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El susurro de los condenados
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El susurro de los condenados
EL SUSURRO DE LOS CONDENADOS
Raccoon City 1998
Para contar esta historia debo hablarles primero sobre Umbrella Corporation, una empresa dedicada a la investigacion y creacion de medicamentos y tecnología en computacion. Una compañia cuya influencia abarcaba todo el mundo pero muy pocos sabian sobre las investigaciones en armamento biologico que ahi se hacían.
La mayoría conoce los hechos, se comenzador a dar reportes de turistas y campistas atacados en las montañas Arklay asi como reportes de canibalismo en el área. Los equipos de S.T.A.R.S. fueron enviados a controlar la situacion cosa que lograrian a un altísimo costo. La mision parecia finalizada con la destruccion de la Mansion Spencer, pero todos sabemos que no fue así, que el virus T habia seguido su camino hasta Raccoon city.
Aquellos conocedores del tema reconocen los nombres de Jill Valentine, Leon Kennedy, Claire Redfield entre otros, pues ellos son las voces de los que sobrevivieron al incidende, sin embargo hay voces que susurran entre las paredes de aquella ciudad que quedó reducida a escombros, la voces de aquellos que lucharon incluso mas que los renombrados sobreviviente y que ni asi lograron sobrevivir a un evento que estaba muy por encima de ellos.
Estas son las voces de los ciudadanos cuyo único pecado fue estar en esa ciudad aquella noche y esta es la historia de dos de ellos.
AMELIA BELLROSE 40 años | Bibliotecaria | Alex Kingston | Tardis_in_blue Amelia es una mujer no ha tenido mucha suerte en la vida. Y la poca que ha tenido se ha esfumado con un chasquido de dedos. Se trasladó a Raccon City por su marido, con quien se casó en uno de esos golpes de suerte. Compraron una casa y trataron de tener un hijo. Pero quienquiera que controlase el destino de Amelia desde arriba decidió que una dosis de esterilidad de sentaría bien a su anodina vida. Motivo por el cual su marido la abandonó tras diez años de matrimonio. La dejó en aquella ciudad, sola, con un perro y una hipoteca que ella no podía mantener. El trabajo de bibliotecaria en la universidad le daba lo justo para vivir. Así que continuó con él. No le desagradaba, y el contacto con los jóvenes que nunca había podido tener era reconfortante. Además de que le encantaba pasarse horas sumida en el silencio de la biblioteca, devorando viejos libros, envuelta en el olor de papel viejo. Ella nunca sirvió para maestra, y antes de estar allí había intentado encontrar otros trabajos en la ciudad. De becaria, asistente... Pero ninguno había durado lo suficiente. Ahora trataba de disfrutar de su vida, calmada y con tranquilidad. Se dedicaba a ir del trabajo a casa, reuniones del colegio y poco más. Lo más interesante que ocurre en su vida es que el precio del jamón ahumado aumente medio dolar el kilo. Tras su divorcio, no ha vuelto a pensar en tener una pareja, es algo impensable para ella. Sin embargo se lleva muy bien con uno de los profesores de la Universidad quien además vive en su misma calle, aunque nunca ha pretendido nada, ni tiene intenciones de nada más que una buena amistad. |
RICHARD THOMPSON 43 años | Profesor | Ray Stevenson | Gecko | Richard vivió la mayor parte de su vida en Raccoon city. Nacido como el mayor de cinco hermanos, Richard adoptó el cargo de tercer padre de familia que lo llevaría a desarrollar el cargo de profesor de universidad. Todos los hermanos de Richard han abandonado Raccoon city debido a su ideologia donde aquel lugar es muy pequeño y no ofrece oportunidad de crecer y desarrollarse, sin embargo Richard se quedó para formar a las nuevas generaciones para hacer de aquel lugar una gran ciudad. Richard es soltero y no es que carezca de carisma o algo así es solo que durante su juventud se ha dedicado a estudiar para convertirse en profesor y ahora busca vivir aquellas cosas que en su juventud no vivió en forma de viajes, los cuales lo mantienen viviendo en una posicion comoda pero modesta. Los amplis conocimientos del profesor le han valido un buen puesto en la universidad de Raccoon city y una mediana popularidad entre el alumnado y el profesorado. |
Crackship| Survival/horror | Resident evil
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Re: El susurro de los condenados
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Richard Thompson| Profesor | 43 años Un dia como cualquier otro, Richard se levantó para tomar una larga ducha y prepararse algo de desayunar mientras veía las noticias. Racoon city era un lugar relativamente tranquilo a excepcion de aquellos incidentes en la montaña Arklay. Tomo su desayuno y se cambió para salir a la universidad. Las clases iban de lo mas normal, eran ceca de las dos de la tarde cuando el infierno abriría sus puertas. Algunos gritos fuera del aula llamaron la atencion de todo el mundo, dos jovenes entraron al salon, uno de ellos con una hemorragia en el cuello y el otro gritaba por ayuda. Richard se acercó a los jovenes cuando las puertas se abrieron de golpe y dos personas aparecieron en la entrada, si a esas criaturas se podrian llamar humanos. Dos personas con la vista perdida y la mandibula caida, el cabello desordenado y la ropa hecha andrajos con sangre manchandolos en todas partes. El pánico se apoderó del salon mientras aquella criatura caminaba hacia los jovenes que recien habian llegado. La criatura mordió al joven que estaba bien mientras aquel al que le sangraba la garganta moría lentamente, los gritos del joven que era atacado aumentaban el pánico de aquellos que veian con horror la escena. Invadido por el pánico Richard volteó en todas direcciones en busqueda de algo y al no encontrar nada tomó un pupitre y golpeó con fuerza a aquella criatura que profirió un gemido ahogado y cayó al suelo sin vida. Inmediatamente los alumnos asistieron a los jovenes atacados mientras Richard examinaba el cuerpo del atacante. En efecto se trataba de una persona pero mostraba signos de estar fuera de sí y de deterioro además de sangre coagulada. Parecía haber estado muy enfermo antes de atacar. Algunos gritos fuera del aula hicieron que Richard ordenara a sus alumnos abandonar el aula. Afuera parecia un caos, nadie sabía que pasaba y mientras unos huian despavoridos otros indagaban la situacion. Richard guió a sus alumnos hasta un almacen grande y les pidió ocultarse ahi, sus diez alumnos obedecieron y se encerraron mientras Richard iba a investigar. |
Re: El susurro de los condenados
El susurro de los condenados
Amelia Bellrose| Bibliotecaria | 40 años El segundero del gran reloj de la biblioteca avanzaba lentamente y con pesadez, haciendo resonar el tic tac de sus agujas por toda la sala, casi vacía, a excepción de un par de alumnos y, como no, la fiel bibliotecaria del centro, Amelia, quien a través de sus gafas de medialuna y de montura algo oxidada, leía distraidamente las páginas del periódico local. Era un día como otro cualquiera en la ciudad de Raccon City. Al menos, eso pensaba Amelia, quien había seguido su rutina diaria como de costumbre. Había tomado una ducha, había cepillado a sus gatos y había desayunado unas tostadas con algo de queso de untar y aguacate chafado. Luego, como siempre, había ido caminando hasta la universidad. No podía permitirse el lujo de tener un auto para ella sola, amén de que no lo precisaba para moverse por la ciudad. Se bastaba para eso con una vieja bicicleta que acumulaba polvo en el garaje de casa y que a duras penas usaba. Había chequeado su puesto en la entrada y había hecho lo que siempre, coger el periódico para leer mientras las horas pasaban, en un día más. Solo que no era un día más. Un grito, un alarido casi animal se extendió por los pasillos del instituto, llegando a colarse hasta la biblioteca. Amelia miró por encima de las gafas a los dos alumnos distraídos que parecían ir a matar allí sis horas libres. Ellos también habían levantado la cabeza ante ese grito y miraban las puertas, preguntándose qué pasaba. La mujer dobló el periódico con meticulosidad y se puso en pie, agarrando el bajo de la falda de tubo para eliminar cualquier arruga y volvió a mirar a los jóvenes, confusa. Aquello era totalmente nuevo, y extraño y estaba en su deber como.. ¿Profesora? No, ella no era profesora, pero sí asistente del centro y parte del profesorado. Así que estaba en su mano saber qué pasaba. Se quitó las gafas de leer y las dejó sobre el mostrador, saliendo de allí en dirección a la puerta. -Esperad aquí, por favor.. voy a ver que ha pasado.. - no fue una orden, ni mucho menos algo dicho con autoridad. Ella no era quien, a menos que estuvieran armando barullo en su biblioteca, que no era el caso. Una vez recorrió los pasillos se percató de que algo no iba bien. Quizá una emergencia, fuego en algún ala de la universidad o algo que hiciera que los alumnos corrieran de un lado para otro como corrían. Lo extraño era que no había alarma alguna, ni sirena que indicase una catástrofe. Frunció los labios unos segundos, observando como muchos se escondían en las aulas. Por suerte para ella entró en su campo de visión un profesor más que conocido, además de vecino suyo. Se apresuró a acercarse a paso rápido. Sus pequeños tacones golpeaban el suelo con nerviosismo. -Profesor Thompson... ¿Ocurre algo? ¿A que viene todo este escándalo?- no era el ruido lo que la molestaba, sino la necesidad casi desesperada de saber qué dato se escapaba a su comprensión, porqué todos corrían, casi de manera desesperada. -¿Ha habido algún incidente? No ha sonado una alarma siquiera..- |

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Re: El susurro de los condenados
El susurro de los condenados
Richard Thompson| Profesor | 43 años Richard caminó por los pasillos en busqueda de mas señales de ataque sin embargo no habia ninguna pero toda la escuela parecia un caos asi que trató de organizar la situacion pero era imposible._ Un gemido de ultratumba inundó el corredor central, otra criatura enferma se paseaba por los corredores siguiendo a una joven que tropezaria y se convertiría en su victima. Horrorizado, Richard trat_xoó de socorrerla pero doshhh criaturas aparecieron en el medio delj trayecto y obligaron al profesor a huir del lugar, las criaturas comenzaron a seguirle pero el hombre era mucho mas veloz que ellos asi que aceleró y buscó refugio."" Al doblar en un pasillo se encontraria con la bibliotecaria de la escuela, la conocia perfecto pues tambien era su vecina. -Amelia, que bueno es verte sana- decia con tono bastante agitado y olvidandose de sus modales la arrastró hacia la biblioteca. Al entrar a la sala atranco la puerta como pudo y agitadamente comenzo a buscar en todos lados. -Hay un caos alla afuera, es como.. Una... una especie de epidemia.... Los infectados tienen..... parecen muertos o algo asi... atacan a los no infectados... O algo asi. No parecen racionales y mucho menos personas.- Encontró entre las cosas un tubo suelto que parecía sólido y lo tomó, despues se dirigió a la señorita Bellerose y le preguntó. -Tienes un teser? Un arma? O algo para defenderte? Necesitamos salir de aqui y la unica manera de parar a esas cosas es matandolas- El profesor se encontraba bañado en sudor y parecia bastante exaltado. La calma de la biblioteca se interrumpió cuando se escucharon golpes en la puerta, noera como si llamaran, era mas bien como si trataran de derribarla. -Deprisa!! Busca algo con que defenderte, debemos salir de aqui antes de que esas cosas descubran como entrar- Varios gemidos podian oirse entre los golpes de la puerta de la biblioteca. |
Re: El susurro de los condenados
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Amelia Bellrose| Bibliotecaria | 40 años Amelie no comprendía qué pasaba allí. En cuestión de pocos segundos se vio arrastrada por su compañero al interior de la biblioteca. Richard hablaba apabulladamente y la mujer apenas entendía nada. Frunció las cejas de nuevo, tratando de entender aquellas palabras. -¿Epidemia...?- sacudió la cabeza mientras los dos o tres chicos que había allí se acercaban, alarmados al ver cómo protegía la puerta de aquella manera. -¿Cómo que parecen muertos...? -se llevó una mano al pecho, alarmada, donde su respiración empezaba a acelerarse poco a poco. -Por Dios, señor Thompson... Pero... ¿Qué está diciendo?¿Cómo voy a tener un teaser aquí?¿Acaso espera que saque una recortada de debajo del mostrador...?-evitó usar el tono irónico porque aquella situación no lo requería, pero tampoco le parecía bien las palabras de su vecino. Volvió a negar, esta vez con más insistencia. -No puede decir enserio lo de matarlos.. Tan solo están enfermos... Deberíamos llamar al hospital para que se encarguen de ellos... Seguramente pondrán la zona en cuarentena y ya está.. No hay porqué alarmarse porque... - de repente se calló al escuchar un sonoro golpe contra la puerta. Trastabilló para atrás y volvió a llevarse una mano al pecho. -Santo cielo... Debe.. ¿Qué demonios les ocurre?¿Qué clase de infección o epidemia puede hacer eso..?- negó con la cabeza sin comprender, alejándose todavía más. -Aquí no hay armas, profesor.. y no creo que.. No creo que la violencia sea lo más adecuado... - aunque empezaba a pensar que esa opción no era la mejor. -¿Con qué quiere que me defienda? ¿Le doy en la cabeza con la vieja versión de El Señor de los anillos? - pese a que uno de los alumnos soltó una risita nerviosa, aquella desbaratada idea podía ser plausible, esos libros eran enormes y si se daba con fuerza, podían provocar una conmoción. -Hay.. hay una puerta trasera por la que podemos salir.. Da al patio de atrás del instituto... y solo puede abrirse desde dentro.. - poco a poco su voz fue adquiriendo tonos de terror. Algo no iba bien allí. Uno de los chicos agarró firmemente la tabla de su monopatín, pensando en que tal vez debería usarla. |

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Re: El susurro de los condenados
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Richard Thompson| Profesor | 43 años Richard parecia entender mejor su situacion, pues parecía un loco desvariando frente a aquellos que no habian visto los incidentes que estaban sucediendo en los pasillos. El profesor tomó aire y trató de relajarse pero era dificil hacerlo con los golpes que comenzaban a oirse afuera de la puerta que él había bloqueado. -No estoy seguro de que sea, como o porque se ha desatado aquí, pero algo muy malo esta pasando. Parece una especie de virus que vuelve irracionales a sus huespedes, algo asi como lo que hacen las avispas que incertan sus huevecillos en otros insectos o lo que algunos hongos provocan con sus esporas. Los infectados adquieren un caracter completamente agresivo y atacaran a toda persona en su rango de vision. Los golpes que oyen alla afuera son de un par de infectados tratando de pasar, asi que debemos buscar algo con que defendernos y salir de aqui. Se que suena a una locura, pero no creo que quieran quedarse a verificar si lo que digo es verdad. Necesito ponerlos a salvo para regresar por mis alumnos. Asi que tomen algo para defenderse y salgamos por atras.- Pareciera que las palabras de Richard habian sido aceptadas por los presentes pues se habian armado con cualquier cosa a la mano y se aproximaron a la salida trasera. Richard giró el pomo de la puerta con cuidado de no hacer ruido, la puerta conducia a una especie de pasillo con forma de T invertida. Miró a su derecha e izquierda, una criatura parecia alimentarse de las viceras de una chica caida al fondo del pasillo de la izquierda. Richard llevó su mano izquierda a la boca para evitar soltar cualquier sonido, la criatura parecia demasiado entretenida para prestar atencion a lo que pasara a su alrededor asi que con cuidado se giró hacia quienes lo seguian y les habló en voz baja. -Al final de este pasillo hay una puerta que conduce a los estacionamientos de la escuela, afuera debe haber por lo menos un autobus escolar, quiero que entren ahi y se refugien si hacer ruido. Del mismo modo quiero que todos lleguemos a la puerta lo mas rápido y silencioso que podamos. A la derecha hay una escena bastante desagradable por lo que no quiero que volteen, quedo claro?- El maestro se giro y salio primero para detenerse a la derecha de la puerta y apresurar a los otros a que salieran. El ultimo en salir fue un chico que aun dudaba de las palabras del profesor asi que al salir buscó la escena de la que hablaba Richard y la encontró. Lo primero que hizo aquel joven fue proferir una especie de quejido que logró llamar la atencion de la criatura. Aquella monstruosidad que les daba la espalda giro la cara para dar un vistazo y ahi pudieron ver sus facciones los presentes. Su rostro parecia ensangrentado y su piel se veia deteriorada y lastimada, su mirada se concentraba en ellos pero no emanaba ninguna emocion y rapidamente vocalizo una especie de gemido lamentoso. La criatura se puso de pie como pudo y se giró en direccion a Richard y su compañia, la ropa de la criatura estaba hecha arapos y parecia tener por lo menos dos heridas mortales en el cuerpo. La criatura caminos a paso veloz hacia ellos sin dejar de emitir aquel lastimoso gemido. -Maldita sea! Corran todos!! A la puerta y de ahi a los camiones- Richard dejaria que todos salieran por delante mientras el corria a la retaguardia para cuidarlos. |
Re: El susurro de los condenados
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Amelia Bellrose| Bibliotecaria | 40 años Las palabras del profesor parecían tan inverosímiles para Amelia... sin embargo los golpes que se escuchaban al otro lado de la puerta le hacían pensar que tan real era aquello. ¿Cómo estaba él tan seguro de que se trataba de un virus...? Quizá tan solo era una broma... una muy bien montada, incluso en la que formaban parte los profesores.. -Puede que... puede que tan solo sea una broma de unos cuantos, profesor, y hayamos caído como viejos tontos.. - aunque trató de sonreír, aún se le notaba un tic nervioso en la comisura de los labios. No obstante, esos golpes y arañazos la asustaron lo suficiente como para hacer caso a todas las palabras del profesor. Buscó algo con qué defenderse, pero no había objetos contundentes por allí, así que simplemente tomó su botella de agua, (vacía y de cristal) y rezó para sus adentros el no tener que usarla contra el cráneo de ningún alumno. Ambos jóvenes, así como la bibliotecaria, siguieron a Richard por aquella puerta y en lo hicieron, una grotesca imagen se les echó encima. Amelia se llevó la mano a la boca, ahogando un grito al ver tanta sangre, pero uno de los chicos hizo el suficiente ruido como para que aquella persona, o lo que fuera, se girase y entornase un rostro ensangrentado. Apenas parecía un humano sano, con toda esa sangre y las heridas del cuerpo. El estómago de Amelia se revolvió y por un momento, un par de arcadas se asomaron por la boca de su estómago. Pero el grito del profesor le llegó tan cerca que la despertó de aquel estupor en el que se había quedado, viendo a ese ser correr hacia ellos. Agarró de la muñeca a uno de los jóvenes y echó a correr hacia la puerta trasera, lo más rápido que sus piernas (y sis tacones pequeños) le permitían. Llegaron hasta ella y sus manos trataron de empujar con fuerza la barra de la puerta. -No.. no podemos dejar al profesor ahí.. - sentenció la mujer, casi presa de un ataque de pánico. -Tenemos que ayudarle... - presionó la barra con fuerza y la puerta empezó a ceder. La luz del exterior se filtró al pasillo, junto con gritos y gruñidos que parecían venir desde bastante lejos.. |
Última edición por Tardis_In_Blue el Sáb 9 Abr - 13:16, editado 1 vez

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Re: El susurro de los condenados
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Richard Thompson| Profesor | 43 años En cuanto alcanzó a ver de reojo que la luz del exterior entrara al pasillo corrió detras de los alumnos y les ayudo a mover la puerta. Una vez que se acostumbraron a la luz (pues aunque no estaban en una cueva si se sentía el cambio de luces) notaron una apocaliptica escena, en un segundo pudieron ver el panorama pero tardarian mucho mas en asimilarlo; una chica estaba atrapada en su auto mientras dos criaturas trataban de alcabzarla arañando los cristales del auto, algunos cuerpos a medio devorar uno de ellos comenzaba a arrastrarse en el suelo, coches dañados y gente gritando a lo lejos. El peso de la realidad era demasiado para ser procesado por Richard asi que decidió que deberia ponerse a salvo antes de ponerse a asimilarlo. Un rápido vistazo le mostro tres autobuses escolares, dos de ellos abiertos y en el tercero el conductor estaba muerto y cuatro criaturas deambulaban en el interior del vehiculo, aquel chofer habia dado su vida por contenerlos dentro del bus. -Todos, corran al de la derecha ahora!!- Puso su mano sobre la espalda del alimno mas cerca para que corriera al transporte. Cuando todos entraron, Richard buscó las llaves y cerro el bus, el lugar parecia seguro pues los unicos monstruos sueltos seguian interesados en la chica que estaba encerrada en su auto, la parecer la capacidad de razonamiento de aquellas cosas era nula. Richard busco debajo del asiento del conductor y encontró una caja de herramientas, la abrió y saco una llave de presion y un par de destornilladores, coloco los destornilladores en su cinturon y la llave la tomo con su diestra con fuerza, despues se dirigio a Amelia. -Escuchame bien Amelia, he dejado a mi clase escondida en un armario de conserjeria, debo volver por ellos y debo hacerlo solo, ya que manipular tanta gente es peligroso. Toma las llaves y quedate en el asiento del conductor, si algo sale mal vete de aqui, ve a la estacion de policias, así si yo saliera bien en dicho escenario los veriamos alla. No dudes en rescatar a los chicos que puedas, pero no expongas a estos chicos por salvar a uno.- Richard le dio la llave del bus a Amelia y abrió la puerta para volver al edificio de la escuela. |
Re: El susurro de los condenados
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Amelia Bellrose| Bibliotecaria | 40 años Si la primera escena presenciada en el pasillo auxiliar ya le había removido el estómago a Amelia, las que llegó a captar cuando la puerta se abrió le estrujaron las tripas de tal manera que no pudo evitar girarse y soltar todo el contenido de su estómago contra la vieja pared de la Universidad. Sabía que no era el momento para entretenerse con aquello, pero dar un paso de aquella manera le era imposible. Se limpió los labios con el dorso de la mano y trastabilló detrás de los chicos, siguiendo a Richard que parecía saber muy bien que hacer en aquella situación. Ella sin embargo tenía agarrado el libro con firmeza, esperando poder asestar un golpe a la cabeza de alguien. Entró a toda prisa en el autobús que les indicó. Y si esperaba sentarse y calmarse y disfrutar de un viaje ligeramente tranquilo, se equivocaba. De la nada se vio sentada a manos del volante del autobús (algo que ella no sabía conducir) y con la llave que le entregó Richard. -Pero... pero se pondrá en riesgo usted..- estiró la mano para querer agarrarlo pero finalmente dejó que se marchase. ¿Qué demonios tenía que hacer..?¿Podía llevar aquel cacharro hasta la estación de policía si algo salía mal..? Meter la llave en el contacto del autobús le costó varios minutos debido al tembleque de sus manos. Hacía años que no manejaba un coche, de hecho estaba segura de que su permiso de conducir había caducado pero.. ¿Había algo menos importante que eso ahora? -Po.. poneos los cinturones o agarraros a algo.. - seguramente fue la cosa más ridícula de aquel momento, pero si tenía que salir a prisas prefería que los dos chicos estuvieran bien agarrados. Apenas pasaron unos minutos (completamente estresantes debido a los gruñidos de fuera) cuando algo golpeó con violencia el cristal. Amelia gritó sobresaltada cuando una de esas criaturas se estrelló intentan reventar el cristal. En un ataque de pánico, la bibliotecaria arrancó el autobús y retrocedió, tratando de que aquel ser se soltase. Cuando lo hizo cambió de marcha con un crujido quejumbroso y le pasó por encima, más guiada más por el pánico que por la compasión humana. Las enormes ruedas pasaron por encima del cuerpo de aquel ser y aplastaron su cabeza con la sencillez que se estruja una oliva rellena de anchoa entre los dedos. Frenó de golpe, con las perlas de sudor recorriéndole el rostro. Los chicos del bus gritaron contentos, casi entusiasmados con aquello. -Te... tendremos que... esperar al profesor Thompson...- jadeó todavía nerviosa, con el corazón completamente acelerado. No quería irse de allí sin su compañero, pero no sabía por donde saldría. El problema era que al mover el autobús había alertado a mas de aquellos seres, o bichos, que pronto se giraron para acercarse al autobús. Tragó saliva y volvió a acelerar, embistiendo con el morro del autocar a los que se acercaban, mientras los ojos se le anegaban en lágrimas. Aquellos seres eran personas, antiguos alumnos, caras que a pesar la sangre reconocía de haberlos saludado por los pasillos. No quería marcharse sin su compañero. Quería darle tiempo y tratar de salvar a cuantos pudieran. |

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Re: El susurro de los condenados
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Richard Thompson| Profesor | 43 años Armado solo con un tubo de acero y lo que le quedaba de valor, Richard entro de nueva cueta a la escuela. Pisaba de la manera mas suave y se movia de la manera mas sigilosa posible, el ruido dentro de la escuela habia disminuido considerablemente y eso podria significar que las criatura habian acabado con todo rasto de vida dentro de ese edificio. rapidamente el profesor se deslizo hasta el pasillo donde estaba aquel pequeño cuarto donde habia encerrado a sus alumnos, con el mayor cuidado posible se acerco a la puerta y la golpeo tres veces con suavidad. -Soy el profesor Thompson, deben abrirme, tenemos una forma de salir de aqui hay un autobus esperandonos para salir de este infierno- el profesor trato de halar bajo pero con la suficiente intensidad para que le escuchasen del otro lado y parecia que lo habia hecho bien pues pudo oir como levantaban el seguro de la puerta y como se abria. Dentro estaban sus diez alumnos aun quienes se alegraron de ver a su profesor, una chica se lanzo a abrazarlo y le hablo entre sollozos. -Sabia que vendria, los demas dijeron que habia huido pero yo sabia que usted no podria faltar a su palabra- Robert trato de calmar a su alumna pues sabia que mientras antes salieran de la escuela estarian mas seguro. Caminaron hasta el final del pasillo y al doblar a la derecha todos pudieron ver a la criatura. Parecia sacada de la mas retorcida pesadilla, tenia una forma humanoide pero esa era la unica similitud con los alumnos y el maestro, pues aquella criatura se aferraba al techo con las garras que poseia en lugar de manos pero la carateristica mas sobresaliente de la criatura ers que no tenia piel, aquella monstruocidad estaba protegida simplemente por musculo expuesto, lo que le daba una imagen horrenda y nauseabunda. en la zona de la cabeza no habia nada parecido a una cara, su cabeza constaba de un gran cerebro expuesto conectado a una mandibula llena de dientes filosos y una lengua de tamaño descomunal que habia liberado como para detectar el entorno debido a la carencia de ojos. Los once se quedaron paralizados por el miedo, por mas que deseaban huir sus musculos no les obedecian y en un parpadeo, aquella criatura les detecto y se lanzo sobre ellos cayendo sobre un chico de cabello largo. La criatura rapidamente lanzo un mordisco al cuello del joven liberando una gran cantidad de sangre, el panico que le genero aquella escena liberó al profesor de sus pensamientos y lo obligó a jalar a sus alumnos y llevarlos a la salida. el panico generado en aquella espantosa escena habia hecho gritar a mas de uno y por esa razon comenzaban a aperecer criaturas en el camino de los jovenes, esta vez Richard iba adelante y cada vez que parecia que una criatra estaba demasiado cerca la golpeaba con su tubo y aunque las criauras no morian si retrocedian lo suficiente para qu todos pasaran. Cuando estaban a unos pasos de llegar a la salida, un grito alerto al profesor que volteo y se dio cuenta que aquella terrorifica criatura estaba detras de ellos. El profesor vio que enfrente habia un hacha en caso de incendios, asi que lanzo su tubo para que rompiera la tipica caja donde se almacenan aquellas herramientas por si una emergencia pasara, con un ligero golpe el cristal se rompio y pudo sacar el hacha. Robert dejo que todos los alumnos pasaran delante de el y despues echo a correr salvandose apenas de la criatura que habia lanzado su lengua como una especie de camaleon. De pronto las puertas principale de la escuela se abrieron de golpe y los nueve alumnos y su profesor salieron corriendo y detras de ellos salio la criatura que no supo como seguir y continuo su camino por la pared externa de la escuela hasta que encontro una ventana por donde entrar de nuevo a la escuela. El profesor Thompson les señalo el camino hacia el autobus, pero los jovenes aun no se habian dado cuenta que a unos veinte metros de ellos venia un grupo de unos quince zombis |
Re: El susurro de los condenados
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Amelia Bellrose| Bibliotecaria | 40 años Los minutos pasaban lentamente, muy lentamente. Y sin embargo todo fuera del autobús parecía ir tan deprisa... Amelia trataba de manejar aquel autocar lo mejor que sabía. La palanca de cambios rascaba cada vez que cambiaba de marcha y pisaba a fondo el pedal del acelerador para tratar de llevarse por delante más de aquellos seres que parecían salidos de una novela de terror. El sudor bañaba la frente de la mujer y los rizos se le pegaban a la cabeza de una manera molesta. Los dos alumnos se agarraban con fuerza a las barras de los asientos, debido a los golpes y a los choques que daba contra aquellos seres que, pese a ser cuerpos humanos, golpeaban el metal con fuerza. Los minutos pasaban lentamente pero al final la puerta por la que Richard había entrado volvió a abrirse y el profesor y los alumnos salieron de allí a prisa, seguidos de unos bichos, o cosas, que dejaron a Amelia casi paralizada, con los dedos temblando sobre el cambio de marcha, sin saber muy bien como abrir la puerta para que subieran. Cerca de ellos, demasiado cerca, había un grupo muy numeroso de seres que parecían correr en dirección a ellos. No se lo pensó mucho y aceleró en aquel pequeño aparcamiento, embistiendo aquella horda, con el salpicadero y el cristal lleno de sangre y vísceras que volvieron a hacer que Amelia volviera a sentir arcadas. El miedo y el asco ascendían por su garganta, pero en aquel momento la adrenalina no dejaba que ninguna otra sensación se filtrase en sus venas. -Va...vamos.. ¡Subid! - abrió la puerta tirando de una palanca (más bien a pura suerte) y se preparó para salir pitando de ahí, esperando que los chicos subieran a prisa al autbús. -.Tenemos que salir de aquí... ra...rápido.. - farfulló casi sin aliento, pese a que ella no se había movido de allí. En cuanto el ultimo alumno subió, cerró la puerta justo cuando una de esas criaturas intentaba entrar. Las puertas se cerraron apresando el torso, con medio cuerpo fuera y medio dentro, arañando las escaleras intentando subir. Amelia contuvo un chillido ante la insistencia de la criatura y piso a fondo, haciendo que el autobús saliera disparado de allí en dirección hacia la comisaría de policía. Ridículamente, en la cabeza de Amelia se aferrada la estúpida idea de que si llegaban allí, todo se solucionaría. |

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Re: El susurro de los condenados
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Richard Thompson| Profesor | 43 años El bus arrancó mientras los alumnos trataban de recuperar aire pero por el balanceo de el autobus Richard imaginó que Amelia no estaba en condiciones de tomar el volante asi que rapidamente le ofreció tomar su lugar. Al salir del campus el profesor esperaba ver la ciudad tal y como si nada hubiese pasado, como si aquellas cosas solo hubieran pasado en la escuela, pero la verdad era mas aterradora. La ciudad se habia vuelto un escenario apocalíptico, autos estrellados, pequeños incendios, criaturas que giraban al oir pasar el bus y mucha sangre, el panorama era aterrador y mutilaba las esperanzas de Richard, pero el aun queria creer que podian tener una oportunidad de sobrevivir si llegaban al departamento de policia, pues ahi habrian hombres entrenados y armas. Al pasar los metros la escena no mejoraba en nada y tampoco las espectativas del profesor, de pronto se escuchó un golpe en te techo del bus, por el retorvisor pudo ver dos pares de garrar clavadas en el techo y que comenzaban a moverse hacia la derecha. -Es una de esas cosas que vimos en la escuela, sostenganse fuerte, movere bruscamente el bus esperando que eso tire a la cosa infernal, pero preparense por si logra entrar.- Dominado por la desesperacion, el señor Thompson comenzo a girar el volante del autobus a diestra y siniestra provocando que el autobus zigzagueara con violencia intentando tirar a la criatura.
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Re: El susurro de los condenados
El susurro de los condenados
Amelia Bellrose| Bibliotecaria | 40 años Amelia le cedió el control del autobús a su vecino sin rechistar. Se apartó y se sentó justo detrás de él, protegida por ese vidrio que separaba el primer asiento del conductor y entonces, sólo entonces, se permitió un descanso a su mente. Un descanso en el cual todas las escenas que había vivido desde fuera, como si las viese en una película de terror y no hubieran sido de verdad, la golpearon como un almohadón invisible. El aire empezó a faltarle conforme las imágenes invadían su mente. Cadáveres, estudiantes a los que había atropellado y matado. Podía notar, aún sentada y ya sin estar conduciendo, el crujido de los huesos que había aplastado bajo las ruedas del autobús. ¿Qué había pasado...? ¿Qué estaba pasando...? Se abrazó a si misma, con unas silenciosas lágrimas rodándole por las mejillas, sin comprender aquella situación. Tan solo alcanzaba a vislumbrar resquicios de aquella locura irreal. -Esto... esto no es real... - murmuró al ver las calles de su tan querida ciudad masacradas de aquella manera. La gente corría de un lugar a otro, solo que ya no estaba tan segura de si eran sus vecinos o esos seres caníbales que no atendían a razones. -No.. no puede ser...- negó con la cabeza mientras uno de los alumnos se acercaba a ella. Era un joven que no debía llegar todavía a los veinte años, pero le puso una mano sobre el hombro, intentando calmarla con aquel gesto. Amelia asintió y trató de sonreír justo cuando un golpe sordo embistió el autobús, haciéndolo zarandear. Unas garras enormes se clavaron muy cerca de donde estaba y la mujer gritó despavorida, levantándose y saltando hacia el alumno, aferrándose a él para no caer. A través de los cristales logró ver a esa criatura que se había aferrado al autobús, haciendo que se estremeciese ante aquella horrible visión. La advertencia de Richard le tomó por sorpresa y ella aún no se había agarrado a nada cuando el primer volantazo hizo girar el autobús. Amelia salió disparada hacia un lado y rodó por el suelo, chocando contra uno de los asientos. Su primer instinto fue agazaparse y protegerse la cabeza mientras le bus giraba. Todos los alumnos se habían agarrado e intentaban sujetarla para que dejase de girar, pero ninguno quería arriesgarse a soltarse. Las garras de aquel bicho se desclavaron, tal vez porque soltó el autobús o porque al dar tantas vueltas no pudo sujetarse más. Pero Amelia no llegó a verlo porque de tanto rodar, se golpeó la cabeza contra una de las patas de metal de los asientos. Un dolor agudo le recorrió la base del cráneo y gritó fuertemente, doblándose de dolor. -¡Pa... para ya..! Se... ¡Se ha ido...! |

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Re: El susurro de los condenados
El susurro de los condenados
Richard Thompson| Profesor | 43 años La suplica de Amelia hizo que Richard, quien estaba ensimismado con la idea de sacudir el bus, regresara a la realidad y como pudo trato de enderezar el rumbo del vehículo. Richard queria saber si había lastimado a alguno de los pasajeros pero no podia pues debía concentearse en conducir. La cara yblas manos de Richard sudaban a causa del panico que sentía pero debía controlarse y seguir adelante. -Estamos a unos diez minutos de llegar a la comi....- El dialogo de aliento fue interrumpido debido a la escena que se mostraba frente al profesor, la avenida estaba bloqueada por decenas de vehiculos abandonados o atacados. Richard pensó en avanzar e ir empujando los autos con el bus, sin embargo eso seria demasiado peligroso, pues aquellas cosas parecian ser atraidas al ruido. -No....no podemos seguir mas adelante con el autobus, debemos bajar y continuar a pie.- Richard se veia algo decaido pero seguia intentando analizar la situación pues no solo debia procurar su vida sino la de sus acompañantes. -No parece que haya criaturass en las cercanias y a nuestra derecha hay un barrio que si lo atravesamos nos dejará muy cerca de la comisaría. Podemos usar las casas para ocultarnos mientras nos movemos y podriamos buscar cosas de utilidad.- El lugar era un barrio como en el que el y la profesora Bellerose vivian, normalmente esas casas tenian el mismo diseño asi que tenian algunas cartas a su favor. Sin embargo Richard aun estaba preocupado por la constante y letal amenaza que representaban aquellas criaturas mortecinas. |
Re: El susurro de los condenados
El susurro de los condenados
Amelia Bellrose| Bibliotecaria | 40 años Para la suerte de Amelia, el autobús paró aquel inesperado vaivén, y con ello se detuvo su rodamiento por el suelo, volvió a chocar una última vez contra las barras de uno de los asientos y se detuvo. Tardó unos segundos en ser consciente de ello y lo primero que hizo fue llevarse las manos a la nuca, ahí donde se había dado ese golpe lacerante. Sus dedos se pringaron en una sustancia cálida y espesa que reconoció como sangre antes siquiera de mirarla. Las palabras de Richard llegaron hasta ella de una manera nublada, como opacadas por todo aquel mundo de locura. Se incorporó como pudo, agarrándose a los asientos y tambaleándose hasta quedar en pie. Una de las alumnas de Richard la ayudó entre sollozos, temblando. Amelia le puso una mano en el hombro y trató de sonreír con la mejor sonrisa de confianza. -Tranquila... saldrá bien..- susurró, muy poco convencida. Pero lo importante era creérselo. Intentar avanzar. Se volvió hacia Richard y asintió ante aquella idea. -Podemos rodear las casas... todas tienen verjas y jardín pero no están cerradas... son más de decoración.. y podemos escondernos en las casas..- apuró a los chicos para que se levantasen y salieran del autobús -Acordaos chicos.. despacio, con cuidado y siempre alertas. Tratad de haced el menor ruido posible y si veis a alguna de esas criaturas... -sopesó unos instantes las siguientes palabras que iba a decir. Que salieran de su boca le costó muchísimo. -Si es solo uno podemos enfrentarlo pero... si vienen en grupo.. corred. Tratemos de no separanos.. es mejor si vamos en grupo..- aunque ir en grupo era la manera perfecta de hacer más ruido, pero la idea de separarse y dejarlos ir sueltos no cabía en su cabeza. Las puertas del bus se abrieron, pero antes de bajar Amelia rebuscó todo el autobús con la esperanza de encontrar algo con lo que defenderse. Por suerte para ella, había una caja de herramientas bajo una trampilla en el pasillo. Una caja para cambiar los neumáticos, o algo asó. Lo importante es que pudo hacerse con una palanca de hierro. Bajó del bus con sus alumnos y avanzó unos pasos. Los coches abandonados formaban un tapón en la calle. Atravesarlos para cruzar la calle podía ser peligroso. Era como una trampa, una ratonera. Salir de aquel enjambre de coches sería difícil si se veían amenazados. Amelia señaló una de las primeras casas. -Podemos.. podemos entrar por allí y cruzar todos los jardines.., será más rápido e iremos en linea recta.... |

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Re: El susurro de los condenados
El susurro de los condenados
Richard Thompson| Profesor | 43 años Descendieron del autobus con Richard a la cabeza, caminaba ligeramente agazapados y lo mas en silencio que podian pues aunque el lugar parecia vacio no querian atraer algo hacia ellos pues el lugar estaba muy silencioso y cualquier ruido podria provocar algo no deseado. Lleno de preocupacion y procurando hasta su respiracion, el grupo llegó a la cerca de la primer casa, con mucha facilidad Richard levanto el pasador que atrancaba la puerta y todos pasaron, el lugar parecia vacío, el jardin estaba solo y no habian señales de un auto o de personas en la casa. Richard se detuvo y le hablo al grupo en voz baja. -Quedense aqui, iré a comprobar que no haya nadie y que se puede entrar a la casa, si algo sale mal salgan de aqui.- Sin esperar una respuesta por parte de los demás, el profesor continuo su recorrido hasta llegar a la puerta de la casa. Coloco su mano cerca del picaporte pero antes de tocarlo echó un vistazo a los alrededores buscando algo sospechoso y una ruta de escape, cuando finalmente se convenció respiró profundamente y colocó la mano en el picaporte pero antes de girarlo un estridente sonido en el cielo llamo su tencion. En el cielo de Raccoon City volaban por lo menos cinco helicopteros de grado militar, el profesor giro la cara para ver al mas cercano y solo pudo apreciar un emblema muy conocido del lugar. -Es Umbrella...- No pudo decir nadamas a sí mismo pues un pensamiento aterrador invadió su mente, su rostro se demacro en una horrible mueca de preocupación, el ruido!! Ese malditi ruido que generaban las hélices de los vehiculos pondría en alerta a esas cosas. Finalmente Richard giró el picaporte y la puerta cedió con facilidad asi que se giró y gritó a todos. -Debemos entrar!! Los helicopteros generan demasiado ruido y esas cosas se pondran en movimiento pronto e iran por ellos.- Richard señalo que tal vez a un kilometro de donde estaban ellos, una nave descendia rapidamente. Mientras el profesorles hacia señas para que entraran, podian empezarse a oir los lamentos de aquellas criaturas que comenzaban a acercarse. |
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