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Mensaje por Infamous el Dom 20 Mayo - 17:52

A DANCE YOU WON'T FORGET
Realista ● Drama ● Romance ● Against ● 1x1

"Cómete el escenario, no dejes que sea él quien te coma a ti".


Hay tres cosas que todo buen bailarín necesita si quiere convertirse en cisne en el mundo de la danza: técnica, pasión y habilidad natural. No obstante no vale solo con ser un animal bello y elegante cuando la música cobra vida y se hace dueña de tu cuerpo, sino que debes ser el que predomine, el que destaque entre todos ellos puesto que de otro modo, a la larga tu esfuerzo no habrá servido para nada. A fin de cuentas, ¿quién quiere ser un mero espectador cuando puede ser el escenario?

Ambos poseen la habilidad que se requiere para empezar a cumplir el sueño de triunfar como bailarines profesionales; sin embargo a cada uno le falta algo en su vida, algo que el otro tiene, por lo que deberán unir sus almas en un único ente para poder llegar a lo más alto del podio. Ella; el ballet, la técnica, la letra de la canción. Él; el street dance, la pasión, la melodía de la composición. Los dos pueden darse por separado pero únicamente en conjunto es cuando consigue crearse la música.

Envidia, odio, amistad, amor, traición, celos y no olvidemos nuestra ración de plié y relevé. Déjate de mierdas afrancesadas y vente conmigo, voy a enseñarte lo que es en verdad volar y sentir la adrenalina corriendo por tus venas. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste así de libre? Estando contigo me siento capaz de superar cualquier obstáculo por difícil que sea... menos a ti.
Characters
Sylvie † 20 † Adelaide Kane † Alétheia
Jae-Sung † 20 † Kim Donghan † Infamous





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Re: — A dance you won't forget ↫

Mensaje por Alétheia el Lun 21 Mayo - 3:09


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Está tranquila. Llegó una hora antes que el resto, y como era de esperar, algunos, los más trabajadores, ya se encontraban allí. A Sylvie le dejaron enfrente de la escuela, limusina incluida: fue un recorrido silencioso, pero lleno de significado. Su padre era coreógrafo de la Compañía Nacional Australiana, así que eran pocas las ocasiones que pasaban juntos. Su madre, por otra parte, tras su gran retirada del mundo del espectáculo se había decidido dedicar a lo que en verdad le gustaba: la pintura y el resto de artes, pero ante todo la primera. Era finalmente su hora de disfrutar, y le había asegurado muchas veces, cuando de pequeña le ponía tiritas en los pies dolidos y sangrantes, que también le llegaría su hora. Los Adler habían estado en boca de todos en su momento: habían sido la pareja ideal. Coreógrafo y musa unidos por la danza. Sylvie siempre había querido algo así, quizá un compañero de la Academia; alguien perfecto, como ella quería serlo. Obviamente su prioridad número uno, sería estar en la cumbre: tenía más información que nadie, ya que su madre le había explicado el funcionamiento de esas academias.

Claro, que en ningún escenario nadie se habría imaginado una variante tan fuera de lugar, que descolocase la preestablecida jerarquía entera.

—Recuerda saludar al señor Tribbiani si hace las audiciones este año... Aunque un pajarito me ha dicho que desde el año pasado está atento por si cierto apellido se cuela—. Le recuerda su madre con una sonrisa, sin levantar la mirada de la tablet. No tiene tiempo para eso; su padre está trabajando en algo a lápiz en su inseparable cuaderno de notas y Sylvie se había contentado con pasar los dedos por la tela del coche, mirando hacia afuera. Habían intercambiado un par de palabras más, pero luego habían llegado a su destino, y con un par de besos escuetos, había bajado del vehículo.

Estaba estirando de manera muy tranquila, muy lenta y asegurándose de que ese día no hubiese ni un fallo. Había ensayado la pieza miles de veces en casa, la habitación privada que tenían para ensayos, con distintos tempos y variaciones distintas, siempre con ella misma como público, y la noche anterior, su madre. Las chicas inmediatamente correteaban a su alrededor cuando veían que era una Adler, y sabía de sobra que el apellido le abriría puertas si vivía a la altura del nombre. Pero eso era un arma de doble filo, y sabía que la presión y expectativas estarían bien altas: en los internados siempre había tenido esa presión por venir de una familia rica, pero nunca realmente por sus habilidades o tener que demostrar nada; allí sí que tendría que hacerlo, se le juzgaría cada paso. Le dedica una sonrisa más encantadora al resto de chicas: Sylvie es una preciosidad a su edad, la viva imagen de su madre muchos dirían. Pelo castaño y sedoso, en ese instante recogido en un perfecto moño; una figura que no roza lo anoréxico, que tiene carne y músculos donde los deben haber, de aspecto saludable con unas piernas largas y bonitas; y bueno, últimamente, los pies feos de todas las bailarinas, por supuesto. Eso es inevitable, además de ese andar gracioso que tienen todas, como de patito. El andar natural de las bailarinas.

Se acerca la hora de demostrar lo que vale: una pieza de menos de seis minutos y superior a tres. La tiene preparada, y el mundo es suyo. El escenario y las siguientes obras que celebrará la Academia, tienen su nombre escrito, lo siente y lo sabe. Nada puede estropear ese día.


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Mensaje por Infamous el Lun 21 Mayo - 11:03


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¿Me has oído? Eso del baile es para maricas. –Le había repetido su padre hasta la saciedad desde que se hubo enterado de que su único hijo varón iba a hacer las pruebas para entrar en una academia de danza bastante elitista, aunque lo cierto era que este nunca tenía nada bueno que decirle. No obstante Jaesung no sabía qué era peor, si las constantes críticas de su primogénito o la suma indiferencia que presentaba su madre hacia él. Al menos podía decir que desde que ella hubo nacido, había contado siempre con el apoyo incondicional de Eunji, su hermana pequeña y la única persona que le importaba en la vida aparte de sí mismo. Una pena que hubiese tenido que quedarse en Bukchon y no hubiera podido acompañarle a las pruebas, puesto que era básicamente como su amuleto de la suerte.

Muchas personas de su entorno le habían hecho la misma pregunta tras de que el cotilleo de su partida se hubiese expandido por la zona; que por qué razón no se presentaba a una escuela de baile de Seoul, allí en Corea del sur, en vez de marcharse a un continente distinto y que se encontraba al otro lado del mundo. Sin embargo el moreno tenía bien claro que no quería quedarse en Corea, por lo que aquella oportunidad no solo le ayudaría a formarse como bailarín sino que también le abriría las puertas hacia la libertad sujeta a su pasión. De hecho le daba igual que la mayoría no le comprendiese, dado que el único que debía entenderlo era él y nadie más. El resto podía irse a la mierda y perderse en ella si fuera necesario, ya que Jae haría todo lo que estuviese en su mano para alcanzar sus respectivas metas y sin pararse en ningún momento a darle la más mínima importancia a la opinión del resto.

La hora para las pruebas se aproximaba y el de origen asiático presentía que si no llegaba unos cuantos minutos tarde, por lo menos sí que llegaría con el tiempo justo. Debido a esto esperaba que no le tocara salir de entre los primeros porque de ser así, lo llevaba claro. De todos modos, finalmente tardó menos de lo que había supuesto en un principio, incluso a pesar del tráfico que se había cernido en la carretera esa mañana. Aparcó su moto, fijándose en dejarla bien asegurada antes de entrar al establecimiento. Sería un barrio de ricos y dudaba casi al cien por ciento que fuesen a robársela pero prefería prevenir que curar, solo por si las moscas.

Una fémina de pelo castaño que aparentaba tener una edad muy similar a la suya, se encontraba a punto de emprender con su baile para cuando el de género masculino cruzó la puerta de la sala donde tenían lugar las evaluaciones. Debía admitir que la chiquilla poseía una técnica excelsa y que cada uno de sus movimientos eran realizados a la perfección; pero a expensas de ello parecía un robot programado pues a su danza le faltaba emoción, sentimiento y en especial corazón. Aunque claro estaba, él no era nada más allá de otro mero espectador y aspirante, y no uno de los jueces. Después de la joven; bastante guapa a decir verdad, vio las diversas coreografías y estilos de unos cuantos aspirantes más previo a que le nombraran y por consiguiente, le tocara demostrar de lo que era capaz delante de los demás presentes. Y así fue cómo lo hizo: dándolo todo y sintiéndose liberado durante la ejecución.


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Re: — A dance you won't forget ↫

Mensaje por Alétheia el Lun 21 Mayo - 13:26


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Pieza de Sylvie.


Siempre le duele cuando se pone en puntillas por primera vez en el día. Su madre siempre le ha dicho que el dolor es constante, y que conforme pasan los años, no hay día en el que no te despiertes sin ello, un recordatorio continuo de lo que sacrificas. Sylvie está dispuesto a ello. Las audiciones son individuales, y afortunadamente, es de las primeras en entrar. Su mente realmente está allí, en cada vez que levanta su pierna, sube y pone presión a su rodilla, y sus brazos se mueven ondeantes. Pero a Sylvie nunca se lo ha dicho nadie, pero es tan perfecta y marca tanto todos los movimientos, que en una pieza fluida y romántica como la que ha elegido se nota demasiado una especie de represión. Hace los movimientos fluidos, y hace que parezca fácil, el objetivo del ballet, pero esa tensión dificulta un poco la función principal de la audición. Sin embargo, es una Adler y la técnica implecable se ve allí, con lo cual, es un sólido paso a la siguiente prueba. Cuando termina, solo está algo falta de aliento, pero sonríe aún así al jurado, que mantiene una actitud impasible a excepción del director de la academia, que le sonríe de manera amplia y cariñosa, como si se tratase de una nieta.

Charmant. Recuerdos a tu madre, por favor.—. Le halaga, lo cual es suficiente. No puede haber un obvio favoritismo por su parte, ya que sería muy arriesgado dada la historia de su familia y la academia. Baja su cabeza de forma elegante, con una sonrisa, y sale afuera.

A partir de allí solo tiene que esperar y tener paciencia con el resto. A veces sí que siente rabia por algunas que cogieron piezas simples y nada originales por pasar a la segunda ronda. Y siente una ligera pena por algunas, como la chica número cinco que se cae en la tercera vuelta; ve a muchos del jurado negando la cabeza con pena, y bueno, eso podría ocurrir en una función, es la parte cruel del ballet: solo tienes una oportunidad. Sylvie se pone calentadores, una pequeña rebeca de color azul pastel, y hace pequeños estiramientos, discretos, para no coger frío. Sin darse cuenta, a lo que más atención le pone es a los chicos: deberían ser las chicas, pero el nivel no parece muy alto, y bueno, es casi de las primeras veces que puede hablar y contactar con chicos. Sylvie fue a una academia solo para chicas, previa a esta, y ver que las clases son mixtas en la mayoría de casos, le emociona un poco. Frunce un poco el entrecejo y arruga su nariz como inconscientemente hace cuando miente o algo le desagrada: de todos los que se presentan, cuatro, un coreano, un chico pelirrojo, rubio con ojos marrones y otro que tiene el pelo teñido, son los que menos pinta tienen de saber lo que hacen. No es especialmente malo; pero es descuidado, sin control y podría jurar que al menos el coreano y el del pelo teñido, se han inventado pasos. Una de las chicas con las que mejor se lleva de momento, Mon insiste que la llamen, de Monica o Mona supone, se queda a su lado y lanza comentarios dañinos aquí y allá, lo cual le hace sonreír en varias ocasiones, sin darse cuenta y aunque sea cruel. La gente tiende a quien más poder tiene en el momemento, el sol que más calienta, y en ese caso, es Sylvie.

Cuando terminan, mencionan los apellidos de los que pasarán: Adler es el primero. Pasan treinta chicas, y treinta y cinco chicos. De los cuales, está seguro que se irán al menos diez o más de cinco en la segunda ronda. El jazz es aburrido, a Sylvie no se le da mal, pero es una prueba para ver cómo de rápido aprenden una coreografía. En este caso se hará separada: una para chicos, otra sala solo para chicas. Esta es más rápida, y a Sylvie rápidamente la pasan de tercera fila, a segunda. No es la primera, pero no le molesta: no es a lo que ha venido realmente. Termina sin mucho problemas, y hay siete chicas sentadas en el espejo con cara de destrozadas: salvan a dos, porque no lo hicieron del todo mal. Siente que se van a echar a llorar, a lo que Sylvie pone los ojos en blanco, molesta. Su nariz se vuelve a arrugar, y no tarda en darles la espalda, y con esto, negarles el acceso al grupito de chicas que ya se ha formado.

La tercera prueba es hip-hop, y la que más nerviosa le pone. El año pasado fue un corro en el que hicieron algo así como estilo libre, y mostrar lo mejor que tenían de sí: Sylvie no sabía, había practicado para la prueba, pero ni de lejos tanto como para jazz o ballet. No sabe soltarse, pero la buena media y superar dos pruebas, le da ventaja supone en la tercera, de poder permitirse aflojar un poco el nivel de baile. Hará algo mediocre, lo suficientemente bueno como para pasar: todo el mundo sabe, que esa es la prueba que menos cuenta, y de eso se convence mientras se quita la rebeca y pasa a ponerse algo más holgado y cómodo que la estrecha ropa que permitía que viese su figura el jurado. Se permite incluso aflojar el moño perfecto, y deja caer sus hombros, siempre arriba y tensos. Esta es una prueba mixta, y cuando entra, ya puede ver a los chicos que se han quedado. No los quiere contar, pero parecen haber quitado a unos cuantos. Sylvie estira sus pies, y muchas de sus articulaciones, esperando hasta que llegue el siguiente profesor y les indique la prueba. Supone que les habrán dado unos minutos de descanso. Algunos beben agua, y Sylvie mira mal a las que aprovechan para comer algo. Su posición se ha establecido como abeja reina de momento, y está contenta con ello. Como las cosas deberían ser y como serán los próximos años

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Última edición por Alétheia el Mar 22 Mayo - 0:56, editado 1 vez
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Mensaje por Infamous el Lun 21 Mayo - 20:51


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La danza clásica no era lo suyo, eso estaba claro pero tampoco podía esperarse que fuera un gran bailarín dentro de ese estilo si jamás había dado ni una sola clase de ballet en su vida. Debía admitir que el ballet no era la rama del baile que más llamara su atención, aunque no a causa de que lo considerara una porquería cursi y sin sentido como lo solían denominar los otros chicos que bailaban hip-hop y sus derivados con Jae-Sung en su ciudad natal, sino porque le parecía demasiado rígido y estructurado para lo espontáneo e independiente que siempre había sido él; un espíritu alocado en busca de las estrellas. Además, nunca le habían dado oportunidad alguna para averiguar si podría acabarle gustando o no; por lo menos no hasta ahora.

Al terminar con su desastrosa prueba de lírico, comprobó que no había sido el único con dos pies izquierdos. En absoluto le sirvió de alivio pero de esa forma pudo relajarse un poco de la atenta mirada de los snobs de la clásica. De hecho tuvo que aguantarse una risa cuando un grupito de bailarines le observaron con cara de "aquí sobras" y casi se mean en sus mallas cuando el coreano les enseñó los dientes en un gesto que indicaba que no dudaría en morderles la yugular hasta arrancárselas de cuajo si se los seguían tocando. Estaría nervioso por si al final entraba en la academia o no pero desde luego de pringado o cobarde tenía bien poco.

Por suerte en jazz no le fue tan mal; incluso podría decirse que le salió bastante bien para no estar precisamente en su onda. Sin embargo era un estilo con el que a pesar de todo, sí se encontraba algo familiarizado pues una antigua novia suya, una de origen americano, era una apasionada del jazz y le llevó varias veces a garitos donde era la única música que se bailaba. Aparte, se le podían añadir pasos considerados como urbanos y aún así seguía quedando la mar de guay. Quizá no había destacado como el que más; no obstante no cabía duda de que los estirados de turno ya no le miraban tan por encima del hombro, sobre todo porque la mayoría de ellos lo habían hecho bastante peor que el moreno.

Donde sí que fue indiscutible que hubo brillado como ningún otro en esa sala fue en hip-hop y es que Jae no lo bailaba como tal, sino que lo sentía y lo vivía como si fuese su manera de expresar al mundo todo lo que se guardaba dentro de su ser. Menos mal que le hubieron dejado pasar a la siguiente prueba cuando la cagó en la primera porque de otra forma no le habría sido posible demostrar de lo que era capaz. Bueno, todavía le quedaba mucho camino por delante pero al fin y al cabo era un gran avance. Aunque cuando se percató de que el silencio se había cernido en la habitación tras su actuación, dejó por unos instantes de estar tan seguro.

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Re: — A dance you won't forget ↫

Mensaje por Alétheia el Mar 22 Mayo - 1:58


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La última prueba es pura cuestión de estilo, de valentía y movimientos. Tener lo que hay que tener como para poder meterse en el círculo y que nadie te corte. El único chico al que Sylvie le ha prestado atención hasta el momento, alto, musculoso, aunque cree que algo estúpido, le acaba de cortar uno de los peores de la primera prueba: sigue. Le sorprende; no creía que pasaría de la segunda prueba, y gratamente sorprende al coordinador de la prueba. Intimida al resto. Decir que lo hace bien es poco, se queda corto. Debería haber salido antes que él, ya que los siguientes que salgan van a quedar, hagan lo que hagan, peor. Las chicas en su mayoría parecen las más cortadas e intimidades, y Sylvie intenta aparentar que no, pero sí que lo está. Su mente trabaja a toda prisa e intenta quedarse con movimientos que espera poder copiar, pero es otro nivel. Y eso lo acepta: invierte sus fuerzas en lo que sabe que se le va a dar bien. Tras el que claramente ha establecido territorio pase, se hace una especie de silencio y el ritmo se pierde: nadie quiere continuar. Los que se miran entre sí y hacen caras raras claramente vienen de academias y conservatorios en los que el único estilo que han dado es ballet. Le sigue el chico del pelo teñido un par de compases más tarde de la música: no queda fluido, pero da pie a dos chicos más, y finalmente una chica se mete. Más o menos se recupera la armonía, aunque se da cuenta tarde de que como han dejado pasar ese tiempo en silencio, habrá dos o tres que no podrán bailar. Ante el miedo de ser una de ellas, se mete la segunda de las chicas, cortando a otra que parecía haberse animado lo suficiente. Lo peor es que no se siente mal en absoluto.

No es buena, pero tampoco está en el peor de los peores. Roza la línea sin embargo, y eso le jode más de lo que querría admitir. El vestuario del resto de chicas parece ser más suelto que el suyo, más sexy si debe usarse la palabra, y cuando sale y vuelve a su posición, uno de los chicos le susurra de manera despectiva algo que la deja petrificada: —Princesa—. Intenta no tomárselo a mal, pero sabe que es obviamente por sus tonos pasteles, por sus movimientos más femeninos al resto y sus hombros que han vuelto a tensarse en algún momento, además de sus pies abiertos como si fuese un pato.

Sylvie ha tenido sus "enemigos"; quizá solo debería usar el femenino, ya que pocas veces ha interactuado con hombres. Sus mejillas cogen color, pero se puede achacar claramente al esfuerzo de tener las tres rondas seguidas. En esta han triunfado claramente los que peor lo hicieron en la primera, y los chicos parecen separarles inmediatamente: las leyes de las academias de baile. Si pasan, si les aceptan, serán los proscritos. Siempre ha funcionado así: hip-hop es la clase que todos los de clásico se quitan de encima nada más tienen la oportunidad. Al terminar, cuando tienen que esperar para el resultado, se separan en grupos claros: los que han mirado mal al chico por un lado, cerca de las chicas de ballet intentando entablar conversación, y el resto. Las chicas que lo hicieron mal en la pasada prueba están en una especie de limbo, y aunque le sueltan halagos intentando ganarse su favor, Sylvie solo levanta más el cuello y les da la espalda. Es un comportamiento puramente elitista, lo sabe, y cuando mira al chico que lo hizo tan bien la prueba, su nariz se arruga en señal de disgusto. No es ni consciente, solo es como el resto está surrando, alguien fuera de lugar.

—Estos años ya dejan entrar a cualquiera, sin referencias ni nada—. Se le escapa en una voz que se puede oír de manera clara por la sala. Los chicos estallan en carcajadas, y las chicas se ríen por lo bajo: quizá sorprendidos de que aparentando ser tan dulce y sumisa, tenga una lengua ácida y no sea tan inocente como de primeras.

Sylvie siempre lo ha tenido, pero siempre se lo ha guardado. Y se siente bien soltar eso sin su madre corrigiéndole cerca, o chasqueando su lengua en claro disgusto. No es propio de una señorita, le corregía dándole un pequeño toque en la nariz. Tenía la apariencia de su madre, pero el carácter de su padre: parecía siempre que lo tenía bajo control, pero era fuego y creatividad; tenía el carácter de un perro viejo, harto de todo, y arrogante, con una lengua que daba latigazos a aquellos que se acercaban a criticar su trabajo o el de sus favoritos, o que le molestaban incluso antes de su segundo café a las diez. Sylvie le admiraba mucho, y tenía su temperamento propio, pero sabía que no debía dejarlo salir, porque el ballet no se trataba de eso: era control, compostura, rigidez y más control. Y quizá envidiaba un poquito eso del chico que había salido y que había dejado a todos sin habla: él también lo quería hacer.

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Re: — A dance you won't forget ↫

Mensaje por Infamous el Mar 22 Mayo - 23:48


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Era plenamente consciente de sus pintas de macarra a pesar de sus esfuerzos; escasos cabía añadir pero en fin, la intención es lo que cuenta, y del aura de "chico malo" que desprendía donde quiera que fuese; sin embargo, más allá de la realidad Jae era un buen tío, claro está, siempre y cuando no le tocaran los huevos. También sabía que se había lucido como nadie en esa última prueba y aunque debía admitir que su confianza -excesiva en algunas ocasiones y según para qué- había flaqueado un poco ante el mutismo colectivo de la sala, no pensó que fuese porque lo hubiera hecho mal, sino porque pensó que a ojos del resto destacar en el urbano y no en el clásico era como escupirles a cada uno en plena cara. A fin de cuentas no sería la primera vez en su vida que le decían "tú aquí sobras" pero tampoco sería la primera en la que él se involucraría con mayor profundidad en aquello en lo que lo habían despreciado, aún cuando fuese solo por joder al personal.

Tras de que todos finalizaran de bailar en las tres pruebas individuales, un ligero toque en su hombro -aunque lo suficientemente fuerte como para que el moreno lo notara- le hizo girar sobre sus talones para encontrarse frente a frente con quien fuera que hubiese pretendido llamar su atención: una fémina de dulce rostro y cabello casi blanco que tenía toda la pinta de pertenecer al grupo de los de ballet.

El coreano permaneció con el rostro estoico, frío y desafiante, pues no se fiaba por completo de las intenciones que habría tenido esta para acercarse a él. — Eres increíble, ¿sabes? No mucha gente posee tanto potencial como tú. Lo malo es que si no sabes ballet dudo que te cojan pero... espero que lo hagan. -Le dijo la rubia con una sonrisa de oreja a oreja antes de regresar con sus amigas, las cuales soltaron risillas cómplices al verla volver.

Negó con la cabeza dos veces seguidas mientras rodaba los ojos y una diminuta sonrisa curvaba sus labios, debido a que la escena le había hecho gracia -en el mejor de los sentidos-. No obstante no tardó en llegar hasta sus oídos la voz de otra fémina. — Estos años ya dejan entrar a cualquiera, sin referencias ni nada. -Y ahí fue cuando su anterior sonrisa se transformó en una mueca socarrona a la par que escéptica, más no le dio importancia ni medio segundo de su tiempo.

No todos tenían la suerte de tener unos padres con grandes sumas de dinero en sus bolsillos ni oportunidades a punta pala para asistir a escuelas privadas de baile. Pero claro, la gente rica siempre se creía que los demás vivían en las mismas burbujas utópicas que ellos en vez de en la cruda realidad donde uno debía dejarse la piel hasta para conseguir un mísero trozo de pan que llevarse a la boca. Quizá por ese motivo lo dejó correr. — Princesa. -Escuchó que le soltaban a la del comentario despectivo y no pudo evitar repetir su movimiento de cabeza, solo que ahora en señal de desaprobación. Menuda pandilla de niñatos estaban hechos.

El tipo pareció percatarse de la cara de asco que había puesto el de origen asiático al presenciar su "espectáculo" de insultos y fue a rendirle cuentas con actitud de matón de marca blanca. — ¿Buscas pelea? -Le cuestionó de forma retórica el susodicho. Como toda respuesta, Jae le sonrió de una manera bastante dulce para los acontecimientos que se estaban dando, a expensas de que si te fijabas bien en ella podías percibir la señal de "peligro" que asomaba por las comisuras de sus labios. Decir que daba miedo sería quedarse corto.

No me gusta pegar a personas especiales. Llámame si encuentras un cerebro lo medianamente funcional como para sumar cero con la cantidad de neuronas que tienes. -El otro se quedó callado durante unos instantes como si los necesitara para procesar la información. Una vez que pareció entenderlo, se puso rojo de furia y fue derechito a partirle la cara al de rasgos orientales pero este le paró el puño en seco y se lo retorció, más no lo suficiente como para romperle la muñeca. Después se acercó al oído del boca chancla y le susurró lo siguiente. — ¿Quieres que nos expulsen de la academia? Imagino que yo te la sudaré tanto como tú a mí pero un tango es cosa de dos. –Ante sus palabras el contrario se serenó al instante y no sin antes dirigirle una mirada de "estás en mi lista negra", se marchó de allí con el rabo entre las piernas.

Luego de aquel pequeño altercado, los evaluadores informaron de que se haría un pas de deux con los aspirantes que hubiesen pasado las tres pruebas. Fueron saliendo nombres hasta que en la lista únicamente quedaron dos personas: Jaesung y Sylvie, la estirada de la lengua viperina. Qué suerte la suya.

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Re: — A dance you won't forget ↫

Mensaje por Alétheia el Vie 25 Mayo - 0:47


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Sylvie no era tan elitista como el resto, o al menos intentaba no serlo, pero sus padres siempre le habían educado para ser así: para levantar siempre de más la barbilla al pasar al lado de la gente, para mirar a estos como si fuesen siempre menos. No se equivocaban del todo: la familia de los Adler siempre había contado con triunfadores, personas importantes en la mayoría de los casos relacionados con el mundo del espectáculo. Personas famosas, en resumen. Su madre y su padre habían sido los únicos que habían tirado por una zona más estricta y cruel, ya que ambos habían querido dedicarse a algo que no incluyese planos ni cámaras constantemente encendedidas, ni la libertad de seguir lo que uno creyese siempre. Lo suyo era pasión, y eso era lo que le habían inculcado a Sylvie, que había crecido entre bambalinas y con las mujeres de pies feos y deformados, normalmente abiertos, igual que los patos. Cisnes, le solía decir su madre, cuando apartaba la mirada de aquella zona que era la que más asco le daba a Sylvie de niña, que se preguntaba si alguna vez los suyos serían igual. En resumen, el ambiente en el que ella se había criado, tenía poco o nada que ver con muchos de los que se encontraban allí, por increíble que pareciese. Todos esperaban que hubiese crecido en una burbuja perfecta de felicidad, en una preciosa cuna de oro: y casi había sido así, quitando solo el pequeño detalle de que había sido una perfecta jaula.

Había sido una muñeca vestida de rosa, de tobillos siempre delicados y finos, de faciones suaves y dulces que muchas veces de niña se veían hinchadas y rojas, debido a que Sylvie tendía a llorar mucho. Aunque ahora nunca nadie lo diría, no pareció contar de primeras con ningún tipo de ventaja genética como había demostrado que tenía más tarde: y lo peor siempre fue, que nunca se acostumbraba al dolor de sus pies. Le presentaron de manera bastante dura y nada cariñosa, además de temprana, al cruel compañero de su madre, algo a lo que ella no estaba preparada, pero que hicieron de todas formas. La presión en ella la notó desde que entró en su primera academia: el apellido precedía al nombre. No está segura de cuántas profesores se quedaron con su nombre en lo que lleva en sus diecinueve años de ballet, pero el apellido era lo que todos reconocían y con lo que se quedaban inmediatamente.

Quiere desesperadamente hacerse un nombre y dejar de ser una Adler. Solo ser Sylvie. Ergo, la presión era doble: por parte de su familia, de las expectativas que la gente ponía en ella por la dinastía de la que venía, y la propia, por quitarse de encima este mismo cargo y superar a su madre. Eso era lo que siempre había querido secretamente. Dentro de sí lo quería, lo deseaba.

Y justo, ese tipo de chicos, eran los que retrasarían su proceso hacia la perfección y superación. Mira con asco por igual a los dos chicos, solo para darse cuenta de que es de nuevo el chico asiático. Una vez más. Menudo ególatra: ¿tenía que llamar siempre la atención? Y el otro chico había sido estúpido por intentar crear problemas. Una pelea física, algún alboroto o escándalo que produjesen y tenía asegurado su suspensión inmediata. Quizá la expulsión, pero se reservaba a casos graves.

Con suerte, quizá se iría antes de lo debido. Destacaba por todas las razones equivocadas; no necesitaba más señales para saber que no era su lugar. Y era mejor que se fuese cuanto antes para no malgastar ni su tiempo, ni el del resto. Había alumnos que hasta el tercer año, no les daban claras indicaciones de que ese lugar no era el suyo: y para entonces, era demasiado tarde como para buscar otra cosa. Tres o cuatro años de vida, entregárselos a una academia, eran demasiados; era un sacrificio que todos allí estaban dispuestos a hacer, claro. A pesar de que no tenían asegurado nada.

Sylvie se puso nerviosa cuando la gente iba dejando el grupo y llamaban a la gente. Le quitó el aliento saber que no era de las primeras mencionadas, pero no parecían seguir ningún tipo de patrón: las chicas que quedaban emparejadas con los chicos eran generalmente normales, nada sobresaliente. Y lo mismo con ellos. El único al que quizá le había echado un segundo vistazo porque su técnica había sido realmente buena, había sido un chico alto y castaño, podía asegurar que británico por su acento; le habían emparejado con la chica, Mon, que más o menos había soportado de entre todas. Ese pensaba que sería su primer pas de deux. Era un momento único: como el primer beso de una chica. Sylvie nunca había bailado con ningún hombre: no estaba acostumbrado al contacto masculino. De todos, todos, no pensaba que le tocaría con Jae. El problemático. Al que no le daba más de un mes.

— No—. Fue clara, simple. Un tono serio, que hizo que todo el mundo inmediatamente se callase, para mirarla. Se sintió expuesta, pero era algo que no entendía—. No. Tengo diecinueve años de experiencia, y puedo decir con bastante certeza de que este chico no se ha puesto mallas y un suspensorio especial jamás hasta hoy. Esto es una audición, y su falta de experiencia va a afectarle a la mía. Creía que estas eran pruebas de entrada serias.

Se produce un silencio general: está segura de que el director le daría la razón, por no hacerle ese feo a la hija de la gran bailarina Adler. La gente no sabe cómo reaccionar, principalmente, porque nadie espera este temperamento de una bailarina de primer año, todas dóciles y sin mucho carácter. Esto denota en ella una especie de llama que no sabe controlar, porque debería enfocarlo al baile, pero no sabe aún. El silencio y que todo el mundo la siga mirando, hace que se ponga ligeramente roja, porque a pesar de todo aún puede escuchar a su madre de fondo regañándola. Y no quiere ni mirarle a él. En muchos sitios, eso sería hacerle un feo a alguien, pero no lo puede evitar.

—Las parejas serán meramente para la audición. Ver cómo trabajáis con distintas personas. Elegir es un lujo que muchos no se podrán permitir—. Intenta decir uno de los que manejaron la prueba de jazz, que parece ser el que primero se recompone. Pero a Sylvie aún no la callan, porque sinceramente, sigue sin entender el que les hayan puesto juntos.

—Pues no. Quiero a otra persona, alguien de mi nivel. Sus pies no se abren naturalmente, sus brazos no siguen el tiempo del baile, su cuerpo está relajado en cada pieza y no le he visto en tensión ni un momento. Ni uno solo. Mis hombros no se han bajado ni una vez—. Y así lo has hecho en hip-hop, por ejemplo, su mente le machaca. Pero es cierto. Al igual que todo lo que ha dicho.

Él no está hecho para esto, es lo que literalmente ha implicado con todo lo que ha dicho. Desacreditado públicamente, y con una diana perfecta para el resto: Sylvie se lo acababa de servir al resto en una bandeja de plata, la presa perfecta y a perseguir el resto del año por todos los que tuviesen la misma opinión que ella. Que, para su fortuna, era al menos el ochenta por ciento de los presentes si pasaban todos.
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Mensaje por Infamous el Vie 25 Mayo - 11:31


I dance because
in another life I could fly

Las palabras de la que al parecer se llamaba Sylvie fueron altas y claras, tanto que no hubo ni un solo par de ojos en la sala que no recayesen sobre la figura de Jae-Sung. Más allá de ponerse nervioso debido a las miradas que pretendían juzgarlo o de enfadarse por lo dicho por la fémina, el chico permaneció tranquilo y con el rostro impasible, dejando sencillamente que fuesen primero los evaluadores los que respondieran a la petición; o más bien mandato, de cambio de pareja formulada. El moreno no era ningún crío y no pensaba actuar como uno, pues prefería mantener su cabeza fría ante situaciones de las cuales su futuro pendía sobre un hilo y analizar la situación con todo lujo de detalle. Comprendía la postura de ella, comprendía que se negara a realizar la prueba por parejas con él, dado que no sabía nada en lo referente a la ejecución del ballet, al igual que también comprendía que hubiese reaccionado de esa manera; no obstante no la compartía y desde luego, que lo echaran de la academia no era una opción.

Cuando el juez que se había encargado de la prueba de jazz sentenció el destino de ambos jóvenes con el pas de deux y la bailarina de clásica volvió a replicar, el chico vio que ya era hora de entrar en escena. Se acercó a paso decidido y en tempo moderato hacia donde Sylvie se encontraba, posicionándose justo a su lado. — Será un baile de dos pero te juzgarán por lo que tú hagas, no por lo que yo haga estando contigo. -Expresó dirigiéndose a la castaña con total seguridad y confianza tanto en aquella frase como en sí mismo, previo a tenderle su mano como invitación a que aceptara bailar a su lado pese a cualquier contra que su mente pudiese haber cabilado con respecto al de origen coreano.

Al realizar tal gesto, su mirada se topó con la de la chica y pudo darse cuenta de que él no era el único que se estaba jugando el pellejo para entrar a la academia, sino que ella también a pesar de lo brillante que fuera o por mucha preparación que tuviese. — Vamos, te he visto bailar y eres muy buena. Te aseguro que es lo único que tendrán en consideración para esta prueba. -Garantizó mientras esbozaba una leve sonrisa; sin embargo su compañera seguía dudando. — No pienso dejarte tirada. -Fue lo último que enunció el de género masculino pero resultó ser suficiente para que la de sexo contrario accediese por fin a coger su mano.

En realidad le importaba una porra lo que opinara o dejase de opinar esa mujer sobre su persona. Aparte no le había soltado aquellas palabras para resultarle simpático o encantador, ni tampoco para dorarle la píldora, ya que solo hubo pretendido que la del moño se fiara de su dicción y accediese de una puñetera vez a realizar el pas de deux sin perder más tiempo. Por consiguiente, la música no tardó demasiado en inundar la estancia y hacerse dueña de cada uno de sus recovecos, indicando de ese modo que la danza daría comienzo en cuestión de segundos.

Durante la breve aunque intensa espera los recuerdos de su pasado fueron viniéndole uno por uno a la memoria: los múltiples insultos recibidos por su padre, la indiferencia mostrada por parte de su madre como si su hijo ni si quiera existiese y el constante desprecio que le demostraban las personas sin saber una mierda acerca de su vida y sin molestarse en aprender nada sobre ella. — No sirves para nada. Sobras en este mundo. Maldito maricón. Eres la deshonra de esta familia. Me avergüenzo de ti, ojalá no fueras hijo mío. Si te vas por esa puerta no te atrevas a volver nunca. Estás solo... -Las heridas se reabren para atrapar más porquería, después se cierran para sentir qué es ser esa porquería. Me hice más fuerte y más indómito siendo mi propio tesoro, a expensas de una mera basura para el resto.

Eso fue lo que pensó cuando tuvo que emprender su vuelo y comenzar a moverse como si la pieza melódica junto a los pasos de ballet fueran parte de su alma, de su corazón, de su esencia y de lo que representaba todo su ser y su simple existencia. No podía cagarla de ninguna forma y mucho menos regresar a su hogar, puesto que carecía de uno. Quizá la implosión de pensamientos negativos fue la causa de que Jae lograra ponerse rígido, sacara su porte altiva a la par que elegante, se posicionara con la postura perfecta para la danza clásica y no cometiese ni un solo error desde el inicio de la coreografía hasta su finalización.


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Mensaje por Alétheia el Vie 25 Mayo - 23:09


I dance because
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Estaba ligeramente impresionada e interesada por él; su forma de expresarse, tenía que darle el crédito por ello, por no haberse derrumbado como muchos otros habían hecho. Tough guy. Tuvo unas ligeras ganas de volver a replicar, pero ahí ya sabría que se comportaría como una niña mimada que tiene siempre que llevar la razón, y no lo era; además, hubo algo que ligeramente la cautivó. La seguridad que desprendía, y su palabrería bonita... Sí, tenía que admitir qu ehabía cedido un poco por ello. En danza clásica, los bailarines raramente reciben cumplidos a no ser que haya una gran razón de peso detrás. El ambiente de Sylvie fue cariñoso, claro, pero tampoco podía alardear de que le habían repetido numerosas veces lo mucho que la querían o lo bueno que era haciendo eso. Ni siquiera sabía si se sentían orgullosos de ella, y era algo que a veces quería preguntar, pero ya no era ninguna niña. No necesitaba su aprobación, ni sus cumplidos, aunque lo hiciese.

Tomó la mano del otro, y su mirada se fijó siempre en el espejo que tenían delante, para no pensar en el roce de sus dígitos en su cadera, ocasionalmente, otras guiando su figura tal y como correspondía. Era guiar, básicamente, así que tenía mucho margen de error: pero quedó imrpesionada cuando la levantó por la cintura ligeramente, justo lo que debía, para que Sylvie pudiese caer gracilmente en el suelo. Lo peor, es que siempre estaba pendiente de ese momento en el que fallase que... Pareció no ocurrir nunca. Sorprendentemente. Sintió que incluso su figura se tensaba en ocasiones, que adquiría una cierta rigidez propia de los bailarines. Y sintió una leve admiración: no quería ni pensarlo, pero quizás, quizás... ¿Fuese un natural?. Bien, arabesque y descanso. Gracias. Hay un aplauso general por toda la sala, Sylvie incluida. Los profesores sonríen, con lo que quizá signifique que no haya ido nada mal la prueba, y esos sean los que definitivamente pasen a la academia. Los resultados estarán mañana por la mañana.

Y con eso, la gente lentamente deja la tensión, suspiran, y muchos dejan ver el cansancio en sus caras, lo que todos ocultan, claro. Sylvie si se mira al espejo se encuentra algo sonrojada, pero es todo debido al esfuerzo. Nada más. Sin embargo, se le eriza la espalda con el contacto cálido de otras manos encima de su fina capa de ropa. Quizá no se ha acostumbrado a la sensación: muchas lo hacen antes, pero la formación de Sylvie siempre ha sido exclusivamente femenina e individual. Se ve tan solo un poco de vergüenza en su mirada, pero no se va a disculpar. Le mira, girándose y sus brazos asentándose en su cintura: su barbilla se alza alta, su posición sigue orgullosa, pero es algo que no puede dejar caer nunca.

— Lo hiciste bien. No sé sus criterios ni sé si lo conseguirás, pero nadie te podrá decir que no lo has intentado—. No sabe si lo correcto es darle un abrazo, un beso en la mejilla o simplemente irse, pero lo que hace es sonreír de manera ligeramente tensa y algo rara, antes de irse con el grupito de chicas que están en la puerta mirándoles y riéndose por lo bajo—. Ciao—. Se despide, recogiendo su bolsa y desapareciendo de la sala.

El sonrojo le dura unos pasos, hasta el vestuario, donde se cambia y se pone ropa más cómoda. Tienen permitido pasar la noche en la residencia de estudiantes, en las parejas que pondrán tras la hora de comer. Pueden ver que hay más estudiantes, preparándose en otras salas mientras se dirigen al exterior, a la cafetería que hay al aire libre. Tienen dos horas muertas, y Sylvie sin quererlo, se encuentra comiendo pero cada cuanto mirando a sus lados, a la espera de verle. A Jae. Es algo que no sabe explicar, no sabe si lo llaman química, pero se ha quedado bastante callada desde la audición, y el resto lo nota. No hacen comentarios, pero hay miradas y risas; y está por preguntar, pero mucho antes de eso, se acercan un par de alumnos de tercero que hacen que todas estallen en risas virginales y tímidas, mientras Sylvie sigue abstracta en su pequeño mundo.

—Oh, no mi compañero al final no estuvo mal. Quiero decir, para su nivel—. Se corrige rápidamente al ver cómo las caras del resto cambian ante la idea de aceptar al intruso, el que ella mismo marcó para el resto—. Pero dudo que entre. Aunque quizá tengan que llenar la cuota mínima de gente que venga de colegios públicos.

La gente se ríe con ela, y Sylvie sonríe de manera casi orgullosa, pues siente que puede hablar con total libertad. Uno de los chicos le mira con bastante interés, pero ella solo esquiva su mirada. Se nota, en todo, que Sylvie no está acostumbrada al contacto masculino y que intenta rehuir de este de todas las maneras posibles. Mientras gira la cabeza hacia el exterior con el resto de gente, cree verle. Y no sabe por qué, pero le sonríe. Saludarle sería demasiado y el resto se daría cuenta. Eso es lo mejor, lo único que puede hacer.  
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