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The Fall — Crackship — 1x1 — Belfast
Stella Gibson es una detective superintendente de la policía metropolitana de Londres, y una de las mejores de todo Reino Unido. Tanto es así que ha tenido que mudarse temporalmente a Belfast por petición expresa de la policía de la capital de Irlanda del Norte.
Nada más recibir la notificación, la detective aceptó sin muchos miramientos, deseando proseguir así con una carrera a la que ha dedicado toda su vida a costa de perder familia y numerosos amantes. Sin embargo lo que se encontró superó sus expectativas. El confirmado asesino en serie perseguía a mujeres como ella: féminas de éxito, fuertes e independientes a las que por alguna razón sometía a unos duros momentos de horror antes de matarlas. Y para Stella se volvió algo personal, muy personal. Tanto que ha terminado por implicarse de manera emocional en el caso.
***
Bree Donnelly recibió la noticia de la llegada de la detective Gibson con mucho interés. En el momento en el que uno de sus contactos dejó caer su nombre supo que allí había una noticia, y que los recientes casos de mujeres asesinadas eran algo más de lo que los demás medios se atrevían a decir. ¿Si no por qué habrían llamado a la detective de la que nadie dejaba de hablar? La periodista debía conocerla y, con suerte, hacer la crónica negra que daría el impulso que su carrera se merecía. Estaba segura de que Stella Gibson tenía todo lo que necesitaba para llenar páginas y páginas que dejasen encantado a su editor.
Personajes

STELLA GIBSON | 47 | DETECTIVE SUPERINTENDENTE | GILLIAN ANDERSON | MANDRAKE

BREE DONNELLY | 36 | PERIODISTA | RACHELLE LEFEVRE | HELLCAT
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1. Don't you dare.
—¡Venga ya! La gente tiene derecho a saber—Protestó la pelirroja dando un golpe con el puño cerrado sobre el mostrador de la comisaria. Un golpe que se ganó una mirada de lo más amenazante por parte del agente que, pacientemente, había cometido el error de atenderla. Bree llevaba dos semanas trabajando en aquel caso, como periodista de los últimos sucesos todo asesinato, robo o violación caía sobre sus hombros. No era precisamente bonito, pero a Bree le gustaba descubrir a sus ciudadanos que el mundo no era tan bonito, que había peligros ahí fuera y que la policía era completamente inútil. Sí, Bree era la típica periodista cargante que investigaba por su cuenta y arrinconaba a los agente más jóvenes para sacarles información. No era nueva en aquella comisaria, y que las paredes oyesen su voz alzada y frustrada tampoco era novedad—Vamos Bree, cálmate no montes otro numerito de los tuyos—Le pidió el agente haciendo un gesto con ambas manos para calmarla. Supo en el acto, por el brillo de sus ojos, que solo le había dado alas.
—¿Me está diciendo agente que no tienen pistas y que cualquier mujer podría estar en peligro?—Bree se distanció del mostrador y alzó la voz lo suficiente para ser oída por cuantos estuviesen de paso, pero sin llegar a ser propiamente un grito. La cara del agente, novato y de uniforme, se tornó blanca como la cal cuando varias personas comenzaron a prestar atención a la pelirroja, que ya de por sí con aquella espesa melena de rebeldes rizos pelirrojos solía llamar bastante la atención, y a cuchichear entre ellos—¿Entonces no estamos a salvo y, además, se niegan a que sepamos a qué atenernos?—Continuó diciendo. A la periodista solo le faltaba un atril para hacer aún más evidente ese discurso sin fin que solo concluiría cuando obtuviera lo que quería: Información.
En las últimas dos semanas había hecho un recuento de víctimas más o menos conocidas, había enlazado incluso algunas que no habían enlazado en los medios pero supuso que la policía sí que lo había hecho. Había indagado en la vida de aquellas mujeres, pero en los sucesos en sí no había mucho donde buscar. La policía no había soltado prenda al respecto y la frustración y falta de información habían forzado su jugada a ir directamente a la fuente, esperaba tener algo de suerte y sacar detalles en claro—Al menos podrás decirme quién es el inútil a cargo de la investigación ¿verdad?—Pidió sin bajar la voz. Las manos en las caderas y la sonrisa bailando en sus labios. Eso sí lo sabía. Stella Gibson, la habían traído de Londres –estupendo una inglesita- y la había visto en la última escena del crimen tras el cordón policial aunque, por supuesto, no se había presentado formalmente.
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1. Don't you dare.
—El inútil... Soy yo —contestó una voz dura y femenina a espaldas de ambos.
Stella Gibson no tenía claro qué le había molestado más, que aquella desconocida estuviera juzgando su trabajo o que hubiese dado por hecho que el encargado del caso debía ser un hombre. Al final decidió que ninguna le importaba lo más mínimo. La detective miró a la periodista, que no podía saber cuanto había escuchado de la conversación ni cuánto tiempo llevaba allí de pie con su blusa color marfil y su falda de tubo negra, clavando la mirada en ella. Si quería su atención ahora la tenía por completo, la pregunta era si se arrepentiría o no de haberla pedido.
El lugar había enmudecido en respuesta a su súbita aparición. Unos la miraban con respeto, temiendo por el destino de la periodista que se había atrevido a retarla; otros simplemente expectantes por ver lo que esperaban que fuera un encontronazo del que poder hablar de regreso a sus casas, y otros... Bueno, dejemos a esos últimos a un lado por el momento.
—¿Está cuestionando mi trabajo? ¿Quién es usted? —Hablaba despacio, pronunciando las palabras con un delicado acento inglés y una suavidad que hacía que el vello de las nucas se erizase.
—Nadie, detective Gibson. Una periodista. Ya se iba... —interrumpió el agente mirando a Donnelly, apremiándola a hacer lo que decía.
La periodista no lo sabía, pero Gibson solo hacía una semana que se había acostado con el joven con quién estaba discutiendo. No había sido nada especial, algo rápido en su habitación de hotel y no tenía intención de volver a hacerlo. El agente parecía esforzarse mucho por hacerse notar, y ella lo ignoraba cada vez. No estaba ajustándose al plan. Sabía que eventualmente le traería problemas, pero por suerte ella estaba preparada para afrontarlos. La detective puso los brazos en jarras e inspeccionó a la pelirroja. Estaba segura de haberla visto antes, era buena con las caras y esa era difícil de olvidar, pero no recordaba exactamente dónde...
—Ah, ya se... La he visto en una de las escenas entre los mirones. Al otro lado del precinto —Stella alzó una ceja y se cruzó de brazos haciendo que la blusa se tensase sobre su busto. Parecía fría y dura, como una estatua de mármol—. ¿Va a seguir gritándole a mis subordinados o prefiere intentar hacerme ver el por qué debería hablar con usted después de... esto?
Stella Gibson no tenía claro qué le había molestado más, que aquella desconocida estuviera juzgando su trabajo o que hubiese dado por hecho que el encargado del caso debía ser un hombre. Al final decidió que ninguna le importaba lo más mínimo. La detective miró a la periodista, que no podía saber cuanto había escuchado de la conversación ni cuánto tiempo llevaba allí de pie con su blusa color marfil y su falda de tubo negra, clavando la mirada en ella. Si quería su atención ahora la tenía por completo, la pregunta era si se arrepentiría o no de haberla pedido.
El lugar había enmudecido en respuesta a su súbita aparición. Unos la miraban con respeto, temiendo por el destino de la periodista que se había atrevido a retarla; otros simplemente expectantes por ver lo que esperaban que fuera un encontronazo del que poder hablar de regreso a sus casas, y otros... Bueno, dejemos a esos últimos a un lado por el momento.
—¿Está cuestionando mi trabajo? ¿Quién es usted? —Hablaba despacio, pronunciando las palabras con un delicado acento inglés y una suavidad que hacía que el vello de las nucas se erizase.
—Nadie, detective Gibson. Una periodista. Ya se iba... —interrumpió el agente mirando a Donnelly, apremiándola a hacer lo que decía.
La periodista no lo sabía, pero Gibson solo hacía una semana que se había acostado con el joven con quién estaba discutiendo. No había sido nada especial, algo rápido en su habitación de hotel y no tenía intención de volver a hacerlo. El agente parecía esforzarse mucho por hacerse notar, y ella lo ignoraba cada vez. No estaba ajustándose al plan. Sabía que eventualmente le traería problemas, pero por suerte ella estaba preparada para afrontarlos. La detective puso los brazos en jarras e inspeccionó a la pelirroja. Estaba segura de haberla visto antes, era buena con las caras y esa era difícil de olvidar, pero no recordaba exactamente dónde...
—Ah, ya se... La he visto en una de las escenas entre los mirones. Al otro lado del precinto —Stella alzó una ceja y se cruzó de brazos haciendo que la blusa se tensase sobre su busto. Parecía fría y dura, como una estatua de mármol—. ¿Va a seguir gritándole a mis subordinados o prefiere intentar hacerme ver el por qué debería hablar con usted después de... esto?
❄ thanks winter!
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1. Don't you dare.
Al menos su voz alzada sirvió de algo más que llamar la atención de un puñado de personas sin demasiada importancia, también había sacado la Inglesita de su despacho –o donde quiera que estuviese- para frenar el altercado o meterse de lleno en él según se viese.
La pelirroja se giró de inmediato balanceando todos aquellos rizos pelirrojos sobre su cazadora de cuero y la bandolera que colgada únicamente de uno de sus hombros, desgastada y a la vista de todos algún papel arrugado y varios bolígrafos mal enganchados. Había una sonrisa en sus labios, como si hubiese ganado un premio inesperado o precisamente el que andaba buscando—Podría cuestionarlo, o no, si la policía se dignase a dar algún tipo de información—Respondió bajando el tono de voz, ya no era necesario seguir montando una escena de todo aquello. Así que, con una mano extendida, se acercó un par de pasos—Bree Connelly, periodista del Belfast Daily—Se presentó con una cortesía que cualquiera habría jurado que no tenía.
No la tuvo para con el agente al que miró por encima del hombro poniendo los ojos en blanco y le dedicó una mueca de asco. Por supuesto que no iba a irse, no cuando había conseguido la atención de la mujer al cargo. Qué bien sonaba eso puestos a decir, lástima que fuese inglesa o quedaría muy bien como cabecera de su blogg que casi siempre iba en paralelo a su trabajo en el periódico pero con muchas más licencias poéticas y menos quejas.
—¡Oh, vamos!—Rezongó poniendo los ojos en blanco por segunda vez en muy poco tiempo. La policía terminaba por exasperarla—Se supone que la han traído de Londres por lista. Periodista más blogg puede ser igual a muy mala prensa—Aseguró uniendo los labios en una delgada línea a la hora de sonreír de forma forzada hundiendo los hoyuelos de sus mejillas—Estoy segura que los irlandeses lo primero que queremos leer junto al café es como la policía de Belfast es inútil, tiene que pedir ayuda a Scott Land Yard y la inglesa estirada de turno no es mucho mejor—No era una amenaza, un poco más de una advertencia quizás. La realidad. Bree tenía un buen punto para hacer presión y obtener lo que quería, cuándo lo quería. No era de las que aceptaba un no y se quedaban de brazos cruzados.
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1. Don't you dare.
La detective se mantuvo en silencio todo el tiempo que la pelirroja se dirigió a ella. Su expresión, neutra e inexpresiva, hacía que resultase imposible saber cuales eran sus pensamientos. El agente trató de romper el incómodo silencio con un carraspeo, pero Gibson siguió sin inmutarse mientras estudiaba a la periodista.
—Sígame a mi despacho —dijo finalmente. Su tono se acercó más al de una orden que a una invitación.
La detective les dio la espalda y caminó por el pasillo hasta perderse por una puerta. La habitación a la que ambas accedieron parecía más un escobero que el despacho de una detective de policía. Las paredes no tenían ningún tipo de decoración y el suelo estaba lleno de cajas con archivos policiales. Pero quizás lo que más destacaba era que sobre la mesa no había ningún tipo de recuerdo, ninguna foto de algún familiar, una pareja, una mascota... Nada. Ni siquiera el que fuera algo temporal explicaba ese detalle. Para mayor interés de la periodista, en uno de los paneles había recortes de periódico sobre el caso que estaba volviendo loca a la policía de Belfast, y en algunos aparecía ella como escritora justo bajo el título. Gibson la conocía, o al menos conocía su trabajo.
—Cierre la puerta, por favor.
La detective sonrió levemente y se apoyó en la mesa de manera casual, cruzándose de brazos.
—Bree Donnelly... —pronunció despacio en su perfecto inglés—. He leído sus artículos. Obviamente no la conocía físicamente, pero si se de su trabajo. Me gusta como escribe, y me gusta lo que escribe. No pongo todos en el tablón, solo los que más me interesan. Espero que vea que aunque sea una "inglesa estirada" no soy incompetente. ¿Podemos tener una conversación menos airada o va a seguir juzgándome sin conocerme?
Gibson descruzó los brazos y señaló una de las sillas, aunque ella se mantuvo de pié por el momento. A su derecha una tetera eléctrica comenzó a pitar cuando el agua rompió a hervir y la detective se apresuró dejar caer dentro un par de bolsitas de té.
—¿Es de té o de café? Me temo que aquí solo tengo este pequeño lujo. Si quiere café tendrá que sacarlo de la máquina que hay en la entrada o pedir uno en la cafetería que está al otro lado de la calle.
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1. Don't you dare.
La pelirroja le dedicó una mueca burla e infantil al agente. Al final se había salido con la suya, siguiendo las curvas de la inglesita por aquella comisaria hasta lo que supuso, por lógica y no porque la excesiva decoración se lo indicase, que era su despacho. Cuatro tristes paredes y un montón de papeles que a Bree le habría encantado indagar. Como curiosa que era, o no tendría esa profesión, sus ojos verdes rápidamente repasaron la habitación y repararon en el tablón donde reconoció alguno de sus artículos. En su opinión no había sido de los mejores, la policía daba realmente poca información aunque creía haber hecho un buen trabajo investigando a las víctimas al menos y tratando de ver un patrón, claro que las conclusiones a eso último se las guardaba para sí misma por el momento.
Extrañamente obediente cerró la puerta con el tacón de su bota y caminó hacia la silla ofrecida, aunque no se sentó solo dejó la cartera repleta de papeles en el asiento y un grabadora sobre la mesa, apagada por el momento. Estaba siendo honesta, mucho. En otras circunstancias la habría escondido entre sus pertenencias pero quería brindarle una nota de confianza, una rama de olivo lo llamaban—Ajam, pero con menos acento inglés. Dele más ímpetu a la b y menos a las es, suena mejor se lo aseguro—O quizás no sonaba tan diferente pero todo fuera por meteré con aquel acento, en oído de los irlandeses demasiado refinado. Dedicándole una sonrisa de lo más socarrona se acercó al tablón dando un pequeño toque sobre sus propios artículos distraída, dándole la espalda mientras hablaba pero sin perder atención de cada sílaba.
—Oh, no se lo tome tan a pecho. Y tutéame, es más cómodo—Sobre todo para ella que estaba menos habituada a la corrección absoluta del inglés de Londres. Además el idioma llevaba a relajarse y relajarse a que la conversación fuese más fluida y Bree pudiera hacer más preguntas—Si no hubiese hecho ruido no estaría aquí ¿Me equivoco?—Se giró moviendo todos aquellos rizos indomables sobre sus hombros y le dedicó una nueva sonrisa, esta vez simplemente alegre. Un rasgo de su personalidad brillante, el optimismo y la alegría que se unían a su desparpajo único.
Se quitó la chaqueta de cuero dejándola sobre la silla y apoyó ambas manos sobre el respaldo—Té está bien, gracias. No me gusta el café—Para ser exactos solía beber leche con cola cao o directamente chocolate a la taza, tenía unos gustos de lo más infantiles pero sería mejor no mostrarlos en voz alta—Sabes lo que quiero, así que no te molestes en servirme una taza de té si esto va a ser una pérdida de tiempo—Advirtió fijando sus intensos ojos verdes en los de la detective. Bree no se andaba por las ramas.
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Gibson miró a Bree de tal manera que, sin necesidad de decirle nada, dejó bastante claro que no tenía intención de cambiar su acento por el irlandés, por mucho que se lo pidiera. La detective le dedicó una sonrisa irónica y sirvió dos vasos de cartón. Era una lástima, pero no tenía nada mejor. Aún así estaba segura de que el té sería lo suficientemente bueno como para que no fuera muy difícil ignorar ese detalle de presentación.
—No voy a malgastar tu tiempo, así que puedes sentarte y beber tranquila si quieres —dijo haciendo caso y tratándola de forma más informal—. Más bien la pregunta es si tú vas a malgastar el mío. Supongo que ya sabrás que hay cosas del caso que simplemente no puedo comentar. No por política, sino porque echaría por tierra la investigación de hacerlo. Pero estoy dispuesta a contestar a las preguntas que le surjan... Siempre que sean las correctas.
Gibson se acercó a la periodista y le tendió uno de los humeantes vasos mientras la miraba fijamente a los ojos. Cualquiera podría jurar que aquella mirada era un reto de algún tipo. Nadie sostenía una mirada así con otra intención. La detective retrocedió hasta volver a apoyarse en la mesa, y su mano tocó la grabadora.
—Puede encenderla si quiere. Pero tengo una condición. Hablaré exclusivamente contigo y tu periódico del caso si no hace una crónica amarilla y trata a las víctimas como lo que son y eran, y no con el morbo con el que el público quiere leer. Puede parecerle poca cosa, pero esto es muy importante para mi. Las vidas personales de esas mujeres no tienen absolutamente nada que ver con que acabaran asesinadas, así que esa información es irrelevante.
Gibson dio un sorbo al té solo para comprobar que estaba aún demasiado caliente y lo dejó sobre la mesa antes de volver a levantar la vista.
—Se que su profesión te presiona para que hagas lo contrario de lo que pido, pero me temo que vas a tener que decirles que no si quieres que sea tu "informante" —La detective sonrió levemente—. No se me había ocurrido contactar contigo ni con ningún periodista, pero al verte en el pasillo he pensado que no sería una mala idea. Así que si, puedes dar gracias a haber hecho ruido —La detective se cruzó de brazos—. La segunda condición es que no puedes mencionar mi nombre directamente si la noticia es sobre el caso o podría meterme en más problemas de los que tengo. Supongo que ya se habrá dado cuenta de que siendo una mujer policía en Belfast ya tengo mis complicaciones. Si la pregunta es sobre mi carrera entonces si puede mencionarme.
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La pelirroja puso los ojos en blanco, casi indignada. Ella no era como uno de esos chupópteros que solo querían vender una noticia sin pensar en las consecuencias. Llevaba bastantes años trabajando con la policía y con los casos más macabros que habían sacudido Belfast, sabía qué cosas no se podían decir y qué cosas simplemente no sentarían bien a nadie. Revelar datos demasiado cercanos fomentaría el caos y los imitadores, tratar con poca delicadeza a las víctimas heriría la sensibilidad de sus familias y, por extensión, la de la propia Bree que quería ayudar. Su vocación estaba muy unida a la de la policía, aunque necesitaba la libertad que ser periodista le proporcionaba y, además, carecía de rectitud adecuada para recibir órdenes sin rechistar, era demasiado guerrillera para quedarse callada. Trabajaba mucho mejor de forma independiente, sin ataduras más que con su periódico.
—No soy una novata, sé qué cosas no se pueden publicar. No quiero alentar a los imitadores, ni tampoco interferir en tu trabajo. Solo estar al tanto y ayudar, adelantándome al resto de periódicos es lo que tengo para comer cada mes—Y es verdad investigaría sin publicar si eso le diese de comer, pero no lo hacía. Además Bree creía firmemente que mantener informada a la población ayudaba a protegerla de alguna forma, estaban avisadas del peligro que podrían correr—Gracias—Murmuró con una pequeña sonrisa tomando el té—Tendrás que confiar en que no publicaré nada indebido pero quiero el cuadro al completo, si hay partes oscuras podría meter la pata—Comentó soplando la superficie de su bebida humeante de forma casi inocente. Era evidente que no iba a meter la pata sin querer, más bien todo lo contrario. Quería saber todo lo posible sobre el caso, sin lagunas de información, y poder ser ella quien cogiera las tijeras del censo.
Por supuesto Bree, aunque parecía más concentrada en enfriar su té, no apartó la mirada. Ni un parpadeo, un reto que mantendría con el orgullo que corría por sus venas llena de sangre irlandesa. Asintió despacio y pulsó el botón del on de la grabadora que siempre portaba con ella—Mi jefe podría besarme si le digo que he conseguido la exclusiva sin proponérmelo—Bromeó intentando darle un trago al té. Caliente, quizás demasiado.—Te preocupas por ellas incluso cuando ya no están, no siempre se ve eso en los policías ¿lo sabías? El morbo es carnaza para el público, somos carnaza hasta en la muerte—Aclaró la segunda parte señalándolas a ambas alternativamente. La prensa, la televisión habían evolucionado hacia la total sexualización de absolutamente todo. Hasta la macabra muerte de esas mujeres terminarían siendo motivo de chistes por los pequeños detalles, serían juzgadas e, incluso, habría algún inconsciente que se atreviese a decir: Se lo merecía.
Un nuevo sorbo y una nueva sonrisa mientras se paseaba por el despacho, buscaba algo sobre ella. Detalles que su pulcra blusa y su falda de tubo no le daban—Y además inglesa, lo tienes todo ¿Te tratan bien?—Fue una pregunta de pura curiosidad.—Ya sabes cuales son las preguntas habituales. Pistas sobre el sospechoso, puntos en común entre las víctimas, algún consejo de seguridad…—Todo eso era rutina, despertaba su curiosidad pero no tanto como la inspectora.
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—Sé que no es una novata, si no habría hecho que la echasen. Pero eso no significa que me fíe de ti. No aún al menos... —apuntó con cierto aire de misterio—. Y dado que yo tampoco soy nueva en esto tengo que cubrirme las espaldas. Creo que eres buena, por eso quiero ayudarte... Y que me ayudes. Si ya le doy información a un periódico del que me fío tengo más excusas aún para rechazar otras ofertas de menor calidad y moral.
La mujer dio un sorbo a su té y miró a Bree con una expresión de aprobación. Por eso le gustaba. La periodista, al igual que ella, era consciente del circo mediático que envolvía casos como aquel en el que las víctimas eran mujeres de diferentes matices. Cuando las asesinadas eran niñas, monjas, ancianas o mujeres de bien, nadie se atrevía a decir ni una palabra. Todas eran ángeles a ojos de padres, hermanos e hijos. Pero en el momento que asesinaban a una mujer soltera, dueña de su propia vida, profesional y positiva respecto al sexo, las alarmas saltaban como si el solo el hecho de vivir su propia vida hubiera definido una muerte esperada. El mal camino, el pecado... La Irlanda católica aún tenía mucho que aprender. Y el resto del mundo.
Gibson se sonrió al escuchar la pregunta. ¿La trataban bien? Se podría decir que si, en comparación a otras mujeres en su gremio, claro, pero tampoco conocía lo suficiente a esa mujer como para decirle todas las cosas que aborrecía de la institución para la que trabajaba. La agente decidió no contestar esperando que el silencio hablase por si solo y le dejase claro que no todo era oro.
—Veo que será mejor que me siente.
La agente rodeó la mesa y se sentó en su silla, tomándose un momento para apartarse la melena rubia, y girarla hasta encontrarse en una posición cómoda y relajada. Se encontraba ladeada y tenía una mano estirada sobre la mesa rozando levemente el borde de su baso de papel. La suave luz diurna que entraba por la ventana a su espalda proyectaba una ligera aura sobre ella..
—Las víctimas, las pasadas y las futuras, son mujeres entre veinticinco y treinta y cinco años. Morenas —apuntó mirando a sus rojizos rizos—. Delgadas, atractivas, buen gusto en el vestir... Solteras. Por el momento todas vivían solas y tenían buena calidad de vida. Sus ingresos vienen de puestos de poder en empresas o incluso de sus propios negocios. Por otro lado sospechamos que el asesino se encuentra en el mismo rango de edad que las víctimas y que además tiene un alto nivel físico. Hablamos de un varón. Aún seguimos tratando de elaborar un perfil más concreto.
La detective suspiró y miró el vaso.
—Consejos... Si. Aconsejaría casarse, dejar el trabajo a los hombres, no salir de casa sin compañía, vestirse con una cortina y taparse el pelo. Pero yo preferiría morir a hacer eso.
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Bree estaba acostumbrada a la gente, a lidiar con diferentes personas y, por norma general, se consideraba una mujer muy camaleónica. Capaz de adaptarse a cualquier situación, a cualquier personalidad para obtener lo que quisiera de ellas. Por naturaleza era una mujer de lo más social, con demasiados conocidos en Facebook y demasiados números de teléfonos a los que acudir cuando quería información. Sin embargo no era una mujer popular, periodista era una palabra que asustaba a todo el que tenía algo que ocultar y su seguridad arrolladora era casi una amenazada para muchos otros. Conocida en muchos círculos sí, querida en todos ellos no. Curiosamente, con la inspectora Gibson no se estaba sintiendo en la necesidad de ocultar pensamientos, de disfrazar palabras solo para que a sus oídos sonase mejor. Resultaba ser natural, fluida la conversación desde la aparente comprensión mutua. Era como hablar el mismo idioma a pesar de la diferencia de sus acentos.
—Si confiases en mi demasiado rápido ¿Dónde estaría la diversión?—Divertida, juguetona. Bree siempre bailaba sobre la línea de lo formal y lo informal, tanto es así que se permitió el lujo de guiñarle un ojo por encima de su vaso tratando de darle un trago a su té que no provocase quemaduras de tercer grado en su garganta. Terminó su paseo cerca del tablón con todas aquellas noticias publicadas en la prensa volviendo su vista hacia la inspectora—Me vas a costar un aumento, tendré que invitarte a una pinta en agradecimiento—Ni de lejos había ido a aquella comisaria esperando obtener una exclusiva, pero había caído en sus manos y nada pondría más alegre a su jefe que saber que, en aquel caso que estaba sacudiendo la ciudad desde los cimientos, ella había conseguido que ningún otro periódico en la ciudad tuviese acceso a la información como ella tenía. Era todo un logro, un logro del que sentirse orgullosa.
La irlandesa pasó el vaso de mano a mano, atendiendo a sus palabras. La grabadora estaba haciendo su trabajo, así era más sencillo mantener una conversación relajada y, después, fijarse en los detalles a base de la repetición de sus voces desde aquella máquina. Esbozó una sonrisa sarcástica y asintió a las palabras que la rubia no había pronunciado: Era complicado. El mundo de los hombres siempre resultaba complicado para ellas. Demasiado independientes, demasiado seguras, demasiado fuertes para el frágil ego masculino. No era un ámbito general, pero sí mayoritario.
—Supongo que mis rizos me han salvado—Especuló jugando con uno de sus mechones pelirrojos entre dos dedos. Cuadraba prácticamente en todo lo demás, excepto en el vivo color de su cabello del que se sentía muy orgullosa. La insignia de su país.—Cada mañana mis rizos vencen una batalla contra el peine, como para intentar esconderlos—Bromeó encogiéndose de hombros. Un nuevo sorbo meditando sus palabras—Algo se debe poder hacer, ponerle al menos las cosas complicadas a ese monstruo—Cerrar las puertas, aprender defensa personal o algo por el estilo. Bree no era capaz de ver un problema e ignorarlo, de mirar hacia otro lado y ver el río pasar destrozando todo a su paso.
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La periodista se encontró con los ojos de Gibson al volverse hacia ella, quién no había apartado la mirada de Bree desde que comenzara su trayecto hacia el tablón. La detective escuchó con atención, reclinada cómodamente sobre su asiento como si fuera la dueña y señora de aquella comisaría, cosa que quizás tenía algún tinte de verdad teniendo en cuenta como a Jim Burns se le enrojecían las orejas cada vez que la veía caminar por los pasillos.
—Agradezco que ganaras la batalla, Donnelly, tienes un pelo precioso. —dijo como si acabase de lanzar una piedra. Stella casi pudo notar los ojos de Jim ponerse en blanco aunque no estuviera aquí ni tuviera la posibilidad de enterarse—. Y deberías hacer lo que quisiera con él.
Gibson le dedicó una leve sonrisa. Aquello hubiera sido un claro flirteo si Donnelly fuera un hombre, pero siendo una mujer entraban en un limbo de presupuesta heterosexualidad. ¿Estaba alabando su cabello de manera objetiva como un cumplido entre iguales o había algo más? Por un lado aquella ambigüedad jugaba a su favor, ya que le permitía hacer los halagos que se le pasaran por la mente; pero también en su contra, porque si de verdad estuviera intentando llamar su atención puede que sus intentos estuvieran pasando desapercibidos.
—Tienes razón —asintió enderezando la espalda—. No tiene sentido esperar sin hacer nada a que un asesino irrumpa en tu casa. Le voy a decir una lista de cosas que las mujeres de la ciudad pueden hacer para sentirse más seguras, pero me gustaría que intentaras darle un toque para que no se alarmen o abracen la paranoia. Lo último que necesitamos es un puñado de mujeres llamándonos porque les han desaparecido cosas sin plantearse primero si sus hijos se las han movido de sitio.
La detective dejó sobre la mesa un cuaderno de notas que acababa de sacar de un cajón y cogió una plumilla, arreglándoselas para moverse cómodamente sin tener que descruzar las piernas.
—Cerrar siempre con llave si no se está en casa y hacerlo por las noches antes de ir a acostarse. Asegurarse de que no hay más accesos al interior. Asegurarse de que las ventanas cierran bien y que no pueden ser abiertas desde el exterior. Mantener las luces del porche encendidas por la noche se esté o no esté... —Gibson, que estaba escribiendo a la vez que hablaba, levantó la vista para asegurarse de que Bree estaba escuchando e hizo un inciso—. Eso puede disuadir al asesino de acercarse, ya que es más fácil que lo vean los vecinos. Ser especialmente crítico con la gente nueva, más aún con la que se conozca a través de internet o en sitios públicos físicos. Si lo desean pueden dar de baja temporalmente sus perfiles en las diferentes redes sociales. Además añadiría que si ven a alguien extraño deambular por su barrio o que pasa algo raro dentro de sus casas llamen a la policía.
La punta de la plumilla se separó ligeramente del papel y se quedó en el aire mientras Gibson miraba su caligrafía.
—Y lo más importante, que hagan vida normal. Si cambian sus hábitos se podría decir que el asesino ya las está aterrorizando, lo que les convertiría justo en lo que quieren evitar ser: víctimas. Jamás se me ocurrirá añadir nada a la lista que las convierta en presas de sus propias casas. Ya estoy yo trabajando por ellas para evitar eso y tengo intención de cumplir con mi trabajo.
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Re: No comments, thank you.
1. Don't you dare.
Nuevamente la pelirroja sonrió, de oreja a oreja. No iba a negar que le agradaba recibir cumplidos, no los vacíos e inocuos típicos de ligues baratos en la barra de un bar, pero si los sinceros. Confiaba en la claridad de la mirada de Gibson, al menos con aquel pequeño detalle. Por el momento no sentía que la rubia tuviese que mentirle, a menos que pretendiese usar el periódico como medio para atrapar a aquel bastardo desalmado, en cuyo caso tendría que haber sido mucho más escandalosa de lo que estaba resultando ser. Aunque la charla era relajada y sin límites, Bree sabía cuando alguien no estaba cruzando ciertas líneas y, claramente, Stella no estaba cruzando demasiadas. Bien, estaba bien por el momento. Podía mantener la cuerda tensa y no estirar más de la cuenta, no le interesaba una ruptura tan temprana.
—Gracias, mi madre solía odiarlo—Respondió dedicándolo otro leve guiño, esta vez, pecando de más audaz y pícara en la curvatura de la sonrisa que le devolvió. Solía hacer cuanto quería, siempre y no solo con su cabello, era demasiado independiente como para que simples normas sociales atasen sus gestos. Un flirteo leve tampoco era para tanto. Vamos, con esas piernas seguro que había soportado comentarios de lo más obscenos y depravados de la boca de cualquier macho alfa, mucho más que un simple guiño y una sonrisa. Al lado de algunos hombres, que por supuesto a caballeros no llegaban, Bree era todo dulzura y respeto.
Dejando de lado los minutos de relajado contacto visual Bree se acercó a su grabadora dándole unos golpecitos para asegurarse de que estaba grabando correctamente: Lo estaba. Un trago a su té y escuchó atentamente mientras apuntaba mentalmente alguno de sus consejos, puede que fuese pelirroja pero no dejaría de seguirlos igualmente. No tenía miedo, pero era precavida y probablemente no estaría de más serlo dadas las circunstancias—Eso último quedará especialmente bien en mi artículo—Comentó la joven mordiendo el borde del vaso. A pesar de la pequeña broma sabía que la determinación de la inglesa era sincera, no un mero papel para colgarse una medalla por su dedicación a la captura de aquel monstruo y salvaguardar a las ciudadanas de Belfast.
—Probablemente sacaré las recomendaciones en mi blog esta noche, nunca es tarde para ayudar—Comentó dejando el vaso vacío sobre la mesa—Y dado que has compartido conmigo, lo justo es que haga lo propio aunque no suelo—Advirtió dejando escapar un suspiro—Puedo pasarte la entrada por correo antes de publicarla y, puede, que si lo pides amablemente cambie algo que no te guste demasiado—Era recelosa de su trabajo, pero por una vez podía hacer una excepción—O puedes pasarte por mi apartamento y leerlo de mi propio portátil—Añadió encogiéndose de hombros. No estaba siendo lo que se dice demasiado ambigua, tampoco es que buscase nada en particular más que caerle bien. Algo le decía que podía sacar provecho de una buena relación con Stella Gibson, además lo de invitarla a una pinta iba completamente en serio. Bree cuidaba de aquellos que tenían la valentía de hablar con ella.
Re: No comments, thank you.
1. Don't you dare.
Gibson levantó levemente la barbilla cuando los dientes de Bree mordieron el vaso de cartón. No solo eran blancos y rectos sino que además encajaban a la perfección entre sus labios. La detective respiró hondo analizando las posibilidades de que tarde o temprano fueran las yemas de sus dedos los que estuvieran rozando sus colmillos. Se le erizó el bello de la nuca solo de imaginárselo. Lo único que apartó esos pensamientos fue el sonido del papel al rasgarse cuando tiró para despegarlo de las anillas.
—Lo publiques donde lo publiques seguro que estará bien. Tu eres la experta en periodismo —dijo sólo para rellenar el silencio mientras miraba el vaso que Bree había dejado sobre la mesa, justo frente a ella, donde podía ver a la perfección las marcas que habían dejado sus dientes
La detective descruzó las piernas para levantarse presintiendo que se acercaba el momento de las despedidas. Su vaso también estaba vacío y la conversación estaba llegando a su fin. Aún con el papel en la mano se mantuvo de pie tras su mesa y miró intensamente a la periodista según sus palabras fueron alcanzando sus oídos. Stella sintió un pequeño tirón en el estómago; aún no sabía si su instinto tenía razón respecto a Bree, pero aquel sutil tiro y afloja —resultase ser imaginaciones suyas o no— estaba haciendo de su día uno mucho más interesante y memorable.
—Pero es muy amable por tu parte el permitirme echar un vistazo —contestó no sin cierta ironía en su suave y profunda voz—. Será mejor que te escriba mi correo entonces. La verdad me sentiría mucho mejor pudiéndolme asegurar de que no vas a incitar a la gente a ir con horcas y antorchas por las calles —dijo apoyándose en el escritorio para escribir con precisión caligráfica el que claramente era su correo personal, y no el gubernamental. Aprovechando el pequeño espacio que quedaba al final de la hoja también apuntó una serie de números—. Y mi teléfono, en caso de que necesites información para los artículos... O que pase por tu apartamento. Lo que creas que vaya a ser más óptimo.
Gibson levantó la mirada decorando la frase con una leve sonrisa. Dobló el papel meticulosamente, rodeando la mesa con parsimonia, hasta detenerse junto a ella y tendérselo dignamente entre el índice y el pulgar.
—Úsalo también si pones fecha a esa pinta. Tienes suerte de que esté en una ciudad de paso en la que tengo poco que hacer aparte de trabajar. Y aunque se que vas a usarlo para sacarme más información sobre el caso me parece un intercambio justo por un poco de ocio. Puedo vivir con ello.
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Re: No comments, thank you.
1. Don't you dare.
Aquel voto altruista de confianza reforzó la idea que se había ido formando en la cabeza de la pelirroja: La detective superintendente Gibson no estaba mal después de todo. Habitualmente el resto de la comisaría la trataba como si fuese una polilla en la pared, no peligrosa pero sí molesta. Todos contando las palabras con cuenta gotas en su presencia y, la verdad, hacían bien pero le ponían muy difíciles las cosas a Bree. No quería volver a rellenar columnas rosas en una esquina del periódico local, por fin estaba haciendo lo que le gustaba y no permitiría que un montón de idiotas de uniforme se lo arrebatasen. Ni siquiera si eran la ley.
Bree le regaló una enorme sonrisa y apagó la grabadora. No parecía que la conversación fuese a continuar por caminos que le interesasen al público, o que debiesen estar grabados. Más bien era un intercambio sutil de cumplidos maquillados de inocencia y simple amabilidad. Lo eran, en cierto modo, de parte de Bree, aunque el brillo divertido del fondo de sus ojos verdes pedían mucho más que simple amabilidad. No era el momento. Su trabajo era lo primero y no lo pondría el riesgo metiendo la pata con la única persona que le había tendido la mano. Quizás si la hubiese conocido en un bar se habría sentido más libre para hablar, ahora con una presión laboral sobre sus hombros la cosa se complicaba. Lo último que necesitaba era asquearla, lamentable y arcaico pero cierto. El mundo estaba perdiendo los papeles por algo tan natural como gustos, amor y atracción.
Sus ojos se mantuvieron fijos en el cuerpo de la agente mientras escribía, caligrafía perfecta y meticulosa como toda ella. Guardó la grabadora en su cartera y se balanceó sobre la punta de sus pies con las manos a la espalda. Gibson tan rigurosa, esbelta y ordenada, mientras que Bree era todo caos y desparpajo natural. Tan diferentes y a la vez tan parecidas en cuanto su entrega al trabajo y a proteger a los demás—Gracias—Guardó el trozo de papel en el bolsillo de su cazadora, ahí estaría más seguro que en su cartera—Tranquila, aún no he matado a nadie de aburrimiento, y prometo no dejar que ningún irlandés te asuste—Añadió divertida.
Tuvo que recordarse a sí misma que dejase ese tira y afloja, comprobar hasta dónde podía llegar la inglesa no era tan buena idea. Debía recordar que no quería romper aquel puente—Hasta pronto—Se despidió agitando una mano ya en la puerta. Quizás… quizás el fin de semana sería un buen momento para sacarla de su rutina de trabajo e invitarla a algo.
Re: No comments, thank you.
2.A bad match?
Pub O'Connor's — 20:00 — Con Bree — Celtic Punk y lluvia intermitente
Stella se miró en el espejo del baño del hotel. No quería terminar de admitirlo, pero el que estuviera viendo el encaje de uno de sus sujetadores favoritos en el reflejo era bastante revelador: claramente esperaba algo de aquella "cita", aunque solo fuera más flirteo inocente. La mujer comenzó a abotonarse la blusa oscura, pensativa, pero solo lo justo para tapar la prenda interior. Sexualizar a los hombres era fácil y no le daba remordimientos. Vivían veinticuatro horas montados en sus privilegios, así que no les venía mal que alguien les usara de vez en cuando, e incluso algunos lo agradecían. Pero con las mujeres siempre le abordaba cierto sentimiento de culpa, o más bien la duda de si pensarían que las respetaba menos por ello. Stella sabía que no era así. Siempre respetaría mucho más a una mujer en la misma posición que un hombre, porque seguro que su camino hasta allí había sido mucho más duro... Pero no podía saber lo que pensaban al respecto de sus avances. La idea de que pensaran que era un hombre más movido por la lujuria y el poder le repelía.
Tardó una media hora más en terminar de prepararse. Las uñas, la sombra de ojos... Hacía mucho que no salía y quería dar una buena impresión, mezclarse con el gentío. Cuando terminó cogió su abrigo largo —y muy caro— y llamó a recepción para que le pidieran un taxi.
La detective no pudo hacer otra cosa que no fuera sonreír cuando un hombre joven abandonó el pub y de dentro salió el sonido de los Flogging Molly. Era encantador poder disfrutar del pack completo de la experiencia irlandesa, incluyendo la pelirroja con acento cantarín que le esperaba dentro. Stella empujó la pesada puerta de vaivén y entró al cálido pub. A su alrededor solo se escuchaban risas y gente hablando más allá de lo que les permitían sus gargantas. Algunos incluso cantaban, o algo, la música que salía de los altavoces. Era muy diferente del ambiente de club nocturno al que estaba acostumbrada, debía admitirlo. Aunque sabía que en Inglaterra también había pubs similares solo los había frecuentado en su juventud y ahora era más de botellas de vino y cócteles que de cervezas y cacahuetes.
Stella se mantuvo cerca de la puerta notando como las miradas le quemaban la piel. Sabía que destacaba, siempre lo hacía, y lo disfrutaba, pero aquella noche no buscaba a ningún irlandés musculoso lleno de tatuajes. Su mirada viajó por los diferentes rostros hasta dar con una conocida cabellera pelirroja sentada en una mesa cerca del billar. La detective sonrió y se acercó a la vez que se quitaba el abrigo, dejando ver una blusa oscura y unos pantalones de vestir.
—¿Es esa la pinta prometida? —preguntó mirando la jarra que reposaba intacta junto a la que ella estaba agarrando— ¿O estás esperando a alguien más?
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Re: No comments, thank you.
2.A bad match?
Pub O'Connor's — 20:00 — Con Stella — Celtic Punk y lluvia intermitente
Patinó por el salón de su apartamento tan solo con los pantalones rojos y el top negro con flores del mismo tono, casi atropelló a su gato en un arrebato mientras cantaba por Bon Jovi su mítica It’s my life. Sobraba decir que estaba contenta, habitualmente lo estaba, pero esta vez tenía más motivos. Su editor estaba más que contento con la exclusiva que había conseguido, y había pasado la prueba de fuego con la primera entrada del blog al respecto. Ni una queja, esperaba que eso hubiese ayudado a ganarse la confianza de la inglesa. Tras el visto bueno, aquella misma mañana Bree había decidido que un Viernes noche era perfecto para tomar unas cervezas y enseñarle a Stella que en Belfast había más que trabajo. No dudo en ponerle un mensaje: ¿Te apetece esta noche esa pinta? Invito a la primera. Y obviamente adjunto la ubicación del pub que no quedaba muy lejos del apartamento de la pelirroja. Se podría decir que era una cita, depende del ojo con el que se viera, Bree lo consideraba una simple quedada de amigas, o futuras amigas. Una oportunidad de indagar en la vida de su nueva colaboradora, su despacho no había sido nada revelador así que esperaba que fuese más abierta tras un par de copas.
Dalek, sí tenía nombre de la mítica serie de televisión Doctor Who, maulló en un intento de llamar la atención por encima de la música y lo consiguió. Bree dejó de mover el culo y prestó atención al minino sentado junto a su plato de comida vacío—Voy, voy.—Echó un vistazo al reloj. Iba tarde, eso también. Dejando los juegos para otro momento puso de comer a Dalek, le rascó tras las orejas y salió disparada hacia su habitación de nuevo para ponerse la blusa de gasa negra sobre el resto de su atuendo y las botas de igual color. Apenas un poco de rímel y un brillo de labios ligeramente rosado. Con la cantidad de rizos pelirrojos que rodeaban sus mejillas y la cantidad de pecas que salpicaban su nariz maquillarse en exceso nunca había sido una opción, tampoco le agradaba demasiado a decir verdad.
Cogió su bolso, mucho más pequeño que el habitual, el abrigo y salió de casa. Pasó de mover la moto, andar un poco no podía hacer daño a nadie así que aproximadamente quince minutos después estaba empujando la puerta del pub. El dueño la saludó tras la barra y ella devolvió el saludo en gaélico con una gran sonrisa, directa a su mesa favorita junto al billar no necesitó pedir su pinta de Guiness para que se la sirvieran—Ponme otra más John, debe estar al llegar—Pidió con un guiño dándole un sorbo a su cerveza. Amarga, pero deliciosa. Se relamió los labios sabiendo como de traicionera era la espesa espuma de la cerveza negra y esperó pacientemente, no mucho por suerte. Puntualidad inglesa decían, un alfiler brillante entre tanta paja. Sin lugar a dudas Stella resaltaba entre la madera y las botellas opacas, era difícil no fijarse en ella ya fuese para bien o para mal—Nop—Bree agitó la cabeza a ambos lados soltando la jarra sobre la mesa—He pedido por ti, espero que una cerveza negra no sea demasiado para el paladar inglés—Obviamente se burlaba ¿Cómo no hacerlo? Pero, al menos, lo hacía desde la complicidad.
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