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IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

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IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por Stolen Girl el Sáb 20 Jun - 18:39

Recuerdo del primer mensaje :

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

No suele vestir colores oscuros, ni tampoco colores que podrían llamar la atención. Prefiere los colores claros porque son los comunes, los que todo el mundo tiene, que no llamarán la atención a la primera. Sin embargo, esa noche es diferente, un regalo de su padre que no puede pasar por alto y cuanto más tiempo lo mira menos convencida está de llevarlo. El pelo aún cae mojado sobre sus hombros, las gotas caen por su espalda pero no llegan al suelo. Lo mira de reojo através del espejo como si comenzase a reírse de ella, no se sentirá cómoda. No allí, en ese Ludus donde los invitados la miraran hasta que sea maleducado y puede que entonces se acerquen para hablar con ella.
Muerde el interior de su labio inferior. Puede no significar nada para alguien, pero ella no quiere llamar la atención ni crear falsas sonrisas, cambiar palabras con gente que no le interesa en absoluto. No quiere parecer adaptada pues en cuanto se adapte, quedará atrapada para siempre.

Espera a que se seque el cabello, antes de recogerlo. Lo recoge con dos horquillas simples en cada uno de sus lados, y al juntar ambos lados los une en una trenza que llega hasta el final de ambos cabellos unidos. No coloca la corona que su madre le había traído días atrás. Simplemente coloca una tirada dorada en cada mechón mezclándolos con las trenzas. El resto de su cabello con grandes ondas, como si fuese una cascada, cae en su espalda.

Coloca el vestido en su cuerpo Atykla la ayuda colocando la parte detrás de su cintura en la forma correcta. Su espalda está desnuda, aunque se pega a su pecho, la falda queda suelta en sus piernas. Gruñe mientras se observa en el espejo —Mi padre está desesperado por venderme, perdón...Por casarme— Atykla sonríe con suavidad. El humor de la niña aveces la sorprende. Siendo tan joven y tan oscurecida —Estas hermosa, muy hermosa Aina— Aina suspira con suavidad, llevando sus manos a sus hombros mientras Atykla coloca los pendientes en sus orejas —Perfecto— Es irónica, burlona. Estar hermosa es lo que su padre desea porque nadie se fijaría en una mujer sin desposar que se encoge, que es tímida o que no llama la atención.

Por suerte nadie se acerca para hablar con ella. Los invitados caminan de un lado al otro hablan y discuten de política y del puerto que deberán construir en la zona sur se cogen de las manos y bailan con la suave música dan vueltas y ríen, las mujeres se besan en la boca y se sonrojan como si hicieran lago que sus maridos pudiesen descubrir pero son los maridos los que sonrojan en mayor medida. Las copas doradas de vino recorren el salón. Los esclavos caminan, de un lado al otro, algunos de manera apresurada van a buscar la comida para la mesa y más vino para las copas.
Su copa apenas está vacía, solo ha dado dos sorbos desde que su padre la ha puesto en su mano. Se encuentra al lado de Atykla, que con las manos en su regazo y la cabeza gacha espera al lado de Aina.

De pronto, una mano estrecha la de ella tirando de ella hacía atrás. Confusa se gira con suavidad para no alarmar a nadie. No suelta su mano, si no que la hace girar frente a él, cogiendo a su vez la mano que sostiene la copa evitando así que el vino se derrama de ella —Marcus— Lo mira a los ojos. Ruge en su interior. El hijo del Senador Tiberio y ella con sus manos retenida Aina La saluda demasiado cerca. Se aparta de él lo intenta al menos Se que recibiste mi pergamino. Esperé tu visita hace una semana Aparta su mirada de él, incómoda, asqueada por su cercanía —¿Me devuelves mis manos?— Su mirada ha vuelto a él, señalando sus manos con sus propios ojos mientras la suelta terminando de apartarse —Contesté anunciando que no acudiría. No me culpes porque tuvieras esperanzas de que acudiría—
Es grosera, incluso fría, colocándose de lado a él. Escucha su risa y encoge su cuerpo ahora si, bebiendo de su copa Tan fría y cruel como siempre. Más te perdono, por ir tan bella esta noche. He oído los rumores de que tienes un gladiador personal Solo necesitaba escuchar la mención del celta para que su cuerpo se sintiera mejor.

Suspira con fuerza, han pasado varios días desde su conversación y aun siente el frío en su cuerpo —Por una vez, los rumores son ciertos, te llevaré a verlo si con ello satisfaces tu curiosidad— Y tal vez la dejase o ella pudiera escaparse de él. Alza su mano para que la acompañe y ella camina con su mentón alzado y la copa en la mano.

Llegan hasta donde se encuentran los gladiadores más recientes y e coloca frente a Mael. Vestido con un traje negro sin mostrar nada que hiciera a las mujeres suspirar. Apenas lo mira a los ojos —Es él. Su nombre es Mael— Lo presenta mientras los ojos de Marcus se entrecierran al mirar al celta Toda una bestia. Reconozco que estoy sorprendido ¿Te parecería si hablamos de esto en privado? Aina alza su ceja y lo mira de reojo. Sonríe burlona —No entiendo de que habría que hablar al respecto y menos en privado. Puedo decirle que se tape los oídos si no queréis que oiga algo— Bebe de su copa y hace una mueca alarga la copa hacía Marcus —¿Os importa? Se ha puesto caliente y no me gusta— Sonríe con suavidad y falsedad mientras este toma la copa y se aleja.
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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por she wolf el Miér 29 Jul - 3:23

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

Corrían y corrían, el viento azotando el rostro,  desbocados y frenéticos. Los gritos apenas fuero un sonido, ms bien un eco acompañando por la visión borrosa del mundo que los rodeaba.

Ellos no movían un musculo, el caballo los llevaba, galopando furioso, liberados finalmente en una noche. Pensaba en Ania, los brazos de ella sujetándola firme a al cuerpo de Medraut, el calor creado por ambos cuerpos creo confusión al principio, ahora solo era un motivo más para continuar con la carrera a través de los campos romanos, la luna podía adivinarla sobre ellos, observando en silencio.

Recorrieron una distancia antes de que el caballo se detuviera. Medraut sostenía las riendas para no caer, dejando al animal escoger el lugar de destino. Ninguno de ellos, tanto Ania como Medraut, sabrían adonde ir, incluso si mencionaran nombres de ciudades en países distantes, de alguna manera, bajo ese cielo, Britania estaba lejos e irreconocible.
Conforme los cascos del animal marcaban un ritmo tranquilo, Medraut fue capaz de encontrar otra vez la manera de volver a su cuerpo, a reconocer cada parte de este y el de su compañera.

El ritmo agitado de respiración, la boca seca, la mirada volviendo a la costumbre quieta de observar en vez de ver solo oscuridad borrosa en movimiento. Reconoció el calor de los muslos de Ania, recordando la tensión de sus manos de mujer recorriendo la espalda hasta encontrar cobija en su cintura.

Apenas respiro entonces, apenas respira ahora.

- ¿Estás bien? – murmura, girando la cabeza para verla, soltando una de las riendas para sostener la mano de ella, entre la suya. Los caballos son bestias preciosas, montarlos para unirse al mundo de las bestias y recorrer distancias incapaces de retornar al mundo con forma de hombre no cae bien para todos. La primera vez que él monto y el caballo galopo, casi cae del mismo aterrorizado.

Y no importa, si es su caballo y está acostumbrada, lo que hicieron está prohibido, capaz de costar demasiado para ambos. Necesita saber que Ania está bien, una necesidad incapaz de encontrar saciedad.

Los encontraran, tiene esa seguridad y no importa. Están libres, lejos. La lejanía del mundo era lo único en lo que Medraut creía en ese momento.

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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por Stolen Girl el Jue 30 Jul - 0:05

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

No escucha la llamada de su madre desde el balcón, ni ve la sonrisa amplia de su tía cuando la ve agarrada a su esclavo escapando a caballo de la Villa. Ni siquiera ve a los guardas llegar a la puerta y confusos no saber si seguirlos o continuar con su labor, porque no parece que haya sido raptada ni mucho menos. Pero ellos no pueden saberlo. Sin ver nada, ni escuchar nada Aina se aleja en ese caballo junto a él sintiéndose culpable por lo que sucederá en su regreso.
Es una inconsciente, porque quiere demostrarle cosas que no tendría porque demostrar. No es una enamorada que intenta que el hombre caiga a sus pies, sobre sus rodillas rendido por su valor y su fuerza. Es su esclavo no tiene que demostrarle nada, pero lo hace y pelea por hacerlo. En un constante tira y afloja sin que ninguno de ellos suelte la soga.

El caballo galopa por los campos de Roma. No corre hacía la ciudad amurallada, porque la Villa de Ania está lejos de la ciudad, lejos del bullicio. Los campos que se alzan tras ellos cerca de la costa permiten que Ania tenga un lugar al que mirar, al que escapar en sus pensamientos y ahora, escapa de verdad. Y con cada paso que da el caballo su culpa se desvanece, poco a poco y se transforma en puro bien. Su cuerpo se relaja mientras se estrecha al de él, su respiración se suaviza no tiene miedo al caballo o a caer de él.
Solo es sensación y siente.

No abre los ojos, no ve a donde va si van a una ruta segura o no. Ni siquiera ve cuanto se alejan de la casa. Mantiene sus ojos cerrados, su rostro pegado a la espalda de él. El aire golpea cada parte de su cuerpo, pero él calor de el lo contrarresta haciendo que el frío no la envuelva y la haga tiritar.
Cuando el caballo se detiene, avanzando lentamente Ania abre los ojos con suavidad, no sabe en donde se encuentra en primera vista y no parece preocupada por ello, ella que siempre ha de tener el control en sus manos. Una de sus manos queda envuelta por la de él, sintiendo esos dedos más seguros, más vivos que los suyos. No se molesta por ese tacto, ni siquiera hace el ademán de apartar su mano.

Asiente con suavidad, un par de veces —Ha sido...— Comienza con suavidad, una reflexión en su cabeza dicha en voz alta. Pero pronto calla, porque muerde su labio inferior con suavidad y la sonrisa amplia se dibuja en su rostro. Es una sonrisa sincera, alegre y tranquila. No es forzada, ni bromista, es real como lo son ellos dos en ese momento. Habría seguido hablando, pero alzó el rostro y su nariz rozó los labios de él para después rozar la de él mismo. Fue un movimiento involuntario, apenas percibió que se encontraban ambos rostros a esa distancia.

Enmudece, secándose su garganta ante ese fino tacto. Produciendo que todo su cuerpo se estremeciese aún pegado al de él. Los ojos de ella se clavaron en los de él y durante unos segundos se olvidó de respirar hasta que lo necesitó —...estoy bien—
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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por she wolf el Sáb 1 Ago - 3:18

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

No suelta la mano de Ania, bajo ningún concepto. Quiere mantener cerca el cuerpo de la muchacha cerca, con su calor de mujer cobijándolo. De repente, la necesita como nunca antes necesito a una mujer.

Estrecha la mano contra su pecho, la respiración ausente desde que los labios de ambos se rozaron. Ansió tocarla desde que la conoció, por salvajismo, en brutal represalia por el dolor causado con la mano del emperador romano.

Ahora que la piel de ambos encuentra un lugar en común, ahora que solo el cielo nocturno los protege y las paredes conteniendo sus espíritus desaparecieron, puede permitir que el hombre libre disfrute lo que ansia tanto.

Podríamos irnos, mas lejos  el hambre por libertad impide que piense con claridad. Ni aunque intentaran escapar, el caballo no es tan rápido ni podría soportar a ambos durante una intensiva carrera. Los encontraran, los hombres del padre de Ania los perseguirá a ambos y la excusa de un caballo desbocado apenas saciara los huecos en una historia inventada.

Respira con agitación, inspirando hondo para normalizar el ritmo, para conservar el calor perdido durante el escape. La noche es fría, realiza, los campos oscuros delante de ellos. Los ha visto en la mañana, dorados y lejanos, desde el Ludus. La incertidumbre lo conmueve, la sensación de estar desprotegido. Solo, habría burlado los sentidos y habría adelantado camino, continuando el camino donde quiera que este llevara. Pero estaba acompañado, Ania dependía de la precaución  que Medraut podía ofrecer. A ella podían dañarla, cuando a él ya nada le importaba.

-¿Dónde queda Siracusa? – pregunto de repente, recordando el nombre de ese lugar que ella menciono, en peleas pasadas. Quiere conocer el lugar donde Ania padeció la felicidad, antes de Roma. Quiere conocer sus secretos, sus risas y anhelos, para llevarlos a Britania, para calentar las noches de invierno con recuerdos - ¿Hacia el norte? ¿Sur? – señala los puntos invisibles en el horizonte, alegre de no haber olvidado aquel conocimiento básico. Tampoco olvido el idioma, ni la sensación de montar a caballo, hasta el amanecer. No ha olvidado, es un milagro de los dioses, que continúe respirando vivo durante el encierro, durante la pesadez que es la esclavitud. Una roca ardiente, quema las manos, hecha culpas.

Y no es la culpa de Ania. Nunca lo fue, pero mientras sostiene su mano con miedo de perder la única realidad física a la cual puede aferrarse, la lleva hasta el pecho, el interior de la mano sobre la piel desnuda.

No me dejes ir.

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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por Stolen Girl el Dom 23 Ago - 1:37

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

La confusión no se muestra en su rostro cuando le pregunta acerca de Siracusa. Donde se encuentra y mientras que la mayoría de las mujeres de Roma apenas sabrían señalar hacía donde se encuentra su propio hogar Ania conoce donde está Siracusa. Lejos de Roma, lejos de ella, al este del Mar donde ellos se encuentran. Sus aguas son de puro cristal y las arenas de sus playas es fina que no raspa si no que acaricia la piel desnuda. Y sus calles son sanas, bellas donde la esclavitud no llega, donde el dolor de las arenas no es visible. No hay guerras solo política que los Importantes de la ciudad se encargan. Barcos entran y salen de la ciudad, mercaderes y también mercenarios que acuden a comerciar.
Las noches iluminadas por finas velas que esconden manos unidas, secretos y amantes en las esquinas. La biblioteca de la ciudad no queda lejos de donde su tía viva, a pie de la playa.

Ania se despertaba con el ruido de las olas al chocar contra la orilla de la playa. Con la sal pegada a su piel, abría sus ojos y simplemente, sonreía.

Al este. Ania vuelve a donde se encuentra, sobre su caballo lejos del Ludus de su padre tras su esclavo, huyendo de la fiesta del Ludus. Aparta la mano que él ha envuelto sobre su pecho y con suavidad desliza sus dedos por el brazo de él, sintiendo su calor con cada roce de su piel contra la de él, hasta que envuelve su antebrazo moviendo su mano y señalando así el este —Solo puede llegar a ella en barco. No está unida a la tierra de Roma— Apenas unas horas es lo la separa. Las horas que convirtieron a Ania de vuelta en esclava.

Traga saliva dejando caer su mano sobre el costado de él, apretando en su mano la tela que envuelve el cuerpo de él —Al igual que tu hogar— Apenas quedaban unas semanas. Ambos volverían a donde su corazón latía, al menos él. Ella podría continuar bajo las manos de Roma, todo el tiempo que fuera necesario todo el tiempo hasta que su padre la desposase finalmente con un romano.

Cierra sus ojos, con suavidad siente el viento golpear con suavidad sus mejilla. Sus cabellos hondeados por el fino viento hacen cosquillas en su mejillas y la tela que envuelve su cuerpo la acaricia. Cuando abre los ojos teme volver a estar en el ludus, en un balcón sintiendo ea brisa y si se gira volverá a la fiesta, donde sonreír es una obligación. Y debe volver, porque a ella la perseguirán todo un ejército podría hacerlo si su padre quisiera y no tendría a donde ir —Podrías regresar ahora— Anuncia tras aclarar su voz —Yo...inventaré que me usaste para escapar y que no se hacía donde has escapado. Enviaré a Cricus con monedas para que puedas subir a un barco— No más desafíos, no más encarcelamientos. No soportaría miradas de odio, de reproche. Ni gestos que hagan latir con fuerza su corazón. Guarda silencio, enmudeciendo de repente tras morder su labio inferior.

Baja su mirada. Se siente como una niña estúpida, que no sabe lo que quiere y lo quiere todo. Lo quiere lo más lejos que pueda pero pensar en ello la hace estremecer —¿No lo deseas? No tendrás que luchar, ni esperar más— Al subir su mirada se encuentra con la de él, palideciendo traga saliva con fuerza.
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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por she wolf el Dom 23 Ago - 2:52

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

─ No ─ responde con fiera determinación. No volverá a Britania y tal vez deba dejar ir ese sueño. Ya no puede volver, porque pertenece a una muchacha que lo fascina, que lo hunde en desesperación y furia, en placer retenido y sufrimiento por los deseos incapaces de materializarse.

No va irse. A ningun lado, mientras ella permanezca encerrada a merced de hombres que no la merecen ni respetan. Lamenta la ausencia de tierra para llegar a Siracusa. Podrían ir, podrían escapar y no volver. No quiere volver, ya no existe un lugar que lo espera y la única persona que lo mantiene aferrado, es Ania. En una ciudad que odia, enfrentando situaciones humillantes, el terror.
¿Donde podrían ir, entonces? ¿Qué lugar los albergaría?

─ No voy a ir a ningún sitio. Soy un perro leal, Ania. ─ demasiado hambriento por tu alma ─ No dejare a mi ama sucumbir ─ ni siquiera reconoce quien es, ciertamente sabe que en ese momento, el antiguo Medraut desapareció. Ausente, para defender los últimos resquicios de dignidad.

¿Quién vengara a las hermanas y padre? ¿Quién asesinara romanos para saciar un vacio que es imposible de llenar?
Los amo, a cada uno de ellos. El único reclamo que cargara será la facilidad con la cual se entrego al enemigo, cuando este abrió las puertas y lo dejo entrar.

Ania sería el castigo, y la bendición.

La ira desaparece junto con el viento. Las manos de ella lo tocan y aprieta los puños que sostienen las bridas, nudillos pálidos. Cuanto desearía poder quererla como hombre libre. La esclavitud merma sus deseos, dejándolo convertido en una criatura de ira contenida, un animal azuzado para luchar en orden de ganar un plato lleno con huesos para roer.

El frio de la noche, ya no congela sus huesos ni tensa los músculos. Están lejos del Ludus y no es capaz de apreciar la belleza de la madre tierra en ese momento, concentrado solamente en ellos dos. Como es posible que solo exista el calor del cuerpo de la muchacha y ese gesto de la mano, suave, adormeciendo una bestia como él.

Ya no es un simple hombre. Cree que se ha convertido en algo complejo y extraño para un simple mortal.

Medraut mantiene la vista fija en el horizonte oscuro, intentando permanecer en ese estado de absoluta inocencia, aun cuando sabe que detrás, el padre de Ania vendrá por ellos. Tal vez, en este instante, no. Estarán preparando los caballos, gruñendo órdenes, desbarato la orgia y enviando a los invitados a casa. Imagina la cara pétrea del hombre que la acoso, hirviendo rabioso ante la posibilidad de que otro ─ un simple esclavo ─ huyera con una mujer que toma por pertenencia.
Pertenezco a ti

La realización de esa situación, quito el aliento. Un golpe en el estomago, doloroso y real.

Soy tuyo

El sabor de sangre en la boca, la derrota final.

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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por Stolen Girl el Dom 23 Ago - 3:45

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

Apretó con más fuerza la tela que sostenía en su mano cuando la respuesta de Mael llegó hasta sus oídos. Alzó su vista, con su respiración acelerada y el corazón en su mano. Pues no creyó oír bien. No creyó oír una negativa por parte de él, no cuando le había abierto las puertas de la libertad sin haberlo pedido sin derramamiento de sangre. No lucharía en unas semanas por nadie, no tendría que vivir la vida de un gladiador.

Sus ojos no se apartan de los de él, confusa, intrigada y una vez más sorprendida. Porque solo el puede sorprenderla con algo que no espera. No cree que haya sido una negativa, su imaginación la engaña, en su fantasía quien ha gritado ese no por él, lo que sus oídos quieren escuchar.

Porque es una niña egoísta. Quiere que sea libre, porque Ania no tiene esclavos, porque Gaena los ayuda, les da de comer y los cuida. Pero no quiere verlo partir con la libertad bajo el brazo, pues ella aún tendrá la cadenas rodeando sus muñecas porque ella no será libre como él lo será. Porque no quiere verlo marchar. Porque es su esclavo.
Porque quiere que sea suyo. No libre.

Sin embargo las palabras llegan a sus oídos. No lo ha escuchado. Ha renegado de su libertad y eso hace que su rostro se torne en confuso incluso en enfado ¿Por qué? —¿Sucumbir?— Sus palabras la confunden, la enloquecen una vez más. Ha renegado de esa libertad por la que tanto ha gritado sin medir sus modales como esclavo ¿Y ahora quiere quedarse a su lado? No lo piensa cuando se baja del caballo, apoyando sus pies en la tierra —¿Por qué? No. No lo entiendo— Niega con suavidad —Te. Te estoy ofreciendo la libertad sin que tengas que luchar. La libertad que tanto ansías— Lo mira alzando su rostro —Odias este lugar, odias a los romanos...Me odias a mí— Las últimas palabras hacen que su voz suene rasposa. Dolida.

Pues duele que odien por haber nacido con privilegios. Por nacer bajo el estandarte del águila.

—¿Por qué....si quiera te preocupas por mí? Deberías de escapar, volver a tu hogar ¿Por qué querrías quedarte?— Ansiosa por la respuesta. Ansiosa por conocer el porqué y temerosa del mismo. Ansiosa por volver a ser Gaena, la que envuelve en su abrazo y protege como un fiel esposo y no como un fiel esclavo, un perro como él mismo se ha denominado. Ansia ser Gaena, quien no tendría que preguntarse el porqué pues pensaría que es por ella.
Pero Ania no tiene esa libertad. Porque odia a roma, a los romanos. Ella le puso las cadenas, lo eligió de entre todos a él porque con una sola mirada comenzó a desafiarla.
Porque ella no puede odiarlos, pero odia las cadenas que rodean sus muñecas.

Se acerca al caballo, agarra las riendas del mismo mientras lo mira. No quiere oír la respuesta, teme que hable del orgullo del gladiador de salir de la arena con honores. Teme que quiera luchar, morir en el intento de obtener su libertad. Porque no podrá liberarlo antes. Una de sus manos se cierne sobre las riendas, la otra se apoya en la base de su cuello, en su clavícula.

Su corazón late contra su pecho con fuerza cuando agacha su mirada mordiendo su labio inferior. Soltando las riendas camina de lado —Debemos volver— Susurra apoyando sus manos sobre el caballo para volver a subirse.
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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por she wolf el Dom 23 Ago - 15:59

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

Más tarde, Medraut se preguntaría cual fue el motivo por el cual desmonto. En ese momento, se sintió embargado por una sensación incontrolable, parecida a la furia y distinta, en la suavidad.  

Ania parecía escapar de él, alejándose del contacto físico, negando las palabras que Medraut menciono. Estaba enojado, porque ella parecía no entender cuanto costo decidir finalmente sus elecciones.

Estaba enojado porque ella lo rechazaba e invitaba a la libertad, a una vida lúgubre y propia, pero acosada por los recuerdos del pasado.

─ No comprendo. Creí que querías tenerme para siempre, aquí ─ reacciono, con demasiado ímpetu, interponiendo el cuerpo entre la muchacha y el caballo. La violencia de tal comportamiento, era desconocida para el joven celta y alteraba su comportamiento pero no pensaba arrepentirse de ello.

Ania estaba costando dignidad y libertad, para dejarlo con dudas, para continuar pretendiendo que ella no entendía las elecciones de Medraut.

Claro que la odia. Ania está para contradecirlo y confundirlo, para arrastrarlo a pensamientos distorsionados. Continua pensando que debería ser una Domina como otras. Golpearlo, sodomizarlo, consumirlo y dejar los restos bajo el ardiente sol del verano.

─ Es cierto, te odio, pero no quiero matarte ─ alzo las cejas, gesto físico de la creciente necesidad por ganar aquel debate, hacer de ese arroyo que eran ambos un lugar sin dudas ni entorpecimientos ─ Y tú me odias a mí, de la misma manera que el Sol evita a la Luna. Es inevitable y cruel, pero es real y no significa que por ese motivo, acepte dejarte ─ puntualizo, aterrorizado por esa declaración.

Sin Ania, la vida seria cruel, tanto en el Ludus y en su calidad de esclavo, como en el hombre que dormía en el cubículo del alma. Las razones por las que Medraut necesitaba a Ania eran incomprensibles, pero el hombre oculto conocía los motivos y los defendía.

─ Ambos llevamos cadenas y que solo uno de nosotros disfrute la libertad, no parece justo ─ frunce el ceño, el corazón palpitando desbocado, la confusión provoca dolor de cabeza.

Soy tuyo

¿Eso no era lo que ella quería?

Alza la mano, esta temblando. La parte física de las relaciones lo aterro desde que creció y entendió lo que hacían los hombres con las mujeres. Es diferente, en esta nueva situación, se dice a sí mismo, con cada centímetro acortado. Acaricia la mejilla de Ania, pálida bajo la luz de luna y repite, es diferente, la desea, y debe corresponder, crear la respuesta para disipar las dudas.

Para quedar marcado con la esencia de su Domina.

El toque, lo deja sin respiración, una combinación dispar entre querer y temer.
La atrae a su boca, cerrando los ojos hasta que solo ve puntos blancos, dispares y la calidez de los labios de Ania contra los suyos. Ya no tiembla, el calor ajeno lo embarga. Soño tantas veces con tan simple accion, aunque en esas divagaciones la crueldad lo embargaba y devoraba con ansias la boca de la muchacha, cada espacio de su cuerpo, pretendiendo corromper con violento deseo, pretendiendo acallar el pasado.

Es diferente.
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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por Stolen Girl el Dom 13 Sep - 19:07

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

Cuando se interpone entre el caballo y ella sus pies dan dos pasos hacía atrás. Regresan porque no quiere tocarlo ni quiere sentir la calidez que la embriaga, la misma calidez que la envolvió en día del mercado cuando juró que era su esposo y que la protegería de los soldados. El calor de sentirlo tan cerca. Tan suyo. Ella no era así. Jamás quiso que nadie fuera suyo con tanta ansia.
Ella no era así.
Pues tenerlo para ella era todo su deseo. Deseaba decir con claridad que era suyo que todo el mundo lo comprendiese. Que él lo supiese, que lo aceptase. Que ella era su ama, su dueña. Pero era eso lo que la asustaba. Esa no era ella.

Y las palabras de Mael la confuden, provoca que alce sus manos a su rostro y oculte sus facciones entre sus manos. Porque no comprende como puede despreciarla y querer permanecer a su lado bajo el riesgo de la muerte en la arena. Si no hubiera superado la prueba sería su esclavo, no su gladiador.

Se habría marchado a pie de haber estado más cerca. De haber sabido por donde volver al Ludus. Sus palabras hacen que ella se gira con brusquedad. Que lo mira confusa pero a la vez excitada, no de una manera sexual ella no se parece a las Dominas que desean un hermosa esclavo que las monte. De una manera sentimental lo contempla. La odia pero no quiere dejarla, no es su deseo. Y el de ella, lo odia y desprecia casi tanto como a Roma porque es desobediente porque la provoca enloquecer. Porque desea tanto que sea enteramente suyo que solo puede despreciarlo.
El sentimiento que nació el primer día cuando la mira desafiante por primera vez. Cuando al colocar la capa sobre su cuerpo rechazó su gratitud desafiándola. En ese momento, quiso que fuera enteramente suyo.

—Mael...— No lo llama por su nombre. Es el nombre de un hombre libre y él no es. No quiere serlo —Roma no es justa, pero yo puedo vivir en ella— Lo mira a los ojos —Solo serás mi esclavo. Debes de ser un hombre libre— Para que pudiera perderlo de vista, olvidarlo y no desear poseerlo. Dejar de desear que sea solamente suyo.

Pues lo desea. Iugal que deseo su siguiente gesto desde el primer día que lo vio.
Y jamás lo deseo con anterioridad.

Jamás deseo que un hombre la tocara o que la besara. No hasta entonces. No hasta aquél día.
Y cuando la mano de Mael acaricia su piel, toda ella se eriza como su in trueno hubiera caído en su cuerpo. Vuelve a sentir el mareo que sintió en el mercado, en ese pequeño callejón cuando sintió la respiración del hombre bajo la yema de sus dedos. Respira y no lo hace, con dificultad intenta hacerlo. Pero se olvida de ello, incluso del caballo del Ludus o de que los estarán buscando.
Porque todo lo que siente es el calor, el deseo corriendo por su cuerpo. El deseo de poseerlo.

Al principio no corresponde al beso, sin moverse de esa posición deja que sus labios se junten más cuando ambos labios están unidos no duda en acercarse al cuerpo del hombre. Quedando de nuevo, atrapada en su cuerpo, corresponde a ese beso saboreando sus labios, entreabriendo su boca y apoyando sus manos en el pecho del hombre vuelve a sentir su corazón desbocada como el de un caballo tras una carrera.

Su cuerpo tiembla. Pero no es de frío y suspira contra sus labios cuando vuelve a besarle, subiendo una de sus manos hasta los rizos de su cabello dejando que su mano se enrede en los cabellos de su nuca. Lo saborea porque es suyo y jamás ha sentido algo parecido.
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Re: IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?

Mensaje por she wolf Ayer a las 21:01

IV— All this Bad Blood here, won't you let it dry?
por la Noche — En en Ludus — El ludus e Invitados

Ania es el centro del mundo, el mismo donde orbita, concentrado en la suavidad de los labios femeninos, el sonido grave que escapa de la garganta, un gruñido repentino, natural. Las manos del joven celta descienden por el pálido cuello, acarician los finos hombros, encontrando el destino final en la oscura cabellera, enredando los dedos, presionando la nuca para atraerla hasta unir las respiraciones, la lengua del celta presionada contra el paladar, demasiado tímido para rozar la piel ajena, resistiendo en la propia piel.

Es distinto a las violentas fantasías, es diferente la emoción agolpeada en el pecho. Es el designio de los dioses, la sensación de estar unido a ella por un motivo enorme, el mismo que esta fuera del alcance humano. El plan divino, dos almas partidas de una misma estrella.

Debe quedarse, con ella, en esa tierra maldita que todavía odia. Debe entregarse completamente.

Soy tuyo, siempre lo fui.

─ La libertad proviene de diversas formas ─ habla finalmente, respirando al separar los labios, uniendo las miradas en la oscuridad, recuperando la esencia, desconociendo el lugar de procedencia de ese pensamiento. Quiere estar con ella, soportar lo que la vida envié. Podrán soportarlo, podrá sobrevivir, es un hecho demostrado─ Y los esclavos deben aprender, las cadenas limitan el cuerpo, pero el alma continua libre ─ cierra los ojos, las narices se tocan ─ Solo quiero estar contigo, déjame, no contradigas mis palabras esta vez ─ aspira el aroma de mujer y de noche impregnado en la boca contraria, la mano sobre la mejilla cae despacio, acariciando el brazo desnudo, contacto que estremece, desea más piel para acariciar. Medraut quiere todo de Ania, entregar todo de si a ella.

El momento de ternura sentimental, los mantiene ajenos al temblor de la tierra producido por los cascos de caballos, cuyos jinetes guiaban la búsqueda de Ania y del esclavo fugitivo.
Lamentablemente, ninguno de ellos es libre y para lograr serlo en un mundo despiadado, todavía deben luchar.

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