Últimos temas
Afiliados
|
Directorios
|
Créditos
La idea y fundación de Skipping Stone es de la antigua usuaria y administradora Aqua. Diseño de gráficos y redacción de normas, guías, etc, corre por parte del Staff. El skin, el tablón de anuncios, los perfiles y el tablón de afiliados han sido diseñados y cedidos al foro por Oswald. Las imágenes no nos pertenecen, han sido recolectadas en Deviantart en especial de faestock, So-ghislaine (dados) y webvilla (medallas), moon0727 (png Sherlock Holmes), andie-mikaelson (png Raven Reyes), Tube danimage (png Lagertha) y el tumblr fandomtransparents (png Sansa Stark). Damos también un agradecimiento en especial a los foros de recursos Glintz y Serendepity cuyos tutoriales han ayudado a crear las tablillas.
|
|
Hermanos
|
Élite
El pasado siempre nos alcanza
Página 1 de 1. • Comparte •
El pasado siempre nos alcanza
Deja de fingir
1x1 | México | 2015-Sobrenatural/Fantasía
Janet Salazar no siempre fue tan agraciada, ni tan afortunada, desde hace unos años se había vuelto una persona dura de carácter y quizás un poco más caprichosa de lo normal. Provenía de una familia sencilla de campo, a la que siempre odio, ella pensaba que el mundo estaba esperándola para rendirse ante ella. Cuando hubo la oportunidad huyó hacia la capital, tenía el talento para decir lo que nadie más se atrevía y desde niña sabía que tenía el poder para cantar y lo aprovecho.
Sin embargo había una persona que por alguna razón era su único contacto con el pasado era Francisco Torres, un amigo de la infancia y podría decirse que fue su crush de la niñez. Torres decidió quedarse y vivir la vida de forma más tranquila, todo parecía estar en orden en el campo, hasta que extraños sucesos, sobrenaturales comenzaron a inquietar a la población, los niños de diferentes familias comenzaron a desaparecer y la leyenda cuenta que es un misterioso espíritu que busca redención, desafortunadamente todo esto se terminará liando tanto con Torres como con Janet. Francisco comenzó a involucrarse de más en todas las desapariciones, no sólo por el bien del pueblo, sino por el interés de ayudar a quien lo necesite, sin embargo, encontrará cosas que no le van a agradar nada.
Sin embargo había una persona que por alguna razón era su único contacto con el pasado era Francisco Torres, un amigo de la infancia y podría decirse que fue su crush de la niñez. Torres decidió quedarse y vivir la vida de forma más tranquila, todo parecía estar en orden en el campo, hasta que extraños sucesos, sobrenaturales comenzaron a inquietar a la población, los niños de diferentes familias comenzaron a desaparecer y la leyenda cuenta que es un misterioso espíritu que busca redención, desafortunadamente todo esto se terminará liando tanto con Torres como con Janet. Francisco comenzó a involucrarse de más en todas las desapariciones, no sólo por el bien del pueblo, sino por el interés de ayudar a quien lo necesite, sin embargo, encontrará cosas que no le van a agradar nada.
Personajes
Janet Salazar| Susana Zabaleta | 47 años | Dark Moon | Francisco Torres |Pedro Pascal| 42 años | Umbral |

- Mater Halloween:

Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
Las hojas del otoño volaban a voluntad del viento, sus caprichos las llevaban a cualquier lugar donde soplara, se arremolinaban bajo los árboles, en las puertas de las casas de madera de los habitantes del pueblito, en las herramientas que serían utilizadas al día siguiente, en los pies de Francisco.
Los ojos de aquel campesino estaban llenos de dolor, de angustia, de miedo. Sus ropas sucias indicaban lo tanto que había trabajado buscando a su pequeña, sus botas llenas de barro, su camisa desteñida llena de polvo y sus manos arrugadas, cubiertas de tierra y heridas.
—Ayer salí con ella a pescar, yo sólo había ido a orinar tras los árboles, sabe usted— bajaba la vista cada vez que recordaba los hechos, una lágrima se distinguía en sus ojos humildes.
Francisco Torres lo miraba con tristeza, sabía lo doloroso que era perder a alguien, porque también había perdido a una amiga una vez, a alguien que había decidido despegar del campo, hacia nuevos horizontes, no era lo mismo, pero era una pérdida al fin y al cabo. Quería seguir indagando, las pistas que lo llevaban a la niña perdida eran muy pocas y la policía había dejado el caso a un lado porque había sido irresponsabilidad del padre al dejarla ir.
—Don Aurelio, entiendo lo que significa vivir algo así, pero necesito saber qué más vio en ese lugar, ¿habían más personas que le llamaran la atención?— su miraba expresaba la incomodidad de preguntarle esas cosas en medio del dolor, pero necesitaba buscar información acerca de la extraña desaparición. Habían sido días de búsqueda, pero sin algo seguro no iba a ningún lado.
—No recuerdo nada, don Francisco, sólo el grito de mi Fernandita, no lo podía soportar, fui corriendo donde ella y ya no estaba, busqué toda la tarde y no la encontré— no aguantaba más, se quebró y comenzó a llorar como un niño, se tomaba la nariz con su dedo y agachaba la cabeza, no quería que su entrevistador lo viera así.
Francisco posó la mano en su hombro y se acercó a él.
—Señor, tenga por seguro que la encontraré. Si recuerda algo no olvide en llamarme, me ayudaría mucho— sabía que no había caso seguir preguntando, el anciano no recordaría nada por el shock y la ola de emociones que estaba viviendo —Espero que esté mejor, seguiré buscando, con permiso.
Mientras aquel hombre de cabellos negros y canoso en la sienes se retiraba para seguir investigando, el anciano lo detuvo con una voz exaltada.
—¡Espere! Recuerdo algo. Armando Ramírez me dijo que la noche anterior había escuchado ruidos en el bosque frente a su casa y una mujer gritaba— terminó diciendo por fin, creando una esperanza en los ojos de Francisco.
Habían pasado días de aquella entrevista, estaba esperando en la silla de la casa de Armando, el contacto que había conseguido de aquel padre destrozado. Esperaba encontrar pistas más concretas con respecto a aquel hecho, pero el hombre se demoraba y su esposa lo había dejado esperando mientras ella iba por té.
Mientras escuchaba el sonido del reloj sonar, recordaba a aquella amiga que había partido lejos, dejándolo a él y todas esas experiencias cuando niños en el campo que los había visto nacer y crecer juntos. Francisco tenía una vida estable, era un agricultor exitoso y el dinero no le faltaba, pero no podía quedar tranquilo si habían personas que necesitaran algo en el pueblo, transformándose en una especie de héroe de la caridad local, ayudando económica y personalmente a quien lo necesitara. Ella había partido a la capital a buscar mejores oportunidades en el canto, era talentosa y él se lo había hecho notar. La última vez que supo de ella, había sido en un periódico local, donde anunciaba que pronto iría a dar un concierto a su pueblo natal, donde estaba Francisco. Estaba ansioso por reencontrarse con su querida y algo más amiga de la infancia e inconscientemente, esperaba que ella lo ayudara con lo que sucedía en el pueblo, recordando aquellas aventuras cuando niños, imaginando que eran detectives e investigaban diferentes misterios del pueblo, cosas pequeñas, cosas cotidianas.
Hace unos meses había comenzado una ola de desapariciones de niños que no superaban los 12 años, hombres y mujeres. Habían desaparecido en extrañas circunstancias y de la misma forma: en el bosque cercano al pueblo, mientras estaban cerca del río. Las autoridades habían sugerido no acercarse al lugar por precaución, comenzando a detener a cualquiera que fuese visto en los alrededores con una identidad sospechosa. Francisco sabía que no era un rapto de niños ordinario, había algo más oscuro y estaba dispuesto a descubrirlo.
Francisco Torres | Pueblo | Atardecer | Con campesino local
Última edición por Umbral el Vie 18 Sep - 8:42, editado 1 vez

- Mater Halloween:

Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
Cuando uno huía de la vida, esta se cobraba una factura extensa y cruel; veinte años habían pasado desde la última vez que había pisado ese lugar y ahora coincidía que tenía que volver ahí; no porque tuviera muchas ganas, pero si por razones de trabajo; nadie de su staff sabía que esa era su tierra natal; arriesgaba mucho al momento en el que acepto presentarse en aquel teatro del pueblo; después de todo quizás algunos podrían reconocerla con todo y el paso de los años.
Sin embargo, ella sólo deseaba ser reconocida por alguien, esa persona que en una ocasión le había dicho que aprovechara su talento y le tomó la palabra muy enserio.
El viaje, se estaba tornando muy largo para ella, ataviada con un vestido elegante en rojo y con una copa en la otra, observaba por la ventana como poco a poco se iban alejando de la ciudad, la sonrisa con la que normalmente andaba por la vida, en esta ocasión era muy difícil de mantener; un pequeño dolor en su corazón se anidaba y daba molestias; el regresar a sus orígenes le recordaban quien pudo ser y le hacían odiar en que se había convertido, suspiro pesadamente y tomó de golpe el resto del vino que quedaba en su copa de cristal.
Al poco rato el sueño la venció y mientras se supone que su mente tenía que distraerse, llevarle a otro lado su pasado seguía acosándole, maldijo el día en el que se enteró de este compromiso, eso era, un simple contrato que debía cumplir con la feria de ese lugar; al abrir los ojos, se dio cuenta que ya estaba ahí, tomo aire, mientras cerraba los ojos, abrió la puerta del auto y al salir de nuevo la sonrisa falsa estaba en su lugar.
Había unos cuantos medios esperando su llegada, concedió fotos, entrevistas y conforme avanzo hacia el lobby del hotel, observó a su alrededor, pero no había señales de él, para su fortuna o quizás desgracia, el recital era dentro de dos días, tenía tiempo suficiente para preguntar por él, aunque también existía una gran posibilidad de que Francisco ya no viviera ahí.
Una sonrisa amarga, pasó por su rostro un par de segundos, para después entrar por completo al edificio, permaneció un rato en su habitación, era algo diferente a lo que estaba acostumbrada, sin embargo, había tranquilidad y era lo que necesitaba en ese momento, se cambió de ropa por algo más cómodo, un par de jeans y una blusa holgada; una gorra y unos lentes esperando que eso la hiciera pasar desapercibida en el infi... digo pueblo.
La primera parada, deseaba ir a visitar la tumba de sus padres, era lo mínimo que podía hacer, ya que se había negado a venir a ambos funerales, en su camino, por momentos se detenía a ver los lugares que había frecuentado de niña, que habían cambiado o de plano estaban cerrados, su corazón se encogía; pero era una combinación de nostalgia y los recuerdos que encerraban para ella.
Antes de tomar el camino al cementerio, a tres calles se encontraba la otra desviación y algo prolongada para llegar a la casa de Francisco, Janet se preguntaba si era un buen momento; aunque otra pregunta saltó a su mente; ¿Y si está casado? Y yo estoy de impertinente o de inoportuna... se preguntó a si misma.
Y si no se encuentra en su casa...
Honestamente pretextos le sobraban a la mujer; cuando le pareció escuchar que le llamaban, recargó su peso sobre su pierna derecha y se dio la media vuelta con un poco de pesar, deseando no saber lo que estaba a sus espaldas.
Janet Salazar | Pueblo | Atardecer | Con Francisco Torres
Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
—¿Un vestido blanco?— la voz de Francisco demostraba la sorpresa de aquella noticia, no se esperaba algo así. Era muy poco frecuente ver a personas vestidas totalmente de blanco en el lugar a menos que se fueran a casar.
—Sí, señor. Era una mujer delgada, de blanco. La vi en la noche, le pregunté qué hacía allí afuera y desapareció, fue raro— respondió el hombre, quien se sacaba su gorro para rascarse la cabeza.
—Comprendo, ¿sabes si había un auto sospechoso en el lugar? ¿O que caminara hacia un lugar en específico cuando le habló?— anotaba rápidamente en su libreta, casi sin mirar y mantenía los ojos muy abiertos frente al hombre calvo que tenía enfrente.
La información que había reunido de aquel contacto era valiosa, pero no era lo que esperaba escuchar. No confiaba totalmente en aquella versión, pensaba que podía haberse confundido con alguien del sector, pero a esa hora pocos están despiertos fuera de sus casas. Le había parecido todo extraño y el señor no parecía estar mintiendo.
Salió de la casa, determinado a encontrar alguna pista de las desapariciones ¿Qué conexión tenía aquella mujer de blanco con los niños perdidos? ¿Quien podía andar de blanco con un vestido de novia en el bosque? Pensó específicamente en el vestido, pensó en boda, así que decidió ir a la tienda local de ese tipo de prendas.
Cuando se dirigía por la calle, sintió un olor familiar, lo que detuvo todos sus pensamientos sobre las desapariciones y lo obligó a evocar un recuerdo, un recuerdo valioso en su memoria. Era el recuerdo de Janet, aquella amiga de la infancia que lo había dejado en aquel pueblo hace años atrás. Levantó la vista lentamente y vio la silueta de una mujer, una mujer ajena a todo el paisaje que se distinguía en el pueblo. Vestía ropa elegante y su peinado le parecía muy refinado, no era de allí, eso era seguro.
Sintió un fuerte impulso de familiaridad con aquella persona, su corazón se aceleró y sus ojos se abrieron de par en par, su boca estaba semiabierta, con una impresión de incredulidad en su rostro ¿Podría ser ella? ¿Podría...? Sin pensarlo más, esbozó una leve sonrisa junto a la apertura de su boca, le costó emitir las palabras, pero lo hizo al fin.
—¿Janet?— su voz se entrecortaba, pero se logró distinguir lo que había dicho, con ansiedad y nerviosismo en su sonido.
Ella se giró lentamente, mágicamente, con su hermoso semblante citadino, con su halo de elegancia, alienada de todo el alrededor. Sus ojos se encontraron en el aire, se cruzaron entre el viento y las hojas otoñales, el rostro de Francisco aún no cambiaba su expresión de incredulidad, no dando crédito de quién estaba en frente. Habían pasado los años, pero él la reconoció; tenía los mismos ojos ambiciosos, los mismos labios que cristalizaban la sensualidad misma, ese cuerpo firme, ese semblante femenino, curvilíneo, con autoridad. Era ella, era su amiga de la infancia, era la que tanto se imponía en sus recuerdos, era Janet.
Francisco Torres | Pueblo | Con Janet

- Mater Halloween:

Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
La mujer sabia perfectamente quien estaba detrás de ella, aún recordaba que el era más alto, mantuvo la mirada baja mientras se quitaba los lentes y después le dirigió la mirada.
El primer pensamiento que pasó indiscretamente por su cabeza era el hecho de que Francisco aún era guapo, y como reflejo una sonrisa apareció en su rostro.
La misma... - dijo mientras su sonrisa seguía en su lugar, dio una vuelta, como si estuviera orgullosa de quien era, aunque eso no era del todo cierto.
Las palabras parecían sobrar en ese intercambio de miradas, aunque el silencio también se sentía un poco incómodo.
Yo... - ante esa sílaba su voz se suavizó, Janet se dio cuenta de ello, lo que le hizo recordar su personaje, aquella pose que tanto le costó fabricar.
Quiero decir, que voy a visitar la tumba de mis padres... - dijo en un tono un poco más severo e incluso quien no la conociera podría pensar que sonaba engreída.
De nuevo escuchaba las voces en su mente que le reclamaban que si ese era su primer comentario después de 20 años sin verlo a él.
Negó levemente y sin importarle lo que pudiera pasar o decir, inmediatamente, abrazó a su amigo con fuerza y recargando su cabeza en su pecho.
Unos segundos después, sacudió la cabeza y salió de sus pensamientos, su mente era una pequeña traviesa, que confabuló con sus sentimientos e idearon la reacción perfecta, pero que sin duda Janet no llevaría a cabo.
Pensé que ya no estarías aquí... - continuó con su pose de superioridad; recordó como en el pasado, unas cuantas veces ambos discutieron sobre mudarse o no a la ciudad.
No podía evitar ponerse nerviosa, después de todo, la vida no había sido tan generosa con ella y los años parecía que no habían pasado en vano.
Ofreceré un concierto en dos días... - dijo después de una pausa y para matar el incómodo silencio- Y probablemente me quede más días.. - se encogió de hombros, mientras buscaba las palabras ideales para decirle, que quería que fuera su invitado especial la noche de su presentación, pero su orgullo y el temor al rechazo hacían que su actitud pareciera más arrogante de lo ya era.
Janet Salazar | Pueblo | Atardecer | Con Francisco Torres
Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
Aquel abrazo no se lo esperaba, sintió toda la emoción de su amiga, de su compañera de siempre. Un contacto tan cálido, tan lleno de energía, de nostalgia, de felicidad y recuerdos, había roto aquella figura ajena al mundo que la rodeaba, había vuelto a ser la niña que conocía, la niña emocional, impulsiva y feliz, pero sólo por un momento.
Cuando volvió en sí, ella había vuelto a adquirir su semblante elegante y actuado, forzado. Francisco reaccionó luego de algunos segundos y apretó fuertemente a Janet, quien se liberó rápidamente. Su sorpresa había durado algunos minutos y aún le costaba creer que la tenía enfrente, en persona, luego de haber cumplido su sueño, luego de haber seguido sus deseos.
—Yo también pensaba lo mismo antes, pero aquí estoy, como un buen habitante del pueblo— carraspeó al inicio porque la voz no salía—¿Un concierto? Sí que te has vuelto muy famosa, te vi en el periódico y te reconocí, aún tienes esos ojos que brillan tanto— lanzó una leve carcajada, mientras se le formaban dos margaritas en el rostro, evidenciando su autenticidad.
La miró de arriba a abajo y su rostro se llenó de asombro al apreciar la apariencia elegante de su amiga.
—¡Wou! Has cambiado mucho, ¿qué pasó con tus vestidos de colores y de trapo?— su voz ya no estaba nerviosa y demostraba confianza y cierto grado de travesura, como recordando los viejos tiempos.
Cuando niños se disfrazaban de diferentes personajes y utilizaban los trapos de una tienda textil que había en el pueblo. Ella siempre se colocaba vestidos con muchos parches de distintas prendas, fingiendo ser alguien de alta cuna o una dama elegante...como lo es ahora.
Mientras conversaban, un campesino llegó corriendo junto a la pareja y jadeando, mientras se paraba a descansar expulsaba palabras gota a gota.
—¡Señor Francisco, han encontrado a un sospechoso de los secuestros!
La noticia pilló de sorpresa al hombre de cabello negro y cano, quien con un rostro de sorpresa, le dio las gracias al campesino y miró a Janet con una cara de preocupación y confusión.
—Es importante que vaya, ¿quieres acompañarme y recordar viejos tiempos? Claro, si no tienes otros compromisos con tu nueva vida— el tono de la última frase reflejaba cierto resentimiento y reclamo por haberlo dejado solo cuando más la necesitaba, cuando más quería estar con ella.
Francisco Torres | Pueblo | Con Janet

- Mater Halloween:

Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
Los cumplidos, comentarios y miradas que el le tiraba, no pudo evitar causar cierta emoción en la mente de la mujer, quien rápidamente podía hechar a volar su imaginación, deduciendo que quizás el podría estar siendo demasiado cortés, o todavía podía ella redimirse después de haberlo abandonado hace dos décadas.
Exageras un poco sabes... -admitió con cierta pena, pero el encanto se terminó una vez que le recordaron el pasado, eso era de las pocas cosas que no le agradaban, en cierta forma le avergonzaban, ya no iba con su forma de ser, frunció los labios y bajo la mirada nuevamente -Ahora son reales... -dijo con cierta indignación- Y tengo para escoger... - continúo con cierto cinismo.
Quizás, debió guardarse ese comentario, pero no era ningún secreto entre ambos, que ella siempre había tenido esos sueños de superioridad, en el que desdeñaba a todo lo que tenía que ver con su lugar de origen, en la ciudad, desconocían el pasado de Janet, simplemente fue una estrella en ascenso, que poco a poco fue escalando y probando distintos géneros musicales, hasta establecerse en las baladas.
Estaba a nada de darse la media vuelta e irse, no tenía porque soportar momentos vergonzosos y sobretodo no le debía nada, como para invitarle a su recital, cuando un extraño irrumpió comunicando una situación por demás extraña, Janet guardo silencio, escuchando de forma atenta, estaba por darse la vuelta, cuando de nuevo otro comentario incendió su ira.
Francisco, ¿sigues ardido?- el sarcasmo y la ironía se podían palpar en aquella pregunta- Ya veo... tendré que vivir con ello...- se encogió de hombros, aunque por dentro su corazón se había encogido, y no era mentira, cada día se reprochaba el error de quizás no haberle insistido un poco más, antes de huir como vil ladrón en la madrugada, evitando cualquier tipo de despedida emotiva, sin siquiera decir, agua va.
El hombre que se había acercado dijo algo acerca de unas desapariciones, más allá de curiosidad morbosa, estaba un poco... preocupada que alguien como Francisco estuviera involucrado en ese tipo de situaciones, sin más su puño derecho que estaba cerrado, desde el momento en el que se sintió incómoda, abrió la palma de la mano y le plantó una fuerte bofetada al moreno.
Eso es para que dejes de pensar pendejadas... -dijo un poco molesta- Te acompañaré y luego resolveremos lo demás, ¿te parece?- le dijo mientras se cruzaba de brazos, y poco a poco la tensión abandonaba su cuerpo, era un cumulo de emociones que no sólo la confundían, sino que comenzaban a llenarle de vida, aquello que creía que hace tiempo la había abandonado.
Janet Salazar | Pueblo | Atardecer | Con Francisco Torres
Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
La bofetada había llegado sin aviso en su rostro, no fue tan fuerte, pero lo dejó descolocado y mantuvo la cara un momento hacia donde quedó por el golpe. Pensó en lo que le había dolido aquella afirmación a ella, o no hubiese reaccionado así, de alguna forma eso le alegraba, significaba que sentía muy bien la culpa de haberlo dejado allí. Sonrío y la miró a los ojos.
—No sigo ardido, sólo te recordaba viejos tiempos, sólo quería ver si no me habías olvidado— su sonrisa se apagó de repente y los ojos se llenaron de tristeza, pero sólo fue por un momento.
El señor que los miraba preocupado, con el sombrero en la mano, esperaba la respuesta de Francisco, el cual se dio cuenta rápidamente y salió de aquel estado emocional y reaccionó.
—Señor Domingo, gracias por avisarnos, iremos rápidamente—sin mediar palabra alguna, tomó la mano enguantada de su acompañante y amiga de la infancia y la arrastró suavemente a lo que él le interesaba tanto, ya que tenía la esperanza inconsciente de recordar viejos tiempos con Janet, de remembrar su pasado con ella.
Caminaron un rato por las calles deterioradas y llenas de tierra del pueblito, mientras Francisco se volteaba hacia Janet, sin dejar de caminar de espaldas.
—Y por cierto, me gusta mucho tu música, la letra me hace evocar algo, pero no sé qué, me encantaría ir a tu concierto—esbozó una sonrisa de paz en su rostro, de una felicidad eterna que se concretaba en los ojos de Janet, quien lo seguía a paso lento.
Al llegar al lugar, se escuchó una bulla de multitud, una multitud iracunda que formaba un camino desde la plaza, donde dos policías llevaban consigo a un hombre de mediana edad, descuidado, con una barba de hace meses y un rostro demacrado, lleno de heridas. Apenas caminaba descalzo, con unos pocos harapos rasgados que tapaban su cuerpo. Se podían escuchar los gritos llenos de ira de las personas que lo insultaban y exigían justicia por el supuesto culpable que tenían enfrente. Algunos más osados lanzaban piedras al maltrecho hombre, mientras sus custodios intentaban avanzar rápidamente para evitar que lo siguieran dañando.
Francisco, intentó alejar a Janet de aquella escena antes de llegar, la tomó de los hombros y tranquilizándola y tapando su campo de visión.
—Espérame aquí, no tardaré nada, sólo debo ir a resolver un asunto, pronto estaré contigo otra vez—pensó en aquella despedida de antes, en aquel distanciamiento brusco que habían tenido, en ese vacío que existió en todo ese tiempo separados—¿Sabes qué? Mejor ven conmigo, no quiero perderte tan pronto otra vez, ¿quieres recordar viejos tiempos o prefieres mantener limpio ese vestido?—
Francisco Torres | Pueblo | Con Janet

- Mater Halloween:

Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
Mientras era jalada por Francisco, escucho los cumplidos acerca de su música, no pudo evitar sonreír y por un lado se alegró al saber que si quería estar esa noche con ella, suspiro pesadamente, de alguna forma ella quería pedírselo, todavía creía en esas joterías.
Su mente se distrajo, mientras dejaban atrás la desviación para el cementerio, nuevamente sus padres quedaban desplazados, era una mala hija, un asco de persona y que Francisco se lo haya recordado, era lo que podría dolerle incluso más que cualquier otra cosa, se prometió a sí misma que iría a ver a su familia antes de partir, le daría un poco de paz, el por lo menos expresar toda su ira contenida que tenía contra ellos.
Cerro los ojos mientras era jalada por el moreno, y en ese momento se sintió como si una mirada acusadora se posara sobre ella, rápidamente reaccionó, abrió los ojos y observó a su alrededor, no había nada fuera de lo normal, más que a lo lejos una horda de gente furiosa, a unos metros, le pareció ver una extraña sombra, si ella fuera tan poética como en sus canciones diría que fue su pasado, sin embargo era algo más complicado que eso y la mujer lo sabía.
Janet no tenía muy claro que era lo que estaba pasando, entre los reclamos de los pobladores se escuchaban gritos sobre niños desaparecidos, quería una explicación pero quizás no era el momento adecuado.
Yo... -murmuró ante la pregunta de su amigo- Te espero aquí-dijo, mientras tomaba de su mano y se paraba sobre la punta de sus pies para alcanzar su rostro y depositar un beso en su mejilla.
No iré a ningún lado... - le dijo al oído, quizás eran palabras vacías en ese momento y tendría que quedarse en ese lugar para probar que ahora está dispuesta a cumplir cada una de sus promesas y afirmaciones.
Sólo ten cuidado por favor... - murmuró para después suspirar, la tensión en el lugar le causaban un gran estrés, el ver como un pequeño poblado que solía ser tan tranquilo podía arder de esa forma.
Después de unos minutos, agradeció que en ese instante, pasara totalmente desapercibida, no era el momento para armar un gran alboroto y quienes llegaron a distinguir a la foránea, cotilleaban de lejos, pero sin quitarle los ojos de encima a la morena, resopló y se encogió de hombros.
Miren es la hija de Fernando y Alicia...- dijo una mujer, refiriéndose s Janet- Es un descaro venir después de que ellos murieron... es una malagradecida - dijo otra de las mujeres y la poca tranquilidad que había en el sistema de la morena, se fue perdiendo una a una la paciencia y las ganas de esperar ahí a Francisco.
Es una rídicula, ella jugando en la ciudad mientras su madre recolectaba manzanas...- su cuerpo se seguía tensando entre el ruido por el hombre que estaban ajusticiando como de las mujeres que no paraban de hablar de ella.
Janet tomó aire, mientras su fuerza de nuevo se concentraba en sus brazos y manos, claro que no iba a desfigurar su imagen y las iba a agarrar de golpes, aunque ganas no le faltaran.
A ver señoritas... -se dio la media vuelta lentamente, para ver a quienes hablaban a sus espaldas- ¿tienen algún problema conmigo?.. -dijo entre dientes, con una sonrisa tan forzada por la ira contenida que hasta cierto punto daba un poco de miedo- Tienen dos opciones, se callan y permanecen aquí o se callan y se largan de mi vista...- dijo con cierto sarcasmo en su voz- Ustedes deciden... .
Las mujeres no dijeron más, tragaron saliva y cambiaron el tema; sin embargo, Janet, sabía que obtendría más de eso, sobretodo si deseaba quedarse más días después del recital.
Janet Salazar | Pueblo | Atardecer | Con Francisco Torres
Re: El pasado siempre nos alcanza
Los gritos de los campesinos furiosos y demandantes de justicia desbordaban los oídos de Francisco que intentaba dar cuenta de lo que había oído, su expresión de desilusión se hacía notar en el rostro y la expectativa se diluía en el aire. Él esperaba que ella dejara de lado un poco de su elegancia para acompañarlo por la aventura como antes, esperaba muchas cosas, pero todo se disipó cuando ella se acercó y besó en su mejilla, rompiendo el estado en que lo había envuelto completamente.
Olvidó su resentimiento y automáticamente le hizo un ademán de que luego volvía, avanzando de espaldas hacia la multitud. Se concentró en el acusado que estaba al centro del círculo de personas y lo analizó.
¿Él es el culpable? ¿Qué tiene que ver con la mujer del vestido blanco? Además...yo lo conozco, es Don Aurelio, ¿por qué lo acusan?
Se abrió camino entre la multitud iracunda y llegó frente al policía que lo llevaba.
—Buen día oficial— su voz denotaba preocupación e intriga.
—Francisco, creo que agarramos al culpable— el oficial se sorprendió al ver a Francisco junto a ellos y respondió con una sonrisa en su rostro, orgulloso.
—¿Tienen pruebas?— agitó su voz.
—Eh...bueno, creo que sólo fue una acusación de una mujer que gritó al ser atacado por ella— respondió el policía con un tono inseguro y nervioso.
La ira invadió el cuerpo del moreno, quien no soportaba la idea de la injusticia y la acusación sin pruebas, estaba seguro que era inocente o era culpable de un delito menor, así que no aguantó y lo expresó.
—¡No pueden culpar a alguien y exponerlo del odio público si no tienen pruebas irrefutables! Deben llevarlo a un debido proceso, no al juicio público— su voz se elevó tanto que acalló todas las voces a su alrededor. No tuvo temor de enfrentar la autoridad y extrañamente los policías obedecieron como si él fuera su superior.
Tomaron al maltrecho hombre que tenían entre sus brazos y lo llevaron rápidamente a la comisaría, como evitando que Francisco los volviera a regañar en pleno público. Las personas comenzaron a dispersarse, ya que al parecer comprendían la situación y su ira sólo buscaba alguien a quien atacar. Francisco Torres no dejó que se fueran y les habló fuerte.
—¡Amigos! ¡Estén tranquilos, estoy seguro que encontraremos al verdadero culpable, lo encontraré y le haré pagar por las desapariciones, encontraré a sus hijos y se los entregaré sanos y salvo, tenga fe!— su grito era muy potente y actuaba como un líder innato, que dejó en silencio a la multitud. Alguien de entre el grupo de personas emitió ligeros sonidos con las palmas y como un rebaño obediente, todos los demás comenzaron a aplaudir al discurso de Francisco, quien sonreía y buscaba con la mirada a la única quien importaba realmente en ese momento, a Janet.
Olvidó su resentimiento y automáticamente le hizo un ademán de que luego volvía, avanzando de espaldas hacia la multitud. Se concentró en el acusado que estaba al centro del círculo de personas y lo analizó.
¿Él es el culpable? ¿Qué tiene que ver con la mujer del vestido blanco? Además...yo lo conozco, es Don Aurelio, ¿por qué lo acusan?
Se abrió camino entre la multitud iracunda y llegó frente al policía que lo llevaba.
—Buen día oficial— su voz denotaba preocupación e intriga.
—Francisco, creo que agarramos al culpable— el oficial se sorprendió al ver a Francisco junto a ellos y respondió con una sonrisa en su rostro, orgulloso.
—¿Tienen pruebas?— agitó su voz.
—Eh...bueno, creo que sólo fue una acusación de una mujer que gritó al ser atacado por ella— respondió el policía con un tono inseguro y nervioso.
La ira invadió el cuerpo del moreno, quien no soportaba la idea de la injusticia y la acusación sin pruebas, estaba seguro que era inocente o era culpable de un delito menor, así que no aguantó y lo expresó.
—¡No pueden culpar a alguien y exponerlo del odio público si no tienen pruebas irrefutables! Deben llevarlo a un debido proceso, no al juicio público— su voz se elevó tanto que acalló todas las voces a su alrededor. No tuvo temor de enfrentar la autoridad y extrañamente los policías obedecieron como si él fuera su superior.
Tomaron al maltrecho hombre que tenían entre sus brazos y lo llevaron rápidamente a la comisaría, como evitando que Francisco los volviera a regañar en pleno público. Las personas comenzaron a dispersarse, ya que al parecer comprendían la situación y su ira sólo buscaba alguien a quien atacar. Francisco Torres no dejó que se fueran y les habló fuerte.
—¡Amigos! ¡Estén tranquilos, estoy seguro que encontraremos al verdadero culpable, lo encontraré y le haré pagar por las desapariciones, encontraré a sus hijos y se los entregaré sanos y salvo, tenga fe!— su grito era muy potente y actuaba como un líder innato, que dejó en silencio a la multitud. Alguien de entre el grupo de personas emitió ligeros sonidos con las palmas y como un rebaño obediente, todos los demás comenzaron a aplaudir al discurso de Francisco, quien sonreía y buscaba con la mirada a la única quien importaba realmente en ese momento, a Janet.
Francisco Torres | Pueblo | Con Janet

- Mater Halloween:

Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
La morena se vio en la necesidad de moverse de lugar, estaba llamando la atención entre las chismosas del lugar, que para su mala fortuna eran las mismas que le habían hecho odiar ese lugar más de lo que ya lo hacía.
Se desplazó hasta atrás de la turba, perdiéndose de la vista de ellas.
Tal vez esto no iba a ser tan fácil como ella había pensado, hasta cierto punto se estaba arrepintiendo de haber tan siquiera considerado visitar ese lugar. Salió bruscamente de sus pensamientos al escuchar la voz de Francisco, como trataba de poner orden entre los habitantes, eso le hizo sonreír, estaba orgullosa de él, no había cambiado, en el pasado eso era lo que más le gustaba de él, su capacidad de imponerse, pero sin abandonar su corazón.
Cuando todos empezaron a dispersarse, una idea cruel se apoderó de Janet, quizás era el momento ideal para huir, frunció los labios ante tal pensamiento, toda esta ola de emociones empezaba a asustarle, no quería darse ese lujo, sobretodo porque sabía que el ya era hombre casado, además ya habían pasado 20 años y no eran dos niños, esto último era lo que más le pesaba, saber que había hechado a perder su oportunidad de ser realmente feliz.
No iba a ser tan ruin con él, simplemente le diría que ya debía irse y se limitaría a quedarse en el hotel hasta que fuera el día del concierto, pero algo en su mirada, ese no se que de el, que le impedía tomar el valor que siempre tenía para evadir todo lo que le incomodase.
Se acercó a Francisco antes de que le dejará ahí sola, sentía una fuerte presión en el pecho, una especie de ansiedad que la estaba asfixiando, un poco más y quizás podría desmayarse, trato de guardar la compostura una vez que estuvo frente a él.
¿Que fue todo eso?- preguntó tratando de distraer a su mente en otra cosa que no fuera el momento poco agradable que había protagonizado - ¿Cómo es que se están desapareciendo los niños?- preguntó con cierta curiosidad, de pronto recordó que su abuela le había contado un par de historias de infantes desaparecidos, pero al final solo eran eso... Historias, esto era algo real.
Después de un momento, mientras seguían caminando su mente se debatía entre huir o decirle lo que su corazón gritaba y ella hacia oídos sordos al respecto.
Francisco yo... - dijo, mientras se detenía en seco, miro un momento el suelo como si eso le fuera a dar la fuerza para escoger sabiamente sus palabras.
Creo que debo irme... -y quien viera eso diría que ella estaba loca, su humor subía y bajaba peor que una montaña rusa- tu mujer debe de estar esperándote y yo aquí robándote tiempo... - mentira eso no era lo que ella deseaba decir y se odio por no haberlo hecho, pero también está era la mejor forma para saber si se resignaba o continuaba con esos pensamientos sonsos en los que se daba el lujo de invitar a su viejo amor a su recital, a quien engañaba, si el iba podría escuchar lo que realmente ella sentía, claro con sus letras de por medio.
Janet Salazar | Pueblo | Atardecer | Con Francisco Torres
Re: El pasado siempre nos alcanza
El polvo poco a poco se arraigaba en la tierra, de donde nunca debió haber salido, impregnándose en las piedras del suelo. El ruido de los campesinos iracundos se había disipado y sólo quedaba él y Janet, mirándose en medio de todo el caos del lugar.
Pensaba en todo lo que le estaba haciendo pasar y ella sólo había ido a la ciudad por el concierto. Su esperanza de que recordaran viejos tiempos se convirtió en polvo y aterrizaron sus ideas en las piedras del árido suelo.
—Lo que pasa, Janet— tragó un poco de saliva y se secó el sudor de la frente con el antebrazo, evitando responder precipitadamente—Han desaparecido niños y niñas de diferentes partes del pueblo— hizo una visera con la mano sobre los ojos y miró al grupo de campesinos que se iban— Pero yo sospecho de otras cosas, quizás creerás que estoy loco— se interrumpió repentinamente al oír lo que le dijo Janet.
¿Se iba a ir de nuevo? ¿Repentinamente? La rabia invadió otra vez a Francisco, pero esta vez venía acompañada de tristeza y desilusión, las cuales suavizaron su reacción.
—Así que te irás otra vez—se acercó a ella y la tomó de los hombros— Te dejaré ir, pero antes quiero que me respondas una cosa— miró a los ojos brillantes de Janet y frunció el ceño— ¿Por qué volviste? Sé que lo de tu concierto no es todo el motivo—
Mantuvo su mirada en ella por un rato, pero algo los interrumpió.
—Señor Torres, debe venir a mi casa, descubrí algo— un hombre menudo, con un traje elegante y un maletín en la mano se acercó lentamente a Francisco que se sorprendió por lo que le dijo.
Se volteó hacia Janet y con una extraña sonrisa en su rostro le anunció sus palabras.
—Si quieres me respondes en tu concierto, estaré ahí— terminaba de decir el moreno mientras se alejaba rápidamente tras el misterioso hombre de traje.
Al entrar en la casa del hombre, que se hacía llamar Alberto, ambos se sentaron alrededor de una mesa, donde habían muchos documentos, papeles y libros. Alberto tosió y abrió un libro antiguo, polvoriento y lleno de símbolos en su exterior que decía en un inglés borroso: "Leyendas rurales y urbanas de América". El acompañante de Francisco abrió las páginas y se detuvo a la mitad, lo volteó por la mesa hacia el moreno y le habló mientras éste miraba el extraño libro.
—¿Conoce la historia de La Llorona?—
Pensaba en todo lo que le estaba haciendo pasar y ella sólo había ido a la ciudad por el concierto. Su esperanza de que recordaran viejos tiempos se convirtió en polvo y aterrizaron sus ideas en las piedras del árido suelo.
—Lo que pasa, Janet— tragó un poco de saliva y se secó el sudor de la frente con el antebrazo, evitando responder precipitadamente—Han desaparecido niños y niñas de diferentes partes del pueblo— hizo una visera con la mano sobre los ojos y miró al grupo de campesinos que se iban— Pero yo sospecho de otras cosas, quizás creerás que estoy loco— se interrumpió repentinamente al oír lo que le dijo Janet.
¿Se iba a ir de nuevo? ¿Repentinamente? La rabia invadió otra vez a Francisco, pero esta vez venía acompañada de tristeza y desilusión, las cuales suavizaron su reacción.
—Así que te irás otra vez—se acercó a ella y la tomó de los hombros— Te dejaré ir, pero antes quiero que me respondas una cosa— miró a los ojos brillantes de Janet y frunció el ceño— ¿Por qué volviste? Sé que lo de tu concierto no es todo el motivo—
Mantuvo su mirada en ella por un rato, pero algo los interrumpió.
—Señor Torres, debe venir a mi casa, descubrí algo— un hombre menudo, con un traje elegante y un maletín en la mano se acercó lentamente a Francisco que se sorprendió por lo que le dijo.
Se volteó hacia Janet y con una extraña sonrisa en su rostro le anunció sus palabras.
—Si quieres me respondes en tu concierto, estaré ahí— terminaba de decir el moreno mientras se alejaba rápidamente tras el misterioso hombre de traje.
Al entrar en la casa del hombre, que se hacía llamar Alberto, ambos se sentaron alrededor de una mesa, donde habían muchos documentos, papeles y libros. Alberto tosió y abrió un libro antiguo, polvoriento y lleno de símbolos en su exterior que decía en un inglés borroso: "Leyendas rurales y urbanas de América". El acompañante de Francisco abrió las páginas y se detuvo a la mitad, lo volteó por la mesa hacia el moreno y le habló mientras éste miraba el extraño libro.
—¿Conoce la historia de La Llorona?—
Francisco Torres | Pueblo | Con Janet

- Mater Halloween:

Re: El pasado siempre nos alcanza
El pasado siempre nos alcanza
Todo estaba sucediendo tan rápido que no le daba tiempo de reaccionar ante los comentarios rápidos del hombre, como si el hubiera planeado todos estos años lo que le podría responder en cada situación. Suspiro pesadamente, mientras le escuchaba; ella ya estaba bastantemente loca como para regresar a este lugar y quizás estaba arriesgando demasiado pasando tanto tiempo cerca de él, podría de alguna forma ponerlo en peligro y también ella podía quedar aún más expuesta de lo que estaba.
Desvió un momento la mirada al escuchar que los niños estaban desapareciendo y más que un crimen parecía que la cosa era un tanto oscura y hasta mística, esto último era algo difícil más no imposible de creer. Las preguntas del hombre la estaban dejando entre la espada y la pared, solo tenía dos opciones ser totalmente honesta con él o mentirle y eso sería jugarse todas sus cartas con doble riesgo a perder; estaba por confesarse cuando fue interrumpida, y lamentablemente se quedó con las palabras en la boca, mientras veía como se alejaba él, hasta el día del concierto... se dijo así misma... faltaban dos días, sin mencionar que ella no pasaría ni un segundo más en ese agujero donde dios se había olvidado de ellos.
Retomo su rumbo al cementerio, la cabeza le daba muchas vueltas, llego rápidamente frente las lápidas de su familia, todos habían fallecido, incluso sus hermanas pequeñas, una extraña situación había envuelto a su familia, lo que le impedía que creciera y la única que se había "salvado" era ella. En su soledad un escalofrío recorrió su cuerpo, llevándose las manos a los costados, mientras una corriente de aire pasaba por el lugar levantando una pequeña nube polvo y algunas hojas.
De nuevo repasó lo último que le había dicho Francisco, sonrío tontamente... Si hablaban de locos probablemente los dos lo estarían, ella podría defenderse diciendo que lleva meses teniendo sueños extraños, de terror relacionados con su familia y con este lugar; nuevamente se sintió observada, alzó la mirada y rápidamente pasaron cerca de ella un par de sombras, no podía ser cierto.... suspiró y se dio la media vuelta, seguiría ignorando ese tipo de cosas, al menos hasta que llegará el momento indicado.
Camino de regreso al hotel, deseando no haber sido tan tonta en ese momento con él, su estúpida manía de huir y si el no había reaccionado ante su comentario sobre si tenía alguien o no esperándole, eso le hacia sentir un vuelco en el corazón que no pensó que volvería a sentir. Al llegar a su cuarto, pidió a su asistente que le consiguiera el número de su amigo, después de todo no podía esperar a escuchar su teoría sobre la desaparición de los niños y dependiendo de ello sería el próximo movimiento de la morena, al menos previo a decirle sus verdaderas intenciones.
Janet Salazar | Pueblo | Atardecer | Con Francisco Torres
Temas similares» Por siempre Hachiko!
» (T)-Siempre te Quise...!(One-short)
» [One-Shot]Solidad siempre tiene la razón.
» Siempre Futbol TV
» Sony: "Con PS2 la industria cambió para siempre"
» (T)-Siempre te Quise...!(One-short)
» [One-Shot]Solidad siempre tiene la razón.
» Siempre Futbol TV
» Sony: "Con PS2 la industria cambió para siempre"
Página 1 de 1.
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.






































































» Dados de la suerte
» Petición de acciones Master
» [Borrador] How to get away with murder — 1.5
» I. Y esto es sólo el principio
» ¿Quién quiere rolear X? [Ideas]
» 2. Dancing with me girl.
» Ausencias y Bajadas de actividad
» XII. Chritsmas is coming.
» Petición de Grupos
» 2 - About Last Night
» Duda: spoiler
» Pedido de afiliaciones Élite y Hermana
» Gifs everywhere
» 1. Party is now[Louis]