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→ Libera nos a malo, amen [R-18]
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→ Libera nos a malo, amen [R-18]
Plot | 1x1 | Fantasía | R-18
Libera nos a malo, amen
Nathan es, al menos en apariencias, lo que a todas luces denominaríamos como chico normal. Ha estudiado la secundaria e incluso ha terminado ya una carrera. Claro que ahí es donde la cosa se ve que no es precisamente normal, pues en pleno siglo XXI, Nathan ha estudiado Teología con la intención de aprender los senderos del Señor. Y es que, desde que su familia murió en un accidente de coche y no fue el único que sobrevivió a semejante catástrofe, Nathan sintió cierta bendición sobre su cabeza. O al menos quiso creer que su hermana y él se habían salvado por una razón. Nunca había sido demasiado creyente hasta que comenzó a suplicar, a los pies de la cama de su hermana menor, para que le salvase la vida y la devolviera a su lado, temeroso de quedarse solo.
Con esa pequeña victoria, había conseguido terminar la carrera en seguida, ávido por conocimientos que le permitieran acercarse al Señor y a su palabra. Y, para cuando hubo terminado de estudiar, ya había una parroquia con sus puertas abiertas para él. En su ciudad había una población importante de creyentes y le ofrecieron el trabajar para el sacerdote principal, cosa que aceptó con sumo gusto.
Había cumplido así su sueño de estar más cerca de Dios. Al menos hasta que una visita cambiaría su vida... a peor.
Al fin y al cabo, la visita de un demonio es de temer.
Cronología
I. Tua peccata me dic
II. Vocem virtutis
III. Filii Evae
Personajes.
Jurian | Henry Cavill | Edad desconocida | Novocaine. | Nathan | Sebastian Stan | 24 años | Fenrir |
Última edición por Fenrir el Sáb 7 Mayo - 22:22, editado 4 veces
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
I. Tua peccata me dic
IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN Aquellas últimas semanas habían sido más que terribles para Jurian. Sin saber por qué, las cosas se le habían torcido hasta írsele de las manos y todo había comenzado a salir mal de la noche a la mañana. Harto del barullo de las grandes ciudades de la modernidad, el demonio había decidido dos años atrás instalarse en una pequeña ciudad de la India, donde la gente todavía mantenía viejas costumbres y tradiciones. Allí, a pesar de que había sido un poco más complicado conseguir alimento, no le había faltado nunca de nada. En las metrópolis todo el mundo estaba dispuesto a vender su cuerpo sin más, y eso era divertido hasta cierto punto. Sin embargo, después de haber probado a tantas personas distintas, lo que él de verdad anhelaba era tener un juguete duradero. En aquella pequeña ciudad, lo había encontrado. Por supuesto, no se había enamorado de la mujer de piel morena, pues para él no era más que un pasatiempo, pero sí que se podía decir que había desarrollado un cierto sentimiento de posesión hacia ella que al final se había torcido en su contra. Ella, la primera vez que había yacido con él, únicamente tenía dieciséis años. Claramente, llevaron lo suyo en secreto, lo cual lo hacía todo mucho más excitante. Sin embargo, su amante había acabado por sentirse culpable con el paso del tiempo, y se lo contó todo a sus padres, con pelos y señales, por supuesto. Posiblemente, en un país desarrollado la habrían tomado por loca pero, en aquel ínfimo culo del mundo, todavía creían en demonios y en seres terribles y sobrenaturales, por lo que toda la culpa había recaído sobre él. Al principio creyó que no le tenía que dar demasiada importancia, y ese había sido su gran error: aquellas gentes no se tomaban a broma el rumor de que un ser infernal estaba habitando con ellos. Tratando de huir de su persecución, Jurian había acabado por ignorar completamente su alimentación, de modo que con el paso de los días se fue debilitando y marchitando. Aquello jugó en ventaja de sus enemigos que, en un momento de tremenda debilidad, habían conseguido encerrarlo. De hecho, tenían todas las intenciones de quemarlo cuando por fin halló su oportunidad perfecta para huir. Sin mirar atrás, y prácticamente sin ninguna posesión, había tomado un tren hacia la capital del país y, de allí, un vuelo de vuelta a Europa. Volvía a su hogar, suponía. Cuando por fin pisó suelo seguro, se dio cuenta de que estaba prácticamente encima de una de las rutas de peregrinaje de la frontera entre Francia e Italia. Allí, más que grandes ciudades, volvía a encontrarse con pequeños pueblos disgregados en mitad de la naturaleza. Era lo que quería. Era lo que de verdad necesitaba. Allí todo sería mucho más sencillo, y más teniendo en cuenta que aquella gente estaba más que acostumbrada a ver pasar por delante de sus casas a desconocidos durante todos los días del año. Sería sencillo ganarse la confianza de alguien. Tenía que serlo, porque estaba desesperado. De aquel modo, puso rumbo al pueblo más cercano. Ya no le quedaba dinero ni artimañanas para conseguirlo, de modo que la idea de un hotel o de un albergue quedaba totalmente desechada. Con ese panorama tan desolador, lo único que se le ocurrió fue recurrir a la iglesia del poblado. Seguramente, allí se congregarían peregrinos de manera continua, de modo que él mismo no llamaría demasiado la atención. Tal vez en aquel lugar contaran con asistencia médica y, aunque no era eso exactamente lo que él necesitaba, hacerse pasar por un peregrino desmayado, parecía una gran idea. Con un gran esfuerzo que casi le costó quedarse tirado en medio de las calles, llegó hasta el edificio y, sin pensarlo, se tiró en uno de los bancos de madera traseros, simplemente a la espera de que alguien reparase en su presencia. Dudaba siquiera que tuviera fuerzas como para dar un solo paso más. |
Última edición por Novocaine el Dom 27 Mar - 12:21, editado 1 vez
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
I. Tua peccata me dic
IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN Soltó el trapo con el que estaba limpiando la cruz junto al lugar del sacerdote. Su vida era bonita, perfecta casi, al menos hasta que le decían que se quedase limpiando la iglesia. La lógica aquella aún no la comprendía, puesto a que precisamente un lugar tan amplio era prácticamente imposible de limpiar. Sobre todo él solo. Por ello, había optado por limpiar el altar principal donde el sacerdote se hallaría al día siguiente y trataría de sacar todos los fallos posibles a su trabajo. Estaba cansado y ni siquiera sabía qué hora era. Con las ropas de monaguillo no llevaba precisamente un reloj. Pero estaba seguro de que pasaban con creces la medianoche. Posiblemente la una o así, lo cual explicaría el hecho de que sus ojos se cerrasen lentamente. Quería irse a la cama y descansar. Se frotó los ojos para intentar espabilarse, aún le quedaba un rato para poder llegar a casa. Unos minutos, cruzar la calle y subir al piso. Tan solo le llevaría eso para poder descansar. Sin embargo, cuando caminaba hacia la salida de la iglesia, se paró ante la figura tirada en uno de los bancos traseros. No se había dado cuenta de cuándo había entrado, pero parecía un vagabundo agotado. Y precisamente ofrecerle un lugar donde pasar la noche... bueno, por un día no pasaría nada. Lo observó unos segundos más antes de alejarse, internándose en las habitaciones de los sacerdotes para rebuscar entre la ropa. Tenía que haber algo con lo que pudiera cubrir al hombre antes de que muriera de frío dentro del recinto. Pues aunque por las noches la iglesia mantenía el calor, siempre era bueno tener una manta por encima. Al final, se tuvo que conformar con una toga y obligó a su cuerpo a caminar de regreso junto al de Jurian. El hombre parecía pálido, quizás hacía mucho que no comía ni bebía. Pero no se atrevía a despertarle, temiendo que fuera violento o intentase arrebatarle algo. Quizás lo inteligente sería dejarlo dormir hasta el día siguiente, pero también podía robar a la iglesia. Se veía así en una encrucijada en la que nunca había deseado estar. —¿Por qué siempre a mi...? —Masculló en voz baja antes de cubrir el cuerpo del hombre con la toga y le acarició el pelo. Visto de cerca, era un hombre atractivo que no daba muestras de vivir en la pobreza. Sencillamente parecía agotado. Un peregrino, quizás.— Oiga... señor... ¿puede oírme? —Preguntó, sentándose en el banco de delante para poder observarle desde arriba.— ¿Se encuentra bien? ¿Necesita algo? Por favor, no quiero que se muera aquí o me echarán a mi las culpas del desastre. Apoyó la cabeza sobre una mano, inclinándose un poco más para poder examinarlo mejor. Aunque, con la tenue luz de la gran sala, tampoco podía hacer demasiado. |
Última edición por Fenrir el Dom 27 Mar - 13:46, editado 1 vez
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
I. Tua peccata me dic
IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN Jurian estaba a punto de caer en la inconsciencia cuando una voz lejana impregnó sus oídos. La había escuchado casi como si fuera un sueño, algo que únicamente estaba ocurriendo dentro su cabeza. Sin embargo, el tacto de una mano sobre su pelo despertó todas sus alertas: no se lo estaba imaginando, aquello no era un juego de su mente que prácticamente se moría de hambre. Era una realidad. Una dulce y casi milagrosa realidad, si es que a las criaturas como él podían sucederles milagros. El otro todavía podría haberse salvado si no hubiera sido tan sumamente ingenuo como para tocarle, pero había sido tan estúpido de caer en una trampa que ni siquiera había sido preparada, y ahora ya no había marcha atrás. Todo su cuerpo reaccionó al instante ante la presencia de una segunda persona. Eso era todo cuanto necesitaba; todo cuanto hubiese pedido; todo cuanto podía devolverlo a la vida. Por eso mismo, su organismo sacó de la nada unas fuerzas que ni siquiera tenía y entró en pleno funcionamiento. Un funcionamiento errático que trabajaba más por instinto que por reflexión. Sus ojos se abrieron, ensombrecidos durante un solo segundo, aunque luego volvieron a su estado natural: azules y brillantes, clavados en las facciones del desconocido que se hallaba alarmantemente cerca de él. — Necesito algo... —. Susurró con voz seca y áspera—. Necesito no morir aquí y ahora... —. Su diestra se alzó y salió de la sotana que el otro le había echado por encima. Aquel maldito trozo de tela, y aquel maldito lugar en general, apestaban a Dios de una manera insoportable. Sin embargo, no tenía demasiado tiempo ni disposición como centrarse en esa estupidez. Sin pensarlo, depositó sus dedos en la mejilla del otro. Al principio parecía que únicamente iba a prodigarle una caricia. Sin embargo, no tardó en tener su rostro bien agarrado para que no se le pasara por la cabeza huir de él —. Lo necesito a usted... No tardó un solo segundo en acortar la distancia que separaba sus rostros y colocar su boca sobre la del contrario. No fue un beso casto, ni lento, ni delicado, ni cuidadoso. Simplemente, se hizo valer de su fuerza para abrir los labios del otro y meter su lengua en su boca hasta poder saborear cualquier mínimo rincón de la misma. Con ansia, con fuerza. Con desesperación. Pero aquello no era suficiente. Aquello solo era una gota de agua fría en medio de una quemadura que abarcaba todo su cuerpo. Necesitaba más, y más. Hasta que todas sus necesidades quedaran saciadas. Y le daba igual estar en una maldita iglesia. Le daba igual que el otro fuera un patético monaguillo. Estaba allí, estaba vivo y podría convencerlo de cualquier cosa. Aquello era lo único que le importaba. Todo lo demás, no eran más que problemas y contratiempos secundarios. En un movimiento relámpago, había saltado del banco para caer y hacer caer al otro al suelo. Sí. Allí había más espacio. Allí era más sencillo manejarlo, apresarlo contra la superficie. Sin dudarlo, colocó su cuerpo sobre el del otro y se hizo valer de nuevo de su fuerza para atrapar sus muñecas a ambos lados de su cabeza. Solo cuando se hubo asegurado de que era prácticamente imposible que el otro pudiera escapar, deshizo el agónico beso y se separó para mirarlo a los ojos. — Por favor ... —. Le suplicó aunque en el fondo no le haría ninguna falta para tomar lo que quisiera del otro —. Por favor, ayúdeme. Por favor... Estoy sufriendo, por favor... —. Acto seguido, bajó de nuevo sus labios, pero esta vez a su cuello, donde se dedicó a mordisquear y lamer a la par que pegaba sus caderas a las del otro. Al segundo, había comenzado un movimiento lento y sugerente contra su cuerpo. Tenía que haber alguna manera de excitar a un estúpido mojigato de parroquia. Y más le valía encontrarla rápido para hacer que el otro cooperase tranquilamente. Tener que preocuparse por obligarlo y a la vez por saciarse, no era algo que entrase en sus planes. Sabía que no disfrutaría lo mismo. Nada sería lo mismo. Tenía que convencerlo... Y, por suerte, para ello contaba con experiencia y unas hormonas que ni siquiera podía controlar del todo por lo revolucionadas que se hallaban. |
Última edición por Novocaine el Dom 27 Mar - 12:22, editado 1 vez
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN Esperó pacientemente a que el hombre despertase, esperando poder ayudarle aunque fuera un poco. Se planteó el llamar a una ambulancia cuando abrió los ojos, sin darse cuenta del cambio en ellos por la poca luz de la sala. Quizás otros se ocuparían mejor de él y ese problema que se quitaba de encima, al menos hasta el día siguiente. Porque, claro, no iba a dejarlo solo en el hospital, seguramente iría a visitarlo para evitar sentirse muy culpable. Aunque pronto estos pensamientos se esfumaron cuando el hombre abrió la boca y comenzó a hablar. ¿Cómo que necesitaba no morir ahí? No tenía pinta de estar muriendo precisamente, por lo que Nathan lo miró, tratando de buscar alguna herida en el cuerpo del mayor sin mucho éxito. Desde luego, lo que decía no tenía ningún sentido. Quizás estaba delirando por el cansancio o el hambre, lo que le hizo afianzarse en la idea de que debía de llamar a una ambulancia. Estuvo tentado a decirle que pronto iba a pasar todo y que llamaría a un hospital para que vinieran a echar una mano. Nuevamente ese hilo de pensamientos se vio cortado con una mano que parecía venir con buenas intenciones pero que tan solo le agarró con fuerza el rostro. Los ojos del joven se abrieron de forma desmesurada por el pánico. «Lo necesito a usted...», aquellas palabras no le habían hecho ninguna gracia. Iba a protestar para que le soltase, exigirle que le dejara ir, cuando se vio al otro prácticamente sobre él. Y, repentinamente, le estaba besando. No era precisamente lo que él esperaba para un primer beso, pues más que mariposas en el estómago, sintió algo semejante a una patada. Y miedo, muchísimo miedo; sobre todo cuando se vio obligado a abrir la boca y esta cavidad violada totalmente por la lengua del demonio. Movió las manos con cierta desesperación para quitárselo de encima, no esperaba conseguir nada más que el otro entrando en razón. Aquello era una locura. Él no estaba ahí porque le gustase tener sexo todas las noches con el primer tipo extraño que entrase en la iglesia. Y dudaba seriamente que ese hombre hubiera ido expresamente a una para violar a un integrante de esta. Por lo que siguió empujando al otro para que le soltase. Al menos hasta que notó su cuerpo perder el equilibrio por un fuerte empujón que le dejó bien claro la diferencia de poder entre ambos a pesar de todo lo que estaba diciendo el desconocido de no querer morir ahí. Su espalda se estrelló contra el suelo, sacando un pequeño quejido del joven que se repitió cuando su cabeza igualmente rebotó en la fría superficie. El dolor que lo recorrió seguidamente fue mayor de lo que hubiera podido imaginar, aunque fácilmente ignorado por la adrenalina que fluía por sus venas. Si antes había estado asustado, ahora rozaba la histeria de lo aterrorizado que estaba. Con las manos por encima de su cabeza y férreamente agarradas por el desconocido se vio inutilizado y con una salida totalmente cerrada. Por fin, sus labios fueron liberados de aquella succión tan estrafalaria y pudo mirar a los ojos de su captor. Parecía realmente desesperado, lo cual le daba cierta pena. Pero esta no podía sobreponerse al miedo apreciable en el joven, el cual tan solo creció cuando el extraño se dedicó a marcarle el cuello. No comprendía esa necesidad por intentar violarle, pero no estaba dispuesto a ser una víctima que no opusiera mayor resistencia. —No lo hagas, por favor... —Suplicó con un hilo de voz, apenas un estrangulado sonido que tenía su origen en la propia desesperación de Nathan.— Suéltame. Esto no me gusta. —Añadió, tratando de mover las manos y deshacerse del agarre. El miedo se juntó con la frustración de no conseguir nada y, pronto, lágrimas caían por sus mejillas como si de un río se tratase: sin descanso y a raudales.— Tengo miedo... Con esas últimas palabras, trató de subir las piernas y colocarlas entre medio de ambos para que dejase de frotarse. Sin embargo, al estar tan pegado a su propio cuerpo, lo único que consiguió fue darle un fuerte rodillazo en la entrepierna al demonio. |
Última edición por Fenrir el Dom 10 Abr - 13:28, editado 2 veces
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
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IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN Jurian emitió un sonido siseante junto al oído del otro ante la patada. A pesar de que no había logrado ni de lejos hacerle suficiente daño como para provocar que se apartara, sí que había conseguido incordiarle un poco. Varias ideas oscuras y ciertamente violentas cruzaron su mente, molesta ante la simple idea de que un simple mojigato de catedral hubiera intentado rebelarse contra sus intenciones. Sin embargo, en uno de los ínfimos momentos de claridad que le quedaban, recordó que no quería forzar a aquel maldito crío. Y estaba yendo por un camino horrible si quería que el otro cediera a sus deseos por voluntad propia. Al separarse de su cuello y su oído, reparó por primera vez en que había roto a llorar. Una escena que de normal le habría parecido sumamente patética e insignificante, pero que en aquel momento logró darle en el pecho con el mazo de la realidad. No. No. Debía platearse su estrategia de nuevo, a pesar de que su cerebro se empeñara en no funcionar correctamente a causa de la necesidad. — Sh... —. Susurró mientras acercaba sus labios al rostro ajeno. Entonces, comenzó a besar lentamente el reguero de sus lágrimas, notando cómo la piel alrededor de su boca se humedecía y tomaba un sabor salado. Era delicioso. Extraño y claramente perturbador, pero maravilloso al fin y al cabo. Jurian odiaba las prisas a la hora de hacer suya a otra persona. Le gustaba tomarse su tiempo y, ahora que se sentía un poco más dentro de sí mismo, ya era más capaz de controlar la situación —. Lo siento —. Se disculpó en un susurro, mientras seguía besando dulcemente todos los recovecos húmedos de sus facciones—. No pretendía asustarle... Tras aquellas palabras, se quitó un poco de encima de él y acabó sentándose sobre sus caderas, con las rodillas cada una a un lado de su cuerpo. De aquel modo, únicamente le rozaba lentamente, con un movimiento suave y ondulado, pero no llegaba a oprimirle con su peso, muy claramente superior al de él. — No me tengas miedo... No voy a hacerte daño —. Como muestra de buena voluntad, soltó sus muñecas y dejó sus manos completamente libres —. Vengo de tan lejos... Tengo tanta necesidad... No puedo seguir así —. Comenzó a hablar en un tono sugerente, pero también afligido—. Siento mi cuerpo consumido en fiebre... Tiene que salvarme, por favor... Sálveme. Tras aquellas palabras maquilladas en falsas súplicas, cogió sus dos manos, esta vez con cuidado, y las guio suavemente hasta el interior de su propia camisa de algodón. Efectivamente, la piel de su abdomen estaba ardiendo. — Si no me ayuda ahora, moriré, por favor... —. Tras asegurarse de que las manos del otro se quedaban guardadas debajo de su propia camisa, las soltó y dirigió las propias hasta aquel ridículo pantalón que suponía que era parte del uniforme de monaguillo. Lentamente, desabrochó el cinturón, sin ningún movimiento brusco, y luego el primer botón del pantalón— Solo déjeme alimentarme de usted... Y me marcharé. |
Última edición por Novocaine el Dom 27 Mar - 12:22, editado 1 vez
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN Parecía que el hombre había entrado en razón después de aquel desafortunado golpe en su entrepierna, pues Nathan ya ni siquiera sentía el calor en su cuello, aunque si una humedad de lo más desagradable, fruto de la saliva del demonio sobre su piel. Ante el silencio después de un siseo cargado de molestia que le había hecho sufrir un pecho espasmo de miedo, se atrevió a entreabrir los ojos. Justo para encontrarse al desconocido mirándole fijamente. Repentinamente, su rostro se acercó y el joven temió porque volvieran a besarle como la vez anterior. Sin embargo, los labios del demonio tan solo limpiaron sus lágrimas en un gesto casi dulce, totalmente opuesto a lo vivido hasta el momento. Un gesto que dejó al monaguillo más que extrañado. Sorbió con la nariz antes de que acabase moqueando y trató de encontrarle la lógica al asunto. No encontró nada que explicase el que se disculpase por lo que había hecho, no tan pronto, al menos. La posición cambió también, ahora tan solo estaban rozando ligeramente sus caderas, en un movimiento que se le podría antojar excitante tan pronto como el miedo desapareciera por completo. Con sus manos liberadas, sintió la tentación de frotarse la cara, húmeda con las lágrimas y las babas del desconocido. No le gustaba ser tan íntimo con un completo extraño cuando de por sí le costaba ser íntimo con su propia hermana. —P-Pero no puedo ayudarle si no sé qué le pasa... —Protestó en voz baja el muchacho, dejando que guiase sus manos, aún con las muñecas doloridas por el agarre, hasta el torso ajeno. En efecto, despedía una cantidad de calor que solo podría calificar como preocupante. Abrió mucho los ojos, totalmente apurado. A pesar de que tenía miedo, quería ayudar a ese hombre (aunque a una distancia considerable de su cuerpo), el problema era que no sabía cómo hacerlo.— Y-yo no soy un médico, pero p-podemos llamar a una ambulancia. —Propuso, esperando que le diera una respuesta afirmativa que le salvase la vida. Pero no, lo que vino en respuesta fue peor. Querían alimentarse de él. Comerle. La palidez se adueñó pronto del rostro de Nathan, quien apenas comprendía del todo bien lo que sucedía aún. Con sus manos, ahora totalmente libres, hizo un poco de presión en el abdomen de Jurian para que se frenase, incómodo a más no poder ante aquella situación. —Uhm... ¿es usted un vampiro...? —Preguntó con un hilo de voz, tratando de hacer que el tono fuera de guasa sin demasiado éxito.— I-igualmente... el suelo no es muy cómodo... ¿p-por qué no vamos entonces a mi casa...? Vivo a la vuelta d-de la esquina. —Por supuesto, no quería llevar a ese hombre a su cama o que le succionase la sangre hasta dejarlo seco, pero su hermana había dejado un spray de pimienta en su última visita y quizás con ello podía echar a aquel extraño hombre de su vida de una vez por todas.— Es mejor que la iglesia... donde Él nos ve. En mi casa p-puede tomar lo que quiera... y luego i-irse. —Añadió con cierta timidez, aunque su mayor deseo era que se cruzaran a alguien por la calle a quien poder gritarle para pedir ayuda. |
Última edición por Fenrir el Dom 27 Mar - 13:47, editado 1 vez
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
I. Tua peccata me dic
IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN El demonio emitió una suave risa cuando mencionó la ambulancia. No. No era aquello lo que necesitaba, desde luego que no. Pero el joven era tan ingenuo, tan genuinamente bueno... Que no podía mofarse de él. Al menos no tan rápido. Al fin y al cabo, había estado a punto de forzarle y le estaba ofreciendo ayuda. Definitivamente, era demasiado bueno, demasiado tonto, o ambas a la vez. Jurian apostaba por la tercera. — Puede que lo sea —. Susurró, acercándose de nuevo a su rostro para poder analizar de cerca sus facciones. La oscuridad era densa pero, por suerte, él sí que era capaz de distinguir ciertas formas a través de ella. La pregunta había sido estúpida en todos los sentidos, pero si el otro quería pensar que era un maldito vampiro... Tampoco tendría el por qué quitarle la ilusión. Mejor aquello que explicarle a un monaguillo que era un jodido demonio de más de quinientos años de edad. Aquello sí que lo haría ponerse a llorar de nuevo, e incluso su paciencia tenía ciertos límites que más valía no estirar. Su proposición de ir a casa. Aquello sí que había sido insólito. Tanto que había provocado que Jurian frunciera el ceño. ¿De verdad le estaba proponiendo eso? — ¿Desde cuándo los inocentes monaguillos invitan a vampiros desconocidos a sus casas, uhm? A no ser que tengan intenciones más curiosas todavía que las del propio vampiro. Vaya... Me sorprenderías. Pero, por desgracia, lo que me haces pensar es que me la quieres jugar. Y eso no te convendría demasiado... —. Bajó los labios hasta los del otro y mordió su labio inferior sugerentemente, separándose luego lentamente mientras estiraba sin intención alguna de dañarle—. Piensa que los murciélagos vuelan más rápido de lo que los monaguillos corren. Aun así, se quitó de encima de su cuerpo. Con aquello, tendría fuerzas suficientes como para andar hasta la maldita esquina donde el otro prometía que estaba su piso. Sin embargo, sabía que no podría aguantar más de un par de horas así. Antes o después iba a necesitarlo, e iba a tomarlo. La decisión estaba tomada. Otra cosa muy diferente era que estuviera dispuesto dejar al otro jugar un rato... Podría ser hasta interesante ver de qué forma intentaba librarse de él. — Está bien. Tomaré algo... En tu casa —. Añadió de forma enigmática antes de retirarse de encima. Con un ágil movimiento, ya estaba puesto en pie. Desde luego, no estaba en sus plenas facultades, pero al menos ya era capaz de andar sin parecer una patética alimaña, como aquella misma noche unas horas atrás. |
Última edición por Novocaine el Dom 27 Mar - 12:22, editado 1 vez
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN —Wow... —Se le escapó cuando el otro insinuó que podía ser un vampiro, ligeramente más interesado aunque no por ello menos asustado. Sencillamente le parecía que la situación era más surrealista. Quizás el hombre estaba drogado y por eso actuaba así, desde luego tenía más sentido que el hecho de que fuera en realidad una criatura sobrenatural dispuesta a hacerse con... lo que quedaba entero de su vida. Tragó en seco ante el silencio tras su proposición de ir a su casa. Si estaba drogado, lo lógico no era que pensase mucho en ello. Y, sin embargo, exactamente eso era lo que parecía estar haciendo. Cosa que tan solo le hacía dudar cada vez más de aquella situación. Tan solo estaba seguro en su totalidad de que no estaba dormido, pues a esas alturas, por la adrenalina y el hecho de que prácticamente se había meado encima del miedo, habría despertado. —Pero, por desgracia, lo que me haces pensar es que me la quieres jugar. Y eso no te convendría demasiado... —Se aguantó el temblor por aquellas palabras, tratando de ignorar el hecho de que le estaba mordiendo el labio inferior y tirando de este como si de una goma de mascar se tratara. Esperaba no calmarse de ahí a su casa, pues tenía la impresión de que acabaría por encontrar a ese hombre terriblemente sexy en ese momento. La razón para ello le resultaba completamente desconocida, pero no dudaba en que fuera ser así. —No... tan solo que este no es un buen lugar y el suelo es incómodo... duele. —Trató de razonar, aunque acabó por cerrar la boca antes de liarla más. De pronto, el peso en sus caderas desapareció, junto con el calor que transmitía el cuerpo del demonio. No se había dado cuenta de ello, pero de pronto hacía un frío tremendo en la iglesia.— Uh... —Protestó en voz baja ante el aire que entró por el pantalón abierto y lo cerró tan pronto como pudo, intentando no helarse ahí en medio. Luego se levantó, sobándose la cabeza lentamente. Al día siguiente iba a tener un chichón importante si no se ponía hielo cuando regresase a casa. Estando de pie sintió un ligero mareo y cansancio, quizás por el sueño y las horas que eran tras un largo día; pero no se había sentido así unos minutos atrás. Sin darle una mayor importancia, comenzó a andar hacia la salida de la iglesia. Una vez estuvo fuera y el aire frío del invierno le azotó en la cara, soltó un nuevo quejido disconforme y esperó. Tan pronto como Jurian salió, cerró con llave para que nadie más entrase y comenzó a caminar, tratando de encogerse en la medida de lo posible para que la menor extensión de su cuerpo fuera golpeada por el frío. En efecto, apenas cinco minutos después estaban en las escaleras que subían directamente a la segunda planta de aquel piso y Nathan se encontraba con las llaves entre sus temblorosas manos, tratando de acertar con la cerradura de su apartamento para poder entrar. Cuando lo consiguió, tan solo metió la mano para encender la luz del apartamento y tanteó en la mesita de la entrada. Sus manos rodearon el frasco de spray que había en ella y lo sacó. Apuntando a la cara del demonio disparó para, seguidamente, correr al interior y cerrar la puerta tras de sí mientras su corazón latía a mil por hora. |
Última edición por Fenrir el Dom 27 Mar - 13:48, editado 1 vez
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
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IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN Los ojos del demonio no perdieron de vista durante un solo segundo al pequeño humano. Sabía de sobra que estaba tramando algo. A lo mejor él mismo era tan estúpido que ni siquiera se daba cuenta de ello, pero sus facciones estaban contraídas en una mueca pensativa. Y eso únicamente podía indicarle que, efectivamente, estaba maquinando algo. ¿El qué? Eso sí que no tenía ya forma de saberlo. Cuando por fin estuvieron bajo el frío de la noche, Jurian se dedicó simplemente a caminar al lado del monaguillo. Por un momento, había sospechado que saldría corriendo de su lado y que intentaría refugiarse en su casa lo antes posible. Sin embargo, eso no había llegado a suceder y, extrañamente, él mismo había quedado frente a la puerta del apartamento. Tenía que ser ahora cuando el otro actuase, ya no le quedaban más opciones. Por eso, ya estaba preparado cuando el otro le lanzó el spray de pimienta en la cara. ¿En serio? Aquellos humanos o cada vez eran más estúpidos, o es que ese en particular estaba demasiado desesperado como para pensar con claridad. Fuera como fuere, sus años de experiencia y su inmunidad a aquellas tonterías, le hicieron actuar rápido. El otro había cerrado la puerta a velocidad relámpago, eso era cierto, pero él había sido todavía mucho más audaz como para colar un pie entre el marco y la misma. El golpe fue duro, pero consiguió hacer que no se le cerrara en las narices. — Clásico —. Dijo cuando estuvo dentro y, aquella vez sí, cerró la puerta con fuerza tras él. Ahora, estaban solos. A pesar de que la habitación estaba oscura, los pasos del menor eran suficientemente audibles como para indicarle al demonio qué camino estaba tomando. Coser y cantar. A los pocos segundos, ya se había lanzado sobre él y lo había puesto de cara a una de las paredes. Sin darle tiempo a reaccionar, pegó su cuerpo a su espalda y, de nuevo, lo dejó totalmente aprisionado sobre la superficie. Interesante flashback, aunque aquella vez en vertical. — Sabía que tramabas algo —. Canturreó en su oído, antes de darle un pequeño bocado desde atrás. Sin dudar, se pegó entero contra él, para que comenzara a sentir de una maldita vez que comenzaba a excitarse y que no tenía tiempo para bobadas —. Pero soy alguien bastante paciente. No puedo decir lo mismo de muchos de mis hermanos, que ya te habrían bajado los pantalones y castigado por insolente —. Aquello, a pesar de que era verdad, lo dijo solo para despertar el enigma en el joven. A lo mejor, sí que sería divertido dejar que pensara que era cualquier criatura maligna... Excepto la que verdaderamente era. — Verás, voy a tribuir este ataque a que eres joven y estás asustado. Pensaré que te has dejado llevar por el pánico... Y haré como si nada hubiera pasado. Ahora bien, no me la quieres volver a jugar así —. De nuevo, desabrochó aquel maldito botón del que ya se había deshecho antes y coló su mano por dentro de los pantalones que vestía el joven. Al instante, estaba jugueteando con sus dedos sobre el miembro del joven, pero todavía por encima de la ropa interior. No quería que se cagara de miedo de buenas a primeras... Y, además, Jurian era de los que disfrutaba con los jueguecitos previos. — Ahora te vas a estar quietecito, ¿sí? Y vas a dejar que me ocupe de ti. No te preocupes... No me gusta dañar a nadie. Haré que te lo pases bien —. Sin más, dejó un beso en su cuello y coló sin previo aviso la mano en su ropa interior, comenzando a masturbarle, ahora sí, lentamente, suavemente. Únicamente buscando excitarle... Por el momento. No podía comerle en aquel estado tan flácido y ridículo. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN No podía creerse que hubiera salido mal. El cruel destino se la había jugado de una forma que no era capaz de explicar. Comprendía que no fuera muy buen actor y que hubiera visto venir el hecho de que lo que pretendía era huir -al menos con eso también descartaba el que el hombre hubiera tomado drogas-. Lo que no comprendía era cómo había podido esquivar un maldito spray que le había caído en la maldita cara. O quizás con el cansancio no había apuntado bien siquiera. Con el portazo en su casa, se acurrucó un poco en una esquina, deseando que no le viera y pasara de largo. No entendía por qué estaba tan obsesionado con él. Había mil personas en la maldita ciudad, podía coger a cualquiera y dejarle en paz. Pero no, tenía que perseguirle hasta su maldita casa y hacerle aquello. Terrible, Dios le estaba jugando la peor pasada de su vida. Ni siquiera durante el accidente de coche de sus padres había pasado tanto miedo. Se vio así estampado contra una pared, pegando la mejilla contra la fría superficie de esta mientras el cálido cuerpo ajeno provocaba un violento contraste. Y entonces sí que pudo notar algo duro frotarse contra su cuerpo. Oh por todos los... le iban a violar. Tembló unos segundos, apoyando las manos contra la pared sin tener muy claro qué hacer. Ya no podía huir y no tenía nada con lo que defenderse de aquello. No sabía qué hacer aparte de intentar que doliera lo menos posible y desear que no le matase cuando terminara. Quizás era su única opción de salir con vida. —L-lo siento.... —Masculló aterrorizado cuando mencionó castigo y sus hermanos impartiéndolo. No llegó a procesar realmente esas palabras, pues su mente no estaba precisamente centrada en analizar cada maldito detalle de esta. Tan solo se fijaba en las cosas que le aterraban y le hacían querer huir lejos de aquel agarre infernal.— No volveré a hacer nada... —Aseguró rápidamente, esperando que no le fuera a golpear y, por Dios, estaba deseando despertar de aquella pesadilla. Arañó la pared sin darse cuenta al cerrar su mano, buscando un punto de apoyo más que sus temblorosas piernas, de las cuales se fiaba cada vez menos al verlas convertidas en pura gelatina. El botón de su pantalón fue desabrochado de nuevo, y esta vez no tuvo la suerte de evitar una mano exploradora tocándole sus partes íntimas. Unas partes que tan solo se tocaba para lavarse y, por lo general, evitaba el resto del tiempo si no tenía que hacer sus necesidades. Se mordió el labio inferior, frotando un poco su frente contra la pared para que el dolor le ayudase a ignorar el miedo y poder pensar mejor. —¿Y-y si no me lo paso bien...? ¿Te irás? —Preguntó, aunque dudaba seriamente que nada de eso fuera a suceder, sobre todo cuando el hombre comenzó a masturbarle. Fue como si le hubieran dado una descarga eléctrica y su cuerpo entero se quedó congelado mientras su corazón bombeaba sangre al lugar equivocado, justo entre sus dos piernas. Lloriqueó un poco, aunque esto tan solo quedó convertido en un pequeño gemido cuando él mismo notó el endurecimiento de la zona. Una sensación extraña que rara vez vivía y que le resultaba de lo más agradable en ese momento. Era la primera vez que de verdad quería llegar a un orgasmo y solo por un contacto tan primario como la mano de un desconocido.— A-ah... por favor... Aunque, si era sincero, ya no estaba seguro de por qué estaba suplicando. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN Una suave risa salió de los labios del demonio ante la ingenua pregunta del joven. ¿Irse? Por el momento, no era capaz de pensar en eso. Su mente se encontraba centrada en una única cosa: alimentarse de aquel monaguillo hasta que su hambre estuviera totalmente saciada. El resto... Simplemente no era importante, no en ese instante. Su mano fue cogiendo velocidad poco a poco, a medida que sentía que el pequeño se iba endureciendo entre sus dedos. La sensación, cálida y más que conocida, no logró sino excitarlo más todavía. De sus labios se escapó un suave gruñido, al tiempo que movía durante unos segundos las caderas contra él. Si de Jurian dependiera, lo haría suyo ahí mismo, en ese preciso instante. Sin embargo, no podía olvidar que su prioridad en aquel momento, era otra bien diferente. Luego ya tendría tiempo para hacer lo que quisiera con el otro pero, hasta entonces, su único objetivo era saciar su estado de inanición. — Uhm, no te preocupes por eso ahora —. Posó sus labios en cuello del menor, y luego fue dejando un reguero de besos húmedos por la línea ascendente hasta su mandícula. De vez en cuando, le proporcionaba suaves mordiscos que únicamente lograrían marcar su piel durante unas horas, pero que a la par sabían absolutamente deliciosos—. ¿Por favor? —. Rio suavemente—. Tranquilo, no te quedarás sin lo tuyo. Pero ah, ah, ah. No tan rápido. El joven debía ser totalmente inexperimentado en aquello, porque daba la sensación de que como siguiera masturbándole un solo segundo más, se iba a correr ahí en medio. Y no quería eso, desde luego que no. Sería un absoluto desperdicio. Por ello, sacó la mano de su ropa interior y cogió con ambas sus caderas, obligándole a dar media vuelta hasta quedar cara a cara con él. Podía ver en sus ojos el miedo, pero también pudo distinguir que sus pupilas se había dilatado. Estaba excitado, al fin. — Bien... Ahora, solo quédate quietecito, ¿uhm? —. Para asegurarse de que no le replicaba nada, cubrió sus labios con los de él y comenzó un beso lento, al mismo tiempo que bajaba ambas manos a sus nalgas y comenzaba a acariciarlas directamente sobre la piel, pero sin apretar ni hacerle daño. Ya le estaba cogiendo la medida al monaguillo: tenía que ser suave si quería conseguir de él cuanto quisiera. Su beso fue intenso, pero no agresivo como el primero que habían compartido. Acto seguido, bajó lentamente hasta colocarse de rodillas frente a él y subió su camisa para poder esparcir besos por su vientre, bajando poco a poco hacía su zona más sensible, pero sin llegar a tocarla con la boca todavía. Quería jugar un poco, solo un poco, por mucho que su fuero interno ya estuviera ardiendo por comerle. Sin embargo, la piel del pequeño era tan sumamente suave y agradable que sentía la necesidad de recrearse en ella... Hasta que no pudo más. Aquella vez, sí que bajó del todo a su entrepierna con sus besos y, sin ni siquiera pensarlo, sacó la punta de su lengua para lamer toda su longitud, hasta que por fin llegó al final y pudo introducirlo, muy lentamente, entre sus labios. Su mano derecha, que hasta entonces se había estado distrayendo con la nalga del menor, salió de su escondite para volver a acariciarle desde la base, mientras su boca se entretenía únicamente con el fin de él. Delicioso. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN La queja quedó ahogada entre sus labios apretados en un vago intento de Nathan de dejar de soltar aquellos humillantes sonidos. Sobre todo cuando la mano de Jurian fue adquiriendo velocidad y vio que pronto iba a terminar su tortura o, al menos, iba a llegar a su primer orgasmo en años. No tenía muy claro qué era lo que quería y cómo iba a ganarse que no le dieran la paliza de su vida para hundirle finalmente un cuchillo en el pecho, pero esperaba que el dejarle hacer todas esas cosas sirviera de algo en su favor. No quiso moverse por miedo a que le dijera algo o golpease, por lo que dejó que marcase y lamiera su cuello a placer. Trató con ello de ignorar el miedo que nuevamente se apoderaba de él, pero que igualmente comenzaba a quedar sepultado de forma creciente por una sensación que resultaba más bien desconocida en el joven. El placer y el deseo, sumados en lujuria, lo llevaron a comenzar a jadear sin poder aguantar ningún sonido más entre sus labios. Al menos hasta que el hombre paró. Y entonces, su boca hizo algo que ni él mismo esperaba: quejarse por haber perdido aquel contacto placentero. Se dejó girar, encarando al hombre mientras se planteaba el cómo suplicarle que siguiera haciendo lo de antes, no quería que le dejase a medias ahora que había empezado. Su cuerpo se estaba calentando, casi como si tuviera fiebre, y podía sentir cómo comenzaba a sudar a pesar de no estar haciendo ningún esfuerzo específico. —S-sí señor, no me moveré. —Murmuró, apenas pudiendo contener un ligero temblor en su mandíbula. Aún sus dientes castañeaban un poco por el miedo, pero por lo general, su cuerpo parecía deleitarse más con el placer que con cualquier otra cosa. Especialmente cuando el desconocido volvió a besarle, solo que de una forma totalmente distinta a la anterior. Esta vez se sentía un poco más seguro, a pesar de que le estaban metiendo mano por detrás y sobaban su trasero con descaro. Sin tener muy claro cómo, hizo un poco de presión en los labios ajenos, dando un paso hacia delante en un involuntario movimiento para alejarse de las manos que le sobaban el culo. Cuando se apartó, Nathan ya estaba totalmente sonrojado por la vergüenza y al borde de correrse, a pesar de que no le hubiese vuelto a tocar desde que estaba de cara a la pared. Movió sus manos nerviosamente, sin saber qué hacer con ellas ni con el resto de su cuerpo que no estaba en contacto con el del extraño. Nunca había hecho nada semejante y, aunque no parecía necesitar su ayuda, no se sentía cómodo sin hacer nada, ni siquiera poner un poco de esfuerzo en el asunto. Miró así al hombre, esperando que le diera alguna indicación de qué hacer, a pesar de que este parecía más entretenido en darle besos como si fuera su amante, en lugar de un completo desconocido al que violar. —No, no, no, no. Por favor ahí no. —Suplicó al notar el aliento del mayor sobre la punta de su miembro. En comparación con el frío aire, la calidez de la respiración de Jurian le hacía temblar y desear estar totalmente engullido por esta, y eso estaba mal. Muy mal. Finalmente supo donde poner sus manos, más bien en un acto reflejo cuando las llevó al cabello del otro y tiró suavemente de este. Aunque no en la dirección que hubiera esperado, pues su cuerpo actuó de nuevo solo y lo que trató fue de hundirle más, que dejase entrar más carne en su boca y le hiciera sentir por completo esa calidez. Movido por el placer, notó algo que hacía años que no sentía y que vino rápidamente acompañado por una serie de pequeños espasmos. Sus piernas temblaron mientras las lágrimas volvían a caer por sus mejillas, esta vez más por éxtasis que por otra cosa. Y, sin más, terminó en la mano del demonio tan pronto como había empezado. —L-lo siento... —Hipó en voz baja, apretando un poco las manos sobre los cabellos del demonio, pues temía caerse si no se agarraba a él. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN Ciertamente, Jurian había esperado que el otro durara un poco más. Valía que era demasiado evidente que era su primera vez pero, joder, ¿en serio? ¿Cuánto tiempo se la había estado chupando? ¿Veinte segundos? Aun así, no iba a decir que no a la que sería su ansiada comida, de modo que lamió cada pequeña gota de la esencia del otro, directamente de su miembro. Tal y como la iba saboreando, sentía la fuerza volver a él poco a poco. Y aquella vez de forma totalmente verdadera, nada de la pequeña liberación de sus lágrimas en la iglesia. Cuando ya no quedó nada que poder llevarse a la boca, dejó de nuevo un beso en su vientre y volvió a ponerse en pie, lamiéndose todavía los labios mientras quedaba de nuevo cara a cara con el joven. Una sonrisa un tanto irónica y burlona apareció en sus labios. En vistas de que estaba temblando como una hoja seca al viento, no dudó en rodearlo con sus brazos y juntarlo de nuevo firmemente contra la pared. Que se cayera al suelo, era de lo que poco que faltaba ya para añadirle patetismo a aquella situación. — ¿Tan poco habías jugado que te han matado tan rápido? —. Poco a poco, volvió a pegarse a su cuerpo, simplemente para que no olvidara que él todavía seguía teniendo una incómoda dureza dentro de sus pantalones —. No pasa nada, no tienes nada por lo que disculparte... A pesar de todo, ha sido dulce. ¿Lo bueno, si es corto, dos veces bueno? —. Se mofó durante unos segundos, aunque luego se acercó a sus labios y le dejó un suave beso en ellos. Sus manos volvieron a colarse por debajo de la camisa del menor, acariciando con intensidad sus caderas y su espalda. El tacto de su piel era un alivio para él, un placer que quería consumir. Y rápido. — Uhm —. Murmuró mientras dejaba pequeños mordiscos por su mandíbula. Su sabor le gustaba, era atractivo —. Me gustas —. Ronroneó suavemente —. Me gustas mucho. No conocía a nadie como tú desde hacía muchos, muchos años. Pero necesito más. Tú te has liberado —. Pegó con fuerza sus caderas a las del pequeño, frotando su erección contra él de forma más evidente que antes —. Yo no. Sin titubear un segundo, comenzó a subir la camisa ajena, dejando poco a poso tu torso al descubierto. Luego, tironeó de ella a la espera de que subiera los brazos y le permitiera quitársela. Esperaba que el monaguillo no fuera tan tonto como para negarse a aquello aunque, por la forma en la que estaba temblando y el miedo que irradiaba, dudaba que tuviera capacidad siquiera para eso. Le daba en cierto modo pena, así que ya encontraría alguna forma de hacer que se relajara de una maldita vez, como si comérsela no hubiera sido más que suficiente. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN Soltó un quejido al notar cómo le limpiaba, un tanto extraño el que se tomase tantas molestias cuando aquello sabía mal... al menos por lo que tenía entendido. Cerró los ojos unos segundos, tratando de normalizar la respiración y ver el lado objetivo de aquello. Sin embargo, este intento pronto se vio pasado por agua cuando notó que los labios ajenos se despegaban de su miembro. Los entreabrió, un tanto inseguro de lo que fuera a suceder. Y fue una extraña sensación la que lo embargó cuando los fuertes brazos del demonio le rodearon y mantuvieron de pie, pegado al cuerpo del otro. Y también le hicieron ser consciente de la erección palpitante bajo sus pantalones. Se sonrojó violentamente por las burlas a lo que había durado, sintiendo la tentación de quejarse y decirle que se equivocaba. A pesar de que tenía toda la razón, había aguantado poquísimo. Pero también era su primera vez, asustado e incapaz de pensar en otra cosa que en los labios de aquel hombre cerrándose sobre su pene de una forma deliciosa, que le erizaba el vello de los brazos y le ponía la piel de gallina. Prensó los labios, sin atreverse a responderle, aunque tampoco se le ocurría nada ingenioso con lo que poder trabajar en ese terreno. Lo mejor era guardar silencio. El sonrojo creció tan solo con las burlas que continuaron, provocando que además apartase la mirada, esquivando el beso suave que acabó cayendo sobre su mejilla en lugar de sus labios. No había sido a posta, realmente, tan solo había querido evitar seguir mirándole a la cara y esconder el pequeño puchero que se formaba. Aunque con la luz del apartamento tampoco es que fuera a ver demasiado de él. Se estremeció ante aquellos extraños "me gustas" que, por primera vez en su vida, oía en labios ajenos. Regresó la vista hacia él, claramente extrañado por ello. Aunque se sobresaltó cuando volvió a frotarse contra él, demostrándole que la erección no bajaba por mucho tiempo que pasase y no hicieran nada. —¿... cómo puedo ayudarte...? —Preguntó, tragándose el miedo a la respuesta y frunciendo ligeramente el ceño. Seguramente ese hombre se fuera tan pronto como aquello terminase. Así que mejor que sucediera rápido. Tan pronto como notó la camiseta subiéndose por su torso, levantó los brazos para que se la sacase. Era un acto-reflejo realmente, pues no había pretendido aquello y, tan pronto como se vio sin ella, se sintió algo más desprotegido. Sintió la necesidad de cubrirse con las manos, tocándose nerviosamente. Nunca le había gustado su cuerpo especialmente, pero la cosa había empeorado tras el accidente de coche, pues habían quedado algunas cicatrices sobre su piel. Sobre todo en su brazo izquierdo. —La cama está cerca... —Murmuró, esperando tener algún lugar donde poder esconderse de unos ojos que parecían ver en la oscuridad y a través de la ropa. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN —Tú sabes cómo ayudarme —. Respondió simplemente, con una voz melosa y dulce. Tanta inocencia, tanta vergüenza... Simplemente eran irresistibles para Jurian. La lujuria siempre estaba bien para saciarse, sin embargo, aquello era simplemente delicioso. Casi como un plato de alta cocina que solo se puede disfrutar en situaciones muy, muy puntuales. Por ello, Jurian no pudo evitar una sonrisa complacida escapando de sus labios cuando el joven, obediente, permitió que le quitara la camisa. A pesar de la oscuridad, ya sabía que algo no estaba bien con el chico. Incluso en la penumbra, era capaz de distinguir las cicatrices más llamativas. Aquello despertó su curiosidad, más que provocarle rechazo, de modo que quería verlas todas con más paciencia. Tal vez en algún lugar un poco más tranquilo. Y entonces llegó su proposición. No podía negar que el monaguillo era sumamente valiente de proponerle aquello, teniendo en cuenta que todavía temblaba débilmente a causa del miedo y de la adrenalina. Aun así, no pensaba rechazar tan dulce oferta de ningún modo. Sin decir nada al principio, cogió las caderas del joven hasta alzarlo del suelo, para luego hacer que rodeara su propia cintura con sus piernas. No pesaba demasiado, de modo que llevarlo hasta la habitación así, no era ningún problema. — Solo dime dónde está —. Susurró mientras afianzaba bien su agarre y lo separaba de la pared. Con aquello, prácticamente había quedado abrazado al pequeño, sintiendo el calor de su pecho desnudo calarle incluso por la propia ropa. Lo necesitaba. Lo necesitaba con tantísima urgencia que ni siquiera sabía cómo estaba siendo capaz de controlarse tanto. Probablemente, aquello se debía a que el monaguillo no se estaba rebelando contra él y a que tenía una actitud obediente, ergo no estaba colmando de ningún modo su paciencia. Sin esperar a que respondiera del todo, comenzó a guiarse por el pasillo a oscuras. No había demasiadas puertas en él, de modo que por eliminación, alguna de ellas tenía que ser el ansiado dormitorio. Mientras andaba, dejaba algún que otro beso por el cuello y por el hombro desnudo del otro, intentando por todos los medios que dejara de estar tan sumamente tenso. Aunque tampoco podía culparle: era su primera vez, con un completo desconocido que, al principio, prácticamente le había obligado a hacer aquello. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN Pegó un pequeño brinco al notar las manos que le agarraban por las caderas y le levantaban del suelo. Parecía que, en efecto, le había gustado la idea de que fueran a su cama. Abrazó por el cuello a Jurian tan pronto como este le alzó y le hizo también rodearle con las piernas, tratando de mantener el equilibrio y no caer estrepitosamente al suelo. Un quejido leve escapó de sus labios por unos segundos, aunque acabó por abrazarse más fuerte al extraño en busca de seguridad cuando su espalda se separó de la pared. El cuerpo cálido del hombre le hacía sentir extrañamente seguro, teniendo en cuenta todo lo que había sucedido hasta ese momento. —El pasillo... —Indicó, rodeando un poco más el cuello ajeno entre sus brazos y pegando su pecho al rostro de Jurian sin darse cuenta. A pesar de que era él quien se estaba haciendo una bola sobre el hombre, se sentía protegido cuando su piel se rozaba a la del otro. Como si fueran piezas de un puzzle encajando en su lugar correspondiente. Esperó pacientemente a que comenzase a caminar, cerrando los ojos para contar los pasos que estaba llevando a cabo. Tan pronto como llegaron al pasillo, agarró el marco de la puerta con una mano y tanteó un poco, tratando de habituarse y que el otro no le marease.— Más adelante hay una puerta... pásala de largo, es la siguiente a esa, a la izquierda. —Murmuró contra la oreja derecha del extraño.— La cama está girando a la derecha nada más entrar... Ni que decir que no era una cama muy grande, pues era individual y nunca se había planteado el dormir con nadie más. Sin embargo, sí que se le antojaba que ambos cabrían en ella aquella noche. Sin pensarlo demasiado, comenzó a pasarle la mano que antes había agarrado el marco de la puerta por el pelo, enredando los dedos en sus rizos. Le gustaba la textura suave que presentaba la cabeza de Jurian, al igual que la sensación de tranquilidad que aquel sencillo gesto le transmitía. Era extrañamente familiar. Aunque también era verdad que, si había algo que Nathan disfrutase haciendo con la gente, era tocarles el pelo. El resto de contacto físico prefería evitarlo, pero el cabello siempre era algo bienvenido. Siempre suave y, cuando la textura le hacía cosquillas, incluso mejor. Perdido en esos pensamientos y con los besos que le estaba dedicando Jurian, el cuerpo del joven monaguillo se permitió el lujo de comenzar a relajarse. O, más bien, derretirse ante su contacto. Así, para cuando llegaron a la habitación de Nathan, la tensión de sus músculos había desaparecido por completo y, en lugar de eso, era sencillamente una masa que se removía lentamente sobre el demonio, tratando de encontrar una postura cómoda sobre él. Una postura que le permitiera dormir, tal y como estaban pidiendo su cuerpo y ojos del joven, que cada vez se cerraban más y más. Hasta el punto de que dio una cabezada sobre el otro, respirando hondo y abrazándose más fuerte a él como si fuera un peluche. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON NATHAN Jurian se concentró en poder seguir correctamente las instrucciones del otro sin equivocarse de puerta. Allí no había demasiadas habitaciones, de modo que esperaba poder entrar en la buena a la primera. Sin embargo, no era sencillo concentrarse en lo que estaba haciendo con las manos del monaguillo acariciando su cabello una y otra vez. Donde antes había habido desesperación por poseerle y poder saciarse, ahora comenzaba a abrirse paso una extraña calma, la cual llegó incluso a hacerle olvidar el verdadero propósito por el que estaba allí. A lo largo de su vida, muchas personas habían sido las que lo habían acariciado de maneras muy diferentes, pero de forma tan sumamente lesiva para su conocimiento y cordura... Demasiado pocas. Al final, se las arregló para poder centrarse un poco y obedecer a lo que el joven le estaba diciendo. Por suerte para él, la primera puerta que abrió, fue la que tenía la cama en la esquina derecha. Jurian estuvo a punto de suspirar con alivio, pero finalmente consiguió contenerse y dirigirse en completo silencio hasta el mueble. Una vez allí, se inclinó cuidadosamente para dejar al pequeño sobre ella, de modo que su cabeza pudiera tocar la almohada directamente. Por la forma en la que respiraba, Jurian comprendió que se estaba quedando dormido. Definitivamente, alguien tenía que estar burlándose de él allí abajo, porque no era normal que todo lo que tenía en mente se fuera al garete con tanta facilidad. Y tampoco lo era que él estuviera dispuesto a aceptarlo con tanta naturalidad, como si quedar sin saciar no fuera tan importante como dejar que el otro descansara de una vez por todas. Joder. ¿Es que tan inútil era? Al final, se acabó sentando en el borde de la cama para quitarse los zapatos y dejarlos cuidadosamente colocados a los pies de la misma. Luego, hizo exactamente lo mismo con los del joven que, por lo quieto que estaba, era más que evidente que estaba más dormido que despierto. Jurian suspiró con cierta pesadez y acabó por tirar de las sábanas para librarlas del peso del monaguillo y poder arroparlo un poco con las mismas. Si permitía que se quedara sobado sin camiseta allí en medio, aún tendría que ver cómo al día siguiente iba moqueando por todos lados. Definitivamente, nada podía salirle bien al demonio. Al menos, esperaba haber encontrado un lugar en el que poder pasar la noche. Se quitó su propia camisa y se metió en la cama con el joven. Era jodidamente pequeña, pero al menos eso le daba una buena excusa para abrazarle y pegarlo a él todo lo que quisiera. Tendría que ir calmando un poco su mente si quería que la dureza de sus pantalones desapareciera de una vez por todas aunque, por el momento, no veía eso demasiado tangible. Con el ánimo de distraerse, rodeó al otro con uno de sus brazos y, con la mano libre, comenzó a dibujar patrones a lo largo de su espalda. De vez en cuando, se encontraba con el saliente de alguna que otra cicatriz, la cual se quedaba para inspeccionar con las yemas con un poco más de detenimiento. Al final, ni siquiera le había visto la cara. |
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IGLESIA | 02:24 AM | CON JURIAN El joven soltó un suspirito satisfecho cuando su cabeza tocó la cama y se removió hasta adquirir su posición usual en la cama, la más cómoda y perfecta para él desde que la había comprado. Sumido en sus sueños de persona más cerca de estar dormida que despierta, no se dio cuenta de que le quitaban los zapatos, ni tampoco que el desconocido se tumbaba junto a él en la cama. Tan solo fue consciente de que las sábanas cubrieron su cuerpo y un foco extra de calor se pegó a él, proporcionándole todo lo necesario para aquella fría noche, cargada de miedos e inseguridades. Si ya estaba adormilado de antes, con las suaves caricias en su espalda acabó roncando y enganchado como si de un molusco se tratase a Jurian. La cabeza del joven descansó felizmente en su pecho, tranquilo y acunado por los latidos del corazón del demonio. Unos reconfortantes latidos que sonaban humanos y relajados. Sin ser consciente en ningún momento de la erección que había dejado desatendida al caer dormido y que, en algún momento de la noche, se suavizó. No tuvo ningún sueño remarcable, salvo quizás una corta pesadilla en la que una figura oscura lo empotraba contra la pared y le hacía cosas que... bueno, realmente se arrepentía de haber pensado, incluso si era con su subconsciente. Porque no tenía sentido tener semejante deseo carnal por alguien que no conocía y que encima le estaba forzando a algo que nunca había probado previamente. La fruta prohibida y el pecado de hacerlo con alguien del mismo sexo sin el objetivo de procrear. El Padre llevaría los brazos al cielo si pudiera estar en su cabeza en aquellos instantes. Porque de verdad había disfrutado cada segundo del sueño. El último sueño, antes de que el despertador programado a las malditas seis y media de la mañana comenzase a sonar. Sobresaltado y habiendo apenas dormido tres horas, Nathan abrió los ojos y golpeó el monstruo condenado que intentaba alejarle de aquella preciosidad de sueño que apenas recordaba pero le había proporcionado una dureza en la entrepierna que no esperaba encontrar. Tras aquel gesto de desprecio hacia el reloj de la mesita de noche, giró de nuevo en la cama, acurrucándose contra el cuerpo que dormía aún pacíficamente. Espera. ¿Qué? Abrió los ojos, sobresaltado. No había sido un sueño entonces lo de la noche anterior. De verdad le habían estampado y le habían hecho sentir como nunca antes en su vida. El cansancio anterior ya no existía, pues su única preocupación era la maldita persona que había en su maldita cama, respirando el mismo maldito aire que él y durmiendo pacíficamente el muy maldito. Entreabrió la boca y la volvió a cerrar varias veces, como si fuera un pez sacado del agua. Aquello estaba soberanamente mal. Sin calcular el espacio que había libre en la cama, se echó hacia atrás para intentar alejarse de Jurian, provocando una estrepitosa caída al suelo, seguidamente acompañada de un profundo quejido de dolor. Su culo se iba a quedar bien rojo después de aquello. Aunque le aliviaba notar que el único dolor que sentía en él era por la caída. No habían llegado a... la noche anterior. —Maldita sea, maldita sea, maldita sea. —Murmuró, rodando por el suelo para alejarse de la cama en la medida de lo posible. Ahora que la luz comenzaba a filtrarse a través de la ventana de la habitación, Nathan fue capaz de apreciar mejor el rostro del hombre que le había asaltado la noche anterior. Y, lo peor, pudo comprobar que estaba despierto en aquellos instantes, mirándole. |
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II. Vocem virtutis
APARTAMENTO | 06:30 AM | CON NATHAN El infernal sonido del despertador ya había comenzado a molestar a Jurian. Sin embargo, lo que acabó por incordiarle de verdad fueron los movimientos a su lado y luego el golpe que se oyó cuando el foco de calor de la cama lo abandonó. Parecía ser que había llegado el momento de abrir los ojos y enfrentarse a la realidad. Una realidad que, para ser sincero, todavía no conocía del todo bien. La noche anterior, al final, había sido un completo desastre pero, al menos, no había dormido en la calle. Además, tenía que reconocer que había dormido bien. Lo cierto era que, como demonio, no le era indispensable descansar tanto como lo hacían los humanos pero, aun así, había agradecido la comodidad de aquel colchón después de días viajando como un maldito forajido por medio mundo. Con un suspiro cansino, se alzó en la cama y se acercó al borde por el que sabía que se había caído el crío. Su intención era tenderle la mano y ayudarle a levantarse, sin embargo, su brazo se quedó a mitad camino, congelado, cuando sus ojos se toparon con los rasgos del menor. Aquello no podía ser real. El rostro de Jurian se descompuso al instante, en una mueca a mitad camino entre la sorpresa y el horror. ¿Es que no había tenido suficiente mala suerte la noche anterior? No, parecía ser que el destino aún le tenía reservado más. Al principio quiso creer que se trataba de una ilusión, pero en el fondo de su corazón sabía que no era así. Conocía de sobra qué era lo que estaba viendo, y que aquello no era un espejismo. — ¿Lar...? —. Se cortó al instante y parpadeó un par de veces, pensándoselo mejor —. ¿Nathan? Recordaba perfectamente que el otro no le había llegado a decir su nombre. Sin embargo, las sílabas salieron de su boca solas, sin que su cerebro realmente las hubiera puesto allí. No lo pudo evitar. Simplemente, no lo pudo evitar. Con la mano que todavía tenía en el aire, se acercó hasta el rostro del chico para poder acariciarle. Pasó las yemas de sus dedos por su mandíbula, y luego las subió lentamente hasta su deshecho cabello. Después, las pasó por uno de sus pómulos, como si estuviera leyendo en braille, queriendo asegurarse de que aquello de verdad estaba allí... De que de verdad no iba a esfumarse por tercera vez en su vida. |
Última edición por Novocaine el Dom 27 Mar - 19:00, editado 1 vez
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Casa de Nathan | 06:30 AM | CON Jurian Algo no estaba bien, claramente. No tenía ni idea de qué estaba pasando por la cabeza del demonio, pero parecía como si acabase de ver un fantasma y era terrorífico, pues no parecía encontrarse frente a él en esos instantes, sino que estaba luchando con su propio pasado. Un triste reflejo de lo que tuvo que ser bonito en algún momento. Se incorporó en el suelo, tensándose al escuchar su nombre en aquellos labios. ¿Cómo lo sabía? No recordaba habérselo dicho en ningún momento. De hecho, todo lo que recordaba haber hablado eran súplicas, ya fuera porque parase o por ir a su casa o porque le llevase a la cama. Pero nunca había dicho nada, ni siquiera sabía quién era ese hombre. Así que no tenía ninguna razón para conocer el suyo. Sintió la tentación de huir, alejarse de esa mano que se acercaba a su cabeza lenta pero inexorablemente. Sintió de nuevo el miedo del día anterior, como si fueran a darle una paliza que lo iba a dejar paralítico por el resto de su existencia. Así pues, cerró los ojos a la espera de un golpe que nunca llegó. Cuando entreabrió los ojos, la mano estaba explorando su rostro, como si no terminase de creer en lo que sus ojos mostraban y necesitase un apoyo para comprobar que aquello era real. El hombre parecía tan perdido que olvidó por completo que había sacado su nombre de la chistera. Tomó con cuidado la mano de Jurian y la acarició lentamente antes de apartarla de su cara, pues aunque sabía que lo que el hombre buscaba era consuelo, no se sentía cómodo con aquella experiencia. Subió de nuevo a la cama y rodeó con cuidado los hombros del moreno, acercándole a su pecho mientras le acariciaba el pelo lentamente. No creía que fuera a ser un contacto físico bienvenido, pero parecía necesitar consuelo con urgencia. No tenía muy claro qué acababa de pasar, pero no le gustaba esa expresión. —Lo siento. Pero sea lo que sea... no soy esa persona. No te conozco de nada. —Murmuró, apretándole un poco más. Sentía que todo lo que estaba diciendo era erróneo, pero no podía callarse y dejar que aquello pasase. Estaba mal dejarle en su error.— Lo siento de verdad. Aunque... qué extraña coincidencia si tenemos el mismo nombre y cara. —Comentó dejando escapar una risa sin humor, sencillamente por intentar que el otro se relajara.— Supongo que ahora puedo creer en los Doppelgängers. —Siguió pasando una mano lentamente por los cabellos de Jurian, masajeando lentamente su cuero cabelludo antes de soltarle y apartarse. Sonrió abiertamente y se levantó de la cama.— Parece que ya no tienes fiebre e imagino que tendrás hambre, así que voy a preparar el desayuno. Espero que luego me digas quién eres y eso. Con esto, salió apresuradamente de la habitación y se dirigió al cuarto de baño. Tenía que aliviarse primero y luego prepararía algo de comer. Un retortijó en el estómago le paró frente al espejo, haciendo que mirase su reflejo un par de segundos más de lo que acostumbraba a hacer. ¿Qué habría visto en su cara que le había dolido tanto? |
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APARTAMENTO | 06:30 AM | CON NATHAN Por qué. Simplemente. Por qué. Ni siquiera habían pasado veinte años desde que tuviera que darle el último adiós al amor de su vida, y ahora el destino se ensañaba con él de aquella manera tan sumamente cruel, poniéndole delante a un hombre que era su maldita reencarnación. Al menos físicamente, claro. De entre tantos humanos sobre la faz de la Tierra, había tenido que ir a dar con el que se había empeñado en imitar a Nathan. A su Nathan. Y aún encima había cometido el estúpido error de llamarlo así. Seguramente, el chico se espantaría, lo tomaría por un maldito lunático y lo echaría de su jodida casa tan rápido como un rayo. Sin embargo, su sufrimiento no había acabado ahí. No. Se tenía que alargar más, y aún encima de la forma más dolorosa posible. Jurian sabía que tendría que haber huido de aquellos brazos, que no era justo que tomara algo que no era suyo. Pero, simplemente, no fue capaz de decir que no. No tuvo la valentía de renunciar a algo que llevaba anhelando dos décadas, aunque no fuera más que una ponzoñosa ilusión. El demonio acabó por hundir su rostro en el pecho del joven, disfrutando por unos segundos de la mentira. Se sentía tan bien allí, era tan reparador el tacto de sus dedos sobre su cabello... Que estuvo a punto incluso de desconectar de la realidad, de cerrar sus ojos y sus oídos a todo lo que le rodeaba y simplemente dar rienda suelta a lo que su piel era capaz de percibir. Sin embargo, todas sus alarmas comenzaron a sonar a la vez cuando el pequeño dijo que se llamaba Nathan. No. Aquello no era posible. No era tangible a no ser que... ¿De verdad habría tenido éxito su plan? ¿De verdad había sido capaz de salvar el alma de Nathan y traerla de nuevo al mundo de los vivos? ¿¡En serio había sido tan inútil de perderla durante tantos años!? Su mente comenzó a ser un bullicio de ideas, de maquinaciones, de suposiciones. Algunas tenían sentido. Otras simplemente eran producto de la desesperación. El caso era que, fuera como fuere, estaba allí: tenía delante a un tipo que era el vivo reflejo de su amante y acababa de reconocer que incluso compartía el nombre con él. Quería decir algo, preguntarle acerca de... De muchas cosas, en realidad. Allí no estaba su Nathan. Al menos no de manera visible. Pero al mismo tiempo, era una maldita evidencia que había alguna correlación entre aquel estúpido y mojigato monaguillo con el que había sido el señor de los de su especie. Si tan solo pudiera demostrarlo. Si tan solo encontrase una prueba de que allí dentro estaba atrapado Larimon... Cuando se quedó solo, se puso de nuevo su camisa y sus zapatos. No sabía demasiado bien qué hacer a partir de aquel momento. ¿Quedarse e interrogar al chico? ¿Quedarse y hacerse el loco? ¿Marcharse mientras aún se podía librar de una denuncia por violación? A saber. Por el momento, lo único que hizo fue salir al pasillo por el que la noche anterior se había movido a oscuras. Ahora entendía el por qué... De todo, básicamente. |
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Casa de Nathan | 06:30 AM | CON Jurian Después de soltar la meada más larga e intensa de toda su existencia, Nathan se inclinó sobre el lavabo y dejó que el agua cayera por su coronilla, mojándole todo el pelo y la cara. Luego iba a ducharse igualmente, pero necesitaba espabilarse antes de enfrentar al hombre que había dejado entrar en su casa y que, al parecer, había perdido a alguien que era exactamente igual que él. Un poco trágico, pero lo que más le molestaba era el hecho de que sentía ¿celos?, sí, celos de que le estuviera pudiendo comparar con esa persona. Se miró una última vez en el espejo antes de salir, notando algo extraño en su reflejo. Un brillo en sus ojos que nunca antes había visto. O sencillamente un reflejo de la luz que entraba por la ventana. Sin darle mayor importancia, abrió la puerta del baño y salió de este, encontrándose directamente con Jurian. Parecía confuso todavía, perdido casi. Una parte de él estaba sufriendo al verlo así, a pesar de que era un completo extraño. No quería que se fuera. Comprendió aquello cuando lo vio vestido y se le pasó por la cabeza que pretendiera irse. No quería que hiciera eso, que le dejase atrás. El pánico se adueñó de él unos segundos, a pesar de que no había motivo para ello.— Jurian... no me dejes... —Llamó en voz baja a modo de protesta, aunque luego cerró la boca de golpe, como si aquellas palabras hubieran salido de forma involuntaria de sus labios. ¿De dónde había salido ese nombre? No le sonaba de nada. Abrió mucho los ojos y se cubrió los labios con una mano, comenzando a temblar lentamente. No temía que el desconocido le pegase, ya no. Pero no quería que se pensase lo que no era por llamarle por un nombre que no era suyo. Diablos, ni siquiera conocía a ningún Jurian. No era un nombre normal, ni mucho menos. El sentido para que estuviera en su cabeza y haberlo dicho era nulo.— L-lo siento muchísimo. Soy tan tonto... no sé por qué te he llamado así. Lo siento de verdad. —Dijo rápidamente, alejándose varios pasos para huir hacia la cocina y esconderse ahí. Estaba claro que no le había servido de mucho el echarse agua, puesto a que la había vuelto a liar. Y esta vez no había excusa para ello. Se pasó una mano por el pelo nerviosamente, indeciso sobre qué hacer. Ya se había disculpado, así que no tenía ningún sentido seguir culpándose más por ello. Solo espero que no se vaya. Pensó intranquilo, sacando la leche del frigorífico y echándola en dos vasos antes de meterlos en el microondas. Ni siquiera sabía si al otro le gustaba o iba a tener hambre, pero no estaba de más intentar agasajarlo de cualquier forma para que se quedase el mayor tiempo posible a su lado. Se dio cuenta de una cosa nuevamente cuando se comenzó a tocar las cicatrices del brazo izquierdo, un hecho que le aterró: haría lo que fuera necesario solo por poder abrazarle de nuevo. |
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Re: → Libera nos a malo, amen [R-18]
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APARTAMENTO | 06:30 AM | CON NATHAN Todavía estaba perdido por aquel pasillo cuando, para su alivio, volvió a ver a Nathan. Tenía que pedirle perdón. O darle alguna explicación. O decirle que... Él que sabía. Cualquier excusa. Acerca de lo que había pasado anoche. Acerca de lo que acababa de pasar ahora. Acerca de... Todo. Lo que fuera. Iba a abrir la boca, aunque ni siquiera sabía qué iba a decir, cuando las palabras del joven le impactaron como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. ¿Cómo...? Se quedó por un momento en blanco, mirándole fijamente como si hubiera visto un fantasma. Ahora todo estaba claro. Tenía que estarlo. Él tenía la seguridad de que Nathan no le había dicho su nombre, y por el comportamiento del otro, era evidente que también sabía que él no le había dicho el suyo. Y, sin embargo, lo conocía. La palabra había salido de sus labios natural. Como la hubiera dicho el propio Nathan. Porque él era Nathan. Ahora ya no quedaba una sola duda al respecto. ¿El cómo había pasado aquello? Tendría que investigarlo, pero no era el momento. No todavía. Lo que importaba en aquel instante era pensar una manera inmediata de poder quedarse junto a él. Aunque, en el fondo, parecía evidente que no iba a tener que hacer mucho esfuerzo por convencerle. Porque se lo había suplicado. No pudo hacer nada en un buen rato. Simplemente dejó que se marchara y se encerrara en la cocina. En ese momento, era bastante evidente que era lo que los dos necesitaban: unos minutos para poner en orden sus pensamientos. Unos momentos en los que poder ambos ordenar sus incoherentes sentimientos. Sin embargo, cuando la tensión de la soledad se hizo evidente, a Jurian no le quedó más remedio que apelar a su valentía e ir a buscarle. Ahora que se hallaba un poco, simplemente un poco más calmado, tendría que intentar normalizar aquello por todos los medios. — Eh —. Le sonrió suavemente en cuanto entró en aquella habitación —. Me preguntaste mi nombre anoche, cuando estabas a punto de dormirte. ¿No lo recuerdas? —. A pesar de los nervios, la mentira salió fluida de su boca, tan natural como una verdad entera —. Y tú me dijiste el tuyo, para cuando despertaras —. Hizo una breve pausa. Acto seguido, dio un par de pasos hacia él hasta que quedó a escasos centímetros de su rostro —. Te pareces a alguien, es todo—. Jurian alzó su mano derecha para acariciar el rostro del joven de nuevo. Le gustaba sentir su piel bajo sus dedos, incluso ver la inocencia totalmente desconocida para él en sus ojos— Puedo buscar una pensión o algo, si es lo que prefieres. Lo siento, supongo. |
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Casa de Nathan | 06:30 AM | CON Jurian Al escuchar la voz de Jurian se sobresaltó, estando a punto de tirar las tazas recién calentadas al suelo. Las dejó sobre la encimera, tratando de calmar a su acelerado corazón. No pasaba nada, tan solo estaba a punto de recibir una bronca por haberle dicho aquello, seguro. Pero al menos ya tenía algo muy claro: ese hombre no le iba a hacer daño. Ahora que lo pensaba, ese temor debería seguir presente por si acaso, después de todo era un hombre totalmente nuevo en su casa, que se había auto invitado la noche anterior. Lo observó unos instantes y luego asintió, desviando la mirada con un ligero rubor en las mejillas. Siempre había sido un crío de sonrojo fácil, cosa que en esos instantes maldecía con todo su corazón. Le estaba poniendo a huevo las burlas al hombre. Sin embargo, sí que parecía que de verdad se llamaba Jurian y no se había molestado por su comentario... o más bien, petición de que se quedase a su lado. No recordaba el momento en el que supuestamente se habían presentado para el día siguiente, pero la noche anterior había estado agotado, por lo que no terminaba de extrañarle que pudiera haberlo olvidado. Hizo un esfuerzo para intentar recuperar trozos de la noche anterior mientras le acercaba una taza al mayor, sonriendo débilemente. Se sentía examinado por aquellos ojos claros, como si tratasen de ver algo más en él aparte del parecido con su amigo. —Siento tu pérdida. —Dijo con sinceridad, inclinando un poco la cara para que el contacto y las caricias no parasen. Comenzaba a apreciar los momentos en los que su piel hacía contacto con la de Jurian. Era suave al tacto a pesar de que parecían manos que habían vivido más de lo que pudiera imaginar.— Siento haberte despertado de esa manera, no estoy... precisamente acostumbrado a tener gente en mi cama. Sin embargo, no tienes por qué irte. No parece que tengas dinero y el sofá del salón que hay junto a la entrada es en realidad un sofá-cama. Nunca he recibido quejas de él... no me molesta que duermas ahí... el tiempo que vayas a estar por el pueblo. Era precipitado, lo sabía; pero no quería ni imaginarse lo apagada que se iba a quedar su vida cuando Jurian se fuera. Cuando se fuera un hombre que hacía veinticuatro horas ni siquiera conocía su existencia. Y, sin embargo, no podía evitar sentir cierta atracción hacia él. Era casi mágico. Hablando de mágico... —Ah... anoche te confundí con un vampiro... oh Dios... lo siento muchísimo. —Masculló, frotándose los ojos sin mucha fuerza, realmente agotado. No podía creerse que le hubiera dicho aquello al pobre hombre.— No tiendo a pensar mucho lo que digo cuando tengo sueño. —Se excusó en voz baja, tomando su taza para ir a una mesita que había prácticamente junto a la encimera. Tomó asiento en una de las dos sillas y bostezó.— ¿Por qué estás aquí? |
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