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2. Running, I'm ready to face it all

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2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Willow el Lun 30 Oct - 23:14

Running
I'm ready to face it all
Todos los músculos del cuerpo se le agarrotaban después de un entrenamiento, especialmente si este era duro y Stella nunca hacía nada a medio gas. Empleándose a fondo en cada cosa que hacía, pues era el único modo que tenía de superarse a si misma. Las habilidades de las hijas de Ares, no eran tan espectaculares como la de otros campistas, no echaban rayos, no hacían explotar tuberías, no podían volar, ni respirar bajo el agua. Ellas peleaban, hacían de cualquier cosa un arma potente y cuando asestaban un golpe podía ser tan fatal como el de varios unidos, por eso mismo no podía nunca descansar. Cada mañana iba a la arena en busca de algún reto nuevo, el problema era que la mayoría ya la conocían y ella sus habilidades y puntos flacos, vencerles no le suponía ningún problema, por ello en ocasiones pedía a varios que se enfrentasen a ella o directamente lo hacía con alguno de sus hermanos que igual que ella estaban tan acostumbrados a combatir sin piedad que no se echarían atrás al mínimo golpe. También había comenzado a enseñar a los más jóvenes. Algo que le había pedido Quirón, últimamente habían llegado unos cuantos nuevos y se encontraban tan perdidos como lo habían estado todos al llegar ahí, despojados de su vida humana de pronto y teniendo que afrontar que lo que creían no eran más que cuentos eran reales y ellos parte de esas leyendas.

Después de esa extenuante mañana, lo único que lograba calmarla era una ducha de agua caliente, donde su cuerpo parecía volver a su ser y los golpes, los cuales aún le dolían se convertían en pequeñas muescas de victoria. Porque cada uno de ellos, le había enseñado una buena lección. Lo único malo era que a esas horas, las previas antes de que tuviesen que ir al pabellón a comer, parecía que todos tenían la misma idea que ella y casi tenía que seguir peleando por encontrar uno de los cubículos libres. Por suerte para ella, la condición de su padre lograba que le cediesen rápidamente alguno con tan solo mirar asesinamente a cualquiera que estuviese delante. —Si tienes algún problema, le dices a Quirón que instale duchas en las cabañas. Mientras tanto, ponte detrás.— Le dijo a una de las hijas de Afrodita. Esas chicas además tardaban una eternidad bajo la ducha, como si no hubiese nadie más en el campamento. ¿Qué era lo que hacían ahí adentro?

Ella tardó como diez minutos en ducharse, ponerse la camiseta del campamento, unos pantalones cortos y salir de ahí camino de la Cabaña 5 con el pelo aún mojado mientras se lo desenredaba con los dedos. Había olvidado su cepillo en su taquilla y tenía que ir a buscarlo para desenredarse el cabello, aunque le gustaba que se secase al aire, no le agradaban los nudos, así que se tomaba el cepillado muy en serio. La música estridentemente fuerte de la cabaña le llegó antes de pisarla, alguno de sus hermanos estaría ahí dentro haciendo a saber qué, la verdad es que fuera de la arena, no tenía mucho trato con ellos, eran un tanto individualistas, era lo que suponía el sentir la constante necesidad de competir los unos con los otros. No obstante, su sorpresa fue mayúscula, cuando no vio a ninguno de ellos, si no a alguien que no debería estar ahí. —¿Se puede saber qué diablos haces aquí?— preguntó, dejando caer su mano que estaba internada entre las hebras negras y húmedas de su pelo para mirar de frente al hijo de Zeus. —¿Vienes a por otra paliza?— Le preguntó, pues poco más podía hacer alguien de la cabaña 1 ahí, salvo crear una provocación.





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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Elric el Mar 31 Oct - 2:16

Running
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Sobre el escritorio se encontraban desperdigados un puñado de objetos de curiosa forma: Un cuerno, unas escamas con grabados ininteligibles en ellas, una pluma de color azul y un ojo contenido dentro de una caja de cristal, y junto a ellos, un cuchillo de un largo que se asemejaba a una daga en proporción, de metal brillante y amarillento, que brillaba como su hubiera sido pulido recientemente. Frutos de una cacería exitosa, una que se había continuado ya durante muchos meses, persiguiendo un objetivo que ya se había apartado de su ambición original. En el piso de mármol, una pequeña hoguera a los pies de la imponente estatua de su padre ,Zeus, humeaba ya agotándose de su propio llamado a los distintos olímpicos, cada uno de los cuales una vez invocado se negaba a aceptar el sacrificio ofrecido y simplemente no aparecían. Cansado de intentar, el semidios se había retirado ya a su cuarto para pensarse mejor todo aquello, no entendía que en ese momento ya ninguno de los dioses estuviese disponible siquiera para aceptar una ofrenda de su parte.

Toda brasa se apagó inmediatamente y el humo se movió, llevado por la corriente de aire que entró de forma repentina en la más grande de las cabañas del campamento. Los ojos dispares del rubio se cerraron al instante y cayó en un sueño profundo en el que no era capaz de mover más que la vista, sumido en la más completa oscuridad hasta que una luz, un solo lucero se acercó hasta él con movimiento ondulante —Hijo de Zeus, hijo de Zeus— Lo llamaba la voz a medida que se acercaba e iluminada, comenzaba a adoptar la forma de una mujer de edad que no podía definir, que con un tono tranquilo hacía un llamado a aquel que se encontraba casi completamente paralizado. —¿Qué es lo que ocurre?
¿Quién eres?
— Le preguntó, ya acostumbrado a las maneras enrevesadas de los dioses para manifestarse ante los semidiioses y hacerles saber su voluntad. —Para librarte del espectro del señor de la guerra, necesitas de su propia sangre para cortar el lazo que te mantiene atado. Yo soy Hécate, la de los tres caminos, y te prevengo de la elección que tendrás que tomar cuando Nike llame a tu puerta, pero antes que nada, deberás cumplir tu promesa con los dioses...—. Su voz sonaba calmada y melodiosa, pero más parecida a un susurro, a un canto prohibido antes que a otra cosa y sin poder mediar pregunta acerca de lo que pidió, simplemente se desvaneció en su nebulosa y él volvió a sumirse en un profundo sueño.

Despertó visiblemente alterado, su corazón latía y su respiración estaba agitada producto del encuentro, estar inmovilizado debía ser la peor sensación del mundo, menos todavía, se imaginaba, estar atrapado por la mirada de una gorgona. Sin deseo de perder tiempo, supo a dónde tenía que ir en cuanto la imagen se atravesó por su mente. Debía ser la sangre de Ares, no había otra respuesta, acostumbrado a los juegos del destino como estaba. Acostumbrado como estaba a hacer las cosas de la manera en que debían hacerse según él, simplemente se dirigió derecho hasta la cabaña 5, acercándose hasta uno de los chicos, que apoyado en la puerta se mantenía con los brazos cruzados, dando las pintas a pesar de ser un chico todavía, de ser el puertas con mala cara y peor actitud de un club de mala reputación. Le costó un par de dracmas, pero tras el tira y afloja inicial, consiguió regatear hasta que le dejó la entrada a la cabaña libre, estando ésta vacía en su interior, con los hijos del pestilente entrenando a esas horas en el campo. Simplemente comenzó a andar por aquí y por allá, echando un vistazo a las pertenencias de los campistas, sin querer tocar nada, pero tomándose la libertad de sentarse sobre una de las camas y encender la música a todo volumen, necesitaba llamar la atención después de todo. —Que gusto que me vengas a visitar, ya comenzaba a extrañar tu cara pecosa— Comenzó a decirle, poniéndose de pie para no estar tan expuesto en caso de que se lo tomase a mal. —Verás... Je ne se pas comment te dire... Te extraño, no, mentira. Ya sé. Necesito tu ayuda para una misión, hay peligro de muerte, monstruos, dioses y bastante bronce celestial en juego si estás dispuesta a no hacer preguntas— Le respondió, moviéndose como siempre que trataba con ella, de forma impredecible. —¿Y bien?— Le preguntó, enseñando una sonrisa de vendedor consumado, si el pago no bastaba, esperaba al menos despertar su curiosidad lo suficiente.






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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Willow el Jue 2 Nov - 0:17

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No, encontrarse a un hijo de Zeus en la cabaña número cinco nunca podía terminar bien, por lo menos para los invasores. Y es que era de tener pocas luces querer internarse ahí, pudiera ser que otras cabañas fuesen más hospitalarias, como la de Hermes, donde llegaban todos los desharrapados que no habían sido reconocidos por sus padres y no sabían a donde asignarles, pero los hijos del dios de la guerra tenían lo mismo de hospitalarios que de amables: nada. Ahora, ¿Qué era lo que hacía ahí? O venía a husmear o venía a buscar a alguien y por su bien, esperaba que fuese lo segundo, porque ella no daría parte a Q de la incidencia, si no que se tomaría la justicia por su propia mano. ¿No era para eso que la entrenaban? —¿Dónde se supone que está el novato?— Preguntó más a si misma que al hijo de Zeus, quien seguramente ni sabía de quien le hablaba. Las normas ahí eran sencillas, el nuevo hacía guardias para que nadie entrase o saliese sin que los veteranos lo supieran y por nadie, se refería a cualquiera que no fuesen habitantes de esa ruidosa cabaña.

—Estás encima de mi cama.— Espetó la morena con su habitual tono de malas pulgas. Su cama, debía ser de las pocas que estaba bien hecha, la de los demás era un amasijo de ropa sucia y sabanas revueltas, pero a ella no le gustaba oler a pocilga ni dormir enredándose las piernas. Era disciplinada y en aquella disciplina entraba cierta obsesión por el orden. La explicación del rubio, no se hizo esperar, pero tras escuchar la primera frase, Stella se adentró unos pasos en la habitación  y cogió un puñal del pie de la cama de otro de los campistas el cual pasó a unos centímetros de la cabeza de Alex cuando lo lanzó y fue a clavarse a uno de los armarios que había tras él. —Vuelve a llamarme pecosa y esa madera, será tu cara. ¿Entendido?— Solo había dos personas autorizadas para llamarla de esa manera sin recibir un golpe como recompensa. Su madre y un amigo de la infancia. La primera estaba muerta y el segundo en la cabaña de una diosa menor.

Como tenía curiosidad, no le obligó a marcharse, si no que se adelantó pasando junto a él mientras hablaba y desencajando el cuchillo del armario lo abrió para sacar el cepillo de pelo y comenzar a pasarlo por las mojadas hebras de su cabello. Se giró para mirarlo mientras lo hacía, negándose a darle la espalda por si sus intenciones no eran las que decía. No era nada personal pero Stella no confiaba en nadie, no desde que había ido a parar ahí descubriendo su verdadera naturaleza. Todos los problemas que había tenido anteriormente en Nueva York, venían derivados a su parte inmortal, las peleas, las amenazas constantes, aquello ya le habían hecho mella. El mundo de piruleta que le habían tratado de vender después, donde los campistas se ayudaban entre sí contado los unos con  los otros para luchar contra las fuerzas del mal como si fuesen parte de un comic de súper héroes, no le convencía.

—Primero, eres idiota.— Dijo finalmente cuando se sintió satisfecha y terminó con el cepillado. —Segundo, no es que vaya a decir que no a un poco de acción. Peligro, monstruos contra los que pelear ¿Dónde hay que firmar? Siempre tengo la mochila preparada.— continuó, señalando el petate al pie de la cama justo al lado donde él estaba. —Tercero, puede que tú seas idiota pero yo no. Así que haré tres preguntas y depende de lo que me digas, tomaré la mochila o no. ¿Esto lo ha mandado Q? ¿Por qué yo? ¿A dónde vamos?— Las soltó todas de golpe, dejando en su mano decidir por cual querría comenzar.



» Dado para ver si acierto el lanzamiento.




Última edición por Willow el Jue 2 Nov - 1:13, editado 1 vez
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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Dice Master el Jue 2 Nov - 0:17

El miembro 'Willow' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Elric el Lun 6 Nov - 1:16

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Aguardando en el dormitorio de los hijos de Ares, aprovechó de observar y apuntar mentalmente cómo era aquello, tan distinto en comparación a su propia cabaña, tan vacía siempre y fría como el mármol de sus paredes donde parecía que lo único que persistía era la gran estatua de bronce celestial en medio de la primera planta, alzando el rayo por encima de su cabeza listo para fulminar a quien ose molestarlo con su presencia. Aquella si parecía una cabaña, con muchas camas, desorden y ropa en todos lados. Se había preguntando si los hijos de Ares tendrían en algún lado una especie de colección que rememorase a los más importantes semidioses que habían pasado por ahí en la historia y las hazañas que habían realizado. En realidad sabía qué era lo que estaba haciendo, conocía a la morena como a los campistas que ahí vivían, estaban siempre deseosos de probarse a su padre y de encontrar una salida rápida para su natural instinto de pelea, que no fuese el campo de prácticas. Alzó
los hombros cuando preguntó por el chico que convenientemente se había ausentado de su puesto —¿En serio? Menuda suerte, me siento como en la historia de los 3 osos, ya decía yo que esta cama era la adecuada para mí— No había querido imaginar lo que podía haber encontrado de equivocarse y acabar encima de la de Clarisse, aunque sospechaba que esa sería una de las que permanecían sin hacer y que seguramente olería peor.

Cuando el cuchillo voló hasta él, sus instintos le hicieron ver toda la escena en cámara lenta, mientras el filo pasaba al costado de su rostro, conocía sus intenciones como para saber que le bastaría con amenazarlo todo lo posible, pero que no le haría daño hasta que él tuviese un arma para estar en igualdad de condiciones y por ende, poder fanfarronear de ello después delante de sus demás medio-hermanos. Estaba acostumbrado a sus demás hermanas como para saber evitar desatar una pelea en medio de la cabaña y al mismo tiempo mantenerla interesada, enojada, lo que fuese que funcionara para ella —¿Y cómo crees que es adecuado que te llame? Stella no es un nombre que suene precisamente bien acompañado de La Reina Guerrera, después— Agregó, tan cómodo en su posición como parecía estarlo ella, ya fuese con el cuchillo como con el cepillo en las manos. La verdad era que su cama se le antojaba cómoda, así que se tomó la libertad de estirarse para regodearse en ello durante un instante. Sonrió cuando le llamó idiota, sabía que no estarlo echando de ahí a patadas era la primera y única buena señal que necesitaba para saber que tenía todo su interés. Escuchó sus razones, las que él estaba esperando y también sus preguntas —Veamos en orden... No, porque necesito a un buen guerrero y tu nombre es el más fácil de recordar y a dónde vamos, pues a Long Island a una vieja mansión abandonada. Los demás datos me los reservo para mantenerlo interesante— Le dijo, sonriéndole antes de sentarse en la orilla de la cama y ponerse de pie frente a ella. Podía imaginar lo que le parecería todo ello, sin un plan verdadero —Quizás no lo sepas, pero hay mucho en el juego de los dioses que no pasa por los ojos de Q. o de Dionisio incluso, así que podríamos decir que has sido seleccionada para una misión de alto secreto, así que piensa una coartada— .Concluyó, levantando ambas cejas en señal de inocencia y adelantó su índice para ponerlo sobre sus labios. Nadie podía saber a dónde iban ni por qué o iban a meterse en serios problemas.








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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Willow el Mar 7 Nov - 11:35

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Ver a cualquiera sentado en su cama podía significarle una paliza. Pero a él ya se la había dado y le causaba curiosidad saber por qué había sido tan insensato de ir a golpear su puerta, por decirlo de algún modo y arriesgarse a terminar con un ojo morado o algo peor. —¿Por qué, huele a chica?— preguntó sarcásticamente cuando dijo que esa la cama adecuada para él. Se lo imaginaba durmiendo entre algodones en aquella casa que llamaban cabaña los hijos de Zeus, tan delicados ellos que rivalizaban con las descendientes de Afrodita. Stella olisqueó el aire acercándose a él. —Alguien debería decirte que los baños son con agua y jabón. No con perfume.— se burló de él, mentando su supuesto refinamiento.

Le ignoró mientras se cepillaba el cabello hasta que no tuvo un solo nudo en su larga melena negra, después, guardó el cepillo en su mochila, como si ya hubiese tomado una decisión para proceder a hacerse una trenza con el pelo aún mojado para que este quedase más apretado y no le molestase después si tenía que pelear con alguien o les llamaban a la Arena para cualquier demostración. —¿Pecosa la reina guerrera te suena mejor?— Preguntó cuando terminó y pasó la cinta de pelo para anudar el cabello. —Llámame Stella y punto, princesa. O terminaremos mal. Muy mal.— Era una amenaza en serio. No se trataba de una fanfarronería, nunca había soportado que se metieran con sus pecas, ni siquiera cuando era niña y aún no controlaba su fuerza, lo cual le llevó a tener más de un altercado en la escuela.

—Levanta de ahí.— le dijo malhumorada ante su provocación, pateando una de las patas de la cama amenazando con hacerla caer y a él junto al colchón y el somier. —Voy a tener que limpiar las sábanas solo para no tener pelos rubios por todos lados.— Protestó la hija de Ares, como si él fuese el hijo de un hombre lobo con problemas de alopecia. Pero cuando comenzó a explicarse de ese modo tan peculiar se detuvo a escucharle, cruzando los brazos bajo el pecho y con el ceño fruncido, en una postura bastante habitual en ella. A punto estuvo de mandarle al cuerno para que fuese a buscar suerte con algún hijo de Hermes recién llegado. Pero recordó su visita al oráculo días atrás y aquella extraña predicción que le había hecho. La cual no había sabido interpretar pensando que todo fue una pérdida de tiempo. ¿Se estaría refiriendo a eso? En cualquier caso, no siempre tenían los mestizos la posibilidad de obrar por su propia cuenta sin la vigilancia de Q y aquello era un doble reto. Por el peligro que traía y las consecuencias del centauro después por haberse escapado.

—Está bien.— dijo finalmente y sin pensar mucho más, se agachó para tomar su mochila, como ya había dicho antes, siempre preparada. —Tengo algunos dracmas guardados que pueden ayudar.— Stella no era muy derrochadora. Se conformaba con lo básico y lo que necesitaba, así que ahí donde otros despilfarraban cuanto llegaba a sus manos, ella lo guardaba casi todo. —Y siempre tengo una coartada preparada. Si te sirve de algo, yo soy de Nueva York. Si preguntan, fuimos a visitar a unos amigos de la familia y te llevé para que te diera un poco el aire.— Propuso como excusa. —¿Tu tienes todo preparado? No veo tu mochila. ¿Y que se supone que hay en Long Island para que tengamos que ponernos a pelear? No es que me queje pero…— quería saber el final de toda aquella historia.






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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Elric el Mar 7 Nov - 22:50

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Que respondiese a sus burlas con un intento de devolvérselas ya era algo, claro, las hijas de Ares no era que destacasen por su ingenio en lo que era socializar, pero tenía mérito el intento y eso siempre era importante —Dime, ¿Te acuerdas de mí cuando usas tu pijama nueva?—. Le preguntó, refiriéndose a la camiseta que le había ganado en el campo de prácticas la última vez que habían peleado y que por picarla le había dicho que sería para no extrañar su aroma. Muchos ignoraban que Zeus no solo había derrotado a Cronos usando la fuerza bruta, el ingenio y su propia gracia habían sido partes fundamentales del engaño que le permitió liberar a los demás olímpicos desde la prisión en el interior del padre de los dioses, Alex todavía se creía con suficiente gracia, otra cosa era que a las personas a quien le gastara las bromas, no fuesen tan receptivas de su humor —Ya, lo que tiene Stella es que no rima con demasiadas cosas... Stella bella. Mira, trabajaré en ello—. Le dijo, como si el apodo pudiese haber sido una preocupación fundamental de la morena, una que no la dejaría dormir seguramente hasta que él llegase con la respuesta para la forma correcta de referirse a ella, que por lo demás y ya que ella había dicho lo contrario, insistiría en hacer hasta que se volviera costumbre o lo golpease de verdad, lo que sucediera primero.

El resto de su trato amoroso y hospitalidad era lo que podía esperar de cualquiera de sus hermanas, tan cómodo como lo había visto ocupando su espacio, al menos no era de las que no intentarían matarlo literalmente al encontrárselo en un lugar sin testigos en la cercanía —Chica preparada vale por dos—. Afirmó,  conforme de haber recurrido a ella en lugar de a alguno de los otros hiperactivos campistas que de seguro se acabarían perdiendo en la ciudad antes de siquiera llegar hasta su objetivo. La diosa había mencionado a una hija del dios de la guerra y bien sabía que llevar a otro más habría sido más peligro de que se peleasen en medio de la misión, que otra cosa —No te preocupes, llevo todo lo que necesito conmigo— Sonrió orgulloso de mantenerse preparado al mismo tiempo que oculto a la simple vista, pero que ella llevase su propia mochila demostraba que quería partir de inmediato y a final de cuentas, eso estaba bien para él —Me agrada tu entusiasmo, en realidad había pensado en darte un rato para preparar todo, pero ya que aquí estamos, ¿te acabas la trenza de camino?—. Se encogió de hombros y sonrió, con la luz entrando por la ventana a esa hora, su cabello parecía solo verse más rubio de lo acostumbrado y sus ojos dispares todavía contrastaban más —En Long Island hay muchas mansiones, pero en vez de herederas tomando el sol en cueros, vamos a buscar a una gorgona, para qué y por qué, eso lo desconozco, pero trabajo es trabajo—. Le dijo, acercándose a la puerta para abrirla y hacerle la reverencia cuando ella saliese primero antes de cerrar.

De camino a los establos se cruzaron con algunos chicos que andaban corriendo, nunca se sabía en las guerras de bromas entre hijos de Apolo y de Hermes, recordaba cuando los últimos habían robado el carro del sol de los primeros y lo habían estrellado contra la cabaña número cuatro, destrozando varios maceteros de los hijos de Démeter y ganando para sus cabañas una reprimenda severa de Q y una semana de ejercicios intensos para todos. Cerca de los establos, no pudo evitar recordar a cierta hija de Poseidón llena de ticks e hiperactivo incluso para los de su ascendencia, que podría haber cambiado su lanza por una hamburguesa si alguien se la ofrecía —No sabía que eras de por aquí—. Le dijo mientras iban entrando al establo, la verdad era que apenas conocía nada de la vida personal de la morena, cosa que nunca le había incomodado personalmente, las hijas de Afrodita llevarían sus registros de quién era quién y cuál era el chico o chica que les gustaba, él se distanciaba demasiado de la mayoría como para preocuparse por sus historias trágicas. Había llegado a considerar cómo sería si su familia hubiese estado así de cerca del campamento, pero claro, así también había llegado a la conclusión de que eso no haría que los viese más tiempo de cualquier manera. Pero ahí estaba, su chico malo y pendenciero
¡Bucéfalo!—. Llamó al pegaso negro que de inmediato dio una furiosa patada contra la puerta —Si no dejas de golpear, no podré quitar el cerrojo—. Le dijo a su compañero, que no podía sino llamarse como el de Alejandro Magno, con un tono poco usual en él, en especial cuando parecía que estaba a punto de liberar a un kraken de su prisión. Abrió la puerta y sus crines negras se asomaron antes de que todo su cuerpo apareciera, sujetándolo el hijo de Zeus inmediatamente y cubriéndole los rojos ojos con las manos mientras salía de ahí caminando en retroceso. Le dirigió una mirada para indicarle que no se acercara, negando con la cabeza.








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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Willow el Lun 13 Nov - 23:19

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Torció el gesto ante su comentario sobre la camiseta, la verdad es que la había hecho una bola y guardado en su armario justo al fondo cuando la había ganado. Esperando poder sacarla para restregársela por la cara en algún momento. —La verdad es que sí.— Respondió encogiéndose de hombros. —Pienso mucho en la cara que pusiste cuando caíste al suelo, poniendo los ojos en blanco como una princesa en apuros. Y en la satisfacción que me produjo. ¿Quieres repetir?— Preguntó. Aprovechó para abrir entonces la puerta del armario y sacar su camiseta, extendiéndola frente al rubio como el trofeo de “Atrapa la Bandera” versión campistas. Luego la dobló y la metió en su mochila. —Será mejor que me la lleve, por si empiezas a subirte mucho a ese limbo tuyo y tenga que bajarte los humos.— añadió. No se imaginaba tener que compartir viaje a ningún sitio con él sin pelear al menos cinco veces por día, tres de ellas llegando a las manos. Aquel tipo era irritante, a ella que le irritaba todo el mundo, le irritaba más que cualquiera de los demás. —Trabaja en tus reflejos mejor.— gruño tomando ahora un zapato y lanzándoselo directo a la cabeza cuando continuó con aquello de los motes. ¿Por qué no sencillamente la llamaba por su nombre? ¿Tan poco aprecio tenía por su vida? ¡Terminaría por matarlo! Idiota…

Muchos campistas se sentían cómodos en ese lugar. No era el caso de Stella, si bien cuando llegó lo consideró un refugio después de perderlo todo, con el paso de los años solo pensaba en poder marcharse y tal vez no volver. Buscar la senda de la inmortalidad como algunos de sus hermanos, el camino del héroe. Si bien ella quería tener un nombre su meta era diferente. Solo había un Dios que le interesaba realmente y no era precisamente su padre. Quería hablar con uno de ellos, el mismo que más se ocultaba a los mortales o incluso a sus propios hijos. Pero sabía que antes de ello, necesitaba hacer mucho, recorrer un largo camino. Motivo por el cual necesitaba aventurarse a cualquier cosa que o bien la ascendiera o bien la acercase a la muerte. Por eso siempre estaba preparada, con la mochila presta esperando la llamada de Quirón o de cualquier Dios que quisiera considerarla. Solo que esto último, no solía suceder. No con tantos semidioses alrededor. Se terminó la trenza y se puso la mochila a la espalda mientras salían y escuchaba las explicaciones de Alex. —Creo que casi prefiero a las gorgonas.— respondió. Antes que la visión de aquellas chicas pavisosas que perdían más tiempo mirándose al espejo que las hijas de Afrodita y hablaban con acento más contagiado que algún hijo de Baco. Suponía, que eran de la clase que le gustaban a él, pues seguro que usaban la misma cantidad de maquillaje, pero ella no las soportaba.

Hablar de su vida fuera del campamento no le gustaba. Como la mayoría de los que habían estado ahí, no había sido fácil y finalmente había perdido todo lo que le unía al mundo de los mortales. Bastante había dicho mencionando que sus orígenes estaban en Nueva York y no tenía intención de continuar por ese camino. —Bueno ya sabes, era.— Y fin del alegato. Desde que entraron bajo el manto protector todos habían dejado atrás sus mundos y hogares, encomendándose a los dioses o protegiéndose de aquello que trataba de matarlos continuamente.

No sabía cómo iban a salir de ahí sin que se enterase el director, pero suponía que el otro tenía un plan motivo por el cual le siguió al establo sin dudar confiando en que sería la llave directa al otro mundo. Cuando vio al animal caballo-alado palideció aunque se mantuvo firme negándose a mostrar cualquier tipo de impacto. Pero la bestia, estaba alterada, tal vez por el propio encierro queriendo desplegar sus alas y surcar el aire. Por su parte, pegó la espalda a la pared del establo. —¿Es en serio? ¿De verdad que tenemos que salir de aquí encima de… eso?— preguntó. —Mira, vale que tu seas hijo de Zeus y tengas cierto control del viento y demás. Pero yo no y si esa bestia me tira me estamparé contra el suelo y me romperé la crisma. Tendrás que enfrentar tu solo a la Gorgona y sin mi ayuda morirás.— Vaticinó la hija de Ares, esperando que él tuviese algún plan o que el maldito animal se calmase.






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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Elric el Mar 14 Nov - 7:04

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No iba a ser él quien fuese a tachar a nadie de presumido por sacarle en cara una victoria, una que por mucho que le costase reconocer había sido en términos justos, aunque quizás podía alegar que no se la había tomado lo suficiente en serio como para que contase el esfuerzo. La apuesta por la camiseta había sido lo que finalmente había ganado su interés para el duelo en cuestión, siendo la idea de aportar con su camiseta a la sábana de derrotas de la semidiosa una idea más ingeniosa que el tratar con los típicos hijos de Ares que sin ser pagados de si mismos, sabían aburrir a todos con su necesidad de reafirmar sus inseguridades mostrándose hostiles y más fuertes que todos en todo momento, diciéndolo en cada momento y sacando provecho hasta el cansancio de la victoria más pequeña —Si algo te dice el que esté aquí, es que siempre se acaba repitiendo—. Le respondió, teniendo el tiempo justo para sonreír de esa forma que sabía que podía resultar tanto encantadora como insoportable según a cada quien, reaccionando a tiempo para esquivar el zapato volador que salió despedido hacia él, borrándole la sonrisa al volver a levantar la cabeza. Al parecer ella tenía la costumbre de arrojar las cosas por la cabeza, lo que explicaba el desorden que había en esa cabaña, si cada objeto podía ser convertido en un proyectil.

Pensar en pasar una tarde de playa sonaba demasiado tentador como para rechazarlo, pero el hecho de tener que responder a la diosa de lo oculto su encomienda y el pequeño detalle de querer librarse de aquel espectro que hacía apariciones esporádicas para carcomerle la cabeza con ideas de todo tipo, básicamente las que significaban acabar creando el caos de buenas a primeras allí por donde fuera en el mundo, pretendiendo enemistarlo con todos, para que buscase amenazas y mentiras allí donde fuese, como una constante llamada de Eris a su puerta. Al llegar al campamento, quienes más y quienes menos, dejaban atrás parte de su vida, lo más afortunados podían seguir volviendo durante el año a sus hogares con sus familias en caso de tenerlas, ir a la escuela y vivir una vida normal, mientras que otros elegían vivir todo el año en el campamento, tanto por opción como por ser el único lugar al que podían ir en realidad. Sin c

No esperó que la aparición de su pegaso fuese a tener tal efecto en la morena, que lo miró como si contemplase a una bestia del averno y vaya si que conocían ellos a varios de esos desde cerca. No necesitó más que ver su rostro al notar el pelaje negro y los ojos llameantes en un poco natural color rojo en sus irises, pero él simplemente siguió avanzando con el animal, guiándolo para que no se percatase en lo posible de su encierro hasta estar afuera del establo, donde Bucéfalo dejaba de comportarse tan furioso como para intimidar a nadie que no fuese demasiado sensible. Oyó sus preguntas, pero se limitó a usar su voz para ir calmando al animal a medida que notaba la tierra bajo sus pies una vez más —¿Qué?¿Encima de Bucéfalo dices? Claro, si es un chico tan bueno—. Le respondió, cambiando su voz al final de la frase para hablar con el equino como si lo hiciese con un niño pequeño o un bebé al que endulzar con palabras y acariciándole el pelaje que crecía largo desde sus crines hasta cubrir parcialmente sus ojos —Solo no tienes que evitar decirle cosas feas... y que no vea su propia sombra, eso son problemas si lo hace—. Le advirtió, particularmente tranquilo junto al enorme animal que suficientemente imponente resultaba sin llegar a extender sus alas —De todas formas pensé que después de todo este tiempo tendrías uno. Bueno, todo este tiempo, ¿Cuánto llevas ya en el campamento?— Le acabó por preguntar, con un repentino ataque de curiosidad al respecto, pues entre sus ausencias del último tiempo y el que solía llevarse con otras hijas de Ares para conseguir insultos poco ingeniosos de forma gratuita, no recordaba haber reparado en ella demasiado más allá de las ocasionales competencias o de quedarla viendo alguna vez cuando depositaba su comida en la hoguera —Mira, estamos ante la diosas de las tres puertas, así que puedes volver a hacerte trenzas, arriesgarte a llevar una montura tú misma o venirte aquí conmigo y aferrarte fiándote de mis habilidades como jinete... o atándote con un cinturón. Y apresúrate si quieres salir antes de que nos atrapen las arpías—. Por cualquiera de las últimas dos que optase le parecía bien, podía ayudarla si así lo quería, la cuestión era hacerlo pronto antes de que nadie los atrapase estando ahí cuando no tenían supuestamente ninguna misión que los excusara,







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Re: 2. Running, I'm ready to face it all

Mensaje por Willow el Miér 15 Nov - 23:51

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No es que ella tuviese problema con partirle la cara otra vez, o con lanzarle un nuevo objeto que esta vez sí que acertase de lleno en su cabeza. Precisamente una de sus habilidades era ser capaz de convertir casi cualquier cosa en un arma. Objeto que tomaba, objeto que podía convertir en algo peligroso. Pero dudaba que socarronería aparte, estuviese ahí para pedirle una revancha y a diferencia de la mayor parte de sus hermanos, con quienes si compartía el mal carácter y la mecha de la bomba de relojería que siempre estaba a punto de estallar demasiado corta, era capaz de ver más allá y encontrar pequeños filones en los sitios más inesperados. Como era el caso, esperaba que él estuviese ahí para algo más que tumbarse en su cama y molestarle. Aunque con los hijos de Zeus, nunca se sabía.

Todo aclarado se alegró de que los establos estuviesen tan cerca de las cabañas y que nadie los interrumpiese por el camino con cualquier tontería, viendo la mochila de Stella, quien se preguntó cómo hacía Alex para llevar todas sus cosas sin que estas fuesen vistas ¿Tendría algún tipo de artilugio reductor que hacía que todo se metiese dentro de sus bolsillos? Indagaría sobre ello, porque era de lo más práctico. La cuestión no era aquella. La cuestión era que a Quirón no le gustaba que los campistas se embarcasen en misiones que no pasasen por su filtro. Como si tuviese que ser él quien las aprobase y decidiese que semidiós era digno de quedarse con toda la gloria. Generalmente, los escogidos siempre eran los hijos de los tres grandes, lo que dejaba a los demás un tanto en segundo plano. Cada vez que llegaba un supuesto elegido, Stella se encargaba de bajarle los humos en la arena. Por si acaso.

Se agarró las asas de la mochila apretándolas y caminando hacia atrás a medida que el Pegaso salía del establo sin despegar los ojos de él. Era un animal fantástico, hermoso y peligroso. Tres ingredientes que lo harían perfecto para ella, salvo porque volaba. Cosa que ella detestaba. —Claro, claro.— respondió distraída a las indicaciones de Alex, agachándose cuando Bucéfalo extendió las alas en un gesto magnífico donde desplegaba todo su brillante plumaje. —Demasiado.— Fue su ambigua respuesta respecto a cuánto tiempo llevaba ahí. Cuatro años ya, cuatro largos años todos iguales al primero salvo porque cada día era más fuerte y tenía más ganas de salir de ahí. —En realidad me ofrecieron uno, pero no lo quise.— No  mentía, desechó la idea del Pegaso cuando lo ganó dos años atrás. Aunque suponía que estaría magnífica subida a un animal de esos con sus armas listas para enfrentar a un enemigo, la idea de que en el aire el animal pegase un bandazo y la tirase desde metros de altura no le parecía para nada atractiva.

Sopesó las opciones que le dio el semidiós un momento decantándose muy a su pesar por la tercera. Ya tenía la trenza hecha y desde luego no pensaba quedarse en el campamento ante tal oportunidad de cumplir la misión de un dios, aunque fuese uno menor. —Mira, creo que no es buena idea que monte un Pegaso que no me conoce. No me va a hacer caso y es capaz de tirarme desde lo más alto solo para que me parta la crisma.— Argumentó, tratando de aplicar la lógica. —Así que supongo que tendré que montar contigo.— Dicho lo cual, movió su mochila para sacar una cuerda de esta antes de cerrarla y dejarla en su sitio después. Subió a lomos del animal situándose tras el rubio, al cual pasó la cuerda por su cintura para anudar el otro extremo a la propia, quedando ambos unidos por esta. —Lo de fiarme de tus habilidades es otra cuestión.— Le dijo hablándole casi al oído debido a la posición. —Pero no dejas de ser hijo de quien eres y supongo que si tu torpeza hace que nos caigamos, o que me tires, al menos tu padre tendrá que salvarnos de la caída a los dos.— Decidió. —¿Nos vamos?






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