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~Tell me you didn't do this.~
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~Tell me you didn't do this.~
Tell me you didn't do this.
Crackship | 1x1 | Película | The Prince of Egypt | X
Egipto, 1279 a. C. Tras nombrar como príncipe regente a su hijo Ramsés, el faraón Seti I puede al fin descansar un poco de sus funciones. Hace tiempo que sus problemas de corazón han empezado a agravarse, y los sacerdotes tienen que admitir que su fallecimiento es sólo cuestión de tiempo. En esta situación de incertidumbre el joven Moisés, hermano pequeño de Ramsés, descubre sus verdaderos orígenes y la crueldad detrás de ellos.
MOISÉS PRÍNCIPE | PB: MOVIE | AVERSITEESPABILAS | RAMSÉS II FUTURO FARAÓN | PB: MOVIE | ARTISAWEAPON |
© by Farah.
Última edición por Aversiteespabilas el Jue Mayo 26, 2016 7:11 pm, editado 1 vez
His daughter
Me encanta el olor a rol por la mañana...
Re: ~Tell me you didn't do this.~
01. THE MAN I ONCE CALLED FATHER.
MOISÉS | POR LA TARDE | EN EL TEMPLO
Sólo eran esclavos.
Eso es lo que le había dicho. Había una carga terrible en las palabras de su padre de la que Moisés nunca se había dado cuenta. Esos últimos días tras su encuentro con aquella joven hebrea habían estado teñidos de un extraño anhelo y tristeza. ¿Era cierto que no tenía sangre real? ¿No había ninguna diferencia entre él y los esclavos que trabajaban sin descanso sólo a unos muros de distancia? Le costaba asumir aquella realidad, la realidad de que por puro capricho de los dioses no había sido devorado por los monstruos de las aguas del Nilo. La realidad de que su familia ya no era su familia, y que todo lo que había creído verdad hasta el momento no existía.
Su padre, por razones comprensibles, no estaba ni estaría allí para apoyarle nunca, con toda probabilidad. Había sido su madre quien había intentado consolarlo diciendo que aquello era una bendición de los dioses, que debería estar agradecido. Y en cierto modo, tenía razón. Debería sentirse bendecido y gozoso por que los dioses hubieran salvado su vida... Pero había algo más que le molestaba y le quitaba el sueño. Era su familia real. Las personas que lo habían engendrado en un primer momento y habían sido torturadas (y seguían siéndolo) por ello. Ya no podía ver a los esclavos con la misma mirada indiferente.
Su hermano no sabía nada de todo esto, ya que ni Moisés ni sus padres se habían atrevido a contárselo. Probablemente contribuía a ello el entusiasmo del príncipe heredero por su nuevo puesto como regente. Se había puesto enseguida manos a la obra, haciendo planes como un loco para terminar los proyectos de Seti y empezar los suyos propios. Los hebreos trabajaban como nunca, y Moisés se negaba a salir de los muros del templo sólo para no tener que ver sus rostros.
El sol empezaba a disminuir la intensidad de sus rayos cuando Moisés decidió acercarse a ver a sus caballos, de los que ni siquiera se había acordado. Una joven esclava se encargaba de ellos, cepillando sus crines y hablando con ellos con tono cariñoso, como si de sus propios hijos se tratara. Los animales también parecían animados, acercándose sin miedo a sus manos para que les acariciase el hocico. Al ver al príncipe, la mujer dio un respingo, sorprendida, intentando buscar las palabras para disculparse por quién sabe qué. Moisés evitó mirarla a los ojos cuando le ordenó que se retirara.
"Gracias..." Lo dijo con sinceridad, aunque se apreciaba cierta apatía en su tono. Últimamente no estaba de humor para nada.
Apenas había alargado la mano para rascar a uno de los animales tras las orejas, cuando escuchó los pasos y los rezos del séquito de sacerdotes que ahora solían acompañar a su hermano. Ramsés y él cada vez hablaban menos, y no podía imaginarse toda la responsabilidad que iba a recaer pronto sobre el mayor.
De todos modos, seguro que no pesaría tanto como la piedra que cargaba Moisés...
Eso es lo que le había dicho. Había una carga terrible en las palabras de su padre de la que Moisés nunca se había dado cuenta. Esos últimos días tras su encuentro con aquella joven hebrea habían estado teñidos de un extraño anhelo y tristeza. ¿Era cierto que no tenía sangre real? ¿No había ninguna diferencia entre él y los esclavos que trabajaban sin descanso sólo a unos muros de distancia? Le costaba asumir aquella realidad, la realidad de que por puro capricho de los dioses no había sido devorado por los monstruos de las aguas del Nilo. La realidad de que su familia ya no era su familia, y que todo lo que había creído verdad hasta el momento no existía.
Su padre, por razones comprensibles, no estaba ni estaría allí para apoyarle nunca, con toda probabilidad. Había sido su madre quien había intentado consolarlo diciendo que aquello era una bendición de los dioses, que debería estar agradecido. Y en cierto modo, tenía razón. Debería sentirse bendecido y gozoso por que los dioses hubieran salvado su vida... Pero había algo más que le molestaba y le quitaba el sueño. Era su familia real. Las personas que lo habían engendrado en un primer momento y habían sido torturadas (y seguían siéndolo) por ello. Ya no podía ver a los esclavos con la misma mirada indiferente.
Su hermano no sabía nada de todo esto, ya que ni Moisés ni sus padres se habían atrevido a contárselo. Probablemente contribuía a ello el entusiasmo del príncipe heredero por su nuevo puesto como regente. Se había puesto enseguida manos a la obra, haciendo planes como un loco para terminar los proyectos de Seti y empezar los suyos propios. Los hebreos trabajaban como nunca, y Moisés se negaba a salir de los muros del templo sólo para no tener que ver sus rostros.
El sol empezaba a disminuir la intensidad de sus rayos cuando Moisés decidió acercarse a ver a sus caballos, de los que ni siquiera se había acordado. Una joven esclava se encargaba de ellos, cepillando sus crines y hablando con ellos con tono cariñoso, como si de sus propios hijos se tratara. Los animales también parecían animados, acercándose sin miedo a sus manos para que les acariciase el hocico. Al ver al príncipe, la mujer dio un respingo, sorprendida, intentando buscar las palabras para disculparse por quién sabe qué. Moisés evitó mirarla a los ojos cuando le ordenó que se retirara.
"Gracias..." Lo dijo con sinceridad, aunque se apreciaba cierta apatía en su tono. Últimamente no estaba de humor para nada.
Apenas había alargado la mano para rascar a uno de los animales tras las orejas, cuando escuchó los pasos y los rezos del séquito de sacerdotes que ahora solían acompañar a su hermano. Ramsés y él cada vez hablaban menos, y no podía imaginarse toda la responsabilidad que iba a recaer pronto sobre el mayor.
De todos modos, seguro que no pesaría tanto como la piedra que cargaba Moisés...
© by Farah.
His daughter
Me encanta el olor a rol por la mañana...
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