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> From death comes rebirth

Mensaje por Sheena el Dom 14 Ene - 16:28

From death comes rebirth
El mundo nunca había sido un lugar tan gris como cuando murió su esposa. Ni le había parecido jamás tan amargo el sabor de la sangre. Pero aún había una cosa peor: la traición. Había luchado en las sombras por aquellos que al final le habían engañado, quienes eran responsables del asesinato de su familia. Lo peor era no haberlo visto venir. Haber cumplido ciegamente las órdenes sin sospechar cuál sería la jugada final.

Tras la conmoción que supuso para él perderlo todo, Van Helsing había decidido dedicar su vida a una sola cosa: la venganza. Tenía que matar a los que habían hecho eso: solo así descansaría en paz. O eso pensaba, hasta que su camino se cruzó por casualidad con Lupin y compañía. Por consiguiente, también con Cardia. Esa chiquilla, quien en un principio le era indiferente pero que con el paso del tiempo se dio cuenta de que vivía en un mundo tan gris como el suyo. Sin embargo, creía que ella merecía algo mejor. Para él ya era tarde, pero ella aún tenía mucho por delante.

Cardia no sabía si estaba hecha para ser amada. Según su padre, solo era una muñeca para guardar un secreto; según Finis, un simple homúnculo de entre tantos; otros directamente la llamaban monstruo. El veneno de su cuerpo parecía confirmar esta última descripción. Ella misma lo creía: ¿quién iba a quererla cuando no podía ni tocar a otra persona? No obstante, puede que su profesor más estricto, quien menos se lo espera, le haga darse cuenta de lo equivocada que está.

CS | 1x1 | Code: Realize
Cardia Beckford
17 | Homúnculo | SapphireDragon
Abraham Van Helsing
27 | Cazavampiros | Sheena




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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por Sheena el Jue 25 Ene - 23:35

POOR UNFORTUNATE SOUL
Irritante.

Esa era la mejor palabra para describir su día a día desde que se unió al grupo de Lupin y compañía. Corrección: desde que colaboraba con ellos. Él trabajaba solo y no formaba parte de nada; si estaba con ellos era porque convenía a sus intereses. La gran casa solariega del conde también era un buen cuartel general. Por su parte, todo lo que buscaba era acabar con Finis, el hombre que le había arruinado la vida, quitándole lo que más quería. Cuando lo lograse, se acabaría su asociación. Él seguiría su camino y los demás podían hacer lo que quisieran.

Estaba claro que, dentro del mismo equipo, cada uno perseguía objetivos distintos. El suyo era la venganza; en cuanto a los demás, ni sabía ni le importaba cuáles fueran. De hecho, lo poco que conocía de sus motivaciones le parecía bastante trivial, pero ni siquiera iba a perder el tiempo en juzgar aquello.

En cualquier caso, todo giraba en torno a Cardia, la guardiana del Horologium. Para él era la herramienta perfecta para atraer a Finis llegado el momento, aunque los demás la tenían en más alta estima. Aparte de eso, la muchacha no despertaba ningún interés en él: era tímida, carecía de valor o resolución y hacía gala de una ignorancia importante respecto al funcionamiento del mundo en general. Algo evidente, teniendo en cuenta cómo la habían criado. No obstante, ello hacía que fuera una persona de muy poca relevancia para él.

Por eso su primera reacción fue alzar una ceja, incrédulo, cuando Lupin le pidió que le enseñara a pelear. ¿Acaso estaba loco? ¿Cómo podía siquiera pensar que esa pobre chica sería capaz de sostener un arma, mucho menos de pelear? Cualquier intento de ello sería tiempo desperdiciado y así se lo comunicó, dándole la espalda para invertir ese tiempo en cualquiera de sus muchos quehaceres.

Sin embargo, fue la misma Cardia, situada como siempre en un segundo plano detrás del ladrón, quien insistió en que quería hacerlo. En que ya no quería ser más una ignorante, en que quería aprender cuantas más cosas mejor. Entre ellas, a defenderse de sus enemigos. Van Helsing se dio la vuelta, con un levísimo deje de interés en su expresión. Era la primera vez que mostraba iniciativa por algo, había que reconocérselo. Y quizá solo por eso, terminó accediendo, sin saber por completo qué le había llevado a tomar esa decisión.

- Espero que estés preparada. Las lecciones no serán fáciles, ni tengo intención de ser blando contigo – le advirtió, para que no se hiciera ideas equivocadas. Si quería echarse atrás, era el momento de hacerlo.

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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 3 Feb - 21:16

POOR UNFORTUNATE SOUL
Hacía ya más de un par de semanas que Cardia había abandonado la desolada y aislada mansión en la que había vivido desde que tenía uso de razón, allí a las afueras de la industrial ciudad de Londres. Y aunque la había abandonado siendo prisionera del Ejército Británico no era con ellos con los que se encontraba entonces. De hecho, sus nuevos compañeros de hogar era a cada cual más peculiar y distinto: el caballero ladrón que la había tomado de la custodia de los oficiales, Arsène Lupin; un brillante y animado ingeniero, Impey Barbicane; un inteligente científico, Victor Frankenstein; y un noble conde con importantes contactos en las altas esferas londinenses, Saint Germain. Todos y cada uno de ellos la habían acogido con calidez en esa pequeña asociación (o familia), tratándola mejor de lo que ella creía merecer por ser un monstruo y asegurándole que encontraría todas las respuestas a las preguntas que había comenzado a formularse con ellos, y no encerrada en la dichosa mansión.

No obstante, un día, después de averiguar que el Holorogium era lo que realmente su corazón y la fuente de su letal veneno, acudieron a la ciudad. Aunque pretendía ser un día tranquilo para hacer que se olvidase de esa noticia, los problemas comenzaron a darse. Y entre persecuciones, enfrentamientos y huidas, terminaron encontrando a un nuevo aliado: Abraham Van Helsing.

Al contrario que el resto, Van Helsing era un hombre serio y frío. Había dejado claro desde que aceptó la propuesta de Fran, que ella no sería más que un peón para conseguir su venganza contra el líder de la organización que tanto anhelaba poseer el Holorogium: Finis. ¿Qué razones le habían llevado a sentir esa sed de venganza? No lo sabía, pero en esos rasgados ojos azul oscuro, tras esas pequeñas y elegantes gafas, Cardia pudo apreciar un dolor inmenso que probablemente sería la razón de su forma de ser tan distante. Cada vez que sus miradas coincidían, se sentía como si la estuviera analizando y fuese capaz de ver a través de ella sin problema alguno.

Días más tarde de su incorporación, Lupin regresó con información acerca de unos robos de joyas de importantes familiar de vampiros, con un brillo juguetón y divertido en esos ojos dorados. Claramente estaba emocionado por el reto que tenían delante y por ese nuevo oponente ladrón que se le presentaba. Pero eso no era todo. Lo que más importancia tenía de todo lo que había averiguado en su ausencia fue acerca del itinerario de Finis y el plan que había trazado: capturarlo cuando se desplazase en tren a la zona norte del país, dentro de dos semanas. Sin duda, aquello dejó perplejos a todos pero no tardaron en aceptar, pues comprendían que era una oportunidad única.

Cardia paseó sus grandes ojos azules verdosos de unos a otros, mientras comenzaban a hablar de los detalles, asegurándole que ella permanecería en la mansión hasta que volviesen. Van Helsing alzó la mirada ante aquel comentario y negó. “No. La llevaremos. A fin de cuentas, es lo que él busca. Podría servir de cebo en caso de que algo saliese mal”. Aquellas palabras no agradaron a ninguno de los presentes, que comenzaron a rebatir esa decisión.

La muchacha, que hasta el momento había permanecido callada, tan solo observando y escuchando, jugueteó algo nerviosa con sus manos. Todos iban a ir, iban a arriesgarse en esa misión para conseguir el objetivo que perseguían y obtener las respuestas que ella tanto anhelaba. Pero yo quiero ayudar, no quiero quedarme en casa.

Si van todos, iré también. Quiero servir de ayuda de la forma que sea… Aunque no sea ingeniera, ni científica, ni ladrona. Ni tampoco una experimentada soldado. Si ser de cebo ayudará en la misión, lo haré —su voz suave y tranquila estaba teñida de seguridad en lo que decía. A fin de cuentas, muchos años habían sido los que había pasado completamente sola, sin hacer nada, sin tratar de cambiar su situación. Y ahora ellos le habían dado la oportunidad de hacerlo.

Su resolución dejó con la boca abierta a todos, pero también con gesto de contrariedad. No parecían nada seguros en concederle aquello. Pero nuevamente, fue Lupin el que se puso de su parte, argumentando que mientras trazaban el plan con detalle, aprovecharían para enseñarle todo lo que pudieran (cada uno en lo que estaba especializado) para que no tuviese problemas durante la misión. Impey, Fran, Saint y Lupin se mostraron encantados de poder ejercer de sus maestros. Sin embargo, Van no parecía nada contento con aquello… Y aun así terminó aceptando.

—Espero que estés preparada. Las lecciones no serán fáciles, ni tengo intención de ser blando contigo —le dijo completamente en serio, mirándola con fijeza e intensidad a los ojos.

No hacía falta que se lo repitiese, pues esa mirada lo decía absolutamente todo. Y aunque otra muchacha se habría echado atrás cuando un hombre del porte y la experiencia del cazador le dijera eso, ella no pudo más que sentirse feliz y sonreír agradecida.

Muchísimas gracias a todos. Prometo esforzarme y dar lo mejor de mi para aprender de vosotros

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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por Sheena el Lun 26 Feb - 18:36

POOR UNFORTUNATE SOUL
De una manera totalmente espontánea, se había establecido rápidamente un horario que todos los habitantes de la casa debían seguir. Así se repartían las horas del día enseñando a Cardia todo lo que tenía que saber para la misión y también para desenvolverse en el peligroso Londres. Los que no estaban ejerciendo de profesores se encargaban de las tareas domésticas o de pulir los detalles del plan. Eran dos semanas lo que tenían por delante para que la chica aprendiera de ellos todo lo posible.

Van enseguida se había quedado con las primeras horas de la mañana, aduciendo que necesitaban toda la claridad posible para sus prácticas de tiro y que era el mejor momento para el ejercicio físico. Si bien esto era cierto, también quería comprobar si Cardia era capaz de levantarse al amanecer todos los días. De nada le servía una alumna perezosa y, si resultaba serlo, tanto mejor, porque se libraría de aquella molestia.

Así pues, en cuanto los primeros rayos del sol despuntaron en el cielo claro, el cazador se aprestó en acudir a la cita con su aprendiz, en los terrenos que daban a la parte trasera de la mansión. Para su sorpresa ella ya le estaba esperando allí; nada mal… Habría que ver si mantenía esa disposición después de dos o tres días de intensas lecciones. Murmuró un “buenos días” apenas audible antes de extraer su escopeta de la funda y tendérsela a la muchacha para que la sostuviera.

- Supongo que es la primera vez que coges un arma – dio por hecho, cosa que tampoco era muy difícil de adivinar – No cometas el error de creerte invencible solo por tenerla. Es lo peor que puedes hacer y muy probablemente te llevará a la muerte si te descuidas – instruyó – He visto a muchos idiotas morir así.

Después de esa breve introducción, empezó enseñándole las diferentes partes del arma y cómo sostenerla correctamente. Para ello se situó tras ella, corrigiendo la postura de sus brazos, sus hombros y su cabeza. Luego le enseñó a fijar el objetivo, a disparar, a reaccionar tras el disparo y a recargar. Cardia escuchaba con gran interés, le prestaba toda su atención e incluso le hacía preguntas. Al parecer disfrutaba aprendiendo, cosa que podía resultar comprensible teniendo en cuenta su ignorancia. Pero ni le importaba ni le dejaba de importar. Él solo cumplía con la tarea asignada, con el objetivo de mantener con vida a la joven. La necesitaba para su venganza. Lo que le ocurriera después, le daba igual. Ya había cumplido enseñándola a defenderse. Sería culpa suya si no sabía poner en práctica lo que le enseñaba.

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Última edición por Sheena el Dom 8 Abr - 9:05, editado 1 vez


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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por SapphireDragon el Dom 8 Abr - 0:09

POOR UNFORTUNATE SOUL
Aquella misma noche, después de que el horario hubiera sido distribuido entre todos los miembros del variopinto equipo, Cardia se tendió en la cama de su habitación, bocarriba como siempre. Aún no podía dormir en otra postura que no fuese aquella puesto que el más mínimo contacto de la funda de la almohada con la piel de su rostro implicaba poner la tela en contacto con su veneno y la quemaba en cuestión de segundos.

Debía admitir, que de los días que llevaba ahí, ese había sido su miedo a cada noche que había pasado. Y en más de una ocasión se había despertado con media almohada desintegrada ya. Se sentía muy mal y culpable precisamente por ello. Fran, Impey, Lupin y el Conde le aseguraban siempre que no pasaba nada, que le darían todos los repuestos que necesitase y, el primero de ellos, no paraba de disculparse por estar tardando tanto en desarrollar una tela como la de sus ropas.

Por suerte, a la mañana siguiente –después de haber estado más de lo esperado intentando dormir– el olor a quemado no impregnaba la estancia, una muy buena señal. Apenas entraba luz por la ventana, pero según indicaba el elegante reloj de su mesilla de noche, ya era hora de levantarse. Aún quedaba bastante para que se cumpliera la hora para la primera lección que se la impartiría, ni más ni menos, que el más reciente miembro: Abraham Van Helsing. Por la expresión de su rostro; por la tristeza y el dolor que había logrado ver en sus ojos, así como ese carácter serio y mucho más seco que el de los demás, Cardia temía que el mayor se echase atrás después de haber aceptado. Ella quería aprender. De todos, incluido él. Así que no le daría ningún motivo para que desistiera.

Tras refrescarse un poco el rostro en el baño y peinarse nuevamente su larga cabellera castaña, la muchacha de grandes ojos azules y rostro angelical se dirigió silenciosamente hasta la cocina de la mansión. Fue una grata sorpresa cuando encontró una pequeña bandeja repleta de sándwiches con una nota.

¡Te he preparado el desayuno, Cardia-chan! Espero que te gusten. Necesitarás energía para empezar mañana con las lecciones de Van. ¡Mucha suerte!
P.D.: Si te ese cazador te dice alguna cosa mala, no te desanimes. Ven a decírselo a Impey, que le dejaré las cosas claras


Tras leer la nota, inevitablemente, una sonrisa se dibujó en sus labios, sintiendo esa sensación cálida de gratitud extenderse por su pecho, una que había comenzado a experimentar solo desde que había llegado a aquel lugar. Me tratan como si fuera de los suyos a pesar de… a pesar de tener este veneno dentro de mi… Cuidadosamente, desenvolvió la bandeja de la fina película de plástico que los protegía y cogió un triangulito, comiendo despacio con pequeños bocados.

Diez minutos después, la muchacha estaba llegando al lugar de encuentro, en la parte trasera de la propiedad. Los rayos de sol ya anunciaban el alba, dejando claro que sería un día considerablemente claro y agradable. Bajo un árbol, Cardia esperaba pacientemente a su tutor, con las manos entrelazadas por delante de su cuerpo. Al escuchar unos pasos, alzó la mirada azulada para encontrarse con la del alto hombre de cabello dorado y ojos violetas.

—Buenos días… —musitó como respuesta a su saludo apenas audible. Apenas unos segundos después, el cazador tomó el arma que portaba a su espalda sin dificultad alguna, tendiéndosela a ella directamente. Abrió ligeramente los ojos en señal de sorpresa, antes de atreverse a acercarse y tomarla entre sus finas manos.

Tan pronto como el hombre dejó de sostenerla, Cardia notó que se le iba a caer de entre las manos si no ejercía algo más de fuerza para mantenerla en alto. Como pesa… ¿De verdad iba a tener que manejar un arma tan pesada como aquella?

—No cometas el error de creerte invencible solo por tenerla. Es lo peor que puedes hacer y muy probablemente te llevará a la muerte si te descuidas —comenzó diciendo finalmente, tras señalar la obviedad de su inexperiencia con cualquier tipo de arma—. He visto a muchos idiotas morir así.

Ante la fuerza y la realidad de sus palabras, la muchacha sintió que se encogía. Sin embargo, procuró recomponerse al cabo de un par de segundos. Iba a hacer eso, estaba dispuesta a aprender fuera como fuese. Yo… Yo no seré de esos idiotas, se dijo a sí misma, finalmente asintiendo a sus palabras.

Seguidamente, la lección comenzó. Sus ojos viajaron por la estructura del arma conforme Van iba nombrándolas. Después, llegó el momento de aprender la postura. Si ya de por sí a la muchacha le costaba sostener el arma de la forma más cómoda, tener que colocarse en una posición adecuada y alzarla para simular que iba a disparar resultaba muy complicado. Estaba claro que no tenía tanta fuerza como él… Pero esperaba poder ir ganándola conforme entrenase más y más. Y debía admitir, que le resultó algo extraño tener al cazador tan cerca mientras le enseñaba… Llegó incluso a temer que por algún descuido se quemase por su culpa.

A cada explicación que daba, Cardia le escuchaba muy atentamente, a veces incluso frunciendo el ceño, mientras anotaba todo mentalmente, tratando de memorizarlo sin dejarse nada. Puesto que algún concepto no le había quedado muy claro, se atrevió a preguntar al respecto; aunque no solo eso, también formulaba preguntas movida por esa inocente curiosidad que sentía.

Las horas habían transcurrido, y para cuando se quiso dar cuenta, Van Helsing dejó escapar un suspiro, tomando la pesada escopeta de entre sus manos como si fuera igual de ligera que una pluma, para echársela de nuevo a la espalda. Era su forma de dar por concluida la clase y, antes de marcharse, comentó que mañana comenzarían finalmente a realizar tiros, para poner a prueba todo lo que habían estado hablado ese día.

Cardia permaneció allí, a la sombra de un árbol, con la mirada perdida en el cielo claro de la mañana. He aprendido mucho. A pesar de su personalidad y carácter… a pesar de que dijo que quería utilizarme para su venganza personal, Van es muy buen profesor… Pero esa tristeza… ¿Qué le habría sucedido para albergar tanto dolor, tristeza y odio en su interior?

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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por Sheena el Dom 15 Abr - 15:54

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Tenía que admitir que su primera clase había ido mejor de lo que esperaba, aunque solo lo hiciera ante sí mismo. Había encontrado en Cardia una alumna dispuesta, si bien todavía no se hacía demasiadas ilusiones. Si en algo era experto era en llevarse decepciones de parte de otros. Había aprendido, de la peor manera posible, a no confiar en nadie y a no esperar nada. Así fuera en las cosas más nimias. El Van ingenuo había muerto junto con su familia.

De todas formas, aún necesitaba que Lupin trabajara con la chica en mejorar su físico y resistencia. Ahora mismo, apenas si podía sostener el arma. Estaba seguro de que, en cuanto disparase el primer tiro, el retroceso la haría caer hacia atrás, pues era tan ligera como una pluma.

En cualquier caso, esa no era su tarea; él había terminado hasta el día siguiente. Mientras los demás desayunaban se fue a dar una ducha; así, para cuando acabó, tenía toda la cocina para él solo. El resto de la mañana la empleó en la biblioteca, enfrascado en antiguos y polvorientos volúmenes en busca de información sobre la criatura a la que debía matar. Una de las ventajas de unirse al grupo era tener a su completa disposición la amplia colección literaria del Conde.

Tan enfrascado estaba en su investigación que ni siquiera comió, desoyendo de plano la llamada de Impey para que se uniera a ellos en el salón. Cuando decidió que era suficiente por un día ya caía la tarde. No halló lo que buscaba, pero no se desanimó. No sería fácil, pero no desistiría hasta lograrlo. Total, tampoco tenía ningún otro objetivo en la vida.

De alguna manera se las apañó para no cruzarse con los demás durante el resto del día. No le hacía gracia ser el único que tenía claro que aquella era una asociación por conveniencia, no unas vacaciones en el hotel Saint-Germain. Así como Cardia era un medio para un fin, no la hermanita pequeña de todos ellos.

Pensaba mantener esta rutina durante el resto de su tiempo allí. Con lo que no contaba era con las pesadillas. No pocas veces le asaltaban, convirtiendo sus noches en inquietos duermevelas. Tampoco esa noche decidieron darle tregua, por lo que, harto de estar en la cama despierto, se dirigió a la cocina con la intención de servirse un vaso de agua y quizá acudir a la biblioteca después. Lo que menos se esperaba, al llegar allí, era que la luz estuviera encendida y la estancia ocupada. Por Cardia, nada menos. Con lo cual, ya no pudo librarse de un encuentro forzado.

- No estás durmiendo – señaló lo obvio, en tono severo – Te recuerdo que en pocas horas continuamos con las lecciones. No esperes que sea condescendiente solo porque has decidido trasnochar.

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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por SapphireDragon el Lun 28 Mayo - 23:12

POOR UNFORTUNATE SOUL
Nada más terminar con su lección y observar a Van Helsing, quien se había despedido con un simple Mañana a la misma hora, la joven de largos cabellos castaños y grandes ojos azules verdosos alzó la mirada al cielo claro y despejado. El sol ya estaba en su cénit… ¿Qué hora sería? Debía ir a encontrarse con Fran para sus lecciones con él. Y después de comer le tocaría con Lupin y con el Conde. Las lecciones con el animado y escandaloso Impey no empezarían hasta el día siguiente. Tal y como habían convenido, irían rotando para que la joven tocara al menos cuatro de las especialidades cada día.

Cualquiera vería aquello como algo imposible y extremadamente cansado. Y probablemente lo sería. Pero a ella no le importaba. A fin de cuentas, todo ese tiempo había permanecido aislada de todo y de todos. Por culpa del Horologium, por culpa del veneno que éste sintetizaba y que su cuerpo contenía. Un simple roce suyo era suficiente para que cualquier cosa se quemase, bien fuesen objetos, animales o personas. Y a veces ni siquiera era necesario que la tocasen, pues permanecer en un sitio pequeño y cerrado con ella durante un determinado tiempo era suficiente para que el vapor venenoso que también despedía su piel hiciese su efecto.

Muchas veces temía que, por accidente y un simple descuido, cualquiera de ellos –Fran, Lupin, Impey, Saint-Germain o el propio Van– la tocasen. Por mucho que fuese cubierta de cuello para abajo con sus prendas resistentes, siempre trataba de ser precavida. No soportaría que ellos también la mirasen como si fuera el monstruo que sabía que era. No quería que cambiase esa nueva vida que tenía, una que no tenía muy claro hacia dónde se dirigía ni cómo se desarrollaría, pero en la que estaba aprendiendo mucho, no solo del mundo, sino también de las personas.

Con un pequeño suspiro y percatándose de que se había quedado abstraída un breve rato, se apresuró en regresar al interior de la enorme mansión. No quería llegar tarde ni hacer esperar a Fran y más teniendo en cuenta que iba a utilizar su tiempo en enseñarla.

———

Agotada, cuando la noche había caído y tras haber disfrutado de la deliciosa comida que Impey les había preparado para la cena, Cardia se había retirado a sus aposentos exactamente igual que el resto. Había sido un día largo e intenso, pero sin duda había aprendido mucho y solo con eso sonrió feliz, antes de caer completamente dormida.

Podría haber dormido del tirón precisamente por lo agotada que se sentía y la necesidad de reponer energía y descansar. No obstante, a mitad de madrugada, un olor desagradable y que conocía demasiado bien la despertó: el de una tela quemándose. Se despertó y se incorporó de golpe, encontrándose con la tela de las sábanas, esa que se había encontrado a la altura de su rostro, completamente ennegrecida y consumida. La zona afectada era bastante amplia, probablemente por el tiempo que había estado en contacto la piel de sus mejillas con ella, después de haberse movido, de haber rodado y colocándose de lado, sin tener la cabeza en la almohada.

Sintió una punzada de dolor. Otra vez… Es la tercera vez que me pasa desde que Lupin e Impey me rescataron, pensó llevándose las manos al pecho, como si así pudiera mitigarlo. Se sentía culpable por echar a perder nuevamente esas preciosas sábanas que habían colocado. Se mordió el labio inferior comenzando a marearse por el dichoso olor a quemado. Tenía que salir de ahí cuanto antes… A cualquier otra zona de la casa. Y eso fue lo que hizo.

Recorrió los largos y oscuros pasillos de la mansión con una lámpara de aceite en la mano, sujetándola con sus dedos enguantados. Procuró ser silenciosa a cada paso que daba, pues tampoco quería despertar al resto de los habitantes de la casa. En un inicio no había tenido muy claro adonde dirigir sus pasos y para cuando se quiso dar cuenta, terminó en la cocina. No era que necesitase comer o beber nada… Pero quizás aquel era el mejor sitio donde quedarse por el momento.

Con un suspiro, dejó la lámpara sobre la encimera y se apoyó de espaldas a ésta y a la puerta. Cerró entonces los ojos y respiró hondo. Aunque estaba en otro piso y en la otra punta de la mansión, el olor repulsivo a quemado parecía no marcharse, lo recordaba como si estuviera todavía en su habitación. Continuaba mareándola y dándole arcadas. Lo odiaba. Lo odiaba igual que el sonido que hacía mientras se consumía. Cuando volvió a abrir los ojos, alzó levemente sus delicadas manos enguatadas y las miró. ¿Alguna… alguna vez lograré tocar algo con mi piel? ¿O seré siempre un monstruo? No podía dejar de recordar de todas las cosas que le habían dicho y las miradas de odio, miedo y rencor que había recibido cuando la gente había presenciado el importante poder destructor de un simple toque suyo.

Solo quiero… Solo quiero notar el calor de otra persona. O el de Sissi… ¿Por qué yo...? se preguntaba una y otra vez, mientras las lágrimas habían comenzado a descender por sus mejillas sin que ella fuera consciente de ello. El tiempo que pasó ahí a solas, perdida en sus pensamientos fue indeterminado… Y sin duda se sobresaltó cuando escuchó la puerta abrirse lentamente para que alguien pasase.

… Van —musitó el nombre del cazador, con voz temblorosa cuando escuchó sus palabras severas. Tenía razón. Debería estar durmiendo, debería centrarse en las lecciones que tenía por delante esas próximas dos semanas. Pero, sinceramente, no se veía capaz de regresar a su dormitorio en esos momentos. Desvió la mirada del hombre, tratando de ocultar su rostro y sus lágrimas, unas que se apresuró en secar con el dorso de su guante rápidamente—. Tienes razón. Lo siento —se apresuró a disculparse, tragando saliva—. No puedo dormir… He… He vuelto a quemar las sábanas —confesó abrazándose a sí misma, frustrada y sintiéndose culpable—.  

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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por Sheena el Sáb 9 Jun - 12:10

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El cazador no se esperaba esa respuesta por parte de la chica. Claro, entonces esa era la razón del ligero olor amargo que había percibido conforme se acercaba a la cocina (aunque se imaginaba que el bobo de Impey se había dejado algo al fuego como explicación). Por suerte, la ropa especial de Cardia era inmune a su veneno, pero al ingeniero le estaba costando replicar ese tejido.

Aún más le estaba costando a la joven esconder lo afectada que estaba por el incidente. Por mucho que se limpiara las lágrimas disimuladamente y tratara de ocultar su rostro acongojado, de aparentar normalidad, era demasiado obvio. Ni siquiera él podía permitirse seguir siendo desagradable con ella encontrándose en ese estado. Después de todo, no estaba trasnochando con gusto, igual que él. Y de no poder dormir, entendía bastante.

- Entiendo – manteniendo el mismo gesto serio pero tranquilo, fue a servirse agua de una jarra, dándole la espalda a Cardia momentáneamente. Cuando se giró de nuevo, eran dos vasos los que sostenía en ambas manos. Dejó uno en la encimera, junto a ella, antes de beberse por completo el contenido del suyo – Entonces puedes usar mi cuarto. No lo necesitaré más esta noche – ofreció, en un inusitado gesto de amabilidad. No, simplemente trataba de ser práctico. Él no lograría dormir mucho más y ella necesitaba un sitio donde hacerlo. Ya recogerían el estropicio de su habitación por la mañana.

Sin embargo, la chica parecía reacia a moverse. Se quedó allí, con el vaso en las manos, sin beberse el agua siquiera. Van captó que tenía la expresión de alguien profundamente desgraciado. Lo sabía porque conocía bien esa mirada: la había visto muchas veces, en su propio rostro, al mirarse al espejo. Ahora había sido sustituida por una máscara de odio y rencor, pero permanecía bajo ella. Tal vez eso fue lo que le impulsó a seguir hablando, aunque era seguramente la persona menos adecuada en esa casa para ofrecer palabras de ánimo o consuelo.

- No es para tanto. Siéntete libre de golpear al cazurro de Impey por no haberte hecho unas sábanas apropiadas – sugirió, suavizando un poco el tono y cruzándose de brazos, apoyado en la encimera – Sé que eso no resuelve el problema, pero seguro que te sientes mejor. Y después, esfuérzate. Si de verdad quieres ser mejor que los que te han hecho esto, esfuérzate. Vas a sangrar, te va a doler. Mucho. Pero es necesario, si pretendes seguir con vida. Vivir... - hizo una pausa, cerró los ojos unos segundos, y solo cuando volvió a abrirlos continuó – Vivir es lo más complicado. Mucho más que morir.

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Última edición por Sheena el Vie 6 Jul - 22:10, editado 1 vez


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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por SapphireDragon el Dom 17 Jun - 1:36

POOR UNFORTUNATE SOUL
Una simple palabra fue la que recibió por respuesta. Una que ya no estaba teñida de reprimenda ni nada semejante, sino más bien de comprensión. Le escuchó caminar por la cocina, aunque no hacia ella. Un armario se abrió y dos vasos de cristal parecieron depositarse sobre la encimera, antes de que fuesen llenados con un líquido.

— Entonces puedes usar mi cuarto. No lo necesitaré más esta noche —soltó repentinamente el mayor, tras haberse bebido en un par de tragos el agua que acababa de servirse y dejar el otro vaso intacto junto a ella.

Aunque apenas llevaba unas semanas allí, menor era el tiempo del que conocía a Van Helsing. Hasta el momento, había observado en él un hombre serio y atormentado, que no buscaba amistades, sino que perseguía la venganza, una que lograría cumplirla por todos los medios, incluso si éstos eran utilizarla a ella de alguna forma sin importar los riesgos. Eso a Cardia no le importaba en absoluto, en parte por su ignorancia al mundo, pero también por el extraño sentimiento de querer ser útil de cualquier forma a pesar de su veneno… De poder ayudar a alguien que realmente lo necesitase, como el propio cazador.

Por ese mismo motivo, el amable gesto logró que se envarase y se atreviese a volver ligeramente el rostro hacia él, con los ojos grandes claramente más abiertos de lo normal. No obstante, no se movió. Permaneció clavada en el lugar con sentimiento encontrados: rechazar la amable oferta del cazador sería de mala educación; sin embargo, si de verdad empleaba su dormitorio y aunque él había asegurado ya que no le daría más uso por esa noche, corría el riesgo de provocar exactamente la misma situación que en su propia alcoba.

Bajó la mirada al vaso de agua, apretando los labios hasta que se convirtieron en una fina línea, con el fin de evitar que las lágrimas nuevamente brotasen de sus ojos. No deseaba continuar así, pero tampoco podía hacer nada. No tenía nociones de ingeniería ni de química que pudiesen ayudar a Impey y a Fran con sus investigaciones para desarrollar tejidos y utensilios que pudiera utilizar sin tener que preocuparse de que el veneno los redujera a cenizas, exactamente como ocurriría tan pronto como tratase de beber del vaso de agua que él le había servido. Dejó escapar un triste suspiro. Al menos… debería darle las gracias por la bebida y por su oferta.

Mas no tuvo oportunidad. Volvió a pillarla completamente desprevenida cuando le ofreció pegar a Impey. Sin embargo, ella se apresuró en negar con la cabeza horrorizada. El joven ingeniero estaba haciendo siempre lo más que podía por ayudarla. Mostraba su arrepentimiento cada día que pasaba y no lograban nada y aun así, siempre se las ingeniaba para hacerle unos sándwiches deliciosos solo para ella, para evitar el uso de los cubiertos.

Aunque siempre sea tan efusivo, Impey se está esforzando mucho junto con Fran para hacerme una almohada y unas sábanas para que pueda dormir sin problema. N-No podría pegarle, Van… —su voz era apenas un susurro, que terminó siendo eclipsado por lo que el hombre continuó diciendo.

Porque sin duda alguna, sus palabras le dieron que pensar durante los siguientes minutos, mientras se mordía suavemente el labio. Esfuérzate. Si de verdad quieres ser mejor que los que te han hecho esto, esfuérzate. Vas a sangrar, te va a doler. Vivir es lo más complicado. Mucho más que morir, repitió para sí misma, mentalmente. Sí, todo le dolía. Cada pequeño gesto que no podía hacer por miedo siempre le afectaba de alguna manera. Dolía muchísimo no ser cómo el resto. Y ahora que había conocido lo que había más allá de la mansión de Gales, quería vivir. ¿Cómo? Aún no lo sabía, pero si no se esforzaba como Van decía, no conseguiría nada.

Entonces se percató de una cosa. Lo que dice… para hacerlo por experiencia. Parece que es lo que siente realmente. ¿Él de verdad siente que vivir es tan difícil?

Lo haré… Me esforzaré. Quiero aprender, quiero vivir. No quiero volver a estar sola. No quiero regresar a un sitio como la mansión de Gales. Y quiero… quiero sentir el calor humano directamente con mis manos, algún día —musitó mirándose las propias manos con un brillo especial en los ojos. Ese era su mayor sueño—. Pero… también desearía que tú también te esforzases, Van Helsing… —añadió con cierta inseguridad, bajando la mirada al suelo. Antes de que pudiera contestar a aquello último, se apresuró en seguir hablando—. Muchísimas gracias por el agua… Me encantaría bebérmela, pero fundiría el vaso al hacerlo. Y-Y no quiero estropear el dormitorio tuyo. ¿E-Estás seguro de ello?


CUARTEL GENERAL - AL AMANECER - CON VAN




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Re: > From death comes rebirth

Mensaje por Sheena el Vie 6 Jul - 22:09

POOR UNFORTUNATE SOUL
No le hubiera importado que Cardia se bebiera el agua de forma no correspondiente a una señorita, sin tocar el vaso, pero ella optó por no hacerlo, aunque de todas formas le agradeció su amabilidad. Él tan solo arqueó una ceja, pues no creía que estuviera siendo amable. Solo hacía lo que tenía que hacer.

Recogió su propio vaso, oyendo por encima cómo ella hablaba de sus ilusiones, de sus sueños. Lo hacía de una manera que casi no podía soportar: con esperanza. Eso que él había perdido hacía tanto, eso que él ya no creía que existiera. Se aguantó las ganas de decirle que era una ilusa, una incrédula. Él mismo le había dicho que luchara por vivir, pero no que esperara que fuese a salir bien. De hecho, por su experiencia, era más de la opinión de que era mejor ir siempre preparado para el fracaso. Así no cabía lugar para las decepciones.

Tenía que habérselo dicho. Debería habérselo dicho. Como hubiera hecho ante cualquiera, así fuera solo para poder tener la seguridad de destacar “te lo advertí” cuando todo se viniera abajo. Pero por algún motivo, no lo hizo. No se vio capaz de echar por tierra su esperanza de esa forma… tan fría. Quizá porque él había sido así una vez: joven, ingenuo, lleno de buenas intenciones y deseos. Luego empezó la matanza de vampiros, y el rastro de esa persona desapareció por completo. Le pedía que se esforzara. Oh, desde luego que lo haría. Pondría todo su empeño en acabar con ese desgraciado de Finis. No tenía otro fin al que dedicar su existencia.

- Yo ya tengo una misión, y la acabaré cumpliendo tarde o temprano – informó, sin querer dar detalles – Estoy aquí porque es un medio para conseguir ese fin y porque la ayuda del conde es valiosa – reconoció – Me importa poco lo que Lupin y los demás estéis planeando, a no ser que me convenga. Y como de momento me conviene, más te vale que hagas lo que se espera de ti y no mueras antes de tiempo.

No sabría decir si eso había sido una advertencia o un consejo, pero ahí quedaba ya la sentencia. De todas formas, una de las cosas que menos le gustaban a Van Helsing era hablar sobre sí mismo, así que se dispuso a disipar los reparos de Cardia y guiarla hasta su cuarto para que pudiera descansar lo que quedaba de noche.

- Si algo sobra aquí son habitaciones, no creo que a Saint-Germain le importe – y si lo hacía, le daba exactamente igual – Vamos – dicho esto, hizo un gesto con la cabeza indicándole que le siguiese mientras salía de la cocina.

EN LA COCINA - DE MADRUGADA - CON CARDIA




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Re: > From death comes rebirth

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