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I — Do you remind the baby?
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de crackships :: While one comes your world below, it wanted to live inside you
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I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? Me llamo Willa con los hijos de los Ware por la noche, lejos de las deiz |
Fregaba los platos en la cocina mientras los niños terminaban de ver el programa de la Neox. Escuchaba la televisión del fondo y a los niños reír, la habría gustado verlos leer los libros que les trajo días atrás pero ellos preferían escucharlos de ella cuando les contaba un cuento. Leyéndoles los clásicos se quedaban dormidos.
No se molestó en ponerse el delantal, siendo mañosa para ese tipo de tareas no se mojó en ningún momento, como tampoco mojó la encimera. Llevaba siendo canguros de los niños Mia y Bob desde hace tres años cuando los niños habían cumplido el año ella había comenzado a cuidar de ellos, de modo que podía considerarlos sus hermanos siendo ella hija única era lo máximo que tendría en cuanto a hermanos.
Su padre habría dicho de tener cuatro o cinco hijo, pero su madre murió en el parto de Willa y no se había vuelto a casar.
—¡Willa corre mira mira!— Tuvo que girarse con el plato envuelto en el pañuelo con el que lo secaba para ver que era lo que ocurría. El Señor zorro golpeaba la nariz del oso y lo vencía en combate. Puso sus ojos en blanco bufando más relajada —Acertaste Bob— Dice con una media sonrisa antes de que él niño corra para alzar sus manos y aplaudir. Siempre le gustaba ganar. Como a todo el mundo. Por el contrario la niña enfurruñada se cruza de brazos en el sofá —Vamos. Es hora de ir a la cama subid a poneros los pijamas— Tras dejar el plató en su sitio, escurriendo en la pila con los otros, se acerca a los niños —Vamos Mia— Se acerca por detrás haciéndola pedorretas en sus mejillas provocando la risa de la niña y que saliese corriendo escaleras arriba.
Saca el móvil del bolsillo de su vaquero leyendo los mensajes de Josh, le conteste con un smile sonriente porque nunca sabe que decir cuando habla de ciencias o de experimentos como si esperase que ella entendiese todo aquello.
Sube las escaleras y entra en la habitación de los niños. Como una película de dibujos, la habitación se encuentra dividida, no comparten color de la habitación si no que una raya separa ambos lados, la de Bob es de color verde y la de Mia es rosa chicle, incluso la alfombra fue cortada a la mitad mostrando la mitad de una bola de fútbol y la mitad de un castillo. No se acostumbra, a pesar de que tiene ese aspecto desde hace un año y siempre consigue sacarle una amplia sonrisa —Bien— Les da un beso en las mejillas a cada uno —Buenas noches— Se aleja a la puerta. Aunque sabe que es lo que viene —¡Eh eh Willa! ¿A dónde vas? No nos has leído el cuento— Vuelve a sonreír llevando su mano a la frente —Vaya....que despiste— Ríe alzando sus hombros y camina de vuelta sentándose en el puf de color blanco entre ambos lados —Dijiste que nos contarías el cuento del Laberinto— Asiente cruzando sus piernas en el puf y llevando las manos a su regazo. Mientras coge aire, haciendo una pausa silenciosa mientras los niños se acomodaban en sus camas.
—Bien— Carraspea —Dicen que los sueños vienen de un lugar distinto al nuestro. Donde nada es lo que parece y donde todo es posible. Ese reino es reinado por un malvado, cruel y orgulloso rey llamado Jareth, El Rey del Laberinto, el rey de los Goblins. Su rostro es viejo y arrugado, feo como una pasa y sus ojos están vacíos no existe nada que alimente tu alma, nada que haga a su corazón latir. Y junto a sus secuaces, los Goblins, pequeñas criaturitas gobierna y atemoriza al resto de ciudadanos de su ciudad. Desde los más inocentes goblins, hasta el más malvado de los ogros— El ambiente se crea y los niños la miran con atención, no es un cuento clásico no cree que nadie conozca ese libro —Y para atemorizas y confundir a sus habitantes y visitantes. El rey de los Goblins alzó un laberinto tan grande que nadie podría recorrerlo en un día, tan confuso, lleno de aberturas, de puertas, de agujeros, de criaturas que jamás has visto que solo lo cruzaran los valientes y audaces— Los niños las miran y sus ojos son como platos, pero ella mantiene su mirada seria y oscura, misteriosa.
—Y una noche, de tormenta mientras una mujer acunaba a su bebé. El rey de los Goblins...— Deja la frase en el aire, los niños la miran, agarrando sus almohadas expectantes —...Tendremos que ver lo que ocurre mañana— Sonríe ampiamente. Los niños se quejan y piden más pero es hora de dormir. Vuelve a besar sus cabezas, con suavidad y tras despedirse cierra la puerta dejándolos dormir.
Guarda los billetes en su cartera mientras sale por la puerta despidiéndose del matrimonio Ware con una amplia sonrisa, el hermano de Sarah ha venido unos días y se despide alzando su mano sentado en el sofá —Les he dejado todo preparado para mañana. Que tengan una buena noche y gracias— Se despide bajando los escalones del porche y metiéndose dentro de su coche.
No se molestó en ponerse el delantal, siendo mañosa para ese tipo de tareas no se mojó en ningún momento, como tampoco mojó la encimera. Llevaba siendo canguros de los niños Mia y Bob desde hace tres años cuando los niños habían cumplido el año ella había comenzado a cuidar de ellos, de modo que podía considerarlos sus hermanos siendo ella hija única era lo máximo que tendría en cuanto a hermanos.
Su padre habría dicho de tener cuatro o cinco hijo, pero su madre murió en el parto de Willa y no se había vuelto a casar.
—¡Willa corre mira mira!— Tuvo que girarse con el plato envuelto en el pañuelo con el que lo secaba para ver que era lo que ocurría. El Señor zorro golpeaba la nariz del oso y lo vencía en combate. Puso sus ojos en blanco bufando más relajada —Acertaste Bob— Dice con una media sonrisa antes de que él niño corra para alzar sus manos y aplaudir. Siempre le gustaba ganar. Como a todo el mundo. Por el contrario la niña enfurruñada se cruza de brazos en el sofá —Vamos. Es hora de ir a la cama subid a poneros los pijamas— Tras dejar el plató en su sitio, escurriendo en la pila con los otros, se acerca a los niños —Vamos Mia— Se acerca por detrás haciéndola pedorretas en sus mejillas provocando la risa de la niña y que saliese corriendo escaleras arriba.
Saca el móvil del bolsillo de su vaquero leyendo los mensajes de Josh, le conteste con un smile sonriente porque nunca sabe que decir cuando habla de ciencias o de experimentos como si esperase que ella entendiese todo aquello.
Sube las escaleras y entra en la habitación de los niños. Como una película de dibujos, la habitación se encuentra dividida, no comparten color de la habitación si no que una raya separa ambos lados, la de Bob es de color verde y la de Mia es rosa chicle, incluso la alfombra fue cortada a la mitad mostrando la mitad de una bola de fútbol y la mitad de un castillo. No se acostumbra, a pesar de que tiene ese aspecto desde hace un año y siempre consigue sacarle una amplia sonrisa —Bien— Les da un beso en las mejillas a cada uno —Buenas noches— Se aleja a la puerta. Aunque sabe que es lo que viene —¡Eh eh Willa! ¿A dónde vas? No nos has leído el cuento— Vuelve a sonreír llevando su mano a la frente —Vaya....que despiste— Ríe alzando sus hombros y camina de vuelta sentándose en el puf de color blanco entre ambos lados —Dijiste que nos contarías el cuento del Laberinto— Asiente cruzando sus piernas en el puf y llevando las manos a su regazo. Mientras coge aire, haciendo una pausa silenciosa mientras los niños se acomodaban en sus camas.
—Bien— Carraspea —Dicen que los sueños vienen de un lugar distinto al nuestro. Donde nada es lo que parece y donde todo es posible. Ese reino es reinado por un malvado, cruel y orgulloso rey llamado Jareth, El Rey del Laberinto, el rey de los Goblins. Su rostro es viejo y arrugado, feo como una pasa y sus ojos están vacíos no existe nada que alimente tu alma, nada que haga a su corazón latir. Y junto a sus secuaces, los Goblins, pequeñas criaturitas gobierna y atemoriza al resto de ciudadanos de su ciudad. Desde los más inocentes goblins, hasta el más malvado de los ogros— El ambiente se crea y los niños la miran con atención, no es un cuento clásico no cree que nadie conozca ese libro —Y para atemorizas y confundir a sus habitantes y visitantes. El rey de los Goblins alzó un laberinto tan grande que nadie podría recorrerlo en un día, tan confuso, lleno de aberturas, de puertas, de agujeros, de criaturas que jamás has visto que solo lo cruzaran los valientes y audaces— Los niños las miran y sus ojos son como platos, pero ella mantiene su mirada seria y oscura, misteriosa.
—Y una noche, de tormenta mientras una mujer acunaba a su bebé. El rey de los Goblins...— Deja la frase en el aire, los niños la miran, agarrando sus almohadas expectantes —...Tendremos que ver lo que ocurre mañana— Sonríe ampiamente. Los niños se quejan y piden más pero es hora de dormir. Vuelve a besar sus cabezas, con suavidad y tras despedirse cierra la puerta dejándolos dormir.
Guarda los billetes en su cartera mientras sale por la puerta despidiéndose del matrimonio Ware con una amplia sonrisa, el hermano de Sarah ha venido unos días y se despide alzando su mano sentado en el sofá —Les he dejado todo preparado para mañana. Que tengan una buena noche y gracias— Se despide bajando los escalones del porche y metiéndose dentro de su coche.
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? El Rey de los Goblins, Jareth con el mundo rodando y rodando por la noche, buscando a la narradora |
Oyo cada palabra, cada comentario, ninguno agrado al Rey de los Goblins. La magia comenzaba a escasear, con el mundo humano perdiendo fe en la única fuerza capaz de mover estrellas y mundos. Por eso, cada vez que alguien relataba un cuento, una leyenda, un conjuro, las puertas de los reinos se abrían de par en par para recibir a los creyentes.
Y Jareth estaba allí, deleitado por la magia esplendorosa que escapaba de esa narradora de cuento, por los sentimientos encontrados, disgusto sobre todos ellos, al volver a ver a Sarah, a Tommy.
Los reyes, es incapaz olvidarlos. Quedan en la memoria de los tiempos, las historias sobre ellos se repiten, una y otra vez. La historia contada sobre él, es equivoca. No construyo el laberinto buscando atemorizar y confundir, tampoco era feo y malvado. Jareth es un gran rey, cuyos propósitos son los trucos. Por eso está el laberinto, para engañar a los débiles, distraer a aquellos cuyo poder radica en el ingenio.
Sarah logro satisfacer esos objetivos, aunque tuvo a favor algo que es llamado amor y compasión, antes que ingenio agudo y afilado. Los años pasaron, continuaba sin comprender esos valores que al parecer, manejaban la vida de la actual mujer.
Casada, con un hombre vulgar, común. Con hijos, tan comunes como el padre, igual de soñadores que Sarah. Hasta el llorón de Tommy estaba diferente. Alto, hablaba con palabras definidas, sin balbuceos torpes.
Un desperdicio de magia, eso era para el Rey de los Goblins. En el momento indicado, ofreció el reino, la magia que poseía a Sarah. La única condición fue permanecer a su lado, amarle y temerlo. Seria suyo para siempre. Pero otra vez, el amor y la compasión, la apartaron, abrieron los ojos de la inocencia a tiempo, para escapar, desafiarlo y dejarlo.
Nunca volvió a tener otro niño dispuesto a llamar a los Goblins, ni a desafiarlo abiertamente. Cierto, muchos otros dejaron la vida en el laberinto, quedando convertidos en las feas criaturas, pequeñas y encorvadas, al acabar el tiempo pactado.
Para los ojos humanos, Jareth es una lechuza, blanca y dorada, posada sobre los troncos firmes del árbol cercano a las ventanas superiores, desde donde puede oír las historias, cada noche, al menos en las cuales la narradora es participe. Intuye, hay algo de ingeniosa calidez en los ojos verdes, la chispeante llama ardiendo en los cabellos. No es Sarah, quien provoco un remolino aturdidor en el mundo donde vive, pero tampoco es otra niña humana, torpe.
Esta noche, es otra. Observa, espera. El tiempo mágico, el que domina el mundo, es diferente al que los humanos crearon. Ellos tienen horas, minutos y segundos. Jareth cuenta con el poder de detener momentos, crear realidades paralelas. El mundo mágico cuenta el tiempo con la energía. Cuando esta aumenta, es el final. Conforme esta aparece y sube, es el comienzo.
La narradora desaparece de la visión, cuando Sarah y el esposo, vuelven. El rostro infantil perdió candidez, ligeras arrugas nacen en la comisura de la boca, de los ojos. Jareth mueve las alas, disgustado. Tenía que haberse quedado en el reino, joven para siempre.
La visión actual, provoca completo desagrado. Los niños duermen, en las camas, podría robarlos. Pero para realizar tal acción, necesita que alguien lo pida, deseándolo desde el fondo de sus corazones. Sarah olvido, Tommy también. Ninguno de ellos agrada a Jareth, ninguno de ellos es joven y soñador.
Contrario a la narradora, cuyos sueños aumentan y la pasión con la que habla de ese reino, indica que anhela esas aventuras. Es joven, podría llevarla a su reino, hacerla reina. Debate la idea, observándola al irse. En esa casa, nada le interesa.
Alza vuelo, en la noche, dejando tras sí, una pequeña llovizna de brillo en la oscuridad.
Y Jareth estaba allí, deleitado por la magia esplendorosa que escapaba de esa narradora de cuento, por los sentimientos encontrados, disgusto sobre todos ellos, al volver a ver a Sarah, a Tommy.
Los reyes, es incapaz olvidarlos. Quedan en la memoria de los tiempos, las historias sobre ellos se repiten, una y otra vez. La historia contada sobre él, es equivoca. No construyo el laberinto buscando atemorizar y confundir, tampoco era feo y malvado. Jareth es un gran rey, cuyos propósitos son los trucos. Por eso está el laberinto, para engañar a los débiles, distraer a aquellos cuyo poder radica en el ingenio.
Sarah logro satisfacer esos objetivos, aunque tuvo a favor algo que es llamado amor y compasión, antes que ingenio agudo y afilado. Los años pasaron, continuaba sin comprender esos valores que al parecer, manejaban la vida de la actual mujer.
Casada, con un hombre vulgar, común. Con hijos, tan comunes como el padre, igual de soñadores que Sarah. Hasta el llorón de Tommy estaba diferente. Alto, hablaba con palabras definidas, sin balbuceos torpes.
Un desperdicio de magia, eso era para el Rey de los Goblins. En el momento indicado, ofreció el reino, la magia que poseía a Sarah. La única condición fue permanecer a su lado, amarle y temerlo. Seria suyo para siempre. Pero otra vez, el amor y la compasión, la apartaron, abrieron los ojos de la inocencia a tiempo, para escapar, desafiarlo y dejarlo.
Nunca volvió a tener otro niño dispuesto a llamar a los Goblins, ni a desafiarlo abiertamente. Cierto, muchos otros dejaron la vida en el laberinto, quedando convertidos en las feas criaturas, pequeñas y encorvadas, al acabar el tiempo pactado.
Para los ojos humanos, Jareth es una lechuza, blanca y dorada, posada sobre los troncos firmes del árbol cercano a las ventanas superiores, desde donde puede oír las historias, cada noche, al menos en las cuales la narradora es participe. Intuye, hay algo de ingeniosa calidez en los ojos verdes, la chispeante llama ardiendo en los cabellos. No es Sarah, quien provoco un remolino aturdidor en el mundo donde vive, pero tampoco es otra niña humana, torpe.
Esta noche, es otra. Observa, espera. El tiempo mágico, el que domina el mundo, es diferente al que los humanos crearon. Ellos tienen horas, minutos y segundos. Jareth cuenta con el poder de detener momentos, crear realidades paralelas. El mundo mágico cuenta el tiempo con la energía. Cuando esta aumenta, es el final. Conforme esta aparece y sube, es el comienzo.
La narradora desaparece de la visión, cuando Sarah y el esposo, vuelven. El rostro infantil perdió candidez, ligeras arrugas nacen en la comisura de la boca, de los ojos. Jareth mueve las alas, disgustado. Tenía que haberse quedado en el reino, joven para siempre.
La visión actual, provoca completo desagrado. Los niños duermen, en las camas, podría robarlos. Pero para realizar tal acción, necesita que alguien lo pida, deseándolo desde el fondo de sus corazones. Sarah olvido, Tommy también. Ninguno de ellos agrada a Jareth, ninguno de ellos es joven y soñador.
Contrario a la narradora, cuyos sueños aumentan y la pasión con la que habla de ese reino, indica que anhela esas aventuras. Es joven, podría llevarla a su reino, hacerla reina. Debate la idea, observándola al irse. En esa casa, nada le interesa.
Alza vuelo, en la noche, dejando tras sí, una pequeña llovizna de brillo en la oscuridad.
Última edición por she wolf el Lun 22 Jun - 22:27, editado 1 vez
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? Me llamo Willa con mi Mustang azul verdoso por la tarde ¡es sábado! |
No espera para salir corriendo de su casa. No piensa comer ni en ella, no quiere manchar un plato o volver a comer sola. Llamará a alguna de sus amigas e irán juntas a comer a algún sitio, es sábado y ni trabajaba ni tiene que ir a la universidad solo tiene el sábado para disfrutar de su libertad. Y piensa hacerlo.
Ha hecho la casa lo más rápido que ha podido, aunque siempre deteniéndose para hacerla bien. No hacías las cosas mal por hacerlas rápido, siempre con un paso por delante de las demás, que no les importaba tirar el pijama para que otro se lo recogiese. Ella tiene que hacerlo por sí misma, porque no soporta la idea de que su padre lo haga al volver cansado del trabajo.
Le ha puesto una nota por si sale pronto del trabajo. Con su sueldo todos los meses le invita a cenar y siempre espera que la llame en la tarde para hacerlo. Salir a cenar con su padre, a pesar de tener los veintiún años es un lujo que se permite. Porque siempre han estado solos, el uno con el otro.
Se ha puesto música mientras limpiaba, clásicos de los 80's el Rock que más la apasiona—She's got eyes of the bluest skies. As if they thought of rain I hate to look into those eyes and see an ounce of pain— Lo hace con entusiasmo ni siquiera piensa en que son dos plantes y que aún no ha hecho es el desván hoy tampoco será el día no un sábado Después de hacer la casa se ha metido en la ducha, decidiendo no llamar a sus amigas si no presentarse en el partido de fútbol donde están viendo a los chicos.
Y así sale, con unos pantalones vaqueros claros, envolviendo sus piernas dado que aún hace algo de frío para los cortos y ella no pasará el frío que pasan sus amigas por lucir piernas. Con sus convers negras y la camiseta de manga corta quedándole suelta de color negra con una cazadora vaquera en sus brazos. Deja su cabello suelto, tal y como se seca tras peinarlo y corre hacía su pequeño coche subiéndose en él con una amplia sonrisa —Her hair reminds me of a warm safe place wWhere as a child I'd hide and pray for the thunder and the rain ao quietly pass me by. Sweet child of mine. Sweet love of mine— Arranca, saliendo de su calle y de su vecindario sonando el disco de música y abriendo el techo de su coche dejándolo descapotable.
Llega hasta la calle principal, donde se encuentran la mayoría de los negocios. Su mejor amiga vive unas calles más abajo, pro seguro estaría en el fútbol con las demás, por ello no se molestará en comprobarlo siempre pueden ir a despertarla y obligarla a que coma con ella. Espera en el semáforo rojo mientras mira de reojo la cafetería en la que siempre compra el café antes de ir a la universidad.
Un mocca con un chorrito de caramelo. Lo que su padre le mostró y lo que la enamoró. Solo lo bebe los sábados porque puede disfrutarlo sin tener que beberlo deprisa para poder tirarlo antes de entrar en clase —Mmmm— Lo saborea cuando da el primer sorbo, sonriendo dulcemente para volver a su coche. Hace tiempo. Porque no al gusta ver el fútbol, no quiere parecer interesada en eso y que algún chico se acerque para contarle sus batallitas del fútbol.
Se había sentado de nuevo en su asiento del piloto saltando al asiento en lugar de abrir la puerta. Metió la llave en el contacto dejando el café en el asiento del copiloto cuando el golpe hizo que llevara las manos al volante y que lo agarrase con fuerza. Apenas fue un golpe fuerte, pero se hizo daño en la palma de las manos y al no tener airbag se golpeó la frente con el volante —Au— Susurró llevando la mano a su frente.
No tardó apenas unos segundos, en bajarse del coche y girarse hacía el coche detrás que estaba pegado al trasero de su coche —¡Hey! ¿Qué es lo qué te pasa?— Tenía la mano en su frente, seguro que no parecería aterradora.
Y menos cuando su rostro formó una mueca de asombro al ver al chico, de cabellos rizados y negros como la noche salir del coche que había golpeado el suyo ¿Se habrá dormido?
Ha hecho la casa lo más rápido que ha podido, aunque siempre deteniéndose para hacerla bien. No hacías las cosas mal por hacerlas rápido, siempre con un paso por delante de las demás, que no les importaba tirar el pijama para que otro se lo recogiese. Ella tiene que hacerlo por sí misma, porque no soporta la idea de que su padre lo haga al volver cansado del trabajo.
Le ha puesto una nota por si sale pronto del trabajo. Con su sueldo todos los meses le invita a cenar y siempre espera que la llame en la tarde para hacerlo. Salir a cenar con su padre, a pesar de tener los veintiún años es un lujo que se permite. Porque siempre han estado solos, el uno con el otro.
Se ha puesto música mientras limpiaba, clásicos de los 80's el Rock que más la apasiona—She's got eyes of the bluest skies. As if they thought of rain I hate to look into those eyes and see an ounce of pain— Lo hace con entusiasmo ni siquiera piensa en que son dos plantes y que aún no ha hecho es el desván hoy tampoco será el día no un sábado Después de hacer la casa se ha metido en la ducha, decidiendo no llamar a sus amigas si no presentarse en el partido de fútbol donde están viendo a los chicos.
Y así sale, con unos pantalones vaqueros claros, envolviendo sus piernas dado que aún hace algo de frío para los cortos y ella no pasará el frío que pasan sus amigas por lucir piernas. Con sus convers negras y la camiseta de manga corta quedándole suelta de color negra con una cazadora vaquera en sus brazos. Deja su cabello suelto, tal y como se seca tras peinarlo y corre hacía su pequeño coche subiéndose en él con una amplia sonrisa —Her hair reminds me of a warm safe place wWhere as a child I'd hide and pray for the thunder and the rain ao quietly pass me by. Sweet child of mine. Sweet love of mine— Arranca, saliendo de su calle y de su vecindario sonando el disco de música y abriendo el techo de su coche dejándolo descapotable.
Llega hasta la calle principal, donde se encuentran la mayoría de los negocios. Su mejor amiga vive unas calles más abajo, pro seguro estaría en el fútbol con las demás, por ello no se molestará en comprobarlo siempre pueden ir a despertarla y obligarla a que coma con ella. Espera en el semáforo rojo mientras mira de reojo la cafetería en la que siempre compra el café antes de ir a la universidad.
Un mocca con un chorrito de caramelo. Lo que su padre le mostró y lo que la enamoró. Solo lo bebe los sábados porque puede disfrutarlo sin tener que beberlo deprisa para poder tirarlo antes de entrar en clase —Mmmm— Lo saborea cuando da el primer sorbo, sonriendo dulcemente para volver a su coche. Hace tiempo. Porque no al gusta ver el fútbol, no quiere parecer interesada en eso y que algún chico se acerque para contarle sus batallitas del fútbol.
Se había sentado de nuevo en su asiento del piloto saltando al asiento en lugar de abrir la puerta. Metió la llave en el contacto dejando el café en el asiento del copiloto cuando el golpe hizo que llevara las manos al volante y que lo agarrase con fuerza. Apenas fue un golpe fuerte, pero se hizo daño en la palma de las manos y al no tener airbag se golpeó la frente con el volante —Au— Susurró llevando la mano a su frente.
No tardó apenas unos segundos, en bajarse del coche y girarse hacía el coche detrás que estaba pegado al trasero de su coche —¡Hey! ¿Qué es lo qué te pasa?— Tenía la mano en su frente, seguro que no parecería aterradora.
Y menos cuando su rostro formó una mueca de asombro al ver al chico, de cabellos rizados y negros como la noche salir del coche que había golpeado el suyo ¿Se habrá dormido?
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? El Rey de los Goblins, Jareth con el mundo rodando y rodando por la noche, buscando a la narradora |
Siguió a la joven narradora, a través de las calles, pasando desapercibido para los minúsculos seres caminando debajo. La noche llena de estrellas, la luna creciendo, inflaban el alma de Jareth de placer. Incluso en ese mundo burdo, el cielo cósmico lucia bello. La única belleza, mirase donde quisiera.
Al pensar en la joven como alguien de exquisita magia, estuvo en lo correcto. Canta, amparada por las paredes de la casa y los duendes pequeños, asoman de los rincones que los esconden. Miniaturas de goblins, no tan feos. Por supuesto, al sentir la presencia imponente del Rey Goblin, vuelven a esconderse. Las alas de Jareth se mueven con disimulo, siguiendo los pasos, marcando el ritmo de la canción en la invisibilidad otorgada por la magia. Ella no lo verá, no es el deseo del Rey. El mismo, apenas sabe lo que quiere hacer respecto a la narradora.
Llevarla consigo, al mundo de los sueños donde reina. Engañarla, proponer un simple truco y mientras la mira resolverlo, decidirá entre proponer una estadía eterna, deshacerse de ella. Jareth sostiene el mundo entre las manos, lo hace girar entre los dedos, la magia es suya desde el comienzo de los días. Estuvo allí siempre, cuando los pequeños seres como la narradora, apenas comenzaban a caminar el otro mundo. Pero el tiempo lo dejo solo, rodeado de súbditos tonto y complaciente. El castillo es aburrido, la tierra de los goblins, árida. ¿Por qué olvidaban la magia? Solía encantarlo, otorgar deseos engañosos. Se sentía solo, desencantado.
Continuaba ofendido con la narradora, sin embargo. Llamarlo feo, es imperdonable. Increíble además, que haya sido lo único que retuvo de aquella conversación. La ausencia de alma, el orgullo, aquellas no tienen sentido. Nadie es compasivo como él, siempre da opciones antes de convertir en goblins a cualquiera que lo desafía y no logra resolver los acertijos.
La narradora es una criatura confusa, definitivamente no lo conoce, realmente. Y si lo hiciera, cambiaria de parecer, podría convencerla de ir a su lado. Ya no estaría solo. En caso de aburrirse, podía convertirla en alguna criatura bella, podía ser una sirena, un hada. Batió las alas fantasmales, esas criaturas no. Muerden, arruinan los jardines, las rosas que crecían en el laberinto quedarían arruinadas.
De repente, una melodía comenzó y la mirada de Jareth volvió al aparato oscuro, cuadrado, que proyectaba imágenes en movimiento. En la casa de Sarah, había uno de esos especímenes, los niños señalaban y decían ‘televisor’.
Los ojos rodaban rápido, tratando de seguir las secuencias. Un hombre aparecía, vestido de oscuro y al parecer, miraba a quienes lo veían, con demasiado interés. Entonces, concibió una idea. Tomaría un cuerpo humano, para engañar a la narradora, arrastrarla al laberinto y enseñarle que tan compasivo podía ser, cuando acabara por no resolver los acertijos y pidiera volver a su mundo. La revelación de tan brillante idea, entumeció el cuerpo invisible de felicidad plena. Volvió a sentirse joven y rozagante, un desafío por delante. Los días de extrañar a Sarah y la cálida imaginación de la niña, desaparecieron.
Por supuesto, Jareth es un hombre astuto. Antes de gastar magia en tomar otro cuerpo, llamo a la más reciente adquisición de su corte. Una pequeña lechuza, de colores oscuros y anteojos de cristales redondos, acudió cuando fue requerido por el Rey. Estuvo vagando, entre los mundos, durante la noche, el comienzo del nuevo día. Con los primeros rayos del sol, decidió adquirir la apariencia humana, dejando la casa casi al mismo tiempo que la narradora.
Hogbert. Hoobo. Hugo. Hugbart. Nunca recordaba los nombres de los súbditos, porque ninguno de ellos es importante para Jareth. Una vez la narradora salió de la casa y la lechuza de anteojos apareció, contó el plan, entusiasmado.
‘Con anterioridad, ¿habéis tratado de adquirir la apariencia humana, mi señor?
No, pero soy el Rey de los goblins, la magia es mía. Necesito llevarla conmigo, comprobar si es digna para mí. Vuelve a desconfiar de mi poder y sabes dónde te arrojare.
La magia poderosa del Rey de los Goblins, surtió efecto. El cuerpo humano ocupado, la sensación incomoda, el confinamiento. De repente se encontró en un lugar pequeño, mal adornado, de paredes blancas, sin flores, ni aire natural. Perdió las alas, ahora tenía brazos. Cuando encontró un espejo, vio el reflejo del hombre de la televisión. Vio llaves, de formas extrañas en una mesilla.
Hogbert. Hoobo. Hugo. Hugbart menciono algo sobre la función de esas llaves. Encender otra máquina, algo llamado auto. Como el que tenia la narradora.
Lo siguiente, fue la aventura excitante que buscaba. Manejar un auto. El problema es que no sabía que tocar para moverlo, ni para detenerlo. La lechuza de lentes grito antes de chocar, dijo ‘EL FRENO, MI SEÑOR, EL FRENO ES LA PALANCA DEL MEDIO’. Cierto, es que no era la del medio. Tampoco la del costado izquierdo.
El impacto, provoco una nueva sensación. Dolor, en el rostro, en el torso.
- Llame por ti para ayudar, ¿Qué es este dolor? ¿Qué esto color rojo? – habla a la lechuza, quien esta tan conmocionado por los resultados de la aventura como el mismo Rey. Sale liquido rojo de la boca y espantado, muestra el dedo a la narradora, reconoce la voz, pero en otro tono y ya no percibe la magia que emana de ella.
- ¿Qué es esto? ¿Por qué me duele la boca? – frunce el ceño adolorido, incapaz de comprender.
La lechuza froto las alas, notando algo diferente en el Rey de los goblins. La lluvia de brillos ya no giraban alrededor de la apariencia majestuosa. Parecía vació de magia.
Al pensar en la joven como alguien de exquisita magia, estuvo en lo correcto. Canta, amparada por las paredes de la casa y los duendes pequeños, asoman de los rincones que los esconden. Miniaturas de goblins, no tan feos. Por supuesto, al sentir la presencia imponente del Rey Goblin, vuelven a esconderse. Las alas de Jareth se mueven con disimulo, siguiendo los pasos, marcando el ritmo de la canción en la invisibilidad otorgada por la magia. Ella no lo verá, no es el deseo del Rey. El mismo, apenas sabe lo que quiere hacer respecto a la narradora.
Llevarla consigo, al mundo de los sueños donde reina. Engañarla, proponer un simple truco y mientras la mira resolverlo, decidirá entre proponer una estadía eterna, deshacerse de ella. Jareth sostiene el mundo entre las manos, lo hace girar entre los dedos, la magia es suya desde el comienzo de los días. Estuvo allí siempre, cuando los pequeños seres como la narradora, apenas comenzaban a caminar el otro mundo. Pero el tiempo lo dejo solo, rodeado de súbditos tonto y complaciente. El castillo es aburrido, la tierra de los goblins, árida. ¿Por qué olvidaban la magia? Solía encantarlo, otorgar deseos engañosos. Se sentía solo, desencantado.
Continuaba ofendido con la narradora, sin embargo. Llamarlo feo, es imperdonable. Increíble además, que haya sido lo único que retuvo de aquella conversación. La ausencia de alma, el orgullo, aquellas no tienen sentido. Nadie es compasivo como él, siempre da opciones antes de convertir en goblins a cualquiera que lo desafía y no logra resolver los acertijos.
La narradora es una criatura confusa, definitivamente no lo conoce, realmente. Y si lo hiciera, cambiaria de parecer, podría convencerla de ir a su lado. Ya no estaría solo. En caso de aburrirse, podía convertirla en alguna criatura bella, podía ser una sirena, un hada. Batió las alas fantasmales, esas criaturas no. Muerden, arruinan los jardines, las rosas que crecían en el laberinto quedarían arruinadas.
De repente, una melodía comenzó y la mirada de Jareth volvió al aparato oscuro, cuadrado, que proyectaba imágenes en movimiento. En la casa de Sarah, había uno de esos especímenes, los niños señalaban y decían ‘televisor’.
Los ojos rodaban rápido, tratando de seguir las secuencias. Un hombre aparecía, vestido de oscuro y al parecer, miraba a quienes lo veían, con demasiado interés. Entonces, concibió una idea. Tomaría un cuerpo humano, para engañar a la narradora, arrastrarla al laberinto y enseñarle que tan compasivo podía ser, cuando acabara por no resolver los acertijos y pidiera volver a su mundo. La revelación de tan brillante idea, entumeció el cuerpo invisible de felicidad plena. Volvió a sentirse joven y rozagante, un desafío por delante. Los días de extrañar a Sarah y la cálida imaginación de la niña, desaparecieron.
Por supuesto, Jareth es un hombre astuto. Antes de gastar magia en tomar otro cuerpo, llamo a la más reciente adquisición de su corte. Una pequeña lechuza, de colores oscuros y anteojos de cristales redondos, acudió cuando fue requerido por el Rey. Estuvo vagando, entre los mundos, durante la noche, el comienzo del nuevo día. Con los primeros rayos del sol, decidió adquirir la apariencia humana, dejando la casa casi al mismo tiempo que la narradora.
Hogbert. Hoobo. Hugo. Hugbart. Nunca recordaba los nombres de los súbditos, porque ninguno de ellos es importante para Jareth. Una vez la narradora salió de la casa y la lechuza de anteojos apareció, contó el plan, entusiasmado.
‘Con anterioridad, ¿habéis tratado de adquirir la apariencia humana, mi señor?
No, pero soy el Rey de los goblins, la magia es mía. Necesito llevarla conmigo, comprobar si es digna para mí. Vuelve a desconfiar de mi poder y sabes dónde te arrojare.
La magia poderosa del Rey de los Goblins, surtió efecto. El cuerpo humano ocupado, la sensación incomoda, el confinamiento. De repente se encontró en un lugar pequeño, mal adornado, de paredes blancas, sin flores, ni aire natural. Perdió las alas, ahora tenía brazos. Cuando encontró un espejo, vio el reflejo del hombre de la televisión. Vio llaves, de formas extrañas en una mesilla.
Hogbert. Hoobo. Hugo. Hugbart menciono algo sobre la función de esas llaves. Encender otra máquina, algo llamado auto. Como el que tenia la narradora.
Lo siguiente, fue la aventura excitante que buscaba. Manejar un auto. El problema es que no sabía que tocar para moverlo, ni para detenerlo. La lechuza de lentes grito antes de chocar, dijo ‘EL FRENO, MI SEÑOR, EL FRENO ES LA PALANCA DEL MEDIO’. Cierto, es que no era la del medio. Tampoco la del costado izquierdo.
El impacto, provoco una nueva sensación. Dolor, en el rostro, en el torso.
- Llame por ti para ayudar, ¿Qué es este dolor? ¿Qué esto color rojo? – habla a la lechuza, quien esta tan conmocionado por los resultados de la aventura como el mismo Rey. Sale liquido rojo de la boca y espantado, muestra el dedo a la narradora, reconoce la voz, pero en otro tono y ya no percibe la magia que emana de ella.
- ¿Qué es esto? ¿Por qué me duele la boca? – frunce el ceño adolorido, incapaz de comprender.
La lechuza froto las alas, notando algo diferente en el Rey de los goblins. La lluvia de brillos ya no giraban alrededor de la apariencia majestuosa. Parecía vació de magia.
Última edición por she wolf el Mar 23 Jun - 16:53, editado 1 vez
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? Me llamo Willa con mi Mustang azul verdoso por la tarde ¡es sábado! |
Podía haber sido que se hubiera dormido al levantarse. No es que fueran las seis de la mañana, pero podía ser que se acabase de despertar. Se podía haber distraído. Encontraría una y mil excusas para contestar a su pregunta, así como Willa tenía una y mil respuestas a su pregunta conforme la dejó escapar entre sus labios.
Su café se había derramado en el asiento del copiloto, a pesar de tener la tapa que supuestamente evita que se salga. De modo que, no solo se ha quedado sin café si no que además tiene el asiento empapado de Mocca que pronto se quedaría pegajoso y asqueroso. Perdería tiempo en ir al fútbol, pero tampoco la apenaba.
No le gustaba a fin de cuentas.
Camina hacía el coche y su humor ennegrecido por haber sido golpeada comienza a desaparecer cuando el joven de cabellos rizados y negros como la noche sale del coche, dando tumbos con el labio ensangrentado.
No duda en andar con más prisa hacía él y colocarse frente a él. Parece que él ha sufrido más daños que ella y eso la asusta. Puede que se haya golpeado la cabeza, aunque ella se haya comido el volante del coche solo la duele el moratón que pronto la saldría —Tranquilo. Tranquilo— Alza sus manos para que se tranquilice. Aunque su pregunta la desconcierta. Se ha golpeado el labio, es normal que le duela. Puede que no lo hubiese notado hasta ese momento —Te habrás golpeado el labio con el golpe. Pero se pasará— A ella aún le dolía y él parecía histérico por la sangre —¿Te mareas con la sangre? Tal vez deberías sentarte, puede que te hayas golpeado la cabeza y...— Entrecierra los ojos mirando el interior del coche. Porque no puede creer que esté viendo una lechuza con gafas. No puede creerlo pero la ve y la lechuza la mira a los ojos.
Parpadea con rapidez, confusa y algo mareada ¿Qué.Narices.Es.Eso? Menea su cabeza como si negase repetidas veces pero se marea más y termina llevando su mano hacía la zona donde se ha golpeado —Déjame ver— Decide sacar el pañuelo azulado de su bolsillo y volver hacía el chico. Porque está flipando con lechuzas con gafas y piensa que pronto verá elefantes rosas bailando en las calles. Se acerca a él y coge su barbilla con suavidad mirando la herida —No es nada. Solo ha sido el golpe. Ten— La pone el pañuelo en su mano y lo lleva a su labio con suavidad.
Después, recuerda a que venía y coloca sus manos en su cintura —¿Se puede saber que te ha pasado? ¿Te has dormido o algo parecido? Porque...podría haber sido peor, pero has dejado ambos coches para arreglar— Y quien rompe paga, dice el dicho.
Su café se había derramado en el asiento del copiloto, a pesar de tener la tapa que supuestamente evita que se salga. De modo que, no solo se ha quedado sin café si no que además tiene el asiento empapado de Mocca que pronto se quedaría pegajoso y asqueroso. Perdería tiempo en ir al fútbol, pero tampoco la apenaba.
No le gustaba a fin de cuentas.
Camina hacía el coche y su humor ennegrecido por haber sido golpeada comienza a desaparecer cuando el joven de cabellos rizados y negros como la noche sale del coche, dando tumbos con el labio ensangrentado.
No duda en andar con más prisa hacía él y colocarse frente a él. Parece que él ha sufrido más daños que ella y eso la asusta. Puede que se haya golpeado la cabeza, aunque ella se haya comido el volante del coche solo la duele el moratón que pronto la saldría —Tranquilo. Tranquilo— Alza sus manos para que se tranquilice. Aunque su pregunta la desconcierta. Se ha golpeado el labio, es normal que le duela. Puede que no lo hubiese notado hasta ese momento —Te habrás golpeado el labio con el golpe. Pero se pasará— A ella aún le dolía y él parecía histérico por la sangre —¿Te mareas con la sangre? Tal vez deberías sentarte, puede que te hayas golpeado la cabeza y...— Entrecierra los ojos mirando el interior del coche. Porque no puede creer que esté viendo una lechuza con gafas. No puede creerlo pero la ve y la lechuza la mira a los ojos.
Parpadea con rapidez, confusa y algo mareada ¿Qué.Narices.Es.Eso? Menea su cabeza como si negase repetidas veces pero se marea más y termina llevando su mano hacía la zona donde se ha golpeado —Déjame ver— Decide sacar el pañuelo azulado de su bolsillo y volver hacía el chico. Porque está flipando con lechuzas con gafas y piensa que pronto verá elefantes rosas bailando en las calles. Se acerca a él y coge su barbilla con suavidad mirando la herida —No es nada. Solo ha sido el golpe. Ten— La pone el pañuelo en su mano y lo lleva a su labio con suavidad.
Después, recuerda a que venía y coloca sus manos en su cintura —¿Se puede saber que te ha pasado? ¿Te has dormido o algo parecido? Porque...podría haber sido peor, pero has dejado ambos coches para arreglar— Y quien rompe paga, dice el dicho.
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? El Rey de los Goblins, Jareth con el mundo rodando y rodando por la noche, buscando a la narradora |
La narradora aparece ante Jareth, y la emoción de verla, desaparece cuando tiene que parpadear para enfocar la visión borrosa, confundido. Muy confundido. Ya de por sí, estar encerrado dentro del pobre cuerpo humano, es aterrador, parece que nunca saldrá de allí. Además ya es incapaz de verlo todo. El universo, las líneas mágicas recorriendo este plano, el castillo detrás del laberinto. Apenas ve, y está desesperado.
- ¿Qué sucede? – vuelve la atención a la lechuza, quien encoge los hombritos, tan incapaz de comprender – No lo sé señor, está herido. Choco el auto – responde el animalito, la mirada cristalina, parece no mentir. Y de hacerlo, dejara que cuelgue un largo momento sobre el pantano con malos olores. Nadie sale de allí con intenciones de volver a desafiarlo.
- ¿Solo un golpe? Duele demasiado para – comienza a quejarse, hasta que la narradora adquiere un tono serio de voz, mencionando los motivos por los cuales ocurrió el impacto, además de autos y arreglar. ¿Qué significa eso? Es un rey, nada tiene que ver con esas maquinas extrañas de cuatro ruedas y motor, tampoco con este aspecto nuevo, ni con el golpe que comienza a pasar. El dolor disminuye, toma el pañuelo azul, colocando la tela sobre el labio partido - ¿Qué insinúas, narradora? No es mi responsabilidad, es culpa de él – señala a la pequeña lechuza, quien responde rodando los ojos, acomodando las gafas redondas con un ala – Dijo que para frenar, debía presionar la palanca del medio. Desconozco donde queda ese lugar – encogió los hombros, tomando aire precipitadamente – A propósito, ¿Dónde estamos, narradora? Esto es lo que ustedes llaman, ¿calle? – la lechuza pequeña, desde el asiento del conductor donde se ha movido, mueve la cabeza. El rey de los Goblins tiene escasos conocimientos de la vida humana, sin embargo – como siempre – actúa de manera irrespetuosa y arrogante. ¿Acaso no podría ser un poco humilde? Simplemente demostrar que el mundo es algo aburrido y viejo, las personas tienen un corazón donde ciertamente Jareth, no tiene nada.
La pequeña lechuza piensa en interceder ante la narradora, explicar la situación, pero prefiere quedar al margen, después d todo, otro de los defectos del Rey de los Goblins es el carácter cruel cuando alguien intenta hablar de situaciones contrarias a sus gustos.
Jareth deja el pañuelo cubriendo la herida, demasiado intrigado con este nuevo entorno para hacer caso a las palabras de la narradora, para hacer caso a cualquier síntoma extraño. Ni por un segundo piensa en que algo falta en él.
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? Me llamo Willa con mi Mustang azul verdoso por la tarde ¡es sábado! |
Parece que habla con alguien dentro del coche y Willa tiene la intención de ir a comprobar si había alguien con él y si estaba herido. Pero este chico le grita al interior de la ventanilla, como un loco mientras se tambalea cierra y abre los ojos como si nunca hubiese visto la luz del sol.
Si han chocado pero tampoco es para tanto, ni siquiera le saltó el airbag. Tal vez no llevase, le caería una buena multa esa mañana entre el accidente, el airbag en el caso que no lo llevara.
Willa deja ir su pañuelo del que pronto se tendrá que despedir o con suerte este se lo devuelva, aunque lo coge con arrogancia como si esperase ese gesto de ella, no se lo tiene en cuenta.
Da un pequeño salto hacía atrás entreabriendo sus labios en una mueca confusa mientras alza la ceja izquierda. Ladea su rostro, sigue hablando con alguien en el interior y realmente parece desorientado —¿Na.Narradora?— Pregunta confusa rascando su mejilla con suavidad, lo había hecho en su frente pero aún la dolía por el golpe contra el dichoso volante —¿Es qué no sabes conducir?— Lo dijo medio gritando ¡Menuda le caería! Era un peligro público y suerte que chocó contra Willa y que no fue nada grave. Podría haber causado un fuerte accidente.
Negó con su cabeza y se acercó hacía la ventanilla —¿Y cómo le echas la culpa? Eras tú el que iba conduciendo— Apoya sus manos en el borde de la ventanilla bajada asomándose en al interior —¿Estas bie...— Pero enmudece. Y como para no hacerlo. Una lechuza blanca se alza en el asiento del copiloto, no parece herida dado que no sangre en su cuerpo. Incluso la mira fijamente a los ojos y parece que suspira al escuchar al chico. Lleva gafas y...Lleva gafas ¡Lleva gafas! Si Willa llegó a pensar que el golpe no había sido nada desde luego que se equivocó.
Una lechuza. Que enseñaba a conducir a un chico. Que lleva gafas de ver, que se coloca con el ala.
Se aparta de la ventanilla y mira al chico —¿Dices que la lechuza te estaba indicando como conducir?— Su dedo apunta al ave mientras su rostro permanece perdido en un mundo de locura intensiva provocada por un fuerte golpe en la cabeza. Eso o está más loca de lo que pensaba. Vuelve a mirar al ave que la mira a través de las gafas. Willa parpadea, ni siquiera contesta a la pregunta del chico.
Saca su móvil táctil el bolsillo trasero de su pantalón y sin problemas es capaz de marcar el número sin desbloquearlo. Aunque memoriza el desbloqueo, aunque puede que no sea ese. Se lleva el móvil al oído y con toda la naturalidad del mundo suspira —¿Emergencias?—
Si han chocado pero tampoco es para tanto, ni siquiera le saltó el airbag. Tal vez no llevase, le caería una buena multa esa mañana entre el accidente, el airbag en el caso que no lo llevara.
Willa deja ir su pañuelo del que pronto se tendrá que despedir o con suerte este se lo devuelva, aunque lo coge con arrogancia como si esperase ese gesto de ella, no se lo tiene en cuenta.
Da un pequeño salto hacía atrás entreabriendo sus labios en una mueca confusa mientras alza la ceja izquierda. Ladea su rostro, sigue hablando con alguien en el interior y realmente parece desorientado —¿Na.Narradora?— Pregunta confusa rascando su mejilla con suavidad, lo había hecho en su frente pero aún la dolía por el golpe contra el dichoso volante —¿Es qué no sabes conducir?— Lo dijo medio gritando ¡Menuda le caería! Era un peligro público y suerte que chocó contra Willa y que no fue nada grave. Podría haber causado un fuerte accidente.
Negó con su cabeza y se acercó hacía la ventanilla —¿Y cómo le echas la culpa? Eras tú el que iba conduciendo— Apoya sus manos en el borde de la ventanilla bajada asomándose en al interior —¿Estas bie...— Pero enmudece. Y como para no hacerlo. Una lechuza blanca se alza en el asiento del copiloto, no parece herida dado que no sangre en su cuerpo. Incluso la mira fijamente a los ojos y parece que suspira al escuchar al chico. Lleva gafas y...Lleva gafas ¡Lleva gafas! Si Willa llegó a pensar que el golpe no había sido nada desde luego que se equivocó.
Una lechuza. Que enseñaba a conducir a un chico. Que lleva gafas de ver, que se coloca con el ala.
Se aparta de la ventanilla y mira al chico —¿Dices que la lechuza te estaba indicando como conducir?— Su dedo apunta al ave mientras su rostro permanece perdido en un mundo de locura intensiva provocada por un fuerte golpe en la cabeza. Eso o está más loca de lo que pensaba. Vuelve a mirar al ave que la mira a través de las gafas. Willa parpadea, ni siquiera contesta a la pregunta del chico.
Saca su móvil táctil el bolsillo trasero de su pantalón y sin problemas es capaz de marcar el número sin desbloquearlo. Aunque memoriza el desbloqueo, aunque puede que no sea ese. Se lleva el móvil al oído y con toda la naturalidad del mundo suspira —¿Emergencias?—
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? El Rey de los Goblins, Jareth con el mundo rodando y rodando por la tarde, chocando autos |
El rey de los Goblins mira a la pequeña lechuza, curioso. ¿Qué significa eso de llamar a Emergencias? ¿Acaso la narradora posee alguna clase de ayuda cósmica, algún tipo de protector capaz de socorrerla en esta situación? La pequeña lechuza niega con la cabeza, capaz de intuir las preguntas antes de que tomen forma bajo las palabras habladas.
-¿Qué es una emergencia? – habla, quitando el pañuelo azul de la boca, frunciendo el ceño, casi cegado por la luz solar y este curioso dolor en la cabeza, dentro de esta. Jareth ni siquiera sabía que era posible tal situación.
La narradora hace demasiadas preguntas, algunas ya contestadas con anterioridad y a Jareth no le gusta repetir ni apariencias ni respuestas, especialmente a jovencitas incapaces de explicar palabras rudimentarias. Esta vez tendrá que hacer una excepción, analiza al observarla casi aterrada. Por favor, es el Rey de los Goblins, su apariencia es magnífica, debería admirarlo en vez de temer, aunque este último nunca es mal bienvenido. Es el temor el que logra la paz en las tierras que posee, en los niños que acabaron perdidos en el laberinto.
- Así es – gruñe suavemente, molesto de perder la atención de la narradora – Invoque a – al volver la mirada a la pequeña lechuza, recuerda que es incapaz de conocer el nombre del animalito. Del niño. Una vez fue niño y uno muy audaz según recuerda. La audacia de enfrentar al Rey de los Goblins lo dejo convertido en una lechuza blanca preciosa, y como Jareth aprecia con demasiado disimulo los corazones apasionados y decididos de los humanos, decidió conservarlo a modo de consejero – Invoque a mi consejero personal para ayudarme en este mundo, aunque no lo necesite puesto que estuve aquí, muchos años antes de este encuentro – encoge los hombros, pareciendo que está cargando sobre estos pesados arboles. La libertad de espíritu gozado en la forma natural que posee no está, no la siente fluyendo a través de los brazos.
Durante un breve momento de distracción, Jareth desconecta completamente con el accidente, con la narradora tratando de encontrar explicaciones, con la lechuza pequeña de lentes mirando en silencioso pánico a la muchacha marcar un cierto código sobre un pequeño bloque sostenido entre las manos. Comienza a ser consciente del cuerpo que habita, el dolor, el tacto de los dedos al tocarse, estas sensaciones físicas no son normales.
- ¿Señor, me permite una pregunta? – la vocecita de la lechuza altera el ritmo de pensamientos de Jareth durante un instante, pero lejos de reprochar la intrusión, deja que hable - ¿Qué ansias saber? – suspira, observando con rechazo el pañuelo azul ensuciado con la sangre que salió de la boca.
- La narradora está llamando por ayuda. ¿Debería detenerla? Aseguro que explicar nuestra situación a cualquier persona no relacionada con el mundo de la magia alteraría vuestros planes – desconfía un instante, la narradora es incapaz de pedir ayuda cuando nadie esta robándola, momentáneamente. Además ¿quién podría contrarrestar los poderes del Rey de los Goblins.? Nadie. Sin embargo, reconoce que cada consejo dado por Hogbert. Hoobo. Hugo. Hugbart – excepto el de manejo, actividad que todavía no maneja – carecen de mentiras y envidia. Es un animalito sabio e instruido. Por eso lo aprecia tanto.
- Detenla – asiente, estirando el brazo para que el animalito se pose sobre la piel y juntos, se acercan a ella, golpeando el hombro de la muchacha con insistencia.
- Narradora, no llames a tus caballeros, es inútil luchar contra mi poder – alzo las cejas, indignado de que la joven mujer intentara siquiera desafiarlo – Mi sabio consejero me alerto de este movimiento y quiero saber la razón detrás de tus actos. No estamos atacándote, simplemente – encogió los hombros, volviendo la mirada insistente, del auto hacia la muchacha.
- Choco el auto – añadió la pequeña lechuza, ayudando al Rey de los Goblins a terminar la oración. Jareth añadió una sonrisa marcada, agradecido de la ayuda. Los efectos de estar encerrado en ese cuerpo, afectaban rápidamente.
Última edición por she wolf el Miér 29 Jul - 0:05, editado 1 vez
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? Me llamo Willa con mi Mustang azul verdoso por la tarde ¡es sábado! |
La chica del interfono podría parecer más estúpida de lo que esperaba. Que la pusieran con una máquina solo provocaba que Willa sintiera mayor dolor en su cabeza como si en cualquier momento fuera a estallar. Ese chico necesitaba ayuda de manera inmediata. ¡Estaba diciendo que hablaba con una lechuza! Evitaría decirles que la lechuza tenía lentes o si no la tomarían como una broma y a ver como lo llevaba hasta el hospital.
Si les decía que había visto a una lechuza colocar sus lentes podrían enviar a una ambulancia o bien meterla directamente en un psiquiátrico y Willa no se negaría, puede que fuera del golpe y se la pasara o que realmente estuviera loca, fuera lo que fuera ella sabía lo que había visto. Y eso no era una persona, era una le.chu.za con todas sus letras y sus sílabas. Una lechuza colocándose unas gafas, hablando con un chico e intentando enseñarle a conducir. Acabaría encerrada por loca.
La mujer hablaba y hablaba y Willa apartaba la oreja de su móvil para marcar los números que le pedían que marcase. Como para estar muriéndote, morirías desangrado antes de que una ambulancia viniera a por ti. Willa imaginaba a un herido más grave que ella maldiciendo a todos los santos.
Si ella lo hacía y apenas se estaba volviendo loca.
Pero el chico seguía hablando ¿Invocar? ¿Es qué era un brujo o algo parecido? —¿Invocar. En este mundo? ¿De donde sales de una novela de Las Crónicas de Narnia o qué?— Le dijo mientras marcaba un noveno número o por ahí andaría la cosa. Volvió a ponerse en teléfono en la oreja y ahora comenzó a hablar con una mujer de verdad.
Le dio los datos del accidente, la calle en donde se habían chocado y le avisó de que estaban sufriendo alucinaciones y que probablemente el chico las tuviera antes del accidente —No señora no he consumido drogas...¿Cómo no voy a saberlo? ¿Es qué cree que me he comido un caramelo o algo así? Tal vez haya sido el café de la cafetería a lo mejor esnifé unos granitos de café ¿¡Va a enviarme una ambulancia o no!?— No sonaba molesta, ni siquiera podría sonarlo. Más bien desesperada, pero la mujer le dijo que esperase unos minutos y comenzó a sonar una musiquita.
Provocando que Willa se quedase con la boca pez y el teléfono en la mano. Llevó su mano a su rostro, pensando en tirar el móvil contra el asfalto e ir sola al hospital a hablar con esa mujer cara a cara.
Sin embargo el joven irrumpió sus bizarros pensamientos cuando llamó su atención de nuevo, de esa manera tan peculiar llamándola "Narradora" Cuando comenzó a hablar, su ceja volvió a arquearse, dejando caer el móvil con suavidad de su oreja lo sostuvo con su mano escuchándolo incrédula —¿Mis caballeros? No estoy....no tengo caballeros esto no es...¿Es qué te has escapado de un psiquiátrico o solo me estás tomando el pelo? y no me llames Narradora, tengo un nombre y es Wi...— Y la lechuza habla, a la cara de Willa. Suficiente fue ver como el muchacho se aproximó hasta ella con el ave en el brazo que ahora ella la escucha hablar.
Se quedo muda, con la boca abierta. La ha escuchado hablar. Ha dicho "Choco el auto" Ha visto ese piquito moverse. Parpadea una, dos y hasta tres veces antes de dar un salto y un grito señalando la lechuza —¡Ha hablado! ¡La lechuza está hablando!— Se tapa la boca con su mano —Oh dioses....me he dado un golpe más fuerte de lo que creía. No es un sueño si...pOr tu amigo estás más loco que yo es decir ¡Es una lechuza! ¿Cómo es que habla? Los animales no pueden hablar— Se mueve de un lado a otro apartando el cabello de su rostro volviendo a poner el móvil en su oreja —¡Necesito esa ambulancia!—
Si les decía que había visto a una lechuza colocar sus lentes podrían enviar a una ambulancia o bien meterla directamente en un psiquiátrico y Willa no se negaría, puede que fuera del golpe y se la pasara o que realmente estuviera loca, fuera lo que fuera ella sabía lo que había visto. Y eso no era una persona, era una le.chu.za con todas sus letras y sus sílabas. Una lechuza colocándose unas gafas, hablando con un chico e intentando enseñarle a conducir. Acabaría encerrada por loca.
La mujer hablaba y hablaba y Willa apartaba la oreja de su móvil para marcar los números que le pedían que marcase. Como para estar muriéndote, morirías desangrado antes de que una ambulancia viniera a por ti. Willa imaginaba a un herido más grave que ella maldiciendo a todos los santos.
Si ella lo hacía y apenas se estaba volviendo loca.
Pero el chico seguía hablando ¿Invocar? ¿Es qué era un brujo o algo parecido? —¿Invocar. En este mundo? ¿De donde sales de una novela de Las Crónicas de Narnia o qué?— Le dijo mientras marcaba un noveno número o por ahí andaría la cosa. Volvió a ponerse en teléfono en la oreja y ahora comenzó a hablar con una mujer de verdad.
Le dio los datos del accidente, la calle en donde se habían chocado y le avisó de que estaban sufriendo alucinaciones y que probablemente el chico las tuviera antes del accidente —No señora no he consumido drogas...¿Cómo no voy a saberlo? ¿Es qué cree que me he comido un caramelo o algo así? Tal vez haya sido el café de la cafetería a lo mejor esnifé unos granitos de café ¿¡Va a enviarme una ambulancia o no!?— No sonaba molesta, ni siquiera podría sonarlo. Más bien desesperada, pero la mujer le dijo que esperase unos minutos y comenzó a sonar una musiquita.
Provocando que Willa se quedase con la boca pez y el teléfono en la mano. Llevó su mano a su rostro, pensando en tirar el móvil contra el asfalto e ir sola al hospital a hablar con esa mujer cara a cara.
Sin embargo el joven irrumpió sus bizarros pensamientos cuando llamó su atención de nuevo, de esa manera tan peculiar llamándola "Narradora" Cuando comenzó a hablar, su ceja volvió a arquearse, dejando caer el móvil con suavidad de su oreja lo sostuvo con su mano escuchándolo incrédula —¿Mis caballeros? No estoy....no tengo caballeros esto no es...¿Es qué te has escapado de un psiquiátrico o solo me estás tomando el pelo? y no me llames Narradora, tengo un nombre y es Wi...— Y la lechuza habla, a la cara de Willa. Suficiente fue ver como el muchacho se aproximó hasta ella con el ave en el brazo que ahora ella la escucha hablar.
Se quedo muda, con la boca abierta. La ha escuchado hablar. Ha dicho "Choco el auto" Ha visto ese piquito moverse. Parpadea una, dos y hasta tres veces antes de dar un salto y un grito señalando la lechuza —¡Ha hablado! ¡La lechuza está hablando!— Se tapa la boca con su mano —Oh dioses....me he dado un golpe más fuerte de lo que creía. No es un sueño si...pOr tu amigo estás más loco que yo es decir ¡Es una lechuza! ¿Cómo es que habla? Los animales no pueden hablar— Se mueve de un lado a otro apartando el cabello de su rostro volviendo a poner el móvil en su oreja —¡Necesito esa ambulancia!—
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? El Rey de los Goblins, Jareth con el mundo rodando y rodando por la tarde, chocando autos |
Jareth apretó los labios con fuerza, observando el cuerpo de la narradora, sin hacer ningun movimiento para ayudar.
─ ¿Qué sucedió? ¿Se apago? ─ pregunto, mirando a su consejero. En poco tiempo, parecía que estaba necesitándolo con demasiada urgencia. La sensación de estar convertido en un ser inútil, molesto al rey de los Goblins, hasta que recordó cuan aburrido encontraba ese mundo y la poca atencion que prestaba a los humanos y sus rituales de vida.
Necesitaba al consejero de nombre extraño, siempre esa tendencia a olvidar a quienes lo ayudaban.
─ Señor, las personas no se apagan ─ observo la pequeña lechuza y Jareth alzo la ceja, moviendo la cabeza en señal de aceptación.
─ ¿Entonces, porque esta caída en el suelo con los ojos cerrados?─
─ Creo que se desmayo, señor ─
Jareth continuaba sin comprender. Encima que no creía que fuera el Rey de los Goblins ─ una ofensa terrible ─ osaba desmayarse.
─ La asustaste ─ razono con egoísmo, arrodillándose frente a la narradora, tocando con la punta del dedo la nariz de la muchacha ─ Tal vez mi magnificencia la sobrecogió y no pudo tolerar mi presencia ─ aclaro con naturalidad, ignorando como la lechuza rodaba los ojos en absoluto hartazgo.
Para Jareth, tenía sentido y era normal, nadie debía avergonzarse de sentir fascinación por él. Era rey, poderoso, con toda la magia a su merced. Cumplía los deseos de los niños, a algunos de ellos los encerraba en formas extrañas en el laberinto.
¡Era un excelente rey!
─ Deberíamos ayudarla, señor ─ la voz suave de la lechuza y el peso de esta al posarse sobre el hombro del rey, quito la concentración sobre las divagaciones personales.
Ayudar a la narradora, eso mismo.
─ La ayudare ─ volvió a recuperar la postura erguida, colocando una mano sobre el cuerpo caído de la narradora. Usaría su magia poderosa para despertarla y devolverla a la conciencia, para poder seducirla.
Pero la magia no sucedió. Repitió las palabras, espero por sus esferas de poder emerger entre los dedos, brillando y no sucedió.
La lechuza frunció el ceño, esta vez debido a la preocupación.
Entonces, era real la situación. Cuando ya no percibió la magia irradiar del cuerpo del rey, no solo fue una percepción. Era real y no tenia explicaciones.
Jareth movio la mano, sacudiéndola.
Esa pesadez que sintió, al principio, este cuerpo que tomo, esta capacidad de tocarse y sentirse, el encierro.
Era imposible, es el Rey de los Goblins, nadie puede encerrarlo, condenarlo a ningun castigo. Está por encima de esas tonterías para niños y otras criaturas inferiores.
─ ¿Qué sucede? ¿Por qué mi magia no ─ QUE SUCEDE? ─ Chillo, enfurecido e impotente, pateando el pavimento. Unos transeúntes pasaron, observando el extraño espectáculo. Como en cualquier otra ocasión ─ y la lechuza agradeció el gesto indiferente─ murmuraron ‘Que loco es ese’ y continuaron caminando.
─ Señor, debemos irnos. La narradora llamo a la ambulancia y vendrán y harán demasiadas preguntas y probablemente nos encierren a todos ─ anuncio el animalito, volviendo al auto que Jareth estrello contra el de la narradora, intentando mover las llaves para encenderlo.
─ ¿Dónde nos encerraran? ─ a la pequeña lechuza, la actitud del Rey de los Goblins le recordó a otro niño caprichoso, gritando para que los adultos complazcan con golosinas prohibidas y juguetes.
¿Cómo es que era Rey?
─ En un lugar horrible donde las personas gritan y son amarradas a las camas ¡Cárguela en los brazos y vayámonos! ─ urgió, observando incrédulo e impaciente la situación.
Un hombre joven moviendo una mano sobre una muchacha caída.
Jareth pensó que la narradora pesaba demasiado, entonces la tomo por los brazos y la arrastro hasta la puerta del conductor. Siguiendo las instrucciones del consejero, empujo el cuerpo hasta que las piernas quedaron dentro del auto, chillando como loro de las barrancas cada vez que la lechuza pedía un poco de cuidado con la narradora, que la cabeza de la muchacha no resistía tantos golpes contra el asiento.
Última edición por she wolf el Dom 23 Ago - 3:29, editado 1 vez
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? Me llamo Willa con mi Mustang azul verdoso por la tarde ¡es sábado! |
Si Willa tuviera que definir como se sentía en una palabra, podría escoger entre muchas palabras pero la adecuada sería Desorbitada si, pues no parecía estar en el mismo planeta en el que ella creía estar. De todas las persona que pudieron chocar contra su coche tuvo que tocarle el más loco de todos, ese que tiene una lechuza como mascota, y que le pone unas gafas enseñando a la lechuza a colocárselas. No quiere ni imaginar como la habrá enseñado a hacerlo pero ahí estaba.
Sentada en el asiento del copiloto y mirándola fijamente mientras el otro habla y parece culparla del accidente.
A y olvidaba lo más importante ¡Hablaba! No es que fuera un Loro y aunque fuera un Loro ellos no son capaces de hablar libremente como si el animal razonase para tener una conversación como otro cualquiera. Pero esa lechuza le estaba hablando y por ello Willa necesitaba la ambulancia o un psicólogo, un psquiatra mejor, así tendría momentos de sueño. Porque eso no era normal —Si. Es muy grave, verá estoy oyendo hablar a una lechuza— Le explicaba a la chica del hospital que parecía reacia a enviarle una maldita ambulancia. Como si ella tuviera que pagar una ambulancia cada vez que sale del dichoso hospital —Si, a una lechuza. Imagínese lo mal que me encuentro— Asiente con fuerza apoyando su mano en su cintura.
Cuando vuelven a hablarla aparta el móvil de su oreja para contemplar a la pareja. Extraña, no sería la palabra en realidad la extraña es ella que oye de hablar a animales —No es un animal...Es un consejero...Claro que si...— Terminaría medicada como su profesora de griego, tantas letras y traducciones terminaron haciendo que tuviera que medicarse para no perder el control en clase.
Podrían tomar el café y la pastillas juntas.
Vuelve a poner su móvil sobre su oreja, llevando su mano a su frente cuando escucha a la joven —Oh ¡Gracias!— Grita cuando le comunican que la ambulancia va de camino hacía allí —Si claro, yo mantendré la calma. Continuaré hablando con la lechuza y el hombre que se ha chocado contra mi coche. Buenos días— Cuelga a la mujer que por fin, le ha prestado la ambulancia y e gira hacía ellos.
¿Hacía ellos? El sudor cae por la nuca de Willa y no ha apartado la mano de su frente cuando escucha al joven presentarse —¿Jareth...Rey....de los...Goblins?— Parpadea un par de veces. Esto es una broma —¿Rey de los Goblins?— Habría estallado en risas. De no haberse desmayado.
Cuando sus ojos se cierran y su cuerpo cae sobre el asfalto Willa ha perdido el conocimiento y comienza a ver el color negro por todos lados, aunque la música no tarda en aparecer en su desmayo.
Sentada en el asiento del copiloto y mirándola fijamente mientras el otro habla y parece culparla del accidente.
A y olvidaba lo más importante ¡Hablaba! No es que fuera un Loro y aunque fuera un Loro ellos no son capaces de hablar libremente como si el animal razonase para tener una conversación como otro cualquiera. Pero esa lechuza le estaba hablando y por ello Willa necesitaba la ambulancia o un psicólogo, un psquiatra mejor, así tendría momentos de sueño. Porque eso no era normal —Si. Es muy grave, verá estoy oyendo hablar a una lechuza— Le explicaba a la chica del hospital que parecía reacia a enviarle una maldita ambulancia. Como si ella tuviera que pagar una ambulancia cada vez que sale del dichoso hospital —Si, a una lechuza. Imagínese lo mal que me encuentro— Asiente con fuerza apoyando su mano en su cintura.
Cuando vuelven a hablarla aparta el móvil de su oreja para contemplar a la pareja. Extraña, no sería la palabra en realidad la extraña es ella que oye de hablar a animales —No es un animal...Es un consejero...Claro que si...— Terminaría medicada como su profesora de griego, tantas letras y traducciones terminaron haciendo que tuviera que medicarse para no perder el control en clase.
Podrían tomar el café y la pastillas juntas.
Vuelve a poner su móvil sobre su oreja, llevando su mano a su frente cuando escucha a la joven —Oh ¡Gracias!— Grita cuando le comunican que la ambulancia va de camino hacía allí —Si claro, yo mantendré la calma. Continuaré hablando con la lechuza y el hombre que se ha chocado contra mi coche. Buenos días— Cuelga a la mujer que por fin, le ha prestado la ambulancia y e gira hacía ellos.
¿Hacía ellos? El sudor cae por la nuca de Willa y no ha apartado la mano de su frente cuando escucha al joven presentarse —¿Jareth...Rey....de los...Goblins?— Parpadea un par de veces. Esto es una broma —¿Rey de los Goblins?— Habría estallado en risas. De no haberse desmayado.
Cuando sus ojos se cierran y su cuerpo cae sobre el asfalto Willa ha perdido el conocimiento y comienza a ver el color negro por todos lados, aunque la música no tarda en aparecer en su desmayo.
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? El Rey de los Goblins, Jareth con el mundo rodando y rodando por la tarde, chocando autos |
Jareth apretó los labios con fuerza, observando el cuerpo de la narradora, sin hacer ningun movimiento para ayudar.
─ ¿Qué sucedió? ¿Se apago? ─ pregunto, mirando a su consejero. En poco tiempo, parecía que estaba necesitándolo con demasiada urgencia. La sensación de estar convertido en un ser inútil, molesto al rey de los Goblins, hasta que recordó cuan aburrido encontraba ese mundo y la poca atencion que prestaba a los humanos y sus rituales de vida.
Necesitaba al consejero de nombre extraño, siempre esa tendencia a olvidar a quienes lo ayudaban.
─ Señor, las personas no se apagan ─ observo la pequeña lechuza y Jareth alzo la ceja, moviendo la cabeza en señal de aceptación.
─ ¿Entonces, porque esta caída en el suelo con los ojos cerrados?─
─ Creo que se desmayo, señor ─
Jareth continuaba sin comprender. Encima que no creía que fuera el Rey de los Goblins ─ una ofensa terrible ─ osaba desmayarse.
─ La asustaste ─ razono con egoísmo, arrodillándose frente a la narradora, tocando con la punta del dedo la nariz de la muchacha ─ Tal vez mi magnificencia la sobrecogió y no pudo tolerar mi presencia ─ aclaro con naturalidad, ignorando como la lechuza rodaba los ojos en absoluto hartazgo.
Para Jareth, tenía sentido y era normal, nadie debía avergonzarse de sentir fascinación por él. Era rey, poderoso, con toda la magia a su merced. Cumplía los deseos de los niños, a algunos de ellos los encerraba en formas extrañas en el laberinto.
¡Era un excelente rey!
─ Deberíamos ayudarla, señor ─ la voz suave de la lechuza y el peso de esta al posarse sobre el hombro del rey, quito la concentración sobre las divagaciones personales.
Ayudar a la narradora, eso mismo.
─ La ayudare ─ volvió a recuperar la postura erguida, colocando una mano sobre el cuerpo caído de la narradora. Usaría su magia poderosa para despertarla y devolverla a la conciencia, para poder seducirla.
Pero la magia no sucedió. Repitió las palabras, espero por sus esferas de poder emerger entre los dedos, brillando y no sucedió.
La lechuza frunció el ceño, esta vez debido a la preocupación.
Entonces, era real la situación. Cuando ya no percibió la magia irradiar del cuerpo del rey, no solo fue una percepción. Era real y no tenia explicaciones.
Jareth movio la mano, sacudiéndola.
Esa pesadez que sintió, al principio, este cuerpo que tomo, esta capacidad de tocarse y sentirse, el encierro.
Era imposible, es el Rey de los Goblins, nadie puede encerrarlo, condenarlo a ningun castigo. Está por encima de esas tonterías para niños y otras criaturas inferiores.
─ ¿Qué sucede? ¿Por qué mi magia no ─ QUE SUCEDE? ─ Chillo, enfurecido e impotente, pateando el pavimento. Unos transeúntes pasaron, observando el extraño espectáculo. Como en cualquier otra ocasión ─ y la lechuza agradeció el gesto indiferente─ murmuraron ‘Que loco es ese’ y continuaron caminando.
─ Señor, debemos irnos. La narradora llamo a la ambulancia y vendrán y harán demasiadas preguntas y probablemente nos encierren a todos ─ anuncio el animalito, volviendo al auto que Jareth estrello contra el de la narradora, intentando mover las llaves para encenderlo.
─ ¿Dónde nos encerraran? ─ a la pequeña lechuza, la actitud del Rey de los Goblins le recordó a otro niño caprichoso, gritando para que los adultos complazcan con golosinas prohibidas y juguetes.
¿Cómo es que era Rey?
─ En un lugar horrible donde las personas gritan y son amarradas a las camas ¡Cárguela en los brazos y vayámonos! ─ urgió, observando incrédulo e impaciente la situación.
Un hombre joven moviendo una mano sobre una muchacha caída.
Jareth pensó que la narradora pesaba demasiado, entonces la tomo por los brazos y la arrastro hasta la puerta del conductor. Siguiendo las instrucciones del consejero, empujo el cuerpo hasta que las piernas quedaron dentro del auto, chillando como loro de las barrancas cada vez que la lechuza pedía un poco de cuidado con la narradora, que la cabeza de la muchacha no resistía tantos golpes contra el asiento.
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? Me llamo Willa con no se donde estoy por la ¡ya es de noche, maldita sea! |
En su sueño Willa no detenía sus pies, que no dejaban de correr por pasillos llenos de tierra y de ramas rotas caídas de ningún árbol que se encontrase cerca de ellas. Pues en los pasillos del laberinto no había árboles apenas podía distinguirse las nubes que se acercaban en el cielo debido a la altura de las paredes del laberinto. El cabello de Willa golpeaba su rostro con suavidad y sus pies no se detenían. Suerte que traigo las playeras se dijo a sí misma con cada paso, pues correr con manoletinas podía ser incómoda y agotador, por no hablar de las heridas que te provocan las rozaduras.
Y si alguien la preguntase porque corría, solo vería sus hombros alzarse con suavidad y una cara de confusión.
Una sensación. Una intuición. Alguien necesitaba su ayuda y la solución se encontraba al final de ese pasillo —¿A donde vas niña?— Le susurró la voz. Aunque le pareció un susurro, la voz fue chillona y en un ácido sonido. Tuvo que girarse una, dos y hasta tres veces antes de poder encontrar de donde provenía la voz. Una oruga se posaba sobre uno de los ladrillos sobresalientes del muro. Pero no parecía extrañada, en el sueño reconoció en lugar en donde se encontraba.
Uno de sus lugares favoritos del mundo —No lo se— Contestó con seguridad —Pero me necesita. Tengo que ayudarlo— Dice de nuevo con seguridad, la oruga ríe tras la respuesta de la joven que coloca sus manos sobre sus caderas —¿Qué es lo que te provoca tal risa?— La anciana oruga sigue riéndose cuando Willa se acerca hasta ella —Tu seguridad ¿Quién lo imaginaría cierto?— Confusa de nuevo se echa hacía atrás. La oruga vuelve a reírse, aunque siente que no se ríe de ella si no de alguien que no está presente.
Y vuelve a mover sus pies, comenzando a correr de nuevo por el largo pasillo. Sin detenerse incluso cuando sus mejillas se sonrojan del cansancio, corre con prisa con la risa de la oruga en sus pensamientos y de pronto tropieza contra una de las ramas de los árboles que no se ven en el largo pasillo. Estrellando sus manos contra el suelo, cae y se adormece contra el suelo.
Pero debe seguir.
Se lo debe.
Despierta sobresaltada, poniéndose sentada sobre el asiento de la parte de atrás. Su espalda cruje cuando se yergue sobre el asiento. Sus rodillas se doblan y su respiración es acelerada, como si hubiese perdido algo que no logra encontrar. Lleva ambas manos a su rostro pensando que se encuentra en su cama y que todo ha sido un sueño. El accidente, la lechuza con gafas que habla, el rey de los Goblins. Se habría echado a reír de no haber escuchado la voz de ese pájaro hablando o explicando algo a una segunda voz.
—Oh no...Porfavor. Que sea un sueño, que sea un sueño, que sea un sueño— Teme abrir los ojos, porque cuando lo hace se encuentra en el interior de un coche que no es el suyo y es de noche ¿Dónde está? ¿La habrán secuestrado?
Y si alguien la preguntase porque corría, solo vería sus hombros alzarse con suavidad y una cara de confusión.
Una sensación. Una intuición. Alguien necesitaba su ayuda y la solución se encontraba al final de ese pasillo —¿A donde vas niña?— Le susurró la voz. Aunque le pareció un susurro, la voz fue chillona y en un ácido sonido. Tuvo que girarse una, dos y hasta tres veces antes de poder encontrar de donde provenía la voz. Una oruga se posaba sobre uno de los ladrillos sobresalientes del muro. Pero no parecía extrañada, en el sueño reconoció en lugar en donde se encontraba.
Uno de sus lugares favoritos del mundo —No lo se— Contestó con seguridad —Pero me necesita. Tengo que ayudarlo— Dice de nuevo con seguridad, la oruga ríe tras la respuesta de la joven que coloca sus manos sobre sus caderas —¿Qué es lo que te provoca tal risa?— La anciana oruga sigue riéndose cuando Willa se acerca hasta ella —Tu seguridad ¿Quién lo imaginaría cierto?— Confusa de nuevo se echa hacía atrás. La oruga vuelve a reírse, aunque siente que no se ríe de ella si no de alguien que no está presente.
Y vuelve a mover sus pies, comenzando a correr de nuevo por el largo pasillo. Sin detenerse incluso cuando sus mejillas se sonrojan del cansancio, corre con prisa con la risa de la oruga en sus pensamientos y de pronto tropieza contra una de las ramas de los árboles que no se ven en el largo pasillo. Estrellando sus manos contra el suelo, cae y se adormece contra el suelo.
Pero debe seguir.
Se lo debe.
Despierta sobresaltada, poniéndose sentada sobre el asiento de la parte de atrás. Su espalda cruje cuando se yergue sobre el asiento. Sus rodillas se doblan y su respiración es acelerada, como si hubiese perdido algo que no logra encontrar. Lleva ambas manos a su rostro pensando que se encuentra en su cama y que todo ha sido un sueño. El accidente, la lechuza con gafas que habla, el rey de los Goblins. Se habría echado a reír de no haber escuchado la voz de ese pájaro hablando o explicando algo a una segunda voz.
—Oh no...Porfavor. Que sea un sueño, que sea un sueño, que sea un sueño— Teme abrir los ojos, porque cuando lo hace se encuentra en el interior de un coche que no es el suyo y es de noche ¿Dónde está? ¿La habrán secuestrado?
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Re: I — Do you remind the baby?
I. Do you remind the baby? El Rey de los Goblins, Jareth con el mundo rodando y rodando por la tarde, chocando autos |
Cuando lograron acomodarla en el auto, el consejero dijo que tendrían que encender la torpe maquina con cuatro ruedas, otra vez. A Jareth, el comentario le agrado en extremo, porque tenía ganas de apretar las teclas del suelo, sentir la emoción de estar volando sobre la línea oscura que dividía las aceras. Olvido durante un momento, que estaba sin poderes, atrapado en un mundo distinto al propio, acompañado por la narradora apagada repentinamente y la lechuza con anteojos, quien parecía tan asustado, repitiendo constantemente, no quiero acabar mis días en una veterinaria.
─ ¿Qué es una veterinaria? ─ pregunto, girando la llave, gritando asustado cuando el motor gruño ─ No importa lo que sea, no tengo magia, ella esta ─ señalo con el ceño fruncido a la narradora, miro al pequeño consejero ─ Cualquiera sea el estado de ella, soy importante y no me tenéis en cuenta ─ otra vez, las emociones desconsideradas lo atormentaban, especialmente porque el consejero estaba pendiente del bienestar de la muchacha, relegándolo a un rincón desagradable, a él, el rey de los Goblins, suprema autoridad en el mundo de los sueños. Jareth estaba frustrado, desilusionado y por sobre todo, estaba totalmente consciente de que la última travesura malintencionada acaba por volver en su contra.
Es terriblemente incomodo notar ese detalle en el perfecto plan, y aunque lo intentaba, parecía encontrarse vacio de ideas. Este cuerpo humano, con una acortada mentalidad, fue la peor decisión que escogió.
─ Inténtelo nuevamente ─ la voz del pequeño consejero alentó ─ Necesitamos irnos ─ pero el rey de los Goblins no movió la mano. Continúo con el ceño fruncido, la mueca desconcertante de fingida tristeza, totalmente negado a recibir órdenes de un súbdito. La pequeña lechuza, ubicada sobre el hombro de la narradora, temblaba de impotencia, porque tenía que tratar con ese ser, cuyos modales caprichosos, desbordaban a los demás en intolerancia. Movió las alas, buscando la treta perfecta. Jareth estaba acostumbrado a velar por la propia seguridad, y ese egoísmo acérrimo seria la clave ─ Necesitamos irnos, de lo contrario nunca retornara a su estado original, permaneciendo encerrado en este cuerpo el resto de la eternidad ─
Con esas palabras, tan bien acomodadas para deleitar al rey de los Goblin, este pareció despertar del caprichoso trance, acomodando la mano en la llave, la otra sobre el manubrio. Por supuesto, continúo sin pronunciar una palabra, demasiado orgulloso para ceder la razón a un simple consejero.
Esta vez, cuando el motor rugió, el rey de los Goblins no se atemorizo, apretando las teclas, sin saber cual correspondía a cual. Guiado por los impulsos y la anterior experiencia, la misma que condujo a un choque con la máquina de la narradora, consiguió salir del lugar, a tiempo, antes de que los caballeros convocados, pudieran rescatarla.
─ ¡Cierre la puerta cuando avanza por la calle! ─ se oyó en la distancia el chillido del consejero. Jareth avanzaba con la puerta del auto, abierta en efecto.
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