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Veni, vidi, vici

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Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Miér 3 Ene - 1:40

Vini, Vidi, Vici
Roma antigua - Gladiador AU
Un joven príncipe ofrece un trato al mejor gladiador del coliseo: dejar las batallas y mudarse al palacio con él. La condición es, tiene que enseñarle cómo pelear en batallas y como fiel sirviente, deberá hacer todo lo que le diga. Claro que, el gladiador no es una niñera. Quiere su libertad pero se muerde la lengua con ciertos desplantes de cierto mocoso malcriado. Las comodidades del palacio son muchas pero todo tiene un límite.
Amatius Regillus
18 años | Príncipe Romano | Niels Schneider
Hijo del rey Amatius Cethegus. Fue criado únicamente por su padre, ya que su madre falleció al nacer. Cethegus es un hombre justo, aunque muy severo y sin mucha paciencia. Es un líder admirado y capitán de guerra respetado. Sus únicos vicios son las mujeres y el vino. Regillus siempre ha buscado complacerlo aunque es bastante caprichoso y cabeza dura. Tiene una mente ávida para la arquitectura y la construcción pero el pueblo admira a un rey que sabe pelear y gana imperios. A sus 18 años ya es más que un hombre y ser rey es su meta en la vida pero para eso necesita ganar el voto de sacerdotes, miembros del senado, del pueblo y lo más importante, de su padre. Que hasta el momento no ha echo.
Helmut
28 años | Gladiador Germano | Ian Bohen
Capturado hace unos 10 años en una incursión más allá del Rin, hijo del jefe de la tribu, que siendo tan joven y siendo una tribu germánica no consideraba que fuese necesariamente a heredar, sino que tenía que demostrar su valía en combate y tal, y lo hizo, pero se motivó tanto consigo mismo, digamos, y sus habilidades, que en la batalla se adelantó demasiado de los suyos y quedó rodeado por los romanos. Y aunque derribase a varios antes de ser capturado, no tardó en ser cubierto de grilletes y llevado a Roma.
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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Miér 3 Ene - 11:28

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
La mañana había sido confusa, pero incluso Helmut, que despreciaba la rutina en la que se había convertido su vida, si bien una rutina marcada por la violencia y la sangre, se había sentido incomodado. El maestro no dejaba de hablar de una visita especial, habiendo insistido en que en aquel entrenamiento se comportasen como si estuviesen en la arena. Helmut no había tenido muchos problemas en hacerlo. Llevaba años acumulando rabia que soltaba sin problemas cuando entraba en el Coliseo. Tras unos años de entrenamiento, había perdido la cuenta de los que había estado en la arena. Pero sus días,
sin duda, estaban numerados. Cada día iban llegando nuevos gladiadores, esclavos y presos, desde todos los rincones del imperio. Con nuevas técnicas que Helmut procuraba aprender. Había renunciado a sus esperanzas de volver algún día a lo que los romanos insistían en llamar Germania, pero eso no implicaba que se hubiera rendido, ni mucho menos.

Y aquella mañana, pese a ser un entrenamiento, ocurrió lo mismo. Cuando aquella visita llegó, fuera del alcance visual de cualquiera de los gladiadores, o al menos no sin riesgo a ser golpeado por mirar donde no debía, Helmut se encontraba ya cubierto por su propio sudor y polvo del patio. El gladius que llevaba, aunque mellado, seguía moviéndose incansable hacia su oponente, y cuando éste, un Numida que llevaba por lo menos 2 años con él, le golpeó con la lanza lo suficientemente fuerte como para hacerle tirar el arma, Helmut no se pensó siquiera el lanzarse sobre él para derribarle cuerpo a cuerpo.

Gracias a los dioses, seguía gozando de una fuerza y un ímpetu que pocos de sus compañeros igualaban. Todos tenían historias similares, de secuestro, captura o abandono. Pero allí donde muchos habían caído en la desesperación, o habían perdido toda razón para luchar, allí donde muchos habían sido rotos por el año de aprendizaje, Helmut había perseverado.

Cuando el entrenamiento hubo terminado, no fue porque el combate hubiese finalizado. Helmut había recuperado su gladius,
y se disponía a apuntar directamente hacia el cuello de su compañero, cuando un silbido del maestro les hizo detenerse.
La disciplina no se le había dado muy bien esos años, pero había lecciones más fáciles de aprender: si no se paraba cuando le decían que se parase, no comería ni bebería en días, podría ser flagelado o, si hacía algo peor, condenado. Unas cuantas cicatrices en su espalda daban cuenta de lo mucho que le había costado aprender esa lección.

Una orden que llevaba su nombre resonó por el patio. El maestro le hizo un gesto para que entrase en la casa. Aquello no auguraba nada bueno, pero Helmut obedeció, con la cabeza alta y los pasos decididos hasta llegar a dos figuras con toga.
Considerablemente más y mejor vestidos que él mismo, Helmut pasaba sus ojos azules del maestro a quien debía ser el ilustre visitante, un rostro que se le antojaba vagamente familiar. Y si bien era raro que le sonase cualquier rostro de los miles que podían acudir al Coliseo, trató de restarle importancia.

Ave– Aquello fue casi un ladrido, más que un saludo. Su acento, si bien había mejorado hasta un latín con el que se hacía entender fácilmente, seguía estando bastante marcado.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Miér 3 Ene - 12:52

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
Tras años de entrenamiento, se figuró que su posición como guerrero sería, al menos, lo suficientemente digna como para llamar la atención de su padre y que con ello, pudiera ganarse el respeto de otros miembros del consejo. Pues bien. Al parecer el mismo Júpiter tendría que aparecerse en la corte y señarle con el dedo para que al fin pudiera ganarse la aprobación del emperador. Quien era la voz principal que lo llevaría al trono.

Un rey que no puede guiar una batalla, jamás podrá guiar a Roma.

Regillus exhaló despacio por la nariz, tratando de esconder su mal humor y escapar el olor a establo que emanaba de los gladiadores. Jamás había tenido que venir a un lugar semejante. Rebajarse al nivel de esclavos y criminales, era una tarea que pertenecía a los sirvientes. Pero, por tratarse de éste gladiador, había echo una excepción. El joven ignoró su saludo y las palabras del maestro también, quien seguramente se regodearía sabiendo que había venido aquí el día de hoy por el resto de su vida. - Déjanos solos. - Le ordenó al viejo, quien obedeció sin chistar, no sin antes lanzar una última mirada al gladiador. Nadie sería tan estúpido como para tratar de asesinarle ahí mismo, si es que quisiera hacerlo. Sería su sentencia a muerte y haber pasado años en el Coliseo significaba que aún deseaba vivir.

El joven caminó a su alrededor, examinándolo. Tenía que ver si realmente valdría la pena la proposición que tenía. Lo había visto pelear desde que era un niño y había visto la forma en que ganaba batallas contra guerreros y bestias. Era alguien digno de admirar pero se estaba haciendo viejo y aunque seguía en una excelente forma y sus habilidades eran formidables, no había duda que pronto llegaría alguien más joven, más veloz, más fuerte. - Pensaba que eras más alto. - Dijo cuando se detuvo en frente de él, aunque el hombre le superaba en estatura. Pero lo había elegido no por su fuerza bruta, sino porque parecía ser el único que no se limitaba a pelear como un animal, sino que usaba su mente a su ventaja también. - Dime, gladiador, ¿qué es lo que más deseas? - ¿Mujeres? ¿Riquezas?





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Miér 3 Ene - 18:23

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
Aquel joven, fuera quien fuese, no sólo resultaba familiar, sino que debía ser alguien poderoso. Con una palabra, alejó al maestro de allí, sin que él se opusiese. La mirada de Helmut siguió al maestro hasta que hubo desaparecido,
y cuando el romano empezó a rodearle, simplemente se irguió. No era la primera vez que le examinaban, y aunque hubiera podido sacar los dientes y gruñir, de nuevo mantuvo la compostura, pese a su desgana.

Y aprovechó que el romano le examinaba como a una pieza de ganado, para tratar de sacar sus propias conclusiones sobre el joven. Poderoso, sí, pero joven, y enclenque. Un tipo tal vez demasiado acomodado en sus riquezas como para haberse manchado jamás las manos. Trató de quitarse la idea de que podría derribarle de la cabeza. Sabía que podría hacerlo, pero no era una opción sabia. Probablemente.

Apretó la mandíbula ante la observación del joven. Podría haberle dicho lo que pensaba de su opinión, o algo sobre su propia altura, pero prefería morderse el labio nuevamente. No entendía lo que pudiera estar pasando, más allá de que ese hombre,
fuera quien fuera, se planteaba comprarle. ¿Por qué lo haría? Todos podían saber que sus mejores días estaban atrás. Y no había sido entrenado para hacer nada más que luchar. Tampoco podía entender qué uso tendría aquel joven en un gladiador.
Pero toda duda que hubiera podido tener se disipó cuando le preguntó qué deseaba. Hacía muchos años que nadie le preguntaba nada sobre sus propios deseos, o que sus deseos hubiesen podido ser obtenidos.

Mi libertad no estaría mal.– Gruñó, sin ninguna intención de súplica. ¿Qué clase de pregunta era aquella? Lo que deseaba era volver a los bosques de Germania, volver con los suyos, quienes sin duda le habrían olvidado,
tal vez le viesen como un extranjero, pero decirlo en voz alta, confesárselo a un extraño con intenciones aún más extrañas no era algo que estuviese dispuesto a hacer. A riesgo de hacerle sentir sucio, o débil, deseaba meramente lo que desearía cualquier gladiador. Gloria, ya la había conseguido, y nadie hubiera podido dársela salvo él mismo. Y no hubiera deseado vivir rodeado de opulencia en Roma, pese a todas las comodidades que pudiera tener.–¿Qué queréis de mi, un gladiador no excesivamente alto?– Terminó por preguntar. El silencio no le era tenso, pero las expectativas, y el sentirse totalmente a merced de lo que el otro le deparara, le resultaba tremendamente incómodo. Clavó sus ojos en él, y notó en la comisura de sus labios una muy ligera tirantez, una media sonrisa muy somera. Al fin y al cabo había sido el romano el que había venido a buscarle. Y dudaba que pudiera ofrecerle a cambio nada que él quisiera.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Jue 4 Ene - 2:13

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
Sus palabras directas combinadas con la expresión seria en su rostro, era lo que le había provocado una leve sonrisa. No se imaginaba cómo era que había logrado mantenerse vivo todos estos años con esa bocaza que sin duda habría sacado de quicio a sus primeros captores. - Una exigencia demasiado grande viniendo de una mercancía. - Pero podía entenderlo. Aunque algunos otros quisieran obtener riquezas u otras posesiones, uno más soñaban con su libertad. - Sólo el rey puede otogártela. - Miró con desdén a su alrededor y se fijó por un instante en la forma tan brutal en la que dos gladiadores peleaban uno contra otro en la pequeña arena. No se imaginaba a su padre viniendo a un lugar semejante, por su puesto.

- Pero quiero ofrecerte un trato. - En realidad podría simplemente comprarlo y obligarle a servirle pero quería que entendiera la posición en la que se encontraba y el favor-No. El misericordioso acto que estaba por realizar. - Necesito un maestro. Alguien que me enseñe a pelear y ganar batallas, que me instruya en las tácticas de guerreros de otras tierras. A cambio, vivirías en un lugar con lujos, tus propios sirvientes y no tendrías que volver a pelear en el Coliseo jamás. - Después de todo, siendo un maestro al servicio del príncipe, se le trataría como tal.

El hombre parecía estar analizando su propuesta, cosa que le causó aún más gracia y esta vez no pudo contener un bufido socarrón. - O puedes seguir peleando en espera que mi padre te otorgue una espada roma - el único premio que concedía el rey que le otorgaba su libertad como gladiador -, pero pueden pasar años antes que eso pase. - La única manera en la que se fijaría en él sería si tuviese un buen par de pechos, caderas y estuviera sosteniendo la jarra de vino de Baco.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Jue 4 Ene - 3:12

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
El romano no había apreciado su tono, ni que dijera lo que deseaba. Nada sorprendente, tampoco su deseo iba con ninguna intención de verse cumplido. Recuperó su rostro serio cuando se refirió a él como lo que se había convertido: mercancía. Apretando la mandíbula, logró que cualquier intención que tuviera de responder muriese antes de cruzar sus labios. Y entonces observó un detalle. Aquel joven estaba tan incómodo en ese lugar como podría estarlo él. Probablemente las causas eran completamente diferentes, y fuese lo sórdido de la escuela de gladiadores lo que provocase miradas indiscretas de parte del romano. Aquello sólo incrementaba su curiosidad ante la oferta que estaba empezando a formularse.

Sus cejas se alzaron, sin que él pudiese darse cuenta. Sabía que su maestro habría puesto un precio elevado sobre su cabeza. Puede que no estuviese en sus mejores días, pero el combate en el que finalmente cayese y muriese frente a miles de espectadores sería uno que daría mucho dinero. Aquel cliente, fuese quien fuese, no era un patricio más. Y lo que le ofrecía era verdaderamente generoso. Las riquezas, el lujo y tener sus propios sirvientes no le importaban demasiado, si bien sería una buena novedad dejar de ser el último eslabón de la cadena. Enseñar a aquel joven se le antojaba algo difícil. Puede que su complexión no fuese la más fornida, pero era su actitud lo que le evidenciaba que, pese a las intenciones, aquel hombre le iba a tratar como un esclavo. Y las lecciones nunca entraban sin cierto respeto, eso lo había aprendido hacía mucho tiempo.
Por otro lado, sería la excusa perfecta para vapulear a un romano de vez en cuando, y salvar su cuello de un combate fatal en el Coliseo.

Pudo pasar un largo tiempo en silencio, meramente considerando sus opciones. Pero fue cuando el joven mencionó a su padre, que la balanza terminó por decidirse y todo pareció encajar. La familiaridad de su rostro, el aire altivo, el respeto de su maestro... Sólo un hombre tenía como padre a la persona que podía concederle la libertad.–¿Qué interés podría tener el príncipe Regillus en aprender el combate más propio de un bárbaro?– Algo le decía que no iba a responder a su curiosidad. Parecía que aquella oferta tenía más espinas de las que podía percibir a primera vista, y sabía que, probablemente, se arrepentiría de lo que iba a decir.No necesito mis propios sirvientes, ni quiero ablandarme con lujos. Pero sea. Os enseñaré.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Jue 4 Ene - 7:15

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
- Mis motivos no son de tu incumbencia. - Sentenció con tono firme y severo. No tenía porqué darle explicaciones a nadie. Había pedido la aprobación de su padre, por supuesto, quien no le había prestado demasiada atención de cualquier manera. Regillus siempre había echo lo que había deseado y si quería comprar al gladiador con más fama en el circo, lo haría.

Las palabras del guerrero aligeraron su humor de nuevo. ¿Que no quería ablandarse con sirvientes? Vaya, por lo visto había pasado demasiado tiempo viviendo como un animal pero al menos en eso podía complacerle. - De acuerdo. - Le hizo una señal al hombre para que se acercara, quien al aprecer había estado observando aquella discusión desde lejos. - Celer te dará el pago que habíamos acordado. - Señaló hacia la puerta, donde aguardaba uno de sus sirvientes con unas bolsas de monedas. Los ojos del hombre brillaron. Había pedido una suma bastante grande por él, pero entendía el porqué.

- Bueno, espero que valgas cada moneda que he pagado por ti. Te darán ropas y lo que necesites una vez que estemos en el palacio. - Quería irse lo más pronto posible de ahí y no quería perder más el tiempo con preparativos. El joven llamó a los soldados que le esperaban afuera, quienes enseguida pusieron manos a la obra y ataron las manos del hombre conforme la costumbre cuando se compraba un esclavo. Mientras se subía al caballo, dirigió una mirada curiosa al guerrero, que ahora que estaba maniatado se veía menos peligroso. - ¿Cuál es tu nombre? - Dijo una vez montado, mirándole desde arriba. No iba a llamarle gladiador, no ahora que había dejado de serlo.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Jue 4 Ene - 11:09

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
El príncipe era tan orgulloso como parecía serlo su padre, o cualquier romano con poder que hubiera visto.
Había encontrado ese orgullo casi divertido en algún momento, pues a sus ojos habían parecido niños consentidos, pero desde su posición había tenido que observar, y no decir nada. Ahora que dejaba la escuela de gladiadores, ni siquiera podría comentar algo en voz alta con algún compañero. Pudo ver lo que el príncipe pagó por él, y aunque a duras penas era consuelo, saber que había costado una suma considerable a las arcas de la familia real no dejaba de darle un motivo más para hinchar el pecho con cierto orgullo.

No tuvo mucho tiempo para nada más. Ni para palabras de despedida, ni para tomar nada. Al fin y al cabo no tenía pertenencias, y sus compañeros podrían morir la semana siguiente. Siguió al romano, a su nuevo propietario, maniatado y con una expresión casi vacía en su rostro, pensando en qué acababa de ganar y qué acababa de perder.

Alzó la mirada hacia la montura, que al parecer tendría que seguir a pie. No demasiado diferente de cuando marchó detrás de los carros de su padre en su procesión triunfal tras la campaña en la que había sido capturado. –Helmut.– Hijo de Odoacro, pero aquello no era algo que su nuevo amo quisiese oír, estaba seguro. En su lugar, mencionó un lugar que sí sonaría familiar al romano–De Germania– En la mente de los romanos todos ellos habían olvidado de dónde venían, o que tenían otro nombre.–¿Querréis empezar hoy con los entrenamientos?– sacudió las manos, sólo para que sus ataduras se moviesen lo más mínimo. Seguían siendo incómodas, e imposibles de quitar. Pese a sus años como esclavo, llevaba bastante tiempo sin haber sido maniatado como entonces, y no podía evitar fulminar con la mirada a un hombre al que, seguramente, aquello le diese igual.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Sáb 6 Ene - 3:03

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
Helmut. La forma en que pronunciaba su nombre, con su acento tan foráneo del Romano, le hizo pensar en lo lejos que estaba de casa ese hombre. Y Germania, ahora ocupado mayormente por romanos también... se preguntó si sabía las actuales condiciones de sus tierras. Probablemente no. Los gladiadores no tenían educación alguna, además de pelear en la arena. Y esas noticias sobre política y territorios conquistados, pertenencían más a la clase alta y eran discusiones de la corte.

- No dirijas la palabra a su alteza en público a menos que él te lo indique. - Uno de los soldados era quien había respondido la pregunta de Helmut, dando un fuerte tirón de las ataduras. Regillus no se inmutó porque todos aquellos protocolos eran verdad. En el palacio, los sirvientes tenían bien entendidas las reglas y jamás se atreverían a hablarle primero, a menos que tuvieran un mensaje importante, que él les hubiese preguntado algo o concedido permiso para hablar con libertad.

Conforme avanzaban al palacio, la gente inmediatamente se hacía a un lado y abría paso para dejarlos pasar. Reconocían su presencia como 'hijo del rey' con reverencias o murmurando 'príncipe Amatius Regillus' con solemnidad a modo de saludo, mientras bajaban la cabeza. Pero en Roma tenías que ganarte el respeto del pueblo mediante tus acciones. Y un príncipe digno era capaz de convertirse en capitán del ejército para traer victorias al imperio. Un día recorrería la ciudad y la gente le tiraría coronas de laureles y gritarían su nombre.

Una vez que llegaron al palacio, el joven finalmente se dignó a volver a mirar a su reciente compra. De inmediato otros sirvientes se acercaron para hacerse cargo del caballo y estar atentos a sus indicaciones. - Empezaremos mañana en la mañana. - Respondió finalmente a su pregunta. - Te guiarán a tus habitaciones y como mencionaste, no te asignaré sirvientes pero tendrás uno que te ayudará con ropas, comida y... - levantó una ceja, mirándolo de arriba a abajo con cierta burla. He aquí mi nuevo maestro, pensó. Los dioses debían estar riendo con esto. - Un baño profundo y una afeitada. - Para hacerlo lucir menos bárbaro al menos. El barbero personal se encargaría de eso. Antes de marcharse se dirigó a uno de los sirvientes, señalándolo y después a Helmut. - Será mejor que lleves contigo a alguien más. Sólo Júpiter sabe cuánto tiempo les tomará deshacerse de la peste. - Regillus miró una última vez al guerrero con una sonrisa burlona y lo dejó. Tenía otras lecciones que tomar después de todo, aunque le hubiese gustado quedarse para mejorar su humor con tan ridícula situación.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Sáb 6 Ene - 10:19

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
Si bien había tenido que aguantar ciertas normas en casa de su antiguo maestro, no parecían compararse a las que le estaban imponiendo a tan sólo unos instantes de haber pasado de una propiedad a otra. Helmut se trastabilló, pero mantuvo el equilibrio y soltó un fuerte gruñido al soldado que le había dado el tirón. Clavó sus ojos en él, memorizando sus rasgos bajo el casco. Una amenaza de que, si en algún momento tenía la oportunidad, le devolvería aquel tirón, puede que algo más. En aquel momento no podía hacer nada, atado como se encontraba en medio de las calles de Roma, salvo escupir a los pies de aquel soldado, respondido por otro tirón de la cuerda. A su alrededor, la gente parecía reconocer al príncipe, y lanzar ciertas miradas curiosas al hombre que arrastraba detrás. Lo peor era que muchos le reconocían, sabían quién era, y aquello también les decía que el gladiador no volvería al Coliseo.

Helmut alzó la mirada de los adoquines que pavimentaban aquella calle hacia la figura del príncipe, ignorando cualquier murmullo a su alrededor, y por un momento pareció que podría seguir aquellos pasos sin pensar, dejarse llevar a otro lugar como si él mismo no estuviera en su cuerpo. Nunca había dejado que le invadiese la apatía, siempre había tenido algo de furia, algo de agresividad, algo que descargar con otros gladiadores. Sospechaba que no podría descargarse tan fácilmente con el príncipe.

Pero llegaron al palacio antes de que Helmut pudiera decir algo más o formular queja alguna. Pronto le quitaron las ataduras, y como un acto reflejo pasó a frotarse las muñecas mientras sus ojos recorrían las distintas estancias. Siempre había considerado de un lujo excesivo las partes privadas de la casa de su maestro, a las que había accedido en contadas ocasiones. Pero aquello era un exceso. Sabía que los romanos se habían dado a las comodidades y el lujo, aunque no esperaba tanto como ahí veía. Mármol, esculturas, patios con jardines... ¿Qué necesidad había de todo aquello? Helmut miró al príncipe.–Que me laven y rasquen lo que deseéis. Pero prefiero conservar mi barba.– Podría considerarlo bárbaro si quisiera, y él podría cuidarse la barba él mismo, lo que no había hecho en la casa de gladiadores todo aquel tiempo, pero lucir lampiño como un romano más le resultaba, por alguna razón, intolerable. Ante la sonrisa burlona del príncipe, él sólo devolvió un ceño fruncido, dejándose guiar por los sirvientes hacia sus habitaciones. Parecía que habían hecho caso al príncipe, y además del que le había sido asignado, otro más había decidido venir, tal vez para bañar a conciencia al germano.

Le hicieron despojarse de su ropa, el paño que llevaba en los entrenamientos como gladiador, y aunque les vio retirarlo, sospechó que directamente lo tirarían. El baño fue agradable, sí. Donde siempre se había bañado con agua fría o cubos de la misma arrojados sobre él, ahora podía tumbarse y relajarse en agua caliente. Podía, porque Helmut no se relajó en ningún momento. Uno de los sirvientes insistía en enjabonarle, frotándole con un paño por cada músculo de su cuerpo. Era tenso, cuanto menos, pero tras varias fintas e intentos por apartarse, cedió. Totalmente diferente fue cuando trajeron una cuchilla bien afilada para afeitarle. –No vas a acercar esa cosa a mi.– Aquello fue seguido de gritos y amenazas por parte del germano, hasta que consiguió hacerse con la cuchilla plana. Se afeitaría, si tan importante era, en sus propios términos. Al fin y al cabo, en el espejo de metal bruñido podía ver que su barba había crecido totalmente salvaje y desprovista de cualquier cuidado. La recortó para darle una forma definida, aunque procuró no acortarla demasiado, dejando que se mantuviese frondosa. Cuando devolvió la cuchilla al sirviente, forzó una pequeña sonrisa. No, no se iba a acostumbrar a aquello, pero quería pensar que, al menos, podría salirse con la suya en aquello. Dejó que le vistieran con una túnica, nada tan complicado como la toga de los romanos, pero sí bastante más limpia y de mejor calidad que lo que solía vestir.

Y, sin saber lo que hacer en aquel palacio enorme, sin entrenamientos o la necesidad de preparar su comida o la de sus compañeros, Helmut pasó a deambular por el palacio, tratar de conocer el espacio y a los otros esclavos y sirvientes que lo recorrían. No hablaba con ninguno, por supuesto, pero quería ver sus caras, cómo se comportaban, y si todos se habían convertido en ovejas al servicio de los caprichos del príncipe o su padre.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Sáb 6 Ene - 11:21

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
Terminando con sus clases de derecho, uno de los sirvientes a quien había ordenado marcharse junto con el guerrero, le había dado los detalles sobre la experiencia de haberle aseado y tratado, algo en vano, de afeitarlo tal y como había ordenado. La historia contada por el sirviente, sobre las amenazas y gritos del ex gladiador, le provocaron una pequeña risa. Y al preguntar dónde se encontraba, al parecer se encontraba deambulando por el palacio. Regillus asintió, dando a entender que permitía todo aquello. Le vendría bien acostumbrarse a sus alrededores ahora que viviría aquí.

- Así que es cierto. Has traído a un gladiador. - Comentó su maestro de filosofía, Lepidus, quien era su favorito desde que era más joven. Era viejo pero paciente y a como él mismo lo veía, sabio. Ambos detuvieron su andar para mirar desde el segundo nivel al hombre, quien caminaba discretamente entre los sirvientes en la planta baja. - Es una bestia. - No estaba tan seguro de sus decisiones ahora. Suspiró. - Es testarudo y tiene una lengua que trata de contener pero no siempre lo consigue.

- Y sin embargo, será tu maestro. - Dijo con solemnidad, levantando una mano en señal para que guardase silencio y escuchara. Regillus rodó los ojos y bufó. - Un título no hace al maestro. - Miró con desdén a Helmut y su andar tan... desgarbado. - Ah, pero las barbas sí. - Añadió con una sonrisa mientras se acariciaba las suyas, que con los años se habían tornado casi completamente blancas. El joven soltó una carcajada. Pero entendía que en parte, él tenía razón. Aunque no estaba seguro de cómo dirigirse hacia él.  

Pensó que tal vez valiera la pena conocer un poco mejor al germano. Quizá no fuese tan bruto como pensaba. No fue difícil encontrarlo horas después gracias a los sirvientes. Se encontraba en el jardín pentagonal, con fuentes en el medio, árboles, pasto y flores silvestres. En uno de los extremos se encontraba un domo con murales grabados en el techo con oro y gemas. - Escuché que nuestro barbero no tiene intenciones de acercarse a ti de nuevo. - Comentó en cuanto estuvo cerca. Ahora que estaba limpio y con la barba más arreglada también, se veía... diferente. Mucho mejor, de ser honesto. Y ahora que podía verle la cara, se asombró de notar que tenía rasgos simétricos y atractivos. - ¿Acaso los germanos nunca se rasuran? - Nunca había estado en Germania, así que no tenía idea.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Sáb 6 Ene - 12:13

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
Aquello era un laberinto. En alguna ocasión, sintió miradas provenientes del segundo piso posadas en él, pero más allá de examinarles de soslayo, procuró seguir a lo suyo. Pese a que, por el momento, nadie en aquel lugar gozase de su simpatía, no quería ganarse más enemistades de las debidas. Por un momento pensó que, en un sitio tan grande, le sería fácil no ser molestado por nadie. Aburrido, tal vez, pero aquel entorno le resultaba tan extraño que pensaba que sería mejor no mezclarse demasiado. Dar lecciones al príncipe, y... ¿tendría algún lugar para entrenar él mismo a solas? Por supuesto no tendría ningún rival allí digno de sus compañeros en la escuela de gladiadores, pero temía ablandarse o acomodarse demasiado.

Fue detenido por algún sirviente cuando sus pasos le llevaban a alguna parte del palacio que estaba fuera de límites para aquellos que no fuesen sirvientes directos del rey. No le importaba, había otras tantas zonas a las que ir. Cada pocos pasos descubría algún nuevo mosaico o galería, confirmándole que se encontraba en una cárcel de oro. Cualquiera de esas habitaciones sería un rico botín de guerra en otro tiempo, aunque su tribu jamás podría llegar a acabar con el poder de Roma.
Era sorprendente cómo podían gobernar unas tierras tan vastas con líderes tan débiles. Su padre jamás hubiera respetado un rey que viviese en un palacio así.

Había acabado en un jardín interior, buscando entre los árboles alguna fruta que pudiera comer. No por hambre o por salvajismo. Hacía años que no pisaba un bosque, y aunque aquel lugar en poco, o nada, se pareciera a los bosques del valle del Rin, eran lo más parecido a un entorno natural que veía en diez años.

Había visto los murales a un extremo, y había decidido ignorarlo, centrada su atención en los árboles y las flores, en la hierba y un aroma que, hasta ahora, no se había dado cuenta que echaba de menos. Roma era mucho más apestosa que la aldea donde había crecido, aunque tenía olores que jamás había llegado a percibir. Una voz a su espalda le hizo girarse, y enseguida su ceño se frunció ligeramente.–Si ya está tan asustado como para no hacer su trabajo, es un hombre débil.– dijo, encogiéndose de hombros. No obstante, se alegraba de oírlo. No quería que se acercasen a él más de lo debido, y no tener que estar vigilando por encima del hombro el momento en el que el barbero fuera a acercarse con la cuchilla era un pequeño alivio. Su mano abandonó el tronco del árbol en el que había estado buscando alguna fruta, girándose por completo para mirar al príncipe. No estaba seguro de si en su pregunta había burla o mera curiosidad. Al menos ya no veía aquella media sonrisa, y estando seguro de que no le daría permiso para hablar en otros momentos, aprovecharía las ocasiones que le daban. Ya le habían insistido suficiente en lo importante que era hablar en su turno. Además, cualquier pregunta que le permitiese hablar sobre su hogar, sería una bien recibida por Helmut.–No del todo. Nos las decoramos y cuidamos, las trenzamos, y muchos la llevan larga hasta cubrir su cuello entero. Los lampiños son considerados…– Miró al príncipe por un momento, ladeando ligeramente la cabeza–Menos hombres.– No podía ver del todo si le crecería la barba al príncipe, si se dejase, así que dio un paso hacia él, tratando de ver si tenía rastro alguno de que le podía crecer barba. No creía que fuera a ser menos hombre por ello, había visto gente de toda procedencia en su tiempo como gladiador, y algunos lampiños más fieros que otros con barba. No obstante, ciertos aspectos de su cultura seguían pesando.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Sáb 6 Ene - 15:04

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
No acercarse a un germano gritón que sostiene una cuchilla, parece ser un método de supervivencia bastante eficiente. Después de todo se trataba de una labor que no debería tener un mayor riesgo, como los soldados. Pero si todos estos años había sido educado para entrenar y pelear en batallas, podía entender un poco su forma de pensar. Aunque no podía aceptarla por completo.

Pese a sus palabras duras y su expresión seria, parecía mostrarse relajado en los jardines, más que cuando se encontraba caminando dentro del palacio. Por la forma en la que había estado andando enmedio de los árboles, parecía como si estuviese buscando alimento. Dudaba que le hubiese faltado algo de comida en lo que le habían ofrecido cuando llegó y tenía la cocina a su disposición. No entendía porqué buscaba frutos ahora.

Escuchó con atención su explicación sobre la cultura germánica. Se le hacía increíble, gracioso incluso imaginar a hombres con trenzas en las barbas o decoraciones. Lo más cercano a eso eran los tocados de las mujeres, ¿cómo eso podía ser considerado 'más hombre'? Regillus se mantuvo erguido, levantando la mirada con altivez hacia el otro cuando se acercó, examinando su cara al parecer, en busca de un rasgo de su hombría. La barba aún no se asomaba en su rostro todavía, pero tampoco era que la esperaba con ansias. Con esas palabras sonaba más a su padre y detestaba eso. - ¿Y qué es de una barba larga unida a una cabeza hueca? - Sostuvo la mirada un momento más, preguntándose... - Nosotros nos educamos en todo. Lengua, música y combate. - Entre más poderosa fuera tu familia, más educación recibirías. Se apartó, caminando hacia otro extremo del jardín y Helmut, por supuesto tendría que seguirlo.

El verano había traído a Roma una brisa ligera y días calurosos. El jardín era regado con más frecuencia y ciertos árboles tenían frutos pero muchos otros no. La mayoría de la gente pasaba ratos refrescándose en las fuentes o en los baños. Finalmente se detuvo cerca de un árbol frondoso con granadas que debían estar lo suficiente maduras como para ser comidas. - Adelante. - Indicó con un aspaviento despreocupado de su mano. - Bien, ¿qué clase de hombre eras en Germania? ¿Tenías trenzas en las barbas? - Eso claro era una pregunta de burla pero a la vez quería saber la respuesta.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Sáb 6 Ene - 16:26

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
El príncipe volvió a mostrar su orgullo, insultando la inteligencia del germano. Él, desde luego, no había recibido educación alguna en lengua. Su latín solía ser rudimentario, y estaba seguro de que otros verían faltas en el mismo, fruto de no ser su lengua materna. Tampoco había recibido una formación en Historia o Literatura comparable a la del príncipe, estaba seguro. Reconocía las letras, pero ¿leer? Su pueblo apenas escribía, mantenían las tradiciones vivas de boca en boca, y sabía que en Roma aquello le volvía un ignorante. Probablemente lo fuese, sobre todo a ojos del príncipe. Pero aquello no significaba nada para Helmut.

Probablemente un hombre bravucón y muerto.– Dijo, encogiéndose de hombros. Por suerte él estaba vivo, y lo que pudiese faltarle en conocimiento, lo tenía en astucia.–Y una de esas tres formaciones recaerá en mi, una barba larga.– Por un momento pensó en qué podría aprender el hijo de un líder de aprender música. Por supuesto los músicos eran muy apreciados en su tribu. Eran capaces de recitar sagas enteras y entretener a toda una sala sólo con sus voces y sus instrumentos. Pero él jamás lo había aprendido, ni su padre lo había considerado relevante, más allá de conocer las historias en sí. ¿Qué clase de música aprendería el hijo de un emperador?

Le siguió, no obstante. Suponía que esa era su intención, o le habría dicho que se quedase. Como un perrito faldero, pensó, tendría que seguirle donde dijera, idea que le hizo apretar los puños ligeramente. Cuando se detuvo frente a un árbol que para él era desconocido, no obstante, relajó las manos. Se acercó hasta tomar uno de los frutos. Lo reconocía, pues alguna vez había visto a su maestro comer alguno. Sabía que la corteza era dura como para comerla, pero poco más. Tras darle alguna vuelta, la abrió con las manos, que enseguida se le llenaron de un jugo rojizo. Su mirada se alzó de la fruta hacia Regillus, de nuevo ladeada. ¿Qué clase de interés podría tener en su vida? Por un momento pensó que era una trampa. Cuando fue capturado, nadie supo que era el hijo del jefe Odoacro. Aquello le podría haber convertido en la víctima de un rescate, haber traído deshonra a su padre... y prefería ser un germano casi sin nombre. Si revelaba aquella información en ese momento, probablemente no fuese tan importante. ¿Quién sabía si su padre seguía vivo, o incluso si su tribu seguía existiendo o había sido apisonada por el Imperio Romano? También era evidente que se estaba burlando de él, así que mentir se hizo fácil– Era un guerrero. Aunque había otros mejores. Aunque era joven cuando me…– carraspeó y dio un mordisco a la granada, llenándose la boca, y la barba, de pepitas. Aquella fruta era engorrosa, no como las manzanas que hubiera podido tomar en su infancia.–Cuando me capturasteis.– Aclaró finalmente una vez hubo tragado, su boca y barba aún llenas de jugo rojo y algunas pepitas.–Pero tenía potencial de ser el mejor. Y sí,
tenía trenzas en las barbas. Otros se la coloreaban de rojo con polvos.
– Su voz, ronca y seria ante los comentarios burlones del príncipe. El último comentario, no obstante, fue con cierta ironía. Si las trenzas extrañaban al romano, estaba seguro de que el teñido lo haría aún más. Se limpió la boca con el dorso de la mano, ignorando si aún quedarían rastros en su cara de la condenada fruta. Tenía que reconocer, de todas formas, que era lo más sabroso que había tomado en los últimos años.–¿Y tú? ¿Qué clase de líder vas a ser?– Volvió a dar otro mordisco. No sabía si la pregunta sería complicada para Regillus, pero sospechaba que, aunque lo fuese, sería casi insolente que la hubiese formulado él.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Lun 8 Ene - 6:21

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
La manera en que examinaba la fruta con curiosidad y al parecer, tratando de averiguar cómo abrirla, le hizo entender que quizá nunca hubiese probado una granada antes. Eran frutas comunes en Roma pero semejantes árboles no estaban al alcanze de todo. A los gladiadores algunas veces se les premiaba con ciertas recompensas y lujos pero quizá él no hubiese probado todos los frutos frescos de la región.

Regillus aguardó a que continuara su historia porque le encantaban las historias. Especialmente cuando hablaban sobre lugares que no conocía aún. Su padre aún tenía mucho control sobre él y seguiría siendo así hasta que cumpliera 25 años. Aún no le confiaba labores políticas o cierto tipo de transacciones pero chicos a su edad ya eran considerados hombres suficientes como para volverse soldados del ejército. Se liimitó a asentir ante la mención de su captura. Era tan cotidiano que no se le hacía... extraño. Todo lo contrario. Había que hacer ciertos sacrificios, ciertas cosas que hacían funcionar al imperio y que hacían de los Romanos un pueblo respetado y temido.

- Ah. - Se cubrió la boca con una mano, como si estuviese analizando lo que acaba de decir cuando en realidad disimulaba una risa tras verle con el jugo rojo y las semillas en su barba. Aunque fuese un hombre fornido con el semblante de un guerrero feroz, el fruto le había quitado toda su fiereza De ahí que no entendía del todo la fascinación de la hombría y las barbas en Germania. Pero ante su pregunta, enseguida recuperó la compostura. - Un rey. - Respondió con absoluta seguridad. - Con el favor de los dioses y el pueblo, haré de Roma un imperio más grande y admirado. Una ciudad avanzada con canales que llevarán agua a todos sus habitantes y una corte que- Se detuvo. ¿Por qué estaba hablando de esto con él? Quizá no lo entendiera. Si mencionaba algo así a su padre, lo que le diría era que se enfocase más en traer riquezas y conquistar territorios. - Seré un rey recordado por traer gloria al imperio. - Y eso era todo.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Lun 8 Ene - 17:49

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
Podía ver que el príncipe estaba luchando por no reírse. Se le daba bien evaluar a los enemigos, y aunque aquello no era una batalla al uso, había podido leer a Regillus bastante bien, al menos en lo que a él respectaba. Si había algo más, algo que no veía... al germano no le importaba. Aquel era su nuevo dueño, aunque fuese el gladiador quien fuera a enseñarle. Y había podido evaluar los que serían sus mayores fallos a la hora de combatir. El príncipe era orgulloso, aunque tal vez algo inseguro. Pero era un príncipe de Roma, ¿qué iba a ser si no era orgulloso? Desde luego, le incomodaba cualquier situación que pusiese a ambos al mismo nivel, lo cual haría las clases difíciles, o incluso imposibles.

Así que trató de respirar hondo al notar cómo intentaba no reírse de él, e ignorar el gesto. Así, cuando empezó a hablar, aún se encontraba algo ocupado en tratar de ignorar su burla. Probablemente aún siguiese manchado de jugo de granada. Pasó una mano por su barba, para limpiar cualquier rastro que quedase, mientras Regillus hablaba del tipo de gobernante que sería.

Parecía estar siendo lo más sincero que había sido hasta el momento, al menos hasta interrumpirse a sí mismo. Los hombros del germano se encogieron.–¿No tiene ya gloria?– Roma era el mayor Imperio de la Tierra, al fin y al cabo.–Bueno, todos los reyes buscan lo mismo, parece ser. Doblegar a nuevas gentes en lugar de ocuparse de las que ya son sus súbditos– Tal vez fuese la falta de amor hacia el padre del príncipe, que le había capturado y había probablemente erradicado a su tribu, o tal vez fuese porque el príncipe se había cortado y era evidente que le incomodaba hablar de ello. O más bien, hablarlo con él. Le dio un nuevo mordisco a la granada, con un mayor cuidado,
pringándose los dedos mientras sacaba las pepitas.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Miér 10 Ene - 11:37

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con Helmut. Mañana. Escuela de gladiadores
La idea que Roma siguiera creciendo con cada generación y generación de reyes, era lo que había llevado al imperio hasta lo que era ahora. Era su deber como líder seguir haciéndolo. Regillus había sido criado con el propósito de llegar a convertirse en rey. Había sido educado en oratoria y leyes, en lengua y filosofía. De la misma forma, había recibido entrenamiento aunque no perteneciese al ejército pero un líder debía ser una figura completa. Si bien, una de las cosas que anhelaba más era conocer más tierras y reinos lejanos, no podía simplemente darle la espalda a todo.

- ¿Doblegar, dices? Hemos llevado la gloria del imperio a villas de salvajes. - Por supuesto era la educación que había recibido, eran las palabras de sus maestros que habían hablando sobre cómo habían traído a sus dioses, su cultura y su civilización avanzada a otros lugares que jamás alcanzarían todo su potencial. El joven suspiró. No entendía porqué se ponía a discutir con alguien como él. Un bruto germano jamás lo entendería. - Será mejor que te abstengas de hablar de temas que desconoces. Tienes suerte de que sea yo, no alguien de la corte o mi padre, de otro modo te habrían llevado a azotar cuando menos. - La culpa había sido suya. No había puesto un alto a su conversación antes y le había dado demasiada libertad a sus preguntas. - Tus días de gladiador se acabaron. No eres un guerrero germano, eres cuando mucho, algo un poco más arriba que un esclavo. En otras palabras, no eres nada. - Descargaba cada palabra con soberbia y firmeza, dando un paso hacia él y pese a su estatura mirándolo con un orgullo altivo pero sería mejor que le entrase cada palabra en la cabeza. - Si se me antoja puedo venderte de nuevo o hacer lo que me plazca contigo, ¿entendido?





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Miér 10 Ene - 18:16

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con Regillus. Mañana. Escuela de gladiadores
Pudo notar cómo sus puños se cerraban, apretados con dureza. Uno en su costado, otro arrugando la granada hasta que sus dedos se hubieron hundido y acabado con el resto de lo que quedaba de la fruta esparcida en su mano. La palabra no le había dolido, no era la primera vez que le llamaban salvaje. Probablemente tampoco sería la última. Era la arrogancia, la soberbia del que era su nuevo amo, que decidiría el futuro de otros tantos pueblos que no eran el suyo, y que carecía de cualquier rasgo de líder que él hubiera podido tener cuando fue capturado. El esclavo no había olvidado sus orígenes, y aunque pensara cada vez menos en ellos, no podía evitar considerar que aquel joven había sido enviado por los dioses para burlarse de él.

Pero Helmut se encontraba, ante todo, impotente. Sus réplicas, o sus dudas razonables, eran vistas por el príncipe como un desafío a su autoridad, y responderlas como algo inferior. Porque eso era para él, inferior. En estatus, tal vez, todo lo inferior que el príncipe era inferior al germano en carácter. Así lo veía él. Carente de fuerza, determinación, o cualquier otro atributo que hacía a un líder. Un puñado de títulos en un envoltorio pomposo.

Pese a que hubo de relajar sus manos, dejando que la granada cayese a sus pies con un golpe seco, enmudecido por la hierba, su mirada no se relajó un ápice. Podía notar su respiración algo más agitada, cuando clavó los ojos en Regillus. En su amo. Que le vendiera de nuevo empezaba a no sonar como una mala opción, si bien sabía que buscaría el peor de los destinos para él.–Entendido.– Dijo secamente, una voz no destinada a convencer a nadie de que hubiera entendido. Una aceptación vacía del que sería su destino a partir de ese día.–¿Y qué querrá de mi, amo?– Inspiró hondo, hinchando levemente el pecho y pasando su mirada de los ojos del príncipe a un punto indeterminado frente a él. Como ausente, tal vez esa sería su mejor opción para pasar desapercibido, y pasar con aquel niño insolente el menor tiempo posible.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Vie 12 Ene - 4:04

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con Helmut. Tarde. Palacio.
Aunque sus palabras eran lo que debía decir, de acuerdo al protocolo, aún había en su mirada la misma rebeldía con la que lo había recibido en la escuela de gladiadores y que había lanzado más de una vez a su antiguo maestro. Le recordaba a un caballo que habían capturado para su padre. Traído desde las montañas, era un animal bello y majestuoso, pero pese a que había pasado por largas sesiones de entrenamiento, jamás lograron domesticarlo para que sirviera a jinetes. Regillus había sentido pena por el animal y había convencido a su padre que no le mataran. Aunque su orgullo no le permitió que un caballo que había pasado por su manos fuera liberado de nuevo, así que había pasado el resto de sus días cargando rocas y mármol para construir edificios. Jamás volvió a intentar rebelarse de nuevo, ya que las cargas eran demasiado pesadas para que lo hiciera.

El príncipe finalmente apartó la mirada de Helmut y se alejó unos pasos para que se marchara. - Enviaré a alguien mañana en la mañana para que te guía a la arena de entrenamiento y empezaremos. Puedes marcharte a tus habitaciones. - Hizo un aspaviento con la mano, como hacía con los sirvientes para que se retiraran sin necesidad de expresar ninguna palabra. Era hora de la cena y no quería que estuviera deambulando por lo pasillos todavía con todos los preparativos de la comida y bebida que hacían para el rey. En cuanto escuchó que se alejaba, Regillus se sentó en una de las bancas de piedra cercanas a la fuente y miró la fruta que el otro había dejado caer con soslayo. Se preguntó quién caería primero en los entrenamientos. Si él mismo o la cabeza del germano.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Vie 12 Ene - 11:00

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con Regillus. Mañana. Palacio.
Sus aposentos eran cómodos, sin duda.
Tan cómodos, que Helmut se preguntaba qué límites de lujo podrían alcanzar los del rey y su familia. Nunca había dejado de ser un esclavo, pero no dormir sobre una esterilla en el suelo era, sin duda, una novedad. Novedad que, tal vez unida al hecho de que no había sido un día tan agotador como los que acostumbraba, le había llevado a una noche agitándose en la cama intentando conciliar el sueño. No era ajeno al hecho de irse a la cama con un sentimiento de furia o de rabia manteniéndole despierto, aunque con los años había aprendido a ignorarlo. No tanto esa vez. La perspectiva de poder descargar su enfado con su nuevo 'amo' a la mañana en el entrenamiento no parecía calmarle tanto como debía. Al fin y al cabo, sabía que no podría propasarse, y que tendría que ejercer un autocontrol que rara vez era necesario en la arena de combate.

Pese a ello, cuando un siervo vino a buscarle a la mañana siguiente, Helmut ya se encontraba despierto y preparado. Dormiría después, si era necesario, pero acostumbrado como estaba a dormir poco, y a despertarse temprano, sus instintos actuaron con mayor rapidez que él. Al fin y al cabo se había jurado a sí mismo que no se ablandaría, y aquel palacio parecía una gran trampa para que se dejase llevar y no luchase. Por suerte para él, nunca le habían importado demasiado los lujos.

Su armadura de cuero, ligera como era, debía haber quedado en la escuela de gladiadores, pues el siervo le indicó una nueva.
De mejor calidad, pese a ser únicamente para un entrenamiento, pero cuando le ayudó a colocársela, Helmut pudo enseguida notar la diferencia. Le siguió hacia la arena de entrenamiento, considerablemente más pequeña que la que había conocido hasta entonces. Supuso que el palacio no tenía tanta necesidad para entrenar a un gran número de personas a la vez. Y a un lado del patio, espadas y otras armas sin filo. Helmut fue tomándolas, una a una, para comprobar su peso y el agarre que tenía de las mismas. En otro tiempo siempre había usado el hacha y la espada, aunque en Roma le habían dado únicamente un gladius. Un hacha era demasiado 'salvaje' para el gusto romano. Probablemente también lo sería para el príncipe. No obstante,
Helmut se decidió finalmente por una lanza. La vara de madera tal vez le permitiera dar algún golpe más sin dañar a nadie,
y aunque serían muy diferentes, Helmut no pudo evitar recordar las primeras lecciones que recibió en la escuela.

Cuando se giró, con el arma en una mano, pudo ver al príncipe. Como un resorte, hizo el saludo romano, antes de dar un paso a un lado.–Espero que haya descansado.– Pasó una mano por el asta de la lanza, acariciando la madera.–Y que no espere que le entrene con mayor delicadeza por ser el príncipe.– No fue una amenaza lo que salió de sus labios, sino un reto. No sabía hasta qué punto podría aquello herir el ego del joven, pero lo cierto era que si pretendía ser entrenado entre paños, no aprendería nada. Y pensar que estaba allí como entretenimiento, o como niñero, no animaba a Helmut en lo más mínimo.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Vie 12 Ene - 11:30

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con Helmut. Mañana. Palacio.
Había pasado una noche terrible. Pensamientos... pesadillas, más bien. En sus sueños finalmente había alcanzado el trono, justo como había imaginado todo este tiempo. Y mientras se sentaba por primera vez en el trono, una mano fuerte llegaba por detrás, levantaba su cabeza y... Un escalofrío le recorrió el cuerpo de sólo recordarlo. Había sudado frío la noche entera y despertarse había tomado más de lo normal, inclusive mientras los sirvientes le vestían con la armadura para el entrenamiento.

Regillus reconoció su saludo con un movimiento de cabeza y lo miró con cierta suspicacia mientras se aproximaba al centro de la arena. Al parecer se encontraba de mejor humor por alguna razón extraña. - Es por ello que traje a un gladiador al palacio. - Y era cierto. Si bien había sido educado en los principios básicos, conforme se hacía mayor, había entendido que su maestro nunca lo empujaría más allá. Eso y que el joven lo encontraba viejo y estúpido como para seguir en batallas. El príncipe tomó una de las gladius y la blandió sin problema. Por supuesto, sabía cómo sostener una espada y el escudo; cómo esquivar y atacar pero claro. Los principios básicos y la fiereza real de un guerrero en el campo de batalla eran cosas diferentes. - ¿Acaso has entrenado a alguien más? - No sería sorpresa. Después de todo nuevos seguían entrando al Coliseo, más jóvenes. Lo cual era algo irónico y lamentable. Entrenar a la siguiente persona que seguramente te mataría en la siguiente función.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Vie 12 Ene - 18:01

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con Regillus. Mañana. Palacio.
Pasó un dedo por la punta de la lanza, comprobando que, tal y como sospechaba, no tenía filo alguno. Cometer regicidio no estaba en sus opciones, por mucho que hubiera deseado venganza contra la familia de Regillus. No habría salido con vida, aunque tal vez eso fuese lo que menos importase. No obstante, dejó que el príncipe tomase sus armas, mientras él mismo se alejaba un par de pasos, estableciendo una pequeña distancia entre ambos a medida que se acercaba al centro del patio. Su mirada pasó por el más joven, de pies a cabeza. No parecía del todo allí, aunque ignoraba si era por falta de experiencia o por encontrarse enfermo o cansado.

Pero, tal y como él había dicho, no le daría cuartel. Y el mismo príncipe parecía entenderlo, aunque sólo fuese en teoría. Habría que ver si, una vez empezase la acción, no se retiraría como el niño acomodado que había visto en él.–A bastantes. Ninguno tan distinguido como vos, aunque todos mejores combatientes, y con mucho más que perder si algo salía mal.– Al fin y al cabo, llevaba algunos años siendo el gladiador más longevo de la escuela, y a riesgo de que aprendiesen sus movimientos, su maestro le había encargado enseñar, si bien no a todos, a unos cuantos de los que, meses después, encontraría frente a frente. Gracias a los dioses, no todos habían acabado frente a frente con él.

Hizo un barrido con la lanza, hasta que la punta quedó a un lado en el suelo, lista para alzarse ante cualquier intento que el joven hiciese.–Mostradme todo lo que tengáis, y veremos desde dónde empezar.– Carraspeó, irguiendo su postura para prepararse. Estaba seguro de que no tendría un gran desafío frente a él, como oponente. Como alumno, no obstante, sabía que iba a ser difícil. Ni siquiera estaba seguro de que el príncipe fuera a obedecerle, o que no fuera a cansarse de aquella pequeña aventura en una semana, tras la cual iba a dejar de precisar ningún tipo de lección. ¿Sería vendido otra vez?¿Enviado a las cocinas?





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Sáb 13 Ene - 8:28

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con Helmut. Mañana. Palacio.
Al parecer había subestimado al gladiador como maestro. Pensó que con que tuviera experiencia en batallas de combate cuerpo a cuerpo sería suficiente. Había salido victorioso en todas y eso hablaba de las técnicas que poseía, además que en cada función, tenía que pelear por su vida. Literalmente. Pesó la espada en su mano, que estaba echa de acero al igual que las normales, sólo que éstas no tenían filo, así que el peso era relativamente similar a una real.

- Son sólo esclavos. - Respondió encogiéndose de hombros ante el comentario de Helmut, sobre que tenían mucho más perder. Era algo bastante simple. Eran sólo esclavos. Si se tratase de un ciudadano con derechos, sería un acto atroz. Pero bueno... eran sólo mercancía, extensiones de sus amos. Por eso era que la gente del pueblo iba al Coliseo a verlos pelear contra ellos mismos o contra bestias, o cuando algún criminal iba a ser ejecutado.

Le observó moviendo la lanza contra el suelo cuando ambos caminaron al centro, sin dejar de mirarse el uno al uno. Los ojos de Regillus estaban puestos en el arma en sí, que pese a que no estaba afilada, aún así podría resultar en unos buenos golpes. El joven asintió ante la indicación. - De acuerdo. - preparándose también, flexionando un poco las rodillas y tomando aire. Había algo estúpido quizá en enfrentarse a un gladiador de años pero bien... su maestro de filosofía decía que la juventud usualmente venía acompañada de estupidez. Dio unos pasos rápido hacia él, levantando la espada con su mano derecha en una curva hacia arriba, dirigida al cuello del otro en su lado derecho.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Dornish sun el Sáb 13 Ene - 9:50

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con Regillus. Mañana. Palacio.
Sólo esclavos. La expresión no le sorprendió, ni la frialdad con la que la decía. Al fin y al cabo, ¿qué otra forma de verle hubiera cabido esperar? Notó que su agarre de la lanza se tensó, por un momento amenazando la integridad del asta de madera. Leve y momentáneo, pero igualmente iracundo. No podía rebatir aquella forma de ver a hombres que él había considerado valientes compañeros. Roma seguiría viéndolos como un mero espectáculo, y el Sol seguiría saliendo cada mañana por mucho que dijese. Así que volvió a pensar que, en aquel entorno, él tenía las de ganar. Que armado con lanza o espada, podría sacudir los comentarios que le habían hecho enfadar.

Así que no respondió. Simplemente aguardó al momento en que su alumno demostrase lo que Helmut ya sospechaba. Para ser el hijo de un líder, su formación en combate era mediocre. Rápido, tal vez, e impulsivo, pero con movimientos demasiado fáciles de ver, y por tanto de esquivar o, peor incluso, contrarrestar. Helmut no tuvo que apartarse con rapidez para esquivarle,
bastó con elevar el asta de la lanza hasta el costado del príncipe que se abalanzaba contra él, golpeándole con fuerza bajo las costillas.

En la arena daríais para un espectáculo bastante pobre.– Notó cómo sus comisuras se contraían, mostrando al rival una sonrisa fiera. Nada extraño en él, que a veces solía sonreír en medio del combate, lo cual le había ganado fama de lunático entre ciertas personas. Pero, en aquel caso, era una sonrisa que mostraba con satisfacción.
Dio un par de pasos en círculos alrededor del príncipe.–Otra vez. Intentad ser menos… predecible– Sí, aquello era para lo que había nacido, en cierta forma. Y aunque ahora fuese una vieja gloria, retirado, y dando lecciones a un niño... encontraría la forma de disfrutar de ello, pese a las circunstancias.





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Re: Veni, vidi, vici

Mensaje por Origato el Dom 14 Ene - 15:02

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con Helmut. Mañana. Palacio.
Soltó un bufido de dolor en cuanto sintió el golpe de la lanza bajo sus costillas y dio un par de traspiés para recuperar totalmente el equilibrio. Si bien no esperaba ser bueno, no mucho en realidad, tampoco había pensado que simplemente le bastaría con un movimiento de lanza y eso era todo. ¿Un espectáculo pobre, había dicho? Además de esa sonrisa. Sí, recordaba haberla visto en sus batallas en el Coliseo. A muchos de la ciudad les encantaba porque creía que veía la muerte venir a sus oponentes. Otros que estaba medio loco. Ahora podía comprobar lo segundo.

- ¿Qué con esa sonrisa? - Preguntó retomando el lugar al centro de nuevo, caminando en círculos también con los ojos fijos en el arma del otro. - ¿Estás de mejor humor ahora que no duermes junto a las bestias?- Volvió a avalanzarse de nuevo, con movimientos rápidos de su espada dirigidos a diferentes puntos. Sus costados, sus piernas, pero terminaba bloquéandolos todos con absurda facilidad. Resopló, alejándose un poco en el círculo y moviendo la cabeza hacia un lado para quitar unos rizos rubios de su cara.

No era por el echo que Helmut fuese un esclavo, sino por simple orgullo propio, Regillus seguiría intentando al menos asestar un golpe. Estaba entrenando como un soldado cualquiera esta vez, así que sus expectativas de mejorar en batalla eran más altas, pese a que nunca había estado realmente interesado en la guerra. Estaba algo emocionado pero podía ver que no sería un entrenamiento nada fácil. Tomó aire lentamente y atacó de nuevo, esta vez, dirigiendo su ataque hacia arriba, hacia el cuello y tal como había demostrado anteriormente, fue bloqueado; sólo que en esta ocasión, se agachó y dirigió su espada hacia la ingle con fuerza.





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