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Mensaje por Epoch el Lun 9 Oct - 15:27

prison doesn't compare to our
HELLISH KINGDOM
1x1. Realista.
En México la delincuencia es latente. Algunos corren con la suerte de seguir causando temor en las calles de sus barrios fúnebres y peligrosos, mientras que otros se pudren tras los barrotes con tratos despreciables por parte de los polizontes que resguardan la institución criminal.

Pedro, buscando estabilidad económica momentánea con la única intención de pagar las evaluaciones médicas y medicamentos necesarios de su padre, no encontró otra alternativa que apuntar con la boquilla de la pistola al dueño de la tienda. Una alarma accionada y Gubern cayó en el patio de juegos del proclamado «rey de la cárcel», el desdichado Gómez. Una víctima más para Reinaldo que, prontamente, se convertirá en una pieza importante para su perfecto plan de escape.

REINALDO GÓMEZ.
47 años. B. Bratt. Epoch.
Pedro Gubern.
24 años. R. Gonzalez. Kerouac.



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Re: ❝ Hellish Kingdom.

Mensaje por Epoch el Vie 13 Oct - 2:04

Welcome to our lovely place,
lovely guest.
Otra mañana en la prisión de Guadalajara. Otra mañana en la misma mierda de todos los días de su vida hasta que su maldito abogado hiciera algo completamente bien hecho (cosa que, absolutamente, no iba a suceder). Otra mañana llena de los mismos idiotas que se rodeaban de Gómez, el conocido «rey del patio» El sonido de los barrotes impactando contra el mazo del policía de aquella división de manera unísona, pasando de barrote en barrote metálico, Reinaldo despertó de mala gana a la par que su compañero de celda que, aparentemente, se iba al centro de detención de la ciudad dado a su buena conducta de tres años.

Debes estar feliz, Mauricio —dijo el Rey desde la cama, mientras que intentaba sentarse sobre el pésimo colchón que estaba al lateral de la pequeña celda grisácea, sucia y apagada—. Te irás de esta mierda y no regresarás. O, bueno, quizá sí —se encogió de hombros—, no lo sabremos.

Y, entonces, el moreno se dispuso a levantarse del destrozado colchón mientras que la reja que separaba el pasillo de su celda era abierta por el polizonte Nicolás. Le saludó asintiendo la cabeza mientras que acomodaba su camisa naranja. La mañana de ese viernes estaba predispuesta para que todos los reclusos de las divisiones A, B y C, del sector 7, estuvieran en el reino de Gómez: el patio. Él salió, pero Mauricio se fue con el policía para arreglar los papeles de su traslado y andar de nuevo por las calles libres de México. Pobre iluso, no sabía que la muerte le estaría esperando del otro lado de la cárcel. Una vez delincuente, siempre se era un delincuente. El sol de la mañana reflejó contra su rostro, viéndose en la obligación de cubrir su rostro con la mano, ajustándose a la luz del día.

Adrián y Eduardo se acercaron a Gómez. Sus dos gorilas habían llegado para cubrirle y éstos caminaron hasta la zona recreacional del patio, donde se hallaban las pesas y las máquinas de ejercicio y entrenamiento, mientras que el mayor de los tres se había sentado con un grupo de hombres que solían, también, chuparle las pelotas a Reinaldo Gómez. Les saludó con ademanes y algunos empujándolos ligeramente, haciéndose lugar entre ellos para descansar sobre la superficie de concreto de aquella mesa. Hablaban y hablaban, pero Rey sólo tenía su mirada puesta en un chico que no había visto antes en su terreno. —¿Y ese bato quién es? —cuestionó Reinaldo señalándolo, sin escrúpulo, con el dedo.

Su nombre es Pedro —contestó Adrián, tras haber girado su rostro para saber de quién se trataba la carne fresca que tanto añoraba Gómez—. Era de la división C, pero ahora que Mau se fue, seguramente a Pedro lo trasladarán a la división B contigo —explicó el fornido hombre de piel oscura, entretanto cruzó de brazos para seguir en su conversación.

Reinaldo curvó la comisura de sus labios y se acomodó ligeramente, apoyando sus pies sobre el banco de concreto, apoyando su brazo en el codo de uno de sus colegas. —¡Oh! Entonces, ¡llámalo! Deberíamos darle la bienvenida a nuestro precioso lugar a nuestro precioso invitado —dijo, haciéndole señas a Eduardo para que éste fuera quien llamase a Pedro, su nuevo compañero de celda.
En el patio.




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Re: ❝ Hellish Kingdom.

Mensaje por Kerouac el Dom 15 Oct - 21:15

Welcome to our lovely place,
lovely guest.
Seguía sin acostumbrarse a aquello. Tenía el consuelo de que las películas exageraban mucho la actitud de los presos, que en realidad ir por su cuenta y ser ignorado no era tan terrible. Algún que otro insulto, alguna zancadilla por los pasillos, pero poco más. Por ahora, nadie le había dado una paliza y, lo que más le preocupaba, nadie había intentado nada con él en las duchas. Esa era su peor pesadilla.

Además, tenía suerte de que su compañero de celda era majo con él, pero a Pedro tampoco le interesaba tener una amistad con él. No cuando allí cualquiera podía darte una puñalada por la espalda, fuese un policía, un preso o aquel al que considerabas amigo. Así que en las zonas de recreo estaba solo, descansando contra la pared y observando las pesas. De no ser por su timidez, haría algo de ejercicio.

No se dio cuenta del hombre que reclamaba su atención hasta que le cubrió su sombra. Pedro tragó saliva. ¿Sería aquella su primera paliza? No era como se lo había imaginado, pero cuanta menos resistencia opusiese, antes acabaría. Sin embargo, aquel tipo sólo le dijo que el Rey le reclamaba. Pedro frunció el ceño, pero siguió la trayectoria de su dedo y pronto entendió a qué se refería. Cogió aire antes de asentir con la cabeza. Negarse sería peor. Algo en la sonrisa del Rey se lo decía.

Siguió a Eduardo, arrastrando los pies y con la vista fija en el suelo. Intentaba ignorar las miradas de los presos y los cuchicheos que se empezaron a formar. Su estómago empezó a cosquillear, no de forma agradable sino como si alguien estuviese triturando sus tripas. Pronto vomitaría, estaba seguro.

Ho-hola. ¿Me llamaba? —preguntó una vez estaba frente al hombre, con la cabeza agachada. ¿Había hecho bien en tratarle de usted? Probablemente no merecía tal trato, pues estaba ahí por cometer algún crimen, pero el joven no sabía cómo actuar. Sólo quería evitar una paliza.
En el patio.










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Re: ❝ Hellish Kingdom.

Mensaje por Epoch el Jue 19 Oct - 18:04

Welcome to our lovely place,
lovely guest.
Reinaldo Gómez observaba como su nueva presa caminaba cabizbajo. Fue para él imposible no dejar que una carcajada escapase de su garganta, una risa saturada de sorna y retórica, mientras que rascaba su barba a la distancia con su mano para depositar esta sobre su cintura y tomar una posición, estando sentado, un poco más intimidante. Esto con el único propósito de asustar un poco al nuevo de la prisión que, genuinamente, desconocía. Una vez llegó y preguntó lo que era obvio, Reinaldo se levantó en silencio para rodearlo un poco e inspeccionarlo altivamente. ¿Estaría exagerando un poco? Puede que sí, pero era el Rey. A él no le parecía importante la opinión de los demás, después de todo, el patio era suyo y nadie debía (si tanto quería vivir para salir de la prisión de reclusos) enfrentarse con el mexicano de cuarenta años.

Lo vio. Y no logró determinar porqué estaría en la prisión. Parecía un muchacho veinteañero que no había roto ningún plato de pequeño ni causado problemas para su madre y la decepción de su padre, no. Reflejaba, en realidad, todo lo contrario: parecía ser un chico bueno que había acabado en la cárcel de Guadalajara por motivos erróneos. ¿Quizá se habían equivocado con él y lo aprisionaron injustamente? ¿Y si en realidad él no debía estar aquí? La mente del mayor de los hombres reunidos en esa banca de concreto llegó a idear muchas posibilidades en su mente. Ideas, quizá turbias, que revoloteaban como palomas dentro de sus pensamientos. El hombre tras quedar de espalda al chico lo sujetó por el hombro, impulsándose lo suficiente para obligarlo a voltearse y quedase frente a él, dibujando un gesto fruncido en su semblante y posteriormente cruzándose de brazos.

¿Qué fue lo que hiciste?

Inquirió Gómez, aguardando por una respuesta concisa. Si tenía razón, entonces podría considerarlo para lo que tenía en mente. Y si bien sabía que no resultaría sencillo convencerlo de unirse a él, dado a los comentarios que pudo haber escuchado en su corta estancia en la prisión, haría lo que fuera necesario para tenerlo dentro de sus sucias manos salpicadas, alguna vez, de sangre. A fin de cuentas, Reinaldo pensó que Pedro terminaría acostumbrándose a él: serían compañeros de celda. ¿Y qué mejor cosa que compartir celda con el personaje más influenciable de aquel recinto gubernamental que privaba la libertad de muchos? Muchos culpables, como Rey. Muchos inocentes, como era Pedro.

Un juego mental.
En el patio.




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Re: ❝ Hellish Kingdom.

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