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¡Paco, Viajero Espacial!

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¡Paco, Viajero Espacial!

Mensaje por Aversiteespabilas el Mar 12 Dic - 19:40

¡Buenas! Me disculpo por no haber estado activa por aquí en el mes de Noviembre, lo cierto es que estuve escribiendo para el reto de la novela en 30 días, el NaNoWriMo (buscadlo en Google). Al final no logré terminarla en 30 días, va por la mitad, ¡pero la terminaré pronto!

En fin, he pensado que lo de menos sería mostraros en qué estuve trabajando, de modo que iré publicando los trozos tal cual los escribí por aquí. El título es provisional y aún no está dividido en capítulos, de modo que lo iré poniendo a modo de actualizaciones en plan cuaderno de bitácora XD

Sin más dilación, ¡la introducción!

~PACO, VIAJERO ESPACIAL~
Cuando era pequeño soñaba que viajaba por el espacio exterior. Veía películas de astronautas y a veces me imaginaba que era el protagonista, haciéndome amigo de alienígenas de toda la galaxia y montando heladerías en Júpiter para alegrarle el día a algún viajero espacial cansado de defender la galaxia. Crecí dibujando helados lunares y granjas extraterrestres, y más tarde haciendo retratos de alienígenas a los que me gustaba poner nombre, una historia, un hogar muy, muy lejos de la Tierra al que tenían que volver. A veces escribía sobre las aventuras que tendría como heladero espacial, repartiendo felicidad a todos los tolerantes a la lactosa que existieran en el vasto Universo; me imaginaba que me encontraba a algún alien en uno de mis viajes y éste me pedía que lo llevara a algún sitio porque su nave se había estropeado y tenía que llegar a casa a tiempo para el Blingerblopsticio. Por supuesto estaba encantado de llevarle, y entre historias e intercambios de diferentes culturas planetarias, iba conociendo el espacio y convirtiéndome en un héroe.

Es una pena que los niños crezcan y acaben descartando sus ideas imposibles de la infancia para dedicarse al álgebra y los circuitos… Una auténtica pena.

A mí me ocurrió algo así, no voy a negarlo. Aunque mi manía de dibujar alienígenas prevalecería toda mi vida, como si en el fondo, muy dentro, aún albergara la esperanza de… encontrar vida en otros planetas. Para personas ignorantes se trataba de un sueño estúpido, pero para otros, para soñadores y científicos apasionados, era una posibilidad real en nuestro horizonte. A lo largo de mi juventud y temprana adultez hice todo lo posible para recorrer todo el camino hasta el espacio en un tiempo récord. Al principio, cuando empecé a avanzar en las clases y pasar de curso el doble de rápido que otros chicos de mi edad, comenzaron a llamarme genio, prodigio. Yo sólo estaba loco por saber lo que era investigar en el espacio y no me interesaba lo más mínimo lo que la gente tuviera que decir de mí. Armado con tal determinación, a la temprana edad de 18 años había ganado un puesto en la NASA, con las élites en investigación espacial… Y a partir de entonces me volví ordinario.

Por supuesto, no es un misterio que entre genios un genio sea una persona normal, pero ser normal en el frío mundo de los adultos resultaría bastante duro para mí. Pocas personas reconocían mi trabajo, y las que lo hacían seguían sin tomárselo en serio. Académicamente, entre mis compañeros, no era excelente. Eso, unido a que era la persona más joven con la que habían trabajado jamás, lograría que me desprestigiaran como científico y como compañero en más casos de los que me gustaría admitir. Si destacaba en alguna cosa sobre el resto… era dibujando. Llevaba toda mi vida creando retratos de alienígenas imaginarios y mis detallados dibujos se habían ido convirtiendo en obras dignas de admirar. Bueno… dignas de admirar para algunas personas. Otras lo tachaban de infantil, ridículo o simplemente de no hacer nada útil. Como suele pasar, hacía más caso a las críticas negativas, y en algún momento por ninguna razón aparente dejé los dibujos de alienígenas. Habían durado mucho, al igual que esos sueños de niño… pero era hora de dejar a todo irse. Ahora era un adulto importante con un trabajo importante y un salario aún más importante, haciendo cosas serias y de provecho para la Comunidad Científica. Pronto estaba tan ocupado estudiando el espacio que dejé de tener tiempo para soñar con el espacio. Los años pasaron rápidamente. Jamás plantaría una heladería en Júpiter.

… O de eso me convencí, hasta el día en que formas de vida extraterrestres contactaron con la Tierra por primera vez.
Mi nombre es Francisco, aunque en mis numerosos viajes me han llamado Embojo, Klaugeso, una serie de cosas obscenas en truxxiano que no voy a reproducir aquí a fin de que nadie las aprenda, el Pirata de la Leche, Príncipe Kruakmork, el Gran Rojo, Link, Hormiga y rayito de sol, entre otros; pero a estas alturas mi nombre no es lo más importante, sino la historia que voy a contaros. Una historia de amor y de guerra tan triste y tan divertida que es capaz de hacer que uno se cuestione el sentido de la propia existencia.

Bueno, quizá no llegue a tanto, pero aprendí alguna que otra lección importante por el camino.
De modo que quedaos a escucharme y al final os daré un caramelo para el corazón y una cucharada de helado lunar, ¿sí?


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Re: ¡Paco, Viajero Espacial!

Mensaje por Aversiteespabilas el Vie 2 Feb - 22:41

Todavía recuerdo el día que se avistaron por primera vez los alienígenas como si fuera ayer. No nos pillaron por sorpresa, claro. Pudimos verlos acercándose muchos meses antes de su llegada, y aunque no pudiéramos ver exactamente cómo era su medio de transporte, estábamos seguros de haber captado frecuencias que sólo podían tratarse de conversaciones en un idioma extraño. Cada día que pasaba estábamos más seguros de que se trataba de vida extraterrestre inteligente. Oh, seguro que podéis imaginar las reacciones de la gente, cómo entraron en pánico clamando que el fin del mundo estaba cerca, cómo dieron una señal de alarma para movilizar a ejércitos y todo el armamento disponible en el planeta… Que era mucho, MUCHO, si se me permite opinar sobre el tema. ¿Un único barco espacial contra todo un planeta? Me parecía una lucha injusta, pero cada vez que alguien trataba de proponer la posibilidad de diálogo con los extraterrestres, alguien contestaba con un “¡Son extraterrestres! Nunca se sabe lo que podrían hacer.”

En mi opinión, habíamos visto demasiadas películas. Esta era la realidad. No habíamos hecho nada a ningún planeta habitado, ¿qué razones iban a tener para querer destruirnos? Si realmente se trataba de vida inteligente, lo lógico sería llamar antes de entrar. Aunque, una vez más… eso era lo lógico en la Tierra. Nada podía confirmar que la lógica en otros planetas no fuera diferente. Pero lo más intrigante de todo era ¿por qué nos buscaban, y cómo nos habían encontrado? Su curso iba claramente en dirección a la Tierra, eso era inequívoco. ¿Habrían recibido alguno de los mensajes que enviábamos con la esperanza de encontrar vida?

Todo el planeta estaba expectante. En toda la historia de la humanidad jamás se había visto algo igual. Un momento realmente trascendente iba a llegar y no podíamos hacer más que esperar. Esperar… e intentar saber tanto como pudiéramos.
Expertos en traducción de todo el mundo se reunieron con el objetivo de tratar de descifrar las conversaciones escuchadas en la nave extraterrestre, sin éxito alguno. Enviamos nuestros propios mensajes impacientemente, sin obtener respuesta; sin embargo la nave seguía avanzando inmutable hacia nosotros, de una forma constante que nos permitía medir bien cuánto tardarían en llegar. Personas de todo el mundo se prepararon para el apocalipsis en búnkers subterráneos. Grandes pantallas mostrando la cuenta atrás para la llegada de los alienígenas empezaron a aparecer en las ciudades. Muchos abandonaron su religión, y otros, para no variar, se negaban a aceptar los hechos y tachaban toda la conmoción de los alienígenas de locura científica y/o herejía. Pero nada de eso cambiaba el avance extraterrestre. Los gobernantes mundiales iban de una actitud pasiva al pánico absoluto. Doy fe de que hubo muchas reuniones muy cómicas, aunque el tema fuese muy serio, por supuesto.
Por entonces yo ya me había olvidado por completo de mis sueños de la infancia, y aún sabiendo que la existencia de los alienígenas estaba a punto de confirmarse, me resultaba extrañamente difícil volver a sentir la ilusión de antaño. En mi mente sólo había números y, sobretodo, un miedo e incertidumbre que me impedía pensar sobre el tema con claridad. Una vez más, algo ordinario. Demasiado adulto. De haber sido aún un niño habría estado emocionado, impaciente por conocer a nuestros nuevos amigos espaciales… Pero quizá el pensamiento de que pudieran ser enemigos espaciales no desaparecería jamás de las mentes de los terrícolas.

Una noche, para mi sorpresa, me había sentado en la mesa de la sala de estar y por impulso me había puesto a dibujar alienígenas de nuevo. Hacía años que no levantaba un bolígrafo para dibujar así que empecé con algo de torpeza al principio, pero enseguida estaba haciendo retratos de alienígenas como si el tiempo no hubiera pasado. Recuerdo que al principio, en los dos primeros dibujos, plasmé todo el miedo y la inseguridad que sentía hacia la situación de los extraterrestres. Dibujé criaturas horribles, amenazantes, con un nivel de detalle que me sorprendió a mí mismo. Sin embargo, después de aquello me encontraba un poco más relajado y pude hacer trazos más sueltos, más agradables a la vista. Parecían las mismas criaturas anteriores, pero con un diseño más simple y más amigable, incluso adorable. No eran criaturas que hubiera dibujado antes alguna vez, pero sentía que esas imágenes habían estado en mi cabeza incubándose durante un tiempo…

Un atisbo de idea estúpida comenzó a asomarse a mi mente, haciendo que sonriera de oreja a oreja. Al fin estaba volviendo. La pasión, las heladerías espaciales, todo estaba regresando y me taladraba la mente con fuerza. Empecé a vislumbrar un futuro brillante, un futuro de viajes intergalácticos que no era imaginario, era real. Era una posibilidad real. Continué dibujando como poseído, y cuando quise darme cuenta había pasado toda la noche despierto. No me importaba. Tan emocionado me encontraba que corrí a enseñar los dibujos a mis compañeros y superiores. Había hecho siete láminas, todas las criaturas aparentemente de la misma especie, algo que resultaba extraño en mí.

“¡Son ellos! Lo extraterrestres-“ Dije aquello casi sin pensar, e inmediatamente me arrepentí de ello al ver las caras que el resto de los presentes me estaban dirigiendo.

“García…” El director de mi división de investigación, Mr. Miller, suspiró al pronunciar mi apellido, con una expresión de hastío que daba a entender que no tenía tiempo para juegos de críos… naturalmente. Normalmente me haría gracia escuchar mi nombre pronunciado con el acento americano del director, pero esa vez me quedé congelado en mi sitio sin saber bien qué hacer. Se suponía que era un científico (relativamente) respetado, ¿y ahora les mostraba dibujos inútiles igual que cuando ingresé en la Organización? Podía verse en las miradas de todos que buscaban una explicación razonable a lo que había dicho, como era de esperar. Lo cierto era que no tenía ninguna explicación para una afirmación tan espontánea… Al menos no una explicación científica. El señor Miller continuó, expresando en voz alta las dudas de todos. “Todos sabemos que eres un dibujante excepcional, ¿pero cómo demonios has logrado obtener imágenes del interior de la nave alienígena?... Por favor, no me digas que has vuelto a tus fantasías, este no es el momento para-“

“N-No me lo he inventado…” Respondí con un nudo en la garganta, al parecer también sin pensar. “Lo he visto. Lo-Lo he visto de verdad, anoche en mi casa fue como un… Boom, y luego me puse a hacer esto y no puedo dejar de dibujar estas criaturas. Sé que son ellos, no los he visto con métodos convencionales pero se me… S-Se me han revelado, o algo así. Tiene que ser un mensaje. ¡El mensaje que estábamos esperando!”

“¡García!” Ahora el señor Miller tenía el ceño fruncido de forma muy poco amigable. Podía imaginarme que ya estaba pensando en echarme de allí sin decir una palabra más. “¿Tienes idea de cuántos locos han estado gritando a los cuatro vientos que este día les había sido revelado desde que anunciamos lo del avistamiento de alienígenas? Tú eres un científico serio. Sé que todo este asunto es duro, pero no te vuelvas majareta tú también, ¿vale? Y por favor, trata de dormir un poco. Estás hecho una pena.”

Esas últimas palabras zanjaron la conversación, permitiendo a todo el mundo reanudar sus discusiones serias. Yo dejé de escuchar. Recogí mis dibujos en completo silencio, tan humillado como arrepentido de lo ocurrido. Menuda vergüenza, ¿de dónde había salido todo eso? ¿Se me han revelado? ¿Fue como un boom? ¿En qué quarks estaba pensando? Las conversaciones de mis compañeros eran como un ruido de fondo entre la incesante marea de dudas que se agolpaban en mi cabeza. Dado que me era imposible concentrarme de nuevo en lo importante, tuve que salir de allí y volver a mi oficina para calmarme. A nadie pareció importarle, ni siquiera se darían cuenta de que me había ido. Bueno, nadie excepto Janni.
Jannike era una brillante ingeniera que había llegado de Noruega casi al mismo tiempo que yo. Cuando empezamos éramos tan diferentes… Ella analítica, con expresión ilegible, siempre callada, trabajaba como dos hombres juntos, y el doble de rápido. Yo torpe y nervioso, ansioso por conocer a todo el mundo y hacer nuevos amigos. Después de unos años trabajando juntos, ella era mucho más relajada y amistosa (de hecho, acabó conociendo a quien pronto se convirtió en su pareja) y yo me había vuelto mucho más serio y calculador.

Al menos hasta ese día, claro, el día en el que por ninguna razón el idiota de Paco se había puesto en evidencia una vez más. No podía soportarlo. Me froté los ojos, terriblemente cansado. La cara me quemaba de la vergüenza. Hasta que me paré frente a la máquina de café no me di cuenta de que Jannike me había estado siguiendo. Como solía hacer siempre que iba a interrumpir algo, colocó las manos tras su espalda y se inclinó ligeramente hacia delante, hablando con suavidad pero clara y concisa.

“No tienes que avergonzarte. Todos estamos consternados. Esto no es fácil para nadie, es decir… ¡extraterrestres! ¿Quién está preparado para eso? Muchos llevan días sin dormir. Quizá deberías tomarte un des-“

“Janni, sé lo que vi, ¿vale? Antes me los inventaba, pero estos dibujos son de verdad.” Levanté el vaso de plástico, tomando un sorbo del café para espabilarme un poco. “Y sí, también me conozco el método científico. No tenemos ninguna prueba de que los alienígenas estén comunicándose conmigo, aparte de mi testimonio. Aunque supongo que si yo lo escuchara de otra persona tampoco me lo creería…” Suspiré, resignado. “Yo… Yo creo que no es una tontería, creo que es una posibilidad real. No sabemos nada de ellos, y con nada quiero decir absolutamente nada. Si tienen la tecnología para encontrarnos y viajar hasta aquí desde donde quiera que vengan, ¿por qué no van a tener medios para comunicarse conmigo ahora? Y quizá esos locos de los que hablaba Mr. Miller no estaban tan tarados. Él no sabe si lo que digo puede ser verdad o no, en otros planetas hay normas completamente diferentes a las suyas, criaturas infinitamente distintas a los humanos, ¿cómo puede siquiera aspirar a controlar esta situación según sus reglas?” Tomé un trago más largo de café, continuando con la tarea de desahogarme mediante sermón. “La única opción que tenemos para tratar de comprenderlos es un intento de diálogo, y si lo que sentí anoche es real entonces ellos quieren avisarnos de su llegada a su manera. Quieren intentar dialogar con nosotros.”
Janni escuchaba a su manera, sin comentar nada, sin una expresión fácilmente legible en el rostro. Esperó pacientemente a que terminara mientras ella sacaba de la máquina un chocolate caliente. Una vez vio que había terminado, cogió aire un segundo e hizo su proposición.

“Que parezca algo improbable no significa que no puedas probarlo.” Sonrió ligeramente, antes de volver a su rostro inexpresivo. “Sigo creyendo que lo que sentiste es producto de la falta de sueño, pero si tienes tantas ansias por comprobarlo puedes intentar… comunicarte con ellos otra vez. Ya sabes, comprobar que el canal funciona. Podrías pedirles que te cuenten algo que sólo ellos pueden saber, pero que nosotros podamos comprobar desde aquí. Eso ya empezaría a parecerse a un experimento auténtico.”

Me di cuenta de que tenía razón. No perdía nada por intentarlo. No tenía ni idea de si la comunicación podía ir en ambos sentidos, pero si aquello resultaba un éxito entonces tendríamos un importante medio de transmisión y recepción de mensajes entre especies. Pensar en mí mismo como una gran antena espacial era mucho más divertido que verme como un aburrido astrobiólogo, a mi parecer. Ese niño que se había perdido en mí hacía tantos años estaba volviendo poco a poco a mi cabeza, podía notarlo. Trataría de contactar con los extraterrestres. Tenía muy buenas vibraciones, de alguna forma sabía que aquello iba a salir bien.


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