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Business of Misery

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Business of Misery

Mensaje por Choco el Miér 24 Ene - 0:47


Business of Misery
1760. Jamaica pertenece al dominio inglés y se alza como mayor exportador de azúcar.  Europa emigra al Nuevo Mundo con la esperanza de hacer negocios y enriquecerse, a costa, por supuesto, de la mano de obra esclava. Un joven emprendedor holandés se abre camino entre el mercado de esclavos traídos desde África. Es joven, bien posicionado, y necesita trabajadores en sus plantaciones. Entre el género repleto de rostros asustados y miradas sin brillo se encuentra un joven de piel tostada y cabello negro como el carbón, que parece desafiar con una sardónica sonrisa a quien se atreva a acercarse.

Henrik de Graaf
Primogénito de una familia de comerciantes que viajó hacia el Nuevo Mundo justo antes de que él naciese para establecerse con el dinero que habían ganado del comercio de especias y de esclavos. Su padre ha muerto hace 3 años por lo que él ha heredado la hacienda, la plantación y sus responsabilidades en la compañía comercial, que maneja junto a otros dos socios amigos de su padre, entre los que se reparten riesgos y beneficios. Su madre sigue viva, intentando buscarle esposa, pero él simplemente no acepta a ninguna, y ellas tampoco parecen acercarse mucho a él debido a su mal genio y a que puede parecer algo excéntrico.
28 años | Joseph Morgan | Dornish Sun
Gael Hidalgo
Hijo de una númerosa familia de campesinos extremeños, Gael abandonó su hogar para dirigirse a la costa sureña y ganarse la vida como marinero. La vida no le iba mal. Tenía mujeres, salario suficiente para pagarse una habitación y buenos amigos con los que beber vino tras la jornada. Pero una tarde de niebla todo se torció. Su barco fue asaltado por los piratas, quienes mataron a la mayoría y tomaron a los cinco hombres más apuestos para venderlos como esclavos. Dos no sobrevivieron al viaje a las colonias americanas. Dos más fueron vendidos en las Antillas y así Gael llegó solo a Jamaica. Haber conservado su lengua  podría atribuirse a un milagro de Dios, pues el joven no destacaba precisamente por su precaución y cuidado. Descarado, astuto y vividor. No es alguien que pueda tener la boca cerrada mucho tiempo.  
27 años | George Blagden | Choco

Plot | Señor y Esclavo | 1x1
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Última edición por Choco el Miér 24 Ene - 12:33, editado 1 vez
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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Miér 24 Ene - 1:46

Let's get down to business
con Gael. Mañana. Plaza de Port Royal.
No era un mal día en Jamestown. La humedad habitual parecía haber remitido lo suficiente como para que Henrik no tuviera que empapar su pañuelo nada más salir de la hacienda. El carruaje estaba preparado para lo que, sin duda, iba a ser un viaje desagradable. No soportaba viajar al mercado de esclavos. En otros momentos, dejaba la tarea al capataz, que sabía ver atributos físicos para los trabajadores mucho mejor que él, pero aquel habría de ser un esclavo doméstico, y Henrik quería tener algo que ver en la decisión de alguien que estaría rondando por la casa, y cuyo rostro tendría que estar viendo de vez en cuando. Pero lo desagradable de todo aquello era tener que ir a uno de los mercados más ruidosos y malolientes de Jamestown. Normalmente, la mercancía recién llegada de África, estaba totalmente descuidada, tan desnutrida y al borde de la muerte por cualquier enfermedad de alta mar que era difícil ver que cualquiera de ellos pudiera hacer nada más que rezar sus últimas palabras antes de desplomarse. Y pese a que no pudiera decirse precisamente que Henrik empatizase con ellos, o que sintiera una pena desmedida, era una visión que prefería ahorrarse.

Por fin, su carruaje se detuvo, dando fin al traqueteo que había alimentado sus pensamientos durante un camino para nada corto. Henrik se bajó para encontrar su bota manchada por el barro dejado por la lluvia de la pasada noche. Los gritos, de comerciantes y de visitantes por igual, no tardaron en llegar a sus oídos como una desagradable realidad. Trató de mantenerse detrás del tumulto, mientras un esclavista barrigudo anunciaba lo que traía. Varios esclavos que, sin duda, estaban llamando la atención de su capataz junto a él, altos y fornidos y con las manos ya encallecidas por el trabajo. La vista de Henrik pasó por ellos, pero se detuvo en un hombre que, pese a su situación, parecía no estar envuelto en el pozo de miseria que los demás. Tal vez porque era blanco, pensaba que se libraría de su destino, o tal vez había sido capturado más cerca y no había tenido que pasar un viaje infernal a través del Atlántico. Sea como fuere, Henrik dio un paso al frente, dejando que su capataz le siguiese y apartase a la gente en el camino hasta la celda donde el esclavista exhibía su mercancía.

Señaló al hombre de ojos azules.–¿Cuánto por él?– Acto seguido señaló a otros dos esclavos que su capataz le había indicado en un susurro.–Y por esos dos.– La cantidad poco importaba. La compañía iba bien. Su mirada se fijó en el de los ojos azules, pensando si, realmente, tendría madera para las tareas que habría de llevar a cabo. Él, debía admitir, no tenía tan buen ojo para reconocer capacidades y atributos en otras personas, más allá del campo estricto del comercio.




Última edición por Dornish sun el Jue 25 Ene - 18:15, editado 1 vez



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Re: Business of Misery

Mensaje por Choco el Jue 25 Ene - 0:51

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La mañana era calurosa; ninguna novedad en aquella tierra del oeste. Aunque parecía que los ingleses lo estaban pasando peor que los esclavos, con sus ropajes elegantes. Las mujeres sacudían sus abanicos sofocadas. La piel de sus escotes estaba roja y quemada; un bonito paisaje para el español, quien llevaba varios meses sin yacer con una, debido a su situación.

El mercado bullía de actividad, y agradecía su poca destreza con la lengua británica, porque de ese modo le era más fácil ignorar los gritos de los vendedores y los cuchicheos de los curiosos.

Sus ojos pasaron del esternón rosado de una dama inglesa a las gruesas ligaduras que ataban sus muñecas adoloridas, y posteriormente al esclavo africano a su lado. El hombre era alto y mucho más fornido y tonificado que él, aunque parecía estar pasando el mismo hambre. La mirada del hombre era firme, perdida en algún punto lejano que atravesaba a la multitud de compradores. Su barbilla se alzaba con orgullo y determinación.

-Tú blanco. ¿Por qué aquí?- murmuró el hombre, en un inglés tan tosco que el suyo propio. El moreno se acomodó. Apoyando los antebrazos en las rejas horizontales de la celda de hierro.

-Tuve un mal día. - respondió, regresando su atención al frente, con una sonrisa irónica.  El esclavo le miró sin entenderle muy bien tampoco, pero no volvió a intentar conversar. No cuando alguien se acercaba a su vendedor. Estaban interesados en ambos. Y Gael no pudo evitar soltar una risa corta cuando aquel tipo de bien preguntó su precio. - ¿Cuánto sería usted capaz de dar por mi compañía? – respondió antes de que pudiese hacerlo el comerciante. Un socio del mismo atizó con un palo las rejas de la celda, justo por donde colgaban los brazos del moreno. – Bastardo inglés, mal demonio te lleve.  -masculló en su lengua natal, al tiempo que se apartaba por el golpe.

- Si está interesado puedo hacerle una buena oferta por los tres. – retomó el comerciante. – ¿Qué me dice? Tenga buenos hombres trabajando en el campo y…- volteó a ver al español y por un momento pareció dudar de sus habilidades como vendedor- …él… - no encontraba las palabras. Solo quería quitárselo de encima cuanto antes. – …. Quizás pueda entretener a sus invitados en las fiestas sociales con… su buena lengua. – le había costado no rodar los ojos al decirlo, pero Gael sí alzó una ceja, curioso por aquella presentación.

Con Henrik. Mañana. Plaza.


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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Jue 25 Ene - 10:29

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El terrateniente se detuvo un instante en mirar al hombre que había pensado en comprar.–Parece dispuesto a venderse a sí mismo mejor que usted.– Comentó en un tono casi neutro. No estaba allí para dejarse llevar por ninguna emoción, pero sí para sacar el mejor precio posible. Desde luego el esclavo no parecía el mejor educado, aunque ninguno allí lo sería, estaba seguro. Pero tenía un rostro agradable, y eso era más difícil de cambiar en una persona. –No sé con qué intenciones le vendéis, señor, pero me parece que os estamos haciendo un favor librándoos de este– Una ligera mueca había aparecido en su rostro al reconocer el idioma, que no las palabras, pronunciadas por el esclavo. Español. Aquello haría su compra algo más divertida, si bien estaba seguro de que no se trataba de un diamante en bruto a la espera de ser pulido. Su mirada, no obstante, no se apartó del comerciante, en el momento en que se encontraban envueltos. Henrik había aprendido todo sobre el comercio de su padre, y aunque no se enfrentaba a compraventas tan insustanciales como aquella todos los días, sabía lo que debía hacer para conseguir un buen precio.

Además, si pretendo que sirva en la casa, tendré que enseñarle inglés, y podemos ver que no tendría mucho uso para labrar los campos.– Sacó una bolsa que llevaba en su bolsillo, dejando que el tintineo de las monedas pesase en los oídos de aquel hombre antes de abrirla y volcar su contenido en ella. Un precio más que justo por dos buenos esclavos, y justo, a su parecer, por dos esclavos y un católico deslenguado. La reticencia inicial que hubiera podido mostrar desapareció al ver el dinero en su mano, y Henrik supo que había ganado aquella pequeña batalla cuando le sonrió a su socio para que abriera la celda.

Henrik se mantuvo de pie, las manos ocultas y entrelazadas tras la espalda, mientras asistía al pequeño desfile de su mercancía, camino del carruaje y dirigidos por su capataz. Cuando el español hubo bajado, Henrik sólo hizo un gesto con la cabeza para que siguiese el mismo camino, cerrando él la marcha.

Estás de suerte– El capataz ya se había colocado al frente, en el asiento que normalmente ocupaba quien conducía el carruaje, con los dos esclavos a su lado. Henrik calculó que tendría que pasar el viaje de vuelta con su recién adquirido quebradero de cabeza.–Adelante, comprobemos si de verdad puedes contener la lengua.– Hizo un gesto hacia el interior. Normalmente, una invitación para entrar pero, en aquel caso, una orden.
Con Gael. Mañana. Plaza.





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Re: Business of Misery

Mensaje por Choco el Vie 26 Ene - 14:04

Business of Misery
Cuando aquel possible comprador se acercó a él y halagó sus dotes comerciales Gael no pudo más que encogerse de hombros con cierta resignación divertida. En realidad, solo tenia ganas de salir de aquella celda. Y habría preferido de mil agrados que hubiese sido una dama (de ideas libertinas, a poder ser) la que le hubiese comprado. Pero menos daba una piedra.

No podía seguir del todo la conversación entre los dos extranjeros. Aunque se había familiarizado con la lengua inglesa por culpa de las largas semanas de travesía con los piratas ingleses, parecía un idioma distinto cuando lo hablaban los aristócratas. Pero el repentino tono bermellón que adquirió el rostro de su vendedor fue bastante satisfactorio. El hombre no parecía muy convencido; una estampa muy conocida para Gael cuando estuvo con los pescadores de Cádiz y tenia que vender la mercancía en los mercados. Siempre trataban de regatearle; y ese noble parecía haber hecho lo mismo ahora al comerciante de esclavos. Sin embargo, el precio resultó adecuado al parecer, pues el hombre agradeció la compra para asombro del español. Cuando el capataz les dejó salir caminó con cierta precaución, mirándole de reojo. Aun tenia las manos atadas, pero podría defenderse si lo necesitaba. En la posada María del Carmen le habían dicho en más de una ocasión que era muy escurridizo.

Su amigo y otro africano (más bajo pero más corpulento también que el primero) caminaban con la cabeza alta y una dignidad que incluso la realeza envidiaría. Aunque en sus miradas se escondía el ligero miedo que sentían por los acontecimientos venideros. Gael lanzó una mirada seria a su comprador antes de seguir a los demás. Pero cuando escuchó su desafío torció las comisuras de su boca en una sonrisa mordaz.

-Lo siento, mi señor. Dios me dio la lengua para usarla y doy fe a que no pondrá en duda su juicio. – expresó con su pésimo acento. Quizás ni le entendía. Le daba la espalda al hablar mientras caminaba delante de él. Pero volteó cuando ambos estuvieron frente al carruaje. - Además…- abrió la puerta, dejándola abierta como si estuviese esperando a que entrase su señor.-  …aseguro que no me habríais comprado de haber creído que era mudo.- Y dicho esto, terminó por entrar él primero, saltando los escalones con facilidad.

Nunca había estado en un carruaje tan lujoso. La madera era oscura, pero no entendía mucho de botánica y no sabía de dónde procedía. Los asientos del interior del carro estaban forrados con seda estampada. El calor se agolpaba allí y era sofocante, y el olor de la madera más intenso. Se sentó de espaldas al trayecto, sin mucho porte.

- Madre del señor. Hacía mucho que mis posaderas no pisaban blando.- bromeó, tras un suspiro de placer por la comodidad.  -Bueno… ¿Cuáles son sus planes?-  Pero mejor ir al grano. No le gustaba lo que estaba pasando, y no quería sorpresas.- Creo que ha dicho algo sobre…- trató de recordar las palabras. - ¿No bueno para los campos? - se sobresaltó un poco cuando el carruaje se puso en marcha. Escuchaba al capataz hablar con los dos africanos. Posiblemente les enseñaba a llevar el carro también.
Con Henrik. Mañana. Plaza.


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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Vie 26 Ene - 14:40

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Una mirada evaluadora después, Henrik pudo darse cuenta de que civilizar al católico sería una tarea ardua, y una a la que, desde luego, no quería dedicar un gran esfuerzo. Pero conseguir que mantuviese un mínimo de etiqueta, o que supiese cuándo callar serían suficiente. Con la puerta aún abierta, dejó que entrase sin cambiar un ápice de su expresión. Era evidente que su inglés necesitaba una mejora, motivo de más para que aprendiese a mantener la boca cerrada, y los oídos.

Un católico mencionando a Dios hasta en sus profanidades, ¿por qué no me sorprende?– Masculló en neerlandés. Lanzó una última mirada hacia el comerciante, que seguía anunciando su mercancía. Una pregunta vino a su mente, pero esperó a llegar al interior para formularla.–Dime, ¿alguna razón por la que tus captores decidieron no cortarte la lengua? Porque no parece ser porque aprendieses a controlarla.– Preguntó, su inglés algo pausado para asegurarse de que el castellano le entendiese. Se alisó la chaqueta al tomar asiento, asegurándose de no pisarse una ropa que cualquier persona hubiese considerado demasiado calurosa para la humedad de la isla y miró hacia el esclavo, sentado frente a él. Parecía un macaco rodeado de sedas, pero aquella idea no provocó una sonrisa en Henrik.

Se acomodó, muy ligeramente, en su asiento, dejando que su espalda descansase entre el traqueteo del carruaje. Un camino largo de vuelta, que no confiaba en que se le fuera a hacer más corto debido a la compañía.

Mi anterior mayordomo, lamentablemente, falleció. Ocuparás su puesto.– Carraspeó, cruzando ambas manos sobre su regazo y desviando la mirada hacia el ventanuco, por el que veía las hileras de casas de Port Royal volviéndose poco a poco más dispersas a medida que se alejaban del centro.–O más bien el puesto de quien le va a sustituir a él. Tu deber será aprender, a comportarte y el funcionamiento de las cosas en la casa. Servir la comida,
acompañar a invitados cuando vengan, cuidar de mi señora madre si viene y lo requiere... Si realmente puedes aprenderlo, claro.
– clavó su mirada en él. Dudaba que fuese a aprender fácilmente.–Si no, tal vez me haya equivocado al pensar que te derrumbarías trabajando en el campo, pero podría comprobarlo.
Con Gael. Mañana. Plaza.





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Re: Business of Misery

Mensaje por Choco el Sáb 27 Ene - 23:55

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El hombre había dicho algo en una lengua que no era inglés. ¿Alemán? Por su acento Tosco, podría ser. Pero la verdad era que no tenia ni idea de lo que le había dicho y podía estar burlándose de él en sus narices sin que lo supiese jamás. Decidió apelar al dicho de “La ignorancia hace la felicidad”, pues mostrarse ofendido podría llevarle a ser molido a palos o peor, terminar en la horca. Después de todo era el contrario quien tenía más poder en su mano.

Escuchó su pregunta con expresión relajada, y en cuanto la entendió soltó una corta risa desganada.

-¿Queréis la verdad? Había un negocio en La Española. Contrabando de licor, por lo que entendí. Y como el comprador era español, querían usarme… ¿cómo decían?  De intérprete o algo así. –acomodó mejor su espalda y movió sus hombros un momento antes de relajarse de nuevo. – Supongo que después, con los bolsillos llenos, ya no les importó tanto mi boca.- miró hacia el exterior por la pequeña ventana, perdiéndose entre el traqueteo del carro y la muchedumbre que iban dejando atrás.

Miró de nuevo a su acompañante, cuando explicó el motivo de su compra. Ahora era él quien desviaba la vista al exterior, mientras le daba la noticia.

-Que el Señor lo tenga en su gloria.- murmuró por instinto al ser mencionada la defunción, alzando la mano para santiguarse. La otra la acompañó, al estar todavía maniatado. Y ello, junto con las demandas que el contrario explicaba para su nueva vida, le ayudaron a recordar lo que suponía haber sido vendido. Volvió a adoptar una actitud un tanto recelosa. Se echó hacia delante, apoyando los antebrazos en sus propias rodillas abiertas. Sus muñecas seguían rojizas por las sogas. – Con vuestro permiso, preferiría trabajar en el campo, dar de comer a los cerdos y dormir sobre paja húmeda, antes que ponerme una peluca blanca y satisfacer a sus invitados – "y su dichosa madre", habría añadido de no correr peligro su propia vida. Despacio, alzó las manos, mostrándole su situación.- Pero mis deseos no cuentan ahora, ¿verdad? En estas tierras no tengo a nadie que pueda apelar por mi libertad. Mi familia no sabe ni leer ni escribir, solo podían recibir mis noticias por algún mandado que iba al pueblo. Y ya deben creer que morí en alguna tormenta en alta mar. - volvió a sonreir con una mueca burlona que escondía un poco la amargura de su explicación.- Espero que al menos tengáis una hermana agraciada también, para compensar mis penas.- esta vez no fue capaz de controlarse. La idea de terminar siendo mayordomo o aprendiz de mayordomo le resultaba muy desalentadora.
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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Lun 29 Ene - 17:17

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Por conveniencia, la única explicación posible, tal y como había intuido. Porque no parecía que fuese a obedecer a autoridad alguna, al menos en lo que a cerrar la boca se refería. Dejó que el silencio se asentase entre ambos, tratando de disfrutar del mismo antes de que el moreno empezase de nuevo a hablar sin freno. Un momento duró, uno cómico en el que vio al español santiguarse como si aquello fuese a salvar el alma de su predecesor, o cómo si un gesto tan futil fuese a congraciarle con Dios. Henrik no era excesivamente religioso, aunque creía en Dios, pero la parafernalia extraordinaria de la Iglesia Católica le provocaba un auténtico sentimiento de repulsión. Su tiempo de visita en los Países Bajos había sido breve, pero si algo agradecía es que se hubiesen librado del yugo de la Iglesia y de los monarcas españoles. Ahora, en aquel carruaje, el yugo lo tenía precisamente el hispano.

Efectivamente, tus deseos no cuentan. Aunque dar de comer a alguno de mis invitados es casi como dar de comer a los cerdos pensó para sí, algo que no diría delante de un deslenguado como aquel, por supuesto. Había algo digno en saber cuándo callar. Dudaba que él lo supiera.–Aprenderás a leer, y deberás mejorar tu inglés.– Volvió a fijarse en el exterior. Ya estaban fuera de Port Royal, y pronto llegarían a su hacienda, para su propio alivio.

Creo que los cerdos disfrutarían más de tus modales que ninguna de las damas a las que verás. Habrás de conformarte con mi madre como compañía femenina, y su tiempo de ser considerada agraciada pasó. Si te acercas más de lo debido a alguna de las invitadas, te recordaré que yo no tengo negocios ni tratos con españoles, no necesitaré un intérprete– Frunció levemente el ceño, aunque no a algo que él hubiera dicho, más bien en una mirada dirigida a la nada que había fuera. Había tenido hermanas, sólo una de ellas había llegado a la edad adulta y había casado con uno de sus socios a recomendación de su padre. La veía pocas veces, y no siempre en su propia casa.–¿Cuál es tu nombre?– preguntó con un deje irónico.
Con Gael. Mañana. Plaza.





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Re: Business of Misery

Mensaje por Choco el Lun 29 Ene - 19:53

Business of Misery

La franqueza de su acompañante demostraba su seguridad y su dominio de la situación. Tendría que ocupar el puesto que él decidiese, aunque ello supusiera ponerse casacas elegantes y peluca. Jamás había llegado a imaginarse de mayordomo, luciendo atuendos así. Posiblemente para algunos hombres sería un honor recibir tales responsabilidades y poder pavonearse con la alta sociedad. Gael, aún con aquellas sogas, seguía prefiriendo una vida más sencilla con mujeres, amigos y un trabajo poco monótono que le diese de comer. Ahora aquel hombre quería incluso que aprendiese a leer, detalle que ni siquiera creía importante para su posición.

-Os tomáis demasiadas molestias, mi señor. - aseguró, con un tinte sarcástico que no vio necesario esconder. – Cuando era pequeño una monja intentó enseñarme sin éxito alguno. - En realidad no es que creyese imposible tal hazaña. Pero en aquel entonces había sido un muchacho con demasiadas distracciones como para centrarse en aprender. Y estaba seguro de que el mal hábito pocas veces se pierde. Si iba a vivir en una gran hacienda ahora no podría estar muchas horas encerrado con un libro.

No podía negarlo, las ofensas del hombre de bien le divertían bastante; y como si buscase darle la razón respecto a sus modales retorció sus manos hacia su derecha para tratar de aliviar un picor en su sobaco. Al fuerte traqueteo del carruaje se le unió el sonido de la risa del español, que miró al otro con cierta sorpresa por sus amenazas ocurrentes respecto a su lengua.  

-Mientras la dama conserve su lengua… - dejó caer con sorna, dispuesto a incomodarle. Sorbió con la nariz y se pasó la sucia manga como pudo por delante. –Gael fue el nombre que escogió mi padrino.- ¿Vos tenéis nombre? Sería también de buena educación saber la identidad de quien ha pagado por mis servicios. - chasqueó la lengua.-  ¿O sólo tendréis modales para sus invitados? –los caballos relincharon tras el sonido de un látigo que estremeció al español. Habían ganado velocidad al salir de la ciudad.- ¿Hacia dónde nos dirigimos exactamente? -la última pregunta fue expresada con peor pronunciación, pues intentaba esconder la inquietud que le causaba sentirse perdido. Si algun día quería escaparse debía conocer el terreno.
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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Mar 30 Ene - 14:32

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Había comprado el cerdo más gordo de la feria. Pese a que llamase la atención, seguía siendo un cerdo. Una pequeña parte de él estaba gritando que aquello no había sido una buena idea, y que tal vez lo mejor fuera relegarle a trabajar en los campos como a los demás. Pero si había algo que podía en sus decisiones, era su orgullo, sobre todo ante algo tan nimio como aquello. Enderezarle tal vez tomaba más tiempo de lo que pensaba, pero lo haría. Observó con cierto desdén cómo el español hacía todos los esfuerzos posibles por resultar desagradable. No había necesitado muchas oportunidades, desde luego, y estaba seguro de que un baño y ropa nueva no iban a hacerle menos asqueroso, pero había otros métodos.

Henrik de Graaf– Comentó, irguiéndose en su asiento para adoptar de nuevo la postura regia que estaba acostumbrado a mostrar en cada ocasión que involucrase al menos a otra persona. No tenía porqué impresionar a nadie de los presentes, aquello estaba claro, pero tampoco tenía porqué aparecer como nada menos de lo que era frente a un sucio esclavo español. Menos aún cuando éste parecía no saber cómo contenerse. Ignoró por completo su última pregunta.–Creo que olvidas cuál es tu situación. Yo hago las preguntas, yo decido cuándo hablas, y si sigues buscándome las cosquillas desearás que te hubiesen cortado la lengua en el barco que te trajo hasta aquí.– Clavó sus ojos en los de él.–No tengo ninguna intención de mutilar mi propiedad, pero menos aún de dejar que se tomen confianzas indebidas.– El carruaje se detuvo, con un golpe seco que le hizo balancearse ligeramente en el sitio.

Hemos llegado.– Alguien abrió la puerta para que saliese, y así lo hizo.–La hacienda de mi familia, aquí vivirás y trabajarás. Ahora, Gael, ¿tienes alguna otra pregunta antes de que deje que te lleven a tus aposentos y te obliguen a tomarte un muy necesario baño y cambio de ropa?– Se había girado hacia él, a esperas de que saliese. Detrás de él, la escalinata hacia la entrada principal de la hacienda se encontraba vacía, salvo por un par de criados que habían salido a recibirle y que ahora mismo observaban al recién llegado, y a su jefe, con demasiada curiosidad. Su capataz ya había empezado a marchar hacia la parte trasera de la hacienda, el camino para llegar a los barracones y los campos de cultivo.
Con Gael. Mañana. Plaza.





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Re: Business of Misery

Mensaje por Choco el Miér 31 Ene - 19:14

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Aunque hubiera sabido leer y el contrario le hubiese escrito su nombre en un papel, Gael no habría podido entenderlo mejor. Trató de no lucir demasiado perplejo por ello, mientras en su mente intentaba retener la pronunciación, la cual le resultaba propia de un gangoso. Había dicho Jenrri… da Guef… más o menos. Decidió que por el momento se dirigiría a él como “mi señor”, aunque hubiese empezado a hacerlo desde un principio solo con fines mordaces.  Aunque tal vez no era deseo de su acompañante que usase su nombre real.

Durante unos pocos segundos se descubrió a sí mismo siendo analítico. Observaba los ojos del otro, las sombras que la luz proyectaba en sus marcados pómulos y la anchura de sus hombros. Y aunque aquello no era suficiente para entender que no se encontraba en presencia de un patriota inglés, aquella lengua usada antes lo confirmaba.

Fue la primera vez que Gael abrió la boca para ser callado a tiempo. Su intención había sido preguntarle por su procedencia para librarse del gusanillo de la curiosidad, pero Henrik impuso su voluntad de nuevo, en un tono de advertencia mucho más grave. ¿Había pecado Gael de inocente hasta el momento y no había entendido del todo las circunstancias reales? ¿Había tentado demasiado a la suerte?

Cuando el carruaje se detuvo se deslizó en el asiento y casi terminó en el suelo, porque al estar atado no pudo llevar a cabo el impulso de sostenerse. Henrik salió primero, con buen porte, mientras él le dedicaba una mirada con cierto reproche. Como pudo salió del carro, escrutando al momento el paisaje que le rodeaba. La hacienda, cercada por la naturaleza exótica del Nuevo Mundo, parecía algo irreal y fuera de lugar. Otro legado del poder del ser humano en la tierra. Sonrió con retintín a Henrik al escuchar las prioridades en su “indiscutible mandato”.

-Muchas preguntas, mi señor. Pero como no quiero tener que pedir permiso por ellas, me las guardaré por el momento. - le hizo una fingida reverencia. Lanzó una última mirada a sus compañeros africanos, que se dirigían hacia una ladera más alejada del recinto. Esperó que Dios se apiadase de su destino y acto seguido caminó junto a una de las doncellas al interior de la casona.

No entraron por la puerta principal, sino por detrás, por las cocinas y la zona del servicio. Un par de mujeres blancas estaban atareadas con un almuerzo que se le antojó demasiado bueno por el olor. Se dio cuenta de que llevaba tres días comiendo solo chuscos de pan seco. La doncella le llevó a su habitación y le pidió que se bañara en una tina de agua que no parecía ya demasiado caliente, pero para él estaba bien con aquel calor. Ella se mostró pudorosa y salió del cuarto para darle intimidad. Era negra también y no parecía tener más de dieciséis años. Tenia unos ojos hermosos, pero apagados, y mantenía la barbilla siempre baja. Su inglés ya era mejor que el de Gael y se preguntó si Henrik de Graaf mantenía algún raro empeño de enseñar a todos sus sirvientes.

El baño le sentó bien, tenía que reconocerlo. La doncella tímida había vuelto a entrar cabizbaja para dejarle unas ropas y desaparecer cuanto antes, por si a Gael se le pasaba por la cabeza salir de la tina en ese momento y mostrarle algo.

-Parezco un mico. – fue su primer saludo a su señor cuando le llevaron junto a él mucho más tarde. Su reacción escéptica se debía a su nueva vestimenta. Consistía en un terno de brocado de seda color beige con motivos de doble hoja que hacia resaltar su color de piel bronceado por el sol. Los botones de la casaca y el chaleco estaban forrados con hilo de oro y la camisa era blanca, con chorreras y volantes en las mangas. Al menos no llevaba peluca blanca y había conseguido mantener la pequeña cruz que llevaba en su cuello oculta, pero habían tratado de arreglarle los rizos sin mucho éxito.


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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Miér 31 Ene - 22:11

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Lo primero que hizo fue dirigirse a su despacho para registrar el gasto hecho en los esclavos, así como cuáles serían sus funciones. Pocas cosas ocurrían en su hacienda sin que él se enterase y que, por consiguiente, las registrase. Pero lejos de ser un comportamiento maníaco, era la mejor forma de asegurar que su patrimonio no se viniese abajo por la más absoluta tontería. Ignoraba si Gael estaría comportándose, igual que no lo había hecho al despedirse. La imagen de aquella reverencia, claramente burlona, volvió a su mente. Incorregible, aunque prefería buscar otro término. Porque Henrik estaba convencido de que acabaría por corregirle, de una forma u otra.

Le recordaron que todo estaba preparado para la visita de su madre en dos días, recordatorio que le hizo cerrar los ojos e inspirar hondo. El decoro, e innumerables leyes no escritas y otras tantas sí escritas del cristianismo le obligaban a apartar toda idea de que aquello era una molestia. Lo era, por supuesto, pero no era tan libre, ni tan ingenuo, de decirlo en voz alta, aunque sólo fuera por su propia paz mental. Trató de apartar aquello de su cabeza, marchando a uno de los salones con un libro en la mano. Un tratado anodino sobre las 'riquezas del Nuevo Mundo' que probablemente hubiese leído hacía años. Una mera excusa para no pensar en nada ante el reto que, sabía, iba a aparecer en unos minutos por la puerta.

Se había perdido en una de las páginas cuando escuchó la puerta abrirse y dos pares de pasos. Unos, los del sirviente que estaba guiando al español, y otros los de un hombre que no se sentía nada cómodo en su nuevo calzado. Los tacones resonaban por el salón. Henrik le dedicó una atenta mirada, de abajo a arriba. Desde luego que parecía un mono, aunque no precisamente por la ropa.–El baño te ha sentado bien. Y te ves más alto– Volvió la mirada a su libro, aunque no para leer, simplemente para fingir que su atención estaba puesta en algo mucho más interesante.–Ahora bien, creo recordar que tenías muchas preguntas. Por favor, adelante.– Hizo un gesto con la mano para que se acercase. Obviamente no para que se acomodase ni tomase asiento, de hecho delante de él no había sillón alguno, aunque sí había sillones y sillas distribuidas por el salón.–A poder ser, formuladas como una persona y no como un... ¿cómo has dicho? ¿Mico?– Ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos y finalmente apartando la mirada del libro. El estilo de ropa que llevaba Gael era parecido al suyo propio, aunque la casaca del holandés era de un azul profundo y de un tejido mejor. Y desde luego, él no se sentía como un mico. De hecho, pese a la incomodidad que suponían aquellas prendas, más aún en la cálida humedad del Caribe, hubiera sabido que algo iba mal si no las llevaba puestas. Cruzó una pierna sobre la otra, y se recostó en su asiento, aunque una mano la tenía asida al reposabrazos, a la espera de apretarlo con fuerza en cuanto el español dijese algo que le enervase.
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Re: Business of Misery

Mensaje por Choco el Jue 1 Feb - 20:26

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No esperaba que sus primeras observaciones fuesen tan obvias, así que las respondió con unas carcajadas suaves y claramente sarcásticas. Es decir, claro que el baño le iba a sentar bien, teniendo en cuenta la cantidad de roña que tenía encima cuando lo tomó. Y respecto a su estatura, con aquello zapatos era lógico. Y por cierto, le dolían. A pesar de las calzas de lana, le rozaban por el talón. Y el calor hacía que le escociesen los pies. Casi debía alabar él a Henrik por vivir toda su vida aguantando aquellos atuendos tan incómodos.

Con mala gana caminó hasta una silla con la intención de arrastrarla hasta el escritorio que estaba usando el otro. Pero el sirviente que le había acompañado y que aún no se había retirado carraspeó y le hizo un gesto negativo con la cabeza, acompañado de una mirada de cierta alarma.

-Vale, vale. - murmuró en su lengua natal, apartándose de la silla - Entonces, ¿ya se me permite hablar? Qué considerado sois. - declaró con falsedad. Escuchó la puerta cerrarse con mucha delicadeza. El sirviente se había retirado, pero así lo prefería. No le gustaba que cualquiera pudiese escuchar una conversación que prefería privada, aunque sabía que Henrik debía estar acostumbrado a tener siempre a alguien revoloteando y oyendo. Se daba cuenta de que pronto él mismo sería uno de esos hombres; de los que se quedaban en las sombras de la habitación mientras su señor se reunía con otros para hacer sus negocios. Sonaba tan aburrido que temía terminar durmiéndose de pie. Una vez, cuando era niño, se durmió así, apoyado contra una pared.

Camino despacio hacia el otro, llevándose las manos a aquellos fastidiosos volantes, intentando ocultarlos bajo las mangas de la casaca.

-¿No sois británico, verdad?- fue su primera cuestión.- ¿A qué os dedicáis?- otro paso, ahogado por la alfombra expuesta en el centro de la sala.- ¿La hacienda fue heredada o creasteis vuestra propia fortuna en el Nuevo Mundo?- un paso más, antes de detenerse frente a él con una nueva sonrisa juguetona bailoteando en sus labios.- Quizás diréis que no es asunto mío y que me dedique a mis nuevos quehaceres. Pero en realidad, sí lo es. Puesto que ahora soy una boca que alimentar aquí. Así que me interesa bastante saber si pasaré hambre, o si me ha comprado el pez más gordo de toda la colonia.- se palpó la barriga.- Y hablando de eso, ¿Cuando se almuerza aquí? Tengo tanta hambre que me comería una vaca rellena de cochinos.

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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Mar 13 Mar - 11:47

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Visto así, era fácil entender el viejo refrán. La mona, o el mono en este caso, aún vestido de seda, mono quedaba. Parecía constantemente preocupado por ocultar los volantes, por buscar algún sitio donde la ropa le picase, o, en general, por deshacerse de aquel atuendo. El mismo Henrik debía confesar que no era lo más cómodo, pero no se trataba exclusivamente de comodidad, no en una vida como la suya al menos. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa divertida cuando el hispano se detuvo ante la indicación de otro sirviente. Al menos parecía capaz de aprender, y de observar más allá de sus narices, lo cual no sería malo.

Henrik hizo un gesto con la mano para despachar al otro sirviente, que al contrario que Gael era todo corrección y buenas formas. Claro que él respetaba a Henrik, igual que lo había hecho con su padre, algo que dudaba que fuese a pasar con su reciente adquisición. Así que, de nuevo con las manos apretadas en torno a los reposabrazos, el rubio abandonó su postura erguida para inclinarse ligeramente sobre su lado izquierdo, examinando al «mico».

Sus preguntas llegaron de forma pausada, tan pausado como él pretendía responderlas. Al fin y al cabo no era su propia curiosidad. Para sorpresa de Henrik, pese a lo intrusivo de algunas preguntas, el hispano no fue totalmente ridículo, y parecía capaz de simular modales al menos por unos segundos. Aún recostado en su asiento, devolvió la sonrisa del moreno con una propia, esbozada de medio lado.–Muy perspicaz, por lo que veo.– Su tono, irónico. Hizo tamborilear los dedos sobre la madera de la silla.–No, soy holandés. Así que no tengo en mucha estima a los españoles.– Murmuró. No era del todo mentira, pero su odio a una u otra corona se limitaba a los problemas que pudieran suponer en el tráfico de sus mercancías. Los asuntos de independencia y de la casa Orange le importaban poco, aunque sí consideraba que los españoles eran cerrados y algo retrógrados. Más relacionado, claro estaba, con su fe exacerbada. –Mi compañía comercia con esclavos y especias, y aunque la heredé de mi padre, quien la levantó aquí en Jamestown, puedo asegurarte que ha crecido lo suficiente en los años que he estado a su cargo como para ponerte un plato de comida caliente todos los días para saciarte y un atuendo de mico para torturarte.– El holandés se levantó, apretando ligeramente los puños a ambos lados, aunque con una leve sonrisa todavía en su rostro. Se había ganado alguna respuesta, al fin y al cabo.–Ahora... ¿tengo que llevarte de vuelta con el esclavista por deslenguado o puedo confiar en que tu dura cabeza hispana aprenderá a comportarse?– Henrik no dijo nada respecto al almuerzo. Alimentar a alguien a quien habría de expulsar de la casa al momento siguiente no parecía demasiado práctico. Clavó la mirada en los ojos azules de Gael, a la espera de un compromiso.
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Re: Business of Misery

Mensaje por Choco el Lun 19 Mar - 20:01

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Gael era un ignorante para los asuntos territoriales de su país, y aunque hubiese sabido leer, la imprenta solo se extendía a las ciudades más pobladas. Ni siquiera sabía si los periódicos llevaban a las colonias. Así que no entendía del todo el comentario del holandés hacia sus patriotas, o si estaba enemistado directamente con el rey Carlos. En realidad, lo que más podría desagradar a Gael de Herink sería su fe protestante si esta resultaba muy evidente. Educado bajo las creencias del catolicismo como estaba, para él no había fe más verdadera que la suya, mientras que todos los demás, ya fuesen calvinistas, judíos o incluso presbiterianos, solo eran unos charlatanes sin sentido común.
En aquellos momentos no se evidenció creencia alguna, así que el español no mostró abiertamente ningún tipo de contrariedad.

Eso sí, cuando el dueño de la casa se puso en pie, su cuerpo sufrió un leve espasmo, al tener que controlar un fuerte instinto de apartarse. Hacía tiempo que Gael era muy consciente, no solo desde que le hicieron rehén, sino desde que viajaba como marinero bajo las órdenes de su propio capitán en barco español, de que cada vez que decía algo atrevido podían reaccionar de dos maneras: o lo tomaban con buen humor, o le zurraban en la cara por ello. Así que durante una fracción de segundo había reaccionado a un posible golpe propiciado por el holandés y causado por sus indiscreciones.

En lugar de ello, recibió con mucha sorpresa las respuestas a las preguntas que había formulado.

-Puesto que ya he recibido lo que llamáis atuendo, agradecería también el plato.- intentó una vez más, con una ceja alzada.

Así que negociaba con esclavos también… Había escuchado algunos nombres importantes (o que los comerciantes consideraban importantes) durante el tiempo que pasó en el mercado. ¿Tal vez el de Henrik de Graaf fue mencionado en algún momento? No lo recordaba bien, pero se aseguraría de hacer memoria ahora que le concernían sus asuntos. EL replanteamiento del pelirrojo le hizo forman un mohín, como si se hubiese tratado de una cuestión menos trascendental que amenazante.

-Si preguntáis si voy a peerme o a hurgarme las narices frente a sus invitados, ofendéis a mi santa madre, señor. - respondió con calma ahora. Había serenidad en su voz, pero menos tono burlesco. Hablaba en serio. - Puedo comportarme…. ¿Cómo se dice? ¿”con decente”? …mientras tenga un lugar cálido donde dormir por las noches y comida cada día. Pero tenéis que recordar que soy marinero y no tengo ni pajotera idea de los asuntos que tengo que atender en esta casa. Así que estaría bien que me digáis qué hago ahora.- se encogió de hombros levemente, esperando órdenes del contrario. Su sonrisa y sus ojos caricaturizaban la inocencia de un buen mayordomo ahora, puesto que el moreno no tenía nada de inocente en realidad.

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Re: Business of Misery

Mensaje por Dornish sun el Sáb 12 Mayo - 15:53

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Ocultó las manos tras la espalda, y ante el nuevo intento del hispano por pedir comida, simplemente enarcó una ceja. Insistente, pero el gesto que acababa de hacer, temiendo por un instante que fuese a golpearle por su insolencia, demostraba que al menos tenía una cierta educación. No tendría que partir de cero si repetía algo así, o incluso si, Dios no lo quisiera, le dejase en evidencia delante de sus invitados. Pero ya había invertido bastante tiempo en avisarle, y no perdería más en educarle.

Al menos no tendría que hablar con sus invitados, ni con él. Su acento era espantoso, y aunque sus palabras se entendiesen, y hablase mejor de lo que hubiera esperado, no dejaba de tener expresiones extrañas. Por otro lado estaba su lenguaje burdo, que sin duda no era fruto de su desconocimiento del idioma. Si le hubieran dicho que se había criado entre cerdos, lo hubiera creído. Al menos sus otros esclavos tenían un mejor sentido de cómo comportarse, por lo menos frente a él.

Henrik se mantuvo estoico en su posición, volviendo a evaluar a Gael de arriba a abajo.–Con decencia.– Corrigió de inmediato, apretando una de sus propias muñecas tras su espalda.–Y más vale que sepas, y lo que desconozcas lo aprendas con rapidez. Yo no voy a ser quien te eduque personalmente.– Recortó la distancia con el hispano, y al hacerlo pasó de largo junto a él, encaminándose hacia la puerta de su despacho, la cual abrió de par en par

Dad de comer al nuevo. Y después, Jack, enséñale las estancias y el horario, asegúrate de que no toca nada que no deba tocar.– Se dirigió al sirviente de tez oscura que tenía frente a las puertas, el mismo que había despachado hacía apenas un minuto.–Si causa cualquier problema, confío en que sepas lidiar con él. Si persiste... tráemelo.– Se giró hacia Gael, y al hacerlo no contuvo una media sonrisa.–No estoy aquí para perder el tiempo en educarte en tu trabajo– Sus palabras podrían ser duras, pero su tono simplemente era frío.–Disfruta de la comida..– Murmuró con un deje irónico. Estaba seguro de que la comida no le calmaría, aunque sólo fuera porque él era un insolente, y la comida de los sirvientes no era la mejor del mundo conocido.
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Re: Business of Misery

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