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I. return
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I. return
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tienda | mañana | con Noah
Dos litros de leche, un kilo de pan, dos cajas de cereales para cuando sus sobrinos le visitaran y el café favorito de Ethan adoraban el pequeño canasto que la castaña tenía en sus manos, adoraba aquella tienda, era pequeña pero poseía todo lo que pudiesen necesitar, además estaba el hecho de que la dueña era la misma mujer que se encontraba allí desde que ella iba al instituto, por lo que no se extrañó demasiado cuando después de varios minutos lanzando miradas hacia todos lados, en búsqueda de alguien, acabó acercándose a ella en el pasillo de los lácteos. Cuando la mujer le preguntó acerca de su padre y un par de cosas insustanciales más, la muchacha ya sabía que detrás de aquella conversación superficial venía algo más, seguramente algún chisme que no esperaba para comentar con alguien, pero lo que no esperó oír fue lo que salió de sus labios.
Noah Douglas estaba de regreso en el pueblo. No sabían por cuanto tiempo, pero estaba allí al menos de momento y no solo eso, no solo aquel famoso escritor había regresado a su pueblo natal, sino que se encontraba justo allí, en el único negocio que era relativamente parecido a un supermercado de ciudad. La sonrisa en su rostro fue instantánea así como su expresión sorprendida, jamás había pensado volver a ver al chico que había sido su amor platónico desde que tenía memoria, mucho menos desde que este se había vuelto famosísimo.
Ni siquiera se detuvo a pensar si era una buena idea el acercarse a donde le habían dicho que estaba, podían no haber sido grandes amigos nunca, quizás jamás habían pasado de ser vecinos cordiales, pero si conocía a sus padres desde siempre y de hecho, solía enviar flores a su casa una vez a la semana, un encargo del padre del chico como regalo para su mujer, algo que siempre le había parecido adorable. Cuando vio su figura de espalda no pudo contener la expresión de sorpresa al verlo realmente — realmente estás aquí — una sonrisa fue el saludo y la bienvenida unos que esperaba no fuesen molestos para él.
Noah Douglas estaba de regreso en el pueblo. No sabían por cuanto tiempo, pero estaba allí al menos de momento y no solo eso, no solo aquel famoso escritor había regresado a su pueblo natal, sino que se encontraba justo allí, en el único negocio que era relativamente parecido a un supermercado de ciudad. La sonrisa en su rostro fue instantánea así como su expresión sorprendida, jamás había pensado volver a ver al chico que había sido su amor platónico desde que tenía memoria, mucho menos desde que este se había vuelto famosísimo.
Ni siquiera se detuvo a pensar si era una buena idea el acercarse a donde le habían dicho que estaba, podían no haber sido grandes amigos nunca, quizás jamás habían pasado de ser vecinos cordiales, pero si conocía a sus padres desde siempre y de hecho, solía enviar flores a su casa una vez a la semana, un encargo del padre del chico como regalo para su mujer, algo que siempre le había parecido adorable. Cuando vio su figura de espalda no pudo contener la expresión de sorpresa al verlo realmente — realmente estás aquí — una sonrisa fue el saludo y la bienvenida unos que esperaba no fuesen molestos para él.


Re: I. return
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tienda | mañana | con Pipper
Hace no mucho, Noah había regresado de su gira por el continente con el fin de promocionar su último libro que, según la prensa, se convertiría en otro de sus grandes éxitos. Por una parte, se sentía profundamente agradecido con todos los lectores que se tomaban el tiempo para leer su escritura y permitirle vivir lo que siempre había querido. Pero por otra parte, también tenía que admitir que se tornaba algo jodidamente agotador. No había conseguido dormir mucho las últimas semanas, pero afortunadamente no se veía tan cansado como realmente estaba. Aún se sentía culpable por no haber asistido al cumpleaños de su hermana menor, y era rara la vez que veía a sus padres.
Razón por la cual había decidido pasar un par de semanas con ellos.
En cuanto halló la temporada en la que podía alejarse del bullicio de la ciudad por un rato, empacó algo de ropa y condujo por la carretera con destino al pintoresco pueblo en donde había pasado toda su infancia y adolescencia. Después de haber conducido unas cuantas horas, vio el aviso de bienvenida y una leve sonrisa se formó en los labios del hombre cuando la leyó con detenimiento. Se encontraba en casa, después de varios años sin pasarse por allí. Al parecer, el lugar no había cambiado mucho; las calles seguían iguales y no tardó en encontrar muchos de los diversos lugares que solía frecuentar con sus amigos en sus tiempos de instituto. Automáticamente, los recuerdos se le vinieron a la mente y una mezcla de familiaridad y nostalgia le invadió en el pecho. Formuló múltiples preguntas conforme recordaba los joviales rostros de las personas que conocía, pero la más representativa sin duda, era qué había pasado con ellos. Y con ellos se refería a sus grandes amigos e incluso al tipo que tanto llegó a odiar… pero sobresalía una persona, una chica –que probablemente ahora no era tan chica– en concreto. Vaya que sí lo hacía, empezando porque siempre lo hizo, y pensarlo de otra forma no sería más que una pérdida de tiempo a los ojos de Noah. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos una vez que vio un pequeño supermercado… y cayó en cuenta de que no podía llegar con las manos vacías. A lo mejor pasaría después por la floristería después de que hubiera comprado una caja de chocolates. Después de todo, su madre siempre había tenido una debilidad por las petunias… ¿o eran peonías?
Joder. He aquí el dilema del día, pensó con resignación mientras salía del coche y se dirigía hacia el lugar. Después de intercambiar saludos con la dueña del supermercado, que terminó reconociéndolo en menos de un segundo, se dirigió a la sección de dulces –después de haberse paseado por las demás secciones, sin saber muy bien en dónde quedaba y algo avergonzado por haberlo olvidado–. Agarró la primera caja de chocolates que encontró y justo cuando estaba dispuesto a ir a la caja para pagar, escuchó una voz a sus espaldas.
Lo más interesante era que podía reconocer esa voz donde fuese y sin importar el tiempo que había pasado. Se giró para asegurarse de que era ella, encontrándose una vez más con aquellos ojos color azul y esa preciosa sonrisa que siempre tuvo, tan contagiosa como siempre. —Pensé que no iba a verte por aquí —comentó él con una sonrisa. Mentira, tarde o temprano iba a verla si ella aún seguía viviendo a unas cuadras de la casa de sus padres—. Te ves diferente, ¿cómo has estado?
Razón por la cual había decidido pasar un par de semanas con ellos.
En cuanto halló la temporada en la que podía alejarse del bullicio de la ciudad por un rato, empacó algo de ropa y condujo por la carretera con destino al pintoresco pueblo en donde había pasado toda su infancia y adolescencia. Después de haber conducido unas cuantas horas, vio el aviso de bienvenida y una leve sonrisa se formó en los labios del hombre cuando la leyó con detenimiento. Se encontraba en casa, después de varios años sin pasarse por allí. Al parecer, el lugar no había cambiado mucho; las calles seguían iguales y no tardó en encontrar muchos de los diversos lugares que solía frecuentar con sus amigos en sus tiempos de instituto. Automáticamente, los recuerdos se le vinieron a la mente y una mezcla de familiaridad y nostalgia le invadió en el pecho. Formuló múltiples preguntas conforme recordaba los joviales rostros de las personas que conocía, pero la más representativa sin duda, era qué había pasado con ellos. Y con ellos se refería a sus grandes amigos e incluso al tipo que tanto llegó a odiar… pero sobresalía una persona, una chica –que probablemente ahora no era tan chica– en concreto. Vaya que sí lo hacía, empezando porque siempre lo hizo, y pensarlo de otra forma no sería más que una pérdida de tiempo a los ojos de Noah. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos una vez que vio un pequeño supermercado… y cayó en cuenta de que no podía llegar con las manos vacías. A lo mejor pasaría después por la floristería después de que hubiera comprado una caja de chocolates. Después de todo, su madre siempre había tenido una debilidad por las petunias… ¿o eran peonías?
Joder. He aquí el dilema del día, pensó con resignación mientras salía del coche y se dirigía hacia el lugar. Después de intercambiar saludos con la dueña del supermercado, que terminó reconociéndolo en menos de un segundo, se dirigió a la sección de dulces –después de haberse paseado por las demás secciones, sin saber muy bien en dónde quedaba y algo avergonzado por haberlo olvidado–. Agarró la primera caja de chocolates que encontró y justo cuando estaba dispuesto a ir a la caja para pagar, escuchó una voz a sus espaldas.
Lo más interesante era que podía reconocer esa voz donde fuese y sin importar el tiempo que había pasado. Se giró para asegurarse de que era ella, encontrándose una vez más con aquellos ojos color azul y esa preciosa sonrisa que siempre tuvo, tan contagiosa como siempre. —Pensé que no iba a verte por aquí —comentó él con una sonrisa. Mentira, tarde o temprano iba a verla si ella aún seguía viviendo a unas cuadras de la casa de sus padres—. Te ves diferente, ¿cómo has estado?
Re: I. return
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tienda | mañana | con Noah
Estaba incluso más guapo de lo que recordaba de la última vez que lo vio, hace ya bastantes años. Se veía más maduro, más grande, aunque su rostro tenía cierto cansancio que podía apreciarse en las ligeras manchas de color azuloso bajo sus ojos, aunque había que fijarse realmente en ellas, porque a simplemente no podía tener un mejor aspecto. Solo con ver su aspecto físico le quedaba claro por qué había estado tan colgada de él durante años, aunque nunca había tenido que ver solamente con su apariencia, sino con lo dulce que solía ser con sus padres o lo dispuesto que siempre estaba a ayudar.
Rió ante sus palabras antes de acercarse y sin pensarlo mucho darle un pequeño abrazo de saludo, se podía imaginar el rostro de los Douglas cuando habían visto a su hijo en aquel pueblo, más de alguna vez el padre del chico había hablado de lo orgulloso que se sentía de sus logros, pero de lo mucho que tanto él como su mujer lo extrañaban debido a que vivía lejos de allí, incluso en algunas épocas vivía en ninguna y en todas partes, según le había dicho.
— En realidad jamás me largué — lo había pensado muchas veces, todos los chicos casi habían tenido el sueño de irse a la gran ciudad, estudiar en una buena universidad y lograr ser famosos. Piper nunca había sido de ese grupo, ella de hecho siempre había sabido que iba a hacerse cargo de la florería de su abuela cuando esta falleciese y no se arrepentía de la decisión que había tomado — iy claro que estoy diferente, han pasado años! estás incluso más guapo que años atrás — en otro momento se hubiese sonrojado hasta la raíz del pelo por aquel comentario, pero tantos años creía que los sentimientos que alguna vez había tenido habían desaparecido, claro, estaba emocionada de verlo pero tenía más que ver con el recuerdo y la nostalgia que por algo actual, era imposible nada más y por ello, avergonzarse por ser sincera y bromista estaba fuera de lugar.
Dejó el canasto de compras en el suelo, pues ya comenzaba a pesarle — estoy bien, me he hecho cargo de la florería de mi abuela hace un par de años — y amaba su trabajo, siempre había tenido un talento especial con las flores, uno que según su madre le había rehuido a ella, pasando directamente desde su abuela a ella, saltándose una generación — siento como que debería traer un libro y pedirte un autógrafo — bromeó divertida, antaño quizás no habían sido grandes amigos, pero pasado el tiempo, muchas de esas cosas pasaban y recordar el pasado con alegría decían era bueno para el alma.
Rió ante sus palabras antes de acercarse y sin pensarlo mucho darle un pequeño abrazo de saludo, se podía imaginar el rostro de los Douglas cuando habían visto a su hijo en aquel pueblo, más de alguna vez el padre del chico había hablado de lo orgulloso que se sentía de sus logros, pero de lo mucho que tanto él como su mujer lo extrañaban debido a que vivía lejos de allí, incluso en algunas épocas vivía en ninguna y en todas partes, según le había dicho.
— En realidad jamás me largué — lo había pensado muchas veces, todos los chicos casi habían tenido el sueño de irse a la gran ciudad, estudiar en una buena universidad y lograr ser famosos. Piper nunca había sido de ese grupo, ella de hecho siempre había sabido que iba a hacerse cargo de la florería de su abuela cuando esta falleciese y no se arrepentía de la decisión que había tomado — iy claro que estoy diferente, han pasado años! estás incluso más guapo que años atrás — en otro momento se hubiese sonrojado hasta la raíz del pelo por aquel comentario, pero tantos años creía que los sentimientos que alguna vez había tenido habían desaparecido, claro, estaba emocionada de verlo pero tenía más que ver con el recuerdo y la nostalgia que por algo actual, era imposible nada más y por ello, avergonzarse por ser sincera y bromista estaba fuera de lugar.
Dejó el canasto de compras en el suelo, pues ya comenzaba a pesarle — estoy bien, me he hecho cargo de la florería de mi abuela hace un par de años — y amaba su trabajo, siempre había tenido un talento especial con las flores, uno que según su madre le había rehuido a ella, pasando directamente desde su abuela a ella, saltándose una generación — siento como que debería traer un libro y pedirte un autógrafo — bromeó divertida, antaño quizás no habían sido grandes amigos, pero pasado el tiempo, muchas de esas cosas pasaban y recordar el pasado con alegría decían era bueno para el alma.


Re: I. return
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tienda | mañana | con Pipper
Noah nunca se esperó lo que vendría a continuación. Pero cuando la castaña lo abrazó, sus brazos le rodearon la cintura de manera casi automática, como si estos hubieran sido diseñados para eso. Tuvo ganas de levantarla del suelo y girar con ella, pero no lo hizo. Lo reprimió. Pensaba que no era apropiado para la situación, así que se quedó quieto unos segundos, disfrutando el momento mientras que el dulce perfume de la castaña inundaba sus fosas nasales. Y cuando por fin se soltaron, regresó a la realidad. En dónde él era un escritor, y ella una conocida.
—Pensé que te habías ido a vivir a la ciudad. Recuerdo que una de tus amigas fue aceptada en Bristol, así que asumí que tú también lo habías sido —explicó mientras miraba otra caja de chocolates en las estanterías y la agarró también—. Por otra parte, necesito tu ayuda. ¿Cuál crees que es mejor que lleve? —preguntó refiriéndose a las dos cajas de chocolates. La primera era color crema, con una cinta amarilla envolviéndola verticalmente mientras que la otra era más llamativa. Para empezar, era de color rojo y en forma de corazón con una cinta adornada con un lazo en el centro. Hacía bastante tiempo que Noah no compraba cajas de chocolates. Quizá por lo mismo que después de todos estos años, nunca se había involucrado con alguien que le robara el aliento y que causara que a él le naciera regalarle cosas y ser ese novio que toda mujer desea. Todos habían sido líos de una noche o relaciones extremadamente pasajeras.
—¿En serio? Vaya, me halagas —contestó él—. Pero tú no te quedas atrás, estás hermosa, Piper. Muy. —Admitió, mirándola a los ojos. Hace mucho que había dejado de ser una chica, una chica que vestía uniforme y que de vez en cuando se encontraba en los pasillos de la escuela. Pero siempre había sido hermosa a los ojos de Noah. No era ese tipo de belleza que solo se trataba del aspecto físico, sino que ella era el tipo de personas que te encuentras y son capaces de permanecer en tu mente durante un tiempo demasiado prolongado, porque de alguna u otra manera, las encuentras inolvidables.
—Eso es genial, me alegra que te esté yendo bien. Seguramente me pasaré en cuanto pague esto, aunque ando liado con qué flores llevaré a casa, a lo mejor podrías aconsejarme, si no es mucha molestia. Siempre fui un desastre con este tipo de cosas —declaró. A lo mejor las chicas con las que había estado nunca lo habían notado, pero él nunca sabía qué regalar. Era detallista, sí. Pero alguien demasiado indeciso si se trataba de comprar cosas que no eran para él. Una carcajada brotó de sus labios cuando escuchó el comentario de la castaña. —Oh, no. Sigo siendo el mismo tonto de siempre, ¿sabes? Supongo que solo tuve algo de suerte.
—Pensé que te habías ido a vivir a la ciudad. Recuerdo que una de tus amigas fue aceptada en Bristol, así que asumí que tú también lo habías sido —explicó mientras miraba otra caja de chocolates en las estanterías y la agarró también—. Por otra parte, necesito tu ayuda. ¿Cuál crees que es mejor que lleve? —preguntó refiriéndose a las dos cajas de chocolates. La primera era color crema, con una cinta amarilla envolviéndola verticalmente mientras que la otra era más llamativa. Para empezar, era de color rojo y en forma de corazón con una cinta adornada con un lazo en el centro. Hacía bastante tiempo que Noah no compraba cajas de chocolates. Quizá por lo mismo que después de todos estos años, nunca se había involucrado con alguien que le robara el aliento y que causara que a él le naciera regalarle cosas y ser ese novio que toda mujer desea. Todos habían sido líos de una noche o relaciones extremadamente pasajeras.
—¿En serio? Vaya, me halagas —contestó él—. Pero tú no te quedas atrás, estás hermosa, Piper. Muy. —Admitió, mirándola a los ojos. Hace mucho que había dejado de ser una chica, una chica que vestía uniforme y que de vez en cuando se encontraba en los pasillos de la escuela. Pero siempre había sido hermosa a los ojos de Noah. No era ese tipo de belleza que solo se trataba del aspecto físico, sino que ella era el tipo de personas que te encuentras y son capaces de permanecer en tu mente durante un tiempo demasiado prolongado, porque de alguna u otra manera, las encuentras inolvidables.
—Eso es genial, me alegra que te esté yendo bien. Seguramente me pasaré en cuanto pague esto, aunque ando liado con qué flores llevaré a casa, a lo mejor podrías aconsejarme, si no es mucha molestia. Siempre fui un desastre con este tipo de cosas —declaró. A lo mejor las chicas con las que había estado nunca lo habían notado, pero él nunca sabía qué regalar. Era detallista, sí. Pero alguien demasiado indeciso si se trataba de comprar cosas que no eran para él. Una carcajada brotó de sus labios cuando escuchó el comentario de la castaña. —Oh, no. Sigo siendo el mismo tonto de siempre, ¿sabes? Supongo que solo tuve algo de suerte.
Re: I. return
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tienda | mañana | con Noah
Noah hablaba de Cian, aquela chica rubia que había conocido desde el jardín de infantes y que había sido su mejor amiga de toda la vida, una de quien había perdido contacto especialmente por ello, porque la muchacha nunca había comprendido que Piper no quería vivir lejos de su ciudad pequeña, que enserio veía su futuro haciéndose cargo de la floristería de su abuela y que no, no tenía grandes intenciones de la gran ciudad las fiestas universitarias y la vida lejos. Se habían distanciado y aunque de vez en cuando un mensaje de texto había, no tenían más comunicación que esa.
— Siempre quise quedarme aquí, la gran ciudad y universidades no eran para mi — era una chica que amaba la vida tranquila, su pueblo de siempre y no mucho más, tal vez por ello hubiese escogido esa vida y había aceptado salir con Ethan White, el muchacho hijo del pastor del pueblo, el que al igual que ella adoraba la vida tranquila y no tenía intenciones de largarse, quien le complementaba o eso siempre había pensado. Cuando le pidió ayuda para comprar chocolates le sorprendió, suponía que había llegado hace poco, pero si estaba comprando chocolates en forma de corazón y aún más, necesitaba su ayuda para escoger eso. Chocolates de corazón eran para una novia, aunque claro que si, por supuesto que él tenía novia, era guapísimo y famoso ¿por qué no habría de tener? — los de corazón, a cualquier chica le gustarían esos, son románticos — le sonrió antes de girarse a las estanterías a buscar algo que pudiese necesitar.
Sonrió al cumplido aunque supuso que tenía relación con una respuesta cordial a lo dicho por ella, pero estaba bien, él siempre había sido educado y agradable, así que correspondía con él que respondiese su cumplido con uno propio, por lo que le restó importancia con un gesto de la mano — por supuesto que puedo ayudarte, pero necesito saber qué le gusta a tu novia o cómo es su personalidad, es más fácil escoger flores de ese modo — se agachó a coger el canasto donde estaban sus compras y le hizo una seña para que se dirigiesen a la caja — si te parece puedes seguirme a la florería, está a solo dos cuadras — le dio una última sonrisa antes de dirigirse hacia donde estaba la chica en la caja registradora y saludándola comenzó a sacar las compras para pagar y luego poder salir de allí. Sin saber por qué, pero solo pensar en él teniendo novia le revolvía el estómago, lo que era una idiotez teniendo en cuenta que ella misma tenía un novio, uno hace dos años quien quería que se casaran en algún momento próximo.
— Siempre quise quedarme aquí, la gran ciudad y universidades no eran para mi — era una chica que amaba la vida tranquila, su pueblo de siempre y no mucho más, tal vez por ello hubiese escogido esa vida y había aceptado salir con Ethan White, el muchacho hijo del pastor del pueblo, el que al igual que ella adoraba la vida tranquila y no tenía intenciones de largarse, quien le complementaba o eso siempre había pensado. Cuando le pidió ayuda para comprar chocolates le sorprendió, suponía que había llegado hace poco, pero si estaba comprando chocolates en forma de corazón y aún más, necesitaba su ayuda para escoger eso. Chocolates de corazón eran para una novia, aunque claro que si, por supuesto que él tenía novia, era guapísimo y famoso ¿por qué no habría de tener? — los de corazón, a cualquier chica le gustarían esos, son románticos — le sonrió antes de girarse a las estanterías a buscar algo que pudiese necesitar.
Sonrió al cumplido aunque supuso que tenía relación con una respuesta cordial a lo dicho por ella, pero estaba bien, él siempre había sido educado y agradable, así que correspondía con él que respondiese su cumplido con uno propio, por lo que le restó importancia con un gesto de la mano — por supuesto que puedo ayudarte, pero necesito saber qué le gusta a tu novia o cómo es su personalidad, es más fácil escoger flores de ese modo — se agachó a coger el canasto donde estaban sus compras y le hizo una seña para que se dirigiesen a la caja — si te parece puedes seguirme a la florería, está a solo dos cuadras — le dio una última sonrisa antes de dirigirse hacia donde estaba la chica en la caja registradora y saludándola comenzó a sacar las compras para pagar y luego poder salir de allí. Sin saber por qué, pero solo pensar en él teniendo novia le revolvía el estómago, lo que era una idiotez teniendo en cuenta que ella misma tenía un novio, uno hace dos años quien quería que se casaran en algún momento próximo.


Re: I. return
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–A mí siempre me gustó aquí. Es tranquilo y usualmente conoces a todo el mundo. Sin embargo, siempre quise viajar. A lo mejor es por eso que me agrada lo que hago –confesó entre risas. Y no mentía. Le encantaba lo que hacía, además la escritura siempre había sido una de las cosas que más disfrutaba desde que tenía memoria. Le resultaba extraño que después de todos estos años, podía habar de esa forma con Piper. De jóvenes, no se habían frecuentado mucho, empezando porque Noah era un par de años mayor que ella y se encontraban en diferentes cursos. –¿Sigues hablando con ella? Ustedes solían ser bastante cercanas. De hecho, mi amigo Nick tuvo un crush con ella en el último año de instituto. Aunque he de suponer que era demasiado evidente como para no notarlo –contó. Siempre admiró la forma en que Nick era capaz de hacer las cosas y dejar las consecuencias junto con la timidez a un lado para conseguir lo que quería. A lo mejor si hubiera tenido esa característica dentro de su código genético, su vida habría sido diferente. Pero en esos momentos, Noah creía que todo iba de maravilla, ignorando completamente la leve sensación de que algo faltaba en ella para sentirse pleno. –Creo que la palabra romántico no sería la adecuada dadas las circunstancias… pero me la llevaré. La intención es lo que cuenta, ¿verdad?
–¿Novia? –repitió él para luego reírse y negar con la cabeza– Oh, no. Son para mi madre. No llegaré a casa con las manos vacías –argumentó con firmeza. Hace años que no veía el rostro de su madre por otra cosa que no fuese Skype o FaceTime. Lo primero que haría al llegar a casa sería darle un abrazo y ponerse al día con su padre. Después… seguramente dormiría hasta el otro día pues aunque estaba disimulándolo admirablemente, Noah estaba muriéndose del sueño. Quería descansar por unas cuantas horas, sólo eso pedía. Había tenido un mes muy largo, pero también había sido impresionante. Librerías y pequeños establecimientos completamente llenos a causa de que él se encontraba allí, era simplemente increíble. –Sin embargo, te sigo. ¿Puedo ayudarte con eso? –preguntó refiriéndose a la canasta de la chica.
Re: I. return
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Suponía que debía gustarle su vida, era una vida fantástica especialmente para quienes como él decía, gustaban de viajar, el ser un escritor famoso debería haberle abierto las puertas para conocer nuevos países y lugares fantásticos, aunque ella no podía siquiera imaginar lo que sería que incluso caminando por la calle te reconociesen y pidiesen autógrafos o fotografías lo que suponía a él le pasaba, mal que mal no solo era uno de los escritores más famosos de los últimos tiempos, sino que al menos dos de sus libros habían sido llevados a la gran pantalla.
Escucharlo decir que no tenía novia no debería haber significado nada, mucho menos debería significar un alivio para ella ni sentirse alegre de que el chico estuviese soltero ¡era una tontería! ella estaba comprometido y quizás él no tuviese novia, pero un hombre famoso como él debía tener muchísimas personas esperando tener una oportunidad, chicas miles de veces más guapas e interesante que ella, eso sin duda — oh, lo siento, lo supuse por lo de los chocolates y las flores — se mordió el labio inferior algo nerviosa, pero acabó por convertirse en una sonrisa y luego en una risa divertida.
— Tu madre adora los lirios, aunque quizás deberías llevarle peonías, que también ama, porque los lirios son casi una cosa exclusiva de tu padre para ella — sonrió enternecida al recordar como el padre de Noah iba cada vez a encargar un ramo de lirios rosas para su mujer, era lo más bonito que había visto jamás en su vida.
Le sonrió agradecida por su sugerencia pero negó con la cabeza — no te preocupes, ya lo tengo yo — cuando acabó de pagar cogió sus bolsas y esperó a que él acabara de pagar lo suyo, para luego salir de allí caminando, aunque se detuvo antes de ponerse a caminar hacia la florería — vine caminando, por lo que si tienes el auto deberás seguirme, no se si recuerdas en dónde estaba — señaló hacia la derecha, que era en la dirección en la que se encontraba la florería que antaño fuera pequeña, pero que ahora tenía más extensión y estaba diferente y mejor cuidada.
Escucharlo decir que no tenía novia no debería haber significado nada, mucho menos debería significar un alivio para ella ni sentirse alegre de que el chico estuviese soltero ¡era una tontería! ella estaba comprometido y quizás él no tuviese novia, pero un hombre famoso como él debía tener muchísimas personas esperando tener una oportunidad, chicas miles de veces más guapas e interesante que ella, eso sin duda — oh, lo siento, lo supuse por lo de los chocolates y las flores — se mordió el labio inferior algo nerviosa, pero acabó por convertirse en una sonrisa y luego en una risa divertida.
— Tu madre adora los lirios, aunque quizás deberías llevarle peonías, que también ama, porque los lirios son casi una cosa exclusiva de tu padre para ella — sonrió enternecida al recordar como el padre de Noah iba cada vez a encargar un ramo de lirios rosas para su mujer, era lo más bonito que había visto jamás en su vida.
Le sonrió agradecida por su sugerencia pero negó con la cabeza — no te preocupes, ya lo tengo yo — cuando acabó de pagar cogió sus bolsas y esperó a que él acabara de pagar lo suyo, para luego salir de allí caminando, aunque se detuvo antes de ponerse a caminar hacia la florería — vine caminando, por lo que si tienes el auto deberás seguirme, no se si recuerdas en dónde estaba — señaló hacia la derecha, que era en la dirección en la que se encontraba la florería que antaño fuera pequeña, pero que ahora tenía más extensión y estaba diferente y mejor cuidada.


Re: I. return
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—No te preocupes –puntualizó él. Una parte de él quería hacerle saber a la muchacha que estaba completamente soltero porque no había encontrado a alguien que le hiciera sacar lo mejor de sí, como ella siempre lo había hecho cuando eran más jóvenes. Nunca supo que le había visto a Piper que hiciera que le gustase tanto en ese entonces. Sabía que iba más allá de ese rostro que siempre había encontrado hermoso, o de esa sonrisa que alguna vez había considerado la cosa más bella que había visto en años. Una pregunta le venía rondando por la cabeza desde que había empezado a hablar con ella, pero no se había atrevido porque una parte de él temía la respuesta que la castaña pudiera darle. Sin embargo, se atrevió. —Seguramente tú si habrás encontrado a tu media naranja a estas alturas —trató de adivinar—, ¿o me equivoco?
Y joder, lo que más deseaba en esos momentos es que estuviera totalmente equivocado.
Escuchó con atención las palabras de la mujer y no pudo evitar el nacimiento de una sonrisa en sus comisuras. Sus padres siempre habían sido un caso particular. Empezando porque si las almas gemelas realmente existían, ellos serían la viva prueba de ello. A lo mejor no todo en su relación era perfecto pues estaba seguro que a veces pelearían, pero era algo real y genuino. Y al parecer, con aquello bastaba. Desde que era muy chico, su padre había mantenido esa extraña tradición de regalarle lirios a su madre en un día determinado de la semana. No sabía muy bien por qué, pero su padre le había dicho que eso se debía a causa de una promesa que él le había hecho a su madre cuando eran jóvenes. Quizá era algo simbólico, aunque él no tenía idea alguna de lo que trataba la promesa. Y prefería no preguntar. —¿Aún le sigue regalando flores todos los jueves? —preguntó—. Al parecer, algunas cosas nunca cambian. —añadió mientras negaba con la cabeza, manteniendo su sonrisa. Con que eran peonías, pensó. Al menos no había estado tan perdido al momento de pensar en comprarle un arreglo floral a su madre. —A lo mejor terminaré siguiendo tu consejo y le llevaré peonías. Después de todo, pareces estar en lo correcto, ojalá yo pudiera acertar de esa manera.
Mientras terminaba de pagar, ella lo esperó y juntos salieron del lugar. Noah intentó ignorar las miradas de grata sorpresa que se iban acumulando conforme la gente pasaba por la calle. Después de todo, el escritor se había convertido en el orgullo del pueblo una vez tuvo éxito en sus obras. —Ah, está allí —señaló el convertible color negro que se encontraba aparcado en el andén—. Supongo que está sano y salvo. Tú guías el camino, que me encuentro un poco perdido —confesó abiertamente. El lugar, naturalmente, se le hacía demasiado familiar. Sin embargo, no sabía cómo moverse y estaba seguro que el camino para llegar a casa sería toda una aventura por descubrir.
Re: I. return
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Sonrió de forma tenga antes de darse la vuelta y acabar de pagar sus cosas, sin responder en ningún momento a su pregunta sobre si tenía novio, lo que era una idiotez porque cada una de las personas del pueblo sabían que Ethan y ella llevaban un noviazgo de años y que pese a que nunca habían sido de esas parejas empalagosas ni estaban completamente enamorados, eran estables y se veían bastante felices, así que tarde o temprano él iba a enterarse, pero de alguna forma prefería que fuese más tarde.
Comenzó a caminar con las bolsas en las manos y una sonrisa en los labios — cada Jueves y en cada una de las fechas especiales, pero en estas últimas el ramo suele ser mucho mas espectacular — le alegraba solo de pensar en ello, aquella pareja le hacía pensar en que sí existían las buenas relaciones y que el amor sí que podía ser para siempre, razón del por qué hasta ese día no había aceptado casarse con su novio. Lo quería, lo quería muchísimo pero sabía que no estaba enamorada de él, no como creía que dos personas debían enamorarse, no como ella veía de enamorado al sr. Douglas de su mujer pese a todos los años que habían pasado juntos y de tener su vida echa, ella quería eso para su vida — tus padres son la pareja a la que todos deberían esperar llegar — el amor que se tenían eran tan obvio para todos que era imposible que no fuese real.
Cuando llegaron a la tienda sacó las llaves de la misma para abrir y una vez adentro no cambió el cartel que decía cerrado, aún tenía que acomodar las cosas antes de abrir y prefería darse un poco más de tiempo para conversar con él, tiempo solo de los dos antes de comenzar su día y regresar a la realidad en donde él era escritor famoso, ella estaba de novia de alguien y solo eran simples conocidos de muchos años — ponte cómodo, prepararé un ramo de peonías para tu madre que seguro le encantará — sonrió mientras dejaba las bolsas en el suelo y comenzaba a sacar las cosas que necesitaba, el papel, cintas y finalmente, las flores mientras la colocaba una y otra en posiciones diferentes para crear el arreglo — salgo con Ethan Willies hace un tiempo, era de tu generación, según parece le gustaba en el instituto — sonrió recordando aquella época, una que ella había disfrutado bastante — pero claro, era imposible que me diese cuenta, por aquella época solo tenía ojos para ti, ¿gracioso no? — soltó una risita divertida aunque en el fondo estaba algo incómoda, soltarle eso quizás sería raro para él, pero después de tanto tiempo no podía ser un problema ni cambiaría nada ¿cierto?
Comenzó a caminar con las bolsas en las manos y una sonrisa en los labios — cada Jueves y en cada una de las fechas especiales, pero en estas últimas el ramo suele ser mucho mas espectacular — le alegraba solo de pensar en ello, aquella pareja le hacía pensar en que sí existían las buenas relaciones y que el amor sí que podía ser para siempre, razón del por qué hasta ese día no había aceptado casarse con su novio. Lo quería, lo quería muchísimo pero sabía que no estaba enamorada de él, no como creía que dos personas debían enamorarse, no como ella veía de enamorado al sr. Douglas de su mujer pese a todos los años que habían pasado juntos y de tener su vida echa, ella quería eso para su vida — tus padres son la pareja a la que todos deberían esperar llegar — el amor que se tenían eran tan obvio para todos que era imposible que no fuese real.
Cuando llegaron a la tienda sacó las llaves de la misma para abrir y una vez adentro no cambió el cartel que decía cerrado, aún tenía que acomodar las cosas antes de abrir y prefería darse un poco más de tiempo para conversar con él, tiempo solo de los dos antes de comenzar su día y regresar a la realidad en donde él era escritor famoso, ella estaba de novia de alguien y solo eran simples conocidos de muchos años — ponte cómodo, prepararé un ramo de peonías para tu madre que seguro le encantará — sonrió mientras dejaba las bolsas en el suelo y comenzaba a sacar las cosas que necesitaba, el papel, cintas y finalmente, las flores mientras la colocaba una y otra en posiciones diferentes para crear el arreglo — salgo con Ethan Willies hace un tiempo, era de tu generación, según parece le gustaba en el instituto — sonrió recordando aquella época, una que ella había disfrutado bastante — pero claro, era imposible que me diese cuenta, por aquella época solo tenía ojos para ti, ¿gracioso no? — soltó una risita divertida aunque en el fondo estaba algo incómoda, soltarle eso quizás sería raro para él, pero después de tanto tiempo no podía ser un problema ni cambiaría nada ¿cierto?


Re: I. return
return
tienda | mañana | con Pipper
Siguió a Piper hacia la florería mientras la escuchaba con atención. Noah aún seguía sorprendido por el hecho de que su padre, a pesar de todos los años que habían pasado, seguía regalándole lirios a su madre cada jueves. Era como si ese día fuera algo sagrado para ellos. Seguramente serían ese tipo de parejas que envejecerían pero se mantendrían juntos sin importar lo que podría pasar entre ellos. —Es simplemente increíble como una pareja puede seguir manteniendo ese tipo de costumbres sin importar el tiempo que haya pasado—expresó él con un tono de sorpresa que no tenía intenciones de camuflar.
Una vez que la mujer abrió la puerta de la tienda y entró, él se permitió hacer lo mismo y terminó sentándose en una silla ubicada en una esquina. La última vez que había visitado ese lugar, había sido hace exactamente nueve años. Él se encontraba disfrutando sus tan merecidas vacaciones de verano, y volvería a la universidad dentro de poco. Sin embargo, antes de irse, le había encargado un arreglo floral a la anterior dueña del establecimiento con una específica recomendación: mantener su nombre en el anonimato y entregar aquellos tulipanes rojos tres casas después de la suya. Miró a Piper mientras ésta preparaba el ramo para su madre y se preguntó si alguna vez supo quién le había regalado tulipanes. Para ese entonces, él estaba por terminar su primer libro, una versión algo distorsionada de lo que realmente estaba pasando en su vida. Aun no podía creer que lo que había empezado siendo un método de plasmar todo lo que sentía por ella en ese entonces, se había transformado en uno de los libros más vendidos en la última década. A lo mejor, ella nunca se daría cuenta de que hubo un tiempo en donde ella se había convertido en su musa. Y prefería mantenerlo así de momento.
Ethan Willies. Si Noah hubiera tenido que describir el momento cuando escuchó aquellas palabras brotar de los labios de la castaña, tendría que admitir que algo, en ese preciso instante, se había removido en su interior. No sabría con certeza si en aquel momento sentía sorpresa, celos, enojo, arrepentimiento o todas al mismo tiempo. Sin embargo, había dolido. Había dolido bastante. Pero por fuera simplemente se veía algo sorprendido. No estaba enojado con Piper ni mucho menos con Ethan, quién él recordaba como un chico bastante amable y dispuesto a ayudar a quien lo necesitase. Estaba enojado con él mismo. Y la molestia aumentó cuando escuchó con una atención muy específica lo que vendría después.
Ella había gustado de él. Piper, la hermosa Piper, había tenido ojos para él para ese entonces. Y Noah Douglas, tonto como él solo, nunca se había dado cuenta. Nunca notó las señales, nunca notó el brillo en los ojos azules de la chica cuando se dirigía a él, ni las veces en las que ella le había dedicado unas de sus más sinceras sonrisas. Tardó unos segundos en responder, mientras cerraba los puños levemente. De repente, se había enojado con todos los quizá y las dudas que había tenido en ese tiempo sobre ella. A lo mejor si no hubiera sido tan estúpido, probablemente la habría tenido a ella. Y solo a ella. Y eso hubiera sido más que suficiente pues ella siempre había sido todo lo que él alguna vez había deseado. Todo lo que alguna vez había soñado. Por primera vez en años, estaba tan cerca de ella pero a la vez tan lejos. Sabiendo aquello, no podía mirarla a los ojos porque sabía que no lo soportaría. Así que posó sus ojos, que se esmeraban por parecer tranquilos en el periódico que se situaba en una pequeña mesita del establecimiento. Exhaló calmadamente y sonrió. Pero era una sonrisa falsa, ese tipo de sonrisas que todos alguna vez tuvimos que dar para no quedar mal. —Nunca me di cuenta de ello. De hecho, nunca me di cuenta de muchas cosas hasta ahora. Eso es genial, Piper. Por lo poco que conocí a Ethan, debo admitir que es un gran tipo —declaró sin mirarla—. Las cosas entre ustedes deben marchar genial, ¿no? —se atrevió a preguntar, manteniendo una sonrisa.
Una sonrisa amarga demasiado bien disimulada.
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