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05. Revenge is sweet and not fattening

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05. Revenge is sweet and not fattening

Mensaje por Python Labubie el Dom 17 Jun - 22:04


Revenge is sweet and not fattening
Tras la partida de Elizabeth, Selig había permanecido en la cámara de Slytherin, rumiando acerca de todo lo que había transcurrido entre ambos.

No era fácil asumir que sucedieron tantas cosas de suma importancia en un encuentro fortuito. Por fin, habían traído a colación un tema que había marcado un antes y un después en la historia de ambos, y solventarlo se le había antojado de lo más gratificante y significativo; sabía que las cosas quizás, no volverían a ser exactamente como antes. Pero entonces... ¿Por qué saboreaba aún la miel que ella le había dejado? Todo problema que había estado arrastrando, todo mal que se cernía sobre sus vidas parecía no tener ninguna trascendencia, no más de aquello que habían solucionado.

Con todo, durante las horas que procedieron se había dedicado a hojear la libreta que con tanto esmero le había preparado. Una sonrisa leve y cálida se mantuvo vigente, ensanchándose cada vez que topaba con un conejito dibujado esclareciendo apartados de cierto grado de complejidad. Para matar el tiempo, si bien ella le había advertido antes, se dedicó a tunear algunos de ellos. Añadiendo gafas, un tanga de corazones, o un porro abismal de su pequeña boca de piñón.  Así, ni siquiera se dio cuenta de lo mucho que había avanzado estudiando y lo ameno que le había resultado, pues los apuntes estaban sumamente bien escritos y organizados; debía admitir que la zanahoria adiposa era una excelente estudiante.
Sus dedos delinearon uno de los párrafos, admirando la limpia caligrafía femenina. Había evolucionado evidentemente; la recordaba cuando era una niña, más infantil, pero igualmente adorable. Además siempre había tenido un talento innato para el dibujo. En realidad, ella era bastante habilidosa en muchas de las ramas.

Aunque hasta ahora le hubiera dicho lo contrario para darle por culo.

Un suspiro breve escapó de sus labios, y la puerta de las mazmorras se abrió para dar paso a una alumna que conocía bien. Se trataba de Morgana, la prefecta de Slytherin. Ella mantenía estrecha amistad tanto con él como con Elizabeth; era sorprendente lo responsable que aparentaba ser, porque la malicia que la consumía por dentro seguía siendo digna de temer. Sabía que podía contar con Morgana en todo cuanto quisiera, porque ella siempre estaba dispuesta a tocar los huevos a quien amenazara el orgullo de su casa, desplegando su lengua viperina y su veneno letal.

Morgana tomó asiento a su lado, y fue entonces cuando le expuso la posibilidad de hacer una tremenda jugarreta al odioso muchacho Gryffindor y a la casa en general. Aquello la complació a juzgar por su mirada centelleante, y con una amplia sonrisa concordaron que, sobre las siete de la tarde, se reunirían los alumnos de séptimo en la sala común. No era que desconfiaran del resto de su casa, pero algo tan grande concernía en especial, a los mayores; ella se encargaría de mantener a todos en sus respectivas habitaciones y acordar una reunión para planificar hechos que se llevarían a cabo durante la ceremonia de Halloween.

Tras aquello, Selig se trasladó a sus aposentos, y con un cariño que hacía tiempo no recordaba haber sentido por ningún objeto, guardó aquella preciada libreta. Así desde luego, daba gusto estudiar, porque podía estar leyendo todo el día aquello que la otra había escrito. Posteriormente tomó un prolongado baño que languideció sus músculos, y tras salir se vistió con el uniforme escolar. Luciendo el pelo ligeramente húmedo, despidiendo un limpio aroma a jabón puro y a colonia de varón, se encaminó hacia la entrada de la sala común, aguardando a la pelirroja. Una sonrisa de bribón surcaba su rostro sombrío conforme recordaba la idea que ella había lanzado; usar su boggart... sí, aquello era clave para que ese nenaza se cagara encima, y ya tenía unas cuantas ideas para llevar todo a cabo. Era posible contar con su hermano, y sabía que la mejor amiga de ella era la pareja del mismo; si todo salía bien, el evento resultaría memorable.
Elizabeth Wycliff. Sala Común. Septiembre.




Última edición por Python Labubie el Lun 18 Jun - 21:17, editado 1 vez



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Re: 05. Revenge is sweet and not fattening

Mensaje por Incaendium el Dom 17 Jun - 23:27


Revenge is sweet and not fattening
Por supuesto que luego de clase se llevó nuevamente una regañina, pero no le importó. La sonrisa que iluminaba sus facciones femeninas le confería a la pelirroja un brillo particular de auténtica felicidad que tomó al amargado profesor por sorpresa. Todo lo que le decía parecía entrarle a ella por un oído y escapar por el otro en forma de arcoíris, y como no entendía qué demonios le pasaba y tampoco hacía caso a lo que le estaba diciendo la dejó partir sin más, porque su falta de remordimiento le exasperó más que su falta de responsabilidad.

Sentía una tranquilidad en el pecho que no era capaz de atribuirle a otra cosa que no fuera el reciente suceso que ocurrió entre ambos. Aquella evolución que, aun teniendo lugar en poco más de una hora, fue la más gratificante en mucho tiempo. El bloque de concreto con el que cargaba desde el instante en que se separaron finalmente había sido destruído y, más allá de cómo fueran a ir las cosas de ahora en adelante, se sentía bien consigo misma.

De todas formas, no podía evitar navegar en las oscuras aguas de la duda, cuestionando qué sentía el varón en la actualidad. ¿Había sido su cariño tan fuerte e imperecedero como para mantenerse intacto tanto tiempo? ¿Sin corroerse por el veneno que se lanzaron uno a otro durante todos estos años?

Ni siquiera tuvo un momento para refutar sus propias teorías, porque en el correr de la tarde tuvo que acompañar a su mejor amiga a comprar un regalo. No hacía mucho más de tres meses que estaba con el gemelo de su ya no tan archienemigo de la vida y, como era de esperar, dentro de poco era el mesiversario de ambos. Nunca había entendido esas romantiqueadas dado a su falta de pareja en lo que iba de años de vida, pero aquello no significaba que no se alegrara muchísimo por ella. Con todo, la tarde se hizo amena y Freya supo enmendar su indecisión con una deliciosa merienda.

Sí, nada como un poco de pedigree para amansar al chihuahua.

Ahora, se dirigía a la sala común para encontrarse nuevamente con él tras haber tomado una ducha. Tenía el cabello recogido en dos pequeños bollitos a cada lado de la cabeza con un par de mechones que enmarcaban su rostro, un perezoso chándal gris oscuro y una sudadera dividida en franjas horizontales de colores rosado pastel, blanco y gris muy tenue. Caminaba por los pasillos escuchando música de un aparatejo que le había robado a su hermano mayor y entre cada paso no podía evitar mover el culito de lado a lado mientras cantaba su canción favorita. En su otra mano, cargaba una bolsa repleta de sustancias de carácter ilícito: gomitas y chuches de todos los sabores, pero precisamente los que más les gustaban a los dos.

Resultaba increíble verla de aquella manera, donde no parecía cuestionarse qué demonios había pasado, sino tan sólo reaccionar de la manera en que su cuerpo le dictaba. Tenía demasiadas cosas en la cabeza y cuando eso pasaba tendía a bloquearse de tal forma que se guiaba por la emoción que más predominase en ese momento. La ira y el malestar habían dado paso a la alegría de la venganza y reconciliación que, sumados a una panza llena y corazón contento, la llenaron de una energía característica.

Elizabeth atravesó el umbral de la puerta primero con la cabeza, asomándose dos pequeños rosquetes de cabello pelirrojo primero y, cuando lo vio a lo lejos, le dedicó una sonrisa leve y cálida, finalmente adentrándose. A paso indolente, se fue acercando a él mientras enrollaba sus auriculares y los introducía en el bolsillo de sus pantalones. Bien podría haber suspirado de amor por verlo tan jodidamente atractivo hasta con aquel uniforme, pero tuvo que contener su sonrisa adorable, más allá de que se torciese ligeramente cuanto más fijo lo veía.

¿A dónde vas con ese uniforme a ésta hora? Si tú tienes que hacer reposo. No me hagas echarte otro Sectum encima pero ésta vez con intención. —Bromeó, a sabiendas de que en su tono bien se notaba ese resquicio de calidez. Se dejó caer sin ninguna pena en el sofá, como si liberase sobre él el peso de un día terrible. —¿Cómo te fue con los apuntes? ¿Han sido fáciles de entender? —Inquirió, extendiendo la bolsa de gominolas que compró esa misma tarde y de las cuales no había tocado ni una, porque extrañamente esperaba compartirlas con él. Se encontraba motivada, muchísimo, por aquella maldad a la que ambos estaban a punto de dar vida. Más allá de su buen humor, las ganas de hacerle la vida imposible a aquel imbécil eran imperecederas, y durante todo el día había gestado diversas ideas para hacerse con algo que lo hiciera mearse, literalmente, del miedo; por más que el costo de eso ambos lo tenían muy presente.

Se llevarían el castigo de sus vidas, pero qué más importaba ahora que habían hecho las paces.

Espero que a nadie se le ocurra ganarnos la Casa de los Gritos de antemano, por primera vez en siete años. —Espetó, tomando un gusanito ácido que llevó a su boca y masticó con expresión rancida por obvias razones. —He pensado que literalmente deberíamos mostrarle un troll. —Ladeó el rostro para verle en cuanto fue capaz de hablar. —Y creo que sé exactamente cómo conseguirlo…

Selig Lovenbalk. Sala Común. Septiembre.





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Re: 05. Revenge is sweet and not fattening

Mensaje por Python Labubie el Lun 18 Jun - 14:12


Revenge is sweet and not fattening
Se mantuvo a la espera de la muchacha mientras arrojaba algunos leños dentro de la chimenea. Agazapado, su mirada, tan flamígera como el reflejo de aquello que proyectaba, permaneció prendida de las llamas ascendentes. Ahora que el diablo se había reconciliado con su diablesa, el plan estratégico pintaba de lo más interesante.

Cuando ella apareció por la puerta asomando su cabeza, Selig alzó una ceja. En lo primero que posó la vista fue en aquellas espirales rojas conformadas por su cabello bien sujeto, y en los adorables mechones sueltos que acariciaban sus mejillas, surcadas por constelaciones de colores pasteles. Tan adorable fue la visión de su aspecto y la sonrisa que coronaba su semblante, que no pudo evitar devolverle la sonrisa, y dejar a los dos estudiantes que charlaban en la puerta de acceso con la boca abierta; habían presenciado una escena a la que no daban crédito, pues que ambos se sonrieran sin asomo de sarcasmo resultaba inaudito.

Se fue incorporando lentamente, siendo incapaz de apartar la vista de la fémina. El pulso latió con más fuerza, y la emoción le subió en forma de arcada por la garganta; estaban a punto de gestar algo que los llevaría  a un castigo tremendo, aunque no por ello a la expulsión, o eso pensaba.—Por supuesto que han sido fáciles de entender. Dialogas con un chico listo a pesar de ser enemigo de los libros de texto. —alegó, jactancioso, mas aquello era parte de una evidente broma, dado que ella se había explicado bastante bien en sus escritos. A continuación, alzó ambas cejas tras contemplar cómo le tendía la bolsa atestada de gominolas y, titubeante, la agarró para ver qué había comprado exactamente. Eran las típicas golosinas que comían a menudo cuando eran niños, y eso le trajo un bombardeo de recuerdos fugaces que se evaporaron, dejando una sensación de plenitud dentro de sí.—Gracias, por esos apuntes. —respondió al final. Porque no se lo había dicho anteriormente frente a tantos estímulos.—Y por compartir tus provisiones. —Añadió, alzando ligeramente más la bolsita, antes de acentuar su cálida sonrisa de medio lado.

Y así, la siguió hasta el sofá, donde por fin tomaron asiento. Nuevamente los ojos de algunos recelosos cobraron creciente incredulidad; algunos murmuraron entre ellos y resolvieron abandonar la cámara; otros, que apenas transcurrían para sus habitaciones se detenían y decidían estudiar bien lo que estaba sucediendo, antes de disimular y acabar subiendo a sus aposentos para, posiblemente, compartir el cotilleo con sus compañeros/as. En cualquier caso, daba exactamente igual a Selig, congraciado con la pelirroja para un fin en concreto.

Ahora centrémonos... he comentado a Morgana que a las siete hablaremos sobre esto. La ayuda de algunos puede ser beneficiosa para que nos cubran un poco las espaldas. Tendremos a profesores vigilando. —dilucidó, cruzándose de brazos sobre el pecho. Sus ojos se paseaban a través de los rosquetes que coronaban la cabeza de la pelirroja, perdiéndose en la forma espiral, y en cuanto ella declaró aquello una risotada leve y socarrona raspó su garganta; el hecho de que fuera tan burra le encantaba.—Nadie nunca elige la Casa de los Gritos. —Concedió en un malicioso ronroneo, tomando una de las gominolas que llevó a su boca—¿Recuerdas en cuarto cuando esos chicos escogieron para hacerse los machotes? Salieron espantados de allí. Sigue rumoreándose que algo hay en esa casa, pero a mi me la sopla. He estado con Magnus más de una vez para desmentirlo todo. Las mamarrachadas que inventan nos serán muy útiles.

Con todo, había pensado en Lucian Blackwell. Se trataba de un estudiante que ya había finalizado sus estudios en Hogwarts, pero que entró como aprendiz de su propio padre, el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Lucian era un amigo en común de ambos, pero especialmente afín a Elizabeth; él tenía acceso a la Sala de Profesores, y con ello a múltiples lugares prohibidos para los estudiantes. Lucian se caracterizaba, además, por ser un estudiante ejemplar y un excelente pocionista; merecía la pena hablar con él.

Conforme viajaba mentalmente en las posibilidades que ambos tenían de ganarse su favor, escuchaba a la chica. Sus ideas sirvieron como el violento soplo sobre un incendio forestal; cabeceó, dándole a entender que aprobaba el rumbo que tomaba.—Creo que estamos volviendo a pensar lo mismo. —Murmuró sedosamente. Por supuesto, sus mentes sintonizaban con aterradora facilidad, sobre todo cuando de algo perverso se trataba; sí, la idea era que ese idiota se meara o cagara literalmente encima, eso estaba claro, pero aparte necesitaban urdir un plan que estuviera minuciosamente elaborado. Porque un gryffindor se caracterizaba, precisamente, por ser valiente en momentos adversos—Me he vestido porque iba a sugerirte visitar a Lucian. Sé que ambos os lleváis muy bien —Alzó una ceja, esbozando una sonrisa de zorro viejo—Si queremos que ese merluzo se tope con un troll, o bien debemos usar un poderoso conjuro que él nos enseñe, o bien usar una poción multijugos. —Añadió, recargando los codos sobre ambas rodillas. Se reclinó ligeramente, con la mirada rebosante de pólvora.—lo que debemos procurar es que todo sea lo más realista posible. Él no puede detectar que se trata de una jugarreta, sino de una amenaza real que haya estado percibiendo por todo este tiempo.

Una amenaza real... quizás, si esparcían algunas noticias falsas referente a trolls que se habían visto en las inmediaciones, el muchacho iría teniendo en mente que las criaturas estaban rondando la zona unas semanas antes de la noche de Halloween. En ello, sus compañeros slytherin podían participar, e ir levantando los rumores. En cualquier caso, la ayuda de Lucian Blackwell resultaba vital.

¿Crees que él te la prestaría? Es tu mejor amigo. —Inquirió, con genuino interés. Sólo Lucian tenía acceso a la cámara de su padre, y sólo él, en caso de hacer multijugos, podía adquirir el valioso pelo de troll, un ingrediente usado en pociones sumamente complejas.

Mejor amigo... sí, después de que él "la cagara".
Elizabeth Wycliff. Sala Común. Septiembre.





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Re: 05. Revenge is sweet and not fattening

Mensaje por Incaendium el Mar 19 Jun - 19:18


Revenge is sweet and not fattening
Aquella broma había provocado que Elizabeth rodara los ojos hasta ponerlos en blanco. Negando muy suavemente con la cabeza, se percató de que su sentido sano del humor no había cambiado ni siquiera un poco. Sin embargo, el agradecimiento la tomó completamente por sorpresa, y sus orbes se abrieron ligeramente al contemplar su sonrisa cálida que esparció una sensación abrasiva a través de su cuerpo. Su corazón parecía haberse detenido por un instante para dar a continuación un sinfín de palpitaciones rápidas que transportaron con su bombeo descontrolado el cosquilleo de su estómago. Era jodidamente atractivo y… ¿Adorable? Tenía que estar loca para considerar a Selig Lovenbalk adorable. Pero así lo veía.

Debía recomponerse y actuar como si nada para que no resultara sospechoso ni siquiera para ella.

Así que asintió ligeramente con la cabeza y se rascó la mejilla para despejarse. Necesitó de tan solo un segundo para volver a reconectar con el mundo real, para lo cual se ayudó de un gusanito ácido que la trajo a la vida a la brevedad con su sabor. Agradecía internamente que hubiera hablado con Morgana para terminar con los preparativos de la broma, porque sin lugar a dudas necesitarían ayuda del resto de su casa. Aquel era el último año de todos y al final, estaban empezándolo liándola en grande. Para la suerte de ambos, no importaba cuan grande fuera la putada, todos eran lo suficientemente cercanos como para apoyarse mutuamente y además, estaba segura que no habría ni un Slytherin de séptimo que se opusiera a hacerle una jugarreta a un león.

Recuerdo sí, los tontos del nabo salieron espantados y quedaron en ridículo en el festival de ese año. —Esbozó una sonrisa amplia que mostró una hilera de dientes blancos y amenazó con transformarse en risa, pero no sucedió. —Es que no hay nada ahí dentro, solo es una puta casa abandonada y ya está. Pero sin duda los rumores nos serán de utilidad. —Apostilló, escéptica. En realidad se estaba haciendo la machorra, porque si la dejaban sola ahí dentro en medio de la noche, probablemente fuera ella quien entrase en pánico. Ante la sugerencia de Lucian, su sonrisa se ensanchó al percibir la conexión mental que tenían. Era impresionante lo mucho que congeniaban cuando se trataba de una travesura y, cuando no, en el pasado por lo menos también. —Estaba pensando exactamente en él. Y creo que me decanto por la poción, demoraríamos un mes en hacerla y es exactamente el tiempo que tenemos hasta el día del festival. —Hizo una pequeña pausa, apartando la mirada para llevarse ésta vez un osito de goma a los labios, pensativa. Los mechones de su rostro intercedían ligeramente en su campo de visión pero no pareció importarle, más perdida en sus propias cavilaciones. —Piénsatelo. Si nos enseñara un hechizo él o incluso mi padre, corremos el riesgo de no haberlo perfeccionado lo suficiente para la fecha como para que todo salga bien. O imagina que nos equivocamos en algo y acabamos nosotros de trolls gigantes y feos. —Una mueca desagradable se dibujó en su rostro y se apartó un mechón de cabello detrás de la oreja, de las cuales pendían dos grandes aretes dorados. —Lo suyo sería la poción. Es seguro que nos quedará bien a nosotros, aunque si podemos lograr que él la haga, pues mejor.

Su labio inferior se abultó ligeramente, haciendo un puchero pensativo. Tenía claro que quería ver la escena en vivo y en directo, por lo tanto transformarse a sí misma en un troll le quitaría la emoción de partirse el culo de risa en el piso.

Sí, Lucian seguramente nos presta las cosas en caso de no ofrecerse para hacerla. No hay nada para lo que un montón de pastelitos de mi madre, chocolates y golosinas varias no puedan convencerlo. Además en cuanto le contemos estoy segura que se sumará por el mero hecho de dar un poco por culo a un león.

Alzó ambas cejas, encogiéndose ligeramente de hombros con una sonrisa leve. Hace años que lo conocía, un poco antes de entrar a Hogwarts para ser exactos. Lucian era la atípica serpiente que en lugar de enfrentar directamente con su veneno como hacían ellos, reptaba silenciosamente dejando un sendero de ponzoña a su paso, actuando desde las sombras. Tenía algo que Elizabeth envidiaba, y era que nunca lo descubrían. Todavía se cuestionaba en qué tantas otras cosas había estado metido y no se había enterado todavía; porque sí, también era la persona más discreta que conocía, aún para ser tan joven.

¿Tú crees que Magnus se preste para beber la poción? Quiero ver su cara con mis propios ojos. No habrá riesgo alguno de que acabe transformado para siempre, lo prometo. Además Freya me mataría si eso sucede. —Apretó los labios de solo pensarlo, estaba segura que su amiga al principio se echaría una risotada interminable, pero en cuanto supiera que no había regresión la mataría en el acto. —Más razones por las cuales debemos usar la poción y convencerlo de que la haga él. Como se me caiga una pestaña a mi ahí dentro acabará tu hermano con melones. —Calló de inmediato, pensando un momento en medio de un silencio levemente incómodo por razones obvias. —Bueno, casi.

Cabeceó, asintiendo a su propia idea con una expresión de sabiondilla superada en el rostro, sacando pecho como si fuera una paloma.

¿Quieres ir a hablar con Lucian ahora? Antes de que lleguen los demás. Ellos tendrían que ayudarnos a que no entre más nadie a la Casa de los Gritos luego de él. Cuanto más solo lo agarremos, más miedo le dará al hijo de puta.

A lo lejos, los compañeros allí presentes procuraban mantener una distancia lo suficientemente alejada como para que los daños colaterales de la colosal explosión que normalmente se llevaba a cabo por la culpa de ambos no les diese de lleno. Permanecían expectantes, con los ojos bien abiertos que les miraban recelosos. Estaban aguardando el momento en que Elizabeth tirara la primera piedra, pero estaba tardando demasiado en llegar. Además, tampoco eran capaces de oírlos y eso los llenaba de más intriga todavía.

La pelirroja se puso de pie y todos la siguieron con la mirada, como preparándose, pero en lugar de berrear un insulto que retumbara por todas las paredes del Castillo, le dedicó una amplia sonrisa animada a Selig. Una que adornaba las facciones de su rostro confiriéndole un aspecto sumamente adorable, pero que detrás escondía el regocijo de hacer una maldad bien merecida. Estiró los brazos, dirigiéndose a la puerta a paso indolente.

A ver qué anda haciendo él…

Al abandonar la sala, los compañeros pasaron del silencio a murmurar diversas teorías conspirativas de lo que acababa de pasar. Ella por su parte, se dirigió hacia el aula de pociones, donde supuso se encontraba él. Últimamente Lucian parecía esconder algo, pero con el paso de los años había aprendido que era mejor no preguntar, porque tampoco obtendría una respuesta concreta que no involucrara un juego de palabras que por más que intentaba comprender, no podía.

Elizabeth empujó lentamente la puerta, asomando primero su rostro como antes y allí lo encontró. Estaba ensimismado elaborando una poción que olía bastante mal para su gusto, por lo cual, más razones tenía para no preguntarle de qué se trataba. En cuanto él los divisó por el rabillo del ojo, echó rápidamente el último ingrediente al caldero, provocando que el líquido cambiara de color a uno verdoso y se alejó para recibirlos, como si no quisiera que vieran mucho lo que estaba haciendo.

Estaba más que claro que tenía algo entre manos, para variar.

Oh, Elizabeth, Selig… —Los saludó, esbozando una sonrisa mesurada que afilaba una picardía bien reflejada en la tonalidad azulada de sus ojos. Era evidente que le había llamado muchísimo la atención verlos juntos en una situación que no involucrase conflicto. —¿Cómo están?

Ella alzó una ceja, ladeando el rostro para vislumbrar el caldero burbujeante a espaldas de su amigo.

Eh… Hola, Lucian. —Saludó, un poco trastocada. —Me encuentro bien, gracias. ¿Tú qué tal estás? —Inquirió con una extraña cordialidad. Sabía que antes de pedirle algo tenía que mostrar buenos modales, era una especie de acuerdo que tenían para encaminarla a su transformación en lady de la corte.

Muy bien, gracias. —Respondió, alzando una ceja. Paseaba su mirada inquisitiva de uno en uno, bastante entretenido. Quién sabía qué cosas se estaban pasando por su mente. —¿Sucede algo? Veo que ahora se llevan bien.

Su sonrisa delicada y encantadora de príncipe se ensanchó, burloncilla. Él sabía su secreto y verlos juntos no ameritaba otra cosa que el hecho de que hicieran las paces. Eli le lanzó una mirada no demasiado discreta y lo suficientemente asesina como para que Lucian desviara el tema, aunque estaba segura lo tratarían más tarde.

Necesitamos ayudita para una pequeña, muy muy pequeña travesurita y…

De ninguna manera, querida.


Selig Lovenbalk. Sala Común. Septiembre.





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Re: 05. Revenge is sweet and not fattening

Mensaje por Python Labubie el Miér 20 Jun - 22:58


Revenge is sweet and not fattening

Selig escuchó atentamente las astutas palabras de su compañera. Ella tenía razón, definitivamente una poción era la manera más viable, aunque la poción multijugos suponía algo que nunca había hecho antes. A pesar de que sus notas eran sorprendentemente altas en el arte de crear mejunjes, contar con un experto en la materia aseguraba una victoria; de esta manera, se limitó a llevarse a la boca un regaliz que movió de comisura a comisura, entrecerrando los ojos conforme asentía y se cruzaba de brazos lentamente; era cierto, Lucian podía ser sobornado, aunque aún le sorprendía que bastasen con una buena bandeja de dulces. Significaba que era un verdadero glotón, y su corazón se ubicaba en su estómago. Quién lo diría, procediendo de un chico tan cívico, refinado y distinguido.

¿Le darás todos los dulces de tu madre? Ojalá los acepte. —manifestó, arqueando ambas cejas. Frente a su siguiente pregunta sus ojos cobraron un destello de picardía, y una risotada burbujeó en la garganta; no le hacía falta hablar con Magnus para saber que se sentiría tan enardecido como él mismo frente a la perspectiva de optar por el papel principal, porque ambos eran unos auténticos bufones que se pirraban por ese tipo de mamarrachadas—Sí, Magnus se prestaría sin problemas. Es más, lo haría yo mismo, pero me encantaría ver desde una perspectiva más contemplativa todo el espectáculo. —expuso francamente, imaginando la escena con nitidez en su cabeza. Esbozó una sonrisa de golfo, paladeando anticipadamente el rotundo éxito de ambos, y entonces chasqueó la lengua al entender que quizás aquello no bastaba ¿Y si se daba cuenta de que era un disfraz? ¿Y si huía? No tendría gracia a no ser de que presenciara una auténtica víctima y el miedo lo paralizara. Fue entonces cuando una cortina de luz alumbró su cabeza; su novia, ella sería ideal para echar una mano en ese aspecto.—¿Freya te ayudaría con la actuación? Sé que tiene dotes de actriz, quizá si acompañara el teatro y simulara que ha sido atacada... —ideó, jocoso. Freya era una slytherin más, así que las posibilidades de que se prestara eran altas, a pesar del castigo que posteriormente recibiría. No abandonaría a su novio por nada del mundo y se garantizaba unas carcajadas posteriormente.

Y así, cuando finalmente ella se puso en pie, él la imitó, y ambos atravesaron el umbral a paso ligero, sin prestar atención a los murmullos que los circundaban. Durante el breve trayecto, algunos compañeros viraban para analizar la extraña situación que se estaba dando entre ambos; los dos eran bien conocidos, incluso por las otras casas, por mantener una relación tempestuosa de enemistad, y ahora verlos juntos por los pasillos sin rezumar su mortificante veneno era inusual.

Cuando llegaron al despacho, Selig se mantuvo al margen, contemplando cómo la pelirroja entraba en escena. Confiaba en ella, por supuesto, porque su relación con Lucian era un aliciente para que todo se llevara a cabo de la mejor manera; mantuvo ambas manos en los bolsillos, escudriñando la burbujeante poción al otro lado ¿Qué estaría haciendo Blackwell? No era que fuera conocido por sus gamberradas, más bien por su cara de santo y sus méritos, mas se olía que escondía un buen aguijón de escorpión y que lo ocultaba concienzudamente.

Con todo, conocía esa sonrisa y esa mirada. Por supuesto que se preguntaba por qué estaban los dos juntos. El interés era algo natural, teniendo en cuenta el pasado que los envolvía. De cualquier modo, no intervino hasta el momento en el que él le había respondido la negativa; era su turno de insistir.

Lucian... quizás deberías escucharnos atentamente antes. —Ronroneó, arrastrando su insidiosa voz con un deje de enigma difícil de resistir. Adoptando una postura que intrigara al mayor era la mejor estrategia para traerlo a su terreno.—¿O deberíamos dejarte a solas con lo que sea que estés... haciendo? —inquirió sibilino, conforme entornaba los ojos hacia el caldero humeante al otro lado y acabeceaba en dicha dirección. No se aproximaría, pues ninguno de los dos tenían el permiso de entrar, pero algo le decía que quizás ni siquiera él podía estar allí.—Verás, tenemos pensado gastar una broma pesada a un atontado de Gryffindor. El lechuguino de Moira. Tomaremos la Casa de los Gritos como ubicación para la mansión de la Bruja en Halloween, y aprovecharemos para la jugarreta. —dilucidó, con absoluta frescura. Sus ojos desbordaron de un goce secreto, perverso, que retransmitía sus malas ideas, tratando de llenar el rostro del ex slytherin de la misma oscuridad—Necesitamos una poción multijugos. Podríamos elaborarla, pero no tenemos la receta y tampoco nos garantiza que salga bien. —le confió, relajando los hombros. Efectuó una pausa, dejando caer la cabeza hacia un lado, y su sonrisa se amplió, rebosante de ambigüedad.—Tú eres un buen pocionista... y podrías obtener lo que quieras a cambio. Aseguramos una máxima discreción, y también mucha diversión. —Concluyó, guiñándole juguetonamente—.

Se recargó contra el marco de la puerta, revisando de izquierda a derecha que no existían oídos y ojos que pudieran delatar sus pretensiones. Por un instante, atisbó de reojo el rostro de la pelirroja, y enseguida viajó hasta los pozos azules del moreno, expectante ¿Se animaría a participar en la cabronada?

¿Qué nos dices?

Esperaba que aceptara cuanto antes y pusieran en marcha todo el maléfico plan.

Elizabeth Wycliff. Sala Común. Septiembre.





«IN HIS HEART THERE'S A HOLE, THERE'S A BLACK MARK ON HIS SOUL»
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Re: 05. Revenge is sweet and not fattening

Mensaje por Incaendium el Sáb 7 Jul - 23:50


Revenge is sweet and not fattening
La expresión de Elizabeth se alumbró de asombro, como si se le hubiera prendido una lamparita ante aquella idea tan buena. Su amiga con toda seguridad participaba sin pensarlo dos veces; cualquier oportunidad para joder bien a un Gryffindor era buena, más teniendo en cuenta el pequeño detallito del pasado.

Freya estará más que encantada de ayudar, eso sin duda. En cuanto le comente la idea del numerito que deberá hacer con su novio se quedará impaciente hasta que llegue Halloween.

Aquellas fueron sus últimas y animadas palabras antes de abandonar la sala común para estamparse de lleno con una dolorosa negativa por parte de su mejor amigo. A decir verdad no le sorprendió para nada, porque suponía que Mister Correcto iba a oponerse a la jugarreta con tal de no quedar en medio del fuego abierto entre ambas casas. Por eso, Elizabeth siempre acudía con un plan de emergencia, el primero raramente daba resultado. Sin embargo, y a pesar de que estaba muy bien acostumbrada, no pudo evitar que la expresión de su rostro se convirtiera en la viva imagen del descontento; arrugaba la nariz y apretaba las comisuras casi tanto como dejaba caer sus párpados, aburridos. Lucian en cambio, alzó ambas cejas, expectante de qué más tuvieran para decir. Se le notaba ligeramente apurado, porque en efecto, él tampoco debía estar en ese lugar. Mucho menos elaborando una poción que no se veía para nada bien.

La pelirroja suspiró profundamente como si tomara aire para exponer su nueva idea, pero la sorpresa que se llevó al ver a su acompañante tomar la iniciativa la enmudeció de inmediato. Selig tenía un extraño don para convencer a la gente, porque tenía una lengua tan afilada como la suya y un ingenio envidiable para las travesuras, así que, depositando toda su confianza en él, paseó su mirada de uno en otro, buscando un atisbo de compasión en la mirada del mayor.

Así es. —Asintió, haciendo hincapié en lo que acababa de decir Selig.—Es una larga historia que tengo que explicarte luego, pero es algo de lo que acabamos de darnos cuenta… —Añadió. El pelinegro alzó una de sus cejas, paseando la mirada de uno en otro conforme hablaban, y en cuanto alguno de los dos intentaba vislumbrar qué había mucho más allá de su espalda en forma de caldero burbujeante, acompañaba sus movimientos para tapar su campo de visión con una leve mirada de advertencia.

Al escuchar acerca de la multijugos, sus ojos se abrieron de par en par.

¿Una multijugos? ¿Ustedes están locos? —Susurró en un tono ligeramente irritado. Era evidente que contuvo su impresión para no emitir un berrido. El lazo que ataban sus brazos se había deshecho para señalar a cada uno con una mano y emitir un profundo suspiro resignado, sin poder creer lo que le estaban pidiendo. —Si me pillan haciendo esa poción no me van a dejar ejercer ni en un millón de años. ¡Menos a sabiendas de que es para un par de estudiantes! —Ésta vez frunció el ceño mientras volvía a reprocharles en mute. Se masajeó las sienes con ambas manos por un instante, intentando razonar. —¿Qué ha hecho él como para que quieran usar algo como eso? Existen mil formas de hacerle la vida imposible sin entrar en tanto riesgo.

¿Recuerdas aquel incidente que tuve de pequeña? ¿Donde Selig me había dicho que era tan fea como un troll?  —Inquirió, alzando ambas cejas.—En realidad ha sido el idiota éste haciéndose pasar por él. Además… —Se llevó ambas manos detrás de la espalda, parpadeando repetidas veces en un batido adorable de sus densas pestañas. Oh, sí. Era su arma más sucia, su cara de cordero mojado que usaba desde que era un pitufo para que sus padres le compraran juguetes nuevos o peor: para que la dejasen ir a jugar con Selig sin necesidad de vestirse como una princesa salida de un cuento de hadas. —Tengo los pastelillos de mi madre, Lucian. Puedo pedirle que haga aquellos que más te gustan. Los esponjosos, con crema y de red velvet…

El rostro de Lucian se transformó en algo indescifrable ante las poéticas y pecaminosas palabras de su amiga. Su expresión mantenía una seriedad responsable y sostenida, pero su estómago y corazón se veían reflejados en el brillo de sus ojos azulados. Era la manera más fácil de entrarle y cualquiera que lo conociera lo suficientemente bien sabía que daba su brazo a torcer por unos pastelillos y una travesura, por más que ahora quisiera aparentar una madurez y seriedad que no era capaz de sostener ante un buen platillo de putadas. Más si eran a leones.

Ni que hablar que hacerse de rogar para obtener más de aquella mercancía dulce era lo primero que se le cruzaba por la mente.

Selig, Elizabeth… —Murmuró, ésta vez en un tono un poco más calmado que llevó a que ella le lanzara a su acompañante una mirada de reojo, travesa. —Tienen que entender que…

Enseguida y sin previo aviso, el caldero que bullía a sus espaldas reventó, regándose por cuanto pudo del aula de pociones.

Los ojos de Elizabeth y su amigo se abrieron de par en par, aunque los de él parecía que iban a salirse de los cuencos antes que los de ella. Era evidente que él no debía estar allí, y que como su padre, quien se encontraba en su despacho unas puertas más adelante hubiera escuchado aquel estruendo, se iba a meter en un problema todavía más grande.

Está bien, está bien, lo haré. Pero váyanse lo antes posible de aquí por favor. —Murmuró con apuro, dándole un par de palmaditas en la espalda a su amiga para que se retiraran lo más rápido posible mientras empuñaba la varita para, suponía, limpiar el desastre. —Y que conste que no hay pasteles suficientes para pagar esta deuda que tendrán ambos conmigo. Además…

El sonido de una puerta cerrándose a lontananza, más específicamente a la vuelta del corredor donde se encontraban ahora, dio lugar a una serie de pasos apurados que cada vez retumbaban con más fuerza a través de las paredes de piedra. Los menores se miraron de uno en otro con los orbes desconcertados que poco a poco comenzaban a inundarse de un profundo pánico, y Lucian acabó por darles el último empujón para cerrarles la puerta en la cara y conjurar algo que dejase el aula impoluta.

Elizabeth ahondó en los ojos de su viejo amigo en busca de su rapidez mental, pero sin emitir ni una sola palabra y sin previo aviso, tomó la iniciativa al cogerle del antebrazo para guiarlo a través del camino que se abría al otro lado del pasillo. Caminaba a paso acelerado rodeando las mazmorras, escondiéndose de tanto en tanto ante la presencia amenazante de algún profesor o alumno de otra casa. Y finalmente, tras recargar su espalda para respirar con lentitud en su punto de partida, llegaron a la sala común para reunirse con los demás y así contarles absolutamente todo con lujo de detalles.

Exceptuando la parte de vender a su mejor amigo, para el cual tenía una última tarea: encargarse de su hermano pequeñito que de inocente no tenía un pelo.


Selig Lovenbalk. Sala Común. Septiembre.





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