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Life is passion (+18)

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Life is passion (+18)

Mensaje por Harley el Sáb 2 Sep - 12:53



Life is passion
Mitología | Realismo | Romance | +18
¿Hay acaso alguna relación con tal ausencia de sentimientos? Ni siquiera en la infinidad de mitos,
leyendas o simples historias narradas sobre dioses y héroes es que se puede encontrar una unión tan celebrada como repudiada. Una historia sin amor, una historia de traiciones y de conflictos, ignorados por un placer tóxico fruto de una perfecta unión física. Caprichos y enfados por montones. Adulterio y violencia. Y es que dentro incluso de las historias de la mitología griega, hay realmente pocas historias que se puedan comparar con la que llevaron Ares y Afrodita. El dios de la guerra y la diosa de la belleza.

Uno era la encarnación del conflicto mismo. Un hombre sin ningún tipo de mediciones, que no necesitaba limitar sus instintos puesto que la guerra a sus ojos era un arte de pasiones contrariadas. Una deidad conflictiva y agresiva que se regocijaba en los conflictos de los mortales. Ella, la encarnación de la belleza misma y todo lo que esta despierta en tanto hombres como dioses.
Lujuria, placer, obsesión, la diosa de la belleza poco tenía que ver con el amor. Tal y como Ares disfruta del conflicto bélico, ella disfruta de los placeres que pueden ofrecerle tanto los mortales como los inmortales. Casada con Hefesto, Afrodita pasaba sus días llevando a mortales a la locura y a destinos poco favorables. Y con los dioses creaba conflictos de igual manera.

La atracción entre ambos era algo realmente inevitable. Ninguno como Ares para complacer a la diosa de la belleza, y ninguna como ella para brindarle regocijo a un dios conflictivo y carente de sentimientos. Pero su unión clandestina siempre fue fuente de conflicto. Él le cumple los caprichos y ella le recompensa con los placeres que sólo ella puede darle. Pero las trasgresiones a Hefesto están prontas a traerle a ambos resultados plenamente negativos. Y pronto incluso el rey del Olimpo estaba a punto de ponerse entre los dos amantes.
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Mensaje por Hiroine el Sáb 2 Sep - 16:07

Obsession
Había muchas razones por las cuales Ares tenía una preferencia muy marcada para con Esparta por sobre todas las demás polis. Pero la principal y mas obvia de todas era el simple hecho de que tanto los Espartanos, como él, celebraban la guerra mas que a ninguna otra cosa. La vida de un Espartano se veía medida por el éxito que conseguía en el campo de batalla. La grandeza, por cuantas cabezas podía cortar sin extenuarse. Por cuan eficaz era a la hora de trabajar en las formaciones de guerra. Y la gloria llegaba con una muerte considerada como hermosa. Ares se encontraba embelesado con aquella sociedad, la cual parecía esculpida a su imagen y a todo lo que él valoraba. Atenas era la ciudad de Atenea, plagada de sabiondos que escribían poesía y optaban por el diálogo antes que la guerra. Con su senado y sus discusiones interminables. Esparta era la representación perfecta de aquello que Ares veía como la perfección.

También otras civilizaciones eran bellas a sus ojos. Tracia, Macedonia...puesto que pocos Griegos realmente le rendían culto. Pero aquello no le interesaba. El conflicto era algo inevitable y Ares era la personificación misma del conflicto, la brutalidad y la violencia. Aquella tarde se encontraba en su templo, mientras observaba al pueblo Tracio, mientras estos realizaban una serie de sacrificios en su nombre. No le interesaban los sacrificios, no le interesaba que le rindieran culto. En eso Ares difería completamente de todos los demás dioses, con los cuales tenía en su mayoría una pésima relación. Ellos adoraban el culto y daban regalos a cambio. Bendiciones, respuestas milagrosas a las peticiones vociferadas por los mortales. Lluvias que aplacaran las sequías, hijos para madres infértiles. Pero Ares no era así. Solo la muerte le interesaba. Una vez que el sacrificio se vio concluido, Ares se levantó de su trono y observó el resto del Olimpo. Su templo estaba alejado de los demás, su diseño no era bonito ni ostentoso. Era eficaz y tenía las comodidades que el deseaba. Ni mas ni menos. Sonrió ante la idea de que pronto una nueva guerra estaba pronta a estallar. Se encargó con un pensamiento de encender el fuego del conflicto en los corazones de tanto políticos como civiles para que la guerra empezara pronto.

Y como ocurría con cada guerra, Ares debía celebrarlo. Modificó su representación física y se movió como una sombra por las calles del Olimpo. Primero ubicó a Hefesto, el cual por lo visto estaba detenido la herrería de su padre. Estúpido y deformado dios. Pensó para sus adentros mientras continuó su camino hasta su objetivo. Un palacio lleno de jóvenes doncellas. Un palacio en el cual se encontraba la representación misma de la lujuria. En el cual se encontraba la amante de Ares. O algo como su consorte. No tenía ni idea, y tampoco le importaba. Pasó desapercibido con suma facilidad y encontró su camino hacia la habitación de la diosa de la belleza. Y apoyado en una de las grandes columnas fue que retomó su forma original.

Ares permaneció en silencio, preguntándose cuanto tiempo tardaría Afrodita en notar su presencia. Con una sonrisa en el rostro se mantuvo allí, de brazos cruzados. Sabiendo que aquellas atenciones le costarían un capricho que satisfacer. Pero lo cierto era...que no tenía mucho mas que hacer.


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Mensaje por Harley el Lun 18 Sep - 1:39

Obsession
Una de las críticas que Afrodia más recibía era lo ociosa y vanidosa que era. Parecía que nadie entendía que ser la mujer perfecta requería tiempo y cuidado. Sobretodo mucho cuidado. Afrodita no era una diosa ociosa. Es que ser la criatura más hermosa existente requería mucho trabajo. 

Eso enseñaba a las muchachas que la servían. A diario había que lavarse, cepillarse el cabello hasta dejarlo suave y sedoso, limar las uñas para que no quedasen demasiado largas (una diosa del amor y la belleza no podía tener garras) ni demasiado cortas. Afrodita dedicaba mucho tiempo a su aspecto y al de sus aposentos, opulentos y hermosos. Su palacio rezumaba sensualidad por todas partes, claramente pensado para disfrutar de los placeres más íntimos y para el culto al cuerpo en los descansos entre amantes. Todo allí era cómodo, suave y lujoso. 

Sí, podía hacerse cargo de que sus sábanas de seda estuviesen siempre limpias y perfectamente colocadas con un chasquido de dedos. Podía hacer que su aspecto fuese perfecto sólo con desearlo. Pero... ¿qué gracia tenía hacer las cosas de esa manera? Era mucho más divertido mirarse en el espejo mientras una de las jovencitas que la servían le cepillaba los cabellos.

Gracias a ese espejo supo que tenía visita, y no tardó en sentir un cosquilleo muy familiar recorriendo sus entrañas. Pero no dio muestras de haberle visto. Despidió con un gesto a las muchachas que había en la habitación. Tomó ella misma el peine y repasó sus cabellos hasta dejarlos perfectos. Fingió examinar su reflejo en busca de imperfecciones inexistentes. Todo ello con movimientos lentos, como recreándose en su propia belleza. Finalmente se puso en pie y se encaminó a un espejo aún más grande, de cuerpo entero, desde donde podía admirar lo bien que sus ropas se ajustaban a sus formas. Desde ese espejo no podía ver a Ares, pero sabía que éste estaba siguiendo todos sus movimientos. De modo que se llevó una mano al elegante pasador que sujetaba la tela que la cubría y lo abrió, dejando que su ropa se deslizase por su cuerpo.

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Re: Life is passion (+18)

Mensaje por Hiroine el Mar 19 Sep - 0:59

Obsession
¿Que tan similares eran los mortales a ellos, los dioses? Demasiado, pensó Ares al momento que su mirar se posó sobre la única en toda la existencia con las habilidades suficientes como para satisfacerlo. Eran aquellas similitudes las que le permitían a él encender las llamas de la guerra alrededor de toda Grecia. Los seres humanos eran seres que añoraban el conflicto y muchas de las culturas de los mismos le daban una importancia muy grande a los victoriosos en los susodichos conflictos. El efecto de Afrodita en tanto inmortales como mortales era una demostración mas de ello. De la eterna similitud que había entre los dioses y los hombres. Similitudes que muchos de los olímpicos desdeñaban creyéndose superiores cuando en realidad no eran mas que un reflejo. La humanidad reflejaba todos los defectos que ellos acarreaban en sí mismos. Y negar los mismos era una demostración de estupidez. Así era como lo percibía Ares. Pero también pensaba en lo idiotas que fueron los mortales que tuvieron el honor de entrar en la cama de aquella diosa. Idiotas el pensar que un mortal podría satisfacer una existencia así. Eso solo lo podía hacer él. Su único y verdadero consorte.

Ares supo casi instantáneamente que Afrodita se había percatado de su presencia. La conocía demasiado bien. Sus gestos, aunque casi de forma imperceptible, cambiaron al notar su presencia. Tal y como si hubiera activado algo dentro suyo, la diosa comenzó a seducirlo sin siquiera mirarlo. Y los efectos eran inmediatos en el dios de la guerra. Sin embargó optó por dejar que ese pequeño juego continuara por todo el tiempo que Afrodita deseara. No era quien para interrumpirla siempre y cuando el fuera el recipiente de los mismos. Observó por tan solo unos instantes a las doncellas mientras éstas abandonaban los aposentos de la diosa de la belleza. Ares hizo una mueca de satisfacción, invisible incluso hasta para la única consciente de que estaba allí. Ahora estaban solos. El olímpico podía sentir como los efectos de la diosa aparecían en su cuerpo. Centrándose por supuesto en su entrepierna. No hacía falta mas que mirarla o sentir su aroma para que la bestia que tenía dentro suyo despertara. Cuando dejó de sentir la presencia de las doncellas en su totalidad, Ares se movió con naturalidad hasta postrarse a la vista de la mujer, la cual ahora estaba completamente desnuda.

- Vaya bienvenida. Silenciosa pero me encanta. - Dijo con una sonrisa en el rostro, al momento que su mirar recorría por completo el cuerpo de Afrodita. No lo aburría nunca. Era posible que nunca lo hiciese. Ella era la perfección hecha mujer, era todo lo que la lujuria de los hombres podía encarnar. Era una representación de aquello. Ares deshizo un par de sujetadores que mantenían su armadura unida y dejó que las pesadas piezas de metal cayeran al suelo. Sin embargo este optó por no desnudarse aún, a propósito. Ella estaba jugando con él. Él haría lo mismo con ella. Aunque lo cierto era que ahora eran una sirena y un león. Ninguno de los dos tenía las de perder. - ¿ Cuanto ha pasado desde mi última visita? ¿ Sigues manteniendo a tu esposo alejado de tu cama? Seguramente hasta tu cama me ha de haber echado de menos, Afrodita.

Sus palabras estaban cargadas de seguridad. La última pieza de su armadura cayó inexorablemente al suelo, haciendo mas ruido que las demás piezas. Hefesto sospechaba de que aquellos encuentros sucedían a sus espaldas. Pero Hefesto era un herrero. No era en absoluto una deidad combativa. Y el hecho de haberse casado con Afrodita había sido mas una burla que un premio por parte del rey Olímpico. Zeus no era ningún idiota. Y las demandas constantes del herrero lo habían aburrido hasta tal punto que decidió "premiarlo" pero tan solo en apariencia. Nadie obligaba a Afrodita a nada. Y Zeus sabía que el sexo no era una excepción a esa regla. Hefesto había sido maldito con ese matrimonio. Su esposa era la representación de la belleza pero nunca podría tenerla en la cama. Nunca podría acostarse con ella. Si se interponía aunque sea una vez, Ares lo destruiría sin dudarlo. Afrodita era la única que le daba placer. Y no pensaba ceder aquello.

- ¿Hay algo que desees?

Cuestionó arqueando una ceja. Dio un paso al frente dejando detrás su armadura dorada. Lo único que le quedaba encima era un pequeño trozo de seda que mantenía cubierto su miembro de la vista ajena. Pero él podía sentir como éste estaba despertando ante la sola presencia de Afrodita. Sin ni siquiera considerar el hecho de que estaba desnuda.


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Re: Life is passion (+18)

Mensaje por Harley el Miér 20 Sep - 20:30

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Siguió admirando su reflejo hasta que el de Ares apareció en el espejo. Un amago de sonrisa apareció en sus labios. No tenía intención de reconocerlo, por supuesto, pero había echado de menos a su amante. Ojalá estuviese casada con él en lugar de con Hefesto.

En realidad, se sentía mal por su esposo. A veces. Hefesto era un bruto, un zafio, y su aspecto y personalidad eran totalmente lo opuesto a ella. Pero la quería e intentaba tener detalles con ella. Pero Afrodita no podía entregarse a él. Ese matrimonio había sido una puñalada para ella, y aún se rebelaba contra él, por lo que su esposo apenas había podido disfrutar las mieles de estar casado con la diosa del amor y la belleza.

Tampoco podía serle fiel. No hubiese podido serlo aunque quisiera. Ella era la encarnación del amor y la pasión. Constantemente se dejaba llevar por sus impulsos. Formaba parte de ella, igual que Atenea no podía dejar de pensar. La fidelidad era cosa de Hera. Ella tenía la necesidad de saciar su impulso sexual, como los mortales tenían la necesidad de respirar.

Ares era quien mejor entendía eso. Aunque eso no evitaba que fuese celoso. Algo que a Afrodita le gustaba. Los celos implicaban que la deseaba, y nada le gustaba más que sentirse deseada. Además... el sexo post discusión era uno de sus favoritos.

- Mi cama no ha tenido tiempo de echarte de menos, Ares - replicó, fingiendo que su propio reflejo era más interesante que el cuerpo semidesnudo de su amante. Ares no la poseía, igual que ella no le poseía a él, y por celosos que fuesen ambos eran conscientes de que el otro se entretenía con mortales cuando no podían verse.

Finalmente se volvió para mirar al dios. Contuvo el impulso de saltarle encima y exigir que la tomase en ese momento. Pero no pudo evitar que sus pechos le diesen la bienvenida mediante el endurecimiento de sus pezones.

- Ha pasado demasiado tiempo - un dia o un año, cuando se trataba de su amante, para ella era lo mismo - Si vuelves a tardar tanto en visitarme, querido, quizá encuentres a mi esposo entre mis sábanas - le amenazó, para luego regalarle una sonrisa - Hay algo que tú deseas - respondió a su pregunta, haciendo referencia a sí misma - La pregunta correcta es... ¿qué vas a hacer para conseguirlo?
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Re: Life is passion (+18)

Mensaje por Hiroine el Jue 28 Sep - 3:28

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Un constante e interminable tira y afloja. Si la mujer llevaba un par de siglos casada con el herrero del Olimpo, entonces con Ares llevaba acostándose el doble de tiempo. Siempre desde que Ares había alcanzado prominencia en el panteón, se convirtió en un objetivo para saciar la lujuria de Afrodita. Y si bien lo que mejor hacía era crear problemas, su aptitud en la cama había probado ser tal que nunca había escuchado gemir a la diosa del amor tanto como con el. Ninguno siquiera se acercaba. Y de ese placer mutuo e intoxicante era que ambos estaban atados mas allá de los libertinajes propios. No eran fieles pero era común que se celaran mutuamente. Ares había asesinado a un sin fin de mortales luego de que estos hubieran aburrido a la diosa o luego de dejarla algo satisfecha. Para él eran todos basura. Peones en su eterno juego de conflicto. Y era común también que Afrodita se pusiera vengativa con las consortes del dios de la guerra.

Pero por mas que hubieran celos y peleas casi constantes, no podían evitar seguirse encontrando de aquella forma. Era una delicia que nadie mas podía darles. La agresión y el sexo iban de la mano cuando se trataba de ellos dos. Cada uno representaba a una de esas facetas y vaya que lo hacían muy bien. La visita de aquél día no había sido al azar. El olímipico había tomado las suficientes precauciones para que tuvieran el tiempo que se les antojara. Horas, días, lo que les viniera en gana. A propósito se mantuvo sin consorte alguna para no ser el mas débil de aquél encuentro. Por que claro, el orgullo también jugaba allí. Y vaya que jugaba un papel casi primordial.

- Si sigues mintiendo de esa forma, Afrodita, me temo que tendré que castigarte. - Le dijo con una media sonrisa, la cual se dibujó instantáneamente luego de que el mirar de Ares observara los pezones ajenos endurecidos. Una bienvenida tácita, pero una muy clara. Dió un par de pasos al frente y se llevó las manos hacia la última prenda que le quedaba encima. El sentir su aroma mas de cerca, el hecho de imaginarse la sedosa piel ajena entre sus dedos. Todo contribuía a que en su entrepierna se hiciera presente una prominente erección que amenazaba con no disminuir, sino seguir endureciéndose. Deshizo uno de los dos lados de la prenda y retomó la palabra, entonando lentamente sus palabras. -¿ Lo que quiero...? - Preguntó arqueando una ceja. Deshizo el último sostenedor, pero no dejó caer la prenda, sino que la detuvo con la mano, cubriendo aún la ya muy notoria erección. - Quiero tu cuerpo, tu quieres el mío. Quemaría mas el rostro de tu esposo, o entrenaría una serie de mortales para que te sirvan de entretenimiento. O...quemaría un país hasta que no sea mas que cenizas si ese fuera el precio de entrar en tu cama de nuevo. ¿ Es eso lo que quieres, mi diosa de la belleza? ¿ O es que quiere otra cosa?

Le consultó en un tono lento y seductor. Chasqueó la lengua con una sonrisa en el rostro y soltó la prenda. Y al caer la misma su poderosa erección de irguió firme. Sólo se quedó mirando el rostro de Afrodita a la espera de una respuesta.


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Re: Life is passion (+18)

Mensaje por Harley el Dom 1 Oct - 10:39

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La diosa del amor estaba pendiente de su amante como una fiera está pendiente de una presa. Si Ares no se hubiese desecho del pedazo de tela que aún le cubría, ella se le hubiese lanzado encima para arrancarlo. Pero contuvo su propio deseo, a pesar de que éste emanaba por cada poro de su piel, pues le encantaba alimentar tanto la excitación propia como la ajena a base de provocaciones. 

- Sabes que mi favor tiene un precio, Ares - ronroneó, acercándose a él y pasándole los brazos por el cuello. Se acercó hasta que sus cuerpos se rozaron. Ambos vibraban tanto que bien podrían estallar y hacer un bonito agujero en el Olimpo - ¿Vas a castigarme, mi general? - "General" era uno de los muchos motes que empleaban en sus juegos. Pronunció esas palabras con un tono juguetón e infantil que sabía que a él le volvía loco. 

Acto seguido reclamó sus labios. Le besó apasionadamente, como sólo ella sabía. Bebió de él como si de su boca manara ambrosía, sintiendo fuego en las entrañas. Le había extrañado. En realidad daba igual el tiempo que pasaran separados, siempre que se reunían Afrodita reaccionaba igual. Para ella el sexo era necesario, y Ares era quien mejor la satisfacía. Los mortales le servían para un rato, pero ninguno alcanzaba a satisfacer a la diosa, que podía pasarse días entre las piernas de un hombre. 

Y eso era lo que pensaba hacer. Pasarse días con su amante, dejándose tomar con fuerza en todas las superficies de sus aposentos. Se dejaría hacer cualquier cosa a cambio. A veces jugaban a la cautiva y el carcelero, otras a la alumna y el maestro, al adulto y la niña... otras cambiaban las tornas y la que dominaba era ella. Otras se dejaban de juegos y simplemente hacían el amor. O follaban. Había diferencia entre ambas, aunque hubiese quien no las distinguiese. Daba igual, siempre disfrutaban. Escogiesen el juego que escogiesen, ambos sabían complacerse el uno al otro. 

Rompió el beso para mirarle con ojos traviesos y lujuriosos. Tenía una pequeña sorpresa para él.

- Hace poco estuve en Pafos - murmuró, rozando sus labios con los propios al hablar - Ya sabes para qué.

Pafos, en la isla de Chipre, era el primer lugar que Afrodita había pisado. Acudía a sus costas de tanto en tanto para renovar su virginidad. Algo que se suponía que hacía para mantener su pureza divina y redimirse de sus pecados. Pero en realidad iba porque sabía lo mucho que a Ares le gustaba desvirgarla.
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Re: Life is passion (+18)

Mensaje por Hiroine el Miér 11 Oct - 22:16

Obsession
La sensación que invadía su cuerpo ahora era similar al a que sentía cuando poseía el cuerpo de un mortal y bajaba hasta el plano de los mortales para formar parte de los conflictos que él mismo diagramaba. La excitación que despertaba Afrodita en él era similar en exceso al placer que sentía al terminar con vidas humanas en carne mortal. O el ver como los héroes que él favorecía superaban a los héroes de los demás dioses. Leónidas, Aquiles, incluso el propio Odiseo eran héroes reconocidos por su falta de creencia en la autoridad suprema de los dioses. Algo que Ares propagaba en la mente mortal cuando podía. Eso despertaba conflictos como el amor. Otra de las herramientas que le habían llevado a manipular al que había sido uno de los favoritos de su Afrodita, Paris de Troya. El amor y la falta de fé eran herramientas diarias para Ares. Y el mero acto de desafiar a la autoridad era algo por lo cual adorarlo era tan tabú como adorar a su tío Hades. Pero esa erección necesitaba ser calmada. Necesitaba de la diosa que estaba postrada delante suyo, desnuda tal y como Zeus la había traído a la existencia. Para que sea una gema que volviera locos a tanto hombres como dioses por igual. Un punto de inflexión. Uno que Ares estaba mas cercano a poseer que nadie mas. Y lo mismo se podía decir de ella. Puesto que Afrodita tampoco lo poseía a él por completo, pero el disfrute de ella por la guerra era comparable al que él sentía por el sexo y la líbido de aquella deidad.

- Los castigos...o premios llegarán a tí a su debido tiempo, mi hermosa gema. - Las gemas llamativas y las demostraciones de virilidad eran de las cosas que Afrodita mas adoraba. Así como él adoraba ese apodo, ella adoraba que él la llamara de aquella forma. Por que así la veía. Como una gema, la mas preciada de toda la existencia. Y ahora, y hasta el agotamiento, era suya. Hasta que los dos estuvieran satisfechos. Había hecho arreglos para que ni Hefesto, ni nadie los interrumpiera. - Eres mi mayor bendición y maldición, Afrodita. - Le susurró entre jadeos mientras le correspondía aquella primera explosión de lujuria entra ambos. La primera de muchas otras que estaban nada mas a un gesto o una señal de distancia. Pero Ares también de las suyas. Cuando pudo sentir la lengua de ella entrar en contacto con la propia, fue que optó por tomar algo de control de la situación. Dejó que la bestia lujuriosa que había en su interior le diera un aviso a la diosa del amor y la belleza. Inmediatamente la tomó de los gluteos con firmeza e hizo que las piernas de ella se cruzaran a la altura de la cintura del dios de la guerra. Pudo sentir como su creciente erección entraba en contacto con la caliente intimidad ajena. Soltó un gemido ahogado y soltó una pequeña risa al escuchar aquellas palabras. Pafos...donde iba a renovar su virginidad. Los recuerdos afloraron en la mente del combativo Dios, el cual no dudó en acercarse hasta una columna cercana. La primera que estuviera en su camino. - Entonces te daré un premio primero, luego vendrán los castigos...

Le dijo en un tono en demasía insinuante. Ares empleó sus manos para lo siguiente. Sin complicación alguna hizo mas firme el agarre en los gluteos ajenos y con la misma sonrisa en su rostro levantó el cuerpo de ella como si se tratara de una suave figura de porcelana. La hora de tratarla como otras cosas vendría luego, pensó para sí mismo. Ahora las piernas de Afrodita terminaron a la altura de los hombros de Ares, el cual quedó con el rostro enfrente de aquella intimidad la cual no hacía mas que irradiar perfección. El perfume y el aroma de todo lo que había en ese palacio era intoxicante y no hacía mas que incrementar su deseo. Pero el placer de desvirgarla de nueva cuenta era una de sus cosas favoritas. Apoyó la espalda de la diosa en contra del frío mármol de la columna y miró la intimidad con ojos en extremo hambrientos. Se relamió los labios y miró a los ojos a la diosa una última vez antes de atacar su objetivo. De forma lenta y tortuosa se acercó hacia el clítoris ajeno y lo rodeó con sus labios. No terminó de recubrir el mismo que su lengua lo recorrió con una firme y fuerte lamida en su totalidad.

- Dime que eres mía...dime que quieres mas de esto.

Le dijo en un seductor susurro al momento que le daba una lamida a cada uno de los labios de aquella intimidad, deteniéndose para ser él el que jugara con la diosa ahora. El juego acababa de empezar.



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Re: Life is passion (+18)

Mensaje por Harley el Mar 17 Oct - 8:52

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Esbozó una sonrisa triunfal al obtener el resultado esperado. A Ares, como a muchos hombres, le excitaban especialmente las vírgenes... y a ella le encantaba ser virgen para él. Jadeó cuando la tomó de los glúteos y la alzó, tomándola en brazos. Envolvió las piernas en torno a él. No por miedo a caerse. Ares no la dejaría caer. No sin querer, al menos. Pero quería tenerle más cerca. 

Le encantaba hacerle gemir sólo con palabras. Eso siempre significaba que el sexo sería especialmente bueno. Y cuando Afrodita estaba ante un amante especialmente inspirado, se volvía más complaciente. Ares lo sabía, por supuesto. Era una de las muchas razones por las que era el hombre de su vida, si es que la diosa del sexo podía tener tal cosa. 

Por lo visto, había decidido empezar jugando al buen amante, pues la manejaba con esa cuidadosa devoción que tanto le gustaba. Ares era el único ser, aparte de ella misma, capaz de moverse en el terreno sexual alternando sin esfuerzo entre la delicadeza extrema y una brutalidad que acercaba el sexo a la tortura. Esa era otra de las cosas que le convertían en su favorito. Era dificil aburrirse con alguien así. Cada día era diferente.

Sólo Ares podía ser capaz de apoyarla contra una columna y alzarla como si fuese una muñeca hasta tener su sexo al alcance de los labios. Afrodita quedó casi sentada en sus hombros, sostenida por éstos y por la columna. El mármol estaba tan pulido que resultaba suave como la seda. Pero era frío y el contacto le erizó la piel de todo el cuerpo. 

Liberó el primer jadeo en cuanto sintió el primer roce en su sexo. Deslizó los dedos por el cabello de su amante, acariciándolos y tratando de guiarlos sutilmente. Ardía en deseo y era responsabilidad de Ares satisfacerla. 

- Sabes que soy tuya - ronroneó, empleando la poca movilidad que la postura le permitía para tentarte con su húmeda intimidad. Quería que hundiese el rostro en ella y la hiciese gritar - Soy tuya, mi dios guerrero, y te deseo más que a nada - empujó su cabeza suavemente hacia su clítoris - No quiero más. Necesito más - suplicó, empleando un dulce tono de niña buena que sabía que le volvía loco - Necesito que mi hombre me desvirgue y me dé placer hasta que ninguno de los dos pueda seguir.
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Re: Life is passion (+18)

Mensaje por Hiroine el Lun 30 Oct - 0:24

Obsession
Ares podía sentir como toda la adrenalina y la tensión provocada por los conflictos de hacía meses empezaban a desaparecer poco a poco. Todo el dolor humano que sus guerras ocasionaban y toda la felicidad eran sentimientos plenamente opuestos que lo llenaban de vida y de poder. Si un Griego iba a la guerra, pensaba en Ares. Incluso los Atenienses le habían dedicado plegarias cuando ellos son los protegidos por excelencia de su hermana la sabionda. En el pasado incluso los protegidos por Apollo al enfrentarse al hijo pródigo de Ares, Aquiles, llegaron a rezarle a él para que dotara a Héctor de una fuerza divina. Todos los humanos eran iguales. Profesaban una cosa mientras que por dentro sentían otra. No eran honestos ni siquiera consigo mismos. Pero a diferencia de los demás dioses, Ares no los despreciaba ni se plagaba a sí mismo de logros ajenos. Esas imperfecciones eran lo que mas le entretenía. Pero la guerra ahora pasó a un segundo plano por completo. Y esa adrenalina que le ocasionaba ver el derramamiento de sangre en un campo de batalla, ahora se centró por completo en su entrepierna. Su punzante y potente erección parecía pedirlo a gritos ese sexo que ahora malcriaban sus labios y su lengua.

- Siempre serás mía, siempre. - Le dijo entre jadeos, sintiendo como destellos de electricidad recorrían toda su espina cuando ella acariciaba sus cabellos para llevarlo hasta la zona mas sensible de toda su intimidad. Se dejó guiar demostrando que si bien había tomado la iniciativa, estaba dispuesto a que ambos hicieran lo propio. Su lengua recorrió casi que con fiereza el clítoris de Afrodita como si se tratara de el mas delicioso dulce de todo el Olimpo. Y lo era. Afrodita era la mayor fantasía que existía en ese mundo y en el mortal. Desde su habilidad para modificar ciertos aspectos de su apariencia hasta el hecho de que al ser la representación misma del erotismo...pues todo queda en evidencia. No había mujer en ningún sitio que fuera mejor que Afrodita en la cama. Se dio todo el tiempo del mundo para seguir lamiendo el clítoris ajeno, modificando los patrones en los cuales movía su lengua, en círculos, de forma irregular...los gemidos que salían de los labios ajenos y ese movimiento sensual y sutil de caderas que intensificaban el ritmo de la lengua del dios de la guerra. - Sigamos con el juego, de otra forma...- Levantó la mirada y encontró la ajena. Su aliento caliente impactaba con libertad contra la aún cercana intimidad de la diosa. Le dedicó una sonrisa en cierta forma engreída, pero al mismo tiempos sus ojos cargaban la promesa de que lo siguiente valdría también la pena.

Sus manos se afianzaron en los glúteos ajenos mientras comenzó a bajar a la diosa, alejando la entrepierna de la misma del rostro del olímpico. La sonrisa en su rostro se mantuvo al momento que Ares limpiaba con su propia lengua sus labios. Saboreando lo que estaba mas que próximo. Esta vez detuvo el cuerpo de Afrodita a su altura. Hizo que las piernas de la diosa se entrelazaran a la altura de la cintura y éste apretó su cuerpo en contra del ajeno. La suavidad de la piel de Afrodita siempre había sido como una especie de veneno para Ares, dado que luego de sentir esa preciosa piel en contra de la propia...ninguna otra se podía siquiera comparar. La miró a los ojos de nueva cuenta y se acercó al oído ajeno para susurrar.

- ¿ La quieres? - Le preguntó con un tono juguetón al momento que movía sus caderas hacia adelante y su erección se apretó en contra del clítoris ajeno. Este movimiento lo repitió varias veces antes de volverse incapaz de retener sus propios suspiros. - Pídeme que te desvirge, Afrodita. - La lengua de Ares recorrrió el lóbulo de la diosa, expectante, deseoso, hambriento de ella. De su mayor obsesión y gusto.



Ares | Palacio de Afrodita | Afrodita
Hellcat


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