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Love lasts 75 years, if you're lucky

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Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Nyadeh el Miér 20 Abr - 15:01


You don't want to be around when it's gone
Crackship: The X-Files — Post Season 9 — 1x1

O la metafísica de los finales.
Fundamento, conclusión y la tercera ley de Newton en su máximo esplendor. Pinceladas de pintura abstracta improbables de indagar, de luz imperfecta y parcial que nunca alumbra por entero el retrato de la causalidad.

El tiempo no es una recta delineada en un mapa al alcance del mundo, el tiempo es una circunferencia cerrada que en ocasiones tiene órbita propia. El horizonte es oscuro, y húmedo —y difuso, en especial difuso—. Y la nostalgia huele a polvo de carretera.

A lo mejor, bienaventurada ironía, han dejado de perseguir monstruos para ser perseguidos por ellos. O a lo mejor, no hay más espectros allí que sus reflejos. Y el quizás de la esperanza se hace añicos, un millar de esquirlas que se confunden con las estrellas.

Fox W. Mulder
Ex agente del FBI — David Duchovny — Nyadeh
Dana K. Scully
Ex agente del FBI — Gillian Anderson — Hellcat

Cronología
1. There's such difference — Lunes; 18 de Septiembre. 2002
Hellcat


Última edición por Nyadeh el Sáb 23 Abr - 18:12, editado 1 vez


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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Hellcat el Sáb 23 Abr - 1:11




1.. There's such difference.
Los mechones pelirrojos se pegaban a sus mejillas escapando de la gomilla que recogía el resto de su melena. Ahora podía llamarlo así, el tiempo había hecho crecer las hebras de su cabello de fuego y, a falta de tiempo para dejarse caer por una peluquería, sí había dejado caer las puntas rojizas más allá de la línea de su nuca. No era estética, era simplemente necesidad. La necesidad de un espíritu que no dejaba de correr, de un alma que parecía condenada a arrastrar el peso de sus perseguidores y a contar, día tras día, los postes de la luz de absolutamente todas las carreteras de Estados Unidos. Las carreteras, cruel dragón de asfalto cada día más tedioso, comenzaban a parecer eternas y, a la vez, con un punto y final. Era imposible seguir corriendo con la esperanza de jamás encontrar el fin del mundo.

Cuatro meses. Demasiados, o muy pocos. Demasiados sobre sus hombros con cada gota de agua que resbalaba por la curvatura de su mandíbula y caía con aplomo sobre su clavícula, colándose bajo la empapada blusa y chaqueta. Tiritaba como uno de esos perros enanos y sin pelo pasados por agua, los dientes castañeando sin ritmo armonioso. Era solo el frío, la humedad pegándose a sus huesos como si quisieran consumirla. Su tamaño habitualmente reducido, ahora, doblegado en un intento de mantener un calor que se escapaba de sus labios temblorosos con cada nueva respiración. El humo blanco sin cigarro alguno ascendiendo lentamente hacia el cielo nublado.

El cartel de rosa neón palpitando contra sus pupilas, la poca sutilidad del título que se dibujaba en el pecho de una mujer de dudosas proporciones rezando: Paradise. Scully pudo jurar que aquello era de todo menos un paraíso. Un puñado de habitaciones conectadas por un solo pasillo a la intemperie, una pequeña caseta al principio que hacía las veces de recepción y fin. Un par de coches aparcados, entre los cuales, no estaba el suyo. Y había sido completamente culpa de Mulder, quizás no pero el frío y el cansancio hablaban por ella.

Gira a la izquierda en el cruce. Izquierda, le había dicho pero la derecha había parecido una mejor opción y el resultado había sido perderse y quedarse sin gasolina. La suerte había sido estar relativamente cerca de aquel pueblecito y el motel, la mala suerte había llegado con las típicas palabras de una mala comedia ¿Qué más puede ir mal? La lluvia. El dichoso diluvio universal que había caído sobre sus cabezas. Aventura que antaño la habría hecho reír, disfrutar de cada gota de inocencia acariciando sus mejillas ahora solo enardecía su mal carácter. La inocencia se había perdido, rota y apartado como un juguete viejo, la diversión se había olvidado y solo el miedo había prevalecido.

Necesito una ducha—Y dicho esto arrasó. Simplemente atravesó el umbral de la puerta incluso antes de que Mulder terminase de sacar la llave de la cerradura, despreocupada y avasalladora solo podía pensar en el agua caliente y en meterse en la cama. Pensar en olvidar demasiadas cosas que no podía borrar, cosas que había pensado que jamás querría cambiar pero el tiempo estaba dando una respuesta muy diferente.
Lunes; 18 de Septiembre — Hanover; Maine — Motel Paradise — Noche.




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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Nyadeh el Dom 24 Abr - 19:25




1.. There's such difference.


El mundo no acabó aquel año. Ni el siguiente. Tampoco el siguiente. El mundo era una calzada de badenes no señalizados y raíces de arboleda frondosa que no conocía las fronteras que el ser humano, ávido de hacer suya toda superficie a su alrededor, le había marcado. El mundo era una progresión de páramos desolados y sol abrasador, nada más que el silbido reptil entre cactus desalentadores de vasto arenal. Carreteras secundarias y hospedajes que ningún atlas mostraría. Aroma de carburante devaluado y madera de pino pendiente en el retrovisor. Asfixiante e irrespirable; solo un poco menos que la certidumbre de haber atravesado el país de Georgia a Washington, al menos tres veces, sin tregua.

«Sé lo que estoy haciendo». Los dedos sobre el volante desgastado y la mirada terminante en la ilimitada lejanía del horizonte rozando el asfalto, procurando simular que no leía los letreros, ni numeraba los kilómetros, ni estudiaba los mapas cuando la imaginaba adormecida. No lo sabía, ya no. Por cuanto tiempo más, cuando y donde cesaría, qué habría al final. Ni siquiera sabía, en aquellos días, si lo afirmaba con tal asiduidad por reconfortarla o por alentarse a sí mismo.

Ella no le creía, no como solía hacerlo. Pestañeaba, los ojos espontáneamente más azules tras las pestañas y enmudecía. Y él agradecía la decencia del mutismo, pese al vacío abisal y casi inviable de tolerar, de la infinidad entre ellos. No habían necesitado más que la cadencia armónica de las inspiraciones monocordes para colmar el reposo de sus alegatos infatigables entonces, sin embargo ambos parecían ahora buscar la acertada frecuencia de la radio con el mismo anhelo de suplir el insultante silencio. Tesitura menos acogedora, menos esperanzadora y ligeramente más cruel.

El llavero le temblaba entre los dedos al impulsar la puerta encajada en la madera del marco a causa de la dilatación, del mismo modo que ella temblaba hasta los huesos y quería acercarla a él, ceñida contra su torso y tratar de brindarle algo de calor; no del apaciguador, pese a ser el tipo que los dos necesitaban. Quería declarar que todavía resultaba deslumbrante, aún con el cabello largo enmarañado y polvo de camino desluciendo su ropa, aún bañada por la lluvia cenicienta y con la luz de neón emitiendo contornos sombreados sobre su rostro y la curvatura de su cuello. Interrogar si hubiera preferido volver a los inicios; dos llaves, dos habitaciones y un estrecho corredor en medio.

Tan solo alcanzó a acariciar las hebras extendidas por debajo de los hombros y tal vez, tal vez fuera mejor así. —Scully. —Degustó la sensación de su nombre en la boca, igual que siempre, vocal sutilmente más prolongada y ele en el paladar. Un centenar de connotaciones inaudibles para el resto del mundo. Y ahí estaba, el amargor de la zona posterior de la lengua. Podrías regresar, si quisieras. Podía, esa era la verdad —remota y descarnada compañera—. Ella no se encontraba obligada a ausentarse, a escapar a ninguna parte. Podía tener una vida, podía volver a casa.

Aleación de inquietud, pues parecía innegable que pudiera hacer aquello sin ella y acritud, porque creía presentir que una fracción —o más— de ella, lo deseaba. Regresar.

No gastes todo el agua caliente. —Era a lo que acostumbraban. A deambular alrededor del problema sin traspasarlo.  
Lunes; 18 de Septiembre — Hanover; Maine — Motel Paradise — Noche.


Última edición por Nyadeh el Lun 25 Abr - 13:26, editado 1 vez


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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Hellcat el Dom 24 Abr - 23:52




1.. There's such difference.
La bolsa de viaje aterrizó rápidamente sobre la maltrecha cama de matrimonio y sus vísceras fueron abiertas por las rápidas manos de la ex agente. Neceser en mano y una vieja camiseta del equipo favorito de Mulder fue lo único que necesitó. Irónico que solo quisiera una ducha y, entre las cosas esenciales, como una pieza constante de aquello que era ahora incapaz de ver una parte de él. Las palabras anudadas en sus cuerdas vocales se limitó a asentir con sequedad, el movimiento cortante de su mentón y la mirada esquiva, cansada. El peso del mundo sobre sus hombros y las gotas de lluvia explayándose contra la moqueta del suelo, un camino de lágrimas no derramadas hasta la puerta del baño.

Meses atrás, Scully habría desabrochado su blusa allí misma. Se la había lanzado con una pícara sonrisa a Mulder directamente a la cabeza y con una risotada habría corrido al interior del baño, fingiendo huir de sus dedos y brazos. Un juego en sí mismo, una invitación que no tenía que hacer necesariamente porque Mulder siempre era bienvenido. Siempre había sido bienvenido. No fue el caso. La puerta se cerró con aplomo cortando las alas de la esperanza, de los juegos y la complicidad que durante años habían tenido. No había dejado de quererlo ni por un instante, su corazón seguía latiendo con las seis letras de su nombre pero estaba tan cansada. Agotada, que aquel corazón bien podría dejar de latir de una vez.

El agua caliente contra su espalda relajó sus músculos agarrotados por el frío, le recordó lo mucho que echaba de menos los dedos de Mulder sobre su piel y cedió a la presión. Las manos contra las frías losas y la cabeza gacha entre sus hombros. No te rindas Dana se dijo a sí misma. El mismo mantra que llevaba repitiéndose sin cesar las últimas semanas. Cada vez que cambiaban de motel, cada vez que oía el llanto de un bebé, cada vez que pasaban frente a un hospital o cada vez que una comisaría aparecía ante sus ojos. Había perdido tantas cosas, tantas que pensar en perder también a Mulder no sabía si la aliviaba o la hundía aún más.

El tiempo se desdibujó bajo aquella ducha, vagamente recordó que debía dejar agua caliente y cerró el frigo teniendo que pasarse inmediatamente el dorso de la mano por sus mejillas. No sabía en qué momento había empezado a llorar, ni siquiera sabía por qué estaba llorando exactamente. Por todo y por nada, por lo que era, lo que fue y lo que pudo haber sido. No te rindas Dana se repitió de nuevo pasando los dedos por la cruz que reposaba contra su piel.

Más relajada, pero igual de agotada, abandonó el baño con el cabello húmedo y los Knicks sobre su pecho—Si te duchas rápido tendrás suficiente agua—Anunció sin mirarle. Una autómata que se dedicaba a extender con cuidado su ropa mojada en una de las sillas de la habitación.
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Nyadeh el Lun 25 Abr - 16:10




1.. There's such difference.


El mundo no acabó aquel año y la perspectiva panorámica —360º de la bóveda del firmamento— de un renovado milenio no era más que una ínfima promesa ilusoria. Lo supo, como un decreto certificado, ante el eco amplificado de la puerta clausurada a su espalda y en los últimos tiempos, todo lo que osaba quebrar el silencio, hería un poco más. Más que esa bruma de resentimiento ingrávido que parecía infestar inclusive los pulmones, con cada exhalación de brisa adulterada al otro lado de la calzada. Al menos, seguían vivos. Pero ni siquiera esa certeza era bálsamo suficiente, hacía semanas que no.

Todavía los nudillos cadavéricos de oprimir el volante, vehemencia desmedida, los envases de hojalata de combustible barato, las bolsas de viaje donde toda una vida se hallaba empaquetada y en ocasiones, solo en ocasiones, los hombros de Scully, cuando se aventuraba a tocarla pese a que los segundos sobre su piel ardieran, la mayor parte del tiempo. Un trazo más en el mapa extendido en la superficie de la mesa de noche, azul sombrío, líneas y líneas de diversos colores que anexionaban ubicaciones a lo largo de cada estado, evidencia manifiesta de haberlos atravesado todos. Maine. Si mostrara interés por la ficción, más allá de la animosidad por convertir lo que había sido su única vida en un mito improbable, podría haber malgastado una noche más en indagar la verdadera figuración de los relatos de King. Si tuvieran tiempo y un automóvil que no debieran cambiar de cuando en cuando. Si sus nombres fueran algo más que recónditas cicatrices, si no se vieran forzados a emplear uno nuevo en cada localidad. Con algo menos de ansiedad oprimiendo las costillas.

Los pasos descalzos en la misma estancia le inquietaron más de lo que deberían, la aleación del aspa que gravitaba alrededor de su cuello reflectaba la iluminación de los faros de un vehículo estacionado fuera y aunque no hubiera sido capaz de atisbar la irritación enrojecida de las lindes de sus ojos, hubiese advertido la estela de las lágrimas sembradas.

Había dejado de cuestionar cómo se encontraba porque su respuesta, nunca mutaba. Bien, estaba bien. Matiz uniforme en la voz y afán de rehuir la mirada. Una década a su lado le había forzado a comprender más allá.

Con todo, aún no toleraba verla —hacerle— llorar.

Obstaculizó su tarea, insoportablemente mecánica y distante, sellando los dedos alrededor de sus muñecas. La piel desprendía calidez pero sus manos todavía estaban frías e instintivo, la apresó con mayor intensidad buscando la consonancia en la escala de temperatura, las yemas sobre su pulso ligero.

Los brazos por detrás de su espalda y las manos cercando la cintura ceñida, aproximándola a él. Parecía demasiado menuda para el mundo, pero sabía que no lo era, que resistía más de lo que cualquiera pudiese predecir. —No importa. —La escasez de agua caliente, la enmohecida moqueta de esa habitación, el temporal incontenible tras los cristales. Palidecían bajo la nítida evidencia de todo lo que habían perdido. Mucho más que nueve inofensivos minutos.
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Hellcat el Lun 25 Abr - 20:54




1.. There's such difference.
Concentrada en la trivialidad de acomodar la ropa sin arrugas, de extender la tela con la yema de sus dedos como si fuese el asunto más importante sobre la Tierra. La única forma de centrar su mente, de olvidar los oscuros días pasados y la amenaza constante que pisaba sus talones y acortaba sus respiraciones. La ley o el Sindicato, alguien terminaría por arrojar la soga a sus cuellos y arrastrarlos a las profundidades del averno. Sabían demasiado, ese había sido siempre el problema. Conocer una verdad que no podían gritarle al mundo porque solo locura saldría de sus labios. Ella lo entendía, ella prefería la realidad pero Mulder era un mundo aparte. Un satélite con su propia gravedad que se elevaba por encima de los mortales, cada vez más alto como un globo lleno de helio. Scully hacía, siempre lo había hecho, grandes esfuerzos por ser la niña que mantenía el globo cerca de la tierra, de mantenerlo cerca de su alcance por cariño y egoísmo. No quería, no podía, dejarlo ir y él tampoco a decir verdad, para bien o para mal.

Había huido de la fría lluvia, había creído huir de Mulder hasta que sus brazos la sorprendieron, fuertes y seguros obligándola a enfrentarse a una realidad que echaría la puerta debajo de un momento a otro. Cerró los ojos y aspiró su colonia junto a la lluvia, como de costumbre su cabeza aterrizó en el hueco de su cuello. Era el perfecto molde en cada abrazo, como hechos por Dios por un patrón para que encajasen a la perfección. Atrapados sus propios brazos entre su pecho y el torso de Mulder, la muralla silenciosa de la distancia que sus corazones estaban tomando. No por falta de amor, solo por falta de estabilidad. El destino caprichoso era quién los estaba separando de la misma forma azarosa que los brazos de Scully habían terminado atrapados.

Mulder—Se oyó a sí misma refunfuñar contra su camiseta mojada. Las palabras que se habían visto apresadas en sus cuerdas vocales fluyendo como el agua derretida de las montañas, así se sentía. Un dique de hielo que un abrazo podía ir derritiendo lentamente. El dolor fugándose para perderse en la inmensidad del mar pero nunca para desaparecer, como un tiburón al acecho.—Mulder—Repitió alargando innecesariamente aquella letra u. En un intento de soltarse de su opresor movió la cara sobre aquella camisa mojada y hundió los codos bajo sus costillas—Que ya estaba seca, y no queda agua—Protestó sintiendo aquella fina camiseta, que ya no recordaba cuando había cambiado de dueño, pegándose a su piel irradiada por el agua caliente. Brazos desnudos, tan solo sus piernas librándose del frío.

La chispa del buen humor encendiendo el motor preciso bajo sus costillas, la dualidad entre el dolor y el profundo sentimiento de bienestar que los brazos de Mulder siempre le habían proporcionado. Estaban bailando en el filo de la navaja con pies descalzos, nada podía evitar que siguieran cortándose y sangrando, pero eran incapaces de dejar al otro en la soledad de aquel aciago destino.
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Nyadeh el Jue 28 Abr - 17:11




1.. There's such difference.


Liviana, suave. Su figura se había amoldado a la propia, concavidades definidas y salientes escasamente afilados que en ese instante apenas dañaban; la piel menos contraída bajo la tela de algodón usado y el efluvio a químico de jabón barato en su cabello, que resultaría repulsivo si no proviniera de ella. De emisión tropical que entibiaba la frialdad de la baja región en su nuca, atemperando al monstruo de los anhelos extraviados. Antecedentes de desengaños e historial de pérdidas, y nada más.

Involuntario, la estrechó aún más, los estímulos que impulsaban sus músculos forzándole a sepultarse en ella —bajo la piel, si pudiera— y sabía que debía sentir ese soplo álgido enturbiándola de nuevo, evocación de la tormenta sobre su cuerpo húmedo y la ropa inundada, pero el mundo —el suyo— era ahora un poco más tolerable, un poco más cálido. Y quizá hubieran funcionado siempre así. Equilibrio térmico.

Solo es un poco de agua. —Un susurro, la tonalidad de la sonrisa que había sospechado no volver a encontrar en el deje de la voz que se desorientaba entre sus hebras rojizas, incitando a los dedos a perseguir el mismo camino no señalado. La presión en su abdomen aunque presente, se disipaba con el forcejeo de los huesos agudos contra su torso. Y te quiero, sabes que te quiero, en cada inspiración enviciada. No era más que lluvia y aquello no solía irritarla, cuando eran perseverantes y una chispa más ingenuos, las contrariedades no eran tantas y el saber importaba más que nada. Cuando un letrero diferente rezaba Oregón y él aún la contemplaba, impertinente sin discreción, tratando de esbozar trazos en su memoria que lograran describirla. No había llevado más ropa de la cual la cubría ahora y él no había necesitado más que el vislumbre del sobresalto en esos ojos azules para desnudarse a sí mismo, paradójico.

No sabía cómo hacer que creyera en él en aquellos días, tras meses de frustración y derrota crepitando bajo los neumáticos consumidos por vías sin acceso y pavimento descuidado, semanas y semanas de abandono a ninguna parte, minutos en cada situación más duraderos de recriminaciones en silencio. Se consideraba a sí misma creyente, al igual que tres cuartas partes de esa nación, pero en esencia, no lo era.

Se detuvo, las manos bajo el pecho, sobre el vientre, delineando perímetros de circunferencias concéntricas con los pulgares por encima de su camiseta. Inhaló el efecto placentero de su apellido en los labios rosáceos, humedecidos; extrañaba en ocasiones escucharlo, ocasiones en las cuales el temor era mayor y se presentaban con nombres que no les pertenecían, que tal vez no pertenecían a nadie. Le había asegurado que todo el mundo le llamaba Mulder pero lo cierto era que no lo hacían, que casi nadie lo hacía.

Voy a la ducha. —Resultaba difícil enmascarar la incertidumbre, inverosímil. Porque siempre que la había perdido él no se hallaba cerca, siempre la había dejado sola. Y podía ser que, en aquella ocasión, lo hiciera por determinación propia, cuando ni tan siquiera se viese capaz de apreciarlo.
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Hellcat el Lun 2 Mayo - 13:28




1.. There's such difference.
Sus quejas caían en saco roto pero su buen humor –medio buen humor- amortiguaba la caída. Esa forma de jugar, de sonreír quería volver a emerger de la tumba de agua y barro en la que habían sido enterrados. Era difícil, seguía estando cansada pero también cansada para no permitirse el lujo de sus caricias y abrazos, el agua de la ducha no calentaba su piel como lo hacían los brazos de aquel hombre que juraría haber seguido hasta el fin del mundo. Ahora se replanteaba si de verdad era capaz de tal hazaña, no quería pensarlo por el temor a descubrir la verdad oculta tras un fino velo. El amor puede que no pudiese gastarse, que los más idealistas afirmasen que con amor todo se podía superar pero en la mente racional de la, ya no agente, Scully no era cierto. No podía ser cierto. Era solo química y confianza, seguía teniendo ambas pero no era suficiente para llenar el pozo cada vez más profundo y vacío.

Agua fría—Refunfuñó de nuevo. Lo intentaba, lo seguía intentando arañando ferozmente las paredes de piedra de aquel pozo para no hundirse. Quería estar a su lado, sabía que necesitaba estar a su lado porque lejos de él seguiría sintiendo que se hundía. Si tan solo pudiese conseguir todo aquello que deseaba, la dualidad de una vida tranquila y poder tener al hombre que amaba cada día despertándola entre las sábanas.

Por si no había quedado claro el mensaje de sus palabras un escalofrío recorrió su columna agitándola entre sus brazos, menuda frente a su cuerpo imponente tembló. No precisamente en la forma que a Mulder le gustaba hacerla temblar sobre la cama, o no necesariamente la cama. Un nuevo intento por soltarse la llevó a clavar los dientes en su pecho, masticar la camiseta mojada con no suficiente fuerza para hacerle daño. Jugaba, o al menos lo intentaba. Acorde con las manos que circulaban sobre su cuerpo, cómplices en la traición contra su enfado. La caricia del domador de fieras sobre la cabeza del león, ahora Dana Scully solo quería dejarse llevar y olvidar. Dormir entre sus brazos y rezar para que el amanecer despejado la ayudase a encontrar fuerzas para aguantar un día más.

No tardes—Pidió tirando con una mano de su camiseta, su cuerpo elevado sobre la punta de los dedos de sus pies y su otra mano envolviendo su cuello para obligarle a agacharse, a doblegar los muchos centímetros que separaban sus alturas. Presionó los labios húmedos tras la ducha contra su frente cerrando los ojos, un gesto inocente que con el paso de los años había ganado importancia y significado entre ellos. Un te quiero silencioso, un te necesito a gritos y un estoy aquí visible.—No quiero calentar esa cama sola—Añadió soltándolo. Su tono no fue pícaro y sus ojos se mostraban más apagados en el azul incandescente que solía despertar sus fantasías, pero lo intentó. Al menos lo intentó.
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Nyadeh el Jue 5 Mayo - 16:33




1.. There's such difference.


Habían estado en el hielo, genuino y glacial, de inmaculada brillantez y habían estado en las llamas, el sabor de las cenizas obstruido en la garganta, el ardor en la piel afectada y la luz fluctuante en las pupilas. Habían estado en el núcleo de la tierra, aroma a rocío y vegetación fresca, tierra bajo las uñas y en la cavidad entre los incisivos al inspirar. Habían estado en el cielo, si en alguna ocasión hubiera creído que existiera uno, el aliento tibio junto a su cuello, el suspiro trémulo de su nombre. Se habían extraviado en las tinieblas; garras, colmillos y sangre, pólvora en las yemas de los dedos, el temor en las arterias, frecuente. Donde el ser humano era a veces más atroz que toda criatura vigilante en la oscuridad. Había muerto y había regresado, por ella.

A menudo, se le ocurría que había sido demasiado. Demasiado para solo dos personas. Prófugos —mero prófugo, él; su compañera, ella—. Peregrinos hasta los confines del mundo, y retorno. Espectadores de días que demoraban en finalizar, resistiendo el soplo de aire en los pulmones e implorando por el atardecer, preguntándose quién detonaría esa vez. Pero entonces sus manos y su boca forzaban la somnolencia de la realidad, amarrándolo al embarcadero de la idealización. El ancla sus dientes y la alarma que se había desvelado en el pecho, se aletargaba ronroneante.

No puedo tardar. No hay agua. —Más que un recordatorio, menos que una protesta. Lo sería, quizá, si aún la sintiera distante, si presintiera que fuera a desvanecerse como greda bajo sus dedos. Dominó el inesperado impulso de postergar —u olvidar— la ducha y retener sus labios y apresar su cuerpo contra la pared desempapelada, tan solo porque su mirada era un poco más vacua de lo que debería.

El verano desfallecía con cada frontera de estado que traspasaban, ocasos menos sofocantes y multitud que regresaría a su acostumbrada rutina, abandonando en sus manos el asfalto hormigonado. Todavía podía sin embargo escuchar el canto de los grillos ahí fuera, junto a la lluvia agonizante, menos y menos reiterada a través del insignificante tragaluz contiguo a la ducha. El agua caliente era mitigante, casi un desahogo y aún así dolía, dolía la omisión que en otro tiempo hubiera saturado el escozor de las huellas de uñas en su espalda. Porque estaban vivos y juntos y resultaba inalcanzable valorar nada más. Erró de credulidad, al igual que siempre, al confiar en que no cambiara. Que ellos no lo hicieran.

Ya estaba recostada cuando salió, el cabello disperso sobre las sábanas y la luna esbozando contornos de plata en la extensión de sus piernas y el vientre raso. El somier se lamentó rechinante bajo sus rodillas al acrecentar el peso sobre él y temió que cediera, la cama era tan estrecha que aunque lo deseara —no lo hacía— no habría podido evitar tocarla. La acarició, entre anhelante e incierto, los dedos vagando por la ruta de su médula, cubierta por el algodón. Ella se curvó tenuemente contra su torso desabrigado, la representación gráfica de la teoría cuántica de campos. Partículas y antipartículas que se encontraban y todo se transformaba en energía.

El viaje de boda será mejor. —Sonreía y bromeaba y de igual modo, no, de igual modo sonaba reflexivo. Sabía que merecía algo más, más que dormir en el asiento de un coche alquilado o en un dormitorio de una noche. Merecía una vida. Lo que no podía concederle.  
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Hellcat el Vie 6 Mayo - 13:35




1.. There's such difference.
Solo asintió mientras sus manos se despedían perezosamente de su cuerpo. De nuevo el abismo entre el ayer y el hoy. Lo dejaba partir a la ducha, sin pasión o deseo. Al igual que no lo había incitado a ducharse con ella tampoco él lo hizo, tampoco ella se deshizo de su camiseta y lo empujó bajo el agua. Quería porque era fácil, era placentero y dejaba su mente en blanco, incapaz de pensar en nada que no fuesen las manos y la lengua de Mulder recorriendo su cuerpo, pero a la vez después sentiría la culpabilidad y el remordimiento porque las cosas no eran tan sencillas. Hacía tiempo que habían dejado de serlo, si es que alguna vez lo habían sido. Quería decirle que estarían juntos siempre, pero Scully no vivía de cuentos de hadas e ilusiones adolescentes. Echaba de menos tener un hogar, echaba de menos llegar a casa tras una larga jornada de trabajo y echarse en el sofá con una copa de vino contra el pecho de Mulder. Nada de eso sería posible ya para ellos. Ni casa, ni vino, ni trabajo. Y cuando el dinero comenzase a falta solo Dios sabía cuánto más su relación iba a deteriorarse.

Sus rodillas besaron el suelo enmoquetado, sus párpados cayeron y sus manos se entrelazaron manteniendo aquella cruz dorada que colgaba de su cuello entre sus dedos: rezaba. Solo cuando Mulder no miraba, cuando podía escapar a su condescendencia y ojos acusadores. Lo necesitaba. Necesitaba saber que incluso sin saber dónde o con quién estaba William estaría bien, William estaría protegido y que ella, como su madre, había tenido algo que ver. No podía dormirlo ya contra su pecho pero podía pedirle a Dios que una mujer cariñosa lo hiciese por ella, podía pedirle a Dios que fuera feliz incluso lejos de los brazos de sus padres y que estuviese protegido de aquellos que habían elegido dañarlo. También pidió fuerzas para seguir un día más junto a Mulder, para resistir frente a la tormenta y esperar con esperanzas a que el sol brillase. Su esperanza cada día estaba un poco más marchita.

Dejó de oír el agua corriente, sus labios murmuraron un amen y besaron aquella cruz, gélido metal contra el calor que la ducha cálida había dejado, antes de subirse a la cama. Estrecha y ruidosa, de sábanas toscas bajo sus piernas desnudas. Lo esperaba con más nervios y ansias de lo que pensaba, desolada en aquel triste colchón sin su presencia, asustada de perderse en sus propios pensamientos y no volver a encontrarse jamás. Tenía miedo, últimamente siempre tenía miedo de demasiadas cosas y trataba de esconderlo de la mejor forma posible: Apartándose.

Un estremecimiento cubriendo su piel, sus párpados de nuevo cerrados y el principio de una sonrisa. No se movió, solo se acercó a su pecho en cuanto lo sintió suficientemente cerca, suspirando contra su piel desnuda y aspirando el jabón barato y a Mulder, su Mulder. Enredó una pierna entre las contrarias, posesiva. Con el miedo a perderlo en aquella cama incluso cuando no había espacio para ello—Siempre he pensado que tu orgullo prefería mantenerme en pecado—Respondió contagiada por sus palabras, por sus juegos que despertaban en sus costillas y corría por todo su pecho. Abrió los ojos, despacio, y disfrutó de la luz de neón roja arrancando sombras del contorno de su compañero, su mejor amigo, su amante. Sintió la sangre agolparse en sus labios, inflamados por el deseo de morder su boca y, de nuevo, olvidar.
Lunes; 18 de Septiembre — Hanover; Maine — Motel Paradise — Noche.




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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Nyadeh el Dom 15 Mayo - 0:20




1.. There's such difference.


Cada paraje de su figura era lo suficientemente pequeño para lograr cubrirlo con la palma extendida de la mano, lo descubrió en Alaska, a varios grados por debajo de cero. Los dedos paralizados al filo de su prenda, acechando el abismo de la piel desnuda detrás de las rodillas, punzando por acariciarla ahí. Tenía una nebulosa dispersa sobre las mejillas cuya tonalidad el sol alteraba, haciéndola más visible. No recordaba cuando, ni donde lo había descubierto. La tez desvaída, de índole casi crónica y penetrantes círculos bajo los párpados; parecía que pudiera volver a rociar un pañuelo de sangre y en esa ocasión, él no lo soportaría. Solía ser entusiasta —ferviente— con aquello que lo cautivaba y Dana Scully lo hacía con inmoderada frecuencia. Había abierto su tórax y escarbado entre sus costillas con manos desnudas, extirpado con la boca incluso lo que no había sido otorgado y nada había cicatrizado tras él.

Pero su mirada era líquida, templada al enmarañarse con la propia y el atisbo de una sonrisa le hizo desear forzar un asalto en sus labios y despojársela con la lengua, adueñarse de ella. Aprisionó uno de sus muslos bajo las yemas rígidas, el temor de que pudiera retractarse borbotando en la garganta. —Creo que hemos deshonrado sobrados destinos hasta ahora. —Desesperado, vigilante por encima de los hombros, la ropa siempre puesta. Pausado y tardío, maltratador de los resortes desafinados de un somier gastado. Ruidoso. En un aseo de azulejos desportillados, demasiado reducido para confinarlos a ambos. En el arcén de una vía retirada, polvo en los labios ajados y estrellas en el cielo de Colorado. Tantas localidades como lugares de su cuerpo había profanado—. Lo considero una victoria personal.

Enredó los dedos en la cruz que gravitaba oscilante pendida de su cuello, el rótulo fluorescente alterno sobre su silueta, calculando aristas en la geometría de su rostro afinado. Le complacía acariciar el metal cuando se encontraba tan próxima, vestida apenas y él solo fantaseaba con la desnudez que escondía debajo. Le satisfacía tenerlo entre los labios, cuando iniciaba una travesía libertina en el descenso de sus curvas de cordillera. Roswell estaba un poco más lejos y el veintidós de diciembre del fin del mundo un poco más cerca. Y a menudo imaginaba que podría salvarlo y a menudo que podría sobrellevarlo, si era a su lado.

Y yo siempre había pensado que querrías casarte. He visto donde te has criado. —Hábil en esquivar la esencia de una legítima promesa, presentía que él lo deseaba más pese a no haberlo declarado nunca, confesión a medias con esa sonrisa de broma enmascarada. Siempre el sentimental. Había estado prometido, una vez y había esperado —quizá demasiado ingenuo para lo contrario— que fuera la definitiva. Parte del malsano vicio de anhelar lo que era contraproducente para él. La farsa aún le había quemado años después.

También le quemaban los labios, con los que ya examinaba la humedecida curva de su tráquea, aliento extraviado en un gemido afónico que sonaba a ruego.   
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Última edición por Nyadeh el Sáb 25 Jun - 20:21, editado 1 vez
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Hellcat el Jue 19 Mayo - 21:47




1.. There's such difference.
Anclado un brazo, tras arrastrar sus dedos por sus abdominales, alrededor de su cintura. Piel desnuda bajo su tacto, ni rastro de la humedad de la ducha o la lluvia, solo el mapa topográfico que llevaba tatuado en el fondo de su mente y de sus ojos. No había lunar, marca de nacimiento o pequeña cicatriz que la metódica Dana Scully no conociese. Como buena doctora, tenía un historial muy preciso de su paciente a base de besos, mordiscos y caricias. Tenía razón, habían deshonrado medio país, y le gustaba. Tanto que una ronca risotada, extraña y desconocida, abandonó sus labios. No recordaba la última vez que había reído, sonaba lejano y procedente de otros labios. Quiso aferrarse a esa sensación burbujeante de su pecho, la cordura extinta en el movimiento de su nariz rozándose con la de Mulder.

Si Bill te oyese te partiría la nariz—Trató de bromear pero hacía tanto que no veía a su familia que la broma se tornó ácida en su lengua. Bajó la vista, tristeza nuevamente tras sus largas pestañas y sus dedos clavándose en la espalda de su compañero. Echaba de menos a su madre, echaba de menos poder hablar con Bill cuando no estaba destinado fuera del país y echaba de menos oír a sus sobrinos gritando tras el teléfono cuando llamaba a Tara. Al contrario que Mulder había sido una mujer familiar, más aún desde que Melissa murió. La responsabilidad de no permitir que su madre perdiese a ningún otro hijo. Charlie siempre perdido, Melissa bajo una lápida de granito y, ahora, ella huida de la justicia sin poder decir si estaba viva o muerta. Los días se hacían duros y, cada vez más, insuficientes.

Echó la cabeza hacia atrás por el instinto automático de dejarse consumir por sus labios, fuego de la tentación y el olvido—Ya sabes que tengo un lado rebelde Mulder—Respondió tratando aquel tema sin ninguna seriedad. Ninguno de los dos había pronunciado la palabra “matrimonio” en un parco serio. Verdad o bromas, realidad transformada en un humo que les daba miedo. Ella no estaba segura de querer casarse, le daba miedo perderse en la tradición y, ahora, cuando ni siquiera sabía dónde iba a dormir al día siguiente era incapaz de decirle: Sí, quiero. Le quería, le quería más que a nada en el mundo pero el amor no era suficiente para rellenar el agujero que se iba formando en su pecho.

Tan rebelde—Su mirada volvió a empatar la de Mulder y sus dedos ascendieron por sus costillas despacio—Que estoy aquí con un hombre semi desnudo bajo el cutre neón de lo que podría ser un club de alterne—Sus dientes marcaron la línea de su mandíbula tratando de esconder todo lo que goteaba en su alma. La presión de la situación luchando constantemente contra los sentimientos que seguía, y seguiría, teniendo por el ex agente del FBI. No quería pensar, solo quería dormir o que Mulder la hiciera olvidar. Ya había tenido suficiente desolación aquella noche, suficiente lluvia y gotas frías que calasen su piel.
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Nyadeh Ayer a las 21:35




1.. There's such difference.


Fragancia de pasto agostado, pajizo, suavemente regado en lluvia tardía de verano enrarecido, agonizando bajo un cielo cargado. Henchido de incertidumbre y desaliento, de carbonizar asfalto con neumáticos desgastados e inflamar los pulmones con cada exhalación que no era pronunciada. Esencia propia, de física y medicina y la relatividad del tiempo y el espacio, de manos pequeñas y dedos cálidos y toda la seriedad de ese mundo contenida en un pestañeo, ahí, justo ahí, en la zona superior de su cabeza que tendía a inhalar al abrazarla. Entre el cabello enredado, sutilmente deteriorado, decididamente más largo.

No rememoraba la última vez que la había tocado, la última que sus dientes y su boca habían sido peregrinos de los ángulos señalados en todos los rincones en los que la extrañaba, que sabía a sal en sus labios. Remota y casi perdida —excepto en el resguardo de su memoria—, de otra vida, la instantánea de su piel alumbrada en el tenue resplandor de un acuario turquesa, la boca turgente y los ojos muy abiertos; hacerla temblar con Elvis de fondo, el Rey concediendo banda sonora a cada orgasmo. No habían disfrutado de tiempo suficiente para ser aquello y ahora no eran nada, nada más que pasaportes fraudulentos y un revólver de corto alcance como equipaje.

Creo que podría manejarlo. —Burlesco y algo ególatra, por no quebrar su risa que resultaba balsámica en aquella oxidada circunstancia, la navaja afilada del deseo entre los dos. Pero había tenido que darle la razón en el corredor de un hospital desesperanzador. Ella se estaba muriendo y era responsabilidad suya. Lo hubiera merecido entonces, cada fractura de sus huesos bienvenida. Tal vez también era su delito ahora, que no hubiese podido llamar más que una vez a su familia, desde el teléfono de una gasolinera olvidada.

Instintivos, por el efecto reflejo que la suavidad de su tono suscitaba, sus dedos habían comenzado a rozarla. Siempre bajo la tela, piel y vaho y más piel. La fricción que polarizaba sus cuerpos, cargados de energía química en extremos contradictorios. Somos elementales, tú y yo. Hidrógeno y nitrógeno hacían amoníaco y ellos originaban eso, ese característico nirvana.

Lo sé. Sé que lo tienes. —Inconformista quizá, menos que indómita. Marcó los márgenes orbiculares del tatuaje en su espalda con las uñas. Un lado que a él le había estado vetado, observándolo frustrado desde fuera, en los confines lejanos. Y era casi ridícula, la nitidez de sus retinas al encontrar la mirada azulada, el sé que no has sido siempre mía, después de esos años, después de todo. El no saber hasta cuándo lo sería.

Se incorporó y ahora ella se encontraba encima, con presteza, las extremidades a ambos costados de su torso, sedosas bajo sus manos y algo más tostadas; el verano, el sol, los Levi's y las camisas de algodón en lugar de sus trajes acostumbrados. Los pulgares en el filo de su ropa interior, la ansiedad en la garganta, temía su respuesta pero la verdad era algo mejor, aunque dañara. —¿Todavía quieres estar aquí? —Con él. Nómada sobre su vientre, apenas demorado en el ombligo, errante de la planicie de las costillas y más arriba. La curva de su pecho desnudo en la palma, la cumbre el botín de sus dedos corsarios.

No era jugar limpio, lo sabía.
 
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Re: Love lasts 75 years, if you're lucky

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 9:06

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