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The story is upwinding
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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The story is upwinding
Recuerdo del primer mensaje :
The story is upwinding.
Crackship | 1x1 | Romantic plot.
Douwe y Sergey fueron amigos durante muchísimo tiempo. Instituto, universidad, más de ocho años juntos en los que nunca se separaron el uno del otro. No obstante, en uno de los últimos meses de su estancia universitaria, tuvieron una gran discusión. Douwe se había arriesgado y había aceptado su verdadera condición sexual pero nunca aceptó lo que sentía por Sergey. El contrario, no obstante, reaccionó de la manera más violenta posible. Una discusión de tres horas que rompió una amistad que parecía duradera y eterna.
Cinco años después, Douwe se encontraba tocando la guitarra en el metro de Londres. La suerte no le había sonreído y ahora se veía refugiado en la solidaridad de una señora de origen ucraniano que le ofrecía una habitación y tocando en el metro para poder ayudar a dicha mujer. La gente solía ignorar su guitarra y cómo cantaba, era todos los días igual. Tenía un aspecto deleznable y aquella sonrisa que siempre le acompañaba durante la universidad se había marchitado. Aquel día prometía ser igual de monótono y frustrante que los demás, hasta que una voz familiar, que despertaba malos recuerdos, le sorprendió.
Sergey, tras aquella pelea, avanzó hasta ser un empresario de éxito en una de las empresas de su padre. Tanto él como su hermana Polina eran conocidos por la alta sociedad de la ciudad de Londres y siempre estaban en la portada tanto de periódicos como de revistas de actualidad. Tras la universidad, Sergey dejó a su novia de aquel entonces con una gran duda en la cabeza: ¿Y si se hubiera arriesgado? Douwe y él fueron amigos durante mucho tiempo pero el joven siempre esperó algo más. Aquel día, cuando el coche le dejó tirado, no esperó encontrarse a aquel gran fallo de su pasado en el andén, tocando su guitarra como había hecho durante tantos años.
Tanto tiempo separados y sin haber cerrado heridas del pasado... ¿Cómo afectará aquel encuentro casual a los dos? ¿Serán capaces de enfrentarse a un pasado que les golpeó en la frente sin pretenderlo? ¿Qué podrían encontrar, tanto el joven guitarrista como el ahora empresario, en medio del sonido del silencio.
Cinco años después, Douwe se encontraba tocando la guitarra en el metro de Londres. La suerte no le había sonreído y ahora se veía refugiado en la solidaridad de una señora de origen ucraniano que le ofrecía una habitación y tocando en el metro para poder ayudar a dicha mujer. La gente solía ignorar su guitarra y cómo cantaba, era todos los días igual. Tenía un aspecto deleznable y aquella sonrisa que siempre le acompañaba durante la universidad se había marchitado. Aquel día prometía ser igual de monótono y frustrante que los demás, hasta que una voz familiar, que despertaba malos recuerdos, le sorprendió.
Sergey, tras aquella pelea, avanzó hasta ser un empresario de éxito en una de las empresas de su padre. Tanto él como su hermana Polina eran conocidos por la alta sociedad de la ciudad de Londres y siempre estaban en la portada tanto de periódicos como de revistas de actualidad. Tras la universidad, Sergey dejó a su novia de aquel entonces con una gran duda en la cabeza: ¿Y si se hubiera arriesgado? Douwe y él fueron amigos durante mucho tiempo pero el joven siempre esperó algo más. Aquel día, cuando el coche le dejó tirado, no esperó encontrarse a aquel gran fallo de su pasado en el andén, tocando su guitarra como había hecho durante tantos años.
Tanto tiempo separados y sin haber cerrado heridas del pasado... ¿Cómo afectará aquel encuentro casual a los dos? ¿Serán capaces de enfrentarse a un pasado que les golpeó en la frente sin pretenderlo? ¿Qué podrían encontrar, tanto el joven guitarrista como el ahora empresario, en medio del sonido del silencio.
Douwe Williams 27 | Douwe Bob | Winter Wiccan | Sergey Kirkorov 27 | Sergey Lazarev | BatmanWithClaws |
© by Farah.
Re: The story is upwinding
01. Mister, can you help me?
Sergey no podía creerse aún que hubiera estado a punto de besar a Douwe. ¡En qué había estado pensando! Aunque claro, el chico había cerrado los ojos. ¿Eso quería decir que quería que lo besara? ¿Cómo iba a sacar el tema cuando Polina desapareciera? Si se estaba equivocando, iba a ser tan incómodo... Estaba frustrado. Si su hermana no hubiera abierto la puerta, simplemente lo habría hecho y habría aceptado las consecuencias. La magia del momento había aumentado su valentía; ahora volvía a estar a niveles normales. De hecho, en aquellos momentos se encontraba casi en shock, aunuqe sabía disimularlo bastante bien. Tenía que hacerlo, al menos. Sobre todo, porque Polina estaba delante. Si le contaba algo a su hermana, sería después de haber hecho lo que fuera, no antes. La rubia le animaría y seguramente, el de ascendencia rusa acabaría achantándose por no ser lo suficientemente bueno para Douwe.
Se conocía muy bien y no iba a permitirlo. Al menos, su ex mejor amigo no estaba molesto. También le había dedicado una sonrisa de vuelta. Por su parte, Sergey se tranquilizó un poco. ¡Había sentido ganas de asesinar a su hermana! Pero ahora se encontraba más tranquilo. Pensó que era como si Barei hubiera llamado a la puerta; eran amigos. También tenían derecho a ver a Douwe ahora que había vuelto a sus vidas, porque si algo tenía claro Sergey era que no pensaba dejarlo escapar nunca. ¿Qué era el chico para él? No tenía cómo definirlo. Era... simplemente él. Lo necesitaba en su vida. Y estaba seguro de que era recíproco, porque ese tipo de conexión no podía ser unilateral.
Solo cuando su hermana entró en su habitación y se tiró sobre Dou, dejó de posar su mano sobre la del otro. Le dedicó una sonrisa a Polina, solo para intentar disimular, aunque sabiendo lo perceptiva que era, seguramente hubiera notado el sonrojo de Douwe. Espera, ¿se había sonrojado? ¿Eso quería decir...? Ahora eran las mejillas de Sergey las que se coloreaban, intentando disimularlo. Notaba cómo le ardía la cara. Alzando los brazos, se encogió de hombros mirando a su hermana—. Oye, oye, que te lo iba a explicar más tarde. ¡Pero antes teníamos que hablar! —Dijo el de ascendencia rusa, rodando sus ojos mientras se recostaba un poco en la cama. Dou ya le estaba explicando cómo se habían encontrado... La escena parecía sacada de hacía cinco años; solo les faltaba algo para picar. De pronto, captó la mirada de su hermana; había visto la partitura. Ella sí sabía que esa canción iba sobre Douwe. Sacudió la cabeza con levedad para que no lo dijera, pero sabía perfectamente que ella tenía otros planes. ¡Siempre le había querido ver feliz! Tanto a él como a Dou.
Sergey acabó carraspeando un poco, para que centraran su atención en él, después de haber puesto una mano en el hombro de Dou, apretándolo levemente para intentar darle ánimos; no quería verle llorar más—. Polina puede entregar una demo de alguna canción, Dou. Sin decirle nada a sus jefes. Si les parece buena, te llamarán. ¿Eso te valdría? —Casi no había terminado de hablar cuando su hermana ya había hablado—. Sí, sí. ¡Podrías cantar esto! —Y señaló la partitura que había encima de la cama. Sergey abrió los ojos como platos, sorprendido de que hubiera sido tan descarada con el tema—. ¡O también puedes cantar cualquier otra cosa! Pero solo si me cantáis esta canción juntos. Escuché unos acordes al entrar y ¡sonaba precioso! Siempre habéis hecho una buena pareja. —Definitivamente, Polina había dejado de disimular. Sergey, algo rojo, le dio una palmadita en la espalda a Dou— ¿Qué prefieres?
Se conocía muy bien y no iba a permitirlo. Al menos, su ex mejor amigo no estaba molesto. También le había dedicado una sonrisa de vuelta. Por su parte, Sergey se tranquilizó un poco. ¡Había sentido ganas de asesinar a su hermana! Pero ahora se encontraba más tranquilo. Pensó que era como si Barei hubiera llamado a la puerta; eran amigos. También tenían derecho a ver a Douwe ahora que había vuelto a sus vidas, porque si algo tenía claro Sergey era que no pensaba dejarlo escapar nunca. ¿Qué era el chico para él? No tenía cómo definirlo. Era... simplemente él. Lo necesitaba en su vida. Y estaba seguro de que era recíproco, porque ese tipo de conexión no podía ser unilateral.
Solo cuando su hermana entró en su habitación y se tiró sobre Dou, dejó de posar su mano sobre la del otro. Le dedicó una sonrisa a Polina, solo para intentar disimular, aunque sabiendo lo perceptiva que era, seguramente hubiera notado el sonrojo de Douwe. Espera, ¿se había sonrojado? ¿Eso quería decir...? Ahora eran las mejillas de Sergey las que se coloreaban, intentando disimularlo. Notaba cómo le ardía la cara. Alzando los brazos, se encogió de hombros mirando a su hermana—. Oye, oye, que te lo iba a explicar más tarde. ¡Pero antes teníamos que hablar! —Dijo el de ascendencia rusa, rodando sus ojos mientras se recostaba un poco en la cama. Dou ya le estaba explicando cómo se habían encontrado... La escena parecía sacada de hacía cinco años; solo les faltaba algo para picar. De pronto, captó la mirada de su hermana; había visto la partitura. Ella sí sabía que esa canción iba sobre Douwe. Sacudió la cabeza con levedad para que no lo dijera, pero sabía perfectamente que ella tenía otros planes. ¡Siempre le había querido ver feliz! Tanto a él como a Dou.
Sergey acabó carraspeando un poco, para que centraran su atención en él, después de haber puesto una mano en el hombro de Dou, apretándolo levemente para intentar darle ánimos; no quería verle llorar más—. Polina puede entregar una demo de alguna canción, Dou. Sin decirle nada a sus jefes. Si les parece buena, te llamarán. ¿Eso te valdría? —Casi no había terminado de hablar cuando su hermana ya había hablado—. Sí, sí. ¡Podrías cantar esto! —Y señaló la partitura que había encima de la cama. Sergey abrió los ojos como platos, sorprendido de que hubiera sido tan descarada con el tema—. ¡O también puedes cantar cualquier otra cosa! Pero solo si me cantáis esta canción juntos. Escuché unos acordes al entrar y ¡sonaba precioso! Siempre habéis hecho una buena pareja. —Definitivamente, Polina había dejado de disimular. Sergey, algo rojo, le dio una palmadita en la espalda a Dou— ¿Qué prefieres?
Sergey | Londres | Con Douwe
© RED FOR SS
Re: The story is upwinding
01. Mister, can you help me?
Los hermanos Kirkorov... Era como si no hubieran cambiado nada en cuestión de años. Sergey, el chico que siempre ocupaba un rincón de sus pensamientos, y Polina, aquella chica espontánea y algo inoportuna en ocasiones. Hace años encontró con ellos una especie de familia alternativa y por un momento se encontró de nuevo con esa sensación de felicidad. No iba a aceptar esa ayuda, era demasiado orgulloso en ese sentido. Se había dado de bruces contra mil puertas cerradas como para ahora aceptar aquella ayuda caída del cielo. Quería demasiado lo que representaba su música como para coger el camino “fácil”. Respiró con suavidad antes de responder a la chica, que se notaba que se moría por escucharles cantar... Si ella supiera lo que había estado a punto de hacer el guitarrista. “Te lo agradezco, Poli, de verdad, pero creo que no es lo que debo hacer. Si quiero salir adelante tengo que salir solo. Lo he intentado mil veces, creo que intentarlo otras mil no sería mal plan.” Aunque si era cierto que, en infinidad de ocasiones, había pensado en colgar la púa por Jami. Aquella mujer aceptaba que llevara lo justo a casa cuando había días que daba, con suerte, para un paquete de arroz. A veces pensaba que era un egoísta por actuar así... Y lo era, al fin y al cabo, pero era lo único que le mantenía feliz. “Si quieres escucharnos otra vez, yo no tengo ningún problema”
Puso la guitarra en posición, lanzando una mirada cómplice a Sergey. Ahora que había leído bien la letra, quizá no estaría de más arriesgarse. Siguió la canción por donde la habían dejado antes de la aparición, bastante inoportuna, de la hermana del chico. “There is nothing down on earth, nothing that compares to you. It's gotta get around, I'm breaking out of bounds... Because it's obvious” Si, era obvio, si, era romper todos los límites, pero le daba igual. Quería arriesgarse, quería jugársela de nuevo a una carta aunque aquello significara perderles del todo. Su mirada se mantenía fija en el joven de ascendencia rusa esperando una reacción. Por otra parte, Polina parecía estar al borde de un ataque puesto que se movía incómoda y alternando su visión entre su hermano y su amigo, como si esperara algo.
La notó de nuevo, aquella gravedad que le atraía a Sergey como si fuera un condenado imán. Movía sus dedos sobre la guitarra con soltura, improvisando cada nota aunque algunas no encajaran. Era una melodía imperfecta, como aquel momento en el que sobraba, desafortunadamente, una persona para que pudiera completar todo aquello que pensaba y expresar todo lo que sentía. El corazón le latía a toda velocidad y la boca se le secaba, como si vagara en el desierto y frente a él estuviera el único oasis en veinte kilómetros a la redonda pero hubiera un escorpión gigante en su camino. Dios, quería besarlo, aquello era un maldito hecho. Quería besarle hasta que los dos perdieran el sentido y Sergey le mandara oficialmente a la mierda.
Puso la guitarra en posición, lanzando una mirada cómplice a Sergey. Ahora que había leído bien la letra, quizá no estaría de más arriesgarse. Siguió la canción por donde la habían dejado antes de la aparición, bastante inoportuna, de la hermana del chico. “There is nothing down on earth, nothing that compares to you. It's gotta get around, I'm breaking out of bounds... Because it's obvious” Si, era obvio, si, era romper todos los límites, pero le daba igual. Quería arriesgarse, quería jugársela de nuevo a una carta aunque aquello significara perderles del todo. Su mirada se mantenía fija en el joven de ascendencia rusa esperando una reacción. Por otra parte, Polina parecía estar al borde de un ataque puesto que se movía incómoda y alternando su visión entre su hermano y su amigo, como si esperara algo.
La notó de nuevo, aquella gravedad que le atraía a Sergey como si fuera un condenado imán. Movía sus dedos sobre la guitarra con soltura, improvisando cada nota aunque algunas no encajaran. Era una melodía imperfecta, como aquel momento en el que sobraba, desafortunadamente, una persona para que pudiera completar todo aquello que pensaba y expresar todo lo que sentía. El corazón le latía a toda velocidad y la boca se le secaba, como si vagara en el desierto y frente a él estuviera el único oasis en veinte kilómetros a la redonda pero hubiera un escorpión gigante en su camino. Dios, quería besarlo, aquello era un maldito hecho. Quería besarle hasta que los dos perdieran el sentido y Sergey le mandara oficialmente a la mierda.
Douwe | Londres | Con Sergey
© RED FOR SS
Re: The story is upwinding
01. Mister, can you help me?
En el fondo, Douwe era tan orgulloso como el propio Sergey y por eso mismo, no aceptó la oferta que le había hecho Pollina. Ambos querían ganar las cosas por sí mismos y quizás ese era uno de los motivos por los que el de ascendencia rusa odiaba su trabajo intensamente: era el hijo del jefe. Por eso mismo le habían contratado. Y aunque tenía algunos beneficios, también tenía muchas desventajas: no podía hacer amigos en la oficina, por ejemplo, ya que nadie se consideraba su igual gracias a su padre. ¡Y eso era una soberana tontería! ¡A quién se le ocurría pensar así! Solo a su padre, por supuesto, que veía a su hijo como el príncipe de su imperio. Por eso, jamás aceptaría que fuera diferente a lo preestablecido por él... Y simplemente lo había aceptado con Polina porque era bastante machista y no pensaba darle la cabeza de la compañía a ella, incluso aunque fuera mayor. Eso había permitido que su hermana tuviera mayor libertad, por supuesto, pero sabía que le dolía cómo la trataba su padre también. Menos mal que ambos tenían a su padre.
Sergey simplemente asintió con la cabeza, intentando olvidarse del tema que había llenado sus pensamientos unos instantes antes, para volver a centrarse en la música y... en Douwe. Aunque debía disimular mucho más para que su hermana no se percatara de lo que había estado a punto de pasar antes de que entrara. No sabía cómo reaccionaría ante ello; obviamente, seguro que lo hacía mejor que su padre. Tragó algo de saliva, cerrando los ojos unos segundos mientras se centraba en la melodía, en la voz de Douwe—. Seven wonders of the world, but nothing compares to you... Devoted to crossing a line that someone has drawn and make a round in front of me... —Siguió cantando Sergey mientras volvía a perderse en aquellas glaucas orbes que aparecerían en sus mejores sueños; evidentemente, se refería a su padre. Iba a pasarse de la raya. Iba a ir hasta el final de la línea con Douwe; no iba a volver a joderla de nuevo.
Ni siquiera miraba a Polina; ella no existía en aquella pequeña utopía que se había creado en su cabeza. No se movió demasiado en la cama, pero sí que estaba levemente inclinado en su dirección. Siguió cantando la canción, sin apartar la mirada del otro. Una vez terminaron la canción, Polina aplaudió entusiasmada. No sabía qué estaba pasando por su cabeza, pero tampoco le importaba demasiado. Entonces, el móvil de su hermana comenzó a sonar—. ¡Me tengo que ir, chicos! Lo siento mucho. Me alegro mucho de haber podido verte, Douwe. Hablamos después, enano. —Primero se lanzó a Douwe para abrazarlo efusivamente y luego a Sergey, diciéndole algo al oído. Esperaba que Douwe no lo hubiera oído, porque había dicho “no le dejes escapar”. Menos mal que Ser no se sonrojó en aquellos momentos, o hubiera sido un momento algo incómodo. La fémina había entrado como un huracán y como un huracán se había ido también, dejando a ambos hombres solos en la casa.
Sergey simplemente asintió con la cabeza, intentando olvidarse del tema que había llenado sus pensamientos unos instantes antes, para volver a centrarse en la música y... en Douwe. Aunque debía disimular mucho más para que su hermana no se percatara de lo que había estado a punto de pasar antes de que entrara. No sabía cómo reaccionaría ante ello; obviamente, seguro que lo hacía mejor que su padre. Tragó algo de saliva, cerrando los ojos unos segundos mientras se centraba en la melodía, en la voz de Douwe—. Seven wonders of the world, but nothing compares to you... Devoted to crossing a line that someone has drawn and make a round in front of me... —Siguió cantando Sergey mientras volvía a perderse en aquellas glaucas orbes que aparecerían en sus mejores sueños; evidentemente, se refería a su padre. Iba a pasarse de la raya. Iba a ir hasta el final de la línea con Douwe; no iba a volver a joderla de nuevo.
Ni siquiera miraba a Polina; ella no existía en aquella pequeña utopía que se había creado en su cabeza. No se movió demasiado en la cama, pero sí que estaba levemente inclinado en su dirección. Siguió cantando la canción, sin apartar la mirada del otro. Una vez terminaron la canción, Polina aplaudió entusiasmada. No sabía qué estaba pasando por su cabeza, pero tampoco le importaba demasiado. Entonces, el móvil de su hermana comenzó a sonar—. ¡Me tengo que ir, chicos! Lo siento mucho. Me alegro mucho de haber podido verte, Douwe. Hablamos después, enano. —Primero se lanzó a Douwe para abrazarlo efusivamente y luego a Sergey, diciéndole algo al oído. Esperaba que Douwe no lo hubiera oído, porque había dicho “no le dejes escapar”. Menos mal que Ser no se sonrojó en aquellos momentos, o hubiera sido un momento algo incómodo. La fémina había entrado como un huracán y como un huracán se había ido también, dejando a ambos hombres solos en la casa.
Sergey | Londres | Con Douwe
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Re: The story is upwinding
01. Mister, can you help me?
Aquel deseo le devoraba desde dentro. Era como estar atado a un detonador y saber que, cualquier movimiento, podía activarlo y hacerle estallar. Siguió con el punteo de la guitarra, absorto en la figura frente a él, hasta que Polina se abalanzó sobre él. Abrazó con ternura a su amiga pero no se esperaba el susurro que salió de los labios de esta. “Sé lo que quieres hacer... Y Ser también” ¿¡Qué!? Antes de poder insinuar cualquier cosa a la chica, esta ya había abrazado a su hermano y salido como un huracán.
¿Qué significaba aquello? ¿Acaso los dos hermanos sabían que le gustaba Sergey? En ese momento sentía cómo el alma se le caía a los pies. No sabía que estaría pensando el contrario de él, pero no sería algo bueno. Había traicionado su amistad por un capricho de juventud y ahora sabía que no iba a recuperar nunca a su amigo. Aquel brillo que sus ojos habían destilado desde que entró en ese cuarto desapareció, reemplazado por la sobriedad y el desengaño. Había sido un idiota por pensar que su cuento de hadas se podía cumplir. Asió con fuerza el mástil de la guitarra, conteniendo las lágrimas. “Tengo que irme” Dijo, sin dar más explicaciones. Se levantó de la cama, yendo sin mirar atrás hacia la puerta. Se arrepentía de haber sido así, de haberlo fastidiado todo. En una fracción de segundo, todos los recuerdos que tenía con el chico asaltaron su mente. Lo había roto todo por amar a quién no debía. Toda la valentía que, en teoría, iba a mostrar momentos atrás se desvaneció por su cobardía y su autodesprecio. Iluso, pensó, siempre había sido un iluso. Sus sueños en la universidad, sus aspiraciones por ser músico profesional, Sergey... Todo se había derrumbado tarde o temprano como un castillo de naipes.
Cogió con fuerza el pomo de la puerta, tirando de él para abrirla cuando se encontró con una fuerza que le apartaba de éste. Era Sergey, mirándole con esos ojos de avellana que ahora le hacían sentirse muy culpable. “Lo siento, tengo que irme, estás mejor sin mí.” Espetó, con todo el dolor de su corazón, al contrario. No sabía por qué había ido tras él, si tanto él como Polina sabían lo que quería. “Ya tomaremos café otro día.” Mintió. Si por él fuera, no volvería a encontrarse con el que fue su mejor amigo para no sufrir la misma vergüenza que estaba sintiendo en esos momentos. “No quiero pasar por lo mismo otra vez” Dijo, imaginando la situación. Sergey criticándole por haber querido besarle, insultándole de nuevo aunque no fue su intención la vez anterior, echándole de su casa. Tenía el orgullo suficiente como para saber que había perdido la batalla y que solo le quedaba acurrucarse en el sofá de Jami, vender la guitarra en una casa de empeños y buscar una nueva vida... Una sin él. Respiró con fuerza, mirando al contrario con unamirada desprovista de ilusión. ¿Qué iba a hacer? ¿Le iba a dar un guantazo? “Si vas a hacer algo... Hazlo ya, porque me voy” Dijo, sentenciando algo que difería mucho de la realidad. Si Sergey iba a condenarle del todo, quería oírlo de aquellos labios que eran el paraíso prohibido en la tierra para el joven.
¿Qué significaba aquello? ¿Acaso los dos hermanos sabían que le gustaba Sergey? En ese momento sentía cómo el alma se le caía a los pies. No sabía que estaría pensando el contrario de él, pero no sería algo bueno. Había traicionado su amistad por un capricho de juventud y ahora sabía que no iba a recuperar nunca a su amigo. Aquel brillo que sus ojos habían destilado desde que entró en ese cuarto desapareció, reemplazado por la sobriedad y el desengaño. Había sido un idiota por pensar que su cuento de hadas se podía cumplir. Asió con fuerza el mástil de la guitarra, conteniendo las lágrimas. “Tengo que irme” Dijo, sin dar más explicaciones. Se levantó de la cama, yendo sin mirar atrás hacia la puerta. Se arrepentía de haber sido así, de haberlo fastidiado todo. En una fracción de segundo, todos los recuerdos que tenía con el chico asaltaron su mente. Lo había roto todo por amar a quién no debía. Toda la valentía que, en teoría, iba a mostrar momentos atrás se desvaneció por su cobardía y su autodesprecio. Iluso, pensó, siempre había sido un iluso. Sus sueños en la universidad, sus aspiraciones por ser músico profesional, Sergey... Todo se había derrumbado tarde o temprano como un castillo de naipes.
Cogió con fuerza el pomo de la puerta, tirando de él para abrirla cuando se encontró con una fuerza que le apartaba de éste. Era Sergey, mirándole con esos ojos de avellana que ahora le hacían sentirse muy culpable. “Lo siento, tengo que irme, estás mejor sin mí.” Espetó, con todo el dolor de su corazón, al contrario. No sabía por qué había ido tras él, si tanto él como Polina sabían lo que quería. “Ya tomaremos café otro día.” Mintió. Si por él fuera, no volvería a encontrarse con el que fue su mejor amigo para no sufrir la misma vergüenza que estaba sintiendo en esos momentos. “No quiero pasar por lo mismo otra vez” Dijo, imaginando la situación. Sergey criticándole por haber querido besarle, insultándole de nuevo aunque no fue su intención la vez anterior, echándole de su casa. Tenía el orgullo suficiente como para saber que había perdido la batalla y que solo le quedaba acurrucarse en el sofá de Jami, vender la guitarra en una casa de empeños y buscar una nueva vida... Una sin él. Respiró con fuerza, mirando al contrario con unamirada desprovista de ilusión. ¿Qué iba a hacer? ¿Le iba a dar un guantazo? “Si vas a hacer algo... Hazlo ya, porque me voy” Dijo, sentenciando algo que difería mucho de la realidad. Si Sergey iba a condenarle del todo, quería oírlo de aquellos labios que eran el paraíso prohibido en la tierra para el joven.
Douwe | Londres | Con Sergey
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