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Mensaje por CaptainZ el Miér 27 Abr - 21:30

۩
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En los Siete Reinos ya nada es lo que parece.

Los dragones no surcan los cielos, al igual que tampoco sus posaderas se asientan en la cúspide del continente. Nueve son los territorios que, divididos, afrontan sus propias batallas. Más allá de los límites fronterizos, donde el invierno amenaza con emerger de su sueño eterno, y de los mares asolados por viles piratas, se encuentra el frondoso Dominio.

Reino regido en nuestros días por los Tyrell, cuna de la caballería y de riquezas sin parangón, allí es donde la historia comienza y los débiles caerán para abrir paso a un nuevo poder; Los Hightower. En pocas generaciones, los pensamientos de los más emblemáticos vasallos y antiguos soberanos ha derivado a las ansias de recuperar aquello que se les fue arrebatado.

No cesaran, pues consideran que su fortaleza es mayor a las de sus adversarios. Costes no importan y de ética carecerán para llevar a cabo sus planes. Dos de ellos, aquellos que edad superior albergan y mil pasiones se profesan, serán el inicio de los nuevos cimientos que retornaran la grandeza de su casa. Porque ellos son los Hightower de Antigua y devoraran con sus sombras a los enemigos que sucumbidos a la expansión de su poder perecerán.

Intrigas, complots, asesinatos, secretos . . . Lo peor de la humanidad en el mismo lugar donde se la vio nacer en la Era de los Primeros Hombres.


Malora Hightower | Lady, Señora en funciones y Castellana de Antigua | Yvonne Catterfeld | CaptainZ



Baelor Higthower | Verdadero y Futuro Rey del Dominio Señor de Antigua &Co Títulos | Ben Whishaw | Kdavis




.ZRL – CS – Juego de Tronos – 1x1  
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Última edición por CaptainZ el Miér 27 Abr - 22:29, editado 1 vez




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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por CaptainZ el Miér 27 Abr - 22:12

I.
Malora Hightower.
Prólogo.


La adularia del anillo huevo de paloma perdió su pura tonalidad, agraviada y mancillada, por los vestigios de sangre indigna que en ella residió. Un alarido, sosegado por los muros de piedra blanca de los aposentos, escapó de la sucia boca de la mujer que caía al suelo mano en la mejilla. Malora contempló a la comadreja que estaba a sus pies, caían lágrimas de dolor por sus dilatadas pupilas, pero las ignoró completamente. La mano aún se mantenía alzada, sin temblor alguno después del impacto otorgado, como signo de repetición futura en caso de empeorarse aún más la situación. Una amenaza más que velada que no temía en hacer realidad. —  Te has atrevido a tirar de mi cabello, ingrata. — No alzó la voz, siendo innecesario para advertir de sus intenciones. — P-Pero mi señora. . . H-Ha sido un accidente, y-yo jamás. . . jamás. . .—   Intentó en vano sosegar la furia encendida en los orbes aguamarina de la dama, tan vivaz era el fuego como lo era en el faro que coronaba TorreAlta sobre sus cabezas.  — ¿Tú jamás, qué? No te atrevas a completar la frase, y ni siquiera a hablar sin el permiso debido. Ahora levántate del suelo, vacía el orinal y piérdete de mi vista. — Ordenó volviendo a sus propios quehaceres, como cepillarse así misma los cabellos ligeramente dañados por el tirón otorgado momentos previos atrás. Sin responder, la muchacha se incorporó con torpeza del frío suelo complementado con riquísimas y excelentísimas alfombras importadas de Myr. Cumplió con las palabras encomendadas, aun con la mejilla enrojecida y la marca del anillo sobre su tersa y nívea piel de porcelana, bajo la auspicia mirada de una doncella que seguía cada movimiento desde el espejo. Antes de que alcanzará su salvación, la enorme puerta que daba acceso a los pasillos de la torre, fue advertida una vez más por la fría voz de Malora. —  Osa mencionar o escribir algo de lo aquí ocurrido, y ya no deberás de preocuparte por la comida a servir en tú mesa. — No permitió que añadiese algo al respecto, vetada así fue en todas y cada una de sus formas, y ella pareció comprender la gravedad del asunto ¿Además que iba a escribir? Si no sabía ni leer o escribir. Un escueto y nervioso asentimiento bastó y cerrando la puerta detrás de sí, dejó a Lady Malora sola en los dormitorios con sus propios pensamientos. . .

Finalmente la mano si comenzó a temblar. Pero no hubo en ella atisbo de resignación o arrepentimiento, era la furia encendida que la consumía por dentro aquella que causaba su malestar presente. La melena dorada, aquella de la que tal orgullosa estaba – grueso y ondulado,  cuya soltura llegaba caía hasta acariciar la cintura – ya no era parte de la dolencia, pero guardaba en estima aquel anillo, cuya gema era de sus favoritas. Había perdido el brillo y la castidad de su tonalidad por las miseras gotas que se habían desprendido de la carne de la comadreja. Chasqueó su lengua e imprudentemente retiró con violencia el anillo de su dedo. En el hueco que dejó, notó como marcas de aquella misma tonalidad habían quedado en su propia piel, lo cual agravió el estado de ánimo de la dama. Con la soltura habitual se incorporó del asiento y encaminó sus pasos hasta el balde de agua, allí sumergió sus manos pese a saber que  el contenido de recipiente estaba hirviendo. Rasgo con fuerza ambas manos, incluyendo el propio anillo, para retirar así la sangre vertida con inmunidad.   — Ya tengo que dar al populacho, satisfechos estarán al ver la generosidad de su Doncella de la Torre. — Masculló entre dientes mientras secaba las manos y lanzaba la pieza que tanto añoró en los años anteriores contra  un acolchado asiento que relegado quedó de cualquier otra función. El batin marfil de seda se arremolinó a sus pies por cada paso que era realizado, conduciéndola hasta el lecho dónde se acomodó a medio costado. Allí yacía dos gruesos volúmenes que había estado leyendo a lo largo de la prematura noche que había iniciado su caída en Antigua. Ambos estaban realizados con tapa dura de terciopelo, uno en sable y otro en un sinople bastante oscurecido y maltratado. Los grabados y páginas estaban amarillentos, signo de la antigüedad de sus escritos y el recorrido que habían realizado hasta que llegaron a las enrojecidas manos de Malora. Así perdió valiosos minutos, quizás horas, dónde la calma nuevamente reinó en los aposentos de la hija mayor de Lord Leyton Hightower, al igual que la tonalidad habitual de sus manos.

Su mente agolpó los conocimientos adquiridos y repasó los que ya había tenido del pasado hasta que un llamado reclamó la atención de la mujer. Decidió ignorar el primero, pensando en que pudiera haber sido fruto de su despierta imaginación, pero cuando se repitió nuevamente supo que realmente ocurrió. Sin saber quién pudiera ser y con aquellos escritos en su poder, ocultó estos primero dentro del baúl que yacía a los pies del lecho, añadiendo por encima de estos numerosas telas y objetos que se hallaban ya en su interior. Habiendo ocultado parte de sus secretos, se incorporó de la cama. Tomó entre sus manos la vela prendida que iluminó su camino – a pesar de que la chimenea ya emitía suficientemente luz – y abrió la puerta muy lentamente. El rabillo del ojo y espacio otorgado le procuró la identidad del misterioso visitante, que reconoció inmediatamente. Una curva sonrisa se apoderó de los labios al murmurar su nombre. —  Baelor. . . —   Murmuró su nombre, como otras muchas hubo realizado. Abrió completamente la puerta y le dio acceso al interior de los aposentos.  —  No has debido de tocar, te he hecho esperar, sabes perfectamente que mis puertas siempre están abiertas para ti. —  Complementó al llamado anterior después de haber ojeado los pasillos – por si alguien estaba de guardia o veía algo – y cerrar la puerta al paso del hombre. El portazo fue suave, como el vaiven de la tela que la cubría y las caricias que su propia melena le procuraba. No así la mirada, aquella expresión habitual, en el rostro de su hermano mellizo. Imitó durante una facción de segundo la cara de este, con el ceño fruncido, antes de soltar una risa divertida y continuar avanzando hasta la mesa del centro de la estancia, dónde un cuenco de frutas y dos jarras – una de agua y otra de vino – estaban allí. Recogió dos copas y las relleno del vino tinto que entregó a su hermano, ella se quedó con la otra entre sus dedos. —  Vamos Baelor, bebe y escupe aquello que te tiene con esa cara no haber sentido placer en todo un mes. Luego a ver que puedo hacer yo para solucionar eso, porque acierto en creer que has venido para contarme algo ¿No? —
Malora Hightower – con Baelor Hightower – Aposentos de ella.
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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por KDavis el Miér 27 Abr - 22:14

La copa de vino resbaló de entre sus dedos cuando escuchó aquellas palabras "Te casarás con Mina Tyrell, es una joven hermosa, te dará muchos hijos y gobernará Antigua contigo, y acabaremos con las rencillas entre ambas familias" Cerró los ojos, pero no por el estruendo de la copa al chocar con el suelo, romperse en mil pedazos y derramar el exquisito vino por la piedra. La mirada de odio obligó a los ojos de Baelor a buscar primero en los de su padre y después en los de su madre, que asentía como como una estúpida marioneta a todo lo que decía el traidor de su esposo. Traición. Era la palabra perfecta para definir lo que el heredero de Antigua sentía en ese momento, sus padres habían traicionado todo aquello que le hubieran inculcado de niño, sentía ganas de vomitar, pero solo podía sostener la mirada de sus progenitores.

Finalmente su madre se acercó a él, con dulces palabras un "Entiéndelo" y un intentó en coger su mano para tranquilizar a su hijo, gesto que fue rechazado por Baelor con un aspaviento de la mano y la consecuente mirada de advertencia. - No hay nada que entender madre. - Dijo levantándose de la silla para salir de aquella estancia, le faltaba el aire, como le faltaría a la puta flor que osara tocarle, la ahogaría con sus propias manos, ¿cómo pretendían sus padres que retozara con semejante arpía? No era más que una niña y ya se decía era la puta más insoportable del Dominio. Baelor se paró y le pegó un puñetazo a la pared, el odio hizo mella en él y no le permitió sentir el dolor del hueso que se rompió, ni tampoco de la pequeña herida que se hizo en el nudillo, pero no fue el único golpe que dio contra la pared, unos metros más adelante y sin sentir aún el dolor volvió a pegarle a la pared.

Estuvo largos minutos caminando y golpeando las paredes, finalmente se cruzó con el pasillo que llevaba a los aposentos de Malora, su adorada hermana. Baelor giró y al llegar a la puerta tocó a la puerta, ¿por qué lo hizo aquella vez? No lo supo, tan solo lo hizo. Pero Malora tardó en abrir la puerta, haciéndole llamar por segunda vez. La paciencia no era algo que aquel día desbordara pero al ver el rostro níveo de su hermana, con el cabello suelto y la fina tela que cubría su cuerpo le hizo contenerse de soltar algún improperio. No, ella no tenía la culpa, no debía pagar con ella la insensatez y estupidez de sus padres.

Entró en la estancia, ella bromeaba por su gesto mientras le servía vino, inconsciente de la realidad, dejando que se divirtiera mientras pudiera, y cuando terminó Baelor le miró fijamente, dejando la copa de vino en la mesa, y sostuvo el rostro de su hermana, perfecto frente a ella, aquella referencia a sus prácticas prohibidas le hizo desearla, aunque también acordarse de las pretensiones de sus padres.

- Malora... - Dijo con voz seria y ronca, acercándose a ella hasta apoyar su frente a la de su melliza. - El mundo se ha vuelto loco. - Rozaba su propia nariz contra la de él en una suave caricia, sin saber bien como expresar aquel conocimiento que envenenaba su ser. - Padre y madre quieren acabar con la disputa con los Tyrell. Me han comprometido con la puta de Mina. - Dijo en un susurro para ella, consternado por decirlo en voz alta él mismo. Quería pedirle tantas cosas, decirle tantas cosas, que no sabía por donde empezar, abrió los ojos, aún enfurecidos, buscando la reacción de su hermana. - Hemos de hacer algo. Debes salvarme. - Le dijo buscando su ayuda, tenían que planear aquello, juntos, hacer algo, aunque solo fuera huir de la locura incipiente de sus padres, le necesitaba más que nunca.
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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por CaptainZ el Miér 27 Abr - 22:18

I.
Malora Hightower.
Prólogo.


Tendió la copa a su hermano mellizo, aquel con el que al mundo había llegado y compartido el batir de las campanas. Incontables, e indecibles, eran los secretos que ambos poseían y que reguardaban el uno para con el otro. Poco podía predecir la Dama Plateada que aquella noche, en esos mismos aposentos, uno más se orquestaría y un pecado más a su lista ascendería. Apenas poseyó tiempo para permitirse el dar un sorbo al contenido de la propia, saboreando el afrutarado vino que caía en el gaznate y escuchar su cántico rítmico. El deleite culminaría antes de lo inesperado, creyendo erróneamente cual era la causa de la presencia de Baelor en la estancia. Él mismo la sacó de dudas, emergiendo en otras nuevas de carácter menos placentero y de un aire más funesto. Imitó su proceder al situar la copa junto a la de él, más no acompañó la guía de sus manos hasta el rostro alterado del heredero de Antigua. Las situó sobre el pecho del mismo, en el aterciopelado jubón cuyos colores representaban el blasón de tan ancestral familia . . . Salvo por unas gotas que lo mancillaban, de vino si su olfato no hubo engañado a Malora en identificar y desdeñar las peores posibilidades. No recayó que estas tenían lugar en las sedosas manos del hombre, pues no se fijo en ellas en ningún momento.   — ¿Y desde cuando nos importa el mundo? Nosotros lo regimos, hermano, pero no lo sanamos. Cuánto más loco, más fácil es de manipular. — Respondió entonces, aún contrariada por el matiz de la conversación que estaban estableciendo. Las facciones de su gemelo la obligaban, sin embargo, a considerarlo lo suficientemente serio e importante como para que borrase cualquier atisbo de sonrisa de sus sonrosados labios. Lo hizo, desde luego. Más aún cuando la boca de Baelor se movió para desvelar el agravio y traición del que habían sido objeto. 

La expresión facial de Malora no pudo haber sido más dura ni menos inquietante, los orbes aguamarina de la Dama Plateada se abrieron excesivamente. De no haber estado sujeta por las manos de su acompañante, se habría apartado de un manotazo por lo que creyó embuste. ¡Debía de serlo! Pero parecía no serlo, su cara lo mostraba. Baelor no poseía ese sentido del humor, jamás diría semejante insensatez y sinsentido solo para colmar la paciencia y despertar la furia de Malora. Ambos sabían que aquello no era plato a ser servido. Prendida la llama nuevamente, como la que coronaba y brillaba sobre TorreAlta en el Faro iluminado, no dejó que esta vez fuera sofocada. — ¿Qué. . . has. . . dicho? — Siseo tan pronto volvieron a encontrarse ambas miradas, tan pronto él tuvo la valentía de abrirlos y encontrarse de lleno con la tempestad que había desatado. — No puedes hablar enserio. Debiste escuchar mal. No nos pueden haber traicionado de esta manera. ¡¿Tú casado con una pomposa flor?! ¿¡Qué será lo siguiente?! ¿¡Venderme a un burdel de Lys!? — Era una comparativa bien aproximada, ambos poseían los mismos pensamientos sobre la Casa Tyrell. Desde no hacía muchas generaciones, los Hightower habían profesado un odio y resentimiento hacía los gobernantes del Dominio. Más antiguos y solemnes eran, más ricos y poderosos, más dignos. ¿Porque meros nobles avasallados a unos malditos mayordomos? Un insulto, pero lo ocultaban bien, guardaban máscaras y continuaban jugando, moviendo piezas lentamente. . . Inculcando tales sentimientos, incluso más fervientes, a sus descendientes. Baelor y Malora fueron consecuencia, junto al resto de sus hermanas y hermanos, de esos ideales. ¿Cómo se atrevían ahora a abandonar todo aquello por lo que se luchaba con una unión. . . con una indigna? 

Los dedos de la rubia se aferraron con más firmeza y fuerza sobre la tela confeccionada, casi hubiera arañazo la piel bajo la misma de haber presionado con más viveza. — Shhh. Tranquilo hermano mío, serénate conmigo. Nunca te he dado la espalda, igual que tú a mi tampoco. Hoy no cambiará mi sino sobre ti, nunca lo hará. Mi unión es con la Casa Hightower y contigo, más la lealtad y obediencia que debía a Rhea Florent y Leyton Hightower ha quedado deshecha desde este instante. — Procuró calmarle a él primero, barrer cualquier atisbo de inseguridad o miedo que poseyera. Sabía que debían de conversar las cosas, apalabrar todo para hallar con algún plan de contingencia. Antes, sin embargo, ambos debían de estar tranquilos para pensar con claridad. Ella lo calmaba a él, él la calmaba a ella. Así trabajaban, así se controlaban y entendían el uno al otro. Nuevos “shhh” escaparon de sus labios, dejando que durante unos segundos el silencio reinase en los aposentos de la mujer. No obstante, cuando sintió una gota recorrer su piel se estremeció. Hizo un descenso de cabeza, preocupada de que la sangre de luna hubiera llegado de forma tan inesperada, más no era la fecha aún y no había humedad propia entre las piernas. Sangre fue la que había en su pie, no erraba al divisarla. Solo al situarla. Recorrió a su hermano con la mirada, de arriba a abajo, buscando el objeto de su trayectoria y foco, hasta que lo localizó finalmente en sus manos. Abrumada por la visión, dio un paso hacía atrás. — ¿Qué te has hecho, Baelor? ¿Vas a permitir que esa mocosa y los traidores vejestorios que nos dieron la vida tengan este poder sobre ti? Lanzarte desde TorreAlta los ayudaría, sin duda. — Como pocas veces, Malora regañó a su mellizo. Aún hablaban en susurros velados, como cuando compartían noches mejores. Sin embargo, debió de acentuar su voz para hacer notar su enfado. Deslizó las manos sobre el jubón hasta alcanzar la herida del intelectual, rosando cuidadosamente con las yemas de los dedos el daño ejecutado. Sangraba, no en exceso pero tampoco detenido, y dado el temblor y el acentuado del hueso, la seguridad de una fisura era elevada. Chasqueo con la lengua, sin llegar a levantar los ojos desde la herida. — Primero trataremos esto, puede que no seas un guerrero pero tampoco sería adecuado que el futuro señor de Antigua fuera manco. ¿Verdad? Luego nos encargaremos del resto, uno a uno con los males a tratar, tenemos una larga y solitaria noche por delante. —


Malora Hightower – con Baelor Hightower – Aposentos de ella.
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Última edición por CaptainZ el Miér 27 Abr - 22:22, editado 1 vez




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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por KDavis el Miér 27 Abr - 22:19

Notaba la caricia de sus manos en su pecho, aquellas manos cálidas, capaces de sosegar su alma, pero a quien podía mirar correspondiendo a las pretensiones de ella, su alma se encontraba hostigada por las noticas y no podía ignorar aquello para simplemente dejarse llevar por ella. Dejó de sostener su rostro con ambas manos, dejando que una cayera libre a su costado, una señal de la derrota que suponía lo que sus padre le hubieran confiado aquel día. No dijo nada acerca de la locura del mundo, pues la locura, lejos de ser usada por ellos para llevar a cabo sus planes, se había vuelto en su contra.

Tal vez la seriedad de su mirada hizo ver a su hermana que aquella era una situación especial, una situación excepcional, que le impedía disfrutar de su compañía como otra noche. Pudo escuchar su siseo claramente, generalmente no dejaría que nadie le hablara así, pero le entendía, él también había sentido como las palabras, como dagas habían cortado su cordura, como habían hecho añicos sus ideales y sus sueños, y frente a él tenía a Malora, sus ojos claros, devolviéndole la mirada con furia, como si le estuviera gastando una muy burda broma pero asintió levemente con la cabeza para indicarle que si, que aquello era real, y ella pudo ver que en sus ojos había impotencia por su destino y furia tan solo de pensar que a su lado no estaría su hermana, sino una estúpida flor que se creía más lista de lo que realmente era. Pero al igual que él mismo, su hermana necesitó un momento para dirigir las palabras y así entender la envergadura de las mismas, Baelor sostuvo la mirada, dejando que fuera él el objeto de su furia y su ira, al menos de momento.

Pero ella reaccionó antes de los previsto, él aún sentía el odio recorriendo sus venas cuando ella le mandó a callar, demostrando su lealtad, sus pensamientos, su dulce Malora seguía siendo ella. El mundo no se había vuelto loco, tan solo la insana voluntad de sus padres, Baelor cerró los ojos, dejándose llevar por su hermana, se permitió un segundo de debilidad, tan solo mostrado a ella, acariciando su rostro con suavidad, y buscando lentamente sus labios.

Abrió los ojos cuando ella dio un paso atrás, separandose de él, temiendo por un segundo que ella también le traicionara, pero lejos de eso tan solo estaba preocupandose por una herida. Una estúpida herida que ni se dio cuando se hizo, seguramente algún altercado con el vino. Escuchó su reproche y puso los ojos en blanco, quería sosiego, no que le curara, pero en sus reproches pudo adivinar que poco podría hacer en contra de su determinación.

- Espera. - Le dijo levantado su mentón con la mano herida, mientras con la otra rodeó su cintura para atraerla hacia él y así finalmente besar sus labios, buscando el sosiego que tanto necesitaba. La mantuvo firmemente frente a él mientras transcurrieron los breves segundos que necesitaba para recuperar fuerzas, directamente cogidas de la mejor fuente de energía que conocía. No se deleitó demasiado en sus labios, imaginando la urgencia de su hermana por curar su herida, y tras unos segundos dejó de presionarle, bajando su mano por su cuerpo, sin importar que su espalda terminaba. - Tal vez me haga ver más atractivo. - Dijo con una sonrisa a modo de pequeña broma. - Si me curas tu podemos empezar a pensar ya en qué hacer. No quiero que me toque el maestre. Esta noche solo te necesito a ti. - Le dijo en su susurro, no deseaba maestres, ni las más hermosas mujeres curando sus heridas, solo a ella, su calor, y su voz. Se relamió los labios mirándole, ahora que le había besado, podía ver algo más allá de su oscuro destino.
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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por CaptainZ el Miér 27 Abr - 22:21

I.
Malora Hightower.
Prólogo.


La sorpresa estaba instaurada en las facciones alteradas de la Doncella de la Torre, un título casi atribuido a su supuesta virtud y castidad, que aún trataba de recomponerse de los pedazos esparcidos a su alrededor. El faro iluminaba a Antigua, guiando a los barcos mercantes y pescadores hasta la seguridad del puerto, pero nada ni nadie les proporcionaba luz a ellos. No importaba que la chimenea estuviera prendida o que la vela ardiera candente a su proximidad, ellos eran una oscuridad perpetua cuyo halo de luz era inexistente. Sombras que jugaron desde niños a ser mayores, y ahora de mayores a dar el siguiente paso. Perdida se encontraba en los misterios de la mente, obsesa por la idea que su hermano implantó en su cabeza; Pensaban casarlo, ello no habría sido tan malo, con una florecilla de Altojardín, ello lo hacía grave y perjudicial para todo a lo que se habían preparado desde la primera luna que los vio llegar al mundo. Así pues, su único foco era aquella herida en la que recaía su atención como bálsamo inicial a la recuperación temprana de la consternación. A pesar de todo, Baelor pareció tener otros planes, pues fueron alterados al sentir su mano escurrirse de entre las suyas y ser empleada para levantar el mentón. — ¿Qué esperé? — ¿Estaba en su sano juicio? Lo dudaba.  — ¿Te das cuenta de la gravedad? Has calado hasta el hueso, debo echarle un ojo para prevenir una infección y. . . — Su voz se mermó, desapareciendo de forma repentina entre los muros de los aposentos de Malora. No se negó al contacto de los labios de su hermano, nunca lo había hecho, sino que correspondió al deleite del tacto consagrado pese a que el vino no sabía a gloria como componente inicial a sus clásicos juegos nocturnos, sino al amargo sabor de la traición. La mano de su hermano recayó en la columna vertebral de la dama, recorriendo la zona por encima de la tela que ocultaba su desnudez. Ahogó en sus labios un suspiro placentero, propiciado por la sedosidad y suavidad del movimiento, del descenso por aquel lugar que hacía añicos su resistencia y escalofriaba su cuerpo.

Cuando recobró la cordura, aprovechó el apoyo de sus manos en el pecho para ir separándose de aquel remanso de sosiego. Fue un gesto lento y doloroso, pero necesario. La cercanía del resto de sus anatomías continuaba presente, al menos así lo estuvieron unos segundos demás. Ella le dedicó una sonrisa, de las pocas sinceras de las que Malora era poseedora, clavando sus orbes aguamarina en los ámbar de su gemelo. Tan distintos físicamente, tan iguales en todo lo demás. ¿Cómo negarse a él? Se complementaban, eran uno. Su dolor era el propio, tanto así que su mano se estremeció sobre el pecho latente del hombre para recordarle su necesidad de sanación.  — Tienes un ego tan elevado como TorreAlta, hermano querido. — Le dedicó en broma, respondiendo de esa manera a la desprendida por sus labios. Acarició su nariz con la propia, meciendo esta con delicadeza. Por el contrario, una de sus manos se vio retirada de tan cómodo lugar para guiarse hasta la dañada por la frustración, colocándose sobre esta en un intento de ser un bálsamo curativo y protector. Además. . . Detener su avance, tenían mucho que hablar y de continuar recayendo encontraría la apertura de las puertas del pecado.  — ¿Creías acaso que te dejaría en manos del maestre? Sabio es sin duda, pero le iría con los cuentos a aquellos que no quiero mencionar ahora. Yo sanaré tus heridas, como siempre he hecho, y procuraré por ti, como siempre haré. — Murmuro contra sus labios, tanta era la cercanía de ambos que cada palabra era una rozadura contra ellos, una aproximación más al arrastre de sus mejores noches. Cerró los ojos, como si se hubiera dejado llevar por las corrientes que Baelor hacía desatar, tanteando la suavidad del terreno ya conocido y también profesado. Sin embargo, no se permitió el lujo de perder más valiosos segundos. Hubo ya perdido demasiados en una recreación que no tendría su culmine, no hasta que se hicieran cosas de mayor importancia antes. 

Así se separó finalmente del cuerpo de Baelor, mudamente sus ojos le pedían disculpas por aquel ardid cometido hacía su persona. Había esperado a tomarlo con la guardia baja para dar tantos pasos como para impedir que la atrajera una vez más hacía él. Soltó la mano con ternura y delicadez antes de seguir avanzando hacía atrás.  — Toma asiento, ponte cómodo. Necesito buscar lo que requerimos para esto. — Dejó entonces que seleccionará el lugar en el que acomodarse, después de todo era tan dueño y señor de aquellas habitaciones como la propia Malora era. Igual que ella a con las de él. Demasiadas visitas, demasiados descansos. . . Demasiada compañía compartida. Tras haber mencionado esas palabras, se volteó y caminó con la elegancia que los Dioses – si es que existían – le habían proporcionado. La tela del batín lamía el suelo por cada paso ejecutado, más no reparó si quiera en la suciedad que se pudiera impregnar en sus andares. Cesó el trayecto al llegar hasta una enorme estructura de madera blanca, cuyo contenido albergaba incontables libros en los estantes. Apartó una pila de estos, juntos en su sincronía, pues se hallaban huecos y carentes de páginas que pudieran ser leídas. En sustitución a las letras del conocimiento, los resultados de tal vestigio se encontraban. Algunos frascos de distinta tonalidad y dimensión, a los cuales Malora echó una mirada en busca de uno en concreto. Agitó unos y olisqueó otros, hasta que pareció encontrar aquello que anhelaba en dar. Un frasco de cristal cuyo contenido pareció ser cobrizo la acompañó en su camino de retorno, junto a este otro más circular y oscuro, pero más inocentes en sus acciones. Una pequeña tela encerrada en el puño de la mano contraria daba a entender un tercer objeto escondido y que traía consigo. Al encontrar a su hermano ya sentado, no reparó en sus acciones, tampoco en querer arrastrar mueble alguno para tomar asiento frente a él. Lo hizo en el regazo del hombre, sin pedir permiso ni hacer notar su vergüenza.  — Leche de fuego y leche de amapola. — Le informó señalando al primero y posteriormente al segundo de las vasijas. El de amapola ya debía conocerlo, más el otro no. No recordaba al menos que Baelor hubiera padecido daño alguno en el pasado que lo obligase a recibir semejante tratamiento. 

Se deshizo del frasco de la leche de amapola y de aquello que había ocultado hasta entonces, una cataplasma elaborada de diferentes plantas y semilla, dejando en su mano solo la leche de fuego. Retiró además el cinto de seda que maniataba y adhería el batin a su cuerpo, a la cual enrolló la mano dañada.  — ¿Estás preparado para sentir el calor los Siete Infiernos? Vas a ver todo tú mundo arder, no hay vuelta atrás. — Una mera formalidad, una pregunta de “profesional” a paciente, pero que para ellos guardaba más de un matiz oscuro y terceras intenciones evidentes. Reflejaba la herida sanada gracias a la quemadura que le realizaría sobre la piel, reflejaba la consumación de sus actos más ímpios . . . Reflejaba la caída de los cimientos actuales de la Casa Hightower en sustitución por otros más perpetuos, duros y firmes; Por Baelor. No esperó su respuesta, más uso la mano libre para atraer el rostro de su hermano hacía el hueco libre de su cuello.  — Ahoga tus gritos, que no escuchen tu dolor. No le des a nadie esa satisfacción. Apacigua cada lamento en mi, yo los sabré contener. — Dio como último consejo antes de permitir que el líquido carmesí se vertira desde el frasco hasta la mano del señor de Antigua. Futuro señor en realidad, más en pocos días – semanas tal vez – aquel título sería el suyo. Por poco tiempo tal vez, porque Malora movería cielo, mar y tierra para culminar la venganza que aquella noche se fraguaría en sus propios fuegos, en retozar en la venganza que se vería consumada entre sus muros. . . Del vasallaje haría honor a la memoria de sus antepasados y de las cenizas un rey brotaría. Uno con la sombra más extensa y gloria más eterna.


Malora Hightower – con Baelor Hightower – Aposentos de ella.
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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por KDavis el Miér 27 Abr - 22:23

Los labios de Malora le aceptaron sin reparo, correspondiendo a sus labios ansiosos de encontrar el sosiego de la única persona que le complementaba, eran uno, y cuando uno estaba débil, aunque solo fuera por el puñal de las palabras e intenciones de sus padres, se apoyaban en el otro y seguían iluminando el mundo. Aquel suspiro de sus labios le incitó a seguir besandole, a no parar, pero se contuvo tan solo dejando escapar una sonrisa, ahora más confiado tras beber de su coraje.

Se rió al escuchar acerca de su ego, pero no dijo nada imitando el gesto de ella, aprovechando la cercanía, dejándose llevar por pequeños gestos, aquel momento en el que tan solo les separaba un pequeño gesto para volver a probar sus dulces labios una vez más. Ella le dijo que no dejaría que un maestre le tocara, sobre sus labios, y al ver que sus ojos se cerraban, privandole de la visión de aquellos hermosos ojos, Baelor cerró los propios, queriendo volver a unir sus labios, y cuando estuvo a punto de dejarse llevar totalmente, dejarse de juegos, notó como el calor de Malora se desvanecía para alejarase.

En su mirada pudo ver la disculpa, pero aquel gesto le hizo morderse el labio inferior, maldiciendo aquella herida que le alejaba de los labios de Malora. Ladeó la cabeza, se pagaría aquello más tarde, cuando sabía que ella le dejaría continuar, sabiendo que no estaría tranquila hasta que sanara sus heridas, y tras un mudo suspiro asintió, para alejarse hasta el lecho de su hermana, no dudó en sentarse, sin apartar la mirada de ella, que paseaba por la habitación con aquella manera de andar, sin importarle a donde iba o dejaba de ir, tan solo siguiendo su silueta, tan solo preocupandose de no manchar las sábanas.

Finalmente Malora volvió a él, y no dudó en tomar asiento en el mejor lugar de la estancia, sobre su regazo, rodeando de nuevo su cintura con la mano que no había sufrido ninguna herida, y miró los frascos, escuchando sus palabras, ella era la alquimista, la que se había escabullido en el bullicio de la Ciudadela y había aprendido de los maestres, ante su pregunta se encogió de hombros indiferente, pensando que no dolería tanto y que tan solo exageraba, ella aún así le atrajo hacia ella, hacia su cuello, él lo tomó como un juego y no dudó en buscar su piel para besarla, algo que no llegó a hacer pues el líquido cayó en su mano, obligándole a apretar la cintura de su hermana contra su cuerpo, maldiciendo aquel terrible dolor. Pero tras morderse el labio de nuevo para intentar repartir el dolor llevó sus labios al cuello de su hermana, sellando así su boca, y dejando tan solo que su respiración agitada, además de algún gemido de dolor escapase de sus labios, esperando que aquello terminara finalmente para poder maldecir a los Siete por aquel maldito brebaje.
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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por CaptainZ el Miér 27 Abr - 22:26

I.
Malora Hightower.
Prólogo.


No hubieron palabras durante un largo trecho de la noche, bajo el seguro amparo de sus aposentos dónde la altura y la piedra confinaban sus secretos. Notaba cada cálido aliento contra el fino y lechoso cuello del que era dueña, pero no se permitió distracciones por mucho que el amarré y la provocación la invitasen a ello. El líquido carmesí caía gota a gota sobre la mano de Baelor, esparcido con una lentitud desgarradora sobre la zona impactada donde residía la herida. Otros lo hicieron sobre la tela plateada que haría en un futuro de venda improvisada, más digno sería de él que una simple corteza mal elaborada. Ella misma hubo desprendido aquel fragmento del amarre del batin, por lo que ahora a medias estaba expuesta a los vientos que se colaban por las ventanales y la mano furtiva que la afenaba al único foco de calor presente y cercano a su cuerpo. Tampoco puso oposición a esos gestos, centrada su mente estaba en la caída de las gotas para que los temblores no provocasen el descenso de más de las necesarias. Solo cerrar la herida era necesaria, no que se tocará más piel de la requerida; ahí el dolor sería aún mayor y más que el cuello necesaria su hermano para subsanar el desgarrador padecer del fuego que caía sobre él. Pulso a pulso, gota a gota, la piel se sería engrosando hasta no tener que hacer más que colocar la cataplasma sobre la palma de la mano. Ello terminaría de cerrar la herida abierta y bien vendada la muñeca con el cinturón del batin se afianzaría y reforzaría la sujeción. 

Fue entonces cuando Malora soltó un suspiro, no supo si por el contacto de Baelor o por si era del alivio que residía en ella ante la cura improvisada pero bien elaborada. Solo debió de extender su mano libre para cerrar el tapón del frasco y luego para sujetar el propio de la leche de amapola, que guió hacía el rostro de su hermano.   — Conoces los riesgos, tuya es la decisión. — Palabras ambiguas para una situación ambigua. La leche de amapola, como sus propios actos, recaían en una adicción que pocos guerreros veían a bien sucumbir. Además de que el efecto inmediato era la somnolencia pero aplacaría las dolencias recibidas momentos atrás. Él podía tomar la decisión de tomarla o no, del mismo modo que de proceder contra sus padres o no. Malora a pesar de todo debía de cuestionarse incontables preguntas para saber que sendero sería el mejor a ser encaminado, pues trabas encontraría por el camino y un sin fin de posibilidades por vías secundarias. De hecho, antes debían de conversar con toda la lucidez posible, algo que no sería posible de ser bebido el líquido blanquecino que se le fue presentado y a la vista de ambos se encontraba. Mientras que con una de sus manos continuaba sujetando el frasco, la otra se hallaba acariciando – pero presionando en cierta medida – la mano dañada y que ella misma hubiera sanado. Su intención que notase el dolor al que debería de hacerse eco y soportar en las próximas horas, por si mismo si era capaz pues poco más podría hacer ella salvo prestarse como así lo fue su cuello, en caso de no tomar el medicamento. Por otro lado, era un sinónimo evidente de lo que pasaría para con ellos, y sus propios hermanos, en caso de aceptar ese sendero.

El dolor sería perpetuo y no habría vuelta atrás, los dioses cerrarían sus puertas para la eternidad y sus almas – aun debatido si poseía alguna o no – caerían a los siete infiernos – si es que no lo habían hecho ya –. Inclinó su rostro hacía la frente expuesta del hombre, aún cuando recaían pequeños vestigios de su cabello castaño, perlada se encontraba fruto de las dolencias a las que ella lo hubo sometido. Culpabilidad sintió, notoria cuando sus labios se vieron depositados en aquella zona. Como si de una muestra de consuelo y confort se tratase, cosa que iba incluso más allá en realidad, le proporcionó un beso en la frente y con la punta de su nariz, buscó la de él para que ambas miradas finalmente se volvieran a encontrar. — Dime que harás, Baelor. Y dime como puedo ayudarte yo, sabes que mi sino siempre estará sujeto el tuyo, siempre así lo ha sido, siempre así será, por lo que no debes dudar nunca de que mi lealtad es para contigo.— Pues suyos eran sus miedos, secretos y verguenzas, al igual que suyo era mucho más de lo que hubiera debido de entregar. Pero así lo hizo en el pasado, en el presente con aquella promesa, al igual que en el futuro con la continuada demostración de sus actos. Bajo formas de cualquier distinción, palabras o consejos, noches o sus días, la unión de dos hermanos que afianzarían el destino de la Casa Hightower pese a ser sombras en una ciudad colmada de la luz del encumbrado faro, una luz difusa y no del todo franca, como lo eran sus máscaras y apariencias. Ellos mismos. Reflejos de juegos de luces y sombras, como sus días de veleidades infantiles ante el mundo y otros nocturnos al caer el astro rey en la soledad. La noche continuaba cayendo, sabía que las decisiones eran importantes y debían de tomarse, por lo que tuvo que forzarlo a seleccionar de una vez. Esperaba que ya lo hubiera pensado previamente en el provecho de los silencios que le otorgó.  —  Baelor, dime de una vez. ¿Qué hacemos. . . con todo? — 

Con la leche de amapola, con sus padres, con sus enemigos  . . . Con todo.


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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por KDavis el Lun 2 Mayo - 23:26

Gota a gota el dolor se hacía presente, torturandole cada vez que su piel tenía que aplacar el efecto de las mismas, llegado un momento el cuello de su hermana parecía no aportarle el sosiego y el alivio que le impediría gritar de dolor, dejando escapar algún gruñido de dolor. Finalmente la lenta tortura acabó, las gotas dejaron de caer, y finalmente su hermana terminó con la dolorosa cura que se había echo eterna. Su mano palpitaba incansable, costándole centrarse en los pequeños gestos de ella, aquellas dulces caricias y besos que le había dejado y que con dificultad le había correspondido.

Su voz le hizo abrir los ojos, casi mareado por el dolor, buscando el azul de sus ojos, escuchando sus palabras pero sin pensarlas. La concentración era algo escaso en esos momentos, y hasta que Malora no volvió a insitir ni siquiera se dio cuenta de donde estaba. Miró la leche de la amapola, tan tentadora, pero apartó la mano de su hermana para apartarla de ella. - No gastes más brebajes en mi. Necesito lucidez. - Estaba determinado a llegar a alguna conclusión, si el dolor palpitante de su mano se lo permitía, algo que sería más complicado si además tomaba aquel brebaje.

Dejó que su espalda descansara sobre el lecho. - Dame un momento. - Le pidió intentando recobrar la compostura, la cordura, aquella que estaba siendo martilleaba por el constante pálpito de la mano. - No me casaré con esa arpía. - Sentenció cerrando de nuevo los ojos.
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Re: ۩ We Light the Way

Mensaje por CaptainZ Ayer a las 12:50

I.
Malora Hightower.
Prólogo.


Cercanos eran sus cuerpos, así como siempre lo fueron ellos. Desde la más tierna infancia, se mantuvieron unidos por los lazos de la hermandad. Gemelos eran, juntos habían llegado al mundo a fin de cuentas. Con el tiempo, la cercanía se volvería complicidad y de la misma derivarían muestras de afecto que nada común eran para aquellos cuya sangre compartían. No se detuvieron aún sabiendo que estaba mal, sino que mofaron y continuaron hasta que todo límite fue superado. El mundo era suyo, así como las normas que expusieran al cumplimiento de los hombres, por lo que no aceptaron otra autoridad más que las propias. Aquellas siempre fueron las enseñanzas de sus progenitores, que carentes eran de que sus primogénitos empleaban sus influencias para justificar sus íntimos encuentros. Ellos mismos ahora los traicionaban, no solo a los hijos que habían dado a luz a lo largo de los años, sino sus valores fundamentales con los que fueron inculcados. Y ante ellos, ahora ambos debían de tomar decisiones nada sencillas de llevar a cabo, pero necesarias para mantener viva cualquier atisbo de su legado.

Malora dejó entonces que su hermano tomase un tiempo de decisión, segundos que cambiarían sus vidas para siempre. No podían ser consideradas a la ligera, todo cambiaría desde aquella noche en adelante. Cuando sintió como la mano que sostenía la leche de amapola era apartada, supo que la mente de su hermano había sido guiada hacía un sendero de templé mas oscuro del habitual, pero que ella encaminaría a su lado como siempre hizo desde que vieron la luz del mundo por primera vez. Soltó el frasco, que rodó un poco por la cama hasta detenerse a escasos centimetros del borde del lecho sobre el que estaba sentado él. Ella se mantuvo aún sobre su regazo, cruzada de piernas para mayor conformidad propia. — Sea pues. — Sentenciaría en primera estancia, pero no serían sus últimas palabras. Atrás dejó cualquier beso que hubiera dado sobre la frente de su hermano, así como caricias efectuadas con la punta de su nariz. Los orbes aguamarina de la mujer, eso si, continuaron clavados sobre los oscuros de Baelor, transmitiendo con aquel amago que no habría flaqueza.

Ni la suya, ni esperaba provenir de él. — Si hoy no has convencido a padre de que esas nupcias son un insulto, nunca lo harás. No es hombre que dé su brazo a torcer, madre es sumisa ante él por lo que tampoco claudicará a tu favor. — En los mencionados residía el problema, Malora así lo dejó en constancia. Mientras hablaba, su mano había cesado de apretar la de Baelor a fin de que comenzará a recuperarse poco a poco, a pesar de los dolores que debía de estar sobrellevando por las curas realizadas. Esperaba que el ungüento aliviará el pesar y que la tela que cubría la herida le aportará suavidad, pues ella misma había desprendido el cinto de su batil para cubrirlo. — Nunca fueron un obstáculo para mis caprichos pues siempre conté contigo para cubrirme mientras los llevaba a cabo. —   Hizo referencia a sus estudios en la Ciudadela y en como él, mientras ella estaba fuera y otros preguntaban por su paradero, inventaba excusas que la salvaban. —  Nunca fueron un obstáculo para nuestras incursiones pues las desconocen completamente. —   Hizo ahora referencia a sus pecados reiterados, aquellos ante los cuales nunca parecían estar arrepentidos. Incluso ella se mofaba, pues continuaba yendo cada año al septo para celebrar Día de la Doncella. —  Pero lo serán para la decisión que has tomado, lo sabes. Ahora es mi turno de ayudarte, creo sabes como solventar el problema. . . Pero arderemos en los Siete Infiernos por ello. —  


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