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We may need stitches
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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We may need stitches
we may need stitches.
1x1 — plot, drama.+18
La vida de Colton había sido todo lo contrario a un camino de rosas. El destino le había llevado a malvivir en la calle y sus ambiciones se habían reducido a, simplemente, no terminar muerto en un callejón.
En la misma ciudad vive Jude, un joven problemático que vive al día, desempleado y que se la pasa vagando en las calles, tratando de conseguir cada noche, un lugar donde dormir, no importándole si es un parque, un bar o su propia casa - a la cuál detesta ir.- Su vida no tiene rumbo desde que un trágico evento marcó su crecimiento.
Sus vidas van a cruzarse y nada volverá a ser lo mismo para ninguno de los dos.
Jude Porter. 26 — Stephen James Hendry— Sagittaríus. En su niñez fue estudiante de una escuela pública de los barrios medios de su ciudad; en su juventud Porter aprendió a vivir en la calle, a raíz del asesinato de uno de sus mejores amigos a causa de las peleas habituales entre pandillas, y del que no habla mucho. Su padre es un policía operativo que normalmente lo saca de aprietos; su madre una ama de casa dedicada a la vida social, a la convivencia en las casas de sus amigas, con el objeto olvidarse de los problemas que Jude le genera diariamente. Tiene dos hermanos, uno casado, con hijos, y alejado de la familia, y el otro estudiante de una carrera universitaria, algo que Jude siempre ignoró. Amante de las patinetas, los tatuajes, la música, Jude vive el momento, las fiestas -sobre todo si se puede colar a ellas en los barrios de alto poder adquisitivo- y las peleas, en especial, cuando tiene que darse a respetar. El tatuado es alguien a quién no le teme las consecuencias de sus actos; tiene tantos amigos como enemigos, sobre todo su competencia directa. |
Colton Hart. 25 — Douglas Booth — Lost Chris. Colton nació en el seno de una familia desestructurada. El padre era un alcohólico chalado que se dedicaba únicamente a maltratar a su esposa y a su hijo. Siendo Colton adolescente, su madre murió en manos de su madre. Él, asustado por seguir la misma suerte y sin saber a quien acudir se escapó de casa antes de que acudiera la policía. No quería terminar metido en un centro de acogida. Todo este tiempo ha ido malviviendo en la calle como ha podido yendo de una ciudad a otra, haciendo cualquier cosa para conseguir dinero y comida. Aunque ha tenido que aprender a aparentar dureza y valentía, sigue siendo un chico tímido, inseguro y bastante miedoso. div> |
Re: We may need stitches
It Will Hurt
Caminar veinte manzanas bastarían para encontrarse en la comodidad de su cama. Una que en la que hacía semanas no dormía. No obstante, ni solo esa relativamente pequeña distancia le hacían querer regresar a su habitación. ¿La razón? Principalmente porque su hermano había regresado de visita de la universidad y se encontraba siendo el protagonista, el hijo favorito de sus padres, "el disciplinado", "el que tenía un futuro en sus manos", según sus padres. Poco le importaba a Jude, pero prefería no acercarse ni siquiera unos metros a escuchar los sermones de su hermano menor. Sus padres no sabían donde se encontraba; como de costumbre no le había dicho nada a estos respecto a su ubicación. Al final de cuentas, esa no era su casa. Sus padres ya ni preguntaban en donde se encontraba, él era demasiado mayor como para tomar sus decisiones, e incluso había meses en los que no se atravesaba por su casa, hasta cuando salía herido de alguna pelea o demasiado drogado de alguna fiesta, cuando se tomaba la libertad de invadir su cueva para que nadie lo molestara.
Su padre alguna vez le había dicho que terminaría muerto, Jude lo sabía bien, le había contestado que así sería, ya fuera por alguna pelea de pandillas o por alguna sobredosis. "Si quieres un hijo "bien" o nietos, para eso tienes a los otros dos" - siempre respondía.
La última vez que había visto a su padre, había sido un año atrás, cuando éste lo reconoció en una de las celdas de la prisión. Como policía, fingió no conocerlo en lo que realizaba los trámites y el papeleo, lo que menos quería era que sus propios compañeros reconocieran a la lacra de su hijo tatuado. Eso le valió poco a Jude, sabía que se lo había ganado, y por un lado estaba orgulloso por su mérito y nombramiento en el cuartel de policía.
En aquellos momentos, sus recuerdos invadían sus sueños, ya que se encontraba dormitando en una de las bancas del parque, con una pequeña mochila usada como almohada, donde guardaba un par de alimentos o bebidas, unos cigarros, una botella de alcohol, y un par de playeras. Dormir alejado de todo lo demás le relajaba. ¿Miedo? ¿De que podía tener miedo? La noche era suya. A la mañana siguiente tendría una reunión con varios miembros de su pandilla, quienes decidirían cual sería el próximo golpe contra sus rivales, por lo que no tenía prisa alguna. Jude estaba ataviado con unas bermudas de mezclilla que le llegaban poco más abajo de las rodillas, así como una playera y sueter de manga larga negra completamente. En sus piernas se podía observar parte de los tatuajes que se dibujaban a través de su cuerpo.
Su padre alguna vez le había dicho que terminaría muerto, Jude lo sabía bien, le había contestado que así sería, ya fuera por alguna pelea de pandillas o por alguna sobredosis. "Si quieres un hijo "bien" o nietos, para eso tienes a los otros dos" - siempre respondía.
La última vez que había visto a su padre, había sido un año atrás, cuando éste lo reconoció en una de las celdas de la prisión. Como policía, fingió no conocerlo en lo que realizaba los trámites y el papeleo, lo que menos quería era que sus propios compañeros reconocieran a la lacra de su hijo tatuado. Eso le valió poco a Jude, sabía que se lo había ganado, y por un lado estaba orgulloso por su mérito y nombramiento en el cuartel de policía.
En aquellos momentos, sus recuerdos invadían sus sueños, ya que se encontraba dormitando en una de las bancas del parque, con una pequeña mochila usada como almohada, donde guardaba un par de alimentos o bebidas, unos cigarros, una botella de alcohol, y un par de playeras. Dormir alejado de todo lo demás le relajaba. ¿Miedo? ¿De que podía tener miedo? La noche era suya. A la mañana siguiente tendría una reunión con varios miembros de su pandilla, quienes decidirían cual sería el próximo golpe contra sus rivales, por lo que no tenía prisa alguna. Jude estaba ataviado con unas bermudas de mezclilla que le llegaban poco más abajo de las rodillas, así como una playera y sueter de manga larga negra completamente. En sus piernas se podía observar parte de los tatuajes que se dibujaban a través de su cuerpo.
con Colton en Parque, medianoche.
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Re: We may need stitches
We may need stitches.
Estaba muerto de frío y no es que lo hiciera, de hecho, para la época del año y la hora que era, la temperatura resultaba bastante agradable. Estaría empezando a pillar un buen catarro gentileza del chaparrón que le cayó encima hacía un par de noches, se dijo a si mismo. Trató, inútilmente de subir la cremallera de su sudadera un poco más, pero no quedaban más dientes para ello.
A veces conseguía buenos sitios para dormir. Un buen sitio era, simplemente, un lugar que un techo sobre su cabeza. No es que pidiera tanto. Pero cuando vino aquella tormenta le pilló de lleno y no tuvo más remedio que, literalmente, aguantar el chaparrón.
Su vida no había sido un camino de rosas pero de algún sitio de su ser emanaba algo que le hacía seguir adelante e imaginar que un día su suerte cambiaría a mejor y olvidaría todo lo malo que le hubiera ocurrido. Pero ese tiempo no había llegado, incluso llevaba días en los que todo parecía ir a peor. Le costaba mucho encontrar comida. Los supermercados a los que solía acudir a por las sobras cuando echaban el cierre habían empezado con la estúpida costumbre de rociar los despojos con lejías y productos de limpieza. Por salud, le soltó uno de los encargados. ¿Salud? Muchos sin techo sobrevivían gracias a esos restos que para la gente corriente no eran más que basura. El mundo estaba loco.
Tenía muchísima hambre pero se sentía demasiado cansado para seguir dando vueltas por ahí. Era media noche cuando llegó a la entrada del parque. Echó una ojeada antes de decidirse a entrar. No quería problemas con ningún grupo de borrachos. Todo estaba tranquilo y en silencio y pensó que sería un buen sitio para buscar un banco donde pasar la noche. No le gustaba dormir siempre en el mismo sitio. Sus pasos parecían escucharse demasiado pero apenas eran un murmullo. Cuando llegó a la hilera de bancos, se detuvo. Había alguien tumbado en un banco un poco más allá. Su cuerpo se tensó en señal de alerta y esperó. Quien fuera parecía estar durmiendo. Despacio, muy despacio se acercó. Cuando estuvo lo bastante cerca pudo comprobar que se trataba de un chico de más o menos su edad. Dormía con la cabeza recostada en una mochila y al momento sus tripas rugieron de hambre. Tal vez el chico tuviera algo de comer allí dentro. Si iba con cuidado podría abrir la mochila y coger algo. Se humedeció los labios y terminó de recorrer la poca distancia que les separaba. Rodeó el banco, estaba muerto de miedo y sentía los latidos de su corazón en sus orejas y como le ardía la cara, aunque eso último bien podría ser por la fiebre. Con cuidado, acercó la mano a la mochila y empezó a tirar de la cremallera. Hizo una mueca al escuchar el ruido que hacía pero no se detuvo. Solo un poco más, se dijo. Lo justo para poder meter su mano.
A veces conseguía buenos sitios para dormir. Un buen sitio era, simplemente, un lugar que un techo sobre su cabeza. No es que pidiera tanto. Pero cuando vino aquella tormenta le pilló de lleno y no tuvo más remedio que, literalmente, aguantar el chaparrón.
Su vida no había sido un camino de rosas pero de algún sitio de su ser emanaba algo que le hacía seguir adelante e imaginar que un día su suerte cambiaría a mejor y olvidaría todo lo malo que le hubiera ocurrido. Pero ese tiempo no había llegado, incluso llevaba días en los que todo parecía ir a peor. Le costaba mucho encontrar comida. Los supermercados a los que solía acudir a por las sobras cuando echaban el cierre habían empezado con la estúpida costumbre de rociar los despojos con lejías y productos de limpieza. Por salud, le soltó uno de los encargados. ¿Salud? Muchos sin techo sobrevivían gracias a esos restos que para la gente corriente no eran más que basura. El mundo estaba loco.
Tenía muchísima hambre pero se sentía demasiado cansado para seguir dando vueltas por ahí. Era media noche cuando llegó a la entrada del parque. Echó una ojeada antes de decidirse a entrar. No quería problemas con ningún grupo de borrachos. Todo estaba tranquilo y en silencio y pensó que sería un buen sitio para buscar un banco donde pasar la noche. No le gustaba dormir siempre en el mismo sitio. Sus pasos parecían escucharse demasiado pero apenas eran un murmullo. Cuando llegó a la hilera de bancos, se detuvo. Había alguien tumbado en un banco un poco más allá. Su cuerpo se tensó en señal de alerta y esperó. Quien fuera parecía estar durmiendo. Despacio, muy despacio se acercó. Cuando estuvo lo bastante cerca pudo comprobar que se trataba de un chico de más o menos su edad. Dormía con la cabeza recostada en una mochila y al momento sus tripas rugieron de hambre. Tal vez el chico tuviera algo de comer allí dentro. Si iba con cuidado podría abrir la mochila y coger algo. Se humedeció los labios y terminó de recorrer la poca distancia que les separaba. Rodeó el banco, estaba muerto de miedo y sentía los latidos de su corazón en sus orejas y como le ardía la cara, aunque eso último bien podría ser por la fiebre. Con cuidado, acercó la mano a la mochila y empezó a tirar de la cremallera. Hizo una mueca al escuchar el ruido que hacía pero no se detuvo. Solo un poco más, se dijo. Lo justo para poder meter su mano.
Re: We may need stitches
It Will Hurt
Viviendo en las calles de la ciudad no era muy propenso a dormir como se debía, generalmente estaba alerta, o bien, suficientemente ocupado como para decidirse en echar una siesta. ¿Hambre? De vez en cuando la sufría, pero tenía bastantes contactos por los barrios bajos y generalmente, el tatuado podría encontrar quien lo contratara por una tarde para atender algún bar, un negocio, o un restaurante - y aprovechaba para robarse algo en el proceso - Justo aquella tarde un amigo le había dado un par de billetes como muestra de un próximo trabajo turbio por adelantado: llevar un paquete de un lugar a otro. El hombre jamás se detenía a indagar el contenido, tan solo se encargaba de que la policía o nadie más lo siguiera.
En aquél momento el ruido de la ciudad le servía como arrullo; se encontraba soñando en como podría gastar el poco dinero que tenía, ya que éste le serviría para alguna cosa necesaria, alguna medicina o droga, o bien, para comer un par de días.
Se encontraba profundamente dormido cuando la espalda le empezó a incomodar, por lo que se movió hacia un lado, acercando la mochila a su rostro, cuando de pronto sintió una mano ajena. El tatuado abrió los ojos como platos, aún medio dormitando, sacando en el proceso una navaja de uno de sus bolsillos, mientras trataba de observar el rostro del intruso: un chico más o menos de su edad. Lo tomó de su suéter, para llevarlo justamente contra el árbol arriba de ellos. Con el rabillo del ojo se dio cuenta de que la cremallera de su mochila estaba abierta, tan solo esperaba que el chico no se hubiera atrevido a hurtar algo, en aquél momento todo era indispensable.
- ¿Que te pasa idiota?! Le acabas de robar a la persona equivocada. - murmuró con enfado en la cara, con ganas de golpear al individuo. Pasó la punta de la navaja por encima de la ropa, bastaría solo ejercer presión para hacerle una herida de la que tardaría mucho en recuperarse. Al estar debajo del árbol pudo ver mejor el rostro del chico, puesto que una de las lamparas del parque emanaba luz directamente al tronco. - Dame una buena razón para no darte una paliza, dejarte insconciente, y tirarte en medio de esas malezas para que nadie te descubra.- dijo con una sonrisa un tanto maléfica.
En aquél momento el ruido de la ciudad le servía como arrullo; se encontraba soñando en como podría gastar el poco dinero que tenía, ya que éste le serviría para alguna cosa necesaria, alguna medicina o droga, o bien, para comer un par de días.
Se encontraba profundamente dormido cuando la espalda le empezó a incomodar, por lo que se movió hacia un lado, acercando la mochila a su rostro, cuando de pronto sintió una mano ajena. El tatuado abrió los ojos como platos, aún medio dormitando, sacando en el proceso una navaja de uno de sus bolsillos, mientras trataba de observar el rostro del intruso: un chico más o menos de su edad. Lo tomó de su suéter, para llevarlo justamente contra el árbol arriba de ellos. Con el rabillo del ojo se dio cuenta de que la cremallera de su mochila estaba abierta, tan solo esperaba que el chico no se hubiera atrevido a hurtar algo, en aquél momento todo era indispensable.
- ¿Que te pasa idiota?! Le acabas de robar a la persona equivocada. - murmuró con enfado en la cara, con ganas de golpear al individuo. Pasó la punta de la navaja por encima de la ropa, bastaría solo ejercer presión para hacerle una herida de la que tardaría mucho en recuperarse. Al estar debajo del árbol pudo ver mejor el rostro del chico, puesto que una de las lamparas del parque emanaba luz directamente al tronco. - Dame una buena razón para no darte una paliza, dejarte insconciente, y tirarte en medio de esas malezas para que nadie te descubra.- dijo con una sonrisa un tanto maléfica.
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Re: We may need stitches
We may need stitches.
Entornó los labios en una media sonrisa cuando las puntas de sus dedos tocaron algo en la mochila. ¿Sería comida o tal vez dinero? Fuera lo que fuese sería mejor que lo que él tenía. Nada. Pero su sonrisa se transformó en una mueca cuando su espalda golpeó contra aquel árbol. Todo había sucedido tan rápido que no fue muy consciente de cómo ocurrió. Lo que sí tuvo claro al momento es que había metido la pata y de qué manera. El chico le sujetaba con fuerza – No he cogido nada. – como si aquello pudiera servir de defensa. Levantó ambas manos a lado y lado de su cuerpo muy despacio para que pudiera vérselas. – Lo ves. – Entonces sintió la navaja por encima de su ropa. No parecía haber convencido al chico. ¿En serio que iba a morir así?
Luego se sintió estúpido pero cuando su atacante nombró la maleza, giró sus ojos en esa dirección como sopesando su destino. Si solo le pegaba podría sobrevivir. No sería la primera vez. Sentía el sudor en su frente aunque sus dientes castañeaban de frío. Pensó, pensó tan profundamente que hubiera jurado que estos podían incluso escucharse. ¿Qué razón podía darle para no terminar medio muerto en manos de ese chico de sonrisa macabra? Y se dio cuenta de que no había ninguna razón. Había cometido un error al dejarse llevar por la desesperación y ahora tendría que pagar por ello. En la calle, uno siempre paga por los errores, pensó. A veces sigues con vida para no volver a meter la pata de la misma forma y otras… Otras terminas tirado en un rincón criando malvas.
Si hubiera tenido las fuerzas hubiera tratado de pelear. No se le daba mal pelear aunque no le gustara. No era de los que buscaban pelea, más bien de los que usaban la cabeza y se retiraban a tiempo. Le daba igual si le llamaban cobarde, él sabía que no lo era. Aunque esa noche no lo tenía muy claro. – No la tengo. – dijo finalmente. Sin embargo lo iba a intentar. Reunió las fuerzas que le quedaban y apartó al chico de encima suyo ganando algo de espacio para escabullirse y echar a correr entre los árboles. Se sentía más torpe que de costumbre pero no miró atrás. Con un poco de suerte la oscuridad sería su aliada y conseguiría esconderse entre las sombras. Maldijo para él que su sudadera fuera gris claro pero no tenía tiempo de quitársela. Solo podía correr y rezar porque el otro chico fuera un maldito cojo.
De repente sintió algo rodear sus piernas con fuerza y cayó de narices al suelo. – No… Mierda, joder… Suéltame. – maldijo tratando de reptar por el suelo y deshacerse de quien le agarraba.
Luego se sintió estúpido pero cuando su atacante nombró la maleza, giró sus ojos en esa dirección como sopesando su destino. Si solo le pegaba podría sobrevivir. No sería la primera vez. Sentía el sudor en su frente aunque sus dientes castañeaban de frío. Pensó, pensó tan profundamente que hubiera jurado que estos podían incluso escucharse. ¿Qué razón podía darle para no terminar medio muerto en manos de ese chico de sonrisa macabra? Y se dio cuenta de que no había ninguna razón. Había cometido un error al dejarse llevar por la desesperación y ahora tendría que pagar por ello. En la calle, uno siempre paga por los errores, pensó. A veces sigues con vida para no volver a meter la pata de la misma forma y otras… Otras terminas tirado en un rincón criando malvas.
Si hubiera tenido las fuerzas hubiera tratado de pelear. No se le daba mal pelear aunque no le gustara. No era de los que buscaban pelea, más bien de los que usaban la cabeza y se retiraban a tiempo. Le daba igual si le llamaban cobarde, él sabía que no lo era. Aunque esa noche no lo tenía muy claro. – No la tengo. – dijo finalmente. Sin embargo lo iba a intentar. Reunió las fuerzas que le quedaban y apartó al chico de encima suyo ganando algo de espacio para escabullirse y echar a correr entre los árboles. Se sentía más torpe que de costumbre pero no miró atrás. Con un poco de suerte la oscuridad sería su aliada y conseguiría esconderse entre las sombras. Maldijo para él que su sudadera fuera gris claro pero no tenía tiempo de quitársela. Solo podía correr y rezar porque el otro chico fuera un maldito cojo.
De repente sintió algo rodear sus piernas con fuerza y cayó de narices al suelo. – No… Mierda, joder… Suéltame. – maldijo tratando de reptar por el suelo y deshacerse de quien le agarraba.
Re: We may need stitches
It Will Hurt
El tatuado se preguntaba si aquél era un novato o alguien a quién simplemente lo habían expulsado de su casa o algo parecido. - No has cogido nada porque no te dejé.- aseguró, mirando las reacciones del chico frente a él, apenas expuestas por la cálida luz de las lamparas del parque. Resopló al escuchar que el intruso no tenía una buena razón para no ser golpeado, cosa que Jude no iba a desaprovechar, tenía todo para darle una buena lección; justo estaba pensando como golpearle cuando el chico lo empujó para escabullirse. Trató de impulsar sus pies, no sin antes regresar por la mochila puesto que no pensaba dejarla a la deriva de algún otro individuo.
Corrió por el parque, atravesando árboles, césped, banquetas, lamparas, bancas, y mobiliario urbano, casi perdiendo de vista al ladrón. Para su mala fortuna, así fue. Jude se maldijo, molesto, tratando de adivinar cuál sería el camino tomado por el amante de lo ajeno. Volvió a correr al azar a través de los pasillos de arboles y arbustos, sabiendo que la mochila utilizaba mucho peso disponible. Enseguida los vio, al chico primeramente, tomado de las piernas por otra persona, una a la cuál Jude no quería ni ver: un peón de la pandilla rival; seguramente había visto al chico y había decidido quitarle lo que traía, aunque Porter dudaba que llevara acaso alguna cosa de valor. - Es mío.- murmuró haciendo que el hombre se pusiera de pie con una sonrisa que solía molestar al tatuado. Si buscaba pelea, pelea tendría. - Lárgate, y déjame al estúpido. O le diré a mi pandilla que los destruya como la última vez.- el pandillero enemigo tenía una cicatriz en el rostro, producto de la última pelea entre bandas, en las que había salido victoriosa la de Jude, aunque no siempre fue así. En ocasiones anteriores la banda enemiga tuvo el poder suficiente para casi deshacerse de la suya, incluso en una ocasión dos amigos de Jude fueron asesinados; el tatuado conocía a los asesinos, y juró que tomaría venganza de ellos. ¿La policía? Ella no se metía en sus asuntos, tenían cosas más importantes de las que preocuparse.
Porter sabía que los pandilleros enemigos se estaban volviendo a reunir, lo que significaba que pronto habría alguna batalla o un ataque sorpresa, por lo cuál debían de ser precavidos. Las miradas entre ambos pandilleros se cruzaron, el enemigo soltó al chico y el tatuado prosiguió a acercarse, para tomarlo de la playera, hasta llevarlo a sentarse a una banca. El pandillero opuesto lo amenazó y se fue, quedándose de nuevo a solas los dos chicos. - Tienes diez segundos para decirme quién eres, que buscabas, o no respondo a mis acciones.- sentenció esperando una respuesta de su parte.
Corrió por el parque, atravesando árboles, césped, banquetas, lamparas, bancas, y mobiliario urbano, casi perdiendo de vista al ladrón. Para su mala fortuna, así fue. Jude se maldijo, molesto, tratando de adivinar cuál sería el camino tomado por el amante de lo ajeno. Volvió a correr al azar a través de los pasillos de arboles y arbustos, sabiendo que la mochila utilizaba mucho peso disponible. Enseguida los vio, al chico primeramente, tomado de las piernas por otra persona, una a la cuál Jude no quería ni ver: un peón de la pandilla rival; seguramente había visto al chico y había decidido quitarle lo que traía, aunque Porter dudaba que llevara acaso alguna cosa de valor. - Es mío.- murmuró haciendo que el hombre se pusiera de pie con una sonrisa que solía molestar al tatuado. Si buscaba pelea, pelea tendría. - Lárgate, y déjame al estúpido. O le diré a mi pandilla que los destruya como la última vez.- el pandillero enemigo tenía una cicatriz en el rostro, producto de la última pelea entre bandas, en las que había salido victoriosa la de Jude, aunque no siempre fue así. En ocasiones anteriores la banda enemiga tuvo el poder suficiente para casi deshacerse de la suya, incluso en una ocasión dos amigos de Jude fueron asesinados; el tatuado conocía a los asesinos, y juró que tomaría venganza de ellos. ¿La policía? Ella no se metía en sus asuntos, tenían cosas más importantes de las que preocuparse.
Porter sabía que los pandilleros enemigos se estaban volviendo a reunir, lo que significaba que pronto habría alguna batalla o un ataque sorpresa, por lo cuál debían de ser precavidos. Las miradas entre ambos pandilleros se cruzaron, el enemigo soltó al chico y el tatuado prosiguió a acercarse, para tomarlo de la playera, hasta llevarlo a sentarse a una banca. El pandillero opuesto lo amenazó y se fue, quedándose de nuevo a solas los dos chicos. - Tienes diez segundos para decirme quién eres, que buscabas, o no respondo a mis acciones.- sentenció esperando una respuesta de su parte.
con Colton en Parque, medianoche.
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Re: We may need stitches
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No fue hasta que escuchó una voz reclamándole que Colton comprendió que quien le había tumbado no era el chico de antes. El tío se levantó del suelo pero él no tuvo tiempo que escapar, le cogió del brazo y le levantó de un estirón. Entonces se fijó en su cara atravesada por una cicatriz bastante profunda. Frente a ellos, un poco más allá, estaba el chico del banco, el de los tatuajes. Colton se quedó al margen de la disputa. Los dos chavales eran rivales y eso le dio cierta esperanza. Con un poco de suerte se pelearían entre ellos y él podría irse por donde había venido. Pero el chico de los tatuajes tenía otros planes y estos le incluían a él. Cuanto más le escuchaba hablar más imbécil se sentía por haberle intentado robar. Era evidente, por las miradas que se dispensaban que el tatuado estaba empezando a acojonar al otro. Y ni hablar de a él.
Las amenazas surgieron efecto y la mano que le tenía agarrado le soltó. Pero no estuvo libre más que un par de segundos porque el tatuado se agarró por la ropa y le obligó a sentarse en un banco. Mejor un banco que el suelo, pensó. Pero mejor cualquier sitio de la ciudad que este banco. Ya no sabía si temblaba por la fiebre o por el miedo. El otro tío se largó dejándoles a solas. Colton no se atrevía a mirar al tatuado. Pensó en lo que diría y en cómo lo diría. Tampoco había tanto que contar. Era un maldito muerto de hambre, y punto. – Me llamo Colton. Colton Hart. Y… Y solo… solo buscaba algo de comer. – levantó la vista y miró al chico.- Pensé que tal vez llevabas algo de comida en la mochila. O algo de dinero para comprar algo. Pero lo he pillado, me he equivocado de persona. Me largaré de aquí y no volverás a verme. No quiero problemas.
En los años que hacía que vivía en la calle nunca había querido juntarse con pandilleros. A veces había hecho algún encargo puntual para alguien porque necesitaban alguien neutral. Hacía el trabajo, le daban la pasta y si te he visto, no me acuerdo. Ir por libre tenía sus pros y sus contras. Lo mejor era que nunca tenía que cumplir órdenes de nadie. Tomaba su decisiones y aunque a veces había hecho cosas que no quería, había decidido él hacerlas. Lo peor es que cuando las cosas se torcían, como ahora mismo, estaba solo y si algo de ocurría nadie le echaría de menos.
Se frotó los brazos. Quería terminar con aquella tensión de un modo u otro. – Mira tío, si vas a pegarme, hazlo de una vez. – se levantó y le miró de frente, a los ojos. – O deja que me largue. ¿Qué decides? – una vez dicho pensó que había sonado un tanto borde o chulesco pero ya estaba hecho.
Las amenazas surgieron efecto y la mano que le tenía agarrado le soltó. Pero no estuvo libre más que un par de segundos porque el tatuado se agarró por la ropa y le obligó a sentarse en un banco. Mejor un banco que el suelo, pensó. Pero mejor cualquier sitio de la ciudad que este banco. Ya no sabía si temblaba por la fiebre o por el miedo. El otro tío se largó dejándoles a solas. Colton no se atrevía a mirar al tatuado. Pensó en lo que diría y en cómo lo diría. Tampoco había tanto que contar. Era un maldito muerto de hambre, y punto. – Me llamo Colton. Colton Hart. Y… Y solo… solo buscaba algo de comer. – levantó la vista y miró al chico.- Pensé que tal vez llevabas algo de comida en la mochila. O algo de dinero para comprar algo. Pero lo he pillado, me he equivocado de persona. Me largaré de aquí y no volverás a verme. No quiero problemas.
En los años que hacía que vivía en la calle nunca había querido juntarse con pandilleros. A veces había hecho algún encargo puntual para alguien porque necesitaban alguien neutral. Hacía el trabajo, le daban la pasta y si te he visto, no me acuerdo. Ir por libre tenía sus pros y sus contras. Lo mejor era que nunca tenía que cumplir órdenes de nadie. Tomaba su decisiones y aunque a veces había hecho cosas que no quería, había decidido él hacerlas. Lo peor es que cuando las cosas se torcían, como ahora mismo, estaba solo y si algo de ocurría nadie le echaría de menos.
Se frotó los brazos. Quería terminar con aquella tensión de un modo u otro. – Mira tío, si vas a pegarme, hazlo de una vez. – se levantó y le miró de frente, a los ojos. – O deja que me largue. ¿Qué decides? – una vez dicho pensó que había sonado un tanto borde o chulesco pero ya estaba hecho.
Re: We may need stitches
It Will Hurt
Sabía que las repercusiones a su acto no tardarían en llegar en los próximos días en contra de los pandilleros enemigos, y todo por culpa del chico inexperto que había hecho enojar al tatuado; pero por otro lado también se preguntaba si acaso valdría la pena hacerle daño ¿que ganaría? "El respeto". Era lo único que le importaba, tal vez así el chico no se le volvería a ocurrir hacerlo, al menos no a él. Notaba que el chico temblaba y no sabía muy bien la razón. Mucho más rabia le dio cuando el chico le desviaba su mirada, cosa que terminó por hartar a Jude, quién tomó las mejillas del chico entre su dedo pulgar e indice. - Cuando te hable, mírame a la cara.- sentenció apretando ambas mejillas haciendo que los labios del chico sobresalieran, haciendo que lo mirara directamente a aquellos ojos penetrantes.
- ¿Y no crees que hay mejores opciones que robarle a alguien que parece tener una muy buena pinta como para demacrarte a golpes? - – preguntó sin dejarlo hablar aún, pues sus manos atrapaban su rostro. - Tienes suerte de que no te hubiera dejado con él. - siguió apretando hasta que las mejillas se pusieron coloradas, después soltó al individuo, haciendo que se cayera de golpe contra la banca. Entonces escuchó que en realidad había pensado que en la mochila había algo de comer. "No es tan idiota después de todo" pensó el tatuado mirándolo con una expresión neutra. - Te voy a dar algo de comer.- murmuró abriendo su mochila, sacando un pedazo de pan dulce, así como una soda, que había conseguido de la tienda comercial más económica, ¿o lo había robado? Ya no recordaba. - Pero a cambio vas a hacer algo para mí, sin preguntas. ¿De verdad tienes suficiente hambre? Demuéstralo. - se acercó la colocar la comida en la banca, esperando la respuesta del ladrón.
Porter recordaba sus primeros días en la calle, habían sido bastante difíciles, e incluso casi moría de hambre; por lo tanto tuvo que regresar a su hogar y tragarse su orgullo. Dos años habían pasado desde entonces, y ahora sabía valerse por sí mismo; tenía tanto amigos, como enemigos, pero todos y cada uno de ellos podrían proveer comida y dinero....de distintas formas. - Tómalo o déjalo. Pero si lo tomas, tienes que hacerlo sin preguntar, y si lo haces, mañana te daré más comida, así sucesivamente; para cada acción tendrás una recompensa. - Porter se encontraba pensando que al final de cuentas había sido bueno encontrarse con alguien tan frágil que pudiera ayudarlo en sus propósitos; podría usarlo para muchas cosas, desde enviar algún paquete, hasta robar un objeto, o mejor aún, usarlo como carnada. - Así que no le tienes miedo a mis puños, ¿eh? - de golpe llevó uno de ellos hasta la nariz del chico, como si fuera a golpearlo, para asustarlo un poco, pues había frenado apenas escasos centímetros. - Si yo fuera tu, no me confiaría. -
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Re: We may need stitches
We may need stitches.
Tuvo que contenerse las ganas de meterle un empujón cuando le sujetó por las mejillas de aquel modo para que le mirara a los ojos. Fue solo un pensamiento estúpido pero al tenerle tan cerca se dio cuenta de que el chico tenía unos ojos impresionantes.
Cuando al fin se vio libre de su mano se frotó la cara en un intento que de la sangre volviera a circular con normalidad. Entonces el chico le dijo que le daría algo de comer. Le observó con curiosidad abrir la mochila y sacar un trozo de pan y una bebida. Se le hizo la boca agua al instante pero en cuanto fue a acercar la mano para cogerlo el otro siguió hablando. Lo que dijo le hizo retirar la mano dubitativo. Había hecho muchas cosas por dinero o comida, pero siempre sabía de antemano lo que le pedían y él decidía si el hambre era suficiente o podía aguantar un día más y seguir buscando. Aquella noche necesitaba comer. Se sentía débil. ¿Qué podía pedirle que hiciera alguien como ese tipo? Tal vez llevar algún mensaje a la banda del tío de antes. En ese caso no duraría mucho. Entregar un paquete tal vez. Sus ojos iban de la comida al chico que le miraba de frente y de nuevo a la comida. ¿Qué podía salir mal? Si las cosas se ponían demasiado jodidas se largaría a otra ciudad y jamás le volvería a ver. Al fin y al cabo nada le ataba a esa ciudad. Estaría igual de bien o de mal aquí que en cualquier otra parte. Sin decir nada y aceptando las condiciones con su acción, estiró la mano hacia el pan y lo devoró, literalmente. Aunque se hubiera comido veinte trozos más como aquel, le supo a gloria.
Se sentía un poco incómodo comiendo de ese modo bajo la atenta mirada del otro chico así que masticó y tragó tan rápido como fue capaz. La soda no la tocó.
Justo cuando terminaba de comer el otro volvió a hablarle en aquel tono de suficiencia y sin previo aviso le vio dirigir su puño contra su cara. Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, se quedó muy quieto echando el aliento sobre los nudillos del tatuado. Estaba seguro de que había palidecido todavía más pero empezaba a molestarle aquella situación. La actitud del tatuado en ese instante le recordó demasiado a su padre, amenazando constantemente con partirle la cara si hacia esto o no hacía lo otro. Cuantas veces había hecho ese mismo gesto para que se meara encima, literalmente. Casi prefería recibir el golpe que no sentir que le estaba perdonando la vida. Colton tragó saliva y apartó el puño de Jude con una templanza asombrosa dada la situación. – No, no les tengo miedo. Puños más grandes que esos me han partido la cara y roto alguna costilla más veces de las que tú puedas imaginarte. Y no, no me fío de ti ni de nadie pero he aceptado tu trato, ¿no? ¿Qué quieres que haga?
Cuando al fin se vio libre de su mano se frotó la cara en un intento que de la sangre volviera a circular con normalidad. Entonces el chico le dijo que le daría algo de comer. Le observó con curiosidad abrir la mochila y sacar un trozo de pan y una bebida. Se le hizo la boca agua al instante pero en cuanto fue a acercar la mano para cogerlo el otro siguió hablando. Lo que dijo le hizo retirar la mano dubitativo. Había hecho muchas cosas por dinero o comida, pero siempre sabía de antemano lo que le pedían y él decidía si el hambre era suficiente o podía aguantar un día más y seguir buscando. Aquella noche necesitaba comer. Se sentía débil. ¿Qué podía pedirle que hiciera alguien como ese tipo? Tal vez llevar algún mensaje a la banda del tío de antes. En ese caso no duraría mucho. Entregar un paquete tal vez. Sus ojos iban de la comida al chico que le miraba de frente y de nuevo a la comida. ¿Qué podía salir mal? Si las cosas se ponían demasiado jodidas se largaría a otra ciudad y jamás le volvería a ver. Al fin y al cabo nada le ataba a esa ciudad. Estaría igual de bien o de mal aquí que en cualquier otra parte. Sin decir nada y aceptando las condiciones con su acción, estiró la mano hacia el pan y lo devoró, literalmente. Aunque se hubiera comido veinte trozos más como aquel, le supo a gloria.
Se sentía un poco incómodo comiendo de ese modo bajo la atenta mirada del otro chico así que masticó y tragó tan rápido como fue capaz. La soda no la tocó.
Justo cuando terminaba de comer el otro volvió a hablarle en aquel tono de suficiencia y sin previo aviso le vio dirigir su puño contra su cara. Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, se quedó muy quieto echando el aliento sobre los nudillos del tatuado. Estaba seguro de que había palidecido todavía más pero empezaba a molestarle aquella situación. La actitud del tatuado en ese instante le recordó demasiado a su padre, amenazando constantemente con partirle la cara si hacia esto o no hacía lo otro. Cuantas veces había hecho ese mismo gesto para que se meara encima, literalmente. Casi prefería recibir el golpe que no sentir que le estaba perdonando la vida. Colton tragó saliva y apartó el puño de Jude con una templanza asombrosa dada la situación. – No, no les tengo miedo. Puños más grandes que esos me han partido la cara y roto alguna costilla más veces de las que tú puedas imaginarte. Y no, no me fío de ti ni de nadie pero he aceptado tu trato, ¿no? ¿Qué quieres que haga?
Re: We may need stitches
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Le dio gusto saber que el chico había aceptado el trato al instante en que tomó el pan que había dejado sobre la banca; se le ocurrieron decenas de maneras de aportar algo en la conveniencia de Jude. La primera prueba podría ser entregar un paquete pero ¿como tendría la certeza de que seguiría el plan y no huiría en el proceso? No, la primera tendría que ser fácil y observable.
El chico parecía ser más joven que él, Porter se preguntaba su edad, pero también sobre su vida, ¿que le habría llevado a andar en las calles? Pensaba que con el tiempo lo sabría. Sus ojos se detuvieron sobre los azules oscuros frente a él, no podía negar que el chico era atractivo, con todo y su falta de arreglo. - Alguien iba muy hambriento, no hubieras durado ni treinta segundos contra aquél tipo.- no quería explicarle aún que era parte de una pandilla, no hasta que pudiera confiar en él.
Pudo sentir la respiración del otro al momento de poner el puño frente a su nariz, la cual desapareció al momento de bajar la mano hasta colocarla al costado gracias a que Colton la había apartado. - Deberías tenerles miedo. Primero son unos puños, luego una navaja y luego esos puños pueden portar una pistola. - lo miró con tranquilidad alzando los hombros como si portar un arma fuera lo más normal del mundo. - Y no te romperían solo una costilla, te pueden atravesar muchas cosas.- entonces llevó su dedo índice hasta el corazón del muchacho, y fingió que su puño era una pistola, y posteriormente fingió lanzar un disparo como si su dedo índice fungiera como cañón. - PUM!- masculló divertido.
Bajó la mano cerrando nuevamente el cierre de la mochila.- Si, lo aceptaste, ahora quiero ver si puedo fiarme de ti. Ya te dije, el día de mañana tendrás más si eres participativo.- entonces se relajó, estirando sus manos adornadas con tatuajes de todos los tipos. - Golpeame. - sentenció. - En la mejilla. - se llevó el dedo índice hasta ella, para dar un par de golpecitos, esa sería su primera prueba.
El chico parecía ser más joven que él, Porter se preguntaba su edad, pero también sobre su vida, ¿que le habría llevado a andar en las calles? Pensaba que con el tiempo lo sabría. Sus ojos se detuvieron sobre los azules oscuros frente a él, no podía negar que el chico era atractivo, con todo y su falta de arreglo. - Alguien iba muy hambriento, no hubieras durado ni treinta segundos contra aquél tipo.- no quería explicarle aún que era parte de una pandilla, no hasta que pudiera confiar en él.
Pudo sentir la respiración del otro al momento de poner el puño frente a su nariz, la cual desapareció al momento de bajar la mano hasta colocarla al costado gracias a que Colton la había apartado. - Deberías tenerles miedo. Primero son unos puños, luego una navaja y luego esos puños pueden portar una pistola. - lo miró con tranquilidad alzando los hombros como si portar un arma fuera lo más normal del mundo. - Y no te romperían solo una costilla, te pueden atravesar muchas cosas.- entonces llevó su dedo índice hasta el corazón del muchacho, y fingió que su puño era una pistola, y posteriormente fingió lanzar un disparo como si su dedo índice fungiera como cañón. - PUM!- masculló divertido.
Bajó la mano cerrando nuevamente el cierre de la mochila.- Si, lo aceptaste, ahora quiero ver si puedo fiarme de ti. Ya te dije, el día de mañana tendrás más si eres participativo.- entonces se relajó, estirando sus manos adornadas con tatuajes de todos los tipos. - Golpeame. - sentenció. - En la mejilla. - se llevó el dedo índice hasta ella, para dar un par de golpecitos, esa sería su primera prueba.
con Colton en Parque, medianoche.
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Re: We may need stitches
We may need stitches.
Colton empezaba a cansarse de que aquel chico, que más o menos sería de su edad, pretendiera darle lecciones de nada. ¿Quién se pensaba que era? ¿Un niño de papá que se había enfadado y no pasaba la noche en casa? Pero si algo había aprendido de vivir en la calle era a ser cauto y nada prepotente. Los prepotentes terminaban, como decía ese chico, con cosas clavadas o balas en el cuerpo. Él era más listo que cualquiera de esos estúpidos, o por lo menos, solía serlo. Lo que le había llevado a la situación en la que se encontraba ahora no había sido su mejor movimiento. Pero un fallo lo tiene cualquiera, ¿no? Así que le dejó hablar y simplemente asentía a lo que el otro le decía sin dejar de mirarle a los ojos. Eso también le había quedado claro y sus mejillas se lo recordaban. Lo cierto es que le incomodaba menos de lo que había imaginado, casi podía afirmar que le gustaba mirarle a los ojos. Su cuerpo lleno de tinta daba una imagen muy dura e intrigante pero si lograba fijarse en su rostro y, sobretodo en sus ojos, había algo distinto en ellos.
Parpadeó un par de veces cuando el chico que tenía delante le ordenó que le pegara, señalándose la mejilla con el dedo. – ¿Qué te pegue? – el otro asintió y le apremió. ¿Por qué iba a querer pegarle? Le había sacado de las garras del otro tío y le había dado comida y bebida. No quería pegarle. Pero cuando estaba a punto de replicar recordó lo que le acababa de decir el chico. A cambio de comida debía hacer lo que le pidiera sin preguntar. Simplemente hacerlo. Pero eso le dejaría en la posición de un pelele que ni piensa ni razona, y él no era nada de eso. Dudó unos segundo más, podía leerse su preocupación en el rostro, era demasiado expresivo. Se humedeció los labios mostrando su nerviosismo y suspiró. Había tomado una decisión. Cerró el puño con fuerza y lo lanzó contra la mejilla del chico. En cierta forma tenía ganas de hacerlo por como le había hablado, por zarandearle, por hablarle como si fuera un imbécil, por hacerle casi suplicar por un poco de comida. Le había hecho sentir realmente como un inútil. Quería pegarle, lo haría. Pero no pudo. Detuvo el puño a un par de centímetros de la mejilla de Jude. Frunció el ceño y negó bajando el brazo. – No quiero pegarte. Me has ayudado con ese tío y me has dado de comer. No puedo. – en el fondo su madre le había educado bien. Tal vez incluso demasiado. Para cualquier otro, el tatuado no hubiera sido más que un grano en el culo aquella noche pero él ya sentía que le debía algo y no le pareció correcto pegarle, aunque le tuviera ganas. – En serio, pídeme que haga cualquier otra cosa, pero no quiero hacerte daño. – dio un paso atrás.
Parpadeó un par de veces cuando el chico que tenía delante le ordenó que le pegara, señalándose la mejilla con el dedo. – ¿Qué te pegue? – el otro asintió y le apremió. ¿Por qué iba a querer pegarle? Le había sacado de las garras del otro tío y le había dado comida y bebida. No quería pegarle. Pero cuando estaba a punto de replicar recordó lo que le acababa de decir el chico. A cambio de comida debía hacer lo que le pidiera sin preguntar. Simplemente hacerlo. Pero eso le dejaría en la posición de un pelele que ni piensa ni razona, y él no era nada de eso. Dudó unos segundo más, podía leerse su preocupación en el rostro, era demasiado expresivo. Se humedeció los labios mostrando su nerviosismo y suspiró. Había tomado una decisión. Cerró el puño con fuerza y lo lanzó contra la mejilla del chico. En cierta forma tenía ganas de hacerlo por como le había hablado, por zarandearle, por hablarle como si fuera un imbécil, por hacerle casi suplicar por un poco de comida. Le había hecho sentir realmente como un inútil. Quería pegarle, lo haría. Pero no pudo. Detuvo el puño a un par de centímetros de la mejilla de Jude. Frunció el ceño y negó bajando el brazo. – No quiero pegarte. Me has ayudado con ese tío y me has dado de comer. No puedo. – en el fondo su madre le había educado bien. Tal vez incluso demasiado. Para cualquier otro, el tatuado no hubiera sido más que un grano en el culo aquella noche pero él ya sentía que le debía algo y no le pareció correcto pegarle, aunque le tuviera ganas. – En serio, pídeme que haga cualquier otra cosa, pero no quiero hacerte daño. – dio un paso atrás.
Re: We may need stitches
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Las primeras noches en las que Jude había pasado hambre se habían casi desvanecido de sus recuerdos; ellos solo le hacían recordar lo débil que fue al rendirse a los pocos días de salir de casa algunos años atrás. Para su suerte, se había compensado en los meses siguientes, pudiendo sacar provecho de cada situación, forjándose un nombre entre los barrios bajos y peligrosos de la ciudad. Al menos podía sentirse seguro de que si caía, alguien más caería con él, o al menos, podría vengarlo.
Si bien sabía darse a respetar, también era inteligente sobre con quién solía pelearse. Los líderes de su pandilla enemiga era bien conocidos por la mayoría de los chicos que vivían en la calle, por lo que Porter trataba de evitarlos. Tarde que temprano, el tatuado sabía que le tocaría ser líder de su pandilla, pero mientras tanto, debía de seguir ganando jerarquía.
El tatuado se quedo observando sus movimientos, notando un atisbo de inseguridad en ellos. Observó al chico, quién en realidad no se veía tan mal a pesar de su estado de abandono, preguntándose como había sido su historia o la razón de porque había terminado en la calle. - Si, joder, que me pegues. - en realidad todo era una prueba, si el chico terminaba por golpearlo había obedecido sus ordenes y al menos podría darle unos puntos a su lealtad, aunque eso pudiera significar que lo hacía porque lo odiaba por lo anteriormente realizado; pero por otro lado, si no lo golpeaba podría suponer que le tendría algo de respeto o al menos agradecimiento, pero eso también podría significar miedo, cobardía.
Empezó a hartarse tras las dudas del chico, que podían verse a través de su rostro preocupado. - No me hagas que yo te tenga que dar un golpe a ti. - Jude no se pensaba demasiado las cosas, simplemente lo hacía y ya, algo que Colton tendría que aprender con el tiempo. De repente, el joven reaccionó y lanzó una mejilla contra el tatuado, que se quedo estático, como piedra, aunque si cerró los ojos esperando el golpe, apretando la mandíbula para darle fuerza; en cuanto escuchó sus palabras lanzó un resoplido. - No lo hice por buena persona, lo hice porque me sirves. ¿Que te crees? ¿Crees que pienso considerarte un futuro amigo? Eso, tendrás que demostrarlo con tus acciones y por no hacer esto te has quedado sin comida; tendrás que buscarla por ti mismo mientras me acompañes a hacer un trabajo.- no iba a desaprovechar la presencia del otro, lo usaría. - Lo que te pediré es que me acompañes. Ahora.- ¿a donde irían? Al mercado de pescado. Necesitaba recoger un paquete del puerto y estaba a punto de amanecer en cuanto llegaran. Colton serviría de distracción mientras él tendría que ganar la negociación. - ¿Eres bueno evitando la policía? - preguntó poniéndose en marcha. - Por cierto Colton, si quieres saber mi nombre tendrás que demostrarme que vales saber mi nombre..por el momento llámame "Cuervo".-
Si bien sabía darse a respetar, también era inteligente sobre con quién solía pelearse. Los líderes de su pandilla enemiga era bien conocidos por la mayoría de los chicos que vivían en la calle, por lo que Porter trataba de evitarlos. Tarde que temprano, el tatuado sabía que le tocaría ser líder de su pandilla, pero mientras tanto, debía de seguir ganando jerarquía.
El tatuado se quedo observando sus movimientos, notando un atisbo de inseguridad en ellos. Observó al chico, quién en realidad no se veía tan mal a pesar de su estado de abandono, preguntándose como había sido su historia o la razón de porque había terminado en la calle. - Si, joder, que me pegues. - en realidad todo era una prueba, si el chico terminaba por golpearlo había obedecido sus ordenes y al menos podría darle unos puntos a su lealtad, aunque eso pudiera significar que lo hacía porque lo odiaba por lo anteriormente realizado; pero por otro lado, si no lo golpeaba podría suponer que le tendría algo de respeto o al menos agradecimiento, pero eso también podría significar miedo, cobardía.
Empezó a hartarse tras las dudas del chico, que podían verse a través de su rostro preocupado. - No me hagas que yo te tenga que dar un golpe a ti. - Jude no se pensaba demasiado las cosas, simplemente lo hacía y ya, algo que Colton tendría que aprender con el tiempo. De repente, el joven reaccionó y lanzó una mejilla contra el tatuado, que se quedo estático, como piedra, aunque si cerró los ojos esperando el golpe, apretando la mandíbula para darle fuerza; en cuanto escuchó sus palabras lanzó un resoplido. - No lo hice por buena persona, lo hice porque me sirves. ¿Que te crees? ¿Crees que pienso considerarte un futuro amigo? Eso, tendrás que demostrarlo con tus acciones y por no hacer esto te has quedado sin comida; tendrás que buscarla por ti mismo mientras me acompañes a hacer un trabajo.- no iba a desaprovechar la presencia del otro, lo usaría. - Lo que te pediré es que me acompañes. Ahora.- ¿a donde irían? Al mercado de pescado. Necesitaba recoger un paquete del puerto y estaba a punto de amanecer en cuanto llegaran. Colton serviría de distracción mientras él tendría que ganar la negociación. - ¿Eres bueno evitando la policía? - preguntó poniéndose en marcha. - Por cierto Colton, si quieres saber mi nombre tendrás que demostrarme que vales saber mi nombre..por el momento llámame "Cuervo".-
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Re: We may need stitches
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Vio la dececpión en los ojos del chico pero no le importó lo más mínimo. No trataba de impresionar a nadie, solo trataba de hacer lo que realmente creía que era correcto. Sus palabras le entraron por un oído y le salieron por el otro. ¿Amigo? No buscaba ningún amigo. En la calle no había amigos. El que un día te ayudaba al siguiente te apuñalaba por la espalda. Lo que sí que le fastidió fue el comentario sobre la comida. No por la comida en si sino por el hecho de que aquel chico que no debía ser mucho más mayor que él se creyera en serio que le necesitaba para conseguir comer. Llevaba años viviendo en la calle, y si, aquella noche lo estaba pasando mal, pero hubiera sobrevivido y a la mañana siguiente algo hubiera encontrado. Aunque en su mirada se adivinaba cierto rencor, mantuvo la boca cerrada y asintió cuando le dijo que ahora le acompañaría. Cada vez estaba más arrepentido de haberse topado con él. ¿Dónde quería ir a esas horas? Él necesitaba dormir un poco en un sitio caliente, estaba helado. ¿Pero qué otra podía hacer? Nada. Siguió al tatuado por el parque con las manos en los bolsillos de la sudadera. –Debo serlo si todavía no he pisado ninguna comisaría. – Colton era un chico ágil. Se sabía defender en una pelea pero su punto fuera era su velocidad y agilidad. Era capaz de correr más deprisa que cualquiera y encaramarse a casi cualquier sitio sin apenas esfuerzo. Miró al chico que caminaba junto a él. ¿Cuervo? ¿Que estupidez de nombre era ese? Empezaba a pensar que al chaval le faltaba un tornillo. – ¿Por qué? ¿A dónde vamos? – Por ese motivo no le gustaba compartir su vida callejera con nadie. No le gustaban los misterios ni las sorpresas y menos cuando incluían una pregunta sobre su habilidad para escapar de la policía. No quería terminar entre rejas por culpa de un maldito bollo que había tratado de robar de la mochila de un obsesionado por la tinta. Le detuvo cogiéndole del brazo. – No quiero meterme en líos, tío. Quiero saber de que va todo esto antes de ir a ninguna parte. – le exigió mirándole con dureza a los ojos. No iba a moverse de allí hasta no saber algo más. –No soy ningún imbécil y no voy a ser tu cabeza de turco por un maldito bollo que me has dado. Así que o me dices de qué va todo esto o no me muevo de aquí. – seguía mirándole fijamente y aunque bien sabía que podía estar metiendo la pata sonó realmente seguro de sí mismo.
Re: We may need stitches
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Si quería que el chico participara en todo lo planeado, debía de convencerlo de que seguirlo era lo mejor que pudiera decidir. En realidad a veces no pensaba las cosas como debería, simplemente actuando por impulsividad; tal era el caso de su decisión de no darle comida al día siguiente. Sabía bien que el chico no era un perro a quién alimentar y al final, si se había valido por si mismo hasta ese día, significaba que hacía las cosas de manera correcta.
La despreocupación era algo que se notaba claramente en el rostro del tatuado, mientras que miraba cierto rencor en el rostro ajeno.- Si te enojas te saldrán pronto arrugas.- dijo en ironía, a veces pudiendo ser bastante odioso. Su personalidad tenía tanto enojo o ironía cuando se lo proponía. - Bien. - no iba a sacar el tema de que su padre era un policía, pero al menos podría confiar en que no lo atraparían.
- Vamos al mercado de pescado.- era un sitio que desde la madrugada se encontraba activo debido a que el comercio emergía a las primeras horas de la mañana. De pronto fue tomado del brazo, cosa que hizo que Jude se molestara, por lo que su despreocupación pasó a convertirse en molestia. "-¿Quién se cree?-" Respiró para tratar de no soltar un golpe a la mejilla ajena; lo necesitaba aquella noche. -¿Quieres saber? Bien.- tomó con su mano la ajena, alejándola en el proceso. No era que no le gustara sentir tacto, pero no de una manera tan tajante. - Mi pandilla mandó pedir unas drogas del extranjero. Esta mañana han llegado al puerto. Es fácil, están guardadas en un pescado que tiene una marca en rojo. Seguramente se desharán del pescado, hay que robarlo antes de que eso suceda. - ¿tenía que explicar que en realidad fue la pandilla enemiga la que había hecho el pedido y que ellos lo robarían? Solo así podría conseguirse una mayor jerarquía en su banda. - Como me vas ayudar, vas a recibir un porcentaje de las ganancias.- tampoco iba a decir que su el jefe de la pandilla se quedaba con un porcentaje alto que a su vez, daba a un líder de la mafia que se encargaba de pedirles favores; lo que Colton no sabía era que todo provenía de una guerra entre mafias y que éstas tenían pandillas a su disposición. Para Porter, el chico no merecía saber eso, ni tampoco que si eran descubiertos, se meterían en graves problemas. - No te meterás en líos- "mientras más me entretengas más probabilidad habrá de que nos capturen..."- quiso decirle, pero sabía que de ser el caso, Colton no ayudaría.
- No es un maldito bollo el que te daré. Es dinero fácil. Dinero para sobrevivir una semana, un mes, lo que quieras. Después de esto, en tu maldita vida volverás a verme, ¿eso es lo que quieres no? - sentenció mirando con sus penetrantes ojos a los ajenos, queriendo descifrar el contenido de sus pensamientos.
La despreocupación era algo que se notaba claramente en el rostro del tatuado, mientras que miraba cierto rencor en el rostro ajeno.- Si te enojas te saldrán pronto arrugas.- dijo en ironía, a veces pudiendo ser bastante odioso. Su personalidad tenía tanto enojo o ironía cuando se lo proponía. - Bien. - no iba a sacar el tema de que su padre era un policía, pero al menos podría confiar en que no lo atraparían.
- Vamos al mercado de pescado.- era un sitio que desde la madrugada se encontraba activo debido a que el comercio emergía a las primeras horas de la mañana. De pronto fue tomado del brazo, cosa que hizo que Jude se molestara, por lo que su despreocupación pasó a convertirse en molestia. "-¿Quién se cree?-" Respiró para tratar de no soltar un golpe a la mejilla ajena; lo necesitaba aquella noche. -¿Quieres saber? Bien.- tomó con su mano la ajena, alejándola en el proceso. No era que no le gustara sentir tacto, pero no de una manera tan tajante. - Mi pandilla mandó pedir unas drogas del extranjero. Esta mañana han llegado al puerto. Es fácil, están guardadas en un pescado que tiene una marca en rojo. Seguramente se desharán del pescado, hay que robarlo antes de que eso suceda. - ¿tenía que explicar que en realidad fue la pandilla enemiga la que había hecho el pedido y que ellos lo robarían? Solo así podría conseguirse una mayor jerarquía en su banda. - Como me vas ayudar, vas a recibir un porcentaje de las ganancias.- tampoco iba a decir que su el jefe de la pandilla se quedaba con un porcentaje alto que a su vez, daba a un líder de la mafia que se encargaba de pedirles favores; lo que Colton no sabía era que todo provenía de una guerra entre mafias y que éstas tenían pandillas a su disposición. Para Porter, el chico no merecía saber eso, ni tampoco que si eran descubiertos, se meterían en graves problemas. - No te meterás en líos- "mientras más me entretengas más probabilidad habrá de que nos capturen..."- quiso decirle, pero sabía que de ser el caso, Colton no ayudaría.
- No es un maldito bollo el que te daré. Es dinero fácil. Dinero para sobrevivir una semana, un mes, lo que quieras. Después de esto, en tu maldita vida volverás a verme, ¿eso es lo que quieres no? - sentenció mirando con sus penetrantes ojos a los ajenos, queriendo descifrar el contenido de sus pensamientos.
con Colton en Parque, medianoche.
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Re: We may need stitches
We may need stitches.
La broma sobre las arrugas le descolocó. Le hizo gracia que el chico tuviera sentido del humor porque tenía todo el aspecto de llevar un palo metido por el culo todo el santo día. Había luz al final del túnel. – Sobreviviré. – respondió sin darle mayor importancia.
Su gesto de detenerle y pedirle explicaciones había surgido efecto y enseguida le empezó a contar el plan tras apartar su mano del brazo. La historia empezó mal, la palabra pandilla siempre traía problemas, y si a esa palabra le añadías droga todo iba de mal en peor. Pero el plan parecía sencillo. Ir a comprar un pedazo de pescado era pan comido. La promesa del dinero era tentadora. Fuera mucho o poco lo que le dieran por ayudar ya sería mucho más de lo que tenía o jamás hubiera tenido hasta entonces. Sin darse cuenta fantaseó con la posibilidad de pasar una noche en un hostal. Se daría una ducha caliente o mejor un baño, si, un baño caliente con mucho jabón. Y dormiría hasta que su cuerpo le doliera por no moverse. Y tal vez podría invitar a alguien a pasar la noche con él. Negó un poco volviendo a la realidad, se estaba pasando, aun no tenía un centavo y ya estaba pensando en como se lo gastaría. Asintió cuando el Cuervo le aseguró que no se metería en líos.- ¿Lo prometes? – No sabía muy bien el motivo pero escucharle decir que prometía que no se metería en líos era algo que necesitaba escuchar. Tal vez era porque cuando le miraba a los ojos durante el suficiente tiempo creía poder confiar en él. O porque era la primera persona con la que hablaba durante tanto tiempo desde que escapó de su casa. Si lo pensaba mucho era una estupidez pero así era Colton, un optimista empedernido con una necesidad imperiosa de tener amigos. Y él mismo sabía que era una niñez porque hacía medio minuto quería alejarse del chico y seguir a su aire.
Pero esa pequeña ilusión que se había creado en su cabeza sobre la confianza y la amistad se desvaneció varios segundos después. – Claro. ¿Para qué iba querer volver a verte? – dijo con aire de suficiencia. – Vayamos a por ese pescado.
Conocía el mercado, había ido varias veces aunque no tenía ni idea de que abrían de madrugada. Ni se le había pasado por la cabeza, la verdad. Pero si lo pensaba tenía sentido. Tenían todavía un buen trecho hasta llegar allí así que quiso aprovechar la oportunidad de conocer un poco más a ese extraño chico mientras caminaban de camino. – ¿Llevas todo el cuerpo tatuado? – en cuanto hizo la pregunta se arrepintió, debió empezar por algo más común como “de dónde eres” o algo así, pero ya estaba hecho. – Debió dolerte mucho. Yo no tengo ninguno pero he oído que duelen mucho. – En primer lugar porque no le gustaban especialmente y en segundo, aunque le hubieran gustado, no hubiera tenido el dinero para hacerse ninguno. –Y son caros. ¿Te los hizo alguien de tu pandilla? – Pudo ver con qué cara le miraba. – ¿Qué? O hablamos o me duermo de pie, tu mismo.
Su gesto de detenerle y pedirle explicaciones había surgido efecto y enseguida le empezó a contar el plan tras apartar su mano del brazo. La historia empezó mal, la palabra pandilla siempre traía problemas, y si a esa palabra le añadías droga todo iba de mal en peor. Pero el plan parecía sencillo. Ir a comprar un pedazo de pescado era pan comido. La promesa del dinero era tentadora. Fuera mucho o poco lo que le dieran por ayudar ya sería mucho más de lo que tenía o jamás hubiera tenido hasta entonces. Sin darse cuenta fantaseó con la posibilidad de pasar una noche en un hostal. Se daría una ducha caliente o mejor un baño, si, un baño caliente con mucho jabón. Y dormiría hasta que su cuerpo le doliera por no moverse. Y tal vez podría invitar a alguien a pasar la noche con él. Negó un poco volviendo a la realidad, se estaba pasando, aun no tenía un centavo y ya estaba pensando en como se lo gastaría. Asintió cuando el Cuervo le aseguró que no se metería en líos.- ¿Lo prometes? – No sabía muy bien el motivo pero escucharle decir que prometía que no se metería en líos era algo que necesitaba escuchar. Tal vez era porque cuando le miraba a los ojos durante el suficiente tiempo creía poder confiar en él. O porque era la primera persona con la que hablaba durante tanto tiempo desde que escapó de su casa. Si lo pensaba mucho era una estupidez pero así era Colton, un optimista empedernido con una necesidad imperiosa de tener amigos. Y él mismo sabía que era una niñez porque hacía medio minuto quería alejarse del chico y seguir a su aire.
Pero esa pequeña ilusión que se había creado en su cabeza sobre la confianza y la amistad se desvaneció varios segundos después. – Claro. ¿Para qué iba querer volver a verte? – dijo con aire de suficiencia. – Vayamos a por ese pescado.
Conocía el mercado, había ido varias veces aunque no tenía ni idea de que abrían de madrugada. Ni se le había pasado por la cabeza, la verdad. Pero si lo pensaba tenía sentido. Tenían todavía un buen trecho hasta llegar allí así que quiso aprovechar la oportunidad de conocer un poco más a ese extraño chico mientras caminaban de camino. – ¿Llevas todo el cuerpo tatuado? – en cuanto hizo la pregunta se arrepintió, debió empezar por algo más común como “de dónde eres” o algo así, pero ya estaba hecho. – Debió dolerte mucho. Yo no tengo ninguno pero he oído que duelen mucho. – En primer lugar porque no le gustaban especialmente y en segundo, aunque le hubieran gustado, no hubiera tenido el dinero para hacerse ninguno. –Y son caros. ¿Te los hizo alguien de tu pandilla? – Pudo ver con qué cara le miraba. – ¿Qué? O hablamos o me duermo de pie, tu mismo.
Re: We may need stitches
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El tatuado solía tener cambios de humor repentino, el hecho de haberse valido por si mismo lo había enseñado en no confiar en nadie, durante su desarrollo en las calles de la ciudad, había aprendido a que sería traicionado muchas veces, como en el pasado. La lucha de poder en las pandillas llegaba en ocasiones a que los mismos miembros de una pelearan entre ellos, hasta que el más fuerte de ellos obtenía la jerarquía. Sin embargo, eso provocaba que el futuro hubiera más traiciones, cambios de bando, e incluso muertes.
Tal había sido el caso de sus mejores amigos, quienes en meses recientes habían sido traicionados por un ex-amigo, el cual se cambió de bando para obtener más poder. Desde entonces, Porter juró vengarse, y era justo a él a quién le robarían aquella droga, era apenas un comienzo.
- ¿Prometerlo? ¿Quién crees que soy? Siempre hay riesgos, deberías saberlo. No importa que te lo prometa, hay factores externos que yo no controlo. ¿Que tal si cruzando la calle te atropellan? Esa no sería mi culpa.- era obvio que decía aquello con tal de no prometer nada, Jude era un hombre de palabra, y cuando prometía algo, lo cumplía. Se detuvo para mirar los ojos ajenos, que se centraban en los suyos. - Lo que te voy a prometer es que te dará un buen dinero.- no mentía pues podría perfectamente dar un porcentaje al chico que lo ayudaría a acabar con su enemigo. Porter se imaginaba que una vez que robaran el paquete, la pandilla enemiga se centraría en su ex-amigo, a quién seguramente lo matarían pensando que se había hecho el motín para él solo.
- Sigamos.- solicitó caminando a través de las oscuras calles de la ciudad. Entonces rodó los ojos al escuchar que el chico seguramente no iba a querer verle. - Porque puedo ser un buen aliado.- entonces lo miró y posteriormente volvió a fijar la vista al frente caminando hasta el mercado.
Su pregunta no le resultaba incomoda para nada, el propio Jude había recibido esa cuestionante varias veces. - No todo, pero casi. - entonces levantó su playera para revelar parte de su torso, el cual tenía el tatuaje de una cara hindu, y en la espalda una calavera bastante grande. - ¿Tienes curiosidad de verlos? Puedo desnudarme aquí mismo. - dijo en broma, aunque Porter cuando decía algo era porque podía cumplirlo, no le daba vergüenza para nada. Volvió a bajar la playera mirando una vez más al chico. Iba a preguntar si el chico tenía alguno, pero había resuelto su duda. En realidad el dolor era efímero, por lo que no le preocupaba al joven pandillero, aunque conseguir el dinero habría sido otro tema; la mayor parte de las veces había sido un amigo quién le había hecho los tatuajes, y por una deuda pasada, aquél amigo no le cobraba. - Duele si le pones atención. Tal vez deberías hacerte uno, sencillo primero.- en los nudillos tenía los tatuajes de algunos símbolos. - Si, un viejo amigo. - de pronto esbozó una sonrisa de complicidad al escuchar la última frase del chico. - No, te necesito despierto. - entonces el hombre saco una botellita de su mochila, contenía alcohol. - Ten. No preguntes que es, solo da un largo trago, te despertara. - se la puso en la mano empezando a observar el mercado, el cual ya tenía movimiento. Personas sacaban grandes cajas de los barcos pescadores, otros más se preparaban para poner sus puestos comerciales. Sería una tarea difícil descubrir el pescado marcado, entre casi cien tipo de comercios. - Abre bien los ojos.-
Tal había sido el caso de sus mejores amigos, quienes en meses recientes habían sido traicionados por un ex-amigo, el cual se cambió de bando para obtener más poder. Desde entonces, Porter juró vengarse, y era justo a él a quién le robarían aquella droga, era apenas un comienzo.
- ¿Prometerlo? ¿Quién crees que soy? Siempre hay riesgos, deberías saberlo. No importa que te lo prometa, hay factores externos que yo no controlo. ¿Que tal si cruzando la calle te atropellan? Esa no sería mi culpa.- era obvio que decía aquello con tal de no prometer nada, Jude era un hombre de palabra, y cuando prometía algo, lo cumplía. Se detuvo para mirar los ojos ajenos, que se centraban en los suyos. - Lo que te voy a prometer es que te dará un buen dinero.- no mentía pues podría perfectamente dar un porcentaje al chico que lo ayudaría a acabar con su enemigo. Porter se imaginaba que una vez que robaran el paquete, la pandilla enemiga se centraría en su ex-amigo, a quién seguramente lo matarían pensando que se había hecho el motín para él solo.
- Sigamos.- solicitó caminando a través de las oscuras calles de la ciudad. Entonces rodó los ojos al escuchar que el chico seguramente no iba a querer verle. - Porque puedo ser un buen aliado.- entonces lo miró y posteriormente volvió a fijar la vista al frente caminando hasta el mercado.
Su pregunta no le resultaba incomoda para nada, el propio Jude había recibido esa cuestionante varias veces. - No todo, pero casi. - entonces levantó su playera para revelar parte de su torso, el cual tenía el tatuaje de una cara hindu, y en la espalda una calavera bastante grande. - ¿Tienes curiosidad de verlos? Puedo desnudarme aquí mismo. - dijo en broma, aunque Porter cuando decía algo era porque podía cumplirlo, no le daba vergüenza para nada. Volvió a bajar la playera mirando una vez más al chico. Iba a preguntar si el chico tenía alguno, pero había resuelto su duda. En realidad el dolor era efímero, por lo que no le preocupaba al joven pandillero, aunque conseguir el dinero habría sido otro tema; la mayor parte de las veces había sido un amigo quién le había hecho los tatuajes, y por una deuda pasada, aquél amigo no le cobraba. - Duele si le pones atención. Tal vez deberías hacerte uno, sencillo primero.- en los nudillos tenía los tatuajes de algunos símbolos. - Si, un viejo amigo. - de pronto esbozó una sonrisa de complicidad al escuchar la última frase del chico. - No, te necesito despierto. - entonces el hombre saco una botellita de su mochila, contenía alcohol. - Ten. No preguntes que es, solo da un largo trago, te despertara. - se la puso en la mano empezando a observar el mercado, el cual ya tenía movimiento. Personas sacaban grandes cajas de los barcos pescadores, otros más se preparaban para poner sus puestos comerciales. Sería una tarea difícil descubrir el pescado marcado, entre casi cien tipo de comercios. - Abre bien los ojos.-
con Colton en Parque, medianoche.
¿The good or the bad one?
I prefer to be both
- Spoiler:


Re: We may need stitches
We may need stitches.
No perdió detalle cuando el chico se levantó la ropa para mostrar su torso tatuado. Aunque más que fijarse en los tatuajes en sí, le llamó más la atención el hecho de ver parte de su cuerpo si la ropa cubriéndole. Negó rápidamente cuando le escuchó decir que podía desnudarse. –Da igual, ya los he visto un poco. – Trató de imaginarse a él mismo con algún tatuaje pero fue incapaz. – Creo que me gusta mi piel tal y como está. No por el dolor. – Se apresuró a añadir. No quería quedar como un cobarde porque no lo era. –Es que llevar algo así es para toda la vida.
Bostezó y se frotó los antebrazos con las manos para entrar en calor. Entonces el chico le pasó un botellín que había sacado de la mochila. Desenroscó el tapón y tomó un trago sin preguntar por el contenido tal y como le había pedido. No identificó qué tipo de bebida era pero era fuerte, tanto que le quemó por dentro a medida que tragaba. Hizo una pequeña mueca y le devolvió la botella. – Esto pega. – Colton se había emborrachado en contadas ocasiones, sobretodo para engañar al cuerpo del frío pero no recordaba haber bebido algo tan fuerte como aquello. Como en aquellas ocasiones, su cuerpo agradeció el calor que generaba el alcohol.
Ya con el cuerpo más atemperado observó el mercado que se extendía frente a ellos. Era un sitio grande y, para la hora que era, jamás hubiera imaginado que habría tanta gente ya trabajando. Mirasen hacia donde mirasen había gente preparando sus puestos. Algunos iban más avanzados y empezaban a sacar la mercancía de los camiones y furgonetas. – ¿No sabes nada más de ese pescado? – Encontrar un pescado rojo entre tantos puestos de comida iba a ser como encontrar una aguja en un pajar. –Deberíamos separarnos. Tu buscas por ese lado de allí y yo por el otro. – Acompañó sus palabras con un gesto de su cabeza refiriéndose a dos pasillos que iban formando las paradas que se iban montando. No tenía muy claro si el chico se fiaría de él como para separarse pero si querían encontrar algo y tenían tan poco tiempo tendría que fiarse de él. – Aunque si quieres que vayamos juntos, por mi vale. – Total, estaba haciendo esto por dinero, si, pero si no salía bien tampoco perdía nada, se quedaba como estaba y seguiría su camino. Puestos a pensar era el otro el que tenía más que perder porque suponía que de aquel trabajo dependería otra gente de su pandilla. –Tú decides.
Bostezó y se frotó los antebrazos con las manos para entrar en calor. Entonces el chico le pasó un botellín que había sacado de la mochila. Desenroscó el tapón y tomó un trago sin preguntar por el contenido tal y como le había pedido. No identificó qué tipo de bebida era pero era fuerte, tanto que le quemó por dentro a medida que tragaba. Hizo una pequeña mueca y le devolvió la botella. – Esto pega. – Colton se había emborrachado en contadas ocasiones, sobretodo para engañar al cuerpo del frío pero no recordaba haber bebido algo tan fuerte como aquello. Como en aquellas ocasiones, su cuerpo agradeció el calor que generaba el alcohol.
Ya con el cuerpo más atemperado observó el mercado que se extendía frente a ellos. Era un sitio grande y, para la hora que era, jamás hubiera imaginado que habría tanta gente ya trabajando. Mirasen hacia donde mirasen había gente preparando sus puestos. Algunos iban más avanzados y empezaban a sacar la mercancía de los camiones y furgonetas. – ¿No sabes nada más de ese pescado? – Encontrar un pescado rojo entre tantos puestos de comida iba a ser como encontrar una aguja en un pajar. –Deberíamos separarnos. Tu buscas por ese lado de allí y yo por el otro. – Acompañó sus palabras con un gesto de su cabeza refiriéndose a dos pasillos que iban formando las paradas que se iban montando. No tenía muy claro si el chico se fiaría de él como para separarse pero si querían encontrar algo y tenían tan poco tiempo tendría que fiarse de él. – Aunque si quieres que vayamos juntos, por mi vale. – Total, estaba haciendo esto por dinero, si, pero si no salía bien tampoco perdía nada, se quedaba como estaba y seguiría su camino. Puestos a pensar era el otro el que tenía más que perder porque suponía que de aquel trabajo dependería otra gente de su pandilla. –Tú decides.
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