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V. Long May We Reign

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V. Long May We Reign

Mensaje por Elric el Mar 14 Nov - 22:00

Long May We Reign
AÑO 1 ANTES DE LA CONQUISTA — AL MEDIODÍA— Antigua — SOLEADO
Tras abandonar los Campos de Fuego, los jinetes que quedaban de la caballería persiguieron a la escolta del Lannister hasta un camino que se estrechaba entre las montañas para entrar a su reino, uno que fue bloqueado desde el otro extremo por la temible figura de Balerion, amenazando con hacer arder a la realeza y la nobleza de todo el reino de la Roca ante la mínima provocación. El único de los dos reyes sobrevivientes que habían marchado frente al gran ejército, suplicó piedad a Aegon y juró lealtad a él y su estirpe, perdió su corona, pero a cambio mantuvo Roca Casterly y se convirtió en el guardián del Oeste. A su vez, el ejército del Conquistador avanzó rápidamente hasta Altojardín para rendir la ciudadela antes de que algún lord aprovechase el vacío dejado por la muerte de la estirpe completa de Mern, para hacerse con la fortaleza y proclamarse rey, pero en lugar de un nuevo estandarte flameando en el aire, se encontraron con las puertas abiertas y el mayordomo de Altojardín rindiendo la guarnición ante el primer avistamiento de la caballería que se presentaba ante la ciudad, teniendo que aguardar solamente al arribo del mayor de los dragones para arrodillarse ante él y entregarle el castillo. A cambio, el hombre fue levantado desde el suelo y alzado al título de señor del Dominio, guardián del sur y su familia se volvió la propietaria de la ciudadela que habían guardado durante generaciones para los Gardener. Con los reinos ya asegurados, vio el Targaryen la oportunidad de reafirmar su reclamo, planeando ir hasta Antigua para afianzar su posición como señor de los Ándalos, pudiendo dejar temporalmente de la ecuación a los reinos que se diferenciaban de los demás por la cultura y la fe de sus habitantes, pero el destino tenía deparados otros acontecimientos y con la gran sorpresa de un ejército de treinta mil hombres del Norte que habían descendido desde el Cuello, la fuerza de cuatro reinos y tres dragones se dirigió a su encuentro. Ambos enormes ejércitos se encontraron en riberas opuestas del Forca Rojo y con la practica totalidad del continente bajo su control, el rey con la corona de hierro, optó por doblar la rodilla ante los dragones y evitar tal derramamiento de sangre que podía haber supuesto, inútil ahora que ya más de la mitad de los reinos respondían al llamado del Targaryen como rey de todo Poniente.

Entonces el gran ejército se dividió en tres partes, tres flechas en cada una de las direcciones que todavía no habían sido conquistadas, guiada cada una por un dragón. Al tiempo que Visenya volaba por encima de las Puertas de Sangre para doblegar a Sharra Arryn y ganarse a su hijo para siempre con un paseo a lomos de Vhagar, Aegon y Orys partieron con la fuerza principal rumbo a Antigua para prepararse para asediar su último desafío, uno que debería ser conseguido sin usar a los dragones por la gran población que tenía la ciudad, la más grande de Poniente, la presencia del Septo Estrellado y de la biblioteca con mayor concentración de conocimientos del mundo, algo que incluiría conocimientos de la vieja Valyria. El Targaryen ansiaba poder controlar a la Fe, a la gran ciudad y tener acceso a los documentos perdidos del origen de su familia, un premio que bien valía un sangriento ataque y tener que dejar a Balerion en reserva, una misión para la que necesitaría a Orys como comandante guiando a las tropas en el asalto, cuando descubrieron para su asombro que la ciudad se rendía también, encabezada por Lord Hightower y el Septón Supremo en pos de evitar una confrontación, haciendo que la presencia del Baratheon fuese innecesaria, un error del que tanto rey como Mano se lamentarían cuando Rhaenys regresó tras nuevamente perdonar la vida a una reina que elegía arder a rendirse, sin que siquiera sus soldados lucharan contra los dornienses y regresara con sus fuerzas intactas a su encuentro.

Para entonces no importaba ya si los dornienses preferían inmolarse, prácticamente todo Poniente servía a Aegon y una vez reafirmado aquello, solo sería cuestión de tiempo para que la última pieza acabase por caer ante la incontenible fuerza de todo un continente por fin unido. El primer paso había sido conseguir la rendición de la reina de la Tormenta y así, cada rey había entregado su corona o perecido en el camino de su marcha hasta Antigua, fuera de cuyos muros acampó el ejército y que contaba desde entonces con la presencia del rey y sus dos esposas, los tres dragones y el séquito de nobles que ahora le servía a él, pero que todavía no era suficiente, no hasta que se consagrara en un solo acto la sumisión definitiva de cada uno de los antiguos reyes o quienes los habían reemplazado, los señores supremos de los reinos, convocados todos y cada uno a Antigua junto con sus cortes para a asistir a la magna ceremonia, como nunca se había visto en la historia de Poniente y donde se encontrarían como nunca antes, todos los que ostentaban el poder solo por debajo del rey en un solo espacio.

Solo la ciudad más grande conocida podía albergar tal cantidad de invitados, distribuidos entre las distintas fortalezas y palacios interiores, una coronación que uniese a todo el reino, un sueño loable que la Mano debía encargarse de que se viera realizado. Desde arreglar los detalles con el Septón hasta enviar a nombre del rey las invitaciones a cada quien, mientras éste se encerraba en lo más alto de la Ciudadela a enterrarse entre manuscritos de alto valyrio. Solo una misión de las que se le habían encargado lo preocupaba; tener que ir a buscar a su prometida después de un año para que fuese junto con él hasta la coronación ahora que su compromiso era conocido en todo el ahora único reino. El caballero, ataviado con un atuendo elegante para la ocasión en color negro y rojo, vetado y tachonado en dorado, descendió las interminables escaleras de la gran torre hasta uno de los jardines exteriores, ahí donde había acordado reunirse con ella mediante un mensaje. Al notar que no había nadie ahí todavía, envolvió uno de sus puños con la otra mano y miró al sol, pronto a ponerse en su punto más alto, marcando el momento del agendado reencuentro cuando tras unos instantes se giró —Mi señora—. Dijo realizando una reverencia antes de volver a erguirse y mirarla, particularmente dirigiendo su mirada hacia el par de furiosos ojos azules, que parecían más helados todavía con la luz en ellos.

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Re: V. Long May We Reign

Mensaje por Willow el Miér 15 Nov - 13:36

Long May We Reign
AÑO 1 ANTES DE LA CONQUISTA — AL MEDIODÍA— Antigua — SOLEADO
Cualquiera podía decir que había sido un año fácil. Pero no fue así. Comenzó de la peor forma posible, su padre murió, ella perdió la corona y fue comprometida con un hombre al cual detestaba. Pero al menos, mantenía la única posesión que en cierto modo le hacía feliz: Bastión de Tormentas. Recuperar las riendas de la fortaleza después de que sus hombrs la hubiesen entregado fue un duro golpe sobre la mesa. Ahora, contaba con el apoyo de aquel frente a quien se habían arrodillado por temor a arder hasta encontrarse con el Desconocido y si bien ella sabía que esos mismos hombres  estaban protegidos por el Targaryen y nada podía hacer en contra de su seguridad, se aseguró de que ninguno pudiese pisar sus salones durante todo aquel tiempo, teniendo que enviar siempre emisarios o a sus propios hijos siempre que necesitaron algo de su señora. Empero, era justa con ellos en sus peticiones, no por respeto a sus vasallos, si no por el pueblo de los mismos que al final, por mucho que la corona residera en otra cabeza, continuaba considerándolo como el propio y por ellos velaría hasta el final de sus días, por mucho que el Baratheon se interpusiera en su camino.

Siguió los acontecimientos del transcurso de la guerra con atención. Cada batalla y avance. Las noticias llegaban en forma de cuervos o de viajeros para regalarle los oídos y aunque sabía que lo que se contaba de una lucha siempre era mitad leyenda o exageración y mitad verdad, ella seleccionaba lo que le interesaba para guardársela. Así supo de los avances de los dragones, del pliegue de los Lannister y la caída de los Gardener. No pudiendo evitar pensar en aquellos advenedizos de los Tyrell ahora encumbrados a señores, recordando a los suyos propios, quienes le habían entregado seguramente pensando más de uno, que podría ocupar su sitial. Tal vez fue afortunada de ser una mujer entonces y de que Aegon tuviese un hermano bastardo al que querer darle tierras fáciles y un gran territorio para regentar. Pudiera ser, que aquello le hubiese salvado de seguir el mismo camino que los Gardener seguían entonces. Pero por supuesto, no sentía que tuviese nada que agradecer.

La rueda del tiempo siguió girando para ella, demasiado ocupada por recuperar la normalidad en sus tierras, volver a hacer florecer una economía que no parecía recuperarse mientras la guerra aún asolaba las regiones vecinas. Los vasallos, volvieron a jurarle lealtad, aquellos que la habían traicionado, siendo representados por sus herederos y pidiendo perdón en nombre de sus padres. Sabía que tras la boda tal ceremonia se repetiría para prometer obediencia al Baratheon, pero ella quería, necesitaba, ver  sus súbditos del mismo modo que su padre los vio el día de su coronación.

No tuvo contacto alguno con Orys durante aquel año, tanto que pensó que se había convertido en un mal sueño. Logró calmar su sentimiento de odio hacia él, el tiempo todo lo disipaba. No obstante, en ningún momento modificó sus pensamientos respecto al Lord Mano del dragón, por lo que cada noticia que le llegaba de él era un cierto pesar al saber que no había caído en combate y que finalmente tendría que cumplir su promesa de desposarse con él. Cuando finalmente fue el mismo Baratheon quien la llamó a acudir a Antigua, sintió más pereza que nunca, pensando en buscar cualquier excusa para no asistir, pero resolviendo que no podía ser así, pues lo que se pretendía en aquel lugar era jurar una lealtad al hombre que finalmente había reunido los reinos bajo las alas de sus dragones.

Por suerte, el viaje a Antigua no era demasiado largo, ni demasiado extenuante. Un gran carruaje donde cabían tanto ella como sus damas y no era otra cosa que una pequeña habitación cargada por las enormes ruedas de madera tiradas por los caballos, les dio cobijo hasta llegar a Antigua. En los baúles portaba su esplendido vestido. Mucho más elegante que cualquiera portado con anterioridad frente a cualquiera de los hombres de mando del lugar a donde acudía. Sus doncellas, se esmeraron en peinarla, dejando parte de su cabello suelto como una cascada castaña a su espalda. Las joyas cubrieron tanto orejas, como cuello y dedos y disimulada entre la trenza que anudaba la parte superior de su melena, se hilvanaba una cadena dorada simbolizando la tiara de reina que jamás podría volver a portar. Aquel, fue su pequeño punto de rebeldía y satisfacción con el cual se presentaría ante ellos.

Le dijeron que su prometido, le esperaba junto a las escaleras de la gran torre y con toda la parsimonia que pudo, excusado en el peso de sus ropajes, acudió hacia él. El impacto de verle después de tanto tiempo no fue pequeño, aunque en su  mente, lo descartó casi de inmediato, pese a que en la realidad guardase aquel ínfimo momento para sus momentos privados. También él estaba elegantemente vestido y no le pasó por alto los detalles dorados de su atuendo que tan a juego iba con el suyo, salvo por las salpicaduras rojas heredadas del blasón de los Targaryen. Casi parecía otra persona, no aquel soldado con quien se acostumbró a tratar. Alto, fuerte y tal vez incluso apuesto, irradiaba cierta luz sobre él de un magnetismo que ella, pensaba pasar por alto por completo. —Veo que seguís con vida.— Le saludó con tono neutro e indiferente mientras le tendía la mano con un gesto suave y elegante. Sus ojos azules, repararon en los de él un instante, buscando los trazos violeta que una vez viese en ellos pero sin ser capaz de descubrirlos. —Supongo que debo felicitaros por todo lo que habéis conseguido. Tanto el rey como vos mismo. ¿Comenzará pronto la ceremonia?— preguntó, no queriendo permanecer en el frío soplido del patio mucho tiempo.
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Re: V. Long May We Reign

Mensaje por Elric el Miér 15 Nov - 23:52

Long May We Reign
AÑO 1 ANTES DE LA CONQUISTA — AL MEDIODÍA— Antigua — SOLEADO
La aparición de la princesa en el gran patio esfumó el primero de sus miedos, que ella se presentara en la ceremonia sin estar dispuesta a que fuese en su compañía, poniendo en público conocimiento con ello el disgusto que le causaba haber aceptado prometerse con quien a ojos de los grandes linajes del reino podía no ser digno de una otrora reina. Afortunadamente de los más ancestrales linajes solo sobrevivían dos familias que habían aceptado unirse al reino después de que la tormenteña hubiese sido mantenida en su posición a pesar de haberse opuesto inicialmente a las aspiraciones del Targaryen en la primera de sus guerras por la unificación que se llevó a cabo. Regia como lo dictaba su sangre, se le antojó una visión que con el sol acercándose a su punto más alto, por sobre su melena oscura se formaba una corona hecha de luces y reflejos que desafiaba el juramento que había hecho al postrarse delante del poder del dragón. Le dio la impresión de que se había hecho más mayor, o quizás ese era el efecto que provocaba el verla presentarse ahí con sus galas, con esos colores que él había decidido compartir, y acompañada por todo su séquito desde las Tierras de Tormenta ahora que el orden natural había sido restaurado. Pudo notar lo no tan alegre que se encontraba de saludarlo —A pesar de todo, aquí estoy—. Le respondió antes de coger su mano suavemente y depositar un beso sobre una de las piedras engastadas en los anillos de sus manos. Su última oportunidad de librarse de él había sido después de acordar el compromiso, al día siguiente, cuando toda la vanguardia del rey Mern se vio envuelta en llamas y pisoteada por las botas de los soldados, después de eso se había reducido a ir rindiendo cada obstáculo en el camino con la sola presencia de los dragones en el horizonte y el ejército siguiéndolos.

Ir de un extremo de Poniente al otro había supuesto un esfuerzo para organizar a las fuerzas allí donde iban, muchas veces coincidiendo soldados que habían sido casas rivales en fronteras opuestas entre uno y otro de los reinos, que siguieran a un rey no iba a borrar las rencillas que se llevaban cobrando vidas durante, como mínimo, los siglos en que se había documentado la historia en papel. Pero después de que la Durrandon y el Lannister se hubiesen rendido y conservado sus posesiones, nadie volvió a osar oponerse al curso indetenible del destino —Muy atenta, milady, así como debo agradeceros yo por jugar vuestra parte, tanto por vuestro vasallaje como por lo que hacéis en Bastión—, Le dijo, conforme con la manera en que ambos habían llegado a un tácito acuerdo después de que ella se había presentado en la tienda real, retornando a gobernar sus tierras como si nada hubiese pasado, manteniendo el orden y su nuevo apoyo a la causa de la conquista —No debe faltar demasiado, a lo mucho un par de horas hasta que el rey se presente,
pero para entonces será mejor que ya estemos ahí. El carruaje nos espera
—. Aseveró, ofreciéndole su brazo para comenzar a alejarse de la colosal silueta de la torre, rumbo a los coches que aguardaban saliendo de los jardines.

Una vez la ayudó a subir, se sumó después y cerró la puerta tras él, despachando a sus demás acompañantes al resto de transportes sin necesidad de decir una palabra. El cochero dio la orden y pronto comenzaron a moverse por los caminos adoquinados que corrían en desorden, pero a lo largo de toda la ciudad —¿Os ha gustado la ciudad? Dicen que aquí viven doscientas mil alamas, aunque habrán algunos miles más con la ceremonia—. Le preguntó, curioso de su respuesta, pues recordaba que ella le había dicho que nunca había dejado su reino para conocer siquiera las tierras de aquellos vecinos más civilizados que tenían en los dominenses, todo para que solo después de su caída comenzara a poder recorrer los distintos reinos más por necesidad y obligación que por deseo de aventura. De preguntarle lo mismo a él, tenía clara la respuesta, la ciudad y su construcción lo había inspirado como suponía que había inspirado al rey al tener tal visión de una capital para todo el reino —El rey ha considerado instalar el trono aquí, después de todo ahora es la ciudad más grande del reino y la sede de la Fe—. Le comentó, intentando buscar algo de conversación, obligada por la ausencia de más compañía que había decidido tener durante el trayecto y del que todavía les faltaba cruzar media ciudad hasta llegar al gran septo, donde el Supremo Septón estaría esperando para depositar la nueva corona sobre la cabeza de Aegon y consagrar así su conquista a ojos del mundo con ese solo simple acto. También tenía ello otra implicancia; de ser así en el futuro estarían en los extremos opuestos del oriente al poniente, teniendo él que cumplir sus funciones con el rey y dejar los antiguos territorios de los Durrandon en sus manos.

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Re: V. Long May We Reign

Mensaje por Willow el Jue 16 Nov - 13:16

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AÑO 1 ANTES DE LA CONQUISTA — AL MEDIODÍA— Antigua — SOLEADO
Pese a querer tratar con él lo mínimo posible, había algo que estaba por encima de ambos. Las formas. A esas alturas, imaginaba que no serían pocos los presentes que conocerían su compromiso y opiniones aparte, el no parecer “unidos” frente al público que sin duda los observaría los debilitaría en el futuro. Conocía, más por oídas que en persona la clase de carroñeros sociales que se congregaban en esos lugares. Los mismos que buscaban cada punto de inflexión para anotarlo y sacar partido de él y si algo había quedado claro entre ambos y para cualquiera que la conociese, era que Argella sobreponía la importancia de sus tierras ante todo. El dar un espectáculo de riñas entre su prometido y ella, tan solo avisaría de lo que estaba por venir y cualquier podría querer acercarse al uno o al otro para seguir sembrando la semilla de la tempestad en sus oídos y hacer tambalear una casa que comenzaba a mezclarse con la segunda parte de su legado. Le gustase o no, se iba a casar con él y si bien había decidido despreciarle el resto de sus días, eso sería en privado y no frente a los ojos de cualquiera.

Por eso mismo, inclinó la cabeza cuando su mano fue alzada hasta los labios de él donde un beso selló el saludo. —Era parte del acuerdo.— Respondió con indiferencia, como si necesitase que alguien le dijese que tenía que velar por el buen funcionamiento de su reino. —Y para nada una obligación. Nací y fui educada para ello.— Le recordó, por si lo había olvidado. Sabía que su posición, su trabajo y su condición habían ayudado en parte a conseguir semejante victoria. Al menos, más de uno habría puesto los ojos sobre ella para darse cuenta que tal vez doblar la rodilla no sería tan desastroso si finalmente se podía mantener lo mismo que antes solo que obedeciendo orden y perdiendo la corona. El problema residía en que todos ellos, todos esos reyes, eran demasiado orgullosos como para tal hecho y variar de parecer cuando ellos mismos habían sido quienes mandaban y ordenaban toda la vida.


Subió al carruaje junto con él, lanzando una mirada furibunda a los que se bajaron para dejarlos a solas antes de que se cerraran las portezuelas, como si tuviesen miedo a quedar atrapados en medio de una tempestad. Argella, descorrió las cortinillas del coche para poder mirar el exterior y no tener que fijar los ojos en su prometido, pretendiendo ignorarle todo el trayecto. Pero al parecer, él no tenía las mismas intenciones y pronto se puso a hablar de naderías. —No sabría deciros.— Respondió aún sin mirarle, observando lo que pasaba por su lado mientras avanzaban. —Viajé en un carruaje cerrado y no he tenido la oportunidad de ver más allá de las paradas que hicimos para que descansaran los caballos.— No negaría que le podía la curiosidad, más teniendo en cuenta que solo conocía sus tierras y que aquella, era la ciudad más grande y culta de los siete reinos ahora solo uno. Pero lo que veía en la calesa, no le impresionaba demasiado pues en ese momento pasaban junto al mercado que no tenía nada de diferente de cualquier otro. —Aunque no os mentiré, tengo ganas de ver la Ciudadela.— Aunque fuese por fuera y contemplar aquella construcción que por alta, parecía imposible para la creación de los hombres. Con aquel faro llameante siempre encendido como si quisiera hacer un llamamiento a los dioses. No le preguntó por sus impresiones, aunque sabía que seguramente podría darle una explicación más extensa de cuanto les rodeaba o indicarle que veían a cada paso. No le importaba  nada de lo que él pudiese decir y era capaz de desapreciar cualquier cosa hermosa solo porque él dijese que le gustaba. —¿Y donde se cobijan tantas personas?— Preguntó, dudaba que hubiese camas para todos, tanga gente congregada en un mismo lugar le parecía una locura, casi peligroso, pues nunca se sabía quién podía ser un asaltante o un ladrón.

Fue cuando habló del rey que Argella despegó la mirada de la ventana para dirigirla a él, observándole detenidamente. —¿Y qué sucede con la ciudad que quería levantar?— Preguntó, recordando aquella conversación que tuvieron tiempo atrás, cuando viajaban al pueblo cercano de su fortaleza. —¿Se ha conformado con quedarse en esta?— Volvió a cuestionar. —¿Qué está más cerca, Antigua o ese lugar?— Tres preguntas encadenadas para un mismo fin. Saber más acerca de cuál sería su situación en el futuro. En cualquier caso, sabía que él no estaría nunca demasiado tiempo en el hogar, su hogar, cosa que agradecía. Tendría que estar cuidando lo logrado por él y Aegon, demasiado ocupado para pensar en ella y lo que dejaba en las Tierras de la Tormenta. Pero, cuanto más lejos estuviera, menos pensaría por ir de visita o a controlar cualquier cuestión en la que ella estuviese.
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Re: V. Long May We Reign

Mensaje por Elric el Vie 17 Nov - 6:56

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Como cada vez que la veía, estuviese molesta con él por algo o no, la Durrandon tuvo a bien recordarle su linaje y la preparación que había recibido para convertirse en una reina por derecho a pesar de haber nacido la única hija de Argilac. Quizás en otro momento tal actitud le pudo haber molestado, incluso como para responderle, pero ya había aprendido lo que hacía falta para lidiar con ella y que se reducía prácticamente a no lidiar con ella o con sus actitudes, la cortesía se encargaba de mantener la cordialidad entre ambos dada la importancia de la ceremonia, como lo había sido la de la propia tormenteña al jurar lealtad al Targaryen en la víspera de la batalla que decidiría el destino de todo Poniente —Por supuesto que lo habéis sido—. No había como olvidarlo, pues incluso como una princesa heredera, de haber sido criada solo para oficiar como la esposa del consorte que ostentase el poder, no habría llegado a tener nunca tal forma de tratar con los hombres de igual a igual —De todas formas ha sido una grata noticia saber que ibais a asistir, no es que fuese opcional, pero aun así—. Le dijo, quizás con menos formalidad de la que acostumbraba al tratar con ella, siempre pretendiendo mantener la distancia incluso durante una acalalorada discusión.

Ya en el carruaje, después de que todos los demás supieron hacerse a un lado, prefería intentar mantener una conversación con la que empezar a romper el hielo, considerando que hablar un poco del viaje sería lo habitual y lo adecuado en una situación como aquella, a pesar de la antipatía que ella se esforzaba en demostrar hacia su persona, evitando dirigirle la mirada y concentrándose en lo que pasaba por fuera de las ventanas del carruaje —Estoy seguro de que en el viaje de regreso podréis tomaros el tiempo de mirar más allá de este confinamiento—. Dijo, extrañado por la dualidad de la princesa, que primero había alegado desconocer el mundo y su deseo de ir más allá a verlo, para luego estar del todo apática llegado el momento de cruzarlo para asistir a la coronación. Lo demás, en lo que respectaba a la ciudad, era la grandeza y la habilidad del hombre, siempre en su máxima extensión, siendo la Torre Alta una estructura que ningún hombre podía atreverse a conquistar, salvo por aquellos que podían elevarse por encima de todo el mundo y contemplar a los humanos convertidos en meros puntos que solo existían por una situación administrativa —¿Estáis interesada en algún texto en particular o es por la importancia de la estructura que alberga a los maestres?—. Le preguntó, acerca del gran templo que albergaba a la librería más extensa del mundo conocido, una en la que el mismo rey se había volcado en un esfuerzo por recuperar la sabiduría perdida de su pueblo y posiblemente, también del poder que ellos controlaban. Moverse dentro de la ciudad, incluso avanzando de forma constante por la calzada, podía tardar bastante dadas las distancias que existían entre las distintas islas interiores y la ciudad como tal donde se emplazaba el gran septo —En la inmensa cantidad de casas, algunos fuera de las murallas si no pueden costearlo. Lo que podáis ver ahora solo será una muestra de su tamaño total, pues del otro lado del río, se extiende la otra porción de la ciudad, igual en tamaño a esta. A su vez hay más de treinta grandes septos repartidos por ambos extremos—. Le contó, haciendo las veces de relator durante el viaje y para intentar mostrarle a ella algo del mundo que se le había negado durante años dada la importancia que revestía su seguridad y lo rodeados de enemigos que estaban en todas sus fronteras en ese entonces.

La seguidilla de preguntas no hizo sino sembrar más dudas en él acerca de qué era lo mejor para el rey y para el reino, una cuestión que se había vuelto terriblemente importante para la misión de conseguir la unidad definitiva del reino ante todos aquellos que creyesen que solo a dragones se enfrentaban —El fuerte de Aegon está mucho más cerca,
al poco de cruzar el Bosque Real y lo más importante, tiene un camino trazado
—. Le respondió, mientras que para llegar a Antigua, dado el abandono a las rutas que unían entre los reinos antiguos, hacía falta llegar igualmente hasta el Fuerte para tomar el Camino de las Rosas. Todo eso, por supuesto, obviando el viaje en barco, tan peligroso como había aprendido que podía llegar a ser en la bahía —Por otro lado, el problema de Antigua es que está demasiado al sur y trasladar la corona aquí pondría a los señores del Dominio en una situación de mayor influencia que el resto de vasallos—. Afirmó, y sabía que una de las cosas más complicadas sería el mantener a todos los reinos que se habían arrodillado, en paz hasta que las deudas de sangre quedasen en el pasado, lo que sabía que podía llevar bastantes generaciones para que ocurriese, si es que alguna vez sucedía tal cosa —No hace falta que me deis vuestra opinión todavía, deberíais ver los jardines de los Siete primero—. Le dijo, esperando a que se atreviese a conocer un poco más de la ciudad primero antes de juzgar por pura conveniencia.

Después de que cruzaron el puente, apareció el Septo del Marinero, con sus enormes campanas pendiendo de las torres gemelas, y una vez dejado su silueta atrás, a la distancia y con las calles comenzando a atestarse cada vez más, reduciendo el ritmo de su avance —Y ahí está a donde vamos, el Septo Estrellado—. Le indicó desde la misma ventana por donde rato atrás ella se había distraído observando las callejuelas al atravesar la ciudad. A medida que se acercaron, la luz del sol se volvió intermitente y cada vez más, alternando luz y sombra allí donde el Baratheon había mandado a preparar por fuera del enorme septo una serie de toldos y telas que corriesen entre los tejados de un edificio y otro, un lugar para que los cientos y miles de nobles menores con sus séquitos y los caballeros aguardaran, mientras los altos señores permanecían en el interior del centro de la Fe —¿Cuántos de los demás vasallos han venido?— No sus vasallos, no nuestros vasallos, de momento y mientras las cosas siguieran en ese status quo tan poco común, ambos trabajaban por el reino y no por su propiedad de él, que ella así lo viese era una cuestión completamente distinta. Entonces se detuvieron, era la hora de escoltarla hasta dentro del septo bajo la mirada de todo el reino y ponerse junto a los nuevos señores de cada reino, los que habían sido reyes y los que se habían alzado, y ellos, que no eran ni lo uno ni lo otro.

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