el ejercicio, eso y el gendarme anunciando el cierre del gimnasio. Debían ser cerca de las veintitrés horas, y no había sido capaz de ingerir alimento alguno. Suspiro con pesadez, y se calzó la camiseta sobre su húmedo torso para comenzar a caminar de vuelta a la celda. No importaba lo que pasara al día siguiente, tenía que volver a ver a su compañero quisiera o no.

Inspiró mientras el guardia abría la puerta de su celda, encontrándose rápido con la lastimera imagen de Bryce. Lucía incluso más pequeño de lo habitual, agotado, dolorido. Incluso el más fuerte flaquearía ante tantos golpes seguidos, no lo negaría. Sin embargo, seguía creyendo que lo merecía. Apretó los labios en busca de la, siempre ausente, elocuencia.--- Termina de arreglarte...Nos vamos en cuanto termine el conteo de once cuarenta...---Anunció buscando ropa y toallas. También necesitaba un baño.

Luego de lanzarse al piso con la estupida finalidad de que los cretinos marcaran su presencia, se dispuso a abandonar la celda, haciendo de escolta del más pequeño. No se había atrevido a mirarlo a los ojos, hasta se había prohibido captar del todo su presencia. Sabía que un contacto cercano sería su perdición.--- ahora...--- anunció abriendo la puerta sin mucha dificultad, deslizándose en dirección a las duchas a través del pasillo.--- Okey... quince minutos.--- las reglas de la ducha estaban estipuladas desde el primer día, pero el silencio se había extendido hasta el punto de la estrangulación. Se quitó su ropa con rapidez y sin pudor, situándose en la regadera junto a la que siempre utilizaba el castaño. El agua regulada al máximo, tan caliente que dañaba su piel, tan caliente que lograba causar aquel dolor que creía merecer. Bryce moriría y no quería ser el culpable.







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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Miér 13 Sep - 4:19

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No intentó ocultar el hecho de que era la camiseta de su compañero la que llevaba encima cuando fueron hacia el baño, y aún así estaba seguro de que él ni lo había notado. Desde su llegada a la celda hasta ese momento, en el que estaba quitándose la ropa para darse una ducha, Andreas había ignorado su presencia casi por completo. No ayudaba que Bryce estuviera callado, pero pensaba, y sabía que no se equivocaba, que lo último que querría el otro era escucharlo, además de que, de por sí, no tenía ganas de abrir la boca. Como un imbécil, había creído todo ese tiempo que estaba haciendo un amigo, aunque llevara tiempo, pero se equivocaba: no era más que alguien en quién descargar el sueño frustrado de ser un héroe.

Cuando dio el primer paso debajo del agua caliente y ésta golpeó su pecho desnudo, se le ocurrió: "Ésta es la última vez que podré hacer esto tan tranquilo". Si a partir del día siguiente tendría que valerse por sí mismo en ese lugar, como le había enseñado una semana atrás su compañero, algo tan sencillo como quitarse la remera no sería una opción. Hasta entonces nunca se había quitado la ropa interior durante más de dos minutos cuando se cambiaba, ni siquiera frente a Andreas, pero en ese momento pensó que esa sería su última oportunidad en mucho tiempo. Desvió la mirada un poco hacia su izquierda para ver si estaba mirándolo, pero como el resto del día, su presencia era ignorada. Deslizó con cuidado el bóxer por sus piernas, levantando una y luego la otra para quitárselo, y lo dejó a un costado, sobre la pared baja contraria a la de la ducha que ocupaba el rubio.

Las lágrimas no vinieron de forma inesperada. El nudo en la garganta que había tenido durante todo el día era indicador de que aún podía derramarlas. Mantuvo la boca cerrada por miedo a que se le escapara algún sonido que lo delatara, y se mojó bien el rostro para que no pareciera que corrían por él más que gotas de agua. Quería rogar que Andreas se arrepintiera, pero su orgullo no se lo permitía. Además, si su presencia no era deseada, alejarse era mejor. Tal vez estaría en peligro de sufrir cosas que lo aterrorizaban, pero sobreviviría. Lo sabía.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Miér 13 Sep - 7:22

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Sus cristalinas leves habían iniciado una salvaje lucha en contra de su mente y de su corazón. La primera era fría, racional y calculadora; ya había asumido la realidad, el cese de convivencia con el castaño, su inminente tortura y quizás asesinato. Un conjunto bastante atractivo y conveniente; claro, eso siempre y cuando su corazón no estuviese remando en dirección contraria, una tan adversa que incluso superase el furioso caudal de la catarata de su mente. Se esforzaba una y otra vez por mantener la mirada en los sucios azulejos de la ducha, pero lo cierto es que el rabillo le jugaba una mala pasada. Mirar a Bryce resultaba tan fascinante y exasperante como siempre. Ahora no quedaba nada de él, esa bravura, ese empoderamiento que tanto había atraído y asustado a Andreas, se hallaba enterrado en algún lugar muy profundo de la celda de ambos. Lloraba, el temblor de sus hombros lo delataba, aún cuando se esforzase por ocultar sus lágrimas entre la humedad de la ducha, al rubio no se le escapaban esas cosas. Inspiró profundamente, apagando su regadera; necesitaba salir de ese lugar, necesitaba estar lejos de Bryce, lo más lejos posible, incluso si eso significaba huir de ese búnker de cemento ¿ quién era Bryce, y que estaba haciendo con el?

Camino apresuradamente en dirección a su ropa, sorprendiendose ante un peculiar e inesperado descubrimiento. El montón de ropa ajena yacía a un lado del propio, un típico montón de ropa si no fuera por la prenda más grande de aquella tenida ¿era su camiseta? Dios santo, ese niño lo iba a matar... Se volteó ligeramente, encontrándose por primera vez con el blanco y pequeño trasero ajeno. Era primera vez que apreciaba su cuerpo completamente desnudo y... no mentiría, no podía quitarle los ojos de encima, era como si esas imprudentes pecas ocultasen esa faceta que representaba todo lo que Bryce era ¿Cuales serían las intensiones ajenas?... ¿Por que su imprudencia, por qué todo esa repentina sumisión? Lo admitía, lo admitía, quería saber muchísimo acerca de ese irreverente niñato, desde su color favorito hasta lo que tenía escondido bajo los boxer- ahora al descubierto, pero aún oculto por su delgado cuerpo- pero... ¿Como admitirlo, como acabar con todo ese temor, con ese desagrado... ? No podía ser débil, pero tampoco podía ser un animal despiadado, no con Bryce. Gruño con tanta frustración, que prefirió abandonar el cuarto de duchas en dirección a los camarines.--- apúrate... --- murmuró huyendo a aquel estratégico enchufe en que uno de los otros presidiarios escondían su tabaco. Saco un cigarro y con bastante maestría lo encendió. Haciendo equilibrio con el cilindro entre sus labios, se calzaba la ropa interior y los pantalones.

Una vez cubierto casi por completo, se volvió a asomar al sector de las duchas, quería un par de respuestas, pero quien no ha tenido nunca algo, no sabe cómo pedirlo. Resignado, le dedicó otro par de minutos a la contemplación de ese cuerpo tan extraño, está vez calmado por el tabaco de hace ya unos tres años.--- ¿quieres? --- Preguntó extendiendo su recién encendido cigarrillo en dirección al menor. Si en algo era malo, era iniciando conversaciones.






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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Party Poison el Miér 13 Sep - 8:23

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Oyó los pasos en el suelo mojado de las duchas pasarle por detrás, y luego la orden de 'apúrate' en ese tono tan característico de Andreas. Él siempre elegía vestirse de nuevo dentro de las mismas duchas, sobre todo para poder tomarse el tiempo de andar desnudo con libertad. Si había algo en lo que no era un mocoso irreverente y con aires de superioridad, era en mostrarse sin la ropa frente a otros hombres; ni siquiera era algo que hacía antes de caer en la cárcel, porque nunca había podido evitar la comparación, eso que ellos tenían y a él le faltaba. En ese momento no era por eso que no salía de ahí, sino porque ya se había acostumbrado a hacerlo así, y supuso que el otro querría su presencia alrededor lo menos posible.

Había comenzado a secarse luego de apagar el agua cuando su compañero volvió a entrar ya vestido. Era común que terminara mucho antes, también que volviera a buscarlo y le dijera que se apresure varias veces, aunque contaran con tiempo de más. Lo que no entendía era por qué lo hacía ahora que había resuelto quitárselo de encima, mandarlo a otra celda y a su merced. ¿Por qué seguía importándole, por qué seguía buscándolo, hablándole? Bryce no era tonto, veía que lo miraba con curiosidad, una que le resultaba al más joven tan llamativa como intimidante. Cuando Andreas entró, él estaba de frente a la puerta, pero se puso de costado para terminar de secarse y ocultarse aunque sea un poco, no sólo su cuerpo sino también su rostro, que por muy mojado que estuviera de seguro delataba que había estado llorando.

Observó el cigarro que le había sido extendido durante unos segundos mientras se calzaba el bóxer limpio, preguntándose cuáles podían ser las intenciones de aquél hombre al ofrecérselo. Hacía meses que Bryce no tocaba tabaco y nunca le había gustado demasiado, pero sintió que negarse podía enojarlo, y el ofrecimiento le decía que tal vez podía estar arrepintiéndose de las palabras que le había lanzado en el momento de enojo esa tarde. Al menos, el menor guardaba esperanzas. —Gracias —se estiró a tomarlo sin alzar la mirada más allá de su mano, a la que tuvo cuidado de no tocar. Se lo llevó a la boca e intentando no hacer una mueca de desagrado, le dio una pitada.




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Re: This is hell and we can't leave

Mensaje por Nébula el Miér 13 Sep - 23:37

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Si algo había perdido Andreas al interior de la cárcel-si es que algún día la poseyó- es la capacidad para disimular sus desconocidos sentimientos y deseos. Mantenía sus cristalinas orbed clavadas en el rostro ajeno, aún cuando el muchacho se esforzaba por cubrir su desprotegido cuerpo. Y es que la idea de incomodarlo ni siquiera se asomaba por su cabeza. Captó  la expresión de desagrado contraria al inspirar el tóxico humo del cigarrillo pasado, a lo que no pudo reprimir una carcajada sonora, quizás la primera sincera que liberaba ante al castaño.--- Si no te gusta fumar, no tienes porqué aceptarlo, niño...--- Espetó aún conservando  el tono afable que le brindó la carcajada reciente, aunque sin dudas, seguía siendo tosco. Suspiro alejándose un poco del cuerpo ajeno, no importaba cuanta costumbre tuviese, Bryce continuaba intimidándole, y su dolor-como todo en el- se trasmitía casi por ósmosis.

Tras recuperar su cigarrillo, se deslizó de vuelta al sector de camarines. Quizás sería más fácil hablarle sin tener que soportar su abrumadora presencia.--- apúrate, me muero de hambre...--- anunció sentándose en un banquillo que haría veces de refugio al otro lado de la pared.--- ... aún tenemos tiempo .--- Anunció dando a conocer otro secreto que aún no revelaba al menor. El sujeto encargado de la cocina era uno de los pocos que podía llamar amigos en ese lugar. Un sujeto tosco, pero bastante leal; preso por asesinar al violador de su hija ¿quién podría culparlo?

Regresó al sector de las duchas encontrándose cara a cara con el pequeño. Su mirada enrojecida dolía más que cien golpes en el estomago. Lo sabía.--- Vamos... --- Anunció retirándose, sin importar que aún llevase el torso descubierto, y Bryce su camiseta, aparte del cabello envuelto.--- traes puesta mi ramera...---Evidenció sin dirigirle la mirada. No sabía que decir, tampoco sabía que sentir al respecto, así que no era como si pudiese comentar mucho más. Mas, de que sentía algo, lo sentía. Ojalá Adiel estuviese ahí para explicárselo.

Luego de doblar un par de pasillos, llegaron a la reja que delimitaba la cocina; con mucho sigilo se abrió paso al interior, esperando que su compañero lo siguiera sin hacer preguntas.--- ¿que hubo de cena hoy en el comedor? --- cuestionó mientras rebuscaba en los estantes.--- pasta instantánea, es lo único que no está en el inventario.---Anunció lanzándole un pequeño bowl de pasta de verduras al muchacho y se dispuso a buscar el hervidor. Conocía aquel lugar incluso considerando que Charlie, el cocinero, ya debía estar en su celda descansando.--- el cocinero es mi amigo...--- informó previendo alguna inminente pregunta por parte del curioso niño.





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