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Sueño Americano

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Sueño Americano

Mensaje por Plpp56 el Miér 23 Mayo - 15:55

Plot | 1x1 | Drama & Angst | Realista

Violencia y pobreza es lo que se vive día con día en los barrios que el gobierno mexicano quiere esconder. Los habitantes son los que viven el perfecto significado de infierno en la Tierra. Los mexicanos tienen como característica tomar con un sentido del humor chusco la situación o situaciones por las que pasan. O comes o tienes lujos, no hay medias tintas cuando se trata de gente humilde y trabajadora que a duras penas tienen estudios primarios.

La migración es un tema tan común que cada familia tiene, de menos, un tío, primo o sobrino que ha tenido que exponerse a un viaje del que llegar vivos es ya haber cumplido el más grande sueño al que aspira todo indocumentado. Pisando tierra gringa tenían ya las posibilidades de levantar a su familia de la miserable vida que el gobierno del país prefería ignorar. Corriendo bajo el abrasador sol, luchando contra la ferocidad del río Bravo o lanzándose a La Bestia que va a toda velocidad dejando atrás cuerpos que no aguantaron tremendo viaje.

Esta es la historia de dos mexicanos buscando el tan afamado sueño americano para levantar a su familia, para infortunio suyo sólo uno de ellos saldrá con vida de ésta travesía.
Personajes.
José María Ramírez | 25 años | Aron Díaz | Mz. Hyde
Antonio de Jesús Medina | 25 años | Alfonso Herrera | Plpp56




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Re: Sueño Americano

Mensaje por Mz. Hyde el Jue 24 Mayo - 7:26

SUEÑO AMERICANO
JOSE MARIA RAMIREZ
EN ALGUN LUGAR. ALGUNA HORA
CON ANTONIO MEDINA
A Chema ya le da coraje ver las noticias en la vieja televisión de la sala. No porque el aparato sea del año de la canica, o porque le caiga gorda Denise Maerker, sino que todos los días las mismas cosas, la misma miseria y la misma porquería. Leyes absurdas que atentan contra la ya tambaleante estabilidad de los mexicanos son aprobadas todos los días por el senado, dan asco y dan hueva. Políticos corruptos que ganaban sueldos tan altos que era una grosería, mientras la gente en el campo apenas puede comer. Que se lo digan a él y a su madre, que hacen malabares para que en la mesa haya al menos tortillas y frijoles, lo que sea con tal de que sus nueve hermanos, sí, ¡nueve! porque sus padres no tenían tele y tampoco para condones, ni eran derechohabientes del IMSS como para pedirlos gratis. Además, su madre, ferviente devota de la Virgencita de Guadalupe, que incluso subía al pueblo cada domingo puntualita para ir a misa de siete, no le gustaba que su viejo se pusiera los forritos esos. Ah no, la ignorancia se presentaba en la absurda creencia religiosa de tener los chamacos que Diosito nos mande, aunque no tengamos luego para darles de tragar. Aunque luego no alcance ni con el apoyo de Prospera.

Siendo Chema el mayor de todos ellos se siente más responsable por su bienestar, por eso trabaja de sol a sol en la labor, en la siembra como los hombres de campo. Porque no hay más que campo y no hay más que siembra en los territorios rurales y olvidados de su México, donde las ciudades no brindan más que una falsa ilusión de progreso, que en realidad el trabajo escasea y cada gasolinazo le da más en la madre a los bolsillos ya rotos de millones de mexicanos. Lo sabe bien porque ya hace tres años se fue a la capital, a la mismísima Ciudad de México, pero nada más bajarse del camión le robaron la lana que llevaba para sobrevivir hasta que encontrase chamba. Conste que la fisonomía del primogénito de Julio Ramírez era fornida a pesar de la mala alimentación y la chinga diaria en el campo, pero ni el más reata puede contra dos cabrones bien armados hasta los dientes, menos uno tan menso e ignorante como el Chema. No le quedó más que dormir a la intemperie, porque las casas de refugio para indigentes estaban a rebosar de otros desafortunados como él que iban a buscar el sueño y acababan encontrando la peor pesadilla. Lloró como un chiquillo, abrazándose las rodillas en el portal de uno de tantos edificios dañados desde el ochenta y cinco, rogando toda la noche que no se le cayera el resto del escombro en la cabeza.

Como a los tres días el hambre empezó a hacer estragos en su estómago, anduvo y anduvo caminando el Chema, buscando empleo de cualquier cosa, en el mercado, en las tiendas, de viene-viene, de lo que fuera. Sin más estudios que la primaria estaba prácticamente condenado. Haciendo trabajitos logró sacar para echarse un taco y para el mes ya estaba desilusionado volviendo de aventón con un trailero que pasaría por la única carretera que atravesaba la orilla del pueblo. Pinche infraestructura del país, aun hoy hay cientos de pueblos incomunicados de la gran urbe.

Juan, Manuel y Sergio ya estaban enrolados en la labor del campo, Guadalupe, Francisca y Meche se quedaban en la casa ayudándole a doña Refugio a lavar, cocinar y hacer todo el quehacer. Ya no estudiaban, a lo sumo pudieron terminar la primaria porque en su pueblo no había secundaria, nomás pusieron la primera piedra y nunca regresaron a poner las demás. Tita, Lola y Pedro eran todavía escuincles, Pedro un bebé de apenas dos años, ni siquiera conoció a don Julio, quien nada más enterarse que su vieja esperaba al décimo chiquillo puso pies en polvorosa con doña Paty, la de peor reputación del pueblo, la dueña de la única cantina y el sitio favorito de su progenitor para ponerse bien pedo y dejar el poco dinero que su trabajo de maistro albañil le daba.

En resumen: la vida de los Ramírez era una mierda. Pero una dentro de la que al menos los menores eran felices, bienaventurados sean los ignorantes, pues a ellos pertenece el reino de los cielos.

―Me voy para donde la tía Lupe – masculla sin apartar la vista de la televisión, sus hermanos ya todos duermen y doña Refugio aun esta despierta, no se pierde ninguna noticia, tampoco la Rosa de Guadalupe, aunque esa ya tiene rato que terminó ―Pal’ otro lado, me voy mañana – Chema es parco de palabras, pero tiene la voluntad más férrea que nadie ha visto. Y esta vez pase lo que pase no va a volver ―Jefa, tengo que irme ya, el nieto de don Pancho ya contactó con un coyote que nos va a ver allá en la frontera, nos va a cruzar por el río Bravo creo.

Doña Refugio permanece impasible mientras Denise Maerker está hablando otra vez de las pendejadas que dijeron en el debate del domingo, ¿de verdad iban a tener que elegir entre el populista loco y una tercia de rateros? Chema tiene miedo, por su madre que como ama de casa tiene que hacer milagros con tan poquito, por sus hermanos que nunca van a tener la oportunidad de hacer nada en ese país de mierda, y por él, porque si no hace algo pronto la realidad va a terminar por engullirle también.

―Voy a mandarles lana cada semana, el Manuel puede hacerse cargo de la tierra, ya está grande, téngale confianza. Yo ya no puedo hacer otra cosa, pero Tita, Lola y Pedro merecen algo mejor – voltea hacia doña Cuquita, como ellos le dicen y como le conocen los vecinos en el pueblo. Su madre ni siquiera llega a los cincuenta años, tenía quince cuando Julio se la robó y le hizo al primer chamaco, como todo macho mexicano de pueblo no le dio tregua y tampoco buena vida. Borracho, jugador y mujeriego, Refugio aguantó bastante, tal y como se espera de una mujer de rancho, y hubiese aguantado más si Pedro no hubiese decidido nacer en el seno del hogar de los Ramírez. Su rostro luce ajado y con evidentes signos de la edad, algunas arrugas en el que en otras condiciones podría ser un bonito rostro femenino, apenas empezaban a marcarse las patas de gallo o esas líneas de expresión en la frente cuando fruncía el ceño a causa del sol abrasador o de algún coraje que le hubiesen hecho pasar sus hijos ―Salgo mañana a las cuatro de la mañana, antes de que salga el sol – esta vez Chema toma la mano de su madre entre las suyas, y le obliga a mirarle en lo que supone es una despedida, al menos por un tiempo pues no sabe cuánto le tomará amasar algo de dinero para traer de vuelta a casa y proveerles de una mejor situación ―Jefa, ¿no me dices nada? – inquiere el joven de cabellos oscuros y tez morena por tanto trabajo expuesto a las inclemencias del sol y el calor, su rasgo más distintivo son esos ojos claros que en ese momento claman la atención de su madre, quien reacia a opinar únicamente abre la boca para pronunciar una frase tan arraigada dentro de la sociedad mexicana, una que no hace distinciones de clase o sexo, que algunos pronuncian de buena fe, como un deseo real de que las cosas salgan bien. Pero para otros es una sutil manera de mandar al interlocutor a la chingada.

―Que Dios te bendiga, mijo – dice tomando el remoto de la tele y tras apagarla se da la vuelta para irse a la habitación que comparte con sus hijas ―Eres muy valiente, de verdad, que Dios te bendiga.

A las cuatro estará Chema vestido con la camisa a cuadros gris que era de su padre y unos pantalones vaqueros raídos en ciertas zonas, así como gastadas botas. Está metiendo en una mochila dos cambios de ropa, no puede ir muy cargado porque no sabe a qué se va a enfrentar. En medio de una horrible crisis migratoria, con el Donald Trump queriendo que los mexicanos le paguen su muro de la vergüenza y el copetón de Peña Nieto con la Gaviota saqueando lo último que le queda al país, un joven estará saliendo de su hogar para ya no regresar, se montará en un tren y no volverá nunca más sus ojos hacia aquello que deja. Cuando las lágrimas se le quieren salir se limpia los ojos como los machos, sus hermanos pueden cuidar de su madre. Y él cuidará de ellos, nada les faltará.

A lo lejos una madre preocupada encenderá una veladora, rezará tres Padres Nuestros, y tras persignarse le pedirá a la Virgencita que ilumine el camino de su hijo a donde quiera que vaya.

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Re: Sueño Americano

Mensaje por Plpp56 el Vie 1 Jun - 5:31

SUEÑO AMERICANO
Antonio de Jesús Medina
EN ALGUN LUGAR. ALGUNA HORA
CON José María Ramírez
A veces odiaba el espejo, era el recordatorio de lo jodido que estaba. Él y su familia. Era como ver una película de bajo presupuesto donde el final era previsible. De niño había sido travieso y su madre solía perseguirlo con chancla en mano recorriendo toda la vecindad por haber roto, una vez más, un vidrio de "La cucaracha", la viejita que vivía en el 10. Pobre de él si su madre lo alcanzaba, le tocaba tremenda chinga que sentarse era la peor tortura. Conforme el tiempo avanzó se hizo un poco más rápido y astuto, sabía que si se iba y escondía por un rato los golpes perdían fuerza y las nalgadas bajaban de incontables a una de cada lado. Tuvo que comenzar a trabajar desde muy chamaco para ayudar en su casa, si quería dejar de usar los tenis ya usados que le había heredado su primo tenía que comprárselos él mismo.

Los puños fueron sus aliados en ese barrio de mala muerte en el que le tocó nacer. Su madre no era mala, simplemente las circunstancias la volvieron dura, tampoco era culpa de su padre. Su padre siempre había sido un hombre derecho, y como bien dicta la Ley de Herodes: 'te chingas o te jodes'; como el hombre intachable que era no quiso entrarle a los negocios turbios que el cabrón de su jefe le propuso, como consecuencia perdió el trabajo en el que dejó diez años de vida. ¿Cómo alimentas y das escuela a tres chamacos y a tu vieja? Los problemas no tardaron en llegar y Toño, como le decían en casa porque le calaba hasta los huesos que le dijeran Chucho, tuvo que dejar terminar la secundaria en una telesecundaria donde los problemas aumentaron. ¡Ah, cómo le cargaba cuando le exigían que sacara buenas calificaciones! Toño no tenía la culpa de preferir pegarle a un balón en el baldío o embarrarse con la tierra con sus cuates a ponerse como el cerebrito que jamás sería a intentar sacar puro diez.

Como fuera tenía que sacar el certificado sí o sí porque no podría ponerse a chambear para sacar ayudar a sacar adelante a sus hermanitos. Ambos padres venían de familias numerosas y agradecieron por haber sido bendecidos sólo con tres. En ésta época donde es casi un milagro sobrevivir contaron con mucha suerte. ¡Ah, pero cada enojo que le hizo pasar a su madre! Era un puberto que explotaba a la mínima provocación. ¿Cómo iba a permitir que dijeran que su madre era una puta o su padre un bastardo alcohólico? Tenía sí o sí que meterles las palabras por el culo. Cada día era llegar con un nuevo moretón en la cara y alguna que otra cortada, porque eso sí, los hijos de puta acaban las navajas cuando se daban cuenta que no podían con Toño.

Consiguió trabajo en una construcción en la que se había prometido no trabajar. Habían quitado las canchas en las que se reunía con unos compas pa’ echar la concha por las noches y beber una que otra chela de contrabando que un vagabundo les sacaba a cambio de comida. No era una lacra, como otros. Era su único escape de la realidad en la que vivía pero continuaba siendo lo suficientemente responsable para donar todo lo que ganaba para invertirlo en sus hermanos. Ellos sí tenían sueños; uno quería ser piloto, volaba muy alto y el simple pensamiento salía caro y el otro quería ser veterinario, algo más sencillo. Pero con el dinero que juntaban los tres apenas les alcanzaba para comer y mandar a los niños a la escuela. ¡Ah, que pinche vida! Tenían que conformarse con el: ahí les tocó vivir.

Fue una carta del Tavo, el hermano de su padre, quien le dio la idea de irse al gabacho. Conforme iba escuchando que le iba chido para vivir y mandarles unos cuantos dólares nada más porque era el padrino de quien sabe que chingados del Toño y no quería quedar mal. Y lo decía quince años después. Comenzó a hacer sus maletas cuando llegaron a la posdata, el tío decía que Toño debería irse con él, en su negocio hacían falta manos y sería recibido con los brazo abiertos. Por supuesto ni lo pensó. Su madre intentó detenerlo con su llanto, ese que le dolía y le encogía el corazón.

¿Y a qué me quedo, jefa? — Decía con la mochila ya en el hombro y unos cuantos pesos en el bolsillo. Recibió su bendición y abrazó a sus hermanos, les hizo prometer que cuidarían a los jefes y ayudarían hasta que él comenzara a mandar dinero.

La prisa hizo que se terminara las uñas, no podía esperar a contactar a algún pollero. Montarse en la Bestia era la mejor y peor opción. En el camino seguro conocería a alguien que lo pasaría la frontera. ¿Miedo? Un chingo. ¿Opciones? Ya ninguna. Si quería levantar a su familia lo mejor era alejarse de su chulo país donde cada gobernante era más culero que el anterior.




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Re: Sueño Americano

Mensaje por Mz. Hyde el Jue 12 Jul - 3:41

SUEÑO AMERICANO
JOSE MARIA RAMIREZ
EN ALGUN LUGAR. ALGUNA HORA
CON ANTONIO MEDINA
No lleva mucho dinero así que muchas opciones no tiene tampoco, solo lo justo para pagarle al coyote y tal vez comprarse unas papitas y una coca que guardará en su bolsa. Sí señor, solo esas provisiones para todo el viaje que tiene previsto durará unos tres días. Lo que más terror le da es montarse en La Bestia, mentiría si no dijese que está cagado de miedo. Chema ha visto en las noticias las condiciones en las que se viaja y todos los peligros que hay que pasar; si no te roban te secuestran, y si no te pasa ninguna de esas dos pues te caes del puto tren. Porque sí, hay que agarrarse bien, hay que evitar dormir, aquí sí que pendejo que se duerme, se cae en las vías y las ruedas del tren le destrozan en el menos peor de los casos las piernas, en el más peor quedan en ese sitio descansando para la eternidad.

El pueblo de Chema está en algún lugar del centro del país, por lo que al treparse al tren ya este llevará un considerable trecho del viaje realizado. Sin embargo eso no lo vuelve menos peligroso, por ahí por donde se va a subir hay un punto de Zetas, y sabe bien que esos cabrones no se andan con chingaderas, esos te cortan la cabeza y le dan de comer con tus restos a los leones (porque tienen leones, y tigres y cocodrilos…). En muchos de los casos incluso secuestran a los migrantes, les quitan los pocos pesos que llevan para pagarles a los polleros y los dejan tirados y medio muertos en la inmensidad de la sierra, ahí donde si vienen de fuera nadie los reclama, solo la naturaleza.

Tiene dos opciones una vez que se monte en el tren, irse para la frontera por Tijuana o por Reynosa, y nunca ha estado en ninguna de las dos pero Reynosa no suena como la mejor. No hay por donde cruzar más que por el río, si tomaba la ruta hacia Tijuana cruzaría por el desierto. Por alguna razón esa parece la más viable, en su ingenuidad pasar caminando es más fácil que nadar, pues nunca aprendió a hacerlo bien. Y una cosa es chapotear en el lago de las orillas del pueblo, donde la pinche agua ni se mueve y no es tan profundo. Otra muy distinta es enfrentarte al río Bravo. Es traicionero, parece tranquilo pero sus corrientes son fuertes, te arrastran y revuelcan hasta que te ahogan, para que luego la migra saque tu cadáver jalando por una pata.

Todo lo que tiene que hacer ahora es esperar, dicen que la Bestia ya llega, que no va a tardar mucho aunque no se sabe con certeza. Los horarios del carguero son impredecibles, el sol apenas está saliendo y la luz incipiente le ciega un poco, obligándole a entrecerrar los ojos para poder ver mejor. A lo lejos el ruido le avisa de la llegada del Tren de la Muerte, así le dicen y por primera vez lo tiene ante sus ojos. No es como los habituales, no tiene asientos designados ni viajas protegido, oh no. Aquí vas a la intemperie, a como puedas. Alguien grita que se suba de una puta vez, no hay mucho tiempo así que tiene que saltar prácticamente, cayendo encima de un par de tipos que enfurecidos le devuelven los golpes. Ni como continuar con la pelea la verdad, Chema ha tenido la culpa por pendejo. Murmura disculpas y sigue adelante.

Como puede se acomoda entre el gentío, al lado de otro par de jóvenes como él que parecen decentes. Aunque una cosa es parecer y otra ser, por supuesto. Se aferra como puede al tren y siente todo su ser temblar a causa del brusco movimiento de los vagones al transitar sobre las vías. Mujeres y niños también viajan, y él siente pena de cómo deben huir igual que él de la miseria, el hambre, y le pide a Dios que todos lleguen a sus destinos. Aunque sabe que eso es imposible, muchos morirán, sucumbirán  a los embates de la Bestia, a las inhumanas condiciones del viaje, al entorno, a los vándalos y a un sinfín de obstáculos más.

―Oye hijo de tu puta madre, no hagas pedo y dame lo que traes en la bolsa o te corto los huevos – ladra una voz a su lado y le eriza los vellos de la nuca. Siente entonces el fijo de un objeto punzocortante, una navaja tal vez, pegarse de forma amenazante contra su muslo y alza entonces la vista solo para encontrarse con la mirada implacable de uno de los hombres a quienes golpeó en un principio sin querer ―Y no te hagas pendejo, seguro que traes dinero o algo, así que hazlo fácil y dámelo ya – la escena se desarrolla ante la mirada atónita de algunos, los otros ni se inmutan, sabiendo que eso es y será una constante por el resto del viaje. Chema, tan pendejo como es, en otras circunstancias le hubiese entregado la bolsa sin rechistar. No obstante, eso que lleva ahí no va a dárselo tan fácil. No son solo las papitas y la coca, también se trata de la lana para pagarse una vida mejor lejos de toda esa jodencia.


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