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After Civil War, a Bromance +18
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After Civil War, a Bromance +18
After Civil War, a Bromance
1x1— Películas — Marvel — Hatshepsut & Sagittarius
Apenas han pasado unos días desde los acontecimientos de Civil War, en donde el equipo de Vengadores termina separado en diferentes partes del mundo. Rogers envía una carta a Stark disculpándose por lo que había sucedido en Siberia con lo referente a Bucky, para terminar ofreciendo su ayuda si la necesitaba en un futuro, mientras que en un movimiento impredecible libera a sus compañeros de la prisión La Balsa, en el Océano Atlántico, y los lleva al Reino de Wakanda, donde T'Challa les concede asilo.
Sin escudo que le ayude, parece ser que su única protección es su viejo amigo Bucky, quién carcomido por la culpa decide ser congelado hasta que se encuentre una forma de como borrar la codificación mental que HYDRA le colocó en la cabeza. Rogers trata de convencerlo para que aquello no su decisión sea cambiada, aunque temiendo que en caso de no hacerse pudiera volver a suceder la manipulación mental, cosa que tendría malas consecuencias para todos los Vengadores y el resto del mundo.
STEVE ROGERS Capitán América — 98 años — 32 años reales — Sagittarius |
JAMES BARNES Soldado de Invierno— 99 años— 33 años reales— Hatshepsut |
Última edición por Sagittarius el Dom 22 Mayo - 15:17, editado 1 vez
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Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Steve Rogers — Noche — Habitación de invitados — |
Culpa. Era lo que seguramente la mayoría de los Vengadores sentía en aquél momento. Al menos era lo que Steve pensaba; primero que nada, por no darse el tiempo suficiente para reflexionar en las repercusiones y en las vidas que tomaba cada una de sus batalla. Bien lo había dicho el Secretario de Estado, desde Nueva York hasta Sokovia, cientos de personas habían muerto, aunque Rogers pensaba que cada una de las Batallas tenía un culpable: Loki, HYDRA, Ultrón, el accidente de Stark, etc. Si todos ellos hubieran tenido un poco de sensatez, tal vez esas vidas no se hubieran perdido.
Por otro lado, lo segundo que le entristecía era saber que los Vengadores habían luchado entre ellos, apenas podía asimilar lo sucedido en días anteriores. Odiaba saber que todo se había dado por una persona que perdió a un ser querido y que buscaba venganza de los superhéroes, pero ¿a que costó? Rogers pensaba que mientras el Gobierno tuviera repercusión en sus decisiones, cualquier mal movimiento podría hacer perder muchas vidas más. Estaba de acuerdo en que Wanda aún no podía controlar sus poderes y quién sabe con que sorpresas le saldría Visión y sus poderes híbridos, pero también se convencía en que estando lejos de los radares satélites (tomando el asilo del ahora exPrincipe de Wakanda), tendrían tiempo para entrenar, superar sus debilidades y trazar estrategias que les permitieran recuperar su autonomía.
Las aves nocturnas se escuchaban afuera de la gran ventana frente a él, donde solo podía percibir la oscuridad de la selva, aquella protegida por los ayudantes de T'Challa. Al menos el tener un lugar aislado donde descansar era una buena terapia para todos ellos. Steve citó a Bucky, quién tenía algo que decirle respecto a la batalla que recientemente habían tenido, ¿habría encontrado alguna solución para evitar su poder mental en manos de HYDRA?
HellcatPor otro lado, lo segundo que le entristecía era saber que los Vengadores habían luchado entre ellos, apenas podía asimilar lo sucedido en días anteriores. Odiaba saber que todo se había dado por una persona que perdió a un ser querido y que buscaba venganza de los superhéroes, pero ¿a que costó? Rogers pensaba que mientras el Gobierno tuviera repercusión en sus decisiones, cualquier mal movimiento podría hacer perder muchas vidas más. Estaba de acuerdo en que Wanda aún no podía controlar sus poderes y quién sabe con que sorpresas le saldría Visión y sus poderes híbridos, pero también se convencía en que estando lejos de los radares satélites (tomando el asilo del ahora exPrincipe de Wakanda), tendrían tiempo para entrenar, superar sus debilidades y trazar estrategias que les permitieran recuperar su autonomía.
Las aves nocturnas se escuchaban afuera de la gran ventana frente a él, donde solo podía percibir la oscuridad de la selva, aquella protegida por los ayudantes de T'Challa. Al menos el tener un lugar aislado donde descansar era una buena terapia para todos ellos. Steve citó a Bucky, quién tenía algo que decirle respecto a la batalla que recientemente habían tenido, ¿habría encontrado alguna solución para evitar su poder mental en manos de HYDRA?
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Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Bucky Barnes — Noche — Habitación de Steve — |
Bucky yacía acostado y con los ojos cerrados en la cama de una de las habitaciones de invitados que T'Challa les había proporcionado. No diría que era “su habitación”, pues evidentemente no iba a permanecer en ella demasiado tiempo. Había tomado una decisión, y estaba dispuesto a mantenerla para garantizar la seguridad de aquellos que habían dado la cara por él. A pesar de todo lo que había hecho, los crímenes que había cometido a lo largo y ancho del globo, las personas inocentes a las que había asesinado a sangre fría.
Benigno.
Steve le había repetido muchas veces que él no era el responsable de todo aquello, que la culpa la tenían Hydra y todos los que habían jugado con su mente. Pero deshacerse del peso del remordimiento no era tarea sencilla, sobre todo si podía recordar cada uno de los terribles actos que había cometido, cada uno de los rostros de las personas a las que había matado. Además, la perspectiva de Steve estaba nublada por el afecto que los había unido desde que no eran más que un par de niños nacidos en Brooklyn.
Uno.
Su mejor amigo ya había perdido demasiado por él. Se había enfrentado a todo el mundo; al gobierno, a sus compañeros de equipo e incluso a su propia moral, y no había flaqueado a la hora de mantenerlo a salvo y defenderlo. Aún después de todo lo ocurrido, Steve continuaba poniendo la mano en el fuego por él. Jamás sería capaz de explicarle cuán agradecido estaba por ello, pero podía demostrárselo. Ahora sería él quien lo mantendría a salvo, como había hecho cuando era un muchacho escuálido con el que se cebaban los matones al salir del colegio. De jóvenes habían peleado juntos, habían sangrado juntos y habían obtenido la victoria juntos. Siempre juntos, hasta el final.
Vagón de carga.
Sin perderse en el hilo de aquellos pensamientos que lo acosaban constantemente, Bucky abrió los ojos y le echó un vistazo a su reloj de pulsera. Había llegado la hora de reunirse con Steve, quizá por última vez en años. Confiaba en que su amigo luchara por encontrar una solución a su problema de control pronto, pero era consciente de que como Capitán América tenía muchos conflictos por delante. No le reprocharía nada si no llegara a considerarlo una prioridad. Después de todo, se merecía estar atrapado en criogénesis durante una buena temporada. Así pues, Bucky se puso la camiseta negra que se había quitado para echarse y tomó la libreta encuadernada en rojo que descansaba sobre la mesita. Las anotaciones que contenía aquél bloc le habían provocado más de un problema, así que sabía perfectamente qué iba a hacer con él.
El trayecto hasta la habitación de Steve fue muy corto; T'Challa los había puesto cerca, quizá por la buena relación que había entre ambos o quizá para asegurarse de que estuviera permanentemente vigilado por su amigo. En cualquier caso, agradeció que el viaje no se le hiciera demasiado largo, pues eso lo habría hecho todo más difícil.
–¿Disfrutando de las vistas? –dijo tras entrar en la habitación, dirigiendo la mirada hacia el gran ventanal que se abría en una de las paredes. Ni siquiera se molestó en llamar, pues sabía que Steve estaría esperando, y la confianza entre ambos era lo suficientemente holgada como para que pudiera prescindir del detalle de llamar a la puerta–. Es un sitio increíble, ¿verdad?
Y, ciertamente, lo era. Wakanda era un paraíso donde se combinaban la tecnología y la naturaleza, convirtiéndose en la cuna perfecta para una civilización cargada de valores y ética. Se alegró de que Hydra nunca convirtiera aquella nación en su objetivo, por lo menos hasta que él pudo escapar de sus tentáculos.
HellcatBenigno.
Steve le había repetido muchas veces que él no era el responsable de todo aquello, que la culpa la tenían Hydra y todos los que habían jugado con su mente. Pero deshacerse del peso del remordimiento no era tarea sencilla, sobre todo si podía recordar cada uno de los terribles actos que había cometido, cada uno de los rostros de las personas a las que había matado. Además, la perspectiva de Steve estaba nublada por el afecto que los había unido desde que no eran más que un par de niños nacidos en Brooklyn.
Uno.
Su mejor amigo ya había perdido demasiado por él. Se había enfrentado a todo el mundo; al gobierno, a sus compañeros de equipo e incluso a su propia moral, y no había flaqueado a la hora de mantenerlo a salvo y defenderlo. Aún después de todo lo ocurrido, Steve continuaba poniendo la mano en el fuego por él. Jamás sería capaz de explicarle cuán agradecido estaba por ello, pero podía demostrárselo. Ahora sería él quien lo mantendría a salvo, como había hecho cuando era un muchacho escuálido con el que se cebaban los matones al salir del colegio. De jóvenes habían peleado juntos, habían sangrado juntos y habían obtenido la victoria juntos. Siempre juntos, hasta el final.
Vagón de carga.
Sin perderse en el hilo de aquellos pensamientos que lo acosaban constantemente, Bucky abrió los ojos y le echó un vistazo a su reloj de pulsera. Había llegado la hora de reunirse con Steve, quizá por última vez en años. Confiaba en que su amigo luchara por encontrar una solución a su problema de control pronto, pero era consciente de que como Capitán América tenía muchos conflictos por delante. No le reprocharía nada si no llegara a considerarlo una prioridad. Después de todo, se merecía estar atrapado en criogénesis durante una buena temporada. Así pues, Bucky se puso la camiseta negra que se había quitado para echarse y tomó la libreta encuadernada en rojo que descansaba sobre la mesita. Las anotaciones que contenía aquél bloc le habían provocado más de un problema, así que sabía perfectamente qué iba a hacer con él.
El trayecto hasta la habitación de Steve fue muy corto; T'Challa los había puesto cerca, quizá por la buena relación que había entre ambos o quizá para asegurarse de que estuviera permanentemente vigilado por su amigo. En cualquier caso, agradeció que el viaje no se le hiciera demasiado largo, pues eso lo habría hecho todo más difícil.
–¿Disfrutando de las vistas? –dijo tras entrar en la habitación, dirigiendo la mirada hacia el gran ventanal que se abría en una de las paredes. Ni siquiera se molestó en llamar, pues sabía que Steve estaría esperando, y la confianza entre ambos era lo suficientemente holgada como para que pudiera prescindir del detalle de llamar a la puerta–. Es un sitio increíble, ¿verdad?
Y, ciertamente, lo era. Wakanda era un paraíso donde se combinaban la tecnología y la naturaleza, convirtiéndose en la cuna perfecta para una civilización cargada de valores y ética. Se alegró de que Hydra nunca convirtiera aquella nación en su objetivo, por lo menos hasta que él pudo escapar de sus tentáculos.

Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Steve Rogers — Noche — Habitación de invitados — |
El rubio se encontraba pensativo tratando de decidir el siguiente movimiento que harían como equipo ¿acaso sería prudente regresar ante los ojos públicos del mundo o valía la pena estar escondidos en Wakanda? Pero si esta última fuera la respuesta ¿por cuanto tiempo? El hombre pasó la mano por su frente, un tanto desesperado de no saber tener conocimientos sobre el futuro, algo que asegurara su permanencia y credibilidad como "Vengadores"; tal vez dejaría que las cosas se apaciguaran antes de tomar una decisión.
Por el momento alguien más ocupaba todos sus pensamientos: Bucky. Aquél viejo amigo de la infancia de Rogers había pasado por tantas cosas en tan poco tiempo. Era irónico pensar en todas las veces que se habían salvado mutuamente, desde las batallas contra HYDRA durante los años cuarenta, hasta los recientes ataques en Washington D.C. y el Proyecto Insight, donde el propio Bucky le había salvado la vida al caer al río. Justamente, por la ventana en que observaba Rogers, se podía escuchar el cauce salvaje de un río y unas cascadas, en medio de la selva profunda. - Será mejor que nos alejemos de los ríos por un tiempo, las cosas siempre se complican cuando nos topamos con uno.- dijo en un tono divertido. Analizando las cosas, siempre habían dividido sus caminos en un río, desde cuando Bucky cayó de un tren en movimiento en la Guerra contra la Calavera Roja, hasta su reciente pelea en el Helicóptero en el que Barnes había tratado de escapar y donde habían caído al agua. - Nos han separado tantas veces.- su vista ahora se centró en el de su viejo amigo, a quién le dedicó una sonrisa.
Muchas cuestionantes atravesaron su mente, pero todas y cada una de ellas eran seguras: Había valido la pena salvar a Bucky de los ataques de Tony Stark y de las persecuciones del propio Gobierno. Incluso agradecía el hecho de que T'Challa le hubiera perdonado la vida, aunque éste se hubiera equivocado en hallar el verdadero culpable. - Si, aunque debo decir que empiezan a hacerse repetitivas.- comentó admirando las grandes palmeras y árboles que se alzaban en medio de una neblina impresionante. - Estoy acostumbrado a las ciudades...lo más cercano que estuve alejado de la civilización fue en la cabaña de Clint.- cuando Ultrón había atacado.
- ¿Te encuentras mejor? ¿Como va ese brazo? - la reconstrucción de su extremidad robótica había sido complicada, pero por suerte en Wakanda disponían de toda la materia prima necesaria para que su brazo volviera estar adaptado después de que Iron Man la hubiera despedazado. Si, Steve Rogers se encontraba molesto con Tony Stark porque estuvo a punto de arrebatarle la vida a su mejor amigo, pero como bien explicaba en su carta, el rubio sabía que al final de cuentas llegarían a perdonarse, eran especiales, únicos, eran los Vengadores, y esa era una palabra muy poderosa.
- Creo que tengo que empezar a trazar un plan para encerrar a todos los Agentes de HYDRA que queden rezagados por el camino, no pueden quedar estas cosas a la deriva. Quién sabe cuanta tecnología extraterrestre o humano, quedaron escondidas en las ruinas de S.H.I.E.L.D. e HYDRA. - dijo señalando con la mirada el pequeño cuaderno rojo que su amigo llevaba en su mano. - ¿Puedo? - estiró la mano esperando a que su amigo se lo diera, para lo cuál Steve le dedicó otra sonrisa. - No te preocupes, no voy a leer las palabras "mágicas" - a veces era impresionante la forma de ser del Capitán América con su amigo en la intimidad que una conversación a solas les ofrecía, tal vez porque fuera de su esfera invisible, ante los ojos del mundo, tenía una responsabilidad implícita al ser el Capitán, líder los Vengadores, pero con Bucky cerca, podía ser simplemente Rogers, aquél amigo de la infancia con quién tenía plena confianza de saber todo referente a Barnes, tan era así que Steve conocía la historia entre los padres de Tony Stark y Bucky. - No me imagino cuantas otras cosas escondió HYDRA....o a cuanta otra gente manipuló.- era claro que seis personas más habían sido SOLDADOS de INVIERNO, pero estos habían muerto en Siberia. La pregunta era, ¿existirían más, ocultos en alguna otra base de HYDRA?
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Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Bucky Barnes — Noche — Habitación de Steve — |
Bucky cerró la puerta de la habitación que ocupaba Steve y tensó la mandíbula al escuchar las primeras palabras que le dedicó su amigo. Era una observación curiosa, pero tenía razón: los ríos siempre los separaban. Parecía que sus vidas se unían como un torrente que también se dividía a lo largo de su cauce. Era como si ambos estuvieran atrapados en las rápidas corrientes, incapaces de liberarse de ellas por mucho que se esforzaran en alcanzar la orilla. Al fin y al cabo, ambos tenían sus responsabilidades, y no podían ignorarlas sin más: Steve para con el mundo al que protegía y él para con sus propias deudas morales. En cualquier caso, también fue en un río donde comenzó a recuperar su conciencia, el control sobre sí mismo. Bucky aún podía recordar el momento con una claridad apabullante, como si se hubiera grabado para siempre en su memoria: Steve precipitándose al agua desde la altura del Helicarrier abatido, su cuerpo siendo engullido por la profunda masa azul. Habría resultado muy sencillo largarse de allí sin más, dejar que El Capitán América se ahogara y dar por cumplida su misión. Pero el rubio había hecho germinar en él la duda y los recuerdos, por lo que fue incapaz de hacer otra cosa que no fuera lanzarse tras él y asegurarse de que llegara a tierra y pudiera recuperarse. En aquél instante se encontraba tan confuso que no supo darle un sentido a sus actos, pero ahora, desde la perspectiva del tiempo y la reflexión, era capaz de comprenderlo.
–Va mejor de lo esperado –respondió cuando Steve le preguntó por su nuevo brazo. Casi por inercia, lo levantó para observarlo como tantas veces había hecho desde que se lo reconstruyeron. Aquella extremidad, hecha de metal y no de carne, siempre había estado ahí para recordarle lo mucho que Hydra había hecho por él. Pero ahora tenía un nuevo significado; era la evidencia de la confianza incondicional que Steve le había brindado. Para sus adentros, se prometió que jamás usaría su fuerza para hacer algo que pudiera decepcionarle–. T'Challa ha sido muy generoso, será un gran compañero –murmuró, pues en los últimos días había quedado claro que Pantera Negra estaba dispuesto a convertirse en un gran aliado para los Vengadores. En el fondo le tenía una profunda envidia, pues le habría gustado tener la oportunidad de hacer lo mismo, de luchar junto a Steve para redimir sus actos. No esperaba recibir el perdón -de hecho, ni siquiera él podía concedérselo-, pero haría cualquier cosa por compensar el mal que había sembrado.
Cuando Steve le pidió el cuaderno, Bucky se lo tendió para ofrecérselo. Sonrió como respuesta a las “palabras mágicas”, porque solo su mejor amigo podía restarle importancia a algo tan horrible como eso. Solo él podía hacerle sentir mejor cuando se encontraba abatido por el remordimiento y estaba a punto de caer en el sueño de la criogénesis. Todo el mundo veía al Capitán América como alguien imponente, recto, serio y responsable, pero él sabía que también podía ser divertido y tener sentido del humor cuando se lo proponía.
–Terminarás con ellos –dijo con total convicción, pues sabía que Steve sería capaz de atrapar hasta el último individuo de Hydra. Aplastaría hasta la última cabeza de aquella maldita cosa–. Pero hazme un favor: no te lo tomes como una responsabilidad que solo te concierne a ti. Confía en tus amigos –Bucky puso una mano sobre el hombro de su compañero, un gesto que ambos solía compartir tiempo atrás. No quería que Steve cargara con todo el peso de aquella tarea; su deseo era que las brechas que se habían abierto entre él y el resto de Vengadores desaparecieran. Sabía, por experiencia propia, que la unión hacía la fuerza, y lo último que deseaba era que su mejor amigo se sintiera solo cuando él se marchara. Al fin y al cabo, el enfrentamiento que se había producido en el grupo de superhéroes fue culpa suya. Tal vez Zemo hubiera precipitado los hechos con su venganza, pero no por ello dejaba de tener razón: él tenía las manos manchadas de sangre, y lo justo sería que pagara por ello. Stark había tenido motivos más que suficientes para reclamar su cabeza–. Por cierto, la he traído para que te la quedes –apuntó, refiriéndose a la libreta roja. Sabía que sus páginas contenían el código para jugar con su mente además de un montón de secretos concernientes a su entrenamiento y preparación como Soldado de Invierno. Eran unos datos peligrosos, por no mencionar que Bucky no estaba preparado para que todo el mundo supiera de ellos. Por suerte, Steve nunca había sido “todo el mundo”. Él le daría un buen uso; nunca estaría más a salvo que en sus manos–. Eres la persona más adecuada, y quizá encuentres algo de valor... –el soldado bajó la cabeza, pues en el fondo temía que el cuaderno contuviera secretos que su compañero aún no conociera, más horrores, más misiones, más asesinatos. ¿Llegaría un punto en el que Steve sería incapaz de perdonarlo? No lo sabía con certeza. Ni siquiera sabía cómo podía continuar mirándolo a la cara después de todo lo que había pasado.
Tras apretar ligeramente el hombro de Steve y dedicarle una última mirada al cuaderno rojo, Bucky se apartó de él y caminó distraídamente por la habitación. Era bastante austera aún cuando contaba con todas las comodidades pertinentes, por no mencionar los dispositivos tecnológicos que habría escondidos por todas partes. El uniforme de Capitán América descansaba en uno de los rincones, pulcramente plegado sobre un mueble, y el soldado no pudo pasar por alto la ausencia del escudo de vibranium. Aquella era una más de las cosas a las que Steve había tenido que renunciar por él.
–¿Planeas quedarte aquí mucho tiempo? –preguntó distraídamente, intentando de forma desesperada que sus pensamientos abandonaran la tormentosa línea que habían tomado. No quería pasar la última noche revolcándose en sus propias miserias, pues estaba seguro de que pasaría todo el tiempo de criogénesis haciéndolo en pesadillas.
Hellcat–Va mejor de lo esperado –respondió cuando Steve le preguntó por su nuevo brazo. Casi por inercia, lo levantó para observarlo como tantas veces había hecho desde que se lo reconstruyeron. Aquella extremidad, hecha de metal y no de carne, siempre había estado ahí para recordarle lo mucho que Hydra había hecho por él. Pero ahora tenía un nuevo significado; era la evidencia de la confianza incondicional que Steve le había brindado. Para sus adentros, se prometió que jamás usaría su fuerza para hacer algo que pudiera decepcionarle–. T'Challa ha sido muy generoso, será un gran compañero –murmuró, pues en los últimos días había quedado claro que Pantera Negra estaba dispuesto a convertirse en un gran aliado para los Vengadores. En el fondo le tenía una profunda envidia, pues le habría gustado tener la oportunidad de hacer lo mismo, de luchar junto a Steve para redimir sus actos. No esperaba recibir el perdón -de hecho, ni siquiera él podía concedérselo-, pero haría cualquier cosa por compensar el mal que había sembrado.
Cuando Steve le pidió el cuaderno, Bucky se lo tendió para ofrecérselo. Sonrió como respuesta a las “palabras mágicas”, porque solo su mejor amigo podía restarle importancia a algo tan horrible como eso. Solo él podía hacerle sentir mejor cuando se encontraba abatido por el remordimiento y estaba a punto de caer en el sueño de la criogénesis. Todo el mundo veía al Capitán América como alguien imponente, recto, serio y responsable, pero él sabía que también podía ser divertido y tener sentido del humor cuando se lo proponía.
–Terminarás con ellos –dijo con total convicción, pues sabía que Steve sería capaz de atrapar hasta el último individuo de Hydra. Aplastaría hasta la última cabeza de aquella maldita cosa–. Pero hazme un favor: no te lo tomes como una responsabilidad que solo te concierne a ti. Confía en tus amigos –Bucky puso una mano sobre el hombro de su compañero, un gesto que ambos solía compartir tiempo atrás. No quería que Steve cargara con todo el peso de aquella tarea; su deseo era que las brechas que se habían abierto entre él y el resto de Vengadores desaparecieran. Sabía, por experiencia propia, que la unión hacía la fuerza, y lo último que deseaba era que su mejor amigo se sintiera solo cuando él se marchara. Al fin y al cabo, el enfrentamiento que se había producido en el grupo de superhéroes fue culpa suya. Tal vez Zemo hubiera precipitado los hechos con su venganza, pero no por ello dejaba de tener razón: él tenía las manos manchadas de sangre, y lo justo sería que pagara por ello. Stark había tenido motivos más que suficientes para reclamar su cabeza–. Por cierto, la he traído para que te la quedes –apuntó, refiriéndose a la libreta roja. Sabía que sus páginas contenían el código para jugar con su mente además de un montón de secretos concernientes a su entrenamiento y preparación como Soldado de Invierno. Eran unos datos peligrosos, por no mencionar que Bucky no estaba preparado para que todo el mundo supiera de ellos. Por suerte, Steve nunca había sido “todo el mundo”. Él le daría un buen uso; nunca estaría más a salvo que en sus manos–. Eres la persona más adecuada, y quizá encuentres algo de valor... –el soldado bajó la cabeza, pues en el fondo temía que el cuaderno contuviera secretos que su compañero aún no conociera, más horrores, más misiones, más asesinatos. ¿Llegaría un punto en el que Steve sería incapaz de perdonarlo? No lo sabía con certeza. Ni siquiera sabía cómo podía continuar mirándolo a la cara después de todo lo que había pasado.
Tras apretar ligeramente el hombro de Steve y dedicarle una última mirada al cuaderno rojo, Bucky se apartó de él y caminó distraídamente por la habitación. Era bastante austera aún cuando contaba con todas las comodidades pertinentes, por no mencionar los dispositivos tecnológicos que habría escondidos por todas partes. El uniforme de Capitán América descansaba en uno de los rincones, pulcramente plegado sobre un mueble, y el soldado no pudo pasar por alto la ausencia del escudo de vibranium. Aquella era una más de las cosas a las que Steve había tenido que renunciar por él.
–¿Planeas quedarte aquí mucho tiempo? –preguntó distraídamente, intentando de forma desesperada que sus pensamientos abandonaran la tormentosa línea que habían tomado. No quería pasar la última noche revolcándose en sus propias miserias, pues estaba seguro de que pasaría todo el tiempo de criogénesis haciéndolo en pesadillas.

Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Steve Rogers — Noche — Habitación de invitados — |
Poco le importó que su amigo cerrara la puerta detrás de él, mejor para Rogers, pues pensaba que tendrían la privacidad que merecían, lejos de T'Challa, que sospechaba de Bucky en cada ocasión en la que podía demostrar su desconfianza. Una cosa era perdonarlo pero otra muy grande era desconfiar de él. Por un lado le parecía oportuno explicar a Pantera Negra el estado en que su buen amigo se encontraba cada mañana, pero por el otro, sentía que haciendo eso solamente estaba traicionando a su viejo amigo; de lo que sí estaba seguro era que fuera cual fuese la razón, Rogers siempre tendría confianza en su amigo, al final de cuentas, siempre lo había salvado, ¿no? Al menos cuando no estaba poseído por los proyectos que HYDRA había realizado en su cuerpo.
Para Rogers, ambos tenían que darles explicaciones al mundo, primeramente porque él era el rostro principal de los Vengadores, su imagen ante el mundo, una que había quedado plasmada desde la Segunda Guerra Mundial, en donde el patriotismo había sido fundido no solo en su escudo y vestimenta, si no, en su ideología. Por otro lado, el rubio había decidido esconderse por un tiempo en Wakanda, ya llegaría el momento en que darían explicaciones, tanto para los gobiernos del mundo, la Organización de Naciones Unidas, hasta sus viejos aliados.
- Me alegro. - respondió sin despegar la mirada de su nueva extremidad, era muy diferente a la antigua, ya que esta se encontraba elaborada de nuevos materiales proveniente de aquella región. Más potentes, más fuertes, y sin aquél símbolo de la estrella roja del comunismo. Tal vez las intenciones de la mayoría de los Vengadores hubieran sido dejar a Bucky sin brazo, pero para fortuna de Rogers, los Vengadores presentes se vieron convencidos cuando éste dio las razones de porque dejar que su amigo tuviera aquél brazo. Al momento de su aprobación, Steve supo que los demás confiaban plenamente en él, desde Visión hasta la Bruja Escarlata. - No mejor compañero que tú. - murmuró con una sonrisa respecto al comentario de Pantera Negra, colocando su mano en el hombro ajeno, y dando un cálido apretón. Sabía que no importara lo que hiciera, siempre estaría atado a los experimentos de HYDRA y a su pasado, uno que no se podía borrar de la mente de los demás.
Al bajar la mano, recibió el cuaderno, el cuál miró con cierta rabia, odiaba a HYDRA, a SHIELD, - por no haberse defendido o previsto del enemigo -, a sus enemigos y a esa libreta. La hojeó para darse cuenta de que nada había cambiado, aún existían las palabras en alemán que ni siquiera entendía. Se preguntó que era lo que hubiera hecho Peggy al respecto. De vez en cuando pensaba en ella y se preguntaba si acaso su muerte se había dado por la posible tristeza que la pudo haber embargado en cuanto supo que HYDRA había estado coludido en SHIELD. No podía ni siquiera imaginarse la culpa que hubiera sentido, ya que ella había sido una precursora y fundadora de la institución ahora vencida. - Quién sabe que proyectos y secretos dejó HYDRA escondidas por todo el mundo, ¿te imaginas que cayera en malas manos? - hizo un gesto de negación en su rostro.
- ¿Eso crees? - sintió el gesto ajeno en donde le colocaba la mano en el hombro. Para Rogers, sentirlo cerca era sin duda tranquilizante; pero la calma duró poco puesto que se tornó en una incertidumbre que podía carcomer a cualquiera. Rogers se sentó en la orilla de su cama, colocando sus manos en la frente, un tanto desesperado por la situación. - ¿Sinceramente? No veo como ¿Mis amigos?. - no tenía las agallas para mirarlo, ¿acaso Rogers se estaba rindiendo? - Los Vengadores estamos separados, algunos han vuelto a su casa o no quieren se encontrados. SHIELD ha sido vencido. HYDRA aparece en cualquier oportunidad. Si bien nos va, solo podremos contener a algunos agentes de sus agentes. Hay aparatos y tecnología fuera de control, ya sea extraterrestre o humana. El Gobierno nos está buscando. Estamos escondidos. Casi te..... - respiró hondo sin querer proseguir la oración. "Te pierdo..."- pensó tumbándose en la cama, dejando sus pies pegados al piso aún con las manos en la frente, y dejando el cuaderno rojo en la superficie de las sabanas blancas, si por el fuera se desharía de él, pero bien sabía que no tenía las agallas para destruirlo, tal vez porque posiblemente dentro de sus letras existía la cura para la manipulación de Bucky.
- ¿Sabes? - dijo mirando al techo, tal vez mostrando una debilidad que pocas veces se podía permear en Rogers. - Todo este tiempo tuve miedo de perderte y sin embargo lo haré si tomas esa decisión. - uno de sus puños golpeó el colchón bajo su propio peso. - No lo haré. No te dejaré. Cancelaré el proyecto.- dijo sin más, con un tono más serio que de costumbre, se negaba simplemente a permitirlo. - Si encuentro algo en ese libro rojo será algo que te ayude, dame unas semanas, contrataré todo tipo de criptologos, traductores, filósofos,te prometo que lo haré, pero no es necesario hacer lo que quieres hacer. - el hombre no podía ni siquiera tener las agallas para mirar su uniforme de héroe que descansaba en uno de los rincones. - Nos quedaremos el tiempo que sea suficiente Bucky, los dos, juntos...siempre. - dijo involucrandolo en sus planes, como no aceptando la decisión del hombre, solo bastaría hablar con TChalla para cancelar el proyecto, aunque los preparativos estuvieran listos. - HYDRA te tuvo congelado para salvar tu vida y experimentar contigo, ahora mismo tienes salud y no pienso experimentar contigo algo que te ponga en riesgo. - suspiró deseando que hubiera otra solución. - Por favor, hazlo por mí. Te...- trató de pasar saliva antes de poder aceptar aquella palabra. - Te necesito.-
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Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Bucky Barnes — Noche — Habitación de Steve — |
Los ojos de Bucky volvieron a clavarse en Steve mientras este se dejaba caer en la cama con gesto abatido. A otra persona le hubiera resultado extraño ver el admirado y legendario Capitán América presa de las dudas y la inseguridad, pero no a él. Habían estado juntos toda la vida, hasta que el destino decidió separarlos para volver a reunirlos medio siglo más tarde, y no era la primera vez que Bucky veía a su compañero en aquél estado, si bien no dejaba de dolerle que flaqueara de aquél modo. Ante los ojos ajenos Steve debía ser firme, debía derrochar seguridad, debía tener la mente fría y los planes preparados; no ceder nunca a la presión. Sin embargo, en realidad no dejaba de ser un humano, con todas las emociones, turbaciones y flaquezas que ello implicaba. El que fue Soldado de Invierno conocía al vengador lo suficiente como para saber que se cargaba con una responsabilidad excesiva, que se tragaba todos sus problemas para que estos no resultaran evidentes ante los demás, ante los que tenían una fe ciega en él. Se exigía demasiado; a veces incluso parecía olvidar que, por mucha fórmula de supersoldado que hubiera en su cuerpo, continuaba siendo un hombre al que le habían arrebatado demasiado. Era un héroe, sí, pero también una persona torturada que había dejado su mundo atrás. Bucky se preguntaba cómo había sido capaz de despertar en el nuevo mundo, lejos de todo lo conocido, sin volverse loco. Al fin y al cabo, él sí perdió la cordura por el camino.
Mientras Steve hablaba, su mejor amigo lo contemplaba en silencio, volcando toda su atención en él. Tuvo que apartar la mirada en el instante en el que el supersoldado se negó a continuar con el proyecto que terminaría con él en la cámara de criogénesis, ya que eso sí lo tomó por sorpresa. Tensó la mandíbula al pensar en lo sencillo que sería acceder a la propuesta de su compañero, aceptar que podrían encontrar una solución a su problema sin que fuera necesario paralizarlo durante un tiempo indefinido. Sí, poder vivir en aquél nuevo tiempo junto a Steve lo haría todo más fácil, pues sería como recuperar una parte de lo que ambos habían perdido... pero los hechos no podían borrarse de un plumazo, sin más. Había deudas, había remordimientos, había demasiada sangre inocente... y toda manchaba sus manos. Quizá su gran amigo no pudiera verla, pero él sí; la veía cada vez que se reflejaba en un espejo, acusándolo, torturándolo. Necesitaba pagar para redimirse.
–No digas tonterías –dijo Bucky y, aunque sentía un nudo en la garganta a raíz de las últimas palabras de su compañero, se esforzó en sonreír para quitarle dramatismo al momento. Luego se acercó a la cama y se sentó junto a Steve para mirarlo desde arriba–. Somos amigos. Siempre lo seremos, pero no eres tú quien me necesita –murmuró, bajando el tono de voz ahora que estaba tan cerca del otro–. Todo lo que has hecho lo has conseguido por ti mismo, Steve. Fuiste tú el que no cedió a las limitaciones –le recordó, evocando el momento en el que el mismísimo Capitán América fue rechazado por no cumplir con las exigencias del ejército–. Fuiste tú quien arriesgó la vida en pos de un bien mayor. Fuiste tú quien inspiró a medio continente, quien rescató a docenas de hombres cuando todos los dieron por muertos... incluyéndome a mi. Y luego renunciaste a todo y más para salvar el mundo. Renunciaste a tu vida, a tus seres queridos, a tu reconocimiento –pese a que Bucky ya había sido dado por muerto cuando Steve se estrelló con el avión de Cráneo Rojo, conocía la historia gracias a su exhaustivo estudio de los acontecimientos de la época–. Y desde entonces lo has salvado muchas más veces de las que se merece –apuntó, sabiendo que Steve, pese a sus flaquezas internas, jamás tiraría la toalla. No mientras hubiera inocentes por los que dar la cara–. Incluso me salvaste a mi. Me diste una oportunidad cuando nadie más lo habría hecho, venciste el sometimiento que me había impuesto Hydra, te negaste a matarme aún cuando suponía una amenaza para todo aquél que se me acercara y me protegiste cuando otros clamaban por un justo castigo –Bucky guardó silencio unos segundos e inspiró lentamente, consciente de que su voz no sonaba tan firme como al principio. Luego volvió a sonreír, aunque fue una sonrisa algo triste y melancólica–: ¿Es que no lo ves? El único que te necesita aquí soy yo.
El Soldado de Invierno se mordió el labio inferior, pues hacía tanto tiempo que no expresaba sus sentimientos en voz alta que ahora le resultaba extraño rebelarse de aquél modo. Durante los últimos años se había limitado a cumplir órdenes y a mantener sus emociones tras un muro de hielo y metal. Ahora, el hablar de si mismo hacía que se sintiera vulnerable de algún modo, pero sabía que Steve jamás lo juzgaría. Eso era algo que había demostrado con creces.
–Siempre has sido el más fuerte de los dos, incluso cuando eras un enano que no dejaba de meterse en problemas –esta vez, Bucky sonrió de forma más sincera, pero sin abandonar la nostalgia–. Eres un héroe, Rogers. Y no es gracias al suero, ni siquiera es gracias a todas tus victorias –declaró, y luego alzó su mano de metal para llevarla al pecho de Steve y ponerla justo sobre su corazón–. Es gracias a lo que tienes aquí dentro.
HellcatMientras Steve hablaba, su mejor amigo lo contemplaba en silencio, volcando toda su atención en él. Tuvo que apartar la mirada en el instante en el que el supersoldado se negó a continuar con el proyecto que terminaría con él en la cámara de criogénesis, ya que eso sí lo tomó por sorpresa. Tensó la mandíbula al pensar en lo sencillo que sería acceder a la propuesta de su compañero, aceptar que podrían encontrar una solución a su problema sin que fuera necesario paralizarlo durante un tiempo indefinido. Sí, poder vivir en aquél nuevo tiempo junto a Steve lo haría todo más fácil, pues sería como recuperar una parte de lo que ambos habían perdido... pero los hechos no podían borrarse de un plumazo, sin más. Había deudas, había remordimientos, había demasiada sangre inocente... y toda manchaba sus manos. Quizá su gran amigo no pudiera verla, pero él sí; la veía cada vez que se reflejaba en un espejo, acusándolo, torturándolo. Necesitaba pagar para redimirse.
–No digas tonterías –dijo Bucky y, aunque sentía un nudo en la garganta a raíz de las últimas palabras de su compañero, se esforzó en sonreír para quitarle dramatismo al momento. Luego se acercó a la cama y se sentó junto a Steve para mirarlo desde arriba–. Somos amigos. Siempre lo seremos, pero no eres tú quien me necesita –murmuró, bajando el tono de voz ahora que estaba tan cerca del otro–. Todo lo que has hecho lo has conseguido por ti mismo, Steve. Fuiste tú el que no cedió a las limitaciones –le recordó, evocando el momento en el que el mismísimo Capitán América fue rechazado por no cumplir con las exigencias del ejército–. Fuiste tú quien arriesgó la vida en pos de un bien mayor. Fuiste tú quien inspiró a medio continente, quien rescató a docenas de hombres cuando todos los dieron por muertos... incluyéndome a mi. Y luego renunciaste a todo y más para salvar el mundo. Renunciaste a tu vida, a tus seres queridos, a tu reconocimiento –pese a que Bucky ya había sido dado por muerto cuando Steve se estrelló con el avión de Cráneo Rojo, conocía la historia gracias a su exhaustivo estudio de los acontecimientos de la época–. Y desde entonces lo has salvado muchas más veces de las que se merece –apuntó, sabiendo que Steve, pese a sus flaquezas internas, jamás tiraría la toalla. No mientras hubiera inocentes por los que dar la cara–. Incluso me salvaste a mi. Me diste una oportunidad cuando nadie más lo habría hecho, venciste el sometimiento que me había impuesto Hydra, te negaste a matarme aún cuando suponía una amenaza para todo aquél que se me acercara y me protegiste cuando otros clamaban por un justo castigo –Bucky guardó silencio unos segundos e inspiró lentamente, consciente de que su voz no sonaba tan firme como al principio. Luego volvió a sonreír, aunque fue una sonrisa algo triste y melancólica–: ¿Es que no lo ves? El único que te necesita aquí soy yo.
El Soldado de Invierno se mordió el labio inferior, pues hacía tanto tiempo que no expresaba sus sentimientos en voz alta que ahora le resultaba extraño rebelarse de aquél modo. Durante los últimos años se había limitado a cumplir órdenes y a mantener sus emociones tras un muro de hielo y metal. Ahora, el hablar de si mismo hacía que se sintiera vulnerable de algún modo, pero sabía que Steve jamás lo juzgaría. Eso era algo que había demostrado con creces.
–Siempre has sido el más fuerte de los dos, incluso cuando eras un enano que no dejaba de meterse en problemas –esta vez, Bucky sonrió de forma más sincera, pero sin abandonar la nostalgia–. Eres un héroe, Rogers. Y no es gracias al suero, ni siquiera es gracias a todas tus victorias –declaró, y luego alzó su mano de metal para llevarla al pecho de Steve y ponerla justo sobre su corazón–. Es gracias a lo que tienes aquí dentro.

Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Steve Rogers — Noche — Habitación de invitados — |
Steve Rogers era fuerte sin duda alguna. No sabía la razón, pero rara vez solía verse debilitado, sensible o impactado ¿sería por el tratamiento "supersoldado" recibido en los años cuarentas? ¿O la responsabilidad de ser el líder de los Vengadores? Fuera cuál fuera la respuesta, había decidido que la personas no podían ver aquella fragilidad sobre él, ni el Gobierno, ni los ciudadanos, ni sus compañeros.
Desde su lugar observó a James recordando aquellos tiempos en los que había sido rechazado por el reclutamiento militar de la Segunda Guerra Mundial debido a varios problemas de salud física. Bucky jamás se había ido de su lado en aquél tiempo, ¿porque debería Rogers abandonarlo ahora? Al final de cuentas, el único que conocía a Rogers al 100% era su buen amigo Bucky.
En los años cuarenta, James había sido su modelo a seguir, y así como lo fue, Rogers quería que las nuevas generaciones se guiarán por el bien, por la toma de decisión correcta y por la tolerancia, respeto y paz entre los habitantes. Eso lo llevaba a pensar que actualmente esa meta se veía inalcanzable con los Vengadores desunidos, con el Gobierno tras de ellos, y con el distanciamiento de Tony Stark. ¿El Gobierno se atrevería a ponerlos del lado del mal, como enemigos? No sería la primera vez que lo harían; Rogers sabía bien que S.H.I.E.L.D. era visto como la oveja negra del Gobierno. Al rubio le daba coraje pensar que Peggy se habría esforzado tanto para fundar la institución que ahora era vista como un error y un nido de enemigos latentes. "No pasará lo mismo con los Vengadores, lo juro" - se dijo a sí mismo mientras su vista se concentraba en la de su amigo.
Ambos no solo cargaban con responsabilidad, si no, con la culpa que sus propios problemas conllevaban, además claro de pertenecer a otra época. Rogers haría lo que fuera necesario para librar a Bucky de toda la opinión pública, más que nada, porque había sido señalado como el asesino que colocó la bomba en las Naciones Unidas. Tendría que limpiar su nombre, y a Rogers no le importaría tener que pararse frente a una cámara de televisión a nivel internacional para enmendar el asunto, ni siquiera revelar como sucedieron las cosas y señalar al verdadero enemigo: HYDRA.
Atento, Rogers observó el rostro de su amigo, que de alguna manera se notaba tenso. - Yo limpiaré tu nombre, lo prometo, así tenga que hablar con el Presidente de los Estados Unidos en persona o enfrentar un juicio político. La verdad saldrá a la luz.- respiró hondo trazando la idea en su cabeza. Sabía que para Bucky no sería fácil, había mucha sangre inocente regada bajo sus manos; pero para Rogers su amigo no fue el culpable, tan solo fue el medio, el daño colateral; un títere, usado por HYDRA y por Zemo en la búsqueda de su venganza.
- No son tonterías. Tu no eres el culpable de nada. Tu fuiste usado, controlado bajo las ordenes enemigas. - Bucky lo sabía bien. Analizó cada respiración de su amigo cuando su voz se empezaba a distorsionar un poco. - No digas eso.- le instó, ya que decía que no lo necesitaba. - ¿Quién estuvo allí apoyándome cuando una y otra vez el ejército me rechazó? ¿Eh? - preguntó negando con la cabeza. - Habré sido yo quién no cedió ante las limitaciones, pero fuiste tu quién me dio las fuerzas, la esperanza, las ganas de volver a intentar. Tu trabajo como soldado, tus ganas de hacer el bien. Si el Capitán América existe es gracias a ti. - incluso el doctor Dr. Abraham Erskine le permitió unirse al ejército cuando escuchó la charla entre ambos camaradas.
Recordaba cuando en efecto, había rescatado a muchos hombres desaparecidos en la Guerra contra Calavera Roja, y a quienes después reclutó en su equipo; muchos de ellos había muerto en batallas, otros más debido a la vejez, que les alcanzó cuando Rogers y Barnes estaban en su letargo congelado. - Por que te quiero.- soltó de pronto, era demasiado por digerir para Steve. - Si te dí una oportunidad cuando nadie lo hizo, me negué a matarte, y te protegí es porque te quiero.- Rogers jamás se había atrevido a mostrar verbalmente ese cariño, ambos sabían que se querían a través de las acciones que realizaban diariamente por el otro, pero de cierta manera, se habían mostrado fríos.
Cerró los ojos sintiendo un gran vacío en el corazón y estomago, no quería volver a perder a su amigo; en efecto, Bucky decía que lo necesitaba, pero esa sensación era mutua. Los últimos años habían sido difíciles para Steve, el ver que su mejor amigo era uno de sus peores enemigos, o que sus otros amigos no confiaban en él o incluso planearan asesinarlo. - Si, ese enano que ahora puede derrotarte.- dijo en broma como para tratar de romper la charla cargada de sentimientos aunque la sinceridad se adueñaba de su voz.
En cuanto sintió en el pecho la mano de su amigo, se la estrechó. Sabía que su amigo no podría tener sensación alguna en aquella extremidad, por lo que tomó la otra mano y la llevó hasta la misma posición. - Aprendí del mejor.- dijo mirando sus penetrantes ojos. - Sé que tu también tienes un gran corazón, si no fuera por HYDRA, los demás podrían verlo también. Yo lo veo...- su corazón empezó a latir con más fuerza, ¿acaso Bucky podría notarlo? - Lo veo en tus ojos.- dijo sin despegar la mirada, cada vez más cerca del otro. - En tus acciones conmigo. Yo soy quién realmente te conoce, y sé quién eres Bucky, creo que a veces estoy más convencido de lo que eres, que tú mismo.- sabía que la culpa lo carcomía cada que podía. Acercó la mano hasta la nuca ajena y la acarició bajándola a su cuello, sintiendo una necesidad inexplicable de hacer algo con sus labios, algo que nunca habría experimentado con su amigo, pero por más que Capitán América fuera un hombre valiente, no dejaba de pensar en la posible reacción de su amigo. Un toque de miedo invadió su cuerpo. - Espero me perdones.- susurró apenas despegando la nuca de la superficie de la cama para llevar sus labios hasta los ajenos y plantar un beso en la parte externa de ellos, mientras que su mano bajaba del cuello de su compañero para detenerse en su pecho.
¿The good or the bad one?
I prefer to be both
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Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Bucky Barnes — Noche — Habitación de Steve — |
A Bucky, los miembros de Hydra le habían arrebatado muchas cosas. Le arrebataron la oportunidad de morir siendo un héroe, le arrebataron la libertad, le arrebataron la mente, la conciencia, sus ideales; le arrancaron su propia voluntad, la capacidad de pensar y lo convirtieron en una marioneta sin más función que la de servir y asesinar. Y al principio ni siquiera le importó, pues también le habían robado la capacidad de sentir cualquier cosa que no fuera odio y obediencia. Todo en su corazón, todo en su cabeza, era un oscuro halo de sombras... hasta que Steve reapareció en su vida. Él fue el detonante de su rebeldía, la pieza que hizo encajar todas las demás, el pequeño pero potente halo de luz que se encargó de desterrar la sombra poco a poco. Desde el primer momento que se encontrara de él en una azotea, justo después de que asesinara a Nick Fury, no había podido dejar de pensar en sus ojos azules. Y poco después, cuando escuchó su propio nombre en los labios ajenos, supo que nunca volvería a olvidarlo. Era sencillo: no podía olvidar a alguien que formaba parte de si mismo. No podía olvidar a alguien que le había devuelto la conciencia, el libre albedrío y, sobre todo, las emociones. Y, aunque la mayor parte del tiempo esas emociones eran difíciles de soportar (pues se reducían a la culpabilidad, al rencor o al dolor), otras le recordaban que aún estaba vivo, y que ya era libre del yugo de Hydra.
Sí; su capacidad de sentir había regresado, y Steve parecía empeñado en recordárselo cada minuto pues, aunque el vengador no lo supiera, bastaba una sola palabra suya para que el Soldado de Invierno sintiera un huracán devastando su interior. Era su constante apoyo, su fe ciega, su infinito compañerismo... y eran aquellas dos palabras. “Te quiero”. A Bucky lo tomaron por sorpresa, y eso que hacía años que nada podía sorprenderlo. ¿Hacía cuánto tiempo que nadie le había dicho aquello? ¿Se lo habían dicho alguna vez, de hecho? Sus padres, quizá, hacía ya demasiado. ¿Y Steve? ¿Se lo había dicho Steve alguna vez? No podía recordarlo, aunque le gustaría saberlo. En cualquier caso, se sintió como si jamás le hubieran dicho nada parecido, como si aquella fuera la primera muestra de afecto que lo golpeara en años. Con aquellas palabras, su compañero provocó que le latiera más fuerte el corazón, y que el oxígeno se le escapara de los pulmones como si alguien se los hubiera comprimido. Bucky, sin embargo, se esforzó en disimular para que ninguno de aquellos síntomas se volviera evidente. Continuó escuchando a Steve, mirándolo con una mezcla de admiración, cariño y respeto mientras le hablaba de un corazón que él creía haber perdido a manos de Hydra. Aunque, bien pensado, quizá fue su corazón lo único que aquellos condenados no pudieron arrancarle.
Mientras se esforzaba por respirar con normalidad -algo que se le estaba antojando más difícil con cada segundo que pasaba, aunque no sabría explicar el porqué-, Bucky sintió algo extraño. Al principio no supo que era, pero luego cayó en el detalle: era el pulso de Steve. Su corazón, que latía acelerado bajo su propia mano. Tras pasar años ejerciendo de espía y matón, Bucky había aprendido a fijarse en aquellos detalles: la postura, la respiración, el pulso, el tono de voz... cualquier cosa podía proporcionarle información sobre su enemigo. Pero Steve no era un enemigo. Ni siquiera lo fue cuando él pretendía asesinarlo.
–Steve... –murmuró. Podría haberlo susurrado, porque su compañero estaba tan cerca que lo habría escuchado de todas formas. Quiso decirle que creía que tenía razón, que él lo conocía más que nadie, más que él mismo incluso. Quiso decirle que mientras él creyera que podía superar sus problemas, estaría dispuesto a hacerlo para no decepcionarlo. Solo necesitaba su apoyo, su compañía, y todo lo demás le daba igual...
Pero Bucky no pudo pronunciar ninguna de aquellas palabras, porque toda la voz murió en su garganta cuando Steve se separó del colchón para darle un beso. Al principio ni siquiera fue consciente de que era un beso, tal fue su confusión. Le resultó imposible pensar, porque toda su mente se había volcado sobre la suavidad que sentía contra la boca, sobre el calor que le transmitían los labios del vengador. Se sintió como si alguien hubiera vertido lava incandescente en sus venas y esta le estuviera prendiendo llamas por dentro. El pulso se le disparó, su columna fue sacudida por una pequeña corriente eléctrica. Era como volver a estar sometido, pero sintiéndose increíblemente libre al mismo tiempo.
Y entonces lo comprendió: aquello era lo que quería. Aquello era lo que había estado deseando desde que Steve apareció en su piso franco para protegerle de Pantera Negra y el gobierno. Era con lo que soñaba cada noche desde que se liberó de Hydra, lo que buscaba cada segundo que pasaba cerca de su mejor amigo.
Bucky se separó de Steve, sobrepasado por las emociones que lo sacudían. Frunció el ceño, se recordó que debía seguir respirando y miró al vengador a los ojos. Casi se sintió mareado.
–Steve... –repitió, y se dio cuenta de que la voz le sonaba más ronca de lo normal. Quería decirlo todo y nada a la vez. Quería convertir en palabras lo que sentía en aquél momento, pero comprendió que no era posible. Continuaba deseando solo una cosa, y por ello volvió a inclinarse sobre Steve al mismo tiempo que lo tomaba por la nuca con su mano de metal. No quiso ser brusco, pero le costó trabajo contenerse tras comprender que aquello era lo que había estado necesitando desde hacía meses: buscó los labios del rubio y los presionó con los propios. Sintió una oleada de fuego desplegándose por su sistema una vez más, y entonces cerró los ojos... y separó los labios. Ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que lo hizo: se inclinó un poco más y acarició los labios de Steve con la lengua, pidiéndole profundizar, pidiéndole sentir.
HellcatSí; su capacidad de sentir había regresado, y Steve parecía empeñado en recordárselo cada minuto pues, aunque el vengador no lo supiera, bastaba una sola palabra suya para que el Soldado de Invierno sintiera un huracán devastando su interior. Era su constante apoyo, su fe ciega, su infinito compañerismo... y eran aquellas dos palabras. “Te quiero”. A Bucky lo tomaron por sorpresa, y eso que hacía años que nada podía sorprenderlo. ¿Hacía cuánto tiempo que nadie le había dicho aquello? ¿Se lo habían dicho alguna vez, de hecho? Sus padres, quizá, hacía ya demasiado. ¿Y Steve? ¿Se lo había dicho Steve alguna vez? No podía recordarlo, aunque le gustaría saberlo. En cualquier caso, se sintió como si jamás le hubieran dicho nada parecido, como si aquella fuera la primera muestra de afecto que lo golpeara en años. Con aquellas palabras, su compañero provocó que le latiera más fuerte el corazón, y que el oxígeno se le escapara de los pulmones como si alguien se los hubiera comprimido. Bucky, sin embargo, se esforzó en disimular para que ninguno de aquellos síntomas se volviera evidente. Continuó escuchando a Steve, mirándolo con una mezcla de admiración, cariño y respeto mientras le hablaba de un corazón que él creía haber perdido a manos de Hydra. Aunque, bien pensado, quizá fue su corazón lo único que aquellos condenados no pudieron arrancarle.
Mientras se esforzaba por respirar con normalidad -algo que se le estaba antojando más difícil con cada segundo que pasaba, aunque no sabría explicar el porqué-, Bucky sintió algo extraño. Al principio no supo que era, pero luego cayó en el detalle: era el pulso de Steve. Su corazón, que latía acelerado bajo su propia mano. Tras pasar años ejerciendo de espía y matón, Bucky había aprendido a fijarse en aquellos detalles: la postura, la respiración, el pulso, el tono de voz... cualquier cosa podía proporcionarle información sobre su enemigo. Pero Steve no era un enemigo. Ni siquiera lo fue cuando él pretendía asesinarlo.
–Steve... –murmuró. Podría haberlo susurrado, porque su compañero estaba tan cerca que lo habría escuchado de todas formas. Quiso decirle que creía que tenía razón, que él lo conocía más que nadie, más que él mismo incluso. Quiso decirle que mientras él creyera que podía superar sus problemas, estaría dispuesto a hacerlo para no decepcionarlo. Solo necesitaba su apoyo, su compañía, y todo lo demás le daba igual...
Pero Bucky no pudo pronunciar ninguna de aquellas palabras, porque toda la voz murió en su garganta cuando Steve se separó del colchón para darle un beso. Al principio ni siquiera fue consciente de que era un beso, tal fue su confusión. Le resultó imposible pensar, porque toda su mente se había volcado sobre la suavidad que sentía contra la boca, sobre el calor que le transmitían los labios del vengador. Se sintió como si alguien hubiera vertido lava incandescente en sus venas y esta le estuviera prendiendo llamas por dentro. El pulso se le disparó, su columna fue sacudida por una pequeña corriente eléctrica. Era como volver a estar sometido, pero sintiéndose increíblemente libre al mismo tiempo.
Y entonces lo comprendió: aquello era lo que quería. Aquello era lo que había estado deseando desde que Steve apareció en su piso franco para protegerle de Pantera Negra y el gobierno. Era con lo que soñaba cada noche desde que se liberó de Hydra, lo que buscaba cada segundo que pasaba cerca de su mejor amigo.
Bucky se separó de Steve, sobrepasado por las emociones que lo sacudían. Frunció el ceño, se recordó que debía seguir respirando y miró al vengador a los ojos. Casi se sintió mareado.
–Steve... –repitió, y se dio cuenta de que la voz le sonaba más ronca de lo normal. Quería decirlo todo y nada a la vez. Quería convertir en palabras lo que sentía en aquél momento, pero comprendió que no era posible. Continuaba deseando solo una cosa, y por ello volvió a inclinarse sobre Steve al mismo tiempo que lo tomaba por la nuca con su mano de metal. No quiso ser brusco, pero le costó trabajo contenerse tras comprender que aquello era lo que había estado necesitando desde hacía meses: buscó los labios del rubio y los presionó con los propios. Sintió una oleada de fuego desplegándose por su sistema una vez más, y entonces cerró los ojos... y separó los labios. Ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que lo hizo: se inclinó un poco más y acarició los labios de Steve con la lengua, pidiéndole profundizar, pidiéndole sentir.

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Dont you dare Steve Rogers — Noche — Habitación de invitados — |
¿Cuanto tiempo más podría acumular todo el peso que representaba su nombre? Rogers se sentía eventualmente cansado de obligarse a ser el hombre valeroso, líder, fuerte y consciente de lo males del mundo. A veces se olvidaba que antes de volverse un superheroe, era un humano. No era el salvador del mundo, y al final de cuentas, todo tenía un principio y un final. El mal trataría de reinar por toda la eternidad, mientras hubiera humanos, habría males, mientras existieran extraterrestres habría problemas tarde o temprano. La raíz del problema era la consciencia, aquella que se dejaba seducir por el poder, por la avaricia y la soberbia. La mente era poderosa, actuaba a veces sin razón, como lo había hecho Zemo en su plan de venganza, como lo habían hecho muchos otros más pensando que lo que hacían era en bien de la humanidad, cuando en verdad pudiera haberla hecho llegar hasta su destrucción; incluso Tony Stark había fallado al crear a Ultron. Si algo tenía claro era que el Capitán América no era la solución del problema, ni siquiera los Vengadores juntos, pero si una pequeña ayuda en el mundo mientras tuvieran la oportunidad.
Su misión actual sería destruir HYDRA de una vez por todas, ayudar a la reestructuración de SHIELD, y limpiar el nombre de su viejo amigo. Con esas tres cosas podría simplemente descansar, sentirse útil y dejar a otros superheroes tomar el liderazgo que el mundo necesitaba.
Apoyado en la cama veía como su amigo lo miraba fijamente, era una de esas miradas que hacían profundizar la sensación de cariño, una potente, pero a la vez, llena de remordimiento. ¿Que podía hacer Rogers para calmar la mente de Bucky? Simplemente había tratado casi de todo, ya no solo se trataba de estar a un lado de él, apoyándolo a cada momento, si no, de convencer a los demás de que el Soldado de Invierno era un humano como ellos; uno que sufría, que se arrepentía, que era capaz de proteger a los demás, de amar.
Estaba nervioso, y cada célula de su cuerpo se esforzaba en hacérselo saber, desde el latido de su corazón que bombeaba sangre de manera más apresurada, hasta la repentina subida de presión; incluso un escaso adormecimiento en algunas partes de su cuerpo y un brusco movimiento en su abdomen que le pedía tranquilizarse. La última vez que había estado sintiendo esa sensación nerviosa había sido al presenciar la batalla entre Ironman y el Soldado de Invierno, pero aún así le sorprendía saber que lo que pasaba en su cuerpo ahora no se sentía del todo mal.
El rubio sintió como los vellos de sus brazos se erizaron al escuchar el murmuro de su nombre, tan claro, pero que le hacía creer que había llegado al punto más álgido en su cuerpo. No supo como reaccionar al no sentir movimiento en los labios de Bucky cuando se había acercado a besarle. Quiso pensar que tal vez su amigo sentía sorpresa, pero también no pudo evitar pensar de manera pesimista en que tal vez no le habría gustado o tal vez su amigo era más que nada eso, un amigo al que tendría que ponerle ciertos límites.
El calor emanaba de sus puros labios, unos que no habían experimentado demasiadas bocas, y mucho menos las de un hombre al que ciertamente le tenía demasiado aprecio. En ese momento sus pensamientos eran endebles, carentes de sentido, pues su cuerpo se encontraba tratando de enfocarse en esos carnosos labios y en sentir una reacción positiva de estos. Rogers se separó, dejando la mano en el cuello ajeno, una que tal vez en el pasado trató de dejarlo inconsciente para que no lastimara a más personas.
Sus ojos azules se postraron en los de Bucky, en lo que parecieron ser los segundos más largos de su vida. El silencio reinó en la habitación, necesitaba una respuesta, una que le perdonara las acciones realizadas por su cuerpo, movimientos que no pudieron ser planeados o si quiera lógicos; Rogers había actuado por pura impulsividad. - Lo lamento...sé que...- sus palabras se vieron interrumpidas al momento en que su amigo se acercó a besarle. Aquellas caricias carecían de confusión, de miedo y de sentido alguno.
El brazo de metal en su nuca buscaba que Rogers se acercase a Barnes, pudiendo sentir al fin una respuesta inaludible en la comisura de sus labios, que se coordinaba con los propios. Steve creía que estaba soñando, pues jamás se imaginó que llegaría a ese punto, pero lo que en el fondo sabía era que siempre había querido eso. Necesitaba cariño, alguna forma de transmitir eso que sentía por Bucky y había encontrado la forma de expresarlo.
Su codo izquierdo se apoyaba del colchón para soportar su propio peso, mientras que la otra mano se aferró a la nuca ajena, como si eso hiciera posible acercar más a su acompañante. El vengador no dudó en introducir la lengua en la boca ajena una vez que la lengua de Barnes se lo solicitó, de tal forma que pudo sentir la calidez de ésta; sus acciones comenzaron a ser impulsivas, dejando que su cuerpo reaccionara por si solo. Era imposible de creer que apenas pocos días atrás habían estado luchando uno contra otro y ahora se encontraran en un momento de intimidad jamás experimentado por ninguno.
Rogers aspiró su aroma, palpó su fuerza al llegar la mano libre hasta el brazo no metálico, pudiendo sentir la piel apenas separada por una delgada capa de tela, quería sentir más, quería que no hubiera separación alguna entre ellos, y de repente se sintió más nervioso de imaginarse que pudieran llegar a más, ¿estaría preparados? ¿Dejaría que su cuerpo tomara esas decisiones? pero, si no era ahora ¿Cuando tendrían la oportunidad? ¿Que pasaría si Rogers moría en una de las batallas venideras mientras su amigo se encontrara congelado?
No iba a perder la oportunidad.
Ignorando las cuestionantes que surgían en su mente como muros que rodeaban una fortaleza, Rogers llevó la mano libre hasta el pecho de su compañero. Se separó por apenas segundos para volver a centrarse en los ojos de su amigo, que se conectaban con los suyos como si de imanes se tratara. El vengador le sonrió, más seguro de sí mismo, y volvió a acercar su boca a los labios de Bucky, besándolo como si no hubiera un mañana, como si aquellos besos lograran que Barnes deshiciera todas y cada una de las capas ocultas que enredaban su corazón de ira, de culpa, de arrepentimiento.
Rogers trató de incorporarse un poco, para lograr que Barnes se acostara en la cama y él subiera su torso sobre el ajeno, mientras que su mano se atrevía a colarse por debajo de su camiseta negra, que definía perfectamente sus músculos sobresalientes del pecho y abdomen. El vengador volvió a sentir nerviosismo, pero si dejaba que lo invadiera entonces no se atrevería a hacer nada, por lo que alejó esos pensamientos y dejó que la palma de su mano derecha se postrara en el abdomen de James, sintiendo directamente la piel, de tal forma que pudo percibir su respiración fluctuante mientras que iba subiendo lentamente hasta su pecho, por debajo de su camiseta, mientras que los labios seguían sincronizándose de forma magistral, jamás imaginada.
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Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Bucky Barnes — Noche — Habitación de Steve — |
Bucky no podía negar que había deseado su propia muerte más veces de lo que debería. Lo había hecho casi a diario desde aquél fatídico instante en el que Hydra recogió su cuerpo malherido, lo sanó y lo congeló para usarlo en su propio beneficio años después. Sí, había deseado morir cada vez que había apretado el gatillo para matar a alguien inocente, cada vez que había seguido una orden a la que su yo anterior se habría opuesto firmemente. El caso es que no podía morir: era demasiado fuerte, lo habían hecho demasiado bien, y sus misiones siempre terminaban en victorias manchadas de sangre. Todo aquello fue como una especie de pesadilla, pues aunque la mayor parte de él era totalmente inconsciente y solo sentía la necesidad de obedecer, aún quedaba un resquicio de honor. Y aquél resquicio, aquella última llama de libertad que permanecía escondida en algún rincón de su torturada mente, gritaba de forma desgarradora cada vez que se traicionaba a si mismo. Sin lugar a dudas, pensaba, habría sido mucho mejor que la caída que sufrió desde el tren en marcha hacía ya muchos años lo hubiera matado del todo. Buky hubiese dado cualquier cosa por haber perecido al estrellarse contra las rocas nevadas, por no haber vuelto convertido en una sanguinaria marioneta que no solo había ejecutado a gente que no lo merecía, sino que además había colaborado en la caída de Shield y había detonado la Guerra Civil entre Los Vengadores. El mundo entero habría estado mejor sin él...
Pero ahora, sus pensamientos habían cambiado: ya no quería morir. Quizá fuera egoísta pensar así, pero mientras los labios de Steve se encontraban con los suyos para regalarle un calor jamás conocido, solo podía dar las gracias por tener la oportunidad de vivir aquél momento. En los besos que compartió con su mejor amigo, Bucky fue capaz de encontrar la redención aunque fuera durante un efímero instante. ¿Importaba algo más mientras él pudiera estar con Steve? Pensó que sí hasta que sus bocas se unieron de forma más íntima, más húmeda, más permisiva. Entonces, y después de que el sabor del vengador lo golpeara, todo lo que quedaba fuera de la habitación en la que se encontraban dejó de existir, se difuminó hasta convertirse en nada.
¿Podía ser que lo hubieran metido ya en la cámara de criogénesis? Quizá estaba congelado y no lo sabía, quizá todo lo que creía estar experimentando no era más que un maravilloso sueño que se esfumaría al despertar. Al fin y al cabo, ¿cómo podía Steve sentir algo así? El Capitán América, que era el primer héroe que había visto el mundo... ¿por qué iba a escoger a alguien como él?
Cuando Steve lo empujó poniendo una mano en su pecho, Buky no ofreció ningún tipo de resistencia y se recostó en el colchón para que el otro se pusiera encima. Su mente se negaba a resistirse, a abrir los ojos, a respirar, a hacer cualquier cosa que no fuera seguir besando a su mejor amigo. Satisfecho por el cambio de posición, el Soldado de Invierno hizo volar sus manos hasta la espalda del rubio. Una vez allí, las hizo ascender lentamente, desde la cadera hasta los hombros, deleitándose con cada una de las depresiones que dibujaba la firme musculatura de su compañero.
Finalmente, Bucky tuvo que separarse para tomar algo del aire que los apasionados besos le habían arrebatado. Separó los labios y jadeó sin darse cuenta, cautivado por el sutil contacto que sentía en su abdomen. Parecía que Steve era capaz de transmitirle calor con aquél contacto, pues la piel comenzó a arderle allí donde reposaba la mano del vengador; era como si el estómago se le estuviera prendiendo en llamas, unas que no quemaban pero hacían temblar su sistema nervioso. Y aquél calor salido de la nada explotó de pronto, viajando por su columna vertebral, erizándole el bello de la nuca y dilatando sus pupilas. Sin poder evitarlo, bajó la mirada hacia el punto en el que la mano ajena se perdía bajo su camiseta negra, y luego se mordió el labio que aún tenía inflamado por los besos. Al contrario de lo que cualquiera pudiera pensar, Steve tenía las manos increíblemente suaves. Las sedosas yemas de sus dedos causaban estragos sobre su abdomen, pero al mismo tiempo lo ayudaban a tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo realmente.
–Steve, yo... –murmuró, y tuvo que carraspear al darse cuenta de que su voz sonaba demasiado ronca. Hizo una pequeña pausa y alzó la barbilla para mirar a su compañero a los ojos, a aquellos deslumbrantes ojos azules que jamás lo habían mirado con desprecio. Y entonces tuvo miedo. ¿Miedo? Sí, podía decirse que era alguna clase de miedo. Le asustó que Steve estuviera haciendo todo aquello porque la situación lo hubiera sobrepasado y dejado vulnerable de algún modo. Le horrorizó pensar en la posibilidad de que el Vengador pudiera llegar a arrepentirse de lo que estaba pasando allí. Y, aunque Bucky lo deseaba como nunca había deseado nada, algo en su interior lo forzó a plantear la duda–.: ¿Estás seguro...? Quiero decir, tú... –el soldado ni siquiera fue capaz de escoger las palabras adecuadas, así que su mente le regaló el recuerdo de una escena de la que había sido testigo, muy a su pesar–. Besaste a Sharon Carter.
Tras pronunciar aquellas palabras Bucky volvió a morderse el labio, percatándose de que no sabía cómo habían sonado exactamente. ¿Como un reproche? ¿Como un pequeño e inoportuno ataque de celos? ¿Como una forma de cuestionar la sexualidad de Steve, de pedirle que reflexionara sobre lo que acababa de pasar entre ellos dos y continuara solo si estaba completamente seguro de que no se lamentaría por ello más tarde? Solo había una cosa que tenía totalmente clara: si su mejor amigo quería ponerle fin a aquello tendría que hacerlo en aquél precioso instante, porque si continuaban, si daban un solo paso más... Bucky no estaba muy seguro de poder detenerse.
HellcatPero ahora, sus pensamientos habían cambiado: ya no quería morir. Quizá fuera egoísta pensar así, pero mientras los labios de Steve se encontraban con los suyos para regalarle un calor jamás conocido, solo podía dar las gracias por tener la oportunidad de vivir aquél momento. En los besos que compartió con su mejor amigo, Bucky fue capaz de encontrar la redención aunque fuera durante un efímero instante. ¿Importaba algo más mientras él pudiera estar con Steve? Pensó que sí hasta que sus bocas se unieron de forma más íntima, más húmeda, más permisiva. Entonces, y después de que el sabor del vengador lo golpeara, todo lo que quedaba fuera de la habitación en la que se encontraban dejó de existir, se difuminó hasta convertirse en nada.
¿Podía ser que lo hubieran metido ya en la cámara de criogénesis? Quizá estaba congelado y no lo sabía, quizá todo lo que creía estar experimentando no era más que un maravilloso sueño que se esfumaría al despertar. Al fin y al cabo, ¿cómo podía Steve sentir algo así? El Capitán América, que era el primer héroe que había visto el mundo... ¿por qué iba a escoger a alguien como él?
Cuando Steve lo empujó poniendo una mano en su pecho, Buky no ofreció ningún tipo de resistencia y se recostó en el colchón para que el otro se pusiera encima. Su mente se negaba a resistirse, a abrir los ojos, a respirar, a hacer cualquier cosa que no fuera seguir besando a su mejor amigo. Satisfecho por el cambio de posición, el Soldado de Invierno hizo volar sus manos hasta la espalda del rubio. Una vez allí, las hizo ascender lentamente, desde la cadera hasta los hombros, deleitándose con cada una de las depresiones que dibujaba la firme musculatura de su compañero.
Finalmente, Bucky tuvo que separarse para tomar algo del aire que los apasionados besos le habían arrebatado. Separó los labios y jadeó sin darse cuenta, cautivado por el sutil contacto que sentía en su abdomen. Parecía que Steve era capaz de transmitirle calor con aquél contacto, pues la piel comenzó a arderle allí donde reposaba la mano del vengador; era como si el estómago se le estuviera prendiendo en llamas, unas que no quemaban pero hacían temblar su sistema nervioso. Y aquél calor salido de la nada explotó de pronto, viajando por su columna vertebral, erizándole el bello de la nuca y dilatando sus pupilas. Sin poder evitarlo, bajó la mirada hacia el punto en el que la mano ajena se perdía bajo su camiseta negra, y luego se mordió el labio que aún tenía inflamado por los besos. Al contrario de lo que cualquiera pudiera pensar, Steve tenía las manos increíblemente suaves. Las sedosas yemas de sus dedos causaban estragos sobre su abdomen, pero al mismo tiempo lo ayudaban a tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo realmente.
–Steve, yo... –murmuró, y tuvo que carraspear al darse cuenta de que su voz sonaba demasiado ronca. Hizo una pequeña pausa y alzó la barbilla para mirar a su compañero a los ojos, a aquellos deslumbrantes ojos azules que jamás lo habían mirado con desprecio. Y entonces tuvo miedo. ¿Miedo? Sí, podía decirse que era alguna clase de miedo. Le asustó que Steve estuviera haciendo todo aquello porque la situación lo hubiera sobrepasado y dejado vulnerable de algún modo. Le horrorizó pensar en la posibilidad de que el Vengador pudiera llegar a arrepentirse de lo que estaba pasando allí. Y, aunque Bucky lo deseaba como nunca había deseado nada, algo en su interior lo forzó a plantear la duda–.: ¿Estás seguro...? Quiero decir, tú... –el soldado ni siquiera fue capaz de escoger las palabras adecuadas, así que su mente le regaló el recuerdo de una escena de la que había sido testigo, muy a su pesar–. Besaste a Sharon Carter.
Tras pronunciar aquellas palabras Bucky volvió a morderse el labio, percatándose de que no sabía cómo habían sonado exactamente. ¿Como un reproche? ¿Como un pequeño e inoportuno ataque de celos? ¿Como una forma de cuestionar la sexualidad de Steve, de pedirle que reflexionara sobre lo que acababa de pasar entre ellos dos y continuara solo si estaba completamente seguro de que no se lamentaría por ello más tarde? Solo había una cosa que tenía totalmente clara: si su mejor amigo quería ponerle fin a aquello tendría que hacerlo en aquél precioso instante, porque si continuaban, si daban un solo paso más... Bucky no estaba muy seguro de poder detenerse.

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Dont you dare Steve Rogers — Noche — Habitación de invitados — |
El calor se iba incrementando en la habitación, no solo por el clima selvático y húmedo que Wakanda solía ofrecer, si no por los dos cuerpos que se encontraban reposando arriba de la cama de manera cómplice, sensual. La mente de Rogers se encontraba bastante confundida, se estaba besando con su mejor amigo de toda la vida, se preguntaba ¿que pasaría al día siguiente? ¿Se perdonaría de aquello? ¿Su relación volvería a ser la misma? Y lo más importante, ¿si las cosas salían mal, podrían volver a ser amigos? Pero la prioridad de sus pensamientos se ensimismaban en descubrir su sexualidad. Jamás le había llamado la atención un hombre como él, ni siquiera se había puesto a pensar en el cariño que le tenía a Bucky, simplemente éste existía en su corazón. ¿Que era lo que había cambiado? Quizá el hecho de perderle nuevamente le hacía dudar, y sobre todo, arrepentirse de no haberlo hecho anteriormente, antes de sus dos anteriores desapariciones. -"Tanto que me perdí."- pensó mientras probaba los tersos y dulces labios.
Rogers no estaba de acuerdo en que Bucky no se diera cuenta del verdadero corazón que poseía, era un hombre interesado en la protección de los demás, primeramente de él, pero también de los seres humanos restantes del planeta. Estos cometían errores, en efecto, pero ni siquiera los errores de Bucky fueron propiamente de él, si no que había sido vilmente manipulado por HYDRA sin que pudiera tener el libre albedrío. Uno que sin duda alguna hubiera sido a su lado, en su Escuadrón durante la Segunda Guerra Mundial.
Por otro lado, el Capitán pensaba que si Bucky no hubiera caído por las vías del tren, la historia hubiera sido peor. ¿Porque? Simplemente porque meses después, Rogers había quedado congelado en el océano durante décadas después de la persecución y derrota de Calavera Roja. Eso significaba que Bucky se hubiera hecho mayor sin él, y en un abrir y cerrar de ojos, se convirtiera en un anciano. La muerte de Carter le había afectado, pero más le hubiera afectado ver que su amigo hubiera vivido otra época sin su compañía.
Sus labios se movían entre todo el contorno de los labios ajenos, unos que aspiraban cada respiración y cada latido que expedía su propio ser. ¿Que significaría que su amigo le hubiera correspondido? ¿Acaso era confusión? ¿Instinto? Sus labios se habían acoplado a la perfección, como si ambos hubieran esperado una eternidad para estar juntos. Y la realidad era que habían pasado décadas.
El exterior dejó de importarle, sus preocupaciones futuras sobre su misión de acabar con HYDRA también, tan solo se permitía descubrir las nuevas sensaciones que Bucky lograba crear en su cuerpo. Jamás había sentido esa sensación, esa excitación tan prolongada, ni siquiera ese erotismo que dudaba que podía emanar de sus movimientos. Las yemas de sus dedos se impregnaban con la piel del pecho de su amigo, aquél que se movía en sincronía con sus respiraciones.
No tuvo reparo alguno en reconocer cada línea muscular del torso de su viejo amigo, uno fuerte, marcado y duro como la roca. El rubio sintió aquellas extremidades - una fría por el metal - sobre su espalda, suponiendo con la correspondencia que el hombre disfrutaba cada uno de sus besos y sobre todo su contacto. No podía pedir simplemente más, tenía lo que había estado esperando durante toda su vida; con Bucky, sin duda alguna, se sentía comprendido.
El rubio se separó apenas instantes en los que pudo tomar algo de aire, logrando que los vellos de sus brazos se erizaran ante el jadeo del hombre frente a él. Volvió a bajar y subir la caricia del torso, descubriendo en el rostro de su acompañante, todo lo que podía hacerle experimentar. Tenía unas impresionantes ganas de continuar y hacerle ver todo lo que el hombre podía ejercer sobre él. Entonces el hombre se detuvo y Rogers tuvo miedo, ¿acaso había terminado la magia? ¿Se estaría dando cuenta de que eso no era lo que quería? Le asustó el solo pensar que había mil y un formas de terminar lo que habían empezado, desde que no le gustaran los besos o que la situación fuera demasiada incomoda para él; pero también pensaba que eso no podría ser dado los jadeos que eventualmente sus labios emanaron. En cuanto escuchó la pregunta, el hombre le dedicó una sonrisa, era tan noble que se preocupaba por las acciones de su mejor amigo. - Lo se...puede ser confuso hasta para mí.- dijo pensando en aquél beso con Sharon Carter, sin que esos pensamientos alejaran la mano del interior de su camiseta. - Sinceramente no se lo que pasa en mi cabeza....tengo miedo de perderte para siempre, si no hago esto terminaré por volverme loco, las últimas dos veces que te perdí estuve a punto de hacerlo. Tanto tiempo he buscado a una mujer para sentirme pleno...- usó su dedo índice para trazar un círculo en el interior de su torso. - Pero...creo que he encontrado lo que busco... - entonces sus ojos azules se compenetraron con los del hombre, claros como el cielo. - ...o más bien, siempre estuviste junto a mí. Esto es lo que quiero. Te quiero a ti.- y dicho eso se mordió los labios para volver a acercarse a los del hombre y volver a acercarse a su boca, aunque no los besó aún. No solo hizo eso, si no que se incorporó y se levantó un poco para pasar la pierna hacía el otro lado sobre el cuerpo de Bucky, hasta lograr sentarse sobre el regazo del hombre, al cuál le tomó las manos, llevándolas hasta la parte superior de la cama. - O dime que esto no te gusta...dímelo a los ojos.- su tono de voz era cambiante de acuerdo a la situación, en aquél momento trató de hacerlo de la forma más seductora posible, estando arriba de su amigo, acercándose a los labios ajenos, como si se encontrara jugando.
- ¿Acaso al Soldado de Invierno le dieron celos al verme besar a Sharon? - alzó la ceja con juego volviéndose a morder el labio inferior, deseando inmensamente besar los que se postraban frente a él. No obstante, se contuvo, notando como su respiración le pedía satisfacer sus necesidades, mientras su mano sostenía con fuerza la metálica de su amigo. - Dime que estoy mal; que no te merezco; que no quieres esto y te dejaré en paz.- susurró negando con la cabeza, y es que había algo que tener en claro, puesto que Rogers jamás había tenido sexo alguno, era virgen y como tal tendría que vencer mucho de sus miedos.
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Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Bucky Barnes — Noche — Habitación de Steve — |
A diferencia de Steve, Bucky sí se había iniciado en el sexo, aunque hacía tanto tiempo y habían pasado tantas cosas desde entonces que a penas recordaba la experiencia. Lo único que sabía era que había sido con una mujer pequeña y de melena rubia (quizá tenía una extraña fijación por el cabello dorado). Había ocurrido los días previos a su marcha a Europa, donde aguardaba la guerra en la que debía participar. ¿Sentía algo por la mujer con la que compartió la cama aquella noche? Seguramente no demasiado, pero a ella le resultaba excitante intimar con un valiente soldado, y él quería probar aquél tipo de cosas antes de pasarse meses enteros rodeado de otros hombres y peleando por la libertad. En aquél entonces, Bucky le habría pegado un puñetazo a cualquiera que le hubiera dicho que terminaría deseando el cuerpo de un hombre. Pero habían cambiado muchas cosas y había estado a punto de morir demasiadas veces; los años de experiencia le habían enseñado a que no valía la pena mentirse a uno mismo. Ahora, lo que sentía por Steve parecía crecer, expandirse, tomar un nuevo sentido que, quizá, siempre había estado ahí, ante sus ojos, pero que no había querido ver. Y pensar en todas las citas dobles que había preparado hacía sesenta años, esperando que alguna mujer fuera digna y capaz de ver lo maravilloso e increíble que era su mejor amigo. Citas que no solían terminar muy bien para el que se convertiría en Capitán América, aunque ahora se alegraba secretamente por ello. Si aquellas chicas que lo rechazaron pudieran verlo ahora, se arrancarían el cabello de pura rabia y arrepentimiento. Pero habrían llegado tarde, porque ahora era él quien estaba bajo Steve, quien recibía sus besos y sus ardientes caricias. Y no estaba dispuesto a renunciar a ello si era lo que el vengador quería. De hecho, lo quería para él solo. Era un pensamiento impulsivo y egoísta, pero no por ello menos verdadero. Quería a Steve para él, no quería tener que ver como volvía a besar unos labios que no fueran los suyos.
Bucky tragó saliva cuando Steve se removió sobre él para terminar sentado a horcajadas sobre la parte baja de su torso. Sentir el peso del cuerpo ajeno de aquella manera le hacía muy difícil el poder concentrarse en sus palabras, y eso por no hablar de las caricias que el vengador había continuado regalándole en el vientre. Él, que había sido entrenado para resistir todo tipo de golpes, puñetazos y agresiones, tenía que esforzarse por no ponerse a temblar ante una simple caricia. ¿Qué tendría Hydra que decir sobre aquello? Ni siquiera pudo resistirse cuando Steve le sujetó los brazos por encima de la cabeza, como si intentara inmovilizarlo. Sabía que él y su mejor amigo tenían una fuerza similar, pero en aquél instante le resultaba imposible utilizar la suya. Estaba como hechizado por todo lo que hacía y decía el vengador, pero además comenzaba a sentir cierta rabia por aquél beso que nunca llegaba. Steve parecía estar jugando con él, y lo peor de todo es que también parecía estar disfrutándolo. Y él también, debía reconocer a regañadientes, aunque estaba demasiado acostumbrado a esforzarse en dominar las situaciones.
–Nunca te he mentido, Steve –murmuró, mirando los ojos azules de su compañero, tal como él le había pedido. Sopló suavemente para apartarse un mechón de pelo de la frente e intentó aparentar una serenidad que no correspondía con los agitados latidos de su corazón–. Y no voy a comenzar a mentirte ahora... –esbozó una pequeña y burlona sonrisa, pero terminó convirtiéndose en una mueca en el momento en el que el vengador mencionó los celos y el beso de Sharon. Bucky frunció el ceño ligeramente y contempló a Steve durante un par de segundos, decidiendo que el rubio estaba tentando demasiado su suerte. Si quería provocarlo con aquél tipo de comentarios, debería atenerse a las consecuencias–. ¿Celos? –repitió, conteniendo las ganas de moverse bajo la cadera de su compañero. Sonrió una vez más, de forma socarrona–. Habría sentido celos si hubiera sido un beso de verdad, pero ya sabes, te faltaba un poco de experiencia. Casi fue un milagro que no os quedarais dormidos en medio de un beso tan... soso –pero, en realidad, puede que sí hubiera sentido celos. Odió tener que haber visto aquél beso, odió la forma en la que Sharon le acarició el cuello a Steve e incluso odió el pequeño espacio del minúsculo coche en el que estaba atrapado con Sam.
Ligeramente rencoroso por el recuerdo del beso, Bucky removió las manos bajo el agarre de Steve, como si de verdad quisiera soltarse de él cuando en realidad habría suplicado para que no lo soltara nunca. Sin embargo, y como venganza hacia el vengador (curiosa paradoja), decidió aprovechar el escaso espacio que había entre las bocas de ambos: separó la cabeza del colchón, buscó el rostro de Steve y atrapó su labio inferior entre los dientes. Fue suave al principio, pero luego le clavó los dientes de forma superficial dejando escapar un gruñido de reproche. Al mismo tiempo, y esta vez sin resistirse, balanceó la cadera bajo el cuerpo ajeno.
HellcatBucky tragó saliva cuando Steve se removió sobre él para terminar sentado a horcajadas sobre la parte baja de su torso. Sentir el peso del cuerpo ajeno de aquella manera le hacía muy difícil el poder concentrarse en sus palabras, y eso por no hablar de las caricias que el vengador había continuado regalándole en el vientre. Él, que había sido entrenado para resistir todo tipo de golpes, puñetazos y agresiones, tenía que esforzarse por no ponerse a temblar ante una simple caricia. ¿Qué tendría Hydra que decir sobre aquello? Ni siquiera pudo resistirse cuando Steve le sujetó los brazos por encima de la cabeza, como si intentara inmovilizarlo. Sabía que él y su mejor amigo tenían una fuerza similar, pero en aquél instante le resultaba imposible utilizar la suya. Estaba como hechizado por todo lo que hacía y decía el vengador, pero además comenzaba a sentir cierta rabia por aquél beso que nunca llegaba. Steve parecía estar jugando con él, y lo peor de todo es que también parecía estar disfrutándolo. Y él también, debía reconocer a regañadientes, aunque estaba demasiado acostumbrado a esforzarse en dominar las situaciones.
–Nunca te he mentido, Steve –murmuró, mirando los ojos azules de su compañero, tal como él le había pedido. Sopló suavemente para apartarse un mechón de pelo de la frente e intentó aparentar una serenidad que no correspondía con los agitados latidos de su corazón–. Y no voy a comenzar a mentirte ahora... –esbozó una pequeña y burlona sonrisa, pero terminó convirtiéndose en una mueca en el momento en el que el vengador mencionó los celos y el beso de Sharon. Bucky frunció el ceño ligeramente y contempló a Steve durante un par de segundos, decidiendo que el rubio estaba tentando demasiado su suerte. Si quería provocarlo con aquél tipo de comentarios, debería atenerse a las consecuencias–. ¿Celos? –repitió, conteniendo las ganas de moverse bajo la cadera de su compañero. Sonrió una vez más, de forma socarrona–. Habría sentido celos si hubiera sido un beso de verdad, pero ya sabes, te faltaba un poco de experiencia. Casi fue un milagro que no os quedarais dormidos en medio de un beso tan... soso –pero, en realidad, puede que sí hubiera sentido celos. Odió tener que haber visto aquél beso, odió la forma en la que Sharon le acarició el cuello a Steve e incluso odió el pequeño espacio del minúsculo coche en el que estaba atrapado con Sam.
Ligeramente rencoroso por el recuerdo del beso, Bucky removió las manos bajo el agarre de Steve, como si de verdad quisiera soltarse de él cuando en realidad habría suplicado para que no lo soltara nunca. Sin embargo, y como venganza hacia el vengador (curiosa paradoja), decidió aprovechar el escaso espacio que había entre las bocas de ambos: separó la cabeza del colchón, buscó el rostro de Steve y atrapó su labio inferior entre los dientes. Fue suave al principio, pero luego le clavó los dientes de forma superficial dejando escapar un gruñido de reproche. Al mismo tiempo, y esta vez sin resistirse, balanceó la cadera bajo el cuerpo ajeno.

Re: After Civil War, a Bromance +18
Dont you dare Steve Rogers — Noche — Habitación de invitados — |
Rogers recordaba los viejos tiempos en los que su amigo le había presentado a tantas mujeres antes de la Segunda Guerra Mundial. Todas habían sido cita a ciegas, puesto que Steve en ese entonces se preguntaba ¿porque alguien querría salir con un flacucho como él? Tantas veces trató de convencer a Bucky de no hacerlo hasta que éste mismo se rindió. El sexo como tal no era algo que le quitara el sueño, mucho menos cuando tenía que pensar en como rescatar al mundo de las garras de HYDRA, o tal vez él se quería convencer de que no lo necesitaba, creándose un escudo que no propiamente era de Vibranium, si no, de una capa invisible llamada miedo. Sin embargo, Rogers no se arrepentía, siempre había pensado que el amor y el sexo no eran para él. La primera mujer de la que había enamorado se había perdido en el transcurso del tiempo; por ende pensaba que no valía la pena desgastarse.
Bucky era otra historia, una oculta en su subconsciente tal vez, pues hasta ese momento tomó la decisión de probar esos labios, y no se había arrepentido, pues no solamente se permitió experimentar algo nuevo, si no que había roto aquél escudo invisible que por tantos años se mantuvo frente a él.
Estar arriba del hombre le hacía pensar que los años de espera habían valido la pena, que tal vez todo se acomodó para que su primera vez se diera en aquél momento clave, con alguien ya tan conocido, y sobre todo, con la persona a la que más cariño le tenía, y a la que conocía de toda la vida, en un cariño que traspasaba las fronteras ideológicas y temporales.
El propio Rogers conocía el pasado sexual de Barnes, quién hace setenta años le contaba en sus largas noches de bebida, sus pequeñas aventuras - aunque el rubio a veces pensaba que exageraba o inventaba unas cuantas.- y las mujeres que conocía durante sus misiones de Guerra. En aquél entonces se había dado cuenta que sentía envidia de que Barnes, siendo un soldado, pudiera tener tanto reconocimiento y conquista ante las féminas; pero estando encima del cuerpo de James, sintiendo su respiración, se dio cuenta de que había estado sintiendo celos de ellas, de que le arrebataran a su amigo y lo condujeran lejos de él.
Le gustaba saber que tenía bajo su dominación a Bucky, incluso creía que tenía más poder sobre él que la mismísima HYDRA, porque ni todos los experimentos sobre él lo habían hecho perderlo. Tal vez eso era lo que el destino quería darle a entender. "Dos veces lo he perdido. Dos veces donde nunca me atreví a esto. Esto es una tercera oportunidad." al menos si él moría en una batalla mientras Barnes se encontrara dormido, moriría sabiendo que no había algún arrepentimiento o no haber demostrado sus sentimientos por Bucky.
Sin besarlo, el rubio lo observaba atentamente, desde sus facciones varoniles hasta sus penetrantes ojos, y largo cabello al que le daban ganas de apresar entre sus manos. - Nunca me has mentido. - repitió, sabiendo que era verdad, aunque técnicamente HYDRA se encargó de mentirle todo el tiempo, no el propio Soldado de Invierno. - Fue un beso después de todo, no tanto como este de ahora...- tenía que admitir, lo de la Agente había sido más calmado, soso como él decía. - Creo que ya te demostré lo que es un beso no tan soso...¿no crees? - bromeó apretando levemente las muñecas de las manos ajenas, tenía muchas ganas de proseguir, su cuerpo se lo pedía.
El hombre bajo él decidió moverse, tratando de apresarlo nuevamente, pero aquél beso repentino lo tomó por sorpresa. Dejó que el aliento ajeno lo embriagara de pasión, apresando su labio inferior en el proceso.
Todo cambió.
A raíz de ese beso, la pasión y lujuria que el Capitán América había decidido guardar se había soltado como cuando una bestia se soltaba de las cadenas que le apresaban. Su garganta emitió un gemido, cosa que le llevó a cerrar los ojos y a profundizar aquél beso pasional, usando la lengua para colarse al interior de la boca del hombre frente a él. Sintió aquella entrepierna debajo de su cuerpo, aquél balanceo de parte de su cadera, mientras que se atrevía a soltar sus manos y dejarse llevar por la pasión.
Acarició el cuello del Soldado de Invierno con una de sus manos libres, se aferró a su cuello dulcemente, dándose cuenta de que no quería que se alejara de él. Lo siguiente que hizo fue colar de nueva cuenta una mano por debajo de su camiseta, pero esta ocasión, la subió hasta el cuello del hombre, dejando a la vista todo su imponente torso. Ataviado aún de su camiseta gris y su pantalón, el rubio contempló como la respiración del hombre se agravaba, desde el nacimiento de su cuello, hasta aquella delgada capa de vello que llevaba hasta su vientre, oculto por su pantalón. El rubio tragó saliva con dificultad, y prosiguió a llevar sus labios hasta el centro de su pecho, dando un cálido y suave beso, mientras que sus manos se aferraban - con nervios - a la camiseta ajena. Sus labios fueron explorando cada centímetro del torso, poniendo especial énfasis en los músculos de su pecho, allí donde su extremidad robotica se originaba. La palpó con una de sus manos, estaba dura, mucho más que su otro bicep. Rogers siguió bajando su labio hasta centrarse en uno de sus pezones.
HellcatBucky era otra historia, una oculta en su subconsciente tal vez, pues hasta ese momento tomó la decisión de probar esos labios, y no se había arrepentido, pues no solamente se permitió experimentar algo nuevo, si no que había roto aquél escudo invisible que por tantos años se mantuvo frente a él.
Estar arriba del hombre le hacía pensar que los años de espera habían valido la pena, que tal vez todo se acomodó para que su primera vez se diera en aquél momento clave, con alguien ya tan conocido, y sobre todo, con la persona a la que más cariño le tenía, y a la que conocía de toda la vida, en un cariño que traspasaba las fronteras ideológicas y temporales.
El propio Rogers conocía el pasado sexual de Barnes, quién hace setenta años le contaba en sus largas noches de bebida, sus pequeñas aventuras - aunque el rubio a veces pensaba que exageraba o inventaba unas cuantas.- y las mujeres que conocía durante sus misiones de Guerra. En aquél entonces se había dado cuenta que sentía envidia de que Barnes, siendo un soldado, pudiera tener tanto reconocimiento y conquista ante las féminas; pero estando encima del cuerpo de James, sintiendo su respiración, se dio cuenta de que había estado sintiendo celos de ellas, de que le arrebataran a su amigo y lo condujeran lejos de él.
Le gustaba saber que tenía bajo su dominación a Bucky, incluso creía que tenía más poder sobre él que la mismísima HYDRA, porque ni todos los experimentos sobre él lo habían hecho perderlo. Tal vez eso era lo que el destino quería darle a entender. "Dos veces lo he perdido. Dos veces donde nunca me atreví a esto. Esto es una tercera oportunidad." al menos si él moría en una batalla mientras Barnes se encontrara dormido, moriría sabiendo que no había algún arrepentimiento o no haber demostrado sus sentimientos por Bucky.
Sin besarlo, el rubio lo observaba atentamente, desde sus facciones varoniles hasta sus penetrantes ojos, y largo cabello al que le daban ganas de apresar entre sus manos. - Nunca me has mentido. - repitió, sabiendo que era verdad, aunque técnicamente HYDRA se encargó de mentirle todo el tiempo, no el propio Soldado de Invierno. - Fue un beso después de todo, no tanto como este de ahora...- tenía que admitir, lo de la Agente había sido más calmado, soso como él decía. - Creo que ya te demostré lo que es un beso no tan soso...¿no crees? - bromeó apretando levemente las muñecas de las manos ajenas, tenía muchas ganas de proseguir, su cuerpo se lo pedía.
El hombre bajo él decidió moverse, tratando de apresarlo nuevamente, pero aquél beso repentino lo tomó por sorpresa. Dejó que el aliento ajeno lo embriagara de pasión, apresando su labio inferior en el proceso.
Todo cambió.
A raíz de ese beso, la pasión y lujuria que el Capitán América había decidido guardar se había soltado como cuando una bestia se soltaba de las cadenas que le apresaban. Su garganta emitió un gemido, cosa que le llevó a cerrar los ojos y a profundizar aquél beso pasional, usando la lengua para colarse al interior de la boca del hombre frente a él. Sintió aquella entrepierna debajo de su cuerpo, aquél balanceo de parte de su cadera, mientras que se atrevía a soltar sus manos y dejarse llevar por la pasión.
Acarició el cuello del Soldado de Invierno con una de sus manos libres, se aferró a su cuello dulcemente, dándose cuenta de que no quería que se alejara de él. Lo siguiente que hizo fue colar de nueva cuenta una mano por debajo de su camiseta, pero esta ocasión, la subió hasta el cuello del hombre, dejando a la vista todo su imponente torso. Ataviado aún de su camiseta gris y su pantalón, el rubio contempló como la respiración del hombre se agravaba, desde el nacimiento de su cuello, hasta aquella delgada capa de vello que llevaba hasta su vientre, oculto por su pantalón. El rubio tragó saliva con dificultad, y prosiguió a llevar sus labios hasta el centro de su pecho, dando un cálido y suave beso, mientras que sus manos se aferraban - con nervios - a la camiseta ajena. Sus labios fueron explorando cada centímetro del torso, poniendo especial énfasis en los músculos de su pecho, allí donde su extremidad robotica se originaba. La palpó con una de sus manos, estaba dura, mucho más que su otro bicep. Rogers siguió bajando su labio hasta centrarse en uno de sus pezones.
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» — After JFK.
» You can't act like you calling the shots
» Isn't it funny how danger makes people passionate?
» Confieso que...
» Petición cambio de nick
» ― Our fake love
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