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A smile made for war.

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A smile made for war.

Mensaje por Mozart el Sáb 21 Mayo - 9:56


Smile made for war
a miracle of moving parts
La comunidad de Henrietta, en el oeste de Virginia, está revestida de mágicos horizontes, en su mayoría teñidos de un lustroso verde aterciopelado que transmite vida y se compagina con la enigmática naturaleza del lugar. Existen, sin embargo, tierras áridas cuya fortuna entristece y desentona notoriamente con el resto de aquel misterioso pueblo, dotándolo de excéntricos contrastes que no se limitan a la geografía, sino que se expanden hasta contagiar a los habitantes que allí residen. La variedad referida no sólo recae en la superficial belleza de las cosas, también lo hace en la economía, en el estatus, en las costumbres, en los fantasmas de sus pasados.

Adam Parrish y Ronan Lynch fungen como un ejemplo ideal para hacer gráficas las comparativas. Mientras uno de ellos conoce a la perfección —y para su desgracia— el significado de la palabra apetito, el otro carece de semejante necesidad, convirtiéndolo en el antítesis de su compañero. Tanto sus personalidades como sus condiciones son tan opuestas que resulta complejo imaginarse que algún día tendrán algo en común. No obstante, es inútil menospreciar la magia enarbolante de la que Henrietta presume, incluso si no intentas verla. Nuestra historia emprende su atropellado marchar con un asombroso fenómeno, y es, ni más ni menos, que el comienzo de todo lo que lo conocemos.


Ronan Lynch 
16 años • Anton Lisin • Mozart
Adam Parrish 
16 años • Tom Webb • Nébula

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Re: A smile made for war.

Mensaje por Mozart el Sáb 21 Mayo - 12:38


perfectly fucking civil
i'll burn you down
Trazaba líneas enfadadas y saturadas sobre el asfalto; la carretera era su lienzo y los neumáticos radiales de su BMW eran su pincel. La ira se propagaba a través de cada fibra de su cuerpo; una metafórica metástasis de la cual últimamente no parecía querer sanar. Ronan Lynch, hijo pródigo de la zafiedad, quien tuviera veneno por sangre y vistiera perpetuamente un visaje silvestre, movido por la irritación no dudó en pisar el acelerador y sentir la brisa de aquella mañana veraniega golpear contra su faz. Sólo la adrenalina que el peligro le confería era capaz de deshacer los nudos en su garganta y evaporar su necesidad por destruir todo a su paso, así como él había sido destruido una vez.

La razón de su característico arrebato matutino no era otra que una llamada profetizada de su hermano mayor. Ronan sabía más que nadie lo fatídico que se tornaba aceptar una llamada entrante de Declan, mas éste había insistido tanto que Ronan optó por contestar y proferir un caluroso y lacónico: vete a la mierda. Sin dejarle añadir una palabra más, colgó, teniendo muy claro el porqué de su fallido intento por contactarlo. Una vez más se encontraba oscilando sobre la delgada cuerda de su vida académica, no pudiéndole importar menos las consecuencias de su indiferencia. No obstante, y sin contar con la suficiencia para expresarlo en voz alta, no sabía por qué demonios se encontraba, a pesar de todo, cediendo nuevamente.

Sus notas carecían de encanto, es por ello que le había sido asignado un primer examen de recuperación..., el cual, de no aprobar, traería pésimas consecuencias para el indómito reptil. Cuán gran hija de puta era su suerte al haber olvidado que dicho examen lo debía presentar el día siguiente. Peor aún, Gansey no se encontraba en la ciudad, pues tuvo que asistir a una de esas aburridas reuniones políticas en D.C. ¿Quién, sino él, podría ayudarle a sortear ese maldito socavón en su camino? No tenía a nadie más, y era consciente de que Noah tampoco era el más brillante de todos... ¿Siquiera lo había visto estudiar en algún momento? Así pues, muy a su pesar, se precipitó hacia donde, suponía, su única opción se encontraba.

Adam Parrish... el cretino en persona, cuya dirección no sabía pero informado estaba sobre la localización actual del mismo. Cuando Ronan aparcó en el mugriento estacionamiento de la deteriorada fábrica de Henrietta, tuvo que hacer acopio de su fuerza tras un poco disimulado bufido de desaprobación. Se apeó del automóvil, lanzándose hacia la entrada del inmueble con esa tosca fachada de displicencia y fastidio. Al cruzar las enormes puertas laminadas le buscó con la mirada, topándose con un amplio interior que se henchía de trabajadores de aspecto malhumorado y miradas recelosas.


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Última edición por Mozart el Jue 9 Jun - 11:36, editado 1 vez


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Re: A smile made for war.

Mensaje por Nébula el Dom 22 Mayo - 8:41


Such a Damaged Thing
Happiness is expensive
Agotado, deteriorado, con dieciséis años cronológicos, pero treintaicinco o más en la cabeza, el trabajo en el taller resultaba segundo a segundo más difícil ¿Cuánto más debería esforzarse? ¿Por cuánto tiempo? Eran preguntas que permanecían indemnes en el interior de la cabeza de Adam Parrish. Por poco cumplía las veintidós horas despierto, y aunque se esforzaba seguido por espantar sus cuestionamientos existenciales, el cansancio lo volvía propenso al inminente ataque de esas filosas y siniestras garras. Posiblemente nunca dejaría Henrietta, nunca dejaría aquella mugrosa realidad, y lo peor… A sus padres. Sí, había logrado llegar a Aglionby, y permanecer ahí durante un tiempo considerable. Sin embargo ¿era realmente suficiente? Al menos ahora no estaba solo, al menos ahora no lloraba a diario. Porque a pesar de cualquier cosa, a pesar de su persistente aroma a aceite de motor, Richard Gansey III se fijó en él y lo convirtió en su amigo. Razón suficiente para prometer que le ayudaría a otro chico del Cuervo a pasar unas cuantas materias. No sería tarea difícil, claro que no… Eso si no se ponía a enumerar todos los pormenores de su vida, sumándole otros quehaceres que restaban para aquella tarde. Al día siguiente debía entregar tres o cuatro trabajos. Un pesado suspiro mezcla de declaración de guerra y bandera blanca dio paso a la inconfundible voz de su encargado de turno.- “Despierta, Parrish ¿Quieres? Te buscan”- Con un desagradable mohín de su enorme cabeza, el anciano jefe señaló a la puerta abierta.

Alzó la cabeza sorprendido, sí, llevaba varios minutos sin mover siquiera una tuerca, un trozo de tela o de metal, no podía trabajar, solo su cuerpo se encontraba en esa lúgubre fábrica. La fuerza del universo-o lo que fuese- logró abstraerlo sin ninguna intención de dejarlo ir. Sujetó sus hombros sin pedir permiso y lo lanzó a ese odioso mar de autocompasión en el que solía hundirse más a menudo de lo que hubiese deseado. Pero eso no era lo que más le preocupaba: Nadie lo visitaba, jamás.  No tenía amigos aparte de Gansey, pero él estaba en Washington ¿Acaso sería su padre? …Por favor, no. Tragó pesado acomodando patéticamente sus ropas manchadas de aceite, una gélida corriente recorría su espalda causando estragos a lo largo y ancho de su tostada piel, preparándolo para el peor escenario posible en su lugar de trabajo. Mientras tanto, se abría paso hasta la entrada, víctima de las curiosas miradas de los trabajadores De seguro había encontrado el recibo de Aglionby, de seguro querría parte de sus sueldos, de seguro… Su cerebro lanzaba enloquecidas órdenes  de escape a sus piernas, pero tan solo debió recorrer medio pasillo para visualizar a su real visitante, y darle cancelar a todas y cada una. Inspiró profundo, sintiéndose sutilmente aliviado, aunque la fiera apariencia y mirada de ese chico congelaban la sangre a la mitad de sus venas.  

Lo recordaba, lo recordaba como si hubiese sido ayer, aquel sujeto que tenía en frente comprando en el supermercado, ataviado con una raída sudadera que dejaba ver el enorme tatuaje en su espalda, la cabeza en alto y la tarjeta de crédito entre los dedos. No había mejor representación de la pertenencia-exceptuando quizás a Gansey, claro- Ese chico era dueño del mundo, y quizás más... Lo supo en ese instante, y lo sabía ahora. Quería ser cómo él, y se propuso intentarlo. La vergüenza se agolpaba en su garganta al verse cara a cara con el responsable del cambio más grande de su vida. Dio dos pasos más, acercándose solo lo suficiente para que el viento cumpliera su papel de canal correctamente.- Esto… Soy Adam.- Se presentó intentando alzar la voz lo menos posible. No quería ser reconocido, y mucho menos descubierto, aunque quizás el aroma a pueblerino se le escapaba por los poros.-  Tú debes ser Ronan…-Se aventuró alzando apenas la mirada, luchando por no ser devorado por esas etéreas fauces azules que lo escrutaban sin compasión alguna.

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Re: A smile made for war.

Mensaje por Mozart el Lun 23 Mayo - 11:59


perfectly fucking civil
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Una combinación mortal de gasolina y fruta descomponiéndose ambientaban el sofocante entorno. Apenas se hubo adentrado en las fauces del lugar, Ronan supo advertir la contaminación en el aire, llenándose de una sensación retorcida a la que no supo dar nombre. Habituado a estar rodeado de escenografías más violentas pero menos miserables, llegó a contagiarse de la extenuación predominante en los trabajadores, pese a que su estancia allí no hubiera sido otra más que circunstancial. El ruido, no obstante, ése sí que podía tolerarlo, e incluso lo consideró como el único escape al que cualquiera podía recurrir en pro de aliviar la carga (aunque más de uno estuviera en desacuerdo).

La desconfianza seguía gobernando los sistemas nerviosos de las personas que se acercaron para preguntar qué demonios quería, mas no les dio importancia alguna, pues inmerso se encontraba contemplando su rededor. Fueron el contorno esbelto y la cabellera enmarañada de matices moca de Adam Parrish los que lograron captar su atención luego de unos minutos de espera. Con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta de cuero, el príncipe de la grosería y cacique del desprecio hizo contacto visual con el apenas perceptible turquesa de sus luceros. Adam parecía confundido, debatiéndose entre adivinar el motivo de su visita y encontrar las palabras idóneas para manifestar.

Su gesto atiborrado de hastío enfatizó las curvas de su piel, y perseveró en él la necesidad por intimidar a través de sus afilados ojos. Si alguna vez estuvo dotado de gracia, ahora no conocía más esa palabra, habiendo quedado enterrada en el olvido. No tuvo siquiera la intención de disimular el bufido que exhaló al escuchar la presentación contraria.

No jodas, Sherlock —respondió con ironía—. Tú sí que eres brillante.

Ronan rodó los ojos, abandonando por fin la figura ajena para reemplazar su atención con, nuevamente, el entorno que los circundaba. Si bien no hacía excepciones para tratar al resto, podía presumir de un exclusivo recelo hacia el hombre que tenía en frente. Más de una vez lo había visto de lejos platicar con Gansey en los impolutos jardines de Aglionby; también reconocía su voz gracias a las fortuitas llamadas nocturnas entre él y el referido ausente. Mentiría si dijera que no le molestaba la repentina atención que Parrish hurtaba.  

Sé quién eres —añadió restándole importancia—, de lo contrario no estaría en este basurero. Supongo que no tienes las suficientes pelotas para hacerme seguir esperando como si fuera tu maldito chucho.

Se rascó la nuca en la zona donde comenzaban las hebras nacientes que bien hacía en rasurar. Ronan se lanzó a suponer que Parrish tenía idea de qué diablos hacía ahí, por lo que indispuesto a seguir perdiendo más el tiempo, fue al grano, aún echando un vistazo a la reparación contigua de un Honda Civic, modelo 97. Su paciencia parecía seguir cediendo en espera de que se hiciera la luz en la cabeza ajena.



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Re: A smile made for war.

Mensaje por Nébula el Miér 1 Jun - 5:41


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Acudir a diario a trabajar resultaba para Adam una incomprensible mezcla de honor, vergüenza; de verdad y de mentira, de farsa y realidad. Porque trabajar era su camino al éxito, el preámbulo para aquello que realmente deseaba, cosas que resultarían realmente gratificantes nada más llegasen a sus manos. Soñaba a diario con el momento en que una tarjeta de crédito nuevecita se deslizara entre sus dedos para pagar una comida decente, soñaba con tener dinero para comprar rocas si así lo deseara. Pero primero debía aguantar otros años más sin dormir a cambio de educación de calidad, que sería lo único que podría acercarlo a aquel futuro tan idílico. Por eso, y por muchas otras razones, no terminaba de ponerle nombre al sentimiento que le producía el hecho de que Gansey conociera acerca de su trabajo. Seguramente lo veía como un pobre paria más, un pueblerino que no sabe ni siquiera hablar, y eso era hiriente. Pero le quería, y aunque siempre se negó a aceptar caridad, la amistad era algo que jamás podría rechazar, menos proveniente de un lugar tan curioso como Aglionby, siniestro y maravilloso a partes iguales. Nada más bastó que enterarse de la visita de un chico, visualizarlo de lejos, advertir de quien se trataba. El chico que, sin querer, lo incitó a ingresar a tan dichosa escuela. Los chicos del cuervo no debían siquiera poner un pie en un lugar tan precario como aquel… Quizás por eso sus pies casi no tocaban el suelo: debía rescatarlo.

Sentía como si hubiesen llenado un vaso con cosas imposibles de juntar, elementos que jamás podrían formar una mezcla homogénea, y se la hubiesen dado a beber de un tirón. Porque realmente era difícil de asimilar todo lo que estaba ocurriendo. Por un lado, su saludo sí que había sido estúpido, pero no sabía cómo reaccionar, ni menos aún que decir. Gansey le había advertido acerca del complicado carácter de Ronan, pero jamás imaginó que llegaría a esos índices. Tan solo imaginar a esa bestia disfrazada de chico ubicada a un lado de Richard resultaba casi irrisorio. Pero su amigo no era de los que juzgaban, él ponía las manos al fuego por todos y cada uno de sus amigos, y él lo haría igual, no podía desepcionarle. Inspiró profundo, dándose valor para reflotar de los más oscuros rincones del universo su avergonzada mirada. Acomodó sus brazos en jarras, intentando ignorar las manchas de aceite, más bien utilizándolas como escudo protector ante tanta irreverencia, y finalmente lo enfrentó alzando una ceja casi con desconcierto.- … ¿Perdón?- Cuestionó ocultando casi a la perfección su acento.- Sí, Gansey me dijo que vendrías…- No solía dejarse pasar a llevar por alguien más que no fuese su padre, pero el trago heterogéneo de hace rato, al parecer, había menguado sus palabras filosas. O quizás simplemente se trataba de la destructiva presencia ajena.- Yo estoy en mi turno, y tú llegaste antes. Tendrás que esperarme quince minutos más.- Logró articular finalmente, aunque quizás su acento salía a relucir más de lo que hubiese deseado.- Iré en bicicleta a Monmouth.- Dictaminó haciendo un ademán de regresar a su trabajo. No obstante, al ingresar al taller, su jefe se acercó a él.- “¿Te estás uniendo a pandillas, Parrish?”- Cuestionó denotando su procedencia en cada exhalación, tal como su padre. No quería ser así.- No… es solo.- Estaba a punto de excusarse cuando el hombre alzó la diestra.- Anda, no te lo voy a descontar. No quiero que te maten- Sus ojos se abrieron en sorpresa ante la repentina generosidad de su empleador, aunque no sabía si estar tan agradecido de marchar en el coche de Ronan Lynch.- Gracias… Nos vemos mañana.- Buscó un paño para limpiar sus manos antes de regresar donde la serpiente hecha hombre.- Me dejaron salir… Si quieres, voy en la bicicleta…- Murmuró con cautela. Quizás no debía haber actuado con tanta altanería anteriormente.-

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Re: A smile made for war.

Mensaje por Mozart el Jue 9 Jun - 11:18


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Si en algún momento percibió cordialidad expresa por parte de Parrish, esta se esfumó en cuanto Ronan regurgitó sin previo aviso la retahíla de insultos inmerecidos. Una tras otra, expresiones afiladas, edificadas sin dulzura, se aglutinaban en su boca hasta el punto de resultar tan agresivas que no podía retenerlas dentro..., porque su fuego carbonizaba y el viento amenazaba con esparcir las cenizas. Sin importar de quién se tratase —quien en sus venas portase la misma sangre o quien, en caso hipotético, le hubiese salvado la vida— jamás recurría a ridículos eufemismos en aras de maquillar la zafiedad con la cual subsistía.

Y en toda ocasión las reacciones eran las mismas.

Ceños fruncidos, bufidos devueltos con desdén e incluso más vulgaridad por parte de aquellos que no toleraban ser tratados de esa forma. Habían otros más, enclenques desafortunados, que no hacían preguntas y temían, escondiendo la cola entre las patas, ser víctimas de tan silvestre actitud. No esperó, por supuesto, que Adam Parrish fuese diferente. No esperó ver un rostro risueño, cautivado por la naturaleza de tan insufrible situación. Era evidente que para ambos resultaba un aborrecido sacrificio, pero, sobre todo, la vida que Parrish parecía llevar a diario dentro de aquel infecto lugar era suficiente como para borrar la sonrisa de su gesto.

Bufó sin tener oportunidad de reclamar en cuanto le fue dicho que debía esperar. Lejos de tomarlo como el favor que le estaban brindando, recibía la ocasión de la misma forma en que un búfalo recibe los colmillos del león. No obstante, y pese a haberse habituado a la idea de aguardar, se sorprendió cuando, de entre la calígine del recinto, se manifestó nuevamente la silueta ajena. Ronan frunció los labios, sopesando las consecuencias de dejarlo ir en bicicleta. Claro, no tendría que soportar la incomodidad que sólo convivir con un desconocido puede brindar, pero, por otra parte...

 Si la bicicleta a la que te refieres es la que está junto a la entrada —comenzó, sacando la mano de su bolsillo para rascar la piel reseca de su brazo—, entonces te veré en una semana —se mofó sin mostrar un solo rastro de diversión en sus facciones. Un deje de tensión sobrevoló el área, evidenciando la poca química que parecían tener en principio. Exhaló y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la salida—. No sé tú, pero yo prefiero terminar con esta mierda hoy mismo; y dudo mucho que sepas cómo llegar. —alzó la voz a sabiendas de que debía ser escuchado. Era la elección de Parrish si quería seguirlo o no.

Una vez que cruzó el umbral de la puerta, la dejó abierta para no perderlo de vista. Y, en efecto, recargada junto a la desvencijada puerta de madera, se hallaba una bicicleta de aspecto tan anti-estético como la fachada del lugar. Pasó los dedos por el engomado manubrio hasta sostenerlo con fuerza, irguiendo por completo el vehículo de dos ruedas. Fue entonces cuando volvió a alzar la mirada para encontrarse con su interlocutor.

¿Ésta es tu carcacha? —buscó una confirmación.


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Re: A smile made for war.

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